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Réquiem en Granada

Réquiem en Granada

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http://www.bubok.es/libros/189309/Requiem-en-Granada <P style="TEXT-ALIGN: justify; MARGIN: 18pt 0cm 0pt" class=MsoNormal><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt">El editor Horacio Lasheras había terminado de leer la novela de Andrea Torradillos, conocida periodista y tertuliana de los círculos literarios de Granada, y el texto le pareció denso, con frases recargadas y una narración errática que no llega a concluir el detalle. Debe decidir si exige a Andrea una nueva revisión o rechazar su novela. <?xml:namespace prefix = o ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:office" /><o:p></o:p></SPAN></P>
<P style="TEXT-ALIGN: justify; MARGIN: 18pt 0cm 0pt" class=MsoNormal><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt">En esta tesitura se encuentra Horacio cuando llega a sus manos un original de un autor desconocido. Lo hojea con la desgana propia de quien tiene por rutina enfrentarse a menudo a varios manuscritos inéditos y cree que se trata de uno más. Una vez superada la indolencia inicial, se adentra en el texto y queda fascinado por la agilidad y la fuerza de la narración, y la habilidad del autor para construir imágenes visuales concisas y efectivas, lo que le lleva a considerar si detrás del nombre que figura en la portada no se oculta un escritor consagrado. <o:p></o:p></SPAN></P>
<P style="TEXT-ALIGN: justify; MARGIN: 0cm 0cm 0pt" class=MsoNormal><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><o:p> </o:p></SPAN></P>
<P style="TEXT-ALIGN: justify; MARGIN: 0cm 0cm 0pt" class=MsoNormal><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt">Llama al autor y descubre que se trata de Roberto Deifontes, escritor y amigo de la juventud, que firma con pseudónimo. Horacio le entrega a Andrea el trabajo inédito de Roberto, sin desvelar su identidad, y le sugiere que lo lea y trate de corregir su novela con ese estilo. Andrea queda fascinada con la lectura.<o:p></o:p></SPAN></P>
<P style="TEXT-ALIGN: justify; MARGIN: 0cm 0cm 0pt" class=MsoNormal><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><o:p> </o:p></SPAN></P>
<P style="TEXT-ALIGN: justify; MARGIN: 0cm 0cm 0pt" class=MsoNormal><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt">Semanas atrás y por caprichos del destino, Andrea y Roberto habían coincidido en una de las páginas de encuentro de Internet, se habían intercambiado varios correos y quedaron en <SPAN style="mso-spacerun: yes"> </SPAN>verse en Granada. Al conocerse, ambos se compenetran de inmediato y celebran el encuentro con un almuerzo en un <SPAN style="mso-spacerun: yes"> </SPAN>restaurante a orillas del Genil, a cuyo término Andrea invita a Roberto a su casa a tomar café. La atracción es mutua. Sus miradas se prenden, sus manos se buscan, sus labios se anhelan. La pasión es incontenible y surge el deseo que exige la pronta satisfacción que la naturaleza humana reclama.<SPAN style="mso-spacerun: yes"> </SPAN><o:p></o:p></SPAN></P>
<P style="TEXT-ALIGN: justify; MARGIN: 0cm 0cm 0pt" class=MsoNormal><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><o:p> </o:p></SPAN></P>
<P style="TEXT-ALIGN: justify; MARGIN: 0cm 0cm 0pt" class=MsoNormal><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt">Andrea descubre, atónita y emocionada, que Roberto es la misma persona cuya obra le ha cautivado y, en pleno romance, le confiesa haber leído su novela y le pide que corrija la suya, a lo que él se niega. Desplegando su sensualidad y su erotismo con la sutileza propia de quien se sabe irresistible, Andrea enamora a Roberto y lo atrae a su tela de araña, donde finge amarlo, y lo seduce para que corrija su novela. La perver
http://www.bubok.es/libros/189309/Requiem-en-Granada <P style="TEXT-ALIGN: justify; MARGIN: 18pt 0cm 0pt" class=MsoNormal><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt">El editor Horacio Lasheras había terminado de leer la novela de Andrea Torradillos, conocida periodista y tertuliana de los círculos literarios de Granada, y el texto le pareció denso, con frases recargadas y una narración errática que no llega a concluir el detalle. Debe decidir si exige a Andrea una nueva revisión o rechazar su novela. <?xml:namespace prefix = o ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:office" /><o:p></o:p></SPAN></P>
<P style="TEXT-ALIGN: justify; MARGIN: 18pt 0cm 0pt" class=MsoNormal><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt">En esta tesitura se encuentra Horacio cuando llega a sus manos un original de un autor desconocido. Lo hojea con la desgana propia de quien tiene por rutina enfrentarse a menudo a varios manuscritos inéditos y cree que se trata de uno más. Una vez superada la indolencia inicial, se adentra en el texto y queda fascinado por la agilidad y la fuerza de la narración, y la habilidad del autor para construir imágenes visuales concisas y efectivas, lo que le lleva a considerar si detrás del nombre que figura en la portada no se oculta un escritor consagrado. <o:p></o:p></SPAN></P>
<P style="TEXT-ALIGN: justify; MARGIN: 0cm 0cm 0pt" class=MsoNormal><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><o:p> </o:p></SPAN></P>
<P style="TEXT-ALIGN: justify; MARGIN: 0cm 0cm 0pt" class=MsoNormal><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt">Llama al autor y descubre que se trata de Roberto Deifontes, escritor y amigo de la juventud, que firma con pseudónimo. Horacio le entrega a Andrea el trabajo inédito de Roberto, sin desvelar su identidad, y le sugiere que lo lea y trate de corregir su novela con ese estilo. Andrea queda fascinada con la lectura.<o:p></o:p></SPAN></P>
<P style="TEXT-ALIGN: justify; MARGIN: 0cm 0cm 0pt" class=MsoNormal><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><o:p> </o:p></SPAN></P>
<P style="TEXT-ALIGN: justify; MARGIN: 0cm 0cm 0pt" class=MsoNormal><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt">Semanas atrás y por caprichos del destino, Andrea y Roberto habían coincidido en una de las páginas de encuentro de Internet, se habían intercambiado varios correos y quedaron en <SPAN style="mso-spacerun: yes"> </SPAN>verse en Granada. Al conocerse, ambos se compenetran de inmediato y celebran el encuentro con un almuerzo en un <SPAN style="mso-spacerun: yes"> </SPAN>restaurante a orillas del Genil, a cuyo término Andrea invita a Roberto a su casa a tomar café. La atracción es mutua. Sus miradas se prenden, sus manos se buscan, sus labios se anhelan. La pasión es incontenible y surge el deseo que exige la pronta satisfacción que la naturaleza humana reclama.<SPAN style="mso-spacerun: yes"> </SPAN><o:p></o:p></SPAN></P>
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<P style="TEXT-ALIGN: justify; MARGIN: 0cm 0cm 0pt" class=MsoNormal><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt">Andrea descubre, atónita y emocionada, que Roberto es la misma persona cuya obra le ha cautivado y, en pleno romance, le confiesa haber leído su novela y le pide que corrija la suya, a lo que él se niega. Desplegando su sensualidad y su erotismo con la sutileza propia de quien se sabe irresistible, Andrea enamora a Roberto y lo atrae a su tela de araña, donde finge amarlo, y lo seduce para que corrija su novela. La perver

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1

R e q u i e m
en
G r a n a d a




Pequeña historia del diario breve de un amigo
Relato de un amor perIido





Autor:

M. Sindela






La hora más oscura no es la que precede al alba, sino al desamor
2
















El Iulgor de la mentira revestida de verdad dura lo mismo que
el brillo de la arena de la playa cuando se retira la ola.
La verdad, para serlo, le basta con ser cierta.



















3

Ne enamoré, me entregué, me comprometi, amé, fui feliz, sufri el engano, la
traición, la perfidia, padeci, pero vivi, y, ahora, puedo morir tranquilo porque
conoci el amor.
Roberto Deifontes
4
PREAMBULO
Roberto es un amigo de la inIancia. Nacimos en la misma ciudad, juntos crecimos,
juntos jugamos, juntos Iuimos al mismo colegio y juntos aprendimos en el mismo
instituto. Estudiamos la misma carrera y, siendo estudiantes, conocimos a las que
serian nuestras novias y, despues, nuestras esposas. Nuestros hijos, tambien crecieron
y se educaron juntos. Entre Roberto y yo hay una total y absoluta sincronia. Tenemos
una intimidad mayor que la que puede darse entre hermanos de sangre. Basta con
mirarnos para, sin mediar palabra, saber que pensamos, que queremos, que nos pasa.
Somos inseparables, como si uno Iuera la sombra del otro.
Ambos hicimos pinitos literarios, pero el tenia el talento del que yo carecia y, ademas
de ejercer su proIesion y dedicarse a la enseñanza, se hizo escritor. Tiene varios
libros publicados, muchos con notable exito, aunque, cosas del pudor, siempre oculto
su verdadero nombre bajo pseudonimos.
Roberto viajaba con mucha Irecuencia, siempre por motivos de trabajo, y se pasaba
largas temporadas Iuera de su casa, lo que hizo creer a su mujer que tenia una
aventura Iuera del hogar y se separo de el.
De nada le sirvio a Roberto ser modelico en todo, incluso en el matrimonio.
A raiz de su separacion, Roberto dejo la ciudad y se asocio a una empresa de Euskadi
que construia plantas solares, en la que trabajaba como director de Calidad y Nuevos
Proyectos, ocupandose integramente de toda nueva instalacion, desde el momento en
que se Iirmaba el contrato hasta que se entregaba llave en mano.
Aunque manteniamos el contacto por teleIono, sobre todo al principio de su marcha a
Euskadi, ya hace tiempo que no nos vemos, lo que me hace pensar que sigue viajando
y que tiene todo su tiempo ocupado en sus varios quehaceres.
Hace poco, recibi en mi domicilio un sobre muy abultado. Con gran curiosidad,
comprobe que el destinatario era yo, no habia error, y, a continuacion, Iui a ver quien
era el remitente. El corazon me dio un vuelco de alegria. El sobre venia de San
Sebastian y quede muy gratamente sorprendido al saber que me lo enviaba Roberto.
Lo rasgue con la curiosidad controlada de quien quiere prolongar el placer de saber
de un amigo al que, en años, se ignora su existencia y paradero, deseando dilatar el
descubrimiento de la sorpresa que aguardaba en su interior, y, Iinalmente, saque un
monton de cuartillas manuscritas por el. Reconoci la letra de Roberto enseguida y
adverti que seguia con su costumbre de hacer acotaciones y notas marginales,
correcciones, comentarios.
Tambien habia una carta, breve, pero muy expresiva.
5
Este es el texto:
Querido amigo.
Conoci en Granada a una mufer singular, me enamore de ella v nos hicimos
amantes. Desde el primer momento supe que era excepcional v quise que todas mis
emociones vividas con ella pudiera revivirlas al recordarlas con mas fuer:a aun que
en la realidad v decidi plasmarlas en un diario, sabiendo que, al leerlo, reavivaria mi
memoria.
El amor le era afeno, pero necesitada conocerlo, tenerlo, disfrutarlo, go:arlo, va
que, hasta que ella me conocio, solo habia querido tener compañia masculina v sexo
para evitar el riesgo de caer en las trampas de la ilusion v amar la imagen que
pudiera hacerse del hombre encontrado v no de su autentica realidad.
Conmigo vivio el amor, el amor sincero, limpio, honesto v entregado que desconocia,
asi como una pasion desbordante, salvafe v primitiva, nacida del querer autentico, v
se sintio feli: porque, al fin, supo de que amor hablan las muferes enamoradas.
Es escritora v necesitaba vivir el amor como experiencia propia, v no imaginada,
para escribir sobre el v encarnarlo en alguno de sus personafes literarios. Andrea
Torradillos es su nombre.
Conseguido su obfetivo v como vo no supe amarla como ella queria, porque vo desee
que me quisiera como vo la amaba, me difo que vo habia caido en la candida ilusion
de esperar ser correspondido, cuando es ella quien elige a sus amantes, lo mismo
que decide cuando los abandona, sin que en ella hava nunca lugar para la nostalgia.
Es lo que hacen las heroinas de sus novelas, pero Andrea era un enigma porque ni
ella misma sabia donde terminaba su personafe v donde empe:aba ella.
La intensa v apasionada relacion amorosa solo duro diecinueve dias a lo largo de
tres meses. Sin mediar palabra v en pleno apogeo de nuestro erratico idilio, Andrea
desaparecio un dia de mi vida, fusto al cumplirse los tres meses de nuestra relacion,
v puso todos los impedimentos para que vo no pudiera dar con ella ni locali:arla.
Te envio las cuartillas que escribi con mis vivencias. Me crei mas fuerte, pero no
resisto releerlas sin atribularme v sov incapa: de destruirlas. Te confio el encargo de
que seas tu quien de testimonio de mi amor por esta sorprendente mufer. Estov
seguro que encontraras tema para una novela, que vo no escribire nunca, v se que
haras uso de mi memoria con la correccion v el respeto que te recono:co.
No se cuando regresare, pero prometo ir a verte en cuanto lo haga.
Un fuerte abra:o
Roberto
6
INTRODUCCION
Primera quincena de octubre
Te escribo estas lineas preliminares, despues de haber dado por concluido mi breve
diario, para que comprendas mejor su contenido.
Cuando recibi la llamada teleIonica de Horacio Lasheras, me dijo que estaba muy
sorprendido por haberle hecho llegar uno de mis ultimos trabajos y me conIeso que,
cuando lo tuvo en sus manos, lo hojeo con la desgana propia de quien tiene por rutina
enIrentarse a manuscritos ineditos de autores desconocidos y creyo que se trataba de
uno mas, pero que, una vez que supero la indolencia inicial y se adentro en el texto, la
lectura le llevo a considerar si detras del nombre que Iigura en la portada se ocultaria
un escritor acreditado bajo pseudonimo.
- Y me quede Iascinado por la Irescura de la narracion y por la habilidad para
construir imagenes breves y eIectivas, y ya no puede dejar de leer hasta que lo
termine, y me quede con gana de mas texto me conIeso cuando me localizo
en el teleIono que le Iacilitaba y me reconocio por la voz en cuanto cruzamos
las primeras palabras.
- Es todo un derroche de cumplidos innecesarios que conmigo no te valen de
nada, Horacio le objete -. Sabes que siempre Iirmo con pseudonimo y utilizo
varios segun el tema que trate en lo que escribo le recorde.
- Estoy muy sorprendido despues de tantos años sin saber de ti y te agradezco
mucho que te hayas acordado de mi editorial enviandome una de tus obras
ineditas, Roberto.
- Es mi deseo regresar deIinitivamente a Granada cuando deje mis actividades
proIesionales y dedicarme a escribir, y no se me ha ocurrido otra Iorma mejor
de hacertelo saber que enviandote mi ultimo trabajo conIese abiertamente.
- Me das una gran alegria, Roberto, y me gustaria que nos viesemos y celebrar tu
decision en ese restaurante del Albaizyn que tanto te gusta, 'Morayma¨, hablar
de tus proyectos, de tu novela y concretar los terminos de la edicion me
propuso.
- Sera un placer comer contigo en ese y en cualquier otro restaurante, que hay
muchos y muy buenos en Granada, pero no por ahora, Horacio. No tengo
tiempo y no es necesario que me desplace a Granada para los papeleos. Estoy
muy ocupado con un nuevo proyecto en Antequera y tengo plena conIianza en
7
ti. Haz lo que tengas que hacer, me lo envias por correo electronico y te lo
devolvere con la conIormidad o los reparos que hubieren lugar le respondi.
Conozco a Horacio Lasheras desde nuestra juventud. Es un editor serio y riguroso
que siempre ayudo a los escritores noveles que, a su juicio, tuvieran cierto talento.
Horacio Iue quien publico mis primeros cuentos y mis obras cortas. Despues, me
dedique por completo a mi carrera y, cuando el tiempo me permitio entregarme con
mas asiduidad a mi vocacion literaria, empece a escribir, pero nunca utilice mi
verdadero nombre, que lo oculte bajo pseudonimos, tal vez, por un extraño pudor que
emanaba de mi propia timidez.
- Veras, Roberto, si he elogiado tu Iorma de escribir es porque me has recordado
que aun tengo en un cajon de mi mesa un original que esta en las antipodas de
tu estilo. Lo termine de leer hace dias, la primera novela de Andrea Torradillos,
conocida periodista y asidua tertuliana de los circulos literarios de Granada.
- No conozco a esa señora y tampoco logro comprender que me quieres decir,
Horacio le dije, ignorando el alcance de su observacion.
- Pues, que el argumento de su novela es original y se le puede sacar partido,
pero el texto es demasiado denso, cargado de Irases retoricas, con una
narracion erratica, sobre todo cuando intenta relatar una situacion o describir
un paisaje. Andrea suele caer en el error de sobrecargar las Irases, hacerlas
viscosas, dubitativas, sin llegar a deIinir el detalle, una mezcla de extraña
poesia IilosoIica que quedaria justiIicada en otro tipo de obra, pero que no
encaja en una historia de Iiccion como la suya me respondio.
- Sigo sin saber a donde quieres ir a parar, Horacio le objete.
- Advierto que la pastosidad del relato de Andrea esta en el peso de las Irases,
que son largas en exceso, Irases que intentan sugerir al lector una idea, pero
que no le da tiempo a recrearse en la imagen insinuada porque, enseguida,
aparece otra Irase, igualmente extensa, que evoca lo contrario, apostillada con
'un tal vez¨ o un 'quiza¨ que mantiene la duda, la indecision, sin llegar a
concretar - aclaro.
- Horacio, amigo mio: tu eres editor y sabes como aliviar esos errores propios de
los noveles. Acuerdate de las veces que me corregiste a mi en mis primeros
pasos literarios y lo mucho que siempre te lo agradeci respondi.
- Si, lo recuerdo, pero estoy en una tesitura que me sume en la duda, Roberto,
porque ya le he dicho varias veces a Andrea como debe aligerar el texto, y, a
pesar de sus muchas revisiones, no lo logra. Debo tomar una decision y no se si
8
exigirle una nueva, la enesima y ultima, o rechazar deIinitivamente su novela,
porque, tal y como esta, la considero indigerible.
- Es tu decision, Horacio, y, sinceramente, no se por que me lo cuentas, pues
imagino que te enIrentaras con Irecuencia a varios casos como ese. ¿Que tiene
de especial la novela de Andrea Torradillos? pregunte con ingenuidad.
- Deseo ayudar a esta escritora, se lo merece porque no escribe mal, pero le Ialta
conIianza en si misma. Y lo que tiene de especial su novela, ya te lo he dicho,
es el argumento, que es prometedor, pero adolece de un texto rebuscado,
conIuso, y si te lo cuento es porque me gustaria que tu lo corrigieras conIeso.
- ¡Oh, no, Horacio, nada de eso! Corregir un texto ajeno es lo mismo que invadir
la intimidad de su autor, y yo no estoy dispuesto a ello. Si tanto te interesa esa
escritora, haz tu la correccion rechace con contundencia.
- En ese caso, Roberto, me permitiras que le deje a Andrea tu novela para que,
leyendola, tome nota de la Iluidez de tu texto y sepa lo que debe hacer.

Vislumbre que Horacio tenia un interes especial hacia Andrea, por lo que no tuve
inconveniente alguno en acceder a su propuesta. Al Iin y al cabo, cuando se editara,
seria de dominio publico, pero le puse como condicion que no desvelara mi nombre
verdadero.

- No te preocupes, Roberto, que tu identidad quedara a buen recaudo. Es mas,
hare venir a Andrea a mi despacho, le entregare tu trabajo y le dire que es obra
de un autor novel que me ha entusiasmado. Puede que le sirva de acicate. Le
sugerire que la lea y trate de corregir su novela adaptandose a tu estilo, ¿te
parece bien?

- Mucho debe interesarte Andrea Torradillos para tomarte tantas molestias.


------ o ------
Conoci a Valeria en una de las paginas de contacto que aparecen en Internet. Ambos,
cansados de no conseguir lo que pretendiamos por los metodos habituales, yo, por no
tener tiempo para las relaciones sociales, decidimos acudir, cada uno por su lado e
ignorando nuestra mutua existencia, acudir a ese sistema con la sana aspiracion de
encontrar amistad como paso previo al encuentro con el amor y poder Iormalizar una
relacion de pareja seria y estable, objetivo primordial nunca ocultado entre nosotros
cuando coincidimos y nos dimos a conocer.
9
Valeria se presentaba en lo que se suele llamar perIil en esas paginas, como una
atractiva mujer de 59 años, pero que no los aparentaba y que cumpliria los 60 en los
meses proximos, morena, bien parecida, esbelta, con una estatura de 170 centimetros,
Iormas y curvas proporcionadas, peso adecuado y de aspecto juvenil. Habia estudiado
IilosoIia y periodismo, era escritora y Iuncionaria. Habia aprendido musica y cantaba
como soprano en un coro de aIicionados. En lo mas personal, decia que, despues de
varias relaciones de escasa duracion, al Iin habia logrado un vinculo sentimental
duradero y que lo habia mantenido durante años, pero que nunca estuvo casada, que
no tenia hijos y que se habia separado hacia unos siete años. Se conIesaba atea.
Valeria esperaba encontrar el amor en Internet y decia que tenia una deuda con el, un
compromiso, una necesidad y una responsabilidad, pero que no le gustaria caer en las
trampas de la ilusion, sino amar verdaderamente la realidad de la persona encontrada
y no la imagen que pudiera hacerse de ella.
Mas adelante, Valeria me conIesaria que su ruptura sentimental con su 'pareja
estable¨, asi deIinia la relacion mas duradera que tuvo, la motivo al conocer a otro
hombre, del que se encapricho, aunque, segun ella, esa nueva relacion duro poco,
apenas unos meses, conservando, sin embargo, una gran amistad y cariño por ese
individuo, sentimientos que aun perduran despues de siete años.
'No logro desligarme de quienes han sido mis amantes¨ me diria.
Este ultimo amante, 'un individuo con unos preciosos ojos azules¨, decia Valeria, la
visita en su casa con Irecuencia, pero nada mas, segun ella. El quiere reanudar la
relacion, pero Valeria cerro hace tiempo esta posibilidad al conocer a otros hombres
con los que se mantuvo unida, siempre por periodos de corta duracion.
Mucho mas tarde, Valeria me revelaria que ese amigo especial estaba en su casa
cuando yo la llamaba por teleIono y, mientras hablaba conmigo, le decia que se
ausentara, lo que, al saberlo yo, me suscito una inquietante conIusion, ya que no me
aclaro que hacia 'el ojos azules¨ todos los dias en su casa.
Se trataba de una maniIestacion de sorprendente ambigüedad que, lejos de
aquietarme, me desconcertaba mas, y tanto, que llego, incluso, a hacerme sospechar
si el todavia no habria pasado a la categoria de 'ex¨ y seguia aun en activo, porque yo
oia extraños ruidos cuando hablabamos y al preguntarle a que se debian, Valeria me
aseguraba que no sabia y que estaba sola, aclaracion que yo no pedia.
Sin embargo, Valeria aseguraba, y lo repetia, que, a pesar de todo, seguia teniendo
una gran deuda con el amor y que esa, y no otra, era la razon de aparecer en las
paginas de encuentro de Internet, aunque, cansada de la Ialsedad y de la vulgaridad
con las que tropezo en ellas, habia decidido darse de baja despues de seis meses de
intentos y de correos en vano, cuando, por casualidad y en una ultima ojeada, se
10
encontro con mi perIil y le llamo la atencion. Pensaba escribirme, pero no lo hizo en
ese momento 'porque un perIil tan escueto y con visos de sinceridad, no es lo
Irecuente en estas paginas¨, me conIeso cuando Iue posible la comunicacion entre
nosotros, y, ante la duda, preIirio dejarlo. Pero lo hice yo, porque ella si me intereso
desde el primer momento, y le escribi y le hice una exposicion detallada de todo lo
que, en mi opinion, deberia saber de mi para despertar su interes.
Cuando, al Iin, ella me leyo y supero su recelo inicial y me escribio, en su correo
prometia ser clara desde el principio y me dijo que habia adoptado el nombre de
Valeria como pseudonimo para Internet, y, aunque decia vivir en Malaga, tampoco
era cierto, circunstancias ambas que se apresuro a aclararme:
- 'Mi nombre es Andrea Torradillos, soy nacida en Soria y vivo en Granada¨
Y me quede pasmado.
Llame a Horacio y le comente lo sucedido.
- No te preocupes, Roberto, que mi interes por Andrea es solo proIesional. El
azar os ha puesto en contacto y no debes desaprovechar la ocasion. Andrea es
una mujer Iuera de lo comun y se que llegareis a entenderos enseguida.
- ¿Que me puedes decir de ella a nivel personal? le pregunte con vivo interes.
- Nada, Horacio, pero tampoco te puedo asegurar que este sola, porque es una
mujer bellisima, muy atractiva, y su aspecto juvenil y desenvuelto, es seductor.
Solo recuerdo que un dia vino a mi despacho acompañada de un señor que me
presento como un amigo, pero no me dijo su nombre, y si me lo dijo, no lo
retuve, si que viajaba mucho y que tenia acento suramericano. Tal vez, y es
solo mi opinion, a pesar de todos sus encantos, se sienta sola y haya recurrido a
Internet. No te puedo decir mas porque nada mas se.
Segun me contaria Andrea mas tarde, la relacion con el individuo de los 'preciosos
ojos azules¨, no solo propicio el abandono de su 'pareja estable¨, sino, tambien el de
la casa que compartia con el y de la que era dueño. Se Iue a vivir con su nuevo
amante, al que abandono a los pocos meses y, harta de compartir lecho ajeno con
quien, al poco, le aburria y sustituiria, se compro su propia vivienda, un piso en la
decimocuarta y ultima planta de un ediIicio situado a orillas del rio Genil, construido
unos cuarenta y tantos años atras y con todas las carencias propias de la epoca.
Sin embargo, Andrea aseguraba que todas las insuIiciencias de su vivienda quedaban
compensadas con creces por la intima satisIaccion de tener su propio piso y por las
prodigiosas vistas a Sierra Nevada que disIrutaba, lo mas valioso de la casa y que ella
destacaba henchida de orgullo.
11
- 'Pero le he hecho una imprescindible reIorma para conseguir un minimo de
conIort¨ me diria Andrea.
Andrea ponderaba tanto su recien adquirida propiedad y lo hacia con tan enardecida
jactancia, que daba la impresion de que no solo habia logrado tener su casa, sino que,
ademas, tambien habia comprado su propia libertad, pagando por ella un precio que
le habia costado años de dudas e indecisiones.
Andrea, cuando me conocio en Internet, acababa de publicar su primer libro, una
recopilacion de cuentos escritos a lo largo de varios años, y estaba corrigiendo, por
enesima vez, su primera novela, iniciada años atras y que pensaba publicar en breve,
al tiempo que escribia su segunda obra y empezaba la tercera.
Cuando la conoci personalmente y tuve acceso a sus trabajos, comprobe que Horacio
Lasheras tenia razon. Andrea escribe con una desconcertante prosa poetica que
pretende ser original, pero se apoya en Irases ajenas y en elementos comparativos,
intentando atrapar al lector y, sin embargo, lo alejan al recargar en exceso las Irases,
tediosas en exceso, dubitativas y sin llegar a concluir el detalle, una extraña prolijidad
que no queda justiIicada en una historia literaria.
Es lo que ocurre con los cuentos contenidos en su primer libro, que son de desigual
Iactura, salvando unos pocos que son autenticas joyitas literarias, lo que cualquier
malintencionado interpretaria como producto de la intervencion de pluma ajena,
aunque lo que yo creo es que, al ser de distintas epocas, se nota la inmadurez inicial y
la evolucion literaria en busca de un estilo propio.
Por mi parte, yo si utilizaba mi autentico nombre en Internet y decia mi edad real.
Declaraba mi proIesion y mi apasionamiento por la musica clasica, la literatura y la
historia. Decia que era empresario y proIesor de universidad, actividad esta que
abandone al jubilarme anticipadamente, aunque seguia ejerciendo como proIesor
emerito. Por ultimo, aclaraba que estaba divorciado desde hacia catorce años y que, al
no tener tiempo para las relaciones sociales, buscaba pareja en ese medio.
Mas tarde, al conocer a Andrea, le explicaria que, desde mi separacion matrimonial,
solo mantuve una relacion con una señora que habia enviudado un años antes de
conocernos y que, al cabo de doce meses de Ieliz convivencia, me dejo porque
sospechaba que yo tenia una enIermedad grave y ella no estaba dispuesta a suIrir,
imaginaria dolencia que solo existio en la mente de la viuda.
Tambien le dije que aun seguia vinculado a mi antigua empresa, actualmente como
accionista y directivo, y que, por mi experiencia en Control de Calidad, se me habia
oIrecido la direccion de un proyecto para la construccion de una planta solar en la
comarca del Guadalhorce, y que habia aceptado, por lo que residia temporalmente en
12
Antequera, aunque mi querencia natural seguia siendo Euskadi, con residencia en San
Sebastian, donde pasaba tanto tiempo como el trabajo y el tiempo me lo permitian.
Tambien le dije que me gustaria regresar de Iorma deIinitiva a Granada.
A pesar de la diIerencia de edad existente entre Andrea y yo, cerca de cinco años,
disparidad que considere como un serio impedimento cuando vi su sorprendente
Iisico juvenil en una de las IotograIias que me envio antes de conocernos en persona,
ella me aseguro que no era ningun obstaculo porque yo le parecia joven y atractivo, y
que de nada le serviria un señor de su misma edad si no llegaba a entenderse con el.
'La edad no es un inconveniente¨ - me asevero.
Superado mi recelo inicial sobre la diIerencia de edad, sin embargo, lo que me si me
mantenia desconcertado es como una mujer con la Iormacion y la cultura de Andrea,
tan interesante, tan atractiva, y, desde luego, con un aspecto juvenil envidiable,
apareciera en Internet buscando pareja.
Yo no tenia tiempo para relaciones sociales, pero no era su caso.
Por las IotograIias, pude comprobar que Andrea es una joven madura, garbosa,
encantadora, muy guapa y atractiva, de rasgos nobles, mirada seductora y hermosa
sonrisa, todo lo cual que me hizo imaginar que tantas gracias deberian estar
completadas con una voz melodiosa y cautivadora, asi como con una encantadora
timidez.
Cuanto empezamos el habitual epistolario que prosiguio al primer contacto, pronto
nos dimos cuenta de que nos unian muchas mas aIinidades de las que en un principio
nos podriamos imaginar. No era solo la Iormacion intelectual y academica, la cultura
y las aIiciones mutuas, sino los gustos, las preIerencias, las ideas, las simpatias, los
pasatiempos, la Iorma de expresarnos, lo que nos deciamos y como nos lo deciamos.
Descubrimos con agrado que compartiamos una gran pasion por la literatura, la
historia, la musica, la pintura, el arte en general, el mar y los paisajes de Euskadi, el
canto y el erotismo.
Gracias a las aIinidades selectivas, que Andrea llamaba sincronias, el epistolario nos
permitio expresarnos con una naturalidad Iresca y autentica que impregnaba nuestros
correos de un placentero bienestar que se añoraba cuando uno de los dos se retrasaba
en escribir.
Al poco, Iuimos advirtiendo que habia nacido entre nosotros una amistad especial, un
sentimiento Iruto de una mutua y reciproca admiracion que Iavorecio el paso de la
palabra cortes a la sutil delicadeza aIectiva, una agradable situacion que se habia
establecido con total normalidad y sin resistencia alguna, llegando a intercambiarnos
13
Irases de ternura amorosa que, tras ser plasmadas, Iueron aceptadas con
complacencia, primero, y requeridas, despues.
Habia tenido lugar un enamoramiento epistolar que exigia ser aclarado cuanto antes,
razon por la que nos intercambiamos los numeros de teleIono. Al escucharnos, al
poner sonido con acentos y texturas a la palabra escrita, la seduccion Iue inmediata,
reciproca, y, enseguida, acordamos un encuentro.
Como supuse, la voz de Andrea era suave, melodiosa, cautivadora.
Cuando conoci a Andrea en persona, supe que yo jamas seria de nadie mas.

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14
Madrugada del lunes, 12 de enero
Retrospectiva del ultimo dia
Aunque la costa esta relativamente cerca de Antequera, la cordillera del sur reduce la
inIluencia del mar y los grandes espacios abiertos al norte Iavorecen la existencia de
un clima continental, por lo que los inviernos son crudos y, aunque las nevadas son
raras, no por ello desconocidas.
La noche era especialmente Iria. El termometro señalo los 6 grados bajo cero durante
la madrugada y la nieve caida durante la noche se habia convertido en hielo. El leve
rumor que procedia de la calle era el de algun que otro vehiculo rodando con lentitud
y mayor precaucion. La caleIaccion estuvo encendida toda la noche, aunque a menor
temperatura que durante el dia: el peligro de que se helaran las tuberias asi lo hacia
aconsejable.
Andrea y yo permaneciamos despiertos, dentro de la cama, abrazados y mirandonos
con la ternura que inspira el amor de dos seres que han de despedirse en unas horas y
que desean detener el tiempo para que nada de lo que Iuera a ocurrir ocurriera. Pero,
Andrea tenia que tomar un tren a primera hora de la mañana y ambos acariciabamos
la posibilidad de lograr lo imposible manteniendonos en vela, hablando.
- Cuentame nuestra historia, Roberto.
Boca contra boca, en susurros entrecortados por la emocion, le dije:
- ¿No te cansas, Andrea?
- ¡Nunca me canso de lo que me gusta y tu lo recuerdas tan bien!
No me costo ningun esIuerzo evocar lo que tenia tan presente en mi pensamiento.
- Era lunes, 17 de noviembre de.
- ¡No, no! Antes protesto amablemente Andrea.
- ¿Antes?
- Si, desde el comienzo.
- ¡Ah, ya! Era 15 de octubre cuando, a un correo mio de hacia cinco dias en el
que me interesaba por ti despues de haber leido tu propia descripcion en la
misma pagina de Internet en la que yo estaba registrado, recibi tu respuesta y
15
me decias que me habias visto y que pensabas escribirme, pero que yo me
habia adelantado. Te presentabas, me dabas tu verdadero nombre y me decias
que eras escritora, que te gustaba la musica clasica, que eras cantante de coro,
que vivias en Granada, que habias nacido en Soria y que tu alma estaba ligada
a Euskadi, tierra en la que habias vivido y estudiado periodismo y IilosoIia y a
la soñabas volver algun dia.
Al leerte, mi corazon daba saltos de contento por las aIinidades que nos unian.
Enseguida te conteste y te maniIeste mi regocijo por lo que tu llamabas
sincronias. Te dije que yo era de Granada, donde tu vivias, que me gustaba
Soria, donde habias nacido y que, como tu, mi ligazon con Euskadi es
irrenunciable por sus paisajes, sus gentes y, sobre todo, por su mar.
Tambien te dije que consideraria un regalo del cielo si encontraba pareja y, con
ella, poder regresar a mi Granada y empezar a vivir una nueva vida, el ultimo
tramo de la vida y, tal vez, el mas intenso, rico e ilusionante que pueda
disIrutar en plenitud el ser humano. No te oculte que otro de mis sueños era
poder dedicarme a escribir y hacerlo en mi tierra.
Me dijiste que te gustaria leer algo mio, y me arrepenti de mi conIesion.
En otro correo inmediato tuyo, me conIesabas tu complacencia por las
coincidencias y me hablabas de que tenias una deuda con el amor como si se
tratara de un compromiso, y que tu tema, tanto en la vida como en la literatura,
era el amor.
A traves de los correos que se sucedian a diario, en uno de ellos te dije que yo
residia en San Sebastian pero que, temporalmente y por motivos de trabajo, me
habia trasladado a Antequera, una circunstancia que te sorprendio gratamente:
- 'Alli tengo muy buenos amigos, sobre todo un matrimonio con el que me llevo
como si Iueramos de la Iamilia, sorianos como yo, los visito con Irecuencia y
paso con ellos varias temporadas a lo largo del año¨.
Me decias que la proximidad a Malaga y su costa, apenas unos 45 kilometros
de Antequera, ejerce sobre ti una irresistible atraccion a la que no te puedes
sustraer. Sientes un vivo apasionamiento por el mar, al que tienes que
contemplar de vez en cuando, y tus amigos sabian que los visitabas porque
comprendian que tu querencia por el mar te viene de lejos, de cuando vivias en
Soria y te escapabas a San Sebastian para contemplar el Cantabrico, y,
despues, por haber vivido durante tiempo y estudiado en la capital donostiarra.
Cinco dias despues de nuestro primer contacto epistolar, te pedi que me
mostraras una Ioto tuya. Te vi y quede desolado, pues, ademas de atractiva y
16
hermosa, comprobe que eras una mujer muy joven y, de nuevo, me pregunte
que hacia una señora con tu apostura, tu belleza y tu Iormacion intelectual en
esas paginas de contacto. Era desconcertante.
Se hizo necesario unir la voz a la imagen e intercambiamos nuestros numeros
de teleIonos. Hablamos por primera vez el 20 de octubre y, al escuchar tu voz,
quede embelesado por tu timbre, tu tono, tu dulzura. Me gusto tu voz, lo que
me decias y como lo decias, y, tanto me encanto, que me senti seducido y
empece a llamarte Scheherazade. Y hablamos de Soria, de Granada, del mar,
nuestro reIerente, nuestro paraiso, a cuyo encuentro yo tambien necesito ir en
cuanto puedo y solo por el puro placer de sentirme a su lado, de contemplarlo
y de saberme seguro.
Tambien hablamos de musica - ¡como no! -, y de que, de toda la musica que te
gustaba, con la que te quedarias si tuvieras que elegir una, 'Un requiem
aleman¨, de Brahms, seria la elegida, respondiste sin dudar.
Fuimos dejando a un lado el epistolario y dedicamos horas y mas horas a
comunicarnos por teleIono y, al terminar una conversacion, siempre me
quedaba el regusto agridulce de que consideraba que habia sido breve ¡y los
minutos sumaban horas de charla!
Nuestra comunicacion era Iluida, sincera, transparente, y, para cuando se hizo
necesario conIesarnos algo importante, delicado, trascendental, que requeria
una Iranqueza absoluta sin ningun menoscabo y sin que se dejara inIluir por
nada, ni siquiera por el pudor, nos inventamos 'la tabla¨, una mesa imaginaria
tributaria de la sinceridad por encima de todo y a la que uno convocaba al otro
mediante un mensaje SMS indicando la hora de la cita. 'La tabla¨ resulto ser
un elemento esencial en nuestra incipiente relacion que Iacilito el dialogo, nos
ayudo a conocernos mas y mejor, nos enriquecio en comprension, y, gracias a
ella, muchas de las cosas que normalmente no se dicen en esa etapa inicial en
la que aun no nos conociamos personalmente, quedaron expuestas, declaradas
y conIesadas, todo ello con total aceptacion y beneplacito por parte de ambos.
Nos ayudo mucho 'la tabla¨, ¡gran invento!
Poco a poco, Iui reconociendo la agradable sensacion que produce el
nacimiento de un sentimiento al que ya crei haber renunciado hacia tiempo. Y
te lo conIese. Y lo aceptaste, aunque sin corresponder, llevada por tu prudencia
y tu miedo a engañarte, o a precipitarte, que aun no lo sabias. Mis sentimientos
Iueron creciendo y revelandose hasta hacerse incontenibles y, a la vez que me
aportaban una prudente seguridad, mi ilusion aumentaba y la esperanza de
vivir una nueva primavera renacio en mi corazon.
17
¿Serias tu la mujer que me haria regresar a mi tierra y gozar de la dicha de ver
cumplidos mis sueños de hombre y escritor? La respuesta era un enigma.
Y, regresando a Granada de un viaje que hiciste a Soria para ver a tu Iamilia a
Iinales de octubre y volvias en la primera semana de noviembre, te envie un
SMS para desearte Ieliz viaje y te dije que yo ya sabia que te queria. Tu
contestacion Iue:
'Yo tambien te quiero, y te lo digo temblando¨.
Me emocione al leerlo y aquella noche no pude dormir.
- Sin embargo, tu prudencia, o tu temor, te hizo decir dias mas tarde que, ante
todo lo doloroso que te pudiera ocurrir en la vida, aclarandome que el amor
tambien conlleva dolor, sobre todo cuando se pierde, contraponias silencio y
quietud como antidotos de probada eIicacia.
Yo no entendi el mensaje, que me parecio propio de un personaje literario,
pero deduje que era un aviso y que, de presentarse la situacion, ya advertias
que cerrarias todas las puertas de la comunicacion y que quedaria establecido
el mutismo sin explicaciones. Me parecio excesivo, maxime despues de
presumir de haber logrado una comunicacion Iluida entre los dos y, sobre todo,
por disponer de nuestra 'tabla¨ salvadora.
Avisos aparte, abiertamente, sin lugar a dudas y con la prudente imprudencia
de anticiparme a lo que ya era en mi una realidad, te conIese que sabia que te
queria como siempre supe que te iba a querer sin yo saber que ya te queria
desde que supe de tu existencia.
Y acordamos vernos para no nutrir de Ialsas expectativas a lo que sentiamos.
Era necesario el encuentro personal y convinimos llevarlo a cabo cuanto antes,
quedando Iijada la Iecha para una semana despues de tu regreso de Soria, una
vez que hubieras descansado y volvieras a recuperar tus espacios.
- Estoy de baja medica por estres y necesito descansar. Ademas, el viaje ha sido
agotador. Tenemos en casa un Iamiliar con ochenta y siete años, aquejado de
una enIermedad mental, y estar con el me he debilitado hasta la extenuacion.
estoy muy Iatigada me aclaraste.
Mis palabras eran un susurro, como si narrara un cuento, y Andrea me escuchaba,
enajenada, rememorando el epistolario, las largas conversaciones por teleIono y las
palabras evocadoras que traspasaban el corazon sin herirlo y que habian dejado
huellas en nuestras almas.
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- Sigue, por Iavor.
Prosegui:
- Era lunes, 17 de noviembre, un dia claro y luminoso, tambien de Irio intenso,
y, desde la comodidad de mi asiento y a traves de los cristales del vagon, pude
contemplar Sierra Nevada con sus cumbres de exultante blancura en todo su
esplendor, percibiendo en plenitud el lento avecinar del tren hacia Granada.

Andrea, inesperadamente, me interrumpio:

- En tren se acercaba a su destino y, Iinalmente, llego puntual a la estacion de
Granada. Lo vi acercarse desde en anden y mi corazon latia cada vez mas
Iuerte y mas rapido a medida que se aproximaba. El encuentro era inminente y,
por Iin, ambos sabriamos como eramos y ya solo nos quedaban minutos de
incertidumbre: lo desconocido quedaria desvelado.
- Si, el tren llego a su hora, asi lo prometia RenIe, y por escrito nada menos, bajo
promesa de indemnizar economicamente al viajero si se producia retraso, pero
a mi, a pesar del escrupuloso cumplimiento del horario, me parecio que habia
tardado demasiado en llegar: todo el trayecto estuve impaciente por verte, por
conocerte.
- Antes, Roberto, el retraso Iormaba parte del encanto de la impuntualidad
habitual de los trenes recordo Andrea, desplegando una amplia sonrisa de
complicidad -, horario que se media por la intensidad de los pitidos de la
maquina acercandose a la estacion. Ahora, la llegada de un tren se mide por las
Irias agujas de un reloj, o de unos numeros hechos a trozos, odioso arteIacto
que todo lo quiere someter con su andar cadencioso e indiIerente.

- Pasaban quince minutos del mediodia cuando el tren se detuvo en el anden,
¿recuerdas la hora, Andrea? Habia llegado. Granada, con su magica luz otoñal,
brillante y seductora, me acogio calida, a pesar del intenso Irio, y me saludo
con aIabilidad, como dos amigos intimos que se ven despues de muchos años
de ausencia.
- ¡Claro que recuerdo la hora! protesto con Iingida contrariedad Andrea - .Yo
estaba en el otro extremo del anden, escondida detras de una columna, entre la
gente, como si la multitud me protegiera de mi propia timidez, pero, a la vez,
escudriñando ansiosa entre los viajeros para descubrirte. No te conocia, no te
habia visto nunca, solo en unas Iotos que me enviaste por Internet y, sin
embargo, cuando las recibi, tu imagen me resulto Iamiliar, cosa extraña, y te lo
dije. Tambien te habia dicho que me gustabas y que me parecias muy atractivo
y joven y que, despues de nuestro primer contacto en aquella pagina de
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Internet, comprobamos cuanto nos acercaban nuestras aIinidades y que lejos
estaba todo lo demas.
- ¡Andrea, por Iavor! Me dices que te cuente nuestra historia y eres tu quien lo
hace, ¿en que quedamos? proteste con ternura, llenando de besos la boca
entreabierta que Andrea me oIrecia entregada.
- Los dos somos protagonistas y tu, el narrador. Me enamora como lo cuentas.
- Entonces, recordemos ambos nuestra historia.
- Es lo que hacemos.
- Baje del tren y comence a buscarte entre la gente, tirando de mi maleta con
ruedas. Tampoco te conocia y una Ioto tuya recibida dias antes era toda mi
reIerencia, pero te habria encontrado entre millones de mujeres.
Andrea agradecio el cumplido esbozando una sonrisa de complacencia y entorno los
ojos, a la vez que sus labios reclaman nuevas caricias.

- Te vi a lo lejos, Andrea, te reconoci y corri hacia ti. Era la primera vez que te
contemplaba y, sin embargo, tuve la sensacion de que te conocia de siempre.
Al acercarme, comprobe que todo lo que habia imaginado quedaba superado
por la realidad y que ante mi tenia a una mujer hermosa, muy bella, joven y
atractiva que se parecia en algo a la de las Iotos. Vestias un chaqueton gris de
lana y una larga buIanda roja anudada a la altura del pecho, dejando ver un
jersey blanco de lana de cuello alto, y unos pantalones azules con rayas blancas
muy Iinas. Calzabas botas de color castaño y te resguardabas las manos del Irio
con guantes avellana. Me sonreiste en la distancia: me habias reconocido y,
conIorme me acercaba a ti, abriste tus brazos y en ellos me reIugie cerrandolos
con los mios.

Detuve por un momento la evocacion y mire a Andrea con toda la ternura que mi
corazon era capaz de proyectar en mi mirada y, antes de proseguir, encontre los
labios de Andrea que dibujaban una amplia sonrisa de satisIaccion y que reclamaban
ser besados. Despues, ella continuo:

- Y tu llevabas puesta una prenda que me encanta y que, cuando me preguntaste
que tiempo hacia para saber que ropa de abrigo te traias, de las varias que me
mencionaste, yo te respondi que, sin lugar a dudas, la trenka de color gris
marengo. Es una prenda clasica que me entusiasma y que te hacia muy juvenil.
Llevabas una buIanda verde y guantes marrones, como los zapatos. ¡Seductor!

20
- Nos dimos un abrazo, un largo y calido abrazo que abarcaba toda la concordia
del mundo y capaz de protegernos de cualquier inquietud, un abrazo que
encerraba todo el misterio de los sentidos enmudecidos por su sorprendente
madrugar, un abrazo protector que inIundia seguridad y conIianza, un abrazo
que transmitia Iortaleza y salud, un abrazo que tenia la magia de lo eterno por
su brevedad terrena, un abrazo que no pudo deshacerse sin que nuestros labios
se buscaran en un apasionado y prolongado beso que encerraba la amorosa
ternura de todo el universo.
- Senti tu cara junto a la mia y me estremeci, Roberto. Tus brazos me apretaban
con la dulce Iirmeza de quien sabe la Iragilidad de una mujer camino de la
seduccion.
- Al oido, te dije:
'Si tu eres Andrea, yo soy Roberto¨.
- Separe un instante mi cara de la tuya para mirarme en tus ojos y quede
prendido en tu mirada, y me di cuenta en ese instante que habia caido
cautivado por el etereo encantamiento que tus ojos conjuraban. Senti tu aliento
en mi boca y te bese. Y me besaste. Y nos besamos. Nuestros labios eran mas
sabios que nuestras palabras y sellaron con su elocuente silencio la verdad
intuida, la verdad callada, la verdad que enloquecia por ser conIesada. Supe en
ese instante que estaba plenamente enamorado de ti y que mi amor habia
nacido mucho antes de que yo mismo lo supiera, que te amaba aun antes de
saber de tu existencia y que ya, entonces, te queria sin yo saberlo.
- Nos besamos con la intensidad unica y prometedora del primer beso, con la
emocion del beso largamente deseado, con el impetu del ultimo beso, como si
Iuera la ultima vez que nos besariamos y habia que prolongar el beso hasta lo
imposible. Nuestros labios estaban humedos, calidos, anhelantes, insaciables.
Fue un beso, un solo e interminable beso que equivalia a todos los besos del
mundo. Sin darme cuenta, estaba entregada y me sentia vulnerable.
- Y yo senti que era la primera y la unica vez en mi vida que amaba, todo un
maravilloso prodigio a nuestra edad y en las circunstancias en las que nos
habiamos conocido, Andrea. Cuando pudimos, deshicimos el abrazo y te tome
de la mano. Y de la mano cogidos, alcanzamos la salida de la estacion y
tomamos un taxi.
- ¿Cuando empezamos a hablarnos? me reclamo Andrea.
- Puedo decirtelo con toda exactitud: una semana despues de nuestro primer
correo y Iue para conIesarnos que ya nos unia un sentimiento especial sin saber
como habia ocurrido y que nombre darle.

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