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Manual sobre Derecho de Sociedades

Manual sobre Derecho de Sociedades


Manual sobre Derecho de Sociedades

valoraciones:
5/5 (2 valoraciones)
Longitud:
398 páginas
5 horas
Editorial:
Publicado:
1 dic 2014
ISBN:
9789561425323
Formato:
Libro

Descripción

El Manual de Derecho de Sociedades pone en orden los contenidos básicos del curso de sociedades que actualmente se imparte en la Facultad de Derecho de la Pontificia Universidad Católica de Chile, pero que contribuye al estudio sistemático de cualquier curso de derecho societario en las facultades de derecho del paí­s.

Es fruto del trabajo de más de quince años de docencia de los autores y se formuló a partir de los apuntes de preparación de clases y de las contribuciones de numerosos ayudantes a través de los años. Entre los temas que se toca se cuentan el comerciante colectivo, la formación y los efectos del contrato de sociedad, la sociedad colectiva civil, la sociedad colectiva comercial, la sociedad de responsabilidad limitada, la sociedad en comandita, la asociación o cuentas en participación, la sociedad anónima, la sociedad por acciones, el régimen simplificado de constitución de sociedades y la nulidad y saneamiento de los vicios formales. Está escrito de una manera que facilita el estudio sistematizado de los alumnos, pero también la consulta rápida por parte de abogados acerca de los principales elementos de cada una de las formas sociales, sus requisitos legales y reglas de funcionamiento.

El presente Manual es una fuente de consulta indispensable del derecho societario chileno.
Editorial:
Publicado:
1 dic 2014
ISBN:
9789561425323
Formato:
Libro

Sobre el autor


Vista previa del libro

Manual sobre Derecho de Sociedades - Roberto Guerrero

EDICIONES UNIVERSIDAD CATÓLICA DE CHILE

Vicerrectoría de Comunicaciones y Educación Continua

Alameda 390, Santiago, Chile

editorialedicionesuc@uc.cl

www.ediciones.uc.cl

Manual sobre Derecho de Sociedades

Roberto Guerrero Valenzuela

Matías Francisco Zegers Ruiz-Tagle

© Inscripción Nº 237.922

Derechos reservados

Enero 2014

ISBN Edición Impresa: 978-956-14-1723-6

ISBN Edición Digital: 978-956-14-2532-3

Diseño:

versión | producciones gráficas ltda.

Diagramación digital: ebooks Patagonia

www.ebookspatagonia.com

info@ebookspatagonia.com

CIP-Pontificia Universidad Católica de Chile

Guerrero Valenzuela, Roberto.

Manual sobre derecho de sociedades / Roberto Guerrero V., Matías Zegers R.-T.

Incluye notas bibliográficas

1. Sociedades comerciales - Aspectos jurídicos - Chile.

2. Liquidación de negocios - Chile.

3. Consolidación y fusión de corporaciones - Aspectos jurídicos - Chile.

4. Derecho comercial - Chile.

I. t.

II. Zegers Ruiz-Tagle, Matías

2014 346.83066+DDC23 RCAA2

PRÓLOGO

I. PARTE GENERAL

1. El comerciante colectivo

2. Formación del contrato de sociedad

3. Efectos del contrato de sociedad

II. SOCIEDAD COLECTIVA CIVIL

1. Concepto

2. Caracteres

3. Elementos

4. Especies de sociedad civil

5. Administración de la sociedad colectiva

6. Obligaciones que emanan del contrato de sociedad

7. Causales de disolución de la sociedad

8. Efectos de la disolución de la sociedad

III. SOCIEDAD COLECTIVA COMERCIAL

1. Concepto

2. Caracteres

3. Constitución

4. Funcionamiento

5. Prohibiciones de los socios

6. Disolución y liquidación

IV. SOCIEDAD DE RESPONSABILIDAD LIMITADA

1. Concepto

2. Normativa aplicable

3. Constitución

4. Sanción por incumplimiento de formalidades

5. Administración

6. Disolución

7. Liquidación

V. SOCIEDADES EN COMANDITA

1. Concepto

2. Generalidades del contrato

3. Clases de sociedades en comandita

VI. ASOCIACIÓN O CUENTAS EN PARTICIPACIÓN

1. Concepto

2. Características

3. Las cuentas en participación y los terceros

4. Las cuentas en participación y los partícipes

5. Naturaleza jurídica de la asociación

6. Extinción y liquidación de la cuenta en participación

VII. SOCIEDADES ANÓNIMAS

1. Concepto

2. Normativa aplicable

3. Elementos de las sociedades anónimas

4. Clasificación de las sociedades

5. Diferencias entre los tipos de sociedades anónimas

6. Formación de las sociedades anónimas

7. Capital de la sociedad anónima

8. Las acciones

9. Administración de la sociedad anónima

10. Juntas de accionistas

11. Derechos de los accionistas

12. Control de la administración

13. Transformación, fusión y división

14. Sociedades filiales y coligadas

15. Disolución de la sociedad anónima

16. Liquidación de la sociedad anónima

17. Agencias de sociedades anónimas extranjeras

18. Sociedades anónimas especiales

VIII. SOCIEDADES POR ACCIONES

1. Generalidades

2. Concepto

3. Existencia, modificaciones y objeto

4. Responsabilidad de los socios o accionistas

5. Número de accionistas y composición de la propiedad

6. Administración

7. Capital

8. Acciones

9. Dividendos

10. Ley Aplicable

IX. RÉGIMEN SIMPLIFICADO DE CONSTITUCIÓN DE SOCIEDADES

X. NULIDAD Y SANEAMIENTO DE VICIOS FORMALES

1. Nulidad en materia civil

2. Nulidad en materia de sociedades

3. Saneamiento de vicios de nulidad

PRÓLOGO

El presente manual sobre derecho de sociedades pretende servir de ayuda a los alumnos que cursan derecho comercial, a efectos de ordenar sus notas de clases y complementar las explicaciones de sus profesores. Es el resultado de más de quince años de docencia y para su elaboración se tomaron como base los apuntes de estudio a partir de las clases de los autores en la Facultad de Derecho de la Pontificia Universidad Católica de Chile y las múltiples fuentes revisadas e incorporadas por ayudantes a las minutas básicas redactadas para preparar dichas clases.

No tenemos pretensión con este aporte bibliográfico de agotar los temas relativos al derecho societario chileno ni mucho menos, sino que sirva de introducción al mundo de la empresa colectiva organizada bajo la forma de sociedad. Se incorpora, sin embargo, una explicación de la asociación o cuenta en participación, porque estimamos que se trata de una forma asociativa de uso frecuente y que complementa las explicaciones sobre el funcionamiento de las sociedades.

Por una razón práctica e histórica de cómo se formaron estos apuntes, lamentablemente, no es posible reconstruir de modo preciso las fuentes utilizadas, cuando constan en textos y libros de terceros, razón por la cual los autores preferimos no efectuar citas en este manual. Sin embargo, a riesgo de omitir en forma no intencional algunas de ellas, quisiéramos reconocer que este manual es tributario de las siguientes fuentes bibliográficas:

a. Derecho mercantil, de Joaquín Garrigues.

b. Curso de derecho mercantil, de Rodrigo Uría y Aurelio Menéndez.

c. Lecciones de derecho mercantil, dirigido por Aurelio Menéndez.

d. Apuntes de derecho mercantil, de Alberto Bercovitz.

e. Instituciones de derecho mercantil, de Fernando Sánchez Calero.

f. Introducción al derecho mercantil, de Francisco Vincent Chulia.

g. Derecho comercial, de Ricardo Sandoval.

h. Sociedades, de Álvaro Puelma.

i. Curso práctico sobre sociedades de responsabilidad limitada, de Álvaro Puelma.

j. La sociedad anónima y otras sociedades por acciones en el derecho chileno y comparado, de Juan Esteban Puga.

k. La sociedad anónima, autonomía privada, interés social y conflictos de interés, de Enrique Alcalde.

l. Derecho comercial, de Gabriel Palma Rogers.

m. Derecho comercial, de Julio Olavarría.

n. Derecho comercial, de Raúl Varela.

o. Corporate Law, de Robert Clark.

p. The Law of Corporations, de Robert Hamilton.

q. Corporations and Other Business Organizations, de Melvin Eisenberg

r. The Economic Structure of Corporate Law, de Frank Easterbrook y Daniel Fischel.

s. Revista Chilena de Derecho.

t. Revista de Derecho Mercantil.

También tiene por fuentes las explicaciones, materiales y apuntes de clases de los profesores Carlos Concha Gutiérrez y Luis Oscar Herrera Larraín.

Finalmente, quisiéramos reconocer que sin el trabajo aportado por nuestros ayudantes en los últimos quince años, hubiera sido imposible dar forma de manual a nuestras explicaciones de clases. Nos referimos, en orden alfabético, a Beatriz Arriagada, Josefina Consiglio, Martín Cruzat, Pilar Fernández, Guillermo García, Luis Eugenio García-Huidobro, Andrés González, Carolina Hardy, Juan Irarrázabal, Andrés Jara, Juan Lackington, José Luis Lara, Aníbal Larraín, Pedro Lecaros, Lucas Marinovic, Rosario Martínez, Francisca Martínez, José Antonio Molina, Antonia Molinare, Sofía Moena, Yoselin Moyano, Ricardo Neumann, Fernanda Otero, Jaime Phillips, Pabla Rivadeneira, Gonzalo Rivera, Jorge Sahd, Nicolás Truán, Rodolfo Vega, Francisco Vergara y Mariana Viera. Especial mención quisiéramos hacer a nuestro ayudante Tomás Kubick, quien revisó este texto y nos hizo comentarios y aportes relevantes que nos permitieron mejorarlo sustancialmente. A todos ellos vaya nuestra gratitud.

Roberto Guerrero V.

Matías Zegers R-T.

Noviembre de 2013

I. PARTE GENERAL

I

PARTE GENERAL

1. El comerciante colectivo

1.1 La empresa colectiva

1.1.1 Insuficiencia de la empresa individual

La empresa individual aparece insuficiente en la actualidad, tanto desde el punto de vista económico y financiero como desde el punto de vista jurídico y social, para enfrentar el tráfico comercial en masa.

a) Insuficiencia económica y financiera

i. La actividad y los recursos de un solo individuo aparecen insuficientes cuando se trata de explotar una empresa de determinada dimensión.

La empresa individual está, en efecto, limitada en su expansión tanto en el espacio (sucursales en distintas partes del territorio) como en su volumen (grandes superficies destinadas a la explotación comercial, cuantía de sus transacciones, etcétera).

ii. Desde el punto de vista financiero, los capitales comprometidos están representados solo por la fortuna del empresario y sometidos totalmente a su discreción y a la suerte de su competencia financiera.

Por otra parte, cuando se trata de obtener créditos, el establecimiento de comercio que carece de existencia distinta de la del empresario no constituye un elemento de garantía suficiente.

iii. Por estas razones, se explica, en primer término, la razón de ser de las empresas colectivas –una de cuyas formas que más la identifica es la sociedad comercial– y su posterior desarrollo en la época actual en la que asistimos a una concentración cada vez más grande de capitales que producen como consecuencia una ampliación de los mercados por sus mayores capacidades de financiamiento e inversión.

b) Insuficiencia jurídica y social

Desde el punto de vista jurídico, la empresa individual presenta serios inconvenientes:

i. La empresa individual en nuestro derecho no tiene existencia distinta de la del empresario y carece por tanto de un patrimonio distinto.

En consecuencia, el empresario individual responde con todos los bienes que integran su patrimonio, tanto aquellos que forman parte de su haber comercial como los que forman parte de un patrimonio civil, y puede –por ello– ser llevado a la quiebra por sus acreedores comerciales y civiles.

Por lo tanto, el comerciante que no desee arriesgar en su comercio la totalidad de su fortuna recurrirá a algún tipo de sociedad que lo ayude a limitar su responsabilidad.

ii. Por otra parte, la empresa individual sigue ligada, en buena medida, a la actividad y a la vida del empresario.

Su continuidad se hace difícil cuando se transfiere por un acto entre vivos y corre peligro de desaparecer cuando el comerciante fallece.

En cambio, cuando el comerciante individual pone su establecimiento en sociedad, no se presenta ninguna dificultad para los herederos, ya que a cada uno de ellos le corresponderá una parte del fondo social y se evitará así su división.

iii. Por último, desde el punto de vista social, la situación del empresario individual tampoco es favorable: ellos mismos deben preocuparse de su previsión (imposiciones).

Por ello, forman sociedades con otras personas.

1.1.2 La empresa colectiva y la sociedad

La sociedad está definida en el artículo 2053 del Código Civil como un contrato en que 2 o más personas estipulan poner algo en común con la mira de repartir entre sí los beneficios que de ello provenga. La sociedad por acciones se aleja de esta definición, al autorizar la constitución de sociedades unipersonales.

Es un contrato que facilita la formación de capitales y esfuerzos productivos con miras a obtener lucro mediante una actividad sistemática y permanente, por lo cual la sociedad constituye en la mayoría de los casos una empresa.

La empresa es un complejo de producción o intercambio de bienes y servicios, dinamizado por el factor humano afectado a esta actividad específica en el ámbito económico.

Surge de lo anterior que ese conjunto de personas y bienes de capital reunidos en la empresa responden a la voluntad motora del empresario. En otras palabras, la empresa es un objeto inanimado en tanto no le infunda su vida propia el sujeto, o sea, el empresario.

A su vez, el empresario puede ser una persona natural (empresa individual) o de existencia ideal (persona jurídica).

Como se advierte, la identificación entre empresario y sociedad es posible, pero no entre empresa y sociedad.

La relación conceptual entre empresa y sociedad es la existente entre objeto y sujeto, entre contenido y continente, entre sustancia y forma. La sociedad es una de las formas jurídicas que puede dar continente a esa sustancia o contenido dinámico que es la empresa. Lo es cuando el empresario ha adoptado la estructura societaria, pero no cuando explota su empresa a título individual, hipótesis frecuente.

Resulta de todo lo anterior que puede haber empresa sin sociedad correlativa, pero no puede haber sociedad comercial sin una empresa que le proporcione contenido y razón de ser.

La alteridad entre ambos entes se pone de manifiesto cuando, por ejemplo, la explotación empresaria marcha satisfactoriamente, en tanto que la sociedad sujeto de dicha explotación padece de serios conflictos internos por desinteligencia entre los socios.

1.2 Teoría General de la Sociedad

1.2.1 Definición de sociedad

Como ya hemos señalado, el artículo 2053 del Código Civil, sin distinguir al efecto entre sociedad civil y mercantil, que constituye una de las clasificaciones que analizaremos más adelante, define la sociedad como un contrato en que dos o más personas estipulan poner algo en común con la mira de repartir entre sí los beneficios que de ello provengan.

El inciso 2 agrega: La sociedad forma una persona jurídica, distinta de los socios individualmente considerados.

La definición que hace el Código Civil apunta, como debe acontecer con toda definición, a la esencia del acto. Por ello, de esta definición legal no se infieren diferencias entre la sociedad civil y la sociedad mercantil, pues en ambas su esencialidad se vincula necesariamente a la obligación de poner algo en común para obtener una ganancia que ha de repartirse entre los socios, cualquiera sea la naturaleza del objeto social que se persiga.

Otras acepciones: la sociedad como institución

La sociedad es en este sentido, la institución nacida del contrato, tal como se explicará más adelante. Este contrato da origen a una institución o persona moral al cual se aportan, poniendo los socios en común, los recursos necesarios para efectuar un negocio más o menos permanente, participando aquellos en las ganancias y riesgos de una actividad lucrativa.

1.2.2 Aspecto contractual

Para que haya sociedad, siguiendo la terminología legal, es necesario que se celebre un contrato, que haya un acuerdo de voluntades al cual concurra una pluralidad de dos o más socios.

La sociedad siempre resulta de un contrato, de un acuerdo de voluntades para constituir una sociedad entre los socios.

El artículo 2053 del Código Civil –así como otras normas de la legislación societaria (artículos 352 Nº 1 del Código de Comercio y 4 Nº 1 de la Ley de Sociedades Anónimas)– exige el concurso de dos o varias personas y, en el caso de las sociedades de responsabilidad limitada, un número máximo de socios (cincuenta, según dispone el artículo 2, inciso 2, de la Ley 3.918).

Con las sociedades por acciones, esto se desnaturaliza, siendo necesario para la existencia de la sociedad ya no un contrato, sino que un acto jurídico, el cual puede ser unilateral. No obstante, siempre que existan dos socios, volverá a adquirir el carácter de contrato.

1.2.3 Caracteres del contrato de sociedad en cuanto contrato

El contrato de sociedad, como fuente generadora de obligaciones, es bilateral, oneroso, conmutativo, principal y generalmente solemne.

a) El contrato de sociedad es bilateral

Uno de los elementos esenciales de la sociedad es el aporte que debe efectuar cada uno de los socios que concurren a su formación. No hay sociedad si no hay aporte. Todo socio se obliga a poner algo en común, sea que se trate de dinero, bienes muebles e inmuebles, corporales o incorporales, trabajo o en general cualquier cosa valorizable en dinero. La reunión de los aportes forma el capital. El aporte es, pues, una obligación que cada socio contrae tanto respecto de sus consocios como en relación a la sociedad. Numerosas disposiciones legales establecen y regulan esta obligación. Podemos citar, por ejemplo, el artículo 2055 del Código Civil, que dispone que no hay sociedad si cada uno de los socios no pone alguna causa en común.

Nos referiremos en concreto a la aportación social cuando tratemos los elementos esenciales del contrato de sociedad.

b) El contrato de sociedad es oneroso

En efecto, el contrato social se celebra para que todos los socios obtengan una utilidad o beneficio. Uno de los elementos esenciales del contrato es la participación de los socios en los beneficios. Partiendo de la propia definición legal, la sociedad se forma precisamente con la mira de repartir y por tanto obtener los beneficios que provengan de la actividad social que pretenda ejercerse. Trataremos la participación en los beneficios con motivo del análisis de los elementos esenciales del contrato de la sociedad.

c) El contrato de sociedad es conmutativo

Aun cuando los beneficios o utilidades que se pretende repartir al formar una sociedad constituye una contingencia incierta, sujeta a los riesgos propios del negocio, lo real es que confrontadas las aportaciones que efectúan los socios, estas resulten equivalentes al grado que a cada uno toca en la distribución, sin perjuicio que se establezca un reparto distinto en el propio contrato.

No queremos decir que cada aporte individual deba ser igual al de los demás socios. Desde luego, como ocurre generalmente, pueden estipularse aportes de muy distinta valorización. Nada obsta a que un socio aporte algo de valor superior al aporte de sus consocios. No debe haber necesariamente equivalencia de aportes.

Sin embargo, si consideramos que el artículo 1441 del Código Civil toma en cuenta la equivalencia de las obligaciones que asumen las partes del contrato para calificarlo de conmutativo o aleatorio, debemos concluir que el contrato de sociedad no participa en caso alguno de este último carácter.

Para estimar que la sociedad sería un contrato aleatorio, la obligación de a lo menos uno de los socios tendría que ser una contingencia incierta de ganancia o pérdida. Sin embargo, sabemos que todo socio debe aportar algo valorizable en dinero. La contingencia incierta no debe verse, pues en la obligación que contraen las partes del contrato de sociedad –el que por lo tanto no será aleatorio–, sino que en la eventual consecución de beneficios, toda vez que el resultado social puede devenir en pérdidas.

d) El contrato de sociedad es principal

Este contrato nace y surge a la vida jurídica cuando se produce el acuerdo de voluntades y se cumplen las formalidades que la ley establece, sin necesidad de otra convención. No accede a ningún otro contrato. No tiene por objeto asegurar el cumplimiento de una obligación principal.

e) El contrato de sociedad es generalmente solemne

En efecto, conforme al sentido del artículo 1443 del Código Civil, el contrato de sociedad generalmente está sujeto a la observancia de ciertas formalidades especiales sin las cuales la sociedad no es válida.

Desde luego, todas las sociedades comerciales son, en el sentido indicado, solemnes. Las formalidades difieren según la especie de sociedad. Serán más rigurosas en el caso de las sociedades de responsabilidad limitada y menos rigurosas en otros casos, pero siempre serán solemnes.

La excepción se encuentra en la sociedad colectiva civil, pues el Código Civil no las reviste de formalidad alguna. Bastará que concurran todos y cada uno de los elementos esenciales del contrato para que la sociedad surja como persona jurídica distinta de los socios individualmente considerados.

Estos elementos esenciales deberán sin embargo probarse, y será la prueba la principal dificultad que encontrarán los socios para acreditar la existencia y validez de una sociedad colectiva civil. Por lo mismo, es conveniente que el contrato de sociedad colectiva civil se celebre por escrito.

1.2.4 Naturaleza de la sociedad

Con motivo de la definición de sociedad señalábamos que si bien está en una base contractual, también se concibe como una institución, como una persona jurídica distinta de los socios.

Veremos que aunque se discute doctrinariamente este punto, podemos afirmar que la sociedad tiene dos naturalezas. Es por una parte contrato y, como institución que persigue un fin determinado, es también una persona con capacidad para adquirir y ejercer derechos y contraer obligaciones, que se conoce por un nombre, que tiene domicilio, nacionalidad y patrimonio.

a) Concepción contractual

Durante mucho tiempo el análisis jurídico se ha referido únicamente al acto creador de la sociedad. Según la tradición romana, la sociedad es un contrato. El Código Civil así lo dice en una disposición expresa (artículo 2053), y determina las relaciones entre los socios, sin perjuicio de permitir a los contratantes modificar a su voluntad las reglas legales, dejando siempre a salvo algunas normas de orden público. El Código Civil y el Código de Comercio ofrecen a los contratantes la elección entre varias clases de sociedades y atribuye, en interés de terceros, ciertos efectos jurídicos a las normas adoptadas por ellos. Pero las reglas son muy breves y es el acto de sociedad el que debe determinar las relaciones entre los socios.

El contrato producirá efectos respecto de terceros, pero es en razón de crear una situación jurídica cuya existencia aquellos no puedan desconocer. Así ocurre también con todos los contratos.

Esta concepción contractual de la sociedad ha sido definida durante el siglo XIX, por encuadrarse maravillosamente dentro de la teoría general de la autonomía de la voluntad y además por permitir, en nombre de la libertad contractual, todas las combinaciones y todas las modificaciones de las reglas legales. Ha servido asimismo para que las sociedades obtuvieran la libertad de constituirse que los Códigos que inspiraban el nuestro les habían negado. La práctica comercial ha creado modelos de actas y se ha ingeniado para ofrecer a los interesados múltiples cláusulas de diverso sentido.

Crítica de esta concepción

Sin embargo, incluso cuando se trata de sociedades entre comerciantes o dirigidas por un comerciante, la idea de contrato no agota los efectos jurídicos que resulten de la creación de la sociedad. Del contrato nace una persona moral. Con más razón, en las grandes sociedades que cuentan con centenares y millares de accionistas, la persona moral domina poderosamente las voluntades que se han manifestado en el acto creador. Los socios pueden por mayoría de votos modificar el pacto primitivo en todas sus disposiciones, mientras que la modificación de un contrato exigiría el consentimiento unánime de las partes. Los administradores y directores ya no son considerados como mandatarios de los socios, son órganos de la sociedad. Cabe preguntar entonces si en tales sociedades puede hablarse de contrato creador. La sociedad nace sin duda de un acto jurídico voluntario, pero es dudoso que este acto sea un contrato. El legislador determina de manera obligatoria las formalidades de la constitución; los socios aportan sus capitales sin discutir las cláusulas; la mayoría hace lo que la ley dispone supletoriamente. La agrupación se crea y se organiza según las reglas que no dependen de la voluntad de los interesados. Por otra parte, quien compra en la bolsa para revenderlo algunas semanas más tarde, a veces sin saber siquiera cuál es el objetivo de la sociedad de la que es accionista, no puede ser razonablemente considerado como un socio que contrata con sus consocios.

b) Teoría de la institución

Al no querer ver en la sociedad un contrato, una nueva teoría la considera como una institución. Esta expresión está de moda y no tiene un sentido muy preciso, pero por su misma imprecisión se emplea para dominar situaciones jurídicas bastante diferentes. La institución aquí se opone al contrato: implica una subordinación de derechos y de intereses privados a los fines que se trata de realizar. Así se explica que los derechos de los socios no se determinen en el acto constitutivo de una manera definitiva y que puedan ser modificados, si la vida o la prosperidad de la sociedad lo exigen. Así se explica también que los gerentes o administradores de las sociedades no sean simples mandatarios de los socios, sino que constituyan una autoridad encargada de asegurar la realización del fin común. No es posible analizar aquí ni la teoría de la institución, que es por otra parte bastante imprecisa, ni todas las consecuencias que puedan deducirse de una concepción institucional de la sociedad, las que serán indicadas al examinarse la organización de las sociedades, principalmente de las anónimas. Es necesario únicamente observar que la concepción institucional sirve para justificar las numerosas intervenciones legislativas que se han inspirado en el deseo de vigilar la acción de las sociedades en la vida económica.

c) Importancia del mecanismo jurídico para el ejercicio de una actividad constitutiva de empresa

La concepción institucional se refiere sobre todo a la finalidad perseguida por la creación de la sociedad. Aquí se observa cierta confusión entre la sociedad y la empresa. La constitución de la sociedad es el medio empleado para reunir los capitales necesarios a una empresa determinada. Pero no debe confundirse el derecho de la empresa con el de la sociedad. Como medio de reunión de los capitales, la sociedad aparece como un simple mecanismo jurídico puesto a disposición de los hombres por el legislador. Durante mucho tiempo se ha imaginado este mecanismo bajo la forma de un contrato que presentaba caracteres propios. En nuestra época el contrato no basta porque se refiere a un número limitado de personas y no tiene en el tiempo la suficiente plasticidad. La ley ha imaginado entonces mecanismos más complicados que permiten reunir los capitales necesarios a las grandes empresas y conferir a los que aportan una situación jurídica que ya no es una situación contractual. La sociedad exige estructura propia creada por la ley y no por la voluntad de los interesados. La escuela liberal moderna así lo reconoce.

d) Diversidad de naturaleza de las sociedades

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