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Entrevista clínica: Infantil, adolescente, de la salud, familiar y grupal

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Entrevista clínica: Infantil, adolescente, de la salud, familiar y grupal

valoraciones:
1/5 (2 valoraciones)
Longitud:
501 páginas
8 horas
Publicado:
Mar 11, 2021
ISBN:
9786074488494
Formato:
Libro

Descripción

Entrevista clínica: infantil, adolescente, de la salud, familiar y grupal ofrece una descripción de las características básicas de la entrevista clínica, en donde se abordan los elementos específicos de modalidades de la entrevista con objetivos particulares según el grupo a quien va dirigida.
Más que dar recetas establecidas, el libro pretende des
Publicado:
Mar 11, 2021
ISBN:
9786074488494
Formato:
Libro

Sobre el autor

Fayne Esquivel Ancona Doctora en Psicología por el Programa de Excelencia del CONACYT, Facultad de Psicología, UNAM. Docente en la Facultad de Psicología, UNAM, por más de 40 años. Mariana Gutiérrez Lara Psicóloga con maestría en Psicología Experimental Doctorado en Psicología educativa y del desarrollo. Profesora de la Facultad de Psicología, UNAM desde 1991. Asunción Valenzuela Cota Licenciada y Maestra en Psicología Clínica, con especialidad en Psicología Clínica y Psicoterapia de Grupo en Instituciones, Facultad de Psicología, UNAM. Doctorado en Clínica psicoanalítica, centro ELEIA. Profesora por 43 años, Facultad de Psicología, UNAM.


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Entrevista clínica - Fayne Esquivel Ancona

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Entrevista clínica: infantil, adolescente, de la salud, familiar y grupal

Entrevista clínica: infantil, adolescente, de la salud, familiar y grupal

Fayne Esquivel Ancona

Doctora en Psicología por el Programa de Excelencia del CONACYT, Facultad de Psicología, UNAM.

Docente en la Facultad de Psicología, UNAM, por más de 40 años.

Mariana Gutiérrez Lara

Psicóloga con maestría en Psicología Experimental Doctorado en Psicología educativa y del desarrollo.

Profesora de la Facultad de Psicología, UNAM desde 1991.

Asunción Valenzuela Cota

Licenciada y Maestra en Psicología Clínica, con especialidad en Psicología Clínica y Psicoterapia de Grupo en Instituciones, Facultad de Psicología, UNAM.

Doctorado en Clínica psicoanalítica, centro ELEIA.

Profesora por 43 años, Facultad de Psicología, UNAM.

Noemí Díaz Marroquín

Doctora, Maestra y Licenciada en Psicología, UNAM.

Especialista en Terapia Familiar y de pareja con perspectiva de género.

Profesora y tutora de la Maestría en Terapia Familiar, UNAM.

Samuel Acosta Galván

Licenciado en Psicología y Maestro en Psicología de la Salud, Facultad de Psicología, UNAM.

Estudia el doctorado en Psicología y Salud, UNAM.

Profesor académico de la Facultad de Psicología, UNAM (2014-2020).

Editor Responsable:

Lic. Georgina Moreno Zarco

Editorial El Manual Moderno

Entrevista clínica: infantil, adolescente, de la salud, familiar y grupal

D.R. © 2020 por Editorial El Manual Moderno S.A. de C.V.

ISBN: 978-607-448-849-4 versión electrónica

Miembro de la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana, Reg. núm. 39

Todos los derechos reservados. Ninguna parte de esta publicación puede ser reproducida, almacenada o transmitida sin permiso previo por escrito de la Editorial.

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Colaboradores

Andrea Anaya Acosta

Maestra en Psicología con Residencia en Terapia Familiar, UNAM. Licenciada en Psicología Clínica, Universidad de las Américas, A.C. Ha formado parte de distintas instituciones de salud y pro­­­­yectos comunitarios, así como participado en congresos nacionales e internacionales. Actual­­mente se dedica a la práctica privada y a la do­­­­cencia en la Universidad de las Américas, A.C.

Capítulo 5

Laura Amada Hernández Trejo

Licenciada en Psicología y Maestra en Psicología de la Salud, UNAM. Estudia el doctorado en Psicología y Salud en la misma universidad. Profesora de la Facultad de Psicología, UNAM. Es capacitadora en la División de Educación Continua de la Facultad de Psicología, UNAM.

Capítulo 3

Maritza Vasconcelos Vargas

Licenciada en Psicología por la UNAM, con Maes­­tría en Psicodrama y Coordinación de Gru­­­pos. Especialista en la atención clínica a niños y adolescentes en contextos de movilidad humana. Actualmente se desempeña como psico­terapeuta en la práctica privada en la atención a niños, adolescentes y familias, y como consultora de organizaciones de la sociedad civil.

Capítulo 2

Contenido

Colaboradores

1. Fundamentos de la entrevista clínica

2. Entrevista clínica infantil

Anexo 1

Anexo 2

3. Entrevista con adolescentes

4. Entrevista en psicología de la salud. Abordaje del enfermo crónico y su familia

Anexo 3. Entrevista a una paciente crónica

5. Entrevista familiar

Anexo 4. Entrevista familiar

6. Entrevista grupal, su importancia en el trabajo clínico

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Tabla de contenido

Preliminares

Colaboradores

1. Fundamentos de la entrevista clínica

2. Entrevista clínica infantil

Anexo 1. Historia clínica infantil

Anexo 2. Entrevista clínica para niños

3. Entrevista con adolescentes

4. Entrevista en psicología de la salud. Abordaje del enfermo crónico y su familia

Anexo 3. Entrevista a una paciente crónica

5. Entrevista familiar

Anexo 4. Entrevista familiar

6. Entrevista grupal, su importancia en el trabajo clínico

1. Fundamentos de la entrevista clínica

Mariana Gutiérrez Lara • Asunción Valenzuela Cota

La entrevista clínica es, en buena medida, un arte que requiere la utilización de múltiples habili­dades, entre ellas: escuchar, preguntar y observar (Acevedo y López, 2007), recursos personales y sociales, así como creatividad personal, misma que se puede aprender a través del entrenamiento (Fernández y Rodríguez, 2006).

Fernández y Rodríguez (2006) señalan que la entrevista es un acto único en donde se ponen en juego las aptitudes del psicólogo clínico y la confianza del entrevistado en una interrelación irrepetible, de hecho, uno de los orígenes del término deriva de la palabra francesa entrevoir, que significa verse el uno al otro.

La entrevista se define como una «relación interpersonal asimétrica» en la que cada uno tiene un rol diferente. El entrevistador es reconocido como experto en la materia, es el que pide información. El entrevistado es el que origina la demanda esperando sacar provecho de tal relación, y es quien proporciona la información (Perpiña, 2012,27).

Es la técnica más utilizada en el ámbito clínico y precede a cualquier modalidad de intervención o proceso de toma de decisiones (Casullo y Márquez, 2003), su objetivo es recoger datos me­diante el autoinforme del entrevistado, de ahí su importancia, fortalezas y debilidades.

ELEMENTOS CENTRALES DE LA ENTREVISTA CLÍNICA

Contenido: ¿qué información se recaba?

El contenido de la entrevista suele estar relacionado con comportamientos, situaciones, percep­­ciones, sentimientos o inquietudes del entrevistado y otras personas relacionadas, en alguno o varios contextos (Wolpe y Turkat, 1985), los distintos objetivos, funciones y ámbitos en los que se lleva a cabo justifica que no haya una forma única de alcanzar su propósito (Perpiña, 2012).

Para hacer una recolección de información suficiente y necesaria en relación con el propósi­to de la entrevista de forma general se obtienen datos sobre aspectos de la vida pasada (condi­­ciones históricas potencialmente relevantes), sobre la vida presente del entrevistado (condiciones actuales potencialmente relevantes) y sobre las características y circunstancias relacionadas con la petición de la entrevista (Oliva, 2013). En algunas ocasiones, y partiendo del enfoque teórico en el que descansa la técnica del entrevistador, la información histórica o del pasado del cliente no se recoge como un fin o porque el terapeuta esté necesariamente interesado en examinar o centrarse en el pasado del cliente durante el tratamiento, aunque de manera habitual se utiliza como uno de los apartados del proceso general de evaluación que puede ser válido para que el entrevistador tenga un acercamiento integral a las características del entrevistado, así como a sus problemas actuales y las dificultades frecuentes en su vida diaria. Es decir, en la entrevista clíni­ca se asume que los problemas cotidianos se precipitan y mantienen con sucesos que pueden localizarse en el historial del entrevistado (Cormier y Cormier, 2000).

En la entrevista clínica, con frecuencia, las personas buscan ayuda por problemas que sienten aterradores, agobiantes o como amenazas a su vida, por lo que es importante que se sientan libres de narrar su historia para que al final reconozcan que su participaron generó una evaluación completa, imparcial y profesional (Morrison, 2014). Sin embargo, no se debe descartar que en ocasiones lo que declara el entrevistado como motivo de consulta no es lo que de verdad desea consultar.

Suele ocurrir que durante la entrevista aparecen nuevos motivos de consulta (los que de verdad preocupaban al paciente), o demandas concretas que arrojan luz sobre todo el proceso (Borelli, 2004).

De ahí que el entrevistador debe reconocer cualquier señal que le indique que aún el entrevistado tiene más que decir. Por esta razón, el análisis de la información que se debe hacer conforme transcurre la entrevista va en dos direcciones: por un lado el análisis de la cantidad de información conseguida -detectando los comportamientos problema y delimitándolos en el tiempo y en situaciones concretas- y, por otro, la calidad de dicha información (Oliva, 2013) que radica en valores, creencias, entre otros, que llevan al entrevistado a no necesariamente decirlo todo, por lo menos de manera inicial.

Parte del entrenamiento que requiere el entrevistador radica en poner atención a pensamientos y emociones experimentadas por él mismo, no para que no ocurran, sino para que se reconozcan, se trabaje en ellas y no provocar un sesgo en la entrevista. Esta autoobservación de reacciones sobre el contenido de la conversación del entrevistador se debe manejar en supervisión y en la propia terapia, de preferencia al inicio del trabajo profesional, idealmente durante todo el desa­rrollo del profesionista (Fernández y Rodríguez, 2006).

Entrevistador-entrevistado: ¿quién es quién en el proceso?

En relación con el papel que desempeña cada uno de los involucrados en la entrevista, indudable­mente el entrevistador es el responsable de dirigir los aspectos que forman parte de las secuen­cias interactivas del comportamiento, es decir, de identificar los comportamientos verbales y no verbales, de manejar la información procedente de estos dos canales y de asegurar su conocimiento sobre la naturaleza de los contenidos de los discursos (Oliva, 2013).

En este sentido, el entrevistador debe definir y mantener el objetivo de la entrevista, ejecu­tar la planificación predeterminada, no cediendo a la confrontación de opiniones o valores, ni sesgando las preguntas a partir de juicios personales y manejando el tiempo empleado durante el proceso.

Morrison (2014) ya señalaba que un buen entrevistador debe saber cómo trabajar con una amplia gama de distintas personalidades y problemas: lograr que se explaye el que es buen in­formante, redirigir al que se pierde, alentar al silencioso y calmar al hostil (pag. 1), debe obtener la mayor cantidad de información precisa en el tiempo estipulado y ser constante en el mantenimiento de una buena relación (rapport) con el paciente.

Desde hace varias décadas se han aislado un conjunto de habilidades que se relacionan directamente con la pericia concreta en la interacción (Kanfer y Grima, 1977; Goss, Rossi y Moretti, 2011) y que pueden resumirse como la habilidad de reconocer la aparición de las características relevantes de la comunicación verbal y no verbal y manejarlas adecuadamente.

Los comportamientos no verbales del entrevistador como contacto visual, sonrisa, movimientos de cabeza y postura corporal, así como el gesto adecuado a la información que se está recibiendo, envían el mensaje de que se sigue el discurso (Fernández y De León, 2014) e impacta en la naturaleza de los contenidos, la cantidad de información obtenida y la precisión de ésta. El entrevistador debe entrenarse para emitir señales de interacción que reconozca el entrevistado para sentirse cómodo de expresar lo que quiera en lugar de señales de aprobación o rechazo a partir de su punto de vista de lo que se está exponiendo (Matarazzo et al ., citado en Oliva, 2013).

El conocimiento teórico y práctico de la naturaleza de los contenidos que se van a evaluar, la distribución del tiempo, el control de roles diferenciados y predeterminados, la observación de las latencias de respuesta del entrevistado, el procesamiento y manejo de la información en tiempo real y el establecimiento de una relación empática son responsabilidad del entrevistador y re­quieren entrenamiento (Kurpius et al ., 1980; Keane et al ., 1982; Lwatauta et al ., 1982).

Acevedo y López (2007) mencionan que las habilidades en las que el entrevistador debe entre­narse son cuatro: sociales, comunicativas, analíticas e interpretativas y de toma de decisión. Así mismo, sugieren que se trabaje con las siguientes características personales: autoconocimiento, autoaceptación, comprensión, espontaneidad, autoconfianza, autenticidad y ecuanimidad.

Estas habilidades y características profesionales y personales se integran en otra habilidad que aparece como técnica central en el desarrollo de una entrevista, es decir, la escucha activa, la cual requiere un esfuerzo mental y físico del entrevistador por captar el mensaje de su interlo­cutor y ha de hacer ver y entender al entrevistado que está siendo escuchado, atendido y enten­dido. Gordon y Edwards (1995) describen a la escucha activa como la mejor estrategia genérica para facilitar la comunicación eficaz y demostrar empatía, comprensión y aceptación. Sus obje­tivos son, entre otros (Berman y Shopland, 2005; Gordon y Edwards, 1995; Nelson-Jones, 2005):

• Establecer rapport entre entrevistado y entrevistador porque facilita que el primero se sienta oído y entendido.

• Establecer una relación de confianza, ya que el entrevistado se siente aceptado, respe­tado y valorado desde su marco de referencia.

• Ayudar a que el entrevistado confíe y se abra a comentar sus dificultades y problemas al entrevistador.

• Mejorar la comprensión y exploración del entrevistado.

• Motivar el deseo de hablar y explorar del entrevistado (o expresar, aceptar) sus emocio­nes y pensamientos.

• Motivar al entrevistado a asumir su responsabilidad en la interacción y resolución de sus problemas (Perpiña, 2012).

Dentro de los procesos que se requieren para escuchar, según Acevedo y López (2007), están atención, percepción, concentración y retención. Por otra parte, dentro de los obstáculos que impiden escuchar se encuentran la intolerancia, impulsividad, anticipación, indolencia y suges­tión (Acevedo y López, 2007).

El entrevistador experto mientras escucha dibuja una imagen mental de la persona y su padecimiento, al tiempo que pregunta el cómo, cuándo y dónde del síntoma, pero de manera simultánea se pregunta «¿cómo me sentiría yo en tales circunstancias?». Es una escucha empática en la que se imagina con los síntomas del paciente (Borelli, 2004, pag. 42).

En relación con las habilidades que se mencionaron al principio del capítulo (Acevedo y López, 2007), además de escuchar, el entrevistador debe preguntar y observar desde el punto de vista clínico, lo que implica también un entrenamiento, ya que se debe prestar atención a lo que se dice y a lo que no se puede decir o no se dice y, al mismo tiempo, proporcionar una retroali­mentación de que se ha comprendido su mensaje de forma correcta (Perpiña, 2012). Para ello es sumamente importante el tipo de lenguaje que se utiliza, acorde con las características del en­trevistado: ya sea que se hable con un niño o un adulto, con una persona con un grado de forma­ción elevado o con alguien con escolaridad escasa, por ello es importante que antes de realizar la entrevista se tenga información socioeconómica (Fernández y De León, 2014).

La observación, por otra parte, permite identificar las señales de interacción que se dan den­tro del proceso de entrevista, los cambios generados en el entrevistado según el contenido de la misma e incluso su disposición para facilitar la información requerida. Esta disposición depende, en primer lugar, de la motivación con la que asisten o se ven obligados a participar (Oliva, 2013), en segundo lugar, del tipo de comunicación que se comparta desde el vocabulario hasta el volumen de voz y, en tercer lugar, del clima de confianza que genere el entrevistador desde el inicio de la entrevista, es decir, de la eficacia con la que el entrevistador ponga en marcha recursos facilita­dores, mediante un comportamiento empático.

CLASIFICACIÓN: ¿CUÁNTOS TIPOS DE ENTREVISTA EXISTEN?

Existen yudar a clasificarlas en función de:

• Estructura.

• Grado de dirección o participación.

• Funciones.

• Secuencia temporal.

• Marco teórico terapéutico (Perpiña, 2012).

A continuación, se revisará brevemente cada uso de los sistemas de clasificación.

Estructura

Las entrevistas han sido clasificadas en relación con su formato: por ejemplo, estructuradas, semiestructuradas y no estructuradas. En las primeras el entrevistador debe seguir un orden en las preguntas, es decir, las preguntas están previamente establecidas, el orden de formulación y las posibilidades de respuestas del entrevistador están acotados y restringidos, hay una orden de dirección de la entrevista a través de sus secciones. Las segundas tienen un formato más abier­to de preguntas, orden y registro, el guion está formado por áreas concretas, dentro las cuales el entrevistador puede hacer las preguntas que le parezcan oportunas, siguiendo algún tipo de orientación. Permite mayor flexibilidad para presentar las preguntas y orientar la entrevista hacia temas relevantes o ampliar respuestas. Las terceras son totalmente abiertas, sin una guía marcada previamente (Fernández y De León, 2014; Perpiña, 2012).

Aun cuando Segal y Hersen (2010) afirman que es el propio proceso de interacción el que determinará el orden de preguntas y su tipo, permitiendo tratar a cada entrevistado de manera idiosincrásica, en realidad la elección de cualquiera de los formatos de preguntas y respuestas o la elección de una determinada combinación de estructuración-no estructuración dependerá de criterios relacionados con el objetivo de la entrevista, con la exigencia de precisión previamente establecida y con el momento y contenidos que se estén indagando.

La mayor o menor estructuración de la entrevista tiene un efecto relevante en la calidad de la información que se obtiene; por tanto, el grado de estructuración que se adopte para el con­junto de la entrevista o para la exploración de algunos de los contenidos es una decisión que el entrevistador debe tomar: los formatos no estructurados aportan un estilo escasamente direc­tivo lo que favorece la fluidez de la comunicación, pero no garantiza la precisión de la información. Por el contrario, los formatos estructurados incrementan la precisión, facilitan la comparación de las respuestas intersujetos y aseguran el proceso de toma de decisiones. Por estas razones se han desarrollado pautas de entrevista que tienden a la estructuración, en primer lugar, de las preguntas y, en segundo lugar, de las preguntas y respuestas, pero en ningún caso se han des­cartado las entrevistas abiertas -sin ninguna estructuración- debido a que, en determinadas circunstancias es la única posibilidad y también debido a la riqueza de información que pueden aportar (Oliva, 2013).

Ahora bien, la estructuración en la entrevista también puede presentar ciertas desventajas y limitaciones:

• La rigidez a la que se tiene que someter y su poca flexibilidad en la aplicación individual podrían llevar a formular las preguntas en el momento menos conveniente.

• Puede presentar el riesgo de convertirse en un interrogatorio.

• Puede generar resistencias.

• Para no caer en los dos riesgos anteriores, requiere una doble habilidad: saber hacer entre­vistas y saber hacer esa entrevista estructurada en concreto; es decir, requiere una formación específica para tal fin (Perpiña, 2012).

Como ejemplo, se muestra una lista de entrevista semiestructurada, sugerida por Borelli (2004).

1. Repasar la lista de problemas o el resumen abierto del paciente o la solicitud del servicio en donde viene el motivo de su cita.

2. Saludo cordial. Es importante llamarle por el nombre y sonreír. Coloque al entrevistado como centro de su atención: evite interferencias de cualquier tipo.

3. Delimitar el motivo de consulta. Mapa de demandas y mapa de quejas. El primero invo­lucra las expectativas que tiene el entrevistado en relación con lo que podemos hacer. El segundo implica la descripción del motivo de consulta o la razón por la que se en­cuentra con nosotros.

4. Escucha activa (punto de fuga de la entrevista). Se sugiere que en las fases iniciales de la entrevista se dé margen a la narrativa espontánea del paciente. Permitir que el entre­vistado haga una lista de síntomas o que vaya clarificándonos su motivo de visita a través de las siguientes preguntas: ¿qué le pasa?, ¿cuándo le pasa, ¿cómo le pasa?, ¿dón­de le pasa?, ¿con quién le pasa? Esto, en el caso en que el entrevistado no lo incluya en su relato, se debe tener presente que preguntar mucho no necesariamente equivale a obtener más información.

5. Averiguar y completar datos. Con frecuencia el entrevistado comparte fechas, aconteci­mientos importantes en su relatoría que no tienen sentido o parecen inconsistentes. De ahí que sea relevante dedicar parte de la entrevista a aclarar esas inconsistencias para asegurarse si se trata de una falla en la memoria, producto del tiempo transcurrido, de la premura con la que quiere hacer su relato o de una deliberada intención por perde­rnos en la entrevista.

6. Resumen de la información obtenida. Antes de retirarse, se recomienda una síntesis de lo que el entrevistado reportó y se le indica qué procede después de esta entrevista.

Grado de dirección o participación

Se refiere al tipo de preguntas o interacciones verbales que elabora el entrevistador para obte­ner información. Esto afecta las intervenciones verbales de ambos: cuándo hablar, cuándo escu­char y cuándo cambiar de foco o de tema. En este sentido, se habla de entrevistas directivas y no directivas.

En las entrevistas directivas el entrevistador emplea mucho tiempo en sus intervenciones, con el fin de formular preguntas e intervenir, parece más activo en la iniciativa de la conversación, elige el tema para hablar, lo encauza. Es un estilo de entrevista cuyo objetivo principal es obtener el máximo de información para formular hipótesis que guíen la evaluación y la intervención.

En las no directivas el que ocupa más tiempo en sus intervenciones es el entrevistado. El entrevistador procura interferir lo menos posible. El objetivo primordial es ponerlo en contacto con su experiencia y con sus vivencias, evitando, por tanto, ofrecer el punto de vista del entre­vistador. El objetivo inmediato es crear un buen clima, la captación empática del entrevistado, al que se le ayuda a esclarecer su problema desde su propia posición (Ibáñez, 2010).

El entrevistador no directivo absorbe de una manera más pasiva la información que el paciente elige presentar. Un estilo no directivo suele producir un fuerte rapport y hechos confiables. Sin embargo, el uso exclusivo de este estilo también produce menos información; por ejemplo, sin dirección, el entrevistado puede no darse cuenta de que la historia familiar es importante o podría sentirse demasiado apenado para ofrecer información más personal. Según Morrison (2014) la entrevista inicial más eficaz es la que emplea preguntas directivas y no directivas, pero el inicio de la entrevista debe ser no directiva, pues esto ayuda a establecer la relación de traba­jo y conocer la clase de problemas y sentimientos que predominan en la mente del entrevistado.

Ivey y colaboradores (2010) describen las técnicas directivas y las llaman de influencia porque en esas intervenciones verbales se trata de ejercer una influencia directa sobre el entrevistado, Ya que están centradas en su propio punto de vista o marco de referencia. Algunas de ellas son indagación, interpretación, encuadre, confrontación, proporcionar información e instrucciones. Para una amplia descripción de las mismas, se invita a revisar a Perpiña (2012), quien sugiere que se utilicen hasta que el rapport esté establecido (Cormier y Cormier, 2000; Rojí, 1994).

Por otra parte, dentro de las técnicas no directivas o de escucha, se dice que favorecen el establecimiento de la alianza e incitan a que el entrevistador asuma la responsabilidad en el pro­­­ceso de la entrevista. Algunas de ellas son: paráfrasis o reflejo del contenido, reflejo de emociones o sentimientos, resumen o recapitulación y clarificación.

Funciones

Según Perpiña (2012) en el ámbito clínico la entrevista desempeña al menos tres funciones claramente diferenciadas: de evaluación y diagnóstico, motivadora y terapéutica.

En la entrevista de evaluación y diagnóstico se recaba la información precisa y necesaria para valorar, evaluar o diagnosticar el problema. Permite describir, clasificar o establecer un diagnós­tico clínico desde el punto de vista genético o etiológico, psicodinámico, formal o nosológico, o bien diagnóstico diferencial, para una mayor identificación del problema. Se analiza al consul­tante desde tres dimensiones: en relación con el entrevistador, su respuesta a las técnicas de entrevista y en su estado mental, emocional, actitudinal y conductual (signos y síntomas en relación con el problema por el que solicita ayuda). Se debe abarcar tanto la información verbal como la no verbal. La información se utiliza para valorar el funcionamiento de la persona y de­cidir, si es preciso, una intervención, y, si es así, de qué tipo.

En la entrevista motivadora se anima al paciente a que asuma su problema, a que inicie el pro­ceso de cambio terapéutico y vea la necesidad no sólo de involucrarse en él, sino también de man­tenerlo. Es una modalidad de entrevista a la que se debe prestar la mayor atención pero que, por lo general, ha sido bastante descuidada. En buena medida, de ésta depende el manejo de resis­tencias hacia el trabajo clínico, la aceptación de tomar parte e incidir en la necesidad de cambio, la colaboración y mantenimiento del proceso de tratamiento y disminuir las posibilidades de deserción.

En la entrevista terapéutica, a partir del establecimiento de objetivos o metas terapéuticas se desarrollan los procedimientos o pasos para conseguirlas, con el fin de inducir un cambio que ayude a la persona a mejorar su calidad de vida con respecto a su enfermedad o trastorno. In­cluye procedimientos y procesos inherentes a un tipo o modelo de psicoterapia en particular cuyas características convergen en el objetivo de promover cambios más o menos estables en la conducta del entrevistado. Busca observar y analizar la conducta del paciente para, después, integrar la información al tratamiento de sus dificultades psicológicas.

En esta clase de entrevista hay que acordar los aspectos formales y no formales del encuadre terapéutico (económicos, citas, tiempo, expectativas, modalidad de relación, entre otras) que guiarán y tendrán lugar en la relación que se inicia. En un principio puede tratarse de un periodo de experiencia entre el posible paciente y el posible terapeuta, encuentro en el que ambos tratarán de aprender algo uno del otro para decidir si es posible el esfuerzo colaborativo de una psicoterapia.

De cualquier forma, si el entrevistador no se llegara a hacer cargo de tratar al entrevistado, el cuidado, sensibilidad y profesionalismo mostrado en el encuentro clínico, podrán ayudar al inicio de un tratamiento con él o con otra persona o, al menos, tener la experiencia de que puede aprender a tener consciencia de lo que es su vida y el porqué de sus comportamientos.

De lo anterior, se desprende que la entrevista terapéutica constituye una técnica cuyo ob­jetivo general consiste en facilitar la resolución de las dificultades psicológicas mediante un cierto tipo de interacción personal: la establecida entre un profesional calificado y una persona que necesita ayuda en el ámbito de la psicología clínica.

Una modalidad especial de entrevista que particularmente integra elementos de evaluación e intervención lo constituye la entrevista en situación de crisis. Éstas permiten abordar situa­ciones que implican pérdida de la homeostasis o del equilibrio habitual de una persona debido a excesos o sobrecarga de estimulación o bien al enfrentamiento abrupto a estímulos inespera­dos (no habituales) que impiden responder en forma adaptativa a los requerimientos de la vida diaria con los mecanismos de que se dispone, la experiencia de crisis se vive de forma imprevis­ta y requiere de nuevos recursos u oportunidades de enfrentamiento adaptativo.

Las crisis pueden ser normativas (o normalizadas) y no normativas. Las primeras forman parte de los procesos asociados con el desarrollo (físico, psicológico o social) de personas, parejas, fa­milias, grupos o instituciones. Se refieren a eventos críticos o circunstancias que de alguna ma­nera pasamos todos (pubertad, adolescencia, matrimonio, climaterio, jubilación, muertes, entre otros); las no normativas obedecen a emergencias ocasionadas por fenómenos naturales o socio­­­organizacionales inesperados que desequilibran a familias, grupos o comunidades (incendios, hura­canes, terremotos, inundaciones, guerras), o bien experiencias o incidentes que ocurren como eventos de vida críticos, entre los que se incluyen divorcios, adopción, suicidio, homicidio, encar­celamiento, secuestro, diferentes tipos de violencia, entre otros.

Las entrevistas en situación de crisis implican, entre otras cosas: apoyo en emergencias, ésta puede ser telefónica, en hospitales de urgencias, en centros de salud o en comunidad. La interven­ción generalmente es breve e involucra competencias clínicas de identificación, jerarquización y formulación del problema, evaluación de capacidades residuales y recursos disponibles, identifi­cación de áreas libres de problemas, capacidades de afrontamiento y solución de problemas, orientación, prevención de riesgos, orientación, apoyo, toma de decisiones, entre otras. El terapeuta apoya emocionalmente al paciente y busca informaciones que le faciliten desarrollar un plan de ayuda. Esta clase de objetivos suelen alcanzarse intensificando la propia serenidad, la atención y la aceptación del paciente.

Secuencia temporal

En el ámbito clínico el proceso de evaluación-intervención va cubriendo distintos objetivos en función del momento, por lo que se ha clasificado en los siguientes tipos de entrevista:

La entrevista de Screening, detección o rastreo (conocida también como preconsulta), es normalmente semiestructurada y de menor duración. Se evalúan aspectos importantes que suceden o sufre la persona, con el fin de valorar que sus necesidades pueden ser cubiertas por los servicios prestados en el lugar de la entrevista o en otro adonde se pueda derivar. Independien­temente de cualquier información previa, los objetivos del entrevistador para este tipo de entrevista incluyen: identificar de manera global la clase de problemas que ha motivado la consulta y analizar si se puede prestar ayuda o se debe referir el caso a otro profesional o insti­tución (para canalización, derivación o referencia institucional).

La entrevista inicial sirve de primera toma de contacto clínico y tiene como propósito identificar el objetivo genérico de la relación de ayuda que se puede llegar a establecer (Perpiña, 2012). La prioridad debe ser recoger la mayor cantidad de información posible al inicio de la relación, antes de comprometerse con un diagnóstico. Se orienta a determinar naturaleza y contexto del problema, permite decidir si se prestarán servicios posteriores a la evaluación y la modalidad que incluirán (mayor evaluación, orientación, terapia). Su principal objetivo es identificar las difi­cul­­tades del consultante, paciente o cliente, lo que puede incluir elementos para favorecer el juicio diagnóstico o bien una descripción detallada de la conducta y del entorno ambiental en que tiene lugar. El consultante puede acercarse voluntaria o involuntariamente a solicitar la entrevista y de ello depende en buena parte el tipo de relación y las posibilidades posteriores de intervención.

En los primeros momentos de una entrevista inicial, se debe indicar qué forma adoptará la entrevista: cuánto tiempo durará, qué tipo de preguntas se harán, entre otros; se debe comuni­car cierta idea sobre la clase de información que se espera del entrevistado y, o de otro infor­mante y se debe crear un ambiente cómodo y seguro, que le permita al entrevistado tener tanto control como sea posible en esas circunstancias.

A veces, incluso un entrevistador experimentado requiere más de una sesión para hacer una valoración inicial, y cualquiera necesita más tiempo con una persona que sea muy platicadora, hostil, desconfiada o difícil de entender, o que tiene una historia complicada que deberá contar. Desde luego, tomando en cuenta que nadie dispone de tiempo ilimitado, ninguna evaluación puede considerarse completa. En la medida en que se proporcione atención al entrevistado, nuevos hechos y observaciones complementarán la información original. Pero, si se realizó un buen trabajo desde el principio, estos hechos y observaciones nuevos serán detalles que corroboren sustancialmente el diagnóstico y tratamiento (Morrison, 2014).

Por otra parte, una vez que el entrevistador ha acabado su evaluación, es fundamental dar retroalimentación de la visión que el profesional tiene del problema que le trajo a consulta y comunicar la formulación que ha realizado el clínico. Suele ser el primer paso para incrementar la motivación del paciente, a través de la comprensión de lo que le sucede y los medios de los que dispone para mejorar e iniciar la terapia o cualquier modalidad de intervención, a esto se le denomina entrevista de devolución, misma que será más compleja cuanto más difícil sea el problema que presente el paciente.

En ocasiones, la devolución puede involucrar sólo la entrega del reporte o formulación del clínico como parte de la evaluación realizada, por lo general, se asocia con el manejo adecuado que éste realice dirigido a reforzar y motivar al consultante para aceptar y tomar parte en el tipo de intervención psicoterapéutica propuesta, ya sea individual, familiar, de pareja o grupal.

En la entrevista de alta clínica se termina el proceso y se despide al paciente cerrando el caso. Puede que se programe alguna cita en el futuro como seguimiento; puede que la despedi­da sea temporal y que la relación se retome en un tiempo posterior por una recaída o por otra causa, pero el objetivo que motivó este encuentro y esta consulta se ha resuelto y, por tanto, se ha de cerrar el proceso correspondiente (Perpiña, 2012).

La entrevista de seguimiento de caso es otra modalidad que consiste en el control y manejo de las situaciones subsecuentes a alguna forma de intervención o postratamiento, en relación con:

• Tener conocimiento de los aspectos del desarrollo de la persona en sus diferentes áreas vitales.

• Analizar las expectativas y condiciones del pronóstico del caso o problema en cuestión.

• Identificar la recurrencia o no de la sintomatología pretratamiento.

• Llevar a cabo la revisión de programas de rehabilitación, entre otros.

Marco teórico de referencia

La fundamentación teórica de la orientación terapéutica determinará en realidad qué informa­ción es relevante recabar, qué cosas habrá que modificar, cuáles serán las metas terapéuticas, cómo se estructura la entrevista, e incluso el estilo que mejor va a ayudar al terapeuta a conseguir sus objetivos. Dentro de este apartado hay tres grandes modelos terapéuticos que dan lugar a tres maneras de concebir la entrevista: psicodinámico, fenomenológico y conductual.

Entrevista psicodinámica

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Lo que piensa la gente sobre Entrevista clínica

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  • (1/5)
    No se puede descargar, yo creí que al tener una suscripción se podría y nada...