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La energía del amor: y los mensajes akáshicos de los  Mayas, Quechuas y Mapuches

La energía del amor: y los mensajes akáshicos de los Mayas, Quechuas y Mapuches

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La energía del amor: y los mensajes akáshicos de los Mayas, Quechuas y Mapuches

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5/5 (1 clasificación)
Longitud:
155 página
2 horas
Editorial:
Publicado:
Jun 12, 2020
ISBN:
9789566039433
Formato:
Libro

Descripción

Este libro es una invitación a desdoblarse con la fuerza de gravedad de la Fuente original, esa energía del amor universal que también se encuentra en el corazón de todas las personas. El autor se introduce en la desintegración de los paradigmas que rigen la existencia en el siglo XXI, con el objetivo de analizar la manera en que esta crisis propicia la unión del ser humano con la energía cuántica del universo y la inmortalidad del espíritu.

Las cosmovisiones humanistas y espirituales de las culturas amerindias, maya, azteca, mapuche e inca, entre otras, son rescatadas para proponer un regreso a la conexión con la madre tierra y la Fuente energética del cosmos. El reconocimiento del mensaje enviado por estas culturas y del poder energético que irradian hacia el planeta y el universo, son la clave del cambio de frecuencia que está experimentando el planeta. Esta es la búsqueda personal propuesta en el libro.
Editorial:
Publicado:
Jun 12, 2020
ISBN:
9789566039433
Formato:
Libro

Sobre el autor


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La energía del amor - Ricardo Morales Cordero

naturaleza.

Capítulo I. La energía del amor

El amor y el origen

El gran poeta chileno Gonzalo Rojas intentó definir el amor en su poema ¿Qué se ama cuando se ama?, del poemario Contra la muerte. Es una definición misteriosa y de naturaleza energética, sagrada y perturbadora al mismo tiempo:

¿Qué se ama cuando se ama, mi Dios: la luz terrible de la vida

o la luz de la muerte? ¿Qué se busca, qué se halla, qué

es eso: amor? ¿Quién es? ¿La mujer con su hondura, sus rosas, sus volcanes, 

o este sol colorado que es mi sangre furiosa

cuando entro en ella hasta las últimas raíces?

¿O todo es un gran juego, Dios mío, y no hay mujer

ni hay hombre sino un solo cuerpo: el tuyo,

repartido en estrellas de hermosura, en particular fugaces

de eternidad visible?

Me muero en esto, oh, Dios, en esta guerra

de ir y venir entre ellas por las calles, de no poder amar

trescientas a la vez, porque estoy condenado siempre a una,

a esa una, a esa única que me diste en el viejo paraíso.

Diversos canalizadores de mensajes de seres ascendidos, de extraterrestres y de la energía de la naturaleza, además de terapeutas, han propuesto teorías interpretativas en las que el hombre y la mujer provienen de una Fuente original, donde alguna vez todos los seres de luz convivieron en un mismo vientre. Tras un largo embarazo, la Fuente concibió a los seres de luz en un parto cósmico y etéreo; de esta forma, se esparcieron como esporas por los confines del universo y llegaron hasta las zonas más periféricas del cosmos. 

A raíz de este proceso, los seres de energía luminosa se convirtieron en organismos de materia mineral. En este momento, las semillas estelares atraviesan una fase de regreso a la Fuente en distintos niveles de espacio-tiempo y ascensión, como parte del eterno proceso de contracción y expansión del universo.

Utilizaré un relato metafórico para explicar por qué se afirma que los seres humanos son pequeños soles, pequeños dioses, semillas estelares o hijos de la Fuente original: imagina el planeta Tierra hace cinco mil millones de años, era una gigantesca bola de fuego similar al astro rey de la galaxia, el Sol, y permanentemente ocurrían explosiones de plasma. En ese momento, el planeta era un todo energético, sus partículas fluían libres en diversas direcciones y se entremezclaban entre sí. A esta bola de fuego la llamaré Fuente original, todo lo creado posteriormente surgió de ahí. En el aspecto religioso, es posible llamar Dios a esta bola de energía primigenia.

Después de millones de años, el planeta comenzó a enfriarse y la energía se transformó en materia y continuó contrayéndose hasta llegar a un estado mineral. Posteriormente, reinició un proceso de expansión hacia un estado energético. Durante esta última expansión, el planeta y la vida en él evolucionó desde un estado mineral al vegetal, luego al animal y, en esta fase, al humano, hasta llegar a ti, a mí, a nosotros. 

En cada cambio de estado se incorporaron más habilidades: el estado vegetal ganó mayor flexibilidad que el mineral, los animales incorporaron la capacidad de movilizarse por vastas distancias, los homínidos desarrollaron el conocimiento para cultivar sus alimentos; el proceso continuó hasta que, en la actualidad, el ser humano posee conciencia individual, social y empática. Sin embargo, la evolución no ha culminado, en el futuro se sumarán habilidades más elevadas, vinculadas con la mente y la conexión con la Fuente por medio del desarrollo de la glándula pineal.

Cada ser humano es hijo de esa bola gigantesca de energía, en el código genético están inscritas las distintas etapas de evolución, desde la etapa mineral hasta llegar a la conciencia alcanzada hoy. Este pasado mineral, vegetal, animal, reptil, marino, etc., trae consigo una herencia llena transformación, adaptación, sufrimiento, carencias, evolución y exaltación. 

Desde la antigüedad del origen en aquella esfera incandescente, quedan en los espíritus huellas de esa génesis solar, el ser humano es hijo, heredero de ese Inti, Antu, Sol, Dios, Fuente o energía primera. Siendo cien por ciento energía, tú y yo somos inmortales. La energía siempre estuvo, está y estará, es parte del todo, no se acaba o elimina, solo se trasforma. Por tanto, el hombre es un ser de transformación, se encuentra en permanente modificación de sí mismo y de su entorno. La única constante en la existencia es el cambio. 

Cinco mil millones de años atrás, el ser humano era un solo manto de lava en erupción, pero hoy cada persona está desconectada de las demás, aunque intuye y busca la unidad perdida.

Esta descripción lógica y materialista que utilicé para explicar la existencia eterna, transformadora y energética de la Tierra, puede ampliarse para describir el nacimiento del universo y el resto de los planetas. En el universo o multiverso, es necesario colocarse en un plano infinito, ya que la Tierra se originó como producto de la subdivisión de explosiones antecesoras de otras galaxias. Por esta razón, es posible afirmar que el ser humano proviene de esta primera explosión, ahora sí denominada Fuente original. El hombre no solo es polvo de estrellas, también es una semilla estelar que, en proceso de contracción y expansión, viaja de regreso a la unidad con el objetivo de convertirse otra vez en conciencia unificada, es decir, volver a ser parte de Dios. 

El amor y la unidad 

El amor es la manifestación principal de la existencia del alma, se siente como un apretón en el corazón o una corriente de aire en la boca del estómago. Para una especie multidimensional como la humana, la existencia de las cosas materiales se comprueba a través de los sentidos, y el alma se siente a través del amor.

El amor es como una madeja de partículas en estado de ondas que rodea, atraviesa y recorre cada centímetro del cuerpo, desde los órganos hasta el torrente sanguíneo. Esta medusa invisible está compuesta por átomos de luz que permiten la fusión con las madejas de otras personas, pero al no ser conscientes de ellas, esta fusión genera sorpresas, como enamoramientos repentinos o descontrolados. Lo mismo ocurre cuando se evita a ciertas personas o nace el deseo de alejarse de algunos grupos o espacios. 

La amistad tiene su génesis en el amor. Cuando dos amigos se reúnen, aunque no hablen, cada uno se siente feliz de estar junto al otro. Esto ocurre porque ambos dejan de estar solos y se acercan más al todo o la unidad, que son la misma cosa. Compartir entre dos convierte a cada individuo en más que uno; por un momento, eres tú más la otra persona; al estar con dos amigos, eres tú más dos y te conviertes en tres, generando mayor cercanía con la unida. Ahí radica la sensación gratificante de acudir a un bar con mucha concurrencia, aunque nadie va de mesa en mesa presentándose y conociendo a todos, igual se produce una conexión a través de la energía del amor que emana de cada alma allí presente. Así ocurre la fusión con los demás, se forma parte de todos durante esa noche y eso es suficiente para regresar feliz a casa. Esta es la razón de encontrar a seres solitarios en las barras de los bares y pubs, están ahí para empaparse del todo. 

De igual forma, en la actualidad es posible observar a dos jóvenes en un parque, pero cada uno aislado en su smartphone. Aunque da la impresión de que no se están comunicando, están juntos a nivel energético y disfrutan la presencia del otro. No necesitan conversar, sus átomos están en contacto y sus electrones se entremezclan; incluso sin intentarlo, podrían ser capaces de conectar sus conciencias.

Otro ejemplo de conexión grupal se experimenta en un estadio de fútbol. Presenciar un partido de la selección de tu país puede provocar una sensación de unidad muy poderosa, donde se alternan llantos, expresiones de asombro y perturbaciones anímicas a raudales. Los asistentes pasan a formar parte del todo, tú y decenas de miles de hinchas son uno solo, esa conexión es difícil de conseguir en ambientes individuales. Es posible fusionarse con el todo a través de los cantos, se llega al clímax cuando el equipo anota un gol. En algún momento, se genera una sinfonía, una coreografía o, dicho de una forma cósmica, los hinchas se transforman en un cometa, tanto en fuerza, belleza y trayectoria. Finalmente, si se produce una victoria o la derrota, se amplifica la alegría o el

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Reseñas

Lo que piensa la gente sobre La energía del amor

5.0
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Reseñas de lectores

  • (5/5)
    Desconectar la conciencia de la mente y reconectarla al corazón es la invitación del libro