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Condenando la esperanza: ¿Resocialización o subcultura carcelaria?
Condenando la esperanza: ¿Resocialización o subcultura carcelaria?
Condenando la esperanza: ¿Resocialización o subcultura carcelaria?
Libro electrónico220 páginas2 horas

Condenando la esperanza: ¿Resocialización o subcultura carcelaria?

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Información de este libro electrónico

Con una vasta experiencia trabajando con jóvenes en situación de calle o privados de su libertad, el autor plantea una problemática que nos define como sociedad. Con un lenguaje llano y de profundo conocimiento de esta realidad, nos habla de las cárceles que existen en la mente de los adultos y que son, en gran medida, las responsables de aquellas que someten a estos jóvenes antes de ser infractores a la ley penal. El rol de los medios de comunicación y su construcción mediática de violencia, la exclusión social y educativa, la prevalencia del dinero y la cultura del descarte son, entre otros temas, los que describen desgarradoramente una realidad que debe interpelarnos como sociedad.
IdiomaEspañol
Fecha de lanzamiento13 ago 2020
ISBN9789877620641
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    Condenando la esperanza - Luis María Viale

    Condenando la esperanza

    Condenando la esperanza

    ¿Resocialización o subcultura carcelaria?

    Dr. Luis María Viale

    Índice de contenido

    Portadilla
    Legales
    Prólogo
    Introducción
    Instrucciones para leer este libro
    Capítulo I

    Dime lo que deseas y te diré quién eres

    ¿Qué desea la sociedad?

    ¿Qué desean los jóvenes?

    ¿Qué desean los jóvenes infractores de la ley penal?

    Centros de detención para jóvenes

    Todas las cárceles

    El padre de todas las cárceles: el pensamiento tecnológico hegemónico

    Las cárceles del pensamiento

    Las cárceles del corazón

    Las cárceles de los jóvenes

    Mis cárceles

    ¿Por qué este libro?

    Breve referencia personal

    Capítulo II

    ¿Juventud o juventudes?

    Jóvenes y delincuencia

    ¿Bajar la edad de inimputabilidad o subirla?

    Mano dura versus mano blanda en el tratamiento del delito

    Los jóvenes y la ley

    La imparcialidad de la ley

    Droga y delito

    Capítulo III

    ¿Cómo son las cárceles de menores hoy?

    La privación de la libertad

    Una Torre de Babel perfecta

    Las instituciones totales

    Los centros socioeducativos

    Los saberes carcelarios

    Las similitudes con las cárceles de adultos

    La educación que reciben los jóvenes en el Complejo Esperanza

    El papa Francisco, las cárceles y la privación de la libertad

    Capítulo IV

    Los jóvenes y las tecnologías

    El inevitable camino de las tecnologías

    Nuevas prácticas comunicacionales: la apropiación tecnomediática

    El impacto de los tecno-medios

    Brechas digitales y culturales

    La construcción de la identidad

    El Complejo Esperanza y los tecno-medios: una relación problemática

    Actualización conceptual para el progreso de los centros de detención para menores

    Capítulo V

    Rompiendo cárceles

    Las placas de la vergüenza

    El autor rompe sus propias cárceles

    Rompiendo las cárceles del corazón

    Romper las cárceles del pensamiento

    Romper la cárcel que implica una escuela pobre para pobres

    Romper la reja del pensamiento que implica la tecnofobia vigente en los centros de detención

    Romper la reja que implica la ausencia de Internet en los centros de detención

    Romper las cárceles del pensamiento que ha fundamentado la existencia de las cárceles de menores

    Romper las cárceles que implica la cultura del descarte

    Romper la reja de creer que solo con la legislación se soluciona el problema

    Romper la cárcel que implica la lógica del proveedor y transformarla en la lógica del trabajador

    Romper la reja comunicacional que genera la geografía carcelaria

    El deporte

    Romper la cárcel que fabrica el consumo de drogas

    Romper las cárceles del pensamiento que implica ver la delincuencia juvenil solo desde las perspectivas psicológicas individuales

    Romper la reja del pensamiento que propone como solución bajar la edad de imputabilidad

    Romper la reja que fabrica la criminología mediática

    Romper la cárcel de la mano dura

    Romper la reja que construye la mentira de la imparcialidad de la ley

    Romper la reja del imaginario que asocia consumo de droga con delito

    Romper la cárcel de que la solución está en encerrarlo al joven sin preguntarse cómo ni para qué

    Romper las cárceles que genera la gran similitud entre un centro de detención de adultos y de jóvenes

    Romper la cárcel del pensamiento que en los jóvenes implica hacer conducta

    Romper la cárcel comunicativa del personal que trabaja con los jóvenes

    Romper la cárcel que implica la falta de mística en el personal que trabaja con los jóvenes

    Romper la cárcel que fabrica la hegemonía del pensamiento psicológico

    Las cárceles que viven los jóvenes

    Romper la cárcel del corazón

    El joven debe romper la cárcel que le fabrica la tecnología

    Romper la cárcel que implica el consumo de drogas

    Romper la cárcel del consumo

    Romper la cárcel de la violencia como herramienta de solución de conflictos

    Romper la cárcel del sin sentido de su vida y el dolor como fuente de sabiduría

    Romper la cárcel que implica la lógica del proveedor

    Romper la cárcel de la escuela para pobres con alumnos pobres

    Romper la cárcel que implica hacer conducta

    Romper la cárcel que fabrica el silencio

    Las voces de los que no tienen voz

    Capítulo VI

    Resocializar es COMUNICAR

    ¿Qué es comunicar?

    ¿Quién es quién en la comunicación en los centros de detención?

    El educador/re socializador: inmigrante digital

    El joven privado de su libertad: el nativo digital

    El medio de la comunicación

    ¿Qué vínculo existe entre emoción y razón?

    Hacia un resocializador/educador publicitario

    Las tecnologías de la comunicación: ¿ángeles o demonios?

    ¿Qué significa hoy resocializar a un joven infractor de la ley penal?

    Epílogo
    Bibliografía

    EDITORIAL CLARETIANA ES MIEMBRO DE

    CLARET PUBLISHING GROUP

    BANGALORE • BARCELONA • BUENOS AIRES • CHENNAI • COLOMBO •

    DAR ES SALAAM • LAGOS • MADRID • MACAO • MANILA • OWERRI •

    SÃO PAULO • WARSAW • YAOUNDÈ

    Diseño de apertura de colección: M. Gabriela Tavelli

    1.ª edición, octubre de 2019

    Todos los derechos reservados

    Queda hecho el depósito que ordena la ley 11.723

    ISBN 978-987-762-064-1

    ©Editorial Claretiana, 2019

    EDITORIAL CLARETIANA

    Lima 1360 - 1138 - Buenos Aires

    República Argentina

    Tel: 4305-9510/9597 - Fax: 4305-6552

    E-mail: contacto@claretiana.org

    www.claretiana.org

    Digitalización: Proyecto451

    Agradecimiento

    A Dios Nuestro Señor, que me ha guiado permanentemente en toda mi vida y que me dio momentos de dolor y las fuerzas suficientes para sobrellevarlos y así comprender y disfrutar estar con aquellos que sufren. Viktor Frankl expresó: vivir es sufrir, sobrevivir es encontrarle sentido al dolor. El dolor vivido con un porqué me facilitó encontrarme y comunicarme con ese hermano que sufre.

    Dedicatoria 1

    A mis queridos padres, ausentes desde hace varios años, pero siempre presentes por el profundo amor que me dieron y su ejemplo de vida que me marcó para la gran meta de vida: luchar todos los días por ser una buena persona.

    Dedicatoria 2

    A los muy queridos jóvenes del Complejo Esperanza que me homenajearon con su afecto, respeto y que han sido una gran fuente de sabiduría. El gran esfuerzo que ha significado hacer una tesis de doctorado y este libro es la manera que elegí para homenajearlos y me voy de este libro con la ilusión de despertar otros corazones que los quieran y que luchen por ellos.

    Dedicatoria 3

    A esa gran cantidad de personas que trabajan silenciosamente en pos de un mundo mejor, de una sociedad más justa para que los que no tienen voz puedan ser escuchados: ‘los héroes anónimos’ de la sociedad. A ellos también les dedico este esfuerzo.

    Mención especial

    Quiero hacer una mención especial a mi querido amigo Federico Langer que con su gran capacidad intelectual y enorme calidad humana ha transformado mis borradores ilegibles y brutales expresiones de ideas y sentimientos en textos comprensibles y amenos.

    PRÓLOGO

    El autor es un querido amigo que nos propone repensar el problema del joven infractor a la ley penal desde una perspectiva novedosa y provocativa: romper las cárceles, tanto las físicas que encierran a nuestros jóvenes, con la falsa esperanza de socializarlos; pero, por sobre todo, las cárceles mentales de los adultos que son las causas de la situación que viven nuestros jóvenes.

    Las cárceles que señala Luis Viale más sociales y psicológicas que físicas nos encierran a todos; en consecuencia, todos somos responsables, tanto en su creación como en su destrucción. La sociedad sufre la cárcel de un sistema político económico que, en aras del progreso, genera la cultura del descarte, tan bien explicitada por el papa Francisco. Cárceles que deben romper la dirigencia política y todos aquellos encargados de diseñar y ejecutar las políticas dirigidas al joven infractor. Las dirigencias social, política, sindical, incluso la religiosa también deben romper cárceles afectivas, intelectuales que en muchas ocasiones son trabas para la mejor calidad de vida de los jóvenes.

    Como personas sufrimos de cárceles afectivas e intelectuales. Dime qué deseas y te diré cuáles son tus cárceles en el marco de sociedades modernas que consolidan el modelo existente.

    El joven infractor a la ley penal también tiene que romper sus propias cárceles interiores, porque no todos los jóvenes que sufren la brutal exclusión social, económica, educativa que sufren los jóvenes marginales cometen delitos: solo una minoría de este grupo. El joven infractor debe asumir la responsabilidad de sus actos y tenemos que ayudarlo a que lo haga; el joven infractor debe encontrar a la buena persona que existe en todo ser humano y luchar para que esta buena persona sea la que prevalezca en su vida.

    Las rejas de metal son las más visibles, pero es la última de una larga serie de cárceles que sufren nuestros jóvenes.

    P. José María Di Paola

    INTRODUCCIÓN

    Un texto que conmueve

    En la primera pincelada, el autor rompe la inercia del blanco del papel y queda definida la obra con una expresión contundente: ¿Quién llora a los que lloran?. Y reflexiona que son pocos, porque el principio de la escasez que rige la cosmovisión económica de la existencia en la sociedad actual esconde la verdadera escasez: falta de ideas y confianza en los jóvenes, que a la postre no genera un afuera que les permita comprender que la libertad es el don que Dios le dio a las personas para poder independizarse de todas las cadenas y no para forjarlas con mayor rigidez.

    Señala el texto que ni la sociedad, ni el sistema, ni los jóvenes quieren el encierro. Este resulta ser una manifestación de una cultura que reniega de la libertad y, con ella, de la vida destacando que, cuando la sociedad encierra a una persona, no solo le cercena la libertad a ella sino a todos.

    Al abordar la tecnociencia como una ideología −que, además de consolidar un pensamiento homogéneo conformando un enorme dispositivo que condiciona la libertad, hace de la persona un sujeto, esto es un ente que se encuentra amarrado−, incita a no sucumbir ante la ideología, sino a ensayar un nuevo lugar desde el cual se pueda generar libertad a partir de aquella. Porque no se puede negar que el homo sapiens ha convivido desde siempre con la técnica que, en la actualidad, se presenta con novedades como los cyborg, la promiscuidad entre lo orgánico y lo inorgánico, el intercambio de órganos que es posible por la técnica, etc., y señala que es indispensable la visión ética del desafío.

    El enfoque socio-psicológico cultural de la juventud que se opone al biologicista como constructor de subjetividades, abre una ventana de discusión sobre la construcción de la juventud que es una alternativa para no sucumbir en la manipulación de la configuración de ella según parámetros como el sexo, el trabajo, la posición geobarrial, etc.

    La segmentando facilita su administración, en especial a partir de la fuerza policial, con categorías sociales a priori: buenos, malos, lindos, feos, estudiantes, vagos, trabajadores, holgazanes, etc., resumiendo todo en ilicitud o licitud judicial. Se sostiene la pureza de los dispositivos en detrimento de la de la libertad, a pesar de la arbitrariedad e incoherencia de aquellos.

    La mano dura o policialización del territorio solo consolida el miedo en el que la policía y los políticos que instruyen a estos son los administradores, estigmatizando a los malos y acorralando a los buenos en guetos (villas de emergencias para los primeros y barrios cerrados para los segundos), con una paradoja: los vigilantes son siempre los mismos erigiéndose en los dueños del umbral que se abre entre los dos sectores que les permite deambular más allá del orden. Ellos son los que emiten el bando que a su vez define a los abanderados, a los bandidos y a los abandonados.

    La juventud y la ley, señala el texto, se elaboran a partir de los datos que generan los medios que no son suficientes ni exactos, porque responden a la necesidad de mantener el sistema comunicacional mediático. A partir de ellos se desarrollan los debates, los informes, los planteos sociales, las políticas públicas, procesos que terminan en la sanción de las leyes que en general giran alrededor de la idea de mano dura.

    Como dice el autor, la energía que mueve las ideas no son la razón, la prudencia, la ponderación, sino circunstancias emocionales y viscerales que vuelve al punto de partida ancestral: la venganza, la ley del talión, diente por diente, ojo por ojo, con la crueldad consiguiente y sin reparar en que el principio de la dignidad humana encuentra su sustento en el amor cívico, consecuencia de la vocación relacional del ser humano, y no en la violencia de las bestias.

    La reflexión sobre el estado de derecho también resulta otro acicate para la reflexión, porque es cierto que el estado de derecho es el reflejo del orden jurídico del pacto social sobre el que se sustenta la armonía social que se ajusta a la dinámica de la

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