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La Trampa del Novio Billonario: Una Novela de la Familia Kavanagh

La Trampa del Novio Billonario: Una Novela de la Familia Kavanagh


La Trampa del Novio Billonario: Una Novela de la Familia Kavanagh

valoraciones:
5/5 (1 clasificación)
Longitud:
203 páginas
3 horas
Editorial:
Publicado:
9 sept 2020
ISBN:
9788835892359
Formato:
Libro

Descripción

Cleo sabe que su trabajo roza lo inmoral, pero ella se repite que los hombres de negocios a los que espía son arrogantes y avariciosos. Además está bien pagado y necesita el dinero para las facturas médicas de su hermana y para hacerla entrar en la escuela de arte. Pero cuando la existencia de dicha escuela de arte se ve amenazada por el último objetivo de Cleo, el billonario Reece Kavanagh, ella hará todo lo que esté en su poder para detenerle y hacer que su hermana sea feliz.

Hasta que se enamora de él.

Supuestamente él era un gilipollas, pero Reece resulta ser todo lo que Cleo siempre quiso en un hombre. Su corazón no es frío y vacío como le habían informado, sino que late sólo por Cleo. Así que cuando él revela el oscuro secreto que le lleva al cierre de la escuela, ella sabe que tiene que detenerle, por su propio bien así como por el de su hermana.

¿Pero qué hará Reece cuando descubra que la mujer en la que confía ha estado saboteándole todo el tiempo?
Editorial:
Publicado:
9 sept 2020
ISBN:
9788835892359
Formato:
Libro

Sobre el autor


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La Trampa del Novio Billonario - Kendra Little

tiempo?

1

Los hombres son como cuentos para niños – fáciles de leer, ocasionalmente entretenidos, pero faltos de sustancia para mantener a una mujer adulta cautivada a largo plazo. Mi jefe me dice que soy demasiado cínica para tener veinticinco años, pero eso es lo que pasa cuando has estado haciendo lo que yo he estado haciendo durante dos años sólo para pagar las facturas. 

No soy una prostituta. Soy una trampera. Hay una diferencia. Las prostitutas duermen con tíos por dinero. A mí me pagan para conseguir que ellos confíen en mí, y que algunas veces se enamoren de mí. Algunas tramperas cruzan el límite y acaban en la cama con su objetivo por un poco de dinero extra de su parte, mientras que otras piensan que están protagonizando Pretty Woman. Yo no. Me gusta demasiado mi salud mental. No podría tener sexo con un hombre que no fuera mi novio. 

Si en mi línea de trabajo no fuera tan difícil encontrar algún novio, me iría mejor en ese departamento. Desafortunadamente no demasiados tíos son comprensivos cuando les explicas lo que haces para ganarte la vida. Más bien diría que ninguno. Ellos no ven la diferencia entre una puta y una trampera. Y también está todo el asunto de que carecen de sustancia. 

Este tío es grande, dijo mi jefa Ellen. Me tendió un pendrive USB con forma de osito de peluche no mayor que dos de mis dedos. Había cambiado a su habitual ninja rojo. A diferencia del ninja, tuve que quitarle la cabeza al osito y meter su cuello en mi ordenador portátil. El ninja tenía el USB saliendo de su culo, así que parecía que se estaba tirando pedos en el ordenador. El osito sólo parecía decapitado. 

¿Cómo de grande? pregunté mientras copiaba los archivos en mi disco duro. 

Ellen cruzó sus largas piernas como palillos y se reclinó en la silla con una sonrisa que estiró sus labios rojo vampiro. Ya lo verás.

Puse los ojos en blanco ante su melodrama. Parecía pensar que era M de James Bond, viviendo una vida clandestina de altos vuelos, eliminando a los chicos malos. La verdad es que hundíamos a quienquiera que nuestros clientes nos pagaran por hundir. Por suerte, hasta ahora nuestros objetivos habían sido hombres de negocios de dudosa moral, de otra manera yo misma hubiera tenido un problema con mi trabajo. Sin embargo, no me importaba arruinar algunos tratos de negocios a algunos capullos.

Eso resumía la operación de Ellen. Ella nos contrataba a nosotras, las chicas, en nombre de sus clientes para aprender los secretos de ricos y poderosos empresarios. Sus clientes solían ser rivales suyos, que a menudo querían cerrar el mismo trato de negocio que ella. Estos tipos contrataban a Ellen – a nosotras – para aprender los secretos y las debilidades de sus competidores, o para averiguar documentos confidenciales que probasen conspiraciones u otras prácticas inmorales. Nuestro trabajo implicaba acercarnos a nuestros objetivos durante un periodo de tiempo hasta que confiaban lo suficiente en nosotras como para incluirnos en su santuario. Algunas veces me preguntaba si podría conseguir mis objetivos más rápidamente si me acostara con ellos. La gente revela un montón de cosas cuando está cegada por la lujuria. Pero yo evitaba ese tipo de arreglos y Ellen nunca me obligaba. Yo interpretaba el papel de la simpática y coqueta ayudante. Si algunos de mis objetivos se enamoraba un poco de mí durante el proceso, pues mejor. Su frustración y sus intentos de llevarme a la cama servían mis propósitos perfectamente.

Ellen se rió ante mi gesto. Es por eso que serás perfecta para éste, Cleo.

¿Qué quieres decir?

Eres divertida y descarada. Inteligente también. A él le gustan esas características en una mujer. Por supuesto ayuda que eres preciosa y sexy del tipo maestra de escuela.

No pude imaginarme a ninguna de mis antiguas maestras haciendo lo que yo estaba a punto de hacer. Quizás la antigua profesora de francés de mi hermana Becky pudiera haber salido bien parada con una doble vida. Los chicos solían babear por ella en clase. Y ella era encantadora, tomándose la molestia de ver si necesitaba algo cuando Becky se puso enferma. Por supuesto, yo siempre le decía, Gracias pero no, gracias. Lo que no le dije fue que lo único que necesitaba era a Becky. No fue hasta más tarde, al entrar Becky en remisión, cuando me di cuenta de que necesitaba dinero para pagar sus facturas médicas. Una gran cantidad de dinero. Eso explicaba por qué había respondido al anuncio de Ellen y había terminado siendo una trampera, en contra de todo buen juicio. Dos años más tarde, el préstamo que había pedido para pagar las facturas médicas aún estaba allí y yo aún era una trampera.

Me reí y Ellen se rió también, una risotada afable y ronca que hizo que temblara todo su cuerpo. Algunas veces podía ser como un ninja y luego me sorprendería al convertirse en un osito de peluche.

Al igual que la M de James Bond, no sabía cuál era el apellido de Ellen, si estaba casada, si tenía hijos, o dónde vivía. Ella tenía unos sesenta años y estaba tan perfectamente acicalada como una modelo de Vogue. Era un anuncio de Channel en carne y hueso, y nunca tenía un pelo rubio de su cabeza fuera de lugar. Ya podía entrar yo en su oficina del piso ciento uno con mi pelo despeinado por el viento de fuera, que ella siempre parecía inmaculada. Una vez dijo que era mi encanto lo que me hacía destacar de sus otras chicas. Ellas tenían el tipo de modelo elegante, perfecto para trabajos donde los objetivos respondían a ese estereotipo. Pero Ellen me utilizaba para todo lo demás y nunca me faltaba el trabajo. Supongo que incluso a los billonarios arrogantes y gilipollas les gustan las chicas de tipo maestra de escuela sexy. O al menos confían más en ellas.

La ayudante de Ellen trajo dos tazas de café y las puso sobre la mesa de cristal entre Ellen y yo. Había un montón de cristal en su oficina. La mesa, el escritorio, un enorme espejo sobre una estantería baja. La longitud de toda una pared también estaba hecha de ventanas. El edificio miraba a la bahía y hoy unos veleros salpicaban las cristalinas aguas de color azul. No había ni una nube en el cielo. Era una perfecta mañana de verano. Más tarde, las autopistas estarían colapsadas por el tráfico mientras todo el mundo salía de la ciudad para disfrutar de un fin de semana fuera de la ciudad con este hermoso clima. Pero yo no. Yo estaría trabajando.

La ayudante salió tan silenciosamente como había entrado y cerró la puerta. Los archivos finalmente terminaron de cargarse y los abrí de uno en uno. El primero era un documento enumerando los intereses empresariales del objetivo, sus asociados, y los detalles de cómo llegó a ser el fundador y presidente ejecutivo del Grupo Financiero RK con sólo treinta y tres años. El siguiente documento cubría su vida personal – fecha de nacimiento, direcciones conocidas, los nombres de sus padres, colegios, y anteriores novias. Luego abrí el siguiente documento. Contenía varias fotos en primer plano del objetivo. Sabía quién era. Le había visto en las noticias.

Reece Kavanagh era guapísimo. Pelo negro como el carbón, piel bronceada sin ninguna marca que manchara su perfección, y de una estructura ósea fuerte. La nariz es recta, la mandíbula dura. Su boca o bien se curvaba hacia un lado con una sonrisa irónica, o bien se hundía en un intenso ceño fruncido, dependiendo del ángulo de la foto. Pero fueron sus ojos los que me cautivaron. Los ojos siempre revelaban a los hombres, y los ojos de Reece Kavanagh eran de un azul pálido que no se correspondía con su cálida piel y su boca traviesa. Me recordaban un lago congelado en invierno – fríos, profundos, y peligrosos.

Un pequeño escalofrío me recorrió la espalda y deseé haberme puesto algo más abrigado que el corto vestido amarillo de patinadora.

Te pone nerviosa, dijo Ellen. No era una pregunta. Ella había visto mi reacción. Ellen lo veía todo.

Aún no estoy segura, dije, encogiéndome de hombros despreocupadamente. Nadie puede determinar cómo es un hombre simplemente por unas cuantas fotos. No era culpa suya que sus ojos fueran etéreamente pálidos. Él podía ser simpático.

Según lo que dice todo el mundo, es un frío bastardo, dijo Ellen. Adiós a mi teoría. Algunos incluso dicen que es cruel, pero no he encontrado pruebas de ello.

Tragué saliva con dificultad. ¿Sabes por qué es frío?

Padres ausentes que le arruinaron su infancia. Sin duda aún les culpa por todos sus problemas pasados, presentes, y futuros. Sacudió la cabeza como si ya hubiera escuchado todo eso antes. Ellen no creía que la gente se deteriorase por los errores de sus padres. Según ella, los niños crecían hasta ser adultos, y los adultos necesitaban tomar responsabilidad por sus propios problemas. Vale, sus padres podrían haber sido abusivos o simplemente no le querían, pero ya tenía que superarlo.

Eso es lo que ella me dijo una vez. Me hizo pensar en que a lo mejor tenía hijos, pero que la culpaban de cualquier problema que ellos tuvieran ahora. Nunca respondí. Mis padres murieron hacía siete años en un accidente de coche. Aún les echo de menos.

¿Fue tu cliente quien afirmó que Reece es cruel? pregunté mirando fijamente la pantalla. No podía desviar la mirada. Incluso pixelado, Reece Kavanagh tenía una presencia que hacía que quisieras mirarle y mirarle y mirarle. Había una seguridad en sí mismo, en esa cara que probablemente en la vida real se convertía en pura arrogancia. Ése era el problema con los hombres ricos y guapos. Todos pensaban que eran un regalo de Dios para la población femenina. Supongo que no lo sabría con seguridad hasta que le conociera.

Mi cliente no. Ellen tamborileaba con sus cuidadas uñas en un lateral de su taza de café. El rojo sangre destacaba completamente contra la porcelana blanca, el clic-clac enérgico. Sus rivales, algunas ex novias, conocidos… todo el mundo con quien he hablado dicen que mantiene las distancias.

¿Y qué hay de amigos? ¿Tiene alguno?

Muy pocos.

Aquí dice que él es el mayor de cinco hijos nacidos en la familia Kavanagh. Ellos aún viven en Serendipity Bend, dije, nombrando el suburbio más exclusivo de Roxburg. ¿Tiene buena relación con ellos?

La familia es extremadamente reservada sobre ellos mismos. sonaba molesta ante su raro fracaso en recopilar información.

Pinché sobre la página que enumeraba sus novias anteriores. Estaba llena. Reconocí a tres modelos, al menos cuatro famosas, y unas cuantas cuya descripción de trabajo sólo podía calificarse como que eran miembros de la alta sociedad. La colección de trofeos de Reece era impresionante. Me pregunté cuales le habrían descrito como cruel y qué es lo que querrían decir con eso.

Volví a abrir las fotografías de Reece. No ocurre a menudo que se vea a hombres tan guapos en posiciones de poder. Normalmente son viejos, calvos, y gordos.

Y casados, añadió Ellen. Ella continuó tamborileando sobre su taza de café. Era irritante, pero no se lo diría. Quería conservar mi trabajo. De repente se detuvo y me dedicó una sonrisa sardónica. En realidad te sorprenderías. Conozco a varios hombres billonarios que son tan ricos y poderosos como Kavanagh, e igual de guapos y disponibles.

¿Por qué no están cogidos?

Casados con el trabajo, o con el poder, o tienen Problemas con P mayúscula. Ella me regaló una de sus raras sonrisas.

Le devolví la sonrisa. ¿Acaso no tiene todo el mundo problemas?

Su sonrisa se esfumó y estudió su café. Algunos más que otros. Tomó un sorbo y miré a Reece otra vez.

Entonces cerré el portátil. Esos ojos me estaban llegando hondo. ¿Cuándo le conoceré?

Esta noche.

Maldición. Tenía que ser esta noche, ¿verdad? Yo nunca salía, nunca iba a ninguna parte excepto a trabajar y al supermercado, y para una vez que tenía algo a lo que acudir, tenía que chocar con los planes de Ellen. Y a Ellen no le gustaban los choques. A ella le gustaba salirse con la suya. Muchas chicas habían sido liberadas por mostrar falta de compromiso al anteponer su vida real al trabajo. Aunque Ellen sabía lo de Becky, no imaginaba lo importante que era la exposición de esta noche para mi hermana pequeña. O para mí.

La recuperación de Becky había sido lenta y ardua, pero después de haberle dado el alta se volvió apática y aburrida. No le encontraba sentido a volver al colegio. Casi había perdido la vida y no quería pasar un tiempo precioso encerrada en una habitación con alumnos más jóvenes que ella. Había perdido todo su último año de instituto y volver significaba graduarse con gente que no tenía su edad. Aunque yo me encogía ante la idea de que no se graduara, no podía obligarla. Simplemente no podía. Ella tenía razón. La vida debería ser para vivirla, y no había modo de decirle a una superviviente de cáncer que eso no era así. Cuando estuvo tan enferma y me hacía pensar que cada fatigosa respiración sería la última, juré que procuraría que tuviese una vida feliz y plena si sobrevivía. No me iba a echar atrás ahora que se había recuperado.

Una cosa era decirlo y otra muy diferente averiguar lo que una adolescente quería hacer. No podíamos permitirnos viajar – las facturas médicas nos exprimieron – pero gracias a Ellen teníamos lo suficiente para que ella fuera a la escuela de arte. Becky siempre había tenido talento para dibujar y parecía que eso le daba la paz que buscaba. Su primera exposición con los demás alumnos iba a tener lugar esta noche en una galería dirigida por un amigo de su profesora.

Y yo me lo iba a perder.

¿Te supone un problema esta noche? preguntó Ellen, sus vibrantes ojos azules perforándome sobre el borde de su taza. Maldita sea, lo sabía. ¿Cómo hacía eso? Estaba segura de no haber mostrado mi decepción, pero parecía haber recibido mis vibraciones de todos modos.

Pensé en contarle la verdad, pero decidí no hacerlo. Por ahora. A pesar de la anterior amabilidad de Ellen, el acero de su mirada me advirtió que no rechazara.

Por supuesto que no. Me reí. ¿A dónde tengo que ir? Es sólo que pensé que iba a ser la ayudante de Reece Kavanagh. Así es como normalmente funcionaban las cosas entre mis objetivos y yo. Ellen se deshacía de sus ayudantes habituales y yo tomaba su lugar, toda eficiencia coqueta, y me hacía indispensable. ¿No debería empezar el lunes?

"Quiero que prepares el terreno en una gala a la que va a asistir esta noche. Conseguí una invitación. Es la oportunidad perfecta para establecer contacto

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