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La seguridad jurídica y otros ensayos

La seguridad jurídica y otros ensayos

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La seguridad jurídica y otros ensayos

Longitud:
188 página
2 horas
Publicado:
Oct 31, 2014
ISBN:
9788447049028
Formato:
Libro

Descripción

Con el título indicado el autor publica ahora una serie de trabajos que han ido cubriendo en su cotidiano quehacer los últimos meses. Como es costumbre en él, los temas jurídicos a desarrollar son varios, para comprender los problemas más complicados que el ordenamiento jurídico plantea. Proceden a veces de conferencias, y otras veces han sido escritos con destino a su publicación. Lo que el autor llama modestamente "ensayos", se refieren, en este caso, a problemas centrales del ordenamiento jurídico, que pertenecen en su mayor parte a temas generales del Derecho. Llaman especialmente la atención por el trabajo que lleva su exposición, las reflexiones sobre los actos de los jueces en cuanto ejercicio del poder judicial y en cuanto solución de los conflictos que puedan existir entre las partes. Hay también nuevas reflexiones sobre la autonomía privada y sobre lo que el autor llama el "contractualismo". En cualquier caso estamos seguros del interés que para todos los juristas preocupados por las características de su quehacer cotidiano puede presentar.
Publicado:
Oct 31, 2014
ISBN:
9788447049028
Formato:
Libro

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La seguridad jurídica y otros ensayos - Luis Díez-Picazo


LA SEGURIDAD JURÍDICA Y OTROS ENSAYOS

Primera Edición

(Autor)

Luis Díez-Picazo



Primera edición, 2014

El editor no se hace responsable de las opiniones recogidas, comentarios y manifestaciones vertidas por los autores. La presente obra recoge exclusivamente la opinión de su autor como manifestación de su derecho de libertad de expresión.

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Fax: 902400010

atencionclientes@thomsonreuters.com

www.thomsonreuters.es

Depósito Legal: NA 1199/2014

ISBN 978-84-470-4902-8

Contenido

1. La seguridad jurídica

2. El ejercicio del Poder Judicial y el acto de juzgar

3. ¿Libertad de testar?

4. Las erosiones en el contractualismo y el abuso de las cláusulas abusivas (Comentario de la STS de 8 de abril de 2011)

5. A vueltas con la autonomía privada en materia jurídica

6. La proscripción general de la violencia en el Derecho privado

7. Altibajos de la autonomía de la voluntad

1

La seguridad jurídica*)

Sumario:

- I -

- II -

- III -

- IV -

- V –

- VI -

- VII -

- VIII -

- IX -

- X -

- XI –

- XII -

- XIII -

- I -

Hay veces en la vida en que uno no tiene más remedio que ocuparse profesionalmente, como profesor o ex-profesor de universidad, de temas jurídicos abstrusos con los que solo es posible enfrentarse poseyendo un dominio suficiente de la filosofía del derecho, por más que esta sea materia de la cual alguno de nosotros tenemos que confesarnos como legos. Me sirve de excusa solamente la obediencia debida a la dirección del centro, y para cumplir mi cometido lo mejor que se puede hacer es empezar por el principio. El principio debe ser en esta, como en tantas otras cosas, un texto de la Constitución.

En ella, la llamada seguridad jurídica aparece mencionada específicamente en el art. 9.3, con el que se cierra el Título Preliminar. El precepto dice lo siguiente: «La Constitución garantiza el principio de legalidad, la jerarquía normativa, la publicidad de las normas, la irretroactividad de las disposiciones sancionadoras no favorables o restrictivas de derechos individuales, la seguridad jurídica, la responsabilidad y la interdicción de la arbitrariedad de los poderes públicos». Es evidente que en el precepto constitucional citado se reúnen demasiadas cosas que son muy heterogéneas. Podemos volver a enumerarlas.

1º.-El principio de legalidad que debe significar más o menos el reconocimiento de la ley como primera de las fuentes del derecho.

2º.-La jerarquía normativa, que supone que las normas legales, reglamentarias y no legales ni reglamentarias, se encuentran escalonadas y que las normas de mayor rango se aplican preferentemente a las normas de rango menor con independencia de que puedan o no anularlas.

3º.-La publicidad de las normas, que es una forma de exigir que puedan ser conocidas por los destinatarios a los que se impone su cumplimiento obligado. Naturalmente, la exigencia de «publicidad» se refiere a las normas legales y reglamentarias y no resulta aplicable a las demás, por lo menos de manera inmediata.

4º.-La regla sobre la irretroactividad de las normas legales y reglamentarias, que en principio implica que cada acto o actuación jurídica se rige por las normas vigentes en el momento de producirse, y que no es legítimo establecer normas ex-post que puedan regular situaciones que no eran reguladas por tales normas en el momento de haberse producido o realizado.

5º.-La interdicción de la arbitrariedad de los poderes públicos, que impide a estos últimos actuar tratando de liberarse de las normas legales y reglamentarias que a su propio comportamiento como tales poderes públicos se imponga. Es arbitrariedad también la actuación de los poderes públicos cuando, aun pudiendo moverse con libertad, lo realizan en forma que pueda provocar el rechazo fundado y razonable de los destinatarios de las normas.

6º.-La responsabilidad de los poderes públicos, la cual se producirá en todos aquellos casos en que hayan actuado arbitrariamente o no hayan observado los mandatos impuestos por el llamado principio de seguridad.

He dicho que en el art. 9.3 CE hay demasiadas cosas, y no todas homogéneas, pero cada una de ellas, o el conjunto de todas, forma lo que antes y después tendremos que llamar seguridad jurídica.

La idea de seguridad jurídica aparece a primera vista como un factor que permite la fusión de todas y cada una de las reglas particularizadas que han sido aludidas, aunque también se pueda contemplar a la inversa, como el factor que permite la fusión o simplemente la reunión de todas y cada una de las reglas particulares antes aludidas.

En este sentido tenía razón la STC de 27/1981, de 20 de julio, cuando dijo que la seguridad jurídica es «suma de certeza y legalidad, jerarquía y publicidad normativa, irretroactividad de lo no favorable, interdicción de la arbitrariedad, pero que tampoco se agota con ello la regla, porque si se agotara con la adición de estos principios, no hubiera necesitado ser formulada expresamente». Por eso la citada sentencia pudo decir que: «la seguridad jurídica es la suma de estos principios, equilibrada de tal suerte que permita promover, en el orden jurídico, la justicia y la igualdad, en libertad», lo cual da base a la idea de que la seguridad jurídica es el ambiente en el cual se pueden realizar, en libertad, los valores de justicia y de igualdad.

En un sentido parecido, la STC 165/1999 dijo que, aunque la seguridad jurídica no se configura en nuestro texto constitucional como un derecho subjetivo y, menos aún, como un derecho de naturaleza fundamental a efectos de una más intensa tutela jurisdiccional a través del recurso de amparo, no debe olvidarse su carácter de denominador común de tantas categorías jurídicas que contribuyen a perfilarla e incluso a entenderla.

- II -

Quizás convenga ahora tratar de penetrar en el significado gramatical de la idea de seguridad jurídica a partir de las palabras utilizadas por el constituyente y antes por la doctrina científica.

La seguridad jurídica es una situación personal, pero es también una situación social. Denota, ante todo, un funcionamiento normal del ordenamiento jurídico, el propósito de los particulares de obedecer las disposiciones de las leyes y conseguir con todo ello un factor o un elemento de seguridad. Algunas sentencias, como es el caso de la STC 325/1994, de 12 de diciembre, han apuntado la distinción entre varias acepciones de la idea de seguridad y la diferencia que puede existir entre ellas.

La sentencia mencionada distingue la seguridad jurídica en general, la seguridad personal y la seguridad pública. Como sus propias formas de ejercitarse, las ideas que denotan que seguridad personal es la que cada persona puede mantener y seguridad pública la que puede mantener la totalidad de un grupo humano tenga este la extensión que pueda tener.

La STC 325/1994, de 12 de diciembre señaló que el concepto de seguridad púbica está excluido del art. 9.3 y del 17 CE, y que la seguridad personal alude a la tranquilidad que puede determinar la eliminación de los temores. La seguridad jurídica y la seguridad personal son soportes y compañeras de la libertad personal.

Así consideradas las cosas, seguridad es, ante todo, certeza o certidumbre. Es la posibilidad en que cada individuo se puede encontrar de considerar que serán ciertas en el futuro determinadas circunstancias que debemos considerar como de indubitada producción. De este modo, la idea de certeza o certidumbre enlaza inmediatamente con la idea de confianza: puesto que se tiene certeza, se puede y se debe confiar en que en el futuro determinados hechos respecto de los cuales los individuos pueden tener un especial interés, se producirán o no.

En el mismo sentido, pero vistas las cosas desde otro ángulo, seguridad es ausencia, prevención o impedimento de determinados riesgos y peligros. Puede decirse que la vida del hombre es «segura», cuando tales riesgos o peligros no existen o se puede confiar en que no se produzcan.

En cualquier caso, puede aseverarse que la seguridad jurídica es, ante todo, seguridad de las normas aplicables a determinados supuestos de hecho, de manera que referida a las normas existe una «seguridad normativa», pero la seguridad comprende también la idea de que la materia regulada por las normas continuará recibiendo las mismas soluciones jurídicas. En este sentido, puede decirse —y se ha dicho a veces— que la seguridad jurídica es el poder de predecir o pronosticar con algún fundamento el resultado que tendrá un litigio futuro que se contempla solo hipotéticamente en cuanto a su producción o que se contempla como ya ocurrió.

Si se me permite el juego de palabras, podría decirse que un ordenamiento es seguro cuando el fundamento del pronóstico goza de la probabilidad de un cumplimiento elevado. Por decirlo de otro modo, sería como si el organizador de unas apuestas facilitara a los apostantes los datos que estos necesitan para alcanzar la exactitud de los resultados y de este modo ganar los premios ofrecidos.

- III -

Hemos dicho anteriormente que en nuestra opinión el valor de la seguridad jurídica está estrechamente relacionado con la confianza, y consideramos que la confianza es un factor social muy valioso, ya que es el clima donde pueden desarrollarse las actividades más importantes y conseguir que la realización de los esfuerzos de los particulares sea económicamente valiosa. La confianza se coloca en el desarrollo y en la evolución ulterior de la vida económica y social de un país, teniendo en cuenta la marcha de su economía, la dosis de paz social y otros factores parecidos.

Por supuesto, es también confianza en la rectitud, la probidad y la inteligencia de los gobernantes, de manera que la seguridad afecta tanto al gobierno y al Estado como a la sociedad en sí misma.

No me resisto a dejar de recordar aquí, trayéndola a colación, la idea de «credere», de donde viene la palabra «acreedor», que significa una persona que cree y espera que su interés se vea satisfecho. Como acabo de decir, solo una sociedad de individuos que puedan profesar una cierta dosis de confianza está en condiciones de desarrollarse adecuadamente. Con todo, no quiero decir que los individuos puedan convertirse en ilusos y colocar su confianza en puntos que no la merezcan, o que sea claro que en ellos no se van a cumplir los datos necesarios. Profeso la idea de que todo individuo que

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