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valoraciones:
3.5/5 (8 valoraciones)
Longitud:
670 páginas
Editorial:
Publicado:
10 dic 2021
ISBN:
9788418870507
Formato:
Libro

Descripción

EL LIBRO MÁS EXPLOSIVO DE LA PRESTIGIOSA CARRERA DE BOB WOODWARD, LA LEYENDA DEL PERIODISMO AMERICANO QUE DESTAPÓ EL WATERGATE.

La transición del presidente Donald J. Trump al presidente Joseph R. Biden Jr. es uno de los períodos más peligrosos de la historia de Estados Unidos.

Pero como revelan por vez primera el ganador del Premio Pulitzer Bob Woodward y el aclamado reportero Robert Costa, se trataba de mucho más que una simple crisis política interna.

Woodward y Costa entrevistaron a más de 200 personas en el centro de la confusión, lo que resultó en más de 6.000 páginas de transcripciones y un retrato fascinante y definitivo de una nación al borde del abismo.

Este estudio clásico de Washington lleva a los lectores a lo más profundo de la Casa Blanca de Trump, la Casa Blanca de Biden, la carrera electoral de 2020, al Pentágono y al Congreso, con vívidos relatos de testigos presenciales de lo que realmente sucedió.

Peligro se complementa con material nunca antes visto de órdenes secretas, transcripciones de llamadas confidenciales, diarios, correos electrónicos, notas de reuniones y otros registros personales y gubernamentales, lo que lo convierte en una historia incomparable.

También es la primera mirada al interior de la presidencia de Biden mientras enfrenta los desafíos de su vida: la continua pandemia mortal y un mundo plagado de amenazas bajo la sombra oscura y flotante del ex presidente Trump.

"Tenemos mucho que hacer en este invierno de peligro", declaró Biden en su toma de posesión, un evento marcado por una alarma de seguridad angustiosa y la amenaza del terrorismo nacional.

Peligro es la extraordinaria historia del fin de una presidencia y el comienzo de otra, y representa la culminación de la trilogía de Bob Woodward, junto con Miedo y Rabia, sobre la presidencia de Trump. Y es el comienzo de una colaboración con el también reportero del Washington Post Robert Costa que recordará a los lectores la cobertura de Woodward, con Carl Bernstein, de los últimos días del presidente Nixon.

Lo que ha dicho la crítica:

«Lo que es tan estimulante, estresante e importante de este nuevo libro es lo que revela sobre lo peor que era de lo que sabíamos, lo más cerca que estuvimos de un desastre real de lo que habíamos conocido hasta ahora.» Rachel Maddow, MSNBC

«El libro detalla cómo la presidencia de Trump se derrumbó esencialmente en sus últimos meses en el cargo, particularmente después de su derrota electoral y el inicio de su campaña para negar los resultados.» Michael S. Schmidt, The New York Times

«Sabemos que el período entre las elecciones y la investidura fue una época de gran agitación interna. Y lo que hace Peligro es que muestra que esto también fue una grave crisis de seguridad nacional.» Isaac Stanley-Becker, NPR

«Nuevos detalles explosivos sobre las acciones del expresidente Donald Trump en torno a las elecciones del año pasado y la insurrección de enero.» PBS

«Los extractos del libro de Woodward / Costa en The Washington Post y CNN hacen que las operaciones de la administración Trump en enero de 2021 parezcan una mezcla desconcertante de El Rey Lear e Historia de la decadencia y caída del Imperio romanoOlivier Knox, The Washington Post

«Como una entrega de una franquicia inmortal de Marvel, a pesar de todo su espectáculo, Peligro termina con una desalentadora sensación de prólogo.» John Williams, The New York Times

Editorial:
Publicado:
10 dic 2021
ISBN:
9788418870507
Formato:
Libro

Sobre el autor

Bob Woodward is an associate editor at The Washington Post where he has worked for 50 years. He has shared in two Pulitzer Prizes, one for his Watergate coverage and the other for coverage of the 9/11 terrorist attacks. He has authored 20 national bestselling books, 14 of which have been #1 New York Times bestsellers.


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Peligro - Bob Woodward

1

Casi cuatro años antes, Joe Biden estaba en su casa de la playa de Rehoboth, en Delaware, el fin de semana del 12 de agosto de 2017, y oyó hablar al presidente Trump por televisión. El presidente insistía en que las violentas reyertas entre una manifestación de supremacistas blancos y los contramanifestantes en Charlottesville, Virginia, eran culpa de ambos bandos.

Ante cuatro banderas americanas¹⁷, en su club de golf de Nueva Jersey, Trump declaró que había «odio, fanatismo y violencia en muchas partes, en muchos bandos».

Indignado, Biden cogió el teléfono y llamó a Mike D., Mike Donilon, su consultor político más cercano, que con cincuenta y nueve años tenía el aspecto y los modales de un sacerdote de parroquia¹⁸. Pelo gris, cejas pobladas, gafas, voz suave…

Como Biden, Donilon se había criado en una familia católica irlandesa. Su madre era organizadora en el sindicato local¹⁹ del Sur de Providence, Rhode Island, y su padre presidente de la junta escolar. Durante más de cuatro décadas se había convertido en el consejero de cabecera de Biden, una mezcla de los dos consejeros de John F. Kennedy: su hermano menor y estratega, Robert F. Kennedy, y Theodore Sorensen, el forjador de sus palabras.

Donilon salió al porche de la parte trasera de su casa porque su móvil tenía mala cobertura dentro de su hogar de Alexandria, Virginia.

En las cadenas de noticias reproducían sin parar unos vídeos agitados de los nacionalistas blancos. Muchos llevaban antorchas encendidas, y salmodiaban: «Los judíos no nos reemplazarán», y el eslogan nazi: «Sangre y tierra».

Marcharon desafiantes por el campus de la Universidad de Virginia justo antes del mitin «Unite the Right», protestando contra la eliminación de una estatua gigantesca del general confederado Robert E. Lee.

Heather Heyer, una contramanifestante de treinta y dos años²⁰, fue asesinada el 12 de agosto en los enfrentamientos que todavía se producían, y un hombre que se consideraba antisemita arrolló con su Dodge Challenger a una multitud del centro que llevaba pancartas en las que ponía AMOR, SOLIDARIDAD y BLACK LIVES MATTER.

—Tengo que decir algo públicamente sobre esto —le dijo Biden a Donilon—. Esto es distinto. Mucho peor y mucho más peligroso. Es una auténtica amenaza fundamental para el país.

Donilon notaba que en la voz de Biden sonaba una profunda alarma. A menudo Biden se sentía agitado emocionalmente y se explayaba con él, pero en Charlottesville insistió sin parar, mucho más de lo habitual.

—Lo que es distinto, en este momento de la historia, es que el pueblo americano va a tener que ponerse de pie y defender los valores del país y la Constitución, porque no tienen un presidente que lo vaya a hacer.

Biden nunca había visto una respuesta como la de Trump, seguramente en toda su vida. El presidente de Estados Unidos había dado equivalencia moral a los que se oponen al odio y a los que odian… es decir, había dado un refugio seguro a los supremacistas blancos y a los nazis que estaban dispuestos a salir a la luz.

—No tiene precedentes —dijo, usando una de sus palabras favoritas—. Trump está insuflando vida a los impulsos más oscuros y peores del país. ¡Ni siquiera se han molestado en taparse la cara! —exclamaba Biden—. Y si han creído que pueden hacerlo es porque piensan que tienen al presidente de Estados Unidos de su parte.

No pensaba quedarse sentado sin hacer nada. ¿Podía ayudarle Donilon a redactar algo… un artículo, un editorial, un discurso?

Hasta entonces Biden, de setenta y cuatro años, más de metro ochenta de altura, llevaba siete meses fuera del cargo, después de ocupar durante ocho años el de vicepresidente. Tenía el pelo de un blanco níveo y el rostro curtido por los años.

Biden había intentado atenerse al papel tradicional de la administración anterior: evitar los comentarios públicos sobre un nuevo presidente. A ver cómo se iba adaptando. Pero entonces le dijo a Donilon que aquella norma ya no se podía aplicar.

—Tengo que hablar —dijo—. Tengo que expresarme con toda claridad.

Biden aducía que, si la gente se quedaba callada, el tejido cívico de la nación se iría deshilachando cada vez más, y habría más terror en las calles. Trump estaba atacando sistemáticamente a los tribunales, la prensa, el Congreso… un movimiento ya clásico por parte de un autócrata para desmantelar las instituciones que constriñen su poder.

—Vale —dijo Donilon—. Me pongo a escribir.

El antiguo Biden estaba resurgiendo, como si todavía estuviera en su cargo.

Mientras Donilon se ponía a trabajar, Biden publicó un tuit²¹ a las 18.18 de aquel sábado: «Solo hay un bando».

Era el clásico Biden, sentencioso y recto. Y consiguió algo de adherencia en los medios sociales. Pero no fue una sensación, ni mucho menos. Un antiguo vicepresidente era una marca ya medio caduca.

Trump no cejó²². El 15 de agosto, durante una conferencia de prensa en la Torre Trump de Nueva York, sostuvo: «Hay culpas en ambos bandos» y que había «gente excelente en ambos bandos».


Entre Biden y Donilon volaron los borradores a un lado y otro.

Donilon reflexionó, preguntándose cómo transmitir la urgencia de Biden. ¿Qué lenguaje debía usar? Estuvieron de acuerdo en que tenía que transmitir alarma sin parecer histérico. ¿Cómo podía enfrentarse mejor, para usar una expresión que Biden había susurrado después de que se aprobara la Ley de Asistencia Asequible de 2010, a ese inquietante momento americano, al «puto problemón»²³?

Buscaban un tema más importante, un entorno que invocase la fe católica de Biden y su espiritualidad. Algo visceral, con un componente de valores. Algo que captase el optimismo de Biden y el espíritu de la nación. Pero… ¿el qué?

Donilon dio con el tema del «alma», una palabra que nadie identificaba con Trump. A Biden le encantó. Estaba muy bien.

Al cabo de dos semanas²⁴, apareció un artículo de 816 palabras firmado por Biden en The Atlantic, con el encabezamiento: «Vivimos una batalla por el alma de esta nación».

«Los rostros enloquecidos y furiosos, iluminados por antorchas. Los cánticos haciéndose eco de la misma bilis antisemita que corrió por Europa en la década de 1930 —escribía Biden—. Los neonazis, los hombres del Klan y los supremacistas blancos surgiendo de nuevo de habitaciones oscuras y campos remotos y el anonimato de la red a la clara luz del día.»

Después de la marcha, afirmaba: «La conciencia moral de América se empezó a remover».

Tras aparecer ese artículo hubo una nueva y creciente intensidad en los discursos privados de Biden.

—¿Quién cree que la democracia es algo que nos viene dado? —preguntó Biden a los líderes empresariales en un acontecimiento cerrado el 19 de septiembre de 2017—. Si alguien cree eso, que se lo piense mejor.


Conocido como Señor Silencioso, Donilon sabía escuchar especialmente bien. Los ayudantes de Biden a menudo olvidaban que Donilon estaba en una conferencia telefónica, hasta que Biden preguntaba:

—Mike D., ¿estás ahí?

—Sí, sí que estoy, intentando enterarme de todo —decía entonces Donilon.

Pero el silencio servía para algo: para cristalizar las aspiraciones de Biden. Y esta vez Donilon sentía que había dado con algo potente con lo del «alma». En los discursos escritos a veces aciertas y a veces no.

«La batalla por el alma de la nación» no tenía la misma resonancia que el famoso discurso inaugural de JFK —«No te preguntes qué puede hacer tu país por ti. Pregúntate qué puedes hacer tú por tu país»—. Atañía a cuestiones más profundas, más fundamentales: ¿qué es tu país? ¿En qué se ha convertido con Trump?

2

Los republicanos estaban en una encrucijada aquel verano de 2017, complacidos de ostentar el poder en Washington, pero cada vez más nerviosos por Trump y su respuesta a lo de Charlottesville. Uno de ellos era Paul Ryan, que había sido compañero de candidatura de Mitt Romney en las elecciones presidenciales de 2012.

Ryan, originario del Medio Oeste, alto, con el pelo oscuro, era lo contrario de Trump en muchos aspectos. Era devoto del extenuante método de fitness p90X, padre de familia puritano y habitual en el Capitolio desde que tenía veintipocos años. Había sido elegido presidente de la Cámara en octubre de

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