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Guerra y Droga en El Vrae

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las palabras

Ahora no hay nada… el Sendero ya no le hace daño al pueblo. Ahora, el Ejército y la Policía están solos”. No es exactamente así, dado que por lo menos los exDECAS del sur del valle, fundamentalmente en Pichiwillca, mantienen la colaboración con las Fuerzas Armadas y una hostil suspicacia hacia Sendero. Pero en el norte, es diferente. No es solo el cambio de actitud de Sendero lo que motiva esa neutralidad, sino la confluencia de intereses. Como escribí la semana pasada, la mayor parte de la gente en el VRAE prefiere no hablar en forma directa sobre el narcotráfico, pero hubo algunas personas que sí lo hicieron, bajo promesa de reserva de fuente en la mayor parte de los casos. Sendero no es, ni mucho menos, el único protagonista importante del narcotráfico en el VRAE, pero es un hecho que lo protegió y ganó dinero en el proceso. Mientras Espinoza estuvo en el ahora abandonado Bidón, pudo observar que todos los días pasaban por ahí cuatro o cinco grupos de unos diez “mochileros” (o cargachos, cada uno de los cuales lleva de diez a quince kilos de droga, en el método prevaleciente de contrabando hormiga de la cocaína desde el valle). Sendero les daba hospedaje y alimentación en Bidón, donde los mochileros tenían que entregar sus armas, y la carga, que quedaba en depósito. Ambas les eran devueltas a la salida. Pero Sendero cobraba un cupo por kilo de droga, como lo hacía también por cada tronco talado en su sector. No solo eso. Sendero protegía a varios cocineros (dueños u operadores de laboratorios de procesamiento de droga), que se encontraban con orden de captura. Ellos trabajaban en cocinas montadas dentro de su área de control y, por supuesto, pagaban a Sendero en dinero o especie.

Guerra y Droga en el VRAE
Escribe: GUSTAVO GORRITI

ALLE del VRAE.- En una de las calles principales de la bulliciosa, desordenada, inquieta y pobre Llochegua, se encuentra la casa y negocio de Vicente Kitazono, a quien sus hazañas en el pasado de lucha feroz contra Sendero Luminoso le valieron el apelativo de Samurai del VRAE. Los años y, quizá, los paradigmas dietéticos inspirados en Palacio de Gobierno, lo acercan ahora más a la imagen del Sumo-tori del VRAE.
Pero no es solo su actual rotundidad física la que da peso a su visión del Valle y sus problemas. Kitazono es uno de los pocos nisei que no piensa en el koseki. Hijo de japonés y huantina, su vida, dice, es su tierra, el VRAE, al que llegó a los 22 años. En los tiempos de la durísima guerra interna en el Valle, fue de los primeros en formar las unidades de autodefensa (con el legendario capitán EP “Amador” de Sivia, en 1983) que, unidas con los grupos del sur del valle en Pichiwillca, y conocidas luego como los DECAS, vencieron y expulsaron a Sendero Luminoso de su territorio. Los relatos de esas guerras de hace 25 años resuenan ahora, en contrapunto marcado con el presente. Es el mismo territorio y varios de los viejos protagonistas, pero ahí parecen acabar las semejanzas. Aquella fue una guerra campesina, con una participación relativamente marginal de la Fuerza Armada. En ésta, los campesinos de antaño miran de lejos el enfrentamiento entre Sendero Luminoso y la Fuerza Armada. ¿Por qué? Es que mucho ha cambiado entre una guerra y otra; y eso incluye al narcotráfico. “Llochegua era un caserío de no más de veinte casas”, recuerda Kitazono, “y se convirtió en un centro poblado por la necesidad de agruparse”. El número de muertos en los enfrentamientos fue altísimo, y muchos de ellos en combates cuerpo a cuerpo. Sin embargo –y esto es algo que no ha sido suficientemente estudiado– una de las 94
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“Si antes había cuatro o cinco duros (narcotraficantes) grandes en el Valle, ahora habrá 50 ó 60 medianitos”.
armas más eficaces que utilizaron los DECAS fue el darles a los senderistas capturados la oportunidad de cambiar de bando y pelear por ellos. “Se volteó a muy buenos `comandos`”, rememora Kitazono, entre ellos a quien terminó siendo uno de sus más importantes jefes militares, el comando “Sombra”, de Pichari. “El 85”, dice Kitazono, “Sendero no estaba en Viscatán sino en Canaire, que era su Leningrado”. Entonces se llegaba solo por bote. Los DECAS avanzaron por tierra y sorprendieron a un contingente senderista, maltrecho de un enfrentamiento reciente. “Fue un golpe de suerte”, dice Kitazono, “así tomamos Leningrado… luego, ellos desarrollaron Viscatán, que hasta entonces había sido un lugar de descanso”. ¿Y cómo están las guerras de hoy, cuán profundos son los rencores dejados por tanta muerte violenta en el pasado? Kitazono tiene cómo saberlo, pues el 2004 fue capturado por Sendero. Era al-

calde de Llochegua y fue a examinar una cañada profunda sobre la que planeaba construir un puente. El grupo fue capturado por un contingente de Sendero y conducido cerca de Unión Mantaro, “para conversar”.

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N el grupo de unos once secuestrados, “todos temían por mí”, dice Kitazono, a quien sería difícil confundir incluso en Tokio. El propio Kitazono se preparó en silencio para una muerte digna. Pero no pasó nada. El dirigente senderista “Iván” (Víctor Quispe Palomino), que comandaba el grupo, le dijo que nunca dispararían a gente desarmada, en marcadísimo contraste con el pasado. De hecho, luego de discutir sobre el proyecto, durante el cual los senderistas hablaron hasta sobre reforestación y la posibilidad de un “diálogo” con el gobierno de entonces, dejaron en libertad al grupo y les devolvieron los cuchillos de monte, machetes y hasta las retrocargas que habían llevado. Otra persona que tuvo una experiencia parecida es Marco Antonio Espinoza, presidente del CAD (Comité de Autodefensa) de Acón-Sivia. En 2007 llegó a la zona entonces controlada por Sendero, en Bidón, “para hacer un negocio de madera de quinacho”. Espinoza peleó en los DECAS desde muy joven y es muy conocido en la zona. “Me trataron bien”, dice, pese a que sabían perfectamente quién era. ¿Por qué? “Dijeron que los excesos del pasado eran responsabilidad de

Abimael y de Feliciano… que ellos quieren corregirlo, que nunca se van a chocar contra el pueblo”. ¿Por qué debe conocerse eso en detalle, incluso ahora cuando la Fuerza Armada ha ocupado todo el corredor selva-ande del Mantaro que antes controlaba Sendero? Porque el hecho es que ese grupo de Sendero tuvo éxito en lograr la neutralidad de las organizaciones de autodefensa en el norte del VRAE, que en el pasado fueron la razón fundamental de su derrota. Eso lo remachó el comando Otorongo, un veterano y ya retirado exlíder DECAS de Sivia, que ahora vive dificultosamente como carpintero y ebanista. “Antes era muy diferente”, dice Otorongo, “el pueblo se levantó todo contra el Sendero… todo estaba organizado, no había lugar para el Sendero, todos eran servicio de inteligencia.

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I el corredor de Unión MantaroBidón-Viscatán-Sanabamba era uno de los más transitados por el “hormigueo” narcotraficante en el VRAE, ¿qué ha pasado ahora que la Fuerza Armada consiguió tomar y controlar esa cadena de bases y reductos eslabonados? En cuanto al narcotráfico, no mucho. Luego de unos pocos días de incertidumbre, el precio de la coca, la pasta lavada y la cocaína han vuelto a su nivel, como referí la semana pasada. ¿Por qué? La respuesta podría concentrarse en una palabra: hormigueo. “Si antes había cuatro o cinco duros (narcotraficantes) grandes en el Valle, ahora habrá 50 ó 60 medianitos”, dice un agricultor con conocimiento de causa. “cada uno arma su cadena, con un capitalito para 200 o 300 kilos… no arriesgan más”. Si la salida por Bidón ya no existe, hay muchas otras rutas alternativas, a lo largo del Valle y a través de los frentes, por donde pulula el hormigueo. Y es en los nudos principales de acopio, fuera del valle, donde Sendero busca mantener presencia y fuerza. El sur de Oreja de Perro, en la provincia de La Mar, entre Chungui y el río Pampas, es uno de ellos. Ahí no hay presencia armada del Estado y, aparte de los pelotones senderistas, solo se encuentran bandas de asaltantes con armas largas y, de acuerdo con datos todavía no corroborados, grupos de narcomercenarios bien armados, que ya no dependen de Sendero para la seguridad de sus embarques. En el profusamente complejo escenario del VRAE, una cosa queda clara: con lo difícil que fue, la conquista de Viscatán es apenas un primer paso; y el desafío que enfrenta el Estado, es ■ formidable. Feliz año nuevo.
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