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Da de la luna, vigsimo quinto del mes de la Diosa de la maternidad.

Frulein, La ltima semana se ha visto colmada de dicha y gozo, tu perfume se ha impregnado en mis manos; la noche ya no es sinnimo soledad, porque en ella vive, el recuerdo del da que pas. Muchos cenit han pasado desde que, como hoy, mi corazn se viera invadido por los batallones de sentimientos que llevan tu nombre como estandarte. Hemos encontrado nuestro propio ritmo, como el pndulo que se corresponde en su compensacin de izquierda a derecha, o como las cortas noches de verano con las de invierno largas, o como nuestros labios cuando eclipsan como dos astros. Tus miedos y vergenzas aplacadas por la confianza que se consolida da a da, mis ansas que se funden en el brillo de tus ojos y en el caudal de tu cuello. Plasmada queda la pasin de tu cadera, en un vaivn que me recuerda a un barco anclado en el muelle previo a partir al infinito horizonte. Las palabras escasean en lo inefable de lo que tus caricias me causan, o lo que tu cabello negro dibuja en mis sbanas como canvas de algo divino y superior. El cario que por ti, en mi palpita, se vuelve intenso como cuando el sol alcanza la retina; ciegas quedan las experiencias del pasado y renazco en la idea de quererte solo a ti. Tu primicia se ve reflejada en este sentimiento que me colma, como un nio, todo es nuevo para mi; sensacin que t me causas. No puedo permitirme siquiera la idea de extraviarte en el camino, toma mi mano, que tormenta alguna no se atreva a separarnos. No pretendo me respondas, solo quiero que leas. Me cuesta abrirme a la posibilidad de que seas la adecuada, pero me es inevitable, tu hechizo ya me ha cautivado. Tuyo afectsimo, Christian.-