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Regeneración e Hispanoamericanismo en el mercado literario de Cali. Entresiglos XIX-XX

Regeneración e Hispanoamericanismo en el mercado literario de Cali. Entresiglos XIX-XX

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Ponencia presentada en el XV Congreso Colombiano de Historia, Bogotá, 2010.
Ponencia presentada en el XV Congreso Colombiano de Historia, Bogotá, 2010.

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Regeneración e Hispanoamericanismo La consolidación del mercado literario en Cali [1880-1910

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Resumen En esta ponencia examinaremos cómo dos procesos históricos independientes, pero también coincidentes y conectados por sus objetivos e iniciativas culturales, como fueron la Regeneración y el Hispanoamericanismo, lograron permear el pensamiento de la intelectualidad caleña del periodo entre siglos (Fines s. XIX- Principios s. XX). Esta influencia no sólo fue manifestada en discursos y opiniones, fue también de evidente difusión a través de los mecanismos culturales controlados por las élites locales y del mercado de bienes simbólicos puesto al servicio de la sociedad, como fueron la prensa literaria y la oferta bibliográfica, tanto comercial como pública. El desarrollo de estos dos procesos ayudó así a consolidar el mercado literario caleño, ampliando el campo cultural local, privilegiando, no obstante, el acceso a determinadas corrientes de pensamiento que incidirían en la producción de publicaciones locales y regionales, a futuro representativas de la nueva cultura caleña y vallecaucana. **** Juan David Murillo Sandoval es Historiador egresado de la Universidad del Valle en el año 2009, sus trabajos e investigaciones han girado alrededor de la Historia Intelectual y de la Cultura, muy especialmente en el campo de la cultura escrita. Es miembro del grupo de investigación “Nación, Cultura, Memoria”, grupo encabezado por el profesor Gilberto Loaiza Cano. Fue ponente del VIII Foro de Estudiantes de Historia, con una breve muestra de su trabajo de grado, el cual se tituló: “Prensa Literaria, Libros y Librerías, la oferta literaria y el papel intelectual en el primer centenario de la Independencia. Cali 19051915”, siendo un acercamiento al mercado literario de la ciudad de Cali al momento de su consolidación como capital del nuevo departamento del Valle del Cauca, período que coincidiría con las fiestas centenarias, y que sería escenario ideal para el desenvolvimiento de intelectuales reivindicadores tanto de lo regional como de lo hispano.

Regeneración e Hispanoamericanismo 1

La consolidación del mercado literario en Cali [1880-1910] Hay un ministro presbiteriano, que no hace más que vender libros de propaganda. El público no le ha permitido dar conferencias.1 Presentación Esta ponencia tiene por objetivo dar cuenta de la influencia -literaria y bibliográfica- que dos procesos históricos independientes pero coincidentes y vinculados en muchos de sus preceptos, tuvieron en la concreción de lo que podríamos denominar el mercado literario de la ciudad de Cali, mercado que entendemos como el movimiento de bienes culturales dispuestos al consumo de la población letrada de la ciudad, entre los años de 1880 y 1910. Como lo indica el título de este trabajo, tanto el proyecto político cultural de la Regeneración como el proyecto cultural, e imperial para algunos, del Hispanoamericanismo o Hispanismo, serán los principales objetos de análisis, especialmente desde sus apetencias literarias y bibliográficas, las cuales convergían de manera plena. Se tratará pues de demostrar cómo la difusión de textos y literaturas en la ciudad, sobre todo a nivel de librerías y de la biblioteca fundada en 1910, estuvo mayoritariamente articulada a los ideales promovidos por los proyectos político-culturales de la Regeneración y el Hispanoamericanismo2, relegando a un segundo plano la literatura de vanguardia latinoamericana, como también aquella bibliografía considerada como subversiva o ajena a los intereses de las élites conservadoras como del proyecto hispanista. En primer lugar se analizarán algunos hechos con el fin de señalar los puntos de convergencia entre los proyectos de ambas iniciativas, pasando luego a explorar el mercado literario de la ciudad de Cali entre 1880 y 1910, examinando su filiación cultural, las tendencias, autores y libros de mayor difusión entre otros aspectos útiles para caracterizar, al menos en parte, el campo cultural de la ciudad. Por último, y con el fin de de resaltar la importancia dada al factor hispanoamericano, señalaremos cómo la publicación de un libro español, que homenajeaba a Andrés Bello y a las repúblicas americanas en su primer centenario de Independencia, logró resaltar la imagen de tres intelectuales de la región, referencias que impulsaron la imagen y obra de estos escritores, convirtiéndoles en los representantes culturales insigne departamento del Valle del Cauca, título institucionalizado en 1910.

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Sobre Cali, en GUTIÉRREZ, Rufino, Monografías de Rufino Gutiérrez, Tomo I, Bogotá, Imprenta Nacional, 1921, Publicación digital en la página web de la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República. http://www.lablaa.org/blaavirtual/historia/dos/dos7h.htm 2 Según la Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana de Espasa, el Hispanoamericanismo es “la tendencia y aspiración a una íntima unión entre España y las Repúblicas hispanoamericanas, unidas ya por la comunidad de orígenes, religión, lengua, tradiciones y costumbres, y consistente en una especie de confederación-alianza, en pie de igualdad, pero con la supremacía de honor para España, como madre común, que trascienda al orden social, jurídico y económico”, Tomo 21, Hijos de J. Espasa, Barcelona, 1923, pp. 732-737.

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La Regeneración y el Hispanoamericanismo Es necesario recordar que a diferencia de Colombia, en países como Chile, Argentina o México se promovieron tendencias nacionalistas, indigenistas y de vanguardia que chocaban directamente con los modelos culturales hispánicos e incluso franceses o ingleses, al incitar la búsqueda de la autenticidad americana, de aquello original y distintivo de los nuevos estados, en contraposición a la cultura europea y estadounidense. En Colombia por el contrario, las celebraciones con motivo de los 400 años del descubrimiento en 1892, o del centenario de la Independencia de 1910, estuvieron traspasadas por una exaltación del legado hispanista, siendo quizá el único país latinoamericano en privilegiar la cultura española, como elemento primordial del proyecto nacional3. Para la nueva sangre de la literatura latinoamericana era evidente a inicios del siglo XX, que España no brindaba las mejores posibilidades de evolución. Intelectuales como Manuel González Prada afirmaban que no existían ejemplos literarios útiles provenientes de España que convinieran al Nuevo Mundo, “el enfermo que deseara transfundir en sus venas otra sangre, elegiría la de un amigo fuerte y juvenil, no la de un abuelo decrépito y extenuado”4. No obstante, desde 1870, con la visita a Colombia de José María Gutiérrez de Alba, y el posterior restablecimiento de las relaciones diplomáticas con España, en 1881, logro diplomático de Carlos Holguín, Colombia asistiría a una rápida transfusión de esta sangre extenuada, sangre que pasaba a irrigar el campo cultural de sus principales urbes5. Tengamos en cuenta que para González Prada, la tarea de los intelectuales en la América Latina debía consistir en la propagación de la crítica y las ideas ilustradas, atacando abiertamente el oscurantismo, y todo aquello que le representaba, como: los militares, los clérigos, los políticos, etc. en clara alusión al país ibérico y su retardatario contexto.6 Ideas éstas que los intelectuales de la Regeneración no compartían en absoluto. En Colombia tanto la lengua española como la religión católica se convirtieron en elementos de unificación nacional, impulsados y defendidos por éste fenómeno político conservador. Esta filiación ideológica y cultural con España, permitió un nuevo auge del arte y la literatura peninsular, que si bien se difundía con cierta regularidad en las diferentes ciudades del país, tuvo, a partir de la consolidación de la Regeneración, un mayor impulso
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Un ensayo interesante sobre la cercanía entre la Regeneración y el Hispanoamericanismo puede encontrarse en: GRANADOS GARCÍA, Aimer, “Hispanismos, nación y proyectos culturales, Colombia y México: 1886-1921. Un estudio de historia comparada”, en Memoria y Sociedad, Vol. 9, No. 19, de juliodiciembre de 2005. 4 GONZÁLEZ PRADA, Manuel, Páginas Libres, p. 43. Citado por FRANCO, Jean, La Cultura Moderna en América Latina. Traducción de Sergio Pitol, Colección Enlace-Grijalbo, México, 1985. p. 31. 5 Un excelente análisis de la visión de España como país ideal en el imaginario político y cultural de los intelectuales de la Regeneración se puede encontrar en: MARTÍNEZ, Frédéric, El Nacionalismo Cosmopolita, la referencia europea en la construcción nacional de Colombia, 1845-1900. Banco de la República, Instituto Francés de Estudios Andinos, Lima/Bogotá, 2007. El trabajo de Miguel Ángel Urrego es también provechoso en cuanto el papel de los intelectuales conservadores y su proyecto nacional en el periodo entre siglos, véase: URREGO, Miguel Ángel, Intelectuales, Estado y Nación en Colombia, de la guerra de los mil días a 1991, Siglo del Hombre Editores, Bogotá, 2002. 6 GUTIÉRREZ GIRARDOT, Rafael, El Intelectual y la Historia, Fondo Editorial La Nave, Venezuela, 2001. p. 32.

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y promoción. Las revistas y periódicos nacionales sirvieron como medios idóneos para dar cuenta de ella, generándose un patrón recurrente que podemos encontrar a lo largo y ancho de las publicaciones, especialmente de tendencia conservadora, durante las primeras décadas del siglo XX. Una de las instituciones más importantes del proyecto hispanoamericanista la encontramos en la Unión Iberoamericana, sociedad fundada en Madrid en 1885, y que tendría una rápida reproducción en la América Latina, con especial recepción en países como México y Colombia. Esta sociedad sería fundada, entre otros, por él para la época ministro del Estado español, Segismundo Moret, y respaldada por el líder del Partido Conservador español Antonio Cánovas. Dos años después, en 1887, la Unión Iberoamericana se expande, fundándose sedes asociadas en ciudades como Guayaquil, Quito y Río, y en países como México, Guatemala, Nicaragua, El Salvador, República Dominicana, Venezuela, Honduras, Chile y por supuesto, Colombia7. En la creación del Centro Bogotano de la Unión Iberoamericana, intervinieron escritores como Ricardo Silva, José María Samper, Aníbal Galindo, el general Lázaro María Pérez, José M. Quijano Wallis, y Liborio Zerda, quien sería ministro de Instrucción Pública en la futura administración de Miguel Antonio Caro, mientras que Rafael Núñez figuraría como presidente honorario del grupo. El Papel Periódico Ilustrado, con motivo de la creación del centro, destacó la presencia del Ministro Residente de España en Bogotá, el señor Bernardo Jacinto de Cólogan, ilustrando una página con su retrato, e informando que en la solemne fiesta de apertura:
“(…) pronunció el excelentísimo señor CÓLOGAN un elocuente y bien razonado discurso, en el que dejó ver sus simpatías personales hacia nuestro país, y supo ser fiel intérprete de los sentimientos que España abriga con las naciones latino-americanas. En él hizo un resumen de las causas lógicas que habían de traer a darse estrecho abrazo a los países de la misma raza, de la misma religión y de la misma lengua. El discurso del señor CÓLOGAN fue nueva prenda de simpatía y de cariño para los colombianos.”8

Como vemos, los tres elementos que configuraban el proyecto nacional regenerador son utilizados por el diplomático español para demostrar el enorme vínculo cultural existente con España. Así, la religión católica, la lengua castellana y la raza, pueden asumirse, siguiendo a Anderson, como elementos de una nación o comunidad imaginada9 que trasciende en este caso las fronteras del país, siendo en su momento funcionales tanto para el proyecto Hispanoamericano, como para el régimen conservador gobernante. Ahora bien, además de la creación de la sede de la Unión en Bogotá, surgieron centros asociados en Bucaramanga, Ocaña, Pasto, Cartagena, Manizales, Cúcuta, Medellín y Palmira10, articulando estas ciudades en un circuito de comunicación y divulgación cultural tendiente al estrechamiento de los lazos entre la madre patria y sus antiguas colonias. La
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RAJO SERVENTICH, Alfredo, “Las dimensiones del Hispanismo y el Hispanoamericanismo”, en Latinoamérica, Revista de Estudios Latinoamericanos, No. 47, de julio-diciembre de 2008, pp. 107-108. 8 Papel Periódico Ilustrado, No. 113, Año V, del 1 de abril de 1887, pp. 261-262. 9 Teniendo en cuenta la definición que del término comunidad imaginada realiza Benedict Anderson en Comunidades Imaginadas, FCE, 4ta Edición, México, 2007.

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creación de estas redes garantizaría en los años posteriores la conmemoración y realización de eventos de carácter continental, donde España tendría un lugar privilegiado, como en la formalización del aniversario del descubrimiento de América, que nunca antes se había celebrado, o la institución del Día de la Raza. Como vemos, la camaradería intelectual entre las élites regeneradoras y las sociedades académico-políticas españolas tuvo especial notoriedad en las redes académicas establecidas y la opinión pública surgida a su alrededor. Pero no serían los únicos lugares, también el mercado de bienes simbólicos representante del pensamiento hispanoamericano fue objeto de impulsos, mercado que, como veremos, para el caso de Cali, difundió casi de manera exclusiva las tendencias literarias promovidas desde el lugar de poder. La difusión literaria hispanista Los agentes provisores de cultura escrita, tanto a nivel de la prensa literaria, como de las librerías y los productos ofrecidos al público aportan información importante en este sentido. Un acercamiento a los catálogos de las dos librerías más renombradas de finales de siglo XIX, la de los Hermanos González y la Librería Popular de Ismael Hormaza 11, atestigua la enorme presencia de literatura “amiga” del intelectual regenerador: Libros diocesanos, misales, hagiografías a cargo de presbíteros españoles, devocionarios y doctrinales, se ven complementados por una mayoritaria presencia de literatura hispana, con autores como Zorrilla, Campoamor, Cervantes, Lope de Vega, Balmes, Menéndez y Pelayo, o Pardo Bazán, que superaba la presencia de autores franceses, ingleses o alemanes. No está de más recordar que la concepción del orden social está implícita en la mentalidad conservadora del periodo. El borrar la anárquica época radical, de matices muy franceses, y de formas muy alemanas, era un objetivo trazado por la élite gobernante. Comparando la presencia de autores y tendencias literarias a través de los catálogos de las mencionadas librerías, entre 1893 y 1894, encontramos que, si bien existe un número de obras que no logró ser identificada por autor, un 50% de las autorías corresponden al país ibérico, seguida por un 23% de autores franceses, y 14% de ingleses12. En cuanto a tendencias o géneros literarios, los textos religiosos llevan la delantera, sólo en la Librería Popular de Hormaza componen el 28% del total de libros ofrecidos a la venta, seguidos por un 16% de literatura general, como cuentos y novelas, un 15% de textos de utilidad práctica y un 11% de estudios de gramática13. Hay que advertir no obstante, que la presencia de libros de gramática castellana no fue hegemónica, pues eran comunes los textos de gramática
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La Unión Ibero-americana en México: 12 de octubre de 1887, Tipografía de la “Revista Latinoamericana”, México, 1887. 11 Se ha podido establecer la presencia de otras dos librerías para finales del siglo XIX, la de Uldarico Castro, que estuvo sobre la carrera de La Merced con calle 1era, y la Librería de Juan A. Sánchez, que se ubicó en la carrera de la Carnicería con numeral 28, de las cuales se desconoce su catálogo completo. Un acercamiento más profundo al mercado del libro y en general, al campo cultural de la ciudad de Cali a principios del siglo XX, puede encontrarse en MURILLO SANDOVAL, Juan David, Prensa Literaria, Libros y Librerías, la oferta literaria y el papel intelectual en el primer centenario de la Independencia. Cali 1905-1915, Monografía de Grado, Universidad del Valle, Facultad de Humanidades, Departamento de Historia, Cali, 2009. 12 Ver Gráfico No. 1. 13 Ver Gráfico No. 2.

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francesa e italiana, así como los diccionarios de inglés, evidencia del proyecto liberalradical de décadas anteriores. Como muestra la pequeña estadística, el proyecto cultural regenerador construyó una relación bastante armoniosa con los objetivos trazados por el Hispanoamericanismo, cuya aspiración de unidad se articulaba en pro de los puntos comunes entre las comunidades americanas y la española: orígenes, costumbres, lengua, vocación religiosa, raza, etc. El impulso dado a la religión católica por parte de la élite conservadora en el poder fue a su vez un impulso para al ideal Hispanoamericano, que tal vez no encontró un país más acogedor, institucionalmente hablando, que el colombiano. Debemos considerar también que la coincidencia del hispanoamericanismo con el proyecto regenerador tuvo alicientes geopolíticos: la guerra hispano-cubano-norteamericana de 1898, el llamado año del desastre para España, y la posterior pérdida de Panamá, impulsaron un discurso contra el panamericanismo, apuesta intelectual e imperial promovida por los Estados Unidos, privilegiando a su vez, el llamado “Imperio Espiritual” de España en América, cada vez más atractivo, tolerado y promovido14. Las librerías del siglo XX en Cali no mostrarían mayor diferencia en cuanto a difusión literaria, una mirada a la más completa y amplia del periodo, la Librería Roa, atestigua la aún masiva presencia de literatura hispanista, tanto en autores como en temáticas. Entre sus secciones poseían una exclusiva para breviarios y misales, algunos en latín, mientras que la gran mayoría de sus libros de enseñanza se reducían a textos de gramática como los de Andrés Bello y Rufino Cuervo, las cartillas para aprender a leer y escribir de César Baquero y Bustamante, los libros de citolegia del padre Gaspar Astete, las cartillas de Mantilla, los tratados ortográficos y gramáticos de Marroquín, Marulanda, Jorge Roa, y Miguel Raimundo, además de varios diccionarios de las casas Salvat, Espasa, y Campano15. La prensa literaria del periodo también ilustra esta sintomatología cultural, un apego al hispanismo, una preocupación por el dominio de la lengua, así como un especial cuidado en la difusión de literatura religiosa16. En El Correo del Valle (1894-1899 y 1903-1919), por ejemplo, semanario literario dirigido por Blas Scarpetta, sobresalían autores españoles, especialmente ensayistas, dramaturgos y poetas, entre los que destacan Núñez de Arce, Castellar, Bécquer, Villaespesa, Federico Balart, José de Echegaray, Valle Inclán, Manuel Machado, Eugenio Selles, Menéndez y Pelayo, Benavente y Antonio de Valbuena. De igual manera, El suplemento literario del Correo del Cauca, redactado por Alberto Carvajal, destinaría buena parte de sus páginas al fomento de la cultura hispanista, Benavente es el autor de mayor presencia, junto con Azorín y Catarineu. Además, las últimas páginas del Suplemento se destinaban a los autores del Siglo de Oro, exponiendo escritos de Luis de Góngora, Santa Teresa de la Cruz, Fray Luis de Granada, Fray Luis de
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Véase a propósito: GRANADOS, Aimer y MARICHAL, Carlos (Comp.), Construcción de Identidades Latinoamericanas. Ensayos de Historia Intelectual (siglos XIX y XIX), El Colegio de México, Centro de Estudios Históricos, México, 2004. 15 El catálogo completo de la Librería Roa se publicó en: El Comercio, Palmira, No. 463, Año VI, del 22 de octubre de 1909, en cuatro páginas con un formato de 28x40 CMS. 16 Durante el periodo del centenario, publicaciones como: El idilio, Ecos literarios del Colegio de Santa Librada, Germinal y El Ideal, órgano de la Escuela Literaria, se sumarían a los semanarios literarios existentes en la ciudad.

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León, Juan de Argujo, Bartolomé y Lupercio Leonardo de Argensola, entre otros17. La cuota francesa, si bien existente en los semanarios literarios, fue siempre secundaria, escritos de Baudelaire, France, Zola, Maupaussant, Hugo, Dumas y Daudet, son ciertamente lunares en un ejercicio de difusión cultural muy hispanizado. La apertura en 1910 de la primera biblioteca pública de la ciudad, si bien no alteraría de golpe el estado de difusión cultural existente, significó el surgimiento de un nuevo espacio público de interacción bibliográfica e intelectual hasta el momento desconocido en Cali. La existencia de una biblioteca pública, valga decir, era vista como una condición necesaria para cualquier ciudad con ambiciones de modernidad. La biblioteca del Centenario tendría no obstante un precedente, el Instituto Literario, asociación cultural formada en 1888 y cuya misión consistió en servir de banco de libros, donados o adquiridos, los cuales pudieran en su momento cederse a una biblioteca. Una mirada a las donaciones recibidas por el Instituto sirve para ilustrar los consumos de una élite letrada preocupada por modernizar su ciudad. Los ideales de progreso y civilización se manifiestan en estas muestras de preocupación por la cultura, de allí que la comunidad letrada caleña fuera partícipe del ejercicio patriótico de la donación, como forma de construir la Cali moderna. En cuanto a cifras, de unas 70 obras donadas por caleñas y caleños en 1892, año de inicio de la campaña pro biblioteca, el 44% de los libros eran de autores españoles, seguidos por un 25% de origen francés, y un 10% de origen colombiano18. En cuanto a los géneros, los textos de gramática, poesía y religión no logran sin embargo superar a las novelas o cuentos, principal género objeto de donación, y aparentemente, género de mayor lectura y profusión en las bibliotecas privadas. La circular del Instituto solicitando contribuciones también fue recibida por el presidente Rafael Núñez, quien: “no sólo hizo al Instituto una importante remesa de libros, sino que concedió franquicia para que cursaran libres de porte, por los correos nacionales, los libros destinados a la biblioteca”19. Esta observación es interesante por cuanto demuestra la preocupación del para entonces presidente de la república por promover la difusión de sus libros y autores predilectos, y por tener un cierto control de la propagación de ideas en las ciudades. Debemos tener en cuenta que a finales de 1892, Rafael Núñez sería nombrado Presidente de Honor del Congreso Literario Hispano-Americano a realizarse en Madrid, noticia que fue divulgada en Bogotá por el periódico El Porvenir, y reproducida en Cali por el Ferrocarril, apareciendo en forma de epístola firmada por Gaspar Núñez de Arce20. La fraternidad intelectual de Núñez para con el país ibérico se veía así correspondida, pues éste reconocimiento, tanto político como cultural, lo situó junto a las personalidades más importantes del pensamiento hispanoamericanista propiciando, inevitablemente, la recepción y expansión de sus ideales en el país.

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La sección de “Escritores Castellanos” es regular en El suplemento literario del Correo del Cauca, durante las ediciones de 1913 y 1914. 18 Ver Gráfico No. 3. 19 Discurso alusivo a la fundación de la Biblioteca del Centenario, a cargo del concejal Samuel Benítez, en El Correo del Valle, Año XVII, No. 411, del 12 de enero de 1911. pp. 4918-4919. 20 El Ferrocarril, Año XI, No. 521, del 17 de febrero de1893, p. 2039.

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Volviendo con las donaciones al Instituto, éstas serían regulares hasta 1910, fecha en la que se funda la Biblioteca del Centenario, con un fondo de 800 volúmenes, entre donativos y adquisiciones. Como se ha podido establecer, el mercado del libro y de las lecturas literarias se encontraba inclinado hacia la divulgación de literatura hispanista, pero, sin embargo, y muy a pesar de las expectativas ibero-americanistas, aspectos relativos al origen editorial de los textos y las dificultades de la distribución del libro español en el continente, surgían como elementos desalentadores de la expansión cultural castellana. Por un lado, no sería hasta 1921 que se firmarían convenios postales para libros entre España y los países americanos, de allí que durante el periodo entre siglos, el libro español, es decir el impreso en casas editoriales de España, tuviera muchas dificultades para lograr una masiva distribución en el continente, en gran parte debido a los altos aranceles de su importe. Por otro lado, a diferencia de las editoriales españolas, casas francesas como Garnier, Hachette o Bouret, que imprimían ediciones castellanas, ya habían logrado desde mediados del siglo XIX asentarse en el mercado del libro americano, componiendo buena parte de las bibliotecas privadas. Una mirada a las donaciones realizadas a la Biblioteca del Centenario corrobora esta situación, de 54 obras que pudieron ser plenamente catalogadas, el 42% se habían impreso en Paris, mientras que un 29% se había impreso en España21. Por otra parte, muchos autores colombianos y americanos publicaban sus trabajos en casas francesas. Evaristo García por ejemplo, médico y científico caleño, publicaría su estudio sobre los Ofidios Venenosos del Cauca, en la imprenta parisina de la viuda de Bouret22. No obstante lo anterior, las exploraciones que adelantaron representantes de la industria del libro español en América demuestran el gran interés que suscitaba el copar los mercados de impresos en las repúblicas americanas. Viajes como el de los hermanos Salvat pondrían las bases para un mayor y mejor sistema de difusión y distribución literaria, con redes de comisionistas y corresponsales. En este sentido, el editor español también tuvo un papel en la distribución del ideario hispanoamericano, pues explorando y estudiando un territorio comercialmente favorable, facilitó las condiciones para la divulgación de las ideas hispanistas y, en general, del panorama cultural e intelectual español23. Un “homenaje” hispanoamericano para el Valle La difusión bibliográfica hispanoamericana no solamente sirvió para acrecentar una formación intelectual o académica afín a España24, sino que también fue eficaz en la consolidación del intelectual caleño del periodo, reafirmando con un hecho muy peculiar,
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Ver Gráfico No. 4. Véase la primera edición: GARCÍA, Evaristo, Los ofidios venenosos del Cauca, métodos empíricos y racionales empleados contra los accidentes producidos por la mordedura de esos reptiles, Librería e Imprenta de la Vda. de Ch. Bouret, París, 1896. 23 Sobre el viaje de los hermanos Salvat al continente americano véase: CASTELLANO, Philippe, “La distribución de libros en Latinoamérica en vísperas de la Primera Guerra Mundial”, en DESVOIS, JeanMichel (Coord.), Prensa, impresos, lectura en el mundo hispánico contemporáneo, PILAR, Presses Université Michel de Montague de Bordeaux, 2005. Y sobre las peculiaridades de la industria del libro español véase: MARTÍNEZ RUS, Ana, “Barcelona y Madrid ante el reto americano: las expectativas de la industria del libro”, documento presentado en el IX Congreso de la Asociación Española de Historia Económica.

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su importancia al interior de una sociedad ansiosa por modernizarse y por sentirse parte de un espacio superior al regional o nacional. Con motivo de la celebración del primer centenario de la Independencia, la Unión Ibero-Americana de Madrid publicó en 1910 el libro Andrés Bello, su época y sus obras25, a cargo del doctor Antonio Balbín de Unquera, destacado miembro de la sociedad. El libro, que servía como forma de homenaje a las repúblicas latinas de América, y llamaba al mantenimiento y pureza de la lengua, destacó en algunas de sus páginas los trabajos de tres escritores vallecaucanos: Alberto Carvajal, de quien se cita parte de su obra Bajo el sol del Valle; Ismael López, más conocido como Cornelio Hispano; y el palmireño Ricardo Nieto. La referencia a los tres escritores fue difundida por El Correo del Valle, en una editorial titulada “Nuestros Poetas en el Exterior”26. La importancia de este reconocimiento europeo, español propiamente hablando, se muestra como una de las máximas distinciones a la que un poeta puede aspirar, más cuando nos estamos refiriendo a personalidades intelectuales que produjeron ciertamente poco a nivel bibliográfico, exceptuando quizá a Cornelio Hispano quien escribió un mayor número de obras. El autor de la editorial no se guarda elogios para los escritores citados por Balbín, criticando los valores burgueses y políticos que suelen reprimir, o en el mejor de los casos subestimar, la labor del intelectual. La distinción implica así una forma de enaltecer el capital cultural de éstos intelectuales, situándolos a la par o por encima de otros grupos que destacan por la posesión de capitales económicos o sociales. Como bien analizó Bourdieu, “el capital cultural logra combinar el prestigio de la propiedad innata con los méritos de la adquisición”. Y, continua: “de esta verdadera lógica simbólica, resulta que la posesión de un gran capital cultural es concebida como algo especial, que por tanto sirve de base para ulteriores beneficios materiales y simbólicos”27, en otras palabras, el prestigio dado por los homenajes y demás distinciones implica tanto una forma de destacarse en el entorno social, como un medio para alcanzar un fin, que sería en este caso, mejorar el estatus detentado, pues ciertamente los capitales pueden transformarse. Aspectos claves de la sociabilidad como la honorabilidad y el respeto que estos intelectuales alcanzaron se utilizaron para adecuarse a distintas iniciativas. La ostentación de su capital cultural les otorgaría un plus en su reconocimiento ante la sociedad caleña, el cual les permitió afianzarse en campos como el político. Alberto Carvajal, por ejemplo, haría parte junto a Ricardo Nieto de la Junta Republicana de la Juventud, formando los cuadros políticos de esta agrupación para luego hacerse con cargos públicos. Por otro lado, como representantes de la cultura vallecaucana, serían gestores y testigos regulares de
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Ya en 1904 se había celebrado la ratificación del convenio de reconocimiento mutuo de validez de títulos académicos entre España y Colombia, el cual permitía a los jóvenes titulados salir a continuar sus estudios en el país ibérico, o inclusive ejercer sus profesiones allí. 25 Véase: BALBÍN DE UNQUERA, Antonio, Andrés Bello, su época y sus obras, Homenaje de la Unión Ibero-Americana a las Repúblicas Latinas de América en el Primer Centenario de su Independencia, Imprenta de los Hijos de M. G. Hernández, Madrid, 1910. 26 Esta editorial fue escrita por J. A. Sánchez García, en El Correo del Valle, Año XVII, No. 414 del 2 de febrero de 1911. 27 BOURDIEU, Pierre, Poder, Derecho y Clases Sociales, Editorial Desclée de Brouwer, S.A., Bilbao, 2000, pp. 141-142.

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todas las ceremonias conmemorativas dispuestas en Cali, teniendo un papel notable y privilegiado en la fiesta del centenario y otras conmemoraciones posteriores, fundamentales para entender la construcción de los imaginarios políticos y culturales en el Valle del Cauca. Reflexiones Finales La formación del mercado literario estuvo, como hemos visto, articulada en virtud a la promoción de un determinado tipo de producción cultural, que fue servido al público en pro del fortalecimiento de un proyecto de construcción nacional, cimentado en factores comunes a todos los colombianos, como fueron la lengua, la religión y la raza. Durante el periodo de la Regeneración y el Quinquenio de Reyes, Cali conoció alrededor de 8 librerías y una biblioteca pública, cuyos catálogos ponían los conocimientos sobre religión, retórica castellana y literatura española muy al alcance del público caleño, limitando así el acceso a otras tendencias artísticas, procedentes de otros escenarios y transmisoras de otras ideas. Lo anterior no niega sin embargo, de ningún modo, la presencia de autores de vanguardia, de libros y escritos modernistas, diferentes y contrarios a la línea cultural impulsada por la élite conservadora. Hubo así en el campo cultural de Cali un antagonismo bibliográfico, dinamizante de los espacios públicos y del mercado literario. Debemos también tener en cuenta, que la consolidación de un mercado literario, independientemente de la élite político-cultural en el poder, implica cambios en el mercado cultural que se vinculan estrechamente con la evolución de la ciudad. Para el caso de Cali, entre 1880 y 1910, los campos económico y político presentaron, junto al campo cultural, transformaciones que marcarían su posterior desarrollo, y que en la mentalidad de intelectuales y habitantes del común, parecían anunciar la llegada de la modernidad. Hispanoamericanismo y Regeneración, dos proyectos culturalmente comunes, incidieron así en la creación y transformación de los espacios públicos de Cali, tanto a través de intelectuales, libreros y tipógrafos, como del mercado de bienes simbólicos puestos al servicio del público caleño. La incidencia de ambas iniciativas en la mentalidad y los imaginarios de la sociedad durante el resto del siglo XX, surge entonces como un nuevo punto de exploración, pues el alcance y la verdadera influencia de los dos proyectos culturales, se encuentra aún por determinar.

Fuentes Biblioteca del Centenario, Fondo Patrimonial. AHC, Capitulares 1910-1912. Prensa: El Correo del Valle, 1904 - 1911. El suplemento literario del Correo del Cauca, 1913-1914. El Comercio, Palmira, 1909 10

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Anexos Gráfico 1

Países de mayor presencia en las librerías caleñas 1893-1894

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Fuente: El Ferrocarril, 1893-1894

Gráfico 2.

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Fuente: El Ferrocarril, 1893-1894

Gráfico 3.

Fuente: Biblioteca del Centenario, Fondo Patrimonial y AHC, Capitulares 1910-1912

Gráfico 4. 15

Fuente: Biblioteca del Centenario, Fondo Patrimonial

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