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China irrumpe en Latinoamérica: ¿dragón o panda?

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China irrumpe en Latinoamérica: ¿dragón o panda?

Longitud:
323 páginas
4 horas
Publicado:
9 mar 2021
ISBN:
9786077521709
Formato:
Libro

Descripción

De enfoque multidimensional, concede un lugar apropiado a las geofinanzas sin caer en el vulgar reduccionismo mercantilista (muy socorrido en nuestro medio) y sin perder de vista la geopolítica. En el siglo XI, China –con posesión de la pólvora, la brújula y una de las mejores marinas de su época– no conquistó el hemisferio americano, lo que consti
Publicado:
9 mar 2021
ISBN:
9786077521709
Formato:
Libro

Sobre el autor

Alfredo Jalife-Rahme. Especialista en neuroendocrinología, egresado del Instituto Nacional de Nutrición y del Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía. En 1997, invitado por la ONU, participó en el “Seminario sobre el Medio Oriente” en Atenas (Grecia) y, posteriormente, seleccionado por la ONU, formó parte de la Misión de Noticias y Hallazgo de Hechos, en Egipto y Jordania. Cofundador de la filial mexicana de la Federación Internacional de Médicos para la Prevención de la Guerra Nuclear (Premio Nobel de la Paz, 1985); forma parte de su cuerpo de gobierno. Miembro de la Academia de Ciencias de Nueva York y de otras instituciones académicas de prestigio mundial. Citado en Marquis Who is Who in the World, ha sido seleccionado para aparecer en “Hombres de Logros” de la Enciclopedia Biográfica de Cambridge (Inglaterra). Profesor universitario en varias casas de estudio nacionales e internacionales. En la Universidad Nacional Autónoma de México, profesor de Posgrado en Geopolítica y Negocios Internacionales de la Facultad de Contaduría y Administración, y miembro del Comité de Árbitros del Instituto de Investigaciones Económicas. Exasesor del Centro de Estudios de Asia y África de El Colegio de México. Asesor de la Comisión Nacional Mexicana de Bioética. En la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Xochimilco, está a cargo de la Cátedra Alfredo Jalife-Rahme sobre estudios geoestratégicos del Programa Universitario de Ciencias de la Transición. Nombrado como el mejor analista de asuntos internacionales por la revista Líderes Mexicanos. Comentarista y analista de diversos medios de comunicación: periódicos La Jornada, Por Esto! (península de Yucatán) y Horizonte (Monterrey); radio y televisión de la Universidad de Guadalajara, y las televisoras CNN en español, Fox News en español, Telesur, Russia Today, TV Azteca y Proyecto 40. En 2016, el portal francés Réseau Voltaire lo nombra “El máximo experto en geopolítica de Latinoamérica”.


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China irrumpe en Latinoamérica - Alfredo Jalife-Rahme

China

INTRODUCCIÓN

China irrumpe en Latinoamérica: ¿dragón o panda?, de enfoque multidimensional, concede un lugar apropiado a las geofinanzas sin caer en el vulgar reduccionismo mercantilista (muy socorrido en nuestro medio) y otorgándole a la geopolítica el lugar que se merece.

En el siglo XI, China —con posesión de la pólvora, la brújula y una de las mejores marinas de su época— no conquistó el hemisferio americano, lo que constituye uno de los grandes enigmas de la historia.

Diez siglos más tarde, después de su decadencia en el siglo XIX, China deja atrás su complejo aislacionista de la gran muralla e irrumpe con toda su fuerza geoeconómica/geofinanciera en los cuatro rincones del planeta y, en particular, en Latinoamérica: el otrora patio trasero del declinante poder de Estados Unidos.

La irrupción de China en el Continente americano, en general, y en Latinoamérica, en particular, se debe a varios factores que se abordan de manera puntual mediante el análisis multidimensional —geoestrategia, geoeconomía, geopolítica y geofinanzas—, que se aleja de los híper reduccionismos defectuosos de las súper especialidades e intenta expresar una visión holística, para entender la dinámica azorante de los eventos que se catalizaron a partir de la derrota militar de Estados Unidos en Irak en la primavera de 2004, cuando detona el incipiente nuevo orden multipolar que se pudiera sintetizar con el asombroso despegue de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) y el declive del G-7.

No se puede entender el primer bautizo geopolítico de Latinoamérica en su historia sin el declive económico-financiero de Estados Unidos y el auge concomitante de las materias primas (primamateria de Latinoamérica). Tampoco se puede entender la penetración de China en Latinoamérica sin el ascenso espectacular de Beijing al primer nivel geoestratégico.

Nada es producto de la casualidad, sino de la causalidad y su secuencia subsecuente: doble derrota militar de Estados Unidos en Irak y Afganistán; disparo del binomio petróleo/oro simultáneo a la vulnerabilidad del dólar y a la necesidad de buscar nuevas divisas en el mundo; crisis financiera de 2008 que después de cinco años ha contaminado los dos lados del Atlántico norte y ha propiciado la guerra de divisas primordialmente entre el dólar, el euro y el yuan/renminbi chino.

Latinoamérica por primera vez en su historia moderna pasa de la sumisión total desde la Colonia hasta su pasmoso despertar político cuando ostenta óptimos mandatarios —en la dicotomía decimonónica de izquierda/derecha— en una generación, con sus deshonrosas excepciones y decepciones; quienes han sabido leer exquisitamente la nueva escritura en la pared de la geopolítica y la geoeconomía.

Cuando el Destino manifiesto de la doctrina Monroe del siglo XIX (América para los estadounidenses) —una unipolaridad hemisférica que duró dos siglos— ha quedado rebasado por el incipiente nuevo orden multipolar, en forma interesante China y Latinoamérica convergen por primera vez en su historia bajo los imperativos de la complementariedad geoeconómica, que muy bien pudiera desarrollarse con mayor profundidad en el mediano plazo con el intercambio geofinanciero y con la cooperación geopolítica.

La ecuación geoestratégica es muy sencilla: la irrupción de China en Latinoamérica es inversamente proporcional al declive de Estados Unidos.

I. GEOESTRATEGIA

1. LA TRIPLE SOLUCIÓN CHINA PARA LA "SALVACIÓN" DE ESTADOS UNIDOS¹

Llama poderosamente la atención la quietud al borde de la ataraxia filosófica que China ostenta más frente a la inocultable derrota de la otrora superpotencia unipolar que ante su óptimo posicionamiento en el largo plazo en el tablero de ajedrez mundial.

Ante todo, vale la pena una pregunta metafísica: ¿Tiene salvación Estados Unidos? Respuesta categórica: no.

No es ningún sarcasmo cruel, pero Xia Bin, connotado economista y miembro del Comité Monetario del Banco del Pueblo de China (su banco central), en una entrevista con The People’s Daily (26/11/10), sugirió en forma muy seria tres soluciones para salvar la economía estadounidense: 1. Recortar su gasto militar. 2. Vender su oro. 3. Vender su alta tecnología… a China.

Con una deuda impagable que anda en 600 por ciento (¡así, con tres dígitos!) en proporción a su PIB, según el célebre reporte del banco suizo Wegelin, la otrora superpotencia unipolar se encuentra en insolvencia, sin contar el agujero negro de sus derivados financieros—los ominosos hedge funds y los CDS (credit default swaps que apuestan aviesamente a la quiebra ajena de los países)— que operan hoy más frenéticamente que antes del 15 de septiembre de 2008 (hito de la quiebra oficial de la globalización financierista neoliberal) y equivalen virtualmente a 15 veces el PIB global.

No existe dinero humano que alcance para salvar a Estados Unidos de su insolvencia real y virtual.

Dejaremos de lado la imposibilidad humana de una salvación, ya no se diga una redención de la otrora superpotencia unipolar, hoy en decadencia acelerada, y pese a ello desmenuzaremos para beneficio del análisis la viabilidad de las propuestas del economista chino Xia Bin.

En su exordio, Xia Bin fustigó con justa razón la impresión masiva de dólares por la Reserva Federal (el efecto Bernanke) como apuesta de casino, ya que no estimulará el desempleo ni las exportaciones estadounidenses.

A su juicio, el dólar, la mayor divisa de reserva global, se encuentra fuera de todo control y su irresponsable impresión masiva ha contribuido no solamente a la crisis financiera global, sino también a socavar tanto la fortaleza del billete verde como la de su economía en el largo plazo.

Culpó a Estados Unidos, también con justa razón, de ser el responsable de la presente crisis financiera global al haber creado burbujas bursátiles con excesivo dinero fácil, por lo que debía dedicarse a resolver su doble déficit de cuenta corriente y de cuentas de capital mediante la triple solución que propone.

En primer lugar, pese al desvanecimiento de su poder, es necesaria la reducción del gasto militar de Estados Unidos, lo que le ha permitido invertir pesadamente en su presupuesto militar y jugar un papel relevante en la estabilidad global y geopolítica. No especifica ni sugiere monto alguno.

De acuerdo con SIPRI (junio 2010), el gasto militar estadounidense asciende a más de 663 mil millones de dólares (4.3 por ciento de su PIB), frente al segundo lugar, China, con menos de 100 mil millones (2.5 por ciento de su PIB). En forma anómala, los más de 663 mil millones de dólares de gasto militar de Estados Unidos equivalen al gasto del restante de los países en su conjunto.

En realidad, el gasto militar estadounidense representa el doble —es decir, 8.6 por ciento de su PIB—, ya que muchos gastos son escondidos contablemente detrás de rubros de investigación universitaria y extracurricular.

¿Cuántas de las 865 bases militares estará dispuesto a desmantelar Estados Unidos —incluido su centro de espionaje en Paseo de la Reforma 265 (no confundir con el Edificio Omega de Paseo de la Reforma 435, presunta sede diplomática de los servicios secretos de Israel)? ¿Qué porcentaje de sus casi 1.33 millones de millones (trillones en anglosajón) de dólares dejarán recortar sus poderosas fuerzas internas de interés?

Tampoco el recorte militar es una cifra impactante cuando se compara la más reciente impresión de billetes por más de 600 mil millones de dólares: el segundo efecto Bernanke.

En realidad, todo el gasto militar de Estados Unidos, el visible y el oculto, equivale al doble del más reciente efecto Bernanke. No da para tanto, para salvar a Estados Unidos.

Bob Gates, secretario del Pentágono a punto de abandonar el barco que dirige Obama, ha intentado reducir en forma infructuosa el dispendio del gasto militar en algunos rubros (como el mirífico avión JSF).

El problema nodal radica en la bidireccionalidad del gasto militar con las cotizaciones en la bolsa de valores de las principales trasnacionales de Estados Unidos. De ahí que los banksters (banqueros gansteriles) de Wall Street y sus émulos de la City alienten desesperadamente una guerra mundial que no desean sus militares y que, primero, dudamos que ganen, y, segundo, resuelva su agujero negro bursátil de los derivados financieros.

La segunda propuesta de Xia Bin versa sobre la venta de reservas oficiales de oro de Estados Unidos, que poseería más de 8 mil toneladas. Si Estados Unidos desea mayor capital para su recuperación económica sin incurrir en mayor déficit fiscal, entonces lo óptimo sería vender parte de su oro. No especifica ni sugiere cantidad alguna.

Aun vendiendo todo su oro, hoy a casi mil 400 dólares la onza, Estados Unidos no salva su alma de los avernos financieros.

Se nos pasaba: ¿dispone tangiblemente de 8 mil toneladas de oro cuando el representante texano por el Partido Republicano Ron Paul, padre de Rand, uno de los principales líderes del Partido del Té, ha reclamado una auditoría de las tenencias auríferas de la muy mendaz Reserva Federal para verificar sus asertos probablemente inventados?

Y si Estados Unidos no poseyera la cantidad de oro que pretende ostentar, ¿qué propone Xia Bin como alternativa? ¿La venta de la luna, que no es propiedad estadounidense?

La tercera propuesta de Xia Bin suena interesante cuando Obama pretende duplicar las exportaciones en los próximos cinco años para requilibrar su balance comercial, un sueño guajiro que ha sido desechado por los mismos economistas estadounidenses, a quienes ha faltado agregar la enorme salvedad de Xia Bin: Estados Unidos posee gran cantidad de tecnologías avanzadas que rehúsa vender por razones de seguridad.

Los chinos suelen ser muy bondadosamente ingenuos o refinadamente perversos, y Xia Bin no es la excepción cuando asesta que la llave es que Estados Unidos debe confiar en que el ascenso de China es pacífico, después de que los dos países hayan construido una mutua confianza estratégica, lo que pudiera hacer posible que Estados Unidos exporte sus productos de alta tecnología a China.

¿Cuántas y en cuánto estará inclinado Estados Unidos a vender sus tecnologías avanzadas?

No faltarán algunas gangas de la presente tecnología estadounidense en maduración terminal (satelital, misilística, nuclear e informática) que China compre a precios de remate, pero suena muy temerario que se haya atrevido a solicitar la tecnología avanzada estadounidense —que inferimos versa desde la nanotecnología, pasando por la robótica, hasta el HAARP, proyecto militar de ondas de alta frecuencia aplicado a la parte inferior de la atmósfera.

Por vías laberínticas, Xia Bin prácticamente pide con una exquisita suavidad la claudicación tecnológica de Estados Unidos —para no decir su rendición sin condiciones—, por lo que es más factible que la otrora superpotencia unipolar prefiera aventurarse a una enésima guerra mundial, a sabiendas que la va a perder, que a ceder el último arsenal que le queda: su I&D de ensueño.

¿Acabará maltratando China a Estados Unidos como este último ha lastimado sin piedad a México desde 1836?

2. LA COLISIÓN DE ESTADOS UNIDOS Y CHINA EN 2011, SEGÚN LOS ARRUINADOS GLOBALIZADORES UNIPOLARES²

Los desprestigiados cuan vilipendiados oráculos del caduco orden globalizador unipolar —hoy en decadencia irreversible e insolvencia plena— vaticinan un turbulento 2011 y más allá, como refiere George Soros, megaespeculador con travestismo de filántropo y presunto operador de los banqueros esclavistas Rothschild.

Al no haber podido persuadir a China sobre las supuestas bondades de un G-2, los arruinados globalizadores unipolares apuestan a la escalada militar en todo el planeta, la última carta que le queda a Estados Unidos, como deja entrever cruda y cruelmente George Soros: En poderío militar, China no es equiparable con Estados Unidos por algún tiempo (The Star Online, Project Syndicate, 24/12/10), lo que refrenda la tesis bélica de Ambrose Evans-Pritchard, portavoz oficioso de la City, sobre el óptimo momento propicio para asestarle el golpe militar de gracia a China, antes de que sea demasiado tarde.

Desde Irán hasta China, el discurso publicitario de los arruinados globalizadores unipolares, es decir, de los limosneros globales con garrote, se ha vuelto excesivamente análogo.

En paralelo, el muy polémico Grupo Internacional de Crisis (ICG, por sus siglas en inglés), financiado públicamente por el mismo George Soros —y del que forman parte nada sorprendentemente los mexicanos Castañeda Gutman y Zedillo—, avisa en la revista ultraconservadora Foreign Policy, que publica el controvertido Índice de los Países Fallidos, las 16 guerras de 2011, las que, por cierto, implican a cuatro países de Latinoamérica: México, Guatemala, Colombia y Venezuela.

Baste por ahora destacar que el editor en jefe de Foreign Policy, anterior propiedad de Carnegie Endowment for International Peace, adquirida por el grupo de The Washington Post, es nada menos que el israelí-venezolano Moisés Naím, connotado fanático neoliberal y anterior ministro de Turismo de Venezuela en su época aciaga. Se me pasaba: Moisés Naím es miembro del consejo de ICG.

A la sinergia del caos global militarizado propalado por el conglomerado propagandístico George Soros/ICG/Foreign Policy, nada asombrosamente imbricados entre sí, no podía faltar el muy tóxico neoliberal israelí-británico Gideon Rachman, jefe de los comentaristas de asuntos internacionales de The Financial Times (rotativo portavoz del neoliberalismo global).

Después de una extraña visita privada a Calderón (¿para agilizar la privatización petrolera?), Gideon Rachman vaticinó el cambio de régimen en Irán a finales de 2010, lo que, a propósito, resultó grotescamente equivocado

La revista británica The Economist (22/11/10), presunta propiedad de los banqueros esclavistas Rothschild, le consagra una revisión al libro reciente de Gideon Rachman: El mundo suma-cero, ilustrado con la imagen de un precario equilibrio entre Estados Unidos y China, es decir, del idílico G-2 que no pudo ser.

Gideon Rachman, íntimo del espionaje británico (de su propia confesión), sentencia que la atmósfera global será tensa por lo que más vale la pena acostumbrarse a ello.

Como si fuera novedad, Rachman asienta que durante el curso de 2011 será más claro que la crisis económica global habrá amargado también la política internacional.

Mucho antes, LEAP/GEAB, centro geoeconómico francés, ya había adelantado la dislocación geopolítica en todo el mundo como consecuencia del desplome neoliberal anglosajón.

Para Gideon Rachman, quien sufre nostalgia del momento unipolar posterior a la guerra fría cuando Estados Unidos, la Unión Europea, China e India crearon un mundo ganar-ganar. No vale la pena discutir tamaño simplismo al que no llegó siquiera la novela pícara del siglo XVII Simplicius simplicissimus, del alemán Hans Jakob Christoffel von Grimmelshausen.

Hoy, una generación más tarde a la supuesta época dorada de Gideon Rachman, los estadounidenses, como nación e individuos, han empezado a preguntarse si el nuevo orden mundial que ha emergido todavía favorece a Estados Unidos.

Rachman amarra sus muy afiladas navajas israelí-británicas: el ascenso de China está cada vez más asociado con la pérdida de empleos para los estadounidenses ordinarios y como desafío al poder de Estados Unidos. La Unión Europea tampoco se salva y sufre de una atmósfera defensiva con un sentimiento proteccionista y antimigratorio, en medio de la crisis de la eurozona.

Hilarantemente sicologista, Gideon Rachman aduce que la era de los buenos sentimientos con el apogeo de la globalización se ha ido para siempre cuando el mundo ganar-ganar ha cedido su lugar al mundo suma-cero (nota: donde uno gana y el otro pierde).

A su juicio, durante 2011 prevalecerá el desorden en las relaciones internacionales y sus tres síntomas más importantes serán el empeoramiento de las relaciones entre Estados Unidos y China, las querellas en el seno de la Unión Europea y el fracaso acrimonioso para realizar progresos en cualquiera de los grandes temas de la agenda diplomática global; en particular, el cambio climático y la no proliferación.

¿Por qué, entonces, publicita insensatamente su asesorado Calderón que la cumbre del cambio climático en Cancún, despreciada por los grandes actores globales, fue todo un éxito?

El cambio climático fue enterrado en Copenhague como lo había sido anteriormente la Ronda Doha en Cancún, y no es nada genial vaticinar su fracaso, que ya pasó, como el que aventura sobre la no proliferación (léase: selectivamente contra Irán y Corea del Norte, pero no contra Israel) que, por cierto, ha tenido milagrosos avances recientes: desde el tratado de reducción de armas estratégicas (START, por sus siglas en inglés), en su segunda versión, entre Estados Unidos y Rusia, pasando por la desactivación de la tensión en la península coreana (gracias a la mediación del mexicano-estadounidense Bill Richardson y China), hasta las negociaciones del contencioso nuclear iraní que proseguirán en Turquía (una señal alentadora).

Al igual que el conglomerado propagandístico George Soros/ ICG/Foreign Policy, Gideon Rachman confunde la agenda nihilista de la banca israelí-anglosajona con la de Estados Unidos en su conjunto.

Gideon Rachman sostiene que la devaluación artificial del yuan, la divisa china, es fuente del elevado desempleo de Estados Unidos y que Obama, si desea reelegirse, será orillado a firmar la legislación proteccionista del Congreso, que envenenará la amplia relación estratégica entre China y Estados Unidos y cuyo síntoma principal será la abierta rivalidad en el Pacífico, lo que coincide con la tesis hípermilitarista de su correligionario George Soros.

Simplonamente sesgado, Gideon Rachman fustiga el reforzamiento militar de China que obligará a que los estrategas de Estados Unidos reaccionen en 2011 cuando intensificarán los ejercicios militares con sus aliados regionales como Japón, India y Corea del Sur. ¿No se precipita con la incrustación forzada de India?

Amén de que China tiene un gasto militar que equivale a la sexta parte del de Estados Unidos (en realidad es la doceava parte, debido a los ocultamientos contables con máscara civil en investigación y desarrollo del Pentágono), falta ver las repercusiones que tendrá en la filosofía bélica de la Secretaría de Defensa la salida de Bob Gates y su probable remplazo con el general Colin Powell, como adelanta De Defensa, centro de pensamiento europeo.

Pero más que nada falta ver el resultado de la próxima visita a Washington del presidente chino Hu Jintao a su homólogo Obama en la tercera semana de enero, donde se puede profundizar el G-0 de caos global militarizado, pero también se puede alcanzar la estabilización de un equilibrio entre ambas superpotencias globales en la óptica multipolar del G-20, sin tener que pasar necesariamente por el esquema inoperante del G-2.

3. CHINA Y ESTADOS UNIDOS: NI G-2 NI G-0; SENCILLAMENTE G-20³

Mientras la agencia británica de noticias Reuters pregona el fracaso de la cumbre de Estados Unidos y China, la prensa china está más entusiasta que su análoga estadounidense sobre el nuevo capítulo abierto para cooperar y desarrollar una nueva era (Xinhua, 22/01/11), tras su tormentosa relación bilateral durante casi todo 2010.

Xinhua festeja la visita exitosa de cuatro días del presidente Hu Jintao a Estados Unidos donde consiguió definir la volátil relación bilateral que ahora se debe basar en el respeto mutuo y el mutuo beneficio, lo que da a entender muchas cosas —en espera de resultados concretos que efectivamente emergieron, como la desactivación in extremis de una conflagración mayúscula en la península coreana, donde funcionó la cooperación de Beijing y Washington para calmar los ánimos exaltados de las partes.

Xinhua insiste en que la relación China-Estados Unidos es más de importancia estratégica e impacto global que bilateral. Sin duda, pero todavía dista mucho del G-2 falsamente bipolar que anhelan los globalistas anglosajones.

Quizá sueña demasiado Xinhua que ambas superpotencias pueden forjar una nueva manera para que todos los países coexistan armónicamente en un mundo globalizado, en momentos en que arden el Medio Oriente, África y Asia central.

Tan Yingzi y Wu Jiao (China Daily, 22/01/11) pregonan

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