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En Nadar-dos-pájaros

En Nadar-dos-pájaros

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En Nadar-dos-pájaros

valoraciones:
4/5 (28 valoraciones)
Longitud:
343 páginas
5 horas
Editorial:
Publicado:
May 25, 2020
ISBN:
9788418067785
Formato:
Libro

Descripción

En Nadar-dos-pájaros es un libro tan sorprendente y original como su propio título: tan incomprensible para el lector español como lo es para el inglés. Esta novela está considerada una de las obras maestras de la narrativa del siglo xx y quien se adentre en ella se encontrará con el maravilloso mundo de O'Brien... Es literatura en estado puro. Una sátira, una comedia, una farsa, un truco de magia, un birlibriloque narrativo... todo eso, y más, es esta novela.

Es difícil intentar describir lo que es esta novela de novelas de novelas de novelas... O'Brien juega con el lector y con la literatura, asume su condición (como escritor) de creador de verdades, de mago que convierte lo irreal en real, la mentira en verdad, lo falso en auténtico, lo novelado en verdadero, para confundirnos en su papel de dios sobre lo creado, lo muerto, lo contado y lo callado.
Editorial:
Publicado:
May 25, 2020
ISBN:
9788418067785
Formato:
Libro

Sobre el autor


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En Nadar-dos-pájaros - Flann O'Brian

Flann O’Brien

En Nadar-dos-pájaros

Prólogo de Eamon Butterfield

Traducción de

José Manuel Álvarez Flórez

El traductor quiere agradecer a

Eamon Butterfield su ayuda,

sin la que no hubiera sido posible

realizar esta traducción.

PRÓLOGO

En Nadar-dos-pájaros contiene muchas referencias y alusiones a la Irlanda del periodo y a la Irlanda histórica que puedan resultar difíciles de entender para quienes no conozcan el medio.

Flann O’Brien (seudónimo de Brian O’Nolan) conocía a fondo la literatura gaélica y utilizó como eje de En Nadar-dos-pájaros el texto irlandés Buile Suibhne, escrito hacia 1670 pero que incorpora tradiciones que se remontan al siglo IX. Buile Suibhne (el frenesí de Sweeny) cuenta la historia de un rey norteño que, tras agredir a un eclesiástico, experimenta una visión terrible del horror que se desarrolla en torno a él en la batalla de Mag Roth en el año 637. Esto le impulsa a huir de la compañía de los humanos y le hace sentir «aversión a todos los lugares que conocía y el deseo de ir a todos los lugares en los que no había estado». Obtiene el don del vuelo y se convierte en un hombre salvaje de los bosques que vive en las cumbres de los montes y en las copas de los árboles, donde canta su purgatorio de poeta marginado de la sociedad y castigado por la naturaleza. O’Brien utiliza aproximadamente un tercio de Buile Suibhne, en una traducción un tanto peculiar, en la que omite la mayor parte de los versos.

Buile Suibhne le proporciona también el extraño título de la novela. Es traducción literal del topónimo gaélico de un lugar situado en el centro de Irlanda, Snámh-dá-én, así llamado porque un héroe de las sagas antiguas mató en él dos pájaros que estaban posados en los hombros de una amazona. El lugar aparece mencionado también en un viejo texto que O’Brien sin duda conocía, una vida de San Patricio del siglo VII, escrita en latín. Cuando el misionero cruza el río Shannon en Vadum Duorum (sic) Auium, dos druidas intentan cortarle el paso haciendo que la oscuridad y la niebla cubran el lugar; pero Patricio ayuna tres días y consigue que se disipen las tinieblas y vuelva a brillar la luz del sol. En Buile Suibhne, Sweeny llega a Snámh-dá-én y recita un poema que O’Brien omite. Dos de sus versos dicen:

Más dulce que el tañido de la campana de la iglesia

es el canto del cuco en el Bann.

Así pues, En Nadar-dos-pájaros tiene, por partida doble, asociaciones conflictivas con el cristianismo.

El libro, que se publicó en 1939, contiene muchas alusiones a la Irlanda puritana y reaccionaria del periodo. El estudiante protagonista se siente obligado a ocultar a su tío, un representante de la Irlanda oficial, «las hojas que hacían alusión a la cuestión prohibida de las relaciones sexuales». Y hay también numerosas alusiones al nacionalismo pacato y estrecho de miras imperante. El que Trellis equipare lo verde con la ortodoxia, por ejemplo, es una sátira del culto de los nacionalistas a ese color. El que Shanahan afirme que se admira al irlandés por su habilidad para saltar debería interpretarse como su pronta disposición a ponerse firme de un salto cuando se lo ordenan. El hecho de que Brinsley no pueda distinguir entre Furriskey, Lamont y Shanahan es una alusión al falso diálogo de una sociedad conformista que insiste en la concurrencia de pareceres más que en el conflicto, aunque permitiendo diferencias triviales. Y, por supuesto, el que Sweeny pierda al final la inspiración poética y hasta la dignidad es consecuencia de su contacto con la sociedad urbana de la Irlanda moderna.

La realidad exterior contemporánea también se entromete indirectamente. Como la relación autor-personaje se equipara a la de patrón y empleado, la rebelión contra Dermot Trellis se inspira quizás en las revoluciones proletarias de la época; el hecho de que el destino de un recién nacido se decida en una partida de póquer entre el bien y el mal entraña una visión nihilista de la moral tradicional. Por otra parte, la farsa del juicio de Trellis, donde los doce jueces actúan también como jurados y como testigos, tal vez se relacione con las farsas judiciales estalinistas que se desarrollaban en Moscú por aquellos años. Jem Casey parece una caricatura del obrero ideal de la propaganda estalinista; y su poesía, una parodia jocosa del realismo socialista. El elogio que hace Orlick de Furriskey, Lamont y Shanahan ridiculiza los panegíricos que hacen los ideólogos a los que controlan el poder, mientras que la violencia despiadada con que castigan a Trellis el Puca y sus amigos recuerda el salvajismo vesánico de los nazis.

Este telón de fondo de angustia y ortodoxia explica por qué no sucede nunca nada en la novela. Y la tendencia de los personajes a pasar el tiempo en la cama o bebiendo en el bar es, en último término, un modo de protegerse de los horrores de la realidad. En ese submundo, «el reino de las sombras», la conversación adquiere carácter de ensueño; y la acción, de sonambulismo. «No hay nada peor que reducir una buena charla que debería durar seis horas al breve espacio de una». El sexo de los ángeles, un tema tradicional de las disputas escolásticas, reaparece aquí en relación con el género del Hado Bueno. En ese mundo estático solo puede producirse una acción significativa mediante el milagro, en este caso el castigo aplicado a Trellis, más cruel por el hecho de que se obliga a la víctima a ocultar su sufrimiento tras una charla educada. Este movimiento de disociación entre realidad y diálogo culmina en la charla previa al juicio entre Furriskey, Lamont y Shanahan, que consiste en fórmulas aprendidas de memoria y conocimientos arbitrarios formulados al azar en el mundo autónomo del discurso cómico.

El diagnóstico que hace O’Brien de la sociedad irlandesa coincide en esto con el de James Joyce, cuya obra se fundamenta en la roca de la parálisis de la Irlanda moderna. Las afinidades de O’Brien con su compatriota resaltan aún más por su especial aptitud para lo experimental. Si el estudiante sin nombre es un retrato del artista adolescente, Trellis es una caricatura del artista anciano. Pero O’Brien, a diferencia de Joyce, que utiliza La Odisea de Homero para estructurar su Ulises, se limita a apuntar cómo podría haber empleado de forma similar la leyenda de Sweeny, pero acaba dejando los textos diferenciados uno al lado del otro para que la comparación la haga el lector. Desmitifica así, con gran maestría, el proceso de la escritura de ficción, desmantelando el entramado de la novela. Joyce supo de En Nadar-dos-pájaros por Samuel Beckett, que se la comentó elogiosamente, y reaccionó al leerla con un entusiasmo muy raro en él: «He aquí un auténtico escritor con auténtico espíritu cómico. Un libro realmente divertido».

En su informe favorable a la publicación, Graham Greene, por entonces lector de manuscritos para Longman, la primera editorial de O’Brien, destacó el pedigrí de En Nadar-dos-pájaros, «Está en la línea de Tristram Shandy [de Laurance Sterne] y de Ulises: su asombrosa alegría no oculta un intento serio de presentar simultáneamente, podríamos decir, todas las tradiciones literarias de Irlanda...» El poeta galés, Dylan Thomas, expresó su apoyó a la novela en términos muy suyos, «Este es justo el libro que uno puede regalar a su hermana si es una chica borracha, sucia y malhablada».

Jorge Luis Borges lo elogió con estas palabras: «He enumerado muchos laberintos verbales: ninguno tan complejo como la novísima obra de Flann O’Brien: At Swim-Two-Birds […] At Swim-Two-Birds no solo es un laberinto: es una discusión de las muchas maneras de concebir la novela irlandesa y un repertorio de ejercicios en verso y prosa que ilustran o parodian todos los estilos de Irlanda. La influencia magistral de Joyce (arquitecto de laberinto, también; Proteo literario, también) es innegable, pero no abrumadora, en este libro múltiple».

O’Brien no tuvo suerte al principio con su libro. Unos meses después de que saliese al mercado (el 13 de marzo de 1939) estalló la Segunda Guerra Mundial. Solo se habían vendido 240 ejemplares y las bombas alemanas destruyeron el almacén de Longman en Londres con los restantes. El propio O’Brien dio más tarde una explicación humorística de este suceso: «En el año 1939 apareció un libro con el extraño título de En Nadar-dos-pájaros. A Adolf Hitler le ofendió muchísimo y le dio tanta rabia que inició la Segunda Guerra Mundial para torpedearlo. Por una amarga ironía que no deja de tener su encanto, el libro sobrevivió a la guerra mientras que Hitler no».

Es cierto que sobrevivió, pero a duras penas. En los años cuarenta y cincuenta quedaban tan pocos ejemplares del libro en las bibliotecas públicas de Dublín que había que apuntarse a una lista de espera para poder leerlo. O’Brien tuvo que esperar hasta 1960, cuando En Nadar-dos-pájaros volvió a editarse, para que se reconociera plenamente su talento.

Mientras tanto, bajo otro seudónimo, Myles na gCopaleen (Myles de los caballitos), había empezado a escribir en 1940 una columna en el periódico The Irish Times, titulada An Cruiskeen Lawn (La jarrita llena) en la que desplegó con brillantez su talento satírico. Citaremos a título de ejemplo este comentario que data de 1956:

«Muchos fueron los motivos que me llevaron a traducir el Ulises de Joyce al irlandés. Ya que se niegan a leerlo en inglés, me dije, les pondremos en la tesitura de negarse a leerlo también en irlandés».

En los años sesenta se publicaron otras dos novelas de O’Brien: La vida dura (1960) y Crónica de Dalkey (1964). Murió en 1966, el 1 de abril, April Fools Day, el día en que se gastan bromas a los desprevenidos. Su segunda obra maestra en inglés, El tercer policía, que había sido rechazada por Longman en 1940, se publicó por fin un año después de su muerte.

Desde entonces su fama no ha cesado de crecer. Se han traducido sus obras al francés (entre ellas, dos versiones de En Nadar-dos-pájaros), al alemán, al castellano, al holandés, al húngaro, al italiano y al rumano. Aunque es evidente que sería imposible una versión cinematográfica convencional de En Nadar-dos-pájaros, en Alemania la novela se adaptó a la pantalla en 1997, con el título de In Schwimmen-zwei-Vögel, y se anuncia una versión inglesa para 2010, con Brendan Gleeson como director. Se ha llevado al teatro tres o cuatro veces. Hay varios pubs irlandeses en el mundo que llevan el nombre de O’Brien, entre ellos uno en Roma, otro en Boston y otro en Barcelona.

En cuanto a esta traducción al castellano, se puede decir que corrió casi la misma suerte que corrió el original en 1939. Publicada en 1989 por Edhasa, apenas salieron críticas en la prensa española y americana y se vendieron muy pocos ejemplares. Cayó en un olvido tal que en junio de 2006, en un reportaje sobre Dublín publicado en El País y titulado, «Dublín embrujado por Samuel Beckett», se elogiaba el genio de O’Brien pero se añadía que «su gran obra, At Swim-Two-Birds, permanece inédita en español». Esto provocó la intervención de algunos de sus contados lectores y el periódico rectificó algunos días mas tarde.

En Nadar-dos-pájaros ha perdurado porque es una obra maestra. Es una novela en que los personajes engañan a su autor; en la que los animales son testigos durante un juicio; que contiene un manifiesto que proclama que «los personajes deberían ser intercambiables entre un libro y otro», que se encuadra en los grandes movimientos de vanguardia del siglo XX. La sublevación de los personajes contra Trellis, el presunto novelista que quería hacer el papel de Dios. El impulso exuberante de lo verbal y el impulso experimental otorgan orden y unidad real a ese tratamiento nihilista de lo narrativo.

Si bien O’Brien fue, como Joyce, un maestro de la parodia (parece remedar burlonamente todos los estilos de la literatura irlandesa, desde la filosofía a las novelas del Oeste y desde la literatura antigua al periodismo), la más honda inspiración de su burla nace de un sentido del absurdo que ilustra el epígrafe griego de la novela: «Pues todas las cosas se van y dejan sitio a otras». Si abordamos la idea de Dios con esa visión lineal del tiempo, que no es ni más ni menos que la repetición eterna, Finn Mac Cool puede considerarse con toda justicia «un hombre que es mejor que Dios», al menos en Irlanda, por su capacidad de permanencia, pues lleva allí más tiempo. Si los puntales de la novela tradicional fallan, lo que queda en la base, en opinión de O’Brien, es la mera matemática de números pares e impares sucediéndose eternamente. «El mal es par, la verdad impar y la muerte, parada completa». La tesis es el arte (y la vida), luego viene la antítesis... luego otra vez la tesis, aunque podría aparecer con otro nombre. Pero la conciencia de esta estructura existencial es conciencia del absurdo de todo. De la contradicción perpetua. Sobre esos contrastes está construida la novela: narración oral y escritura; paganismo y cristianismo; vida y arte; juventud y vejez; y, en último término, bien y mal (el uno sin el otro constituye una «falta de etiqueta»). Estos contrastes son los dos pájaros del título, que nadan porque han perdido la capacidad de volar, o más bien, los cadáveres de dos pájaros que flotan en el río. Una historia que es pues, en palabras de Shakespeare (Macbeth),

un cuento

contado por un idiota, lleno de ruido y de furia,

que nada significa.

Esa visión pesimista de la vida da una profunda coherencia interna a esta obra de O’Brien.

Eamon Butterfield

Barcelona, enero de 2010

EN NADAR-DOS-PÁJAROS

Todos los personajes que aparecen

en este libro, incluida la primera persona

del singular, son absolutamente imaginarios

y no guardan la menor relación

con persona alguna, viva o muerta.

’Eξίσταται γὰρ πάντ’ ἀπ’ ἀλλήλων δίχα

Tras haber colocado en mi boca pan suficiente para masticar tres minutos, deseché mis poderes de percepción sensorial y me retiré a la intimidad de mi mente, asumiendo mis ojos y mi rostro una expresión ausente y absorta. Reflexionaba sobre el tema de mis actividades literarias de los ratos de ocio. Que un libro tuviese un principio y un final era una cosa con la que yo no estaba de acuerdo. Un buen libro puede tener tres aperturas completamente distintas e interrelacionadas tan solo por la presciencia del autor, o en realidad cien veces otro tanto de finales.

Ejemplos de tres aperturas independientes — la primera: El Puca MacPhellimey, un miembro de la clase demoníaca, sentado en su cabaña en medio de un bosque de abetos meditando sobre la naturaleza de los números y diferenciando mentalmente los impares de los pares. Estaba sentado en su díptica o antigua mesa de escribir de dos hojas con bisagras y las partes internas enceradas. Sus dedos peludos de largas uñas jugueteaban con una caja de rapé de perfecta rotundidad, y silbaba una gentil cavatina a través de una abertura de sus dientes. Era un hombre cortés y se le honraba por el generoso trato que dispensaba a su esposa, una Corrigan de Carlow.

La segunda apertura: Aunque en la apariencia del señor John Furriskey no hubiese nada excepcional, tenía en realidad una característica que es poco frecuente: había nacido a los veinticinco años de edad y había llegado al mundo dotado de memoria, pese a carecer de una experiencia personal que la justificase. Tenía los dientes bien formados pero manchados de tabaco, dos muelas con empastes y una amenazadora cavidad en el canino izquierdo. Su conocimiento de la física era más bien modesto, no iba más allá de la Ley de Boyle y del Paralelogramo de Fuerzas.

La tercera apertura: Finn Mac Cool era un héroe legendario de la antigua Irlanda. Aunque nada robusto mentalmente, era hombre de un desarrollo y un físico soberbios. Cada muslo suyo era tan gordo como la panza de un caballo, achicándose hasta una pantorrilla ancha como la barriga de un potrillo. Tres veces cincuenta muchachos podían enfrentarse a la pelota contra la amplitud de su trasero, que era tan grande como para detener una columna de guerreros en marcha a través de un paso de montaña.

Me lastimé un poco un molar hacia el final de la mandíbula con un trozo de corteza de pan que estaba comiendo. Esto me hizo volver a la percepción de mi entorno.

Es verdaderamente lamentable, comentó mi tío, que no te apliques más a tus estudios. Tanto como trabajó tu padre para conseguir el dinero que está dedicando a tu educación. Vamos a ver, dime, ¿tú abres un libro alguna vez?

Inspeccioné a mi tío con actitud hosca. Él engarzó un trozo de tocino cocido en un pedazo de pan con los dientes del tenedor y se lo llevó todo a la abertura de la boca en un signo de interrogación prolongado.

Descripción de mi tío: Colorado, ojos como bolitas, barriga de balón. Hombros carnosos con largos brazos oscilantes que al andar producen una impresión simiesca. El bigote grande. Titular de un puesto de oficinista de tercera clase en Guinness.

Lo hago, repliqué.

Él metió la punta del tenedor en el interior de la boca y la retiró luego, masticando de forma grosera.

Calidad del tocino utilizado en la casa: Inferior, del de a un chelín y dos peniques los cuatrocientos gramos.

Pues yo nunca te he visto, la verdad, dijo él. Nunca te he visto dedicarte a tus estudios.

Trabajo en mi cuarto, contesté.

Yo, estuviese en casa o fuera, dejaba siempre cerrada con llave la puerta de mi dormitorio. Esto rodeaba mis movimientos de un cierto misterio y me permitía pasar un día inclemente en la cama sin alterar la suposición de mi tío de que me había ido a la facultad a atender mis estudios. Tengo un temperamento que se ha adaptado siempre muy bien a la vida contemplativa. Estaba habituado a pasarme muchas horas echado en la cama, pensando y fumando. No solía desvestirme para ello y, si bien mi traje barato no era el más adecuado para el uso que yo le asignaba, descubrí que la aplicación vigorosa de un áspero cepillo antes de salir lo redimía un tanto sin disipar del todo aquel curioso olor a dormitorio que quedaba adherido a mi persona y que era con frecuencia motivo de comentarios de cariz humorístico y de otros carices diversos por parte de mis conocidos y amistades.

Pues sí que te has encariñado tú con tu cuarto, continuó mi tío. ¿Por qué no estudias aquí, en el comedor, que es donde está la tinta y donde tienes una buena librería para tus libros? No sé a qué viene tanto misterio con los estudios.

Prefiero trabajar en mi dormitorio, le contesté. Es tranquilo y cómodo y tengo allí mis libros.

Mi dormitorio era pequeño y tenía una iluminación mediocre, pero contenía la mayoría de las cosas que yo consideraba esenciales para la existencia: mi cama, una silla raras veces usada, una mesa y un palanganero. El palanganero tenía una repisa sobre la que yo había colocado una serie de libros. Considerábanse en general indispensables todos ellos para quien aspirase a llegar a apreciar la naturaleza de la literatura contemporánea, habiendo en mi pequeña colección obras que iban de la del señor Joyce a los libros tan leídos del señor A. Huxley, el eminente autor inglés. Había también allí en mi dormitorio ciertos artículos de porcelana más relacionados con la utilidad que con el ornato. El espejo en el que me afeitaba cada dos días era de los que suministraban gratis los señores Watkins, Jameson y Pim y llevaba un breve anuncio que hacía referencia a una marca registrada de cerveza entre cuyas letras yo había adquirido una habilidad considerable para insertar la imagen reflejada de mi rostro. En la repisa de la chimenea había cuarenta volúmenes encuadernados en piel que constituían un Compendio de las Artes y de las Ciencias Naturales. Los había editado en 1854 una reputada firma editorial de Bath a una guinea el volumen. Soportaban los años bravamente y conservaban en su interior, incorrupta e intacta, la semilla benigna del conocimiento.

Lo que estudias tú en tu cuarto lo sé yo muy bien, dijo mi tío. Me río yo de lo que estudias tú en tu cuarto.

Yo repudié esto.

Carácter del repudio: Inarticulado, de gesto.

Mi tío apuró el té que le quedaba y puso la taza y el platillo en el centro del plato de tocino como prueba de que su refrigerio había concluido. Luego se santiguó y se estuvo un rato allí sentado introduciendo aire en la boca con un rumor silbante con el objeto de extraer restos de comida de los entresijos de su dentadura postiza. Luego frunció los labios y tragó alguna cosa.

Un chico de tu edad, dijo al fin, que se entrega al pecado de holgazanería, ¿qué será de él, Dios santo, cuando tenga que enfrentarse al mundo? Hay veces que yo no sé adónde vamos a llegar, francamente. Dime una cosa, ¿tú abres un libro alguna vez?

Abro varios libros todos los días, respondí yo.

Abres tu abuela, dijo mi tío. Sé yo muy bien a lo que te dedicas tú allá arriba en tu cuarto. No soy tan tonto como parezco, de eso estate seguro.

Se levantó de la mesa y salió al pasillo, enviando atrás su voz para que me fastidiara en su ausencia.

Dime, ¿me planchaste los pantalones del domingo?

Se me olvidó, dije.

¿Qué?

Se me olvidó, grité.

Vaya, pues sí que estamos buenos, respondió, muy bien, sí señor. Te lo encargo y te olvidas. Dios nos asista y nos coja confesados. ¿Volverá a olvidársete hoy?

No, contesté.

Abrió la puerta del pasillo diciendo para sí en voz baja: ¡Válgame Dios!

Mi cólera se esfumó con el portazo. Concluí mi colación y me retiré a mi dormitorio, donde estuve un rato en la ventana observando el escenario callejero dispuesto abajo para mí aquella mañana. Caía la lluvia suavemente de un cielo encapotado. Encendí el cigarrillo y luego saqué la carta del bolsillo, la abrí y la leí.

Correo de V. Wright, Wyvern Cottage, Newmarket, Suffolk. V. Wright, el amigo del apostador. Querido Amigo y miembro: Gracias por tu fe en mí; consuela mucho saber que tengo clientes que saben perder, hombres que no desfallecen cuando la suerte nos es adversa. Bounty Queen fue sin duda una gran decepción aunque fueron muchos los que opinaron que había empatado con los ganadores, pero más de eso luego. Considerando que llevo remitiendo información desde estas mismas señas desde 1926, el que me dejase ahora por causa de la mala suerte sería sin duda un «acertijo». Pero después de tanto perdedor lo mejor es «ponerse a la cola» y hacer un montón de dinero con los ganadores que son los que nos corresponden ya. Dejemos el pasado, pasemos al futuro. Me han llegado NOTICIAS SENSACIONALES de que determinados intereses han planeado un golpe gigantesco en relación con un cierto animal que se halla reservado desde hace un mes. INFORMACIÓN de lo más FIDEDIGNA me notifica que se moverá una suma de por lo menos 5.000 libras. El animal en cuestión será introducido en el momento justo con el hombre adecuado encima y será una OPORTUNIDAD DE ORO para todos los que actúen «pronto» y den a su corredor de apuestas la gran emoción de su vida. A todos los amigos que remitan 6 peniques y dos sobres con sellos y con la dirección les regalaré esta GRAN APUESTA DE TRES ESTRELLAS SEGURÍSIMA y ganaremos el gran premio de nuestra vida y olvidaremos toda la mala suerte. Nos sentiremos «pistonudo» cuando el animal pase como un relámpago el poste con un bonito premio. Esta será mi única triple apuesta de la semana y mis viejos amigos saben que mis CARTAS RIGUROSAMENTE ESPORÁDICAS son siempre «lo bueno». ¡No pierda ni un minuto! Deportivamente suyo y buena suerte a todos, V. Wright. Boletín de pedido. A V. Wright, Corresponsal de carreras de caballos, Wyvern Cottage, Newmarket, Suffolk. Adjunte por favor giro postal por libras chelines peniques con el sobreentendido de obtener a vuelta de correo su Gran Apuesta exclusiva de tres estrellas para el jueves y yo prometo aquí remitir sin demora lo debido hasta el último chelín. Nombre. Dirección. No se realiza ninguna transacción con menores o personas que estén haciendo estudios universitarios. P.D. Hará el gran negocio, gane la apuesta de su vida. Suyo, Verney.

Coloqué con cuidado la carta en el bolsillo del anca derecha y me dirigí al blando caballete de mi lecho, acomodando en él mi espalda en indolente posición horizontal. Cerré los ojos, haciéndome un poco de daño en el orzuelo del derecho, y me retiré al reino de mi mente. Hubo durante un tiempo oscuridad completa y una ausencia de movimiento por parte del mecanismo cerebral. Evidenciose luego el cuadrado brillante de la ventana en la juntura de los párpados. Un libro, una apertura, era un principio con el que yo no podía concordar de ninguna manera. Tras un intermedio, Finn Mac Cool, un héroe de la antigua Irlanda, vino a mí de su sombra, Finn el de los jamones anchurosos, el de los ojos soñolientos; Finn, que era muy capaz de pasarse una mañana de Lammas con muchachas de ropas ceñidas jugando a un ajedrez pero que nada simple.

Fragmento de mi Manuscrito que describe a Finn Mac Cool y a su gente, y que constituye una incursión humorística o semihumorística en la mitología: De todas cuantas músicas oíste, preguntó Conan, ¿cuál hallaste más dulce?

Lo explicaré, dijo Finn. Cuando mis siete compañías de guerreros se agrupan en el llano y el viento limpio y frío de voz recia sopla a través de ellos, qué dulcísimo es eso para mí. Eco del golpe de la copa sobre las mesas en palacio, dulce para mí es eso. Me gusta el chillar de las gaviotas, me gusta cuando crotoran juntas las hermosas cigüeñas. Me gusta el estruendo de las olas en Tralee, los cantos de los tres hijos de Meadhra, cómo silba Mac Lughaidh. También esto me place: gritos de hombres en una fiesta, el canto del cuclillo en mayo. Suele gustarme el gruñir de verracos en Magh Eithne, el bramar del corzo de Ceara, el gemir de los ciervos de

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Reseñas

Lo que piensa la gente sobre En Nadar-dos-pájaros

3.8
28 valoraciones / 28 Reseñas
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Reseñas de lectores

  • (3/5)
    This was an interesting novel, full of comic wit and invention. It features meta-fiction, Ireland, and much fantasy and humour. It's hard for me to grasp all of the undercurrents of what is mentioned, for it is somewhat of an older book, but I still managed to appreciate the novel for what it is. For those interested in the author, Irish literature, or inventive and creative books than this is a good bet.3 stars.
  • (4/5)
    Some very very funny bits, some fairly baffling bits, and it doesn't really end up cohering too much by the end. Still, unique and well worth it.
  • (5/5)
    My all time favorite work of fiction. Funny, silly, serious, self-involved. In a book by an evil author the characters rebel, and try to create new lives for themselves. That's just one of the many plots all happening simultaneously. "A pint of plain's your only man."
  • (2/5)
    What I read of this was original and imaginative but I struggled with the writing from the start and couldn't even make it half way. In recompense, I feel like I'm missing out.
  • (5/5)
    At Swim-Two-Birds is an amazing creation. I'd leave it at that, and just tell you to read it as soon as you're able, but unfortunately I feel some sort of obligation to at least try to explain what makes it so wonderful.At Swim-Two-Birds is, famously, the novel that was postmodern before there was such as word. It is about an unnamed, indolent Irish college student who is writing a novel about Dermot Trellis, who is also writing a novel, one that is filled with characters borrowed from other writers. In Trellis' world, one hires a fictional characters like one might a maid, or a gardener, and all his characters are kept prisoner in the Red Swan Hotel, which Trellis calls home.I would continue with my plot summary but it is, as so many reviewers have noted, impossible and besides the point. O'Brien creates a multi-layered weave that is pleasing on many different levels. It is very, very funny. I have read that it is a mockery of Irish culture and mythology, which I am not too familiar with, and even so I found plenty to laugh at.But what I don't think O'Brien receives enough credit for is the beauty of his writing. William H. Gass writes in his introduction that O'Brien's sentences go quickly where they need to go, but never in the way you expected them to. I couldn't agree more. I can't remember how many times a sentence surprised me with its knotty, rustic beauty.Some books are just funny without intending to be anything else; At Swim-Two-Birds is something much more. No words can describe the wonder of it other than those that are found between its two covers.
  • (3/5)
    A Book Written By Someone Under ThirtyI found this book on Time Magazine's All-Time 100 Novels, where it is described as a "brilliant, beer-soaked miniature masterpiece" that defies a "coherent summary." I would describe it as a short story about a highly literate, highly opinionated university student which was extended to book length through the infusion of odd and occasionally pointless material that, while sometimes clever and/or funny, could have been omitted without serious damage. This would leave us with something of a coming-of-age story, albeit with an older than usual protagonist who provides us with his insights on the purpose of writing ("...the novel [is] self-administered in private.") that read like a self-doubting author questioning his worth ("Most authors spend their time saying what has been said before - usually said much better.").Although confusing at times, At Swim-Two-Birds is a well-constructed, multi-layered novel. It opens with the narrator's contention that "A good book may have three openings entirely dissimilar and inter-related only in the prescience of the author...", followed by three sample openings introducing us to 1) the Pooka MacPhellimey, who spends most of his time conversing with an invisible Good Fairy, 2) John Furriskey and friends, creations of the fictive authors Trellis (first Dremont, who represents the narrator's uncle, then Orlick, who represents the narrator), and 3) Finn MacCool, who will relate the tale of King Sweeny. The novel then shifts back and forth between the narrator's personal story and the fictive stories of these three sets of characters who eventually encounter each other and break the third wall in a conclusion to their adventures which seems also to presage the conclusion of the narrator's adventures.Much like my previous read, White Teeth, I found this an entertaining book in spite of some unnecessary material which detracts from the central story. In ways it reminds me of if on a winter's night a traveler, as it is written in shifting points-of-view between first- and third-person and has an external author whose interruptions provide a roadmap to the various layers. Not one of the 100 best but worth a read to see what's possible in the art of writing.
  • (2/5)
    An unnamed student, living with his uncle and working not very hard to finish his schooling, begins writing a novel. The characters in the novel include louts from the local as well as legendary figures from Irish mythology and legend. "Mad King Sweeny" shows up and I had to put the book down and go a'Googling. Live and Learn. (The author says you should always use characters in your novel that already exist so everyone knows them right away and it saves time.)But pretty soon the characters in the novel (inside the novel) get restless being pushed around by their author and they begin writing a novel of their own. (Huh?). And we are down the rabbit hole with a vengeance. Fiction and meta-fiction and pushing and popping back and forth. If this makes sense to you, I'm not telling it right. The book gently satirizes Irish literature and the Irish middle class and the study of Irish lore and legend and that's fun to listen to. There's a trial scene that is very funny indeed. The writing is sharp and clear and sometimes lyrical and sometimes even more. In the end our anonymous student passes his exams and gets a gold watch from his Uncle and is on his way. But I suspect it was more fun to write than it was to read. Your mileage may vary
  • (4/5)
    This is just a really weird book. Quite interesting. The author uses some oddly formal prose, but not exactly sure the satire. There’s a twisted metafiction plot, with characters plotting the overthrow of their author – all the story of a lazy college student. A lot of Irish history entwined with the plots, can be a little hard going, but enough is explained so you’re not lost. Although there are a lot of crazy things going on, a good portion of the book is just small talk and getting from one place to another. The author starts out with...an author considering beginnings for a novel. He has three, one about a supernatural being, the Pooka, named MacPhellimey (like a Harvey the rabbit), another about John Furriskey, born at age 25, and legendary Irish hero Finn MacCool. The author is a college student who rarely goes to class and is always nagged at by his uncle. His story of Finn is continued – mostly with Finn giving long-winded speeches about how he and his clan enjoy magic and poems. Reminiscent of olde-type epic poetry. The highly stylized prose is quite humorous when describing the narrator/author’s experiences with alcohol. Formally written drunkenness. Later, he creates another ‘author’ in his book – fat invalid Dermot Trellis who lives in the Red Swan Hotel. Trellis 'writes' the other stories until his characters get fed up of him and get their revenge.
  • (5/5)
    I remember first reading this in Belfast during the mid-seventies staying at my sister's flat off the Ormeau Road. First night there they blew up the pub at the end of the road. Memorable.
  • (5/5)
    Brilliant on many levels, since it's meta-fiction. It may not seem that radical when read today, but O'Brien was truly creating something that had never been done before with At Swim-Two-Birds. His language is both engaging and compelling to read while at the same time incredibly dense and almost baroque. Read this book if you want to have your mind blown.
  • (4/5)
    This was a lot of fun to read. It's not a novel in the traditional sense, but several stories mashed together, and the characters rebel from the author at one point and so forth and so forth. Cowboy stories, trials, and Irish mythology. It's almost confusing, but very entertaining. I'll be reading more Flann O'Brien soon enough.
  • (5/5)
    Ladies and gentleman, for your consideration: the archetypal slacker-college-student-undiscovered-artist. His lofty aspirations and lackluster ambition average out, topographically, to a tragically amusing meadow of some kind. He's curt and defensive to those by whom, we're assured, he's woefully misunderstood (including the inevitable tuition-paying family). He's haughty in the classroom or any other venue where his superiority isn't acknowledged up front. And of course, he's often brilliant and entertaining among friends or a friendly audience – particularly when fueled by alcohol. He's been a staple in literature since, well, since colleges, and literature, were invented.Among the most brilliantly-rendered and hysterically funny members of this fraternity is the unnamed, Dublin university student at the center of Flann O'Brien's 1939 novel At Swim-Two-Birds. He lives in a spare room in the home of his uncle (“holder of Guinness clerkship the third class” we're told derisively and often): an uncle who's suspicious of the sleep-to-study ratio he's observing in his nephew. The young man's interactions with his uncle, or his drinking mates, as he divides his days between astonishing quantities of sleep, Imperial Stout, and occasional visits to class, are worth the price of admission alone. But it's the novel he's working on, and the progress of its characters, that make At Swim-Two-Birds astonishing to read.His novel's central character is one Dermot Trellis, who lives in the Red Swan Hotel and has stayed in bed for as much of the last twenty years as is possible. And of course, Mr. Trellis is working on a novel as well. His novel, however, is birthing characters who chafe at the control the author exerts over them, including those whom Trellis 'borrows' from other novels and fables. They discover autonomy during Trellis' extended slumbers, and begin to fight back. Keeping track of which novel a given character inhabits at any given time is as challenging as it is entertaining. But it's the conversation of these absurdly diverse characters, rendered with with O'Brien's gift for language, that makes it hard to read in public, which reacts with suspicion to those who burst into sudden, repeated laughter.At Swim-Two-Birds is a gem, and the blistering pace of the final chapters becomes a shocking study of the ethics or authorial invention – shocking mainly because you continue laughing throughout. Its reputation among writers (I first learned of it while reading William Gass' essay 'Fifty Literary Pillars') is well deserved, and I look forward sitting down with it again to see what I missed on the first go-around.
  • (1/5)
    While I can appreciate why others might enjoy Flann O'Brien's "At Swim-Two-Birds," reading it was akin to torture to me. I'm not entirely certain I would have understood what was going on without reading the back of the book before starting the novel. It's the story of a drunk Irish guy who is writing a novel about an author and all of the author's characters start interacting with each other. It's supposed to be funny, but it's definitely not the kind of humor I find funny. I found this book to be confusing and silly. I can appreciate what O'Brien was trying to do. But what it really boils down to, is this book was just not my cup of tea and so I found it a completely unenjoyable read.
  • (3/5)
    This was a tough one. Touted as the great Irish post-modern novel, it is an exuberant exploration and mockery of various kinds of Irish writing. I'm not acquainted with Irish folk stories and mythology, and I found myself hitting Wikipedia a lot for the various characters O'Brien employs. Strangely, I suspect this novel is better at second reading, when the reader knows the arc of the story within the story and can enjoy the ride a little more. On first reading, the long lists were a bit off-putting, and the 'hero', if we can say there is one, is not appealing or devilish enough. Those who relish the story within a story structure, Irish tales, and character rebellion will definitely enjoy this book. I found it more work than enjoyment.
  • (4/5)
    I really, really wanted to like this book but it ultimately fell flat. It started well enough, with an indication of a "real" story framing three fantasies. These tales meander around and mix it up, but the last quarter of the book, which is mostly given over to the torment of an author by his characters, seemed pointless.Much of the book is "about"--well, not really "about", but maybe what the author was thinking about--is the collision between Ireland's literary, heroic past and its grimy, mundane present. But here's the rub: the commonplace pre-War Dublin of the book is as unreal to me, as a 21st century Californian, as any invented city; and the threads of Irish literature glimmering through At Swim-Two-Birds are indecipherable to anyone who hasn't already sought them out. (Unless, perhaps, you grew up in Ireland. )For example, early in the book, characters "borrowed" from another "author"--a writer of westerns--go cattle rustling cattle in Dublin. If you know that one of the earliest works of Irish literature is the Táin Bó Cúailnge, or "Cattle Raid of Cooley" you realize this is more than absurdist humor; but how many readers have heard of it?A counterpoint between high and low fun runs through the text:"The mind may be impaired by alcohol, I mused, but withal it may be pleasantly impaired. Personal experience appeared to me to be the only satisfactory means to the resolution of my doubts. Knowing it was my first one, I quietly fingered the butt of my glass before I raised it. Lightly I subjected myself to an inward interrogation... Who are my future cronies, where our mad carousals? What neat repast shall feast us light and choice of Attic taste with wine whence we may rise to hear the lute well touched or artful voice warble immortal notes or Tuscan air? What mad pursuit? What pipes and timbrels? What wild ecstasy?Here's to your health, said Kelly.Good luck, I said. . . . You can't beat a good pint."Much of the text is dialogue. The going is a little tough, because it lacks quotation marks. This has never bothered me before, but to be cont'd
  • (4/5)
    This has been on my shelf for a while and I only got around to it during the recent snowfall. Took me a while to get into it, as it jumps around a bit to begin with, but I'm glad I stayed with it. Absurd and inventive, funny and irreverent, it had me in stitches. Take's the mickey out of a lot of Irish mythology and folklore, and the language is at times dazzling. I'll be reading this again. A pint of plain is youur only man!
  • (4/5)
    This might have been a 4* book for me if I had been more familiar with Irish legends and culture. After a bit of a rocky start, I started enjoying this. People who like or admire James Joyce will probably like this even more than I did -- I am not a fan of Joyce's style of writing in "Ulysses" which O'Brien parodies here.
  • (3/5)
    If I knew more about Irish literature, I would probably find this book hilarious. Since I don't, I can only say that it's very "meta" (self-referential) and very literary.
  • (3/5)
    How to rate a book that I can see is a work of genius but which I found incredibly difficult? The use of words is breathtaking and some passages are hilarious, but without having read a synopsis beforehand I really would have had no idea what was going on. I'd say this is something you must read but don't necessarily enjoy, though it's worth persevering with.
  • (5/5)
    This is a writer's book. It's for those who are fascinated by the writing process and those who fear their creation or obsession could overwhelm them. Reading up on this book afterwards, I found out that most early fans were writers, but not so much the general public. Even Borges praised it in a famous essay When Fiction Lives in Fiction:"At Swim Two Birds is not only a Labyrinth: it is a discussion of the many ways to Concieve the Irish novel and a repertory of exercises in prose and verse which illustrate or parody all the styles of Ireland."This is one of those books that could have been the inspiration for movies like Inception. The unnamed author is writing a story about an author creating a mythology tale that includes devils, fairies, and other figures of Irish mythology and Legend. The main author is attending college with an occasionally drinking binge. It's a worry by his uncle that he may not complete his studies. Indeed as the story progresses more and more time is spent with the author's author's characters who defy him when he is asleep. Inciting his son to write a story about the author where the characters rebel and then try the author in court. It becomes a surreal Alice in Wonderland situation. Will these characters overwhelm it's author? Will the story overwhelm the author's studies?A very wild ride that goes deeper and deeper into the idea of writing and creating. It reminded me of If on a Winter's night as it covers this same territory of the fascination over the writing process."In reply to an inquiry, it was explained that a satisfactory novel should be a self-evident sham to which the reader could regulate at will the degree of his credulity." p. 21"Your father is dead, said Linchehaum. That has seized me with a blind agony, said Sweeny.Your mother is likewise dead. Now all the pity in me is at an end.Dead is your brother. Gaping open is my side on account of that. She has died too, your sister. A needle for the heart is an only sister.Ah, dumb dead is the little son that called you pop. Truly, said Sweeny, that is the last blow that brings a man to the ground. p. 67"When things go wrong and will not come rightThough you do the best you canWhen life looks black as the hour of nightA pint of Plain is your only man. p. 74He is a great man that never gets out of bed, he said. He spends the days and nights reading books and occasionally he writes one. He makes his characters live with him in his house. Nobody knows whether they are there at all or whether it is all imagination. A great man. p. 97
  • (4/5)
    In the recent Dalkey reissue there is a nice intro from William Gass about O'Brien and the book. The book itself was a good read once I brought my expectations back to a reasonable level. It contains a wealth of decent to fine pastiche of Irish lit in addition to its structural shenanigans. Representative quote:The passage, however, served to provoke a number of discussions with my friends and acquaintances on the subject of aestho-psycho-eugenics and the general chaos which would result if all authors were disposed to seduce their female characters and bring into being, as a result, offspring of the quasi-illusory type. It was asked why Trellis did not require the expectant mother to make a violent end of herself and the trouble she was causing by the means of drinking a bottle of disinfectant fluid usually to be found in bathrooms. The answer I gave was that the author was paying less and less attention to his literary work and was spending entire days and nights in the unremitting practice of his sleep. This explanation, I am glad to say, gave instant satisfaction and was represented as ingenious by at least one of the inquirers concerned.
  • (4/5)
    I cannot write a review of a book this bizarre, other than to say that it is brilliantly creative.
  • (4/5)
    Not really my kind of read but not a bad read.
  • (5/5)
    ""Forget bloody James Joyce. This is THE Irish writer.""
  • (4/5)
    One thing this book reminded me of was writing a rag called "The Cuckoo's Nest" when I was in grad school in the 70ies. It was a dittoed paper distributed throughout the English Department and the goal was riffing on "academic style". I wrote abstracts for fake papers, agenda for academic conferences, riffs on footnotes. It was very popular for awhile and I wasted a lot of time at it. (I don't have anything left so maybe it wasn't as funny as I thought.)I'm not saying of course that I really had a masterpiece going, but I felt that spirit behind At Swim Two Birds. The narrator is a student who drinks and parties too much and spends endless time in his room so that his conventional uncle—with whom he lives—assumes he’s wasting time. He begins by telling us that the rules of fiction—one beginning and one ending, for example—make no sense. He insists that no new characters are needed; that writers should use existing characters—which he does, importing, for example, two cowboys from the American West into his Irish story. Well not so much into his story but into the story of the writer, Trellis ,he writes about. And at the end of the novel, the characters take Trellis to court for cruel and inhuman treatment.I suppose there’s a sense in which this book—which is difficult to follow and defeats many readers not willing to follow where it leads—as John Updike says to “drunken banter, journalese, pulp fiction and Celtic myth”—is a novelist’s novel, or at least one primarily of interest to those who study/care about the novel as form. That may account for the fact that although it’s been touted as a work of genius since it was published in 1939, it’s not read much, except in university courses in the novel—which is where I first encountered it 40 years ago.O’Brien’s—his real name was Brian O’Nolan and he also wrote a long-standing column in The Irish Times under the name Myles na gCopaleen—immediate predecessor is of course Joyce. One friend of mine, in fact, calls this novel "Joyce Lite", i.e., likely to prime readers for reading Ulysses and maybe even Finnegans Wake. Nothing illustrates O’Brien’s writing genius like when he gets hooked on a tale or a topic and runs away with it—until the reader collapses in laughter—innocuous subjects like tea and tobacco (which I remember from near the end). Usually totally out of the context of the story or only tangential, but an individual opportunity for cleverness and humor. Even just lists as when he "characterizes" Furriskey, Lamont and Shanaghan by systematically going through a list of qualities using a word or phrase for each character. Starts out informative and ends up hilarious. Head: brachysephalic; bullet; prognathicVision: tendencies toward myopia; wall-eye; nyctalopiaConfiguration of nose: roman, snub; mastoidUnimportant physical afflictions: palpebral ptosis, indigestion; German itchThe descriptions of Finn McCool in the beginning are like that—the descriptions go way beyond "describing" and into the area of the kind of humor that results from building up of detail upon detail—all that circumference of his body parts—“the neck to him was as the bole of a great oak, knotted and seized together with muscle humps and carbuncles of tangled sinew, the better for good feasting and contending with the bards. His chest to him was wider than the poles of a good chariot, coming now out, now in, and pastured from chin to navel with meadows of black man-hair and meated with layers of fine man-meat the better to hide his bones and fashion the semblance of his twin bubs.” And so forth, longer and cleverer than you’d think any man could extend the comparisons.All this would be tedious were it not so outrageous in the detail and so well written. The details are carefully chosen (no matter how random they seem) and if you read it aloud, the sentences are beautiful. There's a blurb by Updike about O'Brien on the back of my book: "Like Beckett, O'Brien...has the gift of the perfect sentence, the art, which they both learned from Joyce, of turning plain language into a lyric pitch."It also reminds me a little bit of Basil Fawlty when he goes off on one of his very funny tangents. In fact the humor of Monty Python works on a principal which Flann O'Brien uses again and again in this book. It's not so much the subject of Fawlty's raves that provides the humor, but (1) the sheer accumulation of ridiculous detail and (2) his ability to deliver the long speech fast and furiously with physical movements to enhance the humor--the acting equivalent of a perfect sentence. The title, by the way, comes from the literal translation of an Irish place name.
  • (3/5)
    Reading Flann O'Brien always makes me feel I am on the edge – on the edge of understanding, on the edge of sanity, on the edge of enjoying myself. That is, O'Brien's dizzying approach to "story" and the associated images is far enough out there that I am not always sure I have been invited on the correct trip.But I have always found the voyage (whether I was really invited or not) bizarre and strange, and there has not been a trip I did not enjoy.At Swim-Two-Birds comes as close to leaving me at the station as any of O'Brien's work. In fact, I'm not sure that, this time, I made it for the actual ride.Plots are somewhat superfluous to what O'Brien is doing with his writing (not to mention confusing if not just down right unintelligible), but here is what's going on this time. The narrator is attempting to go to school as he writes his novel. However, it is obvious that laying about, drinking, and living off his uncle are much more important than school. In spite of this somewhat suspect focus in life, his novel is making progress (as is his school work.) The novel itself is about a novelist who is writing a novel. However, this second novelists creations are coming to life, fighting him and trying to take over. (Or are there three different stories being written by the narrator that, as they come to life, intertwine? I'm not sure I ever got this straight. But I'm also not sure it is that important.) Absurdity mounts as the characters begin to take umbrage at the gentleman who is writing their lives (one of the characters in the novel – not the narrator himself), so they drug him and begin to take control of their own lives. One of the characters, to provide retribution against the author in the story, becomes an author himself and writes about his creator's trial and death.Did I mention that describing an O'Brien plot is an exercise in frustration? Suffice to say that absurdity is piled on absurdity.Such adventures can be fun. And O'Brien has numerous examples of his success at writing this way. Unfortunately, this time I felt as if I wasn't allowed in on the joke as strongly. In particular it seemed some of the exposition went on too long. And, in a very rare response for this type of writing, I got to the end and wondered what it was all for. There is entertainment to be had in this book. And O'Brien's writing is as absurd as ever. But the final product just doesn't have the resonance of other efforts I have read to date.
  • (5/5)
    Don't be scared off by the fact that O'Brien's name gets tossed around with Beckett and Joyce, and definitely don't be scared off by the word "metafiction", because this book is hilarious and hard to put down. O'Brien takes the piss out of all manner of Irish blarney, yet by the end you love the whole Irish thing all the more.

    Highly recommended.
  • (4/5)
    Claimed by its author to have been so detested by Hitler that he started World War II just to sabotage its sales, this 1939 novel is about a guy writing a novel about a guy writing a novel. Unexpectedly, the characters from the innermost story, yearning for freedom, rebel against their author by trapping him in a novel of their own. This is not always an easy read, but there is no matching Flann O'Brien's witty and subversive imagination.