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El Leasing Mobiliario como garantía en operaciones financieras

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El Leasing Mobiliario como garantía en operaciones financieras

Longitud:
329 página
4 horas
Publicado:
Feb 20, 2013
ISBN:
9788447042777
Formato:
Libro

Descripción

Las situaciones de crisis económica y la necesidad de financiación han hecho resurgir figuras jurídicas como el leasing, que permite la compra financiada de bienes en situaciones de falta de recursos y necesidad de renovar equipos o el inicio de actividades empresariales sin grandes desembolsos de capital inicial. Mediante la combinación de una serie de contratos clásicos (compraventa, arrendamiento y opción de compra), se desarrolla una fórmula de financiación que facilita la actuación en el mercado. De esta manera, el empresario puede usar los bienes necesarios para llevar a cabo su actividad empresarial y dedicar parte de sus beneficios al pago de las cuotas derivadas de la cesión del uso e, incluso, llegar a adquirir los bienes por una cuota residual. En este trabajo se revisa el sistema de transmisión de la propiedad y de la figura del leasing en el ordenamiento español y europeo y analiza sus problemas actuales y sus perspectivas de futuro, según el proyecto de unificación del derecho privado patrimonial europeo (Draft Common Frame of Reference), ya que las diferentes regulaciones que existen en Europa y el agravamiento de la crisis económica, con continuos procesos concursales para todo tipo de empresas, han acrecentado la inseguridad jurídica sobre la materia, sobre todo para ciudadanos de la Unión Europea que trabajan en un mercado internacional.
Publicado:
Feb 20, 2013
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9788447042777
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Libro

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El Leasing Mobiliario como garantía en operaciones financieras - Mª Rosario Díaz Romero


EL LEASING MOBILIARIO COMO GARANTÍA EN OPERACIONES FINANCIERAS

Primera Edición

(Autor)

MARÍA DEL ROSARIO DÍAZ ROMERO

Profesora Titular de Derecho Civil. Universidad Autónoma de Madrid



Primera edición, 2013

Este trabajo se enmarca en el Proyecto de Investigación DER2008-05222, sobre Las garantías reales mobiliarias en el Derecho europeo y comparado, financiado por DGICYT. Ministerio de Ciencia e Innovación

El editor no se hace responsable de las opiniones recogidas, comentarios y manifestaciones vertidas por los autores. La presente obra recoge exclusivamente la opinión de su autor como manifestación de su derecho de libertad de expresión.

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© 2013 [Thomson Reuters (Legal) Limited / Mª del Rosario Díaz Romero]

Editorial Civitas, SA

Camino de Galar, 15

31190, Cizur Menor

Teléfono: 902404047

Fax: 902400010

atencionclientes@thomsonreuters.com

www.thomsonreuters.es

Depósito Legal: NA 108/2013

ISBN 978-84-470-4277-7

A mis José Antonio, José Antonio y Laura

Contenido

I Introducción

II La traditio como requisito de transmisión de la propiedad en el sistema jurídico español

III El leasing y la transmisión de la propiedad traditio consensu

IV Especial referencia al Derecho Comparado y al Marco Común de Referencia de la Unión Europea

V El arrendamiento financiero en el sistema del Common Law: naturaleza jurídica diversa. Posibilidad de garantía real

VI El leasing como figura análoga a los derechos reales de garantía en la aplicación práctica

VII Referencia al leasing financiero internacional, en el Tratado UNIDOROIT de 28 de mayo de 1988 y Textos sobre Garantías Reales preparados por la CNUDMI, Conferencia de la Haya y UNIDROIT, Nueva York 2012

VIII Leasing de bienes de consumo. Régimen jurídico

IX Conclusión final

X. Anexo. Formularios

XI. Jurisprudencia

XII. Bibliografía

I

Introducción

Las necesidades económicas de financiación han dado lugar a la creación de figuras jurídicas alternativas a las tradicionales, como el leasing, que permiten, a particulares y empresas interesadas en el ejercicio de actividades o la compra financiada de bienes muebles o inmuebles, intentar controlar los efectos jurídicos de dichas operaciones.

Los motivos por los que se opta por el contrato de leasing pueden ser muy variados, desde falta de recursos y necesidad de renovar equipos hasta necesidades de financiación para el inicio de actividades empresariales sin grandes desembolsos de capital inicial.

Por ello, el origen jurídico del leasing

¹)

(finales del S.XIX y su auge en la segunda mitad del S. XX con una fuerte crisis económica) se centra en la creación de un procedimiento económico, en el que, mediante la combinación de una serie de contratos clásicos (compraventa, arrendamiento y opción de compra), se ofertaba a las empresas nuevas fórmulas de financiación para facilitar su actuación en el mercado.

De esta manera, el empresario puede usar los bienes necesarios para llevar a cabo su actividad empresarial y dedicar parte de sus beneficios al pago de las cuotas derivadas de la cesión del uso e, incluso, llegar a adquirir los bienes por una cuota residual

²)

.

En líneas generales, el leasing nace en el terreno de las actividades profesionales, comerciales o industriales como una operación de financiación que da lugar a un conjunto de transferencias patrimoniales de tal envergadura, que su formalización, documentación y eficacia, reclaman la aplicación de los resortes de seguridad y garantía del Derecho civil

³)

.

La regulación y efectos del leasing dependen de diversas cuestiones fundamentales del ordenamiento jurídico-civil de cada país donde se pretenda utilizar.

Como ya se ha puesto de manifiesto por estudiosos de la figura, los intereses económicos y financieros deben valorarse según criterios de justicia para conseguir una regulación jurídica eficaz, cuyos requisitos y efectos sean acordes con los principios y valores jurídicos de cada ordenamiento jurídico

⁴)

.

Uno de los presupuestos que, precisamente, ha de considerarse fundamental en dicha regulación es el sistema de transmisión de la propiedad, que se produce en dos momentos esenciales de la estructura del leasing, al adquirir el bien del propietario y al transmitirlo por la sociedad de leasing al usuario, mediante la ejecución de la opción de compra.

En nuestro entorno jurídico, el sistema de transmisión de la propiedad, no ha dejado de provocar reflexión y polémica, pues antes de la promulgación de nuestro Código civil ya se discutía sobre el sistema a adoptar

⁵)

.

Uno de los requisitos fundamentales de nuestro sistema transmisivo de la propiedad, la traditio, se muestra como el eje fundamental y resulta causalmente enlazado al contrato o negocio jurídico que la precede

⁶)

.

Esta consideración sobre el papel de la traditio ha sido objeto de polémica doctrinal, pero lo cierto es que en la actualidad sigue siendo vigente en nuestra normativa civil.

Desde la promulgación de nuestro Código Civil, prestigiosos civilistas advertían de la posible confusión a la que podía inducir la terminología empleada en el tema de la transmisión de la propiedad. Comentarista tan prestigioso como SCAEVOLA mencionaba «el remolino de los conceptos jurídicos de medio, modo y título adquisitivo» que presentaba dicho texto legal

⁷)

.

Igualmente, se ha seguido manifestando que nuestro sistema traslativo de la propiedad y de modificación jurídico-real no es sencillo ni claro pero la tradición sigue siendo el eje

⁸)

.

Todas estas reflexiones, se encuentran refrendadas por la jurisprudencia que sigue, lógicamente, defendiendo la teoría del título y el modo, como elementos esenciales, para que se pueda determinar la adquisición de la propiedad sobre bienes

⁹)

.

A este tipo de comentarios se unen las reflexiones de algunos juristas, en torno a la idea de que el requisito de la inscripción en el Registro de la Propiedad, que introduce el artículo 1473 del Código Civil en los casos de doble venta, sustituye a la tradición, por la eficacia de la protección frente a terceros que la inscripción en el Registro de la Propiedad proporciona

¹⁰)

.

1

Vid. sobre el origen y desarrollo del leasing, GARCÍA SOLÉ, F.: «El leasing en la práctica mercantil. Aspectos generales», Cuadernos de Derecho y Comercio, 2003, núm. 40. Leasing mobiliario, pp. 271-273.

2

GARCÍA SOLÉ, F.: «El leasing en la práctica mercantil. Aspectos generales», Cuadernos de Derecho y Comercio, 2003, núm. 40. Leasing mobiliario, pp. 267-268.

3

MANZANO SOLANO, A.: «La casuística del leasing inmobiliario», Libro-Homenaje a Juan Manuel Rey Portolés, Centro de Estudios Registrales, Madrid, 1998, p. 124.

4

AMORÓS GUARDIOLA, M.: «El leasing inmobiliario y su inscripción registral», Revista Critica de Derecho Inmobiliario, núm. 569, 1985, p. 869.

En opinión de este autor, «el Derecho recoge las realidades económicas y los problemas que plantean a la convivencia social. Pero los intereses económicos no pueden condicionar la protección jurídica, sino que deben ser valorados desde el prisma de la Justicia para dotarles de sanción social...».

5

Como reconoce DÍEZ-PICAZO Y PONCE DE LEÓN, L.: Fundamentos del Derecho Civil Patrimonial III, Madrid, 1995, p. 772, basta contrastar el artículo 609.2 in fine, y el artículo 1095 de nuestro vigente Código civil, con el texto que «GARCÍA GOYENA había insertado en el Proyecto de 1851 –la entrega de la cosa no es necesaria para la traslación de la propiedad; la propiedad pasa al acreedor desde que el deudor quedó obligado a su entrega– para comprender que nuestro Código ha tratado de permanecer fiel al sistema histórico de transmisión por traditio, abandonando el sistema francés de la transmisión consensual. Si en el sistema francés de la transmisión consensual y en el sistema alemán del acuerdo traslativo podía haber un intento de vigorizar la posición de los adquirentes, respecto de la de los transmitentes, el tradicionalismo –en el doble sentido de la palabra– de nuestro Código en el fondo significa una mayor o más vigorosa protección de los propietarios actuales».

6

Vid. sobre el origen de los sistemas de transmisión de la propiedad: COING, H.: Derecho Privado Europeo, T. I. Derecho Común más antiguo (1500-1800), München, 1985, trad. Fundación Cultural del Notariado, Madrid, 1996, pp. 387-388; Derecho Privado Europeo, T. II. El siglo XIX, München, 1989, trad. Fundación Cultural del Notariado, Madrid, 1996, pp. 490-495.

GORDON, W. M.: Studies in the transfer of property by traditio, University of Aberdeen, 1970, p. 172; PÉREZ ÁLVAREZ, P.: «La compraventa y la transmision de la propiedad. Un estudio histórico-comparativo ante la unificación del Derecho Privado Europeo», Revista Jurídica de la Universidad Autónoma de Madrid, núm. 14, 2006.

7

ÁLVAREZ SUÁREZ, U.: El problema de la causa en la tradición. Real Academia de Jurisprudencia y Legislación, 1998.

8

DÍEZ-PICAZO Y PONCE DE LEÓN, L.: Fundamentos del Derecho Civil Patrimonial III, Madrid, 1995, pp. 772-773.

Para este autor, «este principio presenta, por una parte, algunas muy notables excepciones a las que habrá que hacer referencia y, por otra parte, sólo puede quedar plenamente perfilado en cuanto a su alcance y a sus consecuencias, dilucidando varios grupos de problemas como son: 1º Lo que en rigor entendemos hoy por tradición, esto es, qué casos o grupos de casos quedan fuera de él. 2º Cuál es la influencia que en la configuración del fenómeno de la traditio ejerce o puede ejercer la voluntad negocial de las partes, lo que significa decidir si para que haya traditio es menester que concurran una concorde voluntad de las partes de transmitir y de adquirir y a la inversa, si esa voluntad de las partes puede excluir expresa o tácitamente el efecto traslativo no obstante la realización de actos que sean externa y aparentemente creditorios. 3º Qué se entiende por justa causa de la tradición y cuáles son las relaciones entre la tradición y la causa. 4º De qué modo se coordinan inscripción registral y tradición en materia de dominio de inmuebles y derechos reales inmobiliarios».

9

Vid. al respecto, también, las SSTS de 1 de marzo de 2006, 23 de marzo de 2004, 14 de febrero de 2002, 10 de julio de 2002, 28 de abril de 1997, 6 de noviembre de 1995, 1 de marzo de 1994, 25 de octubre de 1993, 20 de octubre de 1990, entre otras.

10

Vid. sobre inscripción suple a traditio: DE LA RICA, R.: «Dualidad legislativa de nuestro régimen inmobiliario», 1950, Conferencia recogida en el Libro Homenaje al autor, tomo II, Centro de Estudios Hipotecarios, Madrid, 1976, pp. 422-423; VALDECASAS, G.: La posesión, Granada, 2006, p. 79.

Vid. la síntesis de las diferentes posturas al respecto en JEREZ DELGADO, C.: Tradición y Registro, Cuadernos de Derecho Registral, 2004, pp. 31-65.

II

La traditio como requisito de transmisión de la propiedad en el sistema jurídico español

Sumario:

1. Consideraciones sobre la «Traditio»

2. Concepto de tradición

3. Formas

A. Traditio material, real o física

B. Traditio ficta

C. Acuerdo entre los contratantes

D. Transmisión hereditaria

1. CONSIDERACIONES SOBRE LA «TRADITIO»

El concepto de traditio ha sido objeto de diversas teorías defendidas por la doctrina jurídica española.

Para algunos autores, se entiende la tradición como un «mecanismo jurídico por virtud del cual se produce una transmisión y consiguientemente una adquisición derivativa del dominio». El artículo 609 del Código civil se refiere a dicho fenómeno jurídico como una consecuencia de ciertos contratos que es necesaria para que se produzca la transmisión

¹)

.

Otros autores, remontándose al origen del Derecho Común Romano

²)

, explican que «en el Derecho romano clásico, y sobre la base de la distinción entre las res mancipi y las nec mancipi, se contemplan tres modos o formas de adquirir la propiedad de las cosas: la mancipatio y la in iure cessio, que sirven para transmitir el dominio de las primeras, y la traditio, que sirve para transferir la propiedad de las segundas».

Sin embargo, con el Derecho justinianeo y al desaparecer aquella distinción, el protagonismo queda reservado en exclusiva para la traditio, que pasa a ser el modo de adquirir de otro el dominio de toda cosa corporal, «de cualquier género que sea» (Inst. 2,1,40).

Pero la expresión traditio tiene, en las fuentes, romanas, varios significados, y no siempre comporta adquisición de la propiedad. En principio, aquélla consiste en un hecho, que no es otro que la entrega de la cosa o, desde el punto de vista del adquirente, en el apoderamiento de la misma. Mas esa entrega, entendida como acto material, puede quedarse en un medio de transferir la mera posesión de la cosa o, yendo más lejos y si se cumplen ciertos requisitos, puede servir para transmitir el dominio sobre ella.

La traditio como modo de adquirir el dominio no es, pues, un simple hecho, sino un acto jurídico (de disposición) que aparece conformado por un elemento volitivo y otro de forma. En cuanto a lo primero, la transferencia de la propiedad sólo se produce, en efecto, si concurre en ambos sujetos un animus transferendi et accipiendi dominii. En cuanto al elemento de forma, consiste inicialmente en el traspaso posesorio, en el hecho material de entregar la posesión de la cosa; pero, luego, y con la misma virtualidad, se admiten junto a él otras formas de tradición sin entrega de la cosa, que son las que la doctrina medieval agruparía bajo el término de traditio ficta.

En definitiva, la tradición consiste «en un acto extraordinariamente simple y sencillo: es la entrega de la cosa transmitida hecha por el transmitente al adquirente. Esta operación tan sencilla se complica, sin embargo, en una cierta medida tan pronto como tratamos de observar la estructura y el funcionamiento de este mecanismo jurídico de transmisión del dominio. El mero hecho de la entrega de una cosa, es decir, el paso de la cosa de una mano a otra, no es, ni puede ser nunca por sí solo un índice inequívoco de una transmisión dominical. La datio rei o entrega de una cosa es, como ponen de relieve Ferrini y Ursicino Álvarez, un hecho en sí mismo incoloro y equívoco, que puede servir para realizar múltiples fines económicos de naturaleza profundamente diversa, como son, por ejemplo, la cesión de una cosa en préstamo (mútuo o comodato), en arrendamiento, en custodia o depósito, en garantía o prenda, etc.».

Por lo que, «para que exista una verdadera transmisión del dominio es necesario: Primero, que exista una concorde voluntad de las partes de transmitir y adquirir el dominio. Segundo, que se produzca un comportamiento traslativo, una entrega de la cosa o una datio possessionis, como decían los clásicos (Cuiacio, Donello, Pothier, etc.), una consignatio, como decía De Luca. Tercero, que exista una justa causa. Cuarto, que el tradente sea un verus dominus»

³)

.

2. CONCEPTO DE TRADICIÓN

Algunos autores piensan que el traspaso posesorio «consiste en la creación de un signo exterior de recognoscibilidad de la adquisición del dominio o de un derecho real, del cual la entrega no sería más que una especie, la más típica si se quiere, pero no la única. Lo que verdaderamente importa es que la posesión del adquirente, como titular, pueda ser reconocida por los terceros. En todos los casos en que el signo de recognoscibilidad se crea, aunque sea simbólicamente, puede hablarse de traditio en sentido estricto. En los demás casos estamos en presencia de puros acuerdos traslativos, en los cuales la transmisión ocurre sin que sea necesario el traspaso de posesión real o simbólica»

⁴)

.

No obstante, también se ha manifestado que, realmente, lo que es decisivo para que exista el fenómeno posesorio es la voluntad del poseedor, «por lo que no es extraño que la posesión se pueda transmitir por el acuerdo de voluntades y que este mismo acuerdo pueda modificar el concepto posesorio. Por ello, si se prescinde de los equívocos que proceden de atribuir una función de publicidad positiva del derecho real a la posesión, que resulta absolutamente desmentida por algunas formas de tradición no perceptibles desde el exterior y el carácter visible pero opaco e incoloro de otras, no es incongruencia afirmar que resida en gran medida en la voluntad de las partes la virtualidad del traspaso posesorio, más aún si se superponen reglas del cumplimiento de obligaciones»

⁵)

.

Lo importante de la tradición, por tanto, no es la publicidad para los terceros, sino el efecto jurídico real que tiene para las partes implicadas.

En este sentido, ya las SSTS de 24 de mayo de 1980, 5 de julio de 1980 y 22 de diciembre de 1986, mantenían esta línea de pensamiento, que en la actualidad sigue manteniendo el Alto Tribunal, como se refleja en las SSTS de 20 de noviembre de 1999 y 23 de octubre de 2003, entre otras

⁶)

.

En la STS de 24 de mayo de 1980, se juzgó un supuesto en el que el quiz de la cuestión estaba en la diferencia entre precontrato o contrato preparatorio y el contrato de compraventa strictu sensu, ya que el convenio entre los contratantes tenía la calificación de «contrato de compromiso de compraventa», y el precio quedó supeditado al que correspondiese, en asignación oficial a la cédula de calificación definitiva, con percepción de cantidades a cuenta de tal precio. Se trataba de un caso en el que, además, todavía no se había realizado la entrega del bien objeto del contrato.

Manifestó, al final, el Alto Tribunal que «la nota peculiar del contrato preparatorio, también reflejado en la expresión precontrato, es la indeterminación específica de los requisitos esenciales del convenio que los interesados quieren celebrar en definitiva, siendo preciso para conseguir esta finalidad el otorgamiento de un futuro contrato por el cual se completen los requisitos que en el primero quedaron indeterminados, de tal manera que siguiendo la pauta clara y precisa que señalan los jalones del convenio imperfecto, perfeccionado y consumado no se requiera una nueva manifestación de voluntad cuando ésta viene ya suficientemente expresada en el convenio originario»

⁷)

.

«A tenor del art. 1447 del C. Civ. El precio se tendrá por cierto cuando se deje su señalamiento al árbitro de persona determinada, claro es que esa certeza se produce cuando se supedita, como en el presente caso ha ocurrido, al que corresponde conforme a precios máximos asignables legalmente a las viviendas construidas, como también sucede en el supuesto contemplado, bajo el régimen de Protección Oficial Subvencionada, ya que, como tiene declarado esta Sala en S. de 21 abril 1956 (RJ 1956, 1941), la certeza del esencial elemento de la compraventa no supone el que necesariamente se precise su cuantía en el momento de la celebración del contrato, sino que puede hacerse su determinación dejando su señalamiento a un tercero, lo que hace las veces de condición; y segundo en razón a que, conforme a reiterada doctrina jurisprudencial, de la que es exponente, entre otras, las sentencias de esta Sala de 15 marzo 1976 (RJ 1976, 1378), los convenios jurídicos no se califican por las denominaciones que les atribuyan los contratos, sino por lo que real y efectivamente corresponda por su intrínseca naturaleza y contenido obligacionales».

Pero en relación al tema de la transmisión de la propiedad como efecto real derivado de la entrega, el Tribunal Supremo consideró que los artículos 609 y 1095 del Código civil «sancionan que la propiedad sobre los bienes se adquiere, entre otros medios, por consecuencia de ciertos contratos mediante la tradición y que el acreedor no adquirirá derecho real sobre la cosa que haya obligación de entregar hasta que le haya sido entregada, como consecuencia de que, como tiene reconocido esta Sala en SS. de 15 abril 1947 (RJ 1947, 899), 29 octubre 1962 (RJ 1962, 4106), y 24 septiembre 1963 (RJ 1963, 3770), no se halla incorporada al derecho positivo español la moderna doctrina, acogida por otras legislaciones, de que el consentimiento que perfecciona el contrato de compraventa transmita al comprador la propiedad de la cosa vendida sin necesidad de que medie la tradición material, de tal manera, como indica la sentencia, también de esta Sala, de 30 junio 1962 (RJ 1962, 3182), el C. Civ. español, por su inspiración en el Derecho Romano, la propiedad, y por consiguiente el dominio, no se transmite por la mera perfección del contrato, si no es seguida de la tradición, tampoco cabe desconocer, cual hace dicho recurrente al formalizar el examinado motivo segundo, que, como ya ha tenido ocasión de proclamar este Tribunal en S. de 29 marzo 1965 (RJ 1965, 1924), siendo el contrato de compraventa un negocio jurídico de naturaleza y efectos puramente obligatorios que sirve de título traslativo y adquisitivo, no cabe confundir ese título obligatorio, representativo del dominio a favor del comprador, con el derecho real sobre la cosa, generado por la tradición o entrega significativa de relación directa de potestad y señorío, toda vez que, según indica la sentencia de 31 marzo 1962 (RJ 1962, 1639), configurada la compraventa en nuestro derecho como contrato consensual, del que surge la obligación de entrega de la cosa vendida y de pagar el precio estipulado, hay que distinguir el momento

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