Encuentra tu próximo/a libro favorito/a

Conviértase en miembro hoy y lea gratis durante 30 días
Abogados: Gestión y Servicio

Abogados: Gestión y Servicio

Leer la vista previa

Abogados: Gestión y Servicio

Longitud:
372 página
3 horas
Publicado:
Aug 3, 2012
ISBN:
9788490142561
Formato:
Libro

Descripción

Abogados: Gestión y Servicio, nace fruto de la experiencia adquirida por Óscar Fernández León en su práctica profesional como abogado en ejercicio y en el desarrollo de actividades de organización y gestión como socio director de un despacho de abogados. Gracias a estos roles ha podido conocer en primera línea la transformación que está viviendo en la actualidad el sector de la abogacía, y la consiguiente evolución de la figura del profesional del derecho en el siglo XXI. Dirigido a los profesionales del derecho, tanto a los que inician su andadura como a aquellos que disfrutan de una amplia experiencia, Abogados: Gestión y Servicio tiene como objetivo transmitir la ineludible necesidad de implementar en sus despachos las habilidades propias del modelo de gestión empresarial (misión, visión, cultura, estrategia, etc. ?), armonizándolas con los principios y valores tradicionales que constituyen la identidad del abogado y a los que igualmente dedica parte de la obra (independencia, lealtad, constancia, prudencia, etc. ?). Planteada desde una perspectiva eminentemente práctica, y con un lenguaje directo y sencillo, el lector encontrará en esta obra las herramientas imprescindibles para la puesta en funcionamiento de las ideas sugeridas, animándole a la toma de las decisiones oportunas a fin de posicionarse e implementar los cambios necesarios para la modernización y mejora de la gestión de su organización y de los servicios a prestar. Se trata pues de alcanzar mayor calidad en la gestión y el servicio.
Publicado:
Aug 3, 2012
ISBN:
9788490142561
Formato:
Libro

Sobre el autor


Relacionado con Abogados

Leer más de óscar Fernández León

Vista previa del libro

Abogados - Óscar Fernández León


ABOGADOS: GESTIÓN Y SERVICIO

Primera Edición

(Autor)

ÓSCAR FERNÁNDEZ LEÓN

Abogado

(Prólogo)

José Manuel Valdayo del Toro



El Editor no se hace responsable de las opiniones recogidas, comentarios y manifestaciones vertidas por los autores. La presente obra recoge exclusivamente la opinión de su autor como manifestación de su derecho de libertad de expresión.

Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com; 91 702 19 70 / 93 272 04 45).

Thomson Reuters y el logotipo de Thomson Reuters son marcas de Thomson Reuters

Aranzadi es una marca de Thomson Reuters (Legal) Limited

© 2012 [Thomson Reuters (Legal) Limited / Óscar Fernández León]

Editorial Aranzadi, S.A.U.

Camino de Galar, 15

31190, Cizur Menor

Teléfono: 902404047

Fax: 902400010

atencionclientes@thomsonreuters.com

www.thomsonreuters.es

Depósito Legal: NA 892/2012

ISBN 978-84-9014-256-1

A Silvia, por su paciencia y apoyo constante.

A Juan Iribas, escritor y periodista, por confiar en mí desde el primer momento y animarme en este proyecto.

Prólogo

Conocí por primera vez al autor del libro a mediados de los años 80, formaba parte de un grupo de jóvenes abogados, todos ellos con una pasión en común: la aplicación del derecho a los vaivenes y problemas de sus clientes. Tenían y aún la siguen teniendo, una fé ciega en el estudio, en mejorar, en estar a la última de las corrientes jurisprudenciales del Tribunal Supremo, o simplemente saber de nuevas experiencias o habilidades de los más mayores dentro de su profesión. Era una carrera hacia el infinito, pues lo es el saber, y esto se agudiza más si hablamos del derecho y de su aplicación, que es la tarea que le corresponde a los abogados.

A los jueces les corresponde impartir justicia, y a otros profesionales otras tareas igualmente encomiables, pero a los abogados deben ser especialmente defensores de la justicia, pues son los verdaderos guardianes de ésta, no habría jurisprudencia y por tanto avances en la justicia sin abogados, porque tras el estudio, la perseverancia, y sobre todo por su sapiencia, escritos, oralidad y otras habilidades han servido para mover montañas dentro del campo de la justicia a todos los niveles.

El lector tiene en su mano una monografía de las denominadas «Desarrollo personal y autoayuda», pero si busca en ella como obtener el mejor pleito y hacerse millonario, se equivoca, éste no es un manual al uso para ello, por el contrario si lo que desea es mejorar en su carrera profesional, interactuar con otras habilidades ya aprendidas, o simplemente amar su profesión de abogado, éste es su libro.

Tengo la suerte de convivir entre abogados desde finales de los 70, entonces la profesión era bastante prestigiosa, hoy en día es mucho más compleja y difícil. Por ello puedo «testificar» que en aquella época no existían libros como el que tiene en sus manos, quizás algún artículo de revista podría mencionar algunas orientaciones acerca no ya de esta bendita profesión, sino otras incluso. En especial recuerdo con cariño un título: «Las mejores salidas de la carrera de derecho» de Ignacio Serrano Butragueño, creo que aún se publica. La realidad es que no existían ejemplares que respondieran a las preguntas y respuestas que se plantean no sólo ya el joven abogado, sino también otros que no lo son tanto. La experiencia del autor queda plasmada en cada una de las palabras impresas de esta obra y por ello debe servir para aquella persona que se inicia en la abogacía como un material de cabecera. Téngase en cuenta que no sólo existe el trabajo duro y difícil en esta profesión, sino que además es necesario en la sociedad actual en la que vivimos, un plus para poder afrontar con ciertas garantías su profesión. Este trabajo de Oscar Fernández León, le ofrece una guía para mejorar en su carrera en los tiempos tan difíciles en los que estamos, le ayudará en mejorar en la comunicación con el cliente, podrá gestionar mejor el tiempo, amará más –todavía– si cabe su profesión, será más leal al compañero y esto al mismo tiempo redundará más en su prestigio ante los colegas y por tanto también elevará el del gremio, le auxiliará a gestionar y organizar internamente el despacho y sobre todo le aseguro que obtendrá –si lo aplica– muchas satisfacciones y recompensas.

Recientemente la profesión ha visto cambios importantes en su regulación, así la Ley 34/2006, sobre el acceso a las profesiones de Abogado y Procurador, –por cierto modificado recientemente, cuando se escribe este prólogo con el RDL 5/2012 de Mediación en asuntos civiles y mercantiles– en su exposición de motivos ya señalaba la falta de práctica de los futuros abogados una vez Licenciados. Posteriormente, el RD 775/2011 desarrolló la ley mencionada indicando tres pilares básicos para realizar el futuro Máster de Abogacía: formación especializada, prácticas externas y, por último, evaluación para obtener la capacitación para poder inscribirse en un Colegio de Abogados y así poder comenzar el ejercicio profesional. Entre sus objetivos, está el configurar un plan de estudios adecuado para afrontar el ejercicio, por eso se menciona especialmente en el art. 10 del Reglamento que los cursos de profesión de Abogado deberán al menos tener las siguientes competencias profesionales: desarrollar habilidades para ser posible aplicar los conocimientos jurídicos, interrogatorios, oralidad, conocer medios alternativos a la solución de conflictos, conocer y aplicar la deontología profesional, también ser responsable –en su caso– de su actuación profesional, desarrollar habilidades y destrezas para mejorar la defensa de los intereses del cliente, mejorar la eficiencia del trabajo y organización del despacho. Estas son sólo algunas –no se citan todas– de las competencias que debe adquirir la persona si quiere ser abogado.

Por tanto, no sólo es recomendable este extraordinario manual para el graduado en Derecho que próximamente iniciará su Máster, sino además para aquel Letrado que ya funciona con su despacho abierto al público, pues lo que pretende es una cosa tan simple pero inmensamente noble, ser mucho más eficientes, porque si lo conseguimos la justicia en si misma habrá mejorado, lo que en definitiva es el objetivo de cualquier abogado que se precie.

José Manuel

VALDAYO DEL TORO

.

Abogado, Bibliotecario y Responsable de Documentación del Ilustre Colegio de Abogados de Sevilla.

Introducción

El modelo de despacho de abogados que prevalece en el sector hasta el último cuarto del siglo pasado es el conocido como bufete tradicional o artesanal, asentado en la gestión de un proyecto unipersonal en el que el abogado titular ejercía su praxis con una clara tendencia al asesoramiento generalista y con vocación de servicio al cliente, en un mercado en el que la competencia entre abogados era meramente anecdótica. Sin embargo, a finales de los ochenta se producen una serie de circunstancias políticas y económicas que establecen las bases para la transformación del sector (la expansión organizativa y territorial de los clientes, la globalización de los mercados, una mayor complejidad del ordenamiento jurídico, la irrupción de despachos extranjeros y el desarrollo de las nuevas tecnologías), factores que, en su conjunto, han motivado que los despachos se vean obligados a alcanzar una mayor dimensión y organización con el fin de poder afrontar la incipiente competencia, y responder así a una nueva y exigente demanda.

Para responder a esas necesidades y ser más eficientes, los despachos de abogados, individuales y colectivos, no han dudado de implantar técnicas y herramientas importadas del campo empresarial, ya que en la actualidad la calidad de la prestación de los servicios y la satisfacción del cliente no dependen exclusivamente de los conocimientos del abogado, sino que están directamente relacionados con todo el trabajo de organización y gestión de los recursos humanos, físicos y de otro tipo que participan en el proceso productivo y cuya transformación es esencial para la prestación de los servicios profesionales.

Con estas premisas, este libro nace fruto de la experiencia adquirida tanto en el ejercicio de la abogacía como en el desarrollo de actividades de dirección y gestión del despacho del que soy socio director, sin olvidar los conocimientos adquiridos a través de mi participación en el blog Manual Interno de Gestión del diario digital legal today. Planteado desde una perspectiva eminentemente práctica, su principal pretensión es transmitir a los abogados, tanto a los que inician su andadura como aquellos que disfrutan de una amplia experiencia, algunas reflexiones sobre la necesidad que tiene el abogado de armonizar las exigencias del nuevo modelo profesional con los principios y valores que siempre han impregnado la profesión de abogado. De este modo, el libro, basado en numerosos estudios del campo empresarial, sin descartar la aplicación de conceptos importados de la filosofía y psicología, se presenta como un manual innovador para el moderno abogado, pero también cuidadoso con los elementos que impregnan la figura tradicional del mismo. En definitiva, el libro muestra la imagen que el autor tiene del abogado del siglo XXI.

Dividido en seis capítulos, el primero realiza una aproximación a las circunstancias que motivan que la abogacía sea una profesión compleja y difícil, haciendo un recorrido por algunas de las destrezas que ayudarán al abogado a superar las dificultades; en el segundo, partiendo de la transformación del sector, se reflexiona sobre las nuevas habilidades que deben potenciar los abogados; el capítulo tercero trata algunos de los principios y valores esenciales de la abogacía; el cuarto, centrado en el concepto de la cultura del despacho y la cultura de servicio, recorre diversos aspectos de la interacción con el cliente; el capítulo quinto, analiza algunas técnicas y habilidades vinculadas al mundo de la empresa que considero están estrechamente ligadas a la abogacía; finalmente, el capítulo sexto ofrece una visión práctica de mis inquietudes sobre algunos aspectos de actualidad de la profesión. A modo de epílogo, el libro concluye con un decálogo del abogado.

Capítulo I

No es oro todo lo que reluce

ÓSCAR FERNÁNDEZ LEÓN

Abogado

Sumario:

1. La abogacía no es tarea fácil

1.1. La abogacía es una profesión exigente

1.2. Nuestro trabajo condiciona nuestro perfil profesional

1.3. La dinámica victoria-derrota

2. Adversidad y abogados: compañeros de viaje

2.1. Cuestión de percepción

2.2. Los remedios del abogado contra la adversidad

2.3. Un cuento a modo de conclusión: un justo revolcón

3. Sé constante y persevera

3.1. Cuando bajamos la guardia

3.2. Algo más sobre la constancia

3.3. Enemigos de la constancia

3.4. El abogado perseverante

Todos los que nos dedicamos a la abogacía coincidimos en calificar nuestra profesión como apasionante y exigente. El letrado que lleve unos cuantos años de ejercicio a sus espaldas sabe que para abogar hay que estar revestido de una capacidad especial, modelada a base de pasión y sacrificio, que es la que nos permite superar las difíciles situaciones a las que nos enfrentamos en nuestro quehacer diario.

En este primer capítulo realizaremos una aproximación a las circunstancias que hacen que la abogacía sea una profesión compleja, haciendo un recorrido por algunas de las destrezas o habilidades que ayudarán al abogado a superar las dificultades y que, por consiguiente, lo acompañaran durante todo su recorrido profesional.

1. LA ABOGACÍA NO ES TAREA FÁCIL

«No desees que las cosas sean más fáciles, desea ser mejor; no desees menos problemas, desea tener más habilidad para resolverlos; no desees que eliminen pruebas en tu camino, sino desea superarlas» Mr.

SHOAFF

1.1. LA ABOGACÍA ES UNA PROFESIÓN EXIGENTE

En mis primeros años de ejercicio profesional me encontraba tan ilusionado en mi formación como abogado, que jamás reparé en la dureza de nuestra profesión. Mientras los compañeros más veteranos me recordaban continuamente esta idea, yo andaba de un lado para otro, haciendo todo lo que estaba en mi mano para aprender y crecer como abogado, no reparando en las dificultades inherentes a la profesión que había escogido. Y aunque resulte llamativo, esto lo afirmo con la más absoluta certeza, precisamente porque hoy, con la perspectiva del tiempo, veo esta complejidad y dureza con más claridad que nunca.

Y es que con el paso del tiempo, la práctica facilita nuestro aprendizaje, y ello nos da esa pátina de madurez que nos permite observar con claridad la exigencia tan elevada que rodea nuestra actividad en múltiples facetas, y que sólo nosotros conocemos porque las vivimos en primera persona. ¿Cuántas veces lo has pasado mal en el ejercicio de tu profesión? ¿Cuántas veces han herido tú orgullo? ¿No te has sentido a veces solo e incomprendido a causa de tu profesión? En definitiva, ¿te has preguntado alguna vez «merece esto la pena»? Apuesto a que en otras profesiones no se producen tantas fases de subida y descenso del estado de ánimo del profesional como en la abogacía.

La razón de esta particular situación reside en que el conflicto jurídico en el que interviene el abogado oculta un drama en el que los adversarios disputan sobre bienes, valores y derechos, conflicto éste que tiene como centro un enfrentamiento humano en el que la persona constituye el principio y fin del derecho, que tiene como objeto la realización de la justicia

¹)

. Si a ese trasfondo humano añadimos que nuestra vida profesional se desarrolla en unas condiciones, digamos muy especiales, es natural afirmar que los abogados estamos sometidos a un desgaste personal y profesional permanente. Don Antonio

SOTILLO

²)

lo expresa perfectamente en su comentario sobre el libro Sobre El Alma de la Toga:

«Los fracasos profesionales, las graves deficiencias de nuestro sistema de Administración de Justicia, los múltiples problemas que plantean clientes que, en ocasiones, desprecian nuestro trabajo, porque lo ignoran, todas esas circunstancias y algunas otras nos pueden hacer perder la ilusión en lo que hacemos»

1.2. NUESTRO TRABAJO CONDICIONA NUESTRO PERFIL PROFESIONAL

Al hilo de lo anterior, en un artículo publicado en la revista digital, legal today, José

ENEBRAL FERNÁNDEZ

³)

, cita el trabajo de Seligman titulado «Authentic Happines», destacando diversas variables que concurren en la actividad de los abogados:

- Los abogados han de ser pesimistas, y ésta es su actitud más prudente; deben anticipar toda suerte de argucias e incidencias negativas posibles en sus casos.

- Son dependientes de normas y procedimientos, disponen de muy estrechos márgenes de decisión en su ejercicio.

- También por la mecánica funcional, los abogados podrían estar perdiendo información que aportaría significado, luz y certidumbres.

- Se ven rodeados de conflictos y tensión, y en mucha menor medida de emociones positivas que, si se dan, duran poco.

- Una importante parte de su actividad se produce (típicamente aislados) consultando información y preparando escritos ajustados a formatos establecidos.

- Soportan una excesiva dilación en la resolución de sus casos, y han de dedicarse a varios asuntos concurrentes, normalmente diversos y complejos.

- Pertenecen a un mundo sometido a la dinámica victoria-derrota, lo que conlleva una sensible erosión emocional.

- Actúan en el marco singular de dignidades y jerarquías de la Justicia, sometidos por tanto al criterio aplicativo de los jueces.

Conforme a dichas variables, no puede sorprendernos el resultado que arrojan algunos estudios realizados sobre el sector de la abogacía. Javier

HERNÁNDEZ

. Decano en funciones del colegio de Zaragoza y coordinador del reciente informe del CGAE

⁴)

«La Abogacía Española en Datos y Cifras», explica que hay un «número elevado de bajas no vegetativas en los colegios, y la mayoría se produce en los cinco primeros años de ejercicio». Las razones pueden estar en la alta competitividad, la ausencia de formación y los horarios extenuantes de este sector. El Consejo General de la Abogacía Española constata en dicho informe que una «buena parte» de las 6.000 personas que se inscriben cada año en los colegios acaba abandonando la profesión. Concretamente, alrededor de 3.000 personas se borran de los colegios cada año, la mitad de los que se apuntan. Diversas fuentes afirman, de forma orientativa, que cerca de un 20% de las bajas son vegetativas –fallecimiento o jubilación–. Por lo tanto, el resto, alrededor de un 80%, son abandonos no forzados. Esto supone que, al final, el 40% de los que empiezan a ejercer dejan la abogacía.

1.3. LA DINÁMICA VICTORIA-DERROTA

Dicho esto, si tuviera que elegir qué factor adverso que incide más en el trabajo de un abogado, me decantaría por la proporción éxito/fracaso que define su actividad profesional especialmente en cuanto al resultado de su actividad forense, íntimamente relacionada con la dinámica victoria-derrota a la que nos referíamos anteriormente.

Sin embargo, sobre el ejercicio profesional del abogado existe mucha confusión. Las personas desconocen que nuestra obligación forense es de medio y no de resultado. En las causas judiciales, casi siempre alguien gana y alguien pierde, y raramente ganan todas las partes. El abogado organiza la defensa de su patrocinado con todos los elementos de los que dispone y que pueden beneficiar a su representado, pero la decisión corresponde al Juzgador, sin olvidar que enfrente encontramos a otro abogado oponiéndose a nuestros argumentos al amparo de

Has llegado al final de esta vista previa. ¡Regístrate para leer más!
Página 1 de 1

Reseñas

Lo que piensa la gente sobre Abogados

0
0 valoraciones / 0 Reseñas
¿Qué te pareció?
Calificación: 0 de 5 estrellas

Reseñas de lectores