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TRATADO DE CRIMINOLOGÍA, GARCÍA-PABLOS DE MOLINA ANTONIO

TRATADO DE CRIMINOLOGÍA, GARCÍA-PABLOS DE MOLINA ANTONIO

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ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA

Catedrático de Derecho Penal de la Universidad Complutense

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ÍNDICE

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Copyright ® 2003 Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito del autor y del editor. Prólogo a la primera edición . Prólogo a la segunda edición. Prólogo a la tercera edición... Abreviaturas utilizadas ajnau'jfuísb TOÍ
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PARTE PRIMERA: INTRODUCCIÓN

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CAPITULO I LA CRIMINOLOGÍA COMO CIENCIA EMPÍRICA E INTERDISCIPLINARIA 47 51 52 55 55 56 56 57 60 64 66 67 69 71 72 73 73

© ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA

i . . . La Criminología: definición provisional " " a) Acepción restrictiva b) Acepción extensiva 2. Su intitulación a) Su actual denominación y origen de la misma b) Ámbitos de proyección del saber criminológico 3. La Criminología como ciencia empírica e interdisciplinaria 0^1 a) Polémica en torno al carácter «científico» de la Criminología y evolución del propio «paradigma» de ciencia Sf-Í b) El «empirismo» del método criminológico. Método empírico y método experimental c) La naturaleza «interdisciplinaria» de la Criminología Clasificación científico-teórica de la Criminología a) La contraposición: «ciencias de la naturaleza»!«ciencias del espíritu» b) Ciencias «nomotéticas» y ciencias «idiográficas» Emplazamiento «institucional» de la Criminología: diversos modelos a) Modelo «continental» b) Modelo «socialista» c) Modelo «angloamericano» .
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© TIRANT LO BLANCH EDITA: TIRANT LO BLANCH C/Artes Gráficas, 14 - 46010 - Valencia TELES.: 96/361 00 4 8 - 5 0 FAX: 96/369 41 51 Email:tlb@ vlc.servicom.es http://www.tirant.com Librería virtual: http://www.tirant.es '• DEPOSITO LEGAL: V - 607 - 2003 I.S.B.N.: 84 - 8442 - 773 - O IMPRIME: GUADA LITOGRAFÍA, S.L. PMc

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CAPITULO II EL OBJETO D E LA CRIMINOLOGÍA: DELITO, DELINCUENTE, VÍCTIMA Y CONTROL SOCIAL • íifBí.t") v;r'»fa0Í£,bfí •ífi[8b/!i:)n9onrEl í'K objeto de la Criminología. Introducción Delincuente Delito Víctima Control social del comportamiento desviado «delito» como objeto de la investigación criminológica El concepto penal de «delito» como punto de partida: polémica doctrinal en torno a la existencia de un concepto de delito privativo de la Criminología .

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ÍNDICE

ÍNDICE

b) Problematización y relativización del concepto de «delito» en la moderna Criminología c) Concepto jurídico formal (penal) de «delito» y concepto criminológico: eventuales discrepancias 1') Ámbitos privativos de la Criminología 2') Renuncia a un concepto «unitario» de «delito» TS d) El delito como «problema social» y «comunitario». Implicaciones de este punto de partida e) Delito y reacción social El delincuente a) Diversas imágenes y estereotipos de «delincuente» b) El postulado de la «normalidad» del infractor. Sus fundamentos y consecuencias 4. La víctima como objeto de la Criminología a) El «redescubrimiento» de la víctima: factores que explican el mismo b) Los pioneros de la Victimología: la aportación de v. HENTIG, MENDELSOHN y otros. Tipologías posteriores: la interacción «delincuente»-«víctima» y diversas formas de participación de ésta en su propia victimización c) El concepto de «víctima». Clases de víctima e implicaciones d) Vulnerabilidad de la víctima (victimization risk) e) Vulnerabilidad de la víctima y riesgo de victimización: particular referencia a la victimización psicológica y sus variables 1') Factores de vulnerabilidad de la víctima 2') Concepto de «lesión psíquica». Análisis pormenorizado de algunos supuestos típicos 1) En delitos contra la propiedad 2) En delitos relacionados con la conducción de vehículos de motor 3) En los de malos tratos, abuso sexual y corrupción de menores 4) En agresiones físicas y lesiones 5) En agresiones sexuales f) Los perjuicios que padece la víctima: victimización primaria y secundaria.. ( ^ Programas de asistencia, reparación y tratamiento de las víctimas: 1') Programas de asistencia inmediata 2') Programas de reparación a cargo del propio infractor (restitution) 3') Programas de compensación a cargo de fondos públicos (seguros, indemnizaciones, etc.) 4') Programas de asistencia a la víctima-testigo h) Victimología y política criminal: miedo al delito^ prevención y autoprotección i) La víctima y el sistema legal: percepciones y actitudes de la víctima hacia los diversos agentes del control social formal: 1') La alienación de la víctima respecto del sistema legal. La resistencia a '' denunciar el delito: factores que la explican e implicaciones de la misma El 2') Actitudes de la víctima respecto a la Policía y los Tribunales 3') Influencia de las actitudes y cualidades de la víctima en las decisiones del TV 1 i sistema legal: percepción interpersonal, cogniciones y estereotipos 4') El movimiento asociativo y su incidencia en el funcionamiento sistema legal j) Aportación de la moderna Victimología: recapitulación 1') En el ámbito etiológico (dinámica delictiva) 2') En elpreventivo 3') En el instrumental, como fuente alternativa de información ,^ 4') En el político-criminal 5') En el político-social y asistencial

93 95 98 101 101 105 106 107 108 111 115 121 127 132 136 136 138 140 140 141 142 143 145 152 152 154 156 159 159 167 '-1§8, 170 171 172 173 174 176 177 179 179

6') Víctima y sistema legal k) La situación legal de la víctima en España: examen de algunas tipologías .. a') Víctima testigo en causas criminales ']•• b') Víctima de bandas armadas y elementos terroristas c') Víctimas de delitos dolosos violentos y de delitos contra la libertad sexual agí; d') Víctima de delitos de vehículo de motor 5. El control social del delito (control social penal) como objeto de la Criminología a) La ampliación del objeto de la Criminología y el paradigma de control. Remisión al labeling approach b) El control social penal: su actuación, agentes, estrategias, portadores y sanciones c) Control social «formal» e «informal» d) Efectividad del control social penal y «normalidad» (constancia) del delito . e) Evolución y tendencias del control social penal. V) Proceso histórico de racionalización del control social formal, especialmente del «penal» 2') Proceso de racionalización del Derecho Penal 3') Conflictos específicos y de escasa relevancia social (domésticos o protagonizados por infractores jóvenes y menores) 4') Evolución histórica del control social: no es uniforme ni lineal
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CAPITULO III EL «SISTEMA» D E LA CRIMINOLOGÍA Y RELACIONES D E ÉSTA CON OTRAS DISCIPLINAS

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1. Autonomía e interdependencia de las disciplinas que tienen por objeto el crimen 2. El «sistema» de la Criminología a) Clasificación sugerida por la «concepción enciclopédica» . ^,Jb) Otras clasificaciones. El emplazamiento de algunas disciplinas conflictivas ' »'• (Criminalística, Penología y Profilaxis) y grado de autonomía de otras (Victimología) 3. Las «relaciones» de la Criminología con otras disciplinas A) Con ciencias no específicamente «criminales»: a) Biología y ciencias afines .\¡}S. b) Psiquiatría SBS c) Psicología 89S d) Psicoanálisis e) Sociología f) Etología B) Con disciplinas que se ocupan prioritariamente del «crimen»:...a) Derecho Penal j '-• b) Política Criminal
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214 216 217 217 218 218 219 220 221 221 222 226

J.5I CAPITULO IV FUNCIONES D E LA CRIMINOLOGÍA 1. Funciones y rol de la Criminología 2. El conocimiento «científico» del fenómeno criminal y la crisis del paradigma «causal-explicativo» 3. La Criminología como «central de informaciones» (clearing) (O 229 230 231

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ÍNDICE 233

ÍNDICE

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310 311 314 315 316 317 318
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4. La Criminología, «ciencia práctica» 5. La «lucha» o «control» de la criminalidad, como objetivo polémico de la Criminología. Nuevo planteamiento del problema en la Criminología oficial de los otrora países socialistas 236 6. La Criminología como factor de «legitimación» o como instancia «crítica» del orden 238 social. 239 7. Recapitulación: el saber criminológico y sus funciones 247 8. Valoración final í\'>iK>\<\C5,o ^sssciDJ lü jioiKimajíi : ÍOTánooia id . .'.&J(A,¿fe^t«l>CAPÍTULO V MÉTODO Y TÉCNICAS D E LA INVESTIGACIÓN Bsr ib CRIMINOLÓGICA El distinto método de las ciencias del «ser» (empíricas) y de las ciencias «normativas» El método criminológico: reglas y momentos del mismo a) Reglas o principios del método científico b) Sus fases o momentos: 1') Determinación del modelo 2') Momentos de la investigación El método criminológico y su objeto a) La interdependencia: método-objeto b) Limitaciones del método matemático-estadístico c) Trascendencia de los problemas metodológicos d) La polémica doctrinal sobre el método: jalones de la misma Técnicas de la investigación criminológica A) Clasificación de las mismas. Particular referencia a las de índole '•'estadística» B) Particular referencia al método estadístico 1') Por razón de la naturaleza y funciones de las mismas: a) Estadísticas de «masas» o de «series» b) Estáticas y dinámicas c) Estudios de pronóstico y tablas de predicción d) Informes de «autodenuncia» {self-reporter survey) y encuestas de «victimización» {victimization studies) Excurso: cifra negra, procesos de atrición y técnicas de estimación de la criminalidad real: a») Los informes de autodenuncia b») Las encuestas de victimización c») La criminalidad «reaZ» en España: ficha técnica e información que suministran las encuestas de victimización realizadas desde 1978 d») Rasgos y tendencias apreciables en la criminalidad actual 2') Por razón de sus «fuentes»: a') Estadísticas policiales b') Estadísticas judiciales c') Estadísticas penitenciarias: C) Particular referencia a algunas técnicas de investigación: 1') Reconocimiento médico 2') La exploración 3') La entrevista 4') El cuestionario 5') La observación 6') La discusión en grupo

7') El experimento 8') Los tests psicológicos 9') Métodos de medición 10')Métodos sociométricos ll')Métodos longitudinales 12')Estudios de seguimiento (follow-up) 13')Estudios paralelos e investigaciones con grupo de control

PARTE SEGUNDA: HISTORIA DE LA CRIMINOLOGÍA

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251 252 252 253 253 254 255 256 257 257 259 259 259 261 261 261 261 262 262 263 268 274 278 287 291 292 296 301 305 305 305 306 308 308 309

CAPÍTULO VI EVOLUCIÓN HISTÓRICA DEL PENSAMIENTO^^ CRIMINOLÓGICO: ETAPA « P Í ? Í ; C / £ 7 V T Í F / C A » Í Í ^ S l Q 1. Origen de la Criminología y coordenadas de la evolución histórica del pensamiento criminológico 2. Etapa precientífica: sus fuentes A) Directrices procedentes de las ciencias del espíritu 80* a) El pensamiento utópico 80t' b) La Filosofía política de la Ilustración y la obra de pioneros y reformadores: íí* 1') La aportación de BECCARIA VI* 2') Ilustrados y enciclopedistas: eí* • a') MONTESQUIE -I2i> b') VOLTAIRE asi' c') ROUSSEAU : Oe& E l a i a d d ' ) MANUEL DE LARDIZÁBAL ÍS& c) Las primeras construcciones teóricas: SE* 1') FILANGIERI y ROMAGNOSI 2') FEUERBACH S*'*' d) La denominada «escMe¿oc/ás¿ca» y su teoría situacional de la criminalidad: oc^ .,.,j. 1') Postulados de la misma Htifií ' 2') Posterior evolución del modelo clásico: el denominado «raeocZasíCísmo» '^^^ o moderno clasicismo ^*'*'B) Aportaciones procedentes de otros ámbitos y primeros tanteos empíricos:... ^*'*' a) Los pioneros de la ciencia penitenciaria: i^n 1') HOWARD ^h^ O, 2') BENTHAM ^** b) Aportaciones empíricas: '. '*'*' 1') En el ámbito de la Fisionomía ^^ ••• 2') En el de la Frenología ^^'•^ •• 3') En el de la Psiquiatría 4') En el de la Antropología CAPÍTULO VII í M í H C í Ó M R W l T i a O ^ l EVOLUCIÓN HISTÓRICA DEL P E N S A M I E N T O CRIMINOLÓGICO: LA DENOMINADA «ESTADÍSTICA MORAL» O «ESCUELA CARTOGRÁFICA»
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323 326 327 327 328 329 333 333 334 335 335 338 338 339 339 342 344 350 351 351 352 354 354 356 365 370

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La denominada «estadística moral» y el «mito lombrosiano» .

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ÍNDICE

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2. Los orígenes de la Estadística Moral 3. Los pioneros de la Estadística Moral a) QUETELET: el crimen como fenómeno social normal. Referencia a las «leyes térmicas»

375 378

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383
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4. La posterior evolución de la Estadística Moral a) La estadística como método dinámico b) La obra de v. MAYR c) RAWSON W. RAWSON y MAYHEW .....l...l.....l...l....l.....l...ll....l....l^ 5. Valoración final CAPÍTULO VIII LA CONSOLIDACIÓN D E LA CRIMINOLOGÍA COMO DISCIPLINA EMPÍRICA: EL POSITIVISMO CRIMINOLÓGICO 1. El positivismo criminológico y la «lucha de escuelas» 2. Premisas metodológicas y postulados del positivismo criminológico 3. La Scuola Positiva italiana A) LOMBROSO: un enfoque antropobiológico: a) La obra de C. LOMBROSO L.'..'.'. 8s;-. b) Su tipología: particular referencia al «delincuente nato» Los «estigmas degenerativos» ese c) Teoría de la criminalidad: atavismo, morbo y epilepsia d) Otras tesis lombrosianas £gf; e) Valoración crítica del método y postulados lombrosianos B) FERRI: la perspectiva sociológica: a) La obra de FERRI y su aportación b) El método «positivo» de FERRI c) El determinismo de FERRI y la «pena-difesa» mí d) Su teoría ecléctica de la criminalidad: los factores «antropológicos», «físicos» y «sociales» 688 e) Los «sustitutivos penales» como programa político-criminal 2ipf) La tipología de FERRI C) GAROFALO: la sistematización del ideario positivista: OGÍ: a) El concepto criminológico de «delito» (teoría del «delito natural») íol, b) Teoría de la criminalidad de GAROFALO ÍOí; c) Su tipología i:" d) Temibilidad y prevención especial: concepciones penales de GAROFALO 1:- D) El positivismo criminológico en España b:. . a) DORADO MONTERO b) SALILLAS

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a) El pensamiento criminológico de LACASSAGNE b) AUBRY La teoría psicosocial de G. TARDE a) Las leyes de la ««imitación» de TARDE b) Su teoría psicosocial de la criminalidad c) Libre albedrío y castigo Teorías eclécticas A) La ««Terza Scuola» italiana: a) Sus representantes: ALIMENA, CARNEVALE e IMPALLOMENI b) Postulados de la ««Terza Scuola» B) La Escuela de Marburgo o Joven Escuela Alemana de Política Criminal Especial referencia a F. v. LISZT: a) Teoría de la criminalidad de F. v. LISZT b) La Gesamtewissenschaft: Antropología, Psicología y Estadística criminal como pilares de la Ciencia Criminal, en F. v. LISZT C) La ««Defensa Social»
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>eoitié'í'í»9norjtiísn(Aliih' PAKTE TERCERA: TEÓRICOS EXPLICATIVOS DEL CRIMEN

1;: lÉdS-lW «IB»* CAPÍTULO X ..^-.t"^- ,.i ,.t, ,--.^- - ,^^f>g ORIENTACIONES BIOLÓGICAS: ANTROPOLOGÍA CRIMINAL, BIOTIPOLOGÍA CRIMINAL Y ENDOCRINOLOGÍA CRIMINAL

c) CONSTANCIO BERNALDO DE QUIRÓS
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CAPITULO IX POSITIVISMO CRIMINOLÓGICO Y «LUCHA DE ESCUELAS»: LAS DENOMINADAS «ESCUELAS ECLÉCTICAS» O «INTERMEDIAS» . .V,.^Í«.«„'tumms.H'J
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1. El modelo biológico 2. Investigaciones en el área de la Antropología A) La Antropometría: referencia a las técnicas de identificación de BERTILLON B) El método biométrico de GORING C) La teoría de la inferioridad de HOOTON D) Otras investigaciones (VERVAEK, DE GREEF, DI TULLIO) 3. Teorías del ««tipo constitucional» (body type theories) e investigaciones en el ámbito de la Biotipología A) Escuela francesa B) Escuela italiana C) Escuela alemana: particular referencia a KRETSCHMER: ai-e a) Correlación de los tipos constitucionales y caracterológicos en KRETSCHMER b) La aportación de KRETSCHMER D) Escuela americana: a) La tipología de SHELDON y el somatotipo b) La investigación del matrimonio GLUECK c) El enfoque biosocial de J. CORTÉS Explicaciones del comportamiento criminal procedentes de la Endocrinología .. a) Pioneros de la Endocrinología en Estados Unidos y en Europa b) Investigaciones sobre la testosterona c) La aportación de la Endocrinología

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1- El debate científico y sus coordenadas durante la primera mitad del siglo XX .. 2. La escuela francesa de Lyon

453 454

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CAPÍTULO XI EXPLICACIONES BIOLÓGICAS DEL HECHO CRIMINAL: GENÉTICA CRIMINAL, NEUROFISIOLOGÍA, INVESTIGACIONES SOBRE EL SISTEMA NERVIOSO AUTÓNOMO, SOCIOBIOLOGÍA Y BIOQUÍMICA (y II) 1. La Genética criminal: sus hipótesis y metodología (herencia criminal) ' A) Genealogías de delincuentes: investigaciones sobre «/amz/ias c7-¿m¿rec[Zes»... ^' B) Estudios de gemelos unicigóticos (identical twins) y dicigóticos {fraternal twins): 1') índices de concordancias hallados en las investigaciones de LANGE y otros 88Í' 2') La aportación de CHRISTIANSEN y SHÜFU YOSHIMASU eSí' 3') ResultadosobtenidosporEYSENCK,SHIELDS,DALGARDyKRINGLEN, etc C) Estudios de adopción: • 1') Las investigaciones de KUTTNER y SCHULSINGER 2') La obra de R. CROWE 3') El trabajo de HUTCHINGS y MEDNICK D) Malformaciones cromosómicas: 1') P r i n c i p a l e s a n o m a l í a s genéticas (síndrome de TURNER, de KLINEFELTER, etc.) 2') La trisomía XYY 2. Aportaciones de la moderna Neurofisiología: patología cerebral y criminalidad; hipótesis y metodología (EEG y tests psicológicos) a) Las conclusiones de MONROE y otros b) Líneas de investigación en el Reino Unido: crimen violento (sin motivo aparente) y «ritmo delta» (slower rhythms, delta rhythms) c) Resultados obtenidos con relación a las principales anomalías y disfunciones cerebrales: 1') Disfunción cerebral mínima (MBD: OTírtJma/¿raí/i dys/Mracííore) 2') Anormalidad electroencefalográfica (.E£'G A6raorOTaZ¿í>') 3') Otras disfunciones cerebrales 3. Estudios sobre el sistema nervioso autónomo a) Psicopatías (sociopatías) y disfunciones del sistema nervioso autónomo Situaciones de ftht or flight y proceso de socialización b) Las investigaciones de EYSENCK c) La obra de MEDNICK d) Otras aportaciones (SIDDLE, EDELBERG, etc.) 4. La moderna Sociobiología y la Bioquímica a) La incidencia de los factores bioquímicos en el comportamiento humano: ... b) Componentes biológicos 1') Déficit de minerales y vitaminas 2') Hipoglucemia 3') Alergias 4') Contaminantes ambientales 5') Otras investigaciones ambientalistas c) La Criminología «biosocial»: el modelo de JEFFERY 5. La conducta agresiva humana y sus fundamentos bio-psicosociales 6. Teorías biologicistas: recapitulación final. Reflexiones críticas 509 510 516 516 518 521 523 523 524 524 526 527 530 535 536 536 537 537 538 539 541 541 542 542 543 543 545 546 547 547 551 552 553 554 554 558 564

CAPÍTULO XII EXPLICACIONES PSICOPATOLÓGICAS DEL HECHO CRIMINAL Tres modelos teóricos: el psicopatológico (psiquiátrico), el psicodinámico (psicoanalítico) y el psicológico 2. Sustrato psicopatológico del comportamiento delictivo: enfermedad mental y crimen a) La supuesta anormalidad del delito y del delincuente 1') Teoría de la insanity y de la inferioridad o «degeneración mental» 2') Teoría de la «personalidad criminal» b) Cometidos y limitaciones de un enfoque psiquiátrico c) Psicopatología criminal: ámbitos y funciones psíquicas afectadas por posibles patologías (inteligencia, memoria, pensamiento y lenguaje, voluntad, conciencia, atención y orientación temporoespacial, percepción, afectividad, instintos, etc.) d) Los conceptos de «salud» y «enfermedad» mental e) Nosologías psiquiátricas: relevancia criminológica (delictogénesis) de las principales alteraciones, trastornos y enfermedades mentales 1') Retraso mental (oligrofrenia) 2') Trastornos orgánicos cognoscitivos: delirium y demencias 3') Trastornos relacionados con el consumo y dependencia del alcohol y drogas 4') La esquizofrenia y otros trastornos psicóticos 5') La paranoia 6') Trastornos del estado de ánimo y el humor: el trastorno bipolar y las V8 depresiones T8 7') Trastornos de ansiedad: neurosis y otros trastornos (somatomorfos, facticios 88 y disociativos) 8') Trastornos sexuales: particular referencia a las parafilias m oe; 9') Trastornos en el control de los impulsos: cleptomanía, piromaniay ludopatía. 10')Trastornos de la personalidad (psicopatías y criminalidad): 1') Delimitación doctrinal del concepto de «psicopatía» 2') Críticas al concepto de psicopatía íjee '•' 3') Investigaciones empíricas sobre las Psicopatías: bL-jai: a') En la población reclusa h.Of> b') Con grupo de control c') Estudio de seguimiento (foUow-up) 3. Valoración final: delito y enfermedad mental
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, iís&xftíigóioidoiaoa otefooíBÍS (fa vírw'^a-ai . . CAPÍTULOXIII ' -' EL MODELO PSICODINÁMICO: EXPLICACIONES PSICOANALÍTICAS DEL CRIMEN - . . . „ . ao*yboM
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El modelo psicodinámico y la función mediadora del psicoanálisis entre la Psicopatología (Psiquiatría) y la Psicología Postulados del modelo psicodinámico: particular referencia al Psicoanálisis y Teorías que lo integran (freudianos, neofreudianos y heterodoxos) El pensamiento de FREUD a) El pansexualismo freudiano y sus implicaciones b) Fases del desarrollo de la libido. Complejo de Edipo, neurosis y complejo de culpa

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c) La teoría del inconsciente: el determinismo íreudiano y las simbolizaciones d) División dinámica de la personalidad: el aparato intrapsíquico Aportación a la Criminología de otros psicoanalistas a) ALEXANDER y STAUB: neurosis, complejo de culpa y castigo b) REIK y su crítica a la concepción tradicional de los fines de la pena c) AICHORN (delincuencia juvenil y delincuencia «latente») y FRIEDLANDER d) El crimen como producto de la sublimación de ciertas frustaciones emocionales (HEALYyBRONNER) e) La hipótesis de la «privación materna» (BOWLBY) El pensamiento psicoanalítico postfreudiano heterodoxo o revisionista a) La «Psicología individual» de ADLERy la relevancia criminógena del «complejo de inferioridad» b) La «Psicología analítica» de JUNG y el «inconsciente colectivo» c) Teoría del «desarrollo psicosocial del yo» de ERIKSON d) El pensamiento «sociológico» de E. FROMM . 6. Recapitulación final. Aportación del piscoanálisis y reflexiones críticas. yVñ '..'. ÍBií.oín íJwab&ni
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CAPITULO XIV ' - .:,q EL MODELO «PSICOLÓGICO »:TEORÍAS CONDUCTISTAS, f TEORÍAS DEL APRENDIZAJE, TEORÍA COGNITIVA Y £ ANÁLISIS FACTORIALISTA (RASGOS O V A R L ^ L E S DE LA S PERSONALIDAD) . , , _„ í 687 687 688 690 690 690 692 694 695 696 698 700 700 700 701 703 703 704 706 706 707 707 708 709

Rrortt";Tr>.rf R.T /•.ri 1. Los modelos «psicológicos», en sentido estricto se a) Conductismo versus psicoanálisis b) Conductismo versus teoría cognitiva y teoría del aprendizaje social Modelos biológico-conductuales (modelos de condicionamiento del proceso de socialización) a) El modelo de condicionamiento de EYSENCK: 1') Socialización y proceso de condicionamiento: aprendizaje «clásico» y aprendizaje «instrumental» 2') El grado de activación cortical (arousal): introversión, extroversión y 8£ neuroticismo 3') La incidencia de los factores situacionales: prevención del delito y sociedad «permisiva» 4') Tratamiento del delincuente , 03 b) El modelo de PÉREZ SÁNCHEZ '. c) El modelo de TRASLER d) El modelo sociobiológico de JEFFERY: 1') Aprendizaje «operante» en el modelo biosocial de JEFFERY 2') La opción prevencionista y el factor físico-ambiental 3. Modelos socio-conductuales: el aprendizaje social a) La teoría del aprendizaje social de BANDURA: 1') Conductismo moderado versus conductismo radical 2') El aprendizaje vicario u observacional de BANDURA: a') Aprendizaje vicario fiaf' b') Refuerzo vicario c') Castigo vicario 3') Actividad simbólica y autorregulatoria b) El modelo de FELDMAN (integrado): 1') La predisposición individual (variable genética)

2') Su teoría del aprendizaje social (variable conductual) 3') La variable situacional 4. Teoría cognitiva del «desarrollo moral» (variables cognitivas) a) La denominada Psicología de la «Gestalt»: el crimen como estructura total y unitaria b) Teoría del desarrollo moral y cognitivo: 1') PIAGET y las fases del desarrollo o razonamiento moral 2') KOHLBERT y su teoría de la criminalidad: etapa premoral, etapa de moralidad convencional y etapa de moralidad autónoma 3') El «razonamiento legal» de TAPP 4') Otras construcciones: a') El trabajo de JURKOVIC y PRENTICE b') El de SAGI y EISIKOVITS c') La aportación de RIVAS, GARRIDO y otros c) Polémica en torno a la existencia de actitudes o valores específicamente criminales: 1') Inexistencia de un sistema de valores criminales: |g a') Conclusiones de POZNANIAK ., b') BRAITWAITE y BRAITWAITE c') Otras investigaciones 2') Existencia de un sistema de valores criminales 3') Otras líneas de investigación alternativas 4') Conclusiones de ENDLER y MANUSSON 5. Modelos factorialistas («rasgos» o «variables de la personalidad») na a) Crisis de la teoría de la «personalidad criminal» y coordenadas del moderno Og modelo factorialista de «rasgos» QQ b) Principales líneas de investigación sobre el modelo de «rasgos»: 1') Revisiones generales (ARGYLE, YATES, WALDO y DINITZ, PÉREZ RIVAS, etc.) j[g 2') Revisiones sobre la base del MMPI 3') Seguimiento de variables concretas: a') «Locus de control» b') Inteligencia 6. Recapitulación final: la aportación de las teorías psicológicas is'aiiíi£i,aúüjt.i!);v»«.tJi>0.<i,inT';)fi9¿,!a.:.ojiÍ9t! lab abhnyfxiqi.'i ae>taiííií0í»itía-

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CAPITULO XV ;,„/. ,^ EXPLICACIONES SOCIOLÓGICAS DEL HECHO CRIMINAL: LAS DENOMINADAS «TEORÍAS PLURIFACTORIALES» (FACTOR APPROACH) (I) griesvíjí^a (C 731 733 734 734 735 735 736 738 740
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1. Teorías «sociológicas» del crimen y moderna Sociología criminal. Clasificación de las teorías sociológicas actuales 2 Enfoques «plurifactoriales» (factor approach) a) Exposición de algunas formulaciones paradigmáticas: V) HEALY 2') El matrimonio GLUECK 3') BURTON 4') M.A. ELLIOTy F.E. MERRIL b) Crítica a los enfoques plurifactoriales 3. Enfoques plurifactoriales y Criminología «integradora»: el principio interdisciplinar
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ÍNDICE

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CAPÍTULO XVI EXPLICACIONES SOCIOLÓGICAS DEL DELITO: ESCUELA ECOLÓGICA DE CHICAGO Y TEORÍAS AMBIENTALISTAS (II) 1. La Escuela de Chicago: Sociología «urbana» y ecología social 2. Objeto y método de la Escuela de Chicago a) Los social problems b) La participant observation y la «empatia» c) El sustrato «ecológico» de la Escuela de Chicago 3. Precursores y pioneros de la Escuela de Chicago a) Escuela de Chicago y Estadística Moral b) Precursores de la Escuela de Chicago: ' 1') La «desor^amzaciów socíoZ» en THOMAS y ZNANIECKI «í' 2') La aportación de SIMMEL y WEBER ....y.."....y....! c) El Departamento de Sociología de la Universidad de Chicago y la «Human ' Ecology»: ^ ^ " 1') PARK: áreas naturales y teoría ecológica - •' 2') BURGESS: modelo teórico de desarrollo de la gran ciudad (axiate Growth). 3') MCKENZIE y los «mapas radiales» de la Escuela Ecológica 4. Algunas investigaciones sobre «áreas criminales» de la Escuela de Chicago a) ABBOT y BRECKINRIDGE b) CLU. SRAM y l&sdelinquency Áreas: a') Conclusiones de los estudios de área de SHAW b') Conclusiones de los trabajos de SHAWy MCKAY ...' 5. Estudios de área realizados a partir de los años treinta ^^ a) Sobre la base de otros modelos urbanos: la aportación de LIND • b) Áreas de «residencia» y áreas áe «comisión» „ 1') La tesis de LIND r^; 2') Conclusiones de WHITE °J 3') La aportación de LOTTIER ° ' c) La relevancia etiológica de un espacio o área: los trabajos de TAFT ELMER •^^ M. CLINARD y otros ' d) Un nuevo enfoque ecológico: la investigación de LANDER 6. La aportación de la Escuela de Chicago: reflexiones críticas ...'..." 7. Teorías ambientalistas y prevención del delito: el denominado defensible Space a) Dos «tradiciones» de «estudios de área» b) Análisis ecológico y prevención del delito: el defensible Space (NEWMAN): 1') La aportación de KUBE 2') Las conclusiones de CHERRY 3') La investigación de O'DONNELL y LYDGATE 4') La obra de NEWMAN y su revisión por BOOTH 8. Enfoques «comunitarios» y «prevención» de la criminalidad: la denominada «psi^ cología comunitaria», sus paradigmas y programas de intervención
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743 745 745 746 748 748 748 749 749 750 ygO 75I 751 752 755 755 75g 757 758 760 760 760 ^gj 761 761 ^Q^ 762 763 767 767 769 77O 77O 771 775 781
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1') La división del trabajo: la distinta función del Derecho en la sociedad «mecánica» y en la sociedad «orgánica» 2') La «normalidad» &e\ áelito y SM «funcionalidad» 3') La «anomia» B) La teoría anémica de MERTON: 1') La conducta desviada como reacción normal a las contradicciones estructurales y modo (individual) de adaptación a la sociedad 2') Cinco respuestas típicas al impacto diferencial de las contradicciones estructurales en el individuo: a') Innovadora b') Ritualista c') Retraimiento d') Rebeldía Conexión de la teoría de la anomia con otros modelos: 1') El estructural-funcionahsmo de MERTON como base exphcativa de la criminalidad de las bandas en el modelo subcultural de COHÉN 2') La variante psicosociolégica de CLOWARD y OHLIN 3') La denominada teoría sistémica Implicaciones metodológicas, criminológicas, dogmático-penales y político-criminales del pensamiento funcionalista El estructural-funcionalismo: aportación y valoraciones criticas B(--í%^ CAPÍTULO XVIII EXPLICACIONES SOCIOLÓGICAS DEL CRIMEN: TEORÍAS SUBCULTURALES (IV) -..^^^.

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CAPÍTULO XVII TEORÍAS SOCIOLÓGICAS: CONCEPCIONES ESTRUCTURALFUNCIONALISTAS (DE LA ANOMIA) Y SISTÉMICAS (III) 785 787 737

1. Teorías de la «anomia» y teorías «sistémicas»: el estructural-funcionalismo ¿- Teorías de la anomia: sus diversas formulaciones A) El pensamiento de DURKHEIM:

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1. Origen y delimitación del concepto de «subcultura» 2. Principales enfoques subculturales a) La aportación de KOBRIN e3í b) La teoría subcultural de COHÉN: 1') Gratuidad, malicia y destructividad como notas de la subcultura (juvenil). Tgt Otras características xa, 2') Actitud valorativa ambivalente (polaridad negativa) respecto a las normas sai de la cultura oficial 3') Génesis del conflicto y frustración del joven de la lower class: tres respues888 tas típicas: a') 'Elcollege boy (adaptación) Í^Sg b') El comer boy (contemporización) M8 c') El delinquent boy (frustación de status) y la denominada reaction Sfüformation 4') La interdependencia recíproca de lo normal y lo patológico aaf c) La teoría de la «oportunidad diferencial», de CLOWARD y OHLIN: \'dr 1') El concepto de «oportunidad diferencial» 89c 2') Formas de organización y estructura del slum: tipos de «respuestas colecm% tivas»: 078 a') Subcultura «criminal» (integrada) b') Subcultura de «cora/Zícío» (desorganizada) c') Subcultura «evasiva» o «abstencionista» 3') Aportación criminológica e implicaciones político-criminales de la teoría de CLOWARD y OHLIN: el programa de «lucha contra la pobreza» (War on Poverty) de las Administraciones Kennedy y Johnson

815 818 818 819 820 820 821 823 823 823 824 824 826 826 827 827 828

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ÍNDICE 3. Críticas a las teorías subculturales y evolución de éstas en la década de los años sesenta a) Críticas al modelo simplificador de COHÉN b) Críticas a la teoría de la oportunidad diferencial de CLOWAED y OHLIN c) Polémica en torno al «componente de clase» y su relación con el concepto de «subcultura»: fitíS 1') MILLER y \& «(sub)cultura de la clase obrera» ' 2') La teoría de los «valores subterráneos» de MATZA y SYKES; otras concep96f: cienes subculturales que desligan «sM^cMtora» y «c/ase socí'aZ» " d) El análisis subcultura a partir de los años setenta: orientaciones y perspectivas i@e 829 829 831 832 832 833 836 CAPÍTULO XX EXPLICACIONES SOCIOLÓGICAS DEL DELITO: TEORÍAS DEL PROCESO SOCIAL: EL ENFOQUE INTERACCIONISTA DEL LABELING APPROACH (VI) 1. El modelo «ínteraccionista»: conducta desviada y reacción social Postulados del labeling approach 2. Orígenes del labeling approach: sus pioneros (THOMAS, TANNENBAUM, LEMERT, etc) a) Tendencia radical y tendencia moderada del enfoque labeling b) Microperspectiva y macroperspectiva labeling 3. Interaccionismo simbólico y constructivismo social 4. La denominada «introspección simpatética»: significado del delito desde la óptica del autor a) Autoconcepto y técnicas de justificación b) Otros mecanismos de autodefensa: la «desviación secundaria» 5. Los tres niveles del enfoque labeling A) Impacto de la atribución del «status criminal» en la identidad del desviado: 1') La «estigmatización» del desviado: interpretación retrospectiva, estereotipos y «profecía autorrealizable» (self-fulfilling prophecy) 2') Repercusión en la identidad del desviado: etiquetamiento y desviación secundaria B) Proceso de atribución del status criminal («procesos de selección»): 1') La ley como «marco abstracto de decisión»: ámbito de discrecionalidad de los agentes del control social 2') Investigaciones empíricas sobre el comportamiento de los agentes del control social y variables que inciden en el mismo: a') Sobre la Policía b') Sobre las autoridades judiciales 3') Naturaleza selectiva y discriminatoria del control social C) El proceso de «criminalización primaria»: labeling approach y modelos de «conflicto» 6. Implicaciones político-criminales del labeling approach a) Los diversión programs •• b) Los restitution programs -7. El enfoque labeling: reflexiones críticas y balance ñnal ^3« 866 ^^
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873 876 880 881 882 883 885 886 886 887 889 889 891 892 892 894 895 898 899 900 902 902 903 903

> CAPÍTULO XIX " ' ' ' ' ' -"^»oO .e EXPLICACIONES SOCIOLÓGICAS DEL DELITO: TEORÍAS ¿ ' ^ DEL PROCESO SOCIAL (TEORÍAS DEL APRENDIZAJE Y f' TEORÍAS DEL CONTROL SOCIAL) (V) 'I i tí 1. Criminalidad e interacción social: las teorías del proceso social (aprendizaje social, control social y reacción social) 839 2. Teorías del aprendizaje social {social learning): sus principales formulaciones . 841 A) Teoría de la «asociación diferencial» (SUTHERLAND y CRESSEY): 842 a) La tesis de SUTHERLAND: 842 a') Organización social diferencial, aprendizaje y conflicto social 843 b') Las nueve reglas del aprendizaje social 844 b) Investigaciones empíricas y sus resultados 847 c) La revisión de CRESSEY 848 d) Críticas a la teoría de la «asociación diferencial» 848 B) Teoría de la «identificación diferencial», de GLASER, y teoría de los «roles» 851 C) Teorías del «refuerzo diferencial» y del «condicionamiento operante»: particular referencia a la aportación de AKERS y BURGESS 853 D) Teoría de la «neutralización»: «técnicas de autojustificación» y «valores subterráneos» en SYKES y MATZA 857 3. Teorías del control: un nuevo enfoque al problema de la desviación 861 a) Teoría del «arraigo social» (social Bond Theory): 862 1') Los cuatro factores que deciden la vinculación del individuo a la sociedad según HIRSCHI 863 2') Resultados obtenidos en investigaciones empíricas (selfreport study) por HIRSCHI y HINDELANG 864 b) Teoría de la conformidad diferencial de BRIAR y FILIAVIN 864 c) Teoría de la contención, de REKLESS: 865 1') Mecanismos internos o externos de contención y mecanismos de presión criminógenos (internal pushes, external Pressures y external Pulís) 866 dS8 2') Verificación empírica de la teoría de REKLESS: sus resultados 867 d) Teoría del «control interior», de REISS 868 e) Teoría de la «anticipación diferencial», de GLAZER 869 f) Crítica a la aportación de las teorías del control 870

—..-. CAPÍTULO XXI EXPLICACIONES SOCIOLÓGICAS DEL DELITO: MODELOS <CONFLICTUALES» (VU) ..,,.,.w„mi.üi i^ 911 913 915 915 917 917 919 921 925

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1. Conflicto versus consenso: un nuevo paradigma. Postulados del modelo conflictual 2. Clasificación de las teorías del conflicto: conflicto «cultural», conflicto «social» y concepciones «marxistas» de base conflictual 3. Teorías del conflicto «social» a) Antecedentes próximos del análisis conflictual: actualidad del mismo b) Evolución de las teorías del conflicto: sus pioneros: D El modelo de DAHRENDORF 2') La formulación de VOLD 3') COSERySIMMEL ! c) Teorías del conflicto social; posteriores formulaciones:

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ÍNDICE

ÍNDICE

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1') Conflicto y Administración de la Justicia Penal: el análisis crítico de CHAMBLISS y SEIDMAN 2') QUINNEYy la «realidad social del crimen». Bases de un enfoque conflictual no marxista 3') Conflicto y criminalización en TURK 8T; d) Algunas investigaciones empíricas de base conflictual: aTf D JACOBS y BRITT 2') LIZOTTE , 3') CHIRICOS y WALDO 4: Teorías del conflicto de inspiración marxista: Criminología «radical», Criminología «crítica» y «nueva» Criminología a) La National Deyiancy Conference (NDC) y la Criminología radical de BERKELEY: labeling approach y «marxismo» b) Criminología «marxista» contemporánea: 1') Algunas formulaciones: a») G. SYKES b») H. y J. SCHWENDINGER c») SPITZER d») QUINNEY: su giro hacia el marxismo. e»)KRISBERG 2') Su crítica a la «función legitimadora» y falta de «autonomía» de la Criminología «positivista» tradicional. .._ 3') El método «histórico-analítico» de las investigaciones marxistas:. a') Centros de interés: referencia a algunas investigaciones b') El método histórico marxista. Algunas investigaciones Teorías del conflicto: recapitulación final

925 927 931 936 937 937 937 938 938 939 942 943 943 943 944 944 944 945 946 947 948

PARTE CUARTA PREVENCIÓN DEL CRIMEN CAPÍTULO XXIII LA PREVENCIÓN DEL DELITO EN UN ESTADO SOCIAL Y DEMOCRÁTICO DE DERECHO
1. La prevención del delito en el Estado Social y democrático de Derecho 2. El concepto de prevención: a) Prevención y disuasión b) Prevención primaria, secundaria y terciaria c) Un modelo «sui generis» de prevención: el modelo socialista 3. Modelos teóricos de prevención del delito. Exposición y reflexiones críticas a) El modelo clásico b) El modelo neoclásico Excurso: evaluación empírica de los modelos disuasorios clásico y neoclásico sobre la función preventiva de la pena c) El modelo situacional como modelo prevencionista a') Introducción b') Evolución de las teorías prevencionistas de orientación situacional c') Fundamento del modelo preventivo situacional d') Técnicas de prevención situacional e') Prevención situacional y precauciones rutinarias f) Reflexiones críticas 4. Seguridad piiblica, seguridad privada, gestión personal de la seguridad y prevención del delito 5. Análisis y evaluación de los principales programas de prevención del delito a) El éxito de la filosofía "prevencionista" b) Reflexiones a los más significativos programas de prevención 1') Programas de «área geográfica» 2') Programas basados en el diseño arquitectónico y urbanístico dirigidos a la remodelación de la convivencia urbana 3') Programas de prevención («comunitaria») 4') Programas de prevención «victimal» 5') Programas de inspiración político-social (lucha contra la pobreza, igualdad de oportunidades) 6') Programas de prevención de la criminalidad orientados a la reflexión axiológica: revisión de actitudes, valores y pautas sociales de comportamiento 7') Programas de orientación cognitiva 8') Programas de prevención de la reincidencia 6. Bases de una moderna política criminal de prevención del delito <eiw •'^?.^.'.'.i.7.:v•...,;.•/;.,,,,,..:. ^,.:\...;,'áítiMflo#:»*«teirfoáa9ÍigéotiíOlS^'J(S* dedos 979 982 982 983 985 988 989 994 996 1019 1019 1021 1022 1027 1031 1034 1040 1044 1044 1045 1045 1047 1052 1054 1056

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^ii-Mtíi-mdo'A rsCAPÍTULO XXII • TEORÍA Y PRAXIS CRIMINOLÓGICA EN LOS OTRORA PAÍSES SOCIALISTAS (y VIII) „ , , m
951 953 955 955 956 956 957 958 958 960 965 969 972

5lC' Introducción 2. El método marxista leninista y la Criminología «socialista» 3. La explicación de la criminalidad en los clásicos marxistas a) ENGELS b) MARX c) TURATTI y COLAJANNI d) BONGER 4. Etapas y orientaciones de la Criminología en los países socialistas a) Panorama general de la investigación criminológica en los países socialistas b) Explicaciones teóricas del crimen: teoría de los «rudimentos» y de la «desviación ideológica» c) Funciones asignadas a la Criminología socialista y autodefinición de la misma d) Resultados obtenidos en las investigaciones criminológicas 5. Recapitulación final: la recíproca aproximación e interdependencia de modelos antagónicos 11.,

1059 1062 1063 1066

ñim ' ^ dim) PARTE QUINTA SU Él' MODELOS DE REACCIÓN AL DELITO E

INTERVENCIÓN

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VIH CAPÍTULO XXIV TI FI ANÁLISIS CRIMINOLÓGICO DE LOS DIVERSOS MODELOS Y ' Bwmn-niy^f SISTEMAS DE REACCIÓN AL DELITO
1. Introducción 1071

ÍNDICE

ÍNDICE 2. El modelo «disuasorio» clásico 1072 a) Sus postulados 1073 b) Críticas a dicho modelo 1073 3. El modelo o paradigma «resocializador» 1076 1') Sus fundamentos teóricos 1076 2') El debate doctrinal sobre la resocialización del delincuente 1078 a) Evolución del modelo resocializador: de la «euforia» a la «crisis» 1079 b) Concepciones del Derecho que propugnan objetivos resocializadores: antirretribucionismo, concepción asistencial y neorretribucionismo 1079 c) Problemas que suscita el concepto de resocialización 1081 a') Fundamento de la pena o fin de la ejecución de ésta 1081 b') Naturaleza del proceso de adaptación del individuo a los valores del ^^ • grupo: concepciones funcionales y concepciones correccionalistas 1082 ^ ^ , , c') Programas resocializadores «wáwmos», programas «wmimos» y «ter^ ; ceras vías» 1083 d') Finalidad real de los programas resocializadores: tutela del penado o defensa social 1086 e') El pensamiento de la resocialización: recapitulación final; argumentos a favor y en contra del ideal resocializador 1088 3') El debate criminológico sobre la resocialización del penado 1092 a) El concepto restrictivo de írato/nzento (médico-clínico) 1094 b) El concepto actual de «¿«íeryertciórt» y sus bases 1095 c) El marco de la intervención: modelo clásico versus modelo ambientalista 1096 d) Problemas y retos de los programas de intervención 1099 e) Crisis de las tipologías tradicionales de delincuentes y moderno concepto de «carrera criminal» 1099 f) Modelos de intervención: clasificación 1101 . . g) Métodos y técnicas de tratamiento en el ámbito penitenciario: clasificai_k.íír ción; análisis particularizado de las principales técnicas de intervención: 1102 ,'.. A) La psicoterapia grupal y el «counseling» 1105 1) El método analítico 1107 "W)l " ^^ Elpsicodrama 1107 ,,-,., " 3) La terapia familiar 1107 ,",„.^ • 4) El análisis transaccional 1107 f'' 5) El «coMrese/íwg'» o asesoramiento terapéutico personal 1107 „,, . B) Técnicas de modificación de conducta 1108 •• 1) Técnicas aversivas 1109 2) Técnicas basadas en el control de contingencias (sistemas progre,-„. sivos, economía de fichas, etc.) 1110 ,",|, 3) Sistemas de autogobierno, contrato conductual y otros 1111 pnpi 4) Tratamientos mixtos de base conductual , 1112 r,j.„ , C) Técnicas de intervención y tratamiento de orientación cognitiva: objetivos y presupuestos 1112 1') Técnicas de solución de problemas 1115 2') Entrenamiento en habilidades sociales 1115 3') Técnicas de control emocional 1116 ' 4') Técnicas de razonamiento crítico 1116 5') Desarrollo de valores 1117 6') Habilidades de negociación 1117 7') Pensamiento creativo 1117 4') La resocialización del penado: marco legal y normativo. Principios y directrices de la Ley Orgánica General Penitenciaria 1/1979, de 26 de septiembre 1118 ' 5') La resocialización del infractor: recapitulación final 1120 El modelo integrador: conciliación-reparación 1') Sus orígenes: modelos anglosajones («diversión»), el pensamiento de la mediación y los idearios abolicionistas 2') Expectativas que genera este paradigma a) En el infractor b) En la víctima c) En el sistema legal d) En la comunidad 3') Presupuestos de la mediación 4') El procedimiento conciliatorio: sus fases 5') El rol del «mediador» 6') Balance del paradigma integrador: reparos y objeciones al mismo

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PAETE SEXTA

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PROBLEMAS DE LA CRIMINOLOGÍA EN LA ACTUALIDAD • unercCAPITULO XXV PROBLEMAS Y TENDENCIAS DE LA CRIMINOLOGÍA ACTUAL
Recapitulación: pluralismo metodológico y problematización del saber criminológico Tendencias de la moderna Criminología a) Autonomía en la definición de su objeto: Criminología «empírica» y «sistema legal» b) Crisis del modelo positivista de Ciencia Criminológica c) El enfoque interdisciplinar: predominio del análisis sociológico d) Una nueva «actitud» ante el problema criminal: la «empatia» e) Ampliación de su objeto: crisis del protagonismo del delincuente e irrupción de la víctima y el control social f) Preocupación creciente por la víctima del delito g) Relativización y problematización del concepto de «delito» ídem, de la «reacción social» h) Preferencias temáticas: criminalidad oculta y desviación expresiva i) Compromiso político y crítica social j) Superación del binomio: predisposición/medio ambiente k) De la mera explicación del crimen a su prevención 1) El control racional de la criminalidad m) Contemplación crítica de las estadísticas oficiales: cifra negra y campo oscuro de la criminalidad n) Balance final Criminología «positivista» versus Criminología «crítica»: la contraposición de dos modelos teóricos a) Postulados de la Criminología «positivista» b) Postulados de la Criminología «crítica» 4. La crisis actual de la Criminología «positivista»: teorías y líneas de investigación que han contribuido a la misma a) El funcionalismo b) Teorías subculturales c) Concepciones psicoanalíticas d) El labeling approach 1165 1167 1167 1167 1168 1168 1169 1170 1171 1172 1173 1174 1175 1176 1177 1178 1179 1180 1182 1184 1189 1190 1190 1191 1192

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ÍNDICE

e) El paradigma de «controla y las teorías conflictuales f) Investigaciones sobre la efectividad del Derecho Penal y sus consecuencias jurídicas (pena privativa de libertad, reincidencia, desviación secizndaria, etc.) 5. Pilares de una nueva concepción criminológica • i a) Imagen plural y conflictiva del orden social ; b) Normalidad del delincuente c) Funcionalidad y normalidad de la desviación d) Ubicuidad del crimen e) Revisión de principios básicos de la criminología positivista 6. Valoración final Anexo estadístico

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A mis padres

PRÓLOGO A LA PRIMERA EDICIÓN
El presente MANUAL DE CRIMINOLOGÍA pretende ser una INTRODUCCIÓN al estudio de los problemas básicos de esta joven disciplina empírica. En el mismo esperopueda encontrar el lector informacióny orientación sobre cuatro extremos fundamentales: 1. Los conceptos y categorías que integran la Parte General de la moderna Criminología: el «crimen», el «delincuente», la «víctima» y el «control social» del comportamiento desviado. Los dos últimos reciben un tratamiento más detenido, de acuerdo con las orientaciones sociológicas e interaccionistas más recientes. ' 4si<Mmm 5i»'.ASíí%a(%M)9M%«>« tmu 2. El método criminológico (empírico e interdisciplinario) y las técnicas de investigación más idóneas y usuales en el estudio del hombre delincuente y la realidad social criminal. Particular atención se concede a las actuales técnicas de estimación de la criminalidad «real» y «oculta», no detectada por las estadísticas convencionales (encuestas de victimización, informes de autodenuncia, eíc.>í>J 3l> í^ó-^u 3. Modelos teóricos y paradigmas (biológicos, psicológicos y sociológicos) explicativos del crimen, de su génesis, etiología y dinámica. Se analizarán, también, los diversos programas de prevención del delito y de reinserción del delincuente. 4. Estructura del fenómeno criminal en la sociedad española, a tenor de la información que suministran las estadísticas policiales, judiciales y penitenciarias. Me sentiría, en verdad, muy satisfecho si esta obra llegara a transmitir al paciente lector el aprecio, la fascinación y el prudente escepticismo que, a mi entender, debieran presidir el sereno análisis del problema criminal. Aprecio, pasión —«empatia»—, en primer lugar, porque el crimen no es una plaga, una maldición, sino un doloroso problema humano y social. Un problema cercano, muy próximo, cuya existencia inevitable debemos asumir con sensibilidad y solidaridad, en lugar de ignorarlo, de alejarlo de nuestra reflexión con solemnes declaraciones de guerra. El crimen no interesa sólo ni fundamentalmente a ciertos estamentos del sistema legal: nos afecta a todos, nos incumbe a todos, nos compromete a todos. r ascinación, también, porque el crimen —como todo problema humano y social es un suceso complejo y enigmático, difícil de explicar con la sola ayuda e esquemas doctrinales, incluso con los instrumentos de que disponen las ciencias sociales y las ciencias de la conducta. Sabemos muy poco de las claves

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del comportamiento criminal (¡actuamos, a menudo, como si supiéramos menos todavía!), pero dicha carencia no debe suplirse con prejuicios dogmáticos, propios del despotismo no ilustrado, sino con la pasión que despierta en el científico lo desconocido, lo desconcertante... Actitud de reserva y cautela, por íiltimo, porque el progreso científico ha desmoronado viejos tópicos sobre la génesis del delito, sobre su prevención y posibilidades de intervenir eficazmente en el hombre delincuente, pulverizando los ingenuos y simplistas esquemas monocausales de antaño. Cada vez somos más conscientes de que nuestros conocimientos sobre el fenómeno criminal son parciales, fragmentarios, relativos, inseguros. La problematización y la relativización del propio saber científico imponen, pues, una sensata actitud escéptica lejos del optimismo naiv de otros tiempos. No es éste, desde luego, el momento de anticipar o resumir las conclusiones a que ha llegado el autor. Pero quizá fuera oportuno subrayar cuatro ideas: 1. Control versus exterminio del crimen, como meta final. El objetivo utópico de erradicar el crimen de la faz de la tierra ha de ser sustituido por el mucho más realista de controlarlo razonablemente, asumiendo su inevitabilidad. Una sociedad humana, de hombres, no puede pagar, el precio elevado que exige «la paz de los cementerios». 2. Política criminal versus política penal. El control del delito no puede descansar en el empleo sistemático de la pena como instrumento disuasorio, sino en una política criminal científica. El Derecho Penal —la «cirugía penal»—, cuya necesidad es incuestionable, tiene un preocupante coste social y su propia efectividad como estrategia adecuada para la solución de los conflictos sociales dista mucho de ser un dogma. El Derecho Penal es la «liltima ratio» y su intervención, pues, subsidiaria. Mm-^. ÚZ »b .«smno A-^X' 3. Prevención versus represión. Es necesario conocer y explicar científicamente el crimen, su génesis, su dinámica. Pero no para reprimirlo mejor, sino para prevenirlo. No se trata sólo —ni sobre todo—de mejorar el funcionamiento y la efectividad del sistema legal, sino de llevar a cabo los oportunos programas de prevención primaria y secundaria, neutralizando los factores criminógenos y anticipándose al delito mismo. Leyes más severas, más jueces, más policías, más cárceles..., como recuerda algún autor, puede significar más reclusos, pero no necesariamente menos delitos. Procede, además, ampliar y mejorar los posibles objetos de intervención. La política penal opera exclusivamente en el infractor potencial, tratando de disuadirle mediante un contraestímulo psicológico, el castigo. Una política criminal moderna puede y debe intervenir también en el espacio físico, en el entorno social, en colectivos que exhiben elevados riesgos de victimización, en la propia población reclusa, etc. Siendo el crimen un fenómeno significativamente «selectivo» (el crimen escoge «su» espacio adecuado, «su» víctima propicia, «su» momento oportuno, etc.), sólo una acción selectiva, también, y pluridimensional puede ofrecer garantías de éxito en orden a su eficaz control. 4. El «redescubrimiento» de la víctima. El sistema legal, por el protagonismo que asume en el mismo la persona del delincuente, ha olvidado a la víctima,

relegándola a lapobre condición de objeto neutro, pasivo, anónimo y fungible del suceso delictivo. La víctima sólo inspira, en el mejor de los casos, compasión. Procede, sin embargo, redefinir el rol de la víctima a la luz de nuestros conocimientos actuales, tanto en el marco del Derecho Penal —material y procesal— como en el de la Política Criminal, la Política Asistencial, la Criminología, etc. Porque la víctima puede contribuir de forma decisiva a la explicación de determinados complejos criminales (interacción delincuentevíctima), a la efectividad de los más variados programas de prevención del delito (prevención secundaria atendiendo a ciertos colectivos) y, desde luego, al control del rendimiento del sistema legal y mejora de éste (actitudes de la víctima hacia el sistema, colaboración con el mismo, etc.). Es obvio que el Estado «social» de Derecho no puede seguir ignorando a la víctima inocente del delito. No quisiera terminar este prólogo sin expresar mi agradecimiento a la doctora doña Pilar Gómez Pavón, profesora titular de Derecho Penal de la Universidad Complutense por la valiosa colaboración que me ha prestado en el momento de recoger y sistematizar el aparato estadístico de la presente obra. Y al doctor don Andrés Canteras, profesor de Psicología Social de la citada Universidad, autor del anexo que el autor encontrará al final de aquélla. tr-ifos '"'atH ANTONIO GAECÍA-PABLOS Catedrático de Derecho Penal de la Universidad Complutense Madrid, enero 1988 ' ' .f>'r-ia, hasta

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Hace ahora diez años, precisamente u n mes de febrero, veía la luz mi Manual de Criminología, editado por Espasa Calpe. Trataba éste de ofrecer al lector u n a información actualizada, en unas ochocientas páginas, sobre el problema criminal. Una información, eso sí, científica-empírica como corresponde a la Criminología, ya que mientras el Derecho Penal examina el delito normativamente, con un método abstracto, formal y deductivo —y a través del cliché de la norma jurídica— esta joven disciplina, por el contrario, lo hace empíricamente, aproximándose al hecho real del crimen con u n método basado en el análisis, la observación, la comprobación. .. sin mediación alguna. ao-ssHjittaonálírMí^^WtoM 8«ésfetíQ«i1W6s:ip Constaba el Manual de tres Partes claramente diferenciadas: la primera, de carácter introductorio, se refería a los principales conceptos y categorías de esta Ciencia («delito», «delincuente», «víctima», «control social», etc.), a su método y a las concretas técnicas de investigación desarrolladas por la misma. La segunda, histórica, pasaba revista a la evolución de las ideas criminológicas, desde la obra de los precursores y pioneros de esta disciplina, h a s t a las aportaciones de la moderna Criminología empírica contemporánea. La tercera exponía la controversia doctrinal sobre la génesis y etiología del delito, esto es, los diversos modelos teóricos explicativos del comportamiento criminal (modelos «biológicos», «psicológicos» y «sociológicos»), dando cuenta de u n a discusión teórico-académica que se prolonga hasta nuestros días. El Manual, contra todas las previsiones, se agotó pronto, muy pronto. Sin embargo, hasta hace sólo u n año, rechacé la tentación de preparar una segunda edición. Más aún: no he querido autorizar, siquiera, u n a «reimpresión», objetivo modesto que hubiera permitido, al menos actualizar sus fuentes bibliográficas y estadísticas, evitando el prematuro envejecimiento de la obra. Pensé —^y no me arrepiento ahora— que una nueva edición del Manual, por sus características, requería tiempo, tiempo y reflexión, reposo... ¡porque las concesiones al calendario, a los reclamos editoriales o exigencias del mercado —la premura y el oportunismo, en definitiva—, suelen ser pésimos consejeros! Opté, en consecuencia, por continuar la labor investigadora ya emprendida, trazando u n programa, a medio plazo, que he cumplido y del que son buena prueba los cerca veinte trabajos publicados, entretanto, en revistas científicas, españolas y extranjeras, sobre problemas criminológicos concretos. Fruto de dicho quehacer investigador y, por imperativos pedagógicos, es la versión abreviada del anual («Criminología. Una introducción a sus fundamentos teóricos para

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juristas»), que h a visto ya tres ediciones en castellano (1992, 1994 y 1996, Ed. Tirant lo Blanch), dos en brasileño («Criminologia. Una intodugao a seus fundamentos teóricos». Sao Paulo 1992 y 1997, traducida por Luiz Flavio Gomes) y una en catalán, preparada por la Dr- D'^ Rosa Fernández Palma («Criminologia». Edició experimental. Universitat Oberta de Catalunya. Barcelona 1998); obra, pues, menos ambiciosa, dirigida fundamentalmente a estudiantes de Derecho, que, no obstante, aborda la problemática de la prevención del crimen y de la intervención y respuesta al mismo, no contempladas en el Manual originario, anticipándose a la propia edición revisada que presento. Hoy, diez años después, creo llegado el momento de preparar u n a nueva edición del Manual de Criminología, que revise y actualice la de 1989. Pues siendo el saber científico no un saber ahistórico, químicamente puro, estático y definitivo, sino un saber siempre abierto y provisional, dinámico, relativo, cambiante, sólo el tiempo puede erigirse retrospectivamente en juez inexorable de la validez de los conocimientos adquiridos, depurando o refutando, en su caso, la cientificidad de los mismos y el rigor con que se trasmiten y formulan. Sólo el tiempo —arbitro y crisol de la experiencia— depara la perspectiva histórica necesaria p a r a discriminar los grandes hallazgos y descubrimientos científicos de las modas y espejismos efímeros, pasajeros; lo esencial, lo nuclear, de lo anecdótico y marginal; lo relativo y circunstancial, de lo permanente; lo cierto, lo constatado, de lo probable, de lo posible o simplemente, de lo (aún) no refutado. Y diez años después, h a transcurrido ya el tiempo necesario. Ahora bien, precisamente durante estos dos lustros, la Ciencia criminológica ha seguido su camino, descubriendo nuevos centros de interés, nuevas perspectivas, e incluso, nuevos paradigmas. Se ha producido, sin duda, el definitivo afianzamiento del método empírico e interdisciplinario, que pone fin a la histórica lucha de escuelas y al pernicioso enfrentamiento de dos mundos tradicionalmente antagónicos: el de las «togas negras» (el mundo del Derecho) y el de las «batas blancas» (de la Ciencia). Es indiscutible, también, el éxito arroUador de las técnicas de investigación cuantitativas y las encuestas sociales; y la irrupción de la víctima y el control social en el escenario criminológico, que amplían —amplían y problematizan— el objeto tradicional de esta Ciencia. A ello se añade, desde luego, la necesaria contemplación del delito como problema social y comunitario, como hecho de la Sociología de la normalidad, postulado éste (el de la «normalidad» del delito, como fenómeno «social») que gana u n significativo consenso en la doctrina y desmiente la imagen patológica del crimen, y del infractor, esgrimido por la Criminología clásica. O, también, el subrayado de la vocación «social» de la ciencia criminológica, coherente con un nuevo paradigma de ciencia que define el saber científico como saber «práctico» (práctico versus teorético, especulativo, academicista). Se observa, igualmente, un llamativo desplazamiento de los centros de interés de la investigación criminológica: del ámbito teórico-doctrinal de los modelos explicativos del crimen (etiológico) al ámbito sociocomunitario de la prevención y la intervención; del análisis causal-explicativo de la criminalidad, al examen de los diversos modelos de reacción y de respuesta al delito, que

valúa la calidad y rendimiento del sistema legal (de la justicia criminal) y elabora fórmulas alternativas al mismo. Esta nueva edición del Manual no puede ignorar dicha evolución de la Criminología, de la teoría y de la praxis criminológica. Por ello, se revisan en su primera parte los conceptos y categorías fundamentales, especialmente la teoría de la víctima y la del control social, que h a n generado ya u n a muy interesante bibliografía, durante los dos últimos lustros. Se ha procurado actualizar también el aparato estadístico de la obra, dando cuenta de los informes y encuestas sociales —de ámbito estatal, autonómico o local— realizados desde 1989, informes y encuestas de obligada consulta para conocer la realidad del crimen (realidad y percepción del delito pueden ofrecer valores muy distantes), pero cuya consulta resulta cada vez más laboriosa por la dispersión de las fuentes estadísticas que ocasiona el mapa autonómico español. Por último, se incorporan al Manual dos nuevas Partes, totalmente novedosas en la estructura inicial de la obra (Capítulos XXIII y XXIV), sobre prevención del delito (análisis de los diversos modelos de prevención de la criminahdad) y sobre reacción o respuesta al crimen (exposición de los diferentes sistemas de solución del problema criminal y técnicas de intervención en el mismo); cuestiones ambas que interesan a la Criminología, cada vez más, u n a vez superado el estrecho modelo causal-explicativo de las ciencias y las estériles controversias doctrinales sobre la etiología del delito. Preocupación temática comprensible, pues si es cierto que «estamos retornando al punto cero del saber criminológico» y el crimen sigue siendo «un acertijo», es lógico que la elaboración de modelos teóricos explicativos retroceda a u n segundo plano en las prioridades de esta ciencia, y ceda el paso al reto de nuestro tiempo: la prevención del delito y la intervención en este doloroso problema social y comunitario. En España, por cierto, la Criminología ofrece u n panorama desigual de luces y sombras. De una parte, h a n surgido nuevos Institutos universitarios y centros docentes donde se imparten enseñanzas especializadas e interdisplinarias, de base empírica sobre el problema criminal con el reconocimiento académico de los «títulos propios» de cada Universidad. Y se generaliza la inclusión de esta disciplina en los planes de estudios de las licenciaturas de Derecho de las diversas Universidades, como asignatura «optativa», de acuerdo con una tendencia que parece incontestable. De otra, se observa u n notable incremento de la producción científico-criminológica que, además, mejora sensiblemente en rigor metodológico y calidad. Se publica, pues, más y mejor, y los trabajos empíricos sobre el crimen dejan de contemplarse despectivamente por los penalistas como «género menor». No obstante la Criminología española tiene ante sí u n largo camino si pretende alcanzar con plenitud el «rol» que a esta disciplina corresponde en el ámbito científico-teórico, en el académico, el institucional, el social. Un arduo camino de autocrítica y superación, no de reivindicaciones académico-laborales, corporativas, sobre el rango del título o el acceso al mercado de trabajo. La Criminología española no puede seguir siendo u n a disciplina teorética y

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especulativa que da la espalda a los problemas acuciantes de la sociedad y al hombre de su tiempo, que olvida la naturaleza «práctica» y la función «social» de la ciencia y predica aún rancias teorías de la «diversidad» del delincuente y el carácter patológico del crimen. Tiene que optar, sin reservas, por el método positivo, empírico, abandonando los dogmas sin respaldo científico, perjuicios subjetivos y actitudes intuitivas que sustituyen la realidad del crimen por imágenes y percepciones viciadas de la misma. Tiene que abrazar, desde luego, el principio de la interdisciplinariedad, principio incompatible con trasnochadas concepciones «piramidales», «jerárquicas», que pugnan con la unidad del saber científico y conducen a la denominada «barbarie de los especialistas». Ahora bien, todo ello sin absolutizar ni sobredimensionar las cuestiones «metodológicas»: sin conceder más trascendencia al método que al objeto de la investigación y a los fines de ésta; sin preocuparse más de perfeccionar la pureza y rigor metodológico de las técnicas de investigación, de las herramientas de trabajo, en definitiva, que de la investigación misma, en un alarde de empirismo craso y narcisista que no es ya de recibo. La Criminología española, pues, no debe abandonar el sendero de la "ciencia", ni sucumbir a los interesados y perniciosos consejos de los hechiceros de siempre (hoy: «forjadores de la opinión pública»); expertos manipuladores profesionales del miedo al delito, que dicen tener la receta mágica para resolver uno de los fenómenos más inquietantes que desde la noche de los tiempos fascina, apasiona y preocupa a la humanidad: el fenómeno del crimen. Pues tales consejeros siempre han ahuyentado los demonios del mal a su modo: sustituyendo el diagnóstico científico, desapasionado, de este doloroso problema social (problema, no plaga, ni tumor) y comunitario —problema de todos, desde luego, y no sólo del «sistema legal»— por vehementes cruzadas para erradicarlo de la faz de la tierra; la empatia, por beligerantes perjuicios dogmáticos y maximalismos políticocriminales; el control y la prevención racional del delito por utópicas y radicales tesis que declaran incompatibles la realidad "patológica" del crimen con un sistema social sano, y propugnan, por tanto, el total exterminio de aquella a toda costa y a cualquier precio. Duele reconocerlo, pero u n a Criminología con tales carencias corre el riesgo de no ser tenida en cuenta por los poderes públicos y las instituciones, ni por los operadores del sistema, ni por la propia comunidad. No contará con el apoyo y la financiación que la investigación científica requiere, ni con el imprescindible reconocimiento académico y prestigio social. P a s a r á desapercibida cuando se aborden importantes reformas penales, como lamentablemente ha sucedido con el vigente Código penal español, y quienes la cultiven acabarán refugiándose en u n coto hermético de inútiles saberes especializados incapaz de aportar luz y soluciones al hombre hoy. rmjadc) o'ñ Se queja, a menudo, el investigador de su soledad. Y no le falta razón, porque la sociedad, la opinión pública —y la propia dinámica político-electoral— esperan y rentabilizan más soluciones mágicas y espectaculares, a corto plazo, del preocupante fenómeno del criminal, que diagnósticos científicos y desapasionados del mismo, no siempre autoexculpatorios ni tranquilizadores.

Pero a menudo también, se gana a pulso el teórico, el científico, dicha oledad,' cuando se desentiende de la realidad social e histórica y desprecia los problemas del hombre de su tiempo; cuando en lugar de comprometerse en la transformación de esa reahdad se limita a redefinirla arrogantemente con su criptolenguaje de impecables conceptos y categorías formales que dificulta la transmisión de la experiencia científica a los operadores del sistema y Umita al máximo la practicidad del saber criminológico. No debiera olvidar el investigador sin embargo, que los teóricos sólo «siembran la semilla», pero la ciencia tiene una trascendental función social: y los verdaderos cambios sociales, y el propio progreso, se reahzan, se materializan, «a pie de obra», gracias a la labor de quienes se comprometen, día a día, en la transformación de la realidad. Permítanseme, para concluir, tres reflexiones personales sobre el problema criminal su diagnóstico, prevención y respuesta al mismo— que sintetizan las tesis fundamentales de esta obra. En primer lugar, pienso que la moderna Criminología profesa u n a imagen mucho más compleja del suceso delictivo, y de los factores y variables que convergen en el escenario criminal. Junto a la persona del infractor cobra hoy creciente protagonismo la de la víctima y el control social. El delito deja de identificarse con la fría decisión abstracta, ahistórica, atemporal, de un arquetipo de hombre algebraico que se enfrenta asombrosamente con la Ley como consecuencia de alguna patología o disfunción que lo hace «distinto», «diferente». Antes bien, se contempla como conflicto o enfrentamiento interpersonal, histórico y concreto, real, doloroso para todos, pero humano, cuasidoméstico, cotidiano: como problema social y comunitario. Por otra parte, la Ciencia ve en el delincuente, salvo excepciones estadísticamente poco significativas, un individuo normal, un hombre más de su tiempo, esto es, u n ser condicionado, como los demás, por u n complejo entramado biológico que se transmite hereditariamente; pero muy condicionado también por los demás, por los otros, por su entorno, por la comunidad. Un ser, por tanto, social, comunicativo, abierto y muy sensible a eficaces procesos continuos y dinámicos de interacción con otros hombres, con el medio. Un ser, pues, inacabado, receptivo, que mira al futuro, capaz de trascender sus propios condicionamientos. Porque el hombre no es sólo Biología: es, también. Historia, Cultura, Experiencia. Carece, pues, de sentido el viejo dilema: hombre o sociedad, en el momento de explicar la génesis del delito. Todo es mucho más complejo. La propia decisión criminal no puede entenderse formal y estáticamente, prescindiendo de determinados procesos de aprendizaje y socialización del infractor, ni de ciertas operaciones cognitivas matizadas por el contexto subjetivo de éste. Las rancias tesis clásicas del libre albedrío absoluto dan paso, hoy, a planteamientos más complejos y relativizadores del suceso delictivo, que reconocen la relevancia etiológica de u n a rica gama de factores y variables (territoriales, espaciales, urbanísticas, ambientales, interpersonales, culturales, axiológicas, etc.). Todos ellos convergen e interactúan en el «escenario» delictivo y contribuyen al diseño final, muy selectivo, del perfil del hecho delictivo.

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' E n segundo lugar, y por lo que a la prevención del crimen se refiere, parece evidente la crisis de los modelos «disuasorios» e incluso «situacionales» superados por modelos «etiológicos» y «comunitarios» que propugnan u n concepto de prevención positiva y social, a medio plazo que no se sirve de mensajes disuasorios, ni de técnicas restrictivas, cuasipoliciales, sino de prestaciones solidarias. U n a prevención primaria concebida «etiológicamente», esto es, que recaba y moviliza u n a actuación comunitaria tendente a paliar desequilibrios, necesidades básicas y situaciones carenciales, incidiendo en las raíces últimas del conflicto delictivo —no en sus síntomas, ni manifestaciones— con u n a incisiva política social y asistencial. Prevención que no persigue la erradicación del crimen, sino su control racional. Que pondera, desde luego, el coste social — no sólo la efectividad— de las diversas estrategias y técnicas de intervención. Que opera a medio y largo plazo y procura comprometer a la comunidad, pues la prevención del crimen no interesa exclusivamente al sistema legal y sus instancias oñciales, sino a todos, y todos deben corresponsabilizarse solidariamente en tal empresa. E n cuanto a los sistemas de reacción o respuesta al delito, es evidente la crisis de la Justicia criminal y la insuficiencia de las fórmulas tradicionales de enjuiciamiento. La imagen de la diosa Justicia, estatua fría de mármol, ciega, sorda y muda, que se venda los ojos... pero ciñe espada, parece, sin duda, desmedida pero acierta al denunciar el formalismo de u n sistema tecnocrático que decide —sanciona o absuelve— pero no resuelve; que actúa con «imperium», no con «auctoritas»; que impone sus criterios, sin explicar ni convencer, ni pretenderlo; que se preocupa exclusivamente de la pretensión punitiva del Estado, pero se desentiende de las expectativas de las otras partes implicadas en el suceso criminal (infractor, víctima, comunidad); que, por tanto, ni resuelve dicho conflicto, ni concilla a sus protagonistas, ni pacifica las relaciones sociales generales. La solución no puede encontrarse, sin embargo, en fórmulas utópicas o demagógicas, con pretensiones de universalidad, que propugnan u n a Justicia «lega» y «aldeana», o «la devolución del conflicto» a los propietarios del mismo, p a r a que éstos lo resuelvan privadamente sin intervención del sistema legal y las agencias oficiales de éste («ladrones de conflicto»). Por el contrario, es necesario delimitar rigurosamente bajo qué presupuestos y en qué grupo de casos cabe sustituir la actuación de la maquinaria pesada del Estado —la Justicia criminal— por la más flexible de otras fórmulas pacificadoras de conciliación y mediación. Pero con realismo, de forma progresiva, y sin merma ni menoscabo de las garantías irrenunciables del ciudadano (y del principio de igualdad), riesgo que exhiben algunas propuestas bienintencionadas de inadmisible faz privatista. En todo caso, es obvio que la calidad de u n sistema o fórmula ideal de enjuiciamiento de conflictos no se mide exclusivamente por el rigor lógico de sus normas, de su cobertura normativa; ni por su rendimiento efectivo o capacidad disuasoria; ni por la profesionalidad de los operadores que le sirven, sino por otros indicadores. Fundamentalmente, el grado de satisfacción de determinadas expectativas y pretensiones de los implicados en el

roblema criminal: la resocialización del infractor, la reparación del daño ausado a la víctima, la solución del conflicto mismo y la pacificación de las relaciones sociales generales. No quiero terminar este prólogo sin antes expresar mi sincero agradecimiento a algunas personas. A mis discípulos de la Cátedra de Derecho Penal, los profesores de la Universidad Complutense, Dr. D. Fernando Santa Cecilia García y Dr- D- Rosa Fernández; las muy pronto Doctoras Carmen Ocaña y Laura Pozuelo (profesora esta última de la Universidad Autónoma de Madrid); al profesor Miguel Fernández-Tapia, licenciado en Derecho y Medicina, y a Cecilia Lázaro, colaboradora de mi Cátedra. Todos ellos me h a n prestado u n a ayuda de inapreciable valor que reconozco y agradezco. También, desde luego, a Julita Rodríguez Ruiz que h a «traducido» las más de mil trescientas páginas manuscritas con mi vieja pluma estilográfica, pasándolas fielmente a este artificio moderno al que todavía me resisto y llaman ordenador. Al Gabinete Técnico de la Dirección General de la Policía, por facilitarme u n material estadístico de gran utilidad pero de difícil consulta, cuya reproducción en el Manual agradecerá, sin duda, el estudioso. A Fernando Álvarez Ude Aguirre (t), médico y humanista, amigo, que vivió intensamente la vida haciendo a todos el bien, a quien dedico especialmente esta obra, como testimonio de afecto y agradecimiento. Madrid, 1 de marzo de 1999 ;,
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PROLOGO A LA TERCERA EDICIÓN

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La excelente e inesperada acogida que h a dispensado el lector a este Tratado de Criminología (denominación - l a de T r a t a d o - que, por cierto, sigue pareciéndome incorrecta) superó, con creces, las previsiones más optimistas. El autor -lo confieso con t a n t a satisfacción como sorpresa- no podía imaginar, desde luego, cuando concertó con la Editorial su publicación que en el año 2001 tendría que iniciar la preparación de su tercera edición. Pero lo cierto es que, aun siendo u n a obra de unas características muy concretas, esto es, u n a obra de consulta, densa, muy densa, y voluminosa, poco o nada amena y dirigida a precio disuasorio- al estudioso iniciado en esta especialidad, su segunda edición se agotó a los pocos meses de ver la luz. La presente 3- edición, como podrá comprobar el lector, no es, sin embargo, una mera reimpresión, ni u n a versión corregida y actualizada de la precedente. Incluye, por ejemplo, un nuevo capítulo, de casi cien páginas, sobre psicopatología y psiquiatría criminal en que se analiza la delictogénesis e implicaciones criminológicas de los principales trastornos mentales. Además, se revisa la información estadística de la obra que se recoge en sus anexos y la relativa a las encuestas de victimización realizadas en España, capítulo V, con la inclusión de otras encuestas posteriores. La nueva edición, como es lógico, da cuenta de la bibliografía nacional y extranjera más reciente, y, sobre todo, aborda materias y cuestiones de especial interés no contempladas en ediciones precedentes. Así, y a título puramente ilustrativo, cabe citar las siguientes innovaciones: en el C a p í t u l o II se examina la evolución histórica del control social (subapartado o.e), así como la controvertida cuestión de las relaciones entre delito y reacción social (2.e.), añadiéndose al estudio de la víctima del delito dos apartados que versan, respectivamente, sobre la victimización psicológica y sus variables en los diversos delitos (4.e.) y sobre la llamada violencia de género o malos tratos intradomésticos (4.k.d".); el C a p í t u l o I I I incluye un nuevo epígrafe (3.A.a.) aedicado a laBiología criminal y su rol en el sistema de la ciencia criminológica; y el C a p i t u l o V aporta información actualizada sobre recientes encuestas de victimización españolas (4.A.l.d.b" y c"), resumiendo y valorando las críticas U^A^^T'^^^ '^^^^^^^^ P°^ ^^ moderna doctrina al aparato estadístico oficial • • J, en el C a p í t u l o XI se relacionan las investigaciones empíricas más recientes en el ámbito de \& genética criminal (1), de la neurofisiología (2), la ociobiología y la bioquímica (4), analizándose el problema de la conducta a ^ e s i v a humana y sus fundamentos biopsicosociales (5); el C a p í t u l o XXII e añora datos relevantes sobre la evolución de la criminalidad en los otrora

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PRÓLOGO

denominados Países del Este (socialistas) con posterioridad al decisivo cambio político, social y económico que tuvo lugar en los mismos al final de los años ochenta y comienzo de la década de los noventa del pasado siglo (4); el Capítulo XXIII, referido a la prevención del crimen, revisa u n tema de creciente interés criminológico: el de la seguridad privada y la gestión personal de la seguridad (4); en el Capítulo XXIII, también, se recogen las más significativas investigaciones empíricas sobre la eficacia preventiva general y preventiva especial de la pena (3. Excurso), así como las aportaciones doctrinales de los últimos años en torno a la denominadaprevención situacional (3.c.); finalmente, el Capítulo XXrV da cuenta de las conclusiones que resultan de los metaanálisis con relación a la eficacia rehabilitadora de los diversos tipos de tratamiento (3.5'). Espero que esta obra pueda ser útil para el estudiante de la Licenciatura, ya en ciernes, de Criminología, pues en ella encontrará u n a información rigurosa y actualizada sobre los contenidos fundamentales de esta disciplina empírica e interdisciplinaria: sobre sus conceptos y categorías más relevantes, método y técnicas de investigación, modelos teóricos relativos a la etiología, génesis y prevención del crimen y a la intervención en la persona del infractor, etc.; así como datos fiables sobre la criminalidad en España procedentes del aparato estadístico oficial y de otras encuestas sociales. a2B 9a nota Su versión resumida {Criminología. Una Introducción a sus fiíndamentos teóricos. Tirant lo Blanch) h a visto ya la 4- Edición, recientemente aparecida (2001); y, en febrero del 2002, vio la luz la también 4^ Edición de esta misma obra, traducida al brasileño por el Dr. D. Luiz Flavio Gomes {Criminología. Urna Introdugao a seus fundamentos teóricos. Sao Paulo. Brasil. Edit. Revista •añm'ic dos Tribunais).

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r<iól 33 oraoa ,f Quiero dedicar especialmente la i9ÍBfn sb'iof^.. '' ' ••'^''^' ' 3- Edición de esta obra a mi padre, ,IBA .asinsb'io rui fallecido en el mes de Diciembre del 2001. la n'j :B9III)ÍO W' A su memoria obfiliBqsdn-- '•' ,\01 tof' f ' í " I í£aiO"!(
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Catedrático de Derecho Penal ' 1 f ilTJ't:!-- íl'inrv^' " , de la Universidad Complutense !- S 'T ' Í J nrimoi'* Biioqo < oiHU'tu f i' 1 -i'rijjp.ji i í I A i 9f.íonnci'"j ' í j h n íj! '!i>0 3 Í I I H '^C v >qr 1 ' 1 ^í^' 'U
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Abstracts on Criminology and Pehology ( h a s t a 1968, véase Excerpta Criminológica) (Amsterdam). Anuario de Derecho Penal y Ciencias Penales (Madrid). Anales Internacionales de Criminología (París). A n u a r i o del I n s t i t u t o de Ciencias P e n a l e s y Criminológicas (Venezuela). American Journal ofSociology (Chicago), 'e^mmu: Archivos de Medicina Legal {Argentina). ^^' Annual Review ofSociology. i^aml Archiv für Kriminologie (Lübeck). American Sociological Review ( N u e v a York). Boletín Información Seminario Derecho Político (Salamanca). The British Journal of Criminology, Delinquency and Deviant Social Behaviour (Londres). The British Journal of Delinquency (Londres, h a s t a 1960). The British Journal of Sociology (Londres). Criminalia {México). Canadian Journal of Criminology and Corrections {OUawa):Mm^(^¡ííWk^í^m^Í^: r . J iInteMiiíll^ Capítulo Criminológico (Zulia, V e n e z u e l a ) . '• ^ ^ S X Cleveland State Law Review. Cuadernos de Política Criminal ( M a d r i d ) . -^ Criminology: an interdisciplinary Journal (Beverley HiUs, CA). .- ...^ ........»„„--.. Déviance et Societé ( G i n e b r a ) , "^"ti • ; -^'^vn^^.^lÉ. Deutscher Juristentag. ^• Deutsche Richterzeitung. 'r• Estudios de Derecho Penal y Criminología (Argentina).

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ABREVIATURAS

ABREVIATURAS

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Estudios Penales y Criminológicos (Santiago de Compostela). Excerpta Criminológica (A partir de 1969, véase Abstracts on Criminology andPenology) (Amsterdam). Goltdammer's Archiv für Strafrecht (Hamburgo). { Grundlagen der Kriminalistik (Hamburgo). Harvard Law Review. Handwórterbuch der Rriminologie und der anderen strafrechtlichen. Hilfswissenschaften (1- de., 2 tomos, Berlín-Leipzig, 1933-1936);Handwórterbuch der Kriminologie (2- de., Berlín, 1966). Información Jurídica (España). •..,•. < < -:, ,r International Journal of Criminology and Penology Justizblatt. Jahrbuch für Sozialwissenschaft. ' ' " ' ' ' - -"Htí' The Journal of Criminal Law, Criminology and Pólice Science (Chicago, III). Juristische Rundschau (Berlín). Journal ofResearch in Crime and Delinquency (Davis, Cal.) (Hackensack, N.J.). í},.fts*l/ The Journal of Social Issues (Michigan). The Journal of Social Psychology (Provincetown). Juristische Schulung (Munich y Frankfurt). Juristenzeitung (Tübingen). ,j\ i rosiOVÍ Kriminalistik (Ramburgo). 'ÍOÍ:>;:?». Kriminologisches Journal (Munich). rr^í^it^A Kriminologische Gegenwartsfragen (hasta 1966, Kriminalbiologische Gegenwartsfragen) (Stuttgart). Kritische Kriminologie. Kriminologische Schriftenreihe (Hamburgo). Kritische Justiz (Frankfurt). i a., :,: Kólner Zeitschriftfür Soziologie und Sozialpsychologie (Colonia y Opladen). La Lectura (Madrid). Law Society Review (Madison). Der Medizinische Sachverstandige (Berlín). MonatsschriftfiirKriminologie und Strafrechtsreform (Colonia) (hasta 1931,Monatsschrift für Kriminalpsychologie und Strafrechtsreform; de 1937 a 1953, Monatsschrift für Kriminalbiologie und Strafrechtsreform, Heidelberg).

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Nueva Enciclopedia Jurídica (Barcelona). «'^l'íi Neue Justiz (Berlín). 'i. Neue Juristische Wochenschrift (Munich y Frankfurt). Nuevo Pensamiento Penal (Buenos Aires). . Quaderni di Criminología Clínica (Roma). t'^? La Questione Crimínale {'Bolonia). Relación Criminológica (Venezuela). Revista de Ciencias Penales (Chile). Recht der Jugend. Zeitschrift für Jugenderziehung, Jugendpflege, und Jugenschutz, für Jugendfürsorge und Jugend-strafrecht (Neuwied). Revista de Derecho Español y Americano (Madrid). Revista de Derecho Penal (Argentina). Revista de Derecho Penal y Criminología (Argentina). Revista de (la Escuela de) Estudios Penitenciarios (España). Revista de la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense (Madrid). Revista de la Facultad de Derecho de la Universidad de Zulia (Venezuela). Revista General de Derecho (Valencia, España). Revista General de Legislación y Jurisprudencia (Madrid). Revue International de Criminologie et de Pólice Technique (Ginebra). Rivista Italiana di Diritto é Procedura Pénale (Milán). Revista del Instituto de Investigaciones y Docencia Criminológicas (Argentina). Revista Internacional de Política Criminal (Naciones Unidas). Revista Internacional de Policía Criminal (Interpol). Revista Internacional de Sociología (España). Revista Jurídica de Cataluña (Barcelona). Revista Policía Científica (Venezuela). Revista Penal y Penitenciaria (Argentina). Review of Social Economy. Revue de Science Criminelle et de Droit Penal Comparé (París). Revista de la Universidad Nacional de Córdoba (Argentina). Schweizerische Zeitschrift für Strafrecht (Berna).

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ABREVIATURAS

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Socials Problems (Notre Dame, IN). Sociological Quarterly. Social Science Information. '' Sociology and Social Research (Los Angeles). Social Fores (Chapel mil, NC). >«nai Studium Genérale (Berlín). Zeitschrift für Strafvollzug (Wiesbaden). Zeitschrift für Rechtspolitik (Munich y Frankfurt). Zeitschrift für die gesamte Strafrechtswissenschaft (Berlín-Nueva York).

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Se puede definir la Criminología, provisionalmente, como la ciencia empírica e interdisciplinaria que tiene por objeto el crimen, el delincuente, la víctima y el control social del comportamiento delictivo; y que aporta una información válida, contrastada y fiable sobre la génesis, dinámica y variables del crimen —contemplado éste como fenómeno individual y como problema social, comunitario—; así como sobre su prevención eficaz, las formas y estrategias de reacción al mismo y las técnicas de intervención positiva en el infractor. Con ello se t r a t a n de resaltar las notas diferenciales de esta disciplina frente a otros campos del saber o de la experiencia que, de algún modo, versan también sobre el delito. Por el rango de los conocimientos que suministra, la Criminología es una ciencia, porque aporta u n núcleo de conocimientos verificados (no refutados), sistemáticos, asegurados^ Por razón del método y técnicas de investigación, la Criminología es u n a disciplina empírica e interdisciplinaria: una ciencia del «ser»^, «fáctica»^, «inductiva»'^, en la
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El saber «científico» implica una veriñcación de las hipótesis y teorías que otorga al mismo credibilidad, rigor. Aunque, a menudo, el núcleo de conocimientos obtenido ratifique la «experiencia popular», limitándose a formular las leyes que aquélla solo «intuía», su método y sistema distancian cualitativamente u n a y otra forma de conocimiento. Así, EXNER, F, Biología criminal en sus rasgos fundamentales, Barcelona (Bosch), 1946, pág. 17; enigual sentido: MERGEN. A., Die Kriminologie. Eine systematische D a r s t e l l u n g . B e r l i n / F r a n k f u r t a.M., 1967 (Verlag F.v. Vahlen), pág. 3 y^Tatsachenwissenschaft»). SCHNEIDER. H. J., Kriminologie, 1987, W. de Gruyter, Berhn-New York, pág. 89. En este sentido, RODRÍGUEZ MANZANERA, L., Criminología, 1982 (Edit. Porrua), Pag. 33, siguiendo el conocido esquema de M. BUNGE; MANNHEIM, H., ^omparative Criminology, I. London (Routledge-Kegan Paul), 1965, pág. 13. ^or todos, BONGER, W. A.. Introducción a la Criminología, México (1943), Fondo ae Cultura Económica, pág. 39

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TRATADO DE CRIMINOLOGÍA

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que predomina la observación de la realidad sobre la perspectiva normativista y el método abstracto, formal y deductivo propio de otras ciencias. En cuanto a su objeto, la Criminología se ocupa del «crimen» (como infracción individual y como acontecimiento social), del infractor (contemplado como complejo bio-psico-social, esto es, del delincuente en sus «interdependencias sociales»^), de la víctima del delito y del control social del comportamiento desviado (por tanto, de la incidencia que en la génesis, volumen y dinámica de la criminalidad tiene la actuación selectiva de ciertos mecanismos y procesos, oficiales o informales, exponentes de la reacción de la sociedad frente al infractor). Por último, la Criminología persigue u n a pluralidad defines o metas, relacionados con los diversos momentos, ámbitos y perspectivas del fenómeno criminal: descriptivos (información sobre la realidad de éste), etiológicos (sobre sus 'causas'), preventivos (control y neutralización del mismo), de intervención (respuesta al delito y tratamiento resocializador del delincuente). La definición propuesta, sin embargo, constituye sólo un punto de partida, metodológicamente necesario'^ para delimitar el ámbito específico de la Criminología. Requiere, por ello, de u n a fundamentación detenida y de ulteriores precisiones en torno al objeto, método, sistema y funciones de esta disciplina; temas todos ellos polémicos en la actual y cada vez más problematizada autocomprensión de la Criminología'', de «R5

la Que se h a dicho gráficamente que es «un rey sin reino»^. Por ello, también, no puede ser ni es u n a definición pacífica. En efecto, si se analizan con atención algunas^ de las definiciones convencionales de esta disciplina, podrá observarse que no existe u n consenso paradigmático en la literatura científica sobre el propio concepto, objeto, método, sistema o funciones de la Criminología: se discrepa abiertamente sobre problemas capitales^", hasta el punto de que t a n estéril d e b a t e " h a permitido afirmar a algún autor que es más lo que se

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Según fórmula sugestiva de GOPPINGER, H., Criminología, Madrid (Reus), 1975, págs. 6 y ss. Del mismo: Kriminologie (4- ed. 1980). München. C. H. Beck'sche Verlagsbuchhandlung, pág. 1. Como advierte MIKLOS VERMES, The fundamental questions of Criminology (1978. A. W. Sijthoff Leyden. AkadémiaiKiadó. Budapest, pág. 122), una definición precisa es imprescindible cuando se t r a t a de Ciencias, como la Criminología, de base interdisciplinaria, cuyo objeto es compartido por otras que emplean sus respectivos métodos y persiguen metas específicas. Pero no hay que sobrevalorar la importancia de las «definiciones». Según RADZINOWICZ, L. (En busca de la Criminología, 1961. Universidad Central de Venezuela, pág. 172), lo que se necesita no es una definición, sino una buena «descripción» de sus funciones. A lo que puede añadirse: y u n a más rigurosa delimitación de su «objeto». Resaltando la problematicidad que preside la discusión sobre la Criminología: EISENBERG, U., Kriminologie, 1979 (Kóln-Beriin-Bonn-München). C. Heymanns Verlag, págs. 1 y ss.; KAISER, G.. Kriminologie. Ein Lehrbuch. 1980. HeidelbergKarlsruhe (C. F. MüUerJuristischer Verlag), págs. 4 y ss., delmismo: Criminología. U n a introducción a sus fundamentos científicos, Madrid (1978). Espasa Calpe, págs. 20 y ss.

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Cfr. MANNHEIM, H., Comparative Criminology, I., London, Routledge-Kegan Paul (1965), pág. 18. Entre las más conocidas definiciones de Criminología, cabe resaltar algunas. LÓPEZ REY, M.: «Ciencia que se ocupa de determinar las causas o factores del delito afines deprevencióny de tratamiento del delincuente» (Introducción a la Criminología. Madrid. 1981. Instituto de Criminología de la Universidad Complutense, pág. 13): QUIROZ CUARON A. y RODRÍGUEZ MANZANERA, L.: «Ciencia sintética, causal, explicativa, natural y cultural de las conductas antisociales» (Quiroz Cuarón, A., Evolución de la Criminología. Derecho Penal contemporáneo, número 3 de 1965. México, D. F., pág. 17); EXNER. F.: «Biología Criminal es la teoría del delito como aparición en la vida del pueblo y en la vida del particular» (Biología Criminal, cit., pág. 15); MERGEN, A.: «La Criminología es una ciencia fáctica: su misión es el análisis empírico, natural y social de la criminalidad, del delincuente y de la víctima: su meta, la prevención y lucha contra el crimen» (Die Kriminologie. cit., pág. 3); KAISER. G.: «Criminología es la totalidad ordenada del saber experimental acerca del crimen, del infractor de las normas jurídicas, del comportamiento socialmente negativoy del control de dicho comportamiento» (Kriminologie, cit., pág. 3); GOPPINGER. H.: «La Criminología es una ciencia empírica e interdisciplinaria. Se ocupa de las circunstancias de la esfera humana y social relacionadas con el surgimiento, la comisión y la evitación del crimen. Así como del tratamiento de los violadores de la ley» (Criminología, cit., pág. 1); L. J. SIEGEL: «Aproximación científica al estudio del comportamiento criminal y subsiguiente reacción social al mismo» (Criminology. 1983. West Publishing Company. St. Paul. New York;. Los Angeles. San Francisco, pág. 4). Cfr. SCHNEIDER, H. J., Kriminologie, W. de Gruyter. Berlin-New York. 1987, págs. 84 y ss. Sobre problemas criminológicos capitales objeto de abierto disenso. Vid. KAISER, G., Kriminologie, cit., pág. 4; EISENBERG, U.. Kriminologie. cit., págs. 2 y ss.; MERGEN, A., Die Kriminologie. cit., pág. 25; GOPPINGER, H., Criminología, cit., págs. 1 y 2: RODRÍGUEZ MANZANERA, L., Criminología cit., págs. 5 y ss. En general, vid. Kriminologie-Heute. vol. 11 (Her. MERGEN, A.), con aportaciones de ANDERSEN, Chr.; DOLEISCH, W.: ELLENBERGER, H; GLUECK, Sh.; MILLO, E.; NAGEL,. W. H.; VÉRSELE, S. C ; WOLFGANG, M. E. (1961, Kriminalistik Verlag Hamburg). A juicio de VÉRSELE, E. (Kriminologie-Heute, cit., pág. 103), se t r a t a de u n auténtico «diálogo de sordos». Probablemente deba buscarse la razón en los prejuicios y obsesiones de los especialistas que no asumen la necesidad de un

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TRATADO DE CRIMINOLOGÍA

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escribe con relación a la Criminología que lo que se investiga empíricamente^^; y que estamos retornando al «punto cero»^^ después de muchos lustros de tanteos y ensayos. Veamos algunos ejemplos significativos, tomando cuatro definiciones ya clásicas.
-¡i, ...y, '^^ ^'^Según EXNER^'', Criminoiogía es «la teoría del delito, en cuanto fenómeno que se manifiesta en la vida de un pueblo y en la vida de un Individuo». LEFERENZ prefiere definirla como «la ciencia del sery de la experíencla en el campo global de la Administraciónpenal»^^. En un sentido distinto, SUTHERLAND y CRESSEY la conforman como la disciplina que se ocupa del «proceso real de gestación de las leyes, de la Infracción de éstasy de la reacción frente a dicha Infracclón»^^; mientras DURKHEIM optaba por una fórmula más descriptiva y funcional: «Constatamosque existen una serle de acciones que tienen una característica externa común a todas ellas: el que, una vez ejecutadas, desencadenan una específica reacción en la sociedad que se denominapena. Hacemos con tales conductas un grupo^\i\QQnQúz y le damos una rúbrica común: llamaremos delito toda acción castigada con una pena y haremos del delito así entendido el objeto de una disciplina científica específica:la Criminología»'^'^. ±mi birbBM

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Suele admitirse por la opinión mayoritaria^® que ésta es u n a ciencia moírica; y que se debe ocupar, al menos, del crimen y de la persona del delincuente, así como de la ejecución de las sanciones penales, de la orognosis y del tratamiento del infi:-actor; pero se polemiza respecto a todo lo restante, por lo que es muy vasto el campo de lo problemático en la Criminología. Los contornos y extensión del llamado «campo previo» de la criminalidad, la relevancia de los análisis de la «personalidad» del infractor, el significado mismo de la «reacción social» y del comportamiento de sus agentes, el rol y emplazamiento de la victimología o de la criminalística, son, entre otros muchos, temas objeto de u n a viva polémica. Pero, en definitiva, y a los efectos de u n a mejor comprensión del alcance de la definición propuesta, cabe distinguir en la doctrina criminológica contemporánea u n a acepción «resírící¿i;a>> y u n a acepción «extensiva» de la Criminología^", o mejor: del objeto de ésta. La acepción restrictiva circunscribe la Criminología a la investigación del delito, de la persona del delincuente y de la ejecución de la pena. Queda, pues, fuera de su objeto buena parte de lo que denominamos el «control social». Exponente de este modo de enfocar el quehacer criminológico serían, por ejemplo, las conocidas tipologías de delincuentes, los estudios monográficos y longitudinales y las biografías descritas con arreglo a criterios psicológicos, psicopatológicos y psicoanalíticos. Autores, entre otros, partidarios del mismo pueden considerarse: EXNER, SAUER, MEZGER, MANNHEIM, GEERDS, PINATEL, KAUFMANN, WURTENBERGER^^ Lógicamente, este paradigma científico se aviene mejor que cualquier otro a los postulados y exigencias de la denominada «Criminología positivista»'^'^: de u n a Criminología acrítica, sumisa al orden legal; que explica el crimen etiológicamente con fórmulas biopsicológicas, atribuyéndolo a disfunciones o patologías individuales del infractor, y que predica, en última instancia, unos objetivos correccionales.
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¿Qué tienen de común tan variados y heterogéneos puntos de vista? ¿Existe, siquiera, alguna afinidad entre los mismos y las modernas teorías «críticas» que representan, entre otros, TAYLOR, WALTON y YOUNG^® cuando sugieren u n a Criminología concebida como «teoría radical de la desviación y del control social»! ¿En qué se coincide y en qué se discrepa? Ciertamente, el abanico doctrinal cubre un rico espectro de opciones y matices en consonancia con los diversos enfoques o perspectivas desde los que puede examinarse el crimen: biológicos, sociológicos, etc., la propia autocomprensión de la Criminología como disciplina científica y las legítimas orientaciones ideológicas.
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trabajo «interdisciplinario», sin protagonismos ni monopolios. Lo que Ortega denominaba «barbarie de las especialidades». Así, LEFERENZ, H., Aufgaben einer modernen Kriminologie, 1967, Schriftenreihe der Juristischen Studiengesellschaft, Karlsruhe, 76, pág. 5. Cfr. KAISER, G., Kriminologie, cit., pág. 4, citando a los representantes de la moderna criminología radical. ,^,^ ^ ^ Biología criminal, cit., pág. 15. ' ' ;^^' '"' ' * ' En: BKA-Forschung von aussen gesehen (Móglichkeiten der Zusammenarbeit, im Bereich der Kriminologischen Forschung), 1974, pág. 28. Principes de Criminologie, París, 1966 (Ed. Cujas), pág. 11. ' ' M wJU's,,^ Les regles de la méthode sociologique, París (1956), pág. 33. ,^'^' Criminología crítica, 1977 (Siglo XXI Editores), México, págs. 21 y ss. "^"^

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Cfr., KAISER, G.; Kriminologie, cit., pág. 5. Se sigue la acertada distinción de KAISER, G., Kriminologie, cit., págs. 4 y ss. Para más detalle, vid. KAISER, G., Kriminologie, cit., págs. 4 y ss. Utilizo el término «Criminología positivista» en el sentido de BARATTA, A. rirninología y dogmática penal. Pasado y futuro del modelo integral de la ciencia penal, en: Papers. Revista de Sociología, número 13. Universidad Autónoma de Barcelona 1980, págs. 17 y ss.) , _,.,,,,-,

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ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA

TRATADO DE CRIMINOLOGU.

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Por el contrario, u n a acepción amplia o extensiva de la Criminología, como la que se propone, considera que el análisis de la reacción social: de los mecanismos, estrategias y procesos del control social, forma parte i n t e g r a n t e del objeto de u n a disciplina que debe concebirse dinámicamente. La investigación sobre las transformaciones del concepto de delito (criminalización) y el control del comportamiento desviado (indagación policial del delito, comportamiento de la víctima y del denunciante, comportamiento de la Administración penal y, especialmente, del proceso, de las instituciones penitenciarias, etc.) interesan, también, a la Criminología. Pues a ésta corresponde elaborar científicamente no sólo explicaciones fenomenológicas y etiológicas sobre la génesis de la conducta desviada (teorías de la criminalidad), sino, del mismo modo, sobre la acción selectiva de las instancias portadoras del control social (teorías de la criminalización), esto es, la reacción social a la infracción.
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más realista, social y crítica del fenómeno criminal, captando los complejos procesos de interacción que subyacen al mismo. Por otra parte, la referencia al «control» y «prevención» del delito de la definición provisional de Criminología sugerida, implica u n a opción concreta sobre las polémicas funciones de esta disciplina. Se rechaza, con ello, la tesis minimalista, partidaria de atribuir a la Criminología, como ciencia «empírica», la mera «explicación» del fenómeno delictivo (paradigmas causales explicativos), evitando todo compromiso con objetivos político-criminales que c o n t a m i n a r í a n e instrumentalizarían el saber científico. Pero tampoco se comparten orientaciones tradicionales^* y posicionamientos ideológicos (vg. concepción marxista oficial de los otrora países socialistas europeos) que, confundiendo la Criminología con la Política Criminal, asignan a aquella, la Criminología, el cometido de la lucha contra el delito, su «exterminio». risfeíiBfcsaa-íevíerpfeíi Corresponde, por tanto, a la Criminología el control y prevención del problema criminal, no sólo la explicación del mismo. El saber científico criminológico presupone u n a imagen concreta del hombre delincuente y un diagnóstico determinado sobre el delito, de incuestionable vocación práctica, que desembocan inexorablemente en su control y prevención^^. Todo ello sin perjuicio de que, como sucede con cualquier disciplina empírica, el debate sobre la legitimidad, límites y aplicación de precisos
^s^-^%Í9%;í;pí|>í^^a ::í^í0B-pff4l t í | ^ | g | ^ ^ de la personalidad de la víctima, carreras victimarías, tratamiento de la víctima); la reacción al crimen, a la criminalidad, la delincuencia y la desviación social (los controles sociales formales e informales); la desviación secundaría, etc. Para SCHNEIDER, la ampliación del objeto de investigación a la víctima del delito y al control social es, precisamente, el rasgo distintivo de la «moderna criminología» (op. cit, pág. 91). La Escuela Austríaca: SEELIG, E., GROSS, H., etc.) atribuyó siempre a la Críminología, como función primaria, la lucha contra el delito. Cfr., RODRÍGUEZ DEVESA, J. M^ Derecho Penal Español, Parte General (1981), pág. 73. Asignando, también, a la Críminología la finalidad de «reducir la criminalidad» se manifiesta LÓPEZ REY, M., Introducción a la Criminología, 1981, Madrid (Publicaciones del Instituto de Criminología de la Universidad Complutense), pág. 15. En este sentido, la Criminología no se limita a «describir» y «explicar» el fenómeno delictivo (como correspondería a las ciencias del «ser», en la conocida dicotomía de Viehweg) sino, también, a «prever» y «prescribir», esto es, a «actuar» como sucede con todas las ciencias sociales {«ciencias de la acción», en la terminología de Viehweg). Vid., FIGUEIREDO DÍAS, J./COSTA ANDRADE, M., Criminología, cit. (1992), págs. 98 y 99.

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Esta definición amplia, dinámica y totalizadora de la Criminología que atribuye a la misma el examen del conjunto de procesos sociales que enmarcan el acontecimiento criminal, incluido el «Derecho efectivamen. te vivido» (el law in action), es compartida, con diversos matices, por WOLFGANG, B L O C H - G E I S , GLASEE, J E F F E R Y , CLINARDQUINNEY, NAGEL, L E F E R E N Z y SUTHERLAND-CRESSEY, SCHNEIDER, entre otros^^. Y, desde luego, propicia u n a concepción
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Para más detalle, cfr. KAISER, G.. Kriminologie, cit., pág. 5. El autor citado es partidario, también, de esta concepción amplia y dinámica de la Criminología. En este sentido se manifiesta mayoritariamente la Criminología norteamericana. Así, H¡s I LAERY J. SIEGEL (Criminology, 1983. West Publishing Company, St. Paul,. New g,j|j York, Los Angeles, San Francisco, pág. 4) define la Criminología como la «aproximación científica al estudio del comportamiento criminal y la subsiguiente reacción de la sociedad al mismo». Un ejemplo significativo de concepción amplia de la Criminología se halla en SCHNEIDER (Kriminologie, 1987, cit., págs. 86 y ss.) quien estima que el objeto y fiínción de la Criminología es el análisis (empírico) de los procesos de criminalización y descriminalización. P a r a el autor integran, por tanto, el objeto de esta ciencia del hombre y de la sociedad («Human-und Sozialwissenschaf») los siguientes procesos y sistemas: Los procesos sociales e individuales de criminalización y de descriminalización, así como los tránsitos cambiantes de la conformidad, la desviación social y la criminalidad: el delito como manifestación individual y la criminalidad como manifestación colectiva o fenómeno de masas (extensión de la criminalidad, estructura y formas de aparición de ésta, causas de las mismas, desarrollo, evolución, campo oscuro, etc.); id. de la desviación social: el infractor (la dinámica psíquica y social de su personalidad, carreras criminales, tratamiento del mismo); la víctima del delito (dinámica psíquica y social

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programas o estrategias trasciendan el ámbito propio de la Criminología y hundan sus raíces en la Etica o en la Política Criminal. Ahora bien, la teoría del control y prevención del problema criminal no puede identificarse con la beligerante y poco científica referencia a la «lucha contra el crimen». Quienes convierten la Criminología en bandera o estandarte de ambiciosas «cruzadas» contra el delito sacrifican la autonomía y cientificidad de esta disciplina empírica en aras de programas político-criminales de poderosa carga ideológica. La degradan, por tanto, y mediatizan. IJiJ^ 'Tit-'r ""**"
noi^ En todocaso,parecedifícilimaginarunaCriminología/i9<?Ai9//í:5pura, quintaesencia del empirismo químicamente neutro. Pues el saber criminológico siempre ha cumplido en los países occidentales europeos una función práctica, de legitimación del orden social. Dicho de otro modo: no se ha cultivado la teoría por amor a la teoría,

2

INTITULACIÓN: P R E C I S I O N E S TERMINOLÓGICAS

a) La actual denominación (Criminología) de esta disciplina tiene su origen, al parecer^^ en el antropólogo francés TOPPINARD (1830-1911), si bien sólo adquirió carta de naturaleza gracias a la célebre obra de GAROFALO, publicada seis años después, en 1885. Históricamente, tuvieron gran eco otras denominaciones: Antropología criminaP®, Biología criminaP'', Psicología criminaP°, Sociología criminaP\ que hoy pueden reputarse equívocas y superadas, pues responden a enfoques parciales o especializados de la investigación criminológica. Es obvio que, en su génesis, el proceso de configuración de la Criminología como disciplina independiente arranca de la Antropología, de la Psicología y de la Biología, para nutrirse después de la savia de la Sociología, creándose progresivamente u n núcleo de conocimientos que fue venciendo el obstáculo centrífugo de los saberes fragmentarios y especializados. Por tanto, no puede identificarse la Criminología con ninguno de ellos. Como se ha dicho gráficamente: «La Criminología es más que la Sociología Criminal, que la Biología o la Psicología Criminal; algo más que la Fenomenología o la Etiología Criminal, que la Criminalística o que la Profilaxis y la Penología, pues comprende el inventario general de las realidades del delito, de la criminalidad, de su lucha y prevención»^^. Pero a menudo sucede, también, lo contrario: que bajo la denominación genérica de Criminología se esconden trabaj ose investigaciones netamente especializados, de corte psicológico-psiquiátrico^^ o sociológico^*. u9 «.»j'>j\9J3>-' oiüü'.) iijiioioniíníT-j Jal oüiiiiJiai) wu stí
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ni la ciencia por amor a la ciencia^^. .< -iM^' .ÍÍÍ30ÍBÍ sbobíiamooía.firaoíonfmhrí RÍ R' En todo caso y como se subraya en la definición provisional de la Criminología, corresponde a esta Ciencia, a su objeto, el control y prevención de la Criminalidad, sin perjuicio de que la legitimidad y límites de los concretos programas o estrategias suscite u n debate político-criminal y ético que trasciende el marco propio de esta discipli^^miKiiedfíRiíeJ^SfXifp.Spfiroií^! En síntesis, la definición propuesta implica u n a rigurosa delimitación metodológica (empirismo que descarta, como no científico, cualquier proceder investigador no basado en el análisis y la observación); significa, también, u n a amplia selección del objeto de esta disciplina, al incluir junto al delito y a la persona del delincuente, el estudio de la víctima del crimen y el del control social; propugna u n a determinada concepción del delito, que se examina no solo como hecho individual, sino como fenómeno social, como problema comunitario; e incorpora a las funciones tradicionalmente asignadas a esta ciencia (la explicación del crimen y el 'tratamiento' del infractor) otras de creciente interés (su prevención y el examen de los diversos modelos de intervención y respuesta al problema del crimen). .{^^,,,,; j ^j^í .%,k?,'RyA<\
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Opinión mayoritaria. Por todos, BONGER, W. A., Introducción a la Criminología, cit., página 39, nota 1. Con la obra de LOMBROSO, de clara significación antropológica, comienza a proliferar esta denominación desde 1876. P a r a u n a referencia bibliográfica, vid. RODRÍGUEZ DEVESA, J. M% Derecho Penal Español, P. G., cit., pág. 77, nota 10. Título de la obra de EXNER, P., citada supra. Sobre el significado de esta denominación, vid. DEL ROSAL, J., traductor y anotador de aquélla, pág. 15, nota. Esta denominación arranca de 1792 (cfr. KAISER, G., Kriminologie, cit., pág. 4). P a r a u n a referencia bibliográfica, vid. RODRÍGUEZ MANZANERA, L., Criminología, cit., págs. 64 y ss. Fundamentalmente desde la obra de FERRI. xH.sia,,^- -'-'•' • '' •• í MERGEN, A., Die Kriminologie, cit., pág. 3. Así, la importante obra de KAUFMANN, H., Kriminologie, Entstehungszusammenhánge des Verbrechens, I (1971), Verlag W. Kóhlhammer, Stuttgart/ BerlinTKolnMainz.

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ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA Así, la Criminología de KAUFMANN es, en puridad, una Psicología o Psiquiatría criminal. La de EISENBERGER, una genuina Sociología criminal.

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b) Ajeno al problema de la denominación de la Criminología, e incluso al del «sistema» de la misma, es el de sus posibles ámbitos de actuación y operatividad. A ello se refieren, en definitiva, unos y otros autores cuando distinguen, por ejemplo, entre una Criminología «general» y unas criminologías «especializadas» (PINATEL); o entre Criminología «teórica» y «práctica», «clínica» y «terapéutica», «pura» y «aplicada»^^; o cuando contraponen Criminología «científica», «académica» y «analítica»^^, o añaden nuevos miembros, como el de Criminología «organizacional»^'^, a t a n prolijas clasificaciones. »títrtí«í;fi5S6q'<«cs«af» »l«©;^:«í^O£)iaSt«l'-® 1 Estas, sin embargo, no siempre son claras, útiles, ni responden a criterios homogéneos. En último término, como parece obvio, no pueden hacer referencia a supuestas «clases» de Criminología o subespecialidades en el seno de la misma —Criminología sólo hay una—, sino a ámbitos por los que discurre el quehacer criminológico o a particulares enfoques o aplicaciones de éste. Se trata, pues, de u n problema «doméstico». t

a) Un sector doctrinal niega el rango de ciencia al saber criminológico^^ basándose en dos argumentos: su incapacidad para formular proposiciones de validez universal^® y la falta de u n método unitario y específico*" que le sirva de sustento. Según ésto, la Criminología sería un«cuerpo de saberes», según fórmula de SUTHERLAND, u n a disciplina que aporta información y conocimientos —un «arte», incluso— pero no «ciencia»'^^. Esta opinión, no obstante, carece hoy de fundamento sólido porque responde a u n determinado paradigma de «ciencia», el «causal-explicativo», propio de las «ciencias de la naturaleza», que se extrapola inflexiblemente a todos los ámbitos del saber en virtud de u n superado prejuicio positivista. Claro que tiene u n a justificación histórica, pues, según es sabido*^, la Criminología nace, como disciplina científica, precisamente bajo el manto del positivismo: de un positivismo «individualista», que cree encontrar en la propia persona del delincuente la raíz última del comportamiento criminal, y que, con notorio y simplificador optimismo, aspira a formular las férreas leyes «naturales» que rigen todos los fenómenos, incluido el comportamiento humano, en relación de «causa» a «efecto». Pero hoy día dicho esquema «causal-explicativo» se halla desacreditado, especialmente cuando el objeto sobre el que versa es el hombre o la realidad social. Quiebra, entonces, el concepto de «causa» científico-natural y las propias pretensiones de las disciplinas del «ser» convencionales. Y nace u n nuevo modelo o paradigma de ciencia más acorde con la realidad de su objeto, que sustituye la certeza (ciencias «exactas», ciencias del «dato») por la probabilidad; la verificación positi.-"j'fc'"

3. LA CRIMINOLOGÍA COMO CIENCIA EMPÍRICA E I N T E R DISCIPLINARIA Se h a definido la Criminología como «ciencia» e m p í r i c a e interdisciplinaria, siguiendo u n a opinión ampliamente extendida en la doctrina. Sin embargo, el paradigma «científico» ha experimentado u n a llamativa evolución en los últimos lustros y los conceptos de «empirismo» e «interdisciplinariedad» son equívocos, por lo que conviene alguna precisión que matice el significado de la definición propuesta.

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Así, la Kriminologie de EISENBERGER, U., cit. supra. .. >n ^styplonmhD Cfr., MERGEN, A., Die Kriminologie, cit., pág. 25. rraaiíw.ínsnifibnjj'? "• Así, LÓPEZ REY, M., Criminología. Teoría, delincuencia juvenil, prevención, predicción y tratamiento. Madrid (1975). I. Aguilar, págs. 3 y ss. En este sentido, REYES, E. A., Criminología. Bogotá(1982).UniversidadExternado de Colombia, págs. 22 y ss.

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Cfr., RODRÍGUEZ MANZANERA, L., Criminología, cit., págs. 11 y 12. Vid. MANNHEIM, H., Comparative Criminology, cit., I, págs. 19 y ss. Así: TAFT, D., Criminology, 1942. Nueva York (MacMillan); SUTHERLAND, E. (SUTHERLAND, E., CRESSEY, D., Criminology, 1974. Lippicot Company, pág. 3), cit. por RODRÍGUEZ MANZANERA, L., Criminología, cit., pág. 12. Cfr. RODRÍGUEZ MANZANERA, L., quien cita en este sentido a SOLER, S., y RICKERT, B. H. (Criminología, cit., pág. 11). En u n sentido semejante, TAFT, D. R.. y ENGLAND, R. W. (Criminology, 1964, The Macmillan Company, New York, Collier-Mac Millan Limited, London, pág. 12), advierten que si toda ciencia persigue la explicación de los fenómenos que constituyen su objeto, la Criminología encuentra el obstáculo de la total falta de homogeneidad del sustrato que analiza por la riqueza, variedad y diversidad de los comportamientos humanos criminales. De un planteamiento como el expuesto se hace eco, aun sin compartirlo, LARRY J. SIEGEL (Criminology, cit., pág. 5). Vid. MANNHEIM, H., Comparative Criminology, cit., págs. 19 y ss. Vid. LÓPEZ REY, M., Introducción a la Criminología, cit., pág. 13.

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va empírica, por la «no refutación»; la «explicación» de u n fenómeno, por SM «comprensión»'^^. -SUUÍIBB.
¡íiü £,|^ ; *;, Por ello el «neonaturismo» ha puesto de relieve la necesidad de revisar el paradigma convencionai de lo científico, el concepto clásico de «causa» y la propia metodología tradicionalmente empleada para analizar procesos «naturales» cuando la investigación verse sobre la conducta humana. Porque el hombre «trasciende» a las circunstancias que le determinan y escapa a los estrechos esquemas «reactivos», «causaies», de fuerza. En definitiva, porque no es mero «objeto», sino «sujeto», y como tal debe ser contemplado. De ahí también que, precisamente en nombre de la fidelidad del naturismo al mundo empírico y a la recta comprensión de los fenómenos que examina, propugne conciliar las exigencias del método científico convencionai con otros distintivos del humanismo, acordes con la subjetividad del hombre: la experiencia, la intuición y la empatia*". La evoluciónde las ideas sobreelparadigmacientífico, como apunta IVIANNHEIIVI'*^, ha repercutido sensiblemente en el viejo modelo «causai-expiicativo» que había venido identificándose con aquél. La consecuencia ha sido doble. Por una parte, se ha relativizado el problema del nexo causal, y la constatación de éste. Hoy parecen ya superados los pretenciosos conceptos de «causa» procedentes de las ciencias naturales, estimándose que en las ciencias humanas y sociales bastan conexiones menos ambiciosas para afirmar aquél. Así, el concepto de causa en la Criminología ha dado paso al de «factor», al de f^K5/7á¿'/i95", en los conocidos esquemas plurifactoriales. E incluso gana terreno la opinión de que no es posible mucho más que comprobar la mera correlación estadística, es decir, la cara externa o manifestación visible del nexo causal mismo. En segundo lugar, se reconoce expresamente que la Criminología es una disciplina «•^c/6'/7///^c'5^'a pesar de que aún no está en condiciones de formular «leyes» [iaws), sino meras «tendencias» {trendé), asociaciones, correlaciones entre fenórnenos. Esto es: comienza a admitirse que conocimiento científico no significa conocimiento exacto ni constatación de leyes causales universales, entendidas éstas en el sentido de las ciencias naturales. Se ha operado, pues, una verdadera crisis. Y ésta afecta a las bases del paradigma causal-explicativo, como podrá razonarse en páginas posteriores. Asiste, pues, toda la razón a RADZINOWICZ al advertir que el porqué''í?<5¿/55A> de la criminalidad debe ser abandonado"^; y a LÓPEZ REY cuando afirma que la Criminología ya no puede definirse como una disciplina causal-explicativa cuya finalidad es la prevención del delito y el tratamiento del delincuente"'.

Criminología) no parece exista ya obstáculo alguno p a r a reconocer a la misma el atributo de «ciencia». Pues, en efecto, cuenta la Criminología con los requisitos que u n a opinión muy extendida** exige para ello: un «objeto», u n «método» y u n cuerpo de «conocimientos» propio, fiable; obtenido, por cierto, a lo largo de más de un siglo de investigación*^. Como se expondrá a continuación, el objeto de esta disciplina (esto es, el delito, el delincuente, la víctima y el control social del comportamiento desviado), pertenece al mundo de lo «real», de lo empíricamente verificable, no al de los valores, constituyendo un ámbito de investigación delimitado, preciso^", con u n sustrato ontológico independiente de las normas jurídicas^K Por tanto, no puede insinuarse —para cuestionar la autonomía y cientificidad de la Criminología— que su concepto de «delito» coincida con el jurídico-penal (siempre histórico, relativo, circunstancial) o sea decisivamente tributario del mismo, esto es, que carezca de u n objeto propio^^. El «delito» interesa a la Criminología como fenómeno «real»: la «valoración» (desvaloración jurídica) que la referencia implícita del mismo al ordenamiento penal contiene es sólo u n punto de partida para la Criminología, iutj 'Kii^!miiTu« sup n«i;>araTíotní ai'sro'ratw

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En este último sentido. EXNER advierte que la finalidad de la Biología Criminal no es «explicar» el delito (en su acepción científico-natural), sino «comprenderlo» (Biología Criminal, cit., págs. 28 y 29). D. MATZA, El proceso de desviación. Madrid (Taurus). 1981, pág. 19. Comparativa Criminology. cit., I, págs. 6 a 14. AVó RADZINOWICZ, L., E n busca de la Criminología, cit., pág. 177. ñfivMf ' Introducción a la Criminología, cit., pág. 25. l Ó J .fiV

E n este sentido, WEBB, V., y HOFFMAN, D., Criminal Justice as an Academic Discipline, en: Journal of Criminal Justice, 6 (1978), pág. 349. RODRÍGUEZ MANZANERA, L., Criminología, cit., pág. 15. E n contra, LÓPEZ REY, M., Introducción al estudio de la Criminología, 1945. El Ateneo. Buenos Aires, Argentina, págs. 94 y 95; MANNHEIM, H., Comparativo Criminology, cit., I, pág. 20. MERGEN. A., Die Kriminologie, cit., pág. 26. Después de ochenta años de investigación, decía SEELIG, E., en 1951 (Lehrbuch der Kriminologie, NürenbergDüsseldorf. Fachverlag Dr. N. Stoytscheñ", pág. 16), carece de sentido práctico discutir hoy si la Criminología pertenece a las ciencias de la «naturaleza» o a las del «espíritu». Así, SEELIG, E., Lebrbuch der Kriminologie, cit., pág. 16. El autor consideraba que el objeto de investigación de la Criminología viene dado por «las formas reales de manifestación de la comisión del delito y de su lucha». Según SEELIG, E., (Lehrbuch der Kriminologie, cit., pág. 16), el crimen es una realidad «natural», «biológico-sociológica», que se manifiesta a la investigación criminológica como «objeto» sin necesidad de acudir a valoraciones jurídicas para delimitarlo. Cñ-., SEELIG, E., Lebrbuch der Kriminologie, cit., pág. 16; EXNER, F., Biología Criminal, cit., pág. 17; también, EISENBERG, U., Kriminologie, cit., pág. 6; y BRAUNECK, A. E., Allgemeine Kriminologie 1974, Reinbeck bei Hamburg, pág. 175, para quien la discusión versa sobre u n «problema aparente».

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Lo mismo puede afirmarse respecto a sus «métodos» (empíricoinductivos), que poco difieren, a menudo, de los empleados por otras «ciencias». El problema tal vez reside, como observa L. J. SIEGEL^^, en la naturaleza compleja y heterogénea de la misma Criminología, en su interdisciplinariedad, lo que provoca, en disciplinas todavía jóvenes, la impresión de carecer de u n a estructura acabada, y de aportar, tan sólo, u n a amalgama de informaciones y sugerencias procedentes de los más diversos ámbitos del saber y la experiencia.
Desde una perspectiva radical o crítica, se ha diclio que el debate sobre el rango científico de la Criminología, su autonomía, la asignación de contenidos a la misma, o la clasificación de éstos, cobran muy diversos significados a la luz o en función de las relaciones con el poder. En último término, existirían dos modelos antagónicos de respuestas en tal controversia: las que legitiman el poder, porque no cuestionan el funcionamiento selectivo del control social, y las que analizan críticamente éste. Las primeras, se centran en la propia «conducta criminal», las segundas, en la «reacción social» al comportamiento delictivo o irregular^".

Oue es una ciencia empírica significa, ante todo, que se basa más en hechos» que en «opiniones», más en la «observación» que en «argumeno» o «silogismos»''^. El jurista parte de u n a s premisas «correctas», y Heduce de ellas las oportunas consecuencias. El criminólogo analiza tinos datos e induce las correspondientes conclusiones. Sus hipótesis se verifican, doblegándose siempre a la fuerza de los hechos que prevalecen sobre los argumentos subjetivos «de autoridad». La Criminología adquirió precisamente autonomía científica, como es sabido, cuando \a«Scuola Positiva» generalizó el empleo del método empírico, es decir, cuando el análisis, la observación y la experimentación sustituyeron a la especulación y el silogismo en el examen de la realidad criminal, dominada hasta entonces por el razonamiento abstracto, formal y deductivo.
La Criminología, según esto, sería una ciencia «cetética», si se acepta la dicotomía clasificatoria propuesta por VIEHWEG {«ciencias dogmáticas» versus ciencias «ce/e/zír^s^en atención a la relación existente entre «problema»^ «dogma» o «problema» y "teoría>?%^,^^^^^^^^ mmmmmám.>

La Criminología, por ello, pudiera inscribirse en el paradigma de las denominadas «ciencias blandas», pero, en todo caso, no cabe cuestionar su rango «científico», su «cientificidad». Por su objeto, por su método y por la fiabilidad de la información que suministra sobre el fenómeno criminal, es una auténtica ciencia. b) La Criminología es u n a ciencia empírica^''. Su objeto se manifiesta al investigador como parte del mundo «real», como hechos y fenómenos constatables, mensurables, cuantificables®^ Estructuralmente ello implica la exclusión de todo enfoque «normativo»^''. .^^
^^ ^* " Criminology, cit., pág. 5V " Así, ZAFFARONI, E.R., Criminología. Aproximación desde un margen. Bogotá (Colombia), 1988, Temis, págs. 5 y ss. Para el autor, diversas orientaciones, muy heterogéneas, dejan a salvo de todo análisis al sistema legal, porque el discurso criminológico, en liltimo término, le auxilia y legitima (en este subgrupo incluye a la Criminología positivista, tanto de orientación biologicista como psiquiátrica; a la teoría sociológica de la desviación; a la que se autodenomina 'cientifista', heredera del neopositivlsmo; y a la que se define como 'ciencia causal explicativa' volcada sobre la realidad 'natural', según esquemas neokantianos); otras, por el contrario, cuestionan y analizan críticamente el funcionamiento del control social, conscientes de que éste se halla en directa relación con la estructura de poder de la sociedad (así, la llamada Criminología radical, la Criminología crítica, o la «nueva Criminología»). Opinión unánime. Por todos, vid. KAISER, G., Kriminologie, cit., pág. 3. Cfr. LARRY J. SIEGEL, Criminology, cit., pág. 6. P a r a u n análisis de las premisas del positivismo, vid. BUSTOS RAMÍREZ, J., en: El pensamiento criminológico, I, Barcelona, 1983 (Ed. Península), págs. 31 y ss. ^ . . --Así, MERGEN, A., Die Kriminologie, cit., pág. 25. '""''" ^' *• 'i'*'"P ^m^^ fi'^í

FERRI supo contraponer brillantemente el método que utiliza el mundo del Derecho y el de la ciencia, antagonismo que explica por sí solo la vieja rivalidad entre juristas y científicos, togas negras y batas blancas.
«Hablamos dos lenguajes diferentes. Para nosotros, el método experimental (Inductivo) es la llave de todo conocimiento;para ellos, todo deriva de deducciones lógicas y de la opinión tradicional. Para ellos, los hechos deben ceder su sitio al silogismo; para nosotros, los hechos mandan... ;para ellos, la ciencia solo necesita papel, pluma y lápiz, y el resto sale de un cerebro relleno de lecturas de libros, más o menos abundantes, y hecho de la misma materia. Para nosotros, la ciencia requiere un gasto de mucho tiempo, examinando uno a uno los hechos, evaluándolos, reduciéndolos a un denominador común, y extrayendo de ellos la Idea nuclear; para ellos, un silogismo o una anécdota es suficiente para demoler miles de hechos

• ••'••;<te' m ovitñmBil'i-lí
lolonimhO dodo loq obiuí ''' En este sentido, KAISER, G., Kriminologie, cit., págs. 6 y 7. Vid., VIEHWEG, TH., Ideologie undRechtsdogmatik, en: MAIHOFER, W., Ideologie und Recht, Frankñirt, 1969 (Klostermann, V.), págs. 83 y ss. Mientras la propia estructura del pensamiento «dogmático-» hace a éste prisionero de ciertos aprioris, de suerte que la solución del problema se convierte en mera prolongación de los principios legislativamente consagrados, el denominado pensamiento «cetética» lanza sus premisas como hipótesis de trabajo, y las modifica o incluso retira si parece necesario (Se trata, según VIEHEWG, de u n pensamiento «tentativo» que pugna con la actitud «dogmática» del investigador que se aferra a sus premisas, preso de ellas). Op. cit., pág. 86, Cfr. FIGUEIREDO DÍAS, J./COSTA ANDRADE, M., Criminología, cit., págs. 99 y ss.

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ANTONIO GAECÍA-PABLOS DE MOLINA recabados durante años de observación y análisis; para nosotros, io contrario es i/erdad>^°.

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¡ Ahora bien, no debe confundirse el método «empírico» con el j «empirismo», ni sería correcto caracterizar la Criminología como ciencia j «experimental» o como ciencia «exacta». * La Criminología no agota su cometido en la mera acumulación de * «datos», sino que h a de transformar éstos en «información», en un núcleo de «conocimientos». Es decir, tiene que interpretar''^ valorar y sistematizar aquellos, integrándolos en una«teoría» o marco general de referencia. La autocomprensión de la Criminología como «ciencia del dato» es excesivamente simplificadora. Olvida que no existe el terreno «neutro» y «pacífico» de los datos®^, y que la mera praxis, sin la guía y fundamento de u n a teoría que enmarque e interprete los resultados obtenidos, deviene rutina o intuición, convirtiendo el método empírico en«empirismo craso» y las investigaciones en simple coartada de decisiones ideológicas preconcebidas.
Por ello, el método «empírico», fundamental en la Criminología, no puede reputarse exclusivo ni excluyente^^. Es más, la particular naturaleza de su «objeto» (conductas «iiumanas», en último término) exige del investigador una actitud abierta y flexible capaz de comprender el significado de las mismas: el subjetivismo, la empatia, la intuición no son incompatibles con un «naturaiismo» rectamente entendido^", pues éste ha de asumir la evidencia de que el hombre trasciende a la «causaiidad», a la «reactividad», a la «fuerza». De que es «sujeto» y no mero

factores, etc.^^, que revelan un prudente realismo en la ponderación de los resultados obtenidos. Desde luego, el descubrimiento y formulación de leyes universales o de relaciones «causaies» saWsiana mejor las exigencias de un conocimiento científico «experimental». Pero es obvio que incluso relaciones causales de estructura simple que creyó haber descubierto la primitiva investigación criminológica no resisten hoy un análisis crítico actualizado'^^ porque es problemática la existencia de tales normas deterministas en la esfera suigenerisáe las ciencias sociales y humanas'^'. Con razón, pues, afirma GÓPPINGER que la Criminología empírica no estará nunca en condiciones de esbozar una imagen válida del criminal por antonomasia, ni una teoría del crimen que exprese algo más que opiniones. La realidad de la vida, siquiera por la originalidad de sus protagonistas, no puede ser explicada empíricamente de modo completo y con pretensiones de validez general. La investigación criminológica se hallará en constante cambio, dado que los conocimientos de las diversas ciencias del hombre y de los campos sociales se amplían, modifican y corrigen continuamente, y sólo podrá aspirarse a obtener conocimientos parciales, fragmentarios, juicios de probabilidad'"'. El saber científico criminológico es, por definición, un saber abierto, provisional.

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Sería erróneo, también, suponer que la Criminología suministra o puede suministrar conocimientos exactos, precisamente porque se sirve de un método «empírico». Dicho optimismo ingenuo carece hoy de justificación.
Terminológicamente, incluso, no deja de ser llamativo el abandono en la Criminología contemporánea del concepto un tanto pretencioso de «causa», sustituido por otros más modestos: relaciones, conexiones, correlaciones, covariantes.
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Por último, el carácter pretendida y exclusivamente experimental que, a veces, se atribuye a la Criminología (porque se identifica, sin rigor, método «empírico» y método «experimental»), requiere alguna reserva. El método «experimental» es u n método «empírico», pero no el único. La verificación de u n a hipótesis —su constatación empírica— puede llevarse a cabo con las garantías que exige el conocimiento científico mediante otras técnicas que aseguran, también, la fiabilidad del resultado. En definitiva, la naturaleza del objeto predeterminará, en cada caso, la idoneidad del método más adecuado para la investigación (principio de la interdependencia del «método» y el «objeto»). La identificación, por tanto, es incorrecta®''.

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FEERI, E., Polémica in difesa della scuola crimínale positiva, reimpreso en: Studi sulla criminalitá, ed. altri saggi., 1886, pág. 244. ••-»:,»«;,, ^^ Así, MANNEHEIM, H., Comparative Crimínology. cít., I, pág. 4. ^^ Vid. GARCÍA-PABLOS, A., Problemas actuales de la Criminología. Madrid (1984). Publicaciones del Instituto de Criminología de la Universidad Complutense, pág. 102. ^"^ Así, KAISER, G., Kriminologie, cit., pág. 7. , „.« ..o. lu ''^ En este sentido, MATZA, D., El proceso de desviación, cit., pág. 19.-ffih'') ,.M

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Cfr. KAISER, G.. Kriminologie, cit., pág. 124. También: GARCÍA-PABLOS, A., Problemas actuales de la Criminología, cit., pág. 102. En este sentido, KAISER, G., Kriminologie, cit., pág. 124. Así, OPP. K. D., Methodologie der Sozialwissenschaften. Reinbeck, 1970, págs. 37 y siguientes; vid., formulando reservas semejantes: GÓPPINGER, H., Criminología, cit., págs. 69 y 70: DOLDE, G., Theorie und Erklárung, en: KKW (1974), Freiburg, págs. 349 y ss., MEURER D.. Gehalt u n d E r k l á r u n g s w e r t funktionaler Kriminalitátstheorien, en: Festschrift für R. Lange, Berlín (1976), pág. 565; cfr. ^ ^ I S E R . G.. Kriminologie, cit., pág. 124. Criminología, cit., pág. 72. En el mismo sentido, KAISER, G., Kriminologie, cit., págs. 10 y ss. Vid. en este sentido, la crítica que formula LÓPEZ REY a determinadas orientaciones biologicistas simplificadoras, sobre todo en el ámbito de la Psicología conductista, para las que sólo es «científico», lo demostrable de forma experimental en los

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Pero existe u n segundo reparo, al que se h a referido u n sector de la doctrina criminológica'''" cuestionando la naturaleza experimental de esta disciplina: el de los «límites» o «legitimidad» de la propia experimentación en ciertos supuestos. Aun admitiendo que ésta fuera viable siempre —que no lo es^^—, parece que determinadas esferas en el hombre deberían permanecer sustraídas para siempre a la injerencia de las ciencias experimentales, porque el «experimento» puede implicar un verdadero atentado contra la dignidad humana, proceder éticamente inadmisible. \ c) Menos pacífica aún —por sus consecuencias implícitas— parece ser la naturaleza interdisciplinaria de la Criminología, pues de la significación que se atribuya a tal concepto depende en buena medida la autonomía de la Criminología como disciplina científica, su sistema e incluso el método de trabajo del investigador''^. Históricamente, es obvio que la Criminología se h a consolidado como disciplina autónoma en virtud de un sinuoso proceso de emancipación de las diversas ciencias especiales, afines y auxiliares, en torno a las que nació'^^. Ahora bien, el análisis científico del crimen, como comportamiento individual y como hecho social, requiere de u n a pluralidad coordinada de enfoques, ya que cada uno de ellos contribuye desde su particular óptica a un diagnóstico global, totalizador, del fenómeno
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delictivo. Autonomía y especialización no son principios realmente antagónicos, sino funcionalmente complementarios. La Criminología es algo más que la Biología Criminal, que la Psicología Criminal o que la Sociología Criminal, pero tampoco puede prescindir de ellas. En puridad, sólo cabe hablar de u n a autonomía relativa y de u n saber científico coordinado, libre de contradicciones, producto de la síntesis de conocimientos sectoriales''''. Este punto de vista obliga a relativizar viejas disputas de escuela, así como la óptica estrecha de algunos especialistas que polemizan respecto alas «cuotas» de participación y relevancia de sus respectivas disciplinas en el tronco común de la Criminología. Tal actitud, en definitiva, no es sino expresión de lo que Ortega denominara «barbarie de las especializaciones», prejuicio que e n t r o n c a con t r a s n o c h a d o s e s q u e m a s «piramicZaZes»^^, jerárquicos, de las ciencias. La actual autocomprensión del saber científico sugiere, por el contrario, enfoques «circulares», preocupados no tanto de discutir cuál es la ciencia «suprema» y cuáles sus «auxiliares» —o de apelar a ingenuas declaraciones de autonomía— como de coordinar los conocimientos obtenidos en cada ámbito científico, a los efectos no ya de aportar informaciones complementarias, sino de valorar y controlar los resultados alcanzados en el propio seno de cada sector. De este modo puede establecerse un sistema de «retroalimentación»'^^ en el que cada conclusión «particular» se corrige y enriquece al contrastarse con las obtenidas en otros ámbitos y disciplinas, propiciándose la necesaria síntesis libre de contradicciones. La interdisciplinariedad de la Criminología así entendida —con las innegables dificultades y exigencias que implica^^— es hoy u n principio metodológico imprescindible, tanto desde el punto de vista conceptual coriao operativo. Representa, además, u n a alternativa pacificadora y realista a las dos concepciones extremas que desde sus particulares
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confines del laboratorio. Planteamiento reduccionista que llega a negar, en consecuencia, el cientifismo del psicoanálisis, a pesar de su recia tradición empírica (Criminología. I, cit., pág. 117, nota 13, y 121). Por todos, BONGER, W. A., Introducción a la Criminología, cit., págs. 49 y 50: «Si comparamos la ciencia que nos ocupa con las físicas, estaremos siempre en u n a posición desfavorable; a esto se debe la casi imposibilidad de la experimentación. Algunos pseudoexperimentos, realizados aquí/allá, no pueden llenar este enorme vacío.» En términos semejantes se pronunciaba BERNALDO DE QUIRÓS: «La Criminología es ciencia de observación, puramente, de observación directa, en que la experimentación desaparece por una necesidad moral, pudiendo hablarse sólo en ella de experimentos, en sentido figurado, cuando los hace ante nosotros la propia naturaleza, en forma de hechos extraordinarios o anómalos» (Criminología, 1957. México, Edit. Cajica, pág. 19). Cfr. GÓPPINGER. 11., Criminología, cit., pág. 2. Sobre el problema, vid. RODRÍGUEZ MANZANERA, L., Criminología, cit., págs. 44 a 46. Vid. FIGUEIREDO DÍAS, J., y COSTA ANDRADE, M.A., Criminología, cit., pág. 114 y ss. Sobre dicho proceso, vid. HERING, K. H., Der Weg der Kriminologie zur selbstándigen Wissenschaft, 1966. Kriminalistik Verlag. Hamburg. Kriminologische Schriftenreihe, vol. 23.

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Cfr. RODRÍGUEZ MANZANERA, L., Criminología, cit., págs. 57 y ss. RODRÍGUEZ MANZANERA, L., Criminología, cit., págs. 40 y ss. iií RODRÍGUEZ MANZANERA, L., Criminología, cit., pág. 42. Sobre el método interdisciplinario en la Criminología, vid. EISENBERG, U., Kriminologie, cit., págs. 8 y ss.; GÓPPINGER, H., Criminología, cit., págs. 136 y ss.; en cuanto a las dificultades del mismo, VODOPIVEC, K , Probleme des Strafvollzugs. Ponencia, no publicada, que el autor defendió en 1972 en Tübingen, manteniendo que un equipo criminológico interdisciplinario para su conjunción y buen funcionamiento requerirá no menos de 10 a 15 años (cfr. EISENBERG, U., Kriminologie, cit., pág. 10, nota).

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enfoques niegan la complejidad del problema, bien degradando la Criminología a la condición de mero apéndice de la Biología Criminal, de la Psiquiatría o de la Sociología Criminal; bien, a la inversa, configurando la Criminología como «metadisciplina» o superestructura limitada a verificar los conocimientos y teorías existentes en otras disciplinas para la aplicación de los mismos al ámbito específico del crimen (ClearingHousef^; o a armonizar la totalidad de los resultados heterogéneos procedentes de los diversos campos del saber mediante u n a metodología integradora {«modelo integrado»y^. , . , . •. - r ^ ^ [BS sonirgiB 9h BñoB-^isa BOúqo BÍ o

A las ciencias «naturales», que han desbordado sus límites teóricos ovectando, con éxito, el método empírico a fenómenos del campo oiritual, cuestionan la posibilidad de reconducir a clasificaciones ^onvencionales superadas disciplinas complejas como la Criminología, uva naturaleza no se clarificaría dando satisfacción a tales pruritos clasificatorios. a) Tradicionalmente distinguía la doctrina entre ciencias de la naturaleza (Naturwissenschaft) y ciencias del espíritu (Geisteswissenschaft); o, en u n s e n t i d o s e m e j a n t e , e n t r e «ciencias del ser» (Tatsachenwissenschaft) y «ciencias normativas» o del «debe ser» (Normativenwissenschaft)^^. La naturaleza «real» o «ideal» del objeto, el carácter «inductivo» (empírico) o «deductivo» del método y la finalidad «causal-explicativa» o meramente demostrativa de las respectivas ciencias servían de criterios básicos a estas clasificaciones®^. Expresándolo de otro modo: las primeras (ciencias de la naturaleza) se refieren a sucesos y procesos, verifican hipótesis y, además de servirse de símbolos interpretados, requieren de la observación y/o de la experimentación: por el contrario, las ciencias del espíritu producen enunciados y formulan proposiciones relativas a la relación entre signos, utilizan la lógica y manejan símbolos formales, persiguiendo, ante todo, probar o demostrar la corrección de aquéllas®^. ;,^í,,. „^. ^í,„„-,;+„v..... ^4,, Según esto, y salvo alguna opinión aislada®'', la opinión mayoritaria se ha manifestado a favor del emplazamiento de la Criminología entre las ciencias de la naturaleza, invocando fundamentalmente su inequívoco proceder empírico®^.
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é. CLASIFICACIÓN CIENTÍFICO-TEÓRICA D E LA CRIMINO-

Justificado el carácter «empírico» de la Criminología y su autonomía como disciplina «científica» carece de especial significación teórica^° la tradicional polémica sobre el emplazamiento de la disciplina, sobre su correcta clasificación en los diversos ámbitos del saber. La crisis del paradigma «causal-explicativo» como prototipo excluyente del cientifismo: la interdependencia de los fenómenos naturales y culturales en las ciencias del hombre y la sociedad; y la propia evolución

Así, FREY, E., Kriminologie: Programm und Wirklichkeit, en: Schweizerische Zeitschrift für Strafrecht 66 (1951), pág. 67. Sin embargo, como apunta EISENBERG, tal punto de vista implica u n a renuncia a la autonomía de la Criminología y el reconocimiento de que carece de un método propio (Kriminologie, cit., pág. 9). Sobre dicho e s t a t u s «superestructural» de la C r i m i n o l o g í a , como i n s t a n c i a metadisciplinaria, vid. MANNHEIM, H., Vergleichende Kriminologie. Ein Lehrbuch in zwei Bánden. 1974, Stuttgart, págs. 18 y ss.; y SACK, F., Probleme der Kriminalsoziologie, en: Konig; Handbuch der empirischen Sozialforschung, II (1969), Stuttgart, págs. 963 y ss. (cfr. EISENBERG, U., Kriminologie, cit., pág. 9). ^ ® Sobre eUmodelo integrado», períodos, GÓPPINGER, H., Probleme interdisciplinárer Forschung in der Kriminologie, en: Tübinger Festschrift für E. Kern, 1968, págs. 2 0 4 y ss.; EISENBERG, U., Kriminologie, cit., pág. 10 (en sentido crítico, mantiene 1 que el modelo «integrado» es algo distinto de la obvia interdisciplinariedad de la Criminología, y que no es convincente pretender una integración más que «par: ciah); también LEFERENZ, H.: Literatur-Bericht, Kriminologie (Teil I), en: ZStW ^ 84 (1972), pág. 971; distinguiendo raéioáo «pluridisciplinario»e«interdisciplinario», RODRÍGUEZ MANZANERA, L., Criminología, cit., pág. 39. *° Ajuicio de GÓPPINGER, H. (Criminología, cit., pág. 2), sería exclusivamente u n a cuestión «metodológica».

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Sobre las clasificaciones dicotómicas heredadas del neokantismo: ciencias de la naturaleza/ciencia del espíritu (Dilthey); ciencias ideográficas/ciencias nomotéticas (Windelband); ciencias de la naturaleza/ciencias de la cultura (Rickert), vid. FIGUEIREDO DÍAS, J./COSTA ANDRADE, M., Criminología, cit. (1992), págs. 97 y ss. Sobre el concepto de «ciencia aplicativa», que añaden otros autores, vid. REYES, E. A., Criminología, cit., págs. 19 y ss. ' \ Vid. RODRÍGUEZ MANZANERA, L., Criminología, cit., pág. 32. ^Wf >0 -f^A ^ Por ejemplo, la de MAYER, H., en: Strafrechtsreform für heute und morgen, 1962, Berlín, página 1; BIENCHI, H., Position and Subject-matter of Criminology, 1956, : | ^ s t e r d a m , pág. 121. Vid. GÓPPINGER, H., Criminología, cit., pág. 9.

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ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA Sin embargo, una nítida y abierta contraposición entre «ciencias de la naturaleza»^ «ciencias del espíritu», basada en los respectivos métodos y objetos de las mismas, no parece hoy ya sostenible'"'. Por de pronto —como algún autor ha destacado**'— preguntar si la Criminología pertenece a las ciencias de la «naturaleza» o a las del «espíritu» induce a error si con ello se insinúa que el objeto de las primeras es de índole «natural», y «anímico» el de las segundas. Pues para una moderna y correcta concepción naturalística también lo «^5^//7/'¿/a/->^ puede formar parte del campo investigador de una ciencia del «ser», en la medida en que aparezca ante la misma como una manifestación «real», táctica. Los progresos de la Medicina somática en la investigación empírica de las enfermedades mentales, por ejemplo, demuestran hasta qué punto cabe la experimentación y el método causal-explicativo, científico-natural, en torno a fenómenos espirituales^^. La distinción entre «ciencia de la naturaleza», y «ciencia del espíritu» no puede trazarse, por tanto, con arreglo a una supuesta contraposición de sus «objetos», reales en el primer caso, espirituales en el segundo. No obstante, la adscripción de la Criminología a las «ciencias de la naturaleza» sería válida de admitirse que a éstas corresponde también el estudio del comportamiento del oí./ijiW.uí?í viij.a*j£..A r..Aiut:i.? í j cS\/víiQ*3VJi ow*. i í j a x i * / ^i.# JllJiljlv l"JCi hombre.

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ontiene u n a implícita pero inevitable referencia a normas jurídicas^" — n todo caso, a normas «culturales»—, sin perjuicio de que no sea ello obstáculo insalvable p a r a admitir la autonomía científica de la Criminología. El crimen tiene, sin duda, un sustrato fáctico, u n a manifestación «real», pero adquiere su verdadero significado por referencia a valores. 'La«desviación» carece de autonomía «oretoZóg'ica»:u n a conducta se reputa desviada porque se define como tal, porque se le atribuye dicho carácter, no lo es per se^K
Por ello, no procede contraponer radicalmente las «ciencias de la naturaleza» y las «ciencias de la cultura». Las ciencias ''/75A/A5/6'5" tienen inequívocas connotaciones «culturales», y las ciencias de la «cultura» requieren cada vez más el auxilio de las ciencias de la «naturaleza». La Psicología, por ejemplo, no puede prescindir de un enfoque biosocial y la Medicina de planteamientos psicosomáticos y comunitarios. Del mismo modo, la Criminología es ciencia de la «naturaleza» en cuanto estudia el crimen como fenómeno real, pero es, también, ciencia «cultural», porque aquél sólo se explica en un determinado contexto social, esto es, culturaP^.

Más polémica sería la caracterización de la Criminología como «ciencia de la naturaleza», por el contrario, si, partiendo de la distinción entre «ciencias del ser» y del «debe ser», se argumenta que a las «ciencias de la naturaleza» les corresponde u n a explicación «causal» de «hechos», radicalmente «neutra», esto es, libre de toda referencia «normativa». El planteamiento cuestionado se esgrime por la doctrina tradicional, a propósito de la doble acepción, penal y criminológica, del concepto de delito, para poner de relieve que la Criminología, como ciencia del «ser», contempla aquél en su aspecto «fáctico», mientras para el Derecho — ciencia valorativa— el delito interesa en cuanto conducta valorada negativamente por la norma jurídico-penaP^. Tal simplificación no puede convencer por dos razones. En primer lugar, porque los esquemas «causales-explicativos», según se indicó, pugnan con la complejidad de las ciencias de la conducta, al operar con u n a imagen del hombre puramente reactiva, degradada a la impropia condición de objeto. E n segundo lugar, porque desconoce que el concepto criminológico de delito

De todo ello puede deducirse que la polémica comentada es superfina y estéril. Un siglo de investigaciones sobre el crimen ha permitido ya a la Criminología adquirir el status científico de disciplina empírica, cuya autonomía sólo le cuestionan algunos sectores de la Psiquiatría y de la Sociología^^. b) Suele distinguirse, también, entre ciencias nomotéticas y ciencias idiográficas^^.
Según POPPER^^, unas ciencias se ocupan de la explicación causal de eventos singulares, individuales (idiográficas), mientras otras tratan de descubrir y verificar leyes universales (nomotéticas).

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En este sentido, ya en 1945, LÓPEZ REY, M., (Introducción al estudio de la Criminología, cit., págs. 94 y ss). .HrJtsmaociv S E E L I G , E., Lehrbuch der Kriminologie, dt., pág. 17. .••••'-• Así, GÓPPINGER, H., Criminología, cit., pág. 2. Admitiendo, entonces, que una ciencia de la naturaleza pueda tener por objeto al hombre mismo, no habría inconveniente en reconocer tal carácter a la Criminología (así, SEELIG, E., Lehrbuch der Kriminologie, cit, pág. 17). UKHW.; Por todos, SEELIG, E., Lehrbuch der Kriminologie, cit., págs. 1 y ss. ) .f iV

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Vid. EXNER, F., Biología Criminal, cit., pág. 17. Vid. MATZA, D., El proceso de desviación, cit., págs. 21 y ss. No asumo, con ello, la concepción «definitorial» de delito del Labeling approach (concepción radical), sino que me limito a afirmar que el propio concepto de «delito» presupone una referencia valorativa a ciertas normas. Sobre el problema, vid. PARSONS, T., The Social System, New York, The Free Press of Glencoe, páginas 250 y 251. Así, RODRÍGUEZ MANZANERA, L., Criminología, cit., pág. 29. Cfr. KAISER, G., Kriminologie, cit., pág. 5. En sentido crítico, cuestionando la autonomía de la Criminología, vid. SACK, F., Die Ost-West-Wanderung der Kriminalitát, en: Grundlagen der Kriminalistik (4), Kriminalistische Akzente, 1968, Hamburg, págs. 199 y ss. Sobre la distinción entre ciencias «idiográficas» y «nomotéticas», vid MANNHEIM, W., Comparative Criminology, cit., I, págs. 6 y ss. POPPER, K. R., The Poverty of Historicism, 1957, London, págs. 121 y ss. (y 143 y ss.).

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Para el autor, las ciencias teoréticas —naturales o sociales— responderían al modelo de ciencia nomotética. Las ciencias históricas, al idiográfico, por ocuparse r ^ fundamentalmente de la explicación de acontecimientos singulares, del cómo y el porqué de un fenómeno individual y específico. -míi! ^

fpnómeno criminal. Ni segura, ni definitiva, nineutra. Pues, aún cuando trate de un saber objetivo y fiable, por su cientificidad, no puede rescindir de ciertas coordenadas elementales (historicidad), ni liberarge de inevitables condicionamientos y límites.
De una parte, el crimen no es un suceso «natural», sino «humano» y «social»: un acontecimiento, por ello, que solo puede comprenderse en un concreto contexto cultural, histórico y axiológico (valorativo). De otra, su protagonista—el hombre— relativiza y tiñe de contradicción, enigma, misterio, cuanto al mismo se refiere. Porque el hombre, como se ha advertido acertadamente, no es solo ciencia. El hombre es, también. Cultura, Historia, Experiencia.

Partiendo de esta clasificación, puede afirmarse que la Criminología es tanto u n a ciencia idiográfica como una ciencia nomotética. Una disciplina idiográfica que se preocupa de estudiar hechos, factores, probabilidades, etc., en relación con un caso individual. Pero, también, u n a disciplina nomotética que intenta descubrir leyes universales, correlaciones o tendencias constantes válidas desde u n punto de vista científico, esto es, verificadas o no refutadas^^. En todo caso, y aun cuando la Criminología persiga descubrir y verificar «leyes», «normas», etc. —con validez general o particular—, es u n a ciencia «fáctica», no «normativa», según se apuntó en páginas precedentes, ha Política Criminal puede tal vez reputarse normativa, la Criminología, no. El crimen, sin duda, tiene también un componente valorativo, no sólo fáctico. Pero la Criminología no deviene disciplina normativa porque se ocupe de tal aspecto del fenómeno criminal. .Una ciencia es normativa cuando no se limita a investigar, descubrir, verificar y formular leyes, sino cuando las crea y establece®^. La Criminología versa fundamentalmente sobre el sustrato fáctico, real, del hecho criminal. Suministra una valiosa información a los poderes públicos, pero no es misión específica de la misma transformar dicha información en concretas proposiciones, instrumentarla. Como advierte MANNHEIM^^ es u n a non-policy-making discipline, u n a suerte de «ingeniería social a trozos» fragmentaria, que relega a la Política Criminal cualquier cometido relacionado con la formulación de propuestas o adopción de concretas políticas relativas al problema criminal. , En todo caso, el saber científico-criminológico, a pesar de su empirismo e interdisciplinariedad, no está en condiciones —ni lo estará nunca— de ofrecer u n a información absolutamente segura sobre las claves del
' •.••.-- -V•: i'maofí •"'

La historicidad del saber criminológico, además, muestra el talón de Aqmles de éste, su rostro vulnerable, resaltando la poderosa influencia en el mismo de los valores e ideologías. Sin embargo, una clara conciencia de sus limitaciones es el mejor de los antídotos contra la autosuficiencia o los peligrosos excesos doctrinarios y metodológicos de los investigadores''''. Solo un análisis histórico de la experiencia criminológica pone de relieve lo poco que sabemos del crimen y el largo camino que queda por recorrer.
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5. EMPLAZAMIENTO «INSTITUCIONAL» LOGÍA: D I V E R S O S M O D E L O S

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Si desde un punto de vista científico-teórico es la Criminología u n a ciencia empírica, institucionalmente se halla instalada en el orbe del Derecho y de las disciplinas jurídicas, dependencia orgánica que alcanza su expresión más acusada en los otrora países socialistas. Por el contrario, la Criminología norteamericana se autodefinió desde un principio como subcapítulo de la Sociología, ajeno e independiente de la ciencia del Derecho. .,, ^ . ^ ..,. ,^ Pero no sería realista subestimar la importancia de este aspecto institucional, porque detrás del mismo late u n a «discusión de roles»^°°,

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Así, por todos, MANNHEIM, H., Comparative Criminology, cit., I, págs. 6 y 12. Así, MANNHEIM, H.. Comparative Criminology, cit., I, pág. 13. E n contra, BIANCHI, H., Position and Subject of Criminology, cit., pág. 121, para quien la Criminología es ciencia «normativa» por el mero hecho de que se ocupa de u n fenómeno, como el crimen, inseparable de concepciones y valoraciones. MANNHEIM, H, Comparative Criminology, cit, I, pág. 13 (a non-policy-making discipline, piecemeal social engineering).

Cfr. FIGUEIKEDO DÍAS, J./COSTA ANDRADE, M., Criminología, cit. (1992), 10 f & s . 4 y 5 . 0
Asi, DAHRENDORF, R. Sozialwissenschaft und Werturteil, en: Gesellschaft und reiheit. Zur soziologischen Analyse der Gegenwart. München, 1961, págs. 27 y ss. Cfr. KAISER, G., Kriminologie, cit., pág. 64.

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u n forcejeo entre objetivos de la investigación criminológica y la política social que, en definitiva, explica la existencia de los tres «modelos» a continuación citados. El modelo europeo occidental implica u n a dependencia orgánica y funcional más o menos estrecha de la Criminología respecto a las disciplinas jurídicas e instituciones del Derecho. Dicha posición subordinada de la Criminología, propia más bien de las disciplinas «auxiliares», no puede atribuirse al proverbial e injustificado recelo hacia lo empírico, como tampoco a actitudes soberbias o defensivas de muchos juristas. Sus raíces son complejas y más profundas. "" "" "' "
Influye, sin duda, la propia naturaleza de ia Criminología como ciencia joven e interdisciplinaria; el pluralismo casi «errático» de su metodología^"^; la diversidad de disciplinas especiales que, en el seno de la misma, se preocupan del crimen desde sus respectivos enfoques; su orientación predominantemente teorética y los bruscos 8< desplazamientos de los centros de interés de la investigación (de la Biología a la Psicología y la Psiquiatría, y de éstas a la Sociología, con el consiguiente cambio de paradigma), en pocos lustros explican, sin duda, la «situación marginai»''°'^ de la Criminología, en contraste con el arraigo, estabilidad y uniformidad que ofrecen otras li. ciencias. Pero a estos factores históricos y estructurales se añaden otros como la „^ desafortunada polémica entre penalistas clásicos y criminólogos, transida de errores por ambas partes, pero de la que resultó perdedora la Criminología europea, en ^' buena medida por los excesos del positivismo criminológico y sus pretensiones ^ avasalladoras que generaría recelos y actitudes defensivas en muchos sectores ;J jurídicos. O incluso la no muy buena prensa de los criminólogos, tildados como ,, «bufones y cortesanos de ia Jurisprudencia»^'^'^; censura, desde luego, injusta, \, porque cuando se subestima —como se ha subestimado y se sigue subestimando en toda Europa aún— la trascendencia del aspecto «institucionai» para el éxito de fii la investigación científica: cuando, por ausencia de cauces reales, no cabe una fe investigación y una crítica organizadas, institucionalizadas (con todo lo que esto |j, implica en el ámbito profesional, académico, financiero, etc.), no puede esperarse f, ^ tampoco una especial fiabilidad y rendimiento de aquélla, ni parece razonable '"' reprochar a los criminólogos una comprensible falta de dedicación profesionaP"". -rr; -jj
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En la aún mayor dependencia o sometimiento de la Criminología del modelo socialista intervienen factores específicos, sobre todo, uno de naturaleza ideológica: la férrea vinculación de aquélla al «marxismoleninismo», con todas sus consecuencias.
Así, la propia Criminología socialista se autodefine como mera «rama de ia Jurisprudencia» o «eiementoparciaide ia dirección de ia sociedad», según fórmula de LEKSCHAS'""^, resaltándose de este modo su función «instrumentai» a\ servicio de una ambiciosa y arrolladora «poiítica criminai» consolidadora y guardián del sistema. La Criminología se presenta, entonces, como «cienciaapiicada»en apoyo inmediato de la realidad práctica y de la legalidad socialista. En este cerrado marco, es lógico que la investigación criminológica quede mediatizada por el dirigismo jurídico, bajo la supervisión incluso de los fiscales generales'"'', y que los «intentos de evasión» de psiquiatras, psicólogos y sociólogos para sintonizar con el nivel de las ciencias «experimentaies» de otros países se contemplase con recelo desde el monolitismo metodológico del marxismo-leninismo. Pues éste, en definitiva, preocupado de la máxima efectividad del control social, duda —y no sin razón— de las garantías que al mismo pueda ofrecer el «antropoipgismo» o un imprevisible «empirismo»^'
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Muy distinto es, por último, el modelo angloamericano. En el «vasto laboratorio» criminológico que son los Estados Unidos^"®, la Criminología nace y se establece entre las ciencias sociales y sociológicas, con clara independencia de las disciplinas jurídicas, desde un principio, logrando un reconocimiento y estabilidad institucional en todos los ámbitos del que careció en Europa. Razones de un éxito t a n espectacular tal vez puedan ser tres: su rápida sintonización con los problemas reales que preocupaban a la sociedad americana, la credibilidad y rigor del método empírico e interdisciplinario utilizado en las investigaciones y la ausencia de una polémica o confrontación radical entre criminólogos y juristas como la acaecida en Europai"*^.. ^ , \ -

En comparación con la Criminología socialista, en todo caso, cfr. KAISER, G., Kriminologie, cit., pág. 83. Cfr. KAISER, G., Criminología. Una introducción a sus fundamentos científicos. Madrid (1978), Espasa Calpe, pág. 44. Así, WOLFF, J., Der Jurist in der Kriminologie, en: Kriminologisches Journal (München), 3 (1971), pág. 262. Cfr. KAISER, G., Kriminologie, cit., pág. 65. Sobre este reproche a la falta de profesionalidad de los criminólogos, vid. BADER, K.S., Stand undAufgaben der Kriminologie, en: Juristen Zeitung, 7 (1952), pág. 17; BRAUNECK, A. E., Der Junge Jurist und die Kriminologie, en: Juristische Schulung, München/Frankfurt, 1966, página 222. Cfr. KAISER, G., Kriminologie, cit., pág. 65. P a r a un análisis de la evolución de las investigaciones criminológicas

en los diversos países desde el punto de vista institucional y organizativo, vid. RADZINOWICZ, L., En busca de la Criminología, cit., supra nota 6. Cfr. KAISER, G., Criminología, cit., pág. 51. Del mismo autor: Kriminologie, cit., pag. 85: «El concepto de la Criminología socialista trata de ponerse en práctica mediante una estrecha vinculación metodológica, personal y organizativa de la 106 ''"•^^^^'•Sación criminológica con el Derecho Penal». 107 ^'^•' citando a BAKOCZI, KAISER, G., Criminología, cit., pág. 49. Sobre el recelo hacia el empirismo del marxismo-leninismo, vid. KAISER, G., 108 ^'^iniinología, cit., págs. 51 y 52. Según expresión muy gráfica de RADZINOWICZ, L., En busca de la Criminología, i„g cit., página 117. Sobre las coordenadas de la Criminología norteamericana, vid. RADZINOWICZ, L.,Enbusca de la Criminología, cit., págs. 111 y ss. (especialmente, 121,127y 143).

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La Criminología norteamericana surge, se consolida y progresa en el marco de la Sociología; y nace básicamente para dar explicación científica a los problemas que en verdad interesaban a la sociedad —los socialproblems—/las múltiples facetas del crimen como hecho individual y colectivo, el funcionamiento real de la maquinaria judicial y la evolución de los principales programas preventivos. Enfoque sociológico éste que, además de justificarse por sus resultados, se aviene a la visión «optimista» de la vida que profesan los norteamericanos, al concebir el delito más como producto de unas fuerzas sociales «corregibles» que precipitado de factores «endógenos»™. Frente al caótico ejemplo ofrecido por la Criminología europea (disputas de escuelas, pluralismo metodológico casi errático, concepciones irreconciliables sobre el propio paradigma científico, etc.), el norteamericano supo conservar la sólida base y rigor que aporta el método empírico e interdisciplinario, abrazadera y cauce seguro por el que discurrió la investigación criminológica con independencia de las múltiples orientaciones y planteamientos que se constatan en la misma. Por ello, este sociologismo mereció el crédito y respeto de todos, sin provocar recelos y anticuerpos entre los penalistas, ni el inevitable alineamiento ideológico de éstos frente a lo empírico, y pudo consolidarse la Criminología en el marco de las ciencias sociales. De hecho, las disputas endémicas entre psicólogos o psiquiatras y juristas norteamericanos carecen de la virulencia que tienen en Europa; y la actual «controversia» o «confrontación» de sociólogos y penalistas parece más un fenómeno coyuntural, producto de la polarización política reflejada en el lema Law and Orden"'.

planteamientos 'etiológicos', siempre en el marco del positivismo criminológico biologicista, p a r a cumplir u n a función auxiliar y legitimadora del Derecho P e n a P " , recibiendo un impulso teórico poderoso en la década de los ochenta gracias a la Criminología crítica y radical de la 'reacción social'"^.
Por ello, advierte ZAFFARONI que la Criminología 'etiológica' latinoamericana fue, primero, racista (discurso a la medida de las minorías proconsulares de las repúblicas oligárquicas que entran en crisis a partir de la revolución mexicana) y luego, sin abandonar el marco positivista, se convirtió en el complemento ideal de un Derecho Penal neokantiano, legitimando con su toque de cientifismo, la actuación selectiva y discriminatoria de éste. «La Criminología se ocupaba de la etiología de las acciones de las personas seleccionadas por elpoder del sistema penal»''^^.

Desde la década de los ochenta, por tanto, el análisis crítico y radical goza de gran predicamento.
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fiííEn cuanto a la Criminología del nuevo continente, de lengua hispana, ño cabe hablar de u n modelo único y definido, sino de u n a evolución que responde a claves propias.
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Aquí—dice ZAFFARONI refiriéndose a Latinoamérica"^— «La Criminología es un campo plagado de dudas, poblado de preguntas que se reproducen con Increíble ferocidad y se hallan pocas respuestas. Las preguntas se multiplican quizá con mayor rapidez que en el centro, porque no se generan en el seno de grupos de trabajadores del pensamiento, pagados para pensar, sino que emergen de las tragedlas, y su velocidad de reproducción se halla en relación Inversa al adormecimiento del asombro que puede producir lo cotidiano ... (lo que) hace que la Criminología en América Latina ejerza la desafiante fascinación de su intensa vitalidad...»
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Sus pioneros beben en las fuentes del positivismo criminológico italiano, con vínculos ideológicos muy definidos"^. Gira, después, hacia
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Vid. KAISER, G., Kriminologie, cit., págs. 61 y 65. ? . ÍA « ZAFFARONI, E.R., E n busca de las penas perdidas. Deslegitimación y dogmática penal. Buenos Aires, 1989 (Ediar), págs. 47 y 48. Según ZAFFARONI, E.R., (En busca de las penas..., cit., págs. 47 y 48), los pioneros profesarían ideas racistas y genocidas, manifestándose a favor de la esclavitud, de la inferioridad biológica de la población indígena, de la inimputabilidad de ésta, etc.

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A esta orientación, pretendidamente 'científica', pero muy acusada, atribuye ZAFFARONI el éxito de la obra de EXNER (positivismo criminológico de orientación biologicista) en Latinoamérica. Dichas ideas «peligrosistas», según ZAFFARONI, incorporarían después, a través del Derecho Penal cubano, la tradición criminológica soviética (En busca de las penas, cit., págs. 48 y ss.). ZAFFARONI, E.R., (En busca de las penas, cit., pág. 79). P a r a el autor, la riminología de la 'reacción social' puso fin al sueño reformista y técnico-jurídico el discurso penal, que culminó en la década de los sesenta con el llamado Código enal tipo latinoamericano. ZAFFARONI, E.R., En busca de las penas, cit., pág. 48.

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Capítulo 11:
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El objeto de la Criminología: Delito, delincuente, víctima y control social ^«'«^f«*««^«
1. DELITO, DELINCUENTE, VÍCTIMA Y CONTROL SOCIAL DE LA CONDUCTA DELICTIVA COMO PARTES INTEGRANTES DEL «OBJETO» DE LA CRIMINOLOGÍA. INTRODUCCIÓN iitm^^úÉmdmm.
Según la definición provisional de Criminología propuesta, el objeto de esta disciplina viene integrado por el delito, el delincuente, la víctima y el control social de la conducta delictiva. ^íí4*^¥WWM
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a) La Criminología tradicional, por su raigambre positivista, potenció al máximo el protagonismo de la persona del delincuente, creyendo poder encontrar en u n a supuesta diversidad del mismo, patológica (teoría de la diversidad), la explicación científica del comportamiento criminal. Por el contrario, en la moderna Criminología —de corte prioritariamente sociológico— el examen y significado de la persona del delincuente pasa a un segundo plano, desplazándose el centro de interés de las investigaciones sobre la persona del infi^actor hacia la conducta delictiva misma, la víctima y el control social. En todo caso, el delincuente se contempla «en sus interdependencias sociales», como unidad «biopsicosocial», y no desde u n a perspectiva biopsicopatológica, como sucediera con tantas biografías criminales «clásicas» orientadas por el espíritu «correccionalista» e «individualista» de la Criminología tradicional. „ , r rr • . •^ í I V

b) El delito —«delito», «crimen», «conducta desviada»^, según imprecisas terminologías que requerirán oportunas matizaciones sigue siendo objeto básico de la investigación criminológica. Pero el concepto de

" a r a u n a distinción e n t r e «delito», «criminalidad» SCHNEIDER, H. J., Kriminologie, cit., págs. 82 y ss.

y «delincuencia»,

vid.

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«delito», en cuanto implica u n a referencia obligada a «normas», cambia con la evolución de la sociedad y de la cultura. Es, temporal y espacialmente, histórico, relativo, circunstancial. Del mismo modo que el contenido y volumen de las conductas que se criminalizan ha variado ostensiblemente en los últimos cien años^. La Criminología tradicional, conservadora y respetuosa de las definiciones legales, consideró siempre embarazosa la circunstancialidad y relatividad de su objeto, así como la coincidencia inicial y aparente del mismo con el del Derecho Penal, pues admitir que u n a ciencia «empírica» y otra «normativa» tienen el mismo «objeto» {«delito»), diferenciándose sólo por el «método» o forma de examinarlo, significaría tanto como confesar la incapacidad de la Criminología para autodefinir su campo de investigación, negar su autonomía científica. En consecuencia, este planteamiento situaba a la Criminología tradicional ante u n a delicada opción: o subestimar el componente normativo que el concepto de delito implica por su implícita referencia a «normas» (culturales, en último término), o bien sentar las bases de u n concepto «criminológico» de delito (material) distinto del jurídico-penal, meta condenada de antemano al fracaso. ^^^En la actual discusión criminológica el problema h a perdido ya interés. De u n a parte, porque no parece contradictorio que una disciplina empírica opere en un marco normativo. Que el concepto «criminológico» de «delito» contenga u n a referencia mediata a pautas valorativas (culturales, jurídico-penales) no significa que la Criminología carezca de objeto propio, de autonomía científica. De otra, porque lejos de esa obsesión academicista, punto de arranque de enfoques meramente fenomenológicos, a la moderna Criminología le interesan diversas facetas más llamativas del «crimen» que su delimitación formal, conceptual; preocupa, por ejemplo, su problematización, las funciones positivas que pueda cumplir como instrumento e indicador del control social, el volumen, estructura y movimiento de la criminalidad, las estrategias criminalizadoras y descriminalizadoras, el efectivo reparto de la criminalidad entre los distintos estratos sociales, etc.^. Finalmente, porque se reconoce hoy la conveniencia de operar con diferentes conceptos de «delito» según las r e s p e c t i v a s finalidades de la investigación criminológica: si se abordan problemas de política jurídica en torno a la
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criminalización o a la descriminalización —se argumenta—, resulta indicado u n concepto lato, material de delito; mientras que si aquélla versa sobre la extensión, estructura y movimiento de la criminalidad, las definiciones jurídico-penales cobran prioridad lógica*.

c) El interés por la víctima como objeto de la Criminología —y la elaboración científica de u n a teoría de la víctima— es u n fenómeno reciente, que tiene lugar a partir de la segunda contienda mundial. Aunque parezca paradójico, tanto la Criminología como el sistema penal han volcado sus esfuerzos de forma exclusiva en el delincuente, abandonando el estudio de la víctima, que sólo h a merecido de la sociedad compasión. ,^....ÍÚQ El dispositivo penal —el sustantivo y el procesal— surge históricamente, de hecho, para «neutralizar» a la víctima^, disociándola y segregándola de su posición natural junto al delincuente, a fin de recabar para el Estado el monopolio de la reacción penal. De otro modo, como la experiencia ha demostrado, la víctima misma, los colectivos de víctimas potenciales y la propia sociedad desencadenarían u n a política criminal «emocional», en la que el Derecho Penal acabaría cumpliendo u n a mera «función simbólica»^. Por otra parte, se comprende que las actuales orientaciones «prevencionistas» releguen las consecuencias del delito al ámbito extrapenal de las prestaciones sociales reparadoras y que la víctima de aquél sólo interese en orden a u n a oportuna «profilaxis»'^. Más difícil justificación tiene el tradicional olvido de la víctima por parte de la Criminología, ya que delincuente y víctima son los dos coprotagonistas del suceso criminal. Degradarla a la condición de destinatario fortuito, fungible y pasivo de aquél, carece de todo realismo,
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U n a reseña sobre los cálculos estimados en que se cifra el incremento de conductas criminalizadas en los últimos años, citando a SENFFEET, EXNEE y KANGOL, en: KAISEE, G., Kriminologie, cit., pág. 116. ,j,_,,,,j um-jui^-av anu SJIH-Í Así, KAISER, G., Kriminologie, cit., pág. 116. nfíniíU ,.í, .H , H a a i í r / i H D a

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Por todos, KAISER, G., Kriminologie, cit., pág. 121. Véase, también, FIGUEIREDO DÍAS, J., COSTA ANDRADE, M., Criminología, cit., pág. 90. Así, HASSEMER, W.. Fundamentos de Derecho Penal, Barcelona (Bosch), 1984, Págs. 92 y ss. Una referencia a las principales investigaciones empíricas en relación a la citada «función simbólica» del Derecho Penal, en STEINERT, H., Über die Funktionen des Strafrechts, en: Festschrift für Ch. Broda, 1976, Viena, págs. 350 a 355; ARROYO ZAPATERO, L., La reforma de los delitos de rebelión y terrorismo (Cuadernos de Política Criminal, 15, 1981, págs. 379 y ss.). Cfr. HASSEMER, W., Fundamentos de Derecho Penal, cit., pág. 95, nota 110. Cfr. HASSEMER, W.. Fundamentos de Derecho Penal, cit., pág. 96.

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como pone de relieve la moderna Criminología*. Si t a n lamentable laguna tiene alguna explicación tal vez pueda ser ésta que la sociedad se «identifica» con quien realiza las conductas prohibidas y se preocupa sólo de quien «femé», según conocidos esquemas psicoanalíticos®. Pero es obvio que en un futuro próximo el estudio de la víctima atraerá aún más la atención que merece, puesto que la Criminología dispone ya de un cierto núcleo de conocimientos sobre cuestiones trascendentales en relación a la víctima del delito como: aptitudes y propensiones de los sujetos para convertirse en víctima, tipología victimarla, relaciones entre delincuente y víctima, grados de coparticipación o corresponsabilidad de la víctima en el delito, influencias sociales en el proceso de victimización, daños y reparación, profilaxis criminal, comportamiento de la víctima como agente informal del control penal, etc.^°. La criminalización de determinadas infracciones, equívocamente denominadas «delitos sin víctima», con «víctima difusa» o «invisible» (recte: delitos contra intereses generales o generalizados), abre importantes horizontes desde un punto de vista político-criminal a la investigación criminológica, anclada todavía en el marco estático de la fenomenología^^.
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medida, al labeling approach o social reaction approach^^, impulsor de una Criminología más dinámica e interaccionista, que desplaza el centro de interés de aquélla del delito y el delincuente al control social, a la propia reacción social; de las teorías de la «criminalidad» a las de la «criminalización», cuestionando el propio paradigma «etiológico». Con el manido e impreciso concepto del «control social»^* —concepto sociológico neutro, descriptivo, pero que se utiliza también con miras legitimadoras, unas veces, críticas, otras^'' —se hace referencia a ciertos procesos sociales que recaban la conformidad del individuo, sometiéndole a las pautas, modelos y requerimientos del grupo; cohesión, disciplina, integración son, pues, términos que describen el objetivo final que persigue el grupo, la sociedad, para asegurar su continuidad frente al comportamiento individual irregular o desviado.
Por control social se entiende, afirma gráficamente St. GOHEN^^ el conjunto de «formas organizadas en que la sociedad responde a comportamientos y personas que contempia como desviados, problemáticos, preocupantes, amenazantes, molestos o indeseables de una u otra manera» y añade; «Esta respuesta aparece de diversas formas: castigo, disuasión, tratamiento, prevención, segregación, Justicia, resocialización, reforma o defensa social. Está acompañada de muchas ideas y emociones: odio, venganza, desquite, disgusto, compasión, salvación, benevolencia o admiración. El comportamiento en cuestión es clasificado bajo diversas denominaciones: crimen, delincuencia, desviación, inmoralidad, perversidad, maldad, deficiencia o enfermedad. La gente a la que se dirige esta respuesta es vista como monstruos, bobos, villanos, enfermos, rebeldes o víctimas. Y aquellos que responden (haciendo algo o estudiando la materia) —tareas que habitualmente se confunden— son conocidos comojueces, policías, asistentes sociales, psiquiatras, psicólogos, criminólogos o sociólogos de la desviación»'''^.

d) Finalmente, el análisis científico del control social del comportamiento desviado h a ampliado y enriquecido el objeto de la investigación criminológica en los últimos lustros^^. El mérito es debido, en buena

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® t ~ Vid., por todos, GARCÍA-PABLOS, A., Problemas actuales de la Criminología, cit., pág. 83; del mismo, Derecho Penal. Introducción. Madrid, 1995 (Universidad -Ofñ Complutense), págs. 49y ss.;yTAYLOE, I.; WALTON, P.; YOUNG, J., Criminología Crítica, 1977 (Edit. Siglo XXI), México, pág. 93. : ' ' •: • 8 Así, EODRÍGUEZ MANZANERA, L., Criminología, cit., pág. 73. 1° Vid. HASSEMER. W., Fundamentos de Derecho Penal, cit. págs. 90 y ss.; KAISER, G., Kriminologie, cit., págs. 179 y ss.; SCHNEIDER, H. J., Victimologie, Wissenschaft vom Verbrechensopfer, Tübingen, 1975, págs. 10 y ss.; MERGEN, A., Die Kriminologie, cit., págs. 389 y ss.; MENDELSOHN, B., Victimology and Contemporary Society's Trends. Victimology, en: International Journal, 1 (1976), págs. 8 a 28; VON HENTIG, H., The Criminal and his Victim, 1948, New HavenConn.; recientemente: SANGRADOR, L., La victimología y el sistema jurídicopenal, en: Psicología Social y sistema penal (Compilación de F, JIMÉNEZ BURILLO y M. CLEMENTE), Madrid, Alianza Universitaria, 1986, págs. 61 a 91. Sobre el estado actual de los conocimientos criminológicos en relación a la víctima de «delitos colectivos», vid. HASSEMER, W., Fundamentos del Derecho Penal, cit., pág. 97 y reseña bibliográfica contenida en la nota 115. 12 GARCÍA-PABLOS, A., Problemas actuales de la Criminología, cit., pág. 97.

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Vid. SCHUR, E. M., Reactions to Deviance: A critical Assessment, en: American Journal of Sociology, Chicago. 1969 (75), págs. 309 a 322. Así, también, CLARK, L. y GIBES, J.P., quienes sugieren se analice científicamente no las «causas» de la desviación, como h a hecho la Criminología tradicional, sino «la reacción» o reacciones sociales al comportamiento desviado (Soziale Kontrolle: Eine Neuformulierung, en: Seminar. Abweichendes Verhalten, L, 1975 (Shurkamp), cit., pág. 155. Concepto al que se denomina, despectivamente, «término Mickey Mouse» (Cfr. COHÉN, St., Visiones de control social, cit., pág. 17). Por qué no gusta a los juristas el concepto de control social: Vid., LÜDERSSEN, K., Einführung (en: Seminar. Abweichendes Verhalten, I., cit., págs. 7 y ss.). Cfr. COHÉN, St., Visiones de control social, cit., págs. 17 y ss. También: BERGALLI, R., El sistema penal español como el ámbito menos conocido del control social. En: Control social del delito: críticas y alternativas. Bilbao, 1991, págs. 115 ss. (Salhaketa. Preso en Aldeko Elkartea). Visiones de control social, cit., pág. 15. COHÉN, St., Visiones de control social, cit., pág. 15. . .h

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Este nuevo enfoque se haila, sin duda, muy controvertido^'', pero incluso quienes |if, lo rechazan se ven obligados a admitir que no se puede estudiar ya la criminalidad 7 • prescindiendo de la «reacciónsocial»: que la teoría de la criminalidad presupone la 'í t! *®°'''^ ^^ '^ «crimlnaiización»; que el efectivo funcionamiento del control del delito p.,1 a,B configura el volumen, la estructura y la dinámica de la criminalidad, así como condiciona también la imagen que la sociedad se forja del delincuente^^.

Según esto, parece obvio que a la Criminología h a de preocuparle no sólo el delincuente, el delito y la víctima, sino también el control social, esto es: el estudio de los «mecanismos a través de los cuales la sociedad despliega su supremacía sobre los individuos que la componen, consiguiendo que éstos acaten sus normas»^°, y de modo muy particular, los de carácter <<pena/>> (el control social penal destaca entre todos los controles sociales por sus fines y medios, representando la dirección normativa de estructura más formalizada y racional). Debe, pues, ensanchar el ámbito tradicional de su objeto, incorporando al mismo el análisis científico de los diversos sistemas normativos del control social (religión, moral, ética, usos y costumbres, terapias varias), de sus portadores e instancias (Iglesia, opinión pública, ciencias, familia y escuela, profesión, etc.), estrategias (prevención, socialización, represión), de sus sanciones (positivas y negativas) y destinatarios, según sus respectivos estratos sociales^^
'^'' '*' El concepto de «controisociai», que procede de las ciencias sociales y políticas, extraño al análisis normativista del Derecho propio de la cultura jurídica continental, enfrenta dos tradiciones, la sociológica y la politicológica^^. La primera, de corte anglosajón, refiere este concepto a la propia sociedad y es utilizado como categoría e instrumento central de la sociología para «anaiizar ia organización sociai y ei desarroiio deiasociedadinclustriai>¡^^ que llevó consigo procesos dirigidos a inducir la conformidad del individuo por medio de su socialización y represión. La segunda,

la jurídico continental, es una teoría estatal del control social que concibe este concepto como control político de la sociedad centralizado en y por el Estado^". Ambas tradiciones representan, sin duda, dos visiones ideológicas diferentes de la organización sociaF^. Los teóricos del controi suelen distinguir entre controles sociales «activos» y «reactivos». Especialmente, los radicales y críticos, que propugnan la supresión de los mecanismos «represivos» (abolicionistas) y se manifiestan a favor de unos controles sociales «neutros» y «positivos>y^^. El control social «activo» viene integrado, según tal distinción, por aquellos mecanismos que intentan prevenir un comportamiento socialmente no deseado. Se trataría, por tanto, de controles «internos» que operan preventivamente mediante una sutil pero eficaz labor socializadora y legitimadora. En último término, ésta contribuye a una voluntaria internalización del deber y a actitudes individuales de conformidad, siempre voluntarias, que orientan los procesos de motivación del miembro del grupo^'. La principal agencia de socialización primaria es la familia, de socialización secundaria, la escuela. Pero lo cierto es que, sin restar importancia al control interno y a la eficacia etiológica del fracaso del controi social activo en la génesis de la criminalidad^^ la socialización del individuo resulta insuficiente. El individuo sigue actuando como un trasgresor en potencia, conserva la capacidad de interpretar las normas —siempre susceptibles de violación— con plena autonomía, más allá aún del rol que le corresponde; e incluso, la de redefinirtas y manipularlas, neutralizando el contenido y significación de las mismas, lo que explica que el impacto de la socialización no ofrezca una imagen homogénea sino multiforme y diferenciaP^. Superado el momento preventivo, y como respuesta a la conducta desviada, entran ya en acción controles sociales «reactivos». Estos, a su vez, suelen clasificarse en «informaies» y «formales>fi°. El control social «informai» opera a través de grupos primarios (vg. familia, vecindad, etc.) o secundarios (vg. escuela, puesto de trabajo, partido político, iglesia, etc.) que en puridad no tienen como objetivo básico dicha función de control. Se sirven de medios de muy diversa naturaleza, psíquica (vg. desaprobación, pérdida del estatus o de la estima social, aislamiento, reproche, ridiculización, rechazo, etc.), física (violencia) o incluso económica (así, pérdida del puesto de trabajo, del salario).

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Un balance global del labeling approach desde una concepción próxima al mismo pero destacando sus puntos débiles, en: Dei delitti e delle pene, Rivista di studi sociali, storici e giuridici sulla questione criminale, 1 (1983), enero-abril, editorial, Por todos, KAISER, G., Kriminologie, cit., pág. 163. • ' "' "" ' Así, WOLFF, K. H., Soziale Kontrolle, en: Worterbuch der Soziologie, edit. por v. W. Bernsdorf, 2,1969, Stuttgart, págs. 965 a 970. Cfr. KAISER, G., Kriminologie, cit., págs. 160 y ss. Cfr. KAISER, G., Kriminologie, cit., págs. 161 y ss. Así, BERGALLI, R., Control social punitivo. Barcelona, 1996 (Bosch), págs. 3 y ss. JANOWITZ, M., Sociological theory and social control, en: American Journal of Sociology, 81(1), págs. 82 y ss. Cfr. BERGALLI, R., Control social punitivo, cit., pág. 4.

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Vid., BERGALLI, R., Control social punitivo, cit., pág. 4. , - ' ' -'i ; Cfr., BERGALLI, R., Control social punitivo, cit., pág. 4. ' ' ' ' Así, a favor de unos controles sociales «activos», no «reactivos», se pronuncia MELOSSI, D., Ideología e Diritto Pénale, en: Dei delitti e delle pene, 1/1991, cit., pág. 30 ss.; VERDE, Alf., propugna un control social «positivo» (en: Verso un controllo sociale «in positivo» in campo minorile, en: Dei delitti e delle pene, 1983, págs. 356 y ss). Vid. HESS, H., II controllo sociale: societá e podare, en: Dei delitti e delle pene, 3 (1983), págs. 504 y 505. Vid. HIRSCHI, T., Causes of Delinquency, 1969, Berkeley; BOX, S., Deviance, Reality and Society, 1981 (London), págs. 121 y ss.; Cfr. HESS, H., II controllo sociale, cit., págs. 508 y ss. Cfr. HESS, H., II controllo sociale ..., cit., págs. 506 a 508. ^nim-iit. Cfr. HESS, H., II controllo sociale ..., cit., págs. 508 y ss. taoy Jl ,.. , .^ -

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ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA La actuación de las instancias del control social informal se regula en normas informales (usos, tradiciones, principios morales, criterios de reciprocidad, etc.), porque el Derecho positivo representa sólo el último límite que no pueden trasgredir aquéllas (prohibición del castigo excesivo del niño por los padres o del maltrato de aquel por los maestros en la escuela, establecimiento de causas o supuestos de despido, etc.). Lo que no resta importancia a la actuación del control social informal en los procesos de socialización. Que sus presupuestos carezcan de una total determinación (conducta irregular o desviada); o que sus instancias y portadores gocen de cierta espontaneidad en el momento de imponer la sanción (sanción Informal) y la forma o procedimiento de hacerlo, no deben ocultar la trascendencia criminológica del buen o mal funcionamiento de estos mecanismos socializadores. El llamado control social <'formal» se ejercita a través de instancias 'ad hoc', específicamente concebidas y disciplinadas para tal cometido: la policía, los tribunales dé justicia, la cárcel, etc. Sus medios de actuación son muy variados, pero siempre coercitivos, constituyendo la violencia, en todos ellos, el instrumento esencial. El Derecho Positivo contempla de modo preciso y exhaustivo los presupuestos, contenido y forma de actuar de estos mecanismos del control social. Existe, no obstante, una relativa intercambiabilidado fungibilidadfuncionalen la actuación de unas y otras instancias del control social. De una parte, el fracaso de las instancias 'formales puede desencadenar la actuación supletoria de otras instituciones que cumplan de modo "informal aquel cometido, subsanando la ausencia del controP^ De otra, es obvio que el control social puedo servirse 'voluntariamente de instituciones ajenas al mismo^^. Desde el punto de vista de los efectos, no es fácil una distinción tajante entre control social 'formal e 'informal. A veces, las sanciones del primero activan sanciones informales que aparecen asociadas a aquéllas, y las refuerzan^^. Sin descartar la posibilidad de que incluso instancias de control 'ficticiaá produzcan efectos reales, según explica el conocido teorema de Thomas^''. En todo caso, el efecto preventivo que produce el control social, formal o informal, no debe ser confundido con el control social activo, porque la conformidad se obtiene por la fuerza, no es voluntarían^. Finalmente, desde el punto de vista de la efectividad, la del denominado control social «activo» es muy limitada y parcial, como lo demuestra la propia existencia del comportamiento desviado. Mientras la eficacia del control social «reactivo» ha suscitado una rica y fecunda polémica^*^, porque la equivocidad del propio concepto de efectividad y la pluralidad de fines que se asignan a la respuesta al delito hacen difícilmente mensurable aquél. ,, . , ;,.„.,.. , . , . ,¡ ,. i ,.;•;

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2. E L «DELITO» COMO OBJETO D E LA INVESTIGACIÓN CRIMINOLÓGICA El primer problema que suscita el concepto de «delito» como objeto del análisis criminológico es el de su propia delimitación, ya que también el Derecho Penal se ocupa del crimen, por más que lo contemple desde u n punto de vista «normativo», no empírico. ¿Opera la Criminología, como disciplina empírica autónoma, con u n concepto material, sui generis, de delito distinto del jurídico-penal? ¿Existe u n concepto «criminológico» de delito, o, por el contrario, depende el objeto de la Criminología de las definiciones jurídico-formales?^''. Como se fundamentará a continuación, la Criminología no puede prescindir —ni debe— del concepto penal de delito que constituye u n a referencia lógica obligada, su punto de partida. Pero la coincidencia en el objeto es sólo parcial, porque la Criminología no examina sólo el delito, ni lo hace desde un enfoque «valorativo». Tiene, además, y de acuerdo con sus metas como disciplina empírica, unos intereses singulares: y unas valoraciones que no coinciden ni con las técnicas ni con los criterios axiológicos jurídico-penales. E n consecuencia, y según los objetivos de la investigación, la Criminología puede completar y enriquecer el concepto penal de delito acudiendo a otros esquemas. Pero carece de virtualidad el intento de sustituir éste, pues cualquiera otro, especialmente los que se formulan desde la Sociología Criminal, la Etica o la Filosofía («conducta desviada», «delito natural»), ha de ser por fuerza «valorativo», con la inevitable dosis de circunstancialidad y relatividad, y sin la certeza que aportan las definiciones legales. No se haría, en último término, sino sustituir la referencia a las normas penales por la referencia a otras normas menos precisas. La autonomía de la Criminología como ciencia empírica, por tanto, es relativa, porque no puede renegar del marco histórico y cultural en el que cobra sentido la conducta humana.

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a) El concepto «penal» de delito como referencia y punto de partida del análisis criminológico
La Criminología no puede prescindir del concepto jurídico-penal (formal) de delito que, por tanto, acota y orienta, por razones conceptua-

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Cfr. HESS, H., II controllo sociale, cit., págs. 509 y ss. J H .Hcí'-iU bfl Cfr., HESS, H., ibídem. ^ ' ' Así, la pérdida de estatus (sanción informal), vinculada a la pena privativa de libertad (sanción formal). Cfr., HESS, H., ibídem. Cfr., HESS, H., II controllo sociale, cit, pág. 510. '.«.ir ,-<:n,i¡ , ;;;. >|J,ÍK)? HESS, H., II controllo sociale, cit., pág. 510. . ..vhtd-j,' , H gFS' ^ -ftO HESS, H., II controllo sociale, cit., pág. 512. • o ' , li^ " > HF.'l ^ <<')

Vid. FIGUEIREDO DÍAS, J., COSTA ANDRADE, M., Criminología, cit., págs. 65 yss.;y90yss.

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les y metodológicas, la investigación criminológica. Constituye aquél u n a referencia obligada, su punto de partida^®. En efecto, u n a conducta deviene «delictiva» sólo cuando recibe el estigma penal, cuando se conmina con u n a «pena»^^. Las valoraciones individuales, éticas e incluso sociales no siempre permitirían u n a selección segura de estos comportamientos, entre otros motivos, porque pueden hallarse en eventual contradicción con las «legales» únicas amparadas por el refrendo coactivo del Estado. Como afirma un conocido criminólogo norteamericano en este sentido, ni toda conducta «socialmente» desviada es «delito», ni todo «delito» es considerado por la sociedad como comportamiento «desviado»'^°.
^ modo de ejemplo, bastaría recordar que dos conductas idénticas desde un punto de vista externo, biológico, pueden merecer valoraciones radicalmente contrapuestas: la relación íntima entre dos personas, no reprobada por la sociedad, puede constituir, sin embargo, delito de estupro si la mujer no ha cumplido cierta edad o existe una relación jerárquica entre los miembros de la pareja. Y, a la inversa: el acceso carnal, eventualmente reprochable entre dos personas no «libres», pero \ :89 asumido por una sociedad permisiva, integra, sin embargo, una de las obligaciones aom, recíprocas de los cónyuges en el seno del matrimonio''^. En consecuencia, el análisis empírico de la criminalidad «sexual» no puede desconocer las definiciones penales, ni ignorar la eventual discrepancia que a veces se produce entre éstas y las pautas oiqsc sociales de comportamiento porque, incluso desde un punto de vista metodológico, b0Í>íj carecería del marco referencial necesario para delimitar con éxito el objeto de la 9í/p8 investigación y para orientarla desde una base o punto de partida sólido. 9{)9i'

legislaciones Invalida la Investigación críminológlca teorética, desde el punto de vista científico. Los datos de la leypenal y los datos sobre delitos y delincuentes serviles a las categorías legales deben ser procesados por el científico antes de utilizarlos».

Admitir el monopolio de la ley penal en la selección del objeto de la Criminología significa, en definitiva, negar a ésta su autonomía científica' convertirla en un apéndice instrumental del Derecho Penal y hacerla depender, servilmente, de la relatividad y circunstancialidad de las decisiones legales. No puede compartirse, por tanto, la conocida afirmación de TAPPAN (a propósito de la criminalidad de «cuello blanco» y con fines exculpatorios):
«La leypenal contiene la única definición admisible de delito; delincuente es la persona que ha sido sentenciada y condenada por unjuez... y éstos son los únicos sujetos que puede estudiar científicamente el críminólogo...; la única verdades la verdad legal, y son los órganos del Estado los que determinan el objeto de estudio de la Criminología»'-'^.

Ahora bien, sería erróneo deducir de esta conexión lógica y pragmática la coincidencia radical del concepto jurídico y del concepto SH?,^^°^°^'^° ^^ delito. -mmim'mip^haBinms'Qm 8B1Í0 Como advirtió SELLIN''^, «la sujeción al estudio del delito y de los delincuentes BÍoasy^^ aceptación de categorías y formas específicas de delito según las respectivas oo'i&m ifjnj ^? '•, - ;/( lüij^jf; íifí áiípioc|'3'/íÍBÍM W'.oíflSj ioq "..Wi.
=* * ^^ 3 fríxIúD 911 p [••) « 9 í i í l u i i u D V 00i'íOÍc.rrf Vid., por todos, GÓPPINGER, H., Criminología, cit., pág. 4. Así, MERGEN, A., Die Wissenschaft vom Verbrechen, 1961, Hamburg, págs. 58 y ss.; QUINNEY, R., Is Criminal Behaviour Deviant Behaviour?, en: British Journal of Criminology, Delinquency and Deviant Social Behavior, London, 5, 1965, págs. 138 y ss.; cfr. GÓPPINGER, H., Criminología, cit., pág. 3. Sobre el problema, vid., por todos, LARRY J. SIEGEL, Criminology, cit., pág. 6 (el autor cita, como ejemplos, el consumo de drogas y determinados supuestos de omisión de socorro que, con arreglo a la legislación norteamericana, pueden dar lugar a la no coincidencia de las valoraciones sociales y penales comentada). Ejemplo que cita GÓPPINGER, H., Criminología, cit., pág. 3. SELLIN, Th., Cultura, Conflicto y Crimen. Caracas, 1969, Ediciones Efofac, pág. 27.

A efectos penales, desde luego (por imperativo del principio de legalidad), sólo pueden reputarse «delito» las conductas descritas en la ley, y «delincuente», la persona castigada por los tribunales de justicia. Pero a efectos criminológicos, tal restricción carece de fundamento y pugna con el «realismo» propio de la Criminología como disciplina empírica. Ni ésta circunscribe su análisis, como se verá, a los hechos previstos en el Código Penal, ni considera sinónimos los términos «delincuente» y «condenado» o «recluso»; la Criminología ha de optar por la «verdad real», no por la verdad «legal». Por ello, el criminólogo examina legítimamente el hecho de la «prostitución» o el de la «drogodependencia» —a pesar de que ni el ejercicio de la primera ni el consumo de estupefacientes se castiguen por el Código Penal—; y se

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TAPPAN, P. R., Who is the Criminal?, en: The Sociology of Crime and Delinquency. New York, 1962 (Wiley); resaltando el aspecto positivo de una definición «legal» (jurídico-penal) de «delito»: MICHAEL, J., y ADLER, M., Crime, Law and Social Science, New York, Harcourt, Brace, 1933, pág. 2; otros autores parten de las definiciones penales, pero exigen, además, el efectivo funcionamiento de la maquinaria represiva del Estado, previa denuncia y constatación de la violación, así RECKLESS, W., The Crime Problem, New York, Appleton-Century-Crofts, 1950, pág. 8; KORN, R., y McCORKLE, LL, Criminology and Penology, New York, Holt, 1957, págs. 46 y ss.; formulaciones todas ellas que enlazan con el law in action al que se refería ROSCÓE PÓUND (Interpretations of legal History, New York, Macmillan, 1923, capítulo III). Cfr. HUG D. BARLOW, Introduction to Criminology, cit., págs. 6 y 7. ,

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preocupa, legítimamente también, de la llamada criminalidad «oculta» o de la «cifra negra» de ciertas conductas delictivas, aunque en ambos supuestos el autor eluda la imposición y cumplimiento de la pena. Tampoco puede suscribirse, aunque por razones distintas, la tesis central del labeling approach, que parte de u n concepto meramente definitorial de «delito». Y no ya porque cuestione el sustrato «ontológico» del crimen, sino porque entiende que éste es u n a «etiqueta», resultado del comportamiento selectivo de las instancias del control social, abstracción hecha de la conducta misma y de las definiciones legales que la desaprueban. ^.^.^ \, e-i^'imm^miiiyimm.^iñm*m*aM'-f^f<Hi Como es sabido, para la filosofía interaccionista de la reaction approach, lo decisivo no es la conducta criminal o desviada (cualidad de la acción), ni la bondad de las valoraciones que la prohiben, ni el porqué de la desviación (teorías de la criminalidad), sino los procesos sociales de interacción que, de acuerdo con el criterio discriminatorio del estatus social y no del hecho ejecutado, atribuyen la etiqueta de «delincuente» a u n a persona (teorías de la criminalización). O, dicho de otro modo, lo significativo no es el «crimen» en sí, sino el fimcionamiento del control social cuyas instancias «crean» la criminalidad, «reparten» criminalidad: el crimen, en sí, no existe, es u n atributo o etiqueta que se atribuye''*. •' Dicha concepción, aunque no pretenda exculpar ciertas infracciones (mala guia prohibita), sino censurar la injusta selectividad del control social, hace depender, en definitiva, de éste, del control social, la noción de delito (eficacia «constitutiva» del control social), vicio metodológico que comparte con la antes expuesta tesis de Tappan —su antagónica— y que cierra el paso a cualquier análisis teórico sobre la esencia del comportamiento criminal y factores etiológicamente relevantes del mismo. Objeciones semejantes merecen, por último, los intentos llevados a cabo desde la Filosofía general, la Sociología e incluso la Antropología*^,
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de formular un concepto «material» de delito, privativo de la Criminología V distinto del «jurídico-formal» (jurídico-penal). Es el caso, en primer lugar, del llamado delito natural.
GAROFALO"^ lo definió como «una lesión de aquellaparte del sentido moral que consiste en los sentimientos altruistas fundamentales (piedady probidad) según la medida media en que se encuentran en las razas humanas superiores, cuya medida es necesaria para la adaptación del individuo a la sociedad». FERRI y BERENNINI propusieron otrafórnnula no más precisa: «Son acciones punibles las determinadas por móviles individuales (egoístas) y antisociales que perturban las condiciones de vida y contravienen la moralidad media de un determinado pueblo en un momento dado»'"''. Otros autores, como HURWITZ'", invocan el criterio sumamente ambiguo de la «peligrosidadsocial», que adquiere connotaciones antropológicas cuando se utiliza por algunos como sinónimo de «temibilidad» o «estado peligroso»'''^; o pretenden resolver el problema contraponiendo los términos «asocialidad» y «antisocialidad»^°.

La tesis positivista del «delito natural» ha recibido justamente toda suerte de críticas^^: es ambigua e impracticable. Y t a n normativista — aunque pretenda no serlo— como la jurídico-formal, con la única particularidad de que las valoraciones a las que implícitamente remite pertenecen a un ámbito sociocultural bastante más etéreo e impreciso que el del Derecho^^. Tampoco convencen las formulaciones iusnaturalistas, en su intento de buscar u n a base ontológica al hecho criminal o de criticar el ius
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Uno de sus representantes más significativos, H. S. BECKER (The Outsiders: Studies i n t h e Sociology of Deviance, New York, 1963, Free Press, pág. 9), afirmaba: «Deviance is not a quality ofthe act the person commits, but rather a consequence ofthe application by others of rules and sanctions to an offender. The deviant is one to whom the label has been successfully applied; deviant behavior is behavior that people so label...». Vid. LANGE, R., W a n d l u n g e n in der kriminologischen G r u n d l a g e n des Strañrechtsreform, en: 100 J a h r e n deutsches Rechtsleben (Festschrift zum

hundertjáhrigen Bestehen des Deutschen Juristentages, 1860-1960,1, Karlsruhe, 1960, págs. 346 a 381). Cñ-. EISENBERG, U., Kriminologie, cit., pág. 7. GAROFALO, R., Criminología, 1885, págs. 30 y ss. FERRI, E., Principios, pág. 359. Cñ-. RODRÍGUEZ DEVESA, J. M^ Derecho Penal Español, P.G. (1985), pág. 74, nota 17. HURWITZ, S., Criminology, 1952 (London), pág. 372. Sobre el problema, vid. PINATEL, L., Criminología, Traite de Droit Penal et de Criminologie, III, 2^ ed. (1970). París, págs. 500 y ss.; MANNHEIM, H.. Vergleichende Kriminologie. Ein Lehrbuch in zwei Bánden, Stuttgart, 1974 (en otro sentido). Cfir. EISENBERG, L., Kriminologie, cit., pág. 7. Así, por todos, MERGEN, A., Die Wissenschaft vom Verbrechen. 1961, pág. 74. También RODRÍGUEZ MANZANERA, L., Criminología, cit., págs. 22 y 23. Vid. HENTIG, V. Crime and its condictions, 1947, Parte Primera, passim. Cfr. RODRÍGUEZ DEVESA, J. M^ Derecho Penal Español, P. G., cit:, pág. 74. Criticando acertadamente el concepto de «delito natural», PHILLIPSON, M., Die Paradoxie der sozialen Kontrolle und die Normalitát des Verbrechens, en: Seminar. Abweichendes Verhalten, I., Suhrkamp (1975), págs. 127 y ss. Ajuicio del autor, el concepto de «delito» es inseparable de un contexto sociocultural, y de u n a s definiciones sociales que imponen determinadas normas de comportamiento.

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positum'^. Probablemente hayan sabido denunciar las insuficiencias del formalismo jurídico-positivista, y el relativismo valorativo de éste: la propia experiencia demuestra que en todos los sistemas, abstracción hecha de las coordenadas variables de tiempo y lugar, suele existir siempre un núcleo homogéneo y constante de valores socialmente compartidos, un consenso^^. Ahora bien, no han podido explicar por qué sólo se incriminan con u n a p e n a ciertas conductas, ni tampoco la historicidad y circunstancialidad de las prohibiciones legales, su evolución interna, las notorias discrepancias que separan los diversos derechos nacionales, etc. El hecho de que no se haya ofrecido ningún criterio material y generalizador de «delito» —ni, por supuesto, un catálogo cerrado de «delitos naturales», de prohihita guia mala, etc.— corrobora la imposibilidad del empeño. En cualquier caso, si lo que se pretende es elaborar un concepto de «delito» neutro, libre de valoraciones «formales» (penales), con respaldo empírico, la teoría del delito «natural» —^y sus afines— fallan (como falla, también, la «íeona de la desviación», según se verá después) ya que todo concepto no formal de delito aparece forzosamente unido a valoraciones socioculturales; esto es: todo concepto no formal de delito es un concepto normativo o valorativo. En efecto, en el ámbito de la Sociología se ha tratado de acuñar una noción estrictamente criminológica de delito acudiendo al término desviación (conducta desviada, deviant hehavior, abweichendes Verhalten, etc.)^^. Por su amplitud y aparente neutralidad, parecía

aiustarse mejor que el estrecho concepto jurídico-formal de delito a las exigencias de u n a investigación criminológica realista y pluridimensionaP*^. Sin embargo, cabe cuestionar que contribuya a u n a satisfactoria autodefinición objetiva y segura del ámbito material de la Criminología. Primero, por su relatividad y circunstancialidad intrínsecas. No existen conductas desviadas in se o per se, ni puede elaborarse apriori un catálogo de las mismas: u n comportamiento se define como desviado en la medida en que se aparte de expectativas sociales cambiantes^'', de la mayoría social. La desviación no reside en la conducta misma, sino en los demás. Tal imprecisión resta rigor científico y operatividad al concepto de «desviación». Las muy diversas acepciones doctrinales del mismo^^ y, sobre todo, la prolija y heterogénea relación de conductas concretas que, por unas u otras razones, h a n merecido la etiqueta de «desviadas» — véase el ejemplo muy significativo del catálogo de San Francisco—^^, deben prevenir al criminólogo respecto a los riesgos del empleo de instrumentos t a n equívocos al delimitar el ámbito de su quehacer científico. En segundo lugar, el concepto de «desviación» no ofrece tampoco u n a alternativa válida al subjetivismo, al relativismo y al formalismo del concepto jurídico-penal áe «delito». Contrapone simplemente a éste otro concepto también subjetivo y valorativo —mucho más impreciso y relativo—^°, con lo que no satisface el proyecto —por otra parte inviable, como se dijo— de formular u n a noción apriorística, objetiva y segura, de iQaja'mplm^- 09X:
Así, KAISER, G., Kriminologie, cit., pág. 119 y ss., para quien el concepto «normativo» de la desviación enriquece u n a óptica estrictamente jurídica y, por ello, demasiado estrecha en las investigaciones criminológicas, si bien no puede sustituir por completo el concepto penal de delito. Vid., en este sentido, WISWEDE, G., Soziologie abweichenden Verhalten, 1979, S t u t t g a r t , p á g s . 18 y ss; O P P , K. D., A b w e i c h e n d e s V e r h a l t e n u n d Gesellschaftsstrukturen, Darmstadt, 1974, Neuwied, págs. 38 y ss; PARSONS, T., The Social System, New York, The Free Press of Glencoe, págs. 250 y 251; MATZA, D., El proceso de desviación, cit. págs. 21 y ss.; VOLD, G. B., Theoretical Criminology, cit. págs. 253 y ss.; VETTER, H. J., y SILVERMAN, I. J., Criminology and Crime. An Introduction (University of South Florida), 1986, Harper-Row Publishers, págs. iiyss. Ctr. KAISER, G., Kriminologie, cit., págs. 118 y ss. ,jii„.f-i;.,:„,f, - r „, Vid. EISENBERG, U., Kriminologie, cit., pág. 7. !"";,' Vid. KAISER, G., Kriminologie, cit., págs. 118 a 120. WP. 'P: ^'^^X :

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Así, la contraposición: mala quia prohibita/prohibita quia mala. En cuanto a la efectiva constatación de dicho consenso social en un momento dado y en u n a concreta sociedad, vid. GAEEIDO GENOVÉS, V., Relaciones entre sociedad y sistema legal, en: Psicología social y sistema penal, cit., págs. 48 y ss. (el autor relaciona las investigaciones empíricas que parecen demostrar la existencia de tal consenso). El punto de partida de la Criminología crítica y radical es el contrario: no existe consenso alguno en la moderna sociedad plural y democrática sobre los valores que integran el modelo o diseño social, sino conflicto (vg., paradigma conflictual); el orden social, en consecuencia y según aquellas no recibe u n refrendo expreso o tácito de los ciudadanos que derive del conocimiento del mismo y de su efectivo funcionamiento, sino —en último caso— un respaldo que descansa en la ignorancia por parte de aquéllos de cuáles son los principios que realmente inspiran el sistema y su concreto modo de operar (tesis de POPITZ). Cfr. GARCÍA-PABLOS, A., Problemas actuales de la Criminología, Madrid, 1984 (Publicaciones del Instituto de Criminología), pág. 105 y ss. Vid. EISENBERG, U., Kriminologie, cit., pág. 7; KAISER, G., Kriminologie, cit., págs. 118. Vid. LÜDERSSEN, K., Seminar. Abweichendes Verhalten. I., Die selektiven Normen der Gesellschaft, (Suhrkamp), 1975, págs. 7 y ss (Einführung).

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base empírica, de delito independiente de valoraciones legales para uso privativo de la Criminología.
ni; f En resumen: la autonomía de la Criminología como ciencia empírica e interdisciplinaria obliga a la misma a autodefinir su propio objeto. Contrario a dicha autonomía sería negar tal posibilidad, haciendo coincidir el concepto criminológico de delito con el derivado de las definiciones legales (Criminología como ciencia «auxiliar» del Derecho Penal) o del funcionamiento del sistema penal (realismo sociológico legitimador). Ahora bien, no parece posible elaborar un concepto estrictamente criminológico de delito, autónomo, que prescinda de las valoraciones legales formales (teoría del «delito natural», teoría de la desviación) porque cualquier intento no hace sino sustituir —o intentar sustituir— un determinado concepto normativo (el legal) por otro concepto no menos valorativo que el anterior, pero más ambiguo e impreciso, cuyas definiciones residen en terrenos metajurídicos: ideales (iusnaturalismo), socioculturales (teoría de la desviación, etc.). En último término, es una contradicción lógica sugerir la existencia de un concepto neutro de delito, dotado de sustrato empírico, desligado de las valoraciones legales. Como lo es también la suposición que subyace a dicha hipótesis: que una ciencia empírica relativa al crimen, esto es, al comportamiento del ser humano en sociedad, deba ser una ciencia aséptica, libre de toda valoración.

oolítico criminales - a n t a g ó n i c o s — de descriminalización o de neocriminalización. El concepto penal es u n concepto empírico, real y dinámico. b) Relativización y problematización e n la m o d e r n a C r i m i n o l o g í a del concepto de delito

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El concepto de «delito» se ha visto sometido a un acelerado proceso de relativización y de problematización, que no puede desconocerse en el momento de trazar los contornos del objeto de la Criminología. El citado proceso refleja u n a importante crisis, en el plano axiológico, de los valores tradicionales''^ No se trata, pues, de la conocida circunstancialidad o historicidad de las definiciones legales (penales) de delito, fácilmente constatable en algunas figuras si se hace un somero seguimiento de la evolución del ius positum o se compara éste con otros. Los movimientos político-criminales de neocriminalización (incriminación de conductas antes no castigadas) y de descriminalización (fenómeno inverso) expresan ese continuo cambio valorativo al que se hallan indefectiblemente expuestas las decisiones de todo legislador. Pero la relativización y problematización del concepto de delito no se refieren a dicho fenómeno que, por otra parte, sólo afecta de modo sensible a concretas definiciones legales. Con el término «relativización» tampoco se quiere aludir al acotamiento selectivo y fragmentario de la realidad (criminal) que lleva a cabo la ley al trazar sus definiciones, pues tal proceder viene impuesto preceptivamente por el principio de legalidad''^, limitación o servidumbre inherente a cualquier concepto jurídico-penal de delito en el marco del Estado de Derecho que es necesario asumir, por más que aporte, a menudo, u n a imagen pálida y mutilada del hecho delictivo, en claro contraste con la comprensión global y totalizadora del mismo que persigue la Criminología. Por relativización y problematización del concepto de delito se entiende el profundo cambio que se h a operado en el análisis del hecho criminal como consecuencia de las aportaciones de diversas disciplinas y enfoques (teorías anémicas, subculturales, psicoanalíticas, conflictuales.
f^oíohifflisO'ñí íífasalaiftesaBífiaídíirfi- .-.i^ ,aíX|aAH-A.KWlAa/.^!3ti jS Vid. GAECÍA-PABLOS, A., Problemas actuales de la Criminología, cit., págs. 89 y ss. Vid. RODRÍGUEZ DEVESA, J. M^ Derecho Penal Español, P. G., cit., pág. 176.

El enfoque interaccionista del labeling approach, finalmente, no sólo no ofrece u n a alternativa al concepto jurídico-formal de delito, sino que al propugnar un concepto «definitorial» de crimen niega la posibilidad teórica de elaborar u n a noción criminológica de «delito» independiente del control social y de su concreto (injusto y selectivo) funcionamiento. Aunque sus respectivos presupuestos ideológicos difieran radicalmente, las teorías de la reacción social {labeling approach) y las del law in action (realismo sociológico) autoinvalidan cualquier intento de fundamentar un concepto material, ontológico, de delito. En definitiva niegan la existencia de éste, al hacerlo depender del control social y sus instancias criminalizadoras. Sustituyen cualquier noción previa, o las definiciones legales, por el subproducto final —injusto, discriminatorio y caprichoso— del funcionamiento del sistema, incurriendo en un claro círculo vicioso cuando t r a t a n de ofrecer, después, un perfil realista del delito o u n a imagen general del infi:-actor. . ,,,. íñ"» ; f y i,; ^ No obstante, los enfoques sociológicos (y, en particular, los de orientación interaccionista y conflictual) h a n desmitificado con saludable realismo el concepto formal y estático de delito de la Criminología clásica, llamando la atención sobre la insuficiencia de éste. La Ciencia Criminológica, en efecto, no puede operar con u n concepto estrictamente normativo de crimen ni desconocer los procesos sociales que preceden y suceden- a las definiciones del legislador penal, esto es, el proceso histórico y real de creación y aplicación del Derecho; y los movimientos

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interaccionistas, etc.). Cambio o convulsión que si, acaso, no autoriza a hablar de u n cambio de paradigma científico, sí permite, al menos, contraponer, como hace un sector de la moderna Criminología, dos orientaciones: la clásica o convencional {«positivista») y la «crítica»^^. La Criminología tradicional partía de un concepto de delito sólido, monolítico: el concepto legal. Su naturaleza «auxiliar» como disciplina subordinada al Derecho Penal obligaba al criminólogo a aceptar, sin más, las definiciones jurídico-penales de delito. Se veía en las mismas un auténtico correlato del Decálogo, dotadas de incuestionable respaldo ontológico; y en el delito, el comportamiento socialmente nocivo y disfimcional de u n sujeto distinto de los demás ciudadanos, patológico y reprobable, que se alzaba de modo incomprensible contra los pilares del consenso sociaP''. Los dogmas de este modelo clásico, sin embargo, h a n sido objeto de diversas críticas''^. -_:.-,, - - ^ ¿ . ^
El estructura/-func/'ona//smo {\eor'\as de la anomia) ha rebatido la naturaleza patológica que tradicionalmente se atribuía al delito, argumentando que éste es consecuencia del normal funcionamiento del sistema social. Frente al principio del bien y el mal (la sociedad representa el bien, el delito y el delincuente, el mal), las a^ teorías anémicas apelan a la funcionalidad del crimen, cuya etiología aparece unida —afirman estas teorías—a los procesos sociales ordinarios y cotidianos de un orden social intacto. Los paradigmas subcu/tura/es cuesX\or\an el carácter supuestamente consensual del orden social, por entender que una sociedad plural y democrática cuenta con una pluralidad de códigos axiológicos, todos ellos legítimos, que reflejan las convicciones valorativas de los subgrupos y minorías. El delito, desde una óptica subcultural, no es el atentado a unos valores incuestionados, universales, sino la ^:' expresión simbólica de los valores privativos de un subgrupo o minoría que se rebela B contra las definiciones oficiales. ^^B"Oi Las teorías de la socialización y el aprendizaje socialmds\X\Qn%x\ que el individuo ' M t Ü aprende el crimen a través de los mismos mecanismos de aprendizaje del compor?0| ,. tamiento no delictivo. Lo que decide no es tanto la opción libre y culpable de alzarse .,: contra la ley, como la pertenencia —no escogida— del individuo a un grupo u otro, esto es, los consiguientes procesos diferenciales de socialización que le permitirán

Interiorizar las pautas de conducta convencionales o las delictivas. Se cuestiona, así, el principio de culpabilidad, básico en el concepto de delito de la Criminología clásica. Las doctrinas psicoanalíticas han contribuido, también, a este proceso de relativización y problematización del concepto de delito con la sugestiva imagen del delincuente como «alma atormentada»^^ que «busca la pena» para neutralizar complejos de culpa originados en una infancia traumática. En todo caso, al convertir a éste en «chivo expiatorio» de una sociedad que castiga no porque la conducta lo merezca, sino porque necesita castigar (función consolidadora y liberadora del crimen: los mecanismos de «proyección» y «expiación» como catalizadores de la agresividad y frustración de la sociedad), el psicoanálisis desmorona el fundamento ético del castigo y la propia racionalidad del mismo. El modelo de conflicto ha rebatido, sobre todo, el principio tradicional de los «interesesgenerales»^ e\ «biencomún», cuya vulneración se suponía encarnaban las definiciones legales de delito de los diversos Códigos. Para las teorías conf lictuales, las variables del proceso de definición se hallan en las relaciones de poder de los grupos sociales, de acuerdo con la estratificación social y los conflictos de intereses. El concepto de delito carecería de todo sustrato ontológico, material: delito es lo que define como tal el grupo que conquista el poder, de acuerdo con sus intereses. Finalmente, el enfoque interaccionista del labeling approach ha acuñado un concepto definitorial de delito, sin otra referencia que el funcionamiento selectivo del control social (es el control social quien «crea» el delito). Para esta orientación sociológica una conducta no es delito por las cualidades objetivas inherentes a la misma, o por los méritos de su autor, sino porque resulta etiquetada como tal por ciertos procesos de definición y selección sociales muy discriminatorios, que actúan con arreglo al criterio del rol y el estatus del afectado. En consecuencia, el concepto dedelitoseproblematizaal máximo. La investigación, según los teóricos del labeling approach, debe desplazarse de los factores criminógenos (variables independientes, en el enfoque de las teorías de la criminalidad convencionales) a los procesos de criminalización mismos, al concepto de delito (variable dependiente). Las teorías chminalizadoras que propugna el labeling approach, por tanto, no son teorías etiológicas ya que cuestionan incluso la noción de delito. ^ir>n0g

Por ello, el concepto de delito que utilice la Criminología no puede ser ajeno a este proceso de relativización y problematización impuesto por las ciencias sociales. Precisamente porque la Criminología, como ciencia empírica e interdisciplinaria, persigue un análisis global, totalizador, multidimensional del problema del crimen. c) C o n c e p t o j u r í d i c o f o r m a l ( p e n a l ) d e «.delito» y c o n c e p t o criminológico: eventuales discrepancias mim.is-im^ La Criminología toma como punto de partida el concepto jurídico penal de delito. Pero no opera sólo y exclusivamente con éste, ni s( se
!.j €S'is''Ví'iaa,\ \ ^h -f

íihní :*^istí4siatf-.if)/üy'oi3Bioq0:iBiiiBa»0'p.>fStóafiQ.©tooiüa^
•^^ Así, por todos, BAEATTA, A., Criminología y Dogmática Penal. Pasado y futuro del modelo integral de la ciencia penal, en: Papers, Eevista de Sociología, Universidad de Barcelona (1980), 13, págs. 17 y ss. Cfr. GARCÍA-PABLOS, A., Problemas actuales de la Criminología, cit., págs. 82 y
ss.

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Vid. infra: capítulos XVII (teorías estructural-funcionalistas), XVIII (modelos subculturales), XIX (teorías de la socialización y el aprendizaje), XX (enfoque interaccionista) y XXI (paradigma conñictual).

Vid. VOLD. G. B. Theoretical Criminology. cit., pág. 135

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somete siempre, y sin más, a las definiciones formales del Código Penal. E n definitiva, el concepto legal sirve para delimitar y orientar el campo de la investigación criminológica, pero no como criterio único y excluyente, porque la Criminología, como ciencia empírica, aborda el problema criminal de un modo sui generis, con u n a perspectiva distinta a la del Derecho Penal y demás disciplinas jurídicas. Tiene unas necesidades y fines propios, unas técnicas e instrumentos diferentes, unas valoraciones eventualmente diferentes, también, de las penales. El concepto penal y el concepto criminológico de delito son, unas veces, círculos concéntricos; secantes, otras. Las discrepancias nacen de las respectivas funciones del Derecho Penal y la Criminología. Las definiciones penales de delito se orientan.a unas operaciones hermenéuticas (interpretación, calificación y subsunción) cuyo cometido no es otro que la aplicación de la ley. Los «tipos penales», por imperativo del principio de legalidad, definen las conductas delictivas, para lo que el legislador tiene que dar u n corte parcial y fragmentario, abstracto, que acota y aisla de la realidad un concreto supuesto de ella^'^. La labor del jurista gira en torno a estos «tipos penales» abstractos, que responden a decisiones valorativas, normativas. Debe comprobar si el hecho sucedido puede o no puede encajar —ser subsumido— en el supuesto de hecho de la norma, confrontando ambos. Se analiza, pues, el hecho a los solos efectos de su eventual subsunción en la ley. Las exigencias «garantistas» no operan, como es lógico, en la Criminología (disciplina empírica) que puede analizar el fenómeno delictivo en su totalidad real y de modo directo; no a través de los tipos legales, ni desde opciones normativas previas que encorsetany mediatizan la realidad de aquél. P a r a la Criminología, la correcta calificación jurídica del supuesto es algo secundario, formaP^, porque lo que interesa es obtener u n a imagen global del hecho y de su autor®^. Lógicamente, por ello, no siempre coincidirán los diagnósticos criminológicos con las calificaciones penales. Pues mientras el penalista no tiene otra referencia que el «tipo legal», el cliché valorativo y abstracto de la ley, el criminólogo puede desentenderse de éste, trascenderlo, para -o:íL2.:'mit)jqBmQ9de abi^imi ehoAmiq ornas smoj fiaíiTBYigííbxe^v .ofós'tBiíjqo^ofi'^oia-i ..«HAISC atici,
•^ ^ •'^ '^^ E n este sentido, GOPPINGER, H., Criminología, c i t , págs. 3 y 4. í^: ,:;;. ' w Así, expresamente, BONGER, W. A., Introducción a la Criminología, cit., pág. 39. Vid. GOPPINGER, H., Criminología, cit., pág. 4.

'nvestigar la etiología del hecho examinado real, sus formas de aparición o fenomenología, su estructura interna y dinámica, etc. El penalista, califica; el criminólogo, analiza. El penalista actúa desde la norma legal; el criminólogo, desde la realidad: el primero busca el significado que un comportamiento tiene para el Derecho; el segundo, el significado del hecho desde u n punto de vista total y globalizador investigando la posición que corresponde al mismo en u n a imagen general del autor en sus interdependencias sociales^". E n este sentido cabe afirmar que el Derecho Penal emite u n a calificación «formal», y la Criminología u n diagnóstico «real».
Determinadas infracciones «patr¡mon¡ales»[«hurtossustitut¡vos>>, «cleptomanía», etc.) que para el Derecho Penal sólo tienen interés, en su caso, como delitos contra la propiedad, merecen, desde un punto de vista criminológico, una valoración mucho más matizada y diferenciada. A menudo pueden explicarse en función de impulsos sexuales o de reacciones primitivas^' que nada tienen que ver con un supuesto afán de lucro del autor. Lo mismo sucede —o puede suceder— con la piromanía^^ cuya calificación penal (tipicidad penal) suele distanciarse del entramado biológico y motivacional real que caracteriza criminológicamente el significado de este comportamiento, por más que desde una perspectiva externa presente engañosas afinidades con los delitos patrimoniales. La doctrina criminológica ha llamado la atención desde un principio sobre estas discordancias valorativas, de modo muy especial a propósito de ciertos delitos «sexuales», por razón de su morfología externa, que, sin embargo, desde un punto de vista estructural, merecen una calificación bien distinta. Lo que sucede, también, en sentido inverso^^

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Así, GOPPINGER, H., Criminología, cit., pág. 4. Cfr. SEELIG, E., Lehrbuch der Kriminologie, cit., págs. 106 y ss., especialmente, 107 (delincuente sexual y delincuente de reacciones primitivas). Ajuicio del autor, numerosos casos de sustracciones llevadas a cabo por personas que gozan de un cómodo estándar de vida y no padecen enfermedad mental alguna (Warenhausdiebinnen) se explican por impulsos primitivos, con connotaciones a menudo sexuales, ocultas; distintos de estos hurtos sustitutivos singulares (la cosa es posteriormente devuelta y el propio hurto se enmarca en un contexto de infidelidad conyugal y de necesidad de expresar afecto) son los muy variados supuestos de cleptomanía en sentido estricto; la cleptomanía puede conectar con manifestaciones áe «labilidad de ánimo», o incluso con enfermedades psíquicas enmascaradas. Cfr. GOPPINGER, H., Criminología, cit., págs. 178 y ss. y 493 y ss. (y amplia reseña bibliográfica allí citada). Sobre l&piromanía, en general, vid.: SEELIG, E., Lehrbuch der Kriminologie, cit., págs. 106 y ss. (y bibliografía allí citada). También GOPPINGER. H., Criminología, •^it-. págs. 187 y ss. (para este autor, se explica, fundamentalmente, por una labilidad de humor). •^obre la no coincidencia rigurosa de los diagnósticos penales y los criminológicos en Orden a la caracterización de un hecho como delito sexual, vid., por todos, SEELIG, E-, Lehrbuch der Kriminologie, cit., pág. 86.

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Corresponde precisamente a los teóricos de los modelos subculturales (COHÉN, y otros) el mérito de haber llamado la atención sobre eventuales discrepancias entre la valoración jurídico-penal de u n hecho y la significación criminológica del mismo. Así, COHÉN advirtió cómo, en el marco de la denominada criminalidad 'subcultural', ciertas conductas constitutivas de delitos contra el patrimonio (hurtos, robos, etc.), cobran u n a lectura científica bien distinta cuando se realizan por jóvenes integrantes de pandillas, si el analista pondera las claves actitudinales, estructurales y motivacionales reales de tales comportamientos^*. específicamgnte criminológica ..._, > lBrí0q OflosieQ tefiísa suo f.ot 8 Ciertamente la Criminología carece de u n concepto privativo de delito distinto del jurídico-penal. Este constituye su punto de partida, a menudo trascendido por las particularidades y cometidos del análisis criminológico, empírico, que provocan, según se ha expuesto, valoraciones eventualmente discordantes. Criminología y Derecho Penal abordan, en todo caso, el suceso criminal con enfoques diferentes. Puede, incluso, afirmarse que existe un ámbito o perspectiva de análisis específicamente criminológico: zonas de la realidad criminal que sólo interesan a la Criminología, o que interesan a esta disciplina empírica de un modo muy distinto a como puedan interesarle al Derecho Penal. a') H e c h o s p e n a l m e n t e atípleos, relevantes p a r a la C r i m i n o l o g í a Prueba inequívoca de que la Criminología no se halla subordinada a las definiciones legales, al concepto penal de delito, es que se ocupe de conductas y hechos no sancionados en los códigos penales como delictivos. El suicidio, el alcoholismo, la prostitución (su ejercicio), la drogodependencia (el autoconsumo), etc., no se incriminan en el Código Penal (español) y, sin embargo, interesan sobremanera a la Criminología en cuanto factores y situaciones criminógenos o significativamente asociados al delito''^.
-SitM

h') El l l a m a d o campo delincuente

previo

del c r i m e n y la esfera social

1') Ámbito

o perspectiva

El hombre se hace delincuente sólo a través de la lesión de la norma iurídica. Pero en numerosos reincidentes pueden apreciarse ya datos, rasgos y disfunciones «precriminales» mucho antes de la comisión del delito, según una conocida hipótesis criminológica'^'^. La amplitud y designación de dicho campo previo es problemática^'' porque ni se h a n constatado inequívocamente aquellos factores en todas las «carreras criminales», ni faltan, tampoco, anomalías «predelictivas» en ciudadanos que no llegan a enfrentarse nunca con las leyes. E n cualquier caso, parece obvio que el denominado campo previo sólo puede ocupar la atención de las ciencias criminológicas. La intervención del Derecho Penal, como es sabido, requiere la realización, siquiera incompleta o simplemente iniciada, del tipo penal (principio de ejecución), salvo en el supuesto excepcional de los actos preparatorios punibles^®. Desde esta óptica cronológica, existe, también, otro ámbito reservado a la Criminología, que podríamos denominar posterior, posterior a la comisión del delito o al cumplimiento de la pena. P a r a el Derecho Penal puede tener algún interés, pero a los solos efectos que le son propios (vg., rehabilitación, reincidencia, etc.), excepcionalmente, y valorando hecho a hecho. P a r a la Criminología, por el contrario, u n análisis evolutivo, procesual, longitudinal del autor, de su conducta y actitudes, incluso después del delito o de la extinción de la pena, constituyen parte integrante de algunas de sus técnicas de investigación «dinámicas» (estudios longitudinales de «carreras criminales», follow-up o seguimiento de reincidentes, etc.). El Derecho Penal se enfrenta al delito cometido, al hecho real, desde el tipo legal abstracto, con un enfoque normativo, aislando el acontecimiento fáctico del resto de la realidad personal y social del delincuente. Sin embargo, el delito suele ocupar un espacio muy pequeño —a veces es un mero paréntesis— en la vida del delincuente. La Criminología, por ello, concede gran interés al estudio de determinados «círculos sociales»
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COHÉN, A.K., Delinquent Boys, The Culture of the Gang, 1955 (Glencoe), Illinois, pág. 26 y ss. Sobre el problema, por todos, vid. KAISEK, G., Kriminologie, cit., pág. 3 y bibliografía allí reseñada; CEREZO MIR, J., Curso de Derecho Penal Español, Madrid (Temos), 1981, págs. 69 y ss. y nota 24.

Cfr. GOPPINGER, H. Criminología, cit., págs. 6. Vid. KAISER, G., Criminología. Una introducción a sus fundamentos teóricos, cit., pág. 20. aobre el problema del campo previo y sus implicaciones, vid. GOPPINGER, H., Criminología, cit., págs. 6 y 7 (campo previo, état dangereux, actos sociales fallidos, d-eviantbehavior, etc.). •• ' •

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próximos al crimen, que configuran la personalidad del autor y en los que éste ocupa y consume su vida, su tiempo. Si el Derecho Penal pondera conflictos ocasionales, puntuales, del individuo con parcelas concretas de la ley, la Criminología pone el acento en la personalidad total del autor en sus interdependencias sociales™. c') L a d i m e n s i ó n colectiva del delito

9') Renuncia

a un concepto

unitario

de «delito»

En los últimos años h a encontrado gran acogida u n a nueva actitud etodológica, flexible, que acentúa la funcionalidad del concepto de delito», a los efectos de optar a favor de u n a noción jurídico-formal ínenal) o material, según las finalidades de la investigación criminológica. La relativización y problematización del concepto mismo de delito, operada en el campo de la sociología general; la insuficiencia, en muchos supuestos, de un concepto jurídico-formal de crimen, derivado de las definiciones cambiantes del ius positum; y el fracaso de todos los intentos llevados a cabo hasta la fecha de acuñar un concepto material, estrictamente criminológico de delito, h a n precipitado este planteamiento pragmático y escéptico al propio tiempo. :>¡¿^^ A tenor del mismo, carece de sentido cualquier decisión apriorística que condicione fatalmente —^y limite o impida— los propósitos de cada investigación. Procede operar en el sentido opuesto, y optar por un concepto penal de delito o por otro material de acuerdo con las características y exigencias de cada investigación criminológica. De este modo, si se quieren estudiar cuestiones jurídico-políticas relativas a la descriminalización, neocriminalización, etc., de determinados comportamientos, será necesario partir de u n concepto material de delito. Por el contrario, si se pretende analizar el volumen, estructura y movimiento de la criminalidad, la definición jurídico-formal (penal) de delito parece debe tomarse como punto de partida®^.
listón
flw'fA* -a \r íM^^otvvrtA

P a r a el Derecho Penal, el crimen es, fundamentalmente, u n acontecimiento aislado y singular, individual. Sólo metafóricamente, utilizando una ficción estadística, cabe hablar de «la» criminalidad desde un enfoque técnico-jurídico. «La» criminalidad, jurídicamente, es u n a abstracción: la suma o total de infracciones singulares acaecidas. Por el contrario, criminológicamente, el delito debe contemplarse no sólo como hecho individual, sino también como hecho social, colectivo, y como magnitud susceptible de cuantificación. Esta faceta o dimensión suele trascender a conocidas definiciones ya clásicas de la Criminología^°. d') La p e r s p e c t i v a internacional ¡> mm'^fi^mímmmííi'mm:

T. El método iuscomparatista tiene u n a virtualidad muy limitada en el Derecho Penal. No obstante, significativas manifestaciones de la criminalidad moderna reflejan la complejidad e interdependencia que caracteriza la sociedad de nuestro tiempo. La Criminología, por ello, no puede quedar prisionera^^ de ningún concreto derecho positivo, subordinándose sumisamente a las respectivas definiciones de delito, pues empobrecería y limitaría su propio análisis. La concreta configuración de un delito en un determinado ordenamiento no h a de ser barrera insalvable para u n a disciplina empírica que pretende obtener u n a imagen total y globalizadora del fenómeno real del crimen. apiua*> %tfj¡t^paíti4^n^
,.-., •,.,. Míffob;fósí^l2S<ierr3<'

d ) E l c r i m e n c o m o problema

social

y

-.83 comunitario^

El crimen, viejo demonio de la humanidad, ha merecido toda suerte de conceptuaciones de parte de filósofos, moralistas, ideólogos, juristas, sociólogos, etc. Unas —las más—patologizan el fenómeno criminal, subrayando su laz aflictiva y disfuncional. Términos y expresiones como «tumor», Kr^\........
82

toa:,Bíaoíofíi:cí3iriD &J '«iffn^ctffAh í''íB.Rhí^-f:í«9-r-*í?ííiíííés.6cíóaaiiiíi#. ' : metní (mf^' ^b&flíjos, ^
Así, GÓPPINGER, H., Criminología, cit., pág. 6. Resaltando la necesidad de examinar el crimen como fenómeno colectivo: SEELIG, E. V., Lehrbuch der Kriminologie, cit., pág. 7; MERGEN, A., Die Kriminologie, cit., pág. 74; EXNER, F., Biología Criminal, cit., págs. 73 y ss.; SAUER, W., Kriminologie ais reine und angewandte Wissenschaft, 1950 (Berlín), págs. 440 y ss.; MEZGER, E., Criminología, Madrid, Edit. Revista de Derecho Privado, págs. 201 y ss. Este t; enfoque del crimen como fenómeno de masas, colectivo, parte de la llamada Estadística Moral y se consagraría, con las concepciones sociológicas, nnri-í^ " Así, GÓPPINGER, H., Criminología, cit., pág. 4. ...V-i-ib ™ *"

r -^^^^^^ i:,m\MiT\i.\omuo íw'ag sb iíCib.Bir:tq'.!'j.ao') sí aiaigua

Vid. KAISER, G., Criminología. Una Introducción a sus fundamentos teóricos, cit., pág. 77. Vid., también, FIGUEIREDO DÍAS, J., COSTA ANDRADE, M., Criminología, cit., pág. 90. ^id., BARATTA, A., Problemi sociali e percezione della criminalitá, en: Dei delitti e delle pene, (I), 1983, págs. 15 y ss.

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«lacra», «epidemia social» (referidos al delito) t r a t a n de definir taii¡j dolorosa realidad, sugiriendo u n a intervención 'quirúrgica' en la misma; las propuestas más radicales llegan a convocar, incluso, genuinas cruzadas para erradicarlo de la faz de la tierra y enarbolan como bandera el utópico e intransigente sueño de una sociedad en paz ..., sin delito '^""''' "'"^*'S*-'<^'^''^ Otras expresan un análisis meramente estadístico del fenómeno criminal, captando t a n solo algunas de sus principales variables. Se habla, entonces, del crimen como «magnitud», como «suceso», «fenómeno» o «hecho social» ... normal (normalidad estadística, no axiológica), 1 esto es, regular, constante. Pero ni el análisis estadístico, ni su frío \ lenguaje cuantitativo, arrojan luz sobre la naturaleza, génesis y etiología de dicho fenómeno, sobre su posible prevención e intervención en el mismo. El mundo del Derecho, por su parte, (re)define el delito con criterios jurídico-formales, normativos (tipo penal, bien jurídico, etc.). El método abstracto y deductivo de aquel, así como el poderoso pensamiento categorial de su dogmática, ven en el crimen el mero supuesto de hecho de la norma penal, el antecedente de la sanción: u n concepto o categoría formal más, pues, que se construye con la mediación de la norma y el auxilio de otros conceptos y categorías jurídicas. Sin embargo, fórmulas < clásicas como «lesión del bien jurídico», «conducta típica, antijurídica y culpable», etc. no pueden esclarecer, por su normativismo, la profunda realidad del crimen, ni aportan un diagnóstico válido sobre tan doloroso fenómeno humano y social. i • . . ' > - . ' • • ; j.- ' ' n* . La moderna Sociología criminal suele definir el delito como conducta «irregular» o «desviada», subrayando algunas escuelas su sustrato 'conflictuaF, el significado 'simbólico' (subcultural) de la opción delictiva, o la relevancia decisiva de ciertos procesos sociales de definición y selección en orden a la propia criminalización de la conducta {naturaleza definitorial, no ontológica, del delito, s e g ú n conocidas tesis ^ interaccionistas). Pienso, sin embargo, que cualquier aproximación científica al crimen sugiere la conceptuación de éste como problema social y comunitario. En efecto, el crimen no es un tumor, ni u n a lacra ..., ni u n a epidemia o cáncer social, como pretenden algunos patólogos. Tampoco un suceso, u n a magnitud, un fenómeno, ni un dato, u n a cifra o un guarismo; estadístico. Ni el justo castigo del cielo, según aserto de moralistas y] sociólogos, para quienes «cada sociedad tiene el crimen que merece». Ni, ^

desde luego, el supuesto de hecho de la norma, el injusto culpable o la lesión de bienes jurídicos, como sugieren los hombres de leyes; ni u n a conducta desviada e irregular que se aparta de convenciones y expectativas sociales, como rezan algunas conocidas formulaciones sociológicas. El delito no es u n a mera 'etiqueta' (labeling approach), ni un 'accidente qocial', ni un 'cuerpo extraño' incrustado en el sistema social: el delito debe contemplarse como doloroso problema social y comunitario. Un «problema social» y comunitario porque concurren en el mismo todos los requisitos que debe reunir un determinado fenómeno para merecer tal caracterización, acuñada por OUCHARCHYN-DEWITT, entre otros: así, su masiva incidencia en la sociedad, su aflictividad y negatividad, su persistencia espacio-temporal (no circunstancialidad) y la falta de un inequívoco consenso social en cuanto a su etiología y técnicas de intervención positiva en dicho fenómeno^*. El crimen es, ante todo, un problema «de» la comunidad, que surge «en» la comunidad y debe resolverse «por» la comunidad. En tal sentido —y no en el 'axiológico', ni en el meramente estadístico— se t r a t a de un fenómeno 'normal', inseparable de la convivencia, inextirpable, que la sociedad debe asumir. La paz de u n a sociedad sin crimen, por tanto, es una paz ficticia e intolerante: es la paz de los cementerios o de las estadísticas falsas. Asumiendo el legado incuestionable del pensamiento estructural-funcionalista, no cabe ya calificar el delito de «cuerpo extraño» al sistema social. Todo lo contrario: acompaña inexorable e ininterrumpidamente al ser humano cualquiera que sea la concreta forma histórica en que éste organice la convivencia. Hunde sus raíces en la propia naturaleza h u m a n a y en los procesos y conflictos inherentes a toda sociedad. Tiene, pues, faz humana, casi doméstica, como tantas otras realidades inseparables de la vida diaria y cotidiana. Hemos convivido y convivimos siempre con él.
Dicha « cotidianiedaó^ del crimen —su faz tiumana y « doméstica»— nada tiene que ver con las tesis economicistas de GARLAND y la denominada « Criminología de ia vida cotidiana», de orientación «sistémica»'^^. Tampoco con ciertas tesis rt'Tí'^í .aoBo BT^ 80fi9fft toq o b a B J t . ;

Cfr., OUCHAECHYN-DEWITT y otros, en: Approches toward social problems: a conceptual model Basic and Applied Social Psychology, 24 (1981), págs.275 a 287. ^ír-, JIMÉNEZ BUEILLO, F., Psicología Social y sistema penal, Madrid, Alianza universidad Textos (1986). obre GARLAND, vid: VARONA MARTÍNEZ, G., La mediación reparadora, cit., ^ag-121. Estas orientaciones radicales, de inspiración «sistémica» se desentienden a génesis y etiología del problema criminal —del marco social y estructural de

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ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA privatistas radicales que subrayan la base confllctual e Interpersonal del problema criminal y proponen la ^< devolución» de éste a sus propietarios, en el marco de una nueva <^justic¡a aldeana» y ^'lega» que sustituiría a las instancias oficiales del sistema {«ladrones del conflicto»). La '•<cot¡dlaneidad> del delito es solo una fórmula que trata de expresar la absoluta 'normalidad' de aquel, como fenómeno inseparable de la naturaleza tiumana y de la convivencia social. iii-«ííB'«»^a'WHi9f

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erradicación del crimen de la faz de la tierra, es u n a peligrosa e ilegítima nuimera cuyos elevados costes no debe asumir u n a sociedad sana y libre, ni siquiera en nombre de u n a mal entendida utopía. Finalmente, la naturaleza 'social' y 'comunitaria' del problema criminal obliga a redefinir el rol efectivo de la sociedad en los tres ámbitos del análisis científico de aquel: el etiológico, el preventivo y el de la intervención. En efecto, la comunidad no es u n mero marco abstracto espaciotemporal, sino un escenario concreto, real, histórico cuya mediación da sentido y traza las coordenadas fundamentales del suceso criminal. No cabe, pues, comprender el problema criminal prescindiendo de la comunidad: cualquier modelo teórico explicativo del comportamiento criminal ha de captar dicha mediación. La prevención del delito h a de ser, también, prevención comunitaria: ha de implicar a la comunidad, movilizando todos sus efectivos y recursos, solidariamente. Por último, la propia intervención en el problema criminal, en la víctima y en el infractor, debe ser cada vez más u n a intervención comunitaria. r"^rr'T'."--V!"rf*"r'^'-^"'f;?írt.>i^' e) D e l i t o y r e a c c i ó n s o c i a l Por más que el concepto criminológico del delito sea un concepto real, fáctico -empírico, y no «normativo», a diferencia del concepto jurídico formal— la constancia o apreciación del hecho criminal (de la delincuencia) y el volumen de ésta dependen de u n a serie de operaciones y filtros, en definitiva, de la reacción o control social, que evidencian su relatividad^^.a"'^" "i " " " AI>IU ue ««iia-jiiá yjiíawjmiso i9C Síioaiííu ÍU-Í
El crimen, en efecto, no es como cualquier objeto físico del mundo natural, como un trozo de hierro^^. Aún cuando no se compartan los postulados radicales del «labelingapproach», en particular, la naturaleza defln/toríaláe\ delito (no ontológica) y la eficacia constitutiva 6e\ control social (éste crearía el delito, no se limitaría a declarar su existencia), nadie discute ya que difícilmente puede comprenderse la realidad del crimen, y su volumen, prescindiendo por completo de la reacción social y de complejos procesos sociales de definición y selección^".

La caracterización del crimen como «problema social» y «comunitario» comporta importantes consecuencias de todo orden. í^fQilt'^ Significa, en primer lugar, que el crimen afecta e interesa a la comunidad misma, a todos sus miembros (el infractor sigue formando parte de ella, es uno más), y no solo al sistema legal o a las instancias, agencias y operadores jurídicos de éste. El problema criminal debe suscitar actitudes de corresponsabilidad y solidaridad en la comunidad. Y, desde luego, de empatia, hacia el infractor y su mundo, para entender «desde dentro» la dimensión real y profunda de este drama tan cercano como enigmático, atíojf© ai «itp%hí?S^¥Í<
Empatia equivale a capacidad de situarse en el lugar de un tercero, de comprender lo que éste siente, de entender sus vivencias, valores, actitudes, percepciones. Empatia no es sinónimo de 'simpatía' hacia el infractor, de complicidad con éste, sino de profundo interés y aprecio por el problema humano y social del delito, compatible con la distancia y neutralidad que se exige al científico. Contraria a la empatia es la actitud cansina y tecnocrática, sin alma, de quienes contemplan el crimen con criterios meramente formalistas, olvidando su trasfondo aflictivo y conflictual, su carga humana de dolor. O la respuesta cínica e insolidaria de cuantos pretenden segregar esta amarga realidad, bien anatematizando al infractor, para justificar la intervención de los psiquiatras —o el bisturí de la pena—, bien enmascarando con un cifrado lenguaje estadístico o pseudocientífico su verdadero significado como problema humano y comunitario. : : ,,'.,. , . , , » • .

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La caracterización del crimen como 'problema social' y 'comunitario' significa, también, u n poderoso límite a trasnochados objetivos políticocriminales. Los problemas sociales no se erradican, se controlan razonablemente. Y es necesario ponderar el coste que la sociedad paga para intervenir legítima y eficazmente, evaluando dicho «precio» y optando por los programas menos gravosos. Proponer, pues, la total
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éste— conformándose con el análisis del sistema mismo, de su eficacia y rendimiento. De hecho, contemplan el crimen como mero «fenómeno sistémico» y asignan a la Política Criminal el cometido de gestionar los riesgos estadísticos del sistema —^y el sistema mismo— proponiendo actuaciones «económicas», «eficientes» y «eficaces», con el consiguiente déficit de solidaridad y erosión de los recursos comunitarios.

Vid. REDONDO ILLESCAS,S., La delincuenciay su control: realidadesyfantasias, en: Revista de Derecho Penal y Criminología de la UNED, n° 8, 2- época juHo 2001 Págs, 309 y ss. Así, gráficamente, RüHTER, W., La Criminalidad —o el delincuente— a través de ias definiciones sociales —o etiquetamiento. En: Cuadernos de Política Criminal, 8(1979), págs. 51 a 53. 'Vid., en esta obra, inñ-., Parte Tercera, IV, 2, F.C. „ ,,,,,

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ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA Para que un hecho en apariencia delictivo merezca definitivamente la cualidad de criminal, esto es, para que se le atribuya tal condición, ha de superar una serie de filtros^'' que manejan, con inevitable subjetivismo y ciertas cotas de discrecionalidad, las diversas instancias del sistema portadoras del control social. En buena medida, criminal no es una cualidad objetiva inherente a ciertas conductas —éstas no son in se o per se delictivas— sino un (des)valor o atributo negativo que se les asigna desde el ordenamiento jurídico. Delito y reacción social, en este sentido, son términos conceptualmente interdependientes. En primer lugar, la conducta controvertida ha de encajar inequívocamente en un tipo penal, condicionamiento normativo esencial ya que los cambios legales — descriminalización o neocriminalización— deciden la propia realidad del crimen y el volumen de éste. Pero otros factores pueden ser, también, determinantes: así, la conducta del denunciante (de hecho, en términos estadísticos, los delitos que efectivamente se castigan son los denunciados, con independencia de que se trate de delitos públicos o privados); la de la policía (los criterios de intervención y la eficacia de la actuación policial); y la de los Jueces y Tribunales, quienes dentro de la Ley, cuentan siempre con ciertos márgenes de discrecionalidad en el proceso de interpretación y aplicación de la norma jurídica a la realidad. Todo ello, sin olvidar que la actuación de las instancias oficiales del sistema no puede ser ajena al contexto social, y que lejos de su ficticia asepsia se vé permanentemente influenciada por los estados de opinión pública y, desde luego, por los medios de comunicación^". Por ello, cabe afirmar la relatividad del concepto de delito, su «problematicidad»^'.
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enfoques individualistas en atención a objetivos político-criminales. El centro de interés de las investigaciones —aún sin abandonar nunca la persona del infractor— se desplaza prioritariamente hacia la conducta delictiva misma, la víctima y el control social. En todo caso, el delincuente se examina «en sus interdependencias sociales», como unidad biopsicosocial y no desde u n a perspectiva biopsicopatógica como sucediera con tantas biografías clásicas orientadas por el espíritu individualista y correccionalista de la Criminología tradicional. a) Pero más significativo es la imagen que se profesa del hombre delincuente: con qué prototipo de criminal se opera en la Criminología, porque son muchas y controvertidas las concepciones que se sustentan sobre el delito y el delincuente. Cuatro respuestas al problema son paradigmáticas: la clásica, la positivista, la correccionalista y la marxista^^. El mundo clásico partió de u n a imagen sublime, ideal, del ser humano como centro del universo, como dueño y señor absoluto de sí mismo, de sus actos. El dogma de la libertad —en el esquema clásico— hace iguales a todos los hombres (no hay diferencias cualitativas entre el hombre delincuente y el no delincuente) y fundamenta la responsabilidad: el absurdo comportamiento delictivo sólo puede comprenderse como consecuencia del mal uso de la libertad en u n a concreta situación, no a pulsiones internas ni a influencias externas. El crimen, pues, hunde sus raíces en un profundo misterio o enigma. P a r a los clásicos, el delincuente es un pecador que optó por el mal, pudiendo y debiendo haber respetado la ley. ^Ipositivismo criminológico, por el contrario, destronaría al hombre, privándole de su cetro y de su reinado, al negar el libérrimo control del mismo sobre sus actos y su protagonismo en el mundo natural, en el universo y en la historia. El hombre, dirá FERRI, no es el rey de la Creación, como la tierra no es el centro del universo, sino «una combinación transitoria, infinitesimal de la vida... una combinación química que puede lanzar rayos de locura y de criminalidad, que puede dar la ^^radiación de la virtud, de la piedad, del genio, pero no ... más que un ^ orno de toda la universalidad de la vida»^^. El libre albedrío, concluye
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3. EL «DELINCUENTE». D I V E R S A S I M Á G E N E S Y ESTER E O T I P O S D E D E L I N C U E N T E . LA «NORMALIDAD» DEL ,g INFRACTOR COMO POSTULADO La persona del delincuente alcanzó su máximo protagonismo como objeto de las investigaciones criminológicas durante la etapa positivista. El principio de la «diversidad» que inspiró la Criminología tradicional (el delincuente como realidad biopsicopatológica) convirtió a éste en el centro casi exclusivo de la atención científica. En la moderna Criminología, sin embargo, el estudio del hombre delincuente h a pasado a un segundo plano, como consecuencia del giroi sociológico experimentado por aquélla y de la necesaria superación dej
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Vid., citando a RUTTER, M. y GILLER, H. (Delincuencia juvenil, 1988, Barcelona:| Martínez Roca), REDONDO ILLESCAS, S., ibidem. -.,,,,,„,-,,,..: REDONDO ILLESCAS, S., (op. cit., ibidem). .;,.„.:,„...,,>.,.,,. , Sobre l&percepción social del delito y el miedo al delito, vid., GARCÍA PABLOS, A., Tratado de Criminología, cit., págs. 149 y ss. ,

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la., GARCÍA-PABLOS, A., «Explicaciones estructural-funcionalistas del delito», p ^ Delincuencia. Teoría e investigación. Madrid, 1987 (Alpe), págs. 165 a 193. rn'' ^^' •^"' ^^ dinamismo biológico di Darwin, emArringheeDiscorsi., 1958, Milano lUall'Oglio Ed.), págs. 351 y ss. - , „ „ . . , . „ . , „ . . . „„.H..C: .r. ,^.r-m:>mm^,^

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FERRI, es u n a «ilusión subjetiva»^^. E n consecuencia, el positivismo criminológico inserta el comportamiento del individuo en la dinámica de causas y efectos que rige el mundo natural o el mundo social: en u n a cadena de estímulos y respuestas, determinantes internos, endógenos (biológicos) o externos, exógenos (sociales) que explican su conducta inexorablemente. El arquetipo ideal, casi algebraico, de los clásicos da paso a u n a imagen materializada y concreta de hombre, semejante a una ecuación, a u n a fórmula, a una reacción química; y el principio de la «equipotencialidad», al de la «diversidad» del hombre delincuente, sujeto cualitativamente distinto del honrado que cumple las leyes. Para el positivismo criminológico, el infractor es un prisionero de su propia patología (determinismo biológico) o de procesos causales ajenos al mismo (determinismo social): un ser esclavo de su herencia, encerrado en sí, incomunicado de los demás, que mira al pasado y sabe, fatalmente escrito, su futuro: un animal salvaje y peligroso. w La filosofía correccionalista, a su vez, y el marxismo operan con diferentes imágenes del infractor. Aquélla, pedagógica, pietista, ve en el criminal u n ser inferior, minusválido, incapaz de dirigir por sí mismo — libremente— su vida, cuya débil voluntad requiere de la eficaz y desinteresada intervención tutelar del Estado. Desde la utopía y el^ eufemismo paternalista del pensamiento correccional (la «Besserungstheorie» alemana), el hombre delincuente aparece ante el sistema como u n menor de edad, desvalido^^
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qustancialmente de las cuatro tesis expuestas. A mi juicio, es el más aiustado a la realidad, a tenor de nuestros conocimientos actuales; y el único que permite la búsqueda serena y reflexiva de u n a respuesta científica al problema del crimen, libre de prejuicios.
Claro que cualquier estereotipo de hombre delincuente queda desmentido por una realidad compleja, plural, diversa: en puridad, no es más que un recurso dialéctico. Además, la tradicional polémica entre deterministas y partidarios de libre albedrío se ha relativizado notablemente, eliminando las posturas más radicales de ambos extremos. ,
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- El marxismo, por último, responsabiliza del crimen a determinadas estructuras económicas, de suerte que el infractor deviene mera víctima inocente y fungible de aquéllas: la culpable es la sociedad^''. . .' b) Personalmente parto de la «normalidad» del delito y el delincuente, postulado que t r a t é de razonar en otro lugar^'' y que difiere
-- !-—-*-.-»* »j •.•^., ,„/,vjiixMJUj. itj. .J3t j u j s i ú . lái lia V ufcí'iyvf' FERRI, E., Los nuevos horizontes del Derecho y el procedimiento penal, Madrid, 1887 (Góngora), págs. 23 y ss. Sobre la imagen del hombre delincuente que profesa el correccionalismo —y, en j particular, la Besserungstheorie alemana— vid.: GARCÍA-PABLOS, A., Estudios ' penales, 1984 (Bosch), págs. 36 y ss. En cuanto a la imagen del hombre dehncuente de las teorías del conflicto, vid., infra capítulo XXL «La normalidad del delito y el delincuente», en: Revista de la Facultad de Derecho i de la Universidad Complutense, núm. 11 (1986), págs. 325 a 346. Vid., también: PHILLIPSON, M., Die Paradoxie dar Sozialen Kontrolle und die Normalitát des Verbrechens, en: Seminar. Abweichendes Verhalten, cit., L, págs. 126 y ss.

Hoy no podemos negar la imagen mucho más rica, dinámica, pluridimensional e interactiva del ser humano que aportan disciplinas empíricas como la Psicología, las ciencias de la conducta, etcétera. El individuo no es un ser solitario, desarraigado, que se enfrenta con su libertad existencial, sin condicionamientos, sin historia (tesis de los clásicos); pero tampoco la mera concatenación de estímulos y respuestas, una máquina de reflejos y hábitos, preso de su código biológico y genético (tesis positivista), que mira sólo al pasado; ni u n a pieza insignificante en el engranaje del universo social, mero observador pasivo del devenir histórico o víctima de las estructuras que él mismo se dio. Antes bien, el hombre es un ser abierto y sin terminar. Abierto a los demás en un permanente y dinámico proceso de comunicación, de interacción; condicionado, en efecto, muy condicionado (por sí mismo, por los demás, por el medio), pero con asombrosa capacidad para transformar y trascender el legado que recibió, y, sobre todo, solidario del presente y con la mirada en el futuro propio y ajeno. Ese hombre, que cumple las leyes o las infringe, no es el pecador, de los clásicos, irreal e insondable; ni el animal salvaje y peligroso, del positivismo, que inspira temor; ni el desvalido, de la filosofía correccional, necesitado de tutela y asistencia; ni la pobre víctima de la sociedad, mera coartada para reclamar la radical reforma de las estructuras de aquélla, como proclaman las tesis marxistas. Es el hombre real e histórico de nuestro tiempo; que puede acatar las leyes o incumplirlas por razones no siempre asequibles a nuestra mente; u n ser enigmático, complejo, torpe o genial, héroe o miserable; pero, en todo caso, u n hombre más, como cualquier otro de los dé su época. Obviamente existen infractores anormales, como hay también anormales que no delinquen. El postulado de la «normalidad» del hombre delincuente —y el de la normalidad del crimen— sólo pretende expresar Un claro rechazo a la tradicional correlación: crimen/anormalidad del infractor. Buscar en alguna misteriosa patología del delincuente la

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razón última del comportamiento criminal es u n a vieja estrategia tranquilizadora. Estrategia o coartada, que, por otra parte, carece de apoyo real, pues son tantos los sujetos «anormales» que no delinquen, como los «normales» que infringen las leyes.
,iXj 03-i su i' Difícilmente cabe afirmar ya hoy que solo un ser patológico puede atreverse a quebrantar aquéllas, cuando la experiencia diaria —y las estadísticas— constatan todo lo contrario: que cada vez son más los individuos «normales» que delinquen. La criminalidad económico-financiera, la de funcionarios y profesionales, la juvenil, la de tráfico, avalan esta evidencia.

4. LA V Í C T I M A C O M O O B J E T O D E LA CRIMINOLOGÍA^» Hasta la consolidación de la Victimología como disciplina científica^^, la víctima —esto es, el estudio de la persona y del rol de la víctima—

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No otra cosa significa, también, el postulado de la normalidad del delito (normalidad, claro está, no en el sentido axiológico o valorativo, sino en el estadístico y sociológico): toda sociedad, cualquiera que sea su modelo de organización y abstracción hecha de las numerosas variables de tiempo y lugar, produce u n a tasa inevitable del crimen. El comportamiento delictivo es u n a respuesta previsible, típica, esperada: normal. ¡Qué difícil parece conseguir un diagnóstico científico del problema criminal —un diagnóstico, por tanto, objetivo, sereno, desapasionado— y diseñar una política criminal ecuánime y eficaz si no se admite la normalidad del fenómeno delictivo, y la de sus protagonistas; si se parte, por el contrario, de imágenes degradantes del hombre delincuente o de actitudes hostiles, henchidas de prejuicios y mitos!. La imagen humana del infractor que se profesa —y la del delito, como problema social y comunitario— es radicalmente incompatible con ciertos clichés y estereotipos intransigentes, reduccionistas, que hacen de determinados delincuentes —hoy sobre todo, el delincuente de «cuello blanco», símbolo de la criminalidad «expresiva» de nuestro tiempo— u n a versión actualizada del otrora «enemigo del pueblo», sujeto diabólico y deleznable, quintaesencia de la maldad y la perversión, merecedor del máximo rigor punitivo. Dicha i m a g e n r e s u l t a degradante y conduce a r e s p u e s t a s desproporcionadas e injustas, de desmedida severidad, al desviar hacia este infractor todas las iras y frustraciones colectivas, convirtiéndole en un verdadero «chivo expiatorio». Pero, sobre todo, oculta u n a perniciosa maniobra legitimadora, cínica, que utiliza intencionada y manipuladoramente el castigo 'ejemplar' de un infractor aislado —con frecuencia, un poderoso caído en desgracia— como coartada tranquilizadora para la moral colectiva, que lave la cara de un sistema corrupto y consiente semejantes comportamientos ilegales, ostensibles e incluso generalizados, al resto de los infractores. ' ífcíoY é a fílfe .;

Sobre el rol de la víctima en la moderna Criminología, vid.: BERISTÁIN IPIÑA, A., ¿La sociedad/judicatura atiende a «sus» víctimas?, en: Cuadernos de Derecho Judicial, cit., págs. 161 y ss. BUENO ARUS, F., L'atenció a la víctima, en: Papers d'estudis i formació, cit., págs. 107 y ss.; BUSTOS, J./LARRAURI, E., Victimología: presente y futuro, hacia u n sistema penal de alternativas. Barcelona, 1993 (PPU); DÜNKEL, F., La víctima en el Dret Penal, ¿en vies d'una justicia criminal orientada cap a Fautor a una d'orientada cap a la víctima?, en: Papers d'estudis i formació, cit., págs. 63 y ss.; GARCÍA-PABLOS, A., Criminología, 4- edic, cit., págs. 69 y ss.; del mismo: La función de la víctima en el Estado social de Derecho. Víctima, Criminología, Política Criminal y Política Social, en Revista de Derecho Penal y Criminología. Colombia, 1992 (Universidad del Externado), n° 46 (vol. XIV), págs. 55 a 81; El redescubrimiento de la víctima: victimización secundaria y programas de reparación del daño. La denominada victimización terciaria (Cuadernos de Derecho Judicial. Madrid, 1993. Consejo General del Poder Judicial, págs. 287 a 320); Hacia una «redefinición» del rol de la víctima en la Criminología y en el sistema legal, en Estudios Penales en memoria del Profesor Agustín Fernández Albor, 1989. Santiago de Compostela, págs. 307 y ss.; HERRERA MORENO, Myriam., La hora de la víctima. Compendio de victimología. Madrid, 1996 (Edersa); GIMÉNEZ SALINAS, E., La conciliación víctima-delincuente: hacia u n Derecho Penal reparador, en: Cuadernos de Derecho Judicial, cit., págs. 345 y ss.; LANDROVE DÍAZ, G., Victimología, 1990, Valencia (Tirant lo Blanch); MARTÍNEZ ARRIETA, A., La entrada en el proceso de la víctima, en: Cuadernos de Derecho Judicial, cit., págs. 53 y ss.; MAZA MARTÍN, J. M., Algunas consideraciones criminológicas, de interés judicial, sobre la víctima del delito, en Cuadernos de Derecho Judicial, Madrid, 1994 (Criminología), cit., págs. 157 y ss.; MONTERDE FERRER, F., Victimología. Proyecciones asistenciales prácticas, en: Cuadernos de Derecho Judicial, cit., págs. 243 y ss.; NEUMAN, E., Victimología y control social. Las víctimas del sistema penal, 1994, Buenos Aires, Editorial Universidad; PERIS RIERA, J., Proyecciones penales de la victimología. Excesos dogmáticos ante deficiencias prácticas. Valencia, 1989 (Generalitat); RIVACOBAYRIVACOBA, M., Elementos de Criminología, Edeval, 1982 (Valparaíso), págs. 251 y ss.; RODRÍGUEZ MANZANERA, L., Victimología. Estudio de la víctima, 2- edición, 1990 (Porrúa, S.A.), México; RUIZ VADILLO, E., Cap on camina avui el Dret Penal, en: El Dret Penal i la víctima, Papers d'Estudis i formació, III. 1992 (8) Generalitat de Catalunya. Centre d'Estudis Juridics i Formació Especialitzada, págs. 7 y ss; SANGRADOR, J.L., La victimología y el sistema jurídico penal, en: Psicología social y sistema penal (Compilación de: Jiménez Burillo y Clemente, M.), Alianza Universidad Textos, Madrid, 1986, págs. 61 y ss.; SILVA SÁNCHEZ, J. M^ La consideración del comportamiento de la víctima en la teoría jurídica del delito. Observaciones doctrinales y jurisprudenciales sobre la «victimo-dogmática», en: La victimología. Cuadernos de Derecho Judicial, Madrid, 1993, págs. llyss.;TAMARITSUMALLA, reparación a la víctima en el Derecho Penal. Estudio y crítica de las nuevas

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había padecido el más absoluto desprecio por parte no sólo del sistema legal (Derecho Penal, Derecho Procesal, etc.), sino también de la Política Criminal y de la Criminología. La víctima, en el mejor de los casos, inspiraba sólo compasión.,mam^mmaiíumjís's 19 ,s; En efecto, la Criminología Positivista —la tradicional— polarizó la explicación del comportamiento delictivo en torno a la persona del infractor. P a r a ella la víctima es un mero objeto, neutro, pasivo, estático, fungible, que nada aporta a la génesis del hecho criminal. . „ Algo semejante, aunque por razones distintas, sucede con el sistema legal. El Derecho Penal, como derecho sancionador, punitivo, se halla volcado hacia el delincuente: su vocación retribucionista condena a la víctima inocente del delito a u n a posición marginal en el seno del mismo. Por ello, en el proceso penal prima la preocupación del rol del acusado, de sus derechos y garantías, sobre los derechos y garantías de la víctima, careciendo el estatus procesal de esta última de u n a correlativa definición y consagración legal paralela o semejante a la del presunto culpable. El Estado «social», por otra parte, dirige todos sus esfuerzos y recursos al penado, al recluso, olvidando que la víctima del delito también necesita, a menudo, de reinserción, de resocialización. También, pues, en el ámbito asistencial se detecta u n alarmante abandono de la víctima del crimen. Las prestaciones públicas le dan la espalda, la ignoran. El Estado parece cruzarse de brazos y lavarse las manos, comol si el crimen no le incumbiera, como si fuera problema de terceros. Eli Estado de la impresión de contemplar el crimen como problema de otrosf (de la víctima y del delincuente): «res Ínter allios acta». Por último, la propia Política Criminal h a procurado anticiparse al crimen y prevenirlo operando casi exclusivamente sobre el infractor potencial, desconociendo la interacción que existe entre autor y víctima y la posibilidad de diseñar programas y medidas eficaces con relación a determinadas personas y colectivos con elevado riesgo de convertirse en ^ víctima.
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Desde los más diversos ámbitos del saber se ha llamado la atención sobre el desmedido protagonismo del delincuente y el correlativo abandono de la víctima. Basten dos ejemplos, uno extraído del campo penal y otro de la Psicología Social. «La Criminología—afirma HASSEMER^™— ha dedicado exclusivamente al delincuente todos sus esfuerzos de elaboración científica, tiempo, dinero, hipótesis e investigaciones, sin preocuparse apenas por las víctimas de los delitos. Incluso la reciente recepción de la Criminología por el Derecho Penal no ha pasado de ser recepción de las teorías de la criminalidad y de la criminalización, es decir, teorías sobre el delincuente. Este fenómeno no se debe sólo a que la Criminología tenga poco que decir sobre la víctima, en comparación con los conocimientos de que dispone sobre el delincuente. Se trata, también, de que al Derecho Penal le ocurre lo mismo que a la Criminología: que carecen ambos de Interés realpor elproblema • de la víctima. En cualquier caso, el Derecho Penal está unilateralmente orientado hacia elautor del delito... El examen de los fundamentos penales de la participación de la víctima en elcontrol social penal frente al delincuente muestra con claridad que el sistema penal disocia la unidad del delincuente y víctima propugnada por la Criminología. El Derecho Penal aleja a la víctima de su poiar ubicación frente ai delincuente y ocupa por sí mismo esa posición, relegando a la víctima al ámbito de la previsión social y al Derecho Civil sustantivo y procesal...». Un diagnóstico semejante arrojan los estudios de Psicología Social. Así, según SANGRADOR'°\ «la víctima de los delitos ha sido considerada en las últimas décadas como el personaje olvidado por el sistema jurídico penal y por la Criminología en general. Tradicionalmente la Criminología se ha centrado en la figura del criminal y ha tendido a explicar el delito en base a las características de éste (biológicas y raciales, sociales, económicas, psicológicas, ambientales, etc.), ignorando en buena medida ala victima. Por su parte, el sistemajurídico penal presta una atención al acusado muy superior a la prestada a la victima: hay una enorme literatura sobre el rol del acusado, sus derechos, sus características, ios efectos de la sentencia, etc., al tiempo que se llevan a cabo costosas inversiones para la construcción de edificios expresamente destinados al alojamiento de los condenados apena de cárcel. Entre tanto, la víctima queda a menudo reducida a un mero papel testifical y generalmente desamparada ante las consecuericias del daño causado»,.

Desde la segunda contienda mundial la autoafirmación de la yictimología se ha dejado sentir en todos los campos del saber científico, y la figura de la víctima cobra u n protagonismo creciente. Con razón se babla del «redescubrimiento» de la víctima^^^ y del punto final de u n largo recorrido histórico iniciado con la «edad de oro» de la víctima^°^, que se

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tendencias político-criminales, Barcelona (1994), Fundación J a u m e Callis; VÁRELA | f, CASTRO, L., Hacia nuevas presencias de la víctima en el proceso, en: Cuadernos • , de Derecho Judicial, cit., págs. 95 y ss. VARONA MARTÍNEZ, Gema, La mediación reparadora como estrategia de control social. Una perspectiva criminológica. Tesis doctoral. San Sebastián, 1997, págs. 91 y ss. ^^ Sobre el problema, vid. VARONA MARTÍNEZ, G., La mediación reparadora..., cit., ,,, págs. 92 y ss. (y nota 207).

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Fundamentos del Derecho Penal, cit., pág. 89. La victimología y el sistema jurídico-penal, en: Psicología social y el sistema penal. Compilación de JIMÉNEZ BURILLO Y CLEMENTE, cit., pág. 61. Vid. SANGRADOR, J. L., La victimología y el sistema jurídico-penal, cit., págs. 62 y ss. •^fr. SANGRADOR, J. L., La victimología y el sistema jurídico-penal, cit., pág. 67, citando a SHAFER (The victim and his criminal. A Study in functional responsability, New York, 1968. Random House, pág. 7).

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había caracterizado por una progresiva pérdida de influencia de ésta, por su «neutralización»^°'^.
Desde un punto de vista histórico, siguiendo a VARONA MARTÍNEZ^"'', cabe distinguir la Victimología «effo/óff/ca» de los grandes pioneros de esta disciplina (Hentig, Mendelsohn, Wolfgang, Amir, etc.), influida por la literatura y el psicoanálisis •^ft^# y preocupada por explicar el distinto grado de participación en la génesis del delito de los diversos tipos de víctima (orientación que guarda estrecfio paralelismo con la denominada victidogmática en el ámbito de la dogmática penal, y que se prolonga hasta finales de la década de los sesenta); y la Victimología moderna, interaccionista (Gutotta, Fattah, Beristáin, etc.), impulsada por el movimiento internacional en favor swaV de las víctimas / de los derechos humanos.

y puede contribuir en ocasiones a su propia victimización. Por otra parte, se han comenzado a estudiarlos negativos efectos del delito en las emociones, experiencias, etc. de la víctima, yapartirde su constatación se ha redamado la necesidad de programas de asistencia y compensación a las víctimas».

Actualmente, pues, el estudio de la víctima comienza a recuperar el interés que merece. La Criminología, el sistema legal, la Política Criminal, la Psicología Social se hacen eco de tan imperiosa necesidad, a la par que se precisan e incrementan los conocimientos científicos sobre la víctima. Numerosas investigaciones empíricas suministran ya u n a valiosa información sobre aptitud y propensiones de los sujetos para convertirse en víctimas del delito, relaciones entre delincuente y víctima (interacción recíproca), daños que padece la víctima del delito y mecanismos de reparación, programas de prevención del delito dirigidos a ciertas víctimas, influencias sociales en el proceso de victimización y supuestos específicos de víctimas, el comportamiento de la víctima-denunciante como agente del control social penal (lo que es decisivo para evaluar el funcionamiento efectivo de éste, la significación de la«cifra negra», etc.), intervención y terapia de determinadas víctimas, victimización «secundaria», autoprotección, etc. /•,•„,%.,,/ ,,. ., - »
Como advierte SANGRADOR'°^ «en las últimas décadas esa focalización en la figura del criminal parece haberse trasladadopaulatinamente a la situación delictiva en sí mismay a los actores que la configuran, fundamentalmente dos: el delincuente y su víctima, y un tercero eventual: losposibles espectadores. A partir de este crucial cambio de perspectiva, las víctimas de los delitos, y singularmente de los delitos violentos, han comenzado a ser consideradas de otro modo y valoradas en justa proporción al importante papel que juegan. Por una parte, ya no se las contempla como un personaje neutro y pasivo, sinojugando un rol activo que modela el delito .ys .jjfta ,..1» IfAvfl orias'íaíl ísb aoj0s0ij
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La Victimología, inicialmente circunscrita a la «pareja criminal» (interacción delincuente-víctima) o a las víctimas de específicos delitos, amplió poco a poco su objeto a otros campos. Fruto de tal extensión son las investigaciones que analizan las experiencias y actitudes de la víctima sobre el sistema legal y sus agentes (policía, proceso, jueces, fiscales, abogados, funcionarios de prisiones, etc.) a lo largo de los diversos estadios del sistema jurídico, esto es lo que ha venido denominándose «Victimología procesal»^^''. El perfeccionamiento de ciertas técnicas estadísticas (encuestas de victimización) y el auge de la Psicología Social, por otra parte, h a n convertido a la víctima en u n insustituible informador de la realidad criminal, como se pondrá de manifiesto en otro capítulo de esta obra^°®.

a) El «redescubrimiento» de la víctima: factores que lo explican. Por qué perdió la víctima su inicial protagonismo y por qué lo recupera ahora son dos hechos que requieren alguna interpretación. El declive de la víctima en el sistema penal guarda u n estrecho paralelismo con el nacimiento del propio Estado y del «proceso penal» como instituciones «públicas»: el Derecho Penal estatal surge, precisamente, con la neutralización de la víctima, disociando a ésta de su posición natural junto al delincuente.
Un análisis histórico de la evolución de los sistemas penales demuestra la progresiva neutralizaciónáe la víctima, cuyo rol se difumina y debilita, desplazada por las crecientes competencias que asumen instituciones público-estatales. Como consecuencia de la complejidad, cada vez mayor, de los sistemas políticos, por otra parte, los comportamientos delictivos son objeto de una sutil «redefinición»^°'^ y la

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Vid. HASSEMER, W., Fundamentos del Derecho Penal, cit., pág. 92. Una interesante explicación de este proceso histórico, en: VARONA MARTÍNEZ, G., La mediación reparadora ..., cit., págs. 92 y ss. ¿v -jj ,.,i .1. .S00Aííí3kiAe' La mediación reparadora ..., cit., págs. 94 y ss. ' M8fiüí)íii;,.i, ' La victimología y el sistema jurídico-penal, cit., págs. 61 y 62. , JITCY '.•/•:;•';

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Vid. MAISCH, H.-SCHÜLLER-SPRINGORUM, H., Procedural Victimology and his contributions to victimological knowledge, en: DRAPKIN, L, Viano E., edits., Victimology: a new focus (vol. III),1975, Lexington (Mass.), Lexington Books, D. C. Heath. Cfr. SANGRADOR, J. L., La victimología y el sistema jurídico-penal, cit., pág. 68. Véase encuestas de victimización, concepto, información que suministran, limitaciones, etc (capítulo V, 4., excurso, b»). Vid. SANGRADOR, J. L., La victimología y el sistema jurídico-penal, cit., págs. 67 y 68.

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ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA víctima se despersonaliza, alejándose del infractor, objetivándose. El Estado asume el monopolio absoluto del iuspun/endien sus diversos momentos o fases (persecuclon, proceso, condena, etc.). Queda claro que el ciudadano carece de legitimación para «manejarsu conflicto». Y que éste —el conflicto penal— es una propiedad de la que se verá pronto y oficialmente desposeída la víctima. Como advierte un conocido radical, CHRISTIE^^", los operadores penales son como «ladronesprofesionales» que consuman un robo oficial del agravio personal de la víctima.

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Pero un segundo dato —una experiencia criminológica contrastada— explica que el sistema penal desee neutralizar a la víctima: el temor de que ésta responda al delito con el delito, convirtiéndose en delincuente (víctima justiciera), o que se socialice el interés de la víctima por determinados grupos próximos a la misma en situaciones victimógenas similares. Lo que desencadenaría peligrosas reacciones de venganza en nombre de la inseguridad, de la justicia o de la prevención del delito y una política criminal emocional, pasional, nada recomendable"^
Finalmente, conocidos mecanismos psicoanalíticos de proyección e identificación justifican el escaso interés que despierta la víctima. ;' «En este laberíntico mundo que habitamos—dice NEUMAI^^'^—da la impresión •s, í cp; ijg gyg él criminal promueve una mayor identificación, una suerte de mayorrespeto, cf é n parparte tanto del estudioso de las disciplinas penales como del hombre común. , v;, Apela con su acto a las profundas solicitaciones inconscientes hacia el delito. Solicitaciones inconscientes que no se canalizan porque factores constructivos de lapersonalidad, aprehendidos por razones de educación, posibilidades sociales de ,Í., toda índole (buena salud y economía) inhiben desplegar Pero la conducta delictual ; ^^ reside en nuestra más esencial naturaleza y suele expresarse en actos fallidos, sueños, fantaseos y también en pequeños actos delictivos. El delincuente canaliza esa tendenciay adjetiva lo que inconscientemente desearíamos realizar y trabamos con el buen reflejo de los frenos inhibitorios. Esto acarrea una forzosa conclusión: nadie desea identificarse con la víctima o, en todo caso, tal identificación lo es en 'i, grado superlativamente menor Por razones de temores, fantasmas, que la psicologíaprofunda ha analizado—temores y fantasmas que nos acometenporque residen en nuestro interior— vemos en el delincuente el estilete latente, dañoso, injusto, cruel pero de un sustancial atractivo. En cambio, la víctima nos parece innocua, sin incentivos. Nadie desea ser robado, lesionado, torturado...»

A SU vez, el resurgimiento de la víctima responde a u n a pluralidad de 'rcunstancias"^. En primer lugar, al legado de los pioneros de la nueva ciencia: v. HENTIG, MENDELSOHN, etc., quienes demostraron la ecíproca interacción de los miembros de la «pareja criminal»: autorvíctima, contribuyendo a u n nuevo enfoque de esta última como sujeto activo, dinámico, capaz de influir en la configuración del hecho delictivo mismo, en su estructura y explicación. E n segundo lugar, al desarrollo en el seno de la Psicología Social^^'^ de una rica gama de modelos teóricos adecuados para interpretar y explicar los datos aportados por las investigaciones victimológicas, huérfanas hasta entonces del oportuno marco de referencia (teorías de la equidad, de ADAMS y otros; teoría de la atribución, de KELLEY; teoría del mundo justo, de LERNER; teoría de la indefensión aprendida, de SELIGMAN, etc.). E n tercer lugar, a las importantes aportaciones experimentales de LATANE y DARLEY en la década de los setenta sobre la dinámica de la intervención de los espectadores en las situaciones de emergencia; estudios de psicólogos sociales en torno a comportamientos de asistencia —o de abandono— hacia la víctima del delito capaces de arrojar luz sobre reacciones insolidarias y pasivas de testigos presenciales de algún crimen violento que habían asombrado a la opinión pública-^^^. E n cuarto lugar, al perfeccionamiento y credibilidad que las encuestas de victimización empezaron a adquirir en la década de los setenta. Tales técnicas de estimación de la criminalidad real se mostraron pronto como instrumento muy útil para informar sobre la población efectivamente victimizada, lo que potenciaría considerablemente la fuente de las mismas: la víctima. Los movimientos feministas, por último, al llamar la atención sobre la violencia específicamente dirigida contra la mujer (victimización sexual, violencia física, etc.), impulsaron numerosas investigaciones teóricas y concretos programas de asistencia a aquélla. Y sirvieron de modelo a otros colectivos de alto riesgo de victimización. Estos y otros factores contribuyeron a la consolidación de la Victimología durante los años setenta.

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CHRISTIE, Nils, Conflicts as property, en; Perspectives on Crime Victims, 1981, Gallaway and Hudson, St. Louis (Cfr. HERRERA MORENO, M., La hora de la víctima, cit., págs. 64 y 65).

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Vid. SANGRADOR, J. L., La victimología y el sistema jurídico-penal, cit., págs. 62 y ss.
Cfr. HERRERA MORENO, M., La hora de la víctima, cit., págs. 112 y ss. Un caso célebre, que asombró a los estudiosos, fue la del asesinato de una mujer en los Estados Unidos (Kitty Genovese), a la puerta de su casa, sin que el criminal encontrase obstáculo alguno en los numerosos espectadores que presenciaron el hecho a lo largo de treinta minutos (cfr. SANGRADOR, J. L., La victimología y el sistema jurídico-penal, cit., pág. 63).

Vid. HASSEMER, W., Fundamentos del Derecho Penal, cit., pág. 94. '"™'' ^•'^ NEUMAN, E., Victimología, el rol de la víctima en los delitos convencionales y no convencionales, Buenos Aires, 1984 (Editorial Universidad), pág. 42.

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ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA Proliferaron desde entonces los congresos y simposios internacionales sobre temas criminológicos"'^. Aparece una publicación periódica en 1976: Victimology. Y se multiplican y diversifican las aportaciones científicas, con sólido respaldo empírico: estudios de victimización criminai Entre éstos destacan: los de victimización sexual (de CHAMBERS y MILLAR, de WEST, etc.), victimización de ancianos (de COOK), de los espectadores (de SCHELEFF y SHICHOR), victimización de organizaciones (de DYNES y QUARANTELLI), de victimización secundaria de las víctimas debida a su paso por las diversas instancias del sistema jurídico penal (de SHAPLAND y otros), de victimización en instituciones correctivas (de BARTOLLA, MILLER y DINITZ), victimización por la policía (de BINDER y SCHARF), de victimización de la propia policía por terceros (de LINDSEY), de estructura urbana y victimización (de DECKER, SHICHOR y O'BRIEN), etc."'. Fruto de estos esfuerzos es la recepción en las legislaciones de algunos países, aún tímidamente, de iniciativas y propuestas, sobre todo en el plano asistencial (programas de compensación, de restitución y de auxilio a la víctima de ciertos delitos).

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criminológico^^®. Este apeló sistemáticamente a los intereses de la víctima del delito, pero con el propósito de negar los derechos del delincuente: esto es, como coartada defensista, antigarantista. Y desde unos postulados ideológicos que no asume hoy el Estado de Derecho (naturaleza monolítica del orden social, patología de la desviación, diversidad del delincuente, necesidad del total exterminio de la criminalidad, etc.). Nada más pernicioso que asociar la victimología a u n a lectura antigarantista de la respuesta al delito, o a un, defensismo políticocriminal a ultranza, aunque tales riesgos se hallan presentes en algunas formulaciones criminológicas radicales. Es imprescindible, por ello, conjurar tal peligro incluso cuando se sugieren propuestas t a n saludables e inocuas como la sustitución del control social formal por mecanismos no oficiales, desinstitucionalizados; o cuando se arbitran procedimientos de mediación y conciliación para abordar conflictos sociales de menor relevancia^^". En todo caso, el movimiento victimológico persigue u n a redefinición global del status de la víctima y de las relaciones de ésta con el delincuente, el sistema legal, la sociedad, los poderes públicos, la acción política (económica, social, asistencial, etc.). Identificar, en consecuencia, las expectativas de la víctima y la aportación que cabe esperar de los numerosos estudios científicos sobre la misma con pretensiones monetarias, representa u n a manipulación simplificadora que la realidad empírica desmiente. Pues aquéllos demuestran hasta la saciedad —si se realizan con una razonable inmediación temporal respecto al delito— que lo que la víctima espera y exige, ante todo, es justicia y no u n a compensación económica^^^

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Dicho «redescubrimiento» de la víctima merece, sin embargo, un análisis cauteloso, lejos de interpretaciones anacrónicas, de u n a lectura antigarantista o de un indebido subrayado mercantil de las expectativas En efecto, la moderna Victimología no pretende u n a inviable regresión a tiempos pasados, a la venganza privada y a la represalia, porque u n a respuesta institucional y serena al delito no puede seguir los dictados emocionales de la víctima. Y t a n sesgado como el olvido de ésta sería cualquier intento de examinar el problema criminal desde la sola óptica de uno de sus protagonistas. No es de recibo u n retorno a la«edad de oro» de la víctima^^*. Se requiere objetividad en el examen del problema de la víctima, distancia y desapasionamiento. Y, sobre todo, una clara conciencia de que el «iuspuniendi», en cuanto arma poderosa y devastadora, debe mantenerse en manos del Estado bajo un riguroso control, lejos de preocupantes visiones privatistas. •* Tampoco cabe contraponer las expectativas de la víctima y los '^ derechos y g a r a n t í a s del infractor, como hiciera el positivismo

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Una detallada información al respecto en: NEUMAN, Elias. Victimología, cit., págs. 309 y ss.; SCHNEIDEE, H. J., Kriminologie, cit., págs. 753 y ss.: JOUTSEN, M., The role of the victim in european criminal justice systems. A crossnational Study or the role of the victim. Helsinki, 1987, especialmente, págs. 293 y ss.; HERRERA MORENO, M., La hora de la víctima, cit., págs. 128 y ss. Vid. SANGRADOR, J. L.. La victimología y el sistema jurídico-penal, cit., pág. 61. Sobre la «edad de oro» de la víctima, vid., HERRERA MORENO, M., La hora de la víctima, cit., págs. 23 y ss.

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«Se ha exagerado demasiado a favor de los delincuentes... (y la conciencia universal reclama) se ponga fin a desmedidos sentimentalismos en favor de los malhechores, cuando se olvidan la miseria y los dolores de tantos millones de pobres honrados...». FERRI, E., Los nuevos horizontes del Derecho y del procedimiento penal, cit. IX. Sobre la irrenunciabilidad delgarantismo, vid.; FERRAJOLI, L., El Derecho Penal mínimo, en: Poder y control, 1986 (Núm. 0), Barcelona (PPU), págs. 25 y ss.; MELOSSI, D., Ideología e Diritto Pénale, en: Dei delitti e delle pene, 1 (1991), cit., págs. 17 y ss.; GARCÍA-PABLOS, A., Derecho Penal. Introducción, cit., págs. 56 y ss. (op. cit., 2^ Edd. págs. 104 y ss.); HASSEMER, W., Fundamentos del Derecho Penal, 1984, Barcelona (Bosch), págs. 400 y ss.; SILVA SÁNCHEZ, J. M., Aproximación al Derecho Penal contemporáneo, cot., pág. 25. Cfr., SANGRADOR, J.L., La victimología y el sistema jurídico penal, cit., págs. 88 y ss.

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Precisamente por ello no tiene sentido buscar precedentes de la moderna Victimologfa con anterioridad al marco general descrito: ni en el pensamiento de la Ilustración, ni en el mundo clásico, ni en el ideario del positivismo criminológico se ^ hallan los primeros impulsos de un ambicioso «movimiento» que surge en la década Oíííífe de los cuarenta del siglo XX y tiene trascendentales implicaciones en el análisis del n o k problema criminal. En efecto, la dogmática abstracta y despersonalizada de la iiustración, -aaii pretendidamente aséptica, corona un proceso histórico inevitable de « voiatiiización victimai"^^. La instauración de una Justicia Penal «púbiica», en la que la víctima ñtui apenas tiene un rol simbólico, limita al máximo sus aspiraciones y posibilidades efectivas de participación. Como se ha dicho, con acierto: la víctima solo cuenta con una «mezquina reserva civil»^^'^ para autodirigir sus expectativas, a pesar de los escrúpulos críticos y amplios vuelos reformadores de los teóricos ilustrados. De hecho, el utilitarismo de algunos de éstos, invocaría la reparación del daño y la satisfacción a la víctima como funciones positivas del castigo^^". En el pensamiento ciásico, el «sujetopasivo» áe\ delito solo inspira pretensiones reparatorias, resarcitohas. Así, CARRARA^^^ alabó entusiastamente la previsión del Código Penal toscano que constituía una Caja Pública con el importe de las multas y sanciones pecuniarias para asegurar la reparación del daño ocasionado a las víctimas del delito, estimando que dicha reparación sería de utilidad pública. Pero en ningún momento, la víctima suscita un análisis general que trascienda el modesto ámbito civil indemnizatorio. Tampoco lo consiguió —por razones diferentes— el positivismo criminoiógico, desde su profundo defensismo antigarantista. El positivismo practicó un vacío pietismo victimológico, al estilo del más genuino sentimentalismo burgués'^**, a tenor del cual las víctimas constituyen, sin más, un lamentable colectivo de «Justos frente al mai» compuesto por «millones de tristes honrados... y oprimidos por la humana maldad»^'^\ Significativo es que la inabarcable obra lombrosiana solo conceda un par de párrafos a la víctima del delito^^'' y ello para razonar la utilidad preventivodisuasoria de la reparación del daño. No mucho más relevante fue la aportación de FERRI, autor para quien, según declaró solemnemente'^^ la víctima del delito
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merecería «una simpatía filantrópica mayor que la que provoca el productor del daño»; y, que, sin embargo, analiza la reparación o indemnización del daño como única pretensión de aquella en el marco de la política sancionatoria (excepcionalmente como sustitutivo penal). GAROFALO, por último, anunció el advenimiento de una «nueva Edad de oro de la víctima»™. Pero su famosa «Riparazione alie vittime del delito» (1887) no trasciende las limitaciones endémicas del positivismo criminológico: la víctima sólo interesa como titular de un derecho resarcitorio o compensatorio que se integra, a su vez, en la política sancionatoria como un instrumento más al servicio de la defensa social'=^\

b) Los pioneros de la Victimología: la aportación de v. HENTIG y MENDELSOHN. Otras «tipologías» posteriores^^^—R. v. HENTIG (1887-1974), alemán expulsado durante el período nazi y residente en los Estados Unidos, y MENDELSOHN, israelita que acuñó el propio término Victimology (contrapuesto al de Criminology), son los pioneros de esta disciplina joven. A ellos se debe u n a visión activa y dinámica de la víctima, como sujeto inseparablemente unido al infractor, en u n continuo proceso de interacción con el mismo, y las primeras tipologías esbozadas en los años cuarenta^^^.
H.v. HENTIG, en un poco conocido trabajo publicado en 1941 {Remarks on the interaction ofperpetratorand victinf)''^, propugnó ya una concepción dinámica e interaccionista de la víctima del delito. La víctima —según HENTIG— no es un «objeto», un elemento «pasivo», sino un sujeto activo que contribuye decisivamente en el proceso de criminalización, en la génesis y en la ejecución del hecho criminal. En consecuencia, el sistema penal —el proceso penal— no debía limitarse a velar sólo por los derechos y garantías del acusado, sino también, y sobre todo, por los de la víctima del delito. En otra obra posterior y más famosa (The criminal and his victim, 1948, New Haven) profundizaría dicho enfoque interaccionista, manteniendo que autor y víctima se comportan como auténticos «socios», como una «pareja» {partnef} inseparable. La víctima —siempre según v. HENTIG— modela, configura, labra «su» propio autor y da forma al delito de éste. De un modo silencioso, más o menos inconsciente, presta su consentimiento al mismo, coopera a su ejecución, conspira o provoca el crimen. «Interacción», «relaciónrecíprocaycambiante», «intercambio»

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Así, SHAPLAND, J., The Justice System and the victim, en: Victimology: An International Journal, vol. 10, 1-4, Victimology Inc., U.S.A., 1985, pág. 597. Cfr. HEREERA MORENO, M., La hora de la víctima, cit., pág. 64. Cfr. HERRERA MORENO, M., La hora de la víctima, cit., pág. 65. ,,,H.<.RSobre la aportación de BENTHAM, partidario de la constitución de un fondo de compensaciones a cargo del Tesoro Público para cubrir los supuestos de insolvencia del infractor, vid. LANDROVE DÍAZ, G., Victimología, 1990 (Tirant lo Blanch), pág. 109. En cuanto al utilitarismo de LARDIZÁBAL, M., vid. el famoso Discurso sobre las penas del autor. Cap. IV, II, números 56 y 57. Cfr. HERRERA MORENO, M., La hora de la víctima, cit., pág. 75; LANDROVE DÍAZ, G., Victimología, cit., pág. 24 y ss. Cfr. HERRERA MORENO, M., La hora de la víctima, cit., pág. 76. ,„v >,., Cfr. HERRERA MORENO, M., La hora de la víctima, cit., pág. 76. Cfr. HERRERA MORENO, M., La hora de la víctima, cit., pág. 77. The Positiva School of Criminology, University of Pittsburg Press, USA (1968), págs. 101 y ss. Cfr., HERRERA MORENO, M., La hora de la víctima, cit., pág. 77.

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Cfr. HERRERA MORENO, M., La hora de la víctima, cit., págs. 78 y 79. Así, HERRERA MORENO, M., La hora de la víctima, cit., pág. 79. 132 Cfr. HERRERA MORENO, M., La hora de la víctima, cit., págs. 96 y ss. 133 Sobre el concepto y rol de la víctima en el mundo ilustrado y en el positivismo criminológico, vid. HERRERA MORENO, M., La hora de la víctima, cit., págs. 63 y ss., y 71 y ss. Sobre la interacción delincuente/víctima, vid.: SERRANO MAÍLLO, A., Etiología, prevención y atención en Victimología a través del ejemplo de la «precipitación» en los delitos contra la libertad sexual, en: BFD (Boletín de la Facultad de Derecho de la UNED), 12, 1997 (separata), págs. 445 a 458. 134 Publicado en: Journal of Criminal Law and Criminology, 31 (1941), págs. 303 a 309.

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... son términos utilizados por H. v. HENTIG para simbolizar esta perspectiva O, interaccionista"^ La tipología de H. v. HENTIG es muy amplia e imprecisa^^*^. Edad, sexo y -IpfTO sboíi capacidad mental son, por ejemplo, criterios que utiliza en sus clasificaciones y a los que concede relevancia «victimogenésica». Distingue, entre otras categorías, ornar víctimas deprimidas, adquisitivas, desenfrenadas, libertinas, solitarias, temerosas, o onc atormentadas, bloqueadas, luctnadoras, etc. Al examinar el delito de estafa contranu Of pone las víctimas «resistentes» y las «cooperadoras», llamando la atención sobre un fenómeno de interés: la víctima no sólo moldea al autor—cada víctima tiene «su» autor—, sino al delito mismo, en el sentido de que ciertas personas o colectivos, por sus características (vg. inmigrantes con escaso nivel de instrucción), exhiben un alto riesgo de victimización. B. MENDELSOHN, cuya aportación a la Victimología supera, para algunos^^^ la de H. V. HENTIG, es autor de dos trabajos clásicos en la materia: New bioÍXü psycliosociaiiiorízonts: Victimology, publicado en 1946, y la célebre conferencia ritr, pronunciada en el Hospital Coitzea, invitado por la Sociedad de Psiquiatría de Bucarest (1947), donde se utilizó por primera vez, al parecer, el término « Victimología»^ '^^. MENDELSOHN insistió también en la interacción autor-víctima, así como en el au Í: activo rol que ésta desempeña incluso en orden a su propia victimización. Y 8jii§( contrapuso significativamente los términos victimity, victimology, de una parte, y criminality, criminology de otra, por entender que en el delito concurren ambos factores: los que derivan del infractor y los que derivan de la víctima misma^^^. Partiendo del análisis de la motivación y de la reacción en la «pareja criminal», 9 Eoín nu S9 sostiene IVIENDELSOHN la existencia de una rica tipología victimarla. Desde este sJnen- prisma criminológico, y según la mayor o menor contribución etiológica de la víctima .lenim a la dinámica delictiva {«culpabilidad»), distingue MENDELSOHN cinco clases islev £ principales de víctimas y numerosos subgrupos: a) víctima enteramente inocente o aoi 10C víctima ideal; b) víctima de culpabilidad menor o por ignorancia (vg. un comportamiento irreflexivo o imprudente de la víctima desencadena el delito y determina su wsH i propia victimización); c) víctima voluntaria, tan culpable como el infractor (vg. suicidio y loJu condicionado, suicidio por adhesión, eutanasia, etc.); d) víctima más culpable que el criminal (vg. víctima «provocadora», víctima «imprudente», etc.); e) víctima única culpable (por ejemplo, «víctima-infractor», víctima «simulante», víctima «imaginaSI'' ria», etc.). Según MENDELSOHN, el Derecho Penal debería ponderar las diversas ex situaciones mencionadas en el momento de exigir responsabilidades. En ciertos casos a la víctima le correspondería su tanto de culpa, lo que podría tenerse en cuenta imponiéndola una pena algo menor que la del infractor (así, en los supuestos

de víctima provocadora, imprudente, voluntaria o por ignorancia). En otros (víctima agresora o provocadora, simuladora o imaginaria) lo correcto sería el castigo exclusivo de la víctima y no del supuesto infractor^"".

ELLENBERG y WOLFGANG siguieron los pasos de H. v. HENTIG y MENDELSOHN, acentuando la interacción «autor»-«víctima».
H. ELLENBERG trató de clarificar la relación «autor»- «víctima», resaltando la reversibilidad de ambas categorías. A su juicio, son muchos los delincuentes peligrosos que en su juventud o en su infancia fueron víctimas de abusos, malos tratos o explotación. Se es infractor primero, víctima después, o a la inversa, pero existe una intercorrelación. Para ELLENBERG el aislamiento social es uno de los factores decisivos de la «victimogénesis»o'^m^Q'ns\Q'n para devenir víctima, porque genera falsas apariencias y puede inducir a comportamientos poco meditados. Ciertos criminales escogerían siempre a sus víctimas entre individuos socialmente marginados'''^ WOLFGANG llegó a la misma conclusión que los pioneros de la Victimología, al constatar empíricamente que un tanto por ciento significativo de los homicidios cometidos en Filadelfia habían sido «precipitados» por la conducta de la propia víctima"^. Esta idea de víctima que «precipita» la conducta criminal se formuló por primera vez precisamente por WOLFGANG: «Eltérmino... se aplica a aquellos homicidios criminales en los que la víctima precipita el crimen de forma directa y positiva. El rol de la víctima se caracteriza por haber sido laprimera en usar la fuerza física contra su posterior asesino en el drama homicida. Los casos de víctimapreclpitadora del crimen son aquellos en los que la víctima fue la primera en mostrar y utilizar el arma mortal, en propinar elgolpe en el altercado; en síntesis, en comenzara servirse de la violencia física»^''^.

A esta orientación propia de u n a fenomenología descriptiva responden otras conocidas tipologías: la del hindú FATTAH, la de E. NEUMAN y la reciente de M. JOUTSEN, clasificaciones, no obstante, que según KAISER no aportan demasiados conocimientos sobre el problema de la víctima y adolecen además, de u n considerable déficit empírico"^.

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Cfr. SCHNEIDER, H. J., Kriminologie, cit., págs. 755 y ss. Cfr. NEUMAN, E., Victimología, cit., pág. 28, y su comentario a la tipología de v. HENTIG. ; v 0íCf93r!aS íe'OTdog Opinión de NEUMAN, E., Victimología, cit., pág. 29. '-' El término «victimología», según otros autores, tiene su origen en WERTHAM, F. (1948). Así, KAISER, G., Criminología. Una introducción a sus fundamentos teóricos, cit., pág. 93. Sobre la aportación de MENDELSOHN vid. SANGRADOR, J. L., La victimología y el sistema jurídico-penal, cit., pág. 62.
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Cfr. NEUMAN, E., La victimología, cit., págs. 57 a 62. ELLENBERGER, H., Psychologische Beziehungen zwischen Verbrecher und Opfer. En: Zeitschrift für Psychotherapie und Medizinische Psychologie, 4 (1954), págs. 261 y ss. Cfr. SANGRADOR, J. L., La victimología y el sistema jurídico-penal, cit., pág. 62. La conocida obra en la que M. E. WOLFGANG llega a tales conclusiones es: Patterns of criminal homicide, Philadelphia, 1958. Vid. WOLFGANG, M. E.. Victim precipitation in Victimology and Law, ponencia presentada al V Simposio Internacional sobre Victimología, celebrado en Zagreb (18 a 23 de agosto de 1985). En cuanto al reproche dirigido a estas tipologías de falta de solidez empírica, vid. KAISER, G., Criminología, cit., pág. 94.

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FATTAH"^ distingue dos grandes tipos de víctimas: la víctima «provocadora»^ la víctima «participante». La primera desempeña un papel relevante en la génesis del delito; la segunda se sitúa en la posterior fase de ejecución del mismo, facilitándola. A su vez, existirían numerosos subtipos. La víctima «provocadora» admite un tipo «pasivo» de causación «indirecta» (vg., el propietario deja sin protección alguna la cosa al alcance de quien luego la sustrae) y un tipo «activo», de causación «directa». Este último presenta diversas variantes, según el grado de consciencia de la víctima. Víctima consciente es la que incita a la acción como agente provocador (vg., víctima instigadora o solicitante), lo que sucede en el aborto practicado a petición de la embarazada o en la mutilación requerida por el lesionado para eximirse del servicio militar. Víctima no consciente es la que da lugar a la causación del delito, sin que la voluntariedad de aquélla controle el curso de los acontecimientos (FATTAH cita como modalidades: la víctima del acto cometido por .20b otro en estado de legítima defensa, la víctima «precipitadora» áQ\ delito, etc.). La 9tnf víctima «participante» cuenta también con un subtipo «pasivo» que se caracteriza El 6 por su actitud favorable a la realización del crimen, manifestada a través del «simple aoií deseo», «consentimiento», «sumisión», «complicidad», «indiferencia» («consentiBt &í miento» en todo caso viciado, no pleno), etc., y con un subtipo «activo» (víctima que 92 I: contribuye, colabora, coopera, coadyuva al delito). E.NÉUMAN^"^ establece cuatro grandesgrupos de víctimas, con sus respectivos «W, subgrupos: a) víctimas individuales; b) víctimas familiares; c) víctimas colectivas; d) víctimas sociales. Las víctimas individuales, a su vez, pueden carecer de actitud victima! (víctima inocente, resistente, etc.), exhibir una actitud victimal culposa (vg., \-\% S' víctima provocadora solicitante, cooperadora, etc.) o incluso dolosa (vg., suicidio, comportamiento de la víctima de ciertos timos). Las víctimas familiares (vg., maltrato de niños y mujeres) arrojan elevadas cifras negras y producen tales desequilibrios emocionales que muy frecuentemente esta población victimizada deviene criminal. La víctima colectiva presenta tres subtipos: la comunidad como nación (vg., supuestos de traición o de rebelión), como comunidad social (vg., genocidio, delitos de cuello blanco, censura y uso abusivo de medios de comunicación, etc.) y como específicos grupos sociales lesionados en sus derechos (vg., tortura, disposiciones legales criminógenas. etc.) a través del propio sistema penal. La denominada víctima 8ÍS social comprende una serie de personas y colectivos que por su debilidad y falta de asistencia corren el riesgo de devenir víctimas del delito y de convertirse ellos mismos en delincuentes (víctimas del sistema: vg., minorías, marginados, etc.).
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]VI JOUTSEN"^ critica con acierto el estereotipo o imagen convencioal del hecho delictivo, que enfrenta de u n modo desmedidamente implificador dos comportamientos: el activo y malicioso del infractor y el pasivo e inocente de la víctima. Dicha contraposición, según JOUTSEN, un pálido reflejo «en blanco y negro» de la realidad, y desconoce el rol activo que puede desempeñar la víctima en la dinámica criminal. A su juicio, cabe distinguir siete supuestos o tipos de víctima, según el grado de participación y formas de participación de ésta en la génesis del delito: a) conscientious victim; h) facilitating victim; c) inviting victim; d) provoking victim; e)consenting victim; f)instigating victim,y g)simulating victim. M. JOUTSEN advierte, no obstante, que la tipología expuesta no significa que el mero hecho de hacer consciente a la víctima del riesgo permite ya prevenir eficazmente el delito. Pues numerosos estudios de victimización, sobre estilos de vida de la víctima y delito o sobre «vulnerabilidad» de ésta (victimization risk), parecen demostrar que dicho riesgo de devenir víctima de u n delito o vulnerabilidad se halla significativamente correlacionado con otros factores y características difíciles de modificar: la edad, el sexo, el origen étnico, la ocupación, el área de residencia, etc."*^
En la tipología de M. JOUTSEN^''^ conscientious victim es aquella que se comporta en la forma que lo hubiera hecho un buen (diligente) padre de familia. Es la víctima «ideal» e inocente. A la segunda categoría: facilitating victim, pertenece aquella que no toma las cautelas debidas frente al delito, la que omite las medidas razonables que hubiera adoptado una persona prudente (vg., no cerrar la maleta o la caja de caudales), haciendo de este modo más fácil al delincuente la ejecución del hecho criminal. El comportamiento de la víctima en este supuesto puede ser «aprovechado» por un tercero ya decidido a perpetrar el hecho, o puede incluso «generar» una decisión delictiva antes inexistente. Por inviting r/c///?? entiende M. JOUTSEN aquella que deliberada e innecesariamente asume un riesgo victimógeno o acepta una determinada situación de peligro (vg. transitar un barrio conflictivo a altas horas de la noche y sin compañía). La innecesariedad de asumir tal riesgo permite distinguir este supuesto del primero de los citados. La diferencia, a su vez, de la inviting ^1 la faciliting K/^/Z/T? reside en el grado de consciencia respecto a la situación de riesgo que se asume: en el caso de la facilitating victim, ésta actúa sin precaución, pero tampoco es consciente del peligro que corre. Mientras la inviting victimsaloe que es muy vulnerable y, sin embargo, no adopta las cautelas impres^^ cindibles. En cuanto a \aLprovoking K/ÍJ/Z/T?siempre según M. JOUTSEN, se trata de
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Cfr. NEUMAN, E., Victimología, cit., págs. 64 y ss. Sobre ABDEL EZZAT FATTAH y sus puntos de vista victimológicos véase de este autor: Vers une typologie criminologique des victims, en: Eévue Internationale de Pólice Criminelle, 1967, págs. 162 y ss.; Explanation of Criminal Behavior, en: Victims and society, Washington, D. C , 1976, págs. 105 a 129 (E. C. Viano, edist.); Some recent Theoretical Developments in Victimology, Victimology, 4, 1979, págs. 198 a 213; Victims' Response to Confrontational Victimization: A Neglected Aspect of Victim Research, en: Crime and Delinquency, 30 (1984), págs. 75 a 89. ; ,,_ Victimología, cit., págs. 69 y ss. ;-í3f;lÁ>í

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JOUTSEN, M., The role of the victim of crime in european criminal justice systems, 1987, Helsinki, cit., págs. 74 y ss., especialmente 80 y ss. :::.• ,,;r;:,,; J O U T S E N , M . , T h e r o l e o f t h e v i c t i m , cit.,pág. 87. -rairín-,»' u. ..•.J,.ñ oobre los supuestos y formas de participación de la víctima en su propia victimización, vid. JOUTSEN, M., The role of the victim, cit., págs. 80 y ss.

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aquella que se comporta de tal manera que determina al infractor al delito, precisamente como represalia o venganza contra la víctima. El delito no se habría cometido sin dicha previa provocación, si bien para estimar una conducta como provocadora o no provocadora resulta imprescindible tener en cuenta no ya la acción misma, sino la «percepción» de las personas implicadas (infractor y víctima). Una Í011 categoría especial de provoking victimQ% la perpetrating victim, que se ha servido 0 8 A de violencia o astucia en un momento anterior, situando al después delincuente en una genuina situación de necesidad de defensa (vg., violencia doméstica prolongada). Un quinto tipo de víctimas es la consenting victim, esto es aquellas que, una vez Í9b conocido el designio criminal del infractor, permiten a éste llevarlo a cabo, aun sin desear comprometerse deliberadamente en dicho crimen (vg., ciertos supuestos de juego ilícito). Por instigating K/C'/Z/T?entiende M. JOUTSEN aquel grupo de casos en los que la víctima misma, de forma deliberada, hace posible que se cometa el delito, OflB cualquiera que sea el grado de connivencia de ésta con el infractor (vg., dejarse robar para defraudar, después, a la compañía de seguros o concertar con un tercero el robo con el mismo propósito). A diferencia del segundo tipo de víctimas {faciiitating), en la que ahora se analiza existe el deseo decidido e intencionado de resultar víctima del delito mientras en aquél la conducta negligente de la víctima no perseguía dup desencadenar la comisión del hecho criminal. Por último, la simuiating victim es aquella que, por diversas razones (vg., lucro económico, llamar la atención, etc.), alega la perpetración de un crimen que realmente nunca tuvo lugar. Í9 ,n

c) El concepto de «víctima».— El concepto de «víctima» es un oncepto problemático. Se discute quién puede ser víctima: si esta ondición es privativa de la persona física o no; discrepan los autores también en el momento de delimitar los agentes de la victimización o causas de ésta: si se es víctima sólo de los delitos y actos criminales o, en su caso, de otros males, accidentes o sucesos de la más variada naturaleza. Ni siquiera existe consenso en la doctrina científica sobre la posibilidad de operar con un concepto unitario de víctima, pues, ajuicio de algunos, la realidad criminal lo impediría, siendo numerosas las implicaciones, criminológicas y político-criminales, que derivan de las respectivas acepciones del término «víctima». A la oportuna delimitación del concepto de víctima no h a colaborado, desde luego, el frivolo manejo de algunas expresiones equívocas o desafortunadas extraídas de su contexto {«crímenes sin víctima», etc.) ni la progresiva ampliación del significado originario de dicho concepto de víctima, que amenaza con desvirtuarlo e inutilizarlo. Í . . , , , . , , . , Í , ,
Con independencia de esta disputa científico-académica, existe, además, la inevitable controversia «icteoiógica«y «poiítica» sobre el rol y la función de la víctima. Baste recordar la severa crítica que formula toda la Criminología de base confiictuai marxistad\ concepto convencional de víctima, calificándolo de «construcción sociai de ios poderosos» o «mecanismo de defensa» de las clases dominantes para legitimar o enmascarar la explotación y el sometimiento de las clases oprimidas. De acuerdo con esta orientación, las verdaderas víctimas son las víctimas del sistema capitalista: las víctimas de la policía, de los tribunales, de la Administración penitenciaria, del poder del Estado, de las estructuras de dominación^^^.

Sobre estas y otras tipologías existen revisiones de interés, como las de COSTA ANDRADEi™ y HERRERA MORENOi^i. ^^.t^ Pocas tipologías toman en consideración el hecho de si delincuente y víctima se conocían antes de llevarse a cabo el crimen. A . MARCHIORI se debe u n a de ellas^^^. Sin embargo, como advierte KAISER^^^ se t r a t a de un dato muy ilustrativo desde u n punto de vista criminológico. Con la consiguiente particularidad: en los delitos contra las personas y en los delitos sexuales suele ser muy superior el grado de conocimiento entre delincuente y víctima que entre los delitos patrimoniales (por ello, los primeros suelen calificarse de «delitos de relación»); es más, en determinados delitos (delitos contra la vida, lesiones corporales, amenazas, abusos sexuales contra menores, etc.) es usual que infractor y víctima se conozcan mucho^^* y que pertenezcan a u n mismo grupo familiar o social.

El concepto originario de víctima nace y se perfila en el seno de la «pareja criminal»; esto es, la doctrina acuña el mismo analizando la interacción de los dos miembros del binomio: «delincuente»-«víctima». Por ello, inicialmente no hay más víctima que la persona humana, la persona física. Los primeros estudios trataron de poner de relieve que aquélla no es u n mero objeto, pasivo y fungible, sino u n sujeto; un sujeto que configura el hecho criminal, el autor del mismo y contribuye a su propia victimización. De este concepto de víctima como sinónimo de persona natural que experimenta subjetivamente con malestar o dolor u n a lesión objetiva de bienes jurídicos participan H. v. HENTIG, PAASCH, NAGEL, ZIPF y
r.i'3 :;í

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COSTA ANDRADE, M., A Vitima e o Problema Criminal, 1980. Coimbra Editoria, págs. 144 y ss. HERRERA MORENO, M., La hora de la víctima, cit., págs. 137 a 166. HILDA MARCHIORI, Personalidad del delincuente, México, 1978. Edit. Porrúa. Cfr. NEUMAN, E., Victimología, cit., pág. 67. Criminología. U n a introducción a sus fundamentos teóricos, cit., pág. 94. Sobre el problema se h a n ocupado, entre otros, ROBINS, HOHENSTEIN, E I S E N B E R G , BRAUNECK, SCHULTZ, SESSAR, etc. (cfr. KAISER, G., Criminología, cit., pág. 94).

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Sobre el problema, cfr. SCHNEIDER, H. J., Kriminologie, cit., pág. 758 (criticando tal posición teórica).

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otros^''®. Pero es u n a acepción restrictiva que dejaría fuera de toda consideración victimológica u n a rica y grave gama de comportamientos criminales dirigidos contra personas jurídicas o intereses supraindividuales. Una vez superado, además, el microscópico ámbito de la pareja criminal y los prejuicios psicologicistas de los primeros estudios victimológicos, evidenció su insuficiencia, su estrechez. No puede discutirse que las organizaciones, la sociedad misma, el Estado o la comunidad internacional pueden ser también víctimas de delitos^^''. Ciertos hechos criminales, por su propia naturaleza, lesionan o ponen en peligro bienes e intereses cuyo titular no es la persona física, porque trascienden a ésta. Ello no significa, desde luego, que existan delitos «sin víctima»; significa que en estos campos de la criminalidad (criminalidad «financiera», de «cuello blanco», etc.), la acepción tradicional de «víctima», muy restrictiva, carece de operatividad, dado el proceso de «despersonalización», «anonimato» y «colectivización» de la víctima que se ha producido en los mismos^^®.
si ,3érr* Precisamente porque en la delincuencia económica y en la wMe coi/ar-crz/nese •firni' «volatiliza» o «difumlna» la víctima, un sector de la doctrina, entre quienes figura \ís\A' KAISER^^^ entiende poco fructífero el intento de elaborar un concepto especial de víctima. .x^g«|ó;moo lBft\^\»fitv.

de un concepto lato de víctima que prescinde de la causa del proceso de victimización.
Así, DADRIAN concibe la Victimología como el estudio de los procesos sociales a través de los cuales individuos y grupos son maltratados, con la consiguiente generación de problemas sociales. Y STANCIU define la víctima, en una acepción muy amplia, como aquella persona que sufre injustamente. También GALAWAY y HUDSON, junto al tipo de víctima «provocadora», «precipitadora del delito» y «autovictimizante», incluyen a las víctimas «políticas», las «biológicamentedébiles» y «débiles socialmente»^^\

Algunos supuestos criminológicos se citan como especialmente polémicos en orden a la calificación de «víctima». Es el caso de las personas erróneamente acusadas por la justicia que padecen los efectos del sistema legal; de las víctimas que devienen después delincuentes precisamente por razón de dicha experiencia; del infractor que experimenta un efectivo sentimiento de victimización frente a la sociedad, o el de determinados colectivos, tradicionalmente sometidos, por su vulnerabilidad, a vejaciones no siempre sancionadas perlas leyes o castigadas en la realidad^*^^. ._ ;, < ; ,;
En cuanto a las personas acusadas erróneamente por la justicia, existe ya una vasta bibliografía que pone de relieve los efectos que aquéllas padecen, muy semejantes a los de cualquier otro supuesto convencional de victimización. Las investigaciones de MORAN y ZIEDMAN'^^ y de SHICHOR'^" son muy significativas al respecto. El supuesto de la víctima que deviene delincuente, bien por el impacto de la experiencia victimarla, bien por la vía del aprendizaje, cuenta también con una sólida base empírica. Así, el trabajo de WOLFGANG, FIGLIO y SELLIN^'== constata que un tanto por ciento significativo —un 27 por 100— de personas arrestadas, en su

El concepto de víctima precisa de u n a ulterior matización: su fiíente o causa. MENDELSOHN propuso no identificar «víctima» Y «víctima del delito», pues, a su juicio, sólo u n a acepción amplia (padecimiento derivado de cualquier factor: físico, psíquico, social, político, etc., o incluso inferido por medios ambientales o técnicos)^^° evitaría que la Victimología naciera ya, sin autonomía alguna, sometida a la Criminología o al Derecho Penal. No obstante, predomina aún en la doctrina victimológica, fiel a sus orígenes, u n a cierta tendencia al uso de concepciones restringidas. Con significativas excepciones partidarias o J r)(tfg'iítf *ófepa ti© omg'/SWiflil/! < ^ •
^^'^ ^" ^^* ^^^ 1^ *°

Cfr. SANGRADOR, J. L., La victimología y el sistema jurídico-penal, cit., págs. 65
y ss. Cfr. SANGRADOR, J. L., La victimología y el sistema jurídico-penal, cit., págs. 65 y 66. MORAN, R.-ZIEDMAN, S., Victims without crimes: compensation to the not guilty, en: Victimology: a new focus (vol. 2), Lexington D.C., 1975, Lexinton-Books, D.C. Heaths (Drapkin, I.; Viano, E., edits.). SHICHOR, D., The wrongfully accused and the criminal justice system, en: op. cit. (nota anterior), vol. 3, 1975. El artículo 121 de la Constitución española dispone: «Los daños causados por error judicial, así como los que sean consecuencia del funcionamiento anormal de la Administración de Justicia, darán derecho a una indemnización a cargo del Estado, i„„ 'Conforme a ley.» WOLFGANG, M. E.; FIGLIO, R. M., y SELLIN, T., Delinquency in a birth cohort, Chicago, Chicago University-Press, 1972. , , . •, ,• - J 3 W . I «JSB

.ííoiaBsiraiJaiv Btqo'i ,

Cfr. KAISER, G., Criminología, cit., págs. 94 y ss. En este sentido, SCHNEIDER, H. J., Kriminologie, cit., págs. 755 y ss. Así, SCHNEIDER, H. J., Kriminologie, cit., págs. 756 y ss. Criminología, cit., pág. 94. BíiiJí 8 0 0 9 ; Sobre este punto de vista de MENDELSOHN, vid.: NEUMAN, E. Victimología, cit., pág. 30; SANGRADOR, J. L., La victimología y el sistema jurídico-penal, cit., págs. 65 y ss. El punto de vista de B. MENDELSOHN se puede encontrar en: Une nouvelle Branche de la science bio-psycho-sociale: la victimologie. Révue '•'•; • Internationale de Criminologie et de Pólice Technique, X, núm. 2,1956, págs. 95 y ss.

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juventud habían sido previamente víctimas de delitos violentos. Otras investigaciones llegan a una conclusión aún más radical, como es el caso de las realizadas por S. I. SINGERi<=^ y por T. P. THORNBERRY-S. I. SINGER'^': un 64 por 100 de los jóvenes que fueron víctimas de delitos se convierten en delincuentes cuando son adultos, mientras sólo un 22 por 100 de los jóvenes que no tuvieron la experiencia victimarla devienen criminales en la madurez. Y VfiLa hipótesis del «ofensorcomo víctima», esto es, del delincuente que experimenta un sentimiento de victimización por la sociedad o por el sistema —tanto si se trata de una vivencia sincera y merecida como de una técnica de autojustificación o de neutralización— parece haberse verificado convincentemente por NEWMAN, quien comprobó que un 75 por 100 de los infractores encuestados compartían tal sentimiento de victimización^'^''. Lo que, a juicio de DRAPKIN, bien pudiera ser uno de los efectos de la pena privativa de libertad, que explicaría los elevados índices de

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•í^ ^ SU eventual naturaleza societaria o anónima, su ausencia física, la falta de una relación personal y directa de la misma con el infractor, son datos que operan como poderosos mecanismos de neutralización o justificación. Que intervienen a menudo en el proceso de deliberación criminal y en las sutiles estrategias de racionalización y autoexculpación nue pone en marcha el delincuente para salvar su«concepto de sí misino» V defenderse del complejo de culpa y la autodegradación (técnicas de neutralización como por ejemplo: negación de la víctima, culpabilización de la víctima, negación de la ofensa, etc.). Y que, por ello mismo, una eficaz prevención del delito recomienda tener en cuenta los efectos y consecuencias derivados de dicho anonimato, colectivización y despersonalización de la víctima.
El carácter anónimo o colectivo de la víctima explica que las organizaciones y personas Jurídicas {soáeáasies, empresas, etc.) sean, con más frecuencia que las personas físicas, víctimas de determinados delitos. La despersonalización de aquéllas es un mecanismo de neutralización o justificación del infractor, un aliciente para la comisión del delito o un pretexto tranquilizador que rebaja su culpa. Así, por ejemplo, en los hurtos a grandes aimacenes (i\dna despersonalización de la víctima (empresa) permite al empleado infiel argumentar que no dañan a nadie —¡paga el seguro!— (negación de la víctima) o que la empresa se lo merece por explotar a sus trabajadores (culpabilización de la víctima), que no son conductas delictivas, sino un justo sobresueldo (negación de la ilicitud del acto), y que en cualquier caso se trata de cosas de poco valor o incluso en mal estado. En cuanto a la criminaiidad «informática» (delitos cometidos mediante los ordenadores), el hecho de que sea muy difícil determinar la relación entre infractor y víctima existente —la ausencia, despersonalización o anonimato de esta última—es también un factor decisivo. La estructura y despersonalización de las empresas implicadas, la extensión de sus demarcaciones geográficas, la división del trabajo y el elevadísimo nivel de especialización, la complejidad de sus tecnologías, variedad de sus respectivos productos y organigramas hacen casi invisible la criminalidad entre sociedades, ocasionando estos delitos, además, grave daño a la economía nacional y a los consumidores. Otro tanto sucede con muchos delitos financieros^ con la criminalidad contra eimedio ambiente. El anonimato y el carácter colectivo {«difuso») de la víctima (el orden económico mismo, la sociedad) limitan al máximo la visibilidad social de estos delitos. El delincuente aprovecha la especial psicología de la víctima masa, indiferente y poco motivada si la entidad del perjuicio concreto que se le ha causado no le compensan los gastos e incomodidades de una reclamación judicial, y, sobre todo, la injusta desconfianza, recelo y escepticismo con que la sociedad suele recompensar a quien ha sido víctima de delitos de esta especie^ iü'>'j
i.<'(-•170

En todo caso, procede resaltar un dato victimológico de primera magnitud: la progresiva despersonalización, colectivización o anonimato que parecen caracterizar las relaciones entre delincuente y víctima en una amplia y significativa parcela de la criminalidad de nuestro tiempo. Así, por ejemplo, en los delitos «financieros», en los de «cuello blanco», en numerosos hechos criminales cometidos en nombre de personas jurídicas y empresas (o en perjuicio de éstas), delitos de fraude al consumidor, delitos cometidos mediante ordenadores, etc. Dicho proceso de despersonalización, colectivización o anonimato de la víctima tiene su origen, sin duda, en las complejas relaciones de la sociedad postindustrial y posee un trascendental interés criminológico, tanto desde un punto de vista etiológico (génesis del delito) como político-criminal (prevención del mismo). En efecto, numerosas investigaciones han puesto de manifiesto que la difícil identificación de la víctima —o su imposible individualiza•w7iít#?ff;^-?¡ís;i»aifiSR''^íwi-'WB3'JíiHÍ-4!^
^'^^ SIMÓN I. SINGER, Homogeneous Victim-Offender Populations: A Review and some Research Implications, en; Journal of Criminal Law and Criminology, 1981 (72), págs. 779 y ss. Cfr. SCHNEIDER, H. J., Kriminologie, cit., pág. 762. 1 " TERENCE P. THORNBERRY y SIMÓN I. SINGER, Opfer und Tater: Zur 8? Ubereinstimmung zweier Populationen, en: Das Verbrechensopfer, Bochum, 1979, , i! edit. G. F. Kirchoff-K. Sessar, págS: 321 y ss. Cfr. SCHNEIDER, H. J., Kriminologie, cit., pág. 762. 188 NEWMAN, J., The Offender as the victim, en: Victimology: A new focus, cit., vol 3,1976. Cfr. SANGRADOR, J. L., La victimología y el sistema jurídico-penal, cit., pág. 66. 1^^ DRAPKIN, I., The prison inmate as victim, en: Victimology, cit., 1 (1976), págs. 98 y ss. Cfr. SANGRADOR, J , L., La victimología y el sistema jurídico-penal, cit., pág66.

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Sobre estas técnicas de neutralización o autojustificación vid. SCHNEIDER, H. J., i^iminologie, cit., págs. 756 y ss.; GARCÍA-PABLOS, A., Problemas actuales de la <-nminología, Madrid, 1984, págs. 113 y ss. (capítulo III: «La denominada ^riminalización primaria. Análisis de las técnicas de neutralización y "-utojustificación en la moderna criminología»); FATTAH, E. A., The use of the

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d) Vulnerabilidad de la víctima («victimization risk»).— Otro de los temas favoritos de la Victimología es el de la «vulnerabilidad» de la víctima; esto es, el riesgo que corre u n a persona o colectivo de personas determinadas de convertirse en víctima de ciertos delitos. Las investigaciones llevadas a cabo durante los últimos lustros parecen haber podido constatar dos datos: en primer lugar, que existen algunos factores objetivos determinantes de la específica vulnerabilidad o riesgo de las personas en quienes concurran (situaciones criminógenas, cualidades y carencias de tales individuos, estilos de vida, estereotipos sociales, etc.); en segundo lugar, que los índices de victimización no se reparten de forma homogénea en el cuerpo social, sino de modo muy desigual entre sus diversos grupos y subgrupos. Algunos de ellos son especialmente propensos a la victimización porque asumen riesgos superiores a los de los restantes (recidivist victims), lo que puede apreciarse, por ejemplo, en concretas profesiones con relación a específicos delitos. El grado de integración o marginación social de la persona (o grupo al que ésta pertenece) y la mayor o menor proximidad y exposición al riesgo derivada de su «estilo de vida» (vg., contacto mayor o menor con extraños) son dos de los factores en los que suelen centrar su atención los estudios de victimización. , ' - -"E n todo caso, pues, el riesgo de victimización es un riesgo «diferencial», no igual, ni homogéneo, ni uniforme. Y u n riesgo «selectivo», asociado a ciertas variables (y no producto del azar, de la casualidad).
Según SEPAROVIC'^\ el pronóstico de victimización depende fundamentalmente de tres factores: personales, sociales y situacionales. Entre los primeros figurarían los estrictamente biológicos, como la edad, el sexo o la salud, y factores psicológicos varios (vg., agresividad, alienación, despreocupación, etc.). De los factores soc/a/esáesXaca la actuación victimogenésica de la sociedad misma, que •cixow victimiza a determinados grupos y minorías (inmigrantes, marginados, etc.). Los !is!:.it s/tuac/ona/es haúan referencia a la infraestructura urbana, ecológica, etc. :... sofoi
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Hay momentos y espacios en los que determinados grupos de pobla• 'n corren un alto riesgo de convertirse en víctimas de ciertos delitos.
Los estudios ecológicos y ambientales, analizados en otro lugar de esta obra^'^ han llamado la atención sobre el especial atractivo que tienen para el crimen determinadas zonas de la gran ciudad («áreas criminales') o espacios físicos de la misma (edificios de gran altura, ascensores, pasadizos, etc.), precisamente por el diseño arquitectónico o urbanístico. Factores como el número y clase de accesos al inmueble, puntos de observación del mismo, posibilidad de identificar a los transeúntes como vecinos o extraños, estabilidad del vecindario y conciencia de territorialidad del mismo, funcionamiento de mecanismos de vigilancia y autoprotección, etc. influyen decisivamente en las tasas de criminalidad. Existen, pues, «estructuras victimógenas», situaciones objetivamente peligrosas''^ Pero sería erróneo suponer que basta, entonces, con alertar a la víctima potencial para que no asuma riesgos innecesarios. Autoconcienciar a la persona— o colectivo de personas— más vulnerables a tales situaciones no es suficiente. Bien porque algunas de ellas no tienen más remedio que asumir el riesgo (vg., vecino, policía, etc.), bien porque éste depende también de otras circunstancias y variables no situacionales (edad, sexo, ocupación, estilo de vida, etc.).

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Determinadas circunstanciaspersorea/es del individuo pueden hacerle también especialmente abocado a la condición de víctima: no existe la víctima «nata», pero sí la víctima «propicia».
Limitaciones físicas, psíquicas o sociales pueden incrementar el grado de vulnerabilidad o riesgo de victimización. Así, la debilidad corporal del individuo, su escasa capacidad de defensa, poca decisión, el atractivo de su conocido potencial económico, etc.'"*. La homosexualidad y el lesbianismo contribuyen también a concitar la agresividad social, proyectando sobre ciertas minorías índices significativos de victimización^'^. ,.' , ,

La imagen que ofrece u n a persona —la percepción social de ésta— puede ser relevante tanto en el perfil del infractor, como en el de la víctima. Una de las características típicas de determinados delitos, por ejemplo, es la atractiva y triunfadora imagen del autor. Así, en los de «cuello

Un primer criterio de distribución del riesgo de victimización es fundamentalmente objetivo y situacional, porque deriva de las características de ciertas estructuras victimógenas (ambientales, espaciales, urbanísticas, ecológicas, etc.).

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victim as an Agent of self-legitimation: Toward a d3raamic Explanation of Criminal Behavior, en: Victims and Society, Washington, D. C , 1976 (Edit. E. C. Viano), págs. 105 y ss. Victimology. Studies of Victims, 1985, Zagreb (especialmente, págs. 13 y ss.). Cfr. JOUTSEN, M., The role of the victim, cit., págs. 87 y ss.

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Vid. infra, capítulo XVI, apartados 3 (Escuela de Chicago), 4 (algunas investigaciones de área), 7 (prevención del delito según enfoques ambientalistas) y 8 (perspectiva «comunitaria»). 9r- « * ' Vid., por todos, SCHNEIDER, H. J., Kriminologie, cit., págs. 761 y ss. Cfr., SCHNEIDER, H. J., Kriminologie, cit., pág. 762. Vid. NEUMAN, E., Victimología, cit., pág. 193. Estos colectivos de elevado riesgo de victimización son, además, los que menos denuncian la comisión del delito cuando llegan a padecerlo.

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blanco», este último suele gozar de una excelente «tarjeta de presentación». Con la víctima sucede otro tanto, pero en sentido inverso. La imagen perdedora de algunas personas (y en esto acierta, también, el intuitivo saber popular, fiel reflejo de la experiencia) las convierte en víctimas propicias del suceso crirninal. Son un auténtico blanco o reclamo para el delicuente. ¡WírtifeíeWisS&fM; Finalmente, el «estilo de vida» del individuo, según recientes investigaciones empíricas, influye en la vulnerabilidad o riesgo de victimización del mismo. Unas veces, de modo directo e inmediato, ya que ofi^ece al delincuente oportunidades objetivas y facilidades (vg., el aislamiento o la marginación social de la víctima). Otras, mediata o indirectamente, a través de ciertos estereotipos, imágenes y símbolos que operan en el proceso de deliberación criminal o en el posterior de su racionalización y autojustifícación por el propio infractor (técnicas de neutralización). En todo caso, la vulnerabilidad de la víctima potencial depende de cómo se percibe su atractivo por el posible delincuente, más que de su atractivo mismo objetivamente estimado"^.
CJ^ ','„•• '/' ,. El concepto de «esti/o de vida», desde un punto de vista criminológico, hace referencia a las actividades rutinarias y cotidianas del individuo, a sus pautas de conducta, ya en el ámbito profesional u ocupacional, ya en el de mero esparcimiento'^^ El estilo de vida guarda estrecha relación con dos factores decisivos: la proximidad y la exposición al riesgo. Si el estilo de vida de una persona —muy condicionado, por cierto, por la estructura social y por las expectativas de rol y éstos, a su vez, por la edad, el sexo, la profesión o el área de residencia de aquélla— implica un frecuente e intenso contacto de la misma con personas desconocidas, en lugares públicos, el riesgo de victimización será muy superior al de aquellas otras personas cuyo estilo de vida no las exponga a tales contactos stranger-to-strangeñ'"^. Prueba de ello son las respectivas tasas de victimización de jóvenes de núcleos urbanos y ancianos en medios rurales. . , _,
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pero así como los conceptos de vulnerabilidad» de la víctima —y otros semejantes— son conceptos estáticos, el de «estilo de vida» es un concepto dinámico que apunta al proceso de interacción simbólica entre delincuente y víctima y al correlativo aprendizaje que tal mecanismo de comunicación implica"". El individuo aprende a ser autor o víctima a ^j.^vés de complejos procesos sociales de interacción simbólica. El modo cambiante en que cada uno percibe la realidad, sus respectivas actitudes y posturas, relaciones y comportamientos, así como la interpretación que puedan hacer de las personalidades del infractor y de la víctima son extremos decisivos en tales procesos de interacción^^".
El impacto victimógeno del «estilo de vida» puede producirse de maneras muy diferentes. Unas veces creando oportunidades propicias para el infractor eventual, cuya labor se le facilita (vg., víctima socialmente marginada o víctima que hace ostentación de su riqueza, atrayendo la atención del criminal). Otras, al implicar una innecesaria asunción de riesgos por parte del individuo, que se involucra en situaciones victimógenas. A menudo, la propia víctima lleva a cabo un comportamiento equívoco que, por chocar con los estereotipos sociales, da pie auna errónea interpretación del mismo por el delincuente. Y éste, al ejecutar el hecho criminal, cree hacerlo justificadamente. Finalmente, la víctima puede desempeñar un papel muy importante en el proceso de motivación del criminal, puesto que las imágenes y definiciones de la víctima con que éste opera actúan como técnicas de neutralización o de justificación del comportamiento delictivo. A las técnicas de neutralización %e ha hecho ya referencia a propósito de los delitos cometidos en perjuicio de personas jurídicas o de aquellos otros que lesionan intereses colectivos, «difusos» {supra, 3, c), infiné). El infractor trata de proteger su imagen de sí mismo, deteriorada por la conducta delictiva, y de neutralizar el complejo de culpa negando el carácter criminal de su conducta, apelando a la ausencia de daño o lesión para persona determinada, argumentando la inexistencia de «víctima» alguna, culpabilizando a ésta o al propio sistema, responsabilizando a terceros, etc.^^^. Tales estrategias operan también en otras figuras delictivas convencionales. Por ejemplo, en el delito de violación de una prostituta el criminal aprovechará los estereotipos e imágenes sociales unidos al estilo de vida de la víctima para autojustificar su crimen arguyendo que no merece ésta la protección penal porque vende su cuerpo (negación de la víctima), porque provocó una conducta realmente querida (culpabilización de la víctima), porque su oposición era meramente aparente (hecho consentido), porque se trata de una maniobra preconcebida para involucrar y perjudicar al supuesto infractor (conversión del delincuente en víctima), etc. En los pequeños hurtos de accesorios de vehículos de motor el

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En este sentido, JOUTSEN, M., The role of the victim, cit., págs. 88 y ss. Así, HINDELANG, M. J.. Victimization Surveying. Theory and Research, en: The Victim in International Perspective, Berlín, 1982, págs. 151 y ss. (edit. Schneider, H. J.): GAROFALO, James, Lifestyles and Victimization, en: From crime Policy to Victim Policy. Reorienting the Justice System, London, 1986, págs. 135 y ss. (edit. Pattah). Cfr. JOUTSEN, M., The Role ofthe victim, cit., págs. 88y ss.; SCHNEIDER, H. J., Kriminologie, cit., págs. 762 y ss. Sobre el problema, vid. JOUTSEN, M., The role of the victim, cit., pág. 88 (y reseña bibliográfica que allí se aporta).

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Así, PATTAH, E. A., Some Recent theoretical Developments in Victimology, en: Victimology, 4 (1979), pág. 201. Cfr. SCHNEIDER, H. J., Kriminologie, cit., pág. 762. 180 jg^ Cfr. SCHNEIDER, H. J., Kriminologie, cit., pág. 762. Cfr. GARCÍA-PABLOS, A., Problemas actuales de la Criminología, cit., págs. 113

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ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA infractor invocará razonamientos semejantes para justificar, o al menos degradar, su responsabilidad: la generalización de comportamientos de dicha índole, prueba de tolerancia social {«todos hacen /o m/smo>>), el tácito consentimiento del propietario (coche «abandonado»), la ausencia de víctima y de daño («paga e/seguro»), la justa compensación de otros hurtos por él padecidos^^^, etc. hmáítá.&

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otros. No existe u n riesgo genérico ni homogéneo sino un riesgo (Jiferencial que varía con cada persona y delito. Por ello, ante hechos similares, unas víctimas reaccionan y afrontan los mismos de forma adaptativa, y otras, lo hacen traumáticamente^^^.

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En cuanto al especial riesgo de victimización de determinados grupos y colectivos de personas, como policías, taxistas, encargados de restaurantes y gasolineras, turistas^*^^, menores^®*, ancianos^^^, divorciados^^'', homosexuales, prostitutas y drogadictos^^^, etc., existen ya estudios de interés. ,, »í- V
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Conceptualmente, no deben confundirse los factores de riesgo (especial predisposición de algunas personas para seducir al criminal) con el grado de vulnerabilidad (física, psíquica o socioeconómica) que, aun cuando preexista al momento de la victimización, entra en escena una vez acaecida ésta, favoreciendo la producción de trastornos o secuelas derivados del hecho criminal. No obstante, en la medida que la percepción por el infractor de la «vulnerabilidad» de su víctima propicia el «paso al acto», los factores de vulnerabilidad pueden considerarse, en bloque, como «elementos de riesgo», por más que se trate de conceptos distintos^^".

e ) V u l n e r a b i l i d a d d e l a v í c t i m a y riesgo d e v i c t i m i z a c i ó n : p a r t i c u l a r r e f e r e n c i a a la v i c t i m i z a c i ó n p s i c o l ó g i c a y s u s variables
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1. Los factores de vulnerabilidad de la víctima adquieren u n a relevancia decisiva en orden al análisis del riesgo de victimización —que es, siempre, un riesgo diferencial—y se comportan como moduladores entre el hecho delictivo y el daño psíquico (psíquico o socioeconómico)^^®. Dichos factores reclaman, desde luego, un estudio individualizado — persona a persona— y h a n de ponerse en relación con cada tipo concreto de delito. Pues la víctima potencial exhibe un riesgo mayor o menor — es más o menos vulnerable— con relación a determinados sucesos y no Bionaíatxsni S' sPfinirniStóiDr sfío,' 'sq F .
182 183

Son muchos —y diversos— los factores moduladores de vulnerabilidad en las víctimas^''^ Se citan, entre otros: factores biológicos (vg. edad crítica, sexo, sensibilización del S.N.C.); biográficos (así: estrés acumulativo, victimización previa, antecedentes psiquiátricos, etc.); sociales (recursos laborales y económicos, apoyo social informal, sistema de redes y habilidades sociales ...); así como ciertas dimensiones de la personalidad (por ejemplo: baja inteligencia, ansiedad, locus de control externo, inestabilidad, impulsividad, etc.).
Algunos estudios establecen una mayor vulnerabilidad psíquica autoinformada de la mujer frente al varón^^^. La ansiedad constituye, también, un factor significativo de vulnerabilidad, según todos los indicios^''^ También, el bajo nivel de inteligencia y un historial de dificultades escolareseducativas. Lo mismo se afirma del «locus de control externo». Es más vulnerable la víctima que tiene la sensación de ejercer un pobre dominio o control de la situación y que atribuye siempre los acontencimientos a otras fuerzas, a terceros (destino, fatalidad, etc.), por negar relevancia a sus propias acciones.

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Vid. SCHNEIDER, H. J., Kriminologie, cit., pág. 763. Vid. SERRANO, A., Criminalidad y movimientos migratorios. La criminalidad de los turistas en España, en: Revista Española de la Opinión Pública, 1969. Sobre el problema de los menores como víctimas potenciales de particular riesgo, vid. GARCÍA-PABLOS, A., Presupuestos criminológicos y político-criminales de un modelo de responsabilidad de menores, en: CGPJ, 1997. Menores privados de libertad. Sobre la victimización de ancianos, vid. COOK, F. L., Criminal victimization of the elderly: a new national problem?, en: Victims and society, Washington, D. C , Visage Press, E. C. Viano, edit., 1976. Sobre el elevado riesgo de victimización en que se encuentran personas o colectivos faltos de raíces y vínculos sociales, como divorciados, separados, etc., vid. JOUTSEN, M., The role of the victim, cit., pág. 87 y bibliografía allí citada. Sobre la vulnerabilidad de ciertas minorías como las citadas, vid. NEUMAN, E., Victimología, cit., págs. 193 y ss. ESBEC RODRÍGUEZ, R., y GÓMEZ JARABO, G., Psicología forense y tratamiento jurídico legal de la discapacidad, Madrid (Edisofer, S.L.), 2000, 166 y ss.

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191 192

193

ESBEC RODRÍGUEZ, E., y GÓMEZ JARABO, G., Psicología forense, cit., pág. 167Cfr. ESBEC RODRÍGUEZ, E., y GÓMEZ JARABO, G., Psicología forense ..,cit., págs. 167. Por todos, ESBEC RODRÍGUEZ, E., y GÓMEZ JARABO, G., Psicología forense, cit., págs. 167 y ss. Cfr. ESBEC RODRÍGUEZ, E., Victima de delitos violentos y contra la libertad sexual en una jurisdicción: impacto psíquico y factores socio-demográficos de 'vulnerabilidad (tesis doctor&V), 1997. Cfr.,delimsiao: Psicología forense..., cit., pág. 167. Sobre los factores de vulnerabilidad en las víctimas, vid. ESBEC RODRÍGUEZ, E., y GÓMEZ JARABO, G., Psicología forense, cit., pág. 170, Tabla 18, déla que se toma la información que sintetizo. ,;jjiiaiM>i)j',/'jr '.ííuiTOí u» ii'j tvaac Evisanq

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Especial interés en orden al riesgo de victimización e impacto de ésta tienen los «recursos sociales» efectivos de la víctima. La «vulnerabilidad social» de la víctima míhí depende, en buena medida, del apoyo o soporte social con que ésta cuente, y de la Bflrat calidad de su sistema de redes y habilidades sociales. Los estudios empíricos demuestran que los pobres recursos socioeconómicos de la víctima, el paro, la falta de apoyo social informal, etc. potencian la victimización y los efectos de ésta, -siber incrementando, por ejemplo, la ansiedad, depresión, las somatizaciones, la intrusión y conductas evitativas de manera estadísticamente significativa^^". El estado civil parece menos relevante para la mujer que para el varón, según recientes investigaciones empíricas^^^ La concurrencia de otros sucesos vitales próximos al hecho victimizante (no deseados, negativos), incrementan igualmente la vulnerabilidad de la víctima como consuencia de un proceso de agotamiento de la capacidad adaptativa de ésta, disminuyendo dicha capacidad, sin embargo, si tales sucesos se perciben como positivos^'"'. Por otra parte, ciertos rasgos cognitivos de la personalidad como el estilo atribucional, la expectativa de control sobre los estímulos y los recursos de afrontamiento constituyen factores moderadores del estrés de particular relevancia que juegan un papel decisivo con relación a las psicopatologías derivadas de un suceso victimizante^^'. Los procesos de atribución, en particular, explican el comportamiento y actitudes de la víctima e influyen de modo muy significativo en la percepción del hecho criminal y su afrontamiento por aquella. Finalmente, ciertos datos biográficos de la víctima favorecen respuestas desadaptativas de la misma ante el estrés de la victimización. Así, la experiencia de un abuso o malos tratos durante la infancia, antecedentes psiquiátricos familiares, separación o divorcio de los padres antes de cumplir aquella los diez años de edad, penuria económica de la familia, etc.'^^

Las lesiones psíquicas más frecuentes son los cuadros mixtos ansioso¿epresivos, el trastorno por estrés post-traumático (TEPT) y el trastorno por estrés agudo, los trastornos adaptativos mixtos y la desestabilización propia de los trastornos de la personalidad de base^°°. La victimización psíquica en los delitos violentos, en general, es un problema grave cuyos efectos conoce y valora u n a matizada experiencia empirica^°^ La víctima de estos hechos criminales padece sentimientos de humillación, ira, vergüenza e impotencia; preocupación constante por el trauma; autoculpabilización, con tendencia a revivir y percibir el suceso como responsable principal del mismo; pérdida progresiva de autoconfianza por los sentimientos de indefensión que experimenta; alteración del sistema de valores, en particular, quiebra de su confianza en los demás y en la existencia de un orden justo; falta de interés y motivación hacia actividades y aficiones previas; incremento de su vulnerabilidad con temor a vivir en un mundo peligroso y pérdida de control de su propia vida; disminución de la autoestima; ansiedad, depresión, agresividad; alteraciones del ritmo y contenido del sueño, disfunciones sexuales; dependencia y aislamiento; cambios drásticos en el estido de vida, miedo a acudir a los lugares de costumbre, etc.^^^
La secuela psíquica más común en delitos de particular gravedad y violencia (secuestro prolongado, con riesgo inminente de asesinato, por ejemplo) es la «transformación permanente de la personalidad» (C.I.E. 10: F. 62.0) que consiste en la aparición —no en cambios progresivos normales— de rasgos de la personalidad nuevos, de carácter estable y desadaptativos. Tales transformaciones de la personalidad de la víctima, no siempre precedidas por un trastorno de estrés postraumático (C,I.E. 10: F. 43.1), son duraderas, y exhiben rasgos inflexibles desconocidos con anterioridad a la victimización que deterioran las actividades Interpersonales, ia actividad social e incluso la ocupacional de la víctima. Actitudes de hostilidad y desconfianza hacia el mundo; retraimiento social; sentimientos de vacio, impotencia y desesperanza, de «estar al límite», y «vivencias de extrañeza», son algunos de aquellos rasgos^^l , ^ ,

2.- El concepto de lesión psíquica en nuestro ordenamiento jurídico, y en la práctica pericial, es muy reciente, primando, todavía, la repercusión somática o corporal de la victimización sobre la incidencia psicoló gica de ésta en la salud mental del sujeto pasivo^^^.

Así, ESBEC EODRÍGUEZ, E., y GÓMEZ JARABO, G., Psicología Forense, cit., pág. 168. Según ESBEC RODRÍGUEZ, E. (Psicología forense, cit., pág. 168), solo en el varón la condición de soltero-divorciado-separado correlaciona con niveles superiores de psicopatología. Por el contrario, la mujer víctima de violación que convive con su compañero sentimental exhibe mayores niveles de intrusión (revive intensamente los hechos) que la que vive sola o con sus padres, lo que se explica, probablemente, como consecuencia de u n proceso de condicionamiento clásico. Cfr. ESBEC RODRÍGUEZ, E., y GÓMEZ JARABO, G., Psicología forense, cit., págs. 168 y 169. Vid. ESBEC RODRÍGUEZ,E./GÓMEZ JARABO, G.,PsicoZo^ia/bre?ise,cit.,pág. 169Cfr., ESBEC RODRÍGUEZ, E./GÓMEZ JARABO, G., Psicología forense, cit., pág169. LesiónpstíjMíca y daño moral son conceptos que aluden a realidades diferentes. La primera opera en el ámbito inconsciente, y la desestructuración de la personalidadj

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conduce a trastornos mentales (de conducta). Por el contario, el daño moral se percibe conscientemente y se experimenta por la víctima más como perjuicio que como sufrimiento (Cfr. ESBEC RODRÍGUEZ, E./GÓMEZ JARABO, G., Psicología forense, cit., pág. 160. Así, ESBEC RODRÍGUEZ, E./GÓMEZ JARABO, G., Psicología forense, cit., págs. 159 y 160. Cfr. ESBEC RODRÍGUEZ, E./GÓMEZ JARABO, G., Psicología forense, cit., págs. 158 y 159^ nota 20 (referencia bibliográfica). Así, ESBEC RODRÍGUEZ, E./GÓMEZ JARABO, G., Psicología forense, cit., pág. 158, Tabla 17. Vid. ESBEC RODRÍGUEZ, E./GÓMEZ JARABO, G., Psicología forense, cit., págs. 162 y 163.

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La victimización psíquica merece u n examen pormenorizado en determinados grupos de delitos^"*. 1'.- Delincuencia contra la propiedad. En general, puede afirmarse que las secuelas psicológicas de estos delitos carecen de evaluaciones empíricas rigurosas.
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Aunque no exista consenso en la doctrina, todo parece indicar que la psicopatología emergente guarda relación más con la habilidad de la víctima para manejar el estrés que con la entidad del evento mismo^"''

3'.- Malos tratos, abuso sexual y corrupción de menores. a») Los malos tratos a niños constituyen u n a criminalidad de muy elevada cifra negra y gravísimo impacto psicológico en la víctima. Psicológicamente, el niño maltratado se manifiesta triste y decaído, apático. Puede presentar un retraso psicomotor y bajo rendimiento escolar, d e s a r r o l l a n d o incluso, r e s p u e s t a s de r e t r a i m i e n t o o
antisociales . _ ujnminuSfWciJuáni >

Algunas investigaciones demuestran que la vivencia de ser atracado puede resultar dramática para el psiquismo de la víctima: entre un 10 y un 30% de los trabajadores de banca víctimas de un atraco a mano armadadesarrollan un trastorno de estrés postraumático (TEPT). No menos pesimistas son los hallazgos de estudios europeos a propósito de robos en domicilios: aún sin existir contacto personal directo entre víctima y victimario, son importantes —e incluso duraderos— los problemas emocionales (temor, sensación de desprotección, etc.) que acusa aquella como consecuencia del delito. Otras investigaciones concluyen que un 10% de las víctimas de robos con violencia e intimidación o fuerza en las cosas padece, como secuela, un daño psíquico d u r a d e r o - . ^ ^ ^ ^ , ^ ¿ , ^ ^ g g ^ _ ^ ¿ ^ ^ , ^ ,

Los estudios psicológicos establecen tres grupos-tipo de síntomas postraumáticos en niños victimizados: grupo con síntomas intrusivos o de evitación, grupo con miedo y ansiedad generalizada, y grupo de miedo y pesadillas^'"

2'.- Tráfico rodado. La victimización psicológica ocasionada por vehículos de motor constituye el evento traumático más firecuente y mejor estudiado. La doctrina^"^ ha constatado tres fases (aguda, subaguda y la reacción a largo plazo) de diversa duración con las que la víctima exhibe u n a particular sintomatología como consecuencia del impacto psicológico del traumatismo.
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La fase aguda tiene breve duración y durante la misma experimenta la víctima trastornos conductuales (agresividad, pánico, apatía ...), ansiedad y confusión. La fase subaguda que sucede a la anterior, puede prolongarse durante semanas. En ella se desarrollan los trastornos mentales, dominando el cuadro las reacciones emocionales (ansiedad, depresión, etc.), junto al comportamiento social desadaptativo. Psicológicamente, se caracteriza por la intrusión (la víctima revive el trauma). Algunos de sus síntomas son: fatiga, dolores corporales, traumafobia, labilidad emocional, irritabilidad, transpiración, desasosiego, trastornos del sueño, reacción de alarma, tensión o rigidez, pérdida de iniciativa, cefaleas, humor depresivo, debilidad, ansiedad, aislamiento, problemas digestivos, amargura, jadeo, pesadillas, etc.^"^. Por último, la reacción a largo plazo —última fase— incluye trastornos mentales no orgánicos, y, en menor porcentaje, orgánicos.

Se h a n descrito importantes secuelas a medio y largo plazo asociadas a los malos tratos: retraso mental y bajos niveles de inteligencia «verbal»; fracaso escolar; retraso en la adquisición del lenguaje; retraimiento y trastornos sociales adaptativos; angustia y ansiedad, depresión, ideas suicidas; cuadros psicóticos; trastornos de identidad múltiple; trastorno límite antisocial o de personalidad; alcoholismo; fracaso no orgánico de crecimiento; trastornos psicosomáticos; agresividad, irritabilidad, hostilidad, etc.^".
La doctrina suele llamar la atención sobre el llamado «efecto espejo», esto es, sobre el fenómeno comprobado de que la víctima de malos tratos durante la infancia practicará en la madurez los mismos malos tratos, pasando, pues, de víctima infantil a maltratador adulto, de niño maltratado a paciente psiquiátrico o criminal violento. Se habla, también, de criminalización de la víctima para designar tal realidad^'^.

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b») El abuso sexual es u n a modalidad del maltrato infantil de particular trascendencia por su impacto psicopatológico.
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Se sigue la información que suministra la obra citada en este epígrafe: E S B E C RODRÍGUEZ, E./GÓMEZ JARABO, G., Psicología forense, cit., págs. 176 a 190. ^"^ Vid. las investigaciones noruegas, el estudio de MIKE MAGUIRE y el de DÜNKEL que citan ESBEC RODRÍGUEZ, E./GÓMEZ JARABO, G., Psicología forense, cit., pág. 176. ^°'' Cfr., ESBEC RODRÍGUEZ, E./GÓMEZ JARABO, G., Psicología forense, cit., refiriéndose a la investigación de Malt, págs. 177 y ss. 2"^ Vid. ESBEC RODRÍGUEZ, E./GÓMEZ JARABO, G., Psicología forense, cit., pág177. , ,,. - - . , . . . ,: ... ..,.:, „ , , „ , .

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En este sentido, ESBEC RODRÍGUEZ, E./GÓMEZ JARABO, G., Psicología forense, cit., págs. 177 y 178. Cfr. ESBEC RODRÍGUEZ, E./GÓMEZ JARABO, G., Psicología forense, cit., págs. 180 y ss.
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Cfr., ESBEC RODRÍGUEZ, E./GOMEZ JARABO, G., Psicología forense, cit., págs.
211 180 y 1 8 1 .

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ESBEC RODRÍGUEZ, E./GÓMEZ JARABO, G., Psicología forense, cit., pág. 181. Así, ESBEC RODRÍGUEZ, E./GÓMEZ JARABO, G., Psicología forense, cit., pág. 181.

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ANTONIO GAECÍA-PABLOS DE MOLINA Investigaciones empíricas solventes han podido constatar los siguientes extremos: el niño, a pesar de su corta edad, intuye el abuso («algo raro pasaba»), aún cuando no puede etiquetar el gesto sexual como «abuso» con conocimiento de causa; solo a partir de los 7 a 9 años comienza a comprender el carácter abusivo del comportamiento sexual del adulto; casi un 20% de las mujeres, y casi un 10 de varones, refieren abusos sexuales padecidos durante la infancia, en la mayor parte de las ocasiones llevados a cabo por miembros de la familia propia; la edad prepuberal (10-12 años) —y no la pubertad— representa el momento de máxima vulnerabilidad de la víctima; la reacción prevalente en la víctima es de miedo y desconcierto; dicha experiencia sexual no suele relatarse; el abuso sexual intrafamiljar suele ser más perturbador que el extrafamiliar; el trauma es más severo cuanto más cercana sea la relación entre infractor y víctima, cuanto mayor sea esta última y si se utiliza fuerza o coerción; el tipo de incesto más frecuente se realiza con hermanos y primos, y es el menos traumático^^^

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estresador, los elementos de vulnerabilidad personal y las consecuencias sociales y económicas del hecho tienen u n a importancia decisiva^^*^. La edad y el sexo, son, por el contrario, factores que condicionan el impacto psicológico del traumatismo.
Mujeres y ancianos vivencian con especial dramatismo la agresión. Así, parece haberse constatado una presencia llamativa de trastornos de estrés postraumático en la población femenina tanto en el caso de catástrofes naturales como en el de delitos violentos^^^. Las víctimas de estos delitos suelen referir, por este orden, preocupación, miedo y pérdida de confianza; depresión, estrés, alteraciones deLsueño o problemas de salud; rabia y frustración^^^

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5') Agresiones sexuales. Las personas que sufren estos delitos —en particular, el de violación— son las más intensamente victimizadas. La violación es uno de los hechos criminales más traumatizantes, genera de forma inmediata síntomas de trastorno de estrés postraumático y, a menudo, secuelas psicológicas a largo plazo^^^.
Según conocidas investigaciones^^", la violación ocasiona reacciones emocionales severas, especialmente miedo, drepresión y rabia, con el consiguiente cambio de los estilos de vida de la víctima. Esta padece un incremento significativo de los niveles de obsesión —compulsión, ansiedad, ideación paranoide, psicoticismo, etc., que parecen correlacionar con la entidad de la fuerza o violencia empleada por el agresor^2\ Un porcentaje llamativo de las víctimas desarrolla trastornos o transformaciones permanentes de la personalidad.

El incesto plantea u n a problemática específica, particularmente significativa en el caso del incesto padre-hija, cuando ésta se ve inmersa en el escenario penal y el progenitor es ingresado en prisión o apartado de la familia^^*.
La ruptura brusca de la relación paterno-filial puede generar profundos senti'•• • mientes de autoculpabilización que desencadenan respuestas violentas («acting-í-lt' outs»), tentativas de suicidio, graves depresiones o «acting-outs» sexuales. -f#t El descubrimiento del abuso durante la pubertad, produce en la víctima intensos sentimientos de odio, frustración y culpa, al comprender el significado de la victimización^^^.
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4') Agresiones físicas y lesiones. Se trata, también, de una problemática poco estudiada desde un punto de vista empírico, de suerte que la repercusión psicológica de la agresión suele inferirse más de la praxis diaria y la experiencia clínica que de investigaciones dotadas de u n a metodología rigurosa. En principio, parece que no existe correlación estadísticamente significativa entre la magnitud del daño físico sufí-ido y la repercusión psicológica de la agresión. También aquí el carácter simbólico del

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^^^ Vid. , citando la obra de D. FINKELHAE, ESBEC RODEÍGUEZ, E./GÓMEZ JARABO, G., Psicología forense, cit., págs. 182 y 183. ' " Así, ESBEC RODRÍGUEZ, E./GÓMEZ JARABO, G., Psicología forense, cit., pág. 183. ^^^ Cfr., ESBEC RODRÍGUEZ, E./GÓMEZ JARABO, G., Psicología forense, cit., pág. 184.

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Así, ESBEC RODRÍGUEZ, E./GÓMEZ JARABO, G., Psicología forense, cit., pág. 184. Los autores citan un trabajo de FEINSTEIN y DOLAN, quiénes encontraron diferencias significativas respecto al estresador en la génesis del trastorno de estrés postraumático en el caso de víctimas de graves lesiones. Cfr., ESBEC RODRÍGUEZ, E./GÓMEZ JARABO, G., Psicología forense, cit., pág. 184. Cfr., ESBEC RODRÍGUEZ, E./GÓMEZ JARABO, G., Psicología forense, cit., pág. 184, citando una investigación de HOUGH y McHEW. Vid., ESBEC RODRÍGUEZ, E./GÓMEZ JARABO, G., Psicología forense, cit., pág. 186. Cfr., ESBEC RODRÍGUEZ, E./GÓMEZ JARABO, G., Psicología forense, cit., pág. 186, citando el estudio de SHAPLAND. En general, sobre los efectos psicopatológicos de la violación, vid., el Proyecto SARP («sexual assault research proyect»), de KILPATRIK y VERONEN (1984), ibidem. Vid., ESBEC RODRÍGUEZ, E./GÓMEZ JARABO, G., Psicología forense, cit., pág. 186, refiriéndose al listado de síntomas de DEROGATIS, y otros.

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Suele describirse u n a fase de impacto agudo, en la que el schock traumático se matiza con sentimientos de culpabilidad de la víctima. Si el t r a u m a no es integrado, surge después u n a acusada ansiedad crónica, acompañada de tensión, fatiga, depresión, intrusismo, fobias, daño en el ajuste sexual con aversión al sexo, baja autoestima e incapacidad para disfrutar de la vida («síndrome traumático diferido de la violación», formulado por BURGES y HOLMSTROM, que consta de dos subetapas: desorganización-reorganización)^^^. Muchas víctimas mejoran sensiblemente al ser evaluadas a los tres meses siguientes al hecho traumático, pero a partir de este momento, y en u n período de cuatro años, no se reducen sensiblemente el grado de estrés y malestar de aquéllas^^^.
La clínica del trastorno por estrés postraumático de las víctimas de violación presenta algunos síntomas característicos muy conocidos224. rememoración sistemática y persistente del trauma (pesadillas, «flashbacks», etc.) con la consiguiente respuesta conductual al suceso que se vivencia, lo que si tiene lugar durante la actividad sexual de la víctima conducirá a la identificación por ésta de su pareja con el violador, generando una progresiva aversión al sexo; alteraciones del sueño e imposibilidad de conciliar éste; complejo de culpa; evitación fóbica de las actividades que la víctima asocie con la violación; desconfianza generalizada, en especial, respecto a los hombres; sentido muy acusado de vulnerabilidad, etc.^ss.
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f) Los «perjuicios» de la víctima: victimización «secundaria» y resocialización de la víctima.— Una vez cometido el delito, todas las xniradas se dirigen hacia el delincuente. El castigo del hecho y la resocialización del autor polarizan en torno a su persona todos los esfuerzos del Estado. El proceso penal garantiza escrupulosamente la vigencia efectiva de los derechos del acusado reconocidos por las leyes. Por el contrario, la víctima inocente del delito sólo inspira, en el mejor de los casos, compasión, a menudo desconfianza, recelo, sospechas... Sus derechos no son objeto de un reconocimiento legal t a n solemne como los del acusado. La sociedad olvida sus padecimientos, los propios órganos e instancias del control penal, con su indiferencia burocrática, incrementan y perpetúan los efectos nocivos derivados del delito {victimización secundaria). La Victimología t r a t a de llamar la atención sobre estos y otros extremos: sobre la variada y compleja gama de daños que padece la víctima, sobre el muy distinto origen y etiología de los mismos (victimización primaria o secundaria), sobre la eventual necesidad de reinserción o resocialización de la víctima estigmatizada y marginada por la propia experiencici criminal, sobre los programas de tratamiento, etc. í!wmil.«te«aagiwtefiswewft,«í^^
Claro que la correcta estimación de los perjuicios ocasionados a la víctima reclama un análisis, caso a caso, sin apriorismos, atento a la naturaleza del delito — y sus múltiples circunstancias—, así como a la personalidad de cada sujeto pasivo. Pero, sin incurrir en generalizaciones, puede afirmarse que el daño que experimenta la víctima no se agota, desde luego, en la lesión o peligro del bien jurídico y, eventualmente, en otros efectos colaterales y secundarios que puedan acompañar o suceder a aquél. La víctima sufre a menudo un severo impacto ps/co/óg/coque se añade al daño material o físico en que el delito consiste. La vivencia criminal se actualiza, revive y se perpetúa. La impotencia ante el mal y el temor a que se repita producen ansiedad, angustia, depresiones, procesos neuróticos. Al abatimiento se unen no pocas veces otras reacciones psicológicas, producto de la necesidad de explicar el hecho traumático: la propia atribución de la responsabilidad o autoculpabilización, los complejos. La sociedad misma, por otra parte, estigmatiza a la víctima. No responde con solidaridad y justicia, tratando de neutralizar el mal padecido, sino con mera compasión e incluso con desconfianza y recelo. El entorno próximo de la víctima la señala, la etiqueta despreciativamente como persona «tocada», como "perdedor». La victimización produce aislamiento social y, en último término, marginación. Todo ello suele traducirse en una modificación de los hábitos y estilos de vida, con frecuentes trastornos en las relaciones interpersonales. La actuación de las instancias del control penal formal (policía, jueces, etc.) multiplica y agrava el mal que ocasiona el delito mismo. En parte porque estas agencias, altamente burocratizadas, parecen olvidar los perjuicios ya experimentados por la víctima, la psicología de ésta, su especial sensibilización y legítimas expectativas, necesidades, etc. En parte también porque la víctima se siente despreciada, maltratada por ellas, como si fuera simplemente el objeto o pretexto de una rutinaria investigación. Algunas situaciones procesales, como la confrontación pública de la

f,Las investigaciones empíricas (estudios longitudinales) demuestran que, superada la fase aguda, se produce u n a mejoría inicial. Pero u n año después de la violación, la víctima continúa experimentando los efectos psicológicos de la agresión sexual, sobre todo, miedo y ansiedad. La mejoría inicial se produce entre los tres y los seis meses que suceden al hecho traumático. Pero después, no hay diferencias significativas ni mejorías sensibles hasta incluso pasado el año y medio de la ' violación-'. ^ J,•^^iA„,í^,.^ ^ ()íí^iH/^'«. »"Í*/0;Í*'T 'i?Tfn>)»MKn]'M'nKi ;•'•
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Vid. E S B E C R O D K Í G U E Z , E . / G Ó M E Z J A R A B O , G., Psicología

forense,

cit., p á g . :

186.. 223 Cfr., ESBEC RODEÍGUEZ, E./GÓMEZ JARABO, G., Psicología forense, cit., pág. 186, refiriéndose a la conclusión a que llegan KILPATRIK y otros. 224 Vid. referencia bibliográfica, en: ESBEC RODRÍGUEZ, E./GÓMEZ JARABO, G., Psicología forense, cit., pág. 186. 225 Cfr., ESBEC RODRÍGUEZ, E./GÓMEZ JARABO, G., Psicología forense, cit., págs. 186 y 187. 22** Citando las conclusiones de los estuidos longitudinales de KILPATRIK, VERONEN, MEZEYy TAYLOR, NADELSON, SANTIAGO, etc., vid. ESBEC RODRÍGUEZ, E./ ' GÓMEZ JARABO, G., Psicología forense, cit., pág. 187.

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víctima con el agresor, son experimentadas por ésta como una verdadera e injustificada humillación. Con razón se ha dicho que, por desgracia, la víctima del , delito suele convertirse con demasiada frecuencia en víctima del sistema legaP^^ y ^ 1 ^' que esta victimización «secundaria» es aún más preocupante que la <<primaria>^'^.

b") La víctima de negligencias médicas es, tal vez, la más insatisfecha con el funcionamiento de la justicia criminal. Y con razón, a menudo.
La cifra negra de estos delitos sigue siendo muy elevada, de modo que sólo se castigan supuestos de extrema gravedad y conductas imprudentes groseras, burdas. Sin embargo, y como reacción desmedida, pendular, a la tradicional postura de resignación de la víctima, se constata un incremento acelerado y poco selectivo —no siempre justificado— de la tasa de denuncias que entorpece aún más el funcionamiento de la reacia vía penal: el perjudicado opta sistemáticamente por el ejercicio de acciones penales, creyendo, sin razón, que la gravedad objetiva del resultado de la imprudencia lo justifica; o que el plus de intimidatoriedad de la querella criminal le coloca en una situación de privilegio en orden a la obtención de una efectiva reparación del daño. Lo que tampoco es cierto. Todo ello se traduce, ex post, en una lamentable frustración de expectativas y emociones que la víctima imputará al sistema legal. La elevada cifra negra de las negligencias médicas se explica por diversas razones (jurídico-procesales, psicológicas, sociológicas, etc.). El presunto infractor, para empezar, no responde al esterotipo de delincuente, cuenta con excelente imagen social. La prueba de la negligencia es una genuina prueba 'diabóiica', dificultada por el corporativismo y conocidos mecanismos de solidaridad 'horizontal' (entre facultativos). La compleja división del trabajo (especialización) en los modernos centros hospitalarios hace difícil detectar e individualizar la concreta conducta imprudente que produjo el resultado dañoso (intervención sucesiva de una pluralidad de profesionales en diversos Departamentos, con sus respectivos 'equipos médicos'). El propio acceso a los historiales clínicos del enfermo, y la valoración técnica (pericial), siempre decisiva, del comportamiento de un facultativo por otro facultativo convierten en un calvaño el peregrinaje de la víctima, sumida en una lucha procesal desigual contra el médico y la Administración hospitalaria (responsable civil subsidiario). A todo ello se añade el juego perverso pero eficaz de sutiles técnicas de «neutraiización» o «autojustificación» que restan gravedad al comportamiento del facultativo (de ahí los conceptos excúlpatenos y eufemísticos de «riesgoquirúrgico» o «paro cardíaco», o el reiterado slogan: «la medicina no es una ciencia exacta>) o incluso culpabilizan a la propia víctima (a la que se reprocha acudir a la vía penal para cobrar su indemnización de forma intimidatoria, o utilizar el «accidente» médico como póliza de seguro para enriquecerse).

Por lo demás, la situación de la víctima y su vivencia del hecho criminal depende en buena medida —entre otras muchas variables—• del delito mismo, de su estructura y particularidades de todo tipo. Así, algunos supuestos son paradigmáticos: a") Los delitos imprudentes, contra la vida o la salud, con ocasión del tráfico de vehículos de motor plantean u n a problemática específica, pero trascendental tanto desde un punto de vista cuantitativo (alta incidencia estadística de esta criminalidad) como cualitativo (ninguna otra infracción expresa mejor la faz doméstica y cotidiana del problema criminal). m&ismB'^um' m>&mM'-\St
Ante todo, se observa en el ciudadano (y, particularmente en la víctima) una significativa sensación de frustración del sentimiento de justicia como consecuencia 9b 8j del lógico déficit retributivo que arrojan estos delitos. La opinión pública no suele entender que el grave resultado que ocasionan no de lugar a una efectiva privación de libertad del infractor. Pero lo cierto es que, en este ámbito de los otrora «cuasi smiío cíeíitos»üe la justicia penal solo cabe esperar una pobre función reparadora (además de la preventivo-general). Precisamente por ello, la víctima percibe muy negativamente la respuesta insolidaria de «su» infractor que se desentiende por completo de aquella, y del mal causado, como si éste solo interesara a la Compañía aseguradora. De hecho, la mediación de ésta (única interlocutora usual de la víctima) rompe la relación interpersonal que el delito generó e incomunica definitivamente a sus protagonistas. La frecuente participación de infractores jóvenes en este tipo de hechos criminales sugiere mecanismos informales y flexibles de conciliación, mediación y reparación del daño como fórmulas idóneas para resolver tales conflictos. Y, en todo caso, la imposición de castigos «positivos» que permitan el reencuentro infractor-víctima, la percepción del daño ocasionado a ésta y su reparación efectiva. —'""
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c") Víctima de agresiones sexuales. La situación anímica de esta víctima, traumatizada por la experiencia delictiva, reviste particular vulnerabihdad. ., , Ü ? ', sr :u}iT"rt ¡K
Necesita, como pocas otras, una asistencia personal y psicológica inmediata, sostenida, apoyo que nadie mejor que asociaciones privadas de ayuda a esta clase de víctimas pueden dispensar con conocimiento de causa. Suele ser reacia a la denuncia de los hechos y a la colaboración con el sistema legal (por temor a la publicidad de los mismos, o a posibles represalias del autor, o consciente de las dificultades probatorias) y su comprensible susceptibilidad y desconfianza hacen que interprete como hostiles incluso trámites y diligencias rutinarias de la Policía o la oficina judicial. La victimización secundaria es particularmente acusada en estos delitos. Cada actuación procesal retrotrae a la víctima en el tiempo al drama que

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Por todos, SANGRADOR, J L , La victimologiay el sistema juridico-penal, cit., pág. 72. Dicha victimización secundaria es aún más lamentable que la primaria por tres razones: porque es el propio sistema legal quien, injustamente, perjudica, una vez más, a la víctima inocente del delito; porque estos males se experimentan de modo particularmente intenso por la víctima, por venir de quien vienen y acumularse a los ya padecidos, y porque afectan al prestigio del sistema y a las actitudes de la víctima y de terceros respecto al mismo.

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padeció y se ve obligada a revivir. Percibe muy negativamente las actitudes de los funcionarios no especializados que la interrogan sobre las circunstancias de la agresión sexual, viendo en las mismas un reproche o acusación velada a su propia conducta. La versión manipuladora del defensor de quien laagredió,culpabilizándola, a menudo, ante el propio Tribunal de lo sucedido opera como una humillación ulterior difícil de superar; humillación que se agravará más aún si la sentencia es absolutoria o prosperan conocidas técnicas de neutralización a favor del agresor («a/ffo habrá ñechopara que le suceda lo que le ocurrió...», «se lo mereció por haberlopro vacado ...», etc.).

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leb.e Un incremento del rigor de las penas, sin embargo, no mejora la suerte de las si 8fc víctimas de agresiones sexuales. Antes bien, parece que la estrategia más eficaz apunta a un cambio de hábitos y actitudes sociales. Interesa que la víctima denuncie. Y es trascendental tanto fomentar la actuación de asociaciones privadas de asistencia a la misma, como dotar al sistema legal de personal especializado para entender su situación e intervenir positivamente en ella.

d") Victima de violencia y malos tratos intradomésticos. La violencia en el seno de la familia -o de la pareja-, de la que suele ser víctima, fundamentalmente, la mujer, se ha convertido en un grave problema social, y comienza a tomarse conciencia de ello.
-iiiiiuk '-°^ índices de victimización preocupan. Según una reciente macroencuesta -la aoqjij. primera realizada en España sobre una muestra de 20.000 mujeres entrevistadasnóiOB"s cerca de 650.000 mujeres españolas sufren actualmente los estragos de la violencia Olio i< doméstica, realidad que reconocen un 4'2% de mujeres mayores de 18 años (en tres BfiDui ^^ ^3*^3 cuatro casos, el agresor es el marido, novio o compañero sentimental). En livb&l ^^^^, 35 mujeres perdieron la vida como consecuencia de tales malos tratos, en 1999,42. No obstante, la cifra negra de estos delitos se supone muy elevada, como gjj gp muy baja sigue siendo aún la tasa de denuncia de los mismos, a pesar de que la lab ofi ^''^^''^3 parece haber vencido ya, afortunadamente, la tradicional y lamentable «Cf>\TN\í «cultura de la resignación». En 1998, se presentaron 20.043 denuncias por malos o tratos en España. En 1999,21.778 (tasa de denuncia en ascenso pero todavía muy g inferior, proporcionalmente, a la que exhiben otros delitos). Pero, al igual que en bsiberr numerosos países de nuestro entorno, más del 70% de las víctimas de la violencia intradoméstica continúan conviviendo con sus maltratadores después de padecer ésta, y muy semejante es el tanto por ciento de denuncias que se retiran por la mujer, o el de procedimientos penales que no llegan a buen fin por falta de la necesaria colaboración procesal de la víctima. Ib „ ^ QQI.^ jQjjQ gllQ^ aunque los datos debieran inquietar (más de un 14% de la población femenina sufre la violencia doméstica en algún momento de la vida), no p parece asistamos a un progresivo e imparable incremento de los valores reales de !"' esta criminalidad, sino, exclusivamente, de los estadísticos, fenómeno debido, en ^'¡ parte, a la mayor visibilidad diferencial de la misma y al correlativo ascenso de su tasa p, de denuncia; y, en parte también, desde luego, a la creciente sensibilización y ^p concienciación de la colectividad respecto a tan doloroso problema social como I" consecuencia de la positiva labor de los medios de comunicación y asociaciones de víctimas de la violencia. La vivencia de los malos tratos por la víctima es particularmente traumática. En primer lugar, porque los malos tratos en sí mismos- y en la percepción social.

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naturalmente- evidencian un severo fracaso personal, ya que el agresor no es un extraño, un desconocido, sino que pertenece al núcleo íntimo de la víctima («su» marido, «su» pareja, etc.). En segundo lugar, porque la frecuente dependencia económica del sujeto pasivo respecto del maltratador mediatiza la autonomía de la mujer y limita drásticamente su capacidad real de decisión. En demasiadas ocasiones, el factor económico esclaviza a la víctima y blinda al agresor. Finalmente, porque a tales circunstancias se añade la ineficaz y desorganizada respuesa del sistema legal, torpe, lento y poco motivado, que la víctima percibe muy negativamente (victimización secundaria); y, desde luego, el mensaje corrosivo de las denominadas «técnicas de autojustificación» que legitiman el comportamiento delictivo del maltratador y paralizan la intervención del sistema legal con falaces argumentos y coartadas (así, por ejemplo, la redefinición de los malos tratos como problema doméstico o interno de la pareja en el que el Derecho no debe interferir, la atribución de tales «sucesos» o «incidentes» ocasionales a factores psicopatológicos (personalidad del agresor, influencia del alcohol, etc.) individuales del maltratador o incluso a la propia víctima (supuesta provocación de la agresión por la conducta de la mujer hacia la autoridad del varón). El problema social de la violencia intradoméstica no se resuelve con estrategias exclusivamente jurídicas, sino con vastos planes integrales de intervención que mejoren la respuesta del sistema (poderes públicos, instituciones, comunidad, etc.) a dicho problema en sus muy diferentes vertientes (sanitaria, psicoterapeutica, socio-asistencial, policial, judicial, preventiva, etc.). Más y mejor información a la víctima para que sepa a tiempo qué debe hacer y a dónde ha de acudir si es objeto de malos tratos; mejora de los servicios y asistencia dispensada a la víctima de estos delitos y coordinación de las instancias que los presten; profesionalización de los operadores sociales y jurídicos, procurando que la intervención de los mismos se oriente, empáticamente, a la solución de los problemas de quien padece los malos tratos; incremento de la efectividad del sistema legal, coordinando la eventual actuación de sus diversas jurisdicciones e instancias; reformas legales, materiales y procesales, que garanticen la posibilidad de adoptar medidas drásticas y eficaces con prontitud, en situaciones de particular riesgo para la víctima; diseño y aplicación de programas de prevención que neutralicen ciertos valores y actitudes sociales proclives a la legitimación del comportamiento del maltratador, son algunas de las muchas propuestas sugeridas para controlar este grave problema social. El 30 de abril de 1998 se aprobó en España el primer Plan de Acción contra la violencia doméstica, que supuso una inversión de 4.773 millones de pesetas. Sus principales partidas se destinaron a «recursos sociales» (3.850 millones) y a programas de sensibilización y prevención (394 millones). Dicho Plan de Acción significó un importante esfuerzo de los poderes públicos, como consecuencia del cual se dotaron 40 servicios especializados de atención a la víctima de malos tratos en las Comisarías de Policía y 54 en las Comandancias de la Guardia Civil; además, permitió la creación de 29 oficinas en los Juzgados y la organización de más de 300 cursos de formación de profesionales; la apertura de 65 casas de acogida de víctimas de la violencia doméstica y la de centros de emergencia abiertos las 24 horas, pisos tutelados, etc. En tanto se elabora un nuevo Plan de Acción, el Gobierno ha anunciado la inmediata adopción de diez medidas contra la violencia doméstica, consistentes en: creación de un turno de oficio especializado en la materia para la defensa jurídica de la mujer víctima de malos tratos; incremento de la financiación destinada a la creación de nuevas casas de acogida, centros de emergencia 24 horas y pisos

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ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA tutelados; establecimiento de un sistema de alarma conectado con la Policía local y la Guardia Civil para proteger a las mujeres en especial riesgo; realización de una ulterior campaña de sensibilización social contra la violencia doméstica; programación de cursos de formación y sensibilización de profesionales que atienden a las víctimas de la violencia; id. dirigidos a la mujer maltratada para facilitar la inserción laboral y la autonomía personal de ésta; seguimiento de los procesos y sentencias dictadas por los tribunales, desde la reciente reforma L.0.14/1999, de 9 de junio, de modificación del Código Penal de 1995, en materia de protección a las víctimas de malos tratos y de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, prestando especial atención al de las medidas cautelares adoptadas por los mismos en supuestos de malos tratos; atribución de la instrucción de las causas por malos tratos a un solo juzgado de instrucción; poner en práctica un programa de rehabilitación de maltratadores; ampliar los servicios de atención a las víctimas.

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e") La víctima del terrorismo. La víctima del terrorismo (organizado) sufre la brutalidad de u n a agresión salvaje que produce en su psiquismo un efecto indeleble, y que revivirá, traumáticamente, como u n a auténtica tortura, cada vez que los criminales reiteren sus zarpazos a la comunidad. Pero sufre, también, la sistemática impunidad de aquellos, de quienes les apoyan, de sus valedores y entorno. La libertad con que actúan, sus actitudes cínicas y provocadoras: y esa dinámica diabólica que hace de la muerte un valor instrumental, de presión, o mera moneda de cambio, en negociaciones, pactos y estrategias «pacificadoras».
30ÍBrr '^- La víctima padece igualmente el aislamiento social (los medios de comunicación

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sólo se acuerdan de la víctima cuando es «noticia») e incluso el impacto humillante de un lenguaje tergiversado o manipulador que, con poca sensatez, distingue entre víctimas «inocentes» (crímenes no discriminatorios) y «no inocentes» (crímenes noir selectivos). La situación descrita se hace extensible, además, a los familiares y asifr allegados de la víctima, y a los de las «víctimaspotenciales» («síndromedeiNorte»). Es imprescindible incentivar la actuación de organizaciones de asistencia a las víctimas del terrorismo, porque el espíritu solidario de éstas se proyecta en áreas a BÍEI las que no tienen acceso los poderes públicos. Procede mejorar sensiblemente los au3 programas asistenciales y reparatorios con cargo a los presupuestos estatales, hoy muy burocratizados, de escasa cobertura y poco generosos, que deben ampliar sus mv:y prestaciones a víctimas y familiares de éstas con una orientación más social. Y, l9b i sobre todo, es necesaria una serena movilización social, activa, no puramente aoíB reactiva, solidaria, que haga posible el retorno digno de la víctima a la comunidad .aérr («resociaiización de ia víctima»).
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En España, el envenenamiento masivo ocasionado por el aceite de colza desnaturalizado de uso industrial, indebidamente desviado hacia el consumo humano (1981); el incendio de una conocida discoteca que incumplía toda la normativa legal sobre espectáculos, donde perdieron la vida más de ochenta personas (1981); o el hundimiento catastrófico de la presa de Tous (1982) ofrecen ejemplos típicos de este subgrupo de delitos. En los tres dramas pudo constatarse un comportamiento negligente de autoridades o funcionarios públicos, decisivo para la causación del resultado dañoso, que fundamentaría la responsabilidad civil ex deiictode[ Estado declarada judicialmente después de interminables procedimientos penales, todavía en fase de ejecución en el año 2003 (síndrome tóxico). Pocas veces merece el funcionamiento de la justicia criminal una percepción sociaiXan negativa como a propósito de estos dramas colectivos. Pocas veces se deteriora tanto la imagenáe\ sistema legal a los ojos del ciudadano. Paradójicamente, la vía legal prevista para depurar las responsabilidades más graves se muestra ineficaz, torpe, irritantemente burocratizada y formalista, siempre en perjuicio de la víctima. Claro que la ientitud—que no la eternidad— de la investigación judicial se explica, en parte, por la inadecuación del cauce procesal convencional, por la insuficienciademediosy por lostrámitesy formalidades—«garantías» irrenunciables, en definitiva— que el Derecho reclama, aunque la víctima no lo suela comprender ni asumir. Pero el problema es otro, mucho más complejo. En tragedias colectivas como las citadas, los procedimientos criminales unen a su exasperante lentitud, vicios, defectosyiagunas en ia fase de instrucción\3.men\d!o\es (vg. el seguido contra autoridades y funcionarios por el «síndrome tóxico»<ie\ aceite de colza); a menudo, llama la atención la pasividad del Ministerio F¡scaP^^ como también ciertassinguiaridades procesaies {por ejemplo: el procedimiento 'adtiotí contra autoridades y funcionarios públicos por el síndrome tóxico, que dio lugar a un desdoblamiento procesal perverso y discriminatorio en beneficio de aquéllos) o ia mata feprocesai y ia taita de coiaboración de las Administraciones Públicas con la Justicia (por ejemplo, al cumplimentar la prueba documental), sensibilizadas probablemente más por su condición de responsables civiles subsidiarios que por la suerte del empleado público imputado; en ocasiones, se llegan a incumplir deslealmente los compromí sos pactados extraprocesalmente con ios perjudicados (así, el Ayuntamiento de Madrid, con las víctimas del incendio de la Discoteca de Alcalá 20, en orden a la reparación anticipada del daño), convirtiéndose la propia ejecución de la sentencia judicial en un verdadero calvario (lo que sucederá, inevitablemente, con los más de veinte mil enfermos y familiares de afectados por el síndrome tóxico), etc., etc. A todo ello se añade, por lo general, la imposición, en su caso, de penas meramente simbólicas y ia inefectividad de la reparación dei daño, que sólo verán con sus ojos ' los herederos del lesionado, no éste. La pretensión reparatoha, justa y legitima, pasa XíUfí a un primer plano en estos delitos, como es lógico. Pero la experiencia demuestra > que ejercitada, ex ope legis, junto a la penal, corre el riesgo de mediatizar y

f ) Víctima masa y macroprocesos. Otro de los s u p u e s t o s paradigmáticos donde la situación de la víctima presenta un perfil muy singular es el de los delitos masa, con frecuencia de naturaleza imprudente, contra intereses 'difusos', que generan u n a eventual responsabilidad civil subsidiaria del Estado y se sustancian en genuinos macroprocesos. '"'°'"" "' "' ""-"""•"" -"""'
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229

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Llamó la atención, por ejemplo, en el citado procedimiento la ejemplar y eficaz labor del Ministerio Público cuando se investigaban presuntas responsabilidades de particulares, en claro contraste con las escasas iniciativas del Ministerio Fiscal cuando las diligencias (la instrucción, en general) apuntaba hacia Autoridades y Funcionarios Públicos.

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ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA contaminar a esta última, desencadenando toda suerte de mecanismos de autodefensa políticos y psicosociales de parte del entorno de los responsables. Por lo demás estos procedimientos dirigidos contra Autoridades y empleados públicos que convierten al Estado en eventual responsable civil subsidiario deparan una oportunidad inmejorable para que la Administración Pública acredite su imparcialidad procesal y los Tribunales la autonomía del «Juezde Berlín», garantía última del ciudadano frente al Leviathan. Sólo entonces gozará el sistema legal de una percepción social positiva merecida, mostrando la justicia su faz humana. En otro caso, seguirá ofreciendo aquélla la imagen de una diosa distante e impasible, estatua de mármol ciega, sorda y muda. 153

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local) que desarrollan y gestionan tales programas con plena autonomía e independencia de la Administración^^^
Mención especial merece, en España, el movimiento asociativo particular en favor de la víctima, que ha experimentado un desarrollo espectacular durante los dos últimos decenios. Fruto de una imperiosa necesidad social, pero sin más bagaje que el espíritu solidario y la acusada sensibilidad de sus pioneros, ha dado lugar a la generosa proliferación de una variada red de asociaciones privadas y oficinas que prestan una trascendental e insustituible labor de asistencia a las víctimas del delito. Sin unidad de modelo, y plurales en su estructura, organización, fines y funcionamiento, cubren con éxito el clamoroso déficit de solidaridad de nuestro Estado «social» de Derecho. Unas, tienen como destinatario a la víctima de determinados delitos. Otras, a la víctima, en general. a") Entre las primeras, siguiendo un criterio cronológico, cabe citar la Asociación de Mujeres Separadas y Divorciadas y la Asociación de Víctimas del terrorismo. La Asociación de mujeres separadas y divorciadas se constituyó en 1973 y funda, en 1989, la Federación del mismo nombre. Cuenta, en la actualidad, con más de doce mil afiliadas, y atiende anualmente a unas cuatro mil mujeres víctimas de toda suerte de abusos y malos tratos. Su Gabinete jurídico instrumenta un programa integral de asistencia legal, psicológica y social. Desde principios de la década de los noventa, gestiona un Centro de atención, recuperación y reinserción para mujeres y niños víctimas de la violencia doméstica. La Asociación de víctimas del terrorismo ^Q constituyó en 1981. Presta sus servicios a cerca de mil quinientas familias damnificadas, siendo socios de la misma, además de las víctimas directas, más de cuatro mil allegados de éstas. Se trata de una entidad benéfico-asistencial, de ámbito estatal, que pretende reivindicar los derechos de las víctimas del terrorismo de forma colectiva, dispensarles la ayuda material y moral que requieran, fomentar actitudes sociales de solidaridad hacia las mismas y promover las acciones judiciales que proceda para hacer valer sus derechos en los oportunos procedimientos. Su labor se divide en cinco áreas: asistencial (asesoramiento y asistencia a familiares de las víctimas, apoyo material y moral, defensa de sus intereses ante la Administración, etc.), administrativa (solicitud y gestión de las ayudas, becas y prestaciones), jurídica (personación en los respectivos procedimientos), prensa y gabinete psicológico. Sus fuentes de financiación, privadas fundamentalmente, tienen diverso origen (donaciones de particulares, programas de formación de entidades financieras, etc.). Las subvenciones oficiales, con cargo a fondos públicos, no alcanzan siquiera el discreto rango de lo simbólico. b") En cuanto a las asociaciones que dispensan sus servicios a favor de las víctimas de cualquier delito, destacan las OficinasÚQ asistencia o ayuda, creadas durante la década de los ochenta. Pionera fue la Oficina de Ayuda a la víctima del delito, constituida en Valencia, el 16 de abril de 1985, que impulsó activamente desde

Por lo que se refiere a los mecanismos psicosociales de autodefensa, la víctima masa, los intereses difusos y la dimensión pública espectacular de estos •nsrr macroprocesos, configuran el marco ideal para que las «técnicas de autojustificación» sifóe desplieguen toda su eficacia, bien negando la realidad del daño ocasionado por el Btab culpable, relativizándolo, degradando su trascendencia; bien negando o mitigando la responsabilidad del infractor; bien, incluso, culpabilizando a la propia víctima de «afte la tragedia: estrategia o coartada semántica que encuentra fácil eco en los medios ^1 de comunicación, y martiriza cruelmente a las víctimas. ;ifi)S^j9§j,gf|^xf,
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g) Programas de prevención, asistencia, reparación y tratamiento a las víctimas.— Una de las primeras manifestaciones de la Victimología fueron la formulación y ensayo de programas, estrategias y mecanismos de asistencia, de reparación, compensación y tratamiento de las víctimas. Surgieron en la década de los sesenta (Nueva Zelanda, Inglaterra, etc.), diversificándose posteriormente para alcanzar también a supuestos diferentes: el de la víctima testigo, el de prestaciones en favor de la víctima como parte de la condena impuesta al infractor, etc. Sólo en los Estados Unidos, se censaron en su día más de quinientos programas de ayuda y compensación a la víctima, según la clase de víctima de que se trate, de los servicios ofertados, fines perseguidos, institución financiadora de los mismos, grado de autonomía de que disfrutan respecto al sistema legal, etc^^" 1') Programas de asistencia inmediata. Ofrecen servicios relacionados con las necesidades más imperiosas, de tipo material, físico o psicológico, que experimentan las víctimas de ciertos delitos frecuentemente no denunciados. Sus destinatarios son, pues, colectivos muy específicos (ancianos, mujeres violadas o maltratadas, etc.). Corren a cargo, por lo general, de instituciones privadas (religiosas, de ámbito

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231

Cfr. SANGRADOR, J. L., La victimología y el sistema jurídico-penal, cit., pág. 84.

Vid. SANGRADOR, J. L., La victimología y el sistema jurídico-penal, cit., págs. 84 y ss.; SCHNEIDER, H. J., Kriminologie, cit., pág. 786. ¡ •/ ••:Ui! í, X'J J¿«rsí>»«**

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entonces la consolidación del movimiento asociativo. Con posterioridad se han establecido Oficinas de semejante orientación en: Barcelona (Abril 1989), Palma de Mallorca (Diciembre 1989), Alicante (Junio 1990), Bilbao (Octubre 1991), Castellón (Junio 1992), Las Palmas de Gran Canaria (Septiembre 1993), San Sebastián (Octubre 1994), Vitoria (Octubre 1995), Murcia (Octubre 1995). La extraordinaria labor de información y asistencia que despliegan estas Oficinas u}iu~~'está llamada a cambiar la imagen de nuestra justicia. De hecho han aportado ya a SE la misma una faz más humana y operativa. Por eso, a pesar de su origen privado, sn terminarán insertándose orgánicamente en el propio sistema legal, como un servicio o parte esencial más de éste.

obstante, u n a rigurosa delimitación de sus presupuestos, porque no siempre (ni en toda suerte de 'delitos', ni con relación a cualquier 'infractor' o 'víctima') cabe sustituir por ésta la reacción convencional al crimen. E n otro caso, el desprecio poco realista a las exigencias de la prevención general puede determinar el fracaso de loables objetivos.
No obstante, sería ingenuo desconocer algunas de sus limitaciones. En primer lugar porque parten de una supuesta naturaleza privada de la infracción —o al menos de la posibilidad de contemplar el crimen y la víctima desde tal perspectiva— lo que no siempre puede mantenerse teóricamente ni con arreglo al Derecho Positivo. En segundo lugar, porque algunos crímenes hacen muy difícil todo propósito de generar o restablecer la necesaria relación personal de confianza entre infractor y víctima. La capacidad económica del culpable, por último, frustra aquellas modalidades de restitutionque consisten en el pago de una cantidad a la víctima por el infractor^^". De hecho, por otra parte, la experiencia demuestra que «repara» el daño y se reconcilia, quien puede (económicamente), no quien quiere, ni debe. Yque al margen del sistema legal ciertas garantías individuales se debilitan o incluso desaparecen, riesgo inseparable de toda técnica desinstitucionalizada o informal de solución de conflictos.

2') Programas de reparación o restitución a cargo del propio infractor («restitution»). Tratan estos programas de instrumentar la reparación del daño o perjuicios padecidos por la víctima a través del pago de una cantidad de dinero, de la realización de una determinada actividad o de la prestación de ciertos servicios por el infractor mismo y en beneficio de la víctima. A diferencia de los programas privados anteriores (de asistencia inmediata), los de restitution discurren en el seno del sistema jurídico-penal y pretenden desarrollar una positiva relación delincuente-víctima.
Entre las ventajas que se esperan de estos programas se citan: la posibilidad de contribuir a una mejora de las actitudes de los ciudadanos respecto al sistema, dado que operan en el seno de éste; que permiten al infractor concienciarse y comprobar los males ocasionados por su delito, perspectiva muy positiva en orden a su deseable resocialización; que las prestaciones personales del propio delincuente en favor de la víctima satisfacen los intereses objetivos y expectativas de ésta mejor aún que las indemnizaciones estatales o los seguros. El modelo de 'restitution', además, implica una respuesta al delito razonable y humanitaria. Reclama una posición activa por parte del infractor, quien no podrá limitarse a padecer un castigo; le compromete personalmente, fomentando el desarrollo de una relación positiva del mismo con su víctima. Sin duda, incidiría satisfactoriamente en la tasa de denuncia de delitos (que es muy baja) y en la reducción de las contribuciones del ciudadano para el mantenimiento de un sistema legal de este modo más barato^^^. Cabe añadir, por último, que estos programas mejoran el «clima social» e inciden positivamente, también, en las actitudes de la víctima, tanto hacia «su» infractor, como respecto del sistema legal. ,{níí*i«<

El Minnesota Restitution Center es un buen ejemplo de instituciones que promueven programas de reparación a cargo del delincuente con excelentes resultados^^^. ü'-v';;. ;• • r» En España, los programas de mediación y reparación del daño cuentan ya con u n a valiosa experiencia en el marco de la justicia juveniP^^. Los programas orientados a u n a reparación del daño a cargo del propio infractor plantean u n a problemática específica^^^, pero no agotan el contenido y rico repertorio de fórmulas integradas en el paradigma t3fí.v!naí s'jr-f sX íib fcBÍmv-iaeiiíaiiíáííBeíiíioaaJiífeifaéggsfct!®^^
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Algún teórico de los programas de «restitution» entiende que estamos ante un nuevo «paradigma» de la justicia penal. Y que este modelo sustituirá al fracasado modelo retributivo^ss. Es imprescindible, no
237

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232

Sobre los modelos de restitution vid.: SANGRADOR, J. L., La victimología y el sistema jurídico-penal, cit., págs. 85 y ss.: SCHNEIDER, H. J., Kriminologie cit., pags. 779 y ss. e , > Asi, BARNETT, R. E., Restitution: a new paradigm of criminal justice, en- Perspectives on cnme victims (B. Galaway y J. Hudson edits.), 1981, Saint Louis, C. V. Mosby.

233

i

Cfr. SANGRADOR, J. L., La victimología y el sistema jurídico-penal, cit., pág. 85. Vid. SCHNEIDER, H. J., Kriminologie, cit., pág. 779. Vid. J a u m e MARTÍ y J a u m e FUNES, Mediación en la Justicia Juvenil. Barcelona, 1992 (Centre d'Estudis Juridics i Formado Especialitzada). Cfr. JIMÉNEZ SALINAS, E., La conciliación víctima-delincuente: hacia u n Derecho Penal reparador, en: La Victimología. Cuadernos de Derecho Judicial. Madrid, 1994, págs. 347 y ss. Sobre el problema, vid.: La reparación a la víctima en el Derecho Penal. Estudio y crítica de las nuevas tendencias político-criminales, por TAMARIT SUMADLA, J. M., Barcelona (1994), Fundación J. CaUis; PÉREZ SANZBERRO, Guadalupe, Reparación y conciliación autor-víctima, 1996 (Bilbao), tesis doctoral (y reseña bibliográfica de las dos obras); VARONA, G., La mediación reparadora como estrategia de control social. U n a perspectiva criminológica, 1997, San Sebastián. Tesis doctoral. Vid en el capítulo XXIV, 4, de este Tratado: «.modelo integrador».

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examinado. Este conoce, por ejemplo, la posibilidad de que el delincuente realice prestaciones personales a favor de la víctima, de otros colectivos de víctimas (reparación «simbólica», no «económica» o de la propia comunidad). Y, desde luego, cabe se persiga con la conducta del condenado más la «satisfacción» de la víctima, a través de u n sincero proceso de comunicación interpersonal, de interacción, que la mera reparación económica del daño causado (reencuentro delincuente y víctima, percepción directa y personal del daño ocasionado, satisfacción y perdón, serían las fases intermedias de dicho proceso de conciliación y mediación). 3') Programas de compensación a la víctima. La particularidad de los mismos estriba en el carácter público de los fondos con que se financian y el carácter monetario de las prestaciones que, en forma de seguros o indemnizaciones, ofrecen a las víctimas de ciertos delitos, con el objeto de satisfacer parte de los costos de dicha victimización. Surgen en el área anglosajona circunscritos, en u n principio, a los delitos de carácter violento (vg., atentados terroristas). Su fundamentación suele encontrarse en la idea de solidaridad social hacia la víctima inocente y en la necesidad de que el Estado asuma unos costos que tienen su origen en su propio fracaso en la prevención del delito.
No obstante, ni el Estado puede convertirse en una gigantesca aseguradora o ñ e b un/Versa/, ni la víctima en tenedora de un&pó/izaáe máxima cobertura con cargo a gxfondos públicos. La idea, paternalista e irrealizable, del Estado-Beneficiencia cuenta con obstáculos presupuestarios y financieros insalvables.

car), solicitud expresa de las ayudas, eventual demostración de la falta de medios que justifique dicha petición de indemnizaciones, etc.^^^
Que el moderno Estado <'Soc/a/»asum3i estos compromisos es de estricta lógica, y se aviene a las exigencias más elementales de justicia y solidaridad. Evita el más absoluto desamparo de la víctima en los casos de insolvencia del infractor (o de imposibilidad de trabar su patrimonio). Reduce, sin duda, la endémica alienación de aquélla respecto al sistemajurídico-penal y lasociedad, de suerte que la potenciación de la idea de solidaridad y reciprocidad en las relaciones sociales fomenta la posterior cooperación de la víctima con el sistema legal y mejora las actitudes de la población general respecto a éste. En determinados supuestos delictivos aliviaría el procedimiento de la previa compensación a las víctimas una lógica pero no deseable carga emocional e indignación contra presuntos infractores (funcionarios, autoridades, etc.). Interesaría, por ello, arbitrar las fórmulas oportunas que hiicieran posible la efectiva reparación del daño sin esperar (aunque, sin prejuzgar, tampoco) el fin de interminables procesos en los que el tiempo corre en contra de la víctima.

Transcurridos veinticinco años desde la puesta en práctica del primero de estos programas (el neozelandés de 1963, referido a las víctimas de delitos violentos), la experiencia no parece haber confirmado los temores y recelos iniciales sobre la repercusión de los mismos en el comportamiento de la víctima potencial, en las tasas de criminalidad y en el erario público. Más bien, todo lo contrario: lo que se pone en duda es la efectividad que puedan tener.
Los temores eran infundados. Las indemnizaciones a cargo del Estado no han fomentado la despreocupación y negligencia de las víctimas potenciales. Ni la inevitable «despersonalización» de la víctima que implican parece ser un factor decisivo en el proceso de deliberación criminal. Tampoco consta influyan significativamente en el desarrollo de la criminalidad, en los indicadores del comportamiento de la víctima, ni en la frecuencia de las condenas. Por otra parte, las prestaciones no han generado gastos preocupantes para el erario público, ni la colosal burocratización que algunos sospechaban; entre otras razones, porque el índice de delitos violentos no es muy elevado y porque las víctimas carecen de la oportuna información sobre sus derechos y sobre tales programas^"".

La naturaleza, extensión y quantum de los perjuicios que estos programas t r a t a n de resarcir con las correspondientes compensaciones económicas varían caso a caso. Entre los costes que suelen ser objeto de cobertura figuran: las pérdidas económicas derivadas de la victimización, las de ingresos o emolumentos procedentes de la incapacitación laboral, gastos de tratamiento y hospitalización, etc. Es frecuente que se asignen también a las víctimas indemnizaciones por el sufrimiento padecido a causa de la victimización y en concepto de apoyo a personas (vg., menores, ancianos, etc.) dependientes de las mismas^^®. Pero estas compensaciones con cargo a fondos públicos no son incondicionadas ni ilimitadas. El efectivo disfrute de las mismas se hace depender de diversos requisitos: inocencia de la víctima, cooperación de ésta con el sistema legal (previa denuncia del delito o comparecencia para testifi-

Pero la importancia objetiva de estos programas de compensación a la víctima con cargo a fondos públicos no es obstáculo para reconocer algunas objeciones formuladas a los mismos. Y para corregir los defectos o peligros de muchos de ellos.
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239

Cfr. SANGRADOR, J. L., La victimología y el sistema jurídico-penal, cit., pág.

240

Cfr. SANGRADOR, J. L., La victimología y el sistemajurídico-penal, cit., pág. 88. Vid. SCHNEIDER, H. J., Kriminologie, cit., págs. 778 y ss. , „ , „ , „ .KÍÍ.X >yi.,S.í i W "

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ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA En primer lugar, existe el riesgo de manipulación política, ya que la rentabilidad electoral es siempre una tentación. Son, por desgracia, demasiados los programas «victimagógicos» de imposible cumplimiento que no cuentan con tas prioridades reales de la víctima y que utilizan a ésta de mero pretexto. En segundo lugar, parece obvio que sería un error político-criminal polarizar todas las estrategias de apoyo a la víctima en torno a estos programas, por positivos que sean los resultados obtenidos con ellos hasta la fecha. Pues, como se apuntó al resaltar las excelencias de los programas de «resfítution», consistentes en prestaciones personales del infractor a favor de la víctima, no se debe fomentar una imagen pasiva de aquél, sino una positiva relación personal entre ambos (cuando sea posible). Por otra parle, la efectividad de los programas de compensación es mínima, y de hecho vienen mereciendo unos juicios muy negativos y pesimistas incluso de sus beneficiarios. Pocas víctimas conocen de su existencia y menos aún llegan a disfrutarlos. Algunas —según se desprende de recientes estudios— califican de «victimizadora» su experiencia como solicitantes y manifiestan su propósito de no volver a pedirlas, si fuera el caso. Otras investigaciones llegan también a resultados descorazonadores en cuanto a la esperada respuesta de la víctima, su posterior colaboración con el sistema, mejora de sus actitudes respecto a los agentes de éste (policía, juez, funcionario, etc.) e incluso más eficaz prevención y sanción del crimen^''^ Un significativo trabajo de SHAPLAND^*^ observa que la mayoría de las víctimas que recibió una compensación del Estado hubiera preferido recibirla directamente del propio delincuente (aunque sólo fuera una parte de ella); sugiriendo como fórmula que el Estado anticipase las indemnizaciones y repitiera después sus cuantías del infractor. En España, una legislación muy dinámica regula las prestaciones a que tiene derecho, con cargo a fondos públicos, la víctima de delitos terroristas (y bandas armadas) y la de delitos vioientosy contra la libertadsexuai En cuanto a éstos últimos, el R.D. 738/1997, de 23 de marzo, desarrolla el régimen de ayudas y asistencia que contemplaba ya la Ley 35/1955, de 11 de diciembre. Pero elude toda referencia al régimen jurídico —más generoso, aunque todavía insatisfactoho— de las víctimas de actos terroristas, cuyo desarrollo reglamentario, todavía autónomo y distinto del anterior, se prevé en el artículo 93 de la Ley 13/1996, de 30 de diciembre y plasma en el R.D. 1.211/97, de 18 de julio. De suerte que la actual normativa viene integrada por el R.D. 738/1997, de 23 mayo (para las víctimas de delitos violentos y contra la libertad sexual); y, en cuanto a los delitos terroristas, por el R.D. 1.211/97, de 18 de julio, sobre ayudas y resarcimiento a las víctimas, debiendo tenerse en cuenta, también, la Ley 32/1999, de 8 de octubre. _ , ' • '>
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4') Programas de asistencia a la víctima-testigo. Se dirigen, específicamente, a la víctima que ha de intervenir como testigo en el proceso, por lo que no sólo se orientan en provecho de la víctima, sino en interés del propio sistema que necesita de su cooperación. Son los program^LS más recientes. Con ellos se informa y aconseja a la víctimatestigo, se facilita su actuación en el proceso, solventando los problemas raateriales de la más variada índole que puedan presentarse (vg., los laborales) y se la protege del eventual impacto negativo que pudiera resultar de la propia dinámica procesal o del comportamiento de los agentes del control social penal formal (policía, juez, fiscal, abogado defensor del presunto culpable) o informal (excesos de los medios de comunicación sensacionalistas), etc. La figura del abogado de la víctimatestigo persigue la tutela de los intereses de ésta pero, a pesar de las expectativas que despierta, carece aún de la necesaria definición.
La finalidad fundamental del abogado de la víctima-testigo (abogado que el Estado financia, en su caso) es dispensar a aquélla el oportuno asesoramiento jurídico y asistencia personal durante todo el proceso y en las diversas instancias o momentos (ante la Policía, la Fiscalía y el Tribunal). Procura evitar, además, que conocidas estrategias de la defensa del presunto culpable (culpabilización de la víctima), comportamientos distantes, burocratizados o agresivos de los agentes del control social formal (policía, fiscal, juez, funcionarios, etc.) o el sensacionalismo de ciertos medios de comunicación incrementen los padecimientos derivados del delito (victimización secundaria: la víctima como víctima del sistema legal)^"^.

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En España, la Ley Orgánica 19/1994, de 23 de diciembre, áe protección a testigos y peritos en causas criminales, arbitra las medidas necesarias que garanticen la libre actuación de unos y otros, sin temor a posibles represalias, tratando de conciliar el derecho a un proceso con todas las garantías y la tutela de los derechos fundamentales de testigos, peritos y sus familiares. „„; ' ^ • ™„, ^ '

h) Victimología y Política Criminal: miedo al delito, prevención y autoprotección^^'^.— De todo lo expuesto se desprende que u n a

^*^
242

Cfr. SANGRADOE, J. L., La \dctiinología y el sistema jurídico-penal, cit., págs y 89; SCHNEIDER, H. J., Kriminologie, cit., pág. 779 SHAPLAND, J.; WILMORE.J., y DUFF, P., Victima in the criminal justice system, 1985. Hampsliire, Gower. Llegando también a conclusiones muy críticas respecto a la efectividad del sistema de compensación: ELIAS, R., Victims of the system: crime victims and compensation in american politics and criminal justice, 1983. New Brunswick, Transaction; del mismo: Alienating the victim: compensation and victim attitudes, en: Journal of Social Issues, 40, págs. 103 y ss. Cfr. SANGRADOR, J. L., La victimología y el sistema jurídico-penal, cit., págs. 88 y ss.

243

244

Sobre esta figura del abogado de la víctima vid. SCHNEIDER, H. J., Kriminologie, cit., págs. 783 y 785. Vid. ACKERMANN, W./DULONG, R./JEUDY, H.P., Positions pour une sociologie de l'insécurité, Paris, Maison des Sciences de l'Homme. 1982; AKER, R./SELLERS, C., and COCHRAN, J., Fear of crime and victimization among the elderly in difiérante types of communities. Criminology, 25,1987, págs. 487 a 505; ALLATT, P-, Pear of crime: The effect of improved residential security on a difficult to let

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moderna Política Criminal debe redefinir el rol de la víctima y las relaciones recíprocas entre ésta y el sistema legal. Respeto hacia la víctima —que no compasión— y solidaridad social son los dos valores que han de presidir la actitud y comportamientos del sistema —de todos sus agentes e instancias— respecto a la víctima. De otro lado, conciencia de la propia vulnerabilidad (personal o situacional), del riesgo que se asume; esto es, autorresponsabilización y propósito decidido de cooperar activamente con el sistema legal, son —deben ser— los que caractericen las actitudes y comportamientos de la víctima con relación al sistema.
La víctima no necesita compasión, sino respeto, asesoramiento, asistencia y solidaridad: de los poderes públicos, de las instancias del control social penal, de su entorno social, de los medios de comunicación. Una política criminal realista debe ÍMIB basarse, ante todo, en una adecuada información. Información a la víctima sobre los noií riesgos potenciales que asume y la eficacia de las diversas estrategias a su alcance ,.M (evitación de determinadas situaciones victimógenas, instalación de mecanismos IBÍH de autoprotección, defensa propia, resistencia física, en su caso, al agresor, etc.). ..a, Una información satisfactoria elimina riesgos innecesarios o imprevistos y fomenta ano i actitudes de responsabilidad y diligencia en la víctima potencial. Pero información .am'v también a la sociedad, en general, y a los agentes e instancias del control social, gxiil formal e informal, sobre los padecimientos efectivos que experimenta la víctima (derivados del delito o de la propia investigación) y sobre lo que ésta espera del ,^n sistema. Así se evitarían injustas actitudes sociales hacia la víctima (mera compa,.\,:. sión, recelo, culpabilización, marginación, etc.) y la correlativa actitud de pasividad, ,08€ alienación y desconfianza con que aquélla responde a la burocrática insensibilidad •aapi de los operadores del sistema. El segundo pilar de una política criminal eficaz es la ,á;tái sondaría reparaciónóe los daños de todo tipo padecidos por la víctima y la evitación de otros males adicionales generados por el propio sistema legal (victimización baR. secundaria). Para ello es necesario potenciar los programas de asistencia inmediata a la víctima, de restitution y de compensación a la misma analizados en este capítulo. Definir y reforzar su situación en el proceso, la representación de sus intereses, etc. ifOíl (vg., legitimación activa de asociaciones que defienden intereses generales, figura del abogado de la víctima testigo, beneficio de pobreza a favor de quienes ••'•¥M representan intereses colectivos, etc.). Y adoptar las cautelas necesarias para que ,9fni la víctima no sea mero «objeto» del rito procesal, de estrategias agresivas de la ,,A ,- defensa del presunto culpable o de injerencias en su intimidad de los medios de bna :, comunicación. o:! ííü. ,'í»/Jaa- I/1..A , y ¡ ? M ' H hi4AI.lJi7/."", ¡c K, ,;\ÍÚ<I."^\'., r . .^
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Un problema político-criminal grave, por sus implicaciones y consecuencias, es el miedo al delito, el temor a convertirse en víctima del mismo. Pues en determinados supuestos implica desconfianza en el sistema mismo, conduce a la autoprotección y a los excesos defensivos al margen de la ley y las instituciones, modifica los estilos de vida de sectores de la población, genera continuos comportamientos insolidarios hacia otras víctimas y desencadena u n a política criminal emocional, basada en el desmedido rigor, que pone en peligro las conquistas liberales y humanitarias de nuestro tiempo. El miedo infimdado a la criminalidad —^y a la victimización— suele ser u n a pieza ñmdamental de conocidos mecanismos psicosociales que en momentos de crisis manipulan la realidad en aras de pretensiones políticas interesadas. Una oportuna invocación al peligro y a sentimientos irracionales de alarma o temor —y la culpabilización de ciertos grupos o minorías desviadas como agentes del mismo— es u n reclamo poderoso. Concita la atención general y la orienta deliberadamente hacia unos objetivos llamativos; distrae o desvía aquélla de otros problemas sociales, sin duda prioritarios, que pasan a un segundo plano; proyecta la agresividad y emociones colectivas sobre minorías y colectivos marginales (chivos expiatorios), con el consiguiente refuerzo de la cohesión y la solidaridad social (función integradora del delito), y, sobre todo, propicia reacciones hostiles y pasionales que impulsarán una política criminal rigurosa. La experiencia demuestra, además, que la espiral del temor infundado perjudica siempre a los mismos: a las clases sociales deprimidas^^l
El miedo al delito ha dado lugar a numerosas investigaciones empíricas en los últimos lustros^^il Según éstas, es necesario distinguir el miedo irracional a la delincuencia del temor fundado —y personal— a llegar a ser víctima de ella. El primero plantearía ya un problema en sí mismo, aunque carezca de fundamento objetivo y pueda controlarse incrementando la información. Pero, en todo caso, no se trata de un temor uniforme y regular. Se experimenta de modo desigual según
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OBERGFELL-FUCHS, J., Crime and development a n d fear of crime in postcommnunistis sociétes, en: Impact of political, economic and social change on crime and its image in society (Szamota-Saeki, B y Wojeik, edits.), 1996, Varsovia, págs. 117 y ss.; SKOGAN, W., Fear of Crime and Neighborhood Change, en: Communities and Crime (edit. A.J. Reiss JR., M. Tonry), vol. 8, of Crime and Justice: A Review of Research, Chicago, 1986 (University of Chicago Press); TITLE, Ch. R., Sanction Fear and the Maintenance of Social Order, en: Social Fórces, 1977, 55, págs. 579 y ss.

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i

En este sentido, y refiriéndose a las estrategias de autoprotección criticadas, KAISER, G., Criminología, cit., págs. 97 y 98, Cfr. SCHNEIDER, H. J., Kriminologie, cit., págs. 767 y ss., y bibliografía alh citada. En España, la principal se debe a: BERENGUER MEDIAVILLA, R., Miedo al delito: origen y prevención, Valencia, 1989 (tesis doctoral); RUIDIAZ GARCÍA, C , Justicia y seguridad ciudadana. Madrid, 1997 (edersa); LAHOSA, J. M., La percepción de los ciudadanos de Barcelona de la seguridad ciudadana. Las encuestas de victimización. En: Papers d'Estudis i Formado, 1992 (Marzo), núm. 8, pág. 201 y ss.

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é

diversas variables. Al parecer, por ejemplo, se temen fundamentalmente los delitos violentos contra las personas; esto es, los que, por fortuna, suceden con menor frecuencia. Los jóvenes y los desconocidos concitan especial preocupación. Mujeres, personas de más de sesenta años, habitantes de los grandes núcleos urbanos y miembros de las clases sociales deprimidas son, según todos los indicios, los colectivos que exhiben reacciones de alarma —de una alarma abstracta, global e inespecífica— ante la criminalidad de mayor intensidad (sin base alguna, en el caso de las mujeres y personas mayores, cuyos índices de victimización no llegan a los porcentajes medios del resto de la población). Pero lo cierto es que el miedo al crimen que ésta padece suele ser más un miedo difuso e irracional que un temor con fundamento y concreto. En su intensidad influyen numerosas variables (carácter de la persona, colectivo al que ésta pertenece y vulnerabilidad del mismo, clima social, etc.). El impacto de los medios de comunicación puede ser significativo, creando estados de opinión. En cuanto al de una previa experiencia personal, como víctima, depende también de numerosos factores, especialmente la clase de delito de que .Qb.& se trate^*^. Desde un punto de vista político-criminal parece importante que no se -C.V magnifiquen episodios delictivos aislados. Es oportuno desdramatizar. La Policía, por su parte, no sólo ha de luchar contra el delito, sino también contra el temor y el miedo irracional al mismo; si es preciso, uniendo a su presencia real una presencia ficticia^-*".
Xiíu ,

En síntesis: la percepción de la seguridad ^ y el miedo al delito, por tanto— se halla muy condicionada socialmente por el bienestar y la calidad de vida. De otra parte, gana terreno una cierta «ideología de la seguridad» O^\SQ proclama la hegemonía de los valores urbanos y mesocráticos, egoísta, insolidaria y subordina a tal sentimiento, muy exacerbado y con el matiz antes expuesto, el propio marco social=="^. •arJftfíir!

i) La víctima y el sistema legal.— Las encuestas ponen de manifiesto que prácticamente sólo se persiguen los delitos denunciados^^". La víctima tiene en sus manos, por tanto, la llave del contacto para la puesta en marcha del sistema legaP^K Preocupando, como hoy preocupa, el control de la efectividad de éste y su buen funcionamiento, es obvio que procede indagar las claves del comportamiento de la víctima. Cuáles son las razones de su conocida pasividad o falta de colaboración con el sistema legal y sus consecuencias para el mismo. Por otra parte, la víctima es un testigo de excepción cuyas vivencias y percepciones sobre la actuación de los diversos agentes del sistema en sus distintas fases (policía, proceso. Administración, etc.) aportan u n a información valiosa, sin duda alguna, para el mejor funcionamiento del control social penal. El sistema legal no puede ser indiferente a las percepciones y actitudes de la víctima del delito respecto a la policía, los jueces, fiscales, abogados, etc. Finalmente, la víctima puede suministrar datos relevantes sobre la criminalidad real no recogidos en las estadísticas oficiales. Las «encuestas de victimización» —técnica especialmente adecuada para estimar la criminalidad real oculta que se examina en otro lugar de esta obra^'^^— permiten verificar numerosas hipótesis sobre la delincuencia, su cifra negra y otros muchos problemas. ;!Qoijn90.íao.riea:-sai..sD -sm ,zsM&«tiñ^u&'ms\niM'^iíVid. LAHOSA, J. M., La percepción de los ciudadanos de Barcelona de la seguridad ciudadana. Las encuestas de victimización, en: Papers d'Estudis i Formado, Marzo 1992, núm. 8, págs. 202 y ss. Así, por todos, SANGRADOR, J. L., La victimología y el sistema jurídico-penal, cit., Pág. 70. «Gatekeeper» es el modo en que caracterizan la función que desempeña la víctima respecto al sistema penal HINDELANG y GOTTFREDSON (The victim's decisión not to invoke the criminal justice process, en: Criminal Justice and the victim, edit. W. McDonald, 1976. Beverly Hills, Sage). Cfr. SANGRADOR, J. L., La victimología y el sistema jurídico-penal, cit., pág. 69. Vid. infra, capítulo V, apartado 4, excurso: b». También GARCÍA PABLOS, A., Criminología. Una Introducción, cit., págs. 47 y ss. ,7 , .¡o ,;:',i>oi jniran/t ,.1.

Por otra parte, diversas encuestas de victimización realizadas en el área metropolitana de Barcelona arrojan datos interesantes sobre el miedo al delito y sus variables, particularmente sobre los mecanismos de construcción (social) del miedo y la denominada «ideología de la seguridad».
En efecto, los ciudadanos construyen su imagen de la seguridad en un marco social, y a través de procesos psicosociales: no sólo a partir de hechos victimizadores (delitos) y experiencias personales. Cuentan, entonces, otros muchos factores, gol ne como la calidad de la vida, la asistencia sanitaria, la carestía, etc. que inciden en la el B ! «construcciónsocial»delmiedo. De hecho, los estudios demuestran que durante los últimos años el objeto o contenido del miedo ha experimentado una modificación I::' sensible, siendo otras cuestiones relacionadas con el bienestar social fuente de O. on ,o; preocupación prioritaria para los ciudadanos. En la percepción, pues, de la seguridad, éstos conceden cada vez más relevancia a aspectos referidos a la calidad de vida, y menos a elementos específicos del miedo al delito «stricto sensu». Las encuestas de victimización demuestran, también, el elevadísimo temor que genera el robo en el domicilio (máxima puntuación en todas las escalas, superior incluso al atraco contra las personas); miedo que potencia la estructura familiar clásica y que suele contrarrestarse más con obstáculos físicos (reforzamiento de puertas) que con instrumentos jurídicos (pólizas de seguro). Todo parece evidenciar una paradójica sobreprotección de la propiedad que prima sobre los recursos destinados a financiar la autoprotección personal de la vida y la integridad.
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Cfr. SCHNEIDER, H. J., Kriminologie, cit., págs. 770 y ss Cfr. SCHNEIDER, H. J., Kriminologie, cit., págs. 772 y ss

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1') La alienación de la víctima respecto al sistema, su actitud de desconfianza hacia éste y el sentimiento de indefensión e impotencia que suele exhibir explican, probablemente, la escasa colaboración de la víctima con las instituciones y el muy bajo índice de denuncia del delito padecido. Esta reticencia de la víctima a denunciar tiene importantes repercusiones en la efectividad del sistema y, con razón, preocupa.
ü^ p ly En efecto, las encuestas demuestran que, de hecho, sólo se persiguen los delitos denunciados. Por lo que la pasividad de la víctima, que tiene en sus manos la puesta en marcha o activación del sistema punitivo, significa la peligrosa impunidad de una muy importante masa de hechos criminales. Ello incide, como es lógico, en el proceso de motivación del infractor potencial, restando seriedad a las conminaciones legales y degradando el deseable impacto disuasorio o contramotivador de las leyes penales. A su vez, la alienación de la víctima falsea todas las estadísticas oficiales e impide una estimación cuantitativa realista de la criminalidad efectiva^^^. El resultado último no puede ser otro que la fatal confirmación o refuerzo de las actitudes de desconfianza y pesimismo de la víctima acerca de la efectividad del sistema, de indefensión, según los conocidos esquemas psicosociales de la «profecía autocumplida».

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despreciable concluyen con una sentencia condenatoria^^'^. La «espantosa caricatura>^^^ que ofrece el sistema legal de sí mismo depara un ejemplo más de «profecía autocumpf/da». El llamativo paralelismo existente entre las tasas de no denuncia y la de no esclarecimiento de determinados delitos muestra la preclara intuición de la víctima^^^, así como la operatividad de los mecanismos psicosociales antes citados. Un tercer factor es el propósito justificado de evitar posteriores perjuicios adicionales para el denunciante (victimización secundaria). La investigación que la denuncia desencadena y el proceso judicial deparan toda suerte de incomodidades, frustraciones y padecimientos a la víctima-denunciante. No sólo en el ámbito material (pérdida de tiempo, de dinero, perjuicios laborales, familiares, etc.), sino en el anímico: la víctima se siente incomprendida por los agentes del sistema y humillada una vez más ante determinados momentos del proceso (confrontación pública con su agresor) o estrategias de las partes (culpabilización de la víctima por la defensa del infractor). Razones también para no denunciar. En supuestos delictivos determinados existen, lógicamente, motivos también específicos para no denunciar; miedo a posibles represalias por parte del denunciado, síndrome de «manos sucias», pertenencia de la víctima a ciertos colectivos minoritarios o marginados, relación personal de la víctima con su victimizador, etc.^^^

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Las encuestas e investigaciones realizadas en los últimos años parecen demostrar que son muchos los factores que contribuyen a la decisión de la víctima de no denunciar el delito^''*.
Unos derivan del impacto psicológico que el propio delito causa a la víctima: temor, abatimiento, depresión. A veces se desencadenan mecanismos de atribución interna o autoinculpación como posibles respuestas a un evento que la víctima no alcanza a explicarse. Todo ello refuerza la tendencia a no denunciar el hecho delictivo. Otro factor relevante es el sentimiento de impotencia o indefensión personal que experimenta la víctima («nada se puede hacer ya»), unido al de desconfianza hacia terceros: la víctima cree en la inutilidad y en la ineficacia del sistema legal. Y habría que reconocer que no le faltan razones. Los estudios ponen de relieve que las tasas de atrición son elevadísimas, que de los delitos denunciados, muy pocos se persiguen, menos aún dan lugar al correspondiente proceso, y un porcentaje casi

En todo caso, las razones del distanciamiento de la víctima respecto del sistema legal deben buscarse en el funcionamiento de este último y en la percepción social de los principios que le inspiran. La alineación de la víctima es u n a expresión inequívoca del rechazo al sistema de justicia criminal contemporáneo, al comportamiento de éste respecto a la víctima, sus expectativas y necesidades, sus vivencias. Sin duda alguna, el ciudadano —y la víctima, en particular— no están satisfechos con u n a Justicia criminal «ciega, sorda, muda y que ciñe espada». Una Justicia criminal burocratizada, tecnocráctica, despersonalizada, pendiente más de castigar al culpable —y de su

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Cfr. SANGRADOK, J. L., La victimología y el sistema jurídico-penal, cit., págs. ^'^ y ss. ^^* Se trata, desde luego, de estudios más descriptivos que analíticos, pero de considerable interés. Vid., por todos, SANGRADOR, J. L., La victimología y el sistema jurídico-penal, cit., págs. 69 y ss. Véase en la literatura extranjera: SIEGEL, L. J-> Criminology, cit., págs. 65 y ss. (y bibliografía allí citada); VETTER, H. J-, y SILVERMAN, L J., Criminology and Crime, cit., págs. 39 y ss.; SCHNEIDER, SJ., Kriminologie, cit., págs. 215 y ss. ,.-. •— . - . - • ..,,,.— "•••"

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'^^^ Cfr. SIEGEL, L. J., Criminology, cit., pág. 77; VETTER, H. J., y SILVERMAN, I. J., Criminology and Crime, cit., págs. 55 y ss.; SANGRADOR, J. L., La victimología y el sistema jurídico-penal, cit., pág. 69. Sobre los procesos de «atrición» vid. infra, capítulo V, apartado 4, a), V, excurso. También: GARCÍAPABLOS, A., Criminología. ^^ Una introducción, cit., 4- Ed. págs. 103 y ss. Según denuncia de SCHEMBRI, A. J., The victim and the criminal justice system, 1976, en: Victims and society, Washington, D. C , Visage Press, edit. E. C. Viano, pág. 349. Como recuerda SANGRADOR, de los informes norteamericanos se desprende que menos del 5 por 100 de los delitos cometidos agotan todo el recorrido 237 sistema legal (La victimología y el sistema jurídico-penal, cit., pág. 71). ^e trata, pues, de u n caso característico de profecía autocumplida, mecanismo muy conocido en la Psicología Social. Cfr. SANGRADOR, J. L., La victimología y el 258 ^^^^^'^a jurídico-penal, cit., pág. 72. vid. SANGRADOR, J. L.. La victimología y el sistema jurídico-penal, cit., págs. 72
y ss.

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rendimiento racional o productividad— que de la solución de los conflictos. Una Justicia poco o nada participativa, sin sentido comunitario, distante de los valores éticos, de la propia experiencia h u m a n a y el sentido común. Una Justicia en la que la víctima del delito no se siente comprendida, ni escuchada, ni crea u n marco mínimo que permita a aquélla, al menos, expresar sus vivencias y emociones legítimas. E n la decisión de denunciar prevalecen otras motivaciones, según se desprende de diversos estudios: el deseo de venganza^'^^, el propósito de obtener alguna compensación económica o de recuperar la cosa, el de prevenir posteriores victimizaciones, el mero imperativo moral de cooperar con la justicia, etc.^®*^ Es posible, por tanto, conseguir unos niveles más satisfactorios de colaboración de la víctima con el sistema legal, incidiendo o neutralizando los factores relevantes en su proceso de motivación. Ahora bien, paralelamente es necesario mejorar también los recursos e infraestruct u r a del sistema. Pues si sucede sólo lo primero, se produciría u n colapso, al no poder dar respuesta el ordenamiento jurídico a u n a superior demanda social. Si sus niveles de eficacia son muy reducidos cuando la demanda es escasa, la situación devendría caótica al elevarse la tasa de denuncias si el correlativo incremento de la capacidad operativa del sistema no se produce en proporción adecuada^'^^ 2') Las vivencias de la víctima-testigo a su paso por las distintas fases del proceso, sus percepciones y actitudes con relación a los agentes del control social formal (policía, proceso penal, etc.) constituyen el tema central de numerosas investigaciones criminológicas.
Recientes investigaciones versan sobre el modo en que la víctima de un delito percibe y valora su contacto con la Policíá'^^. Al parecer, dicha experiencia tiene dos

tiempos bien definidos. La víctima suele estimar satisfactorio su encuentro Inicial con aquélla, exhibiendo una actitud claramente positiva; las críticas se circunscriben a cuestiones puntuales y precisas (comportamiento rutinario u hostil en casos concretos, negativa a actuar, escasa consideración a las necesidades efectivas de la víctima, trato poco acogedor en la investigación de determinados delitos, presiones a la víctima para que formule una acusación contra el denunciado, etc.). Pero, finalizada dicha etapa inicial, la actitud de la víctima hacia la Policía se deteriora. La razón estriba, probablemente, en el hecho de que la Policía no suele informar a la víctima del resultado de las pesquisas e investigaciones, no existe contacto ni comunicación válida alguna entre ambas. Y se frustran las expectativas de la víctima, que espera, al menos, esta satisfacción: que se la comuniquen los resultados obtenidos o que se la reconozca que se hizo todo lo posible^'^^ Existen, igualmente, valiosos trabajos sobre las actitudes y experiencias de la víctima a su paso por el proceso penaP'''' (jueces, abogados, etc.). Coinciden todas ellas en una constatación: la víctima se siente maltratada por el sistema legal, injustamente maltratada. Sabe de la importancia de su colaboración con la Policía y la Justicia y, sin embargo, comprueba cómo no recibe un trato equitativo que compense los perjuicios y molestias de todo tipo que dicha cooperación le ocasiona. Los profesionales del sistema ignoran sus actitudes y necesidades, le niegan el rol que efectivamente ostenta. Es imprescindible, pues, redefinir el roí de la víctima-testigo y concienciar a todos quienes intervienen en el proceso penal de sus derechos y expectativas. Ponderar los perjuicios económicos, familiares, laborales y de la más variada índole que experimenta la víctima cuando presta su colaboración a la Justicia. Atenderla e informarla puntualmente de las vicisitudes del proceso, del significado, a menudo enigmático para ella, de los ritos y ceremonias procesales. De este modo, no sólo se haría justicia con la víctima: se fomentaría su colaboración con el sistema legal y se mejoraría cualitativamente el funcionamiento de éste^^^.

2^9 Vid. KAISER, G., Criminología, cit., págs. 96 y 97, citando a WEIS-MÜLLER y f ^ BAGEHL; también SANGRADOR, J. L., La victimología y el sistema jurídicoí penal, cit., pág. 74. 2"^" Vid. SGHNEIDER, A. L.; BUCART, J. M., y WILSONII, I. A., The Role of attitudes . iu in the decisión to report crimes to the pólice, en: Criminal Justice and the victim, ., : 1976. Beverly Hills, Sage, edit. W. McDonalds: SMITH, A. E., y MANESS, D. (Jr.), uí>r; The decisión to cali the pólice: reactions to burglary, en: Criminal Justice and the victim, Beverly Hills, Sage, edit. W. McDonalds. Cfr. SANGRADOR, J. L., La victimología y'fel sistema jurídico-penal, cit., págs. 73 y 74. ^'^^ En este sentido, SANGRADOR, J. L., La victimología y el sistema jurídico-penal, cit., pág. 70. ^®^ Cfr. SANGRADOR, J. L., La victimología y el sistema jurídico-penal, cit., págs. 7" y77. _, ,. , , , ._ ...

3') Hasta qué punto, a su vez, las características y actitudes de la víctima influyen en las decisiones del sistema jurídico-penal, de modo directo o mediatamente, a través de los correspondientes estereotipos, es otro de los temas favoritos de la Psicología Judicial, brillantemente retomados por la moderna Psicología Social (percepción interpersonal, procesos cognitivos, etc.). Existe un proceso de interacción juez-víctima, del mismo modo que existe un proceso de interacción delincuentevíctima.
Algunos trabajos llegan a la conclusión, por ejemplo, de que determinadas cualidades de la víctima, la especial relación de ésta con el agresor o ciertas circunstancias explicativas de unaparticipación de la víctimaen su propia victimización rtís A -v PfíT ¡401, 9Í) aoÍBdB-ií BOÍ oha
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264

Cfr. SANGRADOR, J. L., La victimología y el sistema jurídico-penal, cit., págs. 76 y 77. ^ír. SANGRADOR, J. L., La victimología y el sistema jurídico-penal, cit., págs. 77 yss. id. SANGRADOR, J. L., La victimología y el sistema jurídico-penal, cit., pág. 81.

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ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA (vg., delito provocado imprudentemente por ésta) influyen en la resolución judicial en el sentido de reducir la condena del culpable^**^. Lo mismo sucede con algunos rasgos físicos y expresivos de la víctima: a través de la percepción interpersonai y de procesos cognitivos (categorización, efecto de halo, estereotipia, etc.) estudiados por la Psicología Social, el juez o tribunal acusa el impacto de numerosos factores (indumentaria, porte y conducta de la víctima sexo, edad, raza, etc.). La respetabilidad o atractivo personal de la víctima es uno de los rasgos de ésta cuya influencia en las decisiones judiciales ha tratado de verificarse por vía experimentaF'''. Y determinados estereotipos relacionados con el colectivo al que pertenece la víctima^*^^. La tendencia a culpabilizar a la víctima m\sma {«algo fjabrá hecho», «las desgracias sobrevienen a quienes las merecen») es un fenómeno psicosocial llamativo: las víctimas inocentes de delitos o Injusticias no reciben ayuda ni socorro, porque la sociedad (teoría del mundo justo) no puede soportar la hipótesis siquiera de un orden en el que tales personas padezcan, sin razón, males no merecidos. Tal orden social sería injusto e imprevisible. Lo que se soluciona atribuyendo a la víctima inocente algún tipo de responsabilidad, culpabiiizándola^''l

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4') El movimiento asociativo (oficinas de asistencia a las víctimas del delito) y su incidencia en el funcionamiento del sistema legal. Expresión de un nuevo concepto (comunitario) del delito como problema social y, consiguientemente, de la Justicia Criminal como instrumento eficaz de solución de los conflictos, es el poderoso movimiento asociativo de asistencia a las víctimas, integrado orgánicamente en el propio sistema legal, que ha aportado ya a éste u n a nueva faz humana, un nuevo rostro solidario.
Basten algunos datos, extraídos de sus respectivas «Memorias»anua\es, como botón de muestra de la ingente labor que llevan a cabo estas Oficinas de asistencia a la víctima. La Oficina de ayuda a la víctima, de Valencia, intervino durante el decenio 1985/ 1995 en 32.946 ocasiones. En 1996, la Dirección General de Justicia de la Generalitat fijó dos nuevos objetivos a la misma: destacar a sus técnicos en los Juzgados de Guardia (lo que dio lugar a 301 «atenciones») y llevar a cabo «programas de acompañamiento a victimas y testigos» s\QU\enáo la Recomenda-

ción de 28 de junio de 1985 del Consejo de Europa (acompañamiento a declaraciones y vistas, a reconocimientos en la Clínica Médico Forense, etc.). Durante el año 1996 prestó un total de 3.934 'atenciones', que incluyen más de 2.259 llamadas telefónicas (de índole jurídica, unas veces, de carácter 'asistencial', otras), y 1.675 visitas. Otro ejemplo paradigmático es el del Servicio de Asistencia a las víctimas del delito, gestionado por el Instituto de Reintegración Social de Euskadi, del Gobierno Vasco (Departamento de Justicia), de Bilbao. En 1995 intervino en 721 casos, con un total de 3.234 actuaciones. Sus objetivos son: promover un mejor comportamiento del aparato judicial y policial, y una mayor interrrelación usuario-Administración Pública; así como los derechos de las víctimas de hechos delictivos, a partir de una acción interconcertada entre Policía, Justicia, los recursos socio-sanitarios comunitarios disponibles y la potenciación de la vida asociativa en el entramado social de la ciudad. El Servicio informa y atiende a las víctimas. Y programa su intervención en tres niveles: primario (preventivo), secundario (intervención directa en el caso, psicológica o legal, o derivación supervisada del mismo si no lo puede asumir el propio servicio) y terciario (dirigido específicamente a la población victimizada para evitar una nueva experiencia en el futuro). El Servicio tiene su sede en el propio Palacio de Justicia.

j ) L a aportación de la Victimología.

Recapitulación.

Esta acelerada eclosión de la Victimología, pletórica de pretensiones pero, a veces, desordenada y falta de los imprescindibles modelos teóricos, suscita lógicos recelos en la com.unidad científica —por sus excesos y déficit empírico—hasta el punto de hablarse metafóricamente de los «partidarios» de la Victimología y de sus «contradictores»'^'"^. Pero preocupa, sobre todo, el componente pasional y emotivo que alienta algunas formulaciones de la Victimología más radical; el antigarantismo defensista y justiciero de ciertos sectores de la misma; y concretos tics privatistas, sospechosos; datos y tendencias, todos ellos, que alarman, tanto desde u n punto de vista dogmático, como políticocriminal y de estricta justicia. ^ ---^.-.— Las investigaciones sobre la víctima del delito h a n adquirido durante el último decenio u n interés muy significativo. No estamos, sin embargo, ante un fenómeno coyuntural, pasajero —una «moda» como tantas

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Cfr. SANGRADOR, J. L., La victimología y el sistema jurídico-penal, cit., pág. 82 y bibliografía allí citada. Vid. SANGRADOR, J. L., citando los trabajos de J O N E S y ARONSON, L A N D Y , DENNO y CRAMER, DECKER y otros (La victimología y el sistema jurídico-penal, cit., págs. 82 y 83). Cfr. SANGRADOR, J. L.. ibídem. Sobre el problema vid. SCHNEIDER, H.J., Kriminologie, cit., págs. 761 y ss(especialmente, 763); SANGRADOR, J. L., La victimología y el sistema jurídicopenal, cit, pág. 83. ,, ,,„,..; :;h i'í 7 ;;r;KUf a,nj;V' 1 ,: - .1 ,o ,ní.)t.U:'MUY'ty. _b> 5

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Asi, SCHNEIDER, uno de los más prestigiosos criminólogos de nuestro tiempo, h a llamado la atención sobre los riesgos de una Victimología carente de modelos teóricos, pletórica de excesos verbales y formulaciones equívocas, que, además, enfrenta infractor y víctima (Kriminologie, cit., págs. 787 y 788). ...^

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otras—. El actual redescubrimiento de la víctima —tímido, tardío y desorganizado, por cierto— expresa la imperiosa necesidad de verificar, a la luz de la ciencia, la fiínción «real» que desempeña la víctima del delito en los diversos momentos del suceso criminal (deliberación, decisión, ejecución, racionalización y justificación, etc.), revisando superados estereotipos clásicos producto del análisis simbólico, formalista y estático de la Criminología tradicional. Este nuevo enfoque crítico e interaccionista aporta u n a imagen mucho más verosímil y dinámica de la víctima, de su comportamiento y relaciones con los otros agentes y protagonistas del hecho delictivo, de la correlación de fuerzas que convergen en el escenario criminal. Y, lógicamente, sugiere actitudes y respuestas muy distintas de la sociedad y de los poderes públicos respecto al «problema» criminaP^^. Cabe pues esperar u n a relevante contribución de la Victimología en diversos ámbitos: en el criminológico, en el político-criminal, en el político-social, e t c . . Así, y a título puramente ejemplificativo, se pueden señalar los siguientes centros de interés: Primero: etiológico-explicativo. Los pioneros de la Victimología cuestionaron ya con acierto la imagen pasiva y estática de la víctima del delito profesada por la Criminología clásica: u n a víctima anónima y sin faz humana, objeto —no sujeto— del drama delictivo; ajena por completo al infractor y al sentido o valor simbólico que éste pudiera atribuir al hecho; aleatoria, fungible, accidental e irrelevante en el «iter criminis». A la moderna Victimología corresponde explicar —no sólo describir fenomenológicamente— la interacción delincuente-víctima y sus variables^''^; cómo influyen —y por qué— en las distintas hipótesis típicas el modo en que el delincuente percibe a su víctima (o la víctima a su infractor) o las diversas actitudes imaginables entre criminal y vícti;80l{')
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xa3?^^-i tanto en la elección de ésta (cuando exista tal «elección») como en el «modus operandi» del sujeto activo y posterior racionalización o legitimación del comportamiento criminal. Se trata, pues, de comprobar científicamente, con un análisis diferenciador, ya que no caben generalizaciones, si en la concreta decisión delictiva, por ejemplo, o en la selección de la víctima, en la particular forma de ejecutar el crimen, o en los posteriores razonamientos autojustificativos del infractor juegan u n papel relevante —y en tal caso, cuál, cómo, bajo qué presupuestos y por qué— determinadas circunstancias {«variables») de la víctima: circunstancias objetivas, situacionales, personales, etc.^"^*. Pues si bien la víctima no es u n mero objeto fungible y aleatorio, la efectiva contribución de la misma a la génesis y dinámica criminal no puede estimarse homogénea y uniforme, sino diferencial, según el comportamiento de las correspondientes variables.
El problema presenta una gran dificultad, como lo demuestra el hecho de que las investigaciones criminológicas hayan constatado la existencia de una prolija gama de situaciones victimológicas (diversas «clases de víctimas» según una equívoca terminología). Todo parece indicar a tenor de aquéllas que la víctima puede aportar, desde un punto de vista puramente etiológico o dinámico, una contribución más o menos relevante a su propia victimización. Que las variables son muchas y muy complejo el marco de sus respectivas interacciones. Que una misma característica de la víctima puede tener una significación decisiva —o nula— según el supuesto de que se trate e incidir, a su vez, en momentos distintos del «iter criminis».

Percepción y actitudes recíprocas del delincuente y víctima^''®; y transcendencia criminológica de la denominada «víctima colectiva» o «anónima»^"^^, son dos de los temas prioritarios para la moderna Victimología. El primero concreta alguno de los aspectos más significativos de la «interacción» delincuente-víctima. El segundo aporta u n a de

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Vid., GAECÍA-PABLOS, A., La aportación de la Criminología al estudio del problema criminal, en: Doctrina Penal, núm. 48 (1989), año 12, págs. 633 y ss.; del mismo: La resocialización de la víctima: víctima, sistema legal y política criminal (en: Criminología y Derecho Penal al servicio de la persona. Libro homenaje a A. Beristáin, 1989, San Sebastián, págs. 193 y ss.). Sobre los factores y variables que intervienen en el proceso de victimización, vid.; JOUTSEN, M., The role of the victim ..., cit., pág. 72 y ,ss.; RODRÍGUEZ MANZANERA, L., Victimología, cit., pág. 98 a 194 {«factores victimógenos» y «factores endógenos») y 139 a 159 (el «iter victimae»}; SCHNEIDER, H.J-, Kriminologie, cit., pág. 760 y ss. {«Der Prozess des Opferwerdens»). Examinando el concepto de «precipitación» en los delitos contra la libertad sexual, vid. SERRANO MAÍLLO, A., Etiología, prevención y atención en Victimología ..., cit., págs. 448 y ss. . , , . . . ....

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Cfr., RODRÍGUEZ MANZANERA, L., Victimología, págs. 126 y ss., analizando los diversos supuestos de relación delincuente-víctima. '* Vid., a propósito del «riesgo de victimización»: SCHNEIDER, H.J., Kriminologie, cit., págs. 760 y ss.; RODRÍGUEZ MANZANERA, L., Victimología, cit., págs. 126 y ss. 275 Sobre la recíproca percepción —y actitudes— de infractor y víctima, vid.: RODRÍGUEZ MANZANERA, L., Victimología, cit., págs. 130 a 137. 276 En cuanto a las denominadas «técnicas de autojustificación» o «neutralización» en supuestos de víctima anómina o colectiva, vid.: SCHNEIDER, H.J., Kriminologie, cit., págs. 756 y ss.; RODRÍGUEZ MANZANERA, L., Victimología, cit., págs. 137 y ss.; FATTAH, E.A., The Use of the victims As Agent of selflegitimation: Toward a dynamic Explanation of Criminal Behavior, en; Victims and Society, Washington, D.C., 1976 (Edit. E.C. Viano), págs. 105 y ss. .,,„.., ...... ,.„,.,..., ,,.,...«, ,

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las características estructurales de ciertos campos de la criminalidad de nuestro tiempo (por ejemplo: de la criminalidad «m/brmdíica», criminalidad financiera y de «cuello blanco», criminalidad contra el «medio am-biente» y la «calidad de vida», etc.) decisiva en la dinámica criminal: en el proceso de deliberación y en su posterior racionalización por el infi:'actor.

información y tutela orientada a las mismas, puede y debe ser más positiva en términos de prevención que el socorrido recurso a la amenaza de la pena, mensaje indiscriminado y abstracto a u n hipotético infractor potencial (prevención «victimal», versus prevención «criminal»). La prevención «victimal» añade a su comprobada efectividad otras ventajas: sugiere u n a intervención no penal de los poderes públicos — de la sociedad en general— para prevenir el delito, lo que disminuye el elevado coste social q u e la p r e v e n c i ó n «criminal» implica; corresponsabiliza a todos, a la comunidad jurídica —y a la víctima potencial, en particular— en la defensa de los bienes o intereses más valiosos, evitando la puesta en marcha del sistema legal y su tardía intervención; y propicia el diseño de unos programas de prevención de alto contenido social, dirigidos específicamente a los grupos y subgrupos o colectivos necesitados de particular protección (jóvenes, tercera edad, pensionistas, etc.).

Segundo: Prevención del delito. La criminología clásica dirige todos sus esfuerzos preventivos hacia el infractor potencial, por entender que su eficaz neutralización o disuasión es el único modo de evitar el delito. No hay, pues, otro posible destinatario de los programas de prevención de acuerdo con el protagonismo absoluto que se otorga al delincuente en aquélla. La prevención se concibe, en consecuencia, como prevención La moderna criminología acepta, también, la posibilidad de prevenir la delincuencia incidiendo en la víctima (potencial)^^''. El fundamento científico de esta concepción («prevención victimal») complementaria, no sustitutiva, de la «criminal» parece incuestionable. El crimen es un fenómeno altamente selectivo, no casual, ni fortuito o aleatorio: busca el lugar oportuno, el momento adecuado y la víctima propicia, también. La condición de víctima —el riesgo de llegar a serlo— tampoco depende del azar o de la fatalidad, sino de ciertas circunstancias concretas, susceptibles de verificación. Coherentemente, si el riesgo de victimización se configura según las estadísticas como u n riesgo «diferencial»; riesgo que se distribuye no de forma igual y uniforme —ni caprichosa— sino muy discriminatoria y selectiva en torno a precisas variables, parece entonces verosímil la posibilidad de evitar con eficacia muchos delitos dirigiendo específicos programas de prevención hacia aquellos grupos y subgrupos humanos que exhiben mayores riesgos de victimización^^^. Detectados los indicadores que convierten a ciertas personas —o colectivos— en candidatos cualificados, propiciatorios, al status de víctima, una meticulosa labor, científicamente diseñada, de concienciación,

Tercero: Metodológico instrumental. La víctima como fuente alternativa de información de la criminalidad: las «encuestas de victimización». Una información fiable y contrastada sobre el crimen real que existe en una sociedad es imprescindible, tanto para formular un diagnóstico científico como para decidir los oportunos programas de prevención. El aparato estadístico oficial (estadísticas policiales, judiciales y penitenciarias), tardío, falto de rigor y descoordinado, no suministra aquélla. Y cuenta, además, con u n a limitación estructural insalvable: sólo está en condiciones de ofrecer datos sobre la criminalidad «registrada» por las agencias del sistema legal, y ello aún limitándose a aspectos muy parciales de la misma. De algún modo puede afirmarse que mide más la actividad y rendimiento de las instancias oficiales del sistema, que las oscilaciones reales y movimiento efectivo de la criminalidad. Existe, sin embargo, u n a criminalidad «oculta» que no detectan las estadísticas {«cifra negra»), de suerte que los valores «nominales» de éstas se distancian progresivamente de los «reales» («proceso de atrición») conforme el sistema legal consume los sucesivos estadios de la investigación^™. Por otra parte, todo parece indicar que los datos estadísticos oficiales, tampoco ofrecen, desde u n punto de vista cualitativo, un
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Acentuando la importancia de tal estrategia prevencionista: RODKÍGUEZ MANZANERA, L., Victimología, cit., págs. 363 a 379 (quién contrapone: prevención «criminal» y prevención «victimal»); SCHNEIDER, H.J., Kriminologie, cit., págs. 772 y ss.; y 780 y ss.; JOUTSEN, M., The role of the victim, cit., págs. 88 y ss. Cfr., GARCÍA-PABLOS, A., La resocialización de la víctima: víctima, sistema legal y política criminal, cit., págs. 195 y ss.

Sobre las limitaciones del aparato estadístico oficial, vid., GARCÍA-PABLOS, A.. Criminología, cit., 4-Ed., págs. 87 y ss. ^

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muestreo representativo y fidedigno de la criminalidad real, sumida ya en el descrédito la vieja teoría de las «relaciones constantes»^^° (entre crimen «real» y crimen «registrado»). Estas severas limitaciones y carencias de la estadística oficial confieren u n especial valor a las «encuestas de victimización». ^ ^íg|í¿ifW*y?3M¥* Las encuestas de uictimización^^^ constituyen u n a insustituible fiíente de información sobre el crimen «real»; insustituible pero alternativa ya que sus datos no proceden de las agencias del sistema legal (Policía, Proceso Judicial, Administración Penitenciaria) sino de la propia víctima del delito, pero sin los condicionamientos de las estadísticas oficiales. De hecho, operan sobre u n a rica gama de variables, suministrando una imagen matizada y dinámica de la criminalidad en u n momento histórico dado, su perfil, tendencias, etc.
Las encuestas de victimización permiten evaluar científicamente el crimen real, siendo la técnica más adecuada para cuantificar el mismo e identificar sus variables. Contribuyen, también, al cálculo de la tasa de denuncia (test de responsabilización del ciudadano y de su confianza en el sistema legal) y a la verificación de la efectividad de éste. Son instrumentos imprescindibles para comparar las tasas «ofic¡ales»úQ criminalidad (registrada) y no oficiales (reales), esto es, para detectar la criminalidad «oculta»: la «cifra negra». Las encuestas de victimización aportan dos datos muy significativos: la regularidad y constancia de las tasas reales de criminalidad (a pesar de que las estadísticas oficíales arrojan un alarmante incremento del crimen registrado durante la década en curso); y la radical desproporción entre los valores estadísticos oficiales (criminalidad registrada) y los valores reales (crimen oculto). En España, y bajo los auspicios del CIS, se han realizado tres encuestas de victimización, de ámbito estatal, en 1978,1979 y 1982, respectivamente, siendo un síntoma poco tranquilizador la penuria empírica que desde entonces padecemos, en momentos de continuas y trascendentales reformas legislativas^"^.

Cuarto: Político-criminal. Víctima y miedo al delito. La víctima desempeña, también, u n papel transcendente en u n problema político criminal que cada vez preocupa más a los poderes públicos: el miedo al delito. Parece, pues, imprescindible que los poderes públicos disciernan, caso a caso, la génesis y etiología del miedo al delito, su distribución, incidencia en el cuerpo social y principales variables (edad, sexo, profesión, habitat, etc.); si tiene un fundamento real y objetivo o carece de éste: a quién se teme más; qué hechos suscitan mayor temor; si dichos estados de opinión se corresponden —o no— con datos objetivos; cómo se proyectan en los diversos estratos sociales y con qué consecuencias, etc. etc.^*^. Mas aún si se tiene presente, como demuestran numerosos estudios, que los estados de opinión (estereotipos incluidos) y los valores estadísticos a menudo siguen cursos divergentes. Que el temor al delito, esto es, el miedo a ser víctima de éste en el futuro, no siempre coincide con las cifras reales de victimización. Así, quienes más temen al delito (tercera edad), no son —en términos estadísticos— las personas más victimizadas; ni delinquen más (hechos más graves y con más frecuencia) los individuos a quienes la sociedad más teme (jóvenes); ni tampoco son estadísticamente más frecuentes los delitos que, de hecho, suscitan más alarma (los violentos)^^*.
Y SíiHr! Con distinto éxito se fian ensayado importantes programas comunitarios de prevención del miedo: fundamentalmente, programas de vigilancia del barrio (programa de Seattie, de Detroit, de Portland, de Chicago, de Kirkholt) y programas de modificación del ambiente o vigilancia natural (proyecto de Portland, de Hardford; estudio de seguridad en establecimientos comerciales en Denver, St. Louls y Long Beach)2''=, etc.

^^° En cuanto a la crisis y superación de la vieja teoría de las relaciones constantes, vid. SCHNEIDEE, H.J., Kriminologie, cit., pág. 1983, KAISEE, G., Criminología, cit., págs. 137 y ss; GÓPPINGER, H., Criminología, cit., págs. 94 y ss. ^^^ Sobre las encuestas de victimización, vid: GÓPPINGEE, H., Criminología, cit., irj,.. págs. 96 y ss.; SIEGEL, L.J., Criminology, cit., págs. 76 y ss.; VETTER, H.J. y SILVERMAN, I. J., Criminology and Crime, cit., págs. 55 y ss.; SCHNEIDER, H.J., Kriminologie, cit., págs. 187 y ss.; BARLOW, H.D., Introduction to Criminology, cit., págs. 107 y ss.; CANTERAS, A., Delincuencia femenina en España. Un análisis sociológico. Ministerio de Justicia. Madrid, 1990, págs. 96y ss.; GARCÍA-PABLOS, A., Criminología. U n a introducción, cit., 4- Ed., págs. 87 y ss. Una ficha técnica de estas encuestas, en: Vid. infra., Cap.V, 4. Excurso c".

Quinto: Víctima y política social. La víctima no reclama compasión sino respeto de sus derechos. El Estado «social» no puede ser insensible a los perjuicios que sufre la víctima, como consecuencia del delito (victimización primaria) y como consecuencia de la investigación y del proceso mismo (victimización secundaria). La eíectiya «resocialización»

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Vid., SCHNEIDER, H.J., Kriminologie, cit., págs. 767 y ss.; KAISER, G., Criminología, cit., págs. 97 y 98; GARCÍA-PABLOS, A., Criminología, cit., 4^ Ed., págs. 92 y ss. Sobre el problema, vid., SCHNEIDER, H.J., Kriminologie, cit., págs. 770 y ss. Vid. una información detallada en: BERENGUER MEDIAVILLA, R., Miedo al delito: origen y prevención. Valencia, 1989 (tesis doctoral), págs. 182 a 198.

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de la víctima exige u n a intervención positiva de los particulares y de los poderes públicos, dirigida a satisfacer solidariamente las necesidades y expectativas reales de aquélla^®^. El delito (la victimización) es, desde este punto de vista, un «accidente social» más. ,1 Una vez cometido el delito, todas las miradas se dirigen hacia el delincuente. El castigo del hecho y la resocialización del autor polarizan en torno a su persona todos los esfuerzos del Estado. El proceso penal garantiza escrupulosamente la vigencia efectiva de los derechos del acusado reconocidos por las leyes. Por el contrario, la víctima inocente del delito sólo inspira, en el mejor de los casos, compasión: a menudo desconfianza, recelo, sospechas. La Victimología trata de llamar la atención sobre la variada y compleja gama de daños que padece la víctima, sobre el muy distinto origen y etiología de los mismos (victimización primaria o secundaria), sobre la eventual necesidad de reinserción o resocialización de la víctima estigmatizada y marginada por la propia experiencia criminal, sobre los programas de tratamiento, etc. ^^ La Victimología sugiere, pues, u n a ambiciosa Política Social que mejore los insuficientes programas de «asistencia inmediata» a la víctima del delito. Que potencie los programas, muy positivos, de reparación del daño con cargo al infractor a través de prestaciones personales. Que incremente la cobertura y dotación de los programas de compensación a la víctima con cargo a fondos públicos. Que consolide y perfeccione los programas de protección a la víctima-testigo^^''. Sólo así se reconoce el rol muy activo que corresponde a la víctima en el suceso criminal y se aporta al sistema una orientación social y comunitaria imprescindible, si se pretende que la justicia recupere su faz humana. ai,u«fcq(noy íjmfibín orf amiíDív r;J ,loboa vasíúi,'^ v nwiloT-í 'Añt ^^ Sexto. Víctima y Justicia penal. Las actitudes de la víctima hacia el sistema legal (confianza, alienación, rechazo, etc.) y el comportamiento

de la misma (denuncia, abstención, etc), condicionan significativamente, como se h a indicado, el grado de rendimiento del propio sistema penal, cualquiera que sean los indicadores y criterios de medición de la efectividad de éste. Pero la Justicia Penal puede y debe ser también evaluada desde el punto de vista de la calidad: lo que no depende sólo de la corrección lógica de su aparato «normativo», de la capacidad y destreza de los operadores de dicho sistema o del volumen de criminalidad detectada por sus agencias y castigada. Antes bien, u n a evaluación de la Justicia Penal parece obliga a ponderar cuatro factores —y en todos ellos tiene un papel destacado la víctima del delito—: cómo concibe el hecho criminal y qué rol asigna a sus protagonistas; en qué medida satisface las expectativas de éstos; cuál es su coste social; y cuáles son las actitudes de los usuarios actuales y potenciales de la misma. En el modelo clásico de Justicia Penal, el crimen es un conflicto formal, simbólico y bilateral entre Estado e infractor. El sistema contempla a la víctima, no como sujeto de derechos, sino como mero objeto o referencia de la investigación. Esta no persigue fundamentalmente la reparación del daño del delito sino satisfacer la pretensión punitiva del Estado castigando al culpable. El delincuente contrae u n a deuda con el Estado, nacida de la sentencia condenatoria, que se desvincula del hecho cometido y de la persona de la víctima. La intervención del sistema legal despersonaliza el conflicto —conflicto personal, concreto e histórico— entre delincuente y víctima, neutraliza esta última y abre u n abismo definitivo, irreversible, entre los dos protagonistas del suceso delictivo, redefiniéndolo simbólicamente (el infractor se enfrenta con la «ley», la víctima es el «Estado», etc.). El sistema legal, en consecuencia, sólo responde ante el Estado de la deuda que el delincuente contrajo con éste. La solución del conflicto criminal es, también, u n a solución formal, impersonal: no intervienen criterios materiales ni de utilidad individual (interés del infractor o de la víctima) o social (de la comunidad). Su implacable automatismo, no guarda parangón alguno con la rentabilidad de su intervención ni con los elevadísimos costes sociales de la misma. El marco de expectativas, por otra parte, parece muy pobre. Del infi:'actor, el sistema legal sólo espera el cumplimiento de la pena (que, por cierto, no le rehabilitará) y, en su caso, la satisfacción de las responsabilidades civiles derivadas del delito: obligación esta última en favor de la víctima (aunque no sea siempre, de hecho, la pretensión única ni prioritaria de ésta), que resulta muy fácil de eludir con u n a permisiva y sistemáticamente fraudulenta declaración de insolvencia. De «su» mfiractor, la víctima no obstante suele esperar —y, sin éxito— mucho

^^^ Vid., GAECÍA-PABLOS, A., Hacia una redefinición del rol de la víctima, en Libro homenaje al Profesor Fernández Albor, 1989, Santiago de Compostela, págs. 307 a 328; SANGRADOR, J.L., La victimología y el sistema jurídico penal, cit., págs. 81

yss.
'^^'' Cfr. SERRANO GÓMEZ, A., Problems relating to compensation for victims in Spain, en: Victims and Criminal Justice, Freiburg, núm. 50 (1991), Max Planck '" Institut; SERRANO MAÍLLO, A., La compensación en Derecho Penal, Madrid, 1996.

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más: no sólo castigo y compensación económica, sino actitudes y comportamientos «personales» —no «procesales»— (arrepentimiento, disponibilidad, etc.) que p r e s u p o n d r í a n u n «reencuentro» y «relación interpersonal» impensables en el marco rígido y poco comunicativo del proceso. Y del sistema penal, la víctima espera el tratamiento que merece un leal colaborador del mismo, que acude en solicitud de tutela judicial por haber padecido los efectos del delito. Espera información comprensible, respuesta pronta y j u s t a a su demanda y reparación eficaz del mal que se le causó, fundamentalmente: expectativas no muy ambiciosas que, sin embargo, también se verán frustradas. Parece, pues, necesario diseñar un nuevo modelo de Justicia Penal, de faz h u m a n a y mayor calidad. Punto de partida ha de ser la concepción del suceso criminal como problema y como conflicto interpersonal e histórico que enfrenta, en la mayoría de los casos, a dos seres humanos concretos: delincuente y víctima. Con realismo, pues, aceptando que la víctima no es una entelequia jurídica (el sujeto pasivo o titular abstracto del bien jurídico protegido), sino un protagonista del drama criminal, sujeto de derechos y destinatario —usuario— último del sistema, a quien éste debe servir. Objetivar e institucionalizar la respuesta oficial al delito, desapasionadamente, poniendo distancia entre los contendientes, es imprescindible. Rodearla de ritos y símbolos, puede tener justificación. Pero despersonalizar dicha reacción, redefinirla en términos puramente formales, equivale a convertirla en un fin en sí misma, olvidando su verdadera función institucional e incomunicándola de la sociedad. Un enfoque más profundo del problema criminal obliga, además, a ponderar su vertiente «comunitaria». El delito no enfrenta simbólicamente al infractor y al Estado, sino que expresa un conflicto entre tres protagonistas: delincuente, víctima y comunidad. Tres protagonistas cuyo marco de expectativas recíprocas es necesario redefinir con mayor ambición, lejos del enfoque formalista y simbólico tradicional. Esta dimensión social y comunitaria debe hacerse sentir en el momento de arbitrar soluciones al problema criminal, reclamando solidaridad y unos costes razonables (costes sociales). De otra parte, la víctima exige un modelo de Justicia comunicativo y resolutivo. Comunicativo, en el sentido de propiciar el diálogo entre las partes implicadas en el conflicto (entre víctima y sistema, entre víctima e infractor, etc.), la interacción. La víctima no puede seguir siendo mero objeto de la investigación judicial, sino un partícipe activo de ésta, un sujeto de derechos, informado, atento, colaborador y responsable de su marcha. Comunicativo, también, en cuanto a la relación víctima-infractor. El sistema legal

distancia a ambos para evitar respuestas emotivas, pasionales: pero su intervención formal no debe despersonalizar el conflicto incomunicando definitivamente a sus protagonistas. Resulta utópica la pretendida «resocialización» del infractor, si la propia mediación del sistema legal radicaliza el enfrentamiento y cierra el paso a toda posibilidad de diálogo entre los contendientes; si el infractor ni siquiera toma conciencia del mal causado porque la total ausencia del más elemental contacto con la víctima —con «su» víctima— impide u n a percepción personal y directa de los efectos del delito. La Justicia Penal no puede ser el principal obstáculo para el reencuentro del delincuente y la víctima, en aquellos supuestos donde éste sea viable y positivo. Por último, para que la Justicia Penal recupere su faz humana, tiene que orientarse más al hombre —más al hombre que a la ley misma— y resolver efectivamente sus problemas. Tiene que ser resolutiva. Desde el punto de vista de la víctima del delito —y de la comunidad— esto significa que la reparación del daño producido por el hecho criminal se convierte en uno de sus objetivos prioritarios. Porque castigar, en todo caso, no resuelve nada, mientras que la reparación del daño es siempre necesaria. La pena no soluciona los problemas de la víctima, ni es útil para el delincuente: y tiene un elevado coste social. La reparación conviene a todos. Pero reparar el mal del delito no significa necesariamente indemnizar a la víctima: pues ni los efectos más pernicioso del crimen son de naturaleza económica, ni la compensación pecuniaria es la única o principal modalidad reparatoria. El catálogo de consecuencias jurídico-penales debe ampliarse, acogiendo en su poco imaginativo elenco actual —para los supuestos en que sean indicadas— prestaciones personales del infractor a favor de la víctima (de «su» víctima, de otras víctimas o de la comunidad en general). Una pena privativa de libertad de corta duración, por ejemplo, tiene escasa utilidad: excepto en casos contados, ni se cumple. Sin embargo, su sustitución por prestaciones personales del culpable puede expresar mejor postulados de adecuación y congruencia entre delito y pena; y repercutir en beneficio de colectivos victimizados o de la comunidad en general (trabajos comunitarios, prestaciones personales a favor de entidades benéficas, actividades asistenciales, etc.). Que el sistemadela Justicia criminal deba ser resoZMííf o significa, además, que na de actuar como eficaz instrumento de solución de conflictos, operando un im^dicto pacificador de las relaciones sociales y del clima social. No solo está llamado a mejorar, por tanto, las relaciones personales infractor-víctima, sino las generales. Si el delito, como doloroso problema comunitario, abre u n a herida en el tejido social, la Justicia penal debe restañar dicha herida, no infectarla: debe resolver el conflicto, no

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potenciarlo, ni agravarlo. El paso del sistema legal no puede asemejarse al del Caballo de Atila. Por último, es imprescindible implicar y comprometer a la propia comunidad en la respuesta al delito, precisamente porque éste debe contemplarse como problema social y comunitario. Nada más pernicioso que el actual aislamiento e incomunicación del sistema legal. Opto, pues, por un modelo particípatiuo, que movilice activamente todas las energías sociales, que comprometa a la comunidad misma (no sólo a los agentes e instancias oficiales del control social formal) para articular u n a respuesta serena y solidaria al problema criminal. Pero dicha propuesta ha de ser viable y realista, porque sólo de esta manera cabe contribuir al progreso. Una justicia «lega», de «aldea», como se sugiere desde el abolicionismo radical o sectores afines no convence. Porque alimenta imágenes «privatizadoras» del grave conflicto criminal, y soluciones poco respetuosas de las garantías ciudadanas a las que no se puede ya renunciar. ----....--„-Por otra parte, participación y movilización social son términos puramente descriptivos que no deben convertir la respuesta social, comunitaria, al delito en u n a cruzada o declaración de guerra contra el mismo. Expresan y reclaman actitudes de compromiso, de solidaridad, de empatia, no de beligerancia ni rechazo. De humanismo y sentido comunitario, no de espíritu formalista y tecnocrático. No comparto, desde luego, los postulados radicales del movimiento «abolicionista». Ni las formulaciones, moderadas, de algún sector doctrinal del mismo, partidario de un «nuevo modelo» de Justicia criminal. Modelo —dicen— de base comunitaria, vecinal («justicia aldeana», en expresión de CHRISTIE), desprofesionalizado (lego), que, busca la solución efectiva del conflicto a través del arreglo, la negociación, el pacto, la reparación del daño, más que el castigo del culpable. Una Justicia «participativa», que mira, que escucha, que comprende, bien distinta de la diosa tradicional, sorda, muda, ciega ... ciñendo o empuñando espada^*®. • •.;- íioiríf'0">'jfbfr"haloí'yf''Oj."^,rriffiíí.ni
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Pienso, por el contrario, que los «operadores jurídicos» no h a n «confiscado» ni «arrebatado» ilegítimamente el conflicto a sus genuinos «propietarios». Y que la «devolución» de éste a los litigantes (autor y víctima) implicaría u n a lamentable regresión, anacrónica y peligrosa, al socaire de fórmulas utópicas, ingenuas, reprivatizadoras, de imprevisibles consecuencias antigarantistas^^®. Ahora bien, el pensamiento abolicionista, que no opone una alternativa válida al sistema legal clásico, si acierta cuando critica el funcionamiento de éste, su actual orientación. Forzoso es reconocer, por ejemplo, su perfil burocrático, tecnocrático, despersonalizado (que no tiene nada que ver con el «formalismo» garantista inherente a toda intervención jurídico penal); los excesos propios del giro instrumentalizador que marca su actuación (del sistema se espera «rendimiento», productividad, trabajo «bien hecho» más que «justicia», etc.); su déficit «participativo» y «comunitario»; su progresivo distanciamiento de los valores éticos culturales, de la propia experiencia humana, porque le interesa más el castigo del culpable que la solución efectiva del problema criminal, más el acierto técnico en la aplicación de la ley al caso concreto que la Justicia material, que la reparación del daño ocasionado a la víctima y a la comunidad. No se trata, claro, de reclamar u n a «justicia aldeana». Pero sí de reconocer las profundas carencias del actual modelo representativo y profesional de Justicia criminal. Un modelo preocupado más de la «respuesta» técnicamente correcta, que de la «solución» del problema. Más de su propio rendimiento y productividad, que de la calidad de su intervención. Un modelo de justicia «utilitarista», que se aparta de los valores éticos y comunitarios, de las instituciones culturales, del sano sentido común popular y de la experiencia humana. Que despersonaliza el conflicto criminal, reduciéndolo a la categoría de enfrentamiento simbólico entre protagonistas inertes, sin vida, sin emociones; incapaz de crear espacios donde aquéllos —autor y víctima— comuniquen y exterioricen recíprocamente sus vivencias y legítimas emociones, sintiéndose escuchados y comprendidos (el sistema legal ha sustituido el «ritualismo expresivo» que otrora persiguiera por la mera «eficiencia administrativa»). Un modelo de Justicia criminal escasamente «participativo», alejado del ciudadano y de las demandas sociales, con exhibición de u n significativo «déficit comunitario».

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^ ® CHEISTIE, Nils, La industria del control del delito. ¿La nueva forma del Holocaus^ to?, 1993. Buenos Aires. El Puerto, págs. 148 y ss. Cfr. VARONA MARTÍNEZ, G., '•' La mediación reparadora ..., cit., pág. 89.

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Los entrecomillados subrayan las tesis de CHRISTIE, N., op. cit., págs. 156 y ss.

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k) La situación legal de la víctima en España
¿Br. La situación de la víctima del delito (y del «perjudicado» por el hecho criminal) merece alguna reflexión. De carácter <'legal>, por cuanto la víctima de ciertos delitos cuenta con un régimen jurídico específico (delitos violentos dolosos y delitos contra la libertad sexual, delitos cometidos por bandas terroristas, delitos con ocasión del tráfico de vehículos de motor, víctima testigo en causas criminales). De carácter « criminológicc^, porque, en todo caso, la situación real y expectativas de la víctima difiere considerablemente a tenor de la naturaleza del delito de que se trate (vg. imprudencia de profesionales, especialmente, negligencia médica, delitos culposos cometidos con vehículo de motor, delitos contra la libertad sexual, delitos de terrorismo, delitos masa contra intereses colectivos, etc.), como se expuso en páginas precedentes^^". 1) Desde un punto de vista normativo, el ordenamiento español conoce cuatro casos de víctimas del delito que cuentan con una legislación «adhoo^. a') Víctima testigo en causas criminales (L.O. 1994 de 23 de diciembre). Particular mención merece la L.O. 19/1994, de 23 de diciembre, de protección a testigos y peritos en causas criminales. Según la Exposición de Motivos de la citada Ley, la experiencia diaria demuestra que el temor a sufrir represalias explica, a menudo, la inhibición de testigos y peritos en causas criminales, por lo que corresponde a los poderes públicos dictar las normas pertinentes que garanticen el deber constitucional de colaboración con la justicia e impidan la no deseable impunidad de presuntos culpables por ausencia de pruebas. La Ley persigue el necesario equilibrio entre el derecho a un proceso con todas las garantías y la tutela de derechos fundamentales inherentes a los testigos y peritos y a sus familiares. Y confiere al Juez o Tribunal la apreciación racional del grado de riesgo o peligro y la aplicación de todas o algunas de las medidas legales de protección que considere indispensable, previa ponderación, a la luz del proceso, de los distintos bienes jurídicos constitucionalmente protegidos; medidas que, en el marco del derecho de defensa, son susceptibles de recurso en ambos efectos. La reciente Ley es fiel al espíritu de la doctrina del Tribunal Europeo de derechos humanos, y a la Resolución 827/1993, de 25 de mayo, del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, dictada a propósito del Conflicto concerniente a la antigua Yugoslavia. Las medidas de protección previstas en la Ley son aplicables a quienes, en calidad de testigos o peritos, intervengan en procesos penales. Y presuponen la existencia, constatada por el Juez o Tribunal, de un peligro grave para la persona, libertad o bienes de aquéllos, de sus cónyuges, o personas que se hallen ligadas por análoga relación de afectividad, o sus ascendientes, descendientes o hermanos (art. 1). De oficio, o a instancia de parte, pero motivadamente, el Juez o Tribunal acordará la adopción de las medidas necesarias «para preservar la identidad de los testigos y peritos, su domicilio, profesión y lugar de trabajo, sin perjuicio de la acción de contradicción que asiste a la defensa delprocesado»; enXre otras: que no consten en las diligencias que se practiquen su nombre, apellidos, domicilio, lugar de trabajo y profesión, y cualquier otro dato que pudiera servir para la identificación de los mismos, pudiéndose utilizar para ésta un número o cualquier otra clave; que se imposibilite su identificación visual normal en las mencionadas comparecencias; que

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Vid. supra, apartado 4a.

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se fije como domicilio, a efectos de notificaciones y citaciones, la sede del propio órgano judicial interviniente, etc. (art. 2). A tenor del artículo 3 de la Ley, los poderes públicos cuidarán de evitar que a los testigos o peritos se les hagan fotografías o se tome la imagen de los mismos por cualquier otro procedimiento, otorgándoles, en su caso, ia oportuna protección policial. Excepcionalmente, podrá facilitárseles documentos de una nueva identidad y medios económicos para cambiar su residencia o lugar de trabajo. A tenor del artículo 4, si cualquiera de las partes procesales solicitase motivadamente el conocimiento de la identidad de los testigos o peritos propuestos, cuya declaración o informe sea estimado pertinente, el Juez o Tribunal «deberá facilitar el nombre y los apellidos de los testigos y peritos, respetando las restantes garantías reconocidas a los mismos en esta Ley». Finalmente, el apartado 5 del propio artículo 4 dispone que «las declaraciones o informes de los testigos o peritos que hayan sido objeto de protección ... durante la fase de instrucción, solamente podrán tener valor de prueba, a efectos de sentencia, sisón ratificados en el acto del juicio oral en la forma prescrita en la Ley de Enjuiciamiento Criminal por quien los presentó. Sise consideraran de imposible reproducción, a efectos del artículo 730 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, habrán de ser ratificados mediante lectura literal a fin de que puedan ser sometidos a contradicción por las partes». b') Víctima de bandas armadas y elementos terroristas [R.ü. 673/1992, de 19 de junio). Las víctimas de bandas armadas y grupos terroristas han contado, durante los últimos años, con una legislación especial que regulaba las indemnizaciones otorgadas a las mismas con cargo a fondos públicos. La Ley 33/1987, de 23 de diciembre, de Presupuestos generales del Estado para 1988, desarrollada por el R.D. 1.311 /1988, de 28 de octubre, establece un derecho a la reparación del daño, en su artículo 64.1, precepto que coincide esencialmente con el contenido del artículo 24 de la derogada L.O. 9/1984, de 26 de diciembre. Pero el artículo 64 de dicha Ley 33/1987, da lugar a diferentes regímenes de previsión, según la condición profesional de la víctima, lo que se traducía en la concesión de cantidades indemnizatorias diferentes en casos de idénticos resultados lesivos, discriminación que corregiría el sistema uniforme introducido por la Disposición adicional decimosexta de la Ley 4/1990, de 29 de julio, de Presupuestos generales del Estado para 1990. Por otra parte, la Disposición adicional decimonovena de la Ley 31 /1991, de 30 de diciembre, de Presupuestos generales del Estado para 1992, introdujo una nueva modificación en el artículo 64 de la citada Ley 33/1987, con objeto de resarcir ios daños materiales, si bien limitando su ámbito a los causados en la vivienda habitual. Por último, la experiencia aconsejaba prever un mecanismo -. . legal que hiciera posible el pago anticipado y a cuenta de las indemnizaciones, .ofil9b'modificando también en este particular el artículo 64 de la Ley 33/1987. El Real Decreto 673/1992, de 18 de junio, regula «los resarcimientos por daños a víctimas de bandas armadas y elementos terroristas». í*^' ,-;< Su artículo 1 declara resarcibles por el Estado, los daños corporales, tanto físicos " como psíquicos, los gastos por razón de tratamiento médico de los mismos y los daños materiales ocasionados en la vivienda habitual de las personas físicas que, como consecuencia o con ocasión de las actividades delictivas cometidas por bandas armadas o elementos terroristas, se causen a personas no responsables de dichas actividades. Los resarcimientos que procedan por daños corporales se declaren compatibles con cualesquiera otros a que tuvieran derechos las víctimas o sus causahabientes, no así los gastos por razón de tratamiento médico, que sólo alcanzan hasta la cuantía no cubierta por cualquier otro sistema de previsión (art. 4). El Real Decreto determina quienes son titulares del derecho de resarcimiento (art.

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ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA 5) y en virtud de que criterio se determina el importe del mismo (art. 6), distinguiendo, a tal efecto, las lesiones que conlleven incapacidad laboral transitoria, las de carácter definitivo no invalidante, las de carácter invalidante, y los casos de muerte. En este último caso, el resarcimiento será de 120 mensualidades del salario mínimo interprofesional vigente en la fecha en que se produzca la muerte, cantidad que se incrementará en 20 mensualidades más en razón de cada uno de los hijos que dependiesen económicamente de la víctima y, que a su vez, podrá experimentar un incremento adicional de hasta un 30% en consideración a las circunstancias personales, familiares, económicas y profesionales de la víctima (art. 6). De los «daños materiales», declara también resarcibles el Real Decreto 673/1992, «los daños sufridos en la estructura o elementos esenciales de la vivienda habitual de las personas físicas» (art. 13). El importe del resarcimiento, comprenderá el valor total de la reparación de la estructura o elementos esenciales afectados de la vivienda y, en su caso, de las instalaciones o del mobiliario necesarios para recuperar las condiciones de habitabilidad de aquélla (art. 14). Por último, y a tenor del artículo 16, si se hubieren reconocido ayudas públicas o concedido indemnizaciones derivadas de contratos de seguro que no alcancen los valores determinados conforme a las previsiones de este Real Decreto, el importe del resarcimiento consistirá en la diferencia entre la cuantía de dichas ayudas e indemnizaciones y los indicados valores. Una referencia actualizada sobre la vigente legislación en la materia puede consultarse en otro lugar^^^ c') Víctimas de delitos dolosos violentos y de delitos contra la libertad sexual \y. 35/1995, de 11 de diciembre). Una importante Ley 35/1995, de 11 de diciembre, regula las ayudas y asistencia a las víctimas de delitos violentos y contra la libertad sexual. La citada Ley, en su exposición de motivos, reconoce el tradicional abandono que padece la víctima del delito, y la necesidad de que, contemplado éste como problema social y comunitario, la respuesta al mismo tenga en cuenta no sólo la pretensión punitiva del Estado, y la deseable reinserción del infractor, sino también la reparación del daño causado a la víctima. Esta preocupación por la víctima, en particular de ciertos delitos, sería consecuencia del principio de solidaridad y de trascendentales manifestaciones normativas, como el Convenio núm. 116, del Consejo de Europa, de 24 de noviembre de 1983, todavía no firmado por España y que entró en vigor en 1988, y de la Recomendación del Comité de Ministros del Consejo de Europa a los Estados miembros, de 28 de junio de 1985, sobre la posición de la víctima en el marco del Derecho penal y del Derecho procesal. La Ley regula, de una parte, las ayudas de contenido económico a la víctimas de delitos violentos dolosos (y de delitos contra la libertad sexual, aún cuando éstos se perpetrasen sin violencia), y de otra, la asistencia a las víctimas de todo tipo de delito. Las prestaciones económicas que, en concepto de ayudas públicas, el Estado asume, descansan en el principio de solidaridad, subrayando la exposición de motivos de la citada Ley que en modo alguno se trata, técnicamente, de indemnizaciones, pues el Estado no puede asumir, sustitutoriamente, las debidas por el culpable del delito, ni, desde otro punto de vista, sería razonable incluir en las mismas el daño moral provocado por el crimen. El nuevo sistema pretende ser selectivo, de suerte que sólo generarán ayudas públicas los delitos dolosos o ^<4.w.jp••<í«jfi»nnij»BS9>'aoj'.aaoeravfrDS ZBfiWi)

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Vid. GAECÍA PABLOS, A., Criminología, cit., 4^ Ed., pág. 100, y en particular, la cita de la ley 12/1996, de 19 de diciembre, de la Comunidad de Madrid; el R.D. 738/ 1997, del 23 de mayo; el R.D. 1211/1997, de 18.VII y la Ley 32/1999, de 17.XII.

intencionales, violentos, que produzcan la muerte, o lesiones graves, bien corporales, bien psíquicas. Es propósito de la Ley avanzar de forma prudente y selectiva, pero firmemente, ampliando en el futuro con realismo la cobertura de los daños que padece la víctima del delito, de acuerdo con una sólida convicción social en este sentido. Para la valoración del daño causado por el delito, la Ley se remite a la legislación de la Seguridad social. El concepto de beneficiario, abarca no sólo «alas víctimas directas», sino también a terceras personas (víctimas indirectas), siempre que dependieran económicamente de la víctima principal. Para la cuantificación de las cuantías, se parte de las cuantías máximas correspondientes a cada una de las clases de incapacidad contempladas por la legislación de la Seguridad social, aplicándose ciertos coeficientes correctores en atención a la situación económica de la víctima, al número de personas que dependieran económica de ella y al grado de afectación o menoscabo sufrido por el delito. La ayuda económica se declara, por tanto, incompatible con la percepción de indemnización que puedan declarar los Tribunales de Justicia en sus sentencias. Y el Estado se subroga en ios derechos de la víctima contra el autor del delito hasta el importe total de la ayuda concedida. La gestión de este sistema de ayudas se confía ai Ministerio de Economía y Hacienda. Las ayudas que regula la presente Ley son incompatibles, tanto con la percepción de las indemnizaciones que acuerden los Tribunales de lo Penal en sus sentencias, como con las indemnizaciones o ayudas económicas procedentes de seguros privados o de régimen público de la Seguridad social. También, con los resarcimientos por daños a las víctimas de bandas armadas y elementos terroristas, anunciando la Ley una paulatina homogeneización de los diversos regímenes jurídicos que regulan el derecho a la reparación de las víctimas, bien de delitos terroristas bien de delitos violentos, equiparación que por razones de prudencia presupuestaria todavía no considera viable el legislador. En cuanto a la asistencia a las víctimas (de cualquier delito), es propósito de la Ley generalizar la atención psicológica y social a las mismas a través de la red de oficinas de asistencia a las víctimas que cuentan, hasta la fecha, con una experiencia muy positiva a lo largo de nuestra geografía. La Ley, pues, «establece un sistema de ayudas públicas en beneficio de las victimas directas e indirectas de los delitos dolosos y violentos, cometidos en España, con el resultado de muerte o de lesiones corporales graves, o de daños graves en la salud física o mental». Ayudas que se harán extensivas a «las víctimas de los delitos contra la libertad sexual aun cuando éstos seperpretaran sin violencia» (art. 1). El artículo 2 especificaquiénes serán beneficiarios de tales ayudas, bien como víctimas directas, bien a título de víctimas indirectas, «siempre que dependieran económicamente» de la víctima principal. Dicho precepto regula el reparto de las ayudas caso de concurrencia de un pluralidad de beneficiario a título de víctimas indirectas (art. 2.4). El artículo 4, por su parte, define el concepto de lesiones y daños, entendiendo por lesiones graves «aquéllas que menoscaban la integridad corporal o la salud física o mentaly que incapaciten con carácter temporal o permanente a la persona que las hubiere sufrido» (par. 1). No se considera incapacidad permanente aquélla que supongan un grado de minusvalía de, al menos, el 33%. En cuanto a las lesiones corporales o los daños a la salud física o mental «habrán de tener entidad suficiente comopara que, conforme a la legislación de la SeguridadSocial, tuviera lugar una declaración de invalidezpermanente en cualquiera de sus grados o una situación de incapacidad temporal superior a seis meses» (art. 4.2). El artículo 5 establece el régimen de incompatibilidades de estas ayudas públicas, con la percepción de indemnizaciones señaladas por los Tribunales de justicia, o que puedan corresponder

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por el sistema de seguro privado o régimen público de la Seguridad social. La Ley hace, no obstante, dos excepciones. En los supuestos de lesiones o daños determinantes de la incapacidad permanente o muerte de la víctima, «lapercepción de las ayudas será 9tc - . compatible con la de cualquier pensión pública que el beneficiario tuviere derecho Bl e ^\apercibir» (art. 5.3). Y las ayudas por incapacidad permanente «serán compatibles atócon las de incapacidad temporal» (art. 5.4). Para la determinación del quantum de las ayudas, el artículo 6 distingue los 9te supuestos de incapacidad temporal, lesiones invalidantes, y muerte. Y contempla la posibilidad de aplicar, en cada caso, ciertos coeficientes correctores sobre las cuantías máximas, en atención a la situación económica de la víctima, y del beneficiario, del número de personas que dependieran económicamente de aquélla, y del grado de afectación o menoscabo que sufriere la víctima como consecuencia del delito (art. 6.2). En los supuestos de delitos contra la libertad sexual que causaren a la víctima daños en su salud mental, «el importe de la ayuda sufragará los gastos del tratamiento terapéutico libremente elegido por ella», y aún cuando dichos daños no sean determinantes de incapacidad temporal (art. 6.4 in fine). El artículo 10 permite la concesión de ayudas «provisionales» (punto 2), por importe no superior al 80% de la cuantía total (apartado 4). Y el artículo 13 de la Ley declara a favor del Estado una acción de subrogación de pleno derecho, hasta el total importe de la ayuda provisional o definitiva satisfecha a la víctima o beneficiario en los derechos que asistan a los mismos contra el obligado civilmente por el hecho delictivo. En cuanto a la asistencia a las víctimas, el artículo 15 de la citada Ley (apartados 1 y 2, respectivamente) Impone a los Jueces y fvlagistrados, miembros de la Carrera Fiscal, autoridades y funcionarios públicos que intervengan por razón de su cargo cu. en la investigación de hechos constitutivos de delitos dolosos violentos y contra la Bio libertad sexual, el deber de informar a las presuntas víctimas sobre las posibilidades Bl í. y procedimiento para solicitar las ayudas reguladas en la Ley. Y a las autoridades 9b policiales, encargadas de la investigación de tales hechos, asimismo el deber 6Í0; «informara la victima sobre el curso de sus investigaciones, salvo que con ello se ponga en peligro su resultado». El párrafo tercero del artículo 15 dispone que «el ^%\ interrogatorio de la victimadeberá hacerse con respetoasu situaciónpersonal, asus derechos y a su dignidad». Y el párrafo cuarto, el derecho de la víctima a «ser aw informada en términos claros de las posibilidades de obtener en el proceso penal la restitución y reparación del daño sufrido y de las posibilidades de lograr el beneficio de la justicia gratuita. Igualmente deberá ser informada de la fecha y lugar de om celebración del juicio oral correspondiente y le será notificada personalmente la resolución que recaiga, aunque no seaparte en ningúnproceso». El Ministerio Fiscal ñ£: cuidará de proteger a la víctima de toda publicidad no deseada que revele daños c.Sf sobre su vida privada o su dignidad, pudiendo solicitar la celebración del proceso penal a puerta cerrada, de conformidad con lo previsto por la legislación procesal (párrafo 5). El artículo 16 de la Ley se refiere a las oficinas de asistencia a las víctimas, que según las posibilidades presupuestarias, se crearán en aquellas sedes de Juzgados y Tribunales, o en todas aquellas Fiscalías, donde las necesidades lo exijan, precediéndose a establecer convenios para la gestión de las mismas con las Comunidades Autónomas y las Corporaciones locales. d') Víctima de delitos de vehículo de motor Cabe citar, por último, la Ley 30/1995, de 8 de noviembre, de Ordenación y Supervisión de los Seguros Privados, que ha racionalizado, objetivado y normalizado los derechos económicos de la víctima [recte. perjudicado). T¡c¡níír.c«: a:^ ..íMyvííiK'-'-'JMwnv'^JWrf.sí'ii'íi'-'
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2) Por lo demás, la necesaria protección de la víctima del delito en nuestro país — sufrido colectivo de 38 millones de supervivientes, como alguien ha dicho con más sarcasmo que catastrofismo— reclama un radical cambio de actitudes en la sociedad y en los poderes públicos. De la sociedad no espera la víctima compasión, sino información, respeto y asistencia. Del Estado, previsión eficaz y solidaridad. Previsión, porque es preferible neutralizar riesgos que compensar daños. Y, sobre todo, porque la experiencia demuestra que muchos de estos últimos pueden preverse y evitarse. La vida, la salud, la integridad física, la seguridad de los ciudadanos —víctimas potenciales— deben contar con una protección eficaz, primaria, derivada del buen estado de funcionamiento de los mecanismos de autoprotección con que cuenta todo sistema social. Grave sería confiar la tutela de tales bienes jurídicos al efecto disuasorio de las normas penales: el Derecho Penal siempre llega tarde y no puede suplir con eficacia a los dispositivos primarios de autotutela del orden social. Interviene cuando éstos fracasan —lo que debiera ser excepcional— y las prestaciones que otorga a favor de la víctima son escasamente operativas y tardías; no contribuyen al mejor rendimiento del sistema y, en cualquier caso, menos realistas que las que el propio sistema debe adoptar para prevenir los riesgos de victimización de ciertos colectivos y personas. De hecho, algunos dramas recientes padecidos por la sociedad española demuestran tanto el clamoroso fracaso de los mecanismos primarios de protección de la vida, la salud y la seguridad de los ciudadanos —a lo que no puede ser ajena la Administración Pública, en todos sus ámbitos— como la inadecuación de la respuesta jurídico-penal para satisfacer dignamente las justas pretensiones y derechos de las víctimas inocentes. Urge, por razones de solidaridad—a las que debiera ser especialmente sensible un Estado «social»— arbitrar programas de reparación y compensación de los perjuicios padecidos por la víctima con cargo a fondos públicos, para aquellos casos en que la insolvencia del condenado frustre las expectativas de aquélla a la percepción de las indemnizaciones acordadas en la sentencia. Y ello, con carácter general, sin distinguir laclase de delito de que se trate, si bien la implantación de este nuevo modelo debe ser progresiva y cautelosa, por imperativos de realismo (presupuestario). Por las mismas razones (necesidad de una respuesta solidaria, pronta y eficaz) no debiera ser preciso esperar a que el tribunal dicte una sentencia firme para que el Estado satisfaga, cuando corresponda hacerlo, la responsabilidad civil subsidiaria. Bastaría con que conste la causación del daño, su no atribuibilidad a «causa mayor» alguna (art. 106.2 de la Constitución) y la presumible insolvencia del obligado o responsable principal. Todo ello tal vez evidencie una vez más la conveniencia de abordar el fenómeno criminal —que es un fenómeno complejo y pluridimensional— como un problema. Desde la óptica de la Política Social y Asistencial, más adecuada que la estrictamente quirúrgica (penal) para captar las necesidades de los afectados por el mismo. El problema del crimen no es sólo ni principalmente el problema que suscitan los delincuentes. Ni debe preocupar sólo a ciertos profesionales (jueces, abogados, funcionarios de prisiones), porque es un problema social, es decir, de todos. Un problema, en definitiva, de bienestar social y de calidad de vida.
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5. E L C O N T R O L S O C I A L D E L D E L I T O ( C O N T R O L S O C I A L P E N A L ) C O M O O B J E T O D E LA C R I M I N O L O G Í A y a) L a a m p l i a c i ó n d e l objeto d e l a C r i m i n o l o g í a y el control social penal. Como se puso de relieve, u n a de las tendencias más acusadas en la moderna Criminología estriba en la progresiva ampliación de su objeto, debida, sin duda, a una orientación más sociológica y " dinámica de la misma. El protagonismo de la persona del delincuente que caracterizó a la Criminología tradicional parece haber dado paso a un nuevo modelo de ciencia criminológica interesada, además —^y sobre todo—, por la víctima y por el control social del comportamiento desviado. A este giro metodológico no ha sido ajeno el labeling approach (teorías del etiquetamiento y de la reacción social), por la relevancia que otorga a los mecanismos del control social como configuradores de la criminalidad^^^.

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Vid. infra, capítulo XX. Sobre el concepto del «control social» y su evolución en la Sociología general, vid. BEGALLI, E., Control social punitivo, 1996 (Bosch), págs. 1 y ss.; COHÉN, St., Visiones de control social, Barcelona, 1988 (PPU), págs. 75 y ss.; BUSTOS RAMÍREZ, J., Control social y sistema penal, Barcelona (1997), PPU; 9ld BONAL, R. y ROS, A., La representación social de la Justicia, Barcelona (1992), 80! Centre d'Estudis juridics i Formació Especialitzada; BERGALLI, R., El sistema SOfpenal español como el ámbito menos conocido del control penal (en: Control social 61 . del delito: críticas y alternativas. Bilbao, 1991. Departamento de Justicia del Gobierno Vasco), págs. 107 y ss.); JANOWITZ, M., Sociological theory and social 19,':, control, en: American Journal of Sociology, 81 (1), págs. 82 y ss.; MELOSSI, D., El Estado del control social. Un concepto sociológico de los conceptos de Estado y om. control social en la conformación de la democracia. México, D.F., Siglo XXI t\o, (traducción de M. Mur Ubasart); del mismo: Las estrategias del control social en el SUp capitalismo. En: Papers, n'' 13 (1980), pág. 165 y ss.; MUÑOZ CONDE, F., Derecho Penal y control social. Jerez (1985), Fundación Universitaria de Jerez; ROSS, E.A., Social control and the Foundations of Society, Boston (1902), Beacon; SUMNER, C , Social Control, The History and politics of a central concept in Anglo-American Sociology, en: Social Control and Politic Order. London-Thousand Daks, Cl, New Delhi=Sage PubHcations (Bergalli, R., Sumner, C , Edits), 1996; SWAANINGEN, R. van, European Critical Criminologies, A Future for Social Justice, LondonThousand Daks, Cal.-New Delhi: Sage Publications, 1996; ÁLVAREZ-URÍA, F., !5 • Políticas Psiquiátricas y control social en la España de los siglos XIX y XX, en: Historia ideológica del control social, col. Sociedad-Estado, 5, PPU, Barcelona, 1989, págs. 239 y ss.; MALINOWSKI, P., MÜNCH, U., Soziale Kontrolle (Soziologische Theoriebildung und ihr Bezug zur Praxis der Sozialen Arbeit)Kritische Texte-Luchterhand Verlag, Neuwied und Darmastadt, 1975; PARSONS, T., The Law and Social Control, W. Evand, Edit., en: Law and Sociology, The Free Press of Glencoe, 1962 (New York); PITCH, T., Che cos'é il controllo sociale?, en: ODe Leonardis, G. Gallo, D. Mauri, T. Pitch (a cura di), en: Curare e puniré, unicopli. 1988, Milano; SGUBBI, F., II reato come rischio sociale (Ricerche suUe scelte di

En efecto, la preocupación por el control social, sus portadores, instancias, sanciones, etc. implica probablemente más que una mera ampliación del objeto convencional de la Criminología: significa un nuevo modelo o paradigma ÚQ ésta (paradigma de control) dotado, por cierto, de una considerable carga ideológica^''^ La Criminología «positivista», volcada en la persona del delincuente, no prestó excesiva atención a los problemas del control social. Partía de una visión consensual y armoniosa del orden social que las leyes —expresión de tal consenso— se limitarían a reflejar. Los teóricos de la Criminología «positivista» no cuestionan las definiciones legales ni el cuadro normativo al que éstas responden, porque admiten que encarnan los intereses generales. Y tampoco someten a crítica el concreto funcionamiento del sistema, el proceso de aplicación de tales definiciones normativas a la realidad. Piensan que las leyes sólo plantean un problema de interpretación reservado al juez, de subsunción del caso al presupuesto táctico de la norma; pero el dogma de igualdad ante la ley priva de carácter conflictivo a dicho proceso de aplicación de los mandatos legales. Las leyes, pues, —siempre según este punto de vista— caen sobre la realidad social por su propio peso y no se experimentan desviaciones significativas de la premisa normativa al momento terminal del caso concreto. El denunciante, la policía, el proceso penal, etc., son meras correas de transmisión que aplican fielmente, objetivamente, la voluntad de la ley, de acuerdo, por tanto, con los intereses generales a que ésta sirve. La población reclusa, en consecuencia, ofrece una muestra fiable y representativa de la población criminal (real), ya que los agentes del control social (policía, proceso, etc.) se rigen por el criterio objetivo del merecimiento (el hecho cometido) y se limitan a «detectar» al infractor cualquiera que sea éste. Para el iabeiingapproach, por el contrario, el comportamiento del control social ocupa un lugar más destacado. Porque la criminalidad no tiene una naturaleza «ontológica», sino «definitoriai», y lo decisivo es cómo operan determinados

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allocazione dell'illegalitá pénale), Bologna, 1990, il Muhno-Ricerca; HESS, H., II controlo sociales: societá e potere, en: Dei delitti e delle pene, 3 (1983), págs. 499 y ss.; CLARK, A.L., GIBBS., J.P., Soziale Kontrolle. Eine Neuformulierung, en: Seminar Abweichendes Verhalten, I (Frankfurt, 1975), págs. 153 y ss.; STEINERT, H., Militar, Polizei, Gefángnis, usw. Uber Sozialisation in der «TotoXcn InstitutioTí» ais P a r a d i g m a des Verhaltnisses von I n d i v i d u u m u n d Gesselschaft, en: SoziaHsations Forschung, 2, (1973), Stuttgart, págs. 227 y ss.; SCHEERER, S., L'abolizionismo nella criminología contemporánea, en: Dei delitti e delle pene, 3 (1983), págs. 525 y ss.; GARCÍA MÉNDEZ, E., Criminología crítica e controllo sociale in America, en: Dei delitti e delle pene, cit., 3 (1983), págs. 471 y ss.; PHILLIPSON, M., Die Paradoxie der sozialen Kontrolle und die Normalitát des Verbrechens, en: Seminar Abweichendes Verhalten, I., Die selektiven Normen der Gesellschaft. (edit.''por Lüderssen, K. y Sack, F.), Suhrkamp, l^Ed. 1975, págs. 126 y ss.; RESTA, E., II diritto pénale premíale. Nuove Strategie di controllo sociale, en: Dei delitti e delle pene, 1 (1983), págs. 41 y ss.; VERDE, A., Verso un controllo sociale «in positivo» in campo minorile, en: Dei delitti e delle pene, 2 (1983), págs. 356 y ss.; LEMERT, E.M., Social Pathology, 1951, New York; VARONA, G., La mediación r e p a r a d o r a como estrategia de control social. U n a perspectiva criminológica (San Sebastián, 1997), Tesis doctoral. Vid. BUSTOS RAMÍREZ, J., Control social y sistema penal, Barcelona, 1987, PPU,

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mecanismos sociales que atribuyen o asignan el estatus criminal: la calificación jurídlco-penal de la conducta realizada o los merecimientos objetivos del autor pasan a un segundo plano. Más importante que la Interpretación de las leyes es analizar el proceso de concreción de las mismas a la realidad social, proceso tenso conf lictivo, problemático. El mandato abstracto de la norma se desvía sustancialmente al pasar por el tamiz de ciertos filtros altamente selectivos y discriminatorios que actúan guiados por el criterio del estatus social del infractor. Precisamente por ello las clases sociales deprimidas atraen las tasas más elevadas de criminalidad, no porque profesen unos valores criminales per se—ni porque delincan más—, sino porque el control social se orienta prioritariamente fiacia ellas, contra ellas. El control social —sus agentes y mecanismos— no se limitan a detectar la criminalidad y a identificar al infractor, sino que «crean» o «configuran» la criminalidad: realizan una función «constitutiva». De suerte que ni la ley es la expresión de los intereses generales, ni el proceso de aplicación de ésta a la realidad hace bueno el dogma de la igualdad de los ciudadanos. Los agentes del control social formal (policía, tribunales, etc.) no son meras «correas de transmisión» de la voluntad general, sino «fiitros» al servicio de una sociedad desigual que, a través de los mismos, perpetúa sus estructuras de dominación y potencia las injusticias que la caracterizan. En consecuencia, la población penitenciaria, subproducto final del funcionamiento discriminatorio del sistema legal, no puede estimarse representativa de la población criminal real, como no lo son tampoco las estadísticas oficiales.

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Conformidad, integración sociai, cohesión, automantenimiento—como sinónimos de «estabilidad» social— son términos muy gratos al análisis estructuralfuncionalista, sistémico, que describen procesos fundamentales para la conservación o supervivencia de cualquier sociedad, encomendados al «controisociai». Orientando los comportamientos ysolucionando eventuales conflictos^^'^ éste distribuye y mantiene una escala de valores que la comunidad percibe como justa^^^; asegura el buen funcionamiento del orden social e induce conformidad^'"'. En definitiva, pues, por control social se entiende el conjunto de procesos sociales dirigidos a inducir conformidad^^^. En este sentido, DEFLEM define el control social del delito como aquellos mecanismos sociales que se desarrollan para reaccionar frente al mismo (para prevenirlo, reducirlo y detectarlo) y para asegurar, así, la obediencia a las normas sociales^™. Para HABERMAS y su teoría de la acción comunitaria, el control social vendría constituido por los mecanismos sociales que, de manera reactiva y proactiva se refieren al delito, definiéndose y ejecutándose por agencias estatales, o de libre mercado, guiadas por imperativos burocráticos y económicos^°^

El control social penal es un subsistema en el sistema global del control social; difiere de éste por sus fines (prevención o represión del delito) y por los medios de que se sirve (penas, medidas de seguridad.
En efecto, el control social dispone de numerosos medios o sistemasnoxmaKwio^ (la religión, la moral, la ética, la costumbre, la terapia, el Derecho Civil, Administrativo o Penal, etc.); de diversos órganos o portadores ÚQ\ mismo (la familia, la Iglesia, la Ciencia, el legislador, los partidos, los sindicatos, organizaciones varias, la Justicia, etc.); de distintas estrategias o respuestas (prevención, represión, socialización, etc.); de diferentes modalidades de 55/7c/<?/7e5(positivas: ascensos, recompensas, distinciones, etc.; negativas: tratamiento clínico, reparación del daño causado, sanción pecuniaria, privación de libertad, etc.), y de particulares destinatarios (estratos sociales privilegiados, estratos sociales deprimidos, etc.). KÍ3O0 .8B«rfO«=eSi.B'«J1'J3fqtóBfi »»• v^fííSt^-lSí Tal sería el doble contenido del concepto de «integración social», o su doble función (así: ARNAUD, A. J., FARIÑAS DULCE, M- J., Sistemas Jurídicos: elementos para un análisis sociológico. Madrid, 1996. Universidad Carlos IIL Boletín Oficial del Estado, pág. 31. Cfr., BERGALLI, R., Control Social punitivo, cit., pág, 1 y 2). T Según formulación de FRIEDMAN, L., II sistema giuridico nella prospettiva delle scienze sociali, Bologna; il Molino, 1978, pág. 58 (traducción de G. Tarello). Cfr. BERGALLI, R., passim. Vd. COHÉN, St., Visiones de control social. Barcelona (PPU), 1988, págs. 15 y ss. Cfr. COHÉN, St., Visiones de control social, cit., ibídem. DEFLEM, M., Social Control and the Theory of Communicative Action, en: International Journal of the Sociology of law, 1994 (22), págs. 355 y ss. Cfr., VARONA MARTÍNEZ, G., La mediación reparadora, cit., pág. 107. :j «^ Cfr., VARONA MARTÍNEZ, G., La mediación reparadora ..., cit., pág. 107. ''* Sobre este enfoque sociológico del Derecho Penal, vid. GARCÍA-PABLOS, A., Derecho Penal, cit., (2- Edición), pág. 2, ss. (y reseña bibliográfica citada en nota 1).

El análisis del control social penal corresponde, en puridad, a la Sociología criminal, por lo que la obligada remisión a la teoría sociológica del laheling^"^^ se completará en este momento con un somero apunte de los problemas generales que suscita el control social penal. b) El control social penal: su actuación, agentes, estrategias, portadores y sanciones.— Sociedad e individuo, conservación del statu quo y cambio social, se hallan en permanente forcejeo, en cuanto principios antagónicos. Es obvio, por ello, que la sociedad necesita ejercer su dominio sobre los individuos que la componen, desplegando una rica gama de mecanismos que aseguren la conformidad de éstos a sus normas. Por control social se entiende el conjunto de instituciones, estrategias y sanciones sociales que pretenden promover y garantizar dicho sometimiento del individuo a los modelos y normas comunita" ^295 rias^^'^ (disciplina social).

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Vid mfra, capitulo XX Cfr. KAISEK, G., Criminología, cit., pag. 82. Sobre el éxito de este enfoque sociológico en la dogmática penal española contemporánea, vid. VARONA MARTÍNEZ, G., La mediación reparadora ..., cit., págs. 25 ss. y 105 y ss.

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-I Es obvio, pues, que la Justicia constituye sólo uno de los posibles portadores -lí entre otros muchos— del control social; que el Derecho Penal representa sólo uno -Bvwfc de los medios o sistemas normativos existentes; que la infracción legal contiene .«\£ nada más que un elemento parcial de todas las conductas desviadas; que el castigo 9í3é ° penal (la pena) significa la opción por una de las sanciones disponibles^"^ Eso sí, el •,'^^Btai Derecho Penal simboliza el sistema normativo más formalizado, con una estructura más racional, y cuenta con el más elevado grado de división del trabajo y especifi30890, cidad funcional de entre todos los subsistemas normativos^"''.

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culai" relevancia social o gravedad entran en funcionamiento las instancias formales (policía, proceso, etc.), que actúan de modo coercitivo e imponen sanciones cualitativamente distintas de las sanciones sociales: sanciones estigmatizantes que atribuyen al infractor u n singular «status» (desviado, peligroso, delincuente, etc.).
Según BURSIK y GRASMICK, el control social informal operaría en tres niveles distintos: privado (familia y amigos), local (personas conocidas) y público (vecinos y agentes externos)™''.

Cualquier análisis comparativo de los diversos sistemas debe partir de dos premisas: la globalidad del control social y la relativa intercambiabilidad de todos sus elementos (portadores, estrategias, medios y sanciones). El juicio sobre la adecuación al problema de uno u otro subsistema, o sobre el grado de rendimiento y eficacia de los mismos para resolver las tensiones o conflictos sociales, h a de ser un juicio globalizador que capte el funcionamiento total del control social —^y de todos sus subsistemas—, atento a la posible sustituibilidad o recambio recíproco de las partes que lo integran^°^.
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El control social «penal», como modalidad del llamado control social formal, entra en funcionamiento sólo cuando h a n fracasado los mecanismos primarios del control social informal que intervienen previamente^"^.
Toda sociedad, en efecto, cuenta con unos dispositivos de autodefensa que suelen ser suficientes para resolver conflictos cotidianos de escasa importancia. A pesar de que actúan con cierta espontaneidad y sin someterse a procedimientos formales, estos mecanismos tienen probada eficacia. Sus portadores o agentes son la familia, la escuela, la pequeña comunidad, la opinión pública, etc. Poseen, lógicamente, sus correspondientes sistemas normativos y sus sanciones, que aplican al individuo cuyo comportamiento se desvía de las expectativas del grupo. Se trata de las instancias del controlsoc/a/informa/, cuya actuación es decisiva en los procesos de socialización. Sería ingenuo restar importancia al control social «informal», porque desempeña un papel muy relevante en los procesos de socialización. Su naturaleza «informai» no limita la efectividad ni la trascendencia del mismo, todo lo contrario, le hace más sutil, más duradero. Que los presupuestos de su actuación (conducta irregular o desviada) no se hallen precisamente descritos; que sus portadores cuenten con cierto margen de espontaneidad para determinar el castigo (sanciones informales), de discrecionalidad; y que el propio procedimiento o forma de imponerlo, flexible, sin especiales ritos, carezca de una regulación exhaustiva, no merman importancia al control social informal. Antes bien, el efecto criminógeno de una ausencia o mal funcionamiento del mismo (por ejemplo, de los grupos primarios) es hoy una tesis que goza de gran consenso en la moderna Criminología científica. Como la de la indudable capacidad y eficacia preventiva de un control social informal en buen estado de funcionamiento. s. -. i_:-•.„ .,..-- -.^—
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"' c) Control social formal e informal.— P a r a obtener la conformidad o adaptación del individuo a sus postulados normativos (disciplina social) se sirve la comunidad de dos clases de instancias o portadores del control social: instancias formales e instancias informales. Agentes informales del control social son, por ejemplo, la familia, la escuela, la profesión, la opinión pública, etc. Formales: la Policía, la Justicia, la Administración Penitenciaria, etc. Los agentes del control social informal t r a t a n de condicionar al miembro del grupo, de adaptarle a las normas sociales, de disciplinarle a través de un largo y sutil proceso que comienza en sus núcleos primarios (familia), pasa por la escuela, la profesión y la instancia laboral y culmina con la obtención de su actitud conformista, interiorizando el individuo las pautas y modelos de conducta transmitidos y aprendidos. Cuando las instancias informales del control social fracasan o el comportamiento desviado del individuo reviste u n a parti>i»m .S8R1 ÁUIT:» B-aolejuM Jniooft ^°^ Así, KAISER, G., Criminología, cit., pág. 83. .nUrv'j ¡Bbo8 ,,M ,M3J": ^°* Así, KAISER, G., Criminología, cit., pág. 83. 3<it %,/ ííin-tijot .„,.„.„„_.. • ..,>,..^„.. ÍBaoJJjBa't: ^°^ Cfr. KAISER, G., ibídem. Frente a esta opinión muy extendida, VARONA MARTÍNEZ, G., mantiene que control social formal e informal se comportan entre sí tanto en términos de «complementariedad» como de «confusión» (La mediación reparadora .., cit., pág. 117).
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Pero cuando el conflicto social reviste particular gravedad, su solución no puede quedar a merced de las instancias del control social «informal». Entonces interviene el Estado, a través de la justicia penal. Y lo hace
BURSIK, R.J., GRASMICK, H.G., Neighborhoods and Crime. 1993, Lexington, N.A., Lexington Books. Cfr. VARONA MARTÍNEZ, G., La mediación reparadora, cit., pág. 108. Contra un entendimiento rígido de este postulado que suele formularse de modo demasiado categórico, vid.: VARONAMAETÍNEZ, G., Lamediación reparadora..., cit, pág. 117. ' ' "

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sometiéndose a normas de actuación escrupulosamente diseñadas para asegurar la obj etividad de la intervención y el debido respeto a las garantías de las personas involucradas en el conflicto^"*^. Las sanciones del control social formal, a diferencia de las que imponen las agencias «informales» nunca son neutras, sino negativas, estigmatizantes. El modus operandi y las «sanciones» en uno y otro caso difieren sensiblemente.
' El padre puede sancionar al hijo que ha obtenido malas calificaciones, sin más. No existen normas de procedimiento al respecto, ni preceptos que determinen la <ifei4í" clase de castigo, ni su entidad. El niño tampoco puede negarse a dar una explicación «sino en presencia de sus abogados». La comunidad también castiga marginando o descalificando (sanciones) a sus miembros incómodos, descorteses o pendencieros, sin necesidad de someter tal decisión a normativa alguna. En ambos casos se trata de instituciones del control social «informal». Sin embargo^°^ las agencias del control social «formal» no pueden actuar con tal grado de discrecionalidad. La Policía, por ejemplo, no ha de detener a una persona sino en los casos y en la forma prevista por la Ley (art. 489 LECr). Practicada la detención, el detenido debe ser informado inmediatamente de los derechos que le asisten (art. 520, n° 2, LECr), entre otros: derecho a ser informado de los hechos que se le imputan y de las razones de su detención, derecho a guardar silencio, a no 0 9 BV declararse culpable, a designar abogado y solicitar su presencia, a ser reconocido por un médico, etc. La detención sólo durará el tiempo estrictamente necesario para la realización de las averiguaciones que permitan esclarecer los hechos y, en todo caso, no más de setenta y dos horas hasta que sea puesto el detenido a disposición de la autoridad judicial (art. 520, n-1, LECr). Esta no podrá imponer otras penas que las señaladas en la ley para el delito o falta cometidos (art. 1 y 32 CP) y, por supuesto, "•fe. , después del oportuno juicio público (art. 680 LECr), celebrado con toda suerte de M/{aétB garantías, en el que se desvirtúe la presunción de inocencia (arts. 24.1- CE) del imputado. La sentencia ha de estar motivada (arts. 24.1 ^ y 120.3° de la CE) y podrá lí, ser recurrida en los casos previstos en la Ley. Su ejecución se llevará a caláo en la Ismio forma prevista en el ordenamiento (art. 3 CP) bajo el control del juez de vigilancia penitenciaria (art. 76 LOGP), etc.

tralizada, no excluyente, ni estigmatizante de éste, «situado fuera de los tentáculos de los sistemas de derecho organizados por el Estado»^^°. porque, evidentemente, el impacto del control social informal puede ser tan coercitivo, estigmatizante y gravoso como el del control social formal, exento, además de las garantías que acompañan el funcionamiento de éste' De la citada estructura del control social —y de las relaciones entre el control social «informal» y el «formal»— se desprenden dos consecuencias que afectan al control «penal»: en primer lugar, la naturaleza «subsidiaria» de éste; en segundo lugar, la necesidad de u n a correcta coordinación de las dos clases de instancias, como garantía de la más eficaz prevención del crimen. .;,: ¿la i :sac¿:. En efecto, si todo orden social cuenta con mecanismos primarios de autoprotección, por lo general eficaces, la intervención del control social «formal» sólo se legitima en defecto de aquéllos: cuando la entidad del conflicto exija u n a respuesta formalizada más drástica por no ser suficiente la de las instancias informales. La maquinaria pesada del Estado debe reservarse para los conflictos más agudos que requieran u n tratamiento quirúrgico. Los conflictos de menor entidad pueden ser abordados con instrumentos más ágiles y socialmente menos gravosos. El Derecho Penal es la ultima ratio. 'i:mti<i&% Por otra parte, todo parece indicar que la prevención eficaz del delito no ha de perseguirse incrementando progresiva e indefinidamente el rendimiento del sistema legal (control social penal) sino a través de u n a mejor coordinación del control social formal e informaP^^, aceptando la relativa intercambiabilidad de uno y otro^^'.
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* En cuanto a las sanciones e impacto del control social tampoco parece realista u n a drástica contraposición del control social formal y el informal, suponiendo negativo y estigmatizante el primero, y neutro y positivo, este último. ...t^í. •Ji.-í J^J<:J:Jl^i.l\ ,0 Este es el caso del «labeling approach» que participa de una visión idealista e ingenua del control social informal, y de la actuación descen^ 0 iiOv- HbOv.-i-i'r= '..ij^ii

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312

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^^» Véase ZUGALDÍA ESPINAE, J. M., Fundamentos de Derecho Penal, cit., págs. 35 yss. 309 Cfr. ZUGALDÍA ESPINAR, J. M., Fundamentos de Derecho Penal, cit., pág. 36.

313

Así, BLOMBERG, Th. G., COHÉN, St., edits., Punishment and Social Control. Essays in Honor of Sheldon L. Messinger, New York, 1995, Aldine de Gruyter, pág. 6. Cfr., VARONA MARTÍNEZ, G., La mediación reparadora ..., cit., pág. 108. En este sentido, MATTHEWS, R., y YOUNG, J., Edits., Issues inReahst Criminology, Londres, 1992 (Saje), pág. 6 y ss. Cfr., VARONA MARTÍNEZ, G., La mediación reparadora, cit., pág. 108. Véase GARCÍA-PABLOS, A., Criminología. U n a Introducción a sus fundamentos teóricos para juristas, 3- edición. Tirant lo Blanch. Valencia, 1996, pág. 70. (4- Ed. pág. 122). Véase GARCÍA-PABLOS, A., Criminología. U n a Introducción a sus fundamentos teóricos para juristas, 3- edición. Tirant lo Blanch. Valencia, 1996, pág. 69. (4- Ed. 1 iw 'treOMíij"uiix^Kí <¿<»K)iIW-; :,t\ v(»la.CI;A'1''-/I,I- ,.•«!*«:>^í«wp(V'i i*'' Pag. 121). •

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El examen pormenorizado de la actuación de las instancias formales e informales del control social excede las pretensiones y finalidad de la presente obra. El análisis científico de la actuación del sistema legaf''^, de Jueces"^^^ policía^^^, de fiscales

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GARRIDO GENOVÉS, V., Relación entre la sociedad y el sistema legal, en: Psicología social y sistema penal. (Compilación de Jiménez Burillo, F., y Clemente M.), Alianza Universitaria Textos, 1986, Madrid, págs. 45 y ss.; SANGRADOR^ J.L., La victimología y el sistema jurídico-penal, en: Psicología Social y sistema penal, cit., págs. 61 y ss.; TOHARIA, J.J., La imagen de la Justicia, en: Psicología social y sistema penal, cit., págs. 105 y ss.; MORALES DOMÍNGUEZ, J.F., Estudios psicosociológicos en el campo del Derecho, en: Psicología social y sistema penal, cit., págs. 117 ss.; GARZÓN, Adela, Psicología social y tribunales de Justicia, en: Psicología social y sistema penal, cit., págs. 135 y ss.; JORGE MESAS, L.F., La eficacia del sistema penal, en: Criminología, Cuadernos de Derecho Judicial, Madrid, 1994 (dirigido por GARCÍA-PABLOS, A.), págs. 57 y ss.; GARCÍAPABLOS, A. , Problemas y tendencias de la moderna Criminología, en: Criminología, Cuadernos de Derecho Judicial, cit. (1994), págs. 317 y ss.; ROBERT, Ph., El ciudadano frente a la justicia penal: actitudes y esperanzas, en: Justicia y cambio social, Papers d'estudis i formació, XII. 1990 (número especial), Generalitat de Catalunya. Centre d'Estudis Juridics i Formació Especialitzada, págs. 9 y ss.; BONAL, R. y ROS, A., La representado social de la Justicia, Barcelona, 1992 (Centre d'Estudis Juridics i Formació Especialitzada de la Generalitat de Catalimya); BRILLON, Y., Images du systhéme de justice criminelle et reactions du public, en: Année Sociologique, 1985, núm. 55; TOHARIA, J.J., Cuarto barómetro de opinión del Consejo General del Poder Judicial, en: Poder Judicial, número 12 (1988), págs. 57 y ss. ANDRÉS IBÁÑEZ, P., Jueces y administración de Justicia: un panorama de la cuestión judicial española, en: Historia ideológica del control social, col. SociedadEstado, 5, PPU (Barcelona), 1989, págs. 323 y ss.; TOHARIA, J.J., El juez español, Madrid, 1975 (Tecnos); BERGALLI, R., Cultura de la Jurisdicción e ideologías de Jueces y Fiscales, en: Control social punitivo, Barcelona (Bosch), 1996, págs. 53 y ss. En cuanto a la Policía, como instancia del control social, vid.: Policía y Sociedad (Ministerio del Interior), Madrid, 1990; BERGALLI, R., Control social punitivo. Barcelona (1996), Bosch; BUSTOS RAMÍREZ, J., Control sodal y sistema penal, Barcelona (1987), PPU; Las PoHcías locales: su imagen en la Comunidad de Madrid. Madrid (1991). Comunidad de Madrid; BONAL, R. y ROS, A., La representado sodal de la J u s t i d a , Barcelona (1992), págs. 27 y ss.; MARTÍN FERNÁNDEZ, M., La profesión de policía, CIS, Col. Monografías, núm. 111, Siglo XXI de España Editores, Madrid (1990); RECASENS iBRUNET, A., DOMÍNGUEZ FIGUEIRIDO, J.L., Aparato y espacio policial, en: Control social punitivo (por Bergalli, R., y otros), Barcelona (Bosch), 1996, págs. 25 y ss.; LÓPEZ GARRIDO, D., El aparato policial en España. Barcelona (1987), Ariel; QUERALT, J.J., El Policía y la Ley. Barcelona (1986), Plaza-Janés; QUERALT, J.J., JIMÉNEZ, É., Manual de Policía Judicial. Madrid (1987), Ministerio de J u s t i d a ; JIMÉNEZ BURILLO, F., Aspectos psicosociológicos de la policía, en: Psicología social y sistema penal (compilado por J. Burillo, F., y Clemente, M.) Alianza Universitaria Textos, Madrid, 1986, págs. 91 y ss.; GARCÍA-PABLOS, A., Policía y criminalidad en el Estado de Derecho, en:

interesa cada vez más a la Criminología que ve como se amplia progresivamente su objeto tradicional. La Psicología, la Sociología y la Psicología social, entre otras disciplinas, han obtenido ya una valiosa información contrastada sobre las claves de la actuación de las diversas instancias del control social. Más allá de las cuestiones orgánicas, estructurales y corporativas tradicionalmente analizadas (o de los problemas de «modeios», organización, imagen y efectividad) hoy preocupa sobremanera la percepción social del funcionamiento del sistema legal y las actitudes del ciudadano hacia el mismo. Interesa, pues, un enfoque psicosocial. El iabeiing approacii, cuyos postulados se analizan en otro lugar de esta obra, ha resaltado tres características del control social: su comportamiento seiectivoy discriminatorio {Q\ criterio del <^statussoc\dí\» prima sobre el objetivo de los merecimientos del autor de la conducta), la función constitutivao generadora de criminalidad (los agentes del control social no detectan al infractor, sino que «crean» la infracción y etiquetan al infractor como tal) y su impacto estigmatizante{Q\ paso del individuo por las agencias del control social formal marca el inicio de la «desviación secundaria» y de las «carreras deiictivas»). La seiectividad<ÁQ\ control social formal tiene una doble manifestación: global y parcial. El sistema legal, en su conjunto, actúa selectivamente, contemplado su funcionamiento como un todo. Pero cada una de sus instancias, la policial, la judicial y la penitenciaria, arrojan un singular perfil de la realidad delincuencial, son, pues, filtros sucesivos que operan, también selectivamente. Modernas técnicas estadísticas (métodos de atrición) lo demuestran^".

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Policía y Sociedad, Madrid, 1990 (Ministerio del Interior), cit., págs. 49 y ss.; JIMÉNEZ CUEVAS, M., La imagen de la Policía, en: PoHcía y Sociedad, cit., págs. 245 y ss.; MORALES VILLANUEVA, A., El modelo pohcial español, en: Pohtía y Sociedad, cit., págs. 75 y ss.; QUERALT JIMÉNEZ, J.J., Oportunidad, necesidad y legalidad en la actuación policial, en: Policía y Sociedad, cit., págs. 149 y ss.; PIQUERAS CAÑAS, Luz María, La imagen del Cuerpo Nacional de Policía. Concepto, construcción y transmisión, en: Policía y Sociedad, cit., págs. 225 y ss.; ÁLVAREZ SOBREDO, M., El PoHcía como agente social, en: Policía y sociedad, cit., págs. 257 y ss.; Las Policías Locales: su imagen en la Comunidad de Madrid, Madrid, 1991 (Academia Regional de Estudios de Seguridad). CANTERAS, A., El método de atrición como técnica evaluativa de la aplicación del Derecho, en: Sentido y razón del Derecho, Barcelona, 1992 (Edit. Hacer), págs. 239 y ss. Según el autor, el método de atrición permite conocer, no sólo el distinto perfil delincuencial que arrojan las tres instancias oficiales (policial, judicial y penitenciaria) sino el comportamiento que durante el curso del propio proceso asume el sistema en su conjunto. Un análisis estadístico demuestra como se reduce progresivamente la intensidad de aquel (cada vez ingresan menos casos conforme se pasa de la fase policial a la jurisdiccional y, a su vez, de ésta a la penitenciaria). Mediante series temporales m á s o menos extensas puede constatarse cómo varían las actitudes del sistema hacia determinadas conductas punibles y que relación existe con determinadas variables (vg. tipo de delito, sexo, edad del imputado, etc.). Cabría aplicar incluso el método de atrición en el seno de u n a instancia del sistema (vg. la judicial) para comprobar el funcionamiento progresivamente menos efectivo de la misma (reducción del inicial número de causas que recibió por distintas razones: sobreseimiento, inhibición, incompetencia, etc.), relacionando dicho comporta-

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Se acepten o no estas premisas teóricas, lo cierto es que hoy no puede yg cuestionarse que la «reacción social» condiciona en buena medida el volumen y estructura de la criminalidad^^^

d) Efectividad del control social penal y «normalidad» del delito.— Siguiendo la conocida hipótesis de ALLPORT^^^ —«hipótesis de curva J»—, suele entenderse que u n buen indicador del grado de efectividad o imposición de un comportamiento normativo es la distribución del mismo de acuerdo con u n a curva en forma de J. La cultura, el derecho, la costumbre y los restantes sistemas normativos ejercen una presión sobre el individuo para reclamar su conformidad. Dicha presión normativa produce u n desplazamiento y la consiguiente distribución empírica en forma de J, con las cotas más significativas allí donde aquella es más intensa.
«Como norma general se puede admitir que cabrá esperar una cualidad tanto menor en distribución normal cuanto mayor relación tenga con las normas sociales>fi'^°.

Sin embargo, la efectividad de un concreto sistema de control social penal es u n tema problemático. Ni el incremento de las tasas de criminalidad registrada significa, sin más, u n fracaso del control social penal, ni es viable un sistemático y progresivo endurecimiento de éste para alcanzar cotas más elevadas de eficacia.
El incremento de los índices de criminalidad registrada se ha interpretado, a menudo, como signo inequívoco de la «crisis» de la Justicia, como expresión del g^ ^ fracaso del actual sistema del control social penal. Sin duda, porque se partía del ' i j I j , pnncipio del «volumen constante» de la criminalidad; siendo esto así —se pensaba—, si existe un volumen constante de crimen en la sociedad, cualquier aumento b. notable del mismo hay que atribuirlo a un fallo o defecto del sistema de control del mismo. Pero el razonamiento no convence. En primer lugar, porque el incremento e efectivo de las tasas de criminalidad registrada en los últimos lustros no puede interpretarse necesariamente como un incremento de la criminalidad real. Las encuestas de victimización y los informes de autodenuncia han llamado la atención sobre este extremo: no parece que la criminalidad real haya aumentado en los
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Últimos lustros, o al menos no en la forma tan acelerada y significativa que detectan las estadísticas oficiales^^'. En segundo lugar, porque el presupuesto teórico de la opinión que se analiza —la ley del volumen constante del delito— se halla hoy muy cuestionada. En efecto, la hipótesis del volumen constante se estima inservible para el análisis del delito en sociedades pluriestratificadas y en vías de rápida transformación, por su rigidez estática, y porque presupone el mantenimiento de unas variables sociales (incluida la práctica de la denuncia por la víctima del crimen) de imposible control. Por ello, hoy prefiere hablarse de «normalidad» del delito (aunque tampoco se disponga de indicadores adecuados de dicha «normalidad»), en lugar de «constancia» del crimen^^^. Por otra parte, el control social penal cuenta con unas limitaciones estructurales inherentes a la peculiar naturaleza del mismo. De suerte que no es posible exacerbar indefinidamente su efectividad mejorando, cada vez más y de modo progresivo, su rendimiento. El castigo sólo es funcional si se circunscribe al comportamiento de una minoría; en otro caso, pierde—como el crimen mismo—su función integradora. Sin que sea ahora necesario reiterar que la lucha contra el crimen —o, mejor, su control racional— no puede agotarse en un perfeccionamiento de los instrumentos y estrategias del control social del mismo, del control social penal, sino que ha de instrumentarse a través de programas de prevención primaria que ataquen las raíces últimas del crimen (esto es, que actúen 'etiológicamente', no 'sintomatológicamentá), no sus manifestaciones. Como se ha dicho con razón, más leyes, más penas, más cárceles... significa más presos, pero no necesariamente menos delitos. Los inconvenientes de una «sobreincriminación»^'^^ explican las actuales tendencias descriminalizadoras.

Las mayores garantías de éxito en orden a la prevención del delito residen probablemente no en la superior efectividad o rendimiento del control social formal (mejor funcionamiento del sistema legal), sino en la más armoniosa integración o sincronización del control social informal y del control social formal. Y, desde luego, en la positiva mejora y transformación del «orden social».
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e) Evolución y tendencias del control social penal. Partiendo de una noción estricta de «control social», de la distinción entre control social «formal» e «informal», y de la historicidad, fungibilidad y relativa mtercambiabilidad de las diversas estrategias y métodos de actuación de sus instancias cabe señalar algunas tendencias claras en la evolución del control social, al menos ciertas fases o momentos de la misma.
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miento selectivo con las correspondientes variables (sexo, edad del reo, clase social, f; tipo de delito, etc.). La selectividad del sistema legal tiene, pues, esta otra manifestación. ij^jacis «•*«';•-'?! " ^^^ Por todos, KAISER, G., Criminología, cit., pág. 85. ^^^ ALLPORT, F., The J-Curve-Hypothesis of Conforming Behavior, en: Journal of Social Psychology, 5 (1934). , _, .: ,,, ;;: .; - -

320 321

322 323

Cfr. KAISER, G., Criminología, cit., pág. 88. , •í.i'Or -^kq^.,,, ,, Vid. infra, capítulo V, a, a), excurso: c» y d» (resultados que se desprenden de determinadas técnicas de estimación de la criminalidad real). También: GARCÍAPABLOS, A., Criminología. Una introducción, cit., págs. 49 y ss. (4- Ed., pág. 123). Cfr. KAISER, G., Criminología, cit., pág. 89. Cfr. KAISER, G., Criminología, cit., pág. 90. •<•' « « á^aq ,Jh ,{\XGÍ) b a ^

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Un concepto lato de control social, sin duda, permite plantear, como hace St. COHEN^^*' «si los profesores en las escuelas, los guardianes en las cárceles, los psiquiatras enlas clínicas, los trabajadores sociales en los organismos asistenclales los padres en las familias, lospolicías en las calles, los Jefes en las fábricas... están ocupados en última instancia, haciendo todos la misma cosa«. Pero una acepción tan amplia y abstracta dificulta el análisis que se pretende.

1

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1') Cabría hablar, ante todo, de un proceso histórico de racionalización del control social formal, especialmente del 'penaF, que es su modalidad más agresiva^^^. Dicha dinámica conduce no a la utópica desaparición del mismo, sino a la evaluación empírica y realista de sus efectos, de su impacto, con el objeto de asumir la necesidad de su intervención, pero circunscribiendo ésta a los conflictos más graves que la reclamen, tanto por razones de prevención general como estrictamente garantistas^^s La idea de la subsidiariedad, o el postulado de la intervención mínima del Derecho PenaP^'' expresan fielmente esta tendencia.
Claro que el pensamiento utópico apoya con vehemencia el desiderátum de RADBRUCH: conseguir no ya un mejor Derecho Penal, sino algo mejor que el g3jlj¡ Derecho PenaP^^ Sin embargo, aunque muchos optimistas y radicales extiendan ya g>,¡j;:, el certificado de defunción del Derecho Penal y afirmen que tiene sus días contados'^^ todo parece indicar que ia desaparición del Derecho penal no «es cosa on
.^íví f-i E;\ K l^kH .£Tj'i,r?Y/í.í-5íT-j'/vwi'

de tiempo"^^°. Que goza de buena salud. Que el célebre «Oráculo fúnebre por el Derecho Penal Clásico», de FERRP^' sigue siendo una bella profecía incumplida. Asistimos, pues, solo a un proceso histórico de racionalización del mismo, que pondera la necesidad ineludible de su presencia como instrumento eficaz de solución de ciertos conflictos sociales, de una parte, y el grave coste que su intervención inevitablemente depara, de otra^^^. En consecuencia, esperar una progresiva retirada del Derecho Penal y su sustitución por otros controles sociales eficaces pero menos gravosos parece una previsión realista que la experiencia histórica avala. Vaticinar, sin embargo, la desaparición del Derecho Penal —a medio plazo— sigue siendo una utopía.

2') Pero el citado proceso de racionalización del Derecho Penal afecta no sólo a los presupuestos de la intervención de éste, sino a su propio contenido, porque no se t r a t a exclusivamente de delimitar y restringir al máximo las condiciones y requisitos del «ius puniendi» sino de controlar su ejercicio: el contenido, extensión y formas concretas de la reacción penal. Decisivo es no sólo cuándo (bajo qué presupuestos) puede intervenir el Derecho Penal sino cómo h a de hacerlo entonces^^^.
De hecho, la Ilustración marca el comienzo de un sinuoso pero decidido proceso histórico comprometido con la razón y la humanidad que revisa y depura el arsenal punitivo. Fruto del mismo será la desaparición de las penas corporales, la mutilación y el tormento; el retroceso de la pena capital; la tendencia a limitar la duración máxima de la pena privativa de libertad y a sustituir por penas de otra naturaleza la prisión de corta duración; mejoras sustanciales del régimen de cumplimiento y ejecución de las penas, etc., etc. "^ "^ ^y_

^^^ Visiones de control social, cit., pág. 18. 32S Vid. GAECÍA-PABLOS, A., Derecho Penal. Introducción, Madrid, 1995, Universidad Complutense. Servicio de Publicaciones, pág. 56 (2- Ed., págs. 104 y ss); del mismo: El proceso de racionalización del Derecho Penal: su significado e implicaciones. En Eevista de Derecho Penal y Criminología de la Uned, 2001, págs. 39 a 59. En este sentido, es ilustrativo u n pasaje de STRATENWERTH, G., (Die Zukunft des strafrechtlichen Schuldprinzips, 1- Ed., Heidelberg— Karlsruhe, Müller, Juristischer Verlag, 1977 (Heft 4), págs. 5 a 7. Según el autor, asistimos a un proceso histórico de racionalización de la intervención penal. En la sociedad primitiva los conflictos se resolvían mediante la venganza y respuestas privadas. La sociedad posterior, más evolucionada, reñrió tales conflictos primero a la figura del Soberano, y después, a u n a moral convencional, lo que certificó el tránsito de la pena privada a la pena pública, a la pena retributiva. La sociedad moderna, concluye STRATENWERTH, interviene en el problema criminal partiendo de una estricta distinción entre Moral y Derecho, y procura siempre fimdar sus decisiones y estrategias en una previa «valoración racional de sus objetivos». ^^^ Cñ-. GARCÍA-PABLOS, A., Derecho Penal. Introducción, cit., págs. 56 y 57, (2'^Ed., pág. 104). ^2^ Cfr. GARCÍA-PABLOS, A., Estudios Penales, cit., pág. 98y ss. y 121 y ss. del mismo: Derecho Penal. Introducción, cit., pág. 56. (2- Ed., pág. 104 y ss.). ^28 G. RADBRUCH, Rechtsphilosophie, 6- Ed. (1963), pág. 269. 329 Vid. STRATENWERTH, G., Die Zukunft des strañ-echtlichen Schuldprinzips, 1' Ed. (1977), cit., págs. 5 a 7. . . iv , . , „ , , „ • . .>. , . . , , „ , ; . , , .

En consecuencia, el retroceso parcial y controlado del Derecho Penal, de una parte, no significa renuncia alguna al marco de garantías que aquel simboliza; de otra, afecta a su contenido, extensión y condiciones de ejercicio.
Por ello, advertía con razón NAUGKE que si prescindimos del Derecho Penal, no es fácil encontrar un sistema de control menos represivo, ni menos arbitrario, ni más selectivo. Y añadía el autor: existe incluso el riesgo de que su pretendida sustitución sea una mera estafa de etiquetas, un cambio de titulares y víctimas, y no una • '"'f'' • limitación del contenido y extensión del' ius puniendi, que es lo relevante^^".

330 STATENWERTH, G., Die Zukunft, cit., ibídem. ^^ PERRI, E., Los nuevos horizontes del Derecho Penal y el Procedimiento. Madrid (Góngora), 1887 (trad. Pérez Oliva), pág. 23. ^^^ Cfr. GARCÍA-PABLOS, A., Derecho Penal. Introducción, cit., pág. 56, (2^ Ed. pág. 104). ^^3 Así, NAUCKE, W., Tendenzen in der Strafrechts Entwicklung, Karksruhe (1975), C.F. Müller, pág. 22. 334 Tendenzen, cit., pág. 22.

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3') Por último, en conflictos específicos y de escasa relevancia social (domésticos o protagonizados por infractores jóvenes y menores) se observa una clara tendencia a sustituir la intervención del sistema legal y sus instancias oficiales por otros mecanismos informales, no institucionalizados, que operan con mayor agilidad y carecen de efectos estigmatizantes.
Los sistemas de 'diversión', los procedimientos de mediación y conciliación, de oibam '"^P^ración del daño ('restitution) a cargo del infractor, entre otros, responden a tal j . , ! orientación. Cabe hablar, por ello, de una estrategia diversificada o de bifurcación, en el ^'~'\' sentido de que los mecanismos informales y desinstitucionalizados se reservan para e i í f s i los conflictos poco graves, mientras subsisten modelos altamente represivos a cargo Oíípade las instancias del control social formal para los infractores más peligrosos o • • considerados irrecuperables^^s, mmü^mmA-m-m-^ú:,

4') En todo caso, la evolución histórica del control social no es uniforme ni lineal. Se pueden apreciar quiebras, retrocesos, contradicciones que ponen en peligro el lógico hilo conductor del proceso y su correcta valoración.
Por una parte, no puede ignorarse que el actual debilitamiento de los lazos familiares y comunitarios explica en buena medida la escasa confianza depositada en la efectividad del control social informaP'^. De otra, tampoco debe pasarse por alto que algunas innovaciones aparentemente radicales no implican, en puridad, ruptura alguna con el pasado porque se producen «en los márgenes» de la Justicia criminaP"" o porque persiguen más complementar la actuación ineficaz de las instancias del control social formal, con procedimientos más sutiles y sofisticados, que proponer alternativas válidas o sustitutivos a aqueF'*^

Ahora bien, la sustitución del control social formal tiene sólo un alcance muy limitado; de hecho es parcial y fragmentauia, puesto que hoy por hoy no disponemos de alternativas globales válidas que puedan asumir institucionalmente las funciones del Derecho PenaF^*^. Pugnaría con la experiencia criminológica —y con el realismo político criminal— sugerir o esperar la intervención de mecanismos informales, no institucionalizados, en toda suerte de conflictos, de modo automático e indiscriminado. El control social 'formaV tiene, desde luego, aspectos negativos, pero asegura, al menos, una respuesta racional, igualitaria, previsible y controlable, lo que no sucede siempre con los controles informales o no institucionalizados. Y sobre todo: el control social formal es fiel a una filosofía 'garantista' irrenunciable. Sustituir el viejo Derecho Penal por otros controles sociales supuestamente menos represivos y estigmatizadores renunciando al marco de garantías que aquel preserva no significaría progreso alguno. Sería tanto como «ahuyentar al diablo con Belcebú»^^'^. ; , i ,.
^pn: -¡¿j, j3n( Los partidarios de una radical no intervención del Derecho Penal tendrían que demostrar, caso a caso, que los otros controles informales disminuyen el coste social de aquella, producen menos dolor —que la estigmatización no se produce o es menor—; que respetan las garantías individuales, eliminan la arbitrariedad y logran una mayor seguridad jurídica^^^.

Así, algunos autores denuncian que en puridad, se ha producido más una transformación del aparato del control social y de su operatividad (se h a b r í a incrementado su extensión, intensidad, dispersión e invisibilidad) que u n a efectiva reducción de la presión de éste^^^. No sólo eso: prestigiosos teóricos del control social advierten paradojas y dobles lenguajes que distanciarían llamativamente reiteradas formulaciones y requerimientos doctrinales (intervención mínima del Derecho Penal, necesaria sustitución del mismo por otros controles sociales menos represivos, etc.) de la realidad histórica^^^.
nos Y ot?fé nsrl sísq oi?«;átjWrt§'''?n5¡aiitEt '6v eol 9b oínsimBÍonBfsib o^/isoigcki :s as ¡¿i, ¡:.„. =3 Así, HORWITZ, A.V., The Logic of Social Control, New York, 1990 (Plenum), pág. *8 239 (Cfr., VARONA MARTÍNEZ, G., La mediación reparadora ..., cit., pág. 119) subrayando como los cambios sustanciales en las estructuras de las relaciones sociales (vg. debilitamiento de los vínculos familiares y comunitarios en la sociedad actual) repercuten en los diversos sistemas del control social (consiguiente disminución del control informal). ^^^ Según GARLAND, D., Penal Modernism and Postmodernism. En, Punishment and Social Control Essays in Honor of Sheldon L. Messinger (edits. Blomberg, Th. G. y Cohén, St.), cit., págs. 200 y ss., refiriéndose a los modelos de mediación y reparación, a los de «diversión» y a la actual «emergencia de la víctima», advierte que tales tendencias se sitúan aún en los márgenes de la justicia criminal pero, en el futuro, podrían implicar u n a franca ruptura con las estructuras de la «modernidad penal ... si llegan a desarrollarse dentro de las características principales del sistema», Cfr., VARONA MARTÍNEZ, G., La mediación reparadora ..., cit., pág. 124. 341 Cfr., VARONA MARTÍNEZ, G., La mediación reparadora ..., cit., pág. 125.ni m 342 ^ De esta opinión, COHÉN, St., Visiones de control social, cit.,, pág. 35. Así, COHÉN, St., Visiones de control social, cit., pág. 35, quien señala que los cambios «se suceden en una dirección diametralmente opuesta a las justificaciones que se aleganpara realizarlos». También BERGALLI, R., subraya, como paradójico.

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Vid. VARONA -MARTÍNEZ, G., La mediación reparadora ..., cit., pág. 125 (y bibliografía que cita en nota 318). En este sentido, GARCÍA-PABLOS, A., Estudios Penales, Barcelona (Bosch), 1984, pág. 124. Del mismo: Derecho Penal. Introducción, cit., pág. 57, (2- Ed. pág. 105). Expresión de HASSEMER, W., Fundamentos del Derecho Penal, cit., pág. 400. Así lo entiende, SILVA SÁNCHEZ, J, M., Aproximación al Derecho Penal contemporáneo, cit., pág. 25.

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El diagnóstico de COHÉN, que se reproduce en la tabla adjunta, es significativo al respecto^^^. ' Por ello, aún cuando ciertas tendencias parezcan innegables (así, la irrupción de nuevas modalidades trilaterales del control social formal, de mecanismos y sistemas desinstitucionalizados, desformalizados, desjudicializados, etc.) no cabe duda que poco a poco se abre paso un nuevo lenguaje sobre el delito y el castigo, orientado a la Psicología, el Trabajo Social y la Sociología.
.30b' •^ En España, los índices reales de criminalidad —según los expertos^*''— han sufrido un incremento sensible en la década de los ochenta, invirtiéndose significativamente la tendencia desde 1989 a lo largo de la década de ios noventa. Sin embargo, la población reclusa aumenta: en 1976 había 9.500 presos en todos los establecimientos penitenciarios españoles y cerca de 45.000 en el año 2000, lo que equivale a un crecimiento próximo al 450%^"^. Para algunos autores, dicho fenómeno es paradójico, pues un descenso de los índices reales de la criminalidad debiera ir seguido de la correlativa disminución del control social (de la intensidad de este último), no pareciendo racional que disminuya la criminalidad y, sin embargo, aumente el número de presos^"'. Porque, desde luego, ni el labeling approach explica satisfactoriamente la paradoja denunciada, ni tampoco cabe suponer que el descenso de la criminalidad sea consecuencia precisamente del mejor rendimiento del control social (como hay más delincuentes en la cárcel, se cometen menos delitos). El problema, sin duda, es complejo. La experienciadiariademuestra que si se crean nuevas plazas e inauguran modernos centros, se ocupan inexorablemente éstos y los antiguos^''^ Quizás los «procesos de atrición» en nuestro país han sido y son tan acusados (es decir, tal es el progresivo distanciamiento de los valores oficiales de la , criminalidad que arrojan las sucesivas instancias del sistema legal respecto de los valores reales) que el descenso de los índices de delincuencia no justifica, sin más, la correlativa disminución de la intensidad del control social en la misma proporción. En todo caso, la creciente y progresiva expansión del Derecho Penal en nuestra sociedad postindustrial^''^, sociedad de la información y de los mass media que demanda más y más seguridad y la creciente intensidad del control sociedad, no siempre racional ni
Ai.

justificada, tiene mucho que ver con los presupuestos ideológicos y demandas de la sociedad postindustrial, sociedad que sobrevalora la seguridad y cuyos requerimientos represivos azuzan los mass media potenciando el miedo al delito^^".

TABLA
CAMBIOS FUNDAMENTALES EN EL CONTROL DE LA DESVIACIÓN
. . • • • • ^ . , : . , . . : -

Fasel (Pre-sigloXVIII) Débil, descentralizado, arbitrario ,„.,j •»- j . .

Fase 2 (Desde el siglo XE) Fuerte, centralizado racionalizado

Fase 3 (Desde mediados del siglo XX) Ataque ideológico: «Estado mínimo», pero intervención intensificada y control extendido Ataque ideológico: «descarcelación «alternativas comunitarias, pero permanece la vieja institución y nuevas formas comunitarias extienden el control Disperso y difuso Límites borrosos y el interior permanece invisible y disimulado Más fortalecida y refinada

1. Introducción del
Estado i.^tí.í»^,.T ^ ^ 'i.

.,

2. Sitio de control

«Abierto»: comunidad, instituciones primarios

Cerrado, instituciones segregadas: victoria del asilo, «Grandes Encarcelamientos»

3. Objeto del control 4. Visibilidad del control 5. Categorización y diferenciación de los desviados 6. Hegemonía de la ley y del sistema de justicia penal

Indiferenciado Público, «espectacular»

Concentrado Límites claros pero invisibilidad en el interior, «discreto» Establecida y fortalecida

Sin desarrollarse

Aun sin establecer: la ley penal es sólo una forma de control

Establecimiento del monopolio del sistema de justicia criminal, y complementado con nuevos sistemas

Ataque ideológico: «descriminafización», «deslegafización», «derivación», etc, pero el sistema de justicia penal no se debilita y otros sistemas se expanden Ataque ideológico: «desprofesionalización», «antipsiquiatna», etc., pero la dominación profesional se fortalece y se extiende Ataque ideológico: vuelta al comportamiento, conformidad extema, pero permanecen ambas formas Ataque ideológico: regreso a la justicia, neoclasicismo parcialmente logrado, a pesar de que el ideal positivista aun perdura Acentuación ideológica en inclusión e integración: permanecen ambas formas

7. Dominación profesional

Inexistente

Establecida y fortalecida

8. Objeto de la intervención

Comportamiento exterior: «cuerpo»

Estado interno; «mente»

344

345

346

348 349

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propugnar una intervención mínima del Derecho Penal, cuando la realidad legislativa demuestra la existencia de una poderosa «inflación» punitiva (Control social punitivo, cit.-, pág. 5). Vid. Tabla 1, en: Visiones de control social, cit., págs. 37 y 38, (vid. pág. 209 de este Tratado). Cfr., EEDONDO ILLESCAS, S., La delincuencia y su control: realidades y fantasías, cit., págs. 7 y ss. Cfr., REDONDO ILLESCAS, S., ibidem. <.>*>' '^ --^ i )í. í/ ' ^ < J'í/ / Así, REDONDO ILLESCAS, S., ibidem. •'''^ ^ ' . ' ^^i^' T.l' Vid. REDONDO ILLESCAS, S., ibidem. Sobre el problema, vid. GARCÍA PABLOS, K., Derecho Penal. Introducción, cit., (2' Ed.) págs. 106 y ss.

9- Teorías de la pena

Moralista, tradicionales, luego clásicas, «justo precio»

Influidas por el positivismo y el ideal del tratamiento: «neopositivismo» ,,,,,;

lO.Forma de control

Inclusiva

Exclusiva y estigmatizante

350

Describiendo las causas de la actual expansión del Derecho Penal, vid. SILVA SÁNCHEZ, J.M-., La expansión del Derecho Penal. Aspectos de la política criminal en las sociedades postindustriales, 1999. Madrid (Civitas), págs. 53 y ss.

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Capítulo III:
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El «sistema» de la Críminología y relaciones de ésta .,,,,,,,, con otras disciplinas
1. A U T O N O M Í A E I N T E R D E P E N D E N C I A D E L A S D I S C I P L I N A S QUE T I E N E N P O R OBJETO EL CRIMEN

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Muchas —y muy diversas— disciplinas se ocupan de uno u otro modo del delito, el delincuente, la víctima y el control social, con sus específicos métodos y desde perspectivas y enfoques diferentes. Les une, ante todo, el contar con un objeto común: el hecho criminal. Pero sólo en el caso de algunas éste constituye el objeto prioritario o incluso exclusivo, mientras que las restantes se ocupan también del delito pero de forma tangencial, sectorial.
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La delimitación de la materia criminológica —y la de las disciplinas que versan sobre la misma, sus relaciones recíprocas, etc.— es, por tanto, inevitablemente problemática. A ello contribuye, sin duda, la propia génesis y vicisitudes históricas de la Criminología como ciencia, la naturaleza pluridimensional y fragmentaria de ésta y la interdisciplinariedad de su método.
Los pioneros de la Criminología, como es lógico, no se preocuparon de trazar los contornos de la nueva ciencia. Tampoco les inquietó de modo alguno que sus investigaciones pudieran invadir campos acotados a otras disciplinas, o que abrieran nuevos espacios^. Lo cierto es que, en la medida en que progresaba el conocimiento empírico sobre el crimen, fueron surgiendo, primero, y emancipándose, después, otras tantas disciplinas con pretensiones de autonomía. Así nació, en primer lugar, ^•' " " ' l a Antropología Criminal; y, sucesivamente, la Psicología criminal, la Biología criminal, la Sociología Criminal o la Victimología, etc.^. Pero este fenómeno lógico de especialización, aparentemente centrífugo, no puede poner en peligro el principio elemental de unidad del saber científico ni el de coordinación funcional de los conocimientos derivados de cada una de las disciplinas especiales. La ciencia criminológica, como se apuntó ya, es una ciencia interdisciplinaria. Ninguno de los ..., _ saberes especializados que la integran, de las disciplinas que componen el tronco

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Así, RODRÍGUEZ DEVESA, J. M^ Derecho Penal Español, P.G., cit., págs. 75 y ss. Vid. HERING, K.H., Der Weg der Kriminologie zur selbstándigen Wissenschaft, Band 23, 1966, Kriminalistik Verlag Hamburg. ^ „,, ,.,, ,. .„,.,.,^t,. ,*ÍJ.

212

ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA

TRATADO DE CRIMINOLOGÍA

213

común, puede aspirar a un monopolio excluyeme ni a una primacía respecto a las demás. La Criminología es Biología criminal, pero no sólo Biología criminal; requiere de un enfoque psicológico, pero es más que la Psicología criminal; se desplaza progresivamente hacia planteamientos sociológicos, pero no puede identificarse con la Sociología criminal. Metodológicamente es imprescindible evitar la tentación exclusivista, los prejuicios, pruritos y deformaciones profesionales: lo que Ortega y Gasset denominara la «barbarie de los especialistas». Porque cada campo del saber científico tiene un área de intervención propia, pero también sus limitaciones y condicionamientos. Y, en último término, interesa contar con una información totalizadora, global, multidimensional del problema del crimen, del delincuente, de la víctima y del control social: lo que exige una instancia coordinadora de las fuentes de conocimiento sectoriales, que, además, elimine posibles contradicciones internas y supere laguñas o vacíos.
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Criminología sino su mayor o menor grado de autonomía en el seno de la primera. a) De acuerdo con la concepción enciclopédica Criminología'': 1') Disciplinas relacionadas con la realidad pertenecen a la

criminal:

Fenomenología, Etiología, Prognosis, Biología criminal. Psicología criminal. Antropología, Geografía criminal. Ecología criminal, etc. 2') Disciplinas relacionadas con el proceso: La Criminalística (Táctica y Técnica criminal). 3') Disciplinas relacionadas con la represión y prevención del delito: Penología (Ciencia Penitenciaria, Pedagogía Correccional) y Profilaxis.

^ O8B0 le 09 oloe O'ÍS*?- ÁBaum'xo orisan In •^ítmn'^ nieido au 00 2. EL «SISTEMA» D E LA C R I M I N O L O G Í ^ f ^ ! ^ ^ ^^

Baste aquí con u n a breve referencia al contenido de cada u n a de ellas:
1) En cuanto a las relacionadas con la realidad criminal: . tíu^ au. 1^^ fenomeno/og/acnmma\, se ocupa del análisis de las formas de aparición de la criminalidad, elaborando al respecto las correspondientes tipologías, de hiechos y de autores. La Etiología criminal investiga las «causas» o factores determinantes de la criminalidad. La Prognosis, basándose en el análisis de dichos factores, formula los oportunos diagnósticos y pronósticos sobre el futuro comportamiento y peligrosidad del autor. La Blologíazx\m\x\^ trata de comprender el delito como producto de la personalidad de su autor, explicándolo en función de procesos causales vitales. Por - • • personalidad se entiende el núcleo permanente del individuo, forjado por sus predisposiciones o instintos y el mundo o entorno que le circunda. En la Biología criminal propiamente dicha confluyen, portante, la Psicología<:,úm\ns\ y laAntropo' logia criminal. La primera indaga las motivaciones de la determinación criminal. La " '• Antropología criminal estudia al delincuente como especie viva, destacando la singularidad y evolución de sus rasgos, así como su relación con el medio ambiente (Antropobiología) y la cultura (Antropología cultural). 9b La Sociología criminal analiza el delito como hecho social, como magnitud colectiva. Entre las innumerables subespecialidades de la Sociología se destacan: 30 la Geografía cúm'naS, a la que corresponde estudiar la distribución y reparto de la criminalidad; la Ecología criminal, la fuerza atractiva o criminógena de ciertos espacios y lugares. El método estadístico será el preferido por estas disciplinas (Estadística criminal), i . . . ,,.; .^ .. j,» . , f, .„ ,. „ , .

No existe, en consecuencia, u n a opinión unánime sobre el «sistema» de la Criminología, esto es, u n a communis opinio en torno a las disciplinas que la integran y las relaciones entre ellas. Algún sector doctrinal ha llegado incluso a cuestionar la procedencia del término «sistema» a propósito de la Criminología^, por estimar que, en sentido estricto, no hay tal. Tradicionalmente existe u n a abierta pugna entre dos concepciones, la amplia que patrocina la escuela austríaca (concepción enciclopédica) ylaestricta. —
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P a r a la concepción enciclopédica de la escuela austríaca, pertenecen a la Criminología todas las disciplinas que se ocupan del estudio de la realidad criminal en sus muy diversas fases o momentos, tanto en el estrictamente procesal como en el político-preventivo o el represivo. P a r a la concepción estricta, por el contrario, algunas disciplinas que la concepción enciclopédica incluye en las ciencias criminológicas quedan segregadas, excluidas. Las que suscitan mayor polémica son, fundamentalmente, la Penología, la Criminalística y la Profilaxis. Respecto a la Victimología, no se cuestiona su pertenencia a la
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Así, MEEGEN, A., Die Kriminologie, cit., pág. 3.

Cfr., KODRÍGUEZ DEVESA, J. M% Derecho Penal Español, P. G., cit., págs. 73 y ss. SEELIG, E., Tratado de Criminología, cit., págs. 18 y ss. Cfr., GÓPPINGER, H., Kriminologie, cit., pág. 1. •-. .. > >, .<.„«.; . « . • ,....,.,....,..„. = ,./; •

214

ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA 2) Relacionadas con el «proceso»: Para agrupar a todas estas disciplinas suele utilizarse la denominación Criminalística, denominación del creador de la que lleva este nombre (Gross), quien la definió como «el conjunto de teorías que se refieren al esclarecimiento de los casos criminales». Aunque hoy prefiere hablarse de «ciencia policial». La Criminaiística o Ciencia Poiiciaise subdlvidiría en dos disciplinas básicas: la Táctica criminal y la Técnica criminal. La Táctica críminaiversa sobre el modus operancfimás adecuado (procedimientos técnicos, psicológicos y procesales) para el esclarecimiento de los hechos e identificación del autor. La Técnica criminaise ocupa de las pruebas, analizando los métodos científicos existentes para demostrar fehacientemente una determinada hipótesis. Son subdisciplinas de la Criminalística, entre otras muchas, por ejemplo, la i\4eciicina forense, la Fisica y Química forense, la Toxicoiogía, la Fotografía, la Dactiloscopia, la Pericia caligráfica, la Psicología forense, Técnica de los interrogatorios, etc. 3) Represión y prevención ú%\ ÚQ\\\O: En relación con este capítulo, integrarían el ámbito propio de la Criminología, de acuerdo con el enfoque enciclopédico de la escuela austríaca, la Penología, ciencia que examina el cumplimiento y ejecución de las penas, siendo la Ciencia Penitenciariauua subdisciplina de la misma, que centra su objeto en las penas privativas de libertad. En el seno de esta última, cobra progresivo protagonismo la Pedagogía Correccional preocupada de orientar la ejecución del castigo de modo que pueda significar un impacto positivo, de reinserción social, en el penado. Desde un punto de vista preventivo, la Profilaxis criminal asume como meta prioritaria la lucha contra el delito, articulando las estrategias oportunas para incidir eficazmente en los factores individuales y sociales criminógenos, anticipándose al

TRATADO DE CRIMINOLOGÍA

215

y denominaciones a menudo equívocas'', ya que ni la persecución del autor, ni la delimitación táctica del círculo de delincuentes, ni la puesta a disposición de éstos en manos de la Justicia son cometidos específicos de la Criminología'; de modo que integrar en ésta a la Criminalística, entendida como «ciencia aplicada de varias disciplinas científico-naturales con sus específicas formas y técnicas de proceder»* podría conducir a «exigencias desbordantes». Semejante polémica existe, también, respecto a la Penoiogía. A finales del siglo XIX se identificaban en Francia Criminología y Penología^ pensamiento que entronca, desde entonces, con la tradición angloamericana^", partidaria de incluir en el ámbito propio de la Criminología el estudio del cumplimiento y ejecución de las penas. Esta pertenencia de la Penología a la Criminología suele cuestionarse por dos • caminos: bien afirmando la autonomía de la primera", bien considerando que la Penología es una disciplina «aplicativa», técnica, y que la Criminología, en sentido estricto, es una ciencia «pura», «teórica», no clínica^^^. La tercera de las disciplinas polémicas es la Profilaxis, por cuanto cabe mantener que a la Criminología, como ciencia «empírica», le corresponde suministrar una importante información en torno al crimen, pero no asumir una postura beligerante respecto a éste, cometido de la Profilaxis, y cuyo impulso se halla lógicamente en las decisiones no empíricas de los poderes públicos'^ le :bSDiV!T9(ao .oinsimBnoJSBqBseD .sonoan soi ;•

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j El planteamiento «enciclopédico» comentado no es, sin embargo, pacífico, f,. .Bbnuono e! eup omolne o obnum le y goínilsni o íjsnoiaiaoQaib La doctrina suele cuestionar fiíndamentalmente el emplazamiento de la Criminalística, de la Penología y de la Profilaxis, discutiendo el grado de autonomía de la Victimología.
5, !., , , jr 3p gi ,[ 30, j PH,q, Según una opinión autorizada, la Criminalística, como ciencia del «proceso», de la materialidad del delito y prueba de la infracción no es parte integrante de la Criminología, sino mera disciplina «auxiliar» del Derecho Penal, sin perjuicio de los recíprocos y fructíferos intercambios que deben existir entre la Criminalística y la Criminología'^. Habría que desvirtuar, según esto, conocidos prejuicios conceptuales '\"
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Sobre la Criminalística y la Ciencia Policial, vid.: KAISER, G., Criminología, cit., pág. 72 (y amplia reseña bibliográfica allí citada); RODRÍGUEZ DEVESA, J. M-, Derecho Penal Español, cit., P. G., pág. 79, nota 17 (bibliografía); PINATEL, J., Tratado de Criminología, cit., págs. 24 y 25; Cfr., SEELIG, E., Tratado de

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Criminología, cit., págs. 21 y ss. GÓPPINGER, H., Kriminologie, cit., págs. 12 y 13, EISENBERG, V., Kriminologie, cit., págs. 98 y ss. Es muy ñ"ecuente utilizar el término Criminología, inadecuadamente, cuando en puridad debía emplearse el de Criminalística. PINATEL pone el ejemplo de la Academia Internacional de Criminología, que existió entre las dos guerras mundiales. Se ocupaba realmente de temas de criminalística (Tratado de Criminología, cit., pág. 25). E n este sentido, GÓPPINGER, H., Kriminologie, cit., pág. 13. En este sentido contrario, manteniendo que la Criminalística pertenece al objeto de la Criminología: SCHNEIDER, H. J., Kriminologie, cit., pág. 86. Así, LEFERENZ, H.; GÓPPINGER, H.,y otros: vid. GÓPPINGER, H., Kriminologie, cit., págs. 12 y ss. ' '" Vid. PINATEL, J., Tratado de Criminología, cit.. pág. 26. U n a reseña bibliográfica sobre la doctrina científica norteamericana, en PINATEL, J., Tratado de Criminología, cit., pág. 26. Vid., además, BARLOW, H. D., Introduction to Criminology, cit., páginas 475 y ss.; TAFT, D. R./ENGLAND, R. W., Criminology, cit., págs. 281 y ss.; SCHAFER, ST., Introduction to Criminology, cit., págs. 3 y ss., 167 y ss.; L. J. SIEGEL, Criminology, cit., págs. 401 y ss. U n a reseña bibliográfica de quienes mantienen la autonomía de la Penología, en RODRÍGUEZ MANZANERA, L., Criminología, cit., pág. 75. Sobre el problema, vid. CEREZO MIR, J., Curso de Derecho Penal, P. G., Madrid (Tecnos), 1981, (2^ ed.), pág. 70, nota 33. Cfr. en sentido crítico también, RODRÍGUEZ MANZANERA, L., Criminología, cit., pág. 75. Sobre la Profilaxis, vid. SEELIG, E., Tratado de Criminología, cit., pág. 2 1 . Fundamentalmente, MERGEN, A., Die Kriminologie, cit., págs. 481 a 498.

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ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA

217

01

En el panorama general de la doctrina criminológica, junto a la tesis amplia de la Escuela austríaca la Criminología soc/aZ/sfáasume, también, como objetivo irrenunciable el de la lucha contra el delito^". En cuanto a la Victimología'^, carece de sentido cuestionar su conexión con las ciencias criminológicas. Cabe tan sólo discutir cuál es el grado de autonomía que pueda correspondería en el seno de aquéllas. Por otra parte, no es aventurado augurar un brillante futuro inmediato a esta disciplina. Porque tanto el sistema penal como la Criminología han olvidado tradicionalmente a uno de los dos protagonistas máximos del fenómeno criminal: la víctima, aislando y distanciando artificialmente a ésta del delincuente. De la etapa de oro de la víctima^^ —etapa por fortuna en su día superada— se pasó al más absoluto desprecio y abandono de quien padece los efectos del delito. El proceso penal, el Derecho Penal sustantivo e incluso la Criminología piensan sólo en el delincuente. La víctima parece una abstracción, o una pieza fungible del universo social, con la que casualmente Goiisiona el autor del crimen. Con razón se ha dicho que en la actualidad asistimos a un fenómeno de «redescubrimiento» de la víctima'^ Este nuevo enfoque es imprescindible. Un sistema penal obsesionado por castigar al delincuente, que se desentienda de la reparación efectiva de los perjuicios ocasionados a su víctima olvida una de sus funciones capitales. Y una Criminología que rompa el binomio natural delincuentevíctima, ocupándose sólo del primero, cierra los ojos a media cara de la realidad. La Justicia penal exige distancia de los hechos, desapasionamiento, objetividad; el protagonismo de la víctima podría conducir probablemente a una política criminal emocional, beligerante, pasional. Pero el olvido de la víctima hace del Derecho un instrumento ciego, dogmático e inhumano.

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principio interdisciplinario, pluridimensional e integrador que la inspira. Uno de sus cometidos metodológicos decisivos será precisamente seleccionar de entre aquéllas, e incorporar a su propia investigación, los campos o ámbitos de estudio y las técnicas respectivas, en cuanto puedan interesarla como ciencia empírica del hombre en sociedad si permiten la comprensión global del crimen. Pues ésta no es posible desde la perspectiva parcial y singular de disciplinas sectoriales, como la Psicología, la Psiquiatría o la Sociología. El psiquiatra, por sí solo, no podrá explicar satisfactoriamente —por ejemplo— el auge de la criminalidad de cuello blanco. Ni el sociólogo por qué —en idénticas situaciones sociales— u n individuo actúa conforme a la ley, mientras otro opta por la vía del crimen^®. La Criminología, por tanto, coordina e integra los conocimientos sobre el crimen, el delincuente y el control social derivados de diversas instancias científicas, sin que pueda concebirse a modo de parte o parcela de las mismas (Psiquiatría criminal. Psicología criminal o Sociología criminal.).

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A) Entre las ciencias, no específicamente criminales, relacionadas con la Criminología, destacan: la Biología, la Psiquiatría, la Psicología, el Psicoanálisis, la Sociología y la Etología^'^.
La Biología — y ciencias afines— guarda una relación muy estrecha con la Criminología (y con los orígenes de esta disciplina) porque el ser humano es una ee ,*' compleja realidad biopsicosocial y la conducta delictiva cuenta con un incuestionable sustrato biológico. De hecho, algunos tratados de Criminología clásicos eran, en puridad, tratados de Biología Criminal, como sucede con la conocida Kriminalbiologie de Exner^". En los capítulos X y XI se hará referencia a la aportación de cada una de tales disciplinas en el marco de los denominados modelos teóricos explicativos del comportamiento criminal de corte o sesgo biologicista, en particular, a la Biotipología, 9b.a la Endocrinología, a la Genética, a la Neurofisiología, a la Sociobiología y la .88'' Bioquímica, etc. ,nrl Naturalmente, el soporte biológico del ser humano no decide de forma fatal la conducta de éste. Es solo la materia prima, el punto de partida, que interacciona con ve sutiles factores psíquicos y sociológicos en un continuo y dinámico proceso de
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3. LAS «RELACIONES» D E LA CRIMINOLOGÍA CON OTRAS DISCIPLINAS CRIMINALES Y N O CRIMINALES • La Criminología mantiene, conceptual y funcionalmente, estrechas relaciones con otras disciplinas, criminales y no criminales, por razón del
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Sobre la concepción amplia de la Criminología en los países socialistas y sus presupuestos ideológicos, vid. infra capítulo XXII. Sobre la Victimología, vid. KAISER, G., Kriminologie, cit., págs. 179 y ss. (y bibliografía allí citada); GÓPPINGER, H., Kriminologie, cit., págs. 588 y ss. (y reseña bibliográfica del autor); HASSEMER, W., Fundamentos del Derecho Penal, cit., págs. 90 y ss.: en cuanto al proceso de consolidación de la Victimología, desde laobra de suspioneros,MENDELSOHN(1937,1940)yVv.HENTIG(Tíie Criminal and his victim, 1948), vid. SANGRADOR, J. L., La victimología y el sistema penal, en: Psicología social y sistema penal, por F. JIMÉNEZ BURILLO, V. GARRIDO GENOVÉS y otros, cit., páginas 61 y ss.; LÓPEZ REY, M., Compendio de Criminología y Política Criminal, Tecnos (1986), págs. 131 y ss. Vid. SANGRADOR, J. L., La victimología y el sistema penal, cit., pág. 67. Vid. SANGRADOR, J. L., La victimología y el sistema penal, cit., pág. 62.

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Así, GÓPPINGER, H., Kriminologie, cit., pág. 7. Sobre el problema, vid. KAISER, G., Kriminologie, cit., págs. 24yss.; GÓPPINGER, H., Kriminologie, cit., págs. 7 y ss. EXNER, F., Kriminalbiologie in ihren Grundzügen, 1939. Hamburg; del mismo, Kriminologie, 3- Ed., 1949 (Berlín, Gottingen, Heidelberg). La obra reciente que analiza mejor los fundamentos biológicos y médicos del comportamiento delictivo se debe a GOPPNGER, H., y se halla traducida al español {Criminología. Madrid, Reus, 1975, traducida por M-. Luisa Schwarck e Ignacio Luzárraga Castro).

218

ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA comunicación del individuo con los demás y con su entorno. Porque el hombre trasciende su propia biología. Pero tampoco debe Infravalorarse la relevancia del sustrato biológico en aras de enfoques sociológicos hoy dominantes.

TRATADO DE CRIMINOLOGLí^

219

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oláhijPsiquiatría-^ y Criminología tienen intereses comunes e Intereses diferenciales. la f *La primera se ocupa de lo psíquicamente anormal, sus causas, manifestaciones y Q5 ¿ tratamiento. Delito y delincuente interesan, también, a la Psiquiatría, aunque de r forma marginal, pues los criminales psíquicamente anormales representan sólo una . pequeña fracción de los anormales mentales, y la Psiquiatría abarca, además, otros ^^ muchos campos ajenos al problema específico de la criminalidad anormal. Sin -in embargo, es obvio que el examen del campo psicopatológico que interesa a la -oí Criminología ha sido y sigue siendo privativo de la Psiquiatría (por ejemplo, A diagnóstico empírico del delincuente en orden a su imputabilidad). Por su parte — I y éste es un ulterior dato diferencial— la Criminología contempla también el crimen ^ producto de una personalidad «normal» no patológica, analizándolo desde perspec"í5" tivas diversas (sociológicas, por ejemplo). En el marco de la A/íedicinaiegai, cada día cobra mayor importancia la Psiquiatría forense. Hasta el punto de que —como advierte WITTER— un 70 por 100 de los informes que se aportan a las causas criminales son informes periciales psiquiátricos y psicológicos^^. Sería excesivo', sin embargo, pretenderque la Psiquiatría forense constituya «el núcleo de la Criminología en cuanto ciencia»^^ pues con ello se olvida que la coincidencia de objetos entre ambas disciplinas es sólo parcial, y que el enfoque respectivo del fenómeno criminal nos difiere: la Criminología no puede identificarse con la Psiquiatría criminal. Í9 ,. Psicoiogiay Criminología operan, también, como círculos concéntricos y como planos secantes, con puntos de interés comunes y con intereses y valoraciones diferentes^". La Psicología estudia la «vida psíquica llamada normal» o, si se prefiere BI nt expresarlo de otro modo, «la conducta y la experiencia no patológica de cada ser Bnu^. viviente, de los grupos y colectivos, sobre todo del hombre»^^. Pero esta joven -B'!6 ciencia «empírica», con profundas raíces aún en las «ciencias del espíritu»^^ se
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Sobre la Psiquiatría Criminal, vid. infra, capítulo XII, en cuanto a las relaciones de la Psiquiatría y la Criminología, vid. KAISEE, G., Kriminologie, cit., págs. 24 y ss. y 35 y ss.; GOPPINGEE, H., Kriminologie, cit., pág. 8. WITTER, H., Grundriss der gerichtlichen Psychologie und Psychiatrie, Berlín, Heidelberg, New York, 1970, pág. 1. Cfr. KAISER, G., Kriminologie, cit., págs. 37 yss. Así, STUMPFL, F,, Kriminologie und Psychiatrie, en: Psyichiatrie und Gesellschaft, Ergebnisse und Probleme der Sozialpsychiatrie (edit. por H. Ehrhardt, D. Ploog y H. Stutte), 1958, Berna, Stuttgart, págs. 249 y ss. Cfr. KAISER, G., Kriminologie, cit., pág. 37. Sobre las relaciones entre Psicología y Criminología, vid. infra. capítulo XIV. También KAISER, G., Kriminologie, cit., págs. 37 y ss.; GÓPPINGER, H., Kriminologie, cit., págs. 8 yss.; JIMÉNEZ BURILLO, F., Notas sobre las relaciones entre Psicología y Derecho Penal, en: Psicología social y sistema penal, cit., págs. 15 y ss.
Vid. GÓPPINGER, H., Kriminologie, cit., pág. 9. 'M^OD rs •ÍÍ^JD ':,e

ocupa sólo marglnaimente del crimen (Psicología criminal), como lo demuestra la propia denominación de las subespecialidades que la integran: Psicología general. Psicología del desarrollo, Psicología diferencial. Psicología de los animales, Psicología social. Psicología comparada. Psicología cultural, etc.; o sus múltiples aplicaciones (Psicología de la empresa, de la publicidad, médica, pedagógica, forense, etc.)2^ La Psicología forenseaporXa, desde luego, una importante red de conocimientos valiosos sobre el crimen, pero la Criminología analiza éste desde una óptica interdisciplinaria más ampliaque trasciende el enfoque psicológico y no se circunscribe a la persona del autor. Incluso la Criminología «clínica» se ve hoy día obligada a contemplar problemas «sociológicos», por ejemplo. No obstante —y a pesar de las distintas metas y objetivos de la Psicología y la Criminología— el progreso de la primera abre importantes horizontes de colaboración ¡nterdisciplinaria en el marco de la política criminal, del procedimiento penal y de la ejecución penal (psicología del delincuente, aportación de los informes periciales psicológicos, investigación de las estructuras psicológicas de la decisión judicial, psicología de la «sociedad sancionadora», etc.)^''. El Psicoar7áiisisguarda, también, una estrecha relación con la Criminología, al ocuparse de problemas básicos y aspectos importantes del hecho criminal (así, proceso motivacional, valor simbólico de la conducta delictiva, funcionalidad de la pena, etc.)^^ Pero su cuerpo de doctrina gira, fundamentalmente, en torno al inconsciente humano —que el psicoanálisis trata de explorar mediante la introspección—y los conflictos intrapsíquicos del individuo, determinantes de su personalidad y comportamiento. La contribución criminológicamente más significativa de las doctrinas psicoanalíticas discurre en dos pianos: el teorético y el clínico, aportando una sugestiva explicación del delito y del castigo, y una nueva terapia útil para determinadas perturbaciones psíquicas. En efecto, el psicoanálisis ofrece una rica gama de explicaciones al comportamiento delictivo (por ejemplo: complejo de culpa de origen edípico, debilidad o ausencia de «super-yo», primacía del instinto de destrucción o muerte, etcétera). Pero haaportado, también, una severacríticaalafundamentación tradicional del castigo y a las funciones ideales atribuidas a la pena por el pensamiento hoy dominante en las ciencias penales (así, su teoría del delincuente como «chivo expiatorio» de las frustraciones y agresividad colectiva «proyectados» sobre el mismo, de la «sociedad sancionadora» que «necesita» del castigo, y no por razones de justicia o prevención, etc.). Además, en el plano estrictamente clínico, sugiere una juo B! IÍ""> -.

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Como advierte GÓPPINGER, H., Kriminologie, cit., pág. 8.

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Cfr. GÓPPINGER, H., Kriminologie, cit., pág. 9. Vid. JIMÉNEZ BURILLO, F., Notas sobre las relaciones entre Psicología y Derecho Penal, en: Psicología social y sistema penal, cit., págs. 21 y ss. Para el autor, siguiendo el esquema de MEGARGEE, E. I. (Reflections on psychology in the criminal justice system, 1982, págs. 9 a 35, en: GUNN, J., y FARRINGTON, D. P., edtes., Abnormal offenders, delinquency and the criminal justice system, Wyley), el psicólogo desarrolla su tarea en u n a triple fuente: evaluación, tratamiento y entrenamiento: actividad que puede centrarse en la Policía, los Tribunales, las Prisiones y las Víctimas (op. cit., pág. 24). .,m,»»^4aA>i-M Sobre el Psicoanálisis, vid. infra., capítulo XIII. .>í x VX ííoiwíiq!-:,') ,jt_, ,... 5

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determinada terapia y un específico mecanismo de comunicación entre médico psicoanalista y paciente sin duda valiosos en relación con las neurosis y otros trastornos psíquicos. En la medida en que la doctrina psicoanalítica sea capaz de romper su tradicional hermetismo, coherente pero dogmático, abriéndose definitivamente a las restantes disciplinas y al mundo empírico, se ampliarán, sin duda alguna, sus posibilidades de colaboración. Tal vez entonces pueda ponerse fin al aislamiento e incomunicación que ha padecido, y a la etiqueta de «ciencia solitaria» y «selecta» impuesta a la misma desde sus inicios^". La evolución de las tesis psicoanalíticas tradicionales hacia un modelo e incluso lenguaje más psicodinámico, y el desplazamiento de las hipótesis tradicionales o dogmas del Psicoanálisis (complejo de Edipo, instinto de destrucción, conflicto intrapsíquico infantil, etc.) hacia los procesos de socialización, los estados deficitarios y ciertos procesos sociales, parecen apuntar en ese sentido^\ La Sociología ocupa un papel estelar en el capítulo de las relaciones de la Criminología con otras disciplinas. La Sociología persigue, como es sabido, un tratamiento científico sistemático de las reglas que rigen la vida social y de los mecanismos de control y efectividad de dichas reglas^^. El «delito» —esto es, la conducta que se «desvía» de un determinado tipo de «normas»: las jurídico-penales—interesa, también, a la Sociología (criminal), aunque no agote el estudio de éste su objeto, ni tenga en el mismo un lugar prioritario. Ciertamente, la Criminología no es sólo Sociología criminal, ni un apéndice de ésta: interesa el análisis del crimen desde otras perspectivas y enfoques, porque la realidad (total) del fenómeno delictivo es pluridimensional. Pero el análisis sociológico cobra progresiva importancia en la Criminología, pudiéndose constatar que ha desplazado desde hace algunos lustros las tradicionales orientaciones biológicas o biopsicológicas. En Estados Unidos, incluso, la Criminología se autodefinió como Sociología Criminal, coordenadas que no ha abandonado en ningún momento. La razón tal vez estribe en dos factores, uno estrictamente criminológico, otro políticocriminal. El primero deriva de un significativo cambio de paradigma: el crimen no se contempla ya hoy como expresión de una personalidad patológica del individuo, como hecho individual, singular y aislado, sino como hecho social, normal, como magnitud colectiva. El propio autor se analiza en sus interdependencias sociales, no como entidad biopsíquica^^ El segundo factor, político-criminal, es la particular idoneidad de las teorías sociológicas —frente a las biológicas o biopsicológicas— para servir de soporte a los imprescindibles programas de prevención del delito, anhelo de todo Estado «social» como el de nuestro tiempo. El análisis sociológico de la cuestión criminal, por tanto y sin desconocer el interés de otros enfoques—, ha contribuido decisivamente a la evolución de las ideas sobre el delito^".
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La EtologíacQíX\\.Qm^\a el entramado o soporte biológico del comportamiento de las especies vivas, delimitando, caso a caso, el componente «instintivo» y el «adquirido». A través de la comparación del comportamiento humano y el animal trata así de verificar las reglas que rigen el sistema orgánico en su totalidad de acuerdo con los objetivos propios de la Biología==. La Etología ha operado con la hipótesis de que una rica gama de procesos y cursos vitales —de los seres humanos y de otras especies (primates o mamíferos) responden a claves hereditarias^^ La «fisiología de la agresión» tendría una base común en el hombre y en los vertebrados superiores^^ semejanza constatable en numerosos procesos de aprendizaje (adaptación al medio, aprendizaje en sentido estricto, etc.)="'. Algunos etólogos estiman que esta disciplina puede aportar una valiosa perspectiva para el estudio de fenómenos como el miedo o la agresión, luchas de los seres vivos por pretensiones jerárquicas y territoriales, comportamiento sexual de las especies, elección de la pareja, pautas del comportamiento grupal, ansias de posesión, etc.^^. Sería incorrecto, sin embargo, todo intento de extrapolar al ser humano los datos o reglas que rigen el comportamiento de las restantes especies vivas. Un reduccionismo simplificador de tal naturaleza ignoraría que el hombre no puede prescindir de la mediación de pautas culturales de control"", y que dicha «base común» biológica no permite fáciles generalizaciones. Cuando ello se olvida, se incurre en afirmaciones tan grotescas como la de LORENZ"^ que ve en el incremento de la criminalidad juvenil un fenómeno de degeneración genética. Una referencia más detallada a la aportación de éstas y otras disciplinas (Antropometría, Antropología, Antropobiología, Frenología, Neurofisiología, Biotipología, Endocrinología, Genética, etcétera) se llevará a cabo en capítulos sucesivos.

B) Relaciones de la Criminología con las ciencias «criminales». La Criminología guarda, también, estrecha relación con otras disciplinas
aíííív:»!! :aB ,IB'T9;*0£Í')3'T;.»Ü íab j-jfsfwi!) si BÜ oIlo-n.6P,9b ¿;>b aBiSíiabrta-J 8»i staog eocí fíTJmiií Sobre el problema, vid. KAISER, G., Kriminologie, cit., págs. 42 y ss. Así, SCHWIDETZKY, I., Kulturanthropologie, en: Anthropologie (edit. por Heberer, G., y otros), 1970, Frankfurt, pág. 113. Cfr. KAISER, G., Kriminologie, cit., pág. 42. Así, EIBL-EIBESFELDT, I., Liebe und Hass. Zur Naturgeschichte elementarer Verhaltensweisen, München (1971), pág. 331. Cfr. KAISER. G., Kriminologie, cit., pág. 42. Así, WICKLER, W., y SEIBT, U. (edit.), Vergleichende Verhaltensforschung, 1973 (Hamburg), páginas 329 y ss. Cfr., KAISER, G., Kriminologie, cit., pág. 42. Así, PLOOG, D., Zur Geschichte der Ethologie, en: Kriminologische Aktualitát, IV (edit. MERGEN, A.), 1969, Hamburg, pág. 21. Cfr. KAISER, G., Kriminologie, cit.,
pág. 4 3 . t^'- '>y^'**í- .*.s-ív'-i-• m*-'

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32 33 34

T í Cfr. KAISER, G., Kriminologie, cit., pág. 41. Vid. GARCÍA GARCÍA, J. y SANCHA MATA, V., Psicología Penitenciaria. Áreas de intervención penitenciaria, Madrid (UNED), 1985, págs. 36 y 37. Así, también, KAISER, G., Kriminologie, cit., págs. 41 y 42. Cfr. KAISER, G., Kriminologie, cit., pág. 43. 0">)KbfWí5f; :'ffíhíJÍÍTtifth(Wíii Vid. GARCÍA-PABLOS, A., Problemas actuales de la Criminología, cit., págs. 79 y ss. Vid. infra, capítulos XV a XXI, ambos inclusive.

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Vid. KAISER, G., Kriminologie, cit., pág. 43. '-••" "'•'^'-•••" LORENZ, K., Die Acht Todsünden der zivilisierten Menschheit, 1973, München, pág. 65. Cfr. KAISER, G., Kriminologie, cit., pág. 43.

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que tienen como objeto «específico» el crimen. De todas ellas cabe destacar el Derecho Penal y la Política Criminal*^. Derecho Penal y Criminología son dos ciencias distintas: la ciencia penal es una ciencia «jurídica», «cultural», «normativa», del «deber ser»la Criminología u n a ciencia «empírica», u n a ciencia del «ser». La Ciencia penal, en sentido amplio, se ocupa de la delimitación, interpretación y análisis teórico-sistemático del delito (concepto formal), así como de los presupuestos de su persecución y sus consecuencias. El objeto de la ciencia penal viene dado por las normas legales (objeto «normativo»), y quienes cultivan la misma emplean un método «deductivo— sistemático» para analizar el hecho «criminal». Al proceder metódico del mundo del Derecho se referió gráficamente SOHM, subrayando la trascendencia que en el mismo tiene el «sistema» y sus categorías lógicas: «Del caos se levanta un cosmos, de la revuelta masa, una grandiosa obra de arte: el palacio encantado del Derecho»*^. Éste se concibe, pues, cpmo fenómeOtoemsiáfii l8:rK3 ev taup'"'Si'taiRSíiisaitef ater.

jio «jurídico», cuya comprensión reclama u n a actitud «axiológica» o valorativa. La Criminología, por el contrario, se enfrenta al delito como fenómeno «real», y se sirve de métodos empíricos para examinarlo. Los criterios jurídico-penales no permiten una delimitación exhaustiva del objeto de la Criminología, por la misma razón que aquéllos no agotan, tampoco, el significado «total» del crimen como hecho real.
Las relaciones entre Derecho Penal, en sentido estricto (Dogmática Penal), y Criminología han sido, históricamente, poco cordiales''^ La denominada Escuela Clásica se limitó a estudiar el crimen como hecho individual y como «abstracción jurídica». El delito era la infracción de la norma jurídica. Y el delincuente, el sujeto activo de dicha infracción. Se desatendió el estudio de sus causas, de los factores individuales y sociales que propiciaban la criminalidad. Predominaba un afán sistemático: elaborar un conjunto de categorías abstractas —un sistema— al que pudiera reconducirse cualquier hecho delictivo concreto y permitiese explicar su estructura lógica y requisitos. Para ello se acudió a un método formalista, abstracto y deductivo, que hacía posible la construcción de impecables aparatos conceptuales, partiendo de una serie de dogmas extraídos del Derecho Natural. Este planteamiento, lógicamente, sólo pudo ofrecer una imagen «formal» del delito, insatlsfactoria y sin vida, y resultó ineficaz en orden a la lucha contra el mismo"^. La Escuela «positiva» (el positivismo «criminológico»), por el contrario, propugnó un cambio radical del «objeto» y del «método» de la actividad científica. Delito y delincuente dejan de ser abstracciones «jurídicas» producto de la «norma», desconectados de la realidad histórica concreta. El centro de gravedad se desplaza de la norma jurídica a la realidad social; de los dogmas y principios apriorísticos (libertad humana, culpabilidad, justicia, etc.) a los factores individuales y sociales que explican el fenómeno criminal. El examen de esta realidad exigiría un nuevo método de análisis: el método empírico, propio de las ciencias naturales. LOMBROSO, con su teoría del «delincuente nato», GAROFALO (que acuña el propio término «Criminología») y FERRI (quien criticó la adecuación del método «jurídico» para estudiar el crimen, con su conocido lema: «abajo el silogismo»), serían los pioneros de una nueva ciencia: la Criminología, que nace enfrentada y como alternativa a la ciencia penal"*^.

mmift-Sobre el problema existe una bibliografía inabarcable. Véase, limitándonos a la í española, por ejemplo: MUÑOZ CONDE, F., en la «Introducción» al trabajo de EOXIN, C. (Política Criminal y sistema del Derecho Penal), Barcelona, Bosch (1972), págs. 5 a 14; MIR PUIG, S., Derecho Penal, P. G., Barcelona (PPU), 1984, págs. 9 y ss.; GIMBEENAT, E., ¿Tiene un futuro la dogmática jurídico-penal? (en: Estudios de Derecho Penal, 2- ed., 1981, págs. 105 y ss.); COBO DEL ROSAL, M., y VIVES ANTÓN, M., Derecho Penal, P. G., 1984 (Valencia), págs. 112 y ss.; 8£ _ POLAINO NAVARRETE, M., Derecho Penal, P. G., Barcelona, Bosch, 1984, págs. 205 y ss.; QUINTERO OLIVARES, G., Derecho Penal, P. G., Barcelona (Edit. Gráficas Signo), 1986, págs. 233 y ss.; ZUGALDÍA ESPINAR, J. M., Consideraciones sobre las tendencias del desarrollo de la Ciencia del Derecho Penal, en: Revista Mexicana del Derecho Penal, 8 (1978), págs. 64 y ss.; CEREZO MIR, J., Curso de Derecho Penal Español, Madrid, Tecnos (1981,2- ed.), págs. 64y ss. (especialmente, 81 y ss.); ANTÓN ONECA, J., Derecho Penal, 2" ed., Akal (1986), págs. 24 y ss.; RODRÍGUEZ MOURULLO, C , Derecho Penal, P. G., Madrid (Civitas), 1978, pág. 21; RODRÍGUEZ RAMOS, L., Compendio de Derecho Penal, P. G. Madrid, 1986 (Trivium), págs. 15 y ss.; SAINZ CANTERO, J. A., Lecciones de Derecho Penal, P. G. (I), Barcelona (Bosch) 1979, págs. 75 y ss.; LÓPEZ REY, M., Compendio de Criminología y Política Criminal, Madrid (Tecnos), 1985; GARCÍA-PABLOS, A., Problemas y tendencias actuales de la Ciencia Penal, en: Estudios Penales, Barcelona (Bosch), 1984, págs. 97 y ss. En cuanto al tratamiento del problema en la doctrina extranjera, vid.: MONACO, L., Su teoría e prassi del rapporto t r a diritto pénale e criminología (estratto da: Studi Urbaniti di scienze giuridiche, politiche ed economiche, XLIX, 1980/81), 1983 (y amplio material bibhográfico analizado por el autor); y ROXIN, C , Política Criminal y sistema del Derecho Penal, ya citada. SOHM, en: J.Z., 1909, pág. 1.021. Cfr. GARCÍA-PABLOS, A., Estudios Penales, 1984 (Barcelona), Bosch, pág. 144.

Superada hoy ya, afortunadamente, la estéril lucha de escuelas —el enfrentamiento de la Criminología y la ciencia penal y de sus dos mundos rivales: el de las batas blancas y el de las togas negras— parece haberse asumido la idea de que no pueden disociarse la especulación teórica y el análisis empírico. Que la comprensión y control eficaz de la criminalidad requieren de ambas. Criminología y Derecho Penal deben
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Así, COBO DEL ROSAL, M., y VIVES ANTÓN, T. S., Derecho Penal, P. G. (Valencia), pág. 112 («historia atormentada»). Sobre la denominada Escuela Clásica, vid. infra, capítulo VI. :J sraosi Sobre el positivismo criminológico, vid. infra, capítulo VIII. ., ,.,..i.íuf orfo-nad

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c o o r d i n a r s u s esfuerzos, sin p r e t e n s i o n e s de e x c l u s i v i d a d o intransigencias, pues u n a y otra disciplina gozan de autonomía por razón de sus respectivos «objetos» y «métodos», pero están llamadas a entenderse, son inseparables*''. Un Derecho Penal distanciado de la investigación criminológica, sin respaldo empírico, corre el riesgo de convertirse en mero «decisionismo»; la actividad de los juristas, en simple «especulación» teórica; y la política criminal que lo inspire, poco sensible a la realidad social y a los conocimientos científicos, carecerá del rigor y seriedad que garantizan la propia efectividad de las leyes*®. La imagen de un Derecho Penal de esta índole respondería a u n auténtico «despotismo no ilustrado». Pero tampoco puede prescindir la Criminología del Derecho Penal, ni por razones «conceptuales» ni por razones «funcionales» y «pragmáticas». La investigación criminológica requiere unas «pautas» y «referencias» mínimas para delimitar su propio objeto. Para que sus «resultados» impregnen el tejido social, está llamada a incorporarse a normas y proposiciones jurídicas, pues en otro caso la experiencia criminológica carecería de repercusión. La Criminología sería una «ciencia de profesores» y no u n a ciencia «práctica». La recepción efectiva de sus conocimientos remite, pues, a un marco legal que los asuma y transforme en proposiciones «normativas». Una praxis criminológica, desconectada del Derecho Penal, renuncia al instrumento que posibilita la aplicación práctica del saber empírico con absoluto respeto de las garantías de seguridad e igualdad que rigen en un Estado de Derecho.
£-,j,^ gp-,, Estando las modernas disciplinas científicas que integran la Criminología en condiciones de suministrar una información válida y contrastada sobre el problema criminal (sobre su diagnóstico, técnicas de prevención e intervención en el mismo, etc.) no parece admisible seguir especulando gratuitamente sobre el delito, reformar la legislación penal o adoptar medidas y diseñar ambiciosos programas ignorando o despreciando tal información. No se puede controlar «a ciegas» el crimen, ni incidir con éxito en un problema cuya génesis, etiología, variables, perfil y tendencias se desconocen. El desinterés hacia el saber empíricocriminológico y ciertas actitudes hostiles al mismo, propias del despotismo no ilustrado, conducen al fracaso. Quien
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decida las directrices político-criminales en cada momento, ha de ponderar, previamente, la información criminológica disponible sobre el problema criminal, o bien obtenerla. En otro caso, sería tan imprudente como el cirujano que envía al quirófano a su paciente sin practicarle con anterioridad elementales pero necesarias pruebas hematológicas, cardiológicas y radiológicas. flPlTtlBS O'.

De hecho, la evolución de las ciencias «penales» y «criminológicas» apunta hacia este modelo «integrado», impuesto por la necesidad de un método «interdisciplinario» en la comprensión y control del delito*''. La legislación y la praxis son cada vez más receptivas y sensibles al conocimiento criminológico. Y la Criminología se preocupa, cada vez más, por inspirar científicamente ambas. La Dogmática penal se vuelca, se abre hacia la «realidad social»^", y las ciencias empíricas ofrecen su colaboración al legislador. En este proceso de recíproca aproximación ha jugado u n papel decisivo la Política Criminal^^. La Política Criminal, en cuanto disciplina que ofrece a los poderes públicos las opciones científicas concretas más adecuadas para el eficaz control del crimen, y las alternativas legales consiguientes, ha facilitado la recepción de las investigaciones criminológicas y su transformación en preceptos normativos. Ha sido el puente necesario entre el saber empírico (Criminología) y su concreción normativa (legislación penaF^). Por ello, se comparte hoy día la opinión de que Criminología, Política Criminal y Derecho Penal son tres pilares del sistema de las «ciencias criminales», recíprocamente interdependientes. La Criminología está llamada a aportar el sustrato

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í'i.4 í'ji'í.rrrr") yu-iihnf. Í'-YV C Por todos, KOXIN, C , Política Criminal y sistema del Derecho Penal, cit., pág. 77. ¿Cómo podrá el legislador establecer instrumentos válidos para la mejora del delincuente y para la contención de la delincuencia en una sociedad y cómo va a poder el juez aplicar adecuadamente tales instrumentos, si tanto uno como otro poseen tan escasos e incorrectos conocimientos acerca de los implicados en el caso penal? (HASSEMER, W., Fundamentos del Derecho Penal, cit., pág. 34). Así, también, ZUGALDÍA, J. M. (Consideraciones sobre las tendencias del desarrollo de la ciencia penal, cit., págs. 64 y ss.), propugnando u n a apertura de la Ciencia del Derecho hacia las ciencias sociales para contrastar sus decisiones.

Una famosa formulación del modelo integrado o totalizador de las ciencia penales es la de F. v. LISZT (Die gesamte Strafrechtswissenschaft); esquema que t r a t a de coordinar las exigencias de una lucha eficaz contra el crimen, basado en el conocimiento científico de sus causas (sociología, antropología, etc.) y las derivadas de la seguridad jurídica y garantías individuales (método jurídico). Sobre F. v. LISZT y Die gesamte Strafrechtswissenschaft, vid. infra. capítulo DC. Según expresión de una obra ya clásica: WÜRTENBERGER, TH., Die geistige Situation der deutschen Strafrechtswissenschaft, Karlsruhe, 1957, pág. 31. Vid., por todos, ZIPF, H., Introducción a la Política Criminal, Madrid, 1979 (Edersa), especialmente págs. 9 y ss. (relaciones de la Política Criminal y la Criminología). La Política Criminal pondera los resultados neutros que aporta la Criminología, elaborando opciones y programas. La «cifra negra» detectada en ciertos hechos criminales de modo empírico (saber criminológico), no desvela ya, sin más, cómo debe reaccionar la sociedad frente a aquéllos (opción político-criminal). La Política Criminal implica u n a actitud valorativa y la formulación de propuestas concretas de acuerdo con objetivos y metas previamente diseñados: la experiencia criminológica constituye sólo su base o materia prima. (Cfr. ZIPF, H., Introducción a la política criminal, cit., págs. 9 y ss.). ,, ,. -,. ...^.— . ,. -... .. .......

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empírico del mismo, su fundamento «científico». La Política Criminal, a transformar la experiencia criminológica en «opciones» y «estrategias» concretas asumibles por el legislador y los poderes públicos. El Derecho Penal, a convertir en proposiciones jurídicas, generales y obligatorias, el saber criminológico esgrimido por la Política CriminaP^ con estricto respeto de las garantías individuales y de los principios de seguridad e igualdad propios de un Estado de Derecho. Carece, pues, de sentido plantear hoy «qué es lo que deja en pie la Criminología del Derecho Penal»^*; o «qué deja en pie el Derecho Penal de la Criminología»^^. Una respuesta adecuada al «problema» criminal exige necesariamente el empleo coordinado de los tres enfoques: el criminológico, el político-criminal y el penal. Porque dicha respuesta sólo puede ser el precipitado o conclusión de u n proceso lógico que consta de tres momentos: u n momento explicativo, un momento decisionaly un momento operativo o instrumental. La misión de la Criminología es aportar un núcleo de conocimientos verificados empíricamente sobre el delito, el delincuente, la víctima y el control social del comportamiento desviado (modelo explicativo). A la Política Criminal corresponde transformar esta información sobre la realidad del crimen, de base empírica, en opciones, alternativas y programas científicos desde u n a óptica valorativa (modelo decisional). El Derecho Penal concreta las opciones previamente adoptadas (la oferta político-criminal de base criminológica) con el lenguaje del Derecho, dándoles la forma de normas, de proposiciones jurídicas generales y obligatorias (modelo instrumental u operativo). No cabe restar importancia a ninguno de los tres momentos, ni es factible aislarlos, incomunicarlos entre sí, sin grave riesgo para la validez y eficacia de la reacción frente al delito''^.
.i£ -i^B-T rñtíi; .=iff.ui«,!,ij--.y-s .j!i;ii;>gíi"j.sííiv/axi'i')Em.B'íirt (TOílaatuab i s b íiotlBiíJ i í;;;ijsKii jji a fí' • i^ .Hoaví -íoq ,.D' .1 oís 83ií.>Í3;;Í91,' -Úli'a&d&í}: ÁCíf^fÚi La tercera edición de la famosa obra de E. MEZGER (Política criminal con base criminológica), de 1933, respondía en buena medida a este planteamiento. St,. Vid., con este título, KAUFMANN, H., Was lásst die Kriminologie vom Strafrecht orne übrig?, en: Juristenzeitung, 1972, págs. 193 y ss.; BRAUNECK, A. E., Was lást die 83ti Kriminologie vom Strafrecht übrig?, en: Monatsschrift für Kriminologie und Strafrechtsreform, 1963, págs. 193 y ss. Cfr. MONACO, L., Su teoría e prassi del rapporto tra diritto pénale e criminología, cit., págs. 6 y ss. y 57 y ss. ^^ Cfr. POLAINO NAVARRETE, M., Derecho Penal, P. G., cit., págs. 208 y ss. Así, ROXIN, C , Política Criminal y sistema del Derecho Penal, cit., pág. 77.

Conviene observar, no obstante, que u n a adecuada respuesta del Estado de Derecho al problema del crimen no puede medirse exclusivamente desde parámetros de eficacia. El Estado de Derecho conlleva el obligado respeto a ciertas garantías individuales: legalidad, igualdad, seguridad jurídica, etc. A ellas se refería ya F. v. LISZT al afirmar que el «Derecho Penal es la infranqueable barrera de la Política Criminal»^'', la «Carta Magna del delincuente»^^ y asignarle la «función liberal del Estado de Derecho», esto es: «asegurar el principio de igualdad en la aplicación de la ley y la libertad del individuo frente al Leviathan»^^. Dicha función «liberal», «garantista», «limitadora» —aunque a algunos parezca contradictorio o paradójico— corresponde al Derecho Penal, porque sólo el Derecho Penal puede cumplirla. Ciertamente, el método técnico jurídico, el pensamiento sistemático, el razonamiento abstracto-deductivo y formalista de los penalistas tienen importantes limitaciones y carencias. Sirven para instrumentar decisiones, pero no para adoptarlas, ni ]3aYa fundamentar un diagnóstico sobre el problema criminal. Los penalistas somos conscientes de ello: sabemos que u n a sobreestimación del pensamiento sistemático aparta a la dogmática del problema, la incomunica y aisla de la realidad social y propicia soluciones erráticas ajenas a las exigencias valorativas político-criminales^". Pero sabemos, también, que la respuesta al delito en un Estado de Derecho no puede prescindir del Derecho Penal si se quieren respetar las garantías propias de éste. La generalización conceptual, el sistema, el proceder abstracto-deductivo, el formalismo son tcr
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Así, F. V. LISZT, Strafrechthche Aufsátze und Vortrage, II (1905), pág. 80. F. V. LISZT, Über den Einfluss der soziologischen und anthropologischen Forschungen auf die Grundbegriffe des Strafrechts, en: Strafrechthche Aufsátze und Vortrage, cit. II, pág. 80:«... el Código Penal es la Magna Carta del dehncuente. No protege al orden jurídico ni a la colectividad, sino al individuo que se alza contra ella. Le otorga el derecho a ser castigado sólo bajo los presupuestos legales y únicamente dentro de los límites legales. El doble aforismo "nullum crimen sine lege, nulla poena sine lege" es el bastión del ciudadano frente a la omnipotencia estatal, frente al desconsiderado poder de la mayoría, frente al Leviathan...». F. V. LISZT, Über den Einfluss, cit., págs. 80 y ss. Por todos, vid. ROXIN, C , Política Criminal y sistema del Derecho Penal, cit., pág. 35. Sobre el denominado «averroísmo científico», esto es, la posibilidad de que existan intolerables contradicciones entre las exigencias político-criminales y los resultados lógico-deductivos que se derivan de la interpretación del Derecho Positivo, vid. MUÑOZ CONDE. F., en: Introducción a la obra de ROXIN citada (pág.
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la Única garantía conocida y comprobada contra el acaso y la arbitrariedad, contra el diletantismo**^ y la solución imprevisible, caótica o caprichosa del caso concreto®^. ' Cuestión distinta, que no se abordará en esta obra, es el estado actual de las relaciones entre Criminología, Política Criminal y Derecho Penaly el previsible futuro de las mismas^^. m ab

Capítulo IV:

Funciones y rol de la Criminología
1. INTRODUCCIÓN El problema de los cometidos de la Criminología suscita hoy, entre otras, tres cuestiones íntimamente relacionadas.

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En primer lugar, la finalidad y destino último de la propia experiencia criminológica, de los conocimientos que la Criminología aporta. Siendo ésta una ciencia «práctica», debemos plantear guiére, cómo y para qué se utilizará la valiosa información suministrada por esta disciplina. Problema profundo y siempre actual, como lo demuestra la polémica entre representantes de la Criminología «occidental» y la denominada Criminología «socialista» respecto a la lucha contra el delito como objetivo prioritario de la Criminología. En segundo término, conviene reflexionar sobre el rol de la Criminología y la actitud del criminólogo de nuestro tiempo, sobre las características y coordenadas de su quehacer científico y profesional. Pues la polarización (politización) de las ciencias sociales corre el riesgo de convertirle en u n obediente y sumiso ejecutor de las definiciones legales o en u n agente inquieto de subversión social. ¿Es admisible u n a Criminología «conservadora» que se limite a legitimar el status quo, acríticamente, sin cuestionar sus valores y el funcionamiento del sistema? ¿Puede la Criminología «progresista» operar como instancia de crítica social e incluso como instrumento del cambio social, sin perder con ello su carácter de disciplina empírica? Finalmente, la necesidad, tantas veces apuntada, de que el ordenamiento p e n a l a s u m a e incorpore el a c t u a l s a b e r empírico e interdisciplinario a los cuerpos legales a través de u n a política criminal de base criminológica obliga a reiterar lo expuesto en torno a las relaciones entre las tres disciplinas: Derecho Penal, Criminología y Política Criminal; analizando, después, la adecuación del cauce que ha de propiciar dicha recepción. Proceder no seguido por el legislador de 1995, que prescinde de la experiencia criminológica, como se verá.
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Así, ROXIN, C , Política Criminal y sistema del Derecho Penal, cit., pág. 18. Vid. JESCHECK, H. H., Lehrbruch des Strafrechts, AT. 1972, pág. 150. Sobre el problema, vid., como exponente de u n a postura realista y razonablemente optimista, MONACO, L., Su teoría e prassi del rapporto t r a diritto pénale e criminología, cit., págs. 54 y siguientes y 95 y ss. Con pesimismo respecto al m o m e n t o p r e s e n t e : H. J Á G E R , S u b j e k t i v e V e r b r e c h e n s m e r k m a l e und psychologische Wahrheitsfindung, en Monatsschrift für Kriminologie und S t r a f r e c h t s r e f o r m , 1978, p á g s . 298 y s s . ; M A I H O F E R , W., G e s a m t e Strafrechtswissenschaft, en: Festschrift für H. Henkel, 1974, pág. 75. Cfr. MONACO, L., Su teoría e prassi..., cit., pág. 76. Una tercera postura, radical y escéptica es la de los partidarios de la Criminología «crítica», quienes no ven ningún futuro a la Criminología tradicional (etiológica). Vid. infra, capítulo XX. Véase, también, en este sentido: ZAFFARONI, E.R., Criminología. Aproximación desde un margen. Bogotá (Colombia), Temis, 1988, págs. 2 y ss.; SACK, F., Die Chancen dar Kooperation zwischen Strafrechtswissenschaft und Kriminologie: Probleme und offene Fragen, en: Seminar. Abweichendes Verhalten, cit., II, 1 (Die gesellchaftliche Reaktion aut Kriminalitát) SuhrKamp, 1975, págs. 346 y ss.

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2 . E L CONOCIMIENTO «CIENTÍFICO» D E L F E N Ó M E N O ¿ CRIMINAL Y LA CRISIS D E L M O D E L O D E CIENCIA c «CAUSAL-EXPLICATIVO» La función p r i o r i t a r i a de la C r i m i n o l o g í a , como ciencia interdisciplinaria y empírica, es aportar un núcleo de conocimientos más seguros y contrastados sobre el crimen, la persona del delincuente la víctima y el control social. La investigación criminológica, en cuanto actividad científica, reduce al máximo el intuicionismo y el subjetivismo al someter el fenómeno criminal a un análisis riguroso, con técnicas adecuadas, empíricas. Su metodología interdisciplinaria permite coordinar los conocimientos obtenidos sectorialmente en los distintos campos del saber por los respectivos especialistas, eliminando contradicciones y colmando las inevitables lagunas. Ofrece, pues, un diagnóstico cualificado y de conjunto del hecho criminal más fiable. )iommn'J BI ab 89if No obstante, conviene relativizar, con realismo, la supuesta exactitud del «saber científico», porque se padece aún en nuestros días una desmedida fascinación por los datos, propia más bien de los perjuicios del empirismo ingenuo, sb OBC La Criminología, ante todo, suministra conocimientos, no simplemente «datos»; más aún, aporta un núcleo de saberes, sistematizado, orgánico, no aislado. Todo conocimiento implica la elaboración de los datos obtenidos, esto es, una teoría que los interprete, e hipótesis de trabajo que trascienden la mera verificación y contrastación empírica de aquéllos. El «dato» es sólo material. El «conocimiento» que depara el quehacer científico-criminológico tiene una base empírica, pero no es sólo un producto empírico. Es más que la suma o acumulación de datóse Pero a ello debe añadirse una ulterior reflexión: la crisis del modelo de ciencia «causal-explicativo», que relativiza aún más la certeza e incuestionabilidad de todo conocimiento «científico» y, por tanto, también del criminológico. El ideal tradicional de «cientificidad», heredado del siglo XIX (auge de las ciencias «exactas») hoy se desmorona. Los esquemas causales pierden el monopolio de la explicación de los fenómenos, especialmente de los fenómenos humanos y culturales, que escapan a la simplista ley de la causación física y natural. El racionalismo crítico

ha desmitificado la supuesta infalibilidad y universalidad del conocimiento científico. El sistema conceptual de éste no aparece ya como trasunto de u n a verdad objetiva, sino como conjunto de proposiciones e hipótesis no refutadas, que, en todo caso, nunca podrán verificarse con absoluto rigor. Ha llegado a afirmarse, incluso, que el método científico es, en su conjunto, u n a técnica de la refutación, y la investigación científica, más u n a crítica del conocimiento que una imposible búsqueda de la verdad^
Estos planteamientos actuales, menos pretenciosos, explican sin duda la prudente actitud de reserva de la moderna Et/o/off/a cnm\na\; el desprestigio de las teorías mono y pluricausales, que tratan de reconducir, sin éxito, el delito a determinado factor o factores en virtud de inflexibles relaciones de «causa» a «efecto»; e incluso el abandono de la terminología convencional, proclive al empleo de conceptos importados de las Ciencias Naturales, como el de «causa». No otra cosa significa la afirmación un tanto escéptica y grandilocuente a menudo repetida a lo largo de los últimos años: «Estamos llegando al punto cero del saber criminológico..., el crimen y su etiología siguen siendo un acertijo.»

Por ello, parece más realista propugnar como función básica de la Criminología la obtención de u n núcleo de conocimientos asegurados sobre el crimen, la víctima, el delincuente y el control social. Núcleo de conocimientos, esto es, saber sistemático, ordenado, generalizador; no mera acumulación de datos e informaciones aisladas e inconexas. Pero «conocimientos» científicos, es decir, obtenidos por métodos y técnicas de investigación rigurosas, fiables y no refutados, que toman cuerpo en proposiciones, u n a vez contrastados y elaborados los datos empíricos iniciales.

3. LA CRIMINOLOGÍA COMO «CENTRAL D E INFORMACIONES» («CLEARING»)^ El acelerado progreso de la moderna tecnología (especialmente, de la informática y la telemática) ha convertido en realidad el sueño de los años cincuenta: la posibilidad de que las ciencias criminológicas operen a modo de central de informaciones (clearing), cuyos datos se pongan al servicio del legislador, de la práctica y de las propias ciencias penales.
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Vid. supra, capítulo I, 3b. Sobre la crisis del paradigma «causal-explicativo», vid. supra, capítulo I, 3a y b. Vid. KAISER, G., Kriminologie, cit., págs. 15 y ss. ' ' " ' — •" ' .,•,——

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El «poder informático», con los nuevos sistemas de obtención, almacenamiento, procesamiento y transmisión de informaciones, parece ampliar las funciones tradicionales de la Criminología, abriendo horizontes desconocidos. Y ello es cierto, porque u n a completa información, obtenido «a tiempo real», permite racionalizar las decisiones y suministra un bagaje empírico e instrumental valioso*. Baste con pensar en los servicios criminológicos de documentación que pueden crearse a través de la oportuna centralización de datos y en los útiles análisis secundarios que con indiscutibles consecuencias prácticas cabe llevar a cabo a partir de la información que aquéllos suministren®. Ahora bien, ni la Criminología puede agotar su cometido en la obtención y suministro de información centralizada sobre el crimen, por importante que ésta sea; ni deben pasar inadvertidas las limitaciones de la «informática decisional» en su aplicación al examen de la realidad criminolósfica * • afertu?í5bfi;3Í8.;í»U6iig<í'íS>o<oi3e ue v nemiio Í9 ....oaiDdiom La Criminología, como ciencia, h a de ser más que un gigantesco banco de datos. Porque la obtención de datos no es un fin en sí mismo, sino un medio, y porque los datos son material «bruto», neutro, ambivalente, que tiene que ser procesado e interpretado con arreglo a u n a teoría. No basta su obtención y almacenamiento. Una Criminología así concebida correría el peligro que corrieron los archivos y registros europeos de los años treinta, convertidos en cementerios de datos por el cariz «criminalbiológico» de las informaciones recabadas. Un ligero cambio o evolución de las ideas sobre el crimen (crisis de las teorías biológicas), de las hipótesis de trabajo o de las teorías generales convirtió en estéril la información acumulada^.

En consecuencia, la tarea del criminólogo será siempre u n a tarea inacabada, abierta a los r e s u l t a d o s de o t r a s investigaciones interdisciplinarias, dinámica, nunca definitiva. Por el contrario, la información que pueda suministrar u n banco de datos, por completo que sea el programa del mismo, será siempre u n a información estática, rígida, cuyas claves traza inexorablemente aquél: el programa. Por último, la concepción de la Criminología como mera central de información (clearing) no sólo empobrece sus cometidos deseables, sino que puede dar a la misma u n a orientación sesgada, parcial o incluso tendenciosa. En efecto, debiendo circunscribirse la información centralizada a los datos obrantes en los diversos archivos y registros, existe el riesgo de que se limite aquélla de algún modo a la criminalidad registrada o a determinadas manifestaciones llamativas de la delincuencia convencional. La selectividad de los datos procesados conducirá a u n a información también selectiva que verse exclusivamente sobre ciertos delincuentes, cerrándose así u n lamentable «círculo vicioso». No es difícil suponer qué datos se recabarían por esa Central de Informaciones, de qué infractores e infracciones, por quien, en interés de quien y con qué finalidad (en todo caso, meramente represiva).

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4. LA C R I M I N O L O G Í A COMO «CIENCIA PRÁCTICA»' Pero la Criminología es, también, u n a ciencia práctica, destinada a ofrecer pautas y criterios para la solución de conflictos concretos, de problemas sociales. El saber científico criminológico nace del análisis y observación de la realidad y está llamado, por su propia naturaleza, por vocación, a retornar a esa misma realidad, para explicarla, comprenderla y transformarla en beneficio del hombre. Por ello, junto a la elucubración teórica sobre sus principios básicos, cobra cada día mayor interés la investigación criminológica orientada a las necesidades prácticas, como manifestación de la vocación social de la ciencia. Lo que no debe extrañar, por tratarse del planteamiento más útil y rentable, a corto plazo, a los fines de la policía, del proceso penal, de la legislación y de la propia ciencia penitenciaria. Baste con pensar, por ejemplo, en análisis
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Sobre el problema, vid. GARCÍA-PABLOS, A., Informática y Derecho Penal, en: Implicaciones socio-jurídicas de las tecnologías de la información. Los juristas ante la revolución informática (Citema, 1985), págs. 39 a 49, especialmente, 41 y ss. Sobre los llamados «análisis secundarios», vid. HEROLD, H., Die Bedeutung der Kriminalgeographie für die polizeiliche Praxis, en: Kriminalistik, Zeitschrift für die gesamte kriminalistische Wissenschaft und Praxis, 31 (1977), págs. 289 y ss. Cfr., KAISER, G., Kriminologie, cit., pág. 15. Así, HERRÉN, R., Lehrbuch der Kriminologie, I (Verbrechenswirklichkeit, 1979, Preiburg, páginas 15 y ss., cit. por KAISER, G., quien se expresa en el mismo sentido (Kriminologie, cit., página 15). Sobre cómo terminaron convirtiéndose en un «cementerio de datos» los obtenidos a principio de siglo con arreglo a concepciones biológicas después superadas: KAISER. G. Kriminologie cit., página 16.

Vid. KAISER G., Kriminologie, cit., pág. 16, y amplia reseña bibliográfica allí citada. " •;

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científicos sobre prognosis criminal, incidencia efectiva y aplicación de las reformas penales**, etc. Dicha aproximación de la Criminología a las concretas exigencias de la vida cotidiana viene reclamada, además, por la naturaleza interdisciplinaria y pluridimensional de su propio método y por la finalidad última del conocimiento científico: dar respuesta a las demandas sociales®. La excelente predisposición y receptividad que muestran en nuestro tiempo la praxis y el legislador (no el español, sin embargo) hacia el saber criminológico ponen de relieve la necesidad de que la Criminología pueda suministrar información fiable y pronta a los mismos, pues es u n hecho, t a n obvio como lamentable, que en ambos ámbitos se adoptan diariamente urgentes y graves decisiones sin la oportuna base empírica, abriéndose un peligroso abismo entre teoría y praxis, investigación criminológica y realidad social. El distanciamiento entre ambas, obviamente, conduciría a resultados funestos. Una Criminología poco atenta a la realidad histórica se diluye en estériles elucubraciones académicas. Cuando la praxis da la espalda a la experiencia científica o las decisiones legislativas se adoptan sin la imprescindible información criminológica, sólo queda la mera rutina, la arbitrariedad, la ineficacia y el decisionismo. Nada más pernicioso, pues, que teoría y praxis sigan «sus propios caminos» y se ignoren. ^'^ La vocación «práctica» de la Criminología sugiere dos reflexiones finales. En primer lugar, el criminólogo teórico debe esforzarse por aportar no ya conocimientos útiles —la experiencia criminológica, en cuanto tal, siempre lo es— sino practicables, pensando en los muy

diversos destinatarios de los mismos. La temática escogida, el método de investigación, la formulación de sus resultados y el propio lenguaje h a n de orientarse a dicho fin. La Criminología tradicional, tildada hoy despectivamente de positivista, supo al menos ofrecer a la praxis un núcleo armonioso de conocimientos, con un aparato conceptual e instrumental asumido sin grandes dificultades por los operadores del sistema. La moderna Criminología —que se autodenomina «crítica»— corre el riesgo, por el contrario, de distanciarse peligrosamente de las instancias sociales que, en definitiva, están llamadas a asumir, traducir y aplicar los conocimientos científicos. Aunque ello se deba, probablemente, al carácter «fragmentario» de las investigaciones actuales, al pluralismo metodológico que las inspira y al predominio de la aportación «crítica» de la moderna Criminología sobre las exigencias sistemáticas y constructivas más endebles en toda etapa de transición y cambio, parece imperiosa la necesidad de ajustar la transmisión de las informaciones criminológicas a las expectativas de sus destinatarios sociales. Comenzando, incluso, por u n a depuración del «criptolenguaje» a menudo utilizado que procede del campo de las ciencias sociales. Sólo entonces el saber criminológico podrá ser practicable. Ahora bien, la necesaria orientación de la Criminología a la praxis, a las exigencias de la realidad, no debe mediatizar ni hipotecar, tampoco, su propio campo de investigación. Porque la sociedad, en definitiva, es particularmente sensible a determinadas manifestaciones del crimen y a determinadas personalidades criminales. Y sólo confía en respuestas severas y represivas, mas pasionales que justas, como ha puesto de relieve el psicoanálisis. Una Criminología preocupada de satisfacer las expectativas sociales tal vez sólo se interesaría por el delito convencional, por el crimen utilitario, desatendiendo la investigación de otras modalidades criminales menos llamativas, pero quizá mucho más nocivas, que, sin embargo, no suscitan t a n t a alarma de la opinión pública y de los sectores interesados e influyentes de la misma. Dicha Criminología, en último término, se conformaría con suministrar a los poderes públicos los datos empíricos adecuados para perfeccionar la depresión de aquellas conductas, sin profundizar en la etiología de las niismas ni plantearse la viabilidad de otras respuestas científicas alternativas.
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Cfr. KAISEE, G., Kriminologie, cit., pág. 16, y bibliografía allí reseñada. Véase también Arbeitspapiere aus dem Instituí für Kriminologie. Ruprecht-Karls, -TI;Heidelberg, que h a publicado los siguientes volúmenes: núm. 2 (1982), por TH. ni FELTES (Strafaussetzung zur Bewáhrung bei freiheitsentziehenden Strafen von mehr ais einem Jahr); núm. 1, por H. J. KERNER (edit.), con el título: Gefahrlich Oí oder gefáhrdet? Eine Internationale Diskussion zur Sanktionierung, Behandlung u n d gesicherten U n t e r b r i n g u n g von schwer oder widerholt delinquenten 9( Jugendlichen (1983); núm. 4 (1984), por H. J. PLEWIG. TH. y WEGNER (Zur Genese von Devianz im frühen Jugendalter); núm. 5 (1984), por P. WULF, Strafprozessuale kriminalpraktische Fragen der polizeilichen Beschuldigtenvernehmung auf der Grundlage empirischen Untersuchungen. El gran éxito de la Sociología Criminal norteamericana, en general, y de la escuela de Chicago, en particular, fue, sin duda, el haber polarizado las investigaciones en torno a los problemas sociales del momento: los Social Problems. Vid. infra, capítulo XVI. La Criminología «socialista» se presenta a sí misma como una «ciencia aplicada» y «práctica» (vid. infra, capítulo XXII).

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5. LA «LUCHA» O «CONTROL» DE LA CRIMINALIDAD COMO OBJETIVO POLÉMICO DE LA CRIMINOLOGÍA. NUEVO PLANTEAMIENTO DEL PROBLEMA EN LA CRIMINOLOGÍA OFICIAL DE LOS OTRORA PAÍSES SOCIALISTAS
Parecerá, sin duda, obvio que el destino final de la Criminología es la lucha contra la criminalidad; o, si se prefiere u n a formulación técnica menos agresiva, facilitar un núcleo firme de conocimientos empíricos que posibiliten el control y prevención del delito. Sin embargo, la propia doctrina criminológica discute desde sus inicios si dicho cometido pertenece al objeto específico de esta disciplina. Tradicionalmente, incluso, gozó de cierto predicamento la tesis negativa^". Partiendo de su naturaleza de ciencia «empírica», como es sabido, pudo mantenerse que a la Criminología corresponde la explicación del fenómeno delictivo, el análisis y descripción de las causas del mismo, pero no las estrategias científicas, político-criminales o políticas para combatirlo, competencia de los poderes públicos. Habría que distinguir, pues, conocimiento criminológico, en sentido estricto (sustrato de base empírica que suministra la Criminología) y destino o utilización de dicho saber criminológico, que implica previas decisiones metacientíficas reservadas a los poderes públicos (problema político). En este sentido restrictivo cabe recordar u n a definición ya clásica: Criminología es la teoría del delito como aparición en la vida del pueblo y en la vida del particular". Por el contrario, la denominada escuela austríaca siempre concibió la «lucha contra el delito» como objeto específico de la Criminología. Es más, la teoría de la lucha preventivo-represiva contra el delito (táctica criminal y técnica de la instrucción judicial), la teoría de la profilaxis del delito y la Criminalística integrarían uno de los dos grandes ejes en que se divide el sistema de la Criminología^^. * "'.íii^o' )\r^' 1
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Los partidarios de esta tesis amplia invocan la conexión lógica y fáctica que existe entre la teoría de las formas reales de comisión del delito y la teoría de las formas reales de lucha o control del delito; conexión e interdependencia que impide separar artificialmente u n a de ivmra legíama tiíaHftwsr oraen otra 13 Este último punto de vista encuentra hoy gran acogida en la moderna Criminología, si bien desde planteamientos contrapuestos, al haberse asumido la idea de que no es posible ya analizar el crimen prescindiendo de la propia reacción sociaP^. Pero la polémica reseñada adquiere unas connotaciones singulares desde la doctrina criminológica oficial de los otrora países socialistas. En efecto, reprocha ésta a la denominada Criminología «burguesa» precisamente el «conformarse con explicar el crimen, en lugar de extirparlo», el «quedarse a medio camino», renunciando a la necesaria «transformación» de las estructuras sociales criminógenas. La objeción, en definitiva, de la tesis undécima de Marx a Feuerbach, censurando el quehacer filosófico: «Los filósofos sólo han interpretado de diversas maneras el mundo, lo que importa es transformarlo». La Criminología, por tanto — según el pensamiento marxista oficial de los otrora países socialistas— no debe resignarse a ofrecer explicaciones teóricas del crimen, sino que ha de combatirlo. Ahora bien, el alcance profundo y las implicaciones ideológicas, metodológicas y orgánicas de esta tesis, trascienden la mera y equívoca afirmación de que la Criminología persigue la «lucha contra el crimen». Baste, pues, ahora, con u n a remisión al capítulo dedicado a la Criminología de los países socialistas, donde se analizarán detenidamente los postulados de ésta y sus consecuencias^^.
o'^r+... En esta obra se opta por un modelo suigenerisúQ Criminología que se preocupa del análisis del <<controlsociah y hace de la «prevenc¡ón>^ del delito un cometido prioritario de la misma. Pero sin desvirtuar su naturaleza empírica a través de postulados ideológicos o desmedidas pretensiones político-criminales. Cuenta,
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Según KODRÍGUEZ DEVESA, esta tesis restrictiva domina aún el panorama doctrinal europeo contemporáneo (Derecho Penal Español, P. G., cit., pág. 73)Según la conocida definición de EXNER, F., Biología criminal en sus rasgos fundamentales, Barcelona (Bosch), 1946 (traducción de J. del Rosal), pág. 15. Vid. SEELIG, E., Tratado de Criminología, Madrid, 1958 (Instituto de Estudios Políticos), traducción de RODRÍGUEZ DEVESA, J. M^ págs. 13 y ss. y 21 y ss.

A favor de una tesis amplia, que incluye la lucha contra el delito entre los cometidos de la Criminología, RODRÍGUEZ DEVESA, J. M^ Derecho Penal Español, cit., P. G., págs. 73 y 74. P a r a el autor, no se pueden estudiar las «causas» del delito prescindiendo del examen de los efectos que produce en el criminal y en la misma sociedad la respuesta del Estado al propio delito. También a favor de una tesis omnicomprensiva: LÓPEZ REY, M., Compendio de Criminología y Política Criminal, cit., pág. 1. Vid. GARCÍA-PABLOS, A., Problemas actuales de la Criminología, cit., pág. 97. Vid. infra, capítuloXXIL , . . „ . , . „ ...j...,,,.,.,, ,..,..,, ,, ... .„......,.,„

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pues, con una fundamentación propia y autónoma la formulación ambiciosa de los cometidos que se asignan a esta disciplina.

6. LA CRIMINOLOGÍA COMO FACTOR D E LEGITIMACIÓN O COMO INSTANCIA CRÍTICA D E L O R D E N SOCIAL La Criminología es u n a ciencia empírica, pero la actividad criminológica —la investigación, la praxis— no es «funcionalmente» n e u t r a p a r a el sistema social. Por ello, las diversas actitudes criminológicas oscilan, en u n amplio espectro, desde la legitimación del status quo (conservadurismo) a la crítica directa de los fundamentos del orden social (criticismo). Como se ha dicho como frase muy gráfica, el criminólogo, de hecho, o está a favor de la sociedad estatalmente organizada, o bien opta a favor de determinadas minorías; pues, de algún modo, la politización que se acusa actualmente en las ciencias sociales afecta también a esta disciplina y polariza incluso el quehacer empírico^^. Desde esta perspectiva «funcional», cabe contraponer dos modelos igualmente radicales y extremos: elpositivista conservador y el crítico. La d e n o m i n a d a Criminología positivista es u n a Criminología legitimadora del orden social constituido, porque no cuestiona sus fundamentos axiológicos, las definiciones «oficiales» ni el propio funcionamiento del sistema. Lo asume como u n dogma, acríticamente, refugiándose en la supuesta neutralidad del empirismo, de las cifras y las estadísticas. Ni el delito ni la reacción social son problemáticos, porque se parte de la bondad suprema del orden social y del efecto terapéutico bienhechor de la pena. De este modo, el bagaje empírico criminológico refuerza, revitaliza, las definiciones legales y los dogmas del sistema, aportando al mismo un fundamento más sólido, racional. La Criminología «positivista» opera, pues, como factor de legitimación y consolidación del status quo'''

El modelo crítico, por el contrario, cuestiona las bases del orden social, su legitimidad excluyente, el concreto funcionamiento del sistema y de sus instancias, la supuesta libertad radical del individuo, la reacción social: el delito y el control social devienen «problemáticos». Mientras la Criminología positivista legitima cualquier orden social y tiende a respaldar empíricamente la respuesta represiva a sus conflictos (el único culpable es el individuo, el delincuente), la Criminología crítica cuestiona todo orden social, muestra su simpatía por las minorías desviadas y mina el fundamento moral del castigo (la culpable es la sociedad), predicando, de algún modo, la no intervención punitiva del Estado^l Evidentemente, ninguno de los dos modelos esquematizados convence. La Criminología no debe ser la coartada empírica legitimadora de un determinado orden social, o un instrumento eficaz para conservar el status quo, refinando y potenciando la respuesta represiva contra sus disidentes; pero tampoco un agente de subversión y crítica social. El criminólogo, como científico, ha de buscar la verdad, recabando para sí la posibilidad de «criticar» incluso las bases del sistema legal y su funcionamiento; no es un mero «observador» o «testigo» de la realidad. Pero sin desvirtuar los cometidos de la Criminología, convirtiendo ésta en una genuina Sociología política, o en pura Política Criminal.

7. RECAPITULACIÓN: E L S A B E R CRIMINOLÓGICO Y S U S F U N C I O N E S "^r::z3"TX -;-;;;"7;-™"-7-"-—- • La experiencia criminológica, según se h a indicado, debe contribuir positivamente a la mejor solución de los conflictos y problemas sociales. En el ámbito penal, por ejemplo, suministrará u n a valiosa información sobre el delito, el delincuente, la víctima y el control social; información que la Política Criminal ha de convertir en proposiciones, estrategias y tácticas (no necesariamente represivas) adecuadas para el control y prevención del delito, inspirando la reforma de las leyes. La Política Criminal, por ello, es la correa de transmisión del Derecho Penal y la Criminología, que posibilita el entendimiento entre u n a ciencia «normaijf.bsíOf> H'( <.i"!ri- V;>!' i" ' h ,f"< . ••,in<..i

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Sobre el píoblema, Vid GAECTA-PABL(3S A .ProblemasactualesdeldCnminología, <-it ,pass_ 101 y bb. Sobre el «modelo positivista» conservador, vid. GAECÍA-PABLOS, A., Problemas actuales de la Criminología, cit., págs. 81 y ss. y 95 y ss. ^ j _ , - ... ,: .^:,

Sobre el «modelo crítico», vid. GARCÍA-PABLOS, A., Problemas actuales de la Criminología, cit., págs. 84 a 95, especialmente 101 y ss. ;;,., ,.,^,_. „, ,,.

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tiva» (Derecho Penal) y u n a ciencia «empírica» (Criminología). Entendimiento imprescindible, ya que tanto quienes anhelan «un mejor Derecho Penal», como quienes prefieren «algo mejor que el Derecho Penal», coinciden en la necesidad de unaPolítica Criminal de base criminológica capaz de convertir en módulos jurídicos, en proposiciones normativas las exigencias resultantes del análisis empírico, de la Criminología. La información sobre el problema criminal que puede aportar la Criminología, válida (por la corrección del método de obtención de la misma) y fiable (por la bondad de la propia información), tiene un triple ámbito: la explicación científica del fenómeno criminal (modelos teóricos), de su génesis, dinámica y principales variables; la prevención del delito; y la intervención en el hombre delincuente.
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a) La formulación de impecables modelos teóricos explicativos del comportamiento criminal h a sido el cometido prioritario asignado a la Criminología, de acuerdo con el paradigma de ciencia dominante en los países de nuestro entorno cultural. En los otrora países socialistas, sin embargo, tal objetivo merece una atención secundaria, ya que prima, por razones ideológicas y metodológicas, u n a concepción instrumental, práctica, del saber científico, menos teórico y academicista, espoleada por la utopía político-criminal que aspira a la superación del crimen en una sociedad socialista. Interesa más prevenir el delito que explicarlo, más transformar la sociedad (capitalista) criminógena que elaborar modelos teóricos explicativos^". El dogmatismo ideológico y la utopía político-criminal alimentan todavía trasnochados prejuicios doctrinarios en la doctrina marxista ortodoxa (vg. teoría de los rudimentos, del I contagio, de la desviación ideológica, etc.). Explicar científicamente el comportamiento criminal, sigue siendo para la ortodoxia socialista «quedarse a mitad del camino», según el conocido reproche a la Crimino; logia burguesa que representa la 11^ tesis de MARX a FEUERBACff". '''Y'o'f; n, i 1 . ;q HsbaLii'íhfi -,"-f<jiqTi o.la^rnKí rn.-. r-,1' orí) 8B'
Así, LEKSCHAS, J., Theoretische Grundlagen der sozialistischen Kriminologie, en: Sozialistische Kriminologie. Ihre Theoretische und Methodische Grundlegung (por: BUCHHOLZ, E., HAETMANN, R., LEKSCHAS, J. y STILLER, E.), págs. 137 y ss. Hasta tal punto importa «transformar» la sociedad —y no formular modelos teóricos explicativos del crimen— que según LEKSCHAS la Criminología es una disciplina auxiliar de la jurisprudencia, dirigida a la mejor implantación de la sociedad socialista: u n «elemento parcial de la dirección de la sociedad», un

No cabe duda, sin embargo, que la formulación y desarrollo de modelos teóricos explicativos del comportamiento criminal es un objetivo científico de primera magnitud. Que no se puede abordar rigurosamente el problema de la criminalidad sin u n conocimiento previo de su génesis y dinámica, ignorando que se t r a t a de u n fenómeno muy selectivo. Sólo desde u n a concepción mágica y fatalista, despótica o doctrinaria (dogmática), tiene sentido la absurda actitud de desinterés hacia la determinación de las variables de la delincuencia e integración de ésta en los correspondientes modelos teóricos. Refugiarse en cosmovisiones sacras, apelar a la intuición y a la sabiduría popular o ceder a la praxis rutinaria, son estrategias que no aseguran el éxito en el delicado y complejo problema de controlar el crimen. Por otra parte, el propio progreso científico reclama modelos teóricos más sólidos y convincentes, metodológicamente mejor dotados y más operativos desde un punto de vista político-criminal. Ambiguas referencias a la sociedad como explicación última del crimen o a la supuesta diversidad (patológica) del hombre delincuente (al igual que la fórmula de compromiso de F. V. LISZT: predispoción individual/medio anibiente), no son hoy argumentos de recibo^\ : " ' ! !|!,^,' A este superior nivel de exigencias se debe, sin duda, el abandono de las teorías monocausales de la criminalidad, que fascinaron en otro tiempo. Y el claro intento de la moderna doctrina de formular modelos cada vez más complejos e integradores paliando el déficit empírico que acusaban algunas construcciones tradicionales (vg. ausencia de soporte estadístico, falta del oportuno grupo de control, generalización indebida de hipótesis, etc.). ^^,^^^^ or.nmi: > 'níHCffTFR QÍÍnHDxifnfcoq K? v w i • :. io'n'/oíí:.')'^foT'.'í! ,iLb!T->joq ia)3í • b) l^aprevención eficaz del delito es otro de los objetivos prioritarios de la Criminología. La mera represión llega siempre demasiado tarde y no incide directamente en las claves últimas del hecho criminal. La Criminología, por ello, no pretende suministrar información a los poderes públicos sobre aquél, para castigar el delito más y mejor. Antes bien, el conocimiento

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«momento parcial de la gestión de la sociedad socialista» (LEKSCHAS, Theoretische Grundlagen der sozialistische Kriminologie, cit., págs. 76 y ss). E n este sentido, GARCÍA-PABLOS, A., La aportación de la Criminología, en: Eguzkilore, núm. 3 (1989), San Sebastián, págs. 84 y ss. - -

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científico (etiológico) del crimen, de su génesis, dinámica y variables más significativas, debe conducir a u n a intervención meditada y selectiva capaz de anticiparse al mismo, de prevenirlo, neutralizando con programas y estrategias adecuadas sus raíces. Naturalmente, se t r a t a de una intervención eficaz, no de u n a intervención «penal», ya que esta última, por su elevado «coste social» y nocivos efectos, debe ser siempre subsidiaria, de acuerdo con el principio de «intervención mínima». Intervención, pues, que no se limite a incrementar el rigor legal de las prohibiciones, ni a incentivar el rendimiento y efectividad del control social formal, sino a dar respuesta al problema humano y social del delito con la racionalidad y eficacia propias de la denominada «prevención primaria»^^. La «selectividad» del fenómeno criminal, y la conocida relevancia de otras técnicas de intervención no penales para evitar aquél, constituyen los dos pilares de los programas prevencionistas^^. Tradicionalmente se había depositado demasiada confianza en el Derecho Penal (función preventiva general de la pena). Operándose, además, con un diagnóstico extremadamente simplificador del «mecanismo disuasorio» que la amenaza del castigo desencadena. La prevención del delito, de hecho, era prevención penal, prevención a través de la pena. Y se asociaba, con notorio error, la eficacia disuasoria de la pena a su rigor y severidad, sin ponderar otras variables sin duda también relevantes. La moderna Criminología, sin embargo, parte de tres postulados bien distintos, que cuentan con u n sólido aval científico: la intrínseca nocividad de la intervención penal, la mayor complejidad del mecanismo disuasorio y la posibilidad de ampliar el ámbito de la intervención, antes circunscrita al infractor potencial, incidiendo en otros elementos del escenario delictivo^'''. „,.,,' t. !' Hoy parece obvio reservar la «pena» a supuestos de estricta necesidad, porque una intervención de esta naturaleza (penal) es siempre Í;ÍA j s a m T m oílasri lab gfjmiiLü- saveía ««í n» 'vM^^

traumática, quirúrgica, negativa; negativa para todos, por sus efectos y elevado coste social. A falta de otros instrumentos, la pena puede ser imprescindible, pero no es u n a estrategia racional para resolver conflictos sociales: no soluciona nada. De hecho, los acentúa y potencia, estigmatiza al infractor, desencadena la «carrera criminal» de éste, consolidando su status de «desviado» (desviación secundaria) y hace que se cumplan fatalmente las siempre pesimistas expectativas sociales respecto al comportamiento futuro del ex penado («self-fullfillingprophecy»)^^. Por otra parte, la supuesta eficacia preventivo-general de la pena, tal y como se formula por los juristas y teóricos de la prevención general, no deja de ser probablemente más que u n a pálida e ingenua imagen de la realidad, a la luz de los conocimientos empíricos actuales^®. En segundo lugar, investigaciones llevadas a cabo sobre la efectividad del castigo demuestran que el denominado «mecanismo disuasorio» es mucho más complejo de lo que se suponía. De hecho, los modelos teóricos que utiliza la moderna Psicología enriquecen la ecuación: estímulo/respuesta, intercalando otras muchas variables ^'^. Dicho de otro modo: la mayor o menor eficacia contramotivadora o disuasoria de la pena no depende sólo —ni fundamentalmente— de su severidad, sino de otras muchas variables; y, sobre todo, de cómo son percibidas y valoradas por el infractor potencial. Así, por ejemplo: la prontitud con que se imponga el castigo (inmediación estímulo/respuesta); el grado de probabilidad de que efectivamente se imponga (falibilidad y percepción del riesgo); gravedad y contenido real del castigo (versus: rigor nominal); ponderación subjetiva de otras consecuencias inmediatas anteriores al eventual cumplimiento del castigo (vg. detención y privación provisional de libertad y otros derechos); respaldo informal que, en su caso, pueda recibir la conducta desviada —o el infractor— y capacidad de redefinir la misma; clase de delito de que se trate (criminalidad instrumental o expresiva); mayor o menor condicionamiento del infractor, etc.^^.
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En cuanto a la distinción entre prevención primaria, secundaria y terciaria, vid. KAISER, G., Introducción a la Criminología. Madrid, 1988 (Dykinson), págs. 125 y ss.; CLEMENTE DÍAZ, M., La orientación comunitaria en el estudio de la delincuencia (en: Psicología social y sistema penal, cit., págs. 384 y ss.); GARClAPABLOS, A., Criminología. Una Introducción, cit., 4- Ed., págs. 367 y ss. Cfr., GARCÍA-PABLOS, A., La aportación de la Criminología, en: Eguzkilore, núm. 3, 1989, San Sebastián, pág. 90. Cfr., GARCÍA-PABLOS, A., La aportación de la Criminología, en: Eguzkilore, cit., pág. 91.

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Sobre el problema, GARCÍA-PABLOS, A., La normalidad del delito y el delincuente, cit., págs. 336 a 343 y ss. Una explicación científica del proceso contramotivador o disuasorio, más atenta a la complejidad real del mismo, en: ALVIRA MARTÍN, F., El efecto disuasor de la pena (en: Estudios penales y criminológicos, VII, 1982-1983, Santiago de Compostela), págs. 11 a 25. En este sentido, ALVIRA MARTÍN, F., El efecto disuasor de la pena, cit., pág. 24. Sobre el problema, vid., GARCÍA-PABLOS, A., Régimen abierto y ejecución penal, en: Revista de Estudios Penitenciarios, núm. 240, 1988, págs. 41 y ss.

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E n consecuencia, no cabe incrementar progresivamente la eficacia disuasoria de la pena aumentando, sin más, su rigor nominal; ni siquiera, recabando un mayor rendimiento y efectividad del sistema legal. Lo primero, atemoriza, no intimida. Lo segundo, multiplica el número de penados a corto plazo, pero no es una estrategia válida a medio ni a largo alcance. Porque, entre otras razones, la eficaz prevención del crimen es un problema de todos, y no sólo del sistema legal y sus agentes. F i n a l m e n t e , es obvio que cabe p r e v e n i r el delito no sólo contramotivando al infractor potencial con la amenaza del castigo (contraestímulo psicológico), sino de otros muchos modos, con programas que incidan en diversos componentes del selectivo fenómeno criminal: el espacio físico, las condiciones ambientales, el clima social, los colectivos de víctimas potenciales, la propia población penada, etc. Por ejemplo: neutralizando las variables espaciales y ambientales más significativas de aquél (programas de base ecológica, arquitectónicourbanística, territorial); mejorando las condiciones de vida de los estratos sociales más deprimidos con las correspondientes prestaciones (vg. programas de lucha contra la pobreza); informando, concienciando y asistiendo a aquellos grupos y colectivos con mayor riesgo de victimización (programas de prevención de víctimas potenciales); procurando la reinserción social efectiva de los ex penados, u n a vez cumplidas las condenas, a fin de evitar la reincidencia de los mismos; paliando, en la medida de lo posible, el magisterio criminógeneo de ciertos valores sociales (oficiales o subterráneos) cuya lectura o percepción por el ciudadano medio genera actitudes delictivas, etc.^^. . 8feaM!q-,0BA;> sv ym^sim * . .. c) Por último, la Criminología puede suministrar, también, una información útil y necesaria en orden a la intervención en el hombre delincuente. . ^ v, vi.:<>>.: Asistimos, sin duda, a la crisis de la denominada «ideología del tratamiento», al clamoroso e inevitable fracaso de los programas de resocialización del delincuente^". Y forzoso es reconocer que el actual
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desencanto en parte se justifica. Pues no podían ser otros los resultados de u n tratamiento resocializador concebido como intervención clínica en la persona del penado durante —y a través de— la ejecución de la pena, siempre en el seno de la Administración penitenciaria, dirigida a producir u n a transformación cualitativa positiva, bienhechora, del infractor. Pedir u n a modificación «cualitativa» de la persona del delincuente — un hombre nuevo— es, sin duda, pedir demasiado. Esperar tal milagro de la intervención penal es desconocer las actuales condiciones de cumplimiento de la pena privativa de libertad y el efecto que ésta produce en el hombre real de nuestro tiempo, según la propia experiencia científica. En todo caso, circunscribir el tratamiento resocializador a una intervención clínica en la persona del penado durante el cumplimiento de la pena es algo insatisfactorio: porque el problema de la reinserción tiene un contenido funcional que trasciende la mera y parcial faceta clínica; porque tal responsabilidad es de todos, no sólo de la Administración Penitenciaria; y porque, en consecuencia, la intervención reclama un conjunto de prestaciones «post-penitenciarias», atendiendo a la situación y necesidades reales del ex penado, cuando se reincorpore a su medio social, familiar, laboral, etc. Pero el lógico clima de escepticismo representa u n doble peligro. De una parte puede alimentar respuestas regresivas y políticas criminales de inusitado e innecesario rigor, de inmediata repercusión en el régimen penitenciario (interpretación restrictiva de todas las instituciones del sistema progresivo)^\ El actual desencanto sería, de hecho, u n a mera coartada para el retorno hacia el tradicional derecho penal retributivo. De otro, cuestiona el mandato constitucional consagrado en el artículo 25 de la Carta Magna española, que no es u n a declaración de «buena voluntad» del legislador, sino u n a norma jurídica obligatoria que vincula a todos los poderes del Estado (la función resocializadora como objetivo de la ejecución de la pena). En consecuencia —y para garantizar u n a intervención rehabilitadora del delincuente— corresponden a la Criminología tres cometidos. Primero, esclarecer cuál es el impacto real de la pena en quien la padece: los efectos que produce dadas sus actuales condiciones de cumplimiento, no

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Así, G.VFiCÍA-PAJJLOS, A , La aportación de la Criminología, cil.. págs. 92 y 93. Sobre la «crisis de la filosofía del tratamiento», vid., GAECÍA-PABLOS, A., La supuesta función resocializadora del Derecho Penal, en: Estudios penales, cit., págs. 65 y ss.

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Llamando la atención sobre este peligro: GARCÍA-PABLOS, A., La supuesta función resocializadora del Derecho Penal, cit., págs. 92 y ss. ,_,,,,,,.,.-„...,«

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los fines y funciones «ideales» que se asignan a aquélla por los teóricos o desde posiciones «normativas». Esclarecer y desmitificar dicho impacto real para neutralizarlo, para que la inevitable potencialidad destructiva inherente a toda privación de libertad no devenga indeleble, irreversible. P a r a que la privación de libertad sea sólo eso: privación de libertad y nada más que privación de libertad. Pero privación de libertad digna, de acuerdo con los parámetros culturales mucho más exigentes de nuestro tiempo. Que no incapacite definitivamente al penado y haga inviable su posterior retorno a la comunidad una vez cumplido el castigo. Segundo: diseñar y evaluar programas de reinserción, entendiendo ésta no en sentido clínico e individualista (modificación cualitativa de la personalidad del infractor), sino funcional; programas que permitan una efectiva incorporación sin t r a u m a s del ex penado a la comunidad jurídica, removiendo obstáculos, promoviendo u n a recíproca comunicación e interacción entre los dos miembros implicados en cualquier terapia: el individuo y la comunidad (individuo y sociedad: no se t r a t a de intervenir sólo en el primero) y llevando a cabo una rica gama de prestaciones positivas a favor del ex penado y de terceros allegados al mismo cuando éste retorne a su mundo familiar, laboral y social (la posible intervención no ha de terminar el día de la excarcelación, porque la propia pena prolonga sus efectos reales más allá de ésta y tampoco cabe disociar al ex penado de su medio y entorno). Tercero: mentalizar a la sociedad de que el crimen no es sólo un problema del sistema legal, sino de todos. Para que la sociedad asuma la responsabilidad que le corresponde y se comprometa en la reinserción del ex penado. De suerte que el crimen se «comprenda», en términos «comunitarios»: como problema nacido en y de la comunidad a la que el infractor perteneció y sigue perteneciendo. Y se busquen mecanismos eficaces para que esa misma comunidad reciba dignamente a uno más de sus miembros. La llamada «Piscología Comunitaria» cuenta ya con alguna experiencia sobre la viabilidad de tales programas^^. "^^1 ''•'''' '^''
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Sin duda, ha pasado ya el tiempo de u n a Criminología teorética, academicista y especulativa, exclusivamente preocupada por mejorar sus herramientas de trabajo, por cuestiones de método, con la obsesión última de formular modelos abstractos explicativos del comportamiento criminal. Ha llegado, por fortuna, la hora de la Criminología científicosocial y práctica, volcada y comprometida con la realidad histórica, que pretende aportar un diagnóstico fiable sobre el problema del crimen, para comprenderlo, prevenirlo e intervenir positivamente en el mismo. Dicha Criminología h a de inspirar la acción legislativa y los trabajos parlamentarios aportando datos e información muy útil para emprender las oportunas reformas legales. Ha de orientar, también, el comportamiento de las Administraciones Públicas en torno al problema criminal, subrayando el trasfondo social y comunitario de éste, lo que obligaría a complementar la tradicional función de «policía» con otras, de prevención positiva e intervención y asistencia. Y, desde luego, tiene que penetrar en las actitudes de los diversos operadores jurídicos (jueces, fiscales, abogados, funcionarios de prisiones, etc.) cuya preparación y formación profesional se verá así muy enriquecida. Quizás entonces dé la Criminología una muy distinta imagen de sí misma. Y los medios de comunicación contribuyan a redefinir su verdadero rol como disciplina científico-empírica: informar, con rigor, sobre el doloroso problema social y comunitario del delito, para comprenderlo, para formular xyn diagnóstico válido sobre el mismo que permita su control racional y eficaz con el mínimo coste social, su prevención; y para intervenir positivamente en favor de todas las personas involucradas en este drama (delincuente, víctima, etc.). Lo que, por cierto, poco tiene que ver con la pobre y raquítica imagen convencional de la Criminología como mera coartada represiva, legitimadora del sistema penal, que suministra 'municiones' a éste (empirismo) para castigar con mayor eficacia. ,üí ,K' 'i> n ácoiaoftoo oh O'-.l-Jun rur \i noan ''b o')!~-iqm'.- 'ÍÍMÍB» Í9

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8. VALORACIÓN FINAL Puede reputarse ampliamente compartida la opinión de que la Criminología ha de suministrar u n a valiosa información científica a la Política Criminal sobre el delincuente, el delito, la víctima y el control social; información que esta última debe transformar en opciones, fórmulas y programas, plasmados, después, por el Derecho Penal en sus proposiciones normativas y obligatorias.

Sobre Psicología Comunitaria y prevención del delito, vid.: FAVAED, A.M.. Participation communautaire et prevention de la delinquence. Concepts et modeles, en: Libro homenaje a A. Beristáin, San Sebastián, 1989, págs. 157 y ss.; CASTAIGNEDE, J., Participation communautaire et prevention de la delinquence: apports d'une recherche sur ce theme, en: Libro homenaje a A. Beristáin, cit., págs. ^í« 115 y ss.; CLEMENTE DÍAZ, M., La orientación comunitaria en el estudio de la delincuencia, cit., págs. 384 y ss.

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Esto es, que Criminología, Política Criminal y Derecho Penal representan tres momentos inescindibles de la respuesta social al problema del crimen: el momento explicativo-empírico (Criminología), el decisional (Política Criminal) y el instrumental (Derecho Penal). Saber empírico y saber normativo no pueden «seguir sus caminos»^^ distanciados. Pero lo cierto, a pesar de esta communis oppinio es que sigue existiendo en la realidad el lamentable «abismo» entre ambos. Conocida es la tradicional «querella» entre representantes de las ciencias sociales y de las ciencias jurídicas. Los primeros h a n reprochado siempre a la jurisprudencia que ésta no se interese por su colaboración^*. Por su parte, los juristas, acusan a aquéllos de ocuparse t a n sólo de los «grandes temas» (metodología, teoría general, legitimación, estudio de las funciones, etc.), despreocupándose del Derecho Positivo^^. El tiempo de las querellas doctrinales, de la «barbarie de los especialistas», ha pasado ya. El problema criminal es un grave problema social, y la reacción del Estado a través de la pena, demoledora, brutal. Por ello, la función penal no puede seguir reposando sobre u n a base t a n poco sólida, exenta del más elemental respaldo o verificación empírica; oscilando sus decisiones entre el diletantismo y la arbitrariedad, los prejuicios mágicos y las buenas intenciones, el oscurantismo y la intuición. Carece, pues, de sentido el mutuo reproche. O las fáciles justificaciones del secular y endémico malentendimiento. La contraposición «hecho-valor», en principio válida para ilustrar los diversos objetivos y métodos del enfoque normativo y el empírico, no justifica, sin embargo, la actual descoordinación de perspectivas en el examen de un mismo problema, llamadas a complementarse, no a excluirse. M\r Sería oportuno plantear, también, hasta qué punto está en condiciones el saber empírico de aportar un núcleo de conocimientos sólido, fiable, científicamente verificado, sobre los principales problemas del fenómeno criminal. O lo que es lo mismo: qué información puede

suministrar hoy la Criminología y qué grado de credibilidad y garantías ofrece dicha información^®. No es momento de pasar revista al estado actual de la experiencia criminológica con relación a temas t a n trascendentales como la etiología o génesis del comportamiento criminal, el significado de la víctima, los efectos preventivos y disuasorios de la pena privativa de libertad, el tratamiento del delincuente, la reincidencia, el control de la criminalidad, etc.^^
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Pero sí cabe anticipar u n a valoración de conjunto: el fenómeno criminal sigue siendo un «problema». Sabemos aún poco del hombre delincuente, de la víctima, del castigo, del delito mismo. Tiene razón Lange cuando afirma que el crimen no ha dejado de ser un «acertijo»^®. Y, de algún modo también Kutschinski, al lamentarse de que, a pesar de tantos modelos explicativos, tantas teorías, tantos intentos doctrinales e investigaciones, «estamos retornando al punto cero del saber criminológico»^''. . - , , , . . . s-, Incertidumbre, ambigüedad, relatividad son notas características del saber empírico en torno al problema criminal*", sus sombras. Pero estas «sombras» no permiten aventurar un «futuro incierto»*^ a la Criminología, a.í / - ; / ; > • \ ; > La gestación del vigente Código Penal español, aprobado en 1996, demuestra, por desgracia, el lamentable desprecio del saber criminológico por parte del legislador y de los poderes públicos, y, en consecuencia, el llamativo déficit y erratismo político-criminal que aquel exhibe*^. Tanto

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Vid., por todos. GÓPPINGER, H., Kriminologie, cit., págs. 18 y ss. Cfr. MONACO, L., Su teoría e prassi del rapporto t r a dirítto pénale e criminología, cit. pág. 59 y bibliografía citada en nota 6. Cfr. MONACO, L., Su teoría e prassi del rapporto t r a diritto pénale e criminologia, cit., página 59, nota 7 (y reseña bibliográfica allí citada).

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Como plantea, acertadamente, MONACO, L., Su teoría e prassi del rapporto t r a diritto pénale e criminologia, cit., págs. 37 y ss. Cfr. MONACO, L., Su teoria e prassi del rapporto t r a diritto pénale e criminologia, cit., páginas 37 y ss. LANGE, R., Das Ratsel Kriminalitát. Was wissen wir vom Verbrechen? Frankfurt, 1970. Cfr. KAISER, G.; Criminología. Una Introducción a sus fundamentos científicos, cit., página 161. Así, MONACO, L., Su teoria e prassi del rapporto tra diritto pénale e criminologia, cit., página 45. En sentido escéptico, SACK, F., Probleme der Kríminalsoziologie, en: WahlverhaltenVorurteile-Kriminalitát, Handbuch der empirischen Sozialforschung, XII, Koning, R. (edit.), 1978, páginas 227 y ss. Cfr., GARCÍA-PABLOS, A. El proceso de reforma penal español: particular referencia al Proyecto de Código Penal de 1992, en: Libro homenaje a J u a n del Rosal,

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desde un punto de vista 'instrumentar como 'decisionaV se h a prescindido de toda referencia empírico-criminológica. Entre los antecedentes y trabajos preparatorios del nuevo Código no figuran materiales de esta naturaleza (empírico— criminológicos) específicamente referidos a la realidad española: datos e información sobre las variables, perfil, tendencias, etc. del problema criminal (vg. informes, estadísticas, encuestas, etc.). Las diversas opciones político-criminales tampoco cuentan con el oportuno respaldo criminológico que da seriedad y rigor a las mismas. La desconfianza y el desprecio hacia el saber empírico tiene en España raíces muy profundas que entroncan con nuestra más rancia tradición. P a r t e de culpa, desde luego, corresponde a la propia Criminología, teorética y especulativa, sin apenas bagaje empírico ni estadístico, que se ha desentendido de los problemas reales y no ha sabido satisfacer, con su análisis y propuestas, la demanda y expectativas sociales. Pero no menos culpa tienen actitudes despóticas poco ilustradas u oscurantistas de quienes quieren 'manos libres' y plena discrecionalidad para decidir sobre el problema criminal como si de una cuestión puramente 'política' se tratara. Desde tal punto de vista, el saber criminológico representa u n límite, un control de calidad que cuestionaría peligrosamente la racionalidad de todas las decisiones. 19 'ibñdc'KTi' .'i' ia^í'í ÍBiS' 1 u-'ihh'') "^^^'^•^•^r lyb nnr^fiih''

Capítulo Y:

Método y técnicas de investigación criminológica
1. EL D I S T I N T O M É T O D O D E LAS CIENCIAS D E L «SER» (EMPÍRICAS) Y LAS CIENCIAS «NORMATIVAS» El jurista y el criminólogo se sirven de u n método diferente: dogmático, abstracto, deductivo, formal, el primero; empírico, inductivo e interdisciplinario, el segundo.-j^b sbgsb oíakto m isnimBxe rii El jurista tiene que subsumir el caso concreto que pretende enjuiciar en la norma, más o menos abstracta, del ordenamiento jurídico-positivo. Norma y caso integran los dos elementos fundamentales de su reflexión. Esta discurre de la norma al caso y del caso a la norma, comparando, analizando y ponderando arribase Interpretar la norma, aplicarla y elaborar un sistema^ son tres momentos del quehacer jurídico en los sistemas de Derecho codificado. En ellos el pensamiento «sistemático» prevalece sobre el «problemático»^, a diferencia de lo que sucede en el denominado reasoning from case to case'' anglosajón que, más que empírico-inductivo^, es u n modelo en el que tiene prioridad el pensamiento problemático; donde el caso singular es contemplado, también, como un problema en el marco del orden jurídico y su solución se busca por la vía de la analogía, del precedente judicial recaído en u n caso semejante'^. . > ,La ciencia del Derecho tiene por objeto las normas jurídicas que interpreta en sus conexiones internas, esto es, sistemáticamente. Su

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1993, Madrid (Edersa), págs.531 y ss.; del mismo, Directrices del Proyecto de Código Penal de 1992 (Parte General), 1993 (Madrid), en: La Keforma del Código Penal. Icade. Eevista de las Facultades de Derecho y Ciencias Económicas y Empresariales, págs. 57 y ss. ,-••-- -•• - " • - >,.—'- — •'•-.•:(.^ ..*-" -

Cfr. COING, H., Juristische Methodenlehre, Berlín, 1972, Walter de Gruyter, págs 7y8. Así, COING, H., Juristische Methodenlehre, cit. pág. 25. Sobre esta contraposición entre «saber sistemático» y «saber aporético» o «problemático», cfr. HAETMANN, N., Diesseits von Idealismus und Realismus, en: Kantstudien, 1924 (XXIX) páginas 160 a 206. Cfr. LEVI, E., An Introduction to Legal reasoning, 1949, pág, 1. Como «empírico inductivo» lo califica, no obstante, ALLEN, Law in the Making, 1951, págs. 154y 155. ir>ni~ivnj Así, COING, H., Juristische Methodenlehre, cit., pág. 23. , {,5» 34 aJí __

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método básico es el método dogmático, y su proceder deductivo-sistemático'^. La Criminología, sin embargo, es una ciencia del «ser», «empírica», y su método descansa prioritariamente en la observación y en la experimentación (método erapírico-inductivo). Por ello, juristas y criminólogos proceden de distinta forma:
El jurista deduce determinadas consecuencias de una afirmación lógica, cuya corrección no necesita ser demostrada (por vía empírica), así llega a las oportunas conclusiones, sin que le preocupe verificar su hipótesis inicial, ni siquiera la verificabilidad de la misma. Al científico empírico, por el contrario, no le está permitido tal proceder. También él parte de unas hipótesis de trabajo (provisionales) que le permiten examinar un objeto desde determinados puntos de vista; pero tales hipótesis son revisables a la luz de los resultados obtenidos. Porque si presentara como conocimiento empírico una tal hipótesis o declaración científica, sin previa revisión o posibilidad de revisar empíricamente la misma, y extrajera de ella otras conclusiones, habría abandonado ya el terreno de las ciencias empíricas".

Estas exigencias han de orientar todos los pasos del investigador: cuando establece la finalidad de su propia investigación o determina las unidades de investigación y las correspondientes definiciones operacionales, sus características (si es una investigación longitudinal o transversal, por ejemplo), representatividad del cómputo y de la muestra según las pretensiones de generalización de la misma, etc., y cuando después elabora y ejecuta el proyecto.

b) Fases y momentos de la investigación: la previa determinación de su modelo'^
A efectos expositivos, debe distinguirse la determinación previa del modelo de investigación y sus principales coordenadas, de las fases o momentos de la investigación misma: / ' Determinación deimarco o modeio de ia investigación En la elaboración del «proyecto», el investigador debe tener presente las siguientes cuestiones": 1) Tema centrai perfecta determinación del tema central de la investigación. 2) Contexto del mismo: relación del tema central con otras investigaciones y teorías; su integración en un cuadro teórico y operacional más amplio. 3) Ciaridady consistencia lógica, el proyecto debe introducir, con claridad, las hipótesis que se presentan. 4) Cuestionesehipótesis, éstas, por su especificidad, deben ser susceptibles de una investigación empírica. 5) Definiciones operacionales. han de definirse, con rigor, las «variables», la relación entre las diversas variables y la naturaleza de dicha relación. 6) Naturaleza de la investigación, el investigador optará por el método más indicado, atendiendo al estado actual de conocimientos sobre el problema y a las pretensiones perseguidas. Al trazar la «estrategia» de la investigación reparará en las limitaciones prácticas de todo proyecto. 7) Representatividad de la «muestra»: en función del grado de «generalización» del resultado que se pretenda, se determinará el número y volumen de la muestra, las características adecuadas que debe reunir, así como los mecanismos de control en su selección. 8) Validez y legitimidad de la contribución experimental: %% necesario que, a través del control experimental, se puedan cuantificar los factores que inciden en la variable dependiente. El investigador ha de estar seguro, también, de la legitimidad ética y deontológica de la concreta técnica o procedimiento elegido. 9) Objetividad, control y corrección de la investigación, deben definirse los oportunos mecanismos de control que aseguran la objetividad de la investigación frente a desviaciones imprevistas que puedan falsear sus resultados, incluida la propia influencia de los intereses o concepciones del investigador. Jliá'^'éR-34í. itV.<?ol."í9M.'r r T J l í ' } í í ¥ _ -fl *.ífÍF /." ^° ^^ ¡>I¿, ijiWioT 1^

2. EL «MODUS OPERANDI» DEL MÉTODO EMPÍRICO El método científico, en las disciplinas «empíricas» exige un determinado modo de proceder riguroso (reglas o criterios del método), tanto en la elaboración del proyecto como en su ejecución a lo largo de las diversas fases o momentos de la investigación.
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a) Reglas del método

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Toda investigación científico-empírica ha de reunir tres condiciones para merecer tal caracterización: ha de ser «fiable», «válida» y «relevante»^ Por ffad/ese entiende una comprobación cuya exactitud formal es tal que cada investigación posterior debe llevar a los mismos resultados. La validez, por el contrario, hace referencia al contenido de una comprobación. Esta es válida si con ella se establece precisamente lo que debe ser establecido; esto es, si las características y los indicadores denotan lo que se pretende. La re/evanciaex\ge la necesaria armonía y coherencia entre el todo y la parte; dado que cada comprobación sólo puede captar un fragmento o parcela de la realidad, es imprescindible que no se desligue de su contexto que le da sentido.
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Cfr. PINATEL, J., Tratado de Criminología, cit., págs. 95 y ss. MIRALLES, T-, Métodos y técnicas de la Criminología, cit., págs. 33 a 42. Vid. MIRALLES, T-, Métodos y técnicas de la Criminología, cit. págs. 241 a 246.

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ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA 10) Validez de las «medidas» seleccionadas y del análisis estadístico: en la elaboración del proyecto y selección del muestreo, las medidas escogidas —y el análisis estadístico de los resultados que se obtengan— han de ser válidas adecuadas. 11) Interpretación de los resultados, el investigador ha de intentar una interpretación significativa de los resultados obtenidos, integrándolos en el marco teórico existente, a fin de contribuir al progreso de los conocimientos sobre el problema.

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2. Fases o momentos de la investigación ' La investigación empírica es un proceso, un conjunto de operaciones distintas y sucesivas, pero interdependientes, que recogen, de un modo sistemático, informaciones válidas sobre un fenómeno observable, con el objetivo de comprenderlo y explicarlo'^. Sus fases o momentos lógicos son cinco: a)DelimitaciónÚQ\ problema objeto de la investigación, en los términos expuestos en el apartado anterior. b) Elaboración de un marco de referencia, que inserte la investigación en una perspectiva teórica general. c) Definición del modelo operativo, que permita obtener los mejores resultados. El paso del modelo teórico al operativo se desarrolla, a su vez, en tres etapas: la definición de las dimensiones, la selección de indicadores referidos a éstas y las observaciones particulares, acordes con los objetivos teóricos'^. El modelo operativo «instrumenta» la investigación y permite identificar y , ; seleccionar las informaciones recogidas. iswiui-.. ^ Recogida de datos. Es una fase tan decisiva como problemática y compleja. .i^^ Problemática, porque la investigación empírica —a diferencia de la terapia— ''' debe ser neutra desde el punto de vista valorativo, objetiva. Y, sin embargo, por completa y ambiciosa que sea, sólo podrá abarcar aspectos parciales, fragmentos, del hombre, al que inevitablemente descompone, de forma artificial, cuando pretende analizarle en el complejo marco de sus interdependencias sociales. Cuando el investigador selecciona los datos e información «relevante», por fuerza ha de hacerlo con criterios de valor. ,, Compleja, también, incluso para la obtención de datos parciales. Pues, en la medida en que éstos se alejen del ámbito de lo exactamente mensurable, las comprobaciones objetivas se hacen cada vez más difíciles, incrementándose el riesgo de interferencia de concepciones personales, subjetivas'*. En todo caso, la selección de datos debe evitar la tendencia a anteponer el objetivo de «la /77S>ÜAinformación posible» al de la «me/orinformación posible» (cantidad i/iSA5¿/5calidad y representatividad), así como la absolutlzación de algunos métodos y conocimientos parciales'^.
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ej Análisis e interpretación de los datos y formulación de hipótesis. Los datos suministran una información «cualitativa» o «cuantitativa» según la naturaleza de la hipótesis a la que se orientan. En uno y otro caso, serán estudiados, clasificados y codificados con arreglo a los correspondientes tipos de escala de medición, previamente convenida en el modelo teórico— operativo. Dadas las oscilaciones de las «variables» y «atributos» que los mismos reflejan, la representación estadística de su distribución en porcentajes y frecuencias, de los diversos tipos de dependencia causal entre variables, etc., cobra particular interés"^. No obstante, en el momento de formular hipótesis no puede olvidarse la desventaja de la Criminología, como ciencia empírica, en comparación con otras ciencias afines. En éstas, el alternar de hipótesis y comprobaciones de hechos que caracteriza a las disciplinas empíricas puede proseguirse de forma inmediata, sin necesidad de «partir de cero». La Criminología, sin embargo, se encuentra aún en un estadio previo, siendo incalculable la masa de hechos vírgenes, faltos de verificación y comprobación'^. El investigador suele verse obligado a partir de la pura observación, y ésta sólo después de un largo proceso puede dar lugar a planteamientos e hipótesis de trabajo: la correlación entre comprobaciones de hechos e hipótesis es mucho más tenue y parcial que en otras ciencias donde no se produjo apenas nunca confusión del «ser» y el «deber ser»'^.
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3. EL MÉTODO CRIMINOLÓGICO Y SU OBJETO
En puridad, no existe «un» método criminológico, sino diversos métodos o «técnicas» de investigación. La naturaleza del objeto examinado y las finalidades de la investigación misma determinarán, en cada caso, cuál es el más indicado. Conviene, pues, distinguir «método» (el método empírico presupone un proceso cuyas características y fases se describieron en el apartado anterior) y «técnicas» concretas de investigación; técnicas de la más variada especie, que serán objeto de estudio en el apartado siguiente^®.
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^^ " Así, TREMBLAY, M. A., Introduction á la recherche dans les Sciences Humaines. Toronto, McGraw-Hill. Cfr., MIRALLES, T-, Métodos y técnicas de la Criminología, cit., pág. 247. Cfr. MIRALLES, T-, Métodos y técnicas de la Criminología, cit. pág. 250 y ss. Cfr. GÓPPINGER, H., Criminología, cit., págs. 66 y 67. p3j(j.„jj ,;, goboJé^ Cfr. GÓPPINGER, H., Criminología, cit., págs. 67 y 68. ••'p^q'i '¡/.pj^s- | j :
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13 14

Sobre el problema, vid. MIRALLES, T-, Métodos y técnicas de la Criminología, cit., páginas 252 y ss. y 477 y ss. Así, GÓPPINGER, H., Criminología, cit., págs. 69 y 70. Cfr. GÓPPINGER, H., Criminología, cit., pág. 71, comparando la evolución de la Criminología con la mucho más favorable de la Medicina. PINATEL, J. (Tratado de la Criminología, cit., págs. 63 y ss.), contrapone el «método», en sentido estricto («reglas del método científico», etc.) y las «fuentes» de la Criminología (estadísticas, biografías, follow-up, etc.).

256 a) Interdependencia

ANTONIO GAECIA-PABLOS DE MOLINA

TRATADO DE CRIMINOLOGÍA

257

«método-objeto»

La pluralidad de «técnicas» de investigación criminológica viene impuesta por las características del «objeto» examinado, y por los ámbitos y fines de la investigación. El principio de «intercorrelación» de «objeto» y «método» cobra aquí toda virtualidad^".
•' es' ichii Siendo el hombre un complejo «biopsicosoclal», es lógico que no pueda utilizarse la misma ^écnica para analizar la dimensión somática que la anímica o la sociaP^ La finalidad de la investigación condiciona, también, los medios e instrumentos del científico. Así, los self-reporter survey o los victimization studies parecen especialmente indicados para contemplar el volumen real de la criminalidad y desvelar la problemática de la «cifra negra», calvario tradicional, como es sabido, de la Estadística CriminaF^. Del mismo modo que los follow-up studies ofrecen un instrumento inmejorable si se desea complementar, con un método prácticamente experimental, el enfoque transversal de las estadísticas o el longitudinal dé las biografías criminales^^. O el método de 5//7¿7/£7/7 (estadístico), el más idóneo para comprobar el progresivo distanciamiento de los valores oficiales respecto a los reales en el curso de una investigación criminal (y, por tanto, la selectividad del sistema legal)^'*. Es más, los propios ámbitos de la investigación criminológica llevan consigo una metodología impuesta por las características de los mismos^^. Para el examen del crimen, de la conducta desviada, se impone un enfoque conductuai, porque interesa explicar el «paso al acto»^^ la dinámica delictiva: los factores múltiples, biológicos, sociológicos, psicológicos que inciden en la resolución criminal. Esta perspectiva, de particular relevancia en el marco del proceso, reclama lógicamente una metodología plural e interdisciplinaria^^ Sin embargo, para el estudio del criminal, del autor, el método más adecuado es el ciínico, ya que el hecho cometido es sólo el indicador de una personalidad y no se pretenden aquí generalizaciones que excedan el ámbito del caso concreto. Esta óptica personalizada, estrechamente unida a los orígenes de la Criminología —la Criminología nace como íirhr

Clínica criminológica—, adquiere singular significación en el ámbito de la ejecución penal. Por último, el análisis de la criminalidad, como hecho colectivo, como fenómeno y magnitud social, reclama un método básicamente estadístico. Dicho análisis, que interesa en primera línea a la Política Criminal, impone interpretaciones genéricas y enunciados probabilísticos no circunscritos al caso concreto.

b) Limitaciones criminológica

que

impone

el «objeto»

de la

investigación

Pero el objeto y la finalidad de la investigación no sólo condicionan las técnicas utilizables; sugieren, además, u n a reflexión en orden al carácter puramente instrumental de todo método, frente al denominado «peligro del metodologismo»^® y al empleo ilimitado de algunos métodos matemático-estadísticos sin las oportunas correcciones materiales. Como se ha dicho, un método generalmente válido para toda suerte de investigaciones no existe; se trata, en realidad, de escoger el más adecuado para cada supuesto o hipótesis. No es razonable, por otra parte, reducir la discusión criminológica a u n a mera disputa o crítica de métodos o de «operaciones categoriales» más o menos ingeniosas pero a menudo estériles. El respeto a los criterios formales (vg., la rigurosa observancia de las reglas matemático— estadísticas) no puede ser considerado más importante que la obtención de un material de hechos irreprochable y que la revisión y crítica de cada comprobación. La falta de corrección en cuanto al fondo no puede ser suplida por la sola corrección formal de la técnica empleada para obtener la información, pues ésta no es sino presupuesto de la obtención de datos materialmente correctos. Lo empírico no se agota, como es lógico, en el momento matemático-estadístico^^. sxon9-;:-)i':)':;(| ifixoagas» BÍ B íiáeq f^'dtóémsbBtísaB OÍJBIÍB c) Trascendencia de los problemas metodológicos -i: tKMr^-iu .-

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Vid., sobre dicho principio de intercorrelación «método»-«objeto». RODRÍGUEZ DEVESA, J. M^ Derecho Penal Español, P. G., cit. pág. 47. • > , -M r., Así, GÓPPINGER, H., Criminología, cit., pág. 68. Según afirmación ya clásica de EXNER, F., Kriminologie, 1949, Berlin-GottingenHeidelberg, pág. 15. E n este sentido, PINATEL, J., Tratado de Criminología, cit., pág. 73. Así, CANTERAS, A., El método de atrición como técnica evaluativa de la aplicación del Derecho, cit., págs. 243 y ss. Sobre el problema, vid. PINATEL, J., Tratado de Criminología, cit., págs. 93 y ss. («niveles de la investigación»). E n sentido muy semejante, RODRÍGUEZ MANZANERA, L., Criminología, cit., págs. 47 y ss. E n este sentido, PINATEL, J., Tratado de Criminología, cit., págs. 93 y ss. Así, RODRÍGUEZ MANZANERA, L., Criminología, cit., págs. 46 a 50.

Se ha dicho, con razón, que así como las décadas de los años sesenta y setenta fueron las de las grandes innovaciones teóricas en la Criminología, la de los ochenta es la del «método», la de las técnicas e
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La crítica es de GÓPPINGER, H., Criminología, cit., págs. 46 a 50. GÓPPINGER, H., Criminología, cit., págs. 68 y 69. .Sí. ;j.!•^-.íc.ír i.' Ll^yx/

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258

ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA

TRATADO DE CRIMINOLOGÍA

259 misma.

instrumentos científicos, fiables, que ponen a prueba y verifican la bondad de las diversas teorías e hipótesis^". Disponer de un instrumental que permita medir, evaluar, el delito es un presupuesto decisivo para el éxito de cualquier investigación y, desde luego, para intervenir científicamente en la realidad delincuencial. Pero la problemática del «método» reviste especial complejidad^^. De una parte, el paso del lenguaje teórico conceptual, al operativo, y al estadístico-matemático, plantea dificultades epistemológicas considerables, por la doble fiínción del lenguaje como instrumento y, al propio tiempo objeto de la investigación social. De otra, la naturaleza sui generis, social, del delito, realidad que suscita definiciones jurídicas y sociales discrepantes, relativiza y dificulta aún más la elección de u n a metodología adecuada. Y, desde luego, impide el consenso en la materia. De hecho, la experiencia parece abonar la necesidad de un pluralismo, quizás sincretismo, metodológico. El investigador debe simultanear diversas 'fuentes' de datos y servirse, también, de métodos distintos que permitan contrastar los respectivos resultados obtenidos (cuantitativos y cualitativos)^^.. ~ , -rr'- •
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d) La polémica

doctrinal

sobre el método: jalones de la

Las concepciones criminológicas, en general—^y las metodológicas en particular—, h a n experimentado u n a profunda evolución en el pasado siglo. Hasta el punto de que todo cambio sustancial de las primeras conlleva u n nuevo «método». El paso de la escuela Clásica a la Positiva se caracteriza, ante todo, por la sustitución del método abstracto, formal y deductivo de la primera, por el método empírico, positivo, inductivo del positivismo criminológico. Las corrientes funcionalistas, interaccionistas y marxistas verifican sus respectivos marcos ideológicos con sendos métodos: el funcionalista, el interaccionismo simbólico y el materialismo dialéctico.
El término «método» se comprende aquí en su acepción más lata: no ya en el sentido de modus operandi[méXoáo empírico), o de «técnicas de investigación».

Pero esto no significa actitud alguna de recelo hacia los métodos matemático-estadísticos —uno de los métodos de la Criminología empírica— sino u n a llamada de atención ante la Adecúente absolutización de los mismos, ante su empleo ilimitado e indiscriminado, ante su abuso. Porque estos métodos son imprescindibles en la investigación empírica, por ejemplo, para establecer repartos de fi'ecuencias y correlaciones o para el análisis de hipótesis (análisis estadístico); ahora bien, la observancia de las reglas matemático-estadísticas no puede suplir la necesaria corrección material ni la rigurosidad en la recogida de datos^^. Como se ha resaltado acertadamente^*, pese a la especial preferencia de la investigación empírica por los métodos «cuantitativos», la Criminología no ha de abandonar el estudio del «caso particular».
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Como quiera que al exponer en su momento la evolución de las teorías de la criminalidad se h a r á la oportuna referencia a las premisas metodológicas de cada escuela o directriz criminológica, baste aquí con una remisión a los posteriores capítulos para evitar repeticiones innecesarias
35

Q <i\\iaj^ '6 =!•••-' .a s^npjofidoiqmo j Y'-Í'^^'^^^^^^'-^

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Xáaoa/w 4. TÉCNICAS D E INVESTIGACIÓN E N CONCRETO A) Enumeración y clasificación investigación c r i m i n o l ó g i c a de las p r i n c i p a l e s t é c n i c a s de ,. ^ jyiíO'tJviii \

La Criminología, como ciencia empírica e interdisciplinaria, se sirve de un sinfín de técnicas de investigación. Sin pretensiones de exhaustividad, cabe citar, entre otras^'^:
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Así, CANTERAS MURILLO, A., La encuesta social en la medición del delito: victimización y autodenuncia, cit., pág. 111. Cfr., CANTERAS MURILLO, A., La encuesta social en la medición del delito: victimización y autodenuncia, cit., págs. 111 y ss. CANTERAS MURILLO, A., La encuesta social en la medición del delito: victimización y autodenuncia, cit., pág. 12. Así, GÓPPINGER, H., Criminología, cit., pág. 78. ( Cfr., GÓPPINGER, H., Criminología, cit., págs. 76 y ss.

'^

Sobre el problema. Detalladamente, MIRALLES, T-, Métodos y técnicas de la Criminología, cit., págs. 53 a 91; también: Theoretical Methods Criminology (edit. por R.F. MEIER), 1985, Saga Publications. Así, RODRÍGUEZ MANZANERA, L., Criminología, cit., págs. 54y 55; FIGUEIREDO DÍAS, J./DA COSTA ANDRADE, M., Criminología, cit., Coimbra Edit. (1984), págs. 113 y ss. •--;.liiií¿k::-J-U\J~iiJx: -f -HiJíJIÍí\.iH.íi^t^i^f
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TRATADO DE CRIMINOLOGÍA

261

1') Técnicas estadíst¡cas{^\iQ merecerán un estudio pormenorizado en su lugar). 2') Biológicas {y<^., estudios genéticos). 3') Biotipológicas {yQ., estudios corporales para elaborar «tipologías»). o b t í i ^ 4') Antropoióg/cas (áe corte antropométrico, cultural, etc.). ^^ : 5) Psicológicas {^Qx ejemplo, tests, entrevistas, etc.). • 6') A/iSíTÍ'C'^s (así, exploraciones con aparatos, análisis, etc.). kif"' 7'^ Sociológicas{\/Q., observación y experimentación de laboratorio o de campo). |f{_ 8') Criminalísticas (por ejemplo, estudio del lugar de los hechos, análisis de laboratorio con técnicas dactiloscópicas, fotografías, químicas, etc.) 9') C///7/ca5 (historial clínico del infractor). 10') Biográficas {asÁ, los estudios longitudinales, biografías y autobiografías de delincuentes). 11') Documentales (miormes, expedientes, memorias de organismos, etc.). 12') Bibliográficas (producción científica: tratados, artículos de los diversos expertos, etc.). 13') Psiquiátricas{BS\, exámenes del delincuente por especialistas, electroencefalograma, etc.).

Cabe, pues, una perspectiva cualitativa o estructural{^q. grupos de discusión, entrevistas, biografías, como técnicas de producción primaria; o el llamado análisis estructural de textos, como producción secundaria); y otra cuantitativa o distributiva (vg. encuestas sociales).

" En el ámbito de las técnicas cuantitativas, existen a su vez, dos opciones: el análisis o explotación de los datos oficiales obtenidos por las instancias del sistema (policial, judicial y penitenciaria), esto es, técnicas «secundarias», y las «primarias», que obtienen con autonomía plena y con métodos propios los datos deseados (vg. técnicas alternativas como las encuestas de vlctimización o los informes de autodenuncia)^''.

B) Particular

referencia al método

estadístico

Atendiendo a los campos de comprobaciones, cabe clasificar las diversas técnicas en tres grandes grupos^''. . j,,- • ^ •
. , 1') Comprobaciones documentales e informaciones escritas. Así, entre otras muchas, la información que pueda brindar el Registro de Antecedentes Penales, los sumarios y procedimientos penales, los «protocolos del recluso» o los expedientes instruidos por autoridades tutelares de menores; o los informes que puedan recabarse de centros e instituciones (escuela, parroquia, ayuntamiento, empresas, etc.). 2') Comprobaciones con terceras personas^ comprobaciones sobre el medio o entorno social. Por ejemplo, entre otras, las encuestas a familiares próximos sobre la biografía, historial médico y antecedentes sociales específicos del examinado: actividad laboral de éste, círculo de amistades; comprobaciones dirigidas a captar y describir la «atmósfera» de la esfera social de aquél; en su caso, historiales médicos de las clínicas y testimonio de las víctimas. ,,. 3') Investigaciones y comprobaciones directas sobre la persona examinada. Así, los reconocimientos médicos, las exploraciones y entrevistas, su observación, la discusión en grupo y el experimento, los tests psicológicos, los métodos de medición, los métodos sociométricos, etc.
"t'á'^ ÍVt t í í j rr^friJfííiJ^O^i ZixJ ÍLlímxii.'r.

En cuanto a las técnicas estadísticas, cabe clasificarlas con arreglo a dos criterios fimdamentales: la naturaleza y finalidad de las mismas, y su origen o fuente de procedencia. 1') Por razón de su naturaleza se distingue entre: , ,„..,,

j-fj • ^ '•^ P<

a) Estadísticas de masas o de series^".
Las primeras abarcan lá totalidad de la actividad criminal de una población dada. Suministran una información valiosa sobre la composición y fluctuaciones del fenómeno criminal. Las estadísticas de seriesX\enev\ por objeto verificar las anteriores y comprenden sólo un número restringido de casos; permiten autentificar o contradecir los resultados obtenidos por las estadísticas de masas.

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b) Estadísticas estáticas o dinámicas'*^. O, para ser más exactos, «formas de observación» estáticas o dinámicas, ya que estos métodos apenas si tienen algo que ver con los del moderno análisis estadístico (fórmulas matemáticas y modelos de evaluación). , , . , . ,.,,j,j^:í .,<i -,,fcí>biÍK-

Considerando la estructura de las respectivas técnicas de investigación criminológica y la virtualidad generalizadora de los resultados obtenidos, cabe distinguir dos grandes categorías: métodos cualitativos y cuantitativos^^.

40 41

^"^ Así, GOPPINGER, H., Criminología, cit., págs. 100 y ss. ^^ Cfr. CANTERAS MURILLO, A., La encuesta social en la medición del delito: vlctimización y autodenuncia, cit., págs. 112 y 113. ,

Cfr., CANTERAS MUTILLO, A., La encuesta social en la medición del delito: vlctimización y autodenuncia, cit., pág. 113. Distinción de PINATEL, J., Tratado de Criminología, cit., pág. 64. La terminología procede de EXNER, F., Kriminologie, cit., 1949, págs. 14 y ss. Cfr. GOPPINGER, H., Criminología, cit., págs. 89 y ss., a quien se debe la puntualización terminológica que se asume en el texto («formas de observación»).

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Las formas de observación e^/á/zt^s contemplan su objeto en reposo"^, en un mismo período de tiempo. Expresan sus resultados en cifras «absolutas», sirvién»4Siiit dose de «figuras», normalmente un círculo con secciones del mismo. Así, en base a la estadística criminal de un año, se establece qué participación porcentual tiene el sexo masculino o el femenino y los diversos grupos de edad en el volumen total de la criminalidad registrada, y en los diversos tipos de delitos; qué cuota en ésta 8' significa cada delito en particular, su volumen y composición, etc. ai. Por el contrario, las formas de observación í7'//7<3/77/£»5contemplan la criminalidad "ino^^wen movimiento», esto es, sus oscilaciones a lo largo de un determinado período. La BnS'íc comparación, por tanto, de los respectivos datos estadísticos versa sobre ámbitos QffjQ. temporales distintos. Las «curvas de criminalidad» se sirven entonces de «cifras " relativas», no de valores absolutos, y la representación gráfica de los resultados obtenidos suele llevarse a cabo mediante diagramas con columnas o curvas. Tanto los modelos estáticos como los dinámicos tienen en común la característica esencial del método estadístico: la comparación; comparación que puede ser «interna» (de grupos de delitos entre sí) o «externa» (contraponiendo la población no criminal y la criminal)"^. B OÍSSflfl >9itígBl'j BdBO ,?.mv Boiaoéi SBÍ

Por el contrario, los self-reporter survey (informes de autodenuncia) V los victimization studies (encuestas de victimización) son técnicas de investigación dirigidas específicamente al conocimiento de la criminalidad real no registrada, que permiten desvelar algunos interrogantes de la «cifi'a negra». Unos y otros tienen aplicaciones diferentes. Los primeros (los selfreporter survey) posibilitan el cálculo del número real aproximado de infractores, así como la frecuencia con que lo hacen; constituyen un instrumento de trabajo útil para contrastar las tasas oficiales de criminalidad y, sobre todo, para evaluar las tasas de prevalencia de determinados delitos en referencia a concretos colectivos (vg. jóvenes); facilitando (gracias al manejo de datos psicosociales) el estudio de carreras delictivas y el seguimiento en estudios con grupo de control de la variable escogida. Los estudios de victimización (victimization studies) son más indicados para averiguar el volumen global y naturaleza de las acciones delictivas cometidas durante u n período de tiempo y en u n ámbito espacial determinado. Contribuyen, también, al mejor análisis de la dinámica de la denuncia y persecución penal de los delitos''^. odaiÍJrSb ísoíi oinua Ja na HHmhhm f^min'i ».i's* i Excurso: cifra negra, atrición y técnicas de estimación de la criminalidad real (informes de autodenuncia y encuesta de victimización). La encuesta social y la estim.ación de las tasas reales de criminalidad g BBP tmwm i La perpetración de u n hecho delictivo pasa, a menudo, inadvertida, no trasciende a terceros, o trasciende, pero éstos, por muy diversas razones, no denuncian el mismo, de modo que ni siquiera llega a conocimiento de la autoridad competente para perseguirlo y castigarlo. Otras veces la denuncia no da su fruto: no se abre la oportuna investigación o arroja u n resultado final negativo. Pues la autoridad policial j la judicial filtran y seleccionan aquellas pretensiones punitivas que — ajuicio de estas últimas— requieren y merecen la respuesta oficial del Estado. La propia persecución formal del hecho denunciado, por otra parte, no siempre concluye con una sentencia condenatoria para el presunto infractor ni éste cumple, en su caso, u n hipotético castigo impuesto. Ni todo delito cometido trasciende, ni todo delito conocido se
/i)r1 ^oibüJáa íá; B-s£;q <.,^C.ÍV. qaS h: bouoH r j
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c) Estudios o esquemas de pronóstico y tablas de predicción.
Las estadísticas son descripciones «transversales» del crimen (como las biografías son descripciones «longitudinales»). Se limitan adeterminaciones «atomizadas» del comportamiento examinado. Las tablas de predicción y pronóstico evalúan las probabilidades de delinquir — o de reincidir— de un sujeto determinado. En definitiva, pues, se proponen elaborar E estadísticamente los resultados de los follow-upstudies, permitiendo el equivalente te a una experimentación criminológica''''. >ijisv noioenmoini ñn\¡ .lÉfuffincí uii. nebneiQ; ^ •; t'-i6?Bhgoitnev ofatcío -¡Qq ^9^9i}^^\•\s^ sb sBoiísibBtas;

'B .'(j) Estadísticas,

«self-reporter survey» y «victimización

studies»*''.

Las estadísticas reflejan valores de la criminalidad oficial «registrada». No pueden captar, como es lógico, el llamado «campo negro»'"^ que no se recoge en las mismas.
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42 43

44 45

Así, EXís'ER F . KnmmologTe c i t , 1949, pags 14 v ss rif'!f,fii oi En general, sobre estas dos modalidades estadísticas, vid., GÓPPINGER, H., Criminología^ cit., págs. 89 y 90. En este sentido, PINATEL, J., Tratado de Criminología, cit., págs. 73 y 74. Vid. CANTERAS MURILLO, A., La Encuesta social en la medición del delito: victimización y autodenuncia, en: Delincuencia, 1991, 3, n- 1/2, págs. 109 y ss. Sobre el concepto de «campo negro», vid. MEIER, O., Dunkelziffer und Dunkelfeld, 1956, Bonn, págs. 4 y ss.; KAISER, G., Kriminologie, cit., págs. 233 y ss. (y bibliografía allí citada); GÓPPINGER, H., Kriminologie, cit., págs. 158 y ss. (y bibliografía allí reseñada); SIEGEL, L.J., Criminology, cit., pág. 7; VETTER, H.J-SILVERMANN, I.J., Criminology and Crime. An Introduction, cit., págs. 33 y ss.

Así, GÓPPINGER, H., Criminología, cit., pág. 96. Vid. infra, capítulo VI.

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TRATADO DE CRIMINOLOGÍA

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denuncia, ni todo delito denunciado se persigue, ni todo delito perseguído se castiga, ni toda condena impuesta se cumple. Estas y otras muchas circunstancias explican de antemano la insuficiencia de la información que sobre la criminalidad real pueden suministrar las estadísticas oficiales y el ostensible distanciamiento entre sus respectivos valores: los «reales» y los «registrados» o estadísticos. Con razón se refirió ya EXNER''® a la «gran cruz de la estadística criminal». En la Sociología Criminal se utiliza, precisamente, el concepto de «atrición» para designar el citado distanciamiento entre los valores en cada caso obtenidos (no sólo los «oficiales») y los reales: los primeros son siempre más reducidos, inferiores. El fenómeno, inevitable, puede detectarse en cualquier segmento del proceso social a propósito del comportamiento de todos sus agentes e instancias criminalizadoras (vg., codelincuente que no delata, víctima que no denuncia, policía que no investiga, fiscal que no acusa, juez que no condena, etc.). Obviamente, los sucesivos recortes o filtros del hecho real («atrición» equivale a reducción, disminución, selección, etc.) se acumulan de forma progresiva y alcanzan sus cotas máximas en el punto final de dicho proceso («valores oficiales» del control social formal, versus «valores reales»)^^. En el caso de este último (el control social formal) la discordancia entre valores «oficiales» y los reales, en perjuicio de los primeros, mucho más reducidos, se explica por el hecho de que los agentes e instancias de dicho control formal tengan que operar con definiciones formales de delito y estricto acatamiento de la legalidad penaF°. Por su parte, los términos «cifra negra» y «campo oscuro» o «zona oculta» t r a t a n de reflejar también la mencionada disfunción, pero desde una perspectiva diferente y con el auxilio de instrumentos conceptuales
- i u o í j f í i i JxiíijJ l ^ m ' ',-t ' j ' . i i , 4-^ ijl . 0

propios, sui generis. La «cifra negra» alude a un cociente (concepto aritmético) que expresa la relación entre el número de delitos efectivamente cometidos y el de delitos estadísticamente reflejados. Por el contrario, el término «campo negro» o «zona oscura», etc., comprende el ámbito o conjunto genérico de acciones delictivas que no encuentran reflejo en las estadísticas oficiales^^ y es, por tanto, u n concepto mucho más ambiguo que se conforma con describir, sin ninguna cuantificación aritmética, la discordancia existente entre unos y otros valores. Si, como parece desprenderse de estimaciones recientes dignas de crédito, u n elevadísimo número de delitos efectivamente cometidos ni siquiera llega a conocimiento de la policía^^, es obvio, entonces, que las estadísticas oficiales sólo detectan la punta del iceberg, pero no su volumen real «sumergido», pues no son u n instrumento idóneo para informar sobre el volumen, estructura, dinámica y desarrollo del fenómeno delictivo real. Dicha limitación intrínseca de las estadísticas oficiales explica el interés que h a n despertado desde hace bastantes lustros otros instrumentos alternativos especialmente indicados por razones metodológicas (adecuación al objeto) para estimar y evaluar la criminalidad oculta, real: los informes de autodenuncia y las encuestas de victimización. Un segundo factor contribuye al éxito de estas técnicas: la crisis de la denominada «ley de las relaciones constantes» (postulado tradicional que estimaba «constante» el volumen de la criminalidad real y representativo, en todo caso, de ésta los valores de la «registrada»)^^.

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EXNER, F., KrimiTiologie, Berlín (3 ed ), 1949, pag I S . ' ' ' ' Í-r- *^^> Sobre el «proceso de atrición», vid., CANTERAS MURILLO, A., La encuesta social en la medición del delito: victimización y autodenuncia, en: Delincuencia, 1991 (3), n^ 1/2. Vid. ALVIRA, F., y RUBIO, M- A., Victimización e inseguridad: la perspectiva de las encuestas de victimización en España (ponencia presentada por los autores al I Congreso Nacional de la Sociedad Española para el Estudio, Prevención y Tratamiento de la Delincuencia, que tuvo lugar del 2 al 6 de diciembre de 1986 en Las Palmas de Gran Canaria, págs. 2 y ss.), en: Revista española de investigaciones sociológicas, 18 (1982), págs. 29 a 50. ,

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Cfr. GÓPPINGER, H., Criminología, cit., pág. 93; SCHNEIDER, H.J., Kriminologie, cit., págs. 182 y ss. Así, SKOGAN, W.G., Dimensions of the dark ñgure of unreported crime (Crime and Delinquency, 23, 1977, págs. 41 a 50). Cfr. BARLOW, H.D., Introduction to Criminology, 1984, pág. 107. Otras estimaciones: SIEGEL, L.J., Criminology, cit., págs. 77,85 y ss.; VETTER, H. J., y SILVERMAN, I. J., Criminology and Crime, cit., págs. 49 y ss.; KAISER, G., Criminología, una introducción a sus fundamentos científicos, cit., págs. 140 y 141; RODRÍGUEZ DEVESA, J. M-, Derecho Penal Español, P.G. (1985), págs. 82 y ss.; CANTERAS MURILLO, A., La encuesta social en la medición del delito: victimización y autodenuncia. En: Delincuencia, 1991, 3, núm. 1/2, pág. 115. Sobre la crisis de la ley de las relaciones constantes y las opiniones de TH. SELLIN, I. ANTTILLA, L. D. SAVITZ y otros, al respecto, vid.: SCHNEIDER, H.J., Kriminologie, cit., pág. 183. En igual sentido: CANTERAS MURILLO, A., La encuesta social en la medición del delito: victimización y autodenuncia. En: Delincuencia, 1991, 3, núm. 1/2, págs. 114 y ss. _ ,. . , , :• ',•

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En efecto, desde QUETELET^* se presumía la existencia de una relación constante entre la criminalidad «real» y la «registrada». Según esto, la «cifra negra» era también u n a magnitud constante y los datos estadísticos, aun muy inferiores a los reales, representativos de éstos Por ello, no preocupaba un conocimiento preciso de la criminalidad real a pesar de que existía plena conciencia sobre la limitada información que sobre la misma pueden ofrecer las estadísticas oficiales. Cuestionada sin embargo, esta premisa teórica en el campo de la Sociología, el estudio de la criminalidad real, su plena autonomía y la necesidad de contar con técnicas e instrumentos ad hoc para su estimación, cobran creciente interés metodológico^^. Pues no cabe duda de que cualquier modelo teórico que pretenda una explicación científica del comportamiento delictivo y todo programa político-criminal dirigido a su prevención y control h a n de partir de la criminalidad efectiva, real, careciendo de la más elemental credibilidad y verismo si no cuentan con instrumentos adecuados para delimitar y cuantificar siquiera el problema al que se refieren. Esa es precisamente la meta de los informes de autodenuncia y de las encuestas de victimización.
P o r ú l t i m o , el i m p u l s o t e ó r i c o d e f i n i t i v o a f a v o r de estas técnicas de investigaciónprocede dellabelingapproach. Porque ellabelingapproach p o l a r i z a e n t o r n o a l a c i f r a n e g r a — s u a u t é n t i c a p i e d r a de t o q u e — las m á s s i g n i f i c a t i v a s p r e m i s a s d e l m i s m o : l a « n o r m a l i d a d » d e l d e l i t o , su « u b i c u i d a d » y l a a c t u a c i ó n s e l e c t i v a , d i s c r i m i n a t o r i a , d e l c o n t r o l sociaF^. Siendo, pues, abrumadora la desproporción que existe entre el número de delitos que se cometen y el número de delitos que detectan las instancias del sistema legal, la medición y evaluación de la criminalidad real resulta una auténtica incógnita que solo cabe despejar mediante encuestas sociales, esto es, mediante consultas representativas, bien al autor del delito, bien a la víctima^^. De este modo, la encuesta :' 5 ' social colma una significativa laguna, convirtiéndose en la técnica de investigación más adecuada para cuantificar la criminalidad real. Pero, además, es un instrumento
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válido para analizar socioestructuralmente la propia etiología de dicha criminalidad. Dar a conocer la afra negra (por contraste con los datos oficiales) y resaltar las particularidades que rodean la etiología del crimen, con relación al agresor, y respecto a la víctima, son dos de las principales funciones de la encuesta sociaP", por cierto complementarias. A su vez, las encuestas sociales pueden contrastarse con otras técnicas que analizan y explotan datos oficiales (así: atrición, regresión, análisis de series temporales, tendencias, etc.), permitiendo la utilización coordinada de todas ellas un conocimiento más realista y matizado del crimens^. Es obvio que nosólocambiosde rumbo de la Política Criminal (neocriminalización versus descriminalización) inciden significativamente en los valores estadísticos oficiales, sino también la propia reacción social, que condiciona el volumen y estructura de la criminalidad. Sería ingenuo desconocer, por ejemplo, la influencia selectiva y discriminatoria de ciertas variables (sexo, edad, status del agresor, etc.) en la actuación del control social formal, o incluso en los otros partícipes del delito (vg. el fenómeno de la «caballerosidad» del infractor). Por ello es imprescindible el empleo de técnicas de investigación social diversas y complementarias capaces de estimar las tasas reales de criminalidad. tr " ^ P ' M í r s

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Metodológicamente sigue constituyendo un problema la evaluación del crimen real que padece u n a sociedad. En primer lugar, porque realidad del crimen y percepción de éste suelen discrepar. Imágenes y estereotipos interesados sobre el delito, fenómenos sutiles como el miedo a la victimización y estrategias que manipulan dicho temor apelando a fibras muy sensibles del ciudadano mediante la guerra de cifras desfiguran y distorsionan la realidad. A esto se añade un segundo factor, que dificulta (desde u n punto de vista epistemológico) y relativiza (técnicamente) el análisis del crimen, conduciendo a u n a dispersión metodológica inevitable: la naturaleza social de aquéP°. Las limitaciones propias del lenguaje, que es instrumento y objeto de la investigación social; el tránsito de los conceptos teóricos a los conceptos operativos y la traducción estadístico-matemática de éstos, así como la superposición cronológica de definiciones sociales y jurídicas acerca de u n a misma conducta irregular convierten la elección del método idóneo para analizar el crimen en u n problema de primera magnitud. Por ello, la investigación social científica sugiere un sano y fructífero pluralismo metodológico. Parece conveniente contrastar los datos y resultados
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CANTERAS MURILLO, A., La encuesta social en la medición del delito: victimización y autodenuncia. En: Delincuencia, 1991, 3, núm. 1/2, pág. 115. CANTERAS MURILLO, A. , La encuesta social en la medición del delito: victimización y autodenuncia. En: Delincuencia, 1991, 3, núm. 1/2, págs. 115 y 116. CANTERAS MURILLO, A., La encuesta social en la medición del delito: victimización y autodenuncia. En: Delincuencia, 1991 (3), núm. 1/2, págs. 110 y ss. J M 1

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obtenidos a partir de diferentes fuentes y disciplinas para asegurar e incrementar el poder explicativo del modelo o hipótesis de trabajo. Interesan tanto enfoques cualitativos y estructurales, como cuantitativos y estadísticos. Tanto el uso de técnicas de obtención primaria de datos, como el de investigaciones secundarias que explotan los obtenidos por instancias oficiales. Tanto encuestas sociales que aportan una información propia y autónoma sobre el crimen real no registrado, como otras técnicas de explotación de datos oficiales, complementarias pero muy útiles (vg. atrición, regresión, análisis de series temporales, tendencias, etc.)'^\ E n todo caso, la encuesta social es la técnica más adecuada no solo para cuantificar la criminalidad real (contrastando la tasa oficial de c r i m i n a l i d a d y la c r i m i n a l i d a d o c u l t a ) sino p a r a a n a l i z a r socioestructuralmente la propia etiología de aquélla''^. Informes de autodenuncia y encuestas de victimización merecen u n examen más detenido''^ ,^.. ...^ ,,;,,,,,,, ,„.„>,
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Cronológicamente esta técnica precede a las propias encuestas de victimización, habiéndose utilizado ya en la década de los cuarenta, pero alcanzó popularidad y cartas de naturaleza a raíz del trabajo de J. F. SHORT y F. I. NYE (1958) sobre delincuencia juvenil y clase social. Desde entonces, y u n a vez generalizada, son muchas las investigaciones criminológicas que se h a n servido de los informes de autodenuncia®^. A diferencia de lo que sucede con las encuestas de victimización, conocen los informes de autodenuncia diversas modalidades en cuanto a la forma de estructurar las preguntas y elegir la propia muestra. Así, mientras en el estudio de SHORT y NYE se emplearon, a la par, u n a lista de conductas delictivas y antisociales, de u n a parte, y determinadas variables sociodemográficas, con intención de cruzarlas, en el National Youth Survey norteamericano, de 1967, por ejemplo, se operó exclusivamente con entrevistas personales. Lo mismo puede afirmarse en cuanto a la selección de la muestra, si bien todas las investigaciones cuentan con uno o más «grupos de control» (unas veces se toman poblaciones escolares, otras no)^''.
Tanto el diseño de muestras, como las variables escogidas, y el modo de obtener la información deseada y estructurar su contenido, ofrecen un vasto repertorio de opciones y modalidades poco homogéneas en este tipo de encuestas. Cabe observar, no obstante, la tendencia a elaborar un diseño muestral progresivamente más complejo, lo que explica el escaso número de informes de autodenuncia de ámbito nacional^^. ;.: 5\0}9,,éíOln;

'X'maB'gBmi .iBq&io&m 09le.ua.'éJéé eb iiojsqs-y'isq v; risniiio '< o' á») Los informes de autodenuncia^^ o self-reportersürvey pretenden, rnediante consultas, encuestas y formularios dirigidos a la población general, obtener información fidedigna sobre la eventual participación en actividades delictivas durante un determinado período de tiempo, con independencia de que éstas hayan sido o no denunciadas a la policía y perseguidas^^.

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CANTERAS MURILLO, A., La encuesta social en la medición del delito: victimización y autodenuncia. En: Delincuencia, 1991 (3), núm. 1/2, págs. 112 y ss. CANTERAS MURILLO, A., La encuesta social en la medición del delito: victimización y autodenuncia. En: Delincuencia, 1991 (3), núm. 1/2, pág. 115. Una completa reseña bibliográfica sobre ambas, en: CANTERAS MURILLO, A., La encuesta social en la medición del delito: victimización y autodenuncia. En: Delincuencia, 1991 (3), núm. 1/2, págs. 139 a 144. Sobre los selfreport survey vid., entre otros: VETTER, H.J., y SILVERMAN, U-, Criminology and Crime, cit., pág. 48 y ss. (y bibliografía ya citada); SIEGEL, L.J-, Criminology, cit., págs. 67 y ss.; BARLOW, H.D., Introduction to Criminology, cit-, págs. 111 y ss.; GOPPINGER, H., Criminología, cit., págs. 95 y ss.; KAISER, G-. Criminología, cit., págs. 137 y ss.; CANTERAS MURILLO, A., en Delincuencia femenina en España. Un análisis sociológico. Madrid, 1990. Ministerio de Justicia, págs. 102 y ss.; SCHNEIDER H.J., Kriminologie, cit., págs. 184 y ss. Cfr. CANTERAS MURILLO, A., Delincuencia femenina en España, cit., págs. 10^ y ss., quien cita los estudios de AKERS (1964), CLARK y TIFFT (1966), D E N T L E K y MONROE (1961), ELLIOT y VOSS (1974), ERICKSON y EMPEY (1963),

En todo caso, se garantiza escrupulosamente el anonimato y confidencialidad de la consulta y de la respuesta, lo que es particularmente comprobable cuando se procede a la distribución en masa de cuestionarios. A diferencia de lo que sucede con las encuestas de victimización (técnica cuantitativa especialmente idónea para evaluar la cifra negra), los informes de autodenuncia se orientan, ante todo, a pretensiones cualitativas en torno a la etiología del delito y desde la perspectiva del

FARRINGTON (1973), GOLD (1966 y 1970), GOLD y REIMER (1975), GOUD (1969), HARDT y PETERSON-HARDT (1977), HINDELANG y cois. (1981), HIRSCHI (1969), PETERSILIA (1978), SHAPLAND (1978), VOSS (1963), WALDO^^ CHIRICOS (1972), WILLIAMS y GOLD (1972), etc. ^^ Vid. CANTERAS MURILLO, A., Delincuencia femenina en España, cit., pág. 102. g Así, CANTERAS MURILLO, A., Delincuencia femenina en España, cit., ibídem. * Vid. CANTERAS MURILLO, A., La encuesta social, cit., pág. 133. *

I

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infractor. Lo que justifica la utilidad de las mismas, ya que, de u n a parte, las encuestas de victimización ofrecen u n a información pobre sobre aquel, y, de otra, los datos oficiales estadísticos suelen presentarse de forma agregada —no individualizada— y solo operan con algunas, muy pocas, características sociodemográficas de los detenidos'^®. E n todo caso, los informes de autodenuncia son el instrumento más adecuado para estimar las tasas de prevalencia en determinados delitos y colectivos (por ejemplo, jóvenes), así como su etiología, facilitando, en base a datos psicosociales el estudio de carreras delictivas y las investigaciones criminológicas que operan con grupos de controF°. Una de las ventajas prácticas del empleo de informes de autodenuncia consiste en la posibilidad de obtener valiosa y matizada información sobre características personales del infractor (pobre, a menudo, en las encuestas de victimización), modos de comisión del delito y, sobre todo, actitudes y opiniones de éste, lo que unido a otras variables sociodemográficas, permite un enfoque psicosocial del problema de gran interés^^. Pero no termina aquí la operatividad de los self-report.
_. . ' Los informes de autodenuncia aportan datos relevantes sobre el infractor, su entorno familiar, características demográficas, personalidad, etc. Así, SHORT y NYE, en 1957, incluían cuestiones relativas a la ruptura del hogar; W\P&Q,W\, en 1969, sobre interés escolar y motivaciones; ELLIOT (1983), sobre estructrura familiar, 5/5/¿/5profesional, fracaso escolar, tendencias religiosas, etc.; HINDELANG (1981), sobre autonomía, humildad, relación con amigos, padres y policía, motivaciones, nivel de conocimientos, etc.^^.

detectado por las estadísticas, especialmente en el caso de las infracciones menos graves. Por el contrario, parece revelarse esta técnica investigadora como instrumento poco idóneo en otros campos: vg., en el de la delincuencia de «cuello blanco», prácticas monopolísticas delictivas, etc. Los self-report permiten calcular el número de individuos de u n a determinada población que h a n cometido hechos delictivos de diversa índole, así como la frecuencia con que lo hicieron; permiten también la comparación de los valores respectivos de la criminalidad real y la registrada y, desde luego, hacen posible las investigaciones de corte longitudinal sobre «carreras delictivas» a lo largo de vastos períodos de tiempo, así como todas aquellas otras que se propongan contrastar grupos delincuentes y grupos de controF^. Además, en la medida en que suelen contener numerosos ítems sobre actitudes, valores y características personales del infractor, aportan una información útil para verificar las diversas teorías explicativas del fenómeno criminal, completando nuestros conocimientos con una perspectiva que no pueden captar las estadísticas oficiales. Los informes de autodenuncia ofrecen u n a imagen mucho más realista, completa y matizada de la efectiva distribución de la delincuencia en el cuerpo social, poniendo de manifiesto la actuación selectiva (discriminatoria) del control penal, así como la incidencia injusta del factor clase sociaF* en el reparto de sanciones a los infractores. Que el volumen de la criminalidad no registrada es muy considerable, preocupante, y que la mayor parte de la delincuencia real no es siquiera detectada y perseguida por el control penal son dos de los datos que evidencian reiteradamente los informes de autodenuncia^^. Este tipo de encuestas {self-report) tiene, no obstante, importantes limitaciones, como advierte la doctrina^'': informan sobre infracciones de
i.ohíolr.h.itsrff iiYtfhafncí nrfoffi rrfrp
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Se h a n empleado, con excelentes frutos, para evaluar la delincuencia juvenil real (oculta), cuyo volumen sumergido es muy superior al .«un*
3fe|cM)'>''9Í>'#}íM%íJí|y-5í Hh íáfejHéiVid. CANTERAS MURILLO, A., La encuesta social, cit., pág. 133. Así, CANTERAS MURILLO, A., La encuesta social, cit., pág. 135. Las encuestas de autodenuncia distinguen entre «prevalencia» (número de personas que informan haber realizado el mismo tipo de conducta criminal una o más veces en un período de tiempo determinado) e «incidencia» (número de veces que se produjeron dichas conductas durante tal período temporal). La tasa de «prevalencia» se suele expresar como el % de población general que informó haber cometido cierto tipo de conducta delictiva. Por el contrario, la de «incidencia», en número de delitos por 100, 1000, 10.000 O 100.000 habitantes, siendo esta última más susceptible de comparación con los datos oficiales. Unmodelo de cuestionario detallado en BARLOW, H.D., Introduction to Criminology, reproduciendo los ítems del Self Report Delinquency and Drogs-Use (National Youth Survey), págs. 112-113. Vid., CANTERAS MURILLO, A., La encuesta social, cit., págs. 133 y ss.

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Así, HOOD, R., y SPARKS, R., Kriminalitát. Verbrechen, Rechtsprechung und Strafvollzug, Munich, 1970, pág. 12. Cfr. GÓPPINGER, H., Criminología, cit., pág. 96. Así, SIEGEL, L.J., Criminology, cit., pág, 70. Por todos: CANTERAS MURILLO, A., Delincuencia femenina en España, cit., págs. 102 y ss. Así, VETTER, H. J., y SILVERMAN, I. J., Criminology and Crime, cit., págs. 49 y 50. En general, todos los autores reconocen que los informes de autodenuncia se contraen a la delincuencia juvenil y, desde luego, a los hechos de escasa gravedad; vid. SCHNEIDER, H.J. (Kriminologie, cit., págs. 209 y ss.), evaluando la informa-

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escasa relevancia penal; aunque aportan datos valiosos sobre la etiología del delito, no sucede lo mismo con relación a la víctima de éste; el nivel de decisión que implica la autodenuncia hace que estas encuestas tengan escasa aplicabilidad a la población adulta, circunscribiéndose a lajuvenil; el tamaño de la muestra media de los informes de autodenuncia (unos 1.500 individuos) es muy inferior al de las encuestas de victimización (unos 60.000 casos), por lo que la utilidad de aquéllos como detector de la distribución espacial de la criminalidad se resiente, en términos comparativos; la propia t a s a de participación en los informes de autodenuncia es significativamente baja, y así como la fiabilidad de los mismos está acreditada, no puede asegurarse otro tanto de su validez, muy difícil de medir". 'ícticíl
Se ha objetado recientemente a las encuestas de autoinforme^^ que la mayor parte de los comportamientos que analizan no son delito en sentido' estricto, sino faltas, o incluso conductas meramente problemáticas; y que apenas se ocupan de la criminalidad de los adultos, entre otras razones, porque éstos no reconocen por lo general los hechos al entrevistador, no están dispuestos a referirlos.

desarrollo correlativo de tales self-report en la población adulta^^. De ahí que se ensayen durante los últimos lustros u n sinfín de mecanismos de verificación o contraste complementarios: por ejemplo, comparar la información obtenida con la que puedan suministrar las estadísticas policiales (cuando ello sea posible, que no suele serlo), el testing across time (el individuo es preguntado dos veces por el mismo hecho)^°, etc. Esto es, dado que la fiabilidad de los informes de autodenuncia es muy limitada, se t r a t a de neutralizar de algún modo la escasa garantía que ofrece el autoenjuiciamiento o la técnica de recogida de datos, de muy difícil control, a veces, mediante la interrelación de los métodos de verificación y control existentes. Pues lo cierto es que no existen técnicas alternativas para la estimación de la criminalidad real. Y que sólo cabe la modesta pretensión metodológica de disminuir la probabilidad de fallos, acudiendo a mecanismos de control complementarios que mitiguen las debilidades de los self-report^^. En España, hasta el momento, se h a llevado a cabo u n único informe de autodenuncia, por G. HUALDE y J. LOZONA, en Pamplona, y para la Fundación Bartolomé de Carranza^^. Se t r a t a de u n estudio sobre la situación, comportamiento, actitudes y valores de la juventud de Navarra, en el que se dedica u n apartado al análisis de la delincuencia.
La muestra representativa de 2.246 entrevistas a jóvenes de ambos sexos, con edades comprendidas entre los quince y los veintiún años, fue aplicada en Navarra durante los meses de abril, mayo y junio de 1982. Se preguntaba a los encuestados si habían cometido algún o algunos delitos en el año 1981. Las áreas concretas de investigación fueron: I. Hechos contra la seguridad en el tráfico: 1) infracciones de circulación; 2) conducción después de un excesivo consumo de alcohol. II. Hechos contra la propiedad: 1) hurto y robo de dinero y objetos: a) frecuencia e inicio de los hechos; b) tipo y valor de lo hurtado y robado; ,Süíl] 2) hurto de uso y hurto o robo de vehículos de motor; 3) daños materiales a las cosas noiaí: o propiedades de otros. III. Hechos contra la integridad personal. IV. Hechos contra " '-' la libertad sexual. V. Venta de drogas. VI. Manifestaciones ilegales''^

Por ello, la información que s u m i n i s t r a n los self-report interpretarse con suma cautela.

debe

En efecto, el informante no siempre admite la comisión de hechos delictivos, aunque sean de escasa trascendencia y se le asegure la confidencialidad de la consulta. A menudo oculta la verdad, la desfigura o exagera, o simplemente olvida lo que en efecto sucedió. La propia traducción de las definiciones legales a u n léxico asequible a los encuestados con frecuencia induce a error y no facilita la posterior comparación de los resultados obtenidos con los oficialmente registrados. Tampoco resulta sencillo verificar la validez y fiabilidad de la información obtenida de los self-report, dado que no existen técnicas de contraste y medición absolutamente convincentes, aunque se intenten algunas, según se verá a continuación. A todo ello se añade u n dato que problematiza más aún dicho propósito metodológico: la mayor parte de estos informes se contraen a la población juvenil y a hechos o actividades muy heterogéneas —en todo caso, de escasa gravedad—, faltando el

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ción que suministran los informes de autodenuncia realizados en los Estados Unidos y en los países escandinavos. Así, CANTERAS MUEILLO, A., La encuesta social, cit., pág. 135 y ss. Cfr. GARRIDO GENOVÉS y otros, Principios de Criminología, cit., pág. 119.

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P a r a una crítica de estas tecmcan de i n ve'^tigacion, \ i d SIEG E fj, L. J., Criminology, cit.,págs. 75y 76; VETTER,H.J.,ySILVERi\lAN,I.J., Crimmology andCrime, cit., págs. 53 y ss.; KAISER, G., Criminología, cit., págs. 138 y ss.; GÓPPINGER, H., Criminología, cit., págs. 98 y ss. orj-ísao-raa;». 3 '>B •:, Vid. SIEGEL, L.J., Criminology, cit., pág. 76. ' ' '"' ' ' Vid. KAISER, G., Criminología, cit., pág. 138. Sobre este informe de autodenuncia vid. CANTERAS, A., Delincuencia femenina en España, cit., págs. 105 y ss. Cfr. CANTERAS MURILLO, A., Delincuencia femenina en España, op. cit., págs. 106, 107 y ss.

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b») Encuestas de victimización

(victimization

studies)^*.

Constituyen u n a segunda fuente de información alternativa, ya que sus datos no proceden de las agencias del sistema legal, sino de la propia víctima del delito. a^; Suelen llevarse a cabo mediante cuestionarios estructurados en los que se pregunta al encuestado si h a sido víctima —o no— de algún delito (con independencia de que éste haya sido denunciado o no a la policía) durante u n período prefijado, y en caso afirmativo, de qué delito o delitos, cuántas veces, con qué frecuencia, de qué modo, etc.®®. Pueden ofrecer, por tanto, u n a valiosa información sobre características personales y perfil de la víctima, circunstancias que acompañan la comisión de los diversos delitos, modus operandi del infractor, actitud de la víctima y relaciones de ésta con el agresor, alcance del daño o perjuicios derivados del crimen, tiempo y lugar de comisión de éste, etc. Pero, ante todo, las encuestas de victimización permiten comprobar si la víctima denuncia o no denuncia el delito a las autoridades encargadas de su persecución y si ésta es efectiva^®. Se t r a t a de uno de los instrumentos más útiles para llevar a cabo u n a comparación de las tasas de criminalidad oficiales y no oficiales, detectando las cifras «negras» de las infracciones de escasa trascendencia^'^. Obviamente, contribuyen a u n a estimación del volumen real de la criminalidad —no aportan prueba definitiva alguna al respecto— y circunscriben su operatividad a los delitos convencionales (poco graves): en vano pretenderá obtenerse información válida sobre otras manifestaciones de la criminalidad (vg., los denominados delitos «sin víctima» o aquellos otros en cuya comisión haya intervenido el encuestado)'^^. gb c-cio.jar .,(
:,''' '*b\h\> V üOi? (d .BOrlcai ñrti '^h "i-iiiii -Í'KÍI, 1 SI' -oiv «* Sobre encuestas de victimización vid. ALVIRAMAKTÍN, F., y RUBIO RODRÍGUEZ, siiT M^ A., Victimización e inseguridad: la perspectiva de las encuestas de victimización en España, cit. (y reseña bibliográfica que recogen los autores); GÓPPINGER, H., Criminología, cit., págs. 96 y ss.; VETTER, H.J., y SILVERMAN, I.J., Criminology and Crime, cit., págs. 55 y ss.; SIEGEL, L.J., Criminology, cit., págs. 76 y ss.; BARLOW, H.D., Introduction to Criminology, cit., págs. 107 y ss.; CANTERAS " MURILLO, A., Delincuencia femenina en España, op. cit., págs. 96 y ss.; SCHNEIDER, H.J., Kriminologie, cit., págs. 187 y ss. *^ Un modelo de cuestionario en BARLOW, H.D., Introduction to Criminology, cit., pág. 108. ^^ Así, HOOD, R., y SPARKS, R., Verbrechen, cit., págs. 12 y ss. ^"^ Así, CANTERAS MURILLO, A., Delincuencia femenina en España, op. cit., págloo, citando a CHAMBLISS; resumiendo la información que aportan estas encuestas: SCHNEIDER, H.J., Kriminologie, cit., págs. 211 y ss. "^^ Cfr. SIEGEL, L.J., Criminology, cit., pág. 77. :«;. v • iíi v®l

La técnica de las encuestas de victimización surgió en la década de los sesenta en los Estados Unidos. En 1963 se aplicó, por primera vez, un cuestionario estructurado a u n a muestra de población para estudiar las víctimas del delito, generalizándose desde entonces la misma en otros países: Francia, Gran Bretaña, Canadá, Suecia, Dinamarca, etc. En España, según se verá, se empleó por primera vez en 1978, debiéndose atribuir dicho mérito a Francisco Alvira Martín, catedrático de Sociología de la Universidad Complutense, pionero en la materia.
El hallazgo principal de estas encuestas —que contribuyó, desde luego, al gran impacto de las mismas— fue la constatación de que obtenían valores de delitos cometidos muy superiores a los detectados por las estadísticas: los duplicaban o triplicaban. Por ello —entre 1970 y 1974—, se multiplicaron los estudios pilotos en los Estados Unidos, con la pretensión de verificar la sorprendente información derivada de tales victimizationstudies. Diseñados por la LawEnforcementAsistance Administration^ con la cooperación del U.S. Bureau oftiie Census, darían paso a un programa nacional [NationaiCrime Surve}) en dos niveles: urbano y nacional. El primero, suspendido en 1975, operaba con un muestreo estratificado en 26 grandes ciudades, siendo familias y centros de trabajo sus unidades de análisis. El segundo, de ámbito nacional y con muestras estratificadas también que cubrían 60.000 hogares y 15.000 lugares de trabajo. Este último tipo de encuestas es el que sigue realizándose en los Estados Unidos (integran la Coiiection of NCS DataT. El Nationai Crime Survey (NCS) suministra una imagen rica y matizada del volumen, estructura y características determinadas de la criminalidad en los Estados Unidos, sin las limitaciones propias de las estadísticas convencionales, como es el caso del Uniform Crime Report{\JC¥{), del FBI. I0'n« Responde a la estructura típica de la «encuesta panel» y su publicación es anual, .g- .desde 1973. A diferencia de lo que sucede con otras estadísticas (UCR), del NCS puede obtenerse información acerca de factores situacionales registrados en la comisión del delito, hora en que tuvo lugar, tipo de arma eventualmente utilizada por el agresor, número de personas implicadas en la comisión del hecho criminal — como infractores o víctimas—, sexo del agresor, raza y edad del mismo, relación de éste con la víctima. E incluso diversos datos relacionados con la víctima que no se recogen en las estadísticas oficiales: así, descripción precisa de características sociodemográficas, situación de aseguramiento —o no— de los bienes, gastos derivados del hecho delictivo, etc.^°. i'i En todo caso, el NCS ha puesto de relieve el elevadísimo y significativo número de delitos —incluso graves— que no llegan a conocimiento de la policía; la radical desproporción entre el número de delitos que detectan las estadísticas oficiales (UCR) y los crímenes efectivamente cometidos, cuatro veces superior este último si se comparan los valores del UCR y el NCS; así como también la regularidad y constancia de las tasas reales de criminalidad, a pesar de que las estadísticas

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Cfr. CANTERAS MURILLO, A., Delincuencia femenina en España, op. cit., pág. 97. Cfr. CANTERAS MURILLO, A., Delincuencia femenina en España, op. cit., pág. 98.

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oficiales acusan un alarmante incremento de los delitos registrados a lo largo de la pasada década (según el Bureau of Justice Statistics, 1984, habría sido el año con más bajas tasas de criminalidad real en los Estados Unidos durante los últimos doce años)^^

i ^Bi gssítoína Bbs&b egofaíiésiÍBian La fiabilidad de las encuestas de victimización depende, en buena medida, de la representatividad de la muestra, de la correcta obtención de datos y de la adecuada interpretación de éstos. Las encuestas de victimización suscitan delicados problemas^^ El cuestionario debe conseguir u n a aceptable traducción de las definiciones jurídico-penales al lenguaje cotidiano, de modo que el encuestado pueda comprender el alcance de las preguntas y que los datos así obtenidos admitan una comparación con los valores estadísticos oficiales. La elección de u n a muestra representativa, de máxima cobertura, plantea dificultades adicionales. No es sencillo, por ejemplo, decidir la unidad de muestras: ¿cómo se recaba información de menores de quince años?; ¿y la relacionada con comercios o locales que en núcleos urbanos pueden tener un elevado riesgo de victimización? El propio tamaño de la muestra —gigante— que requieren estas encuestas resulta, a menudo, disuasorio, desde el punto de vista del coste económico de la investigación. Baste con tener en cuesta que suele reputarse razonable u n a unidad de análisis media de 60.000 hogares o 15.000 puestos de trabajo, dada la tasa de victimización prevista (se calcula que la incidencia del crimen en la población es sólo de un 10 por 100) y el error de desviación derivado de la capacidad diferencial —según el entrevistador de que se trate— de obtener la información interesada. La información que ofrece la víctima debe analizarse con la oportuna cautela, siendo recomendables determinados mecanismos de corrección y control. Pues unas veces aquélla olvida u oculta delitos efectivamente sufridos por miedo al agresor o porque guardaba alguna relación próxima con los infractores (es recomendable, en estos casos, proceder al reverse record Checks, técnica de contraste que consiste en comparar la información de la víctima con la derivada de u n a muestra de fichas de denunciantes archivados por la policía). Otras veces, por el contrario, los
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entrevistados denuncian u n número de agresiones superior al de las realmente sufridas por los mismos, en cuyo caso la técnica de contraste pertinente (el forward record Check) es la opuesta. El analista h a de tener presente, además, posibles «desviaciones», bien porque no coinciden la calificación jurídica del hecho (según la policía y según el 'informante), bien porque, en virtud del denominado efecto telescoping en la percepción temporal de los sucesos, el hecho realmente acaecido al que se refiere el informante no coincide con el período cronológico preciso por el que se le pregunta.
Desde un punto de vista metodológico, las encuestas de victimización plantean algunas cuestiones técnicas sobre las que ha llamado la atención la doctrina"^. Así, y por lo que a la muestra se refiere, es necesario un número muy elevado de entrevistas para que el margen de error permita generalizar los resultados, toda vez que la incidencia de la victimización en la sociedad es baja. Circunstancia que se agrava por la periodicidad de esta clase de encuestas que han de repetirse a intervalos de seis meses (paneles), durante tres años. En cuanto a \aspreguntasa^ue integran el cuestionario, algunas se formulan de modo encubierto y escalonado, pretendiéndose con las mismas conocer, primero, si el hogar resultó victimizado y, caso afirmativo, cómo y hasta qué grado lo fue. El cabeza de familia suele ser interrogado sobre las cuestiones genéricas relativas al hogar, como lo son, también, los miembros de la unidad familiar mayores de catorce años^". Parece recomendable que las preguntas encub/ertasm\c\er\ el cuestionario y sólo después se formulen las relativas al hecho delictivo y sus circunstancias. En cuanto a los delitos, quedan por definición excluidos los denominados delitos sin víctima, no computándose, por lo general, los supuestos de victimización en serie con el objeto de evitar un sobredimensionamiento artificial de los datos. Delitos violentos y delitos contra el patrimonio constituyen el mercado criminal preferente de las encuestas de victimización. Sus í/^/ospermiten deducir dos clases de tasas de diferente relevancia estadística; la tasa de victimización y la tasa de incidencia. La primera expresa únicamente el número de personas afectadas por la comisión del delito. La tasa de incidencia se refiere solo al hecho criminal, aún cuando éste tenga un desarrollo continuado y secuencial e implique a varias personas como víctimas del mismo^^ Los datos suelen ofrecerse desglosados por sexo, edad, ingresos familiares y raza (en los delitos personales); por raza, ingresos y edad del,cabeza de familia (cuando 9b tesi onsiT-L

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Cfr. SIEGEL, L.J., Criminology, cit., págs. 77 y ss. y 84-85; VETTER, H.J., y SILYERMAN, I.J., Criminology and Crime, cit., págs. 56 y 57. Sobre los problemas que plantea al experto la confección de u n a encuesta fiable, vid. ALVIRA MARTÍN, F., y RUBIO RODRÍGUEZ, M'^ A., Victimización e inseguridad: la perspectiva de las encuestas de victimización en España, cit., págs. 6 a 11.

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Vid., CANTERAS MURILLO, A., La encuesta social, cit., págs. 118 y ss. La técnica del interrogatorio directo a cada miembro de la unidad familiar mayor de 14 años parece, sin embargo, que duplica artificiosamente el número de sucesos informados por el cabeza de familia, según observó Kalish (Cfr., CANTERAS MURILLO, A., La encuesta social, cit., págs. 119, nota 2). GAROFALO y HINDELANG advirtieron ya sobre la conveniencia de este doble recuento, porque si bien tasa de incidencia y tasa de victimización pueden coincidir (vg. cuando la unidad de análisis es el hogar), no es necesario que suceda siempre (por ejemplo, si dicha unidad es personal). Cfr. CANTERAS MURILLO, A., La encuesta social, cit., pág. 121. .^,,.

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lafamilia es la unidad del análisis); y por 100 establecimientos, tipo de establecimiento, ingresos anuales y número de empleados, en el supuesto de delitos contra locales de negocios. Además, los datos se desagregan por sexo, edad y raza de la víctima daños sufridos y valoración estimada para la reparación de los mismos. Finalmente' para recabar una información más matizada sobre la etiología úe\ delito, algunas encuestas de victimización incluyen una escala psicosocial que permite mensurar opiniones, actitudes y comportamientos relevantes. O incluso variables ambientales y factores relacionados con la percepción social del delito (así, nivel medio económico de la comunidad, tasa de criminalidad en el área del delito, perifericidad prácticas de seguridad de la víctima, etc.)^''.

c») En España se h a n realizado hasta la fecha escasas encuestas de victimización, aunque sólo tres de ellas lo son en sentido estricto; otras tres versan sobre inseguridad ciudadana y el sistema judicial, conteniendo exclusivamente algunos items sobre la víctima del delito''^ Interesan, pues, las realizadas en mayo de 1978 (CIS, E. núm. 1.152), noviembre de 1979 (CIS, E., núm. 1.206) y u n a última referida a datos del año 1983 cuyos resultados se comentarán a continuación.
Por las razones expuestas se prescindirá aquí de analizar las de contenido más amplio: la de noviembre de 1980 (CIS, E. núm. 1.251), sobre seguridad ciudadana en Madrid y su área metropolitana (muestra de 1.156 entrevistas a mayores de dieciochio años); marzo de 1982 (CIS, E. núm. 1.305), sobre sistema judicial de ámbito nacional y regional, sobreuna muestra de entrevistas a mayores de dieciocho años, y mayo de 1982 (CIS, E. Núm. 1.313), también sobre inseguridad ciudadana y con una muestra de 2.364 entrevistas, representativas de Madrid, Málaga y Zamora, a mayores de quince años, respectivamente^^

Procede una breve referencia a la ficha técnica (Je estas encuestas españolas de victimización, así como un sucinto análisis de sus resultados, siguiendo el autorizado comentario del propio ALVIRA MARTÍN.
La primera, de ámbito nacional, se llevó a cabo sobre una muestra aleatoria estratificada por cruce región-tamaño de habitat y representativa en el marco regional. El tamaño real de la muestra obtenida: 5.706 elementos, constituida por r<
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españoles de ambos sexos y mayores de dieciocho años. La recogida de datos se verificó mediante cuestionarios precodificados que elaboró el CIS. Dicho cuestionario tenía cuatro partes diferenciadas: una batería de preguntas sobre el sentimiento de seguridad ciudadana ante el ascenso de la criminalidad; otra sobre creencias y actitudes respecto al procedimiento judicial; una escala de gravedad de delitos, y, por último, una batería de preguntas para apreciar las tasas reales de victimización y la reacción de la víctima ante determinados hechos criminales. Se incluían, además, las correspondientes preguntas sobre características sociodemográficas del encuestado (edad, renta, ideología, profesión, estado civil, nivel de educación, etc.). La segunda encuesta de victimización (julio de 1979), de ámbito nacional también y representativo para el País Vasco, parte de una muestra de 2.520 elementos (520 del País Vasco, 2.000 del resto del Estado), españoles de ambos sexos mayores de dieciocho años. Quedaron excluidos los municipios de menos de 20.000 habitantes, de modo que dicha encuesta deja sin representación al habitat rural. La recogida de datos se llevó a cabo mediante cuestionario precodificado en el que, junto a los datos sobre victimización y sentimiento de seguridad ciudadana, se incluían ítems sobre la pena de muerte, medidas para hacer frente al incremento de la criminalidad, actuación de la policía, etc. La tercera encuesta, realizada por el CIS como la primera, se lleva a cabo en enero de 1980. Es de ámbito nacional, y el tamaño de la muestra es de 6.032 entrevistas (españoles de ambos sexos, mayores de dieciocho años). Todos los habitáis tienen representación en la misma. Parte de una muestra aleatoria estratificada (40 estratos) por cruce de región y tamaño de habitat, válida para ámbito nacional y regional. La variable «región», al igual que la de 1978, no tiene en cuenta el nuevo mapa autonómico, a fin de conservar una homogeneidad que permita la comparación de los resultados respectivos. El cuestionario coincide con el de la primera encuesta, con una particularidad: incorpora una batería de preguntas sobre creencias y consumo de drogas. Además de las encuestas citadas, deben relacionarse otras posteriores llevadas a cabo, también, por el CIS^^: 1) La n21251, de noviembre de 1980, sobre inseguridad ciudadana. Su muestra: 1156 entrevistas a mayores de 18 años. Ámbito de la encuesta: Madrid y su área \ HOK metropolitana. 2) La n^ 1305, de marzo de 1982, sobre el sistema judiciaL Muestra: 4985 'áíih'Ú'h sStjJilal entrevistas a mayores de 18 años. De ámbito nacional y con representación regional.
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Como sugieren P E N I C K y OWENS. Cfr. CANTERAS MURILLO, A., La encuesta social, cit. pág. 123. Tomo la presente información de ALVIRA MARTÍN, F., y RUBIO RODRÍGUEZ, M^, Victimización e inseguridad: la perspectiva de las encuestas de victimización ski en España, págs. 11 y ss.; y de CANTERAS MURILLO, A., Delincuencia femenina en España, op. cit., págs. 100 y ss. 98 Una relación de todas las encuestas de victimización realizadas en España entre 1978 y 1997, en: GARRIDO GENOVÉS, V. y otros, Principios, cit., pág. 130 (Cuadro

Una revisión de todas estas encuestas de victimización, en: PER STANGELAND, The Crime Puzzle. Crime Pattern and Crime Displacement in Southern Spain. 1995 (Málaga), M. Gómez Ediciones, págs. 82 a 9 1 . También, CANTERAS MURILLO, A., La encuesta social, cit., págs. 128 a 131; ALVIRA MARTÍN, F.; RUBIO, M^ A., Victimización e inseguridad: la perspectiva de las encuestas de victimización en España. Revista española de investigaciones sociológicas, GIS, Madrid (n° 18), 1982, págs. 29 a 50; GARRIDO GENOVÉS, V., Victiminology in Spain: The empirical studies, en: Kaiser, Kury edits. Victims and Criminal Justice, Max Planck Institut. Freiburg, Kriminologische Forschungsberichte, vol. 50 (1991); RUIDAZ GARCÍA, C , El miedo al delito. Apuntes para la reflexión. Cuadernos de Política Criminal, n*^ 48 (1992), págs. 931 y ss.

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3) La n^ 1313, de mayo de 1982. Sobre inseguridad ciudadana. Muestra: 2364 entrevistas a mayores de 15 años. Ámbito: Madrid, Málaga y Zamora. 4 y 5) En 1991 y 1992 el GIS realizó sendas encuestas para verificar si una experiencia personal como víctima influía o no en las opiniones del ciudadano sobre la ley y el orden'". Las preguntas al entrevistado eran poco precisas y diversas razones técnicas impiden comparar los resultados obtenidos con encuestas anteriores y posteriores'"^

Tiene interés, igualmente, la macroencuesta que el Ministerio del Interior encargó al GIS y éste realizó entre Diciembre de 1995 y Enero de 1996. La encuesta sobre delincuencia urbana se circunscribe a los municipios de más de 50.000 habitantes en 17 provincias (las de tasas más elevadas de criminalidad), esto es, u n a tercera parte de la población española mayor de edad^"^. Las personas encuestadas fueron 15.000.
De la encuesta se desprenden algunas conclusiones'"^ a) Un 17'6% de la población ha sido víctima de algún delito a lo largo del año. La mayor parte de los delitos consisten en robos de pequeñas cantidades de dinero y —sobre todo— sustracción de objetos en vehículos. b) Las cifras de robo con violencia o intimidación en las personas son muy elevadas (y, entre éstos, las tasas de victimización en la calle son más altas que en los domicilios'""). ^' • c) España muestra índices bajos de criminalidad sexual, comparada con países iáftei europeos. Menos de una de cada mil mujeres reconoce haber sido víctima de fi* sí agresiones sexuales (violación), si bien estos datos deben valorarse con cautela (no Bl et: siempre se quiere reconocer aunque la agresión haya tenido lugar)'°=. 9id08 ssinuQ^TCfaE
!-^na í»p! c(^ ^¿- ,s1RS9*!Éíiíí55ÍÜ!«f*élP*8í>íKf. 1°° Vid. PER STANGELAND, The Crime Puzzle, cit., pág. 82 y 83. >^ -' ^^ ^ Ajuicio de PER STANGELAND, los autores de las encuestas se esforzaron poco en j distinguir las diferentes clases de delitos por los que se preguntaban imprecisamen^ te al entrevistado. Además, ni siquiera se utilizaron los mismos conceptos y categorías en las dos encuestas, por lo que no permiten extraer conclusiones válidas sobre las tendencias del crimen, en general, ni sobre la evolución de delitos específicos (The Crime Puzzle, cit., pág. 83). Véase, en particular, las tablas 6i y 6ii que aporta el autor. "^ Sobre esta macroencuesta, vid. GARRIDO GENOVES, V. y otros. Principios, cit., págs, 122 y ss. |°5 Tomo las conclusiones de: GARRIDO GENOVES, V. , op. cit., págs. 124 y ss. Según STANGELAND, España presenta unos porcentajes de robos violentos semejantes a los de países como Brasil o Rusia, lo que se compensaría con los índices mucho más moderados -semejantes a los que se observan en otros países europeosde robos en domicilios (STANGELAND y otros. El blanco más fácil: la delincuencia en zonas turísticas. Valencia, 1998, Tirant lo Blanch, Cfr. GARRIDO GENOVES, V. y otros, op. cit., págs. 124). Sería incorrecto inferir de estos datos, sin más, la menor agresividad sexual de la cultura latina en comparación con la anglosajona ajuicio de GARRIDO GENOVES, V. y otros (op. cit., pág. 124). gchf.

d) Los índices de victimización que, en términos comparativos, arrojan las diversas encuestas realizadas entre 1978 y 1994 son muy aproximados'"''. Las diferencias se deben probablemente más a cuestiones metodológicas (mayor o menor precisión con que se formulan las preguntas al encuestado) que a diferencias reales'"^. e) Las tasas de denuncia varían ostensiblemente según el delito de que se trate. Un 88% de quienes sufren un robo de coche, lo denuncian, por un 707% en el caso de robo de vivienda, o de local, y un 67% en el supuesto de lesiones graves. Las tasas de denuncia más elevadas corresponden a los delitos de robo de coches (3 de cada 4 víctimas denuncian el delito a la Policía), los demás robos se denuncian menos, sobre todo, si las cuantías de los mismos no son significativas o si no cuentan con la cobertura de una póliza de seguro. Los delitos violentos (lesiones, agresiones sexuales) exhiben una menor tasa de denuncia, probablemente por miedo a represalias del agresor o porque la víctima considera inefectiva la respuesta de la Justicia'"''. En cualquier caso, las encuestas realizadas en Barcelona, durante los últimos años demuestran un significativo y generalizado incremento de las tasas de denuncia'"". También la Universidad Complutense, bajo la dirección del Profesor Amando de Miguel, ha realizado dos macroencuestas los años 1991 y 1992 que incluyen algunas preguntas sobre la experiencia criminal de la víctima del delito"". Los datos que arrojan tales encuestas son sensiblemente más preocupantes que los ofrecidos por el GIS'", pero de particular interés"^. A estos esfuerzos se añaden los realizados para ámbitos espaciales más reducidos, pero con notable rigor, en los últimos años, y periodicidad, por el Área Técnica de Seguridad Urbana dei Ayuntamiento de Barceiona (y otros que secundaron tal iniciativa). La Gomisión Técnica de la misma realizó dos encuestas ciudadanas para «captar el sentimiento de inseguridad en el momento presente, en contraste con la realidad objetiva de la delincuencia, o lo que es lo mismo, la dimensión real de la victimización»"^. Desde 1984 se puso en marcha un taller monográfico sobre la seguridad ciudadana y su percepción por los vecinos del Ayuntamiento de Barcelona cuyos estudios, datos y mediciones se elaboran
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^"'^ En este sentido: ALVIRA MARTÍN y RUBIO, Victimización e inseguridad: la perspectiva de las encuestas de victimización en España, en: Revista española de investigaciones sociológicas, GIS, n^ 18 (1982), págs. 29 y ss.; DE MIGUEL, A., La sociedad española 1993-1994. Madrid, 1994 (Alianza), Q. C-47, tabla 7.1. Cfr. GARRIDO GENOVES, V. y otros, op. cit., pág. 124. '°^ Cfr. GARRIDO GENOVES, V. y otros, op. cit., pág. 124, nota 6. "" Cfr. GARRIDO GENOVES, V. y otros, op. cit., págs. 125 y 126. Cfr. GARRIDO GENOVES, V. y otros, op. cit., pág. 126. no Vid. DE MIGUEL, A., La sociedad española 1993/1994., Alianza Editorial, 1994. u i Vid. PER STANGELAND, The Puzzle, cit., pág. 84. Criticando el rigor metodológico del macroinforme, PER STANGELAND, The Crime Puzzle, cit.,_págs. 84 y 85. "^ Vid. LAHOSA CANÉELAS, J. M-, La percepción de los ciudadanos de Barcelona de la seguridad ciudadana. Las encuestas de victimización, en: Papers d'estudis i formado. El Derecho Penal y la víctima, 1992 (Marzo), núm. 8, pág. 202.

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anualmente"". Siguiendo tan necesaria iniciativa, han proliferado ya, afortunadamente, investigaciones de semejante naturaleza en Alicante (1988 y 1989), Baleares (1989/1990), Sabadell (1989 y 1990), Mancomunidad de Municipios del Área Metropolitana de Barcelona (1989 y 1990), etc. El informe anual se elabora sobre la base de 7200 entrevistas telefónicas a vecinos residentes en Barcelona (desde 1984) y contiene preguntas sobre el número de veces que han sido víctimas del delito en un año, precauciones que han adoptaron y miedo al crimen. También se entrevista a dueños de establecimientos comerciales, aunque en proporción reducida. Los datos de los sucesivos informes parecen avalar una actitud de moderado optimismo"^ en el vecino, si bien todo parece indicar que las tasas reales de victimización han experimentado una reducción notable, especialmente desde 1988. Las citadas encuestas, como ha advertido la doctrina"^ permiten comprender mejor los mecanismos y factores que intervienen en la «construcción social» del miedo. Porque el ciudadano no forja su imagen de la segundad sólo a partir de experiencias personales victimizadoras: antes bien, influyen decisivamente otras cuestiones relacionadas con el bienestar social y la calidad de vida. Hasta el punto de que, en los últimos años, cobran progresivo interés como objeto específico de miedo y preocupación tales problemas—y, correlativamente, menos las características de un concepto estricto y clásico de seguridad—. De las mencionadas encuestas parece inferirse, también, la progresiva hegemonía cultural de los valores urbanos y mesocráticos que acaban entronizando una «ideología de la segundad» preocupante, capaz de sentir más la necesidad de proteger el domicilio y el patrimonio que la propia integridad física, y de subordinar cualquier otra exigencia social a dicho concepto de seguridad"^. Especial interés tiene, por último, la investigación realizada por PerStangeland sobre la criminalidad en Málaga"".

En cuanto a las tasas de victimización, cabe extraer las siguientes conclusiones^^^ de las tres encuestas de victimización de ámbito nacional comentadas: >%'enibBÉtolxfasíJnbDÍl%!^iSnGÍdl'o3ÍílnDr^
V 1') Que si prescindimos de las tasas de victimización que arroja la encuesta «urbana» de 1979 (lógicamente muy superiores), no se aprecian diferencias significa, fiñi-ifitrrnít.'/ mn^t^ , vñ-v<Xhrr t^V' ^L ,h t,

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Vid. tablas que aporta LAHOSA CAÑELLAS en la obra citada, págs. 203 y 204. Vid. LAHOSA CAÑELLAS, J. M-, La percepción de los ciudadanos de Barcelona, cit., pág. 203. Véase también, el gráfico de PER STANGELAND, en: The Crime Puzzle, cit., pág. 86. "'^ LAHOSA CAÑELLAS, J. M«, La percepción de los ciudadanos de Barcelona, cit., págs. 204 y 205. ""^ LAHOSA CANÉELAS, J. M^, La percepción social de los ciudadanos de Barcelona, cit., pág. 205. The Crime Puzzle, cit. Vid., especialmente. Capítulo 10 (principales hallazgos y resultados de la investigación) y Capítulo 11 (la población turística como objetivo '- • específico de la criminalidad). Resumo las conclusiones que extraen de las tres encuestas de victimización ALVIRA MARTÍN, F., y RUBIO RODRÍGUEZ, M^ A. (op. cit., págs. 16 a 28).

tivas entre 1978 y 1980. Las tasas de victimización del año 1980 son sólo ligeramente más elevadas. Más aún: la tasa global de victimización (que se tiene en cuenta en las encuestas de 1978 y 1980) —esto es, victimización durante toda la vida, no constreñida al año anterior— es casi idéntica en 1978 y 1980 (vid. cuadro I). Datos que desmentirían el supuesto incremento de la criminalidad real, en abierto contraste con los valores reflejados en las estadísticas oficiales y estados de ánimo u opinión colectivos. Un fenómeno semejante se ha constatado también en otros países'^". 2') Existe una ciara discordancia entre la tasa realáe criminalidad derivada de las encuestas de victimización y la apreciada por el sistema Judicial variable según la clase de delitos: más del doble la primera en el caso de los delitos de violación y abusos deshonestos, a tenor de la encuesta de 1980 (vid. cuadro II). Tal discordancia se explica, entre otras razones, porque no todo delito cometido se denuncia. La tasa de denuncia oscila entre el 20 por 100 (por ejemplo, para la violación y los abusos deshonestos) y el 60 por 100, según el delito^^^ 3') La relación entre tasa de victimización y tamaño del lugar de residencia Q& directamente proporcional: las tasas de victimización aumentan con el aumento del tamaño del municipio. Ello es manifiesto en ciertos delitos (los sufridos a lo largo de toda la vida, los robos de coche, de cartera o dinero en la vía pública, etc.). No se aprecia tal relación en los delitos de violación y delitos contra la libertad sexual, y es discutible en otros hechos criminales. Parece obvio que la ciudad y la delincuencia se hallan significativamente asociadas (sin duda, por el mayor número de oportunidades que aquélla depara en comparación con otros habitáis y por la debilidad diferencial del control social), ya que tanto en 1978 como en 1980 las tasas de victimización se duplican al pasar de municipios de menos de 2.000 habitantes a municipios de más de un millón (vid. cuadro III). ,\ f, 4')Lavariable ífé'í/^íT'''incide de una manera peculiar en las tasas de victimización <»*»^f y uniforme (con la sola salvedad del «robo en la calle»); las tasas más elevadas se aprecian en ios niveles de edad intermedios (de veintiséis a treinta y cinco años) — a veces entre los treinta y seis y cuarenta y cinco años—, disminuyendo al aumentar o disminuir la edad. Respecto al delito de «robo en la calle», no se constata ninguna pauta clara; en el caso de la violación y los delitos contra la libertad sexual la tasa de victimización disminuye lógicamente con el incremento de la edad del sujeto pasivo. Las elevadas tasas de victimización en edades intermedias —dato realmente singular— tal vez se explique porque en ellas concurren simultáneamente dos factores: posesión de bienes en proporción superior a otras edades y mayor exposición al delito (número de salidas nocturnas, etc.) (vid. cuadro IV). 5') En cuanto al comportamiento de la variable «niveleconómico» y su incidencia en las tasas de victimización, las encuestas arrojan unos resultados que no "Oi:>,
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Una conclusión radicalmente distinta: RODRÍGUEZ DEVESA, J. M-, Derecho Penal español, P.G. (1985), cit., págs. 86 a 90. Un valioso análisis teórico de las tasas de denuncia en: SANGRADOR, J. L., La victimología y el sistema jurídico-penal, págs. 68 y ss. (trabajo publicado en la obra colectiva: Psicología socialy sistema penal, cit., compilada por JIMÉNEZ BURILLO, P., y CLEMENTE DÍAZ, M.).

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TRATADO DE CRIMINOLOGÍA CUADRO I

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coinciden con la información obtenida en otros países (anglosajones, sobre todo): la relación entre renta y victimización es positiva, esto es, a mayor renta y mayor nivel profesional, mayor tasa de victimización también. Ello podría justificarse en ciertos delitos (vg., robo de coches o de vivienda), pero no en otros. Prima, pues, el factor «oportunidad». Las personas más acomodadas tienen mayores posibilidades de resultar victimizadas, especialmente en los delitos contra el patrimonio, que representan cerca del 70 o el 80 por 100 del total de la criminalidad (vid. cuadros V y Vi). En otros países, por el contrario, la relación es la inversa: la criminalidad se concentra en los barrios menos privilegiados, y las capas que experimentan más elevadas tasas de victimización no son las de superiores niveles de renta. 6') La variable «sexo» se comporta de modo singular, como se desprende del cuadro Vil. En 1980 las tasas de victimización son muy semejantes para uno y otro sexo, e incluso la tasa es superior en la población femenina en ciertos delitos contra el patrimonio. Dos datos llaman la atención: que en los valores relativos a delitos experimentados a lo largo de la vida los porcentajes se mantienen idénticos en 1978 y 1980 (13 y 9 por 100 para hombre y mujer respectivamente) y que en 1980 la tasa de violaciones y abusos deshonestos es igual para el hombre y la mujer'^^.

D e l i t o s de q u e h a sido v í c t i m a
Encuesta año )i|,.-jMaHil> o., 4 aÜEa.6Í4..-^aQÍáán¿IBib41978 2.3 2.6 0.3 0.8 2.2 11.1 1979* 4.4 3.8 4.4 4.2 1980 2.6 3 0.2 1 2.3 11.2

Robo e n c a s a líobo de coche -j^ Violación y/o a b u s o s d e s h o n e s t o s i' _ Robo e n l a calle** |» Robo a r t e r a o bolso e n calle Víct. de a l g ú n delito d u r a n t e t o d a l a v i d a * *

La muestra de la encuesta de 1979 no incluía los municipios de menos de 20.000 habitantes, de aquí las altas tasas que arroja. i i,^i | - | 3,(1 ** Se refiere a sólo en la calle sin intimidación. 091, *** No se preguntó en 1979 g_(^ j g,(t J "g,5, j,;9,§ \\iZ I LL **** No es comparable. r^.^ FUENTE: Todos los datos estadísticos transcritos (Cuadros I, II, III, IV, V, VI, VII) h a n sido extraídos de Alvira Martín, F. y Rubio Rodríguez, M- A. Victimización e inseguridad, op. cit.

En todo caso, las conclusiones apuntadas deben entenderse con las oportunas reservas. En efecto, sólo las encuestas de 1978 y 1980 se refieren al mismo colectivo y cuentan con u n a muestra homogénea en cuanto a tamaño y procedimiento de selección. Las tres encuestas, además, prescinden de los menores de dieciocho años, colectivo importante que representa un 15 por 100 de la población susceptible de ser victimizada. Y, desde luego, falta la perspectiva temporal imprescindible para estimar tendencias y estudios seriales: todas son posteriores a la transición democrática, media poco tiempo entre unas y otras y parece, por desgracia, que la decisiva elaboración de estas encuestas se ha interrumpido desde 1982. A estos inconvenientes o limitaciones cabría añadir, también, otros: el tamaño de la muestra es excesivamente reducido (problema de costes), no pueden ser utilizadas en forma de paneles por la falta de homogeneidad de las mismas, sus contenidos y períodos de edición, y, por último, carecen de información sobre algunos datos y variables de obligada constancia en este tipo de encuestas, como es el caso de la información que suele solicitarse de la víctima sobre el modo en que ésta ha percibido la edad, raza, sexo del agresor, etc.^^^
.(rti
'^^2 ^22 S o b r e l a d e l i n c u e n c i a f e m e n i n a , vid. CvVNTERAS M U R I L L O , A., D e l i n c u e n c i a f e m e n i n a e n E s p a ñ a , op. cit., p á g s . 108 y ss. Vid. C A N T E R A S MURILLO, A., D e l i n c u e n c i a f e m e n i n a e n E s p a ñ a , op. cit., p á g s . 101 y s s .

botma.p0rtv. CUADRO II '^ * •^•^' ^ ^"•'''Tasas de victimización de «violación y abusos deshonestos» de la encuesta de 1980 y diligencias preparatorias por regiones*
• t4iéfirf*i«?Hs#eíi# Núm. diligencias preparatorias 270 253 125 54 156 369 324 273 188 1.137 1.115 185 4.534 Tasas de victimización 0,8 \ \ 0,4 0,8 0,2 0,2 0,4 0,2 Niím. estimado de delitos** 3,734

Galicia-Asturias Castilla La Vieja Castilla La Nueva Aragón-Logroño Catalano-Balear Levante Andalucía occidental Andalucía oriental País Vasco Madrid Barcelona '-'• " ^ ' ~ Canarias TOTAL

'

_

158 3.058 1.261 755 710 10.714

La comparación se efectúa para el año 1979, encuesta de 1980, entre los resultados de la encuesta sobre «violación y abusos deshonestos» y el número de diligencias preparatorias que aparecen en la memoria del Fiscal General correspondiente a dicho año ¡¡000 ñi^OOO La estimación se ha hecho teniendo en cuenta — la tasa para cada región; ^ , — la tasa de denuncia, estimada en el 20 por 100, — La población de cada región de más de dieciocho años en 1979
í(/(|:

.fmil; y- •'M ')t' j ; 'T

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ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA CUADRO III Tasas de v i c t i m i z a c i ó n por t a m a ñ o de m u n i c i p i o de r e s i d e n c i a
Robo en vivienda Robo de coche Abusos deshonestos y violación Robo en la calle Robo cartera Delitos en 0 dinero toda su vida

TRATADO DE CRIMINOLOGÍA CUADRO VI Robo vivienda Empresarios C. superiores 'C. medios ¿B-.-niiiáSiíííl 0. cualificados ,)||irr " " ' Peones
;s|jK.t\i lii^xn

287

Robo de coche
6,4 6,1 4

Robo en calle 2,4 2,6 0,9 0,8
1

Robo transporte 1,2 4,3
3 2,1 1,6

1978 1980 1978 1980 1978 1980 1978 1980 1978 1980 1978 1980 Menos 2.000 habitantes 2.000-10.000 habitantes 10.000-50.000 habitantes 50.000-100.000 habitantes* 100.000-400.000 habitantes 400.000-1 millón hab. Más de 1 millón hab. 1,9 2,1 2,1 0,5 2,8 2,6 2,7 1,1 1,7 2,7 1,5 1 2 1,3 3,4 4,2 4,5 0,8 1,4 2,1 1,7 3,6 6,4 4,1

0,3 0,3

0,8 0,2 0,2

0,5 1 0,8 0,9 0,9 0,8

0,4 0,2 0,5

0,2 0,5 0,9 1,7 1,5 2,3 7,2

0,8 1 1,2

9,1 7,1 9 12,2

6 8,7 10,2 8,9 10,9 12,9 15,6

4,4 5,5 3 2,1 1,8
tjf.í.-! V ¡

2,5
1,4

CUADRO VII 1978
rt^i^n^ taaíiiti'. •

2,1 3,9 3,7

0,3 0,5 0,7

0,2 0,2 0,2

0,7 2,4 2,1

-

1980 Mujer 2,2 1,7 0,5 1,1 2,8 9,2 Hombre 2,3 2,8 0,2 1 2,1 13,2 Mujer 2,8 3,2 0,2 1,1 2,5 9,3

9,9 1,2 3,4- 13,2 5,4 19.9

Hombre 2,4 3,8 0,1 0,4 1,6 13,8

'• Las tasas de este estrato son poco fiables, porque el número de casos es muy pequeño.
rT rycín A Tír\

Robo en vivienda Robo coche Violaciones

.íj^j^f) , ' ^ ^ ' ^ ééfiit

Robo calle

'*^nca¡aBk

iuona &l ab

CUADKO IV Tasas de victimización según la edad
Robo en vivienda Robo de coche Violaciones Robo en la calle Robo en transportes Delitos a lo largo de

Robo transportes t Delitos toda la vida

1978 1980 1978 1980 1978 1980 1978 1980 1978 1980 1978 1980 Menos 21 años 21 a 25 años 26 a 35 años 36 a 45 años 46 a 60 años Más de 60 años

1,7 1,8 2,6 2,2

-

2,6 2,9 2,5 2,7 2,9 1,9

_
3,8 3,3 2,4 2,7

-

3,9 3,4 4,5 2,8 2,7 1,6

_ 0,6 0,1 0,2

_ 0,5 0,3 0,2 0,2

0,4 0,7 0,9 0,6

-

-

0,9 1,7 0,5 1,2 1,2 0,9

1,7 2,6 2,1 2,2

-

2,4 3,1 2,3 2,4 2,2 1,7

10,1 13,2 11,4 12

-

7,6 8 13,8 11,5 11,5 11,1

d») De lo expuesto debiera desprenderse la incuestionable utilidad de los informes de autodenuncia y encuestas de victimización como técnicas específicamente idóneas para estimar las tasas reales de criminalidad y analizar la delincuencia que no se refleja en las estadísticas oficiales. No obstante, sería erróneo concebir estas técnicas como alternativas o sustitutivos de las estadísticas convencionales, porque unas y otras, lejos de excluirse, se complementan. Precisamente el hecho de que versen sobre objetos distintos y suministren información sobre el fenómeno criminal desde perspectivas diferentes sugiere u n empleo coordinado de las mismas. Sólo así podrá obtenerse u n a imagen global completa y matizada de la realidad del crimen.
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m:-"'
CUADRO V

,881 Delito vida 8,7 11,7 12,7 15,1 22,4

'e<x
Menos 18.000 pesetas 19.000-35.000 pesetas 36.000-45.000pesetas 45.000-65.000 pesetas Más 65.000 pesetas

Robo en vivienda 1,8 2,3 2,7 3,9 3,5

Robo Abusos Robo en la Robo de transporte calle coche deshonestos y violación 0,5 2,7 4,7 4 7,6 0,3 0,3 0,4 0,2 1,3 1 0,8 0,6 1,4 1,6 1,9 3,3 3,1 4,5

Un enfoque de tal naturaleza permite, sin duda, detectar signos y tendencias del fenómeno criminal. Entre otros: -r.~-<TivflíCJ',¥ V-i , ^ ; í U t 1") El crimen es u n suceso omnipresente en la vida social. Convivimos con el crimen, protagonista inevitable de la vida cotidiana. Basten algunas cifras. En los Estados Unidos las estadísticas oficiales muestran la comisión de unos 13 millones de delitos graves al año.

Para 1980 no se dispone de este cruce, porque no se preguntaron los ingresos, pero sí que se dispone del cruce con ocupación de parte de los delitos.

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Informes de autodenuncia y encuestas de victimización ponen de relieve, sin embargo, que el volumen real de hechos punibles graves rebasa los 40 millones, dada la tasa efectiva de denuncia y otras circunstancias determinantes de la «cifra negra». Si a ello se añaden los delitos no recogidos en las encuestas de victimización (delitos «sin víctima») y las pequeñas infracciones criminales, el volumen total estimado de delitos al año podrían superar los 100 millones^^*.

fiables sobre criminalidad oculta parecen confirmar la hipótesis clásica (los crímenes más graves se cometen por individuos de la lower class y por integrantes de minorías), no cabe ya duda respecto a la ubicuidad del delito: éste se reparte a lo largo de toda la estructura social, no es privativo de ningún estrato de la misma. Cosa distinta es la desigual y discriminatoria incidencia del control social penaP^^.

2") Sin embargo, las tasas reales de criminalidad parecen mantenerse estables, contra lo que rezan las estadísticas oficiales y extendidos estados de opinión. | I ^ jíiiV«i , . |J%'^ , E n los Estados Unidos las estadísticas oficiales reflejaban un incremento alarmante de la criminalidad en la década 1970-1980. Muy distinto es el resultado obtenido en informes de autodenuncia y encuestas de victimización, que revelan unas tasas reales constantes y estables durante tal período. Lo que avalaría la tesis de que el incremento de la criminalidad registrada no responde a u n incremento correlativo de las tasas reales de la criminalidad, sino a u n cambio de actitudes del ciudadano (tasa de denuncia, etc.) o u n mayor celo y rigor en los mecanismos de persecución del delito por la policía y el sistema legaP^^ Una conclusión semejante parece desprenderse de las encuestas de victimización españolas antes reseñadas'^^®.

4") El varón participa en más actividades delictivas que la mujer, pero las tasas de crecimiento de la criminalidad femenina acusan un ritmo muy acelerado, habiéndose acortado sustancialmente el diferencial que tradicionalmente distanciaba uno y otro sexo. ^ivir?JtJlÍ3aC5iO M J l Según las estadísticas de los Estados Unidos, por ejemplo, el número de arrestos es cuatro o cinco veces superior en los varones. Pero los informes de autodenuncia demuestran que la criminalidad femenina es, proporcionalmente, mucho más elevada de lo que dan a entender las estadísticas (mayor cifra negra que la criminalidad del varón)^^®.

5") Los adultos cometen crímenes más graves que los jóvenes. Aunque a menudo se asocia la criminalidad a grupos y bandas juveniles, lo cierto es que tanto las estadísticas como los informes de autodenuncia y encuestas de victimización demuestran lo contrario: la población juvenil participa fundamentalmente en infracciones de menor entidad, mientras los adultos cometen un tanto por ciento mucho más elevado de delitos graves que los jóvenes^^^. Cosa diferente es la mayor visibilidad diferencial de la conducta delictiva del joven, que se implica en sucesos que causan particular alarma. •mp aiiia&'gís. o eBiaiisianr '¿BI ob

3") El crimen no es patrimonio de ninguna clase social, sino un fenómeno ubicuo que se reparte a lo largo y ancho de la pirámide social. Según las estadísticas oficiales, los crímenes más graves parecen cometerse en los núcleos urbanos por los individuos pertenecientes a estratos sociales deprimidos y minorías. ' ^ No obstante, numerosos informes de autodenuncia ponen de relieve que también los individuos pertenecientes a las clases medias y alta — sobre todo, jóvenes— infringen las leyes penales. Y si bien estimaciones
l: 03OaíííJ3&ftS£»t ^^* Así, SIEGEL, L. J., Criminology, cit., pág. 84. : ; . .., ^^^ Así, SIEGEL, L. J., Criminology, cit., pág. 85; también VETTER, H. J-, 7 SILVERMAN, I. J., Criminology and Crime, cit., págs. 56 y ss. ^ ® No así de las estadísticas policiales y judiciales (cfr., por todos, RODRÍGUEZ ^ DEVESA, J. M^ Derecho Penal, P.G., cit., págs. 86 y ss.).

)!rii 1 Cí í ^ b o

íí) '

^^' Vid. SIEGEL, L. J., Criminology, cit., págs. 84 y ss.; KAISER, G., Criminología, cit., pág. 140; propugnando unarevisión de la tesis tradicional: FEEST-BLANKENBURG (cfr. KAISER, G., op. cit., pág. 140). No es necesario resaltar que, con independencia de esta polémica (si la lower class delinque más o menos que la clase media o las clases privilegiadas), los individuos pertenecientes a los estratos sociales más deprimidos son objeto, en todo caso, de una presión más intensa por parte de los mecanismos del control social y sus agencias. * Vid. SIEGEL, L. J., Criminology, cit., págs. 84 y 85. « * ohuhni i» ,sañB (nnm * Cfr. SIEGEL, L. J., Criminology, cit., pág. 85. ^SSlJiHiKKm omJñ i

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• 6") La criminalidad juvenil (comisión de infi-acciones penales de no excesiva gravedad) se halla bastante más diñmdida de lo que rezan las estadísticas oficiales. Puede calificarse de «normal» en el sentido de que casi todo joven se h a enfi-entado alguna vez con la ley penal. Pero si normal es haber delinquido alguna vez, anormal es, también, haber sido sancionado penalmente por ello^^°¡<íu.«M»..«íiiuii¿i¿«. La cifi-a negra es elevadísima, pero no deben extraerse conclusiones precipitadas. Es cierto que el campo oscuro o negro de la criminalidad oculta es muy superior en los delitos menos graves que en los graves. Ahora bien, faltan a ú n estudios rigurosos que traten de llevar a cabo un seguimiento sistemático de la información que arrojan los self-report y encuestas de victimización, de u n a parte, y el esclarecimiento policial posterior de los hechos supuestamente acaecidos, de otra^^S

Los datos que aportan las encuestas de victimización y las estadísticas oficiales en los Estados Unidos son muy aleccionadores al efecto: sólo un 20 por 100 del total de delitos denunciados se esclarecen por la policía mediante la detención del presunto responsable, resolviéndose, desde luego, con mayor eficacia los crímenes violentos que, por ejemplo, los pequeños delitos contra el patrimonio. Pero las encuestas de victimización advierten que sólo u n 30 por 100 de los pequeños hurtos se denuncian, de hecho, a la policía, de los cuales alrededor de u n 15 por 100 llegan a esclarecerse mediante el arresto del presunto autor. En consecuencia, sólo cuatro de cada 100 delitos de hurto denunciados a la policía se esclarecen por ésta, previa detención del sospechosoí^^.

7") Los jóvenes, contra lo que suele pensarse, son hoy día víctimas del delito en proporción superior a los adultos o personas de mayor edad. Ello no es sino u n a consecuencia del mayor tiempo que invierten en los lugares y momentos en que suele producirse el delito. E n España, a tenor de los resultados que arrojan las encuestas de victimización antes reseñadas, el perfil de la edad de la víctima difiere (como el de su status socioeconómico^^^), si bien los mayores índices de victimización se localizan en u n a concreta franja de edades (26 a 35 años), no precisamente en la tercera edad. ,. . ;3Í im 09Í9írioa aoiíubB aoi airitaBÍ 8") El escaso éxito del control penal del crimen responde a una pluralidad de factores, no pudiendo ser achacado en exclusiva a ninguna de las instancias o agentes que integran la reacción social.

9") El campo negro es mayor en los delitos leves que en los graves. La tasa de denuncia es también más elevada en estos últimosi^*. Pero todo parece indicar que mientras delitos aislados y poco graves son cometidos con frecuencia, en cambio, infracciones reiteradas, contumaces y graves se cometen raras veces y sólo por lui número relativamente pequeño de personas. .*fefeí#«WS«?9<>»te!á^*BÍ«lflfb^f Por lo tanto, y como sucede con la criminalidad registrada, considerando las variables «gravedad» y «frecuencia», la criminalidad «oculta» se comportaría también de acuerdo con u n a representación gráfica en forma de curva de Ji^''.
abJshfR

10") Las diferencias, en buena medida considerables, entre campo negro y criminalidad registrada permiten afirmar que el volumen y estructura de la delincuencia resultan decisivamente configurados por la reacción y sanción socialesi^e. ,^,^,0,3 noiosisnoo BOU aiaixe
,..., ,,. >,,,,únuB .as 0Í83 .obonsq ómsim oqmsií 9b aoboiisq eglnaieüb B ,bBb¡fs9i ne .nsisrtsi ss ,3Sv

2') Por razón de sus fuentes:
12° i " ']i*r O Vid. KAISER. G., Criminología, cit., pág. 139. Como muy bien apunta el autor, en la delincuencia juvenil carece de base empírica la distinción entre «criminales» y «no criminales», porque el comportamiento delictivo se presenta más como una cuestión de «grado» que de «calidad». Por ello, sería más correcto distinguir entre infractores sancionados sólo u n a vez o en escasas ocasiones y plurirreincidentes (op. cit., pág. 140). ,,^ ,./_„, ¿, „,, .„_.„-,oq ¿Js. 151 Cfr. KAISER, G., Criminología, cit., pág. 140..-.1,..: •>.! :^..k,.;v.,,!í,,|-,., ,., 122 Así, SIEGEL, L. J., Criminology, cit., pág. 85. En España las tasas más elevadas de victimización se detectan en los niveles intermedios de edad (veintiséis a treinta y cinco años, e incluso treinta y seis a cuarenta y cinco). Cfr. ALVIRA MARTIN, F., y RUBIO RODRÍGUEZ, M^ A., Victimización e inseguridad, cit. pág. 24.

Por razón de sus fuentes las estadísticas oficiales pueden clasificarse en policiales, judiciales y penitenciarias, según procedan del ámbito policial, del jurisdiccional o del penitenciario.

133 134 135 136

Cfr. Cfr. Cfr. Cfr.

SIEGEL KAISER, KAISER, KAISER,

L. J., Criminology, cit., pág. 8 5 . ' " ' ' Í^^'><'^--'H9-^''

G., Criminología, cit., pág. 139 G., Criminología, cit., pág. 141. G., Criminología, cit., pág. 141.

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El contenido de la información que suministran, la técnica de obtención de la misma y su utilidad varían en cada caso. La persona del infractor interesa a las primeras (policiales), en cuanto «detenido»; a las judiciales, como «condenado»; a las penitenciarias, como «penado» o «recluso». a') Estadísticas poZíciaZes. Las memorias de la Dirección General de la Policía Judicial se iniciaron en 1960 como instrumento de uso interno y restringido, estructurándose en su forma actual desde 1984 (datos referidos a la criminalidad de 1983). Son —sin lugar a dudas y por razones obvias— las que ofrecen u n a imagen del delito más próxima a la realidad, habiendo mejorado sustancialmente en los últimos años desde u n punto de vista metodológico. Aportan u n a información cada vez más completa y fiable, puntual y regular (periodicidad anual) sobre el crimen en España, elaborada sobre los datos que, a su vez, suministran todas las comisarías existentes en territorio nacional.
W11,-t Distinguen dos categorías de hectios criminales: «conocidos» y «esclarecidos». Los primeros son los denunciados o conocidos por la policía. Se excluyen de este concepto: las infracciones correspondientes al ámbito de actuación de laguardiacivil (que podrían representar alrededor del 17,6 por 100 del total de delitos conocidos en 1985) y, lógicamente, las administrativas, de tráfico y otras. Sólo en algunos casos, pero no con carácter general, se distinguen las diversas formas de ejecución del hecho punible: consumación, tentativa, etc. Por delitos «esclarecidos» se entienden aquellos cuyo autor fue detenido in fraganti[aunque niegue la comisión del delito), identificado (con independencia de que se halle detenido, preso, huido o ya hubiere fallecido), confeso (o existan pruebas sólidas de su implicación a juicio de la autoridad policial); «esclarecidos» se reputan también aquellos que no son constitutivos de infracción alguna, a tenor de la investigación llevada a cabo. Para una "pl? correcta interpretación de los valores estadísticos conviene tener presente que no j , / , existe una correlación cronológica entre delitos «conocidos» y «esclarecidos» del ' mismo período. Esto es, aunque ambos conceptos figuren en columnas consecutivas, se refieren, en realidad, a diferentes períodos de tiempo. Las memorias de la Dirección General de ia Poiicía Judicial ofrecen una amplia información sobre la criminalidad en el ámbito nacional, en el regional y en el local; 9B1 su distribución temporal (por meses del año) y evolución en términos comparativos oír. con la del año anterior o anteriores. Los datos de ámbito regional son suministrados por las respectivas Jefaturas Superiores de Policía, destacando, en cuanto a la minuciosidad de ia información, los relativos a infracciones contra la propiedad (especialmente, robo con violencia o intimidación en las personas): los de ámbito provincial y local versan sobre los delitos conocidos y esclarecidos en la demarcación de las respectivas Jefaturas Provinciales. La información más completa y valiosa es la que se ofrece con relación a delitos contra \apropiedad, constando, entre otros conceptos: el valor de la cosa sustraída, número de personas detenidas, clase de objeto sustraído o modalidad de delito.

efectos recuperados, etc. En los delitos contra \as personas se suministran datos de interés sobre la persona de la víctima, siendo de menor utilidad el análisis de las infracciones contra la libertad sexual, la libertad y la seguridad. " La delincuencia/¡7i/e'/7/7es objeto de un capítulo independiente. Recoge datos sobre hechos delictivos cometidos por personas comprendidas entre los dieciséis y los veinte años, especificándose lugar de la detención (capital o provincia), motivo de ésta, eventuales toxicomanías, fugas de domicilio, número de detenidos que actuaron solos, de reincidentes y jóvenes previamente sometidos a la jurisdicción de menores, etc. Algunos delitos reciben, igualmente, un análisis diferenciado: tráfico de estupefacientes, delitos monetarios, falsificación de moneda. Se facilita información sobre «extranjeros detenidos» y «extradiciones» (activas y pasivas). La memoria termina con una serie de «datos conjuntos policía y guardia civil» sobre delitos comunes de especial incidencia en la seguridad ciudadana. En la memoria de 1985 se adjuntan anexos estadísticos sobre la delincuencia común por provincias, tasa de criminalidad por 1.000 habitantes y actuaciones contra el tráfico ilícito de drogas. La ambigüedad de algunos conceptos («delitos indefinidos», «legislaciones especiales», etc.), la falta de correlación de otros con las definiciones legales a que implícitamente se refieren, y, sobre todo, el hecho de que la vasta y cada vez más completa información que suministran estas estadísticas no sea fácil de verificar ni de comparar con la que proporcionan las judiciales y las penitenciarias (y no sólo porque versan sobre objetos distintos, sino por la ausencia de técnicas y lenguajes homogéneos) hace cada vez más necesario coordinar y homogeneizar las diversas estadísticas existentes. En los últimos años el Ministerio del Interior ha elaborado un formulario normalizado para registrar las denuncias del ciudadano (un formulario en papel con una variante informatizada). El formulario, técnicamente bien concebido, completo por los datos que recaba y fácil de cumplimentar, se utiliza tanto por la Policía como por la Guardia Civil y contribuirá, sin duda, auna mejora sensible del aparato estadístico oficial'^^.

\ [ [ •

A las limitaciones indicadas —y otras muchas que suelen señalarse por los diversos autores^^** —cabe apuntar u n a importante reserva: u n a

1^'

Cfr. GARRIDO GENOVÉS, V. y otros, op. cit., págs. 131 y 132. Las estadísticas policiales tienen algunas limitaciones importantes, como h a puesto de relieve CANTERAS MURILLO, A. (La delincuencia femenina en España, cit., págs. 84 y ss.), a saber: los datos no aparecen discriminados por sexo, siendo posible sólo a partir de 1979 obtener dicha información para algunos delitos contra la propiedad y las personas (no en los restantes); no se hacen consta, tampoco, las detenciones por grupos de edades; los datos sobre delincuencia juvenil, aunque se elaboran por departamentos distintos que pertenecen a un mismo gabinete, deben obtenerse por separado (respecto a los generales), para completar estas últimas, siendo frecuente que entonces no casen las cifras totales; algunos conceptos y definiciones parecen imprecisos o insatisfactorios (vg., «factores delincuenciales», «ambiente familiar: bueno o malo, situación económica: buena o mala», etc.); sólo

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estimación realista de los datos policiales registrados obligaría a tener presente la muy elevada cifra negra que incide en los mismos. Precisión que manifiesta la propia autoridad policial en sus memorias. „)!, La doctrina suele criticar la fiabilidad de las estadísticas policiales por diversas razones metodológicas, a ú n reconociendo que son las mejor elaboradas de todo el aparato estadístico oficial.
Se censura, por ejemplo, que los datos procedentes de denuncias presentadas -agpK'ante la Policía se hallen en un Anuario del Ministerio del Interior de información Io reservada. Sin duda, sería muy positiva la publicación de los mismos^^^ por su interés f^ objetivo. -6t Por otra parte, y dado el sistema español de pluralidad de fuentes (en la recepción "" de ladenuncia)'"", las estadísticas policiales no recogen la totalidad de las denuncias £^ presentadas al existir otras posibles instancias receptoras. No incluyen, por ejemplo, las denuncias presentadas ante la policía local y autonómica que, según las diversas estimaciones, pueden representar entre el 10 y el 20% del total de las denuncias %E interpuestas en el territorio nacionar''\ ni las denuncias formuladas directamente '®^ ante el Juez de instrucción, cuya incidencia estadística parece oscilar entre el 2%^''2 tíf y el 4%^''^ de dicha cifra total. t¥l;{'; , Finalmente, dado que la informatización de Comisarías y Cuarteles de la Guardia ol03 üfQjyji gg yn proceso irreversible pero aún no concluido —y que la tediosa labor de ®^ cumplimentar los formularios de denuncia no se halla libre de un cierto margen de 2^ error y subjetividad (en la calificación de los hechos, por ejemplo, en el momento de la denuncia)— la información que aportan las estadísticas policiales debe interpretarse '^'•' con cautela^"". BOX! ,io £1 clesarrollo normativo de las disposiciones constitucionales (art. 104 Gonstitu""^^ clon Española, art. 1 LOFCSE y Estatutos de Autonomía) ha producido una clara ^° diversificación o diáspora^"^ de las instancias policiales competentes para registrar °" las denuncias de delito y una redistribución de los respectivos porcentajes en el volumen total de criminalidad oficial registrada. El Cuerpo Nacional de Policía sigue siendo la instancia de control que conoce de más delitos por su implantación urbana, Br. no obstante, y aún cuando el número de diligencias previas aumenta sensiblemente, Q, el de denuncias ante la Policía exhibe una clara tendencia a la baja. La razón no es otra que la progresiva implantación de otras policías autonómicas y locales^''^

En el ámbito autonómico, el fenómeno de dispersión citado afecta básicamente a Cataluña, País Vasco y Navarra^"^. El problema se agrava en el caso de las Policías locales, no solo por la multiplicidad de éstas que alcanzan números desorbitantes'''* sino por los muy distintos criterios de actuación de las diversas policías en relación a las denuncias recibidas, lo que hace muy difícil la estimación de este importante capítulo de la delincuencia registrada'''^.

Una especial mención requiere el Boletín estadístico de la Dirección General de la Guardia Civil^^°. Se t r a t a de una publicación de uso interno y restringido que da cuenta, bajo el epígrafe «servicio peculiar», de todas aquellas intervenciones de la misma relacionadas con infracciones contra la propiedad, las personas, etc. Ofrece también información sobre la delincuencia juvenil y la comisión de «actos terroristas». La técnica de recogida de datos y la propia estructura de estos «boletines estadísticos» es muy semejante al de las memorias de la Policía Judicial. -,(,, r , • ,,,. . • , • , ' , , < f-nn-, . .'...ffiTiSfide;
La Guardia Civil representa el segundo bastión de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado como instancia receptora de denuncias de delito. Aunque su ubicación es predominantemente rural ejerce, de hecho, también una demarcación periférica en el extrarradio de los núcleos urbanos. A su competencia genérica para investigar cualquier clase de delito, se añade la específica con relación al contrabando (e indirectamente, a las drogas), al control del tráfico rodado y a la delincuencia medioambiental'^'. En los últimos años, según los datos estadísticos de la Guardia Civil, ésta acorta la distancia respecto al Cuerpo Nacional de Policía en cuanto al porcentaje de delitos conocidos, bien por denuncias de ciudadanos, bien por sus propios atestados: 195.315 delitos en 1992, 202.854 en 1993, 208.719 en 1994, 224.384 en 1995, 232.244 en 1996, 260.783 en 1997'=2.

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desde el año 1980 se distingue entre delito y falta y la variable «sexo», como se dijo, se obtiene cruzada por el tipo de delito. ^^'^ Así, GARRIDO GENOVÉS, V. y otros, op. cit., pág. 132. " " Vid. ROLDAN BARBERO, H., Concepto y alcance de la delincuencia oficial, en; • • Revista de Derecho Penal y Criminología, 2- Época, n° 4 (UNED), 1999, págs. 681 a 712. "1 Cfr. GARRIDO GENOVÉS, V. y otros, op. cit., pág. 132. ^^^ Así, GARRIDO GENOVÉS, V. y otros, op. cit., págs. 139 y 141. "^ Así, ROLDAN BARBERO, H., Concepto y alcance ..., cit., pág. 695. "* Cfr. GARRIDO GENOVÉS, V. y otros, op. cit., págs. 132 y 133. "^ Vid. ROLDAN BARBERO, H., Concepto y alcance ..., cit., págs. 690 y ss. "'^ Así, ROLDAN BARBERO, H., Concepto y alcance ..., cit., págs. 687 y ss.

Sobre las Policías autonómicas, vid. ROLDAN, H., Concepto y alcance de la delincuencia oficial, cit., III.D. "** Según RECASENS/DOMINGUEZ, en España hay unos 1.800 cuerpos de policía local, con plantillas que oscilan entre 1 y 6000 agentes. En cuanto al número de efectivos, y según datos oficiales referidos a 1994, éste ascendía a 51.665, casi mil más que el de Policías Nacionales. Cfr. ROLDAN, H., Concepto y alcance de la ^ delincuencia oficial, cit., ULE., nota 21. • ** Cfr.ROLDÁN BARBERO, H., Concepto y alcance ..., cit., págs. 691 y ss. * ""' 150 Cfr. CANTERAS MURILLO, A., Delincuencia femenina en España, ob. cit., págs. 85 y ss. 151 Cfr. ROLDAN BARBERO, H., Concepto y alcance ..., cit., págs. 688 y ss. 162 Cfr. ROLDAN BARBERO, H., Concepto y alcance ..., cit., págs. 689 y ss.

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Con la entrada en vigor del Código Penal en 1996 la comparación y seguimiento de los datos estadísticos con los obtenidos en años anteriores será probablemente problemática^^^. Por ello cobra interés la información que arroja la última estadística que incluye datos procedentes tanto de la Policía Nacional como de la Guardia CiviP^*.
Dicha estadística evidencia el alto porcentaje que exhiben los delitos contra la propiedad en el total de la criminalidad: ocho de cada nueve delitos denunciados a la Policía son delitos patrimoniales. En este sentido, el perfil de la delincuencia española se asemeja mucho a la de los países de nuestro entorno^^^. El robo más frecuente es el cometido en establecimientos comerciales, industriales o de hostelería, mientras que menos de uno de cada cuatro robos tiene lugar en viviendas^^^ Por el contrario, los robos con violencia e intimidación no alcanzan las elevadas tasas que arrojan las encuestas de victimización, si bien uno de cada ocho robos denunciados se ejecutan con violencia o intimidación. Se trata de porcentajes muy altos en comparación con otros países industrializados^^'. Y muy significativos, también, comparados con los de los delitos contra las personas^^^ En España se cometen unos mil homicidios, esto es, tres por cada cien mil habitantes. Los delitos sexuales tienen una baja tasa de denuncia. En 1996 llegaron a conocimiento de la Policía 1139 violaciones, volumen muy semejante al de homicir|¡nQ''59 .

valor y utilidad— sobre la actividad de los tribunales penales durante el correspondiente año judicial. Las Memorias de la Fiscalía General del Estado, de publicación anual, se elaboran y presentan por el Fiscal General del Estado al Gobierno con motivo de la apertura de los tribunales. Prestan especial atención a la evolución de la criminalidad en sus manifestaciones más características y relevantes, así como al movimiento de las causas durante el año en cuestión. Se completan con un «anexo estadístico» que recoge el número de diligencias previas, preparatorias y sumarios incoados durante dicho período, clasificados por provincias y delitos (no, sin embargo, el número y naturaleza de las causas que terminan cada año con sentencia condenatoria). En cuanto a las Memorias del Consejo General del Poder Judicial — documento, como el anterior, de uso restringido que publica el Ministerio de Justicia— y al Discurso de apertura de tribunales del Presidente del Tribunal Supremo baste con advertir, por ejemplo, que carecen del más elemental criterio de clasificación estadística bivariada por sexo, lo que, unido a otras muchas limitaciones y deficiencias, hace prácticamente inútil el empleo de estas fuentes, cuya utilidad estadística es muy

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Sobre las estadísticas policiales —y la información que suministran— véase el «Anexo estadístico» (I).

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b') Estadísticas judíciaZes. La Memoria de la Fiscalía del Tribunal Supremo, el Discurso de apertura de tribunales del Presidente del Tribunal Supremo, las Memorias del Consejo General del Poder Judicial y las Estadísticas judiciales de España, que publica el Instituto Nacional de Estadística, son cuatro fuentes de información —de muy distinto

Las estadísticas de mayor interés son las elaboradas por el Instituto Nacional de Estadística, cuya publicación se lleva a cabo de forma resumida en el Anuario de Estadística a partir de las «Estadísticas Judiciales de España»si bien sus datos sobre diligencias iniciadas cada año no coinciden con las ofrecidas por la Memoria de la Fiscalía General delEstado^s^ Dichas estadísticas son imprescindibles para conocer la criminalidad registrada u oficial, si bien adolecen de u n lamentable y endémico retraso, desde que en 1979 se interrumpiera la publicación anual de las
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En este sentido, GARRIDO GENOVÉS, V. y otros, op. cit., pág. 142. Cfr. GARRIDO GENOVÉS, V. y otros, op. cit., pág. 133. Cfr. GARRIDO GENOVÉS, V. y otros, op. cit., págs. 134 y ss. Sobre el problema, vid. GARRIDO GENOVÉS, V. y otros, op. cit., pág. 134, nota 15. Cfr. GARRIDO GENOVÉS, V. y otros, op. cit., pág. 134. Al año se denuncian más de 100.000 robos con violencia (básicamente, por el procedimiento del tirón) y solo 15.000 delitos contra las personas (aunque se denuncian, al año también, unas 100.000 faltas contra las personas). Cfr. GARRÍ' DO GENOVÉS, V. y otros, op. cit., pág. 134. ^^^ Cfr. GARRIDO GENOVÉS, V. y otros, op. cit., pág. 134.^„..., , . . , , . . ,.. .

Así, en 1987 se dieron a conocer los datos relativos a la criminalidad de 1981, y durante el año 1985 sólo se habían publicado los referentes a 1978. Con seis años de retraso, también —en 1986— se conocieron los datos sobre la criminalidad en
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En este sentido, CANTERAS MURILLO, A., Delincuencia femenina en España, op. cit., pág. 138. Cfr. ROLDAN BARBERO, H., Concepto y alcance ..., cit, pág. 696. -

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1980. Las estadísticas judiciales que ofrecen datos del año 1992, se publicaron en 1995 y los datos relativos al año 1995 se publicaron en junio de 1998^^^.

Las estadísticas judiciales contienen, pues, u n a importante información no sólo sobre los tribunales penales ordinarios, sino también sobre lajurisdicción de menores^^^ y realidad penitenciaria. Más aún: a pesar de que las estadísticas penales militares siguen siendo «material reservado», a tenor de la orden ministerial de 18 de febrero de 1953, las estadísticas judiciales consignan algunos datos relativos a los «delitos comunes» propios de aquéllas, si bien de muy escaso interés.
Las estadísticas judiciales (penales) se refieren a delitos «apreciados», «sentencias condenatorias» y «números de condenados». Los términos delito «apreciado» y «condena» impuesta no son correlativos (una misma sentencia condenatoria puede apreciar varios delitos), lo que ha de tenerse en cuenta. La información ofrecida es, a menudo, equívoca: unas veces, por juzgados de instrucción y audiencias provinciales (vg., número de causas tramitadas); otras, indiscriminada, conjunta. Conviene advertir, por otra parte, que delitos «apreciados» o «condenados» en un determinado año no significa, desde luego, que fiayan sido cometidos durante el mismo, resultando muy problemático todo intento de coordinar ambos datos. Los datos estadísticos hacen referencia a cada una de las figuras legales del correspondiente título del Código Penal, pero en no pocas ocasiones lo hacen, de forma unitaria, a la totalidad de aquél, lo que incide en la validez y utilidad de la propia información de modo muy negativo. Los delitos («cometidos», «apreciados», etc.) aparecen clasificados por provincias, con especial referencia a la naturaleza de los mismos, las penas impuestas, el grado de participación, la categoría de la población o el número de habitantes del lugar en que se cometieron. En cuanto a la información sobre el autor o autores del delito se consigna: sexo, edad y grado de instrucción; falta toda referencia al medio social del delincuente y los tramos de edad no siempre coinciden con los del censo de población.

Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado en su conjunto son responsables exclusivamente de u n tercio de las diligencias previas que incoan los Juzgadosi*'^
Así, según la Estadística de la Fiscalía General del Estado, en 1997 se incoaron 3.087.667 diligencias previas, mientras dicho año la cifra de delitos conocidos por Policía Nacional y Guardia Civil no superó los 954.587. Dicha diferencia, además, parece ir in crescendo si se examinan las cifras de los últimos años^^'^. Significativo es, sobre todo, que los datos que arroja la Estadística policial permanecen estables y, sin embargo, los de la Fiscalía General del Estado experimentan un ascenso alarmante durante el mismo período, de modo muy particular desde 1989, en cuanto al número de diligencias incoadas^^^. Pero la relación estadística entre delitos denunciado a la Policía y diligencias previas incoadas por el órgano jurisdiccional (tres diligencias judiciales por cada delito denunciado a la Policía) no responde a la realidad, siendo, desde luego, más verosímil la estadística policiaP'^''

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La información que suministran las estadísticas judiciales es incompleta, parcial y poco significativa, pese a que, en las últimas publicaciones se han mejorado algunos aspectos^''®. El tratamiento que merecen algunas importantes variables de la criminalidad (vgr., edad o sexo) sigue siendo pobre y poco precisa la constancia estadística de determinados conceptos operativos y categorías jurídicas.
Se han detectado algunas imprecisiones adicionales a propósito de las sentencias dictadas por juzgados de instrucción y audiencias provinciales: no contabilizan las faltas aparejadas a un delito, y las que cuentan con auténtica autonomía estadística se recogen en una cifra global y unitaria sin las imprescindibles especificaciones.

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. Es muy llamativo u n dato: las instancias judiciales informan en sus estadísticas que reciben más causas que las que registra la policía, algo anómalo y sorprendente que no puede responder a la realidad^^*. Pero de u n a simple confrontación de las respectivas estadísticas se deduce que
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Estadísticas Judiciales de España 1992, INE, Madrid 1995. Sin embargo, hay que lamentar la desaparición de las mismas de materias que venían siendo objeto de u n completo tratamiento, en especial las estadísticas dedicadas al estudio de la población penitenciaria; asimismo han dejado de incluirse los datos estadísticos relativos a la jurisdicción penal militar, si bien es cierto que estos poseían menor interés criminológico. En este sentido, GARRIDO GENOVÉS, V. y otros, op. cit., págs. 136 y 137.

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Así, ROLDAN BARBERO, H., Concepto y alcance ..., cit., pág. 689. Cfr. ROLDAN BARBERO, H., Concepto y alcance ..., cit., pág. ibidem. Vid. nota 12. Hace doce años la diferencia era menor. En 1985, mientras los órganos jurisdiccionales incoaban 1.142.106 diligencias previas, Policía y Guardia Civil tuvieron conocimiento de la comisión de 808.402 dehtos. Cfr. ROLDAN, H., Concepto y alcance de la delincuencia oficial, cit., III.B in fine. Según la información estadística que recaba el autor, en 1991 se habrían denunciado a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado 990.306 delitos, mientras se habrían incoado 2.089.120 diligencias previas. En 1992, 934.070 y 2.245.432, respectivamente. En 1993, 938.612, por 2.426.049. En 1994, 901.696, por 2.536.376. En 1995, 908.264, por 2.733.020. En 1996, 930.780, por 2.975.572. Y en 1997, 954.587 (denuncias ante la Policía) por 3.087.667 (diligencias previas jurisdiccionales). Así, GARRIDO GENOVÉS, V. y otros, op. cit., pág. 140. Por ejemplo, los datos estadísticos relativos a juzgados de paz hasta el año 1985 distinguían los condenados según sexo y clase de falta, no así por grupos de edad. Se echa en falta, sin embargo, tal información en el tratamiento de los datos procedentes de los Juzgados de instrucción, fi'; . i'!,.H-irci ut imnnji::,, 4«b .gfiq

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La información que arrojan las estadísticas judiciales merece alguna reflexión adicional. ¡ÍBÍ sb oibtoi íu^ En primer lugar, y en cuanto a la fuente de dicha información, es muy reducido el número de denuncias {recte: querellas) que se interponen directamente ante el órgano jurisdiccional —entre el 2% y el 4% del total—mientras crece el porcentaje de actuaciones judiciales que tienen su origen en partes médicos, al parecer, próximo al 15% en algunos delitos contra la salud y la integridad de las personas"^. No obstante, algunos autores creen detectar u n justificado incremento de la opción del particular a favor de la querella ante el órgano jurisdiccional y hablan de un proceso de «privatización del Derecho Penal»^''^ E n segundo lugar, y por lo que al propio concepto nuclear de «diligencia previa» se refiere, es obvio que el mismo no puede ser u n indicador fidedigno de la criminalidad real y sí solo un referente de la delincuencia oficial o registrada. El incremento de las «diligencias previas», desorbitado, no se corresponde, desde luego, con el más limitado ascenso del crimen real. Padece u n a clara hipertrofia^'''^ ^or muy diversas razones. Ahora bien, tampoco parece correcta la afirmación de que las estadísticas judiciales solo reflejan el volumen del trabajo de los tribunales pero no el de la delincuencia r e a l " ^ Ciertamente las cifras de diligencias previas ofrecen u n a imagen sobre dimensionada del crimen real, porque no siempre se incoan por u n hecho que constituye delito; y porque el proceso de elaboración de las mismas da lugar a posibles duplicidades de modo que u n mismo delito se registra en varias diligencias"''. Pero estos defectos metodológicos (proceso de confección de las estadísticas, déficit
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en la informatización de la información que recogen, etc.) no debe sugerir la inutilidad criminológica de esta categoría («diligencias previas»). Que de 1987 a 1997 se haya pasado de 1.338.309 a 3.087.667 «diligencias previas» significa, al menos, que h a tenido lugar u n incremento del 130% de la delincuencia oficial registrada^^^ En el anexo estadístico de la presente obra pueden consultarse las tablas y gráficos sobre estadísticas judiciales: «Anexo estadístico» (II).

c') 'Esía.áistica.spenitenciarias. La información estadística fundamental relativa a la realidad penitenciaria española se encuentra en dos fuentes: el Informe General de la Dirección General de Instituciones Penitenciarias y las ya citadas estadísticasjudiciales que publica el Instituto Nacional de Estadística. Ambas fuentes son complementarias: mejor sistematizadas, tal vez, las estadísticas judiciales; más detallada y minuciosa la información que arroja el informe. Este tuvo periodicidad anual hasta 1983 y contiene, además, datos específicos sobre determinados extremos que no se recogen en las estadísticas (vg., resumen de «actividades»: tratamiento penitenciario, sanidad penitenciaria, educación, cultura y asistencia rehgiosa, asuntos administrativos, económicos y funcionarios, obras y construcciones, trabajo en las prisiones, actividades de la Escuela Penitenciaria, Informática penitenciaria, conflictividad en las prisiones, etc.). La Estadística penitenciaria, que obra como capítulo independiente en las estadísticasjudiciales, abarca tres apartados. El primero versa sobre los establecimientos penitenciarios («distribución geográfica» de establecimientos), distinguiendo la finalidad de cada uno de ellos (conceptos: «diligencias», «detención», «cumplimiento» y «hospitalarios o asistenciales»). El segundo consta de una relación de «series cronológicas» hasta el año en curso, relativa a la «población reclusa, delitos cometidos, penados, ingresados y libertades condicionales concedidas» (se hace constar el total de la población reclusa, masculina y femenina, expresándose las respectivas situaciones procesales: penados, procesados, detenidos con especificación del sexo, en cada caso, y del concepto o causa de dicha situación procesal; con relación a los «penados», se distinguen edades, estado civil, duración de las penas y habitualidad de los mismos; en cuanto a los «delitos», se parte de las rúbricas legales: contra la

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Cfr. EOLDÁN BARBERO, H., Concepto y alcance ..., cit., pág. 696, citando el parecer de Stangeland, García y Márquez. Así, R O D R Í G U E Z R A M O S , L., ¿Hacia u n Derecho Penal privado y secundario?, en: Actualidad Jurídica. Aranzadi, n^^ 251 (20.VI.1996), págs. 1 y ss. Cfr. ROLDAN, H., Concepto y alcance de la delincuencia oficial, cit., III.F., matizando las perspectivas y significado de dicho proceso «privatizador». Así, ROLDAN BARBERO, H., Concepto y alcance ..., cit., pág. 697. Tesis esta última que mantiene STANGELAND. Cñ'. ROLDAN, H., Concepto y alcance de la delincuencia oficial, cit., ibidem. Según STANGELAND un mismo accidente en el que se ven involucrados dieciocho vehículos puede registrarse en diez Juzgados distintos, teniendo en cuenta el número de lesionados que denuncian el hecho (a juzgados distintos) y el de hospitales que traten a aquellos (que remitirán al Juzgado los correspondientes partes médicos). Cñ-. ROLDAN BARBERO, H., Concepto y alcance de la dehncuencia oficial, cit-, pág. 697, citando el parecer, entre otros de STANGELAND.

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Así, ROLDAN BARBERO, H., Concepto y alcance de la delincuencia oficial, cit., pág. 699.

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seguridad del Estado, falsedades, contra la Administración de Justicia, contra las personas, contra la libertad sexual, etc.). Se consigna también una mención a las «faltas», sin especificar sexo del infractor ni clase de la infracción; así como el total de penados ingresados (por sexos) y el de libertades condicionales. Por último, la estadística penitenciaria contiene u n a amplia información —plagada de erratas, por cierto— sobre cada año. Las tablas versan, fundamentalmente, sobre los siguientes conceptos y subconceptos: «población reclusa, clasificada por su situación procesal, infracción cometida, edad, pena y habitualidad criminal» (una segunda tabla aporta la misma información respecto a «reclusas y primarias»); «penados ingresados en prisión durante el año, clasificados por sexo y estado civil, según la naturaleza de los delitos cometidos» (en cuanto a estos últimos, se siguen las rúbricas legales, con adición de algunos conceptos ad hoc como «concurso de delitos»; constando también una breve referencia a los «delitos militares simples» y al «concurso de delito militar con otro militar o común»); «penados ingresados en prisión durante el año, clasificados por sexo y edad, según la naturaleza de los delitos cometidos» (dos tablas separadas, u n a para «varones», otra para «mujeres»); «penados ingresados en prisión durante el año, clasificados según las penas impuestas, en relación con la naturaleza de los delitos cometidos» (se distinguen dos subconceptos: delitos «definidos en el Código Penal y Leyes Especiales» y delitos «definidos en el Código de Justicia Militar»); «penados ingresados en prisión durante el año, clasificados según su nivel cultural, en relación con la naturaleza de los delitos cometidos» (se tiene en cuenta la distinta participación por sexo en el total de condenas según los diversos delitos, acudiendo al criterio del nivel cultural: «analfabeto», «con instrucción primaria», «con instrucción media», «con instrucción superior»); «penados ingresados en prisión durante el año, de nacionalidad extranjera, clasificados según su sexo y la naturaleza de los delitos cometidos». El hoy denominado «Informe» General de la Dirección General de Instituciones Penitenciarias (hasta 1977: «Memorias» de la Dirección General de Instituciones Penitenciarias) era u n a voluminosa publicación, bianual hasta el año 1986 que actualmente recoge información anual, aunque su aparición es irregular. Consta de dos partes: la primera, a modo de genuina «memoria», contiene u n detallado «resumen de actividades» desarrolladas durante el bienio en las instituciones penitenciarias; la segunda, propiamente estadística, se aproxima por su estructura y contenido —aunque con diferencias sensibles— a las estadísticas penitenciarias antes comentadas.

Comienza el Informe con una referencia a la «normativa penitenciaria», dando cuenta de las leyes generales del Estado, con especial incidencia en el ámbito penitenciario, de acuerdos del Consejo General del Poder Judicial que afectan a éste, de la reforma parcial del Reglamento Penitenciario, del traspaso de servicios penitenciarios del Estado a las diversas comunidades autónomas, de los convenios suscritos por la Administración Penitenciaria con otros organismos y entidades, así como de las circulares y órdenes dictadas durante el bienio en cuestión y otras actividades del director general de las Instituciones Penitenciarias. A continuación en diversos capítulos (11 en el informe general del bienio 19831984) se relacionan las «actividades» llevadas a cabo en las instituciones penitenciarias. Destacan, entre otros, los siguientes conceptos: población reclusa, evolución y clasificación, tratamiento penitenciario, régimen penitenciario, sanidad penitenciaria, educación, cultura y asistencia religiosa, asuntos administrativos y económicos y funcionarios. Comisión de Asistencia Social, obras, trabajo. Escuela de Estudios Penitenciarios e informática penitenciaria. La «segundaparte» del Informe reza: «Datos Estadísticos». Se hallasubdividida en numerosos capítulos (15 en el informe mencionado). Pueden citarse, a título de ejemplo, algunos de ellos: la población reclusa: ingresos producidos durante el bienio 1983-1984 y evolución de dichos ingresos en los últimos años (distinguiendo edad, sexo y tipo de Infracción); existencias y movimiento de la población reclusa durante dicho bienio (por sexos); clasificación de la población reclusa (también por sexos); evolución de la población reclusa—desde el año 1966— (las infracciones cometidas por año, situación procesal de los reclusos y análisis comparativo del total de la población reclusa por años y sexo, son algunos de los subconceptos clasificatorios. Se hace constar también la evolución del coeficiente de población reclusa por 100.000 habitantes); la población penal («penados») —distribución de ésta por delitos, años, sexo, edades, penas impuestas, habitualidad y evolución de la misma en los últimos años—; internados por la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social; población reclusa extranjera (y su distribución por nacionalidad, sexo, tipo de infracción, etc.); datos cuantitativos sobre conflictividad penitenciaria (evasiones o intentos de evasión, fallecimientos, suicidios, agresiones a funcionarios, etc.); asistencia sanitaria; educación y cultura; asuntos administrativos y económicos y funcionarios; Comisión de Asistencia Social; obras realizadas; trabajo; sanciones y recompensas a funcionarios. • ,r . k

Entre las limitaciones y deficiencias de este Informe General, ajenas a la propia técnica estadística, cabe destacar dos: los retrasos y dilaciones que sufre la publicación^''^ y las innumerables erratas aritméticas o
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A partir del año 1986 los Informes sufren u n importante retraso; como muestra baste comparar los datos de año de referencia/fecha de publicación de los dos últimos difundidos por la Secretaría de Estado de Asuntos Penitenciarios. Así, el Informe General de 1992, se publica en 1994, en tanto el referente al año 1993, aparece en 1996 (obsérvese que el periodo analizado incluye datos de una única anualidad, frente a algunos de los Informes anteriores que se estructuraban de forma bianual, vgr. el Informe General del bienio 1983-84, publicado en 1985).

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de imprenta; otras son ya endémicas en estas fuentes estadísticas pudiendo ser detectadas en las que informan sobre momentos anteriores de la actuación del control social penal (policiales y judiciales). Desde el año 1984 la Comunidad Autónoma de Cataluña tiene plenas competencias en materia de administración penitenciaria, de forma que los datos contenidos en el Informe General, a cargo de la Secretaría General de Asuntos Penitenciarios, del Ministerio del Interior, han de ser completados con los de la Comunidad Autónoma citada. El Centre d'Estudis Jurídics i Formado Especialitzada del Departament de Justicia de la Generalitat de Catalunya, hace pública periódicamente aquella información a través de los boletines de Justidata^'^'' (concretamente los n . - 1 , 5, 9, 10 y 15). E n ella se ofrece información acerca de la evolución de las cifras penitenciarias en Cataluña (actualizadas hasta octubre de 1997 y desde octubre de 1985), incluyendo viariables de sexo, edad, nacionalidad, preventivos y penados. Así mismo los n.- 9 y 10 ofrecen estadísticas, respectivamente, de las diferentes Comunidades Autónomas (1985-1994), y u n estudio comparativo de la evolución penitenciaria de Cataluña y del conjunto del Estado español (1985-1994)"^ En el Anexo Estadístico contenido al final de esta obra se ha seleccionado la información relativa a los datos penitenciarios conforme a los siguientes parámetros: por un lado, la evolución de la población nacional, discriminándose la información en función del sexo, la situación procesal penal, o el tipo de delitos cometidos. Por otro, se consigna la tipología delictivo, tanto de la población interna penada, como de la interna total, añadiéndose además la evolución de la población reclusa media desde el año 1990 hasta el año 1996. oflóJgffiíQvli^»»" í i"^ Así mismo, y pese al escaso valor criminológico del Informe, debido al retraso que sufre, se h a n seleccionado algunos de los datos más relevantes e incluido en el anexo las cifras relativas al año 1993^^^.

Por idéntica razón, se recoge en dicho Anexo la información estadística elaborada por la Secretaría General Técnica del Ministerio del Interior en cuanto a la población reclusa durante los años 1998, 1999 y 2000.

C) Particular

referencia a algunas

técnicas

de

investigación

De las innumerables técnicas de investigación merecen u n a cita particularizada, entre otras, las siguientes: 1') Reconocimientos médicos. No es posible siquiera recoger u n catálogo abierto de métodos de reconocimiento, incluidas las investigaciones especiales y adicionales (de laboratorio, electrofisiológicas, físicas, etc.), como tampoco las que pertenecen al dominio de la Psiquiatría (neurológicas, neuroencefalogramas, electroencefalograma, etc.)^®°.

2') La exploración. Junto con la entrevista, constituye la forma de comprobación de mayor interés referida a la persona del examinado. Difiere, en puridad, de la entrevista, aunque a menudo se equiparan una y otra técnica. La exploración persigue captar de manera exhaustiva la personalidad o algún campo de la personalidad del sujeto. Es el modo más adecuado de investigar el aspecto psicopatológico de aquélla que integra el diagnóstico psiquiátrico. Equivale, pues, la exploración psiquiátrica a un depurado diagnóstico clínico en el campo médicosomatico..jjj^^,-^^gllfj^j|5g^.Tg^^ggi,.g;,^^ i'tSítósró^.fsteK'ii^W» * . &*
La exploración requiere una profunda formación especializada de índole psicológica o psiquiátrica, tanto en quien la progranna como en quien la lleva a cabo: exige no sólo unos conocimientos teóricos básicos sobre la especialidad sino también el dominio de la técnica diferenciada de exploración psiquiátrica, el más completo método de investigación psicopatológica y el dominio de ia exploración psicológica para la indagación de contextos psíquicos^^^ Se lleva a efecto, generalmente, en forma de con\/'Brsaciónenlxe dos. Es necesario un continuo análisis de los datos e BI ai información que se registra, precediéndose a una reducción de las impresiones complejas y a una síntesis subsiguiente de las aisladas en el ámbito total de la imagen integrada de la persona examinada^**^. *' ,' .i| . í;iii>|iiíioKirufarf'J £Í efc ^u iay>i , KofeoJSM ^'T ,Sff.Lli.tijjfeTOr -ssi.q . I, ' ^sihO..H.í!5i
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La mencionada publicación se nutre, en especial, de los datos proporcionados semanalmente tanto por la, hoy, Secretaría General de Asuntos penitenciarios del Ministerio del Interior, como por la Direcció General de Servéis Penitenciaris i de Rehabilitado del Departament de Justicia de la Generalitat de Catalunya. Se aportan cifras de la población encarcelada, preventiva, y penada, discriminada por sexos, en u n análisis temporalizado por semestres (se ofrecen algunos ejemplos en el «Anexo Estadístico» de este Tratado). Informe General 1993, Secretaría de Estado de Asuntos Penitenciarios, Ministerio de Interior, Madrid, 1996. Véase Anexo III. Otras fuentes de consulta actualizadas

son las que proporciona Instituciones Penitenciarias a través de su página de Internet [www.mr.es/instpeni/cifras.htm (datos a 18-7-1997)]. ^*"' Cfr., GÓPPINGER, H., Criminología, cit., pág. 106. ^* Así, GÓPPINGER, H., Criminología, cit., págs. 106 y 107. *^ 182 M ,1: , B 3 Í I Así, GÓPPINGER, H., Criminología cit., pág. 107.

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La exploración psicológica se inscribe en el dispositivo psicodiagnóstico. La entrevista, por el contrario, persigue la obtención de informaciones mediante la recogida de datos (subjetivos) que el examinado ofrece.

3') La entrevista. Tiene, pues, u n a estructura más simple y menores pretensiones que la exploración. Por ello, no precisa en quien la lleva a cabo (observador) u n a especial cualificación, bastando con la formación propia de la técnica de encuesta^*^. El papel de éste —a diferencia de lo que sucede en la exploración— es el del intermediario neutral, si bien no es fácil evitar que la persona o actitudes del entrevistador desencadenen determinadas reacciones en el entrevistado, ya que, en definitiva, la entrevista es u n a técnica basada en la comunicación entre dos personas relacionadas por un mensaje^®"*. Existen numerosos tipos o clases de entrevistas, según el grado de estandarización de las preguntas, de libertad de comunicación entre entrevistador y entrevistado y profundidad de ésta, de estructuración, número de participantes, destinatario, etc.
' u • . i " Así, suele distinguirse, atendiendo al primero de los criterios, entre entrevistas «informales» y entrevistas «estandarizadas»^'*'^; o, siguiendo a Grawitzl^^ entre entrevistas: clínica o libre, profunda, de respuestas libres, entrevista centrada (focusedinterview), de preguntas abiertas y de preguntas cerradas. La entrevista //^/esignifica el máximo de libertad y de profundidad en el proceso de comunicación entre entrevistador y entrevistado. Interesa ponderar aquí no sólo el contenido de lo que manifiesta el entrevistado sino también la forma en que lo hace. Esta modalidad de entrevista, con sus diversas submodalidades^''^ se utiliza como técnica psicoanalítica y psiquiátrica. I La entrevista profunda se orienta a campos más limitados (por ejemplo, la «motivación»). El papel del entrevistador es más activo, al sugerir el objeto de estudio y seleccionar los datos obtenidos^^^ en forma cualitativa, te fisic La entrevista de respuestas iibresse limita a sugerir el tema, pero las preguntas OÍR'- "O se formulan anticipadamente, lo que confiere más libertad y reflexión al investigador'"''. Br
ni o i& 6 SVtiii BO . cu.,j!U}jic^ cíújxajiiyu aD üOIOBgEOni Et BIJ:

La entrevista centrada (focused interview), técnica desarrollada por Merton, cuenta con unas hipótesis elaboradas de antemano, y a partir de las mismas, el entrevistador polariza la entrevista haciendo un análisis en profundidad (por ejemplo, de una determinada experiencia y de los efectos que provocan uno o varios estímulos), susceptible a menudo de técnicas comparatistas con otras personas distintas^^°. La entrevista de preguntas abiertas contiene preguntas precisas pero que no condicionan rígidamente las posibilidades de respuesta. La libertad del entrevistador es reducida, pero no así la del entrevistado, cuyas contestaciones pueden abrir de improviso nuevas perspectivas a la investigación'^^ Por el contrario, la entrevista ÚQ preguntas cerradas, próxima ya a los cuestionarios estandarizados, circunscribe las posibilidades de respuesta al máximo, tanto si se trata de preguntas formuladas en términos de alternativa (sí o no), como de «lista» (oferta preestablecida de contestaciones)'^^. Según el grado de «dirección» que recabe el entrevistador y el modo de llevar la conversación, cabe distinguir, también, diversas clases de entrevistas: Entrevistas dirigidaso no dirigidas. En las primeras, el entrevistador mantiene la iniciativa y control de la comunicación, orientándola en el sentido deseado con los mensajes oportunos. Por el contrario, en las no dirigidas —que Rogers elaboró e introdujo en el campo de la psicoterapia'''^— la estructuración de la entrevista es mínima, porque se trata con ella de destacar el cuadro perceptivo del examinado situándole en una disposición de ánimo favorable en la que se espera reaccione consigo mismo. Importa, pues, no tanto clasificar o interpretar los sentimientos del entrevistado, como darle confianza y que se sienta comprendido"''*. Entrevistas directas o indirectas. En las primeras, las preguntas efectuadas no pretenden obtener otra información que la que aparentemente persiguen, lo que no sucede con las entrevistas indirectas'^^. Finalmente, atendiendo al número de participantes, a la instrumentación de la propia entrevista y a la índole de sus destinatario cabe distinguir: La entrevista convencional, ^^/^^^/(entrevistador-entrevistado), la entrevista común con piuraiidad sucesiva de entrevistados (examinado, familiares de éste, etc.), la entrevista de grupo (pluralidad coetánea de examinados) y el tándem o board-interview, es decir, el interrogatorio «cruzado» (pluralidad de entrevistadores r • t ^ entrevistado único)""^. Isno |_g entrevista c/s/y la consulta escrita, frecuente esta última cuando el destinaíSí)(íé9l5' ^ tario es un grupo o colectivo social"
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Sobre el problema, detalladamente, MIRALLES, T^ Métodos y técnicas de la Criminología, cit., págs. 343 y ss. (y reseña bibliográfica). También, GOPPINGER, H., Criminología, cit., páginas 107 y ss. Así, MIRALLES, T^ Métodos y técnicas de la Criminología, cit., pág. 343; GOPPINGER, H., Criminología, cit., págs. 107 a 110. J^ Así, GOPPINGER, H., Criminología, cit., pág. 108. •r'^.lZJ^LL... GRAWITZ, M., Métodos y técnicas de las ciencias sociales, vol. II (1975), págs. 191 y ss. Cfr. MIRALLES, T^ Métodos y técnicas de la Criminología, cit., págs. 349 y ss. 187 Cfr. MIRALLES, T^, Métodos y técnicas de la Criminología, cit., pág. 350. 189 í l l ^ ^ J ? ^ í : ' ^ í ' ^ ' '^"' Métodos y técnicas de la Criminología, cit., pág. 350. MIRALLES, T-, Métodos y técnicas de la Criminología, cit., pág. 350.


190

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MIRALLES, T-, Métodos y técnicas de la Criminología, cit., págs. 350 y 351. 191 Así, GOPPINGER, H., Criminología, cit., pág. 109. 192 Así, GOPPINGER, H., Criminología, cit., pág. 109. ^"^^ MIRALLES, T-, Métodos y técnicas de la Criminología, cit., pág. 352. ^^^ Cfr. GRAWITZ, M., Métodos y técnicas, cit., pág. 109 y ss. Cfr. MIRALLES, T^ Métodos y técnicas de la Criminología, cit., pág. 352. 195 MIRALLES, T-, Métodos y técnicas de la Criminología, cit., pág. 353. 196 Cfr. GOPPINGER, H., Criminología, cit., pág. 108. 197 Cfr. GOPPINGER, H., Criminología, cit., págs. 108 y 109. .,,;,, , ,

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... _ -ms!

La encuesta panel, en la que se entrevista a los mismos sectores de la población sobre las mismas variables pero en épocas diferentes, al objeto de registrar los cambios de opinión y conducta durante el período de tiempo interesado^^".

4') El cuestionario. Es una técnica dirigida específicamente a estudios survey, grandes muestras y sondeos de «opinión», dada la estructura «normalizada» de las preguntas que utiliza. La calidad de la información que puede suministrar es, también, menor, puesto que responde a las . exigencias de los análisis «cuantitativos», presupone la homogeneidad del colectivo encuestado y, a diferencia de la entrevista, limita al máximo las posibilidades de respuesta y la ponderación de sus matices^^^.
ütíJWPfl''» El cuestionario es un instrumento de medición «cuantitativa», «normalizado», «calibrado» y de «doble aspecto»^™. Bl* Como instrumento «cuantificador», describe la influencia de la variable independiente sobre las dependientes, y resulta particularmente indicado en las investi'£ gaciones de «verificación». Presupone, en tal sentido, una compleja labor de conceptualización y análisis operacional, así como la selección anticipada de los indicadores que integran cada variable de la investigación. Como instrumento «normalizado», exige una total homogeneidad y uniformidad tebc de las preguntas, a fin de posibilitar el posterior análisis comparativo de las respuestas con técnicas estadísticas. one Como instrumento «calibrado», requiere ensayos previos con personas de one características similares a las que integrarán la muestra, al objeto de perfilar y corregir posibles errores en las hipótesis, conceptuación, formulación de las preguntas, etc. En cuanto técnica de «doble aspecto», si bien se orienta prioritariamente al Bí3i\ estudio de grandes muestras, puede cuantificar, también, unidades de observación ,síeí s¡mples^°^ ':'3©fcí^' •taínfte;,!.

Además, suele emplearse para completar la información que suministren otras técnicas (cuestionario, entrevista, etc.) y verificarla, e incluso como instrumento único o básico de trabajo, operando entonces con un aparato conceptual muy preciso y un objeto perfectamente conocido y delimitado de antemano. Particular aplicación tiene en la «terapia social», como instrumento y control simultáneo; así como, en la sociología, para el estudio de «roles» (vg., sociograma)^°^.
La observación puede ser no estructurada {'pa.m recabar datos pero sin partir de unas hipótesis muy concisas); o estructurada, si opera sólo con las variables y en el sentido de las hipótesis^"''. Cabe distinguir, también, entre una observación externa {B\ observador permanece ajeno al grupo, aunque receptivo) y una observación activa o participante, integrándose en el mismo como un miembro más. Esta última, junto con sus lógicas ventajas, presenta, también, serios inconvenientes, en la medida en que las exigencias convencionales de toda investigación científica (neutralidad, distanciamiento del objeto, no identificación con el mismo, etc.) corren el riesgo de diluirse^"^ La observación activa o participante conlleva, a menudo, una aconsejable escenificación, con el consiguiente reparto de papeles (Psicodrama). Algunas investigaciones conocidas han acudido a la técnica de la observación de forma prioritaria. Así, en el campo de la Antropología Social, las de MALINOWSKI (1923), M. MEAD (1961 y 1976) y MURDOCK (1949). Particularmente significativa es la de B. WHYTE (1943) sobre una comunidad marginada de emigrantes italianos de Boston, investigación esta última semiestructurada, de más de tres años de escrupuloso trabajo intensamente vivido, y que le permitiría concluir —frente a la tesis oficial de la «desorganización social» de ciertas minorías marginadas— que la delincuencia en pandillas de jóvenes de la denominada «segunda generación» no es producto de una supuesta «desorganización» social o de grupo^"''.
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5') La observación. Surgió esta técnica en la Antropología Social generalizándose, después, para investigar determinadas parcelas del ámbito psíquico y social del examinado, sobre todo, como complemento de la exploración. En tal sentido, requiere unos conocimientos psiquiátricos y psicológicos muy cualificados en quien la practica y u n a cierta estandarización en cuanto al objeto de la misma^"^. ^Í^Í->ÍÍ
r;i h ,H .HÍiO'/.WTí 198 GÓPPINGER, H., Criminología, cit., pág. 109. ' ' ' " "" ^"^^ MIEALLES, T^ Métodos y técnicas de la Criminología, cit., pág. 387. Así, TREMBLAY, M., Introducción á la recherche dans les Sciences Humaines, cit., cfr. MIRALLES, T-, Métodos y técnicas de la Criminología, cit., pág. 363. ^°i Cfr. MIEALLES, T^ Métodos y técnicas de la Criminología, cit., pág. 363. '"^ Así, GÓPPINGEE, H., Criminología, cit., pág. 110.

6') La discusión en grupo. J u n t o con el psicodrama, h a adquirido particular significación en el análisis y terapia de la personalidad, y en la terapia sociaP°''.
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GÓPPINGER, H., Criminología, cit., pág. 110. Cfr. MIEALLES, T-, Métodos y técnicas de la Criminología, cit., pág. 398. MIRALLES, T^ Métodos y técnicas de la Criminología, cit., pág. 399. Cfr. MIRALLES, T-, Métodos y técnicas de la Criminología, cit., pág. 418. Cfr. GÓPPINGER, H., Criminología, cit., págs. 111 y ss. (y bibliografía allí citada). Por todos, MORENO, J.L., Gruppenpsychotherapie und Psychodrama, Stuttgart, 1959. , ,: .- , , .

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Presupone, en el «director», u n a adecuada formación científica . psiquiátrica y psicológica— y experiencia en psicoterapia y en terapia de grupo.
La intervención del director debe ser mínima, limitada a la elección del tema mediación en las diversas intervenciones y ocasional interpretación de las mismas! P°''<^'^^ '° decisivo de esta técnica es la creación de un marco de espontaneidad y participación en la que cada actor experimente cómo también los demás se enfrentan a los mismos problemas, haciéndole consciente de sus propias reacciones y confrontándole con las de los otros. De este modo se pretende obtener una información valiosa sobre determinadas opiniones del partícipe, sobre su influenciabilidad, situación afectiva y otros campos vitales y vivencias^"".

confirmará si el grupo de control comete un porcentaje de delitos estadísticamente más significativo que el grupo experimental^!^.

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El experimento puro, sin embargo, es u n a modalidad en desuso y muy desacreditada por diversas razones, habiendo recibido severas críticas los realizados en el marco de programas de rehabilitación penitenciaria^". - . Ante todo, plantean graves reparos desde u n punto de vista ético y deontológico con relación al ensayo que se practica con el grupo experimental. Por otra parte, y desde u n a perspectiva estrictamente científica tienen muchos puntos débiles. Parece muy difícil, por ejemplo, la selección de los dos grupos homogéneos, el experimental y el de control, lo que exige u n a base de muestreo extensísima y siempre problemática. Resulta, de hecho también, imposible el control de una serie de variables: así, cuando en el ejemplo tipo antes citado se modifica la vivienda del grupo experimental, se alteran, también, otras variables con las que no se cuenta (amistades, relaciones, empleo del tiempo libre, etc.), de modo que el experimento carece del control de las mismas, que difieren de las correlativas al grupo que permanece en su habitat natural. Por último, tampoco parece sencillo ponderar con objetividad y garantías las respuestas y reacciones que ofrecen los grupos sometidos a experimentación^^'^.
En todo caso, y aunque suele propugnarse la semejanza del experimento con el que tiene lugar en el marco de las ciencias naturales, sólo formalmente cabe tal equiparación ya que el hombre no es una magnitud fija y quiebra, por tanto, cuando es analizado en sus interdependencias sociales, uno de los requisitos del experimento científico-natural: su repetibilidad (constancia de las condiciones)^!^ 3b «f:ifc9fTi bBbitenc3i9(í!»'6f nóo'áinamSiiB^dárt étóoriigS'b

T) El experimento. Cobra particular aplicación en las investigaciones sociopsicológicas^°^. Consiste, en definitiva, en la provocación, sujeta a un plan, de u n a situación de hecho^^°, si bien no suele ser fácil distinguirle, de forma nítida e inequívoca, de la observación y la exploración ya que las fronteras entre estas técnicas de investigación son fluctuantes^". Existen dos modalidades básicas de experimento: el de laboratorio y el de campo. En el de «laboratorio», un grupo experimental y un grupo de control son observados en situaciones artificiales; a fin de determinar si un concreto factor causal (variable independiente) produce o no el efecto que se le atribuye (variable dependiente). Cuando la investigación se lleva a cabo precisamente en el habitat natural o entorno normal del grupo de contraste, se habla, entonces, de experimento de «campo»^^^.
Esta técnica del experimento ha sido frecuentemente utilizada con el propósito de establecer relaciones de causalidad entre determinados fenómenos sociales y el comportamiento criminal. Así, por ejemplo, para verificar silas malas condiciones de o b n habitabilidad generan delincuencia, se divide en dos grupos (el «experimental» y el i\ ^ , de «control») un determinado número de familias del «cinturón de miseria»; el grupo de «control» permanece en su barrio, mientras el «experimental» es trasladado a otro de mejores condiciones de habitabilidad. La hipótesis de la investigación se

8') Los test psicológicos. Son el instrumento principal del psicólogo para el diagnóstico de la personalidad y el examen de sus funciones. Se pretende, con ellos, obtener en el menor tiempo posible la imagen más amplia y significativa de determinados campos psíquicos de la personai-'f aírírr-tfi-«/s

Vid. GOPPINGER, H., Criminología, cit., pág. 111 (y amplia reseña bibliográfica sobre la discusión en grupo). ^"^ Vid. MAYNTZ, E.; JOLM, K , y HÜBNER, P., Einfürhung in die Methoden dar empirischenSoziologie, 1971 (ColoniayOpladen), págs. 168 y ss. Cfr. GOPPINGER, H., Criminología, cit., págs. 111 y 112; MIRALLES, T"^, Métodos y técnicas de la Criminología, cit., págs. 329 y ss. ^^^ Cfr. GOPPINGER, H., Criminología, cit., pág. 111. ^" Cfr. GOPPINGER, H., Criminología, cit., pág. 111. '12 Vid. GOPPINGER, H., Criminología, cit., pág. 112.

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Vid. MIRALLES, T^ Métodos y técnicas de la Criminología, cit., págs. 328 y ss. Vid. MIRALLES, T^ Métodos y técnicas de la Criminología, cit., pág. 331 (y bibliografía allí reseñada). Vid., por todos, MIRALLES, T^ Métodos y técnicas de la Criminología, cit., pág. 330
y ss. j i . . . ¡ ! „«•

Cfr. GOPPINGER, H., Criminología, cit., pág. 112. >05K:5, .

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lidad, mediante el procedimiento de provocar en el individuo que se examina ciertas reacciones. De éstas se deducen, después, las oportunas consecuencias (en orden a l a capacidad, actitudes, etc. de aquél) susceptibles de análisis y comparación a través de métodos estadísticos. En este sentido, el test suele caracterizarse como «situación experimental estandarizada»^^^ o supuesto «especial de experimento»^^^. La particular idoneidad del test para el examen de la personalidad se explica por la propia naturaleza del mundo psíquico, sólo accesible por medio de la «expresión», esto es, de la «deducción»: el test permite reconducir las afirmaciones incontroladas que se vierten en u n a exploración, observación o experimento a un marco previamente definido, limitando el procedimiento de obtención de datos mediante ciertos criterios y definiendo formalmente su contenido con precisas determinaciones. 219 Siendo, además, distintas las personas que se someten al mismo test, y distintas sus reacciones, cabe entonces ponderar estadísticamente las diferentes respuestas y clasificar las personas que se sometieron a
Pero el test es uno de los métodos, no el único, y sólo un método, que no debe sobrevalorarse ni absolutizarse. Del mismo modo que la exploración psiquiátrica no puede ni pretende captar totalmente la personalidad, tampoco los mejores tests son capaces de mostrar «la» personalidad —o ciertos campos psíquicos— «tal y como es»; proporcionan, a lo sumo, una «imagen» de la personalidad —o de sus muchas facetas— tal y como ésta se «manifiesta» y «deduce» de la prueba realizada, en el momento de hacerla, y en comparación con otras personas sometidas al mismo test o con un valor «medio» estadístico calculado para éste^^". Baste con observar, por lo que se refiere a los tests realizados a delincuentes, que son indicadores de la personalidad del autor en el momento de someterse a los mismos; momento que no coincide necesariamente con la «personalidad media» de aquél en el momento del hecho, pues todas las vivencias posteriores a la conducta criminal repercutirán en su propia personalidad, reflejándose de algún modo a la e¡c, .aehora de someterse al test^^^ j v; ,DS:0íi«0O.5í;f©qBi ot) (KJíTSon^KíP. a é m íi-T^ ; Í ! ' ! __ .,,,j,Cvt L/^VJÚ l o n s m íe 0 9 -isasMo ,ao{Í9 ara ^B_ '•^"••"' ' ' : , j ; l ü p t e q goqmsrj BobñíiiiTíiaJab eb .BviíBoilífn^ía v

Todo test debe ser objetivo, fidedigno, válido, suficiente, susceptible de comparación, económico y útiP^^, requisitos no siempre presentes en la rica y heterogénea oferta actual que, al parecer, oscila entre 20.000 y 50.000 modelos^^l Desde un punto de vista funcional se clasifican los tests, en: test de eficiencia (test de inteligencia, tests de aptitudes y tests neuropsicológicos) y tests de personalidad (tests objetivos y técnicas proyectivas).
Los tests de intel¡genciamó& conocidos son la Escala de Binet-Simon (1911), con sus sucesivas revisiones (Binet-Terman, de 1916); Stanford o Terman-Merhll, de 1937 y 1960), que permite determinar la «la edad mental»; las escalas de inteligencia de Weschier-Bellevue (formas I, de 1939, y II, de 1940-1946) y el Weschier Adult Intelligence Scale (WAIS), de 1955, que además de tests de inteligencia general han sido objeto de investigación como posibles instrumentos de diagnóstico de una gran variedad de condiciones patológicas; test de Raven (1938) y test de dóminos (D-48), de1944221 Los tests de aptitudes ^\\QÚQX\ versar sobre las funciones mentales o sobre el pensamiento conceptual, los primeros miden los rendimientos específicos de la atención (tests de Toulouse Pieron, de Meili, etc .); la memoria (de Weschier, de Cattell, etc.); aptitudesperceptivo-motores (de retención visual, de Benton;guestáltlco visomotor, de Bender; de la figura compleja, de Rey, etc.); test psicofisiológicos; psicomotores (de destreza motora, de Stromberg; de actitud mecánica, de McQuarrie, etc.). Los tests de pensamiento conceptual miden la aptitud para la categorización. Así, los de Vigoisky-Hanfmann y Kasanin (para el estudio del deterioro mental), el de Afasias (del lenguaje) y la batería de Luria^^^. Los tests á%personalidad^^ se clasifican en: cuestionarios de personalidad, tests objetivos de la personalidad y tests proyectivos de personalidad. Los primeros, unifásicos o multifásicos (según el número de rasgos que midan), pueden seguir criterios de medición psicológicos clásicos (vg. tests de Allport o de Terman), nosológico-psiquiátricos (test MMPI) o análisis factorial y medir rasgos de adaptaeb ,39 ción, interés o valores. Algunos de estos tests se refieren a tipologías de carácter (vg. Guilford-Zimmermann y 16 PF de Cattell), otros aspectos de personalidad patológiSsíne-,

^^•^ Así, PICHOT, P., Les Tests psychologiques en Psychiatrie, en: Gruhle, H.W.; Jung, R., y otros (edit.) Psychiatrie der Gegenwart, Forschung und Praxis, I y II, 1963, Berlín, Gottingen, págs. 181 y ss. Cfr. GÓPPINGER, H., Criminología, cit., pág. 113. '^** Así, GÓPPINGER, H., Criminología, c i t , pág. 113. • • ., . ,. ^^^ Así, GÓPPINGER, H., Criminología, cit., pág. 112. ''SUU ,aobai'<ocf ,£>iV '2" Cfr. GÓPPINGER, H., Criminología, cit., pág. 113. . BR \ 221 GÓPPINGER, H., Criminología, cit., pág. 114. » ^XiíMíHHOD .-ñD

222 Cfr. GÓPPINGER, H., Criminología, cit, pág. 114. " " '' 2= Así GÓPPINGER, H., Criminología, cit., pág. 114. 2^ ''* Cfr. VALLEJO, J., BULBENA, A., GRAU, A., POCH, J. y SERRALONGA, J., Introducción a la psicopatología y psiquiatría, Barcelona (Salvat), 1983, págs. 151 y ss.; CABRERA FORNEIRO, J., y FUERTES ROCAÑIN, J . C , Psiquiatría y Derecho dos ciencias obligadas a entenderse. Manual de Psiquiatría Forense, Madrid, (Cauce Editorial), 1997, págs. 109 y ss.; ESBEC RODRÍGUEZ, E., y GÓMEZ JARABO, G., Psicología forense y tratamiento jurídico legal de la discapacidad. Madrid (2000), Edisofer, S.L., págs. 304 y ss. 225 Cfr., VALLEJO, J., BULBENA, A., y otros, Introducción a la psicopatología y psiquiatría, cit., págs. 154 y ss. 226 Vid. CABRERA FORNEIRO, J., FUERTES ROCAÑIN, J . C , Psiquiatría y Derecho, cit, pág. 111. ^,_ ^_^, , . , . . , „ . , , ^ „ . . , . „ „ , UTÍiA. .,.„-. •

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ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA eos (vg. autoanálisis de Cattell; EPI, de Eysenck; ansiedad, de Taylor; SN59, de Cerda; NAD de Costa-Molinari; Hamilton, de ansiedad y depresión, etc). Los tests objetivos de personalidad son, entre otros, los de los laberintos de Porteus, del dibujo en espejo, y de batería de Hartshome y May. Los tests proyectivos (de Rorschach, Tat de Murray, test de Lowenfeld, de K. Machover, etc.) pueden subcJasIficarse en tres grupos: los proyectivo-gráficos (Goodenough, Koch, etc.); los que utilizan material diferenciado (así: test del nnundo, de Buhier; de frustración, de Rosenzweig; de apercepción temática, TAT; de asociación de palabras, de Jung, etc.); y los que utilizan material indiferenciado (test de Rorschach)=^=^^. De los tests citados tienen particular interés los neuropslcológicos, que estudian las funciones cerebrales superiores mediante las «unidades funcionales cerebrales» (Anokhin, Vigotski, Luria, etc., de la Escuela rusa). Y, para la Psiquiatría, el MMPI, el de Macchover y el 16.P.F. de Cattell (con relación a los trastornos de la personalidad); el de Wais y el de Raven, a propósito del retraso mental; el test de Luria y el de Wais, también, en cuanto a las demencias; el MMPI y los proyectivos de Rorschach y Macchover, para las psicosis; los cuestionarios de Hamilton, Beck y Zung-Gonde, con relación a los trastornos afectivos y de ansiedad^^".'

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no definen la magnitud de las diferencias entre las categorías de rango (vg. muy agradable, agradable, neutral, etc.). Las escalas de intervalo se llaman así porque el intervalo entre las clases se sucede con igual separación o frecuencia, por lo que los respectivos valores corresponden a los de las cifras (la diferencia entre los valores de los puntos 10 y 12 de una escala de intervalo es la misma que entre los valores de los puntos 2 y 4). La escala de relación, sin embargo, tiene un auténtico punto cero, siendo poco utilizada en el campo psíquico^^^. La fidelidad y validez de la escala suele verificarse con arreglo a diferentes técnicas {test-retest, multiple-form, spiithalf, etc.)^^^.

Los métodos de medición se utilizan en la Sociología, versando entonces sobre actitudes, percepciones y comportamientos individuales o de grupo^^*. Pero tienen u n a especial significación teórica y práctica en la psicología de la personalidad (en forma de cuestionarios) al objeto de averiguar hasta qué punto se halla pronunciada una determinada cualidad.
Cabe resaltar aquí dos suertes de cuestionarios^^^: un primer grupo se perfiló comprobando, con fines clínicos, «algunas expresiones patológicas de dimensiones de la personalidad», como es el caso del conocido MMPI (Minnesota Multiphasic Personaüty Inventory), test amplio de cuestionario, desarrollado para el diagnóstico de particulares irregularidades psíquicas, que consta de tres escalas de validez y diez escalas estándar; un segundo grupo de cuestionarios persigue obtener información sobre «dimensiones fundamentales» o «factores» de la personalidad (es uno de los instrumentos preferidos, por ejemplo de la Psicología «factoriaiista» de Eysenck). -BBIÍ Todos estos métodos de medición tienen sus limitaciones^^^, pero chocan, ante , 4 todo, con la imposibilidad de cuantificar con exactitud cuanto sucede en el mundo '* " psíquico del hombre. Tai vez por ello, sería preferible utilizar la expresión «estimapeiKN. ción gradual» antes que la de «medición»^^^

9') Métodos de medición. El concepto de «medida» alude a la cuantificación de u n a propiedad de un sistema concreto^^^; medir es interpretar ciertas señales convencionales, como números, que suministran, a su vez, u n a imagen más o menos fiable de porciones o grados de una propiedad^^°; magnitud, en consecuencia es el modo en que los grados de u n a propiedad se representan por números. Los métodos de medición pretenden, en definitiva, llegar hasta diferenciaciones cuantitativas a través de la captación cualitativa de ciertos campos^^\ La medición presupone u n instrumento: la escala.
Existen muy diversas clases y subclases de escala: nominales y ordinales, de .8V)1£ -igóloí intervalo o de relación, etc. Las escalas nominales, no marcan diferencias cuantitativas entre las diferentes expresiones de características consignadas en las mismas. Las ordinalescQ'n'(\ev\en o expresan una relación cuantitativa en progresión o regresión (mayor-menor) pero tíi ,íí(Ki ,:Sv¡ .£i;:yíü{iífni:ín ,,11 iídr'i'^í.q^fóí; .Ul -süq ,.ia .bigofonMahD ..H ^m'^JT¥\Oí Cfr., VALLEJO, J., BULBENA, A., y otros, Introducción a la psicopatología y psiquiatría, cit., págs. 156 y ss.; CABKEKAFORNEIRO, J., FUERTES ROCAÑIN, J.C., Psiquiatría y Derecho, cit., págs. 113 y ss. Vid. CABRERA FORNEIRO, J., FUERTES ROCAÑIN, J . C , Psiquiatría y Derecho, cit., págs. 116 y 117. Cfr. MIRALLES, T^ Métodos y técnicas de la Criminología, cit., pág. 462; GÓPPINGER, H., Criminología, cit., págs. 115 y ss. Así, BUNGE, M., La investigación científica. Barcelona. Ariel, 1980, pág. 787. Cfr. MIRALLES, T^, Métodos y técnicas de la Criminología, cit., pág. 462. Así, GÓPPINGER, H., Criminología, cit., pág. 115. • . -

10') Métodos sociométricos. Son de preferente aplicación en el ámbito sociológico y socialpsicológico. Pretenden investigar las relaciones cambiantes de cada uno de los miembros de u n grupo menor o comunidad investigando la frecuencia e intensidad de determinadas relaciones

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Para u n estudio más detallado de las diversas escalas, vid. MIRALLES, T^, Métodos y técnicas de la Criminología, cit., págs. 462 y ss. Cfr. MIRALLES, T-, Métodos y técnicas de la Criminología, cit., pág. 475. '• ' Así, MIRALLES, T-, Métodos y técnicas de la Criminología, cit., pág. 463. Cfr., GÓPPINGER, H., Criminología, cit., pág. 116. Por todos, GUILFORD, J.P., Psychometric Methods, 1954, New York. Cfr. GÓPPINGER, H., Criminología, cit., pág. 116. .,,,,„„„.i,,^,. Así, GÓPPINGER, H., Criminología, cit., pág. 116. OKffí- .íi.C I ,'i

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elementales: atracción, repulsa, neutralidad, etc. Estas se reflejan, después, en forma de «sociograma», que describirá u n a red gráfica significativa de tales relaciones entre los miembros del grupo, muy útil para ponderar la situación de cada persona en él (aislamiento, participación, liderazgo, etc.)^^**.

En cuanto a las biografías escritas por los mismos delincuentes, la valoración deber ser muy matizada. La explicación e interpretación de las propias experiencias vitales interesa, desde luego, a la Criminología, pero es importante verificar la fiabilidad de la versión que aquéllos ofrezcan. La biografías criminales tienen, por tanto, serias limitaciones. Adem'ás, no todo delincuente está capacitado p a r a escribirlas, ni desvelan posibles motivaciones ocultas, a menudo intuibles sólo por un tercero^*^ ajeno al propio autor de las memorias o relatos. Pero, con las oportunas reservas y cautelas, suministran u n material informativo útil y contrastable, más difícil a menudo de obtener por otros métodos^'*^, por cuanto la reproducción del «pasado» de u n a persona suele chocar con obstáculos insalvables.

11') Métodos longitudinales: nales.

estudios de «casos» y «biografías» crimi-

Las estadísticas son descripciones «transversales» de la criminalidad, inspiradas por criterios «cuantitativos». Los case studies o case histories y biografías (Ufe histories) son técnicas individualizadoras y longitudinales de corte «cualitativo» que t r a t a n de desvelar la historia del autor y de su hecho siguiendo el curso de su vida y de sus experiencias. Algunas de ellas, no obstante, pueden suministrar informaciones valiosas, susceptibles de tratamiento estadístico, a la luz de los datos que aporten casos semejantes^^a. i^jabítenEíaet-.íwtowilvtite Los case studies t r a t a n de recoger la información lo más completa posible sobre cada supuesto individualizado (descripción del comportamiento, historial familiar, trazos de la personalidad, pasado y presente del hogar, vecindad y círculo de amistades, oportunidades sociales, experiencias en grupo, habilidades, preferencias, hobbies, oportunidades y actividades laborales, vida escolar, intereses, metas y proyectos, etc.), acudiendo a la más variada gama de fuentes^*°.
HEALY, en los Estados Unidos, practicó esta técnica para estudiar delincuentes juveniles de Chicago. La Judge Baker Foundation ha publicado, también, conocidos Oc case stucf/e^^^. -í! Los individual case studies son un excelente método complementario de la |jgU|,. Criminología, pero tienen, también, importantes limitaciones, por razón de la ' complejidad y dispersión de la fuente informativa, así como por la inevitable carga •8: de la subjetividad que imprime el investigador al seleccionar los datos o intuicianismo en su ejecución^^^.
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12')Estudios de «seguimiento»: los «follow-up». Los estudios/bZZoif-wp examinan la evolución del individuo durante un determinado período de tiempo operando con u n a serie de factores psicológicos y sociológicos. Son, pues, métodos dinámicos y evolutivos. i^.;.._-. Surgen a principios del siglo XX para verificar la efectividad del tratamiento de los reclusos, cuando los partidarios de los contrapuestos sistemas penitenciarios (Auburn, Filadelfia, etc.) necesitan respaldar sus idearios con resultados empíricos^'*^. ---•----^•i----^ ---«---Estudios follow-up se h a n llevado a cabo para hacer u n seguimiento de las carreras criminales, del proceso de reinserción social del ex penado, y de determinados estados psicológicos de éste durante el cumplimiento de la condena.
Los primeros de ellos tratan de investigar la génesis, evolución y manifestaciones de una «carrera criminal». Los segundos giran en torno al problema de la reincidencia y pretenden poner de manifiesto hasta qué punto aquélla deriva del fallo del tratamiento penitenciario o de otros factores. Particularmente valiosos son, en este sentido, los estudios del matrimonio GLUECK^'"' y del GLASER^*^. Los Glueck hicieron un seguimiento durante quince
^nlA í ^ f i ^JV«^tvr^.H fí*.!ffjíimrh.>f v/'i 11,-1 i'i'T v J h . u a s S . i rfi r Cfr. ENGLAND, D.R.-ENGLAND, R.W., Criminology, cit., pág. 73. ^** Para una reseña bibliográfica sobre el tema, vid. TAFT, D.R.-ENGLAND, R.W., Criminology, cit., pág. 73. '-^ 245 Cfr., MIRALLES, T^, Métodos y técnicas de la Criminología, cit., pág. 320. ^*' GLUECK, S.-GLUECK, E., 500 Criminal Careers. New York, 1930 (A.A. Knopf). ^*' GLASER, D., Defectiveness of Prison and Parole System, 1964, Indianápolis, Bobbs Merrill Company.
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238 GÓPPINGER, H., Criminología, cit., pág. 117. "^^"^ En este sentido, TAFT, D.R.-ENGLAND, Criminology, cit., pág. 71 a 73. ^^^ Cfr. TAFT, D.R.-ENGLAND, R.W., Criminology, cit., pág. 72. ^*^ Sobre el tema, vid., por todos, MANNHEIM, H., Comparative Criminology. A. Text •T^ Book, I., London (Routledge-Keagan Paul), págs. 153 y 160. Cfr. PINATEL, J-, Tratado de Criminología, cit., pág. 72. '*^ Cfr. TAFT, D.R.-ENGLAND, R.W., Criminology, cit., págs. 71 y 72.

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años de quinientos ex reclusos del Massachusetts Reformatory, en tres períodos sucesivos de cinco años, llegando a resultados más matizados y menos optimistas que los de la estadística oflciaF"**. En cuanto a los fo/Zoiv-upque examinan el proceso de relnserción social del ex píUiBarecluso, el trabajo de GLASER llamó la atención sobre la importancia prioritaria del pai, problema laboral, factor decisivo de la reincidencia, a su juicio, porque durante los primeros meses que suceden a la excarcelación el liberado opta por replegarse a sus ai actividades marginales ilícitas si no encuentra una ocupación legaP*^. Zt-Í Por último, estudios ío//o¡v-apse han realizado con éxito por COHÉN y TAYLOR n£ investigando durante tres años en el ala de seguridad de la prisión inglesado Durhem í!^ "- ^ a condenados a penas perpetuas^^". La supervivencia psicológica es, tal vez, el leit " motiv de estos reclusos, según Cohén y Taylor^^^ f Oq , Los estudios follow-up^tíoxe la reincidencia tienen la ventaja de suministrar una "^información más completa, dinámica y matizada que la de las estadísticas oficiales, /i/s ya que no se contraen a la reincidencia detectada, registrada sino a la real; abarcan ]frf¡ amplios períodos de tiempo (hasta quince años algunos de ellos), y constatan j¡ 1 cambios cualitativos inasequibles a la estadística. Pero precisamente por todo ello requieren de un complejo y conjuntado equipo de investigación, y ésta es difícil y '^•^ costosa"'52_

condiciones y status económico, etc.), y se comparan con el factor cuya influencia etiológica se examina. En la medida en que el grupo delincuente presente el factor en un porcentaje estadísticamente más significativo que el grupo no delincuente (lo que se mide con diversas clases de tests), podrá establecerse aquella relación causal. La técnica de control se ha utilizado especialmente por la Biología Criminal (herencia peyorativa) en estudios con gemelos monocigóticos y dicigóticos dirigidos a demostrar la decisiva contribución del factor hereditario en el comportamiento delictivo. Para ello, las diversas investigaciones han tratado de verificar la siguiente hipótesis: que en los gemelos monocigóticos delincuentes su par gemelo es también delincuente en una proporción estadísticamente más significativa que en los gemelos dicigóticos delincuentes y sus pares^^"*. De particular interés fueron, entre otros, los trabajos de Lange, Stumpfel, Hurwitz, Eysenck y Christiansen^^^.

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13') Estudios «paralelos» e investigaciones con «grupo de control». Son técnicas estadísticas que junto al grupo experimental (delincuentes) examina, en términos comparativos, otro grupo de no delincuentes de características homogéneas, tratando de investigar así la incidencia etiológica de un determinado factor o variable.
"^3 'fo' Así, por ejemplo, para determinar si la carencia materna durante la infancia^^^ es un factor criminógeno, se escogen dos grupos de personas —uno integrado por delincuentes, y otro por no delincuentes— de base lo más homogénea posible; esto es, en los que concurran unas mismas circunstancias (edad, sexo, escolaridad, , ;.-, i, 2« .JSWOÍjapOiJ^I 9& o t a ' )vu,?'íd-•;;':i n,r,i!..'-5vri. ob^Btei^eoNa^Túísn , J

Metodológicamente, el gran obstáculo que tiene que vencer esta técnica de investigación es la dificultad de seleccionar dos grupos homogéneos, para que sea posible la comparación entre el grupo de delincuentes y el de no delincuentes. Aunque la demografía h a progresado, existen serias dificultades prácticas en el momento de asegurar la mayor semejanza posible en los factores que tienen que permanecer los mismos en uno y otro grupo. La formación del grupo de control es problemática^^®. A la técnica del «grupo de control» se le h a objetado, además, diseccionar artificialmente la personalidad h u m a n a del medio o entorno, operar con u n a perspectiva estática, y sus prejuicios individualistas en el momento de seleccionar los factores objeto de investigación^'^''.

Cfr. MIKALLES, T^ Métodos y técnicas de la Criminología, cit., pág. 321. El estudio se prolongó durante quince años. En los cinco primeros, la tasa de no reincidencia • se eleva a un 21,1 por 100; en los segundos cinco años, un 30 por 100 del total que • quedaba; en el tercer período, u n 41 por 100, también del total restante. "^^"^ Cfr., MIRALLES, T^ Métodos y técnicas de la Criminología, cit., págs. 321. 2Í50 COHÉN, S. TAYLOR, L., The experience of Time in Long-Term Inprisonment, 1970. New Society, 431 (31 Dec); de los mismos: The Closed Emotional World of the Security Prisión, 1971, New Edimburgh Review (15 Nov.); de los mismos: Psychological Survival: the Experience of Longterm Inprisonment, 1972, London, Penguin. ^'^i Cfr., MIRALLES, T% Métodos y técnicas de la Criminología, cit., pág. 321. 2^2 Así, MIRALLES, T^ Métodos y técnicas de la Criminología, cit., pág. 322. ^^^ Ejemplo, de MIRALLES, T^, Métodos y técnicas de la Criminología, cit., pág. 316. Sobre el problema, vid. WILLIAMS, H., Criminology and Criminal Justice, cit., págs. 60 y ss.

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Vid. MIRALLES, T^ Métodos y técnicas, cit., pág. 318. Sobre genética criminal, vid. infra, capítulo XI. En cuanto a las dificultades prácticas para seleccionar dos grupos homogéneos, susceptibles de comparación, vid., por todos ..., MIRALLES, T-, Métodos y técnicas, cit., págs. 317 y ss. Así, MIRALLES, T-, Métodos y técnicas, cit., págs. 319 y ss.

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Parte segunda: HISTORIA DE LA CRIMINOLOGÍA
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Capítulo VI:

Evolución histórica del pensamiento criminológico. Etapa «precientífica»^
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1. O R I G E N D E LA CRIMINOLOGÍA Y C O O R D E N A D A S D E LA E V O L U C I Ó N H I S T Ó R I C A D E L P E N S A M I E N T O CRIMINOLÓGICO Crimen y criminal h a n ejercido siempre, bajo cualquier cultura, u n a particular fascinación sobre los hombres. Más, desde luego, que las «víctimas» inocentes del delito. Tiene, por ello, razón BERNALDO DE QUIRÓS: «Criminología la h a habido siempre, desde que h a habido crímenes...; una Criminología, siquiera, incipiente, rudimentaria, elemental; t a n elemental y tosca, tan pedestre y vulgar como los romances de ciego, que siempre tuvieron en el delito u n a de sus favoritas inspiraciones»^. Carece de sentido ahora, sin embargo, un análisis histórico sobre cómo ha valorado la Humanidad, en cada época, el fenómeno criminal, remontándonos a los orígenes de aquélla. Siendo la Criminología una «ciencia», debemos descartar de nuestro estudio las explicaciones extracientíficas o metacientíncas del pasado, ligadas a concepciones mágicas, religiosas, etc.^. Aunque la Criminología autodefine su propio

Véase HERING, K. H., Der Weg der Kriminologie zur selbstándigenWissenschaft., cit., páginas 13 a 46 (especialmente, reseñas bibliográficas de las páginas 13 y 29); VAN KAN, J., Les causes économiques de la criminalité, París, Lyon, 1903; BONGER, W., Introducción a la Criminología. México, 1943 (Fondo de Cultura Económica), págs. 72 y ss.; del mismo: Criminalité et conditions économiques, 1905 (2- ed. inglesa, en 1915); MANNHEIM, H., en: Pioneers in Criminology, London, 1960, Stevens/Sons Limited (Introducción, págs. 1^ 36); JEFFERY, CL. R., The historical Development of Criminology, en: Pioneers, cit., págs. 364 a 394; GÓPPINGER, H., Kriminologie, cit., págs. 22 y ss.; KAISER, G., Kriminologie, cit., págs. 20 y ss.; SEELIG, E., Lehrbuch der Kriminologie, 2^ ed. (1951), cit., págs. 21 y ss.; SCHNEIDER, H. J., Kriminologie, cit., págs. 90 y ss.; VOLD, G. B., Theoretical Criminology, cit., págs. 1 y ss.; RODRÍGUEZ MANZANERA, L., Criminología, cit., págs. 143 y ss. MARTÍNEZ PEREDA, J.M. Mafia y delito en España. CONSTANCIO BERNALDO DE QUIRÓS, Criminología. Puebla, México, 1957, pág. 8 Vid. RODRÍGUEZ MANZANERA, L., Criminología, cit., pág. 143. Sobre los antecedentes remotos (mágicos, demoniales, sacros, etc.) del pensamiento criminológico, vid. BONGER, W., Introducción a la Criminología, cit., págs. 72 y ss.

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objeto como disciplina científica a mediados del siglo XIX (positivismo criminológico)*, interesará considerar, también, la aportación de otras investigaciones empíricas sobre el crimen que, no obstante, se llevaron a cabo con anterioridad; así como el pensamiento de autores utópicos, iluministas y reformadores, sin duda decisivos, y que se anticiparon en siglos a la época de la denominada «lucha de escuelas». Partiendo, pues, de u n a conocida clasificación de las teorías sobre el crimen (teorías «extracientíficas», teorías «precientíficas» y teorías «científicas»), se analizarán aquí sólo las dos últimas.
Carece de sentido, desde luego, la búsqueda del «certificado de nacimiento» de la Criminología, porque cualquier intento de poner fechas concretas está condenado al fracaso. Desde antiguo existen investigaciones sobre el crimen y una praxis. No es fácil precisar cuándo merecen éstas el rango de la cientificidad. Pero lo cierto es que cabe constatar una notable proliferación de aquéllas en el siglo XV, coincidiendo con el florecimiento de la Medicina iegaP. El principio procesal renacentista de la «búsquedadelaverdad material» estimuló, después, sinduda, el análisiscriminológico al propiciar la legislación del siglo XVI sobre peritos y médicos forenses la ponderación en el proceso de los dictámenes de estos expertos^. Contribuyó, sin duda, también, el pensamiento utópico (la utopía social de T. MORO, por ejemplo); la filosofía política nue^ia, racionalista, de precursores de la Ciencia Penal (Beccaria, ante todo) e ilustrados; jugando un papel decisivo, probablemente, las ideas renovadoras y reformistas con que los pioneros de la moderna ciencia penitenciaria se enfrentaron al problema de la «situación de las cárceles» (BENTHAM, HOWARD, entre otros). Las propias colecciones de casos, decasos realesextraídosdelajurisprudencia (como iasde PITAVALoFEUERBACH)^ potenciarían una nueva óptica en el examen del crimen que irá sustituyendo progresivamente a la «clásica»: la empírica. Pues cinco lustros antes de Lombroso,

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(«precriminología»); HERING, K. H., Der Weg der Kriminologie zur selbstandigen
;(GS; Wissenschaft, cit., págs. 13 y ss., RODRÍGUEZ MANZANERA, L., Criminología,
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6

cit., págs. 143 y ss. Como afirma BONGER, W. (Introducción a la Criminología, cit.), «la Criminología, junto con otras diversas ciencias, es hija del siglo XIX» (pág. 72). En particular, sobre la evolución de la Medicina legal, vid. GOTTLIEB, N., Die Bewertung gerichtsartzlicher Gutachten im 19 J a h r h u n d e r t bei der Beurteilung zweifelhafter Geisteszustande. Tesis Doctoral, 1965, Saarbrucken, pág. 4, Cfr. KAISER, G., Kriminologie, cit., pág. 20. ,-._.J.. Así, KAISER, G., Kriminologie, cit., pág. 21. ' '•* -'*' ' **'''-' -•=• " ' • Sobre las colecciones de casos, vid.: PITAVAL, FR. G., Causes célebres et interéssantes (París, 1734-1743, 20 volúmenes); también, el denominado «Nuevo Pitaval», de HITZIG, E. y HARING, W. (2^ ed., 1857,60 volúmenes); FEUERBACH, A., Merkwürdige Kriminalrechtsfálle, 1808-1811, 2 volúmenes. Cfr. HERING, K. H., Der Weg der Kriminologie zur selbstandigen Wissenschaft, cit., página 31 (y reseña bibliográfica que allí se recoge ). También SCHNEIDER, H. J., Kriminologie, cit., pág. 94 («Psicología criminal en el XIX y principios del XX).

investigadores de Antropología médica. Psiquiatría, Psicología y Sociología se preocupaban ya del crimen con planteamientos «criminológicos» ajenos al mundo del Derecho, con un método empírico, positivo. En los campos de la Fisionomía (LAVATER), de la Frenología (LAUVERGNE, MOREL, CUBÍ y SOLER), de la Psiquiatría general y de la Psiquiatría forense (PINEL, ESQUIROL, NICOLSON, DESPINE, etc.), de la Criminalística, la Higiene Social y la denominada Estadística moral (GUERRY, QUETELET), surgen numerosos estudios que entroncan con conocidos postulados pos\eúores,áe\ positivismo criminológico. Este, el positivismo criminológico, permitedelimitar—a finales del siglo XIX—el objeto específico de una nueva disciplina: la Criminología. LOMBROSO, GAROFALO y FERRI Inician las hostilidades contra la Ciencia Penal clásica, provocando la denominada «guerra de escuelas»._ El positivismo potencia al máximo el estudio g//i?/gg/godel crimen, la búsqueda científica de sus «causas»^ Pero en el seno del mismo surgen desde un principio diagnósticos encontrados: para el positivjsmo5/7/A<7/7<3/<?5/¿r¿7/^ el origen del crimen reside en el propio delincuente como sujeto «distinto» por razones congénitas y hereditarias; por el contrario, para las Xeoúas crimina/-^ 'sociológicas, <<todoeVmmáo es culpable, excepto el criminal». El binomio «individuo»-«sociedad» sellaráTa posterior evolución del pensamiento criminológico».^ Desde finales del siglo XIX cabe acusar una importante influencia de las corrientes soclológicaser\ la Criminología, con la publicación de las obras de TARDE (1882), DURKHEIM (Í895) y TONNIES (1895), quienes pondrán de relieve la «normalidad» estructural del delito como fenómeno social («parte integrante de toda sociedad sana», según DURKHEIM),j^ la_de[propio delincuente, persona qu^ejTo_ difiere esencialmente ^ e s d e un punto de vista cualitativo^ de los demás ciudadanos (negación, pues, del principio positivista de la «diversidad» del criminal, que mantuviera también V. LISZT, basándose en la patología celular de VIRCHOW)^ Forzoso es reconocer, sin embargo, que en Europa\oa esquemas sociológicos no consiguieron mitigar siquiera la supremacía arrolladora de las tesis biológicoconstitucionales, como lo demuestra el éxito del psicograma—psicobiograma—de KRETSCHMER (1921) para las investigaciones biológico-criminalistas y la proliferación de los estudios biológico-hereditarios [como los realizados en mellizos por LANGE, STUMPFL y KRANZ, en 1929,1935 y 1936, respectivamente). La hipótesis de que a distintos tipos de constitución somática podrían corresponder determinados temperamentos e inclinaciones (psicobiograma de KRETSCHMER); o la pretensión de encontrar a través del estudio de mellizos el porcentaje exacto de masa hereditaria (método y propósito de los estudios biológico-hereditarios), muestran la supervivencia y arraigo de concepciones «antropológicas» y «biológicas» que hoy se conservan, sobre todo, en el ámbito de la Clínica^". Situación muy distinta ha sido la de la.Criminología en los Estados Llnidps;ur\a Criminología más dinámica y aperturista que en Europa, estrechamente vinculada desde sus orígenes a la Sociología, donde apenas si encontraron eco y aceptación

Sobre el binomio «predisposición individual»-«medio o entorno» y su significado en la evolución de la Criminología europea, vid., KAISER, G., Kriminologie, cit., pág. 24. Vid., KAISER, G., Kriminologie, cit., págs. 27 y ss. n^.M! ,|oíHn - •; Vid., KAISER, G., Kriminologie, cit., págs. 25 y ss. 'vt^'oíu'hqm .:. .x..i .iji,.

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las tesis biológico-constitucionales^ ^. Es cierto que en ios Estados Unidos se realizan iñiportantes investigaciones sobre \3.personalidad, investigaciones aplicadas, incluso, pero preferentemente desde planteamientos plurífactoriales más complejos (HEALEY, en 1915; BRONNER; matrimonio GLUECK, en 1950,1968 y 1970), cuya significación es marginal en el marco criminológico de conjunto. Por el contrario, -B3^. particular interés tienen los «estudios de campo» y los llevados a cabo por la „ ^ «escuela de Chicago» (PARK,"BURGESS, SHAW, MACJ<AY)LlasJe¿rías del ' aprendizaje, de la socialización, psicoanalíticas, etc.^ tan_d|stanciadas_'3é las concepciones biológicas originarias y que tan gran influencia han tenWo en la evolución de la Criminología europea. En los últimos lustros e| auge de las corrientes sociológicas supone una creciente aproximación de los modelos anglosajones y europeos. Diferente es el estado de la investigación criminológica en los paísgs del denominado socialismo real, que sigue unas directrices propias. Frente aí pluralisrño "casi errático de la criminología occidental, se caracteriza ésta po£su vi^ñculacióri estricta al marxismo-leninismo. Sus tesis oficiales (el crimen como pro'dücto historien "de las estructuras capitalistas, cuerpo extraño al socialismo que desaparecerá^al "consolidarse éste), parecen responder a concepciones estructurálistas dogmáticas "difícilmente verificables. Como se verá en el capítulo que se dedique al témá,lariro en la doctrina como en la praxis criminológica se aprecia una progresiva aproximación de los centros de interés y los resultados obtenidos en la criminología «burguesa» y en la criminología «socialista»^^.

Ji) Directrices procedentes

de las ciencias

del espíritu

a) El pensamiento utópico.—T. MORO (1478-1535), autor de la Utopía^^ canciller de Enrique VIII, jurista, sociógrafo y humanista inglés, es el m á s preclaro representante del pensamiento utópico. Probablemente, también, el primero en resaltar la conexión del crimen con los factores socioeconómicos, con la estructura de la sociedad^i De este precursor^*^ interesa su teoría de la criminalidad y las sugerencias político-criminales que formula al analizar y describir la situación real de la Inglaterra de su tiempo sin otro norte que la sociedad utópica o ideal por él imaginada. Para. T. MORO el crimen responde a u n a pluralidad de factores (guerras, déficit cultural y educativo, eí ambiente _socialj^_J,£L .ociosidad, etc.). Pero e n t r e todos ellos d e s t a c a n los socioecpriómicos: desigual distribución de la riqueza, especiarmeñte en el ámbito agrícola^*^, pobreza, etc. «El encarecimiento de la vida — argumentaba MORO"— es origen y motivo de que todos despidan el mayor número posible de sus criados. Y éstos ¿qué h a r á n entonces?, mendigar o echarse a robar...» Por ello —añade— «mejor valdría asegurar a cada uno su subsistencia de modo que nadie estuviera obligado por necesidad, primero a robar y luego a ser ahorcado»^*.
MORO criticó abiertamente la severidad del sistema penal de su época, la dureza y desproporción délos castlgos'^ la absurda inflación legislativa, tan poco beneficio•-•*-'""»^~''lE-"i:-N •«• »«tÍJt¿U;.*. ^ * C *

2. E L P E N S A M I E N T O CRIMINOLÓGICO E N S U S ORÍGEN E S . ETAPA PRECIENTÍFICA D E LA CRIMINOLOGÍA Examinaremos aquí las tesis criminológicas mantenidas en la etapa previa al positivismo, esto es, hasta la consagración propiamente dicha de la Criminología como disciplina científica autónoma, con u n objeto específico, hecho que se produce a finales del siglo XIX. Comprende, por ello, un período vasto de siglos y unas manifestaciones y planteamientos absolutamente heterogéneos. Prescindiendo de antecedentes remotos, cabe reconducir las muy diversas aportaciones a dos fuentes: las de carácter filosófico, ideológico o político (utópicos, ilustrados, clásicos, reformistas) y las de naturaleza empírica (Fisiología, Frenología, Psiquiatría, etc.).

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i'qxnra--- o .JeirócH, oriasisO íafa ,nósfii sí ai» st?
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liís K f -S fVtnaiTríRrtfvrnrTff ) h: ' : / !S¿* fíii^AfrrffríD.'.sTír 0 / ^ í \i La famosa obra de MOEO llevaba por título «Utopía», y se publicó en 1516. Se cita edición del Fondo de Cultura Económica, México, 1973. Vid., sobre el autor, vid., BLASCO Y FERNÁNDEZ MOREDA, F., Tomás Moro Criminalista. Buenos Aires, Edit. La Ley. En este sentido, BONGER, W., Introducción a la Criminología, cit., pág. 75. Según BONGER, W. MORO puede calificarse de «pre-criminólogo» (Introducción a la Criminología, cit., pág 75). MORO concedió gran importancia al hecho de que los terratenientes ingleses, dado que la exportación de lana a Flandes se convirtió en u n gran negocio, convirtieron extensas superficies de tierra cultivable en dehesas de carneros («En Inglaterra las ovejas se comen a los hombres»). De este modo, millares de labradores quedaron errantes, sin ningún medio de vida. Cfr., BONGER, W., Introducción a la Criminología, cit., pág. 76. Utopía, cit., pág. 52Utopía, cit., págs. 110 y ss. Vid. RODRÍGUEZ MANZANERA, L., Criminología, cit., pág. 189. En un país de unos tres o cuatro millones de habitantes, al parecer, según MORO, fueron ejecutados cerca de 72.000 ladrones en veinticinco años. Cfr. BONGER, W., Introducción a la Criminología, cit., pág. 76. .,;-- -,, - - -- ,—:.- -

Vid., por todos, RADZINOWICZ, L., En busca de la Criminología (traducción de R' del Olmo), Universidad Central de Venezuela, 1961, pág. 117 («un vasto laboratorio»). Sobre las orientaciones «sociológicas» que inspiraron la Criminología en los Estados Unidos, vid. infra, capítulos XV a XXII, inclusive. Vid. infra, capítulo XXII.

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sa^°; así como el impacto criminógeno de unas sanciones que no respondían a la gravedad de los hechos que castigaban^^ Esbozó igualmente las bases de una genuina política criminal, basada en la acción preventiva eficaz del Estado «al margen de la represión penal» que neutralizase las verdaderas causas del delito (miseria, desigualdad, etc.), y en la creación de lo que el propio autor denominó un «Derecho Premial», que recompensare también, al ciudadano virtuoso^^. Porque los ciudadanos de la Utopía «no sólo se apartan de las maldades por temor al castigo, sino que incitan a la virtud con promesas de honores». La filosofía del castigo de MORO tiene un profundo componente correccionalista. Por ello, aun siendo partidario de la proporcionalidad de las penas—la pena desproporcionada, según MORO, es un factor criminógeno— , admite, también, la sentencia indeterminada, tesis que, por otros motivos, asumirá, después, el positivismo criminológico.

Jurisprudencia del ancienne regime vigentes h a s t a finales del siglo XVIII; contra un sistema cuyas leyes respondían a la sola idea de la prevención general o intimidación, y tomaba al delincuente como mero «ejemplo» para los demás. Leyes vagas y atroces, que se plasmaban en la realidad a través de un proceso penal arbitrario, secreto, inquisitorial, basado en la confesión y en el tormento^^. Es lógico, por ello, que la historia reservara a ilustrados y reformistas u n a misión esencial y valiosa, pero muy limitada: la crítica del «antiguo régimen» y el establecimiento de las bases filosóficas y políticas del venidero. Legalismo, humanismo e individualismo serán los pilares de la escuela clásica, heredados de la Filosofía de las Luces^*^. El positivismo criminológico emprenderá otro camino distinto, como advirtió FERRF''. Desde u n punto de vista metodológico, ilustrados y reformistas coinciden en sus planteamientos contraponiendo ley «natural» y ley «positiva», estado «natural» y «contrato social». .iojoo?, o^
Gomo advierte RADZINOWICZ^^: «Todos estaban afectados por el auge del análisis científico. Todos se volvían hacia la razón y el sentido común como armas contra el orden antiguo. Todos se erguían en contra de la aceptación incuestionada de tradición y autoridad. Todos encontraban fáciles objetivos en la ineficacia, corrupción y caos de las instituciones existentes. Todos protestaron contra la notoria superstición y crueldad. Su visión de los derechos del hombre y los deberes de la sociedad estaba en conflicto directo con lo que veían a su alrededor. Su punto de partida era la apelación a la ley natural, los derechos naturales y la igualdad natural, interpretados por la voz de la razón.» < ^ ^». j ^^^

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También merece ser destacada u n a propuesta de MORO: que los poderes públicos arbitren las medidas necesarias para que el delincuente satisfaga con su trabajo a la víctima, compensando, así, el daño causado^l ^^ ^„,

h) ha Filosofía política de la Ilustración: precursores de la Filosofía de las Luces e ilustrados.—Un segundo impulso al examen del problema criminal tiene su origen en la actitud crítica frente al «antiguo régimen» de insignes «precursores» de la Filosofía de las Luces (BECCARIA, LARDIZÁBAL, etc.), i l u s t r a d o s y enciclopedistas (ROUSSEAU, MONTESQUIEU, VOLTAIRE, etc.), quienes sometieron a la luz de la razón, del Derecho Natural, o —simplemente— de la utilidad social, los presupuestos y el funcionamiento del viejo sistema, del «viejo régimen». ' "; ;8t Las tres corrientes fundamentales de la Ilustración^'': la racionalista de MONTESQUIEU, la iusnaturalista de PUFFENDORF y la utilitarista de BENTHAM, encarnan u n a reacción contra el Derecho y la
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1') Particularmente significativa en el nuevo planteamiento de «la cuestión criminal» es la obra de un «precursor», BECCARIA^^, («De los delitos y de las penas», 1764); obra de gran difusión en la época, de la que se ha dicho representa el manifiesto de la dirección liberal en el Derecho

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,1 f Utopia, cit, pdg 113 La diciria ejtíuuciuii de penas capitales en la plaza pabliv,a, ocgun MORO, era un espectáculo deprimente con el que, además, la pena perdía toda su eficacia, ü incluso produciría el efecto contrario al deseado, si el castigo no es proporcionado a la gravedad del delito. Cfr. RODRÍGUEZ MANZANERA, L., Criminología, cit., pág. 190. Cfr. RODRÍGUEZ MANZANERA, L., Criminología, cit., pág. 189. Vid. BONGER, W., Introducción a la Criminología, cit., pág.. 77. Vid. SAINZ CANTERO, J. A., Lecciones de Derecho Penal, P.G., I, Barcelona, Bosch, 1979, págs. 95 y ss. .;,, ,., ,, .,.., ..,_,,,,;:„,,,.,:, ,,,, , . . . ,,,„,^i.

26 27

Cfr., BONGER, W., Introducción a la Criminología, cit., pág. 78. ANTÓN ONECA, J., Derecho Penal, P. G. (Akal), cit., págs. 57 y ss. Vid. ANTÓN ONECA, J., Derecho Penal, P.G., cit., págs.. 60 y ss. ,... Cfr., MANNHEIM, H., en: Pioneers, cit., Introducción, pág. 15. ' ' Así, RADZINOWICZ, L., Ideology-Crime, London, 1966. Heinemann Educational Books, página 4. Sobre BECCARIA, C. , vid., por todos, MONACHESI, E., en: Pioneers in Criminology, cit., páginas 36 a 49 (especialmente, bibliografía citada en págs. 49 y 50); una Valoración de la obra del autor desde el prisma anglosajón, en: VOLD, G. B., Ineoretical Criminology, cit., págs. 21 y ss. (y reseña bibliográfica de las páginas 33 y 34); SAINZ CANTERO, J. A., Lecciones, cit., pág. 100, nota 8.

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Penal, su grito de guerra y su programa táctico^°. Critica BECCARIA la irracionalidad, la arbitrariedad y la crueldad de las leyes penales y procesales del siglo XVIII, residuo anacrónico muchas de ellas de preceptos históricos obsoletos.
Mal «Algunos restos de leyes de un antiguo pueblo conquistador—dice BECCARIA-— hechos compilar por un príncipe que reinaba en Constantinopla hace doce siglos mezclados después con ritos lombardos y contenidos en farragosos volúmenes dé intérpretes privados y oscuros, forman la tradición de opiniones que en una gran parte de Europa recibe todavía el nombre de leyes...»^\

unf concepción utilitarista de lapena^ Dado que, por el contrato social, los ciudadanos renunciaron a parte de su libertad en aras de la felicidad Tixtilidad), la pena inútil atenta contra la justicia y, sobre todo, contra ías bases mismas del contrato social. Una pena inútil, afirma BECCARIA, olvida que la autoridad h a de mandar a hombres felices, no a una tropa de'esclavos; y ^ ^ e el castigo no puede fundamentar la convivencia en u n a «temerosa crueldad»^®. Como otros penalistas de la Ilustración^^, entiende BE C CARIA que la pejmiejustifica porque esjniecesa.ria para prevenir futurps^delitos.
«El fin de las penas —dice""— no es atormentar y afligir a un ente sensible, ni deshacer un delito ya cometido... El fin, pues, no es otro que impedir al reo causar nuevos daños a sus ciudadanos y retraer a los demás de la comisión de otros iguales. Luego deberán ser escogidas aquellas penas y aquel método de imponerlas que, guardada la proporción, hagan una impresión más eficaz y más durable sobre los ánimos de los hombres, y la menos dolorosa sobre el cuerpo del reo.»

Y, partiendo de la idea del contrato sociaF^, fundamenta el principio de legalidad de los delitos y penas, la conveniencia de u n a política de prevención del crimen, y su teoría utilitarista del castigo. BECCARIA, que se declaraba discípulo de M0NTESQUIEU3^ basa su alegato contra el sistema penal de la Monarquía Absoluta en la teoría del contrato social. Este sella el origen de la sociedad civil, de la autoridad y del propio derecho a castigar. ¡I/¡IN^UAH en^ivoib
«Las leyes son las condiciones con que los hombres aislados e independientes se unieron en sociedad, cansados de vivir en un continuo estado de guerray de gozar una libertad que les era inútil en la incertidumbre de conservarla. Sacrificaron, por eso, unaparte de ella paragozar la restante en segura tranquilidad», dice BECCARIA^". «Fue, pues —continúa^^— la necesidad la que obligó a los hombres a ceder parte de su libertad: y es cierto que cada uno no quiere poner en el depósito público sino la porción más pequeña que sea posible...» Por lo tanto, concluye: «Toda pena que no se deriva de la absoluta necesidad, es tiránica..., todo acto de autoridad de hombre a hombre, que no se derive de la absoluta necesidad, es tiránico»^^

Propugna, por tanto, el autor u n a concepción prevencionista de la pena, en la que se acentúan las exigencias de la prevención general: de suerte que cuando C. BONESSANA clama por la proporcionalidad del castigo, no es tanto por razones retributivas o expiacionistas, sino estrictamente prevencionistas. Porque, como razona''^ la pena cierta, pronta y proporcionada al delito es más eficaz que la pena dura, cruel*^.
«Para que toda pena no sea violencia de uno o de muchos contra un particular ciudadano, debe esencialmente ser pública, pronta, necesaria, la más pequeña de las posibles en las circunstancias actuales, proporcionada a los delitos, dictada por las leyes», concluye''^

El principio de legalidad, el de división de poderes, las necesarias limitaciones del arbitrio judicial y la proporcionalidad de las penas no son sino consecuencias de este punto de partida^''. BECCARIA profesa

El prevencionismo ilustrado, y sus lógicas implicaciones políticocriminales, encuentran u n a exaltada y brillante defensa en los últimos capítulos de la obra comentada. «Es mejor evitar los delitos que castigarlos», advierte BECCARIA^4_ , ^,

30 31 32

35 36 37

Así, RADZINOWICZ, L., Ideology-Crime, cit., pág. 9. De los delitos y de las penas, Madrid, Alianza, 1969, pág. 21. «Sobre las teorías del "contrato social" y evolución de éste, vid.: KYRMS, B., Evolution of Social Contract, 1996. Cambridge». Le cita expresamente, y en términos muy laudatorios («el gran Montesquieu...») en el capítulo II. Cfr. CEREZO MIR, J., Derecho Penal Español (Curso de), cit., pág. 89. Sobre BECCARIA, C , De los delitos y las penas, Alianza Editorial, Madrid, 1968, capítulo 1, pág. 27. i , j 'm í i v,tv De los delitos y las penas, capítulo 2, pág. 29. j ' Wi- 't ' . ' ' i r . De los delitos y las penas, capítulo 3, pág. 28. - a ^ j ítut «¡t' > ( i Vid. op. cit., capítulos 3, 4, 5 y 6. * i " , . ' ' i ' * c;- r'

De los delitos y las penas, capítulo 3. pág. 31. Vid., ANTÓN ONECA, J., Los fines de la pena según los penalistas de la Ilustración (en: separata de la Revista de Estudios Penitenciarios, núm. 166, 1964-Madrid, 1965, págs. 6 y ss.). Cfr., CEREZO MIR, J., Curso de Derecho Penal Español, cit.,
40 41 42 43 44

pág. 90.

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De los delitos y las penas, capítulo 12, págs. 45 y 46. . . = ' " ' ' in De los delitos y las penas, capítulo 6 (págs. 35 y ss.) y 19 (págs. 60 y ss). Vid., CEREZO MIR, J., Curso de Derecho Penal Español, cit., pág. 90. De los delitos y las penas, capítulo 47 (conclusión), pág. 112. De los delitos y las penas, capítulo 41, cit., pág. 105. rc-:.ij ,. ^ s, ,Í.,«IJÍ í'/iAü

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E n u n conocido pasaje, denuncia el autor tres vicios perniciosos del ancienne regime: las leyes no responden a intereses generales, son genuinos «privilegios» de unos pocos*^; los poderes públicos piensan erróneamente, que el modo de evitar la comisión de delitos es castigar todo, incluso conductas indiferentes, lo que, en realidad, genera nuevos crímenes*®; desde u n punto de vista técnicolegislativo por último, las prescripciones legales adolecen de falta de claridad y precisión, concediendo unas desmedidas facultades interpretativas al juez. E n su lugar, propone BECCAKIA u n a política criminal basada en cinco pilares: leyes claras y simples, predominio de la libertad y la razón sobre el oscurantismo, ejemplar funcionamiento de la justicia libre de corrupciones, recompensas al ciudadano honesto, elevación de los niveles culturales y educativos del pueblo'*^.
«¿Queréis evitar los delitos? Haced que las leyes sean claras y simples, y que toda la fuerza de la nación esté empleada en defenderlas... Haced que las leyes favorezcan menos las clases de los fiombres que los hombres mismos. Haced que los fiombres las teman, y no teman más que a ellas. El temor de las leyes es saludable, pero el de hombre a hombre es fatal —y fecundo de delitos... ¿Queréis evitar delitos? Haced que acompañen las luces a la libertad. Los males que nacen de los conocimientos están en razón inversa de su extensión, y los bienes lo están en la directa..., porque no hay hombre iluminado que no ame los pactos públicos, claros y útiles a la seguridad común, comparando el poco de libertad inútil sacrificado por él a la suma de todas las libertades sacrificadas por los otros hombres que sin leyes podrían conspirar en contra suya... Otro medio de evitar delitos es interesar al consejo, ejecutor de las leyes, más a su observancia que a su corrupción... Otro medio de evitar los delitos es recompensar la virtud... Finalmente, el más seguro, pero más difícil medio de evitar los delitos es perfeccionar la educación...«"I

confiscación®\ al empleo del tormento^^ etc., pudiéndose encontrar en la misma valiosas reflexiones sobre temas relacionados con el proceso penal: la detención preventiva^^ sistema de pruebas^*, el jurado®^, la publicidad de los juicios^*^, etc.

2') Ilustrados y enciclopedistas.—Pero el planteamiento crítico, racionalista y utilitario de la cuestión criminal encuentra su más típico exponente en la filosofía ilustrada francesa del siglo XVIII, sin que con ello se desconozca la relevante aportación de autores como FEUERBACH, en Alemania, o LARDIZÁBAL, en España.
Todos estos autores —como después los representantes de la denominada Escuela Clásica— encarnan el tránsito del estadio mágico al metafísico o abstracto, según la conocida formulación de COMTE en torno a las fases de la evolución del conocimiento humano. Simbolizan, pues, una actitud «precientlfica», no empírica, pero que supone un progreso en comparación con etapas precedentes de la experiencia del hombre^^. En tal sentido son también «precursores» de la ciencia Criminológica^^ IÍJB ISÜ ísüimtío bBbíiBíiofc

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''>,B jjjeb loq ühmibQ'iq oihbaaoae La ,ii»íí;n..u a') MONTESQUIEU (1689-1755), en su obra «Esprit des Lois>> (1748), clama por la división de poderes, y por la abolición de las penas desmedidas, de la tortura, etcétera. Para el barón de MONTESQUIEU, la prevención del delito debe ocupar el primer lugar en toda política criminal: un buen legislador —
51

La obra de BECCARIA contiene, también, u n a severa crítica a la desigualdad del ciudadano ante la Ley*'', a la pena de muerte^" y la
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54 65

De los delitos y las penas, capítulo 25, págs. 68 y ss. De los delitos y las penas, capítulo 16, págs. 52 y ss. Califica esta práctica de «criterio digno de caníbales» (pág. 52) estimándola «el medio más seguro para absolver a los criminales robustos y condenar a los inocentes débiles» (pág. 52). De los delitos y las penas, capítulo 29, págs. 81 y ss. BECCARIA es muy critico respecto al uso sistemático y arbitrario de la prisión provisional: «Porque parece que en el presente sistema criminal... prevalece la idea de la fuerza y de la prepotencia a la de la justicia; porque se arrojan confundidos en una misma caverna los acusados y los convictos, porque la prisión es más bien un castigo que una custodia del reo...»
(pág. 82). Mtshi BW'jnf

De los delitos y las penas, capítulo 41, pág. 105. . '• / " •'/< / / ' De los delitos y las penas, capítulo 41, pág. 105. i >' i , ^•• De los delitos y las penas, capítulos 41 a 46, inclusive. '> i ' De los delitos y las penas, capítulos 41 a 45, págs. 105 a 110. De los delitos y las penas, capítulo 21, págs. 63 y ss. De los delitos y las penas, capítulo 28, págs. 74 y ss. BECCARIA admite la pena de muerte, excepcionalmente, en dos supuestos. No obstante, su pensamiento no es t a n claro y diáfano en este particular como en el resto de su obra. Cfr., SAIM^ CANTERO, J. A., Lecciones de Derecho Penal cit., I, pág. 105. ,,, ,„ d >

66 57

De los delitos y las penas, capítulos 30 y 31 (págs. 84 y ss.). ^ ^ Sobre la postura de BECCARIA en torno al «jurado», vid. SAINZ CANTERO, J. A., Lecciones de Derecho Penal, cit.. I, pág. 104. (Vid. De los delitos y las penas, capítulo 14, págs. 48 y ss.) De los delitos y las penas, capítulo 14, pág: 50. Sobre la distinción de COMTE, cfr., MANNHEIM, H., en: Pioneers in Criminology, cit. (Introducción), pág. 10. Así, RODRÍGUEZ MANZANERA, L., Criminología, cit., pág. 198.

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afirma CHARLES DE SECONDAT— h a de esforzarse más en prevenir el delito que en castigarlo. Y las leyes penales tienen que orientarse a un doble objetivo: e v i t a r el c r i m e n y p r o t e g e r al individuo'^''. MONTESQUIEU, por otra parte, atribuye^la crinimalijdad^^ antipedagógico de la impunidad: «Que se examine la causa de todasjas corrupciones de costumbres; se verá que éstas obedecen a la impunidad de los crímenes, y^nxt a la, moderación d ^ ^^

c') g O y S S E A U (1712-1778), en su obra «El contrato social» (1762), formula la tesis de que el hombre es «naturalmente» bueno, y la sociedad quien le pervierte; tesis muy controvertida*''^. El crimen surge, a su juicio, con el contrato social, esto es, a raíz del convenio a que llegan los hombres para pasar del «estado natural» a j a ¿^vivencia organizada en forma^de Estado. Para ROUSSEAU, el delincuente vulnera dicho compromiso histórico, automarginándose de la sociedad civil, que debe contemplarle como un rebelde.
«Todo malhechor —afirma ROUSSEAU^^— al atacar al derecho social resulta por sus fechorías rebelde y traidor a la patria, deja de ser miembro de la misma al violar sus leyes y hasta le hace la guerra. Entonces, la conservación del Estado es incompatible con la suya y es preciso que uno de los dos perezca y cuando se ejecuta al culpable es más como enemigo que como ciudadano: Por lo demás, la frecuencia de los suplicios es siempre un signo de debilidad o de pereza en el gobierno. No hay hombre malo del que no se pudiera hacer un hombre bueno para algo. No hay derecho a hacer morir, ni siquiera por ejemplaridad, más que aquél que no se puede conservar sin peligro.»
-••--*.' •».»«%.

b') VOLTAIRE (1694-1778), como BECCARIA, se manifestó partidario a ultranza del principio de legalidad y, por tanto, de la restricción del arbitrio judicial: los jueces «han de ser esclavos de la ley, no sus árbitros»®\ debiendo motivar sus fallos. «Pedimos —decía FRANQOISMARIE AROUET— que la Justicia no sea muda, como es ciega, que dé cuenta a los hombres de la sangre de los hombres»^^. P a r a VOLTAIRE, la pena ha de ser, ante todo, proporcionada y útil. Proporcionada a la personalidad criminal del autor, a la naturaleza del hecho, al escándalo producido por éste, así como a la necesidad de ejemplaridad que experimente la comunidad. Pero, fundamentalmente, debe ser útil. «Castigad, pero castigad útilmente. Si se pinta a la Justicia con una venda sobre los ojos —concluye VOLTAIRE— es necesario que la razón sea su guía»®^. ' VOLTAIRE se pronunció, también, contra la pena de muerte por estimarla inútil (con alguna salvedad), y contra la pena de confiscación «que arruina a los hijos por los crímenes de los padres»®''. En el ámbito procesal, criticó la tortura con la misma argumentación de BECCARIA, abominando del carácter secreto del procedimiento''^.
iwiiíit) Yorrr ge r l ' ;fí¡riüiarvoiqi!Ói-ahíjEÍ&boi'¡3'i!id'TR'{03ítRi:sB.?iíiK08uigo;

En un Estado bien organizado existen pocos delincuentes, según el autor. El crim^en^demuestraj^ajnal^ .social, J a ^ desorganización del Estadofi.

d') Ilustrados españoles: MANUEL DE LARDIZABAL.—MANUEL DE LARDIZABAL (1739-1820), denominado por SALDAÑA «el Beccaria español»^®, es el más eximio exponente del pensamiento ilustrado en España, esto es, del «cristianismo ilustrado»^", ya que trató de conciliar el racionalismo utilitarista propio de la Filosofía de las Luces con el
l e n » ' 11

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59 60

64 65

Esprit des Lois, libro VI, capítulo XI. Cfr., RODRÍGUEZ MANZANERA, L., Criminología, cit., pág. 198. Cfr., RODRÍGUEZ MANZANERA, L., Criminología, cit., pág. 198. Vid. CONSTANT, J., Voltaire et la reforme des lois pénales, en: Révue de Droit Penal et de Criminologie, Bruselas, 1958, pág. 543. Sobre la concepción utilitarista de la pena de VOLTAIRE, vid., SAINZ CANTERO, J. A., Lecciones de Derecho Penal, cit., I, pág. 98, nota 4. Cfr. SAINZ CANTERO, J. A., Lecciones de Derecho Penal, cit.. I, pág. 98. Cfr., RODRÍGUEZ MANZANERA, L., Criminología, cit., págs. 198-199.

1

En sentido contrario se pronunció, por ejemplo el propio HOBBES, TH. (homo homini lupus), en su obra El Leviatán. Sobre las tesis psicoanalíticas, al respecto, vid. infra, capítulo XIV. El contrato social, México, 1969, UNAM, pág. 46. Vid. RODRÍGUEZ MANZANERA, L., Criminología, cit., pág. 200. Sobre la aportación de LARDIZABAL, vid. SAINZ CANTERO, J. A., Lecciones de Derecho, cit., I., págs. 163 y ss. (nota bibliográfica 10). «RIVACOBA YRIVACOBA, M., Lardizábal, un penalista ilustrado. Santa Fe, 1960; también JIMÉNEZ DE ASÚA, L., Tratado, cit.. I, pág. 661». Cfr., CEREZO MIR, J., Curso de Derecho Penal Español, cit., pág. 94. » •

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componente ético y correccional que caracteriza la tradición española desde SÉNECA^i. Su obra, dirigida a los expertos —no al gran público, como la de BECCARIA— constituye u n anticipo ya de la codificación, y se contiene de forma extractada en su famoso «Discurso sobre las penas, contraído a las leyes criminales de España para facilitar su reforma» (1782)''2. Gira, fundamentalmente, en torno al castigo, y asume, con algunos matices diferenciales y reservas, las principales tesis de la Ilustración. Censura LARDIZÁBAL las leyes aún vigentes en España, leyes — ¿ice— que «más parece se escribieron con sangre y con la espada, que con tinta y con la pluma»•'^ propugnando u n a urgente y radical reforma de las mismas de acuerdo con la equidad, la justicia y la razón. Acepta LARDIZÁBAL, pero sólo matiz adámente, la concepción contractualista (la teoría del contrato social) ilustrada conciliándola con la tesis del origen divino del poder. El iuspuniendi, por tanto, no deriva sólo del «contrato social», como entendiese BECCARIA^^ También se distancia del pensamiento ilustrado ortodoxo al rechazar el principio de la división de poderes, de MONTESQUIEU™, principio que, por otra parte, resultaba incompatible con la estructura del Consejo de Castilla. No obstante, es acérrimo defensor del principio de legalidad de los delitos y las penas y contrario al arbitrio judicial™, si bien LARDIZÁBAL

admite la posibilidad de u n a interpretación extensiva de las leyes penales contraria a la filosofía ilustrada'^''. De ésta, también, se aparta al rechazar, por ejemplo, el principio de igualdad de los ciudadanos ante la Ley PenaP** y cuando asigna al castigo, como se indicará, u n a función correccional. ' Pero la mayor originalidad de LARDIZÁBAL —y su mejor contribución— reside en la teoría de la pena, por su utilitarismo relativo™ o moderado, terreno en el que probablemente supera a BECCARIA**". P a r a LARDIZÁBAL, la pena sirve a u n fin general: la seguridad de los ciudadanos y la salud d e j a Re^úbli^^^ debe responder a las exigencias particulares derivadas de otros fines secundarios que condicionan la efectividad del primero. De estos últimos, el principal es «la corrección del delincuente para hacerle mejor, si puede ser, y, para que no vuelva a perjudicar a la sociedad»; después, la ejempíaridad: «el escarmiento y ejemplo para que los que no h a n pecado se abstengan de hacerlo», y «la seguridad de las personas y de los bienes de los ciudadanos», junto con «el resarcimiento o reparación del perjuicio causado al orden social o a los particulares»^^ • La pena, según LARDIZÁBAL, ha de ser impuesta por una autoridad superior y ñjada en una ley (principio de legalidad); ser contraria a la voluntad de quien la padece (es un mal, no un bien); personal (nadie puede responder por el delito de otro); fundamentada en la culpabihdad del sujeto y proporcionada al delito cometido; ha de ser, también, púbhca (por razones de ejempíaridad), pronta (por razones de justicia y utilidad), irremisible en aras al propio efecto intimidatorio del castigo (importa tanto la irremisibilidad como la severidad del castigo mismo), necesaria (se justifica sólo por

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Y Aii, ANTÓN ONEGA, J., Los fines de la pena según los penalistas de la Ilustración, cit., pág. 422. Del mismo: El Derecho Penal de la Ilustración y DManuel de Lardizábal. Madrid, 1967. Cfr., SAINZ CANTERO, J. A., Lecciones de Derecho Penal, cit., I, págs. 163 y 164. Madrid, Ibarra, 1782 (2^ ed., 1828). Cfr. CEEEZO MIR, J., Curso de Derecho Penal Español, cit., págs. 93 y 94, nota 46. Cfr., SAINZ CANTERO, J.A., Lecciones de Derecho Penal, cit., I, pág. 165. Discurso sobre las penas, cit., capítulo I, núms. 5 y ss., y capítulo V, II, págs. 55 y ss. y 110 y ss. (separata de la edición reparada por F. Bueno Arús, en la Revista de Estudios Penitenciarios, núm. 174. Madrid, 1967). 75 Aunque MONTESQUIEU influyó considerablemente en el pensamiento de LARDIZÁBAL. Vid. ANTÓN ONEGA, J., El Derecho Penal de la Ilustración y D. Manuel de Lardizábal, cit., pág. 26 y ss. Cfr. CEREZO MIR, J., Curso de Derecho Penal Español, cit., pág. 94. ™ «Sólo las leyes pueden decretar las penas de los delitos y esta autoridad debe residir ,^^, únicamente en el legislador. Toda la facultad de los jueces debe reducirse única3 0 mente a examinar si el acusado h a contravenido o no la ley, para absolverle o *! condenarle de la pena señalada por ella» (Discurso sobre las penas, cit., capítulo U. 'A núms. 32 y 33, pág. 72). > , ,

80

Vid. Discurso sobre las penas, cit., núms. 43 a 46, págs. 75 y 76. Se discute entre los comentaristas si LARDIZÁBAL era o no partidario de la analogía. Cfr. CEREZO MIR, J., Curso de Derecho Penal Español, cit., pág. 95, nota 53. Discurso sobre las penas, cit., capítulo IV, II, núms. 56 y 57, pág. 100. Así lo cahñca CEREZO MIR, J., Curso de Derecho Penal Español, cit., pág. 95. Así, ANTÓN ONECA, J., El Derecho Penal de la Ilustración y D. Manuel de Lardizábal, cit. págs. 27 y 28. También CEREZO MIR, J., Curso de Derecho Penal Español, cit. pág. 96. Discurso sobre las penas, cit., capítulo III, núm. 1, págs. 77 y ss. Cfr., CEREZO MIR, J., Curso de Derecho Penal Español, cit., pág. 96, nota 58. Las referencias a la enmienda y cura del delincuente han permitido a algún autor considerar a LARDIZÁBAL «precursor del pensamiento correccionalista» (así, RIVACOBA Y RIVACOBA, M., Lardizábal, un penalista ilustrado, 1964, Santa Fe, pág. 83).

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razones de «absoluta necesidad»), lo menos rigurosa posible atendidas las circunstancias y útil («pues sería ciertamente una crueldad y tiranía imponer penas a los hombres por sólo atormentarlos con el dolor, y sin que de ellas resultase alguna utilidad...»)'^^. En cuanto a la pena de muerte, afirma el autor que «imponerla sin discernimiento y con profiísión» sería cruel y tiránico. Pero la admite por razones de prevención general para delitos especialmente graves. Sugiere LAKDIZABAL, pues, «mucha circunspección y prudencia» al prescribirla, limitando la misma a casos de absoluta necesidad®^.
Junto a LARDIZÁBAL debe citarse, también a MARCOS GUTIÉRREZ. Su obra, escrita entre 1804 y 1806 («Práctica Criminal de España»), rebosadel espíritu liberal y filantrópico de la época, habiendo influido considerablemente en el movimiento reformista y codificador del siglo XIX español. Coincide MARCOS GUTIÉRREZ con LARDIZÁBAL en las directrices de la teoría de la pena, pero es más acusada su perspectiva «prevencionista» (destacó, por ejemplo, la necesidad de mejorar la instrucción de los ciudadanos para controlar el crimen). A juicio de DORADO MONTERO, en la obra de MARCOS GUTIÉRREZ puede encontrarse ya un esbozo de los «sustitutivos penales» que esgrimiera posteriormente FERRI.

Por su parte, ROMAGNOSI, elaborará un sistema en el que se a u n a n las exigencias iusnaturalistas y las utilitarias^*^.
Sin admitir la teoría del contrato social (ROMAGNOSI cree que las relaciones sociales se rigen por leyes « naturales» grabadas en la conciencia del hombre) llega el autor a conclusiones muy semejantes a las esgrimidas por los contractualistas. Su concepción de la pena, sin embargo, responde claramente al utilitarismo ilustrado. La pena —advierte**'— no pretende atormentar al delincuente por un hecho ya pasado, sino «infundir temor a todo delincuente para que en el futuro no ofenda a la sociedad». De suerte que si hubiera certeza respecto a la no comisión de delitos futuros, la sociedad carecería de legitimidad para castigar'*'*.

P. A. FEUERBACH (1775-1833), considerado el padre de la ciencia penal alemana y uno de los promotores del movimiento codificador europeo^'' —fue coautor del Código Penal bávaro de 1813—, significa un auténtico hito en la historia de las ideas sobre el crimen, fundamentalmente por su teoría del castigo. Ajuicio de FEUERBACH, la pena m^ es «retribución» ni factor resocializador del delincuente, sino, ante todo, u n podjeroso resorte disuasorio por su capacidad psicológica intimidatoria en el ánimo del ^ u d a d a n o indeciso^ del delincuente potenciaP".
De esta concepción de la pena como instrumento al servicio de la prevención general (denominada: teoría de la coacción psicológica) deriva FEUERBACH la propia fundamentación del principio de legalidad: para que las penas puedan «contramotivar» al delincuente —dirá—'^ han de estar previstas, como es lógico, en una ley anterior al comportamiento que tratan de prevenir.

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1/ c) Finalmente, y como t e ó r i c o s o s i s t e m a t i z a d o r e s d e l a s gríme^ ras construcciones científicas, cabe citar: en Italia, a FILANGIERI y a RÓMAGNOSl; en Inglaterra, a BENTHAM (que por razones puramente expositivas será comentado en otro lugar, junto a los grandes pioneros de las ciencias penitenciarias, aunque su aportación rebase con mucho este marco), y en el área germánica, FEUERBACIi. FILANGIERI (1752-1788) y ROMAGNOSI (1761-1835) formularon las primeras construcciones científicas, plasmando las ideas reformistas de la época. A FILANGIERI se debe el primer sistema moderno de Derecho Penal sobre la base del «contrato social», merced a su obra «Ciencia de la Legislación»***, que excede la mera crítica de las leyes de su época a la luz de los postulados de la Ilustración^^.

d) La denominada«.Es.cwe¿a.C¿ás¿ca» y su teoría «situacional» de la criminalidad''^.—Junto al pensamiento utópico, el ilustrado (pre,«ifi

>'i i. '••ifp iMittíim OLÍ .StJfe-íííiVtff jiij tJfDñWiíifeífoíiii 8:3ofi .befaítao n') .BiTBaaoíí G. ROMAGNOSI, Génesis del Derecho Penal, 1956, Bogotá, traducción de C. González Cortina y J. Guerrero. Sobre el autor, vid. SAINZ CANTERO, J. A., Lecciones de Derecho Penal, cit. I., pág. 118, nota 68. Génesis del Derecho Penal, cit., parágrafo 395. ' ' . T/t < ' r//Génesis del Derecho Penal, cit., parágrafo 263. Así, F. v. LISZT, Tratado de Derecho Penal, I, Madrid, 1926. pág. 397. FEUERBACH, P. A., Lehrbuch des gemeinen in Deutschland gültigen peinlichen Rechts, Giesen, 1847 (14^ ed.), págs. 8 y ss. Lehrbuch des gemeinen in Deutschland gültigen peinlichen Rechts, cit., parágrafo 20. Los manuales de Criminología anglosajones suelen considerar representantes de la Escuela «Clásica» a Beccaria, Bentham y Feuerbach, distinguiendo, además, entre un «neoclasicismo» en sentido estricto (coetáneo del clasicismo, caracterizado

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Discurso sobre las penas, cit., capítulo II, núms. 11 a 18, y 24 a 31 (págs. 61 y ss.). Sobre el problema, vid. SAINZ CANTERO, J. A., Lecciones de Derecho Penal, cit. I, página 169. FILANGIERI, Ciencia de la Legislación, Madrid, 1822, tomo IV (traducción de J. Rubio). Sobre la aportación del autor, vid. SAINZ CANTERO, J. A., Lecciones de Derecho Penal, cit. I, página 115, nota, 59. Cfr., SAINZ CANTERO, J. A., Lecciones de Derecho Penal, cit., I, pág. 116.

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cursores, ilustrados, reformistas) y la aportación teórica de los primeros «sistematizadores» de la moderna ciencia criminal, la llamada «Escuela Clásica» o «Criminología clásica» completa el cuadro o repertorio de ideas sobre el problema criminal que tienen su origen en las «ciencias del espíritu». Los «clásicos» —grupo muy heterogéneo de autores, inconexo, y así denominados despectivamente por la Escuela Positiva^^—:_cisumieron el legado liberal, racionalista, humanitario y reformador de la Ilustra^ ción^*, especialmente su orientación «iusnaturalista». " La imagen del hombre como ser racional, igual y libre; la^teoría del pacto social, como fundamento de la sociedad civil y el poder; y la concepción utilitaria del castigo, no desprovista de apoyo ético, constituyen tres sólidos pilares del pensamiento clásico^^. "" ~ Pero es en el ámbito metodológico donde se aprecia mejor lo que une a todos los «clásicos», y lo que les enfrenta a los «positivistas». Los clásicos comparten las premisas básicas del iusnaturalismo, es decir, jcreen en la existencia de un orden superior (Derecho Ñatural)7al que" debe subordinarse el Derecho Positivo. Este se concibe, históricamente

desligado de toda suerte de coordenadas, como mera «concreción» de los postulados ideales de u n a instancia superior. Emplean, pues, un método abstracto, formal y deductivo. Parten de los dogmas del Derecho Natural (concepto o imagen del hombre, de la ley, del delito, del castigo, etc.) para derivar de tales aprioris las principales tesis y normas sobre la cuestión criminal. Prescinden del análisis^iiel_hombre delincuente, máximo p^rotagonista de aquélla. Y de la propia realidadsoiial o entorno del individuo. El «objeto» de análisis, para los clásicos, no es el Derecho ^ s i t i v o (en ello se distinguirá el método clásico del positivismo jurídico), ni el h o m b r e d e l i n c u e n t e o la r e a l i d a d c r i m i n a l (positivismo criminológico), sino laíimagen^del de]ito_y_d.e]Ji£mbre^^^ del castigo y de la justicia, que aporta el Derecho Natural o la Razón^^. La Escuela Clásica, en consecuencia, simboliza el tránsito del pensamiento mágico, sobrenatural, al abstracto; del mismo modo que; el positivismo implica el paso ulterior hacia el mundo naturalístico y concreto''^. La afirmación del libre albedrío representa u n nuevo arquetipo de ser humano, capaz de autodeterminarse, de optar y decidir, no mero juguete de fuerzas divinas o demoniales. No obstante, el método abstracto, formal y deductivo, apartó a la Escuela Clásica del fenómeno criminal mismo en u n delicado momento histórico en el que la difícil adaptación de amplias capas de la sociedad de la época a las duras exigencias del maquinismo y de la industrialización reclamaban un control eficaz del delito. El liberalismo político, legalista y humanitario, que inspira a la Escuela Clásica®* y su concepto abstracto ideal y formal de delito —desligado de la realidad empírica— demostrarían la incapacidad de aquélla para servir de soporte a u n a política criminal social y eficaz^®. La Escuela Clásica triunfó al impulsar el movimiento reformista, codificador y de sistematización de la ciencia penal, pero fracasó en la lucha, control y prevención del delito, n X aoiBiíSinoa aoni rr Cabe hablar, en puridad, de u n a «Criminología» clásica; o, si se prefiere, de u n a «teoría de la criminalidad» de la Escuela Clásica, si bien ofrece u n a imagen «administrativa y legal»^°° aerifica, formalista, despreocupada de problemas capitales.
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por introducir ligeros retoques a los postulados básicos de aquél) y el «moderno clasicismo» o rebrote tardío de los esquemas clásicos en la década de los setenta del pasado siglo (Cfr. VOLD, G. B., Theoretical Criminology, cit., págs. 18 y ss., 26 y ss. y 32 y ss.; SIEGEL, L. J., Criminology, cit., págs. 92 y ss. y 96 y ss.; VETTER, H. 1. y SILYERMAN, I. J., Criminology and Crime. An Introduction, cit., págs. 239 y ss. y 254 y ss.). Se acepta, en principio, dicha sistemática, excepto en el particular de la calificación como clásicos de los tres autores citados al comienzo de esta nota. Clásicos fueron Carrara, P. Rossi, G. Carmignani, Rosmini, Ortolan, Tissot, etc. Beccaria, en puridad, no es un clásico sino un precursor. Lo mismo que J. Bentham, más «ilustrado» que clásico. Feuerbach tampoco es un clásico, en sentido estricto. En otro sentido: SCHNEIDER, H. J. (Kriminologie, cit., págs. 92 y ss.) quien contempla la aportación de BECCARIA y HOWARD a propósito de «la Escuela Clásica en el siglo XVIII». Cñ-. ANTÓN ONECA, J., Derecho Penal, cit., pág. 34; RODRÍGUEZ MANZANERA, L., Criminología, cit., pág. 234. Vid. LAMNEK, S., Teorías de la Criminalidad, 1980, México, Siglo XXI, pág. 18. Resaltando, por el contrario, el componente iusnaturalista, ANTÓN ONECA, J., Derecho Penal, cit., páginas 35 y ss. Acertadamente advierte MIR PUIG, S. (Introducción a las bases del Derecho Penal, Barcelona, Bosch, 1976, págs. 175 y ss.), que en el seno de la denominada «Escuela Clásica» coexisten dos muy distintas «teorías de la pena». La teoría del «contrato social» tampoco se comparte por todos los clásicos (Cfr. VOLD, G. B., Theoretical Criminology, cit., págs. 20 y ss.).

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Distinguiendo el método de los clásicos del positivismo jurídico y del positivismo criminológico, MIR PUIG, S., Introducción a las bases, cit., pág. 175. Vid. VOLD, G. B., Theoretical Criminology, cit., pág. 31. Cfr. MIR PUIG, S., Introducción a las bases, cit., pág. 176, nota 8. Vid. MIR PUIG, S., Introducción a las bases del Derecho Penal, pág. 178. Así, VOLD, G. B., Theoretical Criminology, cit. pág. 26.

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1') Dicha «teoría» criminológica puede sintetizarse en los siguientes postulados: Y a) Normalidad del delincuente. Nada distingue al hombre delincuente "del no delincuente, porque todos los h o m b r e s son iguales cualitativamente iguales^"^ (b) Irracionalidad del crimen. Los clásicos que asumen la doctrina del «pacto social» ven en el crimen u n a conducta <iirraciona]>, inconigrensible, de quien en uso de su libertad no ha sabido escoger lo que realmente le interesa^°^, llevado por sus pasiones, etc. •
Sin embargo, no todos los clásicos participan de estatesis^"^ de la irracionalidad esencial del delito. Algunos de ellos advirtieron, por ejemplo, el impacto desigual e injusto de las leyes en determinadas capas de la población, la iniquidad de algunas leyes e incluso el efecto criminógeno que desencadenan^"" adoptando posturas que en modo alguno legitimaban el statu qud^^. Del mismo modo que, también, algunos ilustrados pusieron el acento en la incidencia criminógena de los factores sociales^"".

llegar a actuar criminalmente, es u n delincuente potencial^"®, porque es libre. , Son, pues, situaciones específicas las que pueden explicar, caso a caso, la opción del hombre a favor del crimen. e) Perspectiva o enfoque «reactivo» del problema criminal. La aportación de la Escuela Clásica pertenece más al ámbito de la Penología que al estrictamente criminológico^^''. Su teoría sobre la criminalidad no persigue tanto la identificación de los factores que determinan la misma (análisis etiológico) como la fundamentación, legitimación y delimitación del castigo. No por qué se produce el delito, sino cuándo, cómo y por qué castigamos el crimen. Este enfoque reactivo tiene u n a fácil explicación histórica: La Escuela Clásica tuvo que enfrentarse, ante todo, al viejo régimen, al sistema penal caótico, cruel y arbitrario de las monarquías absolutas. No le podía corresponder a ella aún la misión ulterior de investigar las causas del crimen para combatirlo. Era menester, primero, racionalizar y humanizar el panorama legislativo y el funcionamiento de sus instituciones, buscando u n nuevo marco, u n a nueva fundamentación al mismo. En consecuencia, la Escuela Clásica se enfrenta demasiado tarde con el problema criminal: se limita a responder al comportamiento delictivo con u n a pena justa, proporcionada y útil, pero no se interesa por la génesis y etiología de aquél ni t r a t a de prevenirlo y anticiparse al mismo"°. j f) Desde u n punto de vista político-criminal, los estrechos planteamientos de la Escuela Clásica, formalistas y acríticos, son especialmente tranquilizadores para la opinión pública y no menos funcionales para el poder constituido. Legitiman el uso sistemático del castigo como instru' ' ",6r"«ít?;
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^aóB'¥»WiJpí§b*í'éfe«ft»1M&'b©iü:fí c) Prioridad del «hecho» sobre el «autor». El análisis de la Escuela Clásica se centra en eljhecho delictivo, pasando a u n segundo plano la persona del autor^"''. El hombre concreto no existe, existe el hombre abstracto, el prototipo o imagen de hombre, sujeto libre, racional, responsable de sus actos. El delincuente es sólo u n a abstracción para los clásicos: el sujeto activo del delito. d) Explicación «situacional» del hecho delictivo. La Criminología clásica carece de una teoría «etiológica» del crimen. Profesa u n a exglicación meramente situacional de éste. Dado que no existen diferencias cualitativas entre el delincuente y el no delincuente porque todos los SS^s humanos son iguales y libres, el crimen es consecuencia de un mal_ -USO de la libertad por razones circunstanciales. Cualquier hombre puede
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1"! Vid. TRABANDT, H., y TRABANDT, H., Aufklarungüber Abweichung, Stuttgart, 1975, págs. 15 y ss. Cfr., LAMNEK, S., Teorías de la criminalidad, cit., pág. 18. ^"^ Vid. TAYLOR, L; WALTON, P., y YOUNG, J., The New Criminology, Harper-Row, 1973, New York, pág. 3. Cfr. VOLD, G. B., Theoretical Criminology, cit., pág. 29. ^"'^ Como apunta VOLD, G. B., Theoretical Criminology, cit., págs. 29 y ss. Vid. VOLD, G. B. (Theoretical Criminology, cit., págs. 30 y ss.), quien se refiere a Beccaria. 'Xv ¿M>^n'Xí.' VOLD, G. B., Theoretical Criminology, cit., pág. 31. Cfr. BONGER, W., Introducción a la Criminología, cit., págs. 81 y ss. Vid. LAMNEK, S., Teorías de la criminalidad, cit., págs. 18 y ss. , .-

^"^ Como problema «situacional», vid. MATZA, D., Delinquency and Drift, 1967, New York, págs. 11 y ss. Cfr. LAMNEK, S., Teorías de la criminalidad, cit., pág. 18. ^"^ La Escuela Clásica parte de un concepto «jurídico» de delito y de delincuente. Confróntese VOLD, G. B., Theoretical Criminology, cit., págs. 8 y ss.; JEFFERY, CL. R., The Structure of American Criminological Thinking, en: Journal of Criminal Law, Criminology and Pólice Science, 46 (1956), págs. 663 y 664; ANTÓN ONECA, J., Derecho Penal, P.G., cit., págs. 35 y ss.; LAMNEK, S. Teorías de la criminalidad, cit., págs. 18 y 19. Según LAMNEK, S. (Teorías de la criminalidad, cit., pág. 19), existe u n claro paralelismo entre la Criminología Clásica y el moderno labeling approach, que se revela en el común rechazo de la investigación de las causas del delito, en la apreciación convencional de la desviación, en la delimitación definitorial de lo desviado y en el rechazo a una valoración negativa de la conducta desviada.

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mentó de control del crimen, justificando la praxis y sus eventuales excesos. P a r a las autoridades, la teoría pactista del contrato social consolida el statu quoy resulta sobremanera atractiva; porque recuerda el insustituible rol de las estructuras de poder, el carácter egoísta e irracional del crimen, la peligrosidad de los miembros de la lower class en torno a los cuales suelen concentrarse las tasas más elevadas de criminalidad, etc. Todo ello, además, sin cuestionar las bases del contrato social, la bondad o injusticia del mismo, los desequilibrios y desigualdades reales de las partes que suscribieron dicho convenio tácito y los costes diferenciales que entraña para los diversos grupos y subgrupos del cuerpo sociaP".

investigaciones dirigidas a averiguar los factores individuales y sociales que propician el hecho criminal; en lugar de ello, vuelve los ojos a la idea del castigo, de la retribución"*', del just desser^^% reviviendo la polémica sobre la pena capital"^ y, sobre todo, sobre el efecto disuasorio y efectividad de las sanciones (deterrence)^^^. El moderno clasicismo aborda el problema del impacto disuasorio y efectividad de las penas (deterrence), tratando de desarrollar los esquel í í a s clásicos a la luz de los conocimientos que hoy suministran las "ciencias de la conducta y de los datos aportados por investigaciones

2') P o s t e r i o r e v o l u c i ó n del m o d e l o clásico: el d e n o m i n a d o «neoclasicismo» o m o d e r n o clasicismo"^. Asistimos en la década de los^séféñta-—del pasado siglo—