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Sin miedo al retrato: La guía completa de iluminación y dirección de pose

Sin miedo al retrato: La guía completa de iluminación y dirección de pose

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Sin miedo al retrato: La guía completa de iluminación y dirección de pose

valoraciones:
3/5 (2 valoraciones)
Longitud:
719 páginas
8 horas
Editorial:
Publicado:
18 dic 2020
ISBN:
9788412307320
Formato:
Libro

Descripción

José Antonio Fernández, autor del exitoso libro Sin miedo al flash, ya en su 6ª edición, nos ofrece ahora una obra que aborda en profundidad los aspectos fundamentales del retrato, como son la iluminación y la pose. esta completa guía muestra también, con numerosos ejemplos, los ángulos de toma y los diferentes planos fotográficos, así como la composición en el arte de la fotografía de personas.

Se incluyen además una gran variedad de sesiones fotográficas comentadas con esquemas de iluminación y dirección de pose, junto con las explicaciones de los detalles más relevantes. despuésde la lectura de esta obra, dominarás todos los secretos de un buen retrato.

El autor de "Sin miedo al retrato" es un reconocido fotógrafo profesional, coordinador y profesor del Área de iluminación de la escuela de Fotografía la máquina. Su obra gráfica ha sido premiada en numerosos certámenes internacionales y, en siete ocasiones, en los Premios lux (Premios nacionales de Fotografía Profesional).
Editorial:
Publicado:
18 dic 2020
ISBN:
9788412307320
Formato:
Libro

Sobre el autor


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Sin miedo al retrato - José Antonio Fernández

A Rosa, el amor de mi vida, porque sin ella no hubiera podido empezar ni terminar este proyecto, por el capítulo de El lenguaje fotográfico en el retrato y por ser parte activa en todo el proceso; a nuestro hijo Lucas por ponerse delante de la cámara en un campo de amapolas lleno de pinchos y por ser un niño maravilloso; a mis padres y suegros por toda su ayuda y apoyo; a Iñaki Díaz de Etura y a Daniel Arranz por su colaboración desinteresada; a Juan Carlos por su manera especial de trabajar conmigo y sufrir las consecuencias de mis retrasos; a Javier de Juan por su infinita fe y paciencia.

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Prometeo Pérez

Rosa Gregory

Víctor M. Ámez

XXL peluqueros

Y a todos los que han colaborado, de alguna manera, en la elaboración de este libro.

SIN MIEDO AL RETRATO

José Antonio Fernández

© JdeJ Editores, 2015

© Juan Carlos González Pozuelo, 2015

© de los textos y fotografías, José Antonio Fernández y Rosa Isabel Vázquez

© de otras fotografías, los autores citados en el correspondiente pie de foto

Editor:

Javier de Juan y Peñalosa

Diseño y maquetación:

Juan Carlos González Pozuelo

www.juancarlosgonzalez.es

Coordinación editorial:

María Dolores Bagudá

JdeJ Editores

Sauces 7, Chalet 8. Montepríncipe

28660 - Boadilla del Monte (Madrid)

www.jdejeditores.com

Más información de la Colección FotoRuta:

www.FotoRuta.com

ISBN: 978-84-15131-71-7, edición en papel

ISBN 978-84-123073-3-7, edición digital

Reservados todos los derechos. Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com; 91 702 19 70 / 93 272 04 47)

GUÍA COMPLETA DE ILUMINACIÓN Y DIRECCIÓN DE POSE

SIN MIEDO AL

RETRATO

José Antonio Fernández

[JdeJ Editores]

Índice

Introducción

Mi experiencia personal con el retrato

Hacer un retrato

El sentido de este libro

Primera aproximación al concepto de retrato

Un poco de historia

Un concepto difícil de delimitar

El retrato y la persona retratada

El retrato y el fotógrafo

El retrato y el observador

Conclusiones

La cámara

Introducción

El equipo réflex

La lente de la cámara

El tamaño del sensor de la cámara y el factor de multiplicación de la focal

Trabajar en modo manual en la cámara

Los controles de la cámara. Las variables de exposición

Usar correctamente la lente de la cámara

Introducción

La percepción geométrica del sujeto

El factor de ampliación. Los planos fotográficos

Los planos fotográficos de la escena, la basculación y la distancia focal

Conclusiones

Entender la luz

La luz como materia prima

Las cinco cualidades de la luz

Intensidad. ¿Qué cantidad de luz necesito?

Calidad. ¿Cómo quiero que sea la luz?

Cobertura. ¿Dónde quiero iluminar?

Color. ¿De qué color quiero la luz?

Dirección. ¿Desde dónde quiero iluminar?

Conclusiones

Trabajar con la luz

Introducción

Primeros modificadores de luz

La luz natural en exteriores

La luz continua artificial

Controlar la luz

Las fuentes de luz más controlables por el fotógrafo

El flash

El flash de estudio

El fotómetro de mano como herramienta de control de la intensidad

Aplicación práctica de flash en exteriores. Equilibrio de intensidades

El lenguaje fotográfico en el retrato

Introducción

Composición en la fotografía de retrato

El significado de las imágenes

Conclusiones

La dirección de pose

Introducción

Normas o consejos para la dirección de pose

La dirección de expresión del rostro

La dirección del cuerpo

Consejos estéticos

Sesiones prácticas de retrato

Carlos Luengo

La bailarina

Elisa Matilla

Paco Clavel

XXL Peluqueros

Familia moderna

Inés Vázquez

‘El Twanguero’

Madre muerte

José Quintanilla

Francisco Rodríguez Jr.

Myriam Yébenes

Jordi Rebellón

Carlos el payaso

El caballero de la gorguera

Darío Villanueva

Celia Trujillo

‘Sweet Vandals’

‘El Vestido de Olivia’

Ramoncín

‘La criatura del pantano’

Belleza oriental

Carlos Luengo Página 210

Introducción

La fotografía de retrato busca representar a una persona y destacar aquellas cualidades físicas y/o psíquicas que la convierten en un individuo único, desde el punto de vista del fotógrafo, de tal manera que, en muchas ocasiones, hay más de éste en la fotografía que del propio retratado.

Mi experiencia personal con el retrato

Nací en Murcia porque mis padres así lo quisieron y digo esto porque, aunque mi madre parió en esta preciosa ciudad para que estuviese cerca de mis abuelos en los primeros días de mi vida, mis padres vivían en Bilbao por aquella época y allí estuvimos hasta que cumplí los cuatro años. Después, trasladaron a mi padre a Alicante, donde pasé mi infancia y adolescencia. Como le ocurre a la mayoría de los jóvenes, desde los catorce a los dieciocho años viví muy intensamente y conocí a muchas personas con las que compartí gran cantidad de experiencias vitales. Pablo García Mora es una de las personas que, durante esta etapa, se convirtió en uno de mis mejores amigos. Muchos de mis recuerdos musicales, como mi primer grupo de rock, van asociados a él, como batería del grupo. Cuando acabamos el instituto, Pablo se fue a Madrid a estudiar arquitectura y allí conoció a Ana, con la que ahora comparte su vida junto a un guapísimo hijo llamado Teo. En la actualidad, soy yo quien vive en Madrid, enamorado y compartiendo mi vida con Rosa, mi pareja, y nuestro pequeño hijo, Lucas. Sin embargo, Pablo hace tiempo que regresó a Alicante, la ciudad de mi adolescencia que dejé hace algunos años. Es curioso cómo el destino consigue que nuestras residencias se encuentren hoy día intercambiadas.

Pablo y Ana son dos amigos a los que no veía desde hacía años. Aunque son dos personas con mucho sentido del humor, quise obtener una imagen de ellos con un gesto más neutro (creo que es la única foto en la que no se les ve sonriendo). La confianza que tenemos y la ilusión por el reencuentro hicieron de la sesión de fotos un momento muy agradable a la vez que emotivo

Un día, Pablo y Ana se acercaron por Madrid y, aprovechando que ella estaba embarazada de cuarenta y dos semanas, les invité al plató para hacerles unas fotografías. La sesión fue muy divertida y emotiva, hacía tiempo que no nos veíamos. Para mí, fue un momento muy especial, un reencuentro que me hizo pensar en cómo el paso del tiempo cambia muchas cosas; ahora, por ejemplo, todos somos padres. Y cómo la amistad verdadera, sin embargo, permanece totalmente inalterable. En un momento dado, quise tener un recuerdo de ellos muy especial, así que les pedí que miraran a la cámara pero que mantuvieran un gesto neutro, casi inexpresivo; de hecho, esta es la única fotografía en la que conseguí que salieran serios.

Me gusta la gente, siempre he sido muy sociable y me agrada la compañía. También me gusta la fotografía y, por supuesto, retratar a personas. Como punto de partida y, por estas dos razones, me encuentro en una situación privilegiada. Creo que uno puede hacer retratos fotográficos interesantes sin necesidad de poseer un dominio técnico perfecto, aunque esto siempre ayuda muchísimo. Sin embargo, el acto de sacar algo de alguien en una fotografía se torna una tarea casi imposible para aquellos a los que las personas no les producen interés, sentimientos, emociones, inquietud o curiosidad. Pero ¿existe alguien que no se haya conmovido en algún momento de su vida por otra persona?, ¿quién no ha sentido admiración hacia alguien?, ¿quién no ha quedado fascinado por el aspecto físico de alguien?, ¿quién no se ha enamorado alguna vez?

Pablo y Ana se mostraron sonrientes durante toda la sesión

Una sesión de fotos en la que hay confianza entre el fotógrafo y los retratados puede convertirse en una experiencia muy divertida. Las sencillas fotografías muestran la energía de esta encantadora pareja

Es curioso ver cómo los fotógrafos se especializan en hacer aquello que realmente les motiva o aquello en lo que son expertos. Hay muchos fotógrafos de arquitectura que son arquitectos, fotógrafos de danza que también son bailarines, fotógrafos de naturaleza, biólogos, por poner tres sencillos ejemplos de una infinita lista de sinergias entre profesiones y temas para fotografiar. Lo bueno del retrato es que todos somos expertos en la gente; el hombre es un ser social que necesita vivir rodeado de sus semejantes. Por lo general, nacemos en una familia, crecemos y estudiamos rodeados de amigos y amigas, trabajamos con compañeros y pasamos las fiestas de cumpleaños con personas a las que apreciamos. Sabemos mucho acerca de la gente por lo que ya tenemos, como mínimo, una parte del camino recorrido.

La fotografía de Pablo y Ana es el resultado de experiencias vitales compartidas, de complicidad entre nosotros, de afecto, de amistad. No se trata de una simple fotografía, ni de una representación en dos dimensiones de una pareja bien agraciada físicamente. Se trata de mi manera de ver, recordar e inmortalizar a dos personas que no han pasado desapercibidas en mi vida. Cierto es que, en este caso, dado que no son desconocidos ni lo eran cuando aparecieron en el plató, la sesión se desarrolló de una manera muy natural y mi decisión acerca de lo que quería obtener de ellos era concreta y definida. En esta ocasión, al igual que el fotógrafo arquitecto se siente preparado para hacer fotografías de aquellos edificios que ha diseñado, yo era experto en Pablo y Ana y me sentía preparado para fotografiarles.

Hacer un retrato

Al principio de mi camino fotográfico, cuando tomaba retratos, intentaba robar la imagen de la persona sin que ésta se diese cuenta; buscaba sus gestos, su mirada y su pose, basándome únicamente en lo que tenía delante. Después, cuando comencé a trabajar componiendo con la luz artificial y no había nada improvisado, el retratado, en todo momento consciente de que estaba en una sesión de fotos, me llevaba a su terreno, posando y gesticulando como él o ella quería aparecer en las fotografías. Con el paso del tiempo, aprendí a dirigir yo a la persona y, a base de confianza, de instrucciones amables y precisas y de un respeto absoluto, descubrí que era posible conseguir de ella aquello que deseaba.

Landher es actor, lo que facilita mucho la dirección de pose

Después de varios años realizando retratos, uno se da cuenta de que la forma correcta de hacerlo no es dirigir a la persona, no es esperar el gesto adecuado cuando nuestro sujeto no sabe que estamos fotografiándole ni es colocar la luz de la manera más adecuada. Hacer retratos es algo que va más allá y, aunque se debe tener en cuenta todo lo anterior para conseguir fotografías correctas, es conveniente tratar de obtener algo más de la persona y también de uno mismo para poder elevar al concepto de retrato lo que sería una simple representación de un hombre o de una mujer. Y, para poder llegar a ese estado, es importante hacerse conocedor y experto en personas, emocionarse con ellas, sentir curiosidad, afecto, admiración o, incluso, en ocasiones más extrañas, hasta odio o desprecio.

No hay una sola forma de hacer retrato ni hay un método perfecto; por ello, mi labor en este libro es la de facilitar ideas, pautas y consejos para facilitar el camino al fotógrafo que está empezando y, también, hacer consciente de cada paso y detalle al fotógrafo que ya lleva años practicándolo. Un buen retrato se hace con cerebro, método, técnica y preparación previa pero también con improvisación, emoción y, por encima de todo, corazón.

El sentido de este libro

¿Qué puedo aportar a la enseñanza de una fotografía tan subjetiva, llena de matices y de variaciones como es el retrato? Después de una dura reflexión y varias tormentas de ideas, decidí poner un poco de orden en todo lo que estaba pasando por mi cabeza, pensé en todas aquellas cosas que eran útiles a la hora de fotografiar a las personas y, en una libreta, hice dos columnas. En la de la izquierda, anoté todo aquello que consideraba razonablemente objetivo, es decir, todo lo que le podía servir, independientemente de lo que quisiera obtener, a cualquier fotógrafo de retratos. En la de la derecha, anoté todos esos elementos subjetivos y que escapaban generalmente a la razón pero que me parecieron también fundamentales. Muchos aspectos de esta columna estaban relacionados con la manera en la que canalizaba mis emociones en el resultado fotográfico. Algunas de ellas ni siquiera era capaz de escribirlas o expresarlas pero sabía que formaban parte de mi experiencia, actitud y personalidad.

Esta acción me ayudó a estructurar y desarrollar los contenidos del libro. Todo lo representado a la izquierda iba a ser la columna vertebral, aquello que podía servir a los lectores para aumentar la calidad de sus retratos, sobre todo, en sus aspectos técnicos. La parte de la derecha me planteaba dilemas. Por mi labor docente, he aprendido a mirar la fotografía desde un punto de vista amplio y creo que la libertad creativa es algo que se debe fomentar y no dirigir. ¿Cómo hablar entonces a los lectores de mi percepción subjetiva sin influenciarles? Mi finalidad es el desarrollo de la propia visión del fotógrafo a través de un camino lo más sencillo posible. Es cierto que el viaje no está exento de normas y pautas pero cada uno, después de conocerlas, puede saltárselas o interpretarlas a su manera; las directrices ayudan al fotógrafo a ser más consciente de lo que está haciendo pero admiten múltiples variaciones y sentidos.

La conclusión fue clara: no puedo decir al lector cómo debe emocionarse y canalizar estos sentimientos en un retrato, no puedo decir a los demás fotógrafos que se estremezcan con lo mismo con lo que yo me he conmovido, pero sí puedo alentarles e inspirarles a sentir emociones y también eliminar ciertas barreras técnicas para llegar, de una manera más elegante y sencilla, al lugar que quieran. Mi intención es canalizar el potencial que todos llevamos dentro para conseguir resultados más acordes con nuestras propias expectativas.

El libro está estructurado siguiendo los contenidos objetivos esenciales y eso se puede apreciar leyendo el índice pero, en cada una de las fotos expuestas y explicadas; también hablo de mi punto de vista, de mis sensaciones y emociones, no para que el lector sienta lo mismo que yo sino para que se plantee cuestiones basándose en sus propias experiencias emocionales y para inspirar y encender la llama de ciertos aspectos que cada uno de nosotros tenemos latentes en nuestro interior.

XXL Peluqueros Página 222

Primera aproximación al concepto de retrato

Retrato: descripción de la figura o carácter, o sea, de la cualidades físicas o morales de una persona (definición según el diccionario de la Real Academia Española).

Un poco de historia

El retrato, en su significado más básico, es decir, como la simple representación de una persona, tiene probablemente sus inicios en la escultura y después en la pintura, aunque quizá exista alguna representación rupestre arcaica anterior que algunos antropólogos o historiadores del arte puedan considerar ancestro del retrato. Es, precisamente, en la pintura donde el retrato empieza a adquirir matices interesantes que van más allá de la mera imagen representativa y es probablemente en el Renacimiento, con la llegada de lo que muchos han llamado el inicio del retrato moderno, cuando el concepto alcanza un significado más parecido al actual. Durante este periodo, el hombre y el concepto del yo, es decir, del individuo, adquiere un carácter muy importante, aspecto que se traduce en las obras de este periodo.

Autorretrato de Alberto Durero, uno de los artistas más conocido del Renacimiento alemán

Aunque, al principio, sólo la realeza y los sectores dominantes tenían la posibilidad de ser retratados por un pintor, más adelante, cuando la cámara fotográfica irrumpe en la sociedad, su menor coste propicia que personas de diferente estatus económico puedan tener su propio retrato. La fotografía era más barata, más rápida y más precisa que la pintura, por eso democratizó e hizo aumentar considerablemente la producción de retratos. Ya no eran necesarias largas sesiones de posado como ocurría con la pintura.

Si bien es cierto que los primeros retratos fotográficos copian la pose, encuadre y estilo de la pintura, a medida que surgen una serie de avances técnicos y cambios culturales, las posibilidades creativas e ideas comerciales de los fotógrafos y profesionales del sector fueron aumentando, dando origen a la llamada historia del retrato fotográfico. Los tiempos de exposición de los primeros daguerrotipos, que se alargaban a varios minutos, limitaban la pose y libertad de los retratados; los artilugios que evitaban el movimiento parecían instrumentos de tortura y las expresiones, en ocasiones, hasta reflejaban el cansancio de los modelos. Con los avances técnicos y, sobre todo, con la llegada del colodión húmedo, se fueron reduciendo los tiempos de exposición a algunos segundos, lo que facilitó la toma de retratos con poses y expresiones más naturales. El número de estudios fotográficos fue aumentando y algunos inventos, como las cartas de visita de Eugène Disdéri, revolucionaron el mercado del retrato.

Cartes de visite.

(André Adolph Eugène Disdéri 1854).

Disdéri patentó una cámara fotográfica, dotada de varios objetivos, que era capaz de hacer una impresión en una misma placa de hasta diez o incluso doce pequeñas fotografías que, después, se colocaban en una tarjeta de 6 × 9 cm aproximadamente. El invento, muy popular en la época, gozó de gran éxito

Durante el siglo XIX, especialmente en la segunda mitad, el retrato evoluciona y amplía sus usos: aparecen las primeras fotografías policiales que sirven para identificar a delincuentes, fotografías de pacientes y enfermos de hospitales psiquiátricos, fotografías antropológicas y un largo etc. Pero también surgen las primeras imágenes que implican cambios en el lenguaje fotográfico y en las actitudes sociales. Se pueden observar retratos de personajes de espaldas, detalles de ojos o manos, figuras donde la cara permanece oculta tras una cortina y otras manifestaciones totalmente innovadoras para la época.

Isabel Fortes era la bisabuela de mi pareja, Rosa. Murió joven, cuando su hija, la abuela de Rosa, apenas era una niña. Ni Rosa ni sus padres conocían su aspecto pues nunca habían visto una fotografía suya; pensaban que no se conservaba ninguna. Hace pocos meses, apareció esta fotografía, tomada en 1906, que había estado atesorada todos estos años por una prima de mi suegro, también nieta de Isabel. Todos nos quedamos estupefactos al descubrir el increíble parecido con Eva, una de nuestras sobrinas.

Esta fotografía de principios del siglo XX sirvió para inmortalizar el aspecto de una joven Isabel que, de otra manera, habría caído en el olvido. Su existencia aporta un profundo significado a la genética familiar

La aparición de una cámara asequible y de fácil manejo, inventada por George Eastman, el fundador de Kodak, que sustituye la placa de cristal por un rollo de papel sensible primero y, en 1889, ya por celuloide, democratiza, definitivamente, el uso de la fotografía.

No cabe duda de que el retrato fotográfico ha ido ligado, a lo largo de su historia, a una serie de necesidades que han ido proporcionando unos resultados de lo más variado. Desde la fotografía de personas ya difuntas que se realizaba con el fin de que perdurara la imagen del fallecido, algo que ya se hacía con la pintura, hasta los recuerdos de momentos familiares más señalados. Pero también se han ido desarrollando toda una serie de evoluciones artísticas muy interesantes y dignas de estudio.

No es mi intención abarcar en este capítulo la historia de la fotografía en relación al retrato; para eso, me temo, tendría que escribir otro libro, pero sí me gustaría ofrecer algunas brevísimas pinceladas sobre el tema con el fin de remarcar algunas corrientes, movimientos y autores que creo que resulta interesante conocer.

Me gustaría, por ejemplo, mencionar el trabajo de la británica Julia Margaret Cameron (1815-1879), pues sus retratos han inspirado, además de a los pictorialistas, a gran cantidad de fotógrafos de todos los tiempos. Su preocupación por reivindicar la fotografía como medio de expresión artística en un tiempo en el que se valoraba tanto su procedimiento técnico, unido a la sensibilidad y belleza poética de sus retratos, la convierten en una importantísima pionera del arte fotográfico.

Las fotografías de Julia Margaret Cameron se caracterizaban por tener un sutil desenfoque. Aunque fue muy criticada por otros fotógrafos de la época, ella afirmaba provocarlo a propósito para conseguir un efecto más poético en sus imágenes

Henri Cartier-Bresson marcó con sus imágenes gran parte de la historia gráfica del siglo XX

Por supuesto, no podemos olvidarnos de los fotógrafos documentales que vendrían después, tanto de los padres del fotoperiodismo en Europa, como fueron Henri Cartier-Bresson (1908-2004) o Robert Capa (1913-1954), entre otros cofundadores de la agencia Magnun, como de los documentalistas americanos. Entre estos últimos, destaco los trabajos de Dorothea Lange (1895-1965) y Walker Evans (1903-1975) en los años 30, cuando fotografiaron zonas rurales muy deprimidas de Estados Unidos tras el crack de Wall Street del 29, por encargo de la Farm Security Administration, una figura creada por el gobierno del país para estudiar y solventar la precaria situación generada por la Gran Depresión. Sus retratos eran directos, desnudos, sobrios, escuetos a la vez que expresivos, gente en condiciones miserables pero que no perdía su dignidad. Imágenes alejadas de la dramatización o del sentimentalismo pero que generaban un enorme sentimiento humano y trataban de concienciar de la terrible situación para tratar de cambiarla. En el caso de Dorothea, las fotografías transmiten una cierta empatía que confiere a sus personajes un halo casi heroico. Las imágenes de Evans, más distantes, tuvieron una enorme influencia para las nuevas hornadas de fotógrafos que vendrían en años posteriores.

Algunas de las fotografías de Dorothea Lange se convirtieron en auténticos iconos

En los años 50, vuelve a producirse una renovación de la fotografía documentalista en Estados Unidos de la mano de fotógrafos como Robert Frank, Diane Arbus, William Klein o Lee Friedlander. Ellos aportan una nueva mirada, mucho más ácida y sombría, de la sociedad americana.

También me gustaría destacar el papel de las vanguardias, tanto las de los años 20-30 como las neovanguardias de los años 50-70, en las que diferentes disciplinas artísticas se encuentran y se entremezclan para dar lugar a nuevas formas de expresión y, en el caso de las neovanguardias, convierten a la fotografía en una herramienta conceptual que desde los años 60 sirve para expresar deseos e ideologías.

Por nombrar a algunos, en la vanguardia parisina de los años 20 destacaría al estadounidense Man Ray, precursor del dadaísmo y del surrealismo, así como al húngaro André Kertész en su etapa de París y, en Alemania, los dadaístas John Heartfield y Hannah Höch, con sus interesantes fotomontajes. Y, ya en la neovanguardia americana, artistas como Cindy Sherman, Sherry Levine o Barbara Kruger, que combinan puestas en escena con criterios documentales.

Y, para terminar este conciso listado de destacados, me gustaría mencionar a Thomas Ruff, alumno aventajado de la escuela de Düsseldorf, que realizó, entre 1981 y 1991, el proyecto Portraits, una serie de 60 fotografías de jóvenes, tipo carné o pasaporte, con un fondo liso, tomadas con una luz uniforme y situando a los modelos siempre en la misma posición, con el fin de despersonalizarlos al máximo y convertirlos en parte de una mera clasificación, muy al estilo de sus maestros, el matrimonio Becher.

Por supuesto, la información aportada en este capítulo sobre autores y corrientes es escueta y sesgada, por lo que me ha parecido una buena idea ofrecer, además, una lista de fotógrafos que, aunque también considero incompleta, aporta algo más de información a todo lo anterior. Recomiendo que amplíes tus conocimientos sobre esta relación de fotógrafos, de diversas épocas y estilos, entre los cuales seguro que encontrarás alguno que te resulte especialmente inspirador:

Pero ¿cómo ha influido la evolución de la fotografía en la propia sociedad?

En la década de los ochenta, en la mayoría de los hogares de clase media occidental, ya se disponía de una cámara de fotos destinada, principalmente, a inmortalizar los momentos más destacados de la familia. La fotografía se hallaba a punto de estar al alcance de casi todos. Hoy día, el uso del teléfono móvil con cámara hace que, prácticamente, todo el mundo tenga la posibilidad de hacer retratos o autorretratos (los famosos selfies) y, aunque ahora ya no se trata tanto de crear recuerdos familiares que perduren en la memoria sino más bien de hacer fotografías que contribuyan a las relaciones a través de internet (recordemos que casi la totalidad de las fotografías realizadas con teléfonos móviles van a parar a redes sociales), el retrato sigue manteniendo su posición predominante.

Isabel Salas, mi madre, fue fotografiada en la mesa de su profesora, en el colegio, por un fotógrafo profesional en 1959

Un concepto difícil de delimitar

¿Qué características tiene que tener una fotografía para ser considerada retrato? Como ocurre habitualmente, las líneas que delimitan el concepto son difusas y resulta difícil formular una definición porque el término es abierto y amplio y está lleno de matices. Parece claro que la persona debería ser la protagonista de la imagen pero algunas de las fotografías que, a priori, entrarían en este grupo pueden no ser consideradas retratos hoy día, según la concepción moderna del término.

Una aproximación a la definición de retrato contemporáneo podría ser aquella imagen en la que se incluye una representación de una persona específica y reconocible en la que se muestran sus características físicas (fisonomía, apariencia, vestuario, maquillaje, etc.) y psicológicas/morales (gesto, actitud, comportamiento, estado de ánimo, expresión, lenguaje corporal, etc.), de manera que se convierte en un sujeto único e individual y con una identidad propia. Por supuesto, esta descripción sólo es orientativa y encontraremos innumerables excepciones.

El retrato va unido a la persona, es decir, al ser humano. Sin embargo, pensemos en lo que ocurre en muchos de los hogares que tienen un miembro cánido o felino y en cómo los dueños ven a sus propias mascotas. Si le pedimos a alguno de ellos que haga una descripción de su perro o gato, casi con total seguridad, nos hablará no sólo de su aspecto físico sino también de su personalidad. Si, después, nosotros, como fotógrafos que somos, sacamos una fotografía al animalito en cuestión, influenciados por nuestra conversación con el propietario, probablemente intentaremos plasmar a un perro simpático o de mal carácter, alegre o tristón, tranquilo o nervioso, agresivo o cariñoso, etc. Estaremos, en cierto modo, humanizando al animal porque queremos obtener un retrato. Buscaremos expresiones y gestos que, probablemente, sean propios de personas y otorguen una identidad única al animal. Ya no se trata de un perro genérico sino del perro Shrek, que siempre está contento y por eso gira la cabeza mientras mira a sus dueños.

Cuando hacemos un retrato a un animal, intentamos buscar gestos o características humanas. En este caso, el perro Shreck gira la cabeza con expresión juguetona

Durante la segunda mitad del siglo XIX, el antropólogo poligenista Louis Agassiz, comisarió una serie de fotografías antropométricas realizadas por el fotógrafo Augusto Stahl. La finalidad era realizar un estudio acerca de la diversidad de razas en el mundo y una cruel clasificación con niveles de especies humanas, por lo que no se trataba de fotografía de personas pues no eran tratadas como tales. Cuando mi buen amigo, el fotógrafo Alfredo Cáliz, me mostró algunas de estas fotografías, mi sensación y reacción fue muy alejada de esta finalidad etnológica. Tuve una curiosidad extrema acerca de las personas que allí se representaban, sus rostros me llevaron a imaginar lo que estarían pensando cuando estos etnocentristas colonos les observaban y fotografiaban, incluso me sugerían más que unas características físicas, me conducían a adivinar su carácter, su personalidad.

Ficha policial de Jim Morrison del 20 de septiembre de 1970. En esta ocasión, fue acusado de exposición pública y blasfemia

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Reseñas

Lo que piensa la gente sobre Sin miedo al retrato

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Reseñas de lectores

  • (5/5)
    Excelente libro, inclusive si ya tienes conocimientos avanzados de fotografía