P. 1
Turzi - Revista Noticias

Turzi - Revista Noticias

|Views: 136|Likes:

More info:

Published by: Antonio De la Fuente on Jul 27, 2012
Copyright:Attribution Non-commercial

Availability:

Read on Scribd mobile: iPhone, iPad and Android.
download as PDF, TXT or read online from Scribd
See more
See less

07/27/2012

pdf

text

original

CLASES MAGISTRALES

Materia / Geopolítica

El nuevo dominio de los países emergentes
Brasil, Rusia, India y China (el grupo BRIC), con sus crecimientos demográficos de grandes proporciones, se imponen como nuevos mercados de altísimo consumo. ¿Pero qué rol juegan estas nuevas potencias en la distribución del poder político mundial?

Por MARIANO TURZI*

E

l BRIC es el club de las naciones emergentes líderes que conforman Brasil, Rusia, India y China. El acrónimo fue acuñado en noviembre de 2001 por Jim O’Neill, jefe del departamento de investigaciones económicas globales de la casa de inversión norteamericana Goldman Sachs. El objetivo de esta generalización era y es identificar los mercados que en las próximas décadas ofrecerán a sus clientes tasas de retorno a la inversión por encima del promedio. Se supone que la industrialización que tiene lugar en China e India junto a la creciente urbanización de sus poblaciones generará una demanda abastecida por la oferta brasileña y rusa de recursos naturales, en especial de commodities y energía. Según las proyecciones, este impulso estructural a la demanda agregada global inaugurará un nuevo ciclo económico global [...] Goldman Sachs utiliza el término BRIC en plural; porque hace referencia a cuatro países que, siguiendo cada uno su propia senda de crecimiento y desarrollo, tienen un peso creciente en la economía mundial. Como el concepto no intentaba darle al grupo entidad o identidad propias, no se utiliza el singular. El término BRIC escrito sin el plural enfatiza los elementos comunes e intereses compartidos que pueden

hacer del cuarteto un actor colectivo unificado con capacidad de proyección global. Como carecen de esta dimensión, los estudios de la casa de inversión no hacen referencia a la posibilidad de que en el futuro los BRICs puedan o deban coordinar su accionar diplomático, ni se argumenta que vayan a conformar un bloque comercial, alianza política u organización formal. La dimensión económica ayuda a comprender las transformaciones de la economía internacional y el aumento de las capacidades que llevaron al surgimiento de los BRICs. Sin embargo, el análisis de los cambios en el balance de la economía global a favor de los emergentes no es suficiente para contar con un diagnóstico completo. Pero, más allá de la economía, los BRICs tienen un peso considerable en la dimensión política, entendida como el entramado de relaciones de poder que acompañan a los cambios […] ¿Qué significa ser poderoso en relaciones internacionales? ¿Cuántos y qué tipo de poderes existen? ¿Hay diferentes recursos de poder? ¿Cómo se vinculan? ¿En qué condiciones se logra y cómo se pierde la preeminencia en el sistema internacional? La contribución desde la teoría de relaciones internacionales aparece cuando, ante los cambios en flujos comerciales y los diferenciales de crecimiento, se cuestiona acerca

21 de julio del 2012/NOTICIAS

FOTO: CEDOC.

93

CLASES MAGISTRALES
del impacto sobre la distribución del poder y sus posibles implicancias para la paz y la estabilidad internacionales. ¿Cuáles son las consecuencias globales del surgimiento de nuevos polos de poder? ¿Qué implica el surgimiento del BRIC para el orden internacional? ¿Quieren estos países convertir o destruir el sistema internacional vigente? ¿Nos encaminamos hacia una era de crecientes enfrentamientos y mayor conflicto? Agregaremos con esto una medida de intención a la distribución de capacidades que es necesaria si se quiere comprender la viabilidad no ya de los BRICs como economías sino del BRIC como actor en el sistema internacional. LOS ACTORES. Los Estados son los actores principales en el sistema de relaciones internacionales, aunque no los únicos. La base de la acción estatal internacional es, con mayor o menor grado de exclusividad, el poder. Ya sea que un Estado busque aumentar su poder nacional o simplemente pretenda no ser víctima de la imposición externa por parte de otros, el poder relativo –el propio comparado con el de otros– es el dato esencial sobre el que basará su conducta internacional. El número de países que concentra el poder informa los tipos de interacciones que son posibles entre ellos: poder concentrado en menos manos significa jerarquías más claras, y un poder más distribuido implica mayores niveles de incertidumbre y previsibilidad de conducta. Existen tres caracterizaciones básicas del sistema internacional de acuerdo con cómo se encuentre distribuido el poder entre los Estados. En el mundo unipolar una sola unidad domina el sistema. En la estructura bipolar, el mundo se divide irreconciliablemente entre dos poderes en pugna. El multipolarismo implica que existen muchas entidades, que se relacionan entre sí en cambiantes combinaciones de cooperación y conflicto. Desde el siglo XV hasta el siglo XX, el sistema de relaciones internacionales de los poderes europeos fue multipolar. Las potencias buscaban aumentar su poder a expensas de sus rivales, disputándose la conquista de colonias y mercados. Como esta búsqueda de poder era generalizada y permanente, todos se preparaban para la guerra a través de la carrera armamentista y las alianzas militares. Las relaciones internacionales buscaban mantener el equilibrio de poder, procurando evitar la dominación y prevenir la hegemonía de cualquiera de los Estados del sistema continental. Por eso, los alineamientos no eran fijos: cuando uno de los Estados crecía por sobre el conjunto, entonces el resto se reagrupaba para generarle un contrapeso. El ejemplo más difundido de este sistema es el Concierto Europeo, que tuvo vigencia desde el fin de las guerras napoleónicas, en 1815, hasta la Primera Guerra Mundial en 1914. Austria, Prusia, el Imperio Ruso, Gran Bretaña y Francia utilizaron su influencia y poder para impedir la hegemonía de las demás, individualmente o en bloque. Nos damos cuenta entonces de que el sistema multipolar no simplemente es el resultado de la distribución de capacidades sino que es un objetivo explícito y consciente de política exterior, que se alcanzó mediante una activa diplomacia de balance de poder. GULLIVERIANOS Y LILIPUTIENSES. Los “realistas” de las relaciones internacionales consideran que la estabilidad se logra por medio de la distribución del poder. Cuando una potencia acumula demasiado poder se activa un mecanismo de balance por medio de otros actores del sistema. Cuando uno se vuelve demasiado grande, el resto de los menos poderosos debe atarlo para contenerlo de sus excesos, como hicieron los liliputienses con Gulliver en la novela de Swift. Para la teoría de la estabilidad hegemónica, por el contrario, la estabilidad se alcanza a través de la concentración de poder. La erosión de las jerarquías lleva a la inestabilidad, ya que intensifica la competencia. Supone que la estabilidad del sistema internacional requiere de la existencia de un Estado dominante que pueda establecer las reglas de interacción entre los miembros. El hegemón debe contar con la capacidad y la voluntad de hacerlas cumplir. La capacidad estará dada por la combinación de una economía grande y creciente, el liderazgo en un sector económico o tecnológico clave para el crecimiento y el poder político respaldado por la superioridad militar para proyectarlo. En este sentido han existido varios episodios hegemónicos a lo largo de la historia: la potencia española de ultramar en el siglo XV, la dominación marítima de Portugal durante el siglo XVI, la monetaria de Holanda en el siglo XVII, la británica en los siglos XVIII y XIX por su liderazgo en la Revolución Industrial, y los Estados Unidos durante el siglo XX. La voluntad implica demostrar al resto de las unidades del sistema las ventajas de unirse al orden que ha establecido para que no lo perciban como injusto e intenten así subvertirlo. Pero en su última reedición, los hegemonistas no perciben el poder norteamericano como imperial sino como un servicio global. El hegemón se hace cargo de la provisión de bienes públicos, desde el mantenimiento de mares abiertos para el libre comercio hasta la contención del comunismo o el terrorismo. Y el resto de los Estados del sistema los disfrutan sin hacerse cargo de los costos (problema del free rider). Como para los realistas el sistema multipolar es el más estable, el balance de poder es a la vez descripción (lo que va a pasar) y prescripción (lo que debe pasar). Los hegemonistas hacen este salto teleológico: como la única manera de dotar al sistema de gobernabilidad y estabilidad es con la suma del poder global, entonces defienden el sistema unipolar y el rol privilegiado que la superpotencia ocupa en la cima. No diferencian entre los intereses del sistema y los particulares del actor en la cima de la pirámide. La dominación de Goliat se percibe como algo intrínsecamente bueno y preferible a la ausencia del poder repartido. Luego de la Primera Guerra, la revolución bolchevique y el establecimiento de la Unión Soviética, el sistema multipolar eurocéntrico se desmorona. La Segunda

Al no ser un colectivo unificado, es dudoso que los BRICs vayan a formar una alianza formal.

94

21 de julio del 2012/NOTICIAS

CLASES MAGISTRALES
Guerra es un enfrentamiento entre dos bandos de alianzas: las potencias del Eje (Alemania, Italia y Japón) y los Aliados (Francia, Inglaterra, la Unión Soviética y Estados Unidos). La lucha se enmarca en el enfrentamiento contra los sistemas totalitarios del nazismo y el fascismo. Curiosamente, una vez acabada la guerra, dos de los aliados –Estados Unidos y la Unión Soviética– juzgaron sus diferencias irreconciliables e instauraron así un mundo bipolar. Durante los años de la Guerra Fría era fácil reconocer que las capacidades estaban distribuidas de acuerdo con dos bloques: la esfera soviética y el campo norteamericano. El sistema obligaba al resto de los países a elegir un lado en la nueva disposición estratégica e ideológica global. Algunos, como China y los miembros del Movimiento de Países no Alineados (G-77), rechazaron el encasillamiento forzoso, reprobaron el conflicto Este-Oeste como el principal vector de división en el mundo moderno y postularon que las verdaderas líneas de fractura corrían entre Norte y Sur. Pero en cuanto a las concentraciones de poder –dos contendientes con una capacidad nuclear para destruir varias veces el planeta Tierra– el sistema seguía siendo claramente bipolar. Con la caída del muro de Berlín, en 1989, finalizó la Guerra Fría. Y con la desaparición de la Unión Soviética en 1991 ya no fue tan fácil identificar el eje articulador principal del poder en el sistema. ¿Había terminado definitivamente la bipolaridad? Parecía evidente que sí, ya que para 1992 el gasto militar de Rusia no era ni el 15% del estadounidense. ¿Volvería entonces el multipolarismo? No estaba tan claro. Estados Unidos había emergido victorioso como la única superpotencia. En ausencia de rivales que pudieran balancear el poder norteamericano se juzgó que el escenario internacional era unipolar. Desde el punto de vista exclusivamente militar ningún Estado o combinación de Estados era capaz de presentar oposición efectiva al poder de los Estados Unidos. De acuerdo con los datos del Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI), el presupuesto mili-

Ante los cambios en flujos comerciales, se cuestiona el impacto sobre el poder.

CLASES MAGISTRALES
tar norteamericano en 1991 ocupó el puesto número uno en el mundo, totalizando casi 450.000 millones de dólares. Esa suma era más grande que los presupuestos conjuntos de los países entre el puesto dos y el quince. Esto quiere decir que el gasto militar de los Estados Unidos era superior a la suma de los de Francia, Inglaterra, Alemania, Japón, Italia, Kuwait, Arabia Saudita, China, Canadá, España, Turquía, Corea del Sur, Israel e India. Por supuesto estaban los realistas clásicos –como Henry Kissinger– que estimaban que la distribución unipolar era circunstancial. El ex secretario de Estado preveía en 1996 que las relaciones entre los Estados en el siglo XXI volverían a ser como eran las relaciones europeas de los siglos XVIII y XIX, y anticipaba el surgimiento de un sistema multipolar con al menos seis grandes potencias: Estados Unidos, Europa, China, Japón, Rusia e India. La noción de que el escenario internacional sería crecientemente multipolar implicaba que varios Estados con fuerzas comparables o equivalentes deberían cooperar y competir a la vez en patrones cambiantes. Las coaliciones de Estados serían no solamente necesarias sino imprescindibles, ya sea para balancear el poder o para resolver temas de interés mutuo. Pero el espíritu de la época era otro. Se creyó que la cooperación con otros Estados no era necesaria para implementar políticas de alcance global, ya que la superpotencia podría actuar por sí sola de manera unilateral. Fue ganando lugar la idea de que la superioridad del poder militar norteamericano sería la garantía automática de adhesión de otros países. A diferencia de los realistas, los neoconservadores no creen que el poder repele y confían menos en las alianzas y en la cooperación multilateral que en el ejercicio autónomo del poder. Con diferentes énfasis, esta caracterización se manifestaba en el uso de términos como “momento unipolar”, “primacía” del poder norteamericano. La facción neoconservadora de ideólogos y de política pública en las áreas de defensa y política exterior abogó por la utilización del inmenso diferencial de poder de

El poder concentrado significa jerarquías claras, un poder distribuido, incertidumbre.

CLASES MAGISTRALES
Estados Unidos para prolongar el momento unipolar e instaurar la era unipolar. Este proyecto estaba basado en cuatro pilares: preservar el orden unipolar, mantener la primacía de la fuerza militar en todos los campos, descartar el multilateralismo en favor de un ejercicio unilateral del poder y sostener el recurso al ataque preventivo como mecanismo de defensa anticipada. Los atentados del 11 de septiembre del 2001 dieron la oportunidad histórica a los neocon de la Administración Bush a avanzar su designio transformacional del orden internacional. Esto fue posible gracias a una combinación de dos premisas que dieron lugar a lo que se dio en llamar “imperialismo democrático”. La primera era la posición dominante de los Estados Unidos en la estructura de poder. Comenzaron a utilizarse términos como “imperio”, “hegemonía” e “hiperpotencia”. Después se reflotó la tradición wilsoniana de la política exterior norteamericana que cree que Estados Unidos es un actor moral guiado por principios más que por intereses. Esta “fuerza para el bien” proyectaba al mundo los valores superiores de la democracia y la libertad. El mundo aprobaría la hegemonía benévola norteamericana, ya que era parte de la lucha entre las fuerzas del Bien y el eje del Mal. El principal clivaje para interpretar el momento histórico que atraviesan las relaciones internacionales en las primeras décadas del siglo XXI es la dicotomía unipolarmultipolar. Intentando superarla, Huntington presentó una elaboración alternativa que pretende ser superadora de la discusión. Nuestro querido maestro presenta una descripción más acertada del estado de las relaciones internacionales contemporáneas partiendo de la base de que no se ajusta plenamente ni al modelo unipolar ni al multipolar: “En cambio es una mezcla o híbrido de una superpotencia que no es un imperio y varias grandes potencias. Podría ser llamado un sistema uni-multipolar. Esto significa dos cosas. Primero, que la única superpotencia tiene poder de veto sobre las acciones de una combinación de las demás poten-

Las relaciones internacionales buscaban el equilibrio de poder, evitan la hegemonía.

CLASES MAGISTRALES
cias. Segundo, que la única superpotencia solamente puede resolver temas internacionales clave con la cooperación de los otros grandes Estados”. El mundo de Huntington es un ordenamiento jerárquico de cuatro niveles: una cima de preeminencia norteamericana, un segundo escalón de grandes poderes regionales (en donde explícitamente se encuentran los BRICs), un tercer nivel de poderes regionales secundarios (los miembros del N-11 y otros como Argentina) y una base compuesta por el resto. Durante la última década, lo que está ocurriendo es una acentuación del segundo y del tercer nivel, que son los componentes que “multipolarizan” el sistema. El reverso necesario de este proceso es la contracción del componente “uni” del sistema de polaridades globales. Existe una cantidad limitada de cuotas de poder en el sistema en cada momento. Entonces, si se acentúa el poder de países como los BRICs, necesariamente esto es a expensas de la supremacía del poder norteamericano. Tanto en extensión –a través de una proyección más decididamente global– como en intensidad –por medio de posturas más contundentes– los actores del segundo nivel expandieron sus intereses y capacidades más allá de lo que la teoría predice que sería su “natural” ámbito de actuación regional. El poder se ha redistribuido, y esa redistribución ha permitido el ascenso de los BRICs. La entronización misma del bloque como instancia de decisión gravitante en los asuntos globales evidencia directamente la magnitud que ha cobrado el componente “multi” del sistema a partir del surgimiento de estos nuevos grandes polos de poder. EL BALANCE DEL PODER. Un dato distintivo del sistema internacional actual es la redistribución de cuotas de poder desde la superpotencia a potencias medias, desde la cima del sistema hacia la base. En ese proceso de redistribución, los BRICs fueron los principales favorecidos. Pero esa no es toda la historia. El sistema en el que actúa el BRIC está ciertamente marcado por cambios cuantitativos –de cantidad y magnitud– en las polaridades globales. Pero en el mundo “postamericano”, el poder se encuentra también más disperso. ¿Qué quiere decir esto? Que ciertos actores del sistema pueden llegar a convertirse en polos de poder sin necesariamente pertenecer al grupo de las concentraciones de capacidad principales del sistema. En este entramado de interdependencia compleja los Estados son aún los actores dominantes de la política mundial. Sin embargo no constituyen unidades coherentes. Están atravesados internamente por múltiples intereses y contradicciones, grupos sociales en pugna y hasta rivalidades burocráticas. En el mundo de hoy existe una creciente cantidad de actores no estatales que participan activamente en la formación de la política mundial restringiendo la capacidad de decisión y ocupando los ámbitos de actuación que antes correspondían con exclusividad a los Estadosnación. Por “encima”, los Estados enfrentan las limitaciones impuestas por instituciones supranacionales (ONU, FMI, Banco Mundial), organismos regionales (UE, OEA, ASEAN, MERCOSUR) y funcionales (OMS, OPEP, AIE). Por “debajo” se encuentran las organizaciones no gubernamentales y las corporaciones, con sus vinculaciones transnacionales. En este universo se incluyen empresas multinacionales, ya sean más humanitarias –Greenpeace, Oxfam, Médicos sin Fronteras– o criminales (grupos terroristas, cárteles de la droga y mafias internacionales), que han crecido en fuerza y alcance gracias a oportunidades abiertas por la globalización. La agenda de los Estados se vuelve más diversa en sus temas y más compleja en sus interacciones; por ejemplo, las relaciones entre dos Estados ya no están determinadas solo por el poder relativo de cada uno sino que existe un profuso marco de acuerdos y organismos internacionales que fijan normas y reglan la conducta. El sistema incorpora rasgos de “no polaridad”, a partir de los cuales lo que ocurre dentro de Estados tiene crecientes consecuencias para las relaciones interestatales. La creciente mutua interpenetración genera un nivel de interacción “interméstico”, que vincula temas y actores internacionales con internos o domésticos. Temas como contaminación ambiental, estabilidad monetaria, inmigración, tráfico de drogas, de armas y de personas son muy difíciles de manejar sin la cooperación y coordinación de múltiples actores a diferentes niveles. El mismo proceso que redistribuye poder entre Estados también lo hace entre Estados y otras unidades cualitativamente diferentes. ¿Cómo es posible que hayan surgido actores con peso internacional por fuera de los Estados? Es posible porque los Estados ya no tienen el monopolio del poder en la arena internacional. ¿Cómo lo perdieron? Primero, desde mediados de la década de 1940, las armas nucleares produjeron un cambio fundamental en la estructura de la política interestatal: la fuerza militar se hizo más peligrosa y menos útil. El instrumento militar ya no podía ser la exclusiva ultima ratio sobre la cual basar la política exterior, puesto que su aplicación no era siempre posible o conveniente. Poder ya no equivalía solamente a fuerza. Segundo, con la disminución de la capacidad de hacer uso de la fuerza, el poder militar se hizo menos fungible. Hasta ese momento, había existido una rígida y bien definida jerarquía funcional (temas o ámbitos) de la política internacional. La “alta política” de la seguridad militar dominaba a la “baja política” de los asuntos económicos y sociales. A partir de la década de 1970 el poder se hizo más complejo y desagregado, y las diferentes áreas en las que se puede tener poder están vinculadas pero no subordinadas; se puede ocupar una importante posición internacional en el ámbito económico sin necesariamente ser una potencia militar. ●
* AUTOR del libro “Mundo BRICS” (Capital Intelectual)

En la última década hubo una redistribución del poder hacia potencias medianas, hacia la base.

102

21 de julio del 2012/NOTICIAS

You're Reading a Free Preview

Descarga
scribd
/*********** DO NOT ALTER ANYTHING BELOW THIS LINE ! ************/ var s_code=s.t();if(s_code)document.write(s_code)//-->