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EL CIEGO BARTIMEO

Marcos 10:46-52

Por: Only Castañeda

INTRODUCCIÓN:

Todos

los

seres

humanos

somos

EL CIEGO BARTIMEO Marcos 10:46-52 Por: Only Castañeda INTRODUCCIÓN: Todos los seres humanos somos integrales, necesitamos

integrales, necesitamos de ciertas cosas para sentirnos bien y para estar bien,

todo se reúne en una misma personalidad, el hombre para estar bien necesita suplir cuatro necesidades fundamentales; físicas, económicas, sociales y espirituales. Si una de esas necesidades esta ausente, todo perderá equilibrio.

Bartimeo personifica a todo ser humano en la ausencia de estos aspectos, podríamos decir que llevaba una vida miserable, era un hombre enfermo, pobre, sin amistades o contactos sociales y sin una relación directa con Jesús, esto puede considerarse como una total ruina en la vida. En definitiva este hombre esta condenado al fracaso.

BARTIMEO _______________________

La ciudad de Jericó es un bello lugar digno de la realeza, muchos han llegado a visitarla por negocios o placer, a la salida en el camino que lleva a Jerusalén, hay un hombre sentado a la orilla de aquel sendero; Pero ¿Quien puede fijarse en un pobre inútil sentado junto al camino pidiendo limosna?, si solo esta esperando recibir migajas de los peregrinos que salen de la reluciente ciudad de Jericó, algunos agotados, otros pensativos pues han invertido su capital y apenas cuentan con un par de monedas de escaso significado que lanzan a los pies del mendigo. El calor abrazador de aquel día es agotador y apenas puede aquel hombre estar tranquilo en medio del bullicio de la multitud que se dirige cuesta arriba, a la ciudad de Jerusalén, algunas platicas se escuchan entre la multitud, unas difíciles de entender y otras mas asertivas a los oídos de un ciego que por el mucho ejercicio de escuchar, logra descifrar fácilmente, ¡todo parece tomar significado! Y es que algo esta ocurriendo en ese camino.

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Guatemala, C.A.

¿Acaso será un político importante de la época que transita aquel lugar? o ¿es simplemente el bullicio de los días mas concurridos en la salida de la ciudad? El corazón del ciego Bartimeo empieza a palpitar fuertemente, la curiosidad y el afán lo invitan a cuestionar al primero que pasa tirándole una bocanada de polvo al pisar la orilla del camino, ¿Quién pasa por aquí? Pregunta aquel hombre, ¡es Jesús de Nazaret! Le gritan desde lejos.

Su corazón se llenó de luz como nunca sus ojos la habían visto, será posible que el famoso carpintero este pasando por aquí, se pregunta el pobre mendigo, mientras la fuerza de voluntad le invita a atreverse a algo más que solo pedir una limosna.

¡Jesús Hijo de David, ten misericordia de mí! Se escucha entre la multitud una y otra vez, tanto así que a la multitud le parece mas un ruido auditivo que algo agradable, aquella entrecortada y ronca voz intenta entrar en comunicación con el Rabí que pasa por allí, ¡cállate tonto! ¡Haz silencio inútil! ¡Deja de gritar viejo loco! Es la única respuesta que logra escuchar entre el tumulto que aquella multitud causa a su paso. ¡Tonto, tonto! Gritan unos niños que caminan tomados de la mano de sus padres y con rechinidos burlescos de su voz, se dirigen al despreciado mendigo del camino.

Aquel día no se parece en nada a los días que ha pasado ese hombre a la orilla del camino, hay un sentimiento de esperanza que lo inspiran a seguir gritando una y otra vez; ¡Jesús Hijo de David, ten misericordia de mí! Y no es para menos pues es Jesús el que camina por allí, mientras los gritos desesperados de Bartimeo llenaban su espacio, el bullicio de pronto empieza a disminuir, los pasos cesan y alguien se acerca y le dice: ten confianza, levántate, te llama;… un respiro agudo y extenso se escucha, mientras el viento caluroso acaricia el rostro viejo y barbado de aquel hombre, ¿a mí, se refiere a mí? Se pregunta para sí, mientras su corazón casi cesa de latir, probablemente este sea un sueño o apenas el inicio de muchos; ¿será ese el día en que sus ojos verán de nuevo la luz del astro que diariamente quema su piel mientras espera a la orilla por una limosna?

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Guatemala, C.A.

Apenas lo puede creer, pero el ambiente parece que ha cambiado a tal grado que olvida todo pensamiento de duda y sentimiento de temor que aquella multitud ha causado al escuchar sus gritos, se levanta rápidamente tirando la capa que era su única compañía, ¡que mas da, no tengo que perder! Piensa en su interior y abruptamente salta tratando de ubicar al Maestro.

Él no lo sabe, pero una mirada fija y compasiva lo envuelve, mientras una suave y dulce voz le pregunta ¿Qué quieres que te haga? … muchos entre la multitud empiezan a cuestionar lo ilógico que parece preguntar algo tan evidente, que podría desear un hombre ciego sino su vista, Bartimeo sin dar tiempo al tiempo y entre sollozos exclama ¡Maestro, quiero recobrar la vista! La multitud apenas puede comprender la respuesta del ciego pues sus lagrimas han empezado a bajar por sus mejillas, mientras aquella mirada fija del Maestro permanece sobre Él, y en menos de lo esperado aquella dulce voz le dice: Vete, tu fe te ha salvado. Casi al sonar de las palabras una luz empieza a ser percibida por Bartimeo, mientras sus ojos tratan de adaptarse a esa luz que hacia mucho no veía, el hombre cae en llanto profundo de agradecimiento, la multitud no puede siquiera creer lo que sus ojos han visto, unos empiezan a danzar de alegría, otros a elogiar al Maestro, Bartimeo solo puede suplicar entre sollozos ¡Maestro déjame estar contigo!

No pasa mucho cuando la multitud empieza a moverse y Bartimeo se reincorpora y sigue al Maestro, aquel que hizo que su vida pasara de ser mediocre a una Vida con Propósito, su nombre: Jesús de Nazaret, ese mismo Jesús hoy puede sanar tu corazón, hoy puede transformar tu vida, hoy puede darte nueva vida y una vida a plenitud. Jesús pregunta por ti, él quiere formar parte de tu vida, él va levantarte de la condición en que te encuentras, el hará que tu tristeza se convierta en alegría y que tu llanto se convierta en sonrisa, es el único que puede abrir tus ojos a la luz. ¿Deseas recibirlo? Haz esta oración si deseas aceptarlo en tu corazón:

Padre Nuestro, reconozco que soy pecador y que no merezco tu misericordia, pero me amas tal como soy, me arrepiento de mis pecados, te pido que me laves con tu sangre preciosa derramada en la cruz del calvario, hazme una nueva criatura, te recibo en mi corazón. En el nombre de Jesús “amen”

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