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Hormonas: Mensajeros químicos y comunicación celular

Hormonas: Mensajeros químicos y comunicación celular

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Hormonas: Mensajeros químicos y comunicación celular

valoraciones:
1/5 (1 clasificación)
Longitud:
194 páginas
4 horas
Publicado:
16 ago 2012
ISBN:
9786071641649
Formato:
Libro

Descripción

El autor nos dice que escribió esta obra con el deseo de presentar a un público no especializado algunos de los aspectos más interesantes del mecanismo de acción de las hormonas. El lector no requiere amplios conocimientos de biología para entenderlo, mas sí de los principios elementales de esta ciencia.
Publicado:
16 ago 2012
ISBN:
9786071641649
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Hormonas - Jesús Adolfo García Sain

analítico

PRÓLOGO A LA NUEVA EDICIÓN

Este pequeño libro de divulgación tuvo su aparición en 1987 como resultado de una invitación del Fondo de Cultura Económica, al que reitero mi agradecimiento. Mencionaba en el prólogo de esa primera edición que, en la Antigüedad, un conocimiento permanecía sin modificarse por siglos, pero que en nuestro tiempo vivimos una verdadera revolución en el saber, lo que obliga a una revisión constante, particularmente en campos jóvenes, como el que aquí nos ocupa. En 1995 realicé una revisión amplia del texto y, ahora, creo que es necesario hacer otra, por los cambios que han ocurrido en el conocimiento biomédico.

He tenido la suerte de vivir una época de grandes cambios, pues en ella se han materializado muchos conceptos. Cuando nací, en 1952, no se conocía la naturaleza química del material que define la herencia biológica, el ADN; no sería sino hasta un año después, en 1953, cuando James Watson y Francis Crick publicaron su clásico trabajo, que abrió el campo de la genética molecular. En 1971, cuando inicié mi carrera de médico cirujano, las ideas sobre la comunicación celular eran rudimentarias. Ya se tenía claro el concepto de que existían receptores en las células que captaban a las hormonas y a los neurotransmisores para conducir los efectos celulares y sistémicos, pero dichos receptores aún estaban en el mundo platónico de las ideas, pues se desconocían totalmente su naturaleza química y sus estructuras. Con los notables avances de los últimos 25 años del siglo XX y de estas primeras décadas del XXI, hoy sabemos que los receptores son proteínas codificadas en nuestro genoma; sabemos en cuál de los cromosomas se encuentra la información de cada receptor, y hemos logrado aislarla, es decir, clonarla, y, además, podemos expresarla con relativa facilidad en células modelo e incluso en organismos completos. Más aún, los receptores se pueden modificar por técnicas de ingeniería genética, con el fin de definir la función de diferentes partes o dominios de su estructura. Se han encontrado mutaciones naturales de algunos de ellos y se han asociado con padecimientos, lo que permite la detección temprana y abre puertas a nuevos tratamientos. Algunos receptores se han cristalizado y se ha estudiado su estructura con detalle atómico. Sabemos en muchos casos qué tipos de receptores se expresan en los distintos tipos celulares y cómo se modifica la célula durante el desarrollo conforme la edad o el sexo del organismo, así como en la salud y en la enfermedad. Se han desarrollado técnicas que permiten acoplar estructuras a los receptores, como la proteína verde fluorescente, que permite ver en vivo y a todo color su ubicación subcelular y los cambios que se presentan en reposo y bajo distintos estímulos. El panorama actual es muy diferente.

El lector sagaz seguramente se dio cuenta de que usé la palabra algunos en la parte final del párrafo anterior. Sí, aún hay mucho por investigar y entender. A pesar de los avances, estamos muy lejos de llegar a la consolidación de esta área de estudio; es decir, a tener un conocimiento tal que nos permita explicar lo que conocemos de la fisiología celular y hacer predicciones con alta certeza. Las lagunas aún son muchas y su importancia biomédica es grande. No creo que lo que escribo ahora se mantenga vigente más de 10 o 15 años. Con seguridad será necesario actualizar este libro, o bien habrá que escribir otro.

Esta obra ha intentado e intenta ser un primer contacto con el tema en un nivel de divulgación; se trata solamente de una primera mirada a esta parte de la naturaleza, a este campo del conocimiento. Hace 25 años, lo que llamamos señalización o transducción de señales; es decir, el conocimiento de los mecanismos moleculares de la acción de las hormonas y los neurotransmisores, era algo poco común. Su importancia en las ciencias biomédicas ha hecho que hoy sea fundamental. Prácticamente no hay libro de texto, de nivel licenciatura o superior, en las áreas de bioquímica, fisiología y biología celular, farmacología, endocrinología y otras, que no cuente por lo menos con un capítulo al respecto. Incluso ya algunas obras de nivel medio superior incursionan en este campo. Los interesados en profundizar sus conocimientos deben consultarlas; se mencionan varias al final, en la bibliografía, incluidos algunos sitios electrónicos que recomiendo visitar, ya que ilustran a dónde se dirige este campo de estudio.

Aunque participo en un esfuerzo importante de muchos investigadores y educadores nacionales por poner en nuestro idioma obras de divulgación como ésta y textos en el nivel de licenciatura, es indiscutible que hay una penetración del inglés en nuestro idioma. En particular resulta difícil evitar las abreviaturas que se usan en forma internacional y que con frecuencia corresponden a términos en inglés. Tratar de cambiarlas complica innecesariamente la lectura y no resulta de ninguna utilidad para los lectores. A pesar del amor que le tengo a nuestra lengua, no puedo más que recomendar a los lectores, sobre todo pero no en forma exclusiva a los más jóvenes, el aprendizaje de la lengua inglesa, que aún es el vehículo de comunicación más usado en las áreas científicas.

Reitero mi agradecimiento al Fondo de Cultura Económica, a la Secretaría de Educación Pública y al Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología por su apoyo para realizar esta publicación. Confío en que esta nueva edición será de interés y utilidad.

Ciudad de México, febrero de 2016

I. Los mensajeros de las células

NECESIDAD DE LA COMUNICACIÓN CELULAR

Los seres vivos tienen una enorme capacidad para ajustarse a las condiciones que les presenta el medio; esta característica se llama plasticidad, y es vital para las células y los organismos, ya que, de no existir, sus posibilidades de supervivencia serían muy escasas. De hecho, la extinción de una especie indica que se sobrepasó su capacidad de ajuste. Imagínese por un momento a una célula o a un organismo sencillo en un medio específico; ahora, lo colocamos en otro de composición diferente. ¿Qué sucederá? En primer lugar, el organismo deberá percatarse del cambio, y luego realizar los ajustes necesarios para continuar llevando a cabo sus funciones fundamentales. Ello implica que tiene la capacidad de percibir, escuchar o sentir los cambios que se producen, y de responder a ellos.

Si pensamos en organismos más complejos, como nosotros, por ejemplo, se verá que las células que nos forman se encuentran rodeadas por un medio (el líquido extracelular o medio interno), cuya composición varía, aunque dentro de límites relativamente estrechos. Estas células también están escuchando y respondiendo a dichos cambios. Ahora bien, si consideramos al individuo como un todo, resulta obvio que el conjunto de células que lo forman debe responder en una forma global, coordinada y armoniosa. Dado que estamos pensando en millones de células, dicha coordinación y armonía sólo puede lograrse mediante un amplísimo sistema de comunicación intercelular. Pongamos un ejemplo: imaginemos a un capitalino gozando de unas vacaciones en alguna de las hermosas playas de nuestro país. Nuestro capitalino está cómodamente recostado disfrutando el sol y las bellezas del lugar; de repente, observa que el oleaje aumenta y que va a ser cubierto por el mar. Es evidente que no permanecerá tranquilo, sino que de inmediato parecerá que los ojos se le salen de sus órbitas, la frecuencia y la fuerza de contracción de su corazón aumentarán, así como la amplitud de su respiración. Instantes después, hará todos los movimientos necesarios para poner pies en polvorosa, alejándose del peligro. Además, le ocurrirán muchísimos otros cambios, la mayoría totalmente imperceptibles para él, pero muy importantes para permitir la respuesta global de su organismo; por ejemplo, aumentará su tensión arterial, su sudoración, la concentración de combustibles (como los azúcares y las grasas) en su sangre, etc. Se diría que casi la totalidad de sus células se enteraron del acontecimiento y respondieron de manera coordinada. Pero ¿cómo se enteraron? A través de una enorme, rápida y compleja red de comunicación celular que se realiza y coordina principalmente a través de dos grandes sistemas: el sistema nervioso y el sistema hormonal o endocrino. Ambos operan en lo fundamental por medio de mensajes químicos.

¿TODAS LAS CÉLULAS SE COMUNICAN?

Cabe aclarar un aspecto importante. Podría pensarse que sólo los organismos complejos, pluricelulares, establecen comunicación, pero no es así. Muchos organismos sencillos, unicelulares, también lo hacen. Éste es el caso, por ejemplo, del moho Dictyostelium discoideum, que puede vivir, dependiendo de las condiciones que se le presenten, tanto en forma unicelular (amiboidea) como en estructuras multicelulares mucho más complejas (el moho propiamente dicho). En este ejemplo, las células libres detectan los cambios en el medio y, a su vez, secretan mensajeros que llegan a otras células y las estimulan, lo que ocasiona que se agreguen y se vayan diferenciando hasta componer las distintas estructuras del moho.

Decíamos anteriormente que en los organismos pluricelulares la comunicación se realiza y coordina por medio de dos sistemas: el nervioso y el endocrino u hormonal. En realidad la interrelación entre ambos es tan estrecha, que pueden considerarse como uno solo: el gran sistema neuroendocrino. Este sistema capta los cambios en el medio externo, ajusta el medio interno y permite la acción de cada célula de tal forma que la respuesta global se integre. Es éste, pues, el comunicador y coordinador por excelencia. Sin embargo, considerar que el sistema neuroendocrino es el único que interviene en la comunicación sería un grave error. En realidad hay comunicación celular entre todas las células y en todos los ámbitos, como se verá más adelante. Por ejemplo, cuando nos enfrentamos a una infección, hay una respuesta neuroendocrina global, pero además los muy diversos tipos de células de nuestro sistema inmune realizan una enorme labor para combatirla, y en esta lucha participa una intrincadísima red de comunicación celular.

FORMAS EN LAS QUE OPERA LA COMUNICACIÓN CELULAR

Analicemos ahora, brevemente, las seis principales formas en que opera la comunicación celular (ilustradas en la figura I.1).

1) En el caso de la comunicación endocrina u hormonal, las células de las glándulas de secreción interna (como la hipófisis, la tiroides, las suprarrenales, los islotes del páncreas, los ovarios y los testículos) vierten sus mensajeros, es decir, las hormonas, al torrente circulatorio. Una vez en la sangre, estas hormonas circulan por todo el organismo e interaccionan con algunas células que son receptoras para el mensajero correspondiente, las cuales se llaman células blanco. Lo anterior indica que el mensajero es selectivo; esto es, va dirigido únicamente a algunas células que pueden escucharlo. Como se verá con mayor detalle más adelante, la capacidad de audición selectiva de las células depende de la presencia de oídos moleculares a los que llamamos receptores. Ejemplifico este tipo de comunicación con la insulina. Esta hormona es producida y secretada a la circulación por las células beta de los islotes de Langerhans o islotes pancreáticos. En respuesta a un incremento en la concentración de glucosa en la sangre, los islotes secretan la hormona, la cual viaja en la circulación para activar células de muy distintos tipos y localizaciones. Entre ellas las células grasas, llamadas adipocitos, o las células epiteliales del hígado, los hepatocitos, para que capten glucosa y la metabolicen.

2) La neurotransmisión es una comunicación química en la cual participan las neuronas. Estas bellas células con sus largas prolongaciones se aproximan a las células con las que se comunican. La membrana externa de la neurona está casi en contacto con la membrana externa de la célula que recibe el mensaje (otra neurona o bien una célula muscular o de otro tipo). Este casi contacto está formado por una estructura especializada a la que llamamos sinapsis; en ella hay un espacio (el espacio sináptico) que separa a una célula de la otra. Para los fines de esta explicación consideremos que el flujo o sentido de la información es unidireccional y va de la neurona, o célula presináptica (que está antes de la sinapsis), a la célula receptora o postsináptica. En esta forma de comunicación, la

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