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Estructura Social de Los Aztecas

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ESTRUCTURA SOCIAL DE LOS AZTECAS El calpulli, base de la estructura social azteca: El término calpulli significa “grandes casas” y se utilizaba

para designar unidades de la sociedad azteca constituidas por parientes ficticios, es decir, personas que creían descender de un mismo antepasado, quien generalmente, era un ser mitológico. Todos vivían en un mismo sector de la ciudad, ejerciendo, en común, la propiedad de las tierras que les habían sido asignadas. En Tenochtitlán existían 20 calpullis integrados tanto por mexicas originarios como por extraños que se habían fundido con la nación azteca. Por su función se asemeja a un clan; sin embargo, entre sus miembros había diferencias de riqueza, posición social y poder. De ahí que se les halla denominado clan conico, cuya cúspide era ocupada por quienes estaban más cercanamente relacionados con el ancestro fundador; en la base se hallaba la gran mayoría de sus componentes. El calpulli era, además, una unidad religiosa y militar. Sus integrantes adoraban un mismo dios en templos erigidos dentro de sus tierras, y combatían en los mismos destacamentos. Para tal efecto recibían instrucción militar en el telpochcalli, o escuela de guerreros, que cada calpulli mantenía. Jefe de ellos era el calpullec, designado vitaliciamente, dentro de la misma familia, por los demás miembros del calpulli. Actuaba como juez en litigios menores, representaba al calpulli en el consejo azteca, dirigía la educación de los niños y, por sobre todo, repartía las tierras entre las familias de acuerdo al número de componentes. Las evidencias señalan que la mayoría de los 20 calpullis habitaban uno de los sectores de Tenochtitlán: el correspondiente a los campesinos, lo cual indica que su importancia estaba directamente relacionada con las funciones que ejercían sus más destacados integrantes. La clase social alta: La sociedad azteca evolucionó en el transcurso de la construcción del imperio, siguiendo las ciudades un proceso más acelerado. En líneas generales, los mexica pueden ser divididos en dos grandes grupos: poseedores y desposeídos. El factor diferenciador es la posesión de la tierra, teóricamente reservada a los señores, guerreros y comerciantes. Otros factores, como la riqueza y el prestigio, fueron ganando importancia, sobre todo en Tenochtitlán, ayudando al surgimiento de clases intermedias que suavizaban las diferencias. Así, hubo artesanos que llegaron a poseer tierras y macehualtín (gente común) exentos del pago de tributos. Dentro de cada grupo había divisiones que escalonaban la pirámide social. Teóricamente había movilidad en la sociedad azteca, pero la práctica era complicada. Un individuo podía progresar destacando en la guerra, el sacerdocio o el comercio. La guerra era considerada la actividad por excelencia del azteca y en ella refrendaban los hijos de los nobles el prestigio que habían heredado. La gente común podía encumbrarse a la nobleza capturando enemigos en el combate, principalmente guerreros de Huexotzinco, Tlaxcala o Atlixco. La captura de cuatro de ellos daba rango, pero los hijos de los nobles, con una superior preparación para el combate y ocupando los puestos claves en el campo de batalla, gozaban de mayores posibilidades. Los comerciantes labraban su ascenso ofreciendo costosas fiestas en las que intercambiaban riquezas por prestigio. El ascenso en la escala social les permitía hacer negocios cada vez más pingües. El grado más alto lo obtenían sacrificando esclavos comprados. Cualquiera que pudiera costear el sacrificio ritual de un esclavo elevaba su estatus, pero los altos costos restringían mucho las posibilidades de conseguir ese honor. En lo alto de la pirámide social se encontraba el tlatoani (“orador”). Había uno en cada ciudad principal, con poder militar, civil y religioso. Un tlatoani podía estar sujeto a otro más importante, como ocurrió antes de la conquista con el tlatoani de Tenochtitlán, llamado Huey tlatoani (“Gran orador”), que era la más alta autoridad del imperio. Siempre recibía tributo y sumisión de sus dominios. Eran frecuentes los vínculos familiares entre los señores de diferentes ciudades, sobre todo después de la activa política matrimonial desplegada por Tenochtitlán. El título se heredaba dentro de un linaje, con ligeras variaciones de una localidad a otra: de padres a hijos, de hermano a hermano, etc. En Tenochtitlán había preferencia por un hermano, pero había un consejo de electores que decidía quien era el más idóneo. En el caso de las ciudades sometidas, el huey tlatoani debía sancionar la elección, lo que le permitía ejercer un fuerte control político. 1

Por debajo de los tlatoque (plural de tlatoani) se situaban los tetecuhtin (singular: tecuhtli) o señores. Este título se otorgaba como recompensa a acciones sobresalientes y estaba dotado de tierras y servidores. Muchos tetecuhtin ejercían cargos administrativos o eran jueces. Aparte de estos cargos, tenían como misión administrar sus dominios y la gente que residía en ellos, sirviendo a su tlatoani cuando estos lo demandaron. No era un título hereditario, aunque en la sucesión se prefiriera a un hijo del fallecido, si reunía suficientes méritos. Los hijos de los tlatoque y tetecuhtin recibían la categoría de pipiltin (singular: pilli), que literalmente significa “hijos”. Tenían tierras en el interior de las propiedades de su tecuhtli y actuaban como embajadores, administradores de justicia y recaudadores de tributo. Mientras que el número de tetecuhtin y tlatoque estaba limitado por el número de plazas disponibles, podía ser pilli todo el que nacía dentro de una familia noble. La posesión de tierras cultivadas por renteros daba a los nobles independencia para dedicarse a la guerra y ocupar cargos públicos. Tenían tribunales particulares, escuelas exclusivas y prerrogativas como la de poder ser polígamos o lucir ciertos distintivos del estatus en sus atuendos. Los recién llegados a la nobleza, o gente común que lograba el ascenso, tenían un lugar de reunión separado del resto de los nobles. Eran llamados nobles -águila- o nobles- tigre y estaban exentos del pago del tributo. Siempre se les recordaba su origen humilde, pero sus hijos eran pipiltin desde el nacimiento. Tenían otras limitaciones, como no poder usar en sus trajes guerreros ciertas plumas e insignias, reservadas a los nobles de cuna, o no poder tener renteros. La clase social baja: En este grupo se contaba la mayor parte de la población. Fuera de las grandes ciudades su ocupación principal era el cultivo de la tierra, pero en aquellas el espectro profesional era diverso, agrupando artesanos, oficiales, servidores públicos, etc. La riqueza constituía un factor diferenciador, pero el más característico era la condición de la persona a la que debían pagar el tributo: un tlatoani, un noble, otro macehualli, etc. Los renteros cultivaban la tierra de los nobles y estaban ligados a ellas. Si la tierra cambiada de manos, el nuevo señor lo era también de renteros. Transmitían sus parcelas por herencia y estaban obligados a dar al señor una parte de la cosecha y servicios como el de aprovisionar la casa señorial de agua y leña. Entre los renteros podían figurar comerciantes, artesanos, etc., que tributaban al señor parte de lo que producían. Originalmente, la clase social baja estaba organizada en grupos de parentesco, llamados calpulli. La tierra era posesión común, y se adjudicaban parcelas a los componentes para que las cultivaran. Quien dejaba de hacerlo dos años, las perdía. Cuando un hombre creía que el lote que le había correspondido no era bueno, o se sentía con fuerzas para realizar más trabajo, podía rentar tierras de otro calpulli o de un señor. Al frente del calpulli estaba el calpullec, asesorado por los ancianos. El calpullec llevaba el registro de las parcelas y se preocupaba de que el grupo tomara a su cuidado el cultivo de las parcelas de las viudas, de las de los impedidos y las destinadas al beneficio de la comunidad. El calpulli actuaba de forma corporativa para dar tributos o servicios, incluidos los guerreros, y tenía dioses y templos particulares. En cada uno había una escuela o telpochcalli (“casa de jóvenes”) en la que se impartía la instrucción obligatoria que permitía a los jóvenes integrarse en la comunidad. De allí salían para casarse y convertirse en miembros plenos de su grupo, hasta que a los 52 años quedaban relevados de sus obligaciones tributarias y recibían prerrogativas como la de poder consumir bebidas alcohólicas. Al frente de los telpochcalli había un telpochtlato (“el que habla a los jóvenes) que inculcaba a sus discípulos el rígido y austero sentido de vida mexica y los instruía en las artes de la guerra. Los niños aprendían de sus padres diversos oficios, ya que lo más frecuente era que siguieran la profesión familiar. Las niñas aprendían de sus madres las labores de la casa, cocina y tejido. Dos tipos diferentes de personas han recibido el nombre de esclavos en la sociedad azteca, aunque ninguna de estas personas pertenecía propiamente a dicha clase social. 2

Por un lado estaban los que efectuaban algún trabajo para otro, como pago por bienes recibidos con anticipación, para solventar una deuda o como condena por un delito, principalmente el robo. Estas personas no perdían su condición social ni sus bienes, eran libres para casarse o para tener servidores y se liberaban de la obligación contraída pagando la cantidad que habían recibido. Por ello su situación se asemejaba más a un contrato de venta de fuerza de trabajo. Quien no cumplía sus compromisos y era amonestado públicamente tres veces, podía ser transferido a otro amo. Si esta situación se repetía tres veces, pasaba al segundo grupo de “esclavos” y podía ser vendido para el sacrificio. A este segundo grupo pertenecían, sobre todo, los prisioneros de guerra destinados a saciar la sed de sangre del dios mexica, Huitzilopochtli. Había contratos en los que una familia se comprometía a servir a determinado señor, turnándose en la tarea diversos miembros. Si el servidor moría en casa del señor, el contrato se daba por terminado. Los servicios de estos “esclavos” eran utilizados preferentemente en el trabajo agrícola, el transporte, el comercio y el servicio doméstico. La finalidad de la educación significaba formar guerreros y sacerdotes: Los aztecas concebían la misión del hombre sobre la tierra como un medio para ensalzar a los dioses y, a través de ello, glorificar a su pueblo. Conquistar y servir en los templos eran, entonces, las principales funciones recaídas sobre los hombres libres; para eso, eran adiestrados desde muy temprana edad. La educación militar se iniciaba cuando, a los seis, o siete años, el niño ingresaba al telpochcalli, escuela pública mantenida por cada calpulli. . A los diez participaba en los combates recibiendo su primera distinción cuando lograba apresar un enemigo. A partir de ese momento se le abrían amplias perspectivas de progreso en la estructura social; sin embargo, si luego de otros combates no repetía la hazaña, debía retirarse del ejército. Volvía al calpulli convertido en macehual, en hombre común dedicado a la labranza de las tierras. Quienes cumplían el objetivo, acción atribuida a los dioses, continuaba ascendiendo en el escalafón de los guerreros hasta integrarse, conjuntamente con los nobles, a las órdenes militares superiores: los caballeros tigre, soldados de Tezcatlipoca, que llevaban como distintivo una piel de jaguar, y los caballeros águila, soldados de sol, reconocidos por el casco en forma de cabeza de águila con que, orgullosamente, cubrían la cabeza. La carrera sacerdotal se impartía en el calmenac, institución a la que también tenían acceso los macehualli. Tras largo aprendizaje del ritual relacionado con las ofrendas y sacrificios, de la confección de horóscopos, del reconocimiento de los hechizos y medios para combatirlos, quedaban aptos para profesar. El aspirante debía, entonces, renunciar al matrimonio para ser ungido como tlamacazqui, servidor de Quetzalcóatl. A medida que adquirían, prestigio empezaban a ascender los escalafones de la jerarquía eclesiástica hasta llenar a ocupar sus cargos máximos: Quetzalcóatl Totec tlamacazqui y Quetzalcóatl Tláloc tlamacazqui, pontífice de Huitzilopochtli y Tlaloc, las deidades que coronaban el centro ceremonial de Tenochtitlán. Otra escuela especializada era el cuicacalli, centro de formación de poetas, cantores, músicos y bailarines. Las tareas propias a cada sexo eran enseñadas por los padres, quienes, de tal modo, los adiestraban para un correcto desempeño en la vida familiar BREVE HISTORIA DE LA EDUCACIÓN INDÍGENA EN MÉXICO Al observar el desarrollo histórico de las diferentes sociedades de México podemos notar que, en cierta medida, se “reconoce”, la existencia de los pueblos indios y de ciertas prácticas que forman parte de su tradición y herencia cultural; usos que con el transcurrir del tiempo y la evolución de la misma sociedad van transformando su misma práctica y reconstruyendo su misma justificación de existencia que en un principio tenían. De esta experiencia subrayo el problema de la educación, proceso de formación que ha acompañado al hombre desde su origen, y que en la heterogeneidad de una sociedad constituye un digno tema de análisis. Comienzo este capítulo con la descripción analítica de los que fue la educación pública para el pueblo azteca. 3

La educación era impartida por el Estado, ésta comprendía el Calmécac y el Telpochcalli. En el Calmécac se educaba a los hijos de los nobles, eran internados y predominaba la enseñanza religiosa. Los estudios se conformaban por tres principales grados y cuya duración era de, aproximadamente cinco años cada uno. En el primer grado se adquiría el llamado Tlamacazto (monaguillo); en el segundo, el Tlamacaztli (diácono) y en el tercero, que muy pocas personas lograban adquirir, obtenían el título de Tlamamac (sacerdote). La educación intelectual consistía en las siguientes actividades: el desciframiento de jeroglíficos, ejecución de operaciones aritméticas, la observación de los astros, la medición del tiempo, conocer los planetas y animales, y rememorar los principales e importantes sucesos históricos. La disciplina era bastante rígida y estricta también, los discípulos dormían en camas duras, la alimentación era moderada, empezaban muy temprano sus actividades y sus castigos eran bastante severos. En el Telpochcalli se educaban y preparaban para la guerra a lo que pertenecían a la clase media y plebeyos, existía uno en cada barrio, y a éste se le conocía como Calpulli. Con esta forma de educar (rudos trabajos y energéticos castigos) era como se formaba el carácter de los jóvenes. La enseñanza era práctica, se le enseñaba a los discípulos a labrar la tierra en 80 común, para ganarse el vestido y el sustento. Su formación era de carácter militar, eran educados para resistir hambre, la sed, la fatiga, el frío, la lluvia, etc, en una guerra; el uso hábil de instrumentos de combate como lo eran la macana y el arco; aprendían a seguir al enemigo sin ser vistos, hacerlos caer en su trampa y combatir en los campos de batalla (manejo de estrategia militar). Los estudios militares abarcaban tres grados también y se distribuían de la siguiente forma: el primero era instructor de alumnos de primer ingreso (Tiacach); el segundo era el jefe de instructores (Telpuchtlato): y el tercero era una especie de director del Telpochcalli (Nacatcal). La dignidad educativa era muy importante para cualquier miembro de estas escuelas, pero sobre todo el de las dignidades militares. Estas dignidades se obtenían mediante la conquista de hazañas heroicas; con la captura de soldados enemigos adquirían el grado de oficial del ejército, con la captura de un jefe enemigo adquirían el grado de Caballero Tigre (Otomitl), con la aprehensión de tres jefes enemigos adquirían el grado de Caballero Águila (Cuautli). De este modo, su educación era bélico-religiosa, practicaban el juego de pelota (Ulama) y la cacería; también existía una escuela donde les enseñaban las Bellas Artes como el canto y la danza y la practicaban en honor al dios Tezcatlipoca. Esta escuela se llamaba Cuicanalco. La educación superior la adquirían únicamente los jóvenes y adultos privilegiados, donde estudiaban la profesión de escribiente, encargados de redactar los códices referentes a la historia de los aztecas.

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