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El poder de la integridad: Conecta con tu verdad, ama tu vida y manifiesta tu esplendor

El poder de la integridad: Conecta con tu verdad, ama tu vida y manifiesta tu esplendor

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El poder de la integridad: Conecta con tu verdad, ama tu vida y manifiesta tu esplendor

Longitud:
298 página
4 horas
Editorial:
Publicado:
Dec 21, 2020
ISBN:
9788417399894
Formato:
Libro

Descripción

¿Recuerdas la última vez que te prometiste decir lo que pensabas en una reunión de trabajo pero permaneciste sentado en silencio? ¿Cuántas veces has afirmado que, esta vez, la dieta iba en serio, pero te fallaste a ti mismo? ¿Reconoces la sensación de desconfiar de alguien para finalmente, y tras una mala experiencia, darte cuenta de que estabas en lo cierto?... Como afirma Kelley Kosow: "Cada vez que te muerdes la lengua, ahogas tu integridad". Integridad no significa perfección. No es una estrategia sino una manera de vivir en consonancia con quien realmente somos.
Todos tenemos heridas que representan las múltiples formas en las que nos hemos traicionado, mentido o despreciado a nosotros mismos. Hacemos caso omiso a nuestra voz interior y buscamos las respuestas fuera. Nuestra falta de confianza, nuestra tendencia a buscar en el exterior lo que debe venir de dentro, nos lleva a pisotear nuestra verdad.
El poder de la integridad te enseña a empezar a vivir la vida a tu manera; a enfrentarte al miedo, a la vergüenza y a las creencias erróneas para, a partir de ahí, empezar a vivir la vida según tus principios y desde tu verdadera esencia.
Transforma tus limitaciones y conecta con tus capacidades infinitas... Tu integridad es tu poder.
Editorial:
Publicado:
Dec 21, 2020
ISBN:
9788417399894
Formato:
Libro

Sobre el autor


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El poder de la integridad - Kelley Kosow

5.

Primera parte

LA INVITACIÓN

1

Una nueva definición de integridad

En la mayoría de los diccionarios comunes hay dos definiciones de integridad:

Ser honesto y tener fuertes principios morales.

Ser un ser íntegro y sin divisiones.

Durante mis primeros cuarenta años de vida, solo conocí la primera definición de integridad: la cualidad de ser honesto y tener fuertes principios morales. Yo lo sabía todo acerca de los principios morales estrictos: fui educada por una madre católica italiana con unas ideas muy claras y arraigadas acerca de lo que estaba «bien» y lo que estaba «mal» que se aseguró de inculcárselas a sus tres hijos. Al ser la menor, y ver cómo castigaban a mi hermano y a mi hermana por hacer algo «malo», decidí desde el principio tomar el camino de «hacer las cosas bien». Mi personalidad de niña buena se consolidó antes de entrar en la escuela. Me había hecho una lista de lo que quería conseguir en la vida y me ceñía a ella; superaba cada objetivo y cada hito que me fijaba. Me entregaba por completo y mi productividad sobrepasaba las expectativas. Al hacerme abogada se cerró el acuerdo: luchaba por la justicia y la verdad. Como muchos otros, lucía lo que creía que era mi integridad como una especie de insignia, una prueba de mi perfección.

De la sombra a la luz

No fui consciente de la segunda definición de integridad hasta que conocí a una mujer increíble llamada Debbie Ford.

Quizá no estés familiarizado con la obra de Debbie, pero lo estarás cuando leas este libro. Transformó mi vida de tantas maneras que yo no sería quien soy hoy en día si no se hubiera cruzado en mi camino.

Antes de su fallecimiento por cáncer en 2013 a los cincuenta y siete años, Debbie fue una gran oradora y presentadora de radio, directora de talleres y fundadora del Instituto Ford, y como autora, apareció en la prestigiosa lista de los más vendidos de The New York Times. Pionera en el mundo del crecimiento personal, era conocida por su especialización en algo llamado «la sombra humana», es decir, esa parte de nosotros que consideramos inaceptable, nos causa vergüenza o sencillamente no queremos ser. Se encontraba a la vanguardia de la tendencia a llevar la luz de la conciencia a esas partes de nosotros que ocultamos en la oscuridad. En otras palabras, ayudaba a la gente a mirarse a sí misma y a su vida con otros ojos, para poder liberarse de la prisión de su pasado y de sus historias de carencia y limitación y crear la vida de sus sueños. Debbie también creó un programa transformador de vida llamado proceso de la sombra. Es un taller de fin de semana donde los participantes aprenden a aceptar todos los aspectos de su ser, a admitir tanto su yo más pequeño y más débil como su luz más fuerte y resplandeciente y a disfrutar del brillo de una autoaceptación y un amor hacia sí mismos como jamás habían sentido.

Antes de conocer a Debbie hice una gran cantidad de trabajo transformacional: leí libros y recité afirmaciones, asistí a talleres y escribí mantras en el espejo de mi cuarto de baño. Formé parte de ceremonias de renacimiento, sudé en saunas rituales, me sometí a una limpieza de aura dirigida por chamanes indios y fui a más videntes y astrólogos de los que quisiera admitir. ¡Buscaba a alguien que me arreglara o me diera respuestas! Aunque encontré toda clase de sabiduría, los cambios en mi vida seguían pareciéndome efímeros. Progresaba un poco y luego volvía a mis viejos hábitos. Cuando asistí por primera vez al taller proceso de la sombra, vi mi vida de una manera radicalmente distinta. En lugar de ser la víctima de mis experiencias pasadas, comencé a entender que todas ellas traían regalos consigo. Había sabiduría en las heridas acumuladas a lo largo del camino y podía usar todo lo que sucedía en mi vida, o dejar que me usara a mí.

No solo mis experiencias pasadas me traían regalos, sino también las partes de mí misma que siempre había considerado malas o imperfectas. Siempre sentí la presión de ser perfecta. Me pasé la vida entera esforzándome por ser inteligente, triunfadora, valiosa, creativa y divertida. Ni se me pasaba por la cabeza permitirme ser débil, dependiente, egoísta, vulnerable o estúpida. Nadie me querría si lo fuera. Había desconectado de todas esas partes de mí misma, que eran completamente humanas y naturales. En lugar de reconocerlas, seguía puliendo y perpetuando mi personalidad de niña buena, fuerte, independiente, controladora, perfeccionista y triunfadora.

Quizá estés pensando por qué querría estar en contacto con mi debilidad, mi dependencia, mi egoísmo y mi estupidez, ¿qué hay de malo en desconectarse de esos rasgos?

El problema es que cuando nos separamos de la totalidad de nuestro ser, nos quedamos paralizados, compensando exageradamente aquello de lo que creemos carecer, y nos convertimos en versiones extremas de ciertas características. Nos arriesgamos a convertirnos en caricaturas en lugar de seres humanos y completos. Puedes ver como esto sucede en toda la sociedad. Imagínate a quienes se vuelven adictos al trabajo. No tienen equilibrio. Les domina su necesidad de tener éxito y se han desconectado por completo de su capacidad para descansar o ser indolentes. En esta vida hay un momento para todo. Hay un momento para la debilidad, un momento para la pereza, un momento para la ira. Te enseñaré a acceder a la totalidad de tu ser y entender los regalos que cada parte puede aportar cuando se le permite emerger en el momento adecuado.

Como era una perfeccionista y una triunfadora, me movía impulsada únicamente por mi cabeza y separada de mi corazón. Para mí las cosas debían tener sentido. Tenían que quedar bien en teoría o vistas desde fuera. Por eso podía ignorar todas las señales que percibía sobre mi marido. Nuestro matrimonio tenía sentido. En teoría debería haber funcionado. No importaba cómo se sentía mi corazón ante sus evidentes muestras de desconsideración y ante nuestras incompatibilidades y conflictos. Mi cabeza ganaba siempre.

Cuando conocí el proceso de la sombra, comprendí lo mucho que había sacrificado por vivir desde la cabeza en lugar de desde el corazón. Me abrió los ojos a lo destructivo que es vivir completamente separado de partes esenciales de nosotros mismos y de nuestros sentimientos.

Este proceso plantó la semilla de cómo sería vivir con integridad.

Verás, la sombra representa las partes de nosotros que queremos rechazar. Temiendo que otros descubran que en nuestro núcleo poseemos cualidades «negativas», arrancamos esas partes y creamos fachadas y personalidades para demostrar que no somos aquello que no nos gusta. Esto nos impide vivir con integridad porque nos aleja de esa segunda definición que mencioné: ser un ser íntegro y sin divisiones. Aquí tienes algunos ejemplos de cómo esto puede

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