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Julio Cotler. Obras Escogidas Vol. 1

Julio Cotler. Obras Escogidas Vol. 1


Julio Cotler. Obras Escogidas Vol. 1

Longitud:
404 páginas
8 horas
Publicado:
11 feb 2022
ISBN:
9786123261573
Formato:
Libro

Descripción

El lector tiene entre sus manos el primer volumen de las Obras Escogidas de Julio Cotler dedicado a sus estudios tempranos sobre las relaciones entre mundo rural y el régimen político. Los textos abarcan de 1957 a 1970 y ya en ellos se percibe la intersección entre antropología y ciencia política que marcaría toda su carrera. Por primera vez aparece una metáfora que resultará clave en su interpretación de la sociedad peruana: el triángulo sin base. Cotler sostiene que el campesinado, y por extensión las clases populares, carecen o poseen muy débiles vínculos horizontales, lo que les impide actuar de forma coherente con sus intereses. Por el contrario, su encuadre social estaría definido por vínculos verticales que permiten a las élites ejercer el poder mediante estrategias de clientelismo y patronazgo. Esta caracterización de la sociedad peruana es fruto de una mirada profunda a las estructuras y las dinámicas de las clases sociales en el país. Revela asimismo una de las virtudes de Cotler como intelectual: su capacidad para sintetizar investigaciones específicas en conceptos de validez general.

Publicado:
11 feb 2022
ISBN:
9786123261573
Formato:
Libro

Sobre el autor


Vista previa del libro

Julio Cotler. Obras Escogidas Vol. 1 - Julio Cotler

portadilla

Caracas-Venezuela (1961-1962) En el escritorio de la casa de un amigo cubano.

Serie: Perú Problema, 67

ISBN de la colección: 978-612-326-151-1

© IEP Instituto de Estudios Peruanos

Horacio Urteaga 694, Lima 15072

Telf.: (51-1) 200-8500

Correo-e: libreria@iep.org.pe

www.iep.org.pe

ISBN eBook: 978-612-326-157-3

Primera edición Digital: Lima, febrero de 2022

Hecho el depósito legal en la Biblioteca Nacional del Perú: 2021-12303

Registro del proyecto editorial en la Biblioteca Nacional del Perú: 31501132100592

Compilador de la colección: José Luis Rénique

Diseño de carátula: Apollo Studio

Composición de carátula: Gino Becerra

Asistente de edición: Yisleny López

Diagramación: Silvana Lizarbe

Corrección: Diana Zapata

Fotografías: Archivo familiar de Julio Cotler

Cuidado de edición: Odín del Pozo

Queda prohibida la reproducción del contenido por cualquier medio mecánico o digital sin permiso del Instituto de Estudios Peruanos.

Cotler, Julio, 1932-2019

La dominación interna en el Perú (volumen 1). IEP, 2021. (Perú Problema, 67)

1. CAMBIO SOCIAL; 2. COMUNIDADES CAMPESINAS; 3. SOCIEDAD RURAL; 4. DOMINACIÓN; 5. PERÚ

W/02.041.01/P/67

Índice

Presentación. Por Natalia González

Introducción. Por José Luis Rénique

1. Julio Cotler: A los judíos nos insultaban, había que soportar la incertidumbre

2. Los cambios en la propiedad, la comunidad y la familia en San Lorenzo de Quinti

3. La mecánica de la dominación interna y del cambio social

4. Actuales pautas de cambio en la sociedad rural del Perú

5. Alternativas de cambio en dos haciendas algodoneras

6. Haciendas y comunidades tradicionales en un contexto de movilización política

7. Estructura social y Reforma Agraria

8. Organizaciones campesinas en el Perú

Bibliografía

Presentación

Desde que fuera fundado en 1963, quienes trabajamos en el Instituto de Estudios Peruanos ( IEP ) nos hemos abocado a contribuir al conocimiento del país desde las ciencias sociales. En este esfuerzo nos acompañó Julio Cotler durante casi cinco décadas. Durante todo el tiempo, Cotler fue un símbolo de nuestro compromiso con el Perú. A lo largo de su vida nos enseñó que la investigación científica nace y se desarrolla en un ambiente plural, sin encerrarnos en marcos conceptuales o ideológicos, sino en el diálogo entre distintos puntos de vista. El conocimiento surge del debate, de la crítica y la interrogación permanente. Este fue el punto de partida de su trabajo y hoy en el IEP seguimos plenamente identificados con el desafío que nos propuso.

Son innumerables las razones que nos animan a publicar las Obras Escogidas de Julio Cotler. Además de ser uno de nuestros principales investigadores, contribuyó a inspirar y nutrir el desarrollo de nuestro trabajo colectivo. Como director general condujo nuestra institución y un difícil periodo de modernización institucional, donde todas las posturas eran bienvenidas. Son esas, y muchas otras, las razones que animan al IEP a publicar esta colección, con gratitud por lo aprendido y con el objetivo de que también las siguientes generaciones de científicos sociales peruanos conozcan el legado que Cotler nos dejó.

Es importante anotar que el trabajo y la reflexión de Cotler tuvo una perspectiva interdisciplinaria. Su formación académica comenzó en la antropología, que nunca estuvo ausente en su mirada, pero también trabajó con las herramientas de la sociología y analizó tanto la coyuntura como el largo plazo. La dimensión histórica fue fundamental en su investigación y le permitió construir un sólido punto de vista. La fortaleza de su pensamiento deriva precisamente de su capacidad para combinar las distintas ciencias sociales y hacer de ellas un todo integrado. Fue de esta manera que su obra contribuyó de manera determinante al desarrollo de las ciencias sociales en el Perú.

Las Obras Escogidas comprenderán siete tomos que se publicarán a razón de uno o dos anuales durante los próximos años. Comienzan con este volumen que el lector tiene en sus manos, dedicado a los estudios tempranos de Cotler sobre las relaciones entre mundo rural y el régimen político. Ya aquí se percibe la intersección entre antropología y ciencia política que marcaría toda su carrera. Entre otras cosas, vemos la temprana aparición de una metáfora que resulta clave en su interpretación de la sociedad peruana: el triángulo sin base. Cotler sostiene que el campesinado, y por extensión las clases populares, carecen de o poseen muy débiles vínculos horizontales, lo que les impide actuar de forma coherente con sus intereses. Por el contrario, su encuadre social está definido por vínculos verticales que permiten a las élites ejercer el poder mediante estrategias de clientelismo y patronazgo. Esta caracterización de la sociedad peruana era fruto de una mirada profunda a las estructuras y las dinámicas de las clases sociales en el país. Revela asimismo una de las virtudes de Cotler como intelectual: su capacidad para sintetizar investigaciones específicas en conceptos de validez general.

El segundo volumen de las Obras Escogidas se centrará en el libro más famoso de Julio Cotler, que hasta hoy continúa siendo un referente de las ciencias sociales peruanas. Clases, Estado y nación en el Perú ofrece una mirada global sobre la historia del país. Nuevamente es una obra interdisciplinaria, en esta ocasión una combinación de sociología e historia; concebida inicialmente como sección introductoria de un estudio sobre Velasco, se transformó en una interpretación integral del pasado nacional. Cotler debe buena parte de su carrera a este libro que ha tenido numerosas ediciones. Las Obras Escogidas incluirán una serie de textos complementarios que permitirán comprender su larga influencia en las ciencias sociales peruanas.

Los siguientes volúmenes se centrarán en las investigaciones realizadas en las últimas décadas por Julio Cotler sobre la sociedad peruana, el autoritarismo y la democracia. Un tema constante de reflexión es la precariedad y fragilidad social que dificulta la consolidación de la democracia y explica la propensión de la sociedad peruana por las opciones verticales. La persistencia de coaliciones autoritarias cívico-militares sería una respuesta frente a la debilidad institucional de una sociedad altamente atomizada, que no logra consolidar un régimen de convivencia democrática. El análisis contenido en estos volúmenes está acompañado de una propuesta axiológica, ya que Cotler busca los fundamentos de una democracia incluyente y solidaria.

El programa de las Obras Escogidas que hoy iniciamos incluye también un repaso a las investigaciones de Julio Cotler sobre el conjunto de la región latinoamericana y el papel que en ella juega el Perú. Para Cotler esta era una manera más de indagar sobre nuestro país: averiguar qué era lo que el Perú compartía y qué era lo que lo singularizaba frente a las naciones vecinas. Sus intereses se ubicaban en el terreno comparativo y nuevamente hacía uso en sus estudios de una variedad de acercamientos, incorporando las relaciones internacionales para observar al país desde fuera.

Todo esto no debe llevarnos a olvidar un punto central de la trayectoria de Julio Cotler: su condición de intelectual público. La amplitud de sus estudios generó reconocimiento ciudadano y los medios de prensa lo buscaban con regularidad. Interesaba su opinión sobre el momento en que vivía el país y sus ideas ayudaban a precisar la agenda nacional. Sus opiniones tenían el don de leer la coyuntura como síntesis de múltiples variables, buscando siempre en las ciencias sociales el trasfondo de los fenómenos epidérmicos. Gracias a ello, Cotler adquirió una relevancia singular como líder de opinión. Su actitud consistente le valió numerosos problemas, e incluso su deportación del país durante la dictadura militar, pero también propició un genuino interés ciudadano por conocer su parecer.

Este último punto fue clave en su vida intelectual: la noción de ciudadanía. Un principio planteado por la generación de fundadores de la república, pero que quedó postergado para dar paso a la continuidad de la discriminación interna. Sin embargo, en los últimos cincuenta años parece que las cosas comienzan a cambiar. Progresivamente la igualdad ante la ley y los deberes sociales han ido encontrando su lugar al lado de los derechos y libertades, aunque aún persistan importantes problemas y formas de discriminación. Cotler estuvo muy involucrado en esta expansión de la ciudadanía porque entendía que constituye el principal fundamento de una república. Por ello, en el año del Bicentenario, supone para el IEP un orgullo presentar estas Obras Escogidas de Julio Cotler, que seguirán haciendo su camino para lograr la reconciliación del Perú consigo mismo.

Natalia González

Directora General, IEP

Introducción

José Luis Rénique

Entre sus compatriotas que vivieron los años finales de la autocracia de los años noventa y la lucha por adecentar la política peruana que prosiguió, la presencia mediática de Julio Cotler es una memoria ineludible. De sus ensayos tempranos a sus entrevistas finales, su disposición a poner su notable acumulación académica al servicio de la crítica del presente fue, en verdad, un rasgo característico de su accionar; su voluntad, vale decir, para discutir a viva voz aquello que la mayoría prefería eludir tanto como para vislumbrar posibles alternativas en momentos de entrampe y desmoralización. De ahí que, eventualmente, hasta sus detractores le reconocieran como una de las voces intelectuales más influyentes de su generación; una suerte de oráculo político, más aún, que periódicamente remecía el ambiente con sus punzantes declaraciones.

Si su agudo sentido sociológico y una vasta cultura histórico-literaria le permitían enmarcar de manera óptima sus análisis de coyuntura, su formación como politólogo le facilitaba penetrar los diversos pliegues de las disputas en torno al poder. No perdió nunca, además su distintiva sensibilidad antropológica: efectivo antídoto contra los riesgos de una rigidez excesiva en el examen de una realidad en crónico estado coloidal. Inasible, entonces, por definición. Cosmopolita como era, el desafío de entender el Perú era, por otro lado, su mayor motivación. Reto para el que le había preparado una singular trayectoria vital que le había enseñado el valor de mirar el mundo desde el Perú y viceversa. Que le había equipado, asimismo, con una distintiva aversión contra aquello que González Prada denominara como el pacto infame de hablar a media voz, tan característico del medio local. Condición necesaria para desempeñar a cabalidad su papel como intelectual público.

Hasta el final lamentaría no haber teorizado todo lo que hubiese deseado aquel variado repertorio de enfoques que había desarrollado en su cotidiano forcejeo con la compleja realidad peruana. Acaso le ganó la urgencia de compartir con sus usualmente desconcertados conciudadanos sus muchas veces acérbicos, pero siempre honestos, diagnósticos sociopolíticos; condensados críticos que remitían a lo que un periodista local denominó como su legendario pesimismo. Poco autobiográfico como era, alguna pista dejaría del sustrato existencial que le animaba. Así, en el prólogo de lo que vendría a ser su más importante trabajo (Clases, Estado y nación en el Perú, Lima: Instituto de Estudios Peruanos, 1978), Cotler afirmaría que encontrar un camino para dejar de ser forastero en este país era, de esa obra, objetivo fundamental. En torno a esa búsqueda personal, efectivamente, se construyó como intelectual. Desde que, con menos de veinte años, a fines de la década de 1940, optara por la Etnología como el vehículo para conocer el Perú. El país al que —como peruano de primera generación— ansiaba integrarse a plenitud. Una historia subterránea que, más allá del rigor académico, marcaría sus textos con un singular fragor inquisitivo. Un sello propio que, quienes le conocimos, quisiéramos que sus futuros lectores tengan en cuenta al descubrir sus textos. A aportar en ese cometido apunta la presente introducción.

I

En conjunto, los ensayos que integran este volumen delinean la aproximación inicial de Julio Cotler a nuestra sociedad rural, tema en que habría de anclarse, a su vez, su visión del proceso de construcción nacional tal como habría de exponerlo en Clases, Estado y nación en el Perú, libro publicado en 1978 del que nos ocuparemos en el segundo volumen de esta colección. Textos, vale decir, que proporcionan el contexto básico para una lectura crítica de esa obra fundamental. De ahí que, en términos cronológicos, este volumen cubra el periodo clave de su trayectoria: de su llegada a la Universidad de San Marcos a finales de la década de 1950 a los años iniciales de la Reforma Agraria velasquista, una década después.

Destaca, entre ambos momentos, La mecánica de la dominación interna y del cambio social en el Perú, hito decisivo en su producción. Y expresión, asimismo, de una síntesis crucial: de su inicial experiencia de campo en Huarochirí, bajo la dirección de José Matos Mar, de lo aprendido a través de su primer periplo en el exterior con François Bourricaud, en la Universidad de Burdeos, y de su primera incursión en el medio académico norteamericano, en el Massachussets Institute of Technology-MIT. Es evidente que comprender la política peruana allende las actividades de sus operadores capitalinos, desde la perspectiva del sistema de dominación vigente a través del país, sería uno de los grandes aportes de Cotler a la comprensión del Perú como la república andina que es. De ahí la alusión a ese célebre ensayo en el título de este volumen.

Finalmente, resulta indispensable insertar ese derrotero académico-intelectual en el curso de la singular trayectoria vital de Julio Cotler. En el hecho incontrastable, para comenzar, de su origen migrante. Perspectiva desde la cual, el periodo que este volumen abarca debería verse como el de su propio descubrimiento del Perú; hecho clave, por cierto, en la forja de su singular visión de país, una visión en la cual los aspectos culturales y étnicos del proceso de construcción del Perú como nación reciben particular atención. De una manera propia, no obstante, diferente de la matriz indigenista muy presente en la vertiente antropológica en que Cotler había sido formado. Siendo él, sin embargo, un autor poco autobiográfico, escasos detalles al respecto solía compartir. Aunque también cabría decir que, sintiéndolo tan nuestro o siendo el medio peruano tan poco expuesto al fenómeno migrante, pocos se animaran a preguntarle sobre sus experiencias al respecto. Buscamos llenar ese vacío recurriendo, como inicio de este volumen, a un texto en el que, inusualmente, escuchamos la voz de Julio hablando sobre su infancia y juventud a través de una entrevista realizada por el historiador Antonio Zapata.

II

Primer hijo nacido en el Perú de una familia judía arribada en 1929, creció relativamente arropado por un barrio (Breña) y un colegio (Anglo-Peruano, después San Andrés) donde la presencia de sus paisanos no era un hecho completamente inusual (Trahtemberg 1989: 25). Me sirvió mucho en la vida crecer en un barrio donde todos éramos amigos, el hijo del portero, del carpintero y nosotros, con toda naturalidad, le diría a Antonio Zapata en una entrevista (2012) que abre este volumen. Del hogar —reveló a Martín Tanaka posteriormente— provenía su gusto por la lectura, por la polémica, por la historia. Que sus padres eran de tendencia izquierdista, añadiría; fuente, asimismo, de la inclinación antiautoritaria que le caracterizaría a lo largo de toda su vida. Una rica socialización, en suma, aparejada con amargas memorias vinculadas, por cierto, a la situación que se vivía en la tierra de sus antepasados. Un drama que había comenzado con el nacer del siglo para llegar a su punto más álgido cuando la dictadura pronazi de Ion Antonescu se propuso una radical purificación de la nación rumana que incluía la erradicación de los judíos de las provincias de Bucovinia y Besarabia (repartida entre Rumania y Ucrania la primera e incorporada a Moldavia la segunda), de donde ellos procedían (Solonari 2006).

Siete años tenía cuando comenzó la contienda mundial que, comprensiblemente, habría de marcar su vida. Seguíamos la guerra día a día, recordaría Cotler en la conversación con Tanaka. De puertas afuera, entretanto, se envenenaba el ambiente con rumores de corte racista: nos insultaban por todas partes, había que aprender a soportar la incertidumbre de los tiempos, rememoró en su diálogo con Zapata. En los espacios en que se desarrollaría su socialización encontraría, no obstante, los elementos para procesar las angustiosas noticias provenientes de Europa. En el hogar, naturalmente, donde la contienda se vivía como un asunto propio; en el colegio Anglo-Peruano (posteriormente San Andrés) donde, asimismo, la procedencia británica de muchos profesores y el origen migrante (chinos, japoneses, judíos) de un número significativo del alumnado incentivaba la discusión sobre el tema. Y la presencia, por cierto, de la Unión Israelita, cercana a su casa, en el distrito de Breña, donde —entre el esparcimiento y la formación religiosa— Cotler experimentaría un primer y frustrante contacto con la política mundial por la vía de una primera y única aproximación al movimiento sionista.

Una composición escolar, escrita en el contexto del fin de la guerra, nos aproxima al sentir de ese joven que, por ese entonces, debía lidiar —desde Lima— con temas de proporciones universales mientras buscaba forjarse una identidad propia; y que ilustra, asimismo, la inclinación de Julio a ver su vida en el marco de la humanidad. Unos 13 o 14 años debió tener cuando escribió aquel texto —titulado Mi ideal— que, por cortesía de sus familiares, hemos podido leer. Quiero ser feliz, pero a mi modo, sostuvo ahí. No con millones o satisfacciones materiales, sino luchando por mis semejantes: negros, amarillos, blancos, pobres y ricos —que, a veces, son los más desdichados—, enseñándoles que están equivocados.

Porque, ya para ese entonces, aquel adolescente que firmaba Isaac Cotler afirmaba ser parte de la Sociedad Humana. Y si bien esta se dividía en una serie de grupos llamados por el hombre nacionalidad, no era él un chauvinista. Que, si bien todo hombre tenía el imperativo de ayudar a su propio grupo, debía hacerlo ayudando a la vez a todos los seres humanos. De ahí que, si bien lucho por todos los medios para lograr que la nacionalidad judía consiga un establecimiento democrático, sabía que ese logro significaría un gran paso hacia la felicidad humana. Porque siendo que todos somos uno solo, mientras exista un esclavo en la tierra, yo no seré libre. Porque yo sé —subrayaba a continuación— que si en Malasia existen seres que viven luchando, yo debo compartir su lucha porque si son derrotados, su derrota tendrá influencias hasta Suiza. Porque, a fin de cuentas, todos —la Humanidad, vale decir— somos uno solo, pero con extremidades, costillas, músculos, huesos, etc. Una lucha que, en su propio caso, iba a requerir mayores sacrificios que una persona que por generaciones atrás ha vivido en el Perú, dado que, por ser judío encontraré murallas que para otros será imposible de derribar pero que, con mi fe y esperanza estaba seguro de poder superar.

En Betar, una organización juvenil sionista a la que se afilió por aquellos años, Cotler esperaba darle curso a esa pasión juvenil. Originada en Letonia, en los años veinte, su fundador —Vladimir Jabotinsky— aspiraba a crear un tipo judío, ese que se requería para transformar a un pueblo sometido en una nación que conoce el rifle, orgullosa, generosa y cruel. Forjar, vale decir, una organización centrada en la ideologización de la juventud, que repudiaba la asimilación y sus consecuentes modas —el socialismo en particular— en pos de canalizar las energías de su pueblo hacia el renacimiento del Estado Judío con mayoría judía a ambos lados del río Jordán (Naor 2011). Una alternativa nacionalista radical forjada, al parecer, bajo la influencia del fascismo italiano (Brenner 1983-1984).

Betar había tenido un importante crecimiento durante el decenio previo a la guerra. Prácticamente destruida por los efectos de la solución final nazi, reapareció a través de América Latina en los años de posguerra. Su énfasis en las actividades deportivas y los campamentos que organizaba atrajeron a muchos jóvenes idealistas como Cotler, deseosos de contribuir a la forja de un hogar nacional para los judíos del mundo en la antigua tierra prometida judaica (Jewish Virtual Library s. f.). Eventualmente, Betar iría afirmando sus rasgos milicianos.

Julio, entretanto, había alcanzado un puesto de liderazgo en la filial limeña de Betar.¹ Diversos eventos, no obstante, le hicieron repensar dicha afiliación. De hecho, las noticias enviadas por sus primeros compañeros en partir hacia Palestina eran reveladoras. Se referían no solamente al mal final de su expedición (confinados en un campo de prisioneros en Chipre manejado por los británicos), sino su alineamiento, en el terreno, con la derecha sionista a un grado que, quizás, jóvenes como él no habían calibrado a plenitud desde la lejana Lima. Una decisión que, por alguna razón, no se limitaría a un alejamiento del ideal sionista; que implicó, más aún, una ruptura con su comunidad: Nunca más volvería a la sinagoga, diría Cotler muchos años después, transmitiendo en sus gestos y en su tono de voz el peso, la trascendencia, que aquella decisión habría de tener en su vida. Fue —continuó— un acto deliberado, rotundo. Pretendía, más aún, que no quedara duda alguna de su decisión, demostrar que era público y notorio que ya no tenía relaciones con ellos. Tenía 17 años y era 1949, el año en que ingresó a la Universidad de San Marcos: una estación decisiva de su descubrimiento del Perú.

III

Con la sombra del exilio como trasfondo entró Julio a la vida adulta. Un ardiente deseo de emanciparse del medio familiar impulsaba su búsqueda personal. Aprovechó el cierre de su alma máter —por orden del régimen militar que había derrocado al gobierno del Frente Democrático Nacional en octubre de 1948— para proseguir estudios en Arequipa. Buscó sostenerse con base en pequeños empleos, en la compañía lechera Gloria y, posteriormente, en la radio de la Universidad. Coincidió su presencia en la Ciudad Blanca con un levantamiento contra la dictadura militar; el impacto de aquella experiencia tendría importantes repercusiones para él. Se afilió, a su retorno a Lima, a la organización estudiantil del Partido Comunista Peruano. Conocería la prisión y un singular exilio interno en la ciudad de Huancayo, por cortesía de Alejandro Esparza Zañartu, director de Gobierno y hombre de confianza del dictador Odría. Era una época —recordaría Mario Vargas Llosa— en que los jóvenes vivían en una sociedad embotellada. Un medio en que la censura, la represión y la corrupción rampante generaban un clima de cinismo, apatía y podredumbre moral (Vargas Llosa 2008). Fue el contexto en que, de la mano de José Matos Mar, Cotler descubrió el vehículo que le conduciría al encuentro con ese país real, campesino, indígena, al cual ansiaba integrarse: la antropología.

Como alumno sanmarquino, lo encontramos a inicios de los años cincuenta en el Archivo Arzobispal, examinando legajos sobre juicios de hechicería correspondientes a Huarochirí. Participaban los futuros etnólogos en un estudio de tipo descriptivo en esa provincia de la sierra de Lima. Detectar rezagos de magia y hechicería, así como todas las formas culturales de tipo tradicional que pudieran existir en la zona, era su tarea (Cotler 1959). Aplicaban el enfoque etnohistórico de Luis E. Valcárcel (1949, 1950) que, bajo la dirección de su más aplicado pupilo —José Matos Mar— convergió en los años cincuenta con la propuesta de antropología aplicada promovida en el Perú por diversas entidades educativas estadounidenses.

Su presencia misma en la comunidad generó vínculos inesperados. Así, a raíz de la creación, en 1954, del Colegio de Instrucción Secundaria Antonio Bentín en Huarochirí, personeros de las comunidades locales solicitaron al Instituto de Etnología de la Universidad de San Marcos que tomásemos la responsabilidad de dirigir dicha entidad al mismo tiempo que realizábamos nuestros trabajos de campo (Cotler 1959). Con el visto bueno de sus profesores, asumieron la responsabilidad. San Lorenzo de Quinti, sede de su investigación de tesis, quedaría en el recuerdo de Cotler como su primer encuentro con una dimensión del país que ansiaba comprender.

De las aulas sanmarquinas, su encuentro con el joven profesor francés François Bourricaud (1922-1991), llegado al Perú gracias a un convenio con Unesco en 1956 (Salazar 2007), sería otro legado crucial. En contraste con el enfoque de Valcárcel —que veía en las comunidades indígenas, en tanto derivadas de los antiguos ayllus, la máxima expresión de supervivencia precolombina, sobre la base de sus investigaciones en Puno—, Bourricaud introdujo una visión presentista, funcional, que capturaría la imaginación del estudiante Cotler. Así, bajo su influencia, optó por centrarse en los cambios en la distribución de la propiedad de la tierra como criterio para analizar el cambio social en la región. Justificaría en su tesis de bachiller que la desviación de la intención primaria de tipo descriptivo se debía a la necesidad de llegar a una cabal comprensión de las situaciones funcionales entre diversas estructuras. Partir, en suma, de la base productiva era la más efectiva opción (Bourricaud 1967a).²

Si Valcárcel y Matos Mar habían sido su puente hacia el interior andino, Bourricaud lo sería hacia la sociología, introduciendo por ejemplo, la obra de Talcott Parsons, de la que el académico francés era un especialista. Es evidente la huella de sus enseñanzas en la producción de Cotler: la atención al nivel sistémico, para comenzar, en su afán por comprender la dinámica de la localidad, trascendiendo la noción de área cultural y buscando la raíz del cambio social en su interacción con la penetración del mercado. Y, a nivel activo, dinamizador, en el papel jugado por actores sociales que modifican actitudes, normas y valores con el fin de sostener niveles de integración. Cambios que redundan en transformaciones de fondo en la estructura misma de la propiedad comunal (Bourricaud 1981).

Cuando, en 1957, partió Cotler a realizar estudios doctorales en Francia, la sociología —frente a la antropología— era, prácticamente, su opción definitiva. Su vida personal, asimismo, había tenido un cambio fundamental: se había casado con Leonor Avalos. De hecho, Pablo, su primogénito, nacería en París al año siguiente. Helena (Lima, 1961), Andrés (Caracas, 1964) y Angelina Cotler Avalos (Lima, 1968) vendrían después.

De la seudoformación académica³ recibida en su alma máter limeña a una facultad de la Universidad de Burdeos, que había tenido nada menos que a Emil Durkheim entre sus forjadores, el salto sería notable. Adquirió ahí los elementos que estructuraron su visión analítica. Mientras, en el plano político, acontecimientos como la invasión soviética de Hungría o los debates entre Jean Paul Sartre y Raymond Aron —del destino de Argelia a la vigencia del pensamiento de Marx— ampliaron decisivamente sus horizontes. El tema de su tesis doctoral, por otro lado —La adaptación de los españoles en Francia⁴—, refleja el proceso de autorreflexión que le suscitó el cruce del Atlántico: el influjo, vale decir, de aquel desarraigo heredado suyo pareció recrudecer en esas circunstancias. Conocedor de esas inquietudes, Bourricaud le propuso un tema afín a estas.

En 1961, con paradas en Caracas y Boston, se inició para la familia Cotler Avalos el retorno al Perú. Aprendizajes fundamentales conllevarían ambas experiencias. Su participación en el estudio sobre la estructura del poder, promovido por el Centro de Estudios del Desarrollo (CENDES) de la Universidad Central de Venezuela, vinculó al debate sobre el desarrollo en curso a través de la región; la oportunidad, asimismo, de conocer de cerca las incidencias de la Guerra Fría latinoamericana llevada a su clímax por la Revolución cubana, escenario en el cual, la riqueza petrolera venezolana aparecía como un tema de enorme gravitación estratégica: ¿recurso para la inminente revolución continental que la victoria castrista anunciaba o pilar de la revolución en democracia que Washington preconizaba tras el fiasco de Bahía de Cochinos? Lucha armada y Alianza para el Progreso se confrontaban en la patria de Bolívar.

Al amparo del Pacto de Punto Fijo —que consagraba el reparto del poder entre los principales partidos políticos venezolanos— y con la promesa de una rápida modernización respaldada por el ingreso petrolero, llegaba al poder en 1959 Rómulo Betancourt. Una alternativa socialdemócrata preconizaba su partido: Acción Democrática. A su concreción debía aportar el proyecto del CENDES mediante el fortalecimiento de una Oficina de Planificación que coadyuvara —superando una visión economicista— a esclarecer la factibilidad social, cultural y política de los planes de desarrollo; prestando atención, para tal efecto, a todo aquello que las ciencias sociales del Norte concebían como el componente irracional de los procesos políticos latinoamericanos: la constitución de los sectores dirigentes de la sociedad muy en especial (Cotler 1968a).

¿Sería capaz el liderazgo socialdemócrata de concretar la promesa de una opción civil independiente de los caudillos, estableciendo, para

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