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Comparación de la Carta Autonómica con la Ley Foraker

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A.

Antecedentes de la Carta Autonómica En 1887 se funda en Ponce el Partido Autonomista

Puertorriqueño.

Este partido se forma con el fin de que se

reunieran allí todos aquellos puertorriqueños que deseaban que España el otorgara mayores poderes a la isla de Puerto Rico, puesto que había en la is la otro partido, el Conservador, que como bien sugiere su nombre estaba compuesto de individuos a quienes las relaciones políticas y económicas con España le beneficiaban y por lo tanto eran renuentes al cambio. Los autonomistas en cambio, habían redactado en su

plataforma la mayoría de sus exigencias para con el gobierno español. Así, por ejemplo, solicitaban que se administrase el país con el concurso de sus habitantes, que se le concediera a la diputación la facultad de acordar en todo lo relacionado con los asuntos de la isla. Además, buscaban obtener la capacidad de regular la inmigración, las aguas y los puertos sus correos, el presupuesto gubernamental, los aranceles y poder tener la capacidad de celebrar tratados de diversa índole, incluidos los de comercio, con otras naciones1. De modo que lo que se quería era igualar a la isla con la península. Sin embargo, estas peticiones las hacían sin dejar de reconocer el dominio español en la isla. Para aquella época existía en España la práctica del turno de partidos. Este cambio de turno se daba mayormente entre los dos partidos principales ambos de corte monárquico que eran, El Partido Liberal Fusionista encabezado por Práxedes Mateo
1

Trías Monge, José. Historia Constitucional de Puerto Rico.. Editorial Universitaria. Río Piedras, Puerto Rico.1980. Vol. I. Pág. 75.

Sagasta y el Conservador de Cánovas del Castillo2. Hemos dicho que ambos partidos peninsulares eran de corte monárquico, pero existían en España partidos de corte republicano. Es decir aquellos que favorecían un sistema constitucional de gobierno. En Puerto Rico había quien favorecía más la facción monárquica y otros por su parte se identificaban más con el lado republicano. En el Partido Autonomista Puertorriqueño, al menos en teoría, no intervenía en las preferencias de sus miembros con respecto a sus preferencias entre estos dos partidos españoles3. Para la época en que los autonomistas se dirigían a someter sus propuestas de mayores poderes ante el gobierno español quien se encontraba en el poder era el Sr. Sagasta. Éste, con tan sólo escuchar el nombre del partido lo vio con malos ojos. Rápido

comenzó a indagar de qué clase de autonomía se estaba hablando. Alegaba que sólo favorecería planes autonómicos si se tratase de autonomía municipal o autonomía del gobierno insular o una mayor descentralización pero si de lo que se estaba hablando era de otorgarle a Puerto Rico de un mayor grado de autonomía con respecto a España, el no lo iba a fomentar ni a tolerar4. La otra opción que tenían los autonomistas era con Cánovas del Castillo que como hemos dicho se alternaba con Sagasta en el poder. Mas las expresiones de este sobre el particular fueron aún peores. Tildaba la autonomía de anarquía5. En realidad, tanto Sagasta como Cánovas creían que concederle esta autonomía las
2 3

Ibíd. Pág. 72 Ibíd. Pág. 76 4 Ibíd. Pág. 79-80 5 Ibíd. Pág. 80

antillas no era otra cosa que la víspera de la separación de estas dos colonias del régimen español. El único partido que apoyaba un mayor grado de autonomía para la isla era el Partido Centralista, pero había un problema con este Partido y es que de los partidos republicanos que como hemos dicho no llegaban al poder en aquella época este partido era el más débil6. Por otra parte, dentro del Partido Autonomista comenzaron a suscitarse varías controversias que amenazaban con dividir al partido. Una de ellas era que habían unos que favorecían a los monárquicos y otros a los republicanos. Luís Muñoz Rivera que creía en el oportunismo o pragmatismo político intentaba bajarle el tono a estos debates alegando que aquellas disputas eran sumamente innecesarias pues los autonomistas no eran ni monárquicos ni republicanos, sino puertorriqueños y por tanto deberían de aliarse con el partido de turno7. Así las cosas, Muñoz se lanza con una comisión hacia España, no sin antes entrevistarse con Don Gerardo Forets quien era miembro de la junta revolucionaria radicada en la ciudad de Nueva York. Forets intenta disuadir a Muñoz de que fuera a España e intentó persuadirlo para que entrara en las filas de los separatistas a lo que Muñoz se negó. Empero, Muñoz al parecer tenía un plan B en todo este asunto con España que podemos entrever en lo que le dice al Sr. Forets cuando sostiene que si su viaje a España fuere un fracaso volvería Puerto Rico por la vía de Nueva York. Es decir, que Muñoz si no obtenía el tan anhelado pacto que quería
6 7

Ibíd. Pág. 81 Ibíd. Pág. 84

realizar con Sagasta lucharía por independizarse de la Metrópoli europea. Mas esto nunca llega a concretarse pues Sagasta

repentinamente llega a un acuerdo con Muñoz de otorgarle mayor autonomía a la isla a cambió de fusionar el partido autonomista con el liberal8. Cuando la comisión llega a la isla a dar la noticia algunos miembros del Partido Autonomista vieron el acuerdo de fusionar su partido con el de Sagasta como un acto de alta traición. Esta protesta estaba encabezada entre por Barbosa entre otros personajes. Lo consideraron un abuso de confianza por parte de la comisión, pues el propósito original para el que fueron enviados a España era el de auscultar entre otras cosas, con que partido era preferible establecer una alianza. Alegaban que el Partido

Autonomista era uno de aspiraciones republicanas y como el partido de Liberal Fusionista era monárquico, ese acuerdo iba en contra de los intereses de los autonomistas. Así las cosas, hubo que celebrar una Asamblea para votar por el pacto establecido, obteniendo un resultado de 79 a favor y 17 en contra. Ese mismo día Barbosa y sus seguidores abandonaron el Partido9. Antes de redactarse la Carta Autonómica hubo algunos precedentes como lo fueron el proyecto de Antonio Maura10, el de

8 9

Ibíd. Pág. 86 Ibíd. Pág. 87 10 Ibíd. Pág. 90

Buenaventura de Abárzuza11, ambos Ministros de Ultramar, los Decretos de Castellano12 y las Reformas de Cánovas13. Sin

embargo todos ellos fueron infructuosos, pues cada uno lo que otorgaba era un ínfimo grado de autonomía y eso tenía descontentos tanto a cubanos como a puertorriqueños pero más a los cubanos que se encontraban en guerra. Ahora bien, veamos ahora los factores que verdaderamente que más peso tuvieron para la sospechosamente rápida redacción de la Constitución Autonómica. En primer lugar, Estados Unidos

crecía con rapidez. La joven nación tenía una sed insaciable de expandirse. En 1803 le compra Luisiana a los franceses, en 1819 adquiere Florida, en 1823 se proclama la Doctrina Monroe en la cual se dice en resumen que “América es para los Americanos” y no tolerarían la presencia europea en occidente, en 1845 Texas se incorpora a la unión en el 46 obtienen a Oregon y así progresivamente hasta alcanzar el nec plus ultra al que cualquier imperio puede llegar con su flamante Destino Manifiesto donde incluso llegan a creer que Jesucristo estaba con ellos respaldando sus acciones pues ese era el destino que el tenía guardado para ellos y por tanto todos sus actos incluyendo los conflictos bélicos eran píos. Habiendo dicho esto, no debe causarnos ninguna duda de que el conflicto, o más bien la guerra que tenía Cuba con España tenía a los Estados Unidos un tanto nerviosos por lo cercano que esta

11 12

Ibíd. Pág. 93 Ibíd. Pág. 96 13 Ibíd. Pág. 99

Cuba a su nación.

Igualmente, es nuestra opinión que los

estadounidenses estaban como carroñeros velando las relaciones entre Cuba y su no deseada metrópoli para intervenir en el más mínimo descuido. Y así fue. En 1895 el Secretario de Estado de los Estados

Unidos comenzó a presionar a Madrid para que le diera a Cuba un gobierno merecedor de ese nombre para que de esa manera no se prolongara más la guerra que tan preocupado tenía a los Estados Unidos14. cada vez Pero el tono de las conversaciones se fue tornando más tenso y contencioso ya que la nación

norteamericana notaba que España no tenía ningún control sobre Cuba. El curso de los acontecimientos llegó a tal punto que

Estados Unidos, so pretexto de seguridad nacional, le dio a España en 1897 un plazo de sólo meses para darle a Cuba lo que le pedía o de lo contrario se vería obligado a intervenir15. Y fue precisamente en esos meses cuando se aprueba la Carta Autonómica.

B. Configuración del Gobierno bajo La Carta Autonómica de 1897. Analizaremos de la Constitución Autonómica solamente aquellos aspectos que contrastan sobremanera con aquellos de la Ley Foraker de 1900. En el preámbulo mismo de la Carta Autonómica se dice que “el aspecto insular se desenvuelve de manera
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Ibíd. Pág. 97 Ibíd. Pág. 104-105

completa y acabada, como lo pudieran imaginar los más exigentes, en la autonomía central, provincial y municipal”. Se le otorgan amplios poderes autonómicos al poder legislativo y al ejecutivo entendiéndose por el poder legislativo a las Cámaras Insulares y por ejecutivo, al gobernador y sus ministros. Ahora bien, se advierte que cualquier ley aprobada en el parlamento insular no puede ir en contra de las leyes del gobierno peninsular central. Esto se asemeja bastante al sistema político de los

Estados Unidos donde ningún Estado puede aprobar leyes que vayan en contra de aquellas aprobadas en el gobierno central federal. El Parlamento se componía de dos Cámaras y de un Gobernador general16. Las dos Cámaras se titulaban Consejo de Administración y Cámara de Representantes. Corona y en su defecto por el Gobernador17. El Consejo se

componía de 15 miembros 8 elegidos y 7 nombrados por la La ley no habla de

las facultades del Consejo de Administración pero aún así su nombre nos sugiere que compartía las facultades administrativas con el ejecutivo. Aún así, podemos ver aquí que a diferencia de la Ley Foraker, que reseñaremos adelante, la mayoría del Consejo de Administración que es algo parecido al Consejo Ejecutivo, ya que comparte funciones ejecutivas, aquí se dividen en electos y nombrados y la mayoría eran los primeros. Esto contrasta con la Foraker pues allí todos eran nombrados por el presidente. No

16

Carta Autonómica de 1897, Título I Art. 2.

17

Ibíd. Título III Art. 5.

obstante, existía un gran contrapeso:

“El nombramiento de los

Consejeros que la Corona designe se hará por Decretos especiales, en los cuales se expresará siempre el título en que el nombramiento se funda. Los Consejeros así nombrados ejercerán el cargo durante su vida18”.

De modo que los Consejeros nombrados eran vitalicios y los electivos se renovaban por mitad cada cinco años. Esto es un gran freno tanto para la mayoría del Consejo como para la Cámara de Representantes, sin embargo, a diferencia de la Ley Foraker y de las relaciones entre Puerto Rico y Estados Unidos, la Constitución española le otorgaba ciudadanía a los puertorriqueños, por tanto los miembros nombrados ora podían ser puertorriqueños ora podían ser españoles. Cuando ambas Cámaras se reunían conformaban el Parlamento Insular. Dicho parlamento tenía diversas facultades, mas
“En este sentido, y sin que la enumeración suponga limitación de sus facultades, les corresponde estatuir sobre cuantos asuntos y materias incumben a los Ministerios de Gracia y Justicia, Gobernación, Hacienda y

recalcaremos aquí las más significativas. Reza el Artículo 32:

Fomento en sus tres aspectos de Obras Públicas, Instrucción y Agricultura. Les corresponde además el

conocimiento privativo de todos aquellos
18

Ibíd. Art. 8

asuntos de índole puramente local que afecten principalmente al territorio

colonial; y en este sentido podrán estatuir sobre la organización administrativa; sobre división territorial,

provincial, municipal o judicial; sobre sanidad marítima y terrestre; sobre crédito público,
19

bancos

y

sistema

monetario” .

Son

dignas

de

admiración

las

concesiones que España le concede a la isla. Vemos pues, el amplio grado de autonomía que se le otorga al

Parlamento Insular.

Además, tenía la

facultad de aprobar el presupuesto20. Pero la mayor de las concesiones es la siguiente: “Artículo 37°. La negociación de los tratados de comercio que afecten a la isla de Puerto Rico, bien se deban a la iniciativa del Gobierno insular, bien a la del Gobierno central, se llevará siempre por éste, auxiliado en ambos casos por Delegados especiales debidamente

autorizados por el Gobierno colonial, cuya conformidad con lo convenido se

19 20

Ibíd. Art. 32 Ibíd. Art. 35

hará constar al presentarlos a las Cortes del Reino. Estos tratados, si por ellas fueren aprobados, se publicarán como leyes del Reino, y como tales regirán en el territorio insular. Artículo 38°. Los tratados de comercio en cuya negociación no hubiere

intervenido el Gobierno Insular, se le comunicarán en cuanto fueren leyes del Reino, a fin de que pueda en un período de tres meses declarar si desea o no adherirse a sus estipulaciones. En caso afirmativo, el Gobernador General lo publicará en la Gaceta como Estatuto colonial. Artículo 39°. Corresponderá también al Parlamento insular la formación del Arancel y la designación de los

derechos que hayan de pagar las mercancías, tanto a su importación en el territorio insular como a la exportación del mismo21”.

Además, dice el Artículo 40: Como transición del régimen

actual al que ahora se establece, y sin perjuicio de lo que puedan convenir en su día los dos Gobiernos, las relaciones mercantiles entre la Península y la isla
21

Ibíd. Arts. 37, 38 y 39

de Puerto Rico se regirán por las siguientes disposiciones: (1) Ningún derecho, tenga o no carácter fiscal, y establézcase para la importación o la exportación, podrá ser diferencial en perjuicio de la producción insular o peninsular. (2) Se formará por los dos Gobiernos una lista de artículos de procedencia nacional directa, a los cuales se les señalará de común acuerdo un

derecho diferencial sobre similares de procedencia extranjera. En otra lista análoga, formada por igual procedimiento, se determinarán los productos de procedencia insular

directa que habrán de recibir trato privilegiado a su entrada en la

Península y el tipo de los derechos diferenciales. Este derecho diferencial en ningún caso excederá para ambas procedencias del treinta y cinco por ciento.

Estos artículos representan en nuestra opinión la diferencia más grande entre el trato que España nos daba y el que luego nos dio Estados Unidos. Mientras España, allá para finales del siglo XIX nos facultaba para comerciar con otros países, Estados Unidos aún hoy en el siglo XXI nos lo niega. Es evidente la influencia del sistema inglés en estos artículos puesto que Canadá colonia

inglesa, en aquel tiempo gozaba de esa facultad y de hecho era más amplia aún, pues ya para esa época no necesitaba de la intervención de la metrópoli para ese tipo de negociaciones22”. Existen otros artículos que reiteran la autonomía puertorriqueña en cuanto al comercio. En el artículo del gobernador, por ejemplo, dice que este tiene la facultad para: “Publicar, ejecutar y hacer que se ejecuten en la isla las leyes, decretos, tratados, convenios internacionales y demás disposiciones emanadas del Poder legislativo23” (énfasis nuestro). Más abajo, en ese mismo artículo, dice que el gobernador también tiene el deber de: “Comunicar directamente sobre negocios de política exterior con los

Representantes, Agentes diplomáticos y Cónsules de España en América”24 (énfasis suplido). Así las cosas, España le otorgaba a Puerto Rico una autonomía cuasi-soberana. Cierto es que tenía sus contrapesos en el hecho de que nuestras leyes no podían ir en contra de las peninsulares; que los consejeros nombrados eran administrativos; que para concertar tratados era necesaria la presencia de políticos españoles y que el gobernador era nombrado por el Rey. Pero si bien es cierto que estos frenos limitaban el poder de acción del gobierno insultar, no es menos cierto que era más de lo que tenemos hoy día. Pasemos ahora a analizar algunos aspectos de la ley Foraker para compararlos con la Carta Autonómica, no sin antes hacer un
22 23

Trías Monge, op. cit pág. 121 Carta Autonómica op. cit Art. 42 24 Art. 42 supra

breve preámbulo de qué cosas ocurrieron antes de la implantación de la ley norteamericana.

C. Los acontecimientos que llevaron a la redacción de la Ley Foraker. Cuando comienza la guerra hispano-filipino-cubano-

norteamericana, José J. Henna presidía la Sección de Puerto Rico del Partido Revolucionario Cubano, organismo que, para aquella época, representaba el ideal separatista puertorriqueño. Cuando Henna se entera de que Estados Unidos planea invadir Cuba, se dirigió presto hacia Teodoro Roosevelt, Secretario de la Marina en aquella época y al presidente Mckinley solicitándoles que también liberaran del yugo español a los puertorriqueños. Con el fin facilitarles a los norteamericanos dicha invasión, Henna llevó consigo una serie de documentos y mapas de los puntos débiles de la armada española en la isla. Hay que aclarar, que Henna no pretendía quitarle la soberanía a España para ofrecérsela luego a los norteamericanos, sino que más bien, su intención era la de liberarlos del "ignominioso yugo del tirano [español]"25. Tanto Eugenio María de Hostos como otros personajes ilustres del ideal separatista puertorriqueño, estaban convencidos y querían convencer a las masas de que Estados Unidos “no era un nuevo señor que vendría a [esclavizarlos]”.26
25

De hecho los

Luque de Sánchez, María Dolores. La Ocupación Norteamericana y La Ley Foraker (la opinión pública puertorriqueña) 1898-1904. 1980. Editorial Universitaria. Río Piedras, Puerto Rico. Pág. 53 26 Memoria de los trabajos realizados por la Sección Puerto Rico del Partido Revolucionario Cubano. Págs. 147-148

mismos separatistas sirvieron de interpretes y guías a los generales norteamericanos una vez llegaron a la isla. Sucede que muchos de los intelectuales que defendían la intervención norteamericana en los asuntos entre Puerto Rico y España admiraban sobremanera el sistema republicano del Sistema Político de Estados Unidos27. Creían que la mejor medicina para la isla era la transición inmediata del régimen monárquico español al sistema de gobierno estadounidense con sus instituciones liberales. No obstante, fue grande la sorpresa que recibieron los puertorriqueños al saber que Estados Unidos, la supuesta democracia por excelencia, implantó en Puerto Rico un gobierno militar de dos años de duración28. Aún así, con el tiempo irónicamente las aspiraciones del pueblo puertorriqueño apuntaban a la estadidad. Uno de los líderes del movimiento estadista en la isla, Luís Muñoz Rivera, solicitaba que se terminara el gobierno militar y en su lugar se implantara un gobierno territorial civil provisional para posteriormente dar paso a la ansiada estadidad. Los puertorriqueños en fin, daban por sentado que los estadounidenses le otorgarían la estadidad.29

D. Las demandas económicas de los puertorriqueños. Al España perder su soberanía sobre la isla de Puerto Rico, comenzó a considerar los productos insulares como extranjeros. En consecuencia, les impuso tarifas a nuestros productos. Esto
27 28

Luque de Sánchez. Op.cit. Pág. 51 Ibíd. Pág. 56 29 Ibíd. Pág. 56-57

afectó significativamente la economía nacional, ya que en el caso del café, por ejemplo, dos terceras partes del producto eran exportados a España y Europa pues en los Estados Unidos el café puertorriqueño no se vendía tanto, los norteamericanos preferían el café brasilero30. En el caso del tabaco, Cuba era el principal mercado de Puerto Rico, pero luego de la guerra, la Antilla Mayor fijó un impuesto de cinco dólares por cada libra de este producto que otrora pagaba veinte centavos por libra31. Ni el azúcar se salvó, pues a pesar de que era muy bien recibido en el mercado norteamericano, en el 1897 se aprobó una ley congresional que establecía que el azúcar sin refinar pagaría un dólar con sesenta y cinco centavos la libra, mientras que el refinado tendría un costo de un dólar con noventa y cinco centavos. Esto, claro está, es producto de un intento de los Estados Unidos por proteger sus propios productos, en este caso en particular, el azúcar de remolacha32. Todos estos factores combinados desembocaron en una petición por parte de los puertorriqueños al gobierno americano de un libre comercio entre ambas naciones. Nos parece interesante e incluso contradictoria la opinión política de Eugenio María de Hostos, quien a pesar de que apoyaba la independencia de Puerto Rico, sugería sin embargo, que Estados Unidos mantuviera en la isla un gobierno tutelar, que durara
30

Caroll, Henry K Report on the island of Porto Rico. (Washington Government Printing Office). 1899 Pág. 769
31

Report of Brig Gen. Geo W. Davis on Civil Affairs of Puerto Rico (Washington Government Printing Office) Págs. 40-41. 32 Luque de Sánchez, op. cit pág 63

algunos veinte años, mediante el cual, Puerto Rico se educaría en las “grandes virtudes" del pueblo norteamericano. Una vez

culminado el proceso, según Hostos, se debería realizar un plebiscito para saber cual era la opinión de los puertorriqueños en cuanto a su preferencia de status, si querían la independencia o la estadidad33. Otra de las peticiones era la ciudadanía estadounidense. Cuando España cede a Puerto Rico a los Estados Unidos en el Tratado de París, entre uno de los convenios a los que llegan estos dos países, es que los puertorriqueños nacidos en la perderían el derecho a la ciudadanía española. No obstante,

Estados Unidos no se había dignado en otorgarnos una ciudadanía, ni siquiera una supletoria. Luego, los puertorriqueños carecían de ciudadanía y consecuentemente de personalidad jurídica, lo cual implica que no eran ciudadanos de ningún Estado, aunque pertenecen a, pero no son parte de los Estados Unidos34. Y no sería hasta casi veinte años más tarde que nos la extenderían35. Lo que ubica al país en una encrucijada, puesto que al no ser soberano no puede hacer tratados de índole
33

De Hostos, Eugenio Maria Madre Isla. Obras Completas. Habana Cuba 1939. Vol. V Págs.70-71. 34 Ver Casos Insulares. 35 Decimos extender porque hay un debate que ha durado años sobre si el Congreso nos impuso la ciudadanía porque ya nosotros no la queríamos y nos la impusieron para que fuéramos a luchar sus guerras. Por otro lado, están los que piensan que esto fue un acto de altruismo y un gesto de bondad por parte de los Estados Unidos. Mientras que otros alegan que ese gesto fue producto de largos años de lucha por parte de los puertorriqueños que peleaban por su derecho a la ciudadanía norteamericana. De esta forma, tenemos tres opiniones sobre el mismo particular, si la ciudadanía, fue impuesta, otorgada o adquirida e incluso cedida. Por tanto, el término extendida suena más neutral que las otras.

comercial o, de cualquier otra índole y tampoco puede hacer alianzas. Por el otro lado, al ser territorio de Estados Unidos

estaba sujeto a los tributos y aranceles que dicho país le imponía. Además, la Ley Foraker, a diferencia de la Carta Autonómica, no habla de que la isla pueda tener tratados con otras naciones, ya que según se desprende de esta Ley, el comercio de Puerto Rico sería regido por el Congreso de forma unilateral. Una de las justificaciones para el libre comercio que utilizaban los puertorriqueños era que en el artículo I sección 9 de la Constitución de los Estados Unidos de América establece que “[n]o se impondrán contribuciones o impuestos sobre los artículos que se exporten de cualquier estado”. Y en la Sección 8 del mismo artículo que habla de las facultades del Congreso, reza, que éste tiene la facultad para: “imponer y recaudar contribuciones, derechos, impuestos y arbitrios… pero todos los derechos, impuestos y arbitrios serán uniformes en toda la Nación”36 Para 1899 el café bajo a trece pesos el quintal, el azúcar perdió el mercado de España y el tabaco se quedó sin mercado37, la cosa comenzaba a tornarse apretada, los puertorriqueños necesitaban desesperadamente un remedio.

E. El punto de vista de los norteamericanos en relación a Puerto Rico. El debate en los Estados Unidos se dividiría en cuatro facciones, dos económicas y dos políticas con ideas opuestas
36 37

Luque de Sánchez, op. cit pág 76 Luque de Sánchez, op. cit pág 77

cada una en sus respectivos ámbitos. En el ámbito económico estaban los que apoyaban el libre comercio con Puerto Rico y aquellos que se oponían a esta medida. fundamentaban sus alegaciones en la Los primeros y en las

justicia

consideraciones humanitarias. Los que se oponían al comercio libre con la isla se basaban en el hecho de que era menester del gobierno estadounidense el proteger sus productos domésticos de la competencia que podía representar Puerto Rico Cuba y las Filipinas. De igual forma argüían que el darle tal exención a Puerto Rico establecería un precedente para Filipinas la cual, al enterarse de este trato de Estados Unidos para con Puerto Rico, exigiría un trato igual cosa que los grandes intereses proteccionistas de la nación del norte miraban con espanto, pues representaría más competencia para sus productos domésticos38. En cuanto al tema político, a nuestro parecer ninguna de las dos facciones que debatían sobre como debería ser el gobierno a implantarle a los puertorriqueños querían brindarle un gobierno enteramente controlado por boricuas. En lo que sí se

diferenciaban, era en unos abogaban por más participación para los puertorriqueños en su propio sistema político insular, otros querían darle la más mínima posible. Era en realidad una

diferencia de grado y no de especie. De éstos últimos, debemos decir que su principal fundamento era el hecho de que según la Comisión Insular, durante aquella época el 85% de los puertorriqueños eran analfabetos. alegaban que no se les debía
38

Había individuos que incluso dejar a los puertorriqueños

Luque de Sánchez, op. cit pág 87

gobernarse ellos mismos, pues la mayoría de los países de descendencia hispana siempre terminaban convirtiéndose paulatinamente en dictaduras39. En fin, estas disputas fueron largas y tediosas, además dejaban notar prejuicio por parte de los norteamericanos hacia nuestra cultura hispana como señalamos arriba. Empero, todas ellas culminaron a fin de cuentas y como es usual en este mundo donde predomina el dinero y las riquezas, en la victoria de los grandes intereses proteccionistas norteamericanos. Y el presidente Mckinley, que en tiempos anteriores se proyectaba como un fiel defensor de los derechos de los puertorriqueños, tuvo que ceder a ellos, pues recordemos que nos encontramos ubicados en el año de 1900, año de elecciones en los Estados Unidos, y él no se iba a jugar la silla presidencial por defender los reclamos de nuestro pueblo40. Todos estos debates culminaron en la redacción e

implantación en la isla de la Carta Orgánica de 1900, mejor conocida como la Ley Foraker.

F. Configuración del Gobierno bajo la Ley Foraker. La Ley Foraker otorga a Puerto Rico poderes legislativos, ejecutivos y judiciales. Sin embargo, para propósitos de este

ensayo, nos enfocaremos únicamente en el poder legislativo y ejecutivo que son los más controversiales de esta Carta Orgánica.

39

W. Davis, Reports of Brigs on civil affairs of PuertoRico. Geo.Washington, Government Printing Office. (1900) Pág. 69. 40 Luque de Sánchez, op. cit pág 133

El Consejo Ejecutivo El Consejo Ejecutivo estaba compuesto de un Secretario, un Procurador General, un Tesorero, un Contador, un Comisionado del Interior y un Comisionado de Educación. Además de estos cargos habrá otros cinco miembros del Consejo Ejecutivo para un total de once miembros. De estos once miembros al menos cinco serían de origen puertorriqueño. Todos estos miembros eran

nombrados por el Presidente de los Estados Unidos con el consejo y el consentimiento del Senado. Ahora bien, analicemos como operaba este Consejo. En primer lugar, hay que destacar que los cargos que ostentaban mayores poderes en este Consejo eran detentados por norteamericanos41. Estos cargos y sus funciones son descritos a continuación: 1) El Fiscal General tenía todas las atribuciones y ejercería todas las funciones que le corresponden los fiscales de Territorio en los Estados Unidos42. Como podemos ver, la ley no especifica cuales son esas atribuciones ni que funciones son aquellas que ejerce un Fiscal de Territorio en los Estados Unidos. Esta omisión en la redacción de la ley se presta a la ambigüedad y en consecuencia a un amplio margen de interpretación, cosa esta que podía propiciar que la persona que ejercía dicho cargo se excediere en el ejercicio de sus funciones. 2) En cuanto al Tesorero, ni hablar. Este tiene la facultad de fianza en la forma en que lo apruebe el Fiscal General. Aquí

vemos como estos dos cargos se solapan y se acentúa el poder
41 42

Luque de Sánchez, op. cit pág 137 Acta Orgánica Foraker Cap, sec.21, 31 Stat. 82.

del Fiscal General pues, tiene el poder de aprobar las fianzas. Continuando con la descripción del Tesorero, este, tiene la facultad de recaudar y custodiar nada más y nada menos que los fondos públicos43. De esta información se puede deducir que ya de

entrada, dos funcionarios del Consejo Ejecutivo tienen entero control de las finanzas del país. 3) El Contador llevaba las cuentas de los ingresos y egresos del dinero del pueblo44. Y así se completa el triunvirato de los que controlaban la economía del país, tres norteamericanos que recién llegaban a la isla y que nada conocían sobre ella, ya manejaban nuestros fondos45. 4) El Comisionado del Interior por su parte, ostentaba la superamplia facultad de tener a su cargo todos los edificios, fincas y terrenos públicos que no pertenezcan a los Estados Unidos, lo que es tanto como decir, que tenía el pleno control de los bienes patrimoniales del pueblo de Puerto Rico46. 5) El Secretario registraba y conservaba todas las actas de las sesiones del Consejo Ejecutivo y de las leyes votadas por la Asamblea Legislativa. 6) El Comisionado de Instrucción tenía la facultad de diseñar y velar los currículos de educación, facilitando y agilizando de esta manera el proceso de americanización. 7) Otros miembros del Consejo Ejecutivo este era el

verdadero título del resto de los miembros, no son sarcasmos
43 44

Acta Orgánica Foraker Cap, sec.22, 31 Stat. 82. Acta Orgánica Foraker Cap, sec.23, 31 Stat. 82 45 Acta Orgánica Foraker Cap, sec.23, 31 Stat. 82 46 Acta Orgánica Foraker Cap, sec.24,31 Stat. 82.

nuestros. Estos miembros eran en su mayoría puertorriqueños y su función, según lo tipifica la misma ley, consistía en comparecer a las sesiones y deliberar, sólo a esto se limitaba su función en el Consejo47. No hay que ser un experto analista en sistemas políticos para darse cuenta de que en este Consejo Ejecutivo el verdadero poder del gobierno insular radicaba en los primeros seis funcionarios aquí mencionados, pues eran estos quienes controlaban el dinero, la hacienda, la fiscalización y la instrucción pública, mientras los otros cinco no eran más que meros observadores de los

procedimientos. Nótese otro aspecto interesante del Consejo que además de, como bien sugiere su nombre, tener la función de velar por que se ejecuten las leyes, también legisla. Así lo dispone la Ley Foraker cuando establece que “[q]ue todos los poderes legislativos locales…residirán en una Asamblea Legislativa… (El) Consejo Ejecutivo). Recordemos que una de las causas de las migraciones de los ingleses para formar lo que hoy conocemos como Estados Unidos eran las instituciones monárquicas de aquel país. Y recordemos a los autores de la Constitución norteamericana que insistentemente recalcaban la importancia de la separación de los tres poderes a saber, ejecutivo, legislativo y judicial, en los famosos circulares conocidos como Los de federalistas. Charles de Esta ideología, varón que de

originalmente

surge

Secondant

Montesquieu, sirvió de inspiración para formar la Constitución de
47

Acta Orgánica Foraker Cap, sec.26,31 Stat. 82.

Estados Unidos. De hecho, el diseño final del gobierno federal fue aún más allá del ideal original de Montesquieu, pues incluyó un original sistema de pesos y contrapesos para que ninguna rama tuviera más poder que las otras48. Habiendo dicho esto, cabe preguntarse entonces, cómo Estados Unidos que tanto admira y se enorgullece de su forma de gobierno republicana y de tres ramas, le otorga a Puerto Rico esta Constitución Foraker. Es decir, los legisladores estadounidenses debieron estar conscientes del legado político que les dejaron Madison, Hamilton y Jefferson, entre otros. Todas estas personas estaban convencidas de que para que un gobierno sea saludable es necesario dividir las fuentes de poder en distintas ramas y velar que ninguna se exceda en el ejercicio de sus funciones. Entonces, es inexplicable el porqué nos daban un gobierno donde se fusionaban los poderes ejecutivo y legislativo y para colmo de males, los norteamericanos ocupaban los puestos de mayor investidura que los propios borincanos. La opinión de los puertorriqueños sobre este particular no se dejó esperar. Así lo evidencia el siguiente reportaje:

“De modo que una de las cosas más se antiamericanas que aquí

ha hecho, es imponernos una ley esos

como la Foraker, en la cual

poderes se enredan, se confunden, se
48

Constitución de los Estados Unidos de América Artículos I, II y III (poderes legislativo, ejecutivo y judicial respectivamente)

enmarañan y se centralizan, en manos de empleados que nosotros no hemos elegido. Una de las más descaradas mentiras, de las muchas que aquí se han dicho y se dicen, es afirmar que esa ley, que tal confusión establece como principio y como práctica, nos está americanizando, cuando en

realidad por no ser americano el sistema, lo que está haciendo es corromper las costumbres públicas, dar ocasión a granjerías, sonsacar a

políticos frágiles, enseñar a este pueblo como mienten en nombre de su bandera, los gobiernos hipócritas”49.

A diferencia de lo que pudieron haber pensado los congresistas norteamericanos, en Puerto Rico ya conocíamos como funcionaba el gobierno Americano y sus instituciones así como sus concepciones de cómo debería ser un sistema político ideal. Otro periódico que no escatimaba a la hora de criticar el diseño de la nueva Constitución lo era el periódico La democracia el cual argüía:
“Toda la atención del país se fijó entonces en las Cámaras nacionales de donde esperaba que había de surgir por lo menos la declaración de

49

Periódico La Correspondencia, 5 de Diciembre de 1903.

Territorio para la infeliz cenicienta, y sólo se nos arroja la piltrafa del bill Foraker, como un gran favor que se hacía a estos “Desgraciados indios”, incapaces de tener un gobierno

honrado e indignos de ser honrados e indignos de ser como ciudadanos de la soberbia Unión”50

Consideramos estas alegaciones como palabras mayores. La indignación y el repudio por parte de los puertorriqueños ante la nueva ley era a todas luces clarísima. El pueblo estaba

desilusionado por el trato de los estadounidense para con los puertorriqueños y comenzaba a notar que los norteamericanos se sentían superiores a ellos. Así lo demuestra el mismo artículo cuando dice “como un gran favor que se hacía a estos “Desgraciados indios”. De hecho cabe destacar que el fragmento de arriba fue sacado de un reportaje de1901, es decir, a sólo un año de la implementación del Acta. Lo que evidencia el nivel de descontento de los boricuas para con los norteamericanos. Pero mientras los puertorriqueños lanzaban fuertes críticas al nuevo régimen de gobierno, los miembros del Consejo Ejecutivo opinaban todo lo contrario. Creían que era uno de los sistemas políticos mejor diseñados por el congreso toda vez, que garantizaba un mecanismo eficiente para americanizar a los

50

Periódico La Democracia,16 de Febrero de 1901.

gobernados mientras ellos mismos participaban del gobierno51. De modo que ellos se consideraban nuestros mentores políticos quienes además creen que todos los pueblos de la tierra esperan con ansias locas ser americanizados como si la americanización fuera una suerte de bautismo o un medio de emancipación tal que todos quieren perder su identidad como pueblo para ser americanizados. Mudemos ahora de tema pues el Consejo

Ejecutivo no es el único cuerpo creado por esta ley que les causó decepción a nuestros antepasados.

La Cámara de Delegados La Cámara de Delegados era un cuerpo que aunque parece ser lo más democrático dentro del Sistema establecido por la Ley Foraker ya que se componía de treinta y cinco miembros todos ellos puertorriqueños. Mas, no todo lo aparente es real. La

Cámara carecía de poderes reales puesto que ya como hemos visto el Consejo se había abrogado todos los grandes poderes y la Cámara se quedaba con un ínfimo sobrante. ¿Qué poderes tenía la Cámara? A nuestro juicio el único poder de la Cámara de

Delegados es que ninguna ley podía ser aprobada sino se vota en ambas Cámaras y si la Cámara se abstuviere de votar pone en jaque al Consejo. No obstante, ello no fue así al menos en las primeras Sesiones. El Consejo se aprovechaba de que la mayoría de las personas que componían la Cámara eran gente común que desconocía de
51

The executive council of Porto Rico Willouhby, William F. The American Political Sciences Review. Agosto (1907) Pág. 561.

procesos legislativos y les aconsejaban aprobar todas las medidas con sospechosa celeridad. Sumémosle a eso el hecho de que los proyectos de ley eran redactados en inglés lengua esta que la mayoría de los Delegados desconocía y por tanto se puede decir que aprobaban a ciegas los proyectos propuestos por el Consejo. La prensa del país no tardó en enterarse de lo que sucedía entre esos dos cuerpos y no vaciló en hacer una crítica de ello:
“Los últimos acuerdos de esa Cámara (habla de un proyecto de ley sobre tributos de bienes causan muebles e

inmuebles)

verdadera

repugnancia. De prisa y corriendo se han aprobado en ella bills impuestos por los que mandan, bills en inglés, leídos en este idioma, que no

entienden los delegados, y a los cuales han dado su voto, sin saber lo que aprobaban”52

De modo que una vez más confirmamos que el verdadero poder político en la isla estaba en manos de los norteamericanos que ocupaban puestos claves en el Consejo y en el gobernador todos ellos, como ya hemos dicho, nombrados por el presidente de los Estados Unidos.

52

Periódico La Democracia, 4 de febrero de 1901.

Una última figura digna de análisis, es la del Comisionado Residente53. Durante gran parte del siglo XIX los puertorriqueños tenían derecho a enviar diputados a las Cortes españolas. Estos diputados tenían no tan sólo voz sino que también tenían voto en dichas Cortes. Representaban a la isla en su respectiva metrópoli y eran escuchados y respetados54. Estados Unidos, en cambio crea la débil y vergonzosa figura del Comisionado Residente. Este individuo tenía voz pero no voto era y es nuestro entender un payaso, un histrión, un fantoche ante los miembros del Congreso. Es decir, ¿qué representación podía ofrecer un individuo que ni siquiera tenía derecho a votar en el Congreso aún en asuntos concernientes a su propio país?

53 54

Acta Orgánica Foraker Cap191, sec.39,31 Stat. 86 Luque de Sánchez, op. cit pág 174

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