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~ LA LEYENDA DEL ARMA SAGRADA ~

Capítulo 4: "Temblores inesperados"

Me levanté con mucho dolor de cabeza. De nuevo había tenido aquellas pesadi
llas de batallas. Pareciera que cada vez se intensificasen más. Me había qu
edado dormida en el sofá, miré por si mi abuelo ya había llegado, pero no p
arecía ser así. Fui hacia el cuerto de baño, tenía todo el cuerpo endolorid
o. Pasé por delante del espejo y me dio la impresión de que mi
reflejo era diferente.

- Pero... ¿qué?-dije volviendo a mirar el espejo rápidamente.


Me quedé mirando el reflejo duarnte unos minutos, parecía normal.Entonces
se me ocurrió mirarme la espalda.

- Las chicas no me dijeron nada. Los socorristas tampoco-dije al recordar q


ue tenía la espalda completamente magullada.

Me levanté la camisa y me giré un poco para verme la espalda.

- Esto es imposible-dije al ver que ni siquiera tenía un moretón.

Quedé totalmente paralizada al ver aquello. ¿Qué significaba? Aquel niño di


jo que vio mis alas, estoy comenzando a tener miedo. Abrí el grifo del lava
bo y comencé a lavarme la cara.

- ¿Qué diablos está pasando?-dije con la cara empapada de agua.

En aquel instante el móvil comenzó a sonar. Con la cara aún empapada corrí
hacia la entrada, donde seguía mi mochila. Abrí la mochila y rebusqué rápid
amente en su interior el teléfono.

- ¿Sí?-pregunté al cogerlo.
- ¿Irina?, soy David. ¿Qué tal estás?
- David, hola. ¿Cómo sabías mi número?-pregunté extrañada.
- Estaba en la ficha médica. Espero que no te moleste que te llame-dijo él.
- No, no me molesta. Dime, ¿querías algo?-le dije mientras caminaba hacia e
l salón.

Me senté en el sofá.

- Te llamaba para ver cómo estabas-me dijo David.


- Bien-dije de forma seca.
- No lo parece por el sonido de tu voz. Si quieres puedes venir a verme y ch
arlar-me decía él en tono comprensivo.

Me quedé callada por un momento, mirando hacia el techo del comedor, tota
lmente pensativa.

- Sé que hace tiempo que no hablamos, pero puedes contarme todo lo que qu
ieras-me dijo él intentando convencerme.
- ¿Te importa que vaya ahora a verte?-le pregunté tímidamente.
- No en absoluto, te espero en la cafetería del hospital. Hasta ahora.
- Hasta ahora.

Tras colgar el teléfono lo dejé con cuidado en el sofá y puse los pies enci
ma de éste. Me quedé un momento pensativa.

- David es médico, podría preguntarle, pero es que todo esto no tiene senti
do. Le preguntaré disimuladamente-dije mientras me ponía en pié.

Me dirigí hacia mi habitación para cambiarme de ropa. Abrí el armario y saq


ué unos pantalones y una camisa de tirantes. Me cambié rápidamente y tras c
oger un bolso vacío del armario caminé hacia la entrada de la casa. Cogí la
mochila del suelo y saqué la cartera. Traspasé la cartera al bolso vacío y
me fui en dirección al hospital. Puesto que me encontraba relativamente ce
rca del hospital fui andando, pero cuando estaba casi llegando me di cuenta
de una cosa.

- Oh, mierda, se me ha olvidado el móvil. Bueno ya da igual.

Entré al hospital y me dirigí hacia la cafetería directamente. El hospital est


aba lleno de gente para las visitas médicas diarias así como de los pacientes
ingresados con sus familiares. En la puerta de la cafetería comencé a mirar po
r si veía a David.

- ¿Dónde estará?-me preguntaba a mí misma.


- Irina, Irina-oí que alguien me llamaba.

Miré por los alrededores y vi a David haciéndome señas con la mano. Fui ha
cia donde estaba.

- Buenas-saludé dándole dos besos.


- Hola, ¿qué tal estás?-preguntó David mientras me ofrecía la silla para sent
arme.

Me senté enfrente de él y dejé el bolso encima de la mesa.

- Estoy bien-le dije sin mirarlo a la cara.


- Ya veo-dijo él.

En ese momento me cogió de las manos. Alcé la mirada y vi que me miraba


fijamente.

- ¿Qué?-pregunté al ver que me miraba de aquella manera.


- Me gusta que estés aquí. Sé que hace tiempo que no estábamos en contact
o, pero me hace feliz el ver que sigues viéndome como un amigo-me dijo co
n una leve sonrisa.

Era extraño, hacía mucho tiempo que no sabía de él sin embargo siento que
puedo contarle todo como cuando éramos vecinos. Pero, cómo contarle lo que
me está sucediendo si ni siquiera yo sé lo que me pasa.

- ¿Quieres un café o algo?- dijo David mientras se levantaba de la silla.


- No, gracias-le dije con una leve sonrisa.

David se dirigió hacia el autoservicio de la cafetería para pedirse algo. Mi


entras yo me quedé sentada, inmersa en mis pensamientos, cuando de pronto se
ntí aquel escalofrío por todo mi cuerpo y un aire helador invadía todo el lu
gar. Miré a los alrededores. Ni siquiera sabía qué estaba buscando. En eso l
legó David con una taza de café.

- ¿Qué miras?-preguntó él mientras se sentaba de nuevo.


- Oh, nada. Oye, hace mucho frío de repente, ¿no crees?-le dije mientras me
daba calor en los brazos.
- Umm, la verdad es que sí. El aire acondicionado debe estar a tope- dijo ant
es de dar un pequeño sorbo a su café caliente.

Quizás David tenía razón. Aquel frío podía ser el aire acondicionado. Podrí
a ser que me estuviese poniendo paranoica sin tener motivo.

- Y dime. ¿Qué es lo que te pasa? ¿Te has encontrado mal estos días?-pregu
ntó David sorbiendo lentamente el café.
- Más o menos. Bueno no sé. Ni siquiera sé lo que me está pasando-le dije a
gachando la mirada.
David dejó el café, apartándolo un poco y de nuevo me cogió las manos. Me c
ogió de la barbilla para levantarme la cara.

- Sea lo que sea puedes contármelo. Me gustaría que volviésemos a tener la


confianza que teníamos cuando éramos vecinos-dijo él muy serio.
- Gracias David-le dije con una leve sonrisa para disimular.

No puedo decirle nada de este tema, creería que estoy loca, aunque saber que
está ahí para lo que necesito me hace sentir un poco mejor.
En esos instantes la mesa comenzó a temblar. Miré alrededor y vi que toda l
a cafetería estaba temblando.

- ¿Un terremoto?- dije mientras me levantaba de la silla.


- Es imposible. En Valencia no hay terremotos de esta magnitud-dijo David
levantándose también.

Toda la gente se levantó de inmediato. Los temblores cada vez eran más fue
rtes. La gente comenzó a salir corriendo de la cafetería, entre empujones
y gritos por lo que estaba sucediendo. En ese momento empezó a sonar la al
arma de incendios, para que el hospital fuese evacuado. David me cogió de
la mano y comenzamos a pasar entre la gente hacia la salida.

- Ve fuera y espérame allí, saldré lo antes posible-me dijo David cerca de la s


alida del hospital.
- Espera, ¿a dónde vas?-le pregunté cogiéndolo del brazo.
- Tengo que ayudar en la evacuación de los pacientes. Nos vemos fuera-dijo él
mientras corría contracorriente hacia el interior del hospital.

Los temblores eran cada vez más devastadores. Comenzaron a aparecer grietas
por las paredes del hospital, así como también caían partes del mismo. Mie
ntras en el exterior toda la gente se acolpaba lejos del edificio para evit
ar ser alcanzados por los escombros que estaba soltando. Todos los edificio
s de los alrededores también temblaban con la misma intensidad.
Salí fuera, junto al resto de gente, viendo como los médicos sacaban lo más
rápido posible a los pacientes. En pocos minutos llegaron los bomberos y la
policía para ayudar.

- Espero que David esté bien-dije mientras miraba la salida por si conseguía
verlo.

Los bomberos entraron para ayudar a los médicos y la policía comenzó a aco
rdonar la zona.
De repente sentí un pinchazo en el pecho y un impulso se apoderó de mí. En
tré nuevamente en el hospital, aprovechando aún el caos que existía.

- ¿Pero qué estoy haciendo?-me decía a mí misma sin poder dejar de avanzar p
or los pasillos del hospital.

Todo estaba lleno de polvo. Aún seguía temblando el suelo. Habían cables su
eltos por doquier y muchas de las plantas estaban inaccesibles.

- ¿Hay alguien por aquí?-pregunté mirando por las habitaciones.

Entonces de una de las habitaciones salió David, que estaba revisando que n
o hubiese nadie.

- David-dije al verlo.

Corrí hacia él.

- Menos mal que estas bien-le dije sonriendo.


- Te dije que me esperases fuera. Estar aquí es muy peligroso-me dijo Davi
d muy enfadado.
- Estaba preocupada por ti-le dije muy seria.

En ese instante el techo de aquella habitación empezó a ceder.

- Hay que salir de aquí-dijo él cogiéndome de la mano.

Comenzamos a correr, cuando de pronto el techo de la planta superior se de


splomó ante nosotros, impidiéndonos el avance.

- Rápido por las escaleras de emergencia-dijo David sin dejar mi mano.

Corrimos hacia las escaleras de emergencia, pero al abrir la puerta la pare


d se nos vino encima. Fue en aquel preciso instante el corazón me dio un vu
elco. El tiempo pareció relantizarse y de nuevo oí aquella voz que me llama
ba:

- Irina, Irina.

Cogí a David y lo protegí con mi cuerpo, del cual emergía una luz muy cegad
ora. Cerré los ojos durante unos instantes. Al abrirlos de nuevo vi que nos
encontrábamos cerca de la salida del hospital. Entre mis brazos estaba Dav
id, sin ninguna herida pero parecía estar inconsciente.

- ¿Qué ha pasado?-pregunté desconcertada por lo que acababa de ocurrir.

De pronto unos bomberos me vieron en el suelo junto con david y vinieron c


orriendo.

- ¿Están bien?- me preguntó uno de ellos.

Sólo asentí con la cabeza. Varios de aquellos bomberos cogieron a david y


otro me ayudó a levantarme. Rápidamente nos sacaron del hospital y nos lle
varon al hospital de campaña que habían montado en la calle. Tumbaron en u
na camilla a David para reconocerlo. Entonces lo escuché, volví a escuchar
aquel sonido extraño.

- Cuiden de él-dije al médico que se encargaba de David.

Me fui corriendo en la dirección en donde se escuchaban aquellos sonidos.

- Son los mismos, estoy segura-decía para mí misma mientras corría todo lo
deprisa posible.

Me detuve detrás del hospital, a unos veinte metros. Me quedé paralizada ant
e lo que estaba viendo.

- No puede ser-dije mirando atónita todo aquello.

Los sonidos eran el choque de las espadas que utilizaban aquellos seres.
¿Realmente estaba viendo aquello? ¿Realmente estaba viendo como unos sere
s alados estaban luchando?

- Esto no puede ser real-dije sin poder dejar de mirar la lucha.

Aquellos seres alados luchaban encarnecidamente. Uno de ellos, vestido con


una armadura oscura y de alas negras; mientras que el otro portaba una ar
madura dorada y sus alas eran de un blanco muy puro que jamás había visto.
Ambos seres luchaban con sus respectivas espadas.
En ese momento mi corazón dio un latido muy fuerte y por mi mente pasaron
un sin fin de imágenes.

- Las imágenes de mis pesadillas. En esas imágenes también aparecen seres c


omo estos-dije sin poder dejar de mirar el combate.
En ese instante, el ser de alas oscuras lanzó al otro contra una de las parede
s del hospital, haciendo que éste temblase aún más fuerte.

- Ellos... Son los que causan el terremoto-dije dando un paso adelante.

El ser de alas blancas salió de entre los escombros sin ningún rasguño y con
las ropas totalmente intactas. Desplegando sus alas se abalanzó contra su e
nemigo y prosiguieron su lucha con las espadas.
Miré a mi alrededor. A causa de aquella lucha toda la zona temblaba, poniend
o en peligro la vida de toda la gente.

- Si esto no para no sé qué pueda pasar-dije viendo como el hospital seguía


cayendo a pedazos.

De nuevo el ser de alas oscuras golpeó a su enemigo, lanzándolo con tal fuer
za contra la pared del hospital que se quedó incrustado en ella, cayéndole a
continuación su arma.
Rápidamente desplegó sus alas y se dirigió contra él para darle el golpe de
gracia. En ese preciso momento, un impulso en mi interior se apoderó de mí,
haciendo que corriese hacia allí para evitar lo que parecía ser inevitable.

- ¡Déjalo!-le grité al tiempo que cogía del suelo la espada que se le había caí
do al ser de alas blancas.

Sin saber cómo me puse delante de aquel ser, deteniendo su ataque con la
espada que acababa de empuñar.

- ¿Cómo he hecho esto?-me preguntaba a mí misma.

Mi cuerpo parecía moverse solo.

- Nakutej shita tem ior-dijo aquel ser con cara de odio.

No entendía lo que decía. Intentó nuevamente atacar con su espada, pero se


lo impedí sin ningún esfuerzo. Sentía que estaba teniendo un dejavu de aque
lla situación.

- No dejaré que lo mates-le dije a aquel ser.

Conseguí quitármelo de encima empujándolo con una patada. Aquello pareció


enfurecer mucho al ser, puesto que el suelo comenzó a abrirse tras unos
temblores aún más potentes.

- No es seguro permanecer aquí-le dije al ser de alas blancas mientras los sa


caba de la pared.

Su rostro me miraba con sorpresa, como si hubiese visto algo increíble. Cogí
a aquel ser e hice que se apoyase en mí.

- Kuratem piog tenasem-dijo.


- Lo siento no te entiendo-le dije mientras caminábamos.

Nos apartamos un poco del hospital. Entonces aquel ser de alas oscuras cog
ió su espada y se ocasionó un corte en la mano, bañando después con su san
gre el filo de aquella. La espada adoptó un color aún más oscurecido del q
ue tenía además que de ella salía un humo muy negro.

- ¡Naiteran quetmpo!-decía muy alterado el ser de alas blancas.

De repente, el ser de alas oscuras desapareció. Reapareciendo en cuestión


de segundos detrás de mí, propinándome un puñetazo que me lanzó a varios
metros, dejándome en el suelo muy endolorida. Poco a poco iba avanzando
hacia mí aquel ser, empuñando su espada.

- Mierda-dije mientras me levantaba con dificultad del suelo.

Estaba toda magullada y del labio me salía un poco de sangre. Entonces me


giré y auqel ser estaba a punto de incarme su espada, fue en aquel preciso
momento en que apareció de la nada el ser de alas blancas protegiéndome c
on su cuerpo. La espada le atravesó por completo y unas pequeñas lágrimas
cayeron sobre el filo ensangrentado.

- ¡Noooo!-grité de forma ensordecedora.

Poco a poco su cuerpo fue desapareciendo dejando tras de sí unos destellos


brillantes. Eso hizo que por mi mente pasase la imagen del día en que me
desmayé en el centro de la ciudad, además de infinidad de imágenes más de
seres como ese. Tras desaparecer completamente, sentí en mi pecho un fuert
e dolor que me hizo incarme de rodillas.

- Aggg-articulaba por el dolor.

No podía moverme. Aquel ser de oscuras alas se disponía a arrebatarme la v


ida. De pronto sentí una sensación de calidez en mi interior que me result
aba muy familiar, sentía exactamente lo mismo que aquel día en la playa cu
ando salvé al niño. Una luz comenzó a emerger de mi interior, desaparecien
do por completo el dolor, así como todas las magulladuras que había sufrid
o.

- ¿Qué es esto?-me preguntaba a mí misma.

El ser de alas oscuras se detuvo en ver el resplandor que surgía de mí, que
dándose anonadado por lo que estaba viendo. De repente se avalanzó contra m
í con su espada. Detuve el filo de la espada con el dedo índice izquierdo y
sin ninguna dificultad.

- Tenkt mira estp-dijo el ser.

Alcé la mirada. Cogí con toda la mano izquierda el principio del filo de la
espada para inmovilizarla, extendí mi mano derecha y la espada del ser de al
as blancas vino a mí. Acto seguido le clavé la espada en el estómago.

- Tenkt mira estp-volvió a repetir.

Empezó a desvancerse en un humo oscuro. A continuación ambas espadas des


aparecieron de mis manos y de nuevo aquel dolor punzante en el pecho hiz
o incapié en mí, cayendo inconsciente en el suelo.

- ¿Qué ha pasado?-pregunté tras despertar a los pocos minutos.

Me dolía el cuello y sentía todo el cuerpo bastante endolorido.Estaba un po


co aturdida, pero entonces recordé que la zona estaba siendo sacudida por u
n terremoto. Miré a mi alrededor.

- Juraría que el hospital estaba desquebrajándose-dije al verlo totalmente inta


cto.

Corrí hacia la entrada principal.

- El hospital de campaña estaba allí, seguramente David siga allí-dije estando


a punto de llegar.

Pero no había nada. La gente caminaba por la calle con total normalidad. To
dos los edificios estaban en óptimas condiciones.
- Esto es muy raro-dije desconcertada.

Me giré y entré en el hospital para buscar a David. Al entrar vi que la vida en


el interior del hospital era la misma que cualquier otro día. Me dirigí hacia
la cafetería.

- No entiendo nada-me decía para mí misma mientras buscaba a David por la


cafetería.

Entonces vi a David haciéndome señas con la mano. Me acerqué a él rápida


mente.

- ¿Estás bien?-le pregunté preocupada.


- Sí, ¿por? Pareces un poco alterada-dijo él extrañado.

Me senté en la silla.

- ¿Pasa algo Irina?-me preguntó David al ver mi estado.


- David, necesito que me respondas a algo.
- Dime-dijo él mientras se sentaba a mi lado.

Lo miré fijamente y tras tragar un poco de saliba le pregunté:

- ¿Ha habido algún terremoto?

David se quedó mirándome extrañado.

- No sé. No he visto las noticias, pero supongo que en alguna parte del mundo
sí.
- No, no. Me refiero aquí, en esta zona-le dije muy seriamente.

Se quedó callado por un segundo.

- ¿Te has golpeado la cabeza o has tomado algo?-me preguntó él.


- No-le dije rotundamente-Hace apenas unas horas comenzó a temblar el edifi
cio, se caía a pedazos, tuve que sacarte porque te heriste mientras ayudaba
s en la evacuación. Acaba de pasar, ¿por qué no te acuerdas?

Pero seguía mirando de aquella forma, como si estuviese loca. Me levanté en


seguida.

- Te entiendo, de verdad, si me lo estuviesen diciendo a mí tampoco lo creerí


a. Pero es cierto-le dije firmemente.

Me fui corriendo mientras oía como David me llamaba y me pedía que parase.
Corrí y corrí en dirección hacia casa. No entendía nada. ¿Qué era lo que
me estaba pasando? ¿Por qué? Necesito encontrar un sentido a todo esto, ne
cesito encontrar las respuestas a estas preguntas.

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