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Manual de historia del derecho mexicano
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Libro electrónico349 páginas5 horas

Manual de historia del derecho mexicano

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Manual de historia jurídica que recorre la historia del sistema jurídico mexicano desde el México prehispánico, pasando por la legislación indiana, la aplicación de la justicia en la Nueva España, hasta llegar a la Revolución Mexicana y la emergencia del Estado posrevolucionario durante las décadas de 1920 y 1940. El autor pretende, por un lado, que los ya formados juristas desaprendan lo que hoy en día resulta obsoleto debido a las actualizaciones en la Constitución mexicana; y por otro lado, transmitir la cultura jurídica actual a los estudiantes de derecho sustituyendo los antiguos textos que continúan formando parte de los programas de estudio.
IdiomaEspañol
Fecha de lanzamiento6 jul 2018
ISBN9786071657435
Manual de historia del derecho mexicano

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    Manual de historia del derecho mexicano - Luis René Guerrero Galván

    IIJ-UNAM

    I. EL DERECHO Y LA HISTORIA

    Se trata de la disciplina jurídica que explica la formación, desarrollo y dinámica interna de los diversos sistemas jurídicos del pasado mexicano, y sus implicaciones con el sistema jurídico vigente,¹ con el apoyo de las diversas metodologías sociohistóricas.

    Su periodización es tetrapartita, y contempla la parte prehispánica o contribución indígena que, por cierto, se proyecta más allá del límite de la conquista; la parte novohispana o del derecho indiano; y la parte nacional desde la lucha por la independencia y todo el siglo XIX mexicano. Y por último, se encuentra la fase producida por el proceso de Revolución mexicana, de 1910 hasta la década de los cuarenta, justo con la presidencia de Lázaro Cárdenas del Río, ya que a partir de este momento se considera como parte del estudio del derecho constitucional contemporáneo.

    SISTEMAS JURÍDICOS

    Esta denominación comprende² el conjunto de instituciones, normas y costumbres de derecho que se articulan en un todo unitario y coherente con el tipo histórico de una sociedad determinada. En este sentido, la historia del derecho mexicano no debe supeditarse exclusivamente al estudio cronológico y sucesivo de las diversas normas que han sido vigentes en las sociedades mexicanas, sino al estudio de la lógica material propia de las instituciones, en otras palabras al sistema jurídico mexicano.³

    SOBRE EL ESTUDIO DE LA HISTORIA DEL DERECHO MEXICANO

    El derecho se debe observar como un producto más de la cultura, es decir, del hacer y obrar de la sociedad humana; es un lenguaje-acción, se elabora y estructura con el ánimo de normar conductas humanas en un sentido determinado. Influye tanto en la vida económica, política y cultural de las sociedades, así como todas estas facetas influyen en él. La aplicación del derecho en pro de una sociedad mexicana, justa y democrática, en mucho depende de entender críticamente la naturaleza histórica de las instituciones jurídicas.

    ELEMENTOS DE CREACIÓN DEL CONJUNTO DE REGLAS JURÍDICAS

    Los cuerpos de normas jurídicas que regulan una situación concreta se denomina fuente. En el aspecto histórico jurídico se pueden determinar: las normativas, doctrinarias y las históriográficas.

    Las primeras contemplan todos aquellos mandamientos, decretos, dictámenes, sentencias, leyes y constituciones, vigentes o no, que informan acerca de las características de los sistemas jurídicos del pasado mexicano. Estas no sólo se refieren a documentos impresos, sino que incluyen códices, restos arqueológicos y hallazgos que aludan al derecho y su función dentro de las sociedades pasadas.

    Las segundas se refieren a los documentos del pasado que contengan datos referentes al derecho de cada época o sistema. Se incluyen las obras de las ciencias jurídicas realizadas por el trabajo de los diferentes entes implicados en la creación del derecho respecto a los diversos procesos de las sociedades pasadas.

    Las terceras suponen el conjunto de investigaciones que toman como fuente del derecho. El derecho contemporáneo, vigente o no, es el resultado de los procesos históricos de la sociedad mexicana. De allí que el origen del Estado de derecho comience a dibujarse en el primer cuarto del siglo XIX, o bien, que la legislación agraria vigente sea el resultado de la Revolución mexicana, recuperando instituciones del pasado que influyen en el régimen de tenencia de la tierra, etcétera.


    ¹ Existen diversas acepciones acerca de la historia del derecho mexicano, la aquí presentada es creación del autor a partir de la interpretación de obras clásicas acerca del tema. Si se quiere profundizar en ello podría consultarse la obra Historia del derecho mexicano de Jacinto Pallares, o la obra intitulada Curso completo de derecho mexicano o exposición filosófica, histórica y doctrinal de toda la legislación mexicana, Oficina Tipográfica de la Secretaría de Fomento, México, 1904; María del Refugio González, Historia del derecho mexicano, Instituto de Investigaciones Jurídicas, UNAM, México, 1983; Guillermo Floris Margadant, Introducción a la historia del derecho mexicano, UNAM, México, 1971; Marco Antonio Pérez de los Reyes, Historia del derecho mexicano, Oxford University Press, México, 2010, y Oscar Cruz Barney, Historia del derecho en México, Oxford University Press, México, 2010.

    ² Francisco Cuena Boy, Sistema jurídico y derecho romano. La idea de sistema jurídico y su proyección en la experiencia jurídica romana, Universidad de Cantabria, Santander, 1998, pp. 9-58.

    ³ José Luis Soberanes Fernández, Una aproximación a la historia del sistema jurídico mexicano, FCE, México, 1992, pp. 7 y ss.

    ⁴ Cf. Marco Antonio Pérez de los Reyes, Historia del derecho mexicano, vol. 1, Oxford, México, 2003, pp. 1-32.

    ⁵ Josep Aguiló Regla, Teoría general de las fuentes del derecho (y del orden jurídico), Ariel Derecho, Barcelona, 2000, pp. 21-36.

    II. EL MOMENTO PRECOLOMBINO

    LA CONSTRUCCIÓN DE UNA VISIÓN HISTÓRICO JURÍDICA DEL DERECHO PREHISPÁNICO¹

    El proceso de creación del derecho implica el reconocimiento de fuentes que contengan una serie de principios organizacionales, principalmente, de carácter social que en el momento de conformarse como instrumentos de control de la sociedad, su esencia se transforma en reglas de un orden jurídico existente. Este proceso implica un desarrollo y una formación histórica de la sociedad en donde, a partir del fundamento de validez y reconocimiento consensuado, se aplica un derecho in procedendo.

    Visto desde esta óptica, el derecho prehispánico cuenta con los elementos esenciales para considerarse como un sistema jurídico autónomo que tuvo vigencia durante largos periodos de auge de la cultura precolombina. Ahora bien, debe aclararse que no se trata de un solo derecho en sí mismo, sino de un conjunto de manifestaciones jurídicas que se activaron a partir del desarrollo político y cultural de los diferentes grupos que se desenvolvieron en Mesoamérica, principalmente, influenciados por un hondo sentido teocrático y heterogéneo, adaptando vestigios de culturas primigenias, rituales y religiosas, combinándolas con visiones políticas y jurídicas.

    Si se aplica una metodología de estudio sobre el sistema jurídico prehispánico se debe señalar que éste se genera a partir de las relaciones sociojurídicas de los grupos diastráticos existentes y en el ejercicio del poder, estas visiones son manifiestas y descritas en las fuentes históricas primarias llamadas códices y, alegóricamente, en sus construcciones. En un segundo momento estas conductas son reseñadas, ya sea por los indios o por los religiosos, principalmente. Bajo este orden de ideas, será a partir del análisis del contenido de ambos instrumentos como se configurará un esbozo del sistema jurídico prehispánico en los diversos grupos mesoamericanos.

    DEL ESPACIO MESOAMERICANO

    Mesoamérica es un área cultural definida por Kirchhoff (1964),² a partir de rasgos culturales compartidos en el siglo XV por sociedades heterogéneas, que iban de grupos con refinadas culturas hasta horticultores y cazadores tribales. Todos con una misma matriz cultural antigua y compartiendo difusiones culturales regionales, lo que no implicaba una sola dinámica sincrónica o diacrónica en toda el área.

    IMAGEN II.1. Las áreas culturales de Mesoamérica

    FUENTE: Alfredo López-Austin y Leonardo López Luján, El pasado índigena, FCE, México, 2000.

    En cada región se produjeron o mantuvieron distintos procesos civilizatorios, con grupos humanos de muy diversos orígenes y con lenguas y culturas diversas, generalmente se divide en cinco subáreas:

    1) Centro, esta región tiene como núcleo aglutinante la Cuenca de México, nicho ecológico privilegiado en donde se encontraba un gran llano lacustre en el que confluían cuatro lagos, dos de agua dulce (Xochimilco y Texcoco) y dos de agua salitrosa (Zumpango). Su extensión abarca el actual Distrito Federal, parte del Estado de México, Hidalgo, Michoacán, Tlaxcala, Puebla, Morelos y Guerrero. En el momento de la llegada de los españoles en la zona se hablaban lenguas de prácticamente todas las familias lingüísticas mesoamericanas, pero predominaban las yutoaztecas (náhuatl) y otopames (otomí, mazahua, matlazinca, ocuilteco). Las principales ciudades arqueológicas de zona son Cuicuilco, Teotihuacán, Cholula, Tula, Tlaxcala y Tenochtitlan.

    2) Golfo, abarca parte de los actuales estados de Tamaulipas, San Luis Potosí, Veracruz, Puebla y Tabasco. En esta zona es donde surgirán las primeras sociedades estratificadas y constructoras de grandes monumentos, conocidas generalmente como olmecas (1200-400 a.C.), y quienes se creen son los primeros grupos con una organización del tipo estatal, manifiesta en sus monumentos, estelas, retratos de gobernantes, yugos y hacas votivas hechas de piedras semipreciosas. Estos grupos se asocian con hablantes de lenguas mixezoqueanas, los cuales se asientan al sur de la sub-área, en donde entran en contacto con hablantes de lenguas otomangues de Oaxaca, pero también separan como una cuña a comunidades teenek, pertenecientes a la familia mayense, quienes se desarrollan al norte en una amplia región conocida como la Huasteca. Las poblaciones arqueológicas más importantes de la zona son Tres Zapotes, San Lorenzo, La Venta, Tamtoc y el Tajín.

    3) Área maya, se extiende por los estados mexicanos de Campeche, Chiapas, Yucatán y Quitana Roo, para seguir por la totalidad de Belice, Guatemala y El Salvador, parte de Honduras, Nicaragua y Costa Rica. Hay varias hipótesis sobre el origen de los mayas y la direccionalidad de sus migraciones, la más generalizada es que, siguiendo el influjo migratorio general, los mayences salieron hacia el sur de algún lugar cercano al Misisipi. En el trascurso de la migración se separarían en dos grupos de hablantes, el grupo inik al que pertenecen los teenek, y los winik que dominaron las tierras bajas del norte de la península y las tierras altas de Chiapas y Guatemala. Otra hipótesis, que parecen apoyar los restos arqueológicos, es que la migración fue sur-norte, pues los vestigios sureños resultan ser más tempranos (4000-1000 a.C.) que los desarrollos huastecos (2500-1500 a.C.). Entre las principales ciudades prehispánicas de la región se encuentran Tikal, Calakmul, Yaxchilán, Palenque, Uxmal, Copán, Tazumal, Chichén Itzá y Tulúm.

    4) Oaxaca, es una zona cultural que abarca prácticamente la misma extensión que el estado del mismo nombre, incluyendo zonas colindantes con los estados de Chiapas y Tabasco, como el istmo de Tehuantepec y los chimalapas. De igual manera se extiende al este hacia la mixteca de la costa de Guerrero. Se ha caracterizado por albergar a comunidades hablantes de lenguas otomangues, principalmente de zapoteco, mixteco y mazateco. Los principales asentamientos prehispánicos son San José Mogote, Monte Albán, Mitla, Yanhuitlán, Tilantongo, Tlaxiaco, Zaachila, Lambiteico, Huijazoo, Etla, Tutotepec y Tehuantepec.

    5) Occidente, es una amplia sub-área que abarca parte de los estados de Michoacán, Jalisco, Nayarit, Guerrero, Colima, Sonora y Sinaloa. Es una zona que tiene varias influencias a lo largo del tiempo, cuenta con presencia olmeca temprana, luego para el clásico contamos con asentamientos con influencia teotihuacana y la consolidación de un sistema regional de tumbas de tiro. Para el final de la época prehispánica podríamos dividir la región en la zona del río Balsas y la cultura mezcala, Michoacán o zona p’urhépecha (dividida a su vez en área lacustre, las montañas y la meseta) con una estrecha relación con las culturas del norte, como la chalchihuites (la Quemada). Por otra parte tenemos el bajío, en el que conviven cazadores y sedentarios (relacionados con la cerámica chupícuaro). Hacia el noreste se desarrollan distintos complejos culturales que conformarán lo que hoy se conoce como el Gran Nayar. Las lenguas que se hablaban en la época del contacto eran predominantemente yutoaztecas (náhuatl, cora, huichol, tepehuano), otomangues (amuzgo, tlapaneco, triqui) y tarasco (p’urhépecha). Los poblados arqueológicos que se destacan en la zona son Tzintzuntzan, Pátzcuaro, Teuchitlán, El Opeño, Capacha, Ixtlán del Río, Autlán, Toatlán, Huetamo y Mezcala.

    6) Al norte se encuentra una zona transicional que va de los bajiales, de los actuales estados de Querétaro y Guanajuato, a Zacatecas y San Luis Potosí, para referirse a su relación con el altiplano central y el occidente se le denomina Mesoamérica Marginal, es la puerta a otra área cultural denominada Aridoamérica, que integra a todo el norte de México con el sur de los Estados Unidos. En esta región surgen los repositorios de ofrendas tipo chac mool y los colgantes de cráneos y huesos, considerados antecedentes del tzomplantli azteca. Uno de los rasgos arquitectónicos que exportará a la Mesoamérica nuclear es la construcción de grandes espacios techados con columnas tubulares, con corredores o patios centrales. Las lenguas que se hablaban en el momento del contacto eran muy diversas, pero se propone que pudieran ser yutoaztecas (huachichiles y zacatecos), pameanas (pames, chichimecas jonaz) y otominas (otomí y mazahua). Los sitios prehispánicos clave en el desarrollo de la zona son Juchipila, Teúl, La Quemada, Alta Vista, Ferrería, Schoeder, Loma San Gabriel, Cedral, Río Verde, Ranas y Toluquilla.

    La diferencia entre Mesoamérica y Aridoamérica es que los grupos que las habitan se adaptaron históricamente a distintos nichos ecológicos, por lo que el fundamento material de la sociedad era diferente, el primero permitió el surgimiento de la agricultura y el segundo la caza y la recolección. Estas dos áreas también confluyen al este con otra área cultural denominada Oasisamérica, un enclave agrícola entre los ríos Mayo y Yaqui, un oasis sedentario en un mar de nómadas.

    IMAGEN II.2. Las áreas circunvecinas de Mesoamérica

    Aridoamérica era habitada por cazadores y recolectores especializados en un ecosistema muy frágil que no soportaba una gran cantidad de población, por lo que los grupos y las bandas podían no contar con más de una treintena de individuos, incluso se cree que los grupos practicaban el infanticidio ritual para intentar controlar la explosión demográfica. La forma de subsistencia era diversa, iba de los cazadores especializados, como los altapascanos (apaches) que dependían del bisonte para sobrevivir, a horticultores o con cultivos de escasa importancia y grupos totalmente agricultores. Estos grupos nómadas y seminómadas fueron conocidos por los nahuas del posclásico tardío bajo el nombre de chichimecas que se puede traducir como linaje de perro o incluso como perro con mecate. Esta denominación fue retomada por los españoles, quienes la aplicaron a todos los grupos del norte, haciendo tabula rasa y sin considerar diferencias culturales o lingüísticas.

    CARACTERÍSTICAS MESOAMERICANAS

    Los elementos culturales que aportaron los grupos mesoamericanos son los siguientes:

    1) Relacionados con la agricultura contaban con la coa, las chinampas, el cultivo del maíz, la calabaza, la chía, el chile, el frijol, el maguey, el cacao y el proceso de nixtamalización. Se logró la domesticación de perros, guajolotes, patos y se desarrolló la apicultura.

    2) Para la caza y la guerra usaban cerbatanas con balas de barro, espadas de madera con dientes de obsidiana o pedernal (macuahuitl), trajes acochados de algodón, escudos con dos manijas y proyectiles de lítica. Contaban con órdenes militares, mercaderes espías y guerreros para conseguir cautivos para sacrificio.

    3) Como insignias y vestimenta utilizaban bezotes, pulimento de obsidiana y espejos de pirita, tubos de cobre, tejido con pelo de conejo, turbantes, tocados, sandalias con talonera (cacle) y vestidos de una pieza (huipilli).

    4) En la arquitectura destacan las pirámides escalonadas, patios hundidos, juegos de pelota con marcadores, pisos y paredes estucadas.

    5) Desarrollaron sistemas semióticos de comunicación, tales como escrituras jeroglíficas, logogramas, silabogramas y signos numerales con valores relativos según su posición. Libros con diferentes formatos (principalmente en biombo), anales históricos y mapas.

    6) Contaban con un calendario vago o solar de 18 meses, 20 días naturales y cinco días funestos (un total de 365 días), utilizaban una combinación de 20 signos y 13 numerales, para formar un calendario ritual de 260 días, que se relaciona con el periodo de gestación humana y con el ciclo lunar. Las personas eran nombradas según su fecha de nacimiento. La suma de los dos calendarios formaba un periodo de 52 años, el cual era celebrado con fiestas y la construcción de nuevas etapas constructivas en los centros ceremoniales.

    7) En el aspecto religioso uso ritual del papel y el hule, el sacrificio de aves, el autosacrificio, el sacrificio humano, ritual del palo volador, el 13 como número ritual, conceptos de ultramundos y deidades especializadas.

    DEL TIEMPO MESOAMERICANO

    En términos históricos hay una unidad coherente y un clímax de desarrollo que va de un periodo arcaico a un clásico, en el que aparecieron y desaparecieron centros claves, sobre todo en el centro y Oaxaca. El principal hilo conductor es la agricultura y el sedentarismo que trae con ella, cada poblado tiene su propia organización social y religiosa, pero no tiene más que una influencia local.

    Antes del descubrimiento de la agronomía, América vivía un periodo de cazadores fabricantes de hachas de piedra, el paleolítico o arcaico (30000-7000 a.C.), también conocido como arqueolítico o cenolítico inferior. Una de las culturas emblemáticas de las que se desarrollaron en este periodo fue la clovis o llano de Nuevo México (12500-10600 a.C.), grupos especializados en la caza de grandes mamíferos.

    La recolección, selección y una manipulación incipiente de los primeros maíces o teocintle marca el inicio de la etapa conocida como el cenolítico o protoneolítico (7000-2500 a.C.). Este comienzo en la siembra y domesticación de la planta, así como el proceso de nixtamalización por medio de cal viva, resultaría una revolución cultural trascendental para los pueblos mesoamericanos, pues aún hoy en día hay grupos que se alimentan utilizando técnicas y herramientas de siembra y procesamiento del maíz, que comenzaron a desarrollarse en esa época.

    Durante este periodo se experimentaron otras revoluciones importantes en el mundo, Europa también comenzó su proceso de domesticación (neolítico 3000 a.C.); en Mesopotamia, los uruk inventan la rueda y la escritura (4000-3000 a.C.); y en Egipto el faraón Menes buscaba la unificación del Alto y Bajo Egipto (3200-2050 a.C).

    Cerca del 2500 a.C. se produce la invención de la cerámica, lo que resultaría sumamente significativo para la historia mesoamericana, pues a partir de los estilos y materiales de ésta, el arqueólogo puede identificar estilos y lugares de origen, con lo que propone hipótesis sobre redes de comercio o intercambio, o incluso relacionarlas con cierto estatus social que implica el depósito de bienes suntuarios en tumbas o casas.

    Este periodo es conocido como arcaico o preclásico temprano (2500-1200 a.C.) tiene una primera escala hacia el preclásico medio (1200-400 a.C.), que nos permite documentar las primeras formas de organización compleja (La Venta, Tres Zapotes, San Lorenzo), que basan su división social en el carácter sagrado de su autoridad política y una fuerte estratificación social, surge en ellas una organización estatal teocrática, manifiesta en los retratos de piedra de sus gobernantes y en las estatuillas de barro ofrendadas como culto a la fertilidad, además de los montículos funerarios con presencia de concha, algodón y ofrendas animales. Procesos similares tienen lugar simultáneamente con los arcadios en Sumeria (2175-1900 a.C.) y en el camino de la Edad de Bronce (1500 a.C.) a la Grecia arcaica (700-400 a.C.) en el Mediterráneo.

    El tránsito hacia el preclásico tardío (400-150 a.C.) está marcado por el aumento en el intercambio de plantas utilizables, la diversidad natural y la proximidad geográfica fomentaron la proliferación del comercio, algunos poblados se consolidan como centros ceremoniales al mismo tiempo que alargaron sus redes comerciales o se convirtieron en núcleos económicos, se dio comienzo a la urbanización y el ceremonialismo arquitectónico (Monte Albán y Cholula).

    Se institucionaliza el culto y se levantan basamentos para templos, muchas veces sobre los antiguos montículos funerarios, surge una clase de sacerdotes específica que domina, casi secretamente, el calendario y la escritura. Aparecen representaciones de dioses y un simbolismo religioso formalizado (protoclásico 150 a.C.-200 d.C.). Este fenómeno ya se había consolidado en el Mediterráneo, en ese momento se expandía la polis en la Grecia clásica (400-250 a.C.) y la República (270 a.C.) dejaba paulatinamente su lugar a un Imperio en Roma.

    Este aumento en la complejidad de manifestaciones culturales va a llevar a un periodo formativo o clásico inicial (200-650 d.C.), en el que tiene lugar un monumentalismo en los centros ceremoniales y las necrópolis, la cerámica se torna refinada y proliferan las esculturas de barro con la técnica del pastillaje. La agricultura se vuelve extensiva ante la mayor demanda que implica el aumento poblacional, se construyen terrazas de cultivo y hay mejoras en la tecnología del riego y de la construcción (Cuicuilco y Teotihuacán), lo que también implica la coordinación del trabajo con gran cantidad de mano de obra, con una amplia división de tareas, reglamentación y planificación arqueoastronómica (Armillas, Caso, Bernal y Carrasco).

    Durante el clásico (150 a.C.-900 d.C.) la agricultura tiene una producción mantenida a base de chinampas, terrazas y muy distintos sistemas de riego, lo que permite que los centros ceremoniales urbanos tengan una producción manufacturera a gran escala, con gran número de piezas de cerámica producidas en moldes para satisfacer una cada vez mayor demanda, por lo que se erigen como centros administrativos con una población densa y socialmente estratificada. Se intensifica el comercio de metales y piedras semipreciosas. Es el gran auge del urbanismo y la monumentalidad, para mover grandes pesos se utilizan los rodillos y las poleas, la rueda únicamente aparece en los juguetes. La teocracia parece la forma más difundida de organización política-estatal.

    Tras la caída de los centros de mayor población (como Teotihuacán) por el agotamiento ecológico y el calentamiento global, el vacío de poder que se presenta resulta en una oportunidad aprovechada por distintas ciudades-Estado que buscan hacerse del poder, sobre todo en el Altiplano Central (Cacaxtla), dando paso a un periodo creciente de belicismo conocido como epiclásico (600-900 d.C.). Durante este periodo Europa también sufre la caída del imperio romano y las invasiones bárbaras (600 d.C.), que dieron comienzo a la Edad Media (600-1400 d.C.).

    La instauración de Tula o Tollan en el altiplano central permitiría la identificación de un nuevo centro político-militar, el toltecayotl, en donde la ofrenda de sangre y la guerra formarían parte esencial de la vida política y religiosa. El modelo militarista se impuso en los modelos estatales de la región y se exportó a la península de Yucatán por los itzáes, quienes construyeron en Chichen Itzá una ciudad gemela de Tula. Esta consolidación institucional de la guerra cambió los sistemas jurídico-administrativos y marcó el inicio del periodo posclásico (900-1521 d.C.).

    La caída de la gran Tollan coincide con un calentamiento global que hace que los grupos cazadores recolectores del norte se replieguen hacia la Mesoamérica nuclear. Es en este momento

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