Disfruta de este título ahora mismo, y de millones más, con una prueba gratuita

A solo $9.99/mes después de la prueba. Puedes cancelar cuando quieras.

Luna Celta

Luna Celta

Leer la vista previa

Luna Celta

valoraciones:
5/5 (1 clasificación)
Longitud:
265 página
4 horas
Publicado:
Jun 12, 2020
ISBN:
9788417037918
Formato:
Libro

Descripción

Cuando la pequeña Caissy descubre el sendero de la luna, comprende que dedicará toda su vida a la antigua tradición. De la mano de Maia, la sacerdotisa de la comuna, y las cuatro ancianas, guardianas de los elementos, el aprendizaje de Caissy será una espiral de autoconocimiento que le dará las herramientas necesarias para entender el lenguaje del espíritu. La autora nos conduce a través de sus memorias de vidas pasadas en una fascinante historia paralela donde el presente y el pasado se entrelazan con sutileza y misterio, dejando entrever cómo el viaje del alma es un proceso de aprendizaje continuo que permite que nuestra consciencia evolucione. Esta historia nos desafía a sanarnos retomando tradiciones antiguas, a romper la ataduras de las creencias que nos limitan y a entender que somos el viaje del alma.
Publicado:
Jun 12, 2020
ISBN:
9788417037918
Formato:
Libro

Sobre el autor

Luna Gwyllt, nacida el 2 de agosto de 1983 en Buenos Aires (Argentina). Escritora, terapeuta de diversas disciplinas holísticas, facilitadora de círculos de mujeres, apasionada investigadora y alquimista. Creadora del movimiento mundial «Círculo sagrado de lobas», dedicado a difundir saberes que impulsen un cambio de consciencia en la humanidad y nos reconecten con la voz del alma.


Relacionado con Luna Celta

Libros relacionados

Artículos relacionados

Vista previa del libro

Luna Celta - Luna Gwyllt

Prólogo

En el condado de Crook, Irlanda, donde las verdes colinas se pierden en el horizonte y los frondosos bosques guardan misticismo, leyendas y secretos; mi querida madre me dio a luz. Era el siglo V a.C. por lo que no hubo bautismos, ni invitados, ni enfermeras. Me trajo al mundo de cuclillas, en la tierra, como cualquier animal salvaje. El sol cálido me dio la bienvenida y el aroma fresco de la tierra húmeda me perfumó el cuerpo. El arrullo primero que calmó mi llanto, fue un arroyo, que pasaba a unos pocos metros de donde nací. La amorosa tierra absorbió la sangre del parto y un ciervo comió la placenta, por lo que una parte mía vivió en él para siempre. No sólo estaba unida a esa valiente mujer que me había gestado en su útero nueve lunas, estaba enraizándome con la magia de todo el bosque.

Mi nombre fue Cassidi, en honor a mi cabello rojizo y ondulado, pero todos me llamaban Caissy. Fui una sacerdotisa de la luna, instruida por Maia y por cuatro sabias en el antiguo Sendero de la Luna. Esta es mi historia o quizás es la historia del alma y de como su viaje por las distintas encarnaciones nos convierte en quienes somos en este preciso momento.

Introducción

Hace muchas vidas, cuando las mujeres éramos reconocidas en la sociedad por nuestra sabiduría y capacidad sanadora, nos sentábamos en grandes círculos cada luna llena para hablar sobre los problemas de nuestras comunidades. Intercambiábamos plantas y saberes, todos eran nuestros hijos y todas eran nuestras hermanas.

Por aquel entonces, reconocíamos una energía femenina que nos guiaba, una gran madre; la podíamos ver materializada en la luna o en la tierra. Nos referíamos a ella como «La Diosa» el principio femenino y nutricio. También reconocíamos la fuerza masculina, la energía del sol y la acción, ambas sagradas por igual.

Nosotras solíamos llamarnos hijas de la luna. Siempre guiadas por sus ciclos, celebrábamos rituales con danzas y ofrendas.

Durante el día salíamos juntas a recorrer los campos cercanos que utilizábamos para abastecernos, algunas nos destinábamos a recolectar plantas y otras a sembrarlas.

Dentro de la comunidad había cantoras, mujeres medicina, cocineras, tejedoras, cuenteras, ceramistas, bailarinas, pintoras, también estaban «Las Sabias» que podían acceder al mundo del espíritu y «Las soñadoras», que podían mandar mensajes a través de sueños.

Toda nuestra existencia tenía un propósito sagrado y nosotros vivíamos conscientes de ello.

Todavía recuerdo los aromas de las hierbas secándose en la cocina de los hogares, colgadas del techo en pequeños ramilletes. Recuerdo a las mujeres de mi familia sentadas frente al fuego en una noche fría, con un tazón de sopa en la mano, contando historias que escucharon de sus abuelas.

Hace muchas vidas, cuando supimos que todo ese conocimiento se iba a adormecer, que venían tiempos de cambio y oscuridad, nos comprometimos a recordar, nos programamos biológicamente a despertar cuando el peligro hubiera pasado.

Capítulo 1

La Sabia del Fuego

Que la chispa divina que late en tu corazón, se vuelva fuego enceguecedor, alquímico y vital. Que fluya en tu sangre la fuerza ardiente del impulso y te rescate de una vida insípida y sin propósito.

Capítulo 1

Crook, Irlanda Siglo V a.c

Los rayos de sol empezaban a entibiar aquella fría mañana, como si el invierno finalmente se despidiera para darle paso a la dulce y tan esperada primavera. El pan recién hecho perfumaba la casa y podía escuchar a mi madre llamándome desde la cocina, para que me levante de la cama. El fuego crepitaba en el aire y un cálido tono anaranjado iluminaba la sombría cocina de piedra.

Mi madre hacía el pan más rico de la comunidad. Siempre se despertaba antes que asomen los primeros rayos de sol y empezaba a amasar, mientras todos estábamos aun profundamente dormidos. A veces, si era temporada, colocaba moras y miel en unos bollitos de pan y los separaba para nuestro desayuno. Cada mañana, luego de desayunar, acompañaba a mi madre a cambiar el pan por huevos, gallinas, tela o cualquier cosa que nos hiciera falta.

Aquella mañana era particularmente fría, mis pies tibios se frotaban debajo de las pieles para mantenerme caliente.

Mientras permanecía acurrucada en la cama intentaba recordar lo que había soñado…podía ver que me encontraba en un tupido bosque, rodeada de árboles tan altos que sus extremos se perdían en el azul del cielo, aunque era de día, el bosque estaba sumido en las sombras. En la distancia se distinguía un claro; allí la gramilla crecía como si perteneciera a otro paisaje, a una pradera quizás. El verde matiz acolchado, se enaltecía con pequeñas flores amarillas. Una luz entre blanca y azul añil, iluminaba el lugar.

No pude evitar preguntarme de dónde provenía ¿Qué o quién la emanaba? Luego de forzar mi mirada para encontrar formas entre la luminiscencia, pude distinguir una enorme figura blanquecina de un ciervo. Era bellísimo, imponente y sin embargo encantadoramente frágil. Sus intensos ojos color ámbar, destellaban en la oscuridad un brillo y un misticismo asombrosos, mantuve mi mirada como si quisiera entrar a él a través de sus ojos, me sentí levemente hipnotizada; entonces una profunda voz resonó en mi mente —«Soy el guardián de la naturaleza, el equilibrio y la compasión…»

—«Toc» «toc»— El sonido de alguien golpeando en la entrada interrumpió mis recuerdos de aquel misterioso encuentro. Mi madre se dirigió a abrir la pesada puerta de roble, enmarcada con enormes herrajes de hierro y la madera rechinó, como si quisiera anticipar su mágica llegada.

De estatura más bien baja, los pliegues en su rostro delataban que había vivido muchas más lunas de las que yo pudiese contar. Sin embargo, algo en ella la volvía eterna, como si no estuviese sometida a los límites cruentos del tiempo. Una mirada vivaz café oscuro con destellos dorados y cabello color plata. De su cintura colgaba una bolsa hecha con cuero, donde posiblemente guardaba yuyos o quizás algún amuleto. Era una de las ancianas más reconocidas de la comunidad, le decíamos «La sabia del fuego».

En nuestra comunidad había cuatro sabias y una sacerdotisa. Cada una de las cuatro ancianas representaba un elemento de la naturaleza y Maia, la sacerdotisa, representaba el espíritu. También había ancianos sabios, pertenecían a la orden de los Druidas, pero no vivían entre nosotros, se adentraban en las profundidades del bosque y aparecían en algunas ceremonias, rituales o juicios de la comunidad.

La sabia del fuego venía a pedirle permiso a mi madre para llevarme al bosque con ella.

—Buenos días Briona ¿puede venir Caissy conmigo? Es un día importante para todos los niños.—Dijo la anciana.

—Buenos días abuela, por supuesto, ya debe estar despierta. Por favor, póngase cómoda mientras voy a buscarla. –Respondió con dulzura mi madre, mientras acomodaba una manta sobre el viejo banco de Roble, procurando que los huesos de la anciana estuviesen más a gusto.

Una vez al mes, las ancianas de nuestra comuna, llevaban a los niños a aprender sobre plantas curativas y plantas venenosas, animales de poder, como interpretar los sueños, las estrellas, las lunas, a leer las runas y otros misterios del espíritu. Las ancianas hablaban con los árboles, los pájaros, el viento y todo lo que estuviese vivo, es decir todo cuanto existía.

Los árboles, las montañas, las rocas, los ríos eran considerados guardianes; grandes y sabios espíritus que observaban pacientes a todas las especies. Habían conocido nuestra historia desde los orígenes más remotos y hablado con nuestros ancestros. Por eso eran consultados por druidas, sacerdotisas y sabias.

—¿Qué haces levantada Caissy? —Dijo con asombro mi madre, volteando la cabeza hacia mí.

Unos rulos cobrizos sobre el rostro, un zapato en el pie y otro en la mano, con una larga falda torcida que se estaba cayendo. Esa era yo.

—Escuché a la anciana! —Respondí —Hola abuela, ahora voy! Ya casi estoy vestida!— Dije apresurada mientras me subía la pollera con la mano que me quedaba libre.

Mi madre comenzó a guardar los pequeños pedazos de pan dulce en una tela de lino blanco, para que pudiésemos llevarlo con nosotras.

—Ven aquí Caissy— Dijo en un tono complaciente, me sentó en sus rodillas, tomó el zapato de mi mano y lo colocó en mi pie descalzo; luego comenzó a hacerme una trenza.

—Ahhh —suspiró— Tu cabello es el reflejo de tu personalidad mi querida niña.— Miró a la anciana y ambas sonrieron con complicidad.

Estaba feliz de que la Sabia del fuego estuviese allí. Era una de las más ágiles y divertidas. Cada anciana tenía una forma de ser muy diferente del resto.

La sabia del agua, era una mujer dulce, sensible, definitivamente la más cariñosa de las cuatro. Su cabello plateado caía a modo de lluvia hasta su cintura. Unos profundos ojos celestes y una amplia sonrisa. Tenía sus manos cubiertas de símbolos sagrados, decía que profesaba el arte de dar y recibir a través de ellas y que los símbolos mantenían este flujo en equilibrio. En su cuello una trenza blanca hecha con las crines de su yegua, sostenían una piedra celeste a la altura de su corazón.

La anciana de la Tierra por su parte, era de pocas palabras, protectora si y muy generosa, pero no era afectuosa o divertida; se comunicaba mejor con los animales, plantas y enormes rocas del bosque. Era la encargada de controlar la economía de la comunidad; cada mes distribuía nuestras cosechas. A pesar de su edad, su cabello enrulado se mantenía color café oscuro, excepto por una mecha blanca que caía con gracia sobre su rostro. Sus ojos verdes tenían la impronta del bosque, ancestral, noble, imponente. Llevaba consigo un saco de tela en el que recolectaba plantas medicinales y un collar hecho de huesos, piedras y colmillos, por lo que los niños la llamaban «huesera». Era quizás la más seria, excepto cuando en las ceremonias resonaban los tambores; de pronto su rostro era el de una niña y parecía convertirse en el corazón de la comunidad. Resonaba, danzaba y cantaba al son de los repiqueteos del tambor, parecía tener un vínculo especial con ellos.

La anciana del viento en cambio, siempre era divertida, parecía más joven que las demás y tenía una canción, un sonido y una danza para todo. Su pelo suelto y plateado, caía ondeado a lo largo de su espalda, algunas pequeñas plumas colgaban de él. Las utilizaba para mantener libres y elevados sus pensamientos, para ver la vida como lo hace un pájaro y poder volar con el alma por la noche. También colgaban plumas de sus ropajes. Podíamos oír su música cuando estaba caminando por el bosque y cuando nos perdíamos, su sonido guiaba a cada uno de regreso a su hogar, aunque ella no estuviese allí, su voz era parte del bosque. Era la encargada de esparcir las semillas en primavera, junto con las demás mujeres Viento de la comunidad.

Pero la anciana del fuego, era diferente, había algo en su mirada, medio pícara, algo en su forma de hablar que hacía que luego de un rato de estar con ella, uno se convirtiese en alguien más, alguien que vivía oculto en el misterio de nuestra mente, una fuerza avasallante que transformaba todo lo que no era, en lo que es.

Mientras caminábamos por el bosque, íbamos comiendo algunos de los panes. La anciana caminaba tranquila y yo aprovechaba, entre bocado y bocado a hacerle preguntas.

—Abuela ¿los sueños son reales? –articulé, mientras tragaba un pedacito de untuoso pan en mi boca.

—Hay muchas realidades Caissy, no una sola. —Respondió la Sabia.

—Pero si hay muchas realidades ¿Yo dónde vivo?

—Vives en todas ellas.

En cada respuesta me sentía como si intentara contar estrellas, siempre en algún momento me perdía y tenía que volver a empezar.

—Entonces vivo en mi sueño y vivo aquí…dije en voz alta, intentando corroborar la información— Pero en mis sueños veo cosas que aquí no puedo ver— ¿Soy mejor en mis sueños? —Inquirí con cierta preocupación.

—Sigues siendo tú, no puedes ser mejor o peor. Tus sueños son una de tus realidades, a veces ves cosas que aquí no puedes ver y es porque a veces ves cosas que aquí no existen, porque es otra realidad y sin embargo ambas forman el mundo. En tus sueños usas otros ojos para ver.

La anciana se detuvo, apoyó su mentón sobre el bastón que traía siempre consigo y me miró, esperando que continúe con mis preguntas.

—Pero abuela! —Repliqué inconforme.— Si estoy en los sueños y estoy aquí… ¿entonces me falta una parte o soy muchas?

La anciana comenzó a reír a carcajadas y hasta los pájaros dejaron de cantar al oírla.

—Imagina que tu corazón se pone a hablar con tu hígado y le hace esa pregunta niña!

—Tu corazón es una realidad y tu hígado es otra, ninguno es mejor y ninguno está incompleto, pero entre ellos y otras realidades forman algo mayor, una realidad más grande y compleja que es tu cuerpo entero. Tú eres completa aquí y en tus sueños, pero ambas siguen siendo partes de algo más grande aún, ambas pertenecen al cuerpo del gran espíritu.

Esas pequeñas realidades coexisten y se interrelacionan, porque se necesitan. ¿Me sigues? Preguntó expectante la Sabia

—Creo que sí.—Respondí algo insegura—

—No me escuches con tu mente Caissy, allí todavía eres una niña. Escucha con tu corazón.

Seguimos caminando en silencio, mientras trataba de entender lo que la sabia había dicho acerca de realidades y sueños.

La anciana respiró profundo y se detuvo de nuevo, se arrodilló en la tierra sosteniéndose del bastón, lo dejó a un lado y apoyó ambas manos en el suelo, bajó su frente y besó la tierra. Luego me arrojó una de esas miradas pícaras que solía poner y aún de rodillas en el suelo, a gusto como si fuera una niña, me dijo.

—Sé que tuviste un sueño extraño anoche. Los animales de los sueños son animales de poder. Algunas personas también los ven estando despiertas, aparecen como una silueta de humo que se pierde entre las sombras. Los animales de poder cuidan nuestro espíritu y le aportan su energía. Es importante conocerlos para saber con qué propósito estamos caminando en este momento en la tierra. Si uno camina con el propósito de la liebre puede ir muy rápido, pero debe conocer su corazón frágil. La liebre es temerosa y debe saber que si alguien camina con el propósito del lobo, será su enemigo y también su maestro, porque representa la muerte.

Cuando uno conoce su animal de poder, sabe cuándo debe guardar silencio y cuando debe luchar. El animal de poder acompaña al espíritu por siempre, pero también puede cambiar a lo largo de la vida.

Como ya estábamos llegando al claro del bosque en el que nos reuníamos con los demás niños, me apresuré a preguntarle cómo podía conocer a mi animal de poder, estaba convencida de ser un León, salvaje y temible, con enormes dientes y afiladas garras, casi podía sentir mis rugidos y mi aliento caliente.

La anciana respondió— Eso es muy fácil Caissy, es lo contrario de lo que estás pensando ahora—Dijo esbozando una sonrisa burlona, como si leyera mi mente— Lo que imaginamos es lo que deseamos ser y si lo deseamos, es porque no lo somos. Cuando aprendemos la sabiduría que habita en lo que somos, dejamos de desear ser algo más y sólo entonces cambiamos de animal de poder.

Por lo tanto pequeña si te crees gato, eres pájaro o ratón.

Capítulo 2

Fragmentos de memoria

¿Quién eres? ¿En verdad crees que sabes la respuesta a una pregunta tan simple? Sin embargo, sabes sólo lo que recuerdas y eres mucho más que tu recuerdo, tanto que has tenido raíces y alas en un tiempo sin tiempo.

Capítulo 2

Buenos Aires, Argentina. Actualidad

Cuando era pequeña, tenía fragmentos de memoria que se fusionaban en mi mente y cada uno de ellos era igual de real, lo que los volvía aún más confusos. Tenía sueños en inglés que podía entender a la perfección, aunque mi idioma nativo fuese el español. También entendía el lenguaje del cielo. Cada noche, apenas terminaba de cenar, subía corriendo las escaleras que llevaban a la azotea y me pasaba horas mirando las estrellas. Les hablaba como quien habla con un amigo o un hermano. Recuerdo también que solía decirle a mi madre que éste no era mi hogar, que era mi casa, pero que mi verdadero hogar estaba en el cielo. ..Mi madre se había divorciado cuando yo tenía seis años y como muchas mujeres divorciadas, hacía malabares para trabajar, ser mamá y tratar de volver a juntar los pedazos de un corazón roto. Por ese entonces, la «New Age» estaba de

Has llegado al final de esta vista previa. ¡Regístrate para leer más!
Página 1 de 1

Reseñas

Lo que piensa la gente sobre Luna Celta

5.0
1 valoraciones / 0 Reseñas
¿Qué te pareció?
Calificación: 0 de 5 estrellas

Reseñas de lectores