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Zaffaroni Criminología Cap. 1

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08/09/2013

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JN Escritos Monográficos TE: 483-5334

Zaffaroni, Eugenio Criminología. Aproximación desde el margen Capítulo 1: La problemática existencia de la criminología La existencia y autonomía, así como el carácter científico de la criminología nunca dejo de ser cuestionado. (Las ideologías en pugna en los países centrales no tiene el mismo significado en este contexto de nuestra periferia) Tenemos la impresión de que hoy es casi imposible tratar la criminología en los países centrales y con más razón, debido a que os debates centrales adquieren otro valor en la periferia, tenemos la certeza de su imposible “tratamiento” latinoamericano. Aquí la criminología es un campo plagado de dudas y preguntas sin respuestas. El mayor número de muertes es causado, en Latinoamérica, por agencias del Estado, y no sólo en las dictaduras ni en las zonas de guerra sino también en los países con sistemas constitucionales. No podemos aproximarnos a la “criminología” sino nos centramos en el poder y dentro de ese poder mundial, nuestro rincón se halla en un paraje marginal del mismo. Nuestros fenómenos son cualitativa y cuantitativamente diferentes de los que procuran explicar los marcos teóricos ordenadores de los países centrales. Estos son los obstáculos más relevantes para realizar dicha aproximación: 1) Para intentar una aproximación “desde el margen latinoamericano” es necesario, en primer lugar, asumir la posición marginal, lo cual resulta relativamente difícil al investigador, porque toda la preparación y entrenamiento lo condiciona para discurrir en forma “universal”, como si “centro” y “margen” del poder no existiesen. Esto es el resultado de una técnica de dominio mundial y de la universalización del modelo de sociedad industrial central. 2) El segundo orden de dificultades proviene de la naturaleza misma de la tarea a emprender que siempre será limitada. Nuestra aproximación solo será desde uno de esos márgenes y por consiguiente, también será parcial pues hay otros márgenes, respecto de los cuales sabemos pocos. Hay un

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aislamiento intermarginal sumado a uno intramarginal. ( Por ejemplo: no hay ningún estímulo para que un investigador latinoamericano se instruya del funcionamiento de los sistemas penales africanos y viceversa). 3) El tercer orden de dificultades proviene de nuestra inevitable limitación instrumental. La mayor dificultad se hallará en la escasez de instrumentos teóricos adecuados, ya que los disponibles están elaborados de conformidad con las necesidades de otros fenómenos. Esta limitación dará como inevitable resultado una aproximación “subdesarrollada”. 4) La criminología es un hecho pletórico de valoración política y siempre lo ha sido. La dificultad que se genera al negarnos a cualquier encubrimiento de la dimensión política de la criminología, tiene una doble implicación: la primera, es el considerable obstáculo para que el en el “centro” puedan comprenderse las perspectivas políticas de nuestro margen y la segunda la tendencia latinoamericana tan arraigada a descalificar cualquier desarrollo apelando al etiquetamiento político. 2.- ¿Existe la criminología?. No son pocos los autores que niegan su existencia como saber autónomo, como “ciencia”. Entre quienes admiten su existencia, hay varias respuestas; las cuales las hemos agrupado en relación a su vinculación con el poder. El objeto de esta simplificación es demostrar que la existencia de la criminología puede afirmarse o negarse tanto desde posiciones que cuestionan el poder como desde otras que no lo cuestionan o que lo legitiman. a) Respuestas que no cuestionan el poder: todas ellas dejan fuera del –ambito de la “criminología” el estudio del sistema penal y mucho más la crítica ideológica al sistema penal, o sea, al derecho penal y a las instituciones que tendrían por objeto hacerlo efectivo. Las características principales de estas teorías es la de centrar la atención en las conductas criminales y procurarles explicaciones. Muy pocas dudas caben acerca de que se trata de una actitud bastante legitimante del poder. 1) Los argumentos afirmativos pueden clasificarse dentro de cuatro corrientes fundamentales. Para la primera la criminología sería la ciencia que se ocupa de las conductas criminales consideradas como producto patológico. Esta afirmación de la criminología como ciencia se desprende de la pretensión de un objeto reconocible naturalmente: es la ciencia de la conducta de los hombres diferentes. En esta corriente puede mencionarse en el pasado a Lombroso 2) Otra corriente centra básicamente su atención en lo social y partiendo de una cierta unidad o armonía cultural distingue las conductas que se separan socialmente de las pautas culturales y por ende, la criminología sería la ciencia que se ocupa de las conductas

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desviadas. Esta es la variable desarrollada en EEUU a partir del funcionalismo de Merton. 3) La tercera corriente esta representada por la recepción de la clasificación neokantiana de las ciencias, en “ciencias de la naturaleza” y “ciencias del espíritu”. La criminología sería la ciencia natural del delito, que se ocupa de los datos fácticos de las conductas que la ley define como “delito”. En este sentido se ha hablado de la “criminología” como “ciencia causal-explicativa” del delito. El derecho penal, por su parte, como “ciencia del espíritu”, se ocupa solamente de los aspectos normativos del delito. Como puede observarse, ninguno de estos modelos de respuestas que afirman la existencia de la criminología como ciencia, pone en cuestión seriamente al poder b) Respuestas que cuestionan el poder: En cierto momento, primero en función del llamado “interaccionismo simbólico” y luego con la sociología el conflicto, la criminología extiende su ámbito al sistema penal y con ello pone de manifiesto el funcionamiento selectivo del sistema penal y en definitiva la conexión íntima con el poder. Dentro de las tendencias cuestionadoras se distinguen la llamada criminología liberal, la criminología crítica y la criminología radical, englobadas en la “nueva criminología”. En definitiva, este conjunto de corrientes se inicia con el interaccionismo y luego va derivando hacia una gama de autores que en mayor o menor media, van recibiendo elementos del marxismo. A medida que se cumple este proceso, si bien no se lo explicita, se va introduciendo una suerte de “anticriminología”, que guarda cierto paralelismo con la “antipsiquiatría”. En general, la criminología que, partiendo de la delimitación más o menos convencional de la criminología, sigue un planteo epistemológico, observa que este es un discurso que, al no cuestionar el sistema penal, lo legaliza, esto es, lo consagra “científicamente” y que sin embargo, el sistema penal es una de las formas del control social, que ese control social se halla en directa relación con la estructura de poder de la sociedad. Se observa que la anticriminología radical desemboca en una esterilidad practica, pues no nos ofrece ninguna alternativa a la realidad presente. La imposibilidad de nada práctico resulta legítimante y algo parece estar fallando cuando la crítica deslegitimante tiene consecuencias legitimantes. Este recorrido nos ha permitido demostrar que, en cuanto queremos hacer de la criminología un conocimiento que nos permita transformar una realidad, ni la afirmación neokantiana o cientificista de la criminología, ni la negación misma por disolución, resultan útiles. 3.- El poder, el concepto de ciencia y la clasificación de las mismas.

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Hubo un momento platónico, eminentemente subjetivo, fundado en las “facultades del alma”; luego, una tentativa objetiva pura; un monismo materialista y neokantismo que independiza las ciencias en que interviene el hombre con gestación histórica (del espíritu) de las ciencias que son un producto natural (naturales). Obviamente, el platonismo, aritotelismo, el positivismo y el neokantismo representan ideologías que son instrumentadas al servicio de diferentes intereses y estructuras de poder: el feudalismo, el asentamiento de las burguesías y la crisis de la “belle epoque” de este asentamiento El saber acerca de lo que es ciencia y de cómo se clasifican, está muy vinculado al poder, que manipula las filosofías para este fin. Así, resulta ingenuo plantear y responder la cuestión acerca de la unidad científica de la criminología conforme a un puro planteo científico que prescinda del encuadre filosófico y de la manipulación que el poder hace de ese encuadre. 4.- La gestación de las ciencias y del saber criminológico. Todos los conceptos “ciencia” y sus clasificaciones han resultado de diferentes momentos de poder en las sociedades centrales, impuestos a sus periferias. En consecuencia, puede afirmarse que responde a sucesivos pasos del avance de la sociedad industrial y por ende, son sistemas de ideas que han sido impuesto a nuestro márgenes, simplemente por formar parte de la estructura de poder mundial. Como es natural esto no nos autoriza a inventar “ciencias”, sino a manejarnos con un criterio un tanto más ingenuo en el saber, que es el criterio de necesidad. Creemos desde nuestro margen, que lo importante es establecer si existen ordenes de saberes necesarios para transformar nuestra realidad y cuáles son estos, sin entrar en disputas ideológicas vinculadas a conceptos de “ciencia” que vienen condicionado por la estructura de poder mundial. La necesidad de un saber se establece para nosotros en cuanto ese saber resulta útil para que el hombre de nuestro margen pueda desarrollar sus potencialidades humanas. El criterio par a hablar de desarrollo humano en este sentido son los derecho humanos, cuyo entendimiento es para nosotros mucho más unívoco de lo que se pretende. Desde este punto de vista, lo que se impone preguntarnos, por ende, es si existe o debe existir un “saber criminológico”, que nos sea necesario para impulsar la transformación de un aspecto de nuestra realidad con miras al impulso del desarrollo humano de los hombres de nuestro margen. 5.- La necesidad del saber criminológico en nuestro margen. Si observamos superficialmente nuestra realidad vemos que en nuestras sociedades hay una manifestación del control social que, si bien forma parte del control social general, se caracteriza por usar como medio una punición institucionalizada, esto es, por la imposición de un cuota de dolor o privación legalmente previstos.

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El carácter punitivo del control social no depende de la ley sino de la imposición material de una cuota de dolor o privación que no responde realmente a fines distintos del control de la conducta. El control social punitivo se ejerce sobre la base de un conjunto de agencias estatales que suele llamarse sistema penal. Podemos afirmar que hay un sistema penal en sentido estricto y también un sistema penal paralelo, compuesto por agencias de menor jerarquía y destinado formalmente a operar con una punición menor. Junto con el control social punitivo institucionalizado, los integrantes de sus propios segmentos, o algunos de ellos, llevan a cabo un control social punitivo parainstitucional o subterráneo, por medio de conductas no institucionales (ilícitas), pero que son más o menos normales en términos estadísticos. El aspecto institucional del control social punitivo se encuentra regulado por un conjunto de normas legales de diferente jerarquía. Existe un saber que ordena el discurso respecto de las normas. Son las diferentes ramas del saber jurídico punitivo que abarcan íntegramente el derecho penal, procesal penal y de ejecución penal. Los diferentes segmentos del sistema penal operan en forma que puede ser empírica (no tecnificada) o en forma tecnificada. Estos conocimientos o saberes aplicados pueden ser institucionalmente admitidos (en tanto sirven al control social punitivo institucionalizado) o no admitidos institucionalmente (cuando sirven al parainstitucional o subterraneo). Este cuadro descriptivo del control social punitivo quedaría incompleto sino incluimos la criminología teórica, que es el discurso que pretende explicar etiológicamente la criminalización y con ello supone que puede dar elementos teóricos necesarios para la prevención en los casos particulares (clínica criminológica) como también proveer los elementos para una planificación general preventiva.

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De la observación de todo este conjunto puede sacarse las principales características y resultado de su operatividad social: - que las normas institucionalizadas se cumplen en medida mínima - que este sistema cuesta un gran número de vidas humanas - que las personas que son criminalizadas perteneces a los estratos sociales inferiores - que el sistema penal tampoco respeta a las personas que integran sus segmentos. - Que el sistema mismo no es racional Todo esto no demuestra que en nuestro margen es necesario un saber que nos permita explicar: qué son nuestros sistemas penales, cómo operan, qué efectos producen, por qué y cómo se ocultan estos efectos, qué vínculo mantienen con el resto del control social y del poder, qué alternativas existen a esta realidad y cómo se pueden instrumentar. Nos resulta evidente la necesidad de interrogar a diferentes disciplinas científicas para averiguar si es posible cambiar el aspecto de la realidad constituido por nuestros sistemas penales, en forma que permita mejorar nuestra coexistencia, posibilitándola con un nivel inferior de violencia. En síntesis, para nosotros, la criminología es el saber que nos permite explicar cómo operan los controles sociales punitivos en nuestro margen periférico, qué conductas y actitudes promueven, qué efectos provocan y cómo los encubre, en tanto todo esto sea útil para proyectar soluciones alternativas menos violentas que las existentes y más adecuadas al progreso social Es necesario un saber que permite ayudar alas personas criminalizadas a reducir sus niveles de vulnerabilidad al sistema penal. Esa es la función de la criminología “clínica” desde nuestra perspectiva. Sería conveniente cambiarle el nombre a ésta y reemplazarlo por el de “clínica de la vulnerabilidad”, pues se trata de una inversión del planteo etiológico “bio-psico-social” de la conducta criminal a nivel individual, por un planteo etiológico “socio-psico-biológico” de la vulnerabilidad individual al sistema penal. En este sentido, no nos preocupamos por una etiología de la conducta criminal sino por una etiología de la vulnerabilidad, que reclama una clínica para revertirla. En este aspecto, las gastadas discusiones de la criminología etiológica sobre lo heredado y lo adquirido, deberán ser reemplazadas por otras que pasaran a ocupar la posición central: la distinción entre procesos deteriorantes previos a la intervención del sistema penal y procesos deteriorantes a cargo del sistema penal.

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En nuestra propuesta de realismo criminológico marginal, la criminología no desaparece, sino que, por el contrario, ser enriquece, cobrando un sentido diferente respecto de los criminalizados –como clínica de la vulnerabilidad- y ampliando su campo al personal del sistema penal en forma de clínica de la policización y clínica de la burocratización. La obvia dificultad que esta extensión presenta es que la clínica practicable por excelencia es la clínica de la vulnerabilidad, porque los criminalizados pueden percibir sus carencias, pero los policizados y menos aún los burocratizados, no toman conciencia de las mismas, porque toda la estructura ideológica se las puede mostrar como méritos profesionales. Esto es altamente demostrativo de la forma insidiosa en que opera el deterioro producido por esos procesos y especialmente la alta peligrosidad humana de ellos.

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