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Sociedad en Jaque, sentido común al rescate

Sociedad en Jaque, sentido común al rescate


Sociedad en Jaque, sentido común al rescate

Longitud:
161 páginas
2 horas
Editorial:
Publicado:
30 jun 2021
ISBN:
9788409319176
Formato:
Libro

Descripción

Ante la dura y cruda realidad que estamos viviendo y que vamos a vivir, ofrecemos un enfoque que contribuya a despertar y reflexionar sobre las inmensas capacidades de respuesta que podemos poner en juego, si estamos dispuestos a ello.

Este libro, por su punto de vista específico y a la vez sincero, constituye con sus herramientas prácticas una luz que nos pueda orientar en uno de los ámbitos donde nuestra decisión tiene calado, que es la de elegir a nuestros representantes.

Ahora es momento de compartir nuestras inquietudes y comprometernos a mejorar la realidad que nos afecta a todos a través de una combinación de reflexión y puesta en práctica del sentido común.

Desde la inteligencia creemos que podemos recuperar el sentido común y, desde ahí, la vida política y pública: nuestra vida.

¿Quiénes son los Líderes del sentido común?

Un grupo de librepensadores de carácter transversal, a nivel social, económico y político, que quieren aportar pensamiento crítico aplicado al escenario político y social. En su trayectoria profesional han venido ocupando cargos de primer orden, tanto en el terreno social, como empresarial y político, ya sea en multinacionales líderes o en gobiernos en proceso de cambio.

Parten de la concepción de que todos, de manera individual y también social, ejercemos el autoliderazgo, entendido este como el ejercicio en el que aplicamos nuestras capacidades e inteligencia para resolver los problemas de nuestra vida cotidiana.
Pensamos que, en la política, cada día hay menos sentido común y más intereses alejados de la vida de las personas. Desde la inteligencia creemos que podemos recuperar el sentido común y, desde ahí, la vida política y pública.

Queremos vivir mejor.
Editorial:
Publicado:
30 jun 2021
ISBN:
9788409319176
Formato:
Libro

Sobre el autor


Vista previa del libro

Sociedad en Jaque, sentido común al rescate - Yolanda Cañizares

La última frontera de la libertad: Sentido Común

Prólogo de Yolanda Cañizares

Corren tiempos de incertidumbre, en los que se hace difícil encontrar parámetros de seguridad que nos permitan confiar en las decisiones que otros toman por nosotros, afectándonos a todos, dado que estas configuran el entorno en cual transcurre nuestra vida.

La historia está plagada de momentos que, revisados en perspectiva, nos han hecho sentirnos poco orgullosos con las consecuencias de sus resultados, incluso avergonzados por el elevado coste que tuvieron para la humanidad. ¿Cómo sucedió? ¿Era la única salida? ¿Podríamos haber hecho algo distinto?

Si nos paramos a pensar, ¿quién no está imaginando hoy cómo se contará la historia del momento actual que vivimos? ¿Y quién se siente libre de responsabilidad sobre cómo lo estamos abordando? Gestión tecnológica del ser humano o gestión humana de la tecnología, ¿compartes el respeto que me genera la enorme diferencia entre ambas expresiones?

¡No podemos mirar a otro lado ante esta realidad! Es tiempo de despertar, de afrontar sin enfrentar, de tomar parte en el devenir de los hechos, de aportar nuestro granito de arena para que la historia pueda hablar de cómo respondimos ante una confluencia de situaciones que ponen en jaque la convivencia, la libertad, la seguridad y el diseño de un mundo hecho para las personas. Tenemos en nuestras manos la responsabilidad de construir los resultados de este momento histórico y es hora de mojarse. Dado el alcance que tiene nuestra participación, hacerlo con sentido común es más que recomendable.

La obra que presentamos, Sociedad en jaque… sentido común al rescate, es una publicación que nace con la intención de ser una herramienta, una luz que nos pueda orientar en uno de los ámbitos donde nuestra decisión tiene calado, que es la de elegir a nuestros representantes políticos. Desde el fondo, y llegando a la forma, este decálogo nos propone reflexionar sobre nuestra participación en el sistema y nos ofrece claves interesantes para saber si nuestra aportación es la que queremos.

Pero más allá de proponer criterios en la elección de nuestros gobernantes, los autores del libro –y del minilibro en formato digital ¿Por qué gobiernan los que gobiernan?- nos ofrecen un manual en forma de decálogo para movilizar nuestra capacidad de respuesta ante los hechos que acontecen:

- Bajarnos de la velocidad, para no consumir sin más, y profundizar en las propuestas e informaciones que nos llegan, evaluándolas con criterio propio antes de asumirlas como si fuésemos manada guiada.

- Generar conversaciones de calidad en el entorno, en lugar de alimentar la rueda de comunicación intencionada con el objetivo de generar miedo, crispación, polaridad y confusión.

- Mantener posiciones de coherencia e integridad, más allá de ir con las máscaras que creemos que nos hacen quedar bien con el entorno.

- Plantearnos qué somos, yendo más allá de meros elementos pasivos y acomodados de una sociedad que otros lucharon por nosotros y estamos a punto de perder.

- Mirarnos los unos a los otros como compañeros de viaje, desde nuestras necesidades comunes y no desde nuestras diferencias aprendidas, y así compartir vida en un dar y recibir, que es el único factor que garantiza la sostenibilidad de un sistema.

- Cuidarnos, por dentro, por fuera, entre nosotros, siendo capaces de movilizar ilusión, alegría, energía vital, curiosidad, amor, humor… todo aquello que facilite un sentido de la vida de suma, de comunidad, de esperanza, descolgándonos de propuestas de dependencia paternalista, donde cada miembro de la sociedad solo puede ejercer el papel que se le permite.

Maravilloso regalo para sanar un año de desconcierto, de impotencia, de dolor, de miedo y tristeza, porque nos devuelve la esperanza y pone en nuestras manos el poder responder a la pregunta: ¿Quién quiero ser en la situación en que vivimos? ¿Cuál quiero que sea mi aportación de valor?

No lo leas rápido, ni desde tu cabeza, conecta con las reflexiones desde tu corazón y permite que te hable tu sentido común.

El futuro también depende de ti.

Imagen

Integridad y coherencia

Por Pilar Gómez-Acebo

Las personas fueron creadas para ser amadas, mientras que las cosas fueron creadas para ser usadas. La razón por la que el mundo está en caos es porque las cosas son amadas y las personas son usadas.

Ludivine Paternostre

Esta afirmación sintetiza perfectamente el trasfondo social que estamos viviendo, en uno de los momentos históricos de mayor índice de corrupción y falta de ética en todos los órdenes de la vida.

Desde los distintos capítulos de este decálogo, vamos a intentar dar algunas iniciativas y posibles respuestas, que permitan poner el foco y nuestras prioridades en aquello que permanece, aunque todo cambie.

Es cierto que la corrupción ha acompañado al ser humano a lo largo de la historia, pero en etapas como la actual, en las que se dispara la proporción de inmoralidad y falta de honestidad en múltiples situaciones de la vida cotidiana, se corresponde con momentos de crisis económicas y sociales en las que es muy fácil entrar, pero cuesta mucho salir.

Solemos decir y escuchar con frecuencia que faltan valores, como causa de nuestros males y en descarga, más por omisión que por actuación, de nuestra posible culpa en gran parte de los casos.

Efectivamente, la maldad triunfa gracias al silencio de las buenas personas, como solían decir personajes de referencia moral como Gandhi o Luther King, para intentar explicar que, en los momentos difíciles de falta de integridad, es cuestión de absolutamente todos sin excepción, intervenir para cambiar las cosas. Mientras la mayoría permanezca callada, los corruptos cabalgan a sus anchas, erigiéndose en modelos de éxito, ocupando y repartiendo las posiciones de poder.

Los valores, siendo virtudes innegables, no son la causa sino la consecuencia de una postura interna que responde a una línea de coherencia entre lo que se siente, se piensa, se dice y se hace en nuestro día a día.

La continuidad de esta delgada línea, permite saber el índice de integridad de la persona, y los quiebros en la misma nos indican las carencias emocionales en las que la persona se va a fallar a sí misma y, por tanto, existen muchas posibilidades de fallar a los demás.

Si profundizamos en este ámbito, podemos identificar las rupturas de coherencia que se producen en los otros y, por tanto, predecir sus respuestas.

En términos de comportamiento, la persona que dice, pero no hace, suele huir de sí misma y evitar el contacto cercano con aquellos que conocen o pueden percibir ese quiebro en su actuación. Por el contrario, quien piensa antes de decir y hacer, denota una mayor coherencia en sus actuaciones y evoluciona hacia el sentimiento como paso previo, generando un pensamiento integrador que valora a los demás, sea cual sea su condición.

En el ámbito personal, este estilo de actuación, que parte del sentimiento, nos permite ganar solidez interna y resulta mucho más satisfactorio, ayudándonos a evitar saltarnos nuestras propias reglas.

Buyng-Chul Han, filósofo coreano afincado en Alemania, procedente del mundo de la siderurgia, ha sido uno de los pioneros en afirmar que, en el ser humano, el sentimiento va antes que el pensamiento. En este enfoque, coinciden cada vez más autores, expertos y científicos, conocedores de la esencia de nuestra naturaleza.

Aquí radica una de las claves de esa falta de valores como consecuencia de la poca capacidad y falta de desarrollo del sentimiento, que no sentimentalismo, y de la sensibilidad, que no sensiblería, como se explicará con más detalle más adelante, y que lleva a la justificación de posturas e intereses de carácter personalista, basándose exclusivamente en la razón, que beneficia principalmente a quien la ejercita.

Se razona la realidad, pero ni se piensa, ni se siente, que es donde está la esencia, sabiendo que desde la razón, es fácil enfrentar posturas siempre que interese.

En su Discurso del método¹, Descartes afirma en una célebre frase que no hay nada repartido de modo más equitativo que la razón: todo el mundo está convencido de tener suficiente. Efectivamente, gran parte de los conflictos tienen su origen en posturas enfrentadas, en las que cada cual defiende su posición desde la razón, para justificar lo que quiere o le interesa hacer.

Si, como parece confirmarse, el peso del coeficiente emocional-relacional es de un 90% del total de nuestras actuaciones y decisiones, constituyendo además la causa de las mismas, la razón es el 10% restante y consecuencia, no causa, del estado emocional subyacente.

Hitler cometió las mayores atrocidades, argumentando y razonando perfectamente sus actuaciones, las que nadie se atrevía a cuestionar, y llegando a ganar unas elecciones democráticas. La causa era la manipulación emocional y la gestión del miedo de la gente, sabiendo que, si manejas ese 90 %, en consecuencia, cualquier discurso racional funciona.

Sin duda, es fácil razonar de manera lineal los propios intereses, callando muchos otros ángulos que pudieran cuestionar esa misma realidad. Por regla general, los que se omiten, son precisamente los que no son tan beneficiosos para el interesado como los que se citan.

Ante los hechos, no valen los argumentos, repetía Pedro Gil, filósofo y religioso, cuando alguien quebraba la línea de coherencia entre lo que decía y hacía, en relación a sus propios planteamientos, como fórmula para provocar la reflexión y ayudar a modificar comportamientos.

Si fuéramos capaces de identificar estas rupturas en la línea de comportamiento, se cometerían menos engaños, habría menos errores y se podrían corregir a tiempo muchos sufrimientos innecesarios, debidos al bajo coeficiente emocional-relacional, que incapacita a prevenir muchos de los errores que cometemos en nuestro devenir cotidiano.

Una de las explicaciones consiste en que la razón se explicita con facilidad y rapidez, mientras que la emoción, requiere mucho más tiempo de pausa y reflexión para identificarla. Por eso hemos caído en la trampa de aceptar el razonamiento como válido a priori y, el hecho de creerlo sin cuestionarlo, ha permitido utilizar a gran parte de la población por aquellos que detentan el poder o la capacidad de engaño.

Identificamos el analfabetismo de no saber leer o escribir en pleno siglo XXI, pero no nos extraña el analfabetismo emocional intencionado, que se traslada a un sinfín de actos diarios de gente incapaz de asomarse a los demás, incapaces de dar los buenos días, de mantener la mirada, ni relacionarse mínimamente con los que tienen que convivir, llegando a evitarles físicamente.

El antiguo proverbio árabe que afirma que quien no comprende una mirada, tampoco comprenderá una larga explicación, confirma el ínfimo nivel de coeficiente emocional, que, a diferencia del coeficiente intelectual, donde el componente genético es mayor, en el emocional/relacional, todos sin excepción pueden crecer sin límites. Curiosamente, son los de más bajo coeficiente intelectual,

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Lo que piensa la gente sobre Sociedad en Jaque, sentido común al rescate

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