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Del Sueño al destino: Diez pruebas que debe pasar para que se cumpla el propósito de Dios en su vida
Del Sueño al destino: Diez pruebas que debe pasar para que se cumpla el propósito de Dios en su vida
Del Sueño al destino: Diez pruebas que debe pasar para que se cumpla el propósito de Dios en su vida
Libro electrónico277 páginas4 horas

Del Sueño al destino: Diez pruebas que debe pasar para que se cumpla el propósito de Dios en su vida

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¿Pareciera que sus sueños están fuera de su alcance?

Si usted tiene un sueño, entonces tiene un destino.  En su nuevo e inspirador libro, Del sueño al destino, Robert Morris le anima a hacerse esta pregunta: ¿Cómo voy del sueño al destino, y qué sucede en el recorrido?

Dios nos dio un sueño a cada uno de nosotros:  es la noción que acelera el latir de nuestro corazón al solo pensar en ella.  Desafortunadamente, la mayoría de las personas nunca ven su sueño hecho realidad, así que nunca cumplen con el destino que Dios les tiene reservado.  Robert Morris les dice a los lectores cómo convertir su sueño en la realidad que anhelan.  Usando el ejemplo de José en el Antiguo Testamento, el pastor Robert muestra cómo Dios le dio a José un sueño y, luego, lo llevó rápidamente a través de diez pruebas para construir su carácter; eso duró 13 años.  Estas pruebas evaluaron las fortalezas y las debilidades de José, desde el orgullo hasta la pureza, y son las mismas pruebas que cada uno de nosotros tiene que aprobar antes de que Dios nos permita realizar nuestro sueño.

Encuentre cuáles son estas pruebas y si las está aprobando o reprobando.  Prepárese para empezar a cumplir el destino que Dios tiene reservado para usted.

IdiomaEspañol
Fecha de lanzamiento6 oct 2015
ISBN9781629983882
Del Sueño al destino: Diez pruebas que debe pasar para que se cumpla el propósito de Dios en su vida
Autor

Robert Morris

ROBERT MORRIS is the founding senior pastor of Gateway Church, a multicampus church in the Dallas-Fort Worth Metroplex. He is featured on the weekly television program The Blessed Life and is the bestselling author of twelve books, including The Blessed Life, From Dream to Destiny, The God I Never Knew, and The Blessed Church. Robert and his wife, Debbie, have been married thirty-five years and are blessed with one married daughter, two married sons, and six grandchildren. Follow Robert on Twitter @PsRobertMorris.  

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    Del Sueño al destino - Robert Morris

    leyendo.

    CAPÍTULO UNO

    LA PRUEBA DEL ORGULLO

    Era un domingo por la mañana y las cosas empezaban a aquietarse en el centro de oración del ministerio de James Robison. Los voluntarios de teléfonos estaban terminando su turno de las cinco de la mañana y se dirigían a la iglesia. Las únicas dos personas que quedábamos para atender los teléfonos éramos Terry Redman, un buen amigo y quien, además, resulta ser el yerno de James Robison, y yo.

    Fue una interesante serie de eventos la que me guio al centro de oración ese día. Aunque todavía estaba a principios de mi década de los veinte, ya llevaba varios años de estar involucrado en el ministerio de manera pública. Las cosas pasaron con mucha rapidez después de haber rendido mi vida a Jesucristo a los 19 años. Solamente diez meses después de haber sido salvo, conocí a James Robison y él me pidió que empezara a viajar con él, hablando a los jóvenes en las asambleas de los estudiantes del bachillerato. Así que no tenía siquiera un año de haber sido cristiano y ya había empezado a viajar y a predicar el evangelio. Algo muy estimulante para alguien tan joven (¡y aún más joven en el Señor!).

    Aunque empecé hablando en escuelas públicas, no pasó mucho tiempo antes de que estuviera predicando en cruzadas. Con el tiempo, James fue muy amable en darme un título: evangelista asociado. ¡Guau! Tenía solamente 20 años de edad, pero debido a mi asociación con James, ya estaba involucrado en televisión, predicando a grandes públicos y hasta tenía un título para probar que yo era ¡un auténtico evangelista!

    Me parecía que el favor de Dios estaba en todo lo que yo tocaba. ¡Qué gran destino me esperaba! ¿Qué podría detenerme ahora?

    Al ver en retrospectiva, está claro que un enemigo llamado orgullo empezó a aparecer en mi vida. Lentamente, sigilosamente, los pensamientos de orgullo empezaron a instalarse en mi mente, pensamientos que no podían coexistir con una reverencia apropiada para un Dios santo.

    Para cuando tenía 25 años, me había acostumbrado demasiado a escuchar a la gente decirme cuán dotado era yo. Empecé a prestarle atención a esas alabanzas. Peor aún, empezaba a esperarlas. La gente me decía: Eres tan talentoso, ¡puedes hacer cualquier cosa!. Y con toda la sabiduría de mis 25 años, empecé a creerles. Empecé a pensar: Vaya, soy alguien. ¡Tengo éxito!

    Muy dentro de mí, sabía que era orgulloso, pero no sabía qué hacer acerca de eso. Mientras más crecía el orgullo, más parecía estorbarme en mi camino. De manera que empecé a orar por eso, pidiéndole ayuda a Dios. Dije: Dios, sé que tengo orgullo. Sé que mi inseguridad me hace vulnerable a ello. Necesito ser libre de esto, pero ¡no sé qué hacer!.

    Un día, mientras hacía esta oración, le pregunté al Señor: ¿Qué puedo hacer acerca de esto? ¿Hay algo que yo pueda hacer para tratar con el orgullo en mi vida?.

    Su respuesta no me emocionó, precisamente. Sentí que Él me decía: Bueno, aquí va una idea. Puedes salirte del ministerio y buscar un trabajo regular.

    Supongo que mi respuesta tampoco le emocionó a Él, exactamente. Yo dije: "Sí, esa es una idea, Señor. Es una mala idea, pero es una idea".

    Hablando en serio, mi lado religioso no podía imaginarse que fuera la voluntad de Dios para mí que yo dejara el ministerio; (después de todo, ¡Él me estaba usando poderosamente!). Aunque lo intenté como pude, no logré deshacerme de ese pensamiento. Se fue haciendo más y más fuerte hasta que el Señor orquestó las circunstancias para que saliera del ministerio. Finalmente, hice lo que el Señor me había sugerido: salí del ministerio y empecé a buscar un empleo.

    ¡Pero no pude encontrar uno!

    Rápidamente descubrí que yo no era tan valioso como había asumido. Piénselo. Cuando uno ha sido un evangelista, ¿qué pone en la lista de habilidades en una solicitud de empleo? ¿Fuerte capacidad para predicar? ¿Hace excelentes llamados al altar? ¿Excelente interpretación bíblica? Desde un punto de vista práctico, uno, sencillamente, no tiene muchas cualificaciones para un empleo regular.

    Después de mucho buscar, finalmente encontré un trabajo como guardia de seguridad en un hotel de mediana categoría. Ese fue el único trabajo que pude encontrar. Ahora, usted debe recordar que la gente me había dicho que yo tenía mucho talento y que podía hacer cualquier cosa. Sin embargo, no me tomó mucho tiempo aprender que eso no era cierto. Aprendí que sin la bendición de Dios, usted no puede hacer cualquier cosa. Es solamente la bendición de Dios la que hace que tengamos éxito verdadero. Y así fue como aprendí una lección muy importante, una lección que nunca habría aprendido sin haber salido del ministerio primero.

    Después de un mes de trabajar en las noches como guardia de seguridad en el hotel sentía que había dado grandes zancadas hacia la humildad. Decidí que, quizás, estaba listo para regresar al ministerio. De manera que visité el ministerio de James Robison a ver si tenían alguna plaza vacante. Me alegró descubrir que ellos necesitaban un supervisor matutino en su centro de oración, de las cinco de la mañana a las dos de la tarde. Eso definitivamente sonaba mejor que el horario nocturno que había estado trabajando en el hotel. Así que tomé el trabajo.

    Mantenga presente que yo había sido un evangelista asociado allí. Ahora estaba de regreso en el ministerio, pero trabajando como un encargado de oración, y Dios continuaba haciendo Su obra para matar el orgullo en mi corazón.

    Como dije, en esa mañana en particular, solamente Terry y yo quedábamos en el salón y yo estaba ocupado en el teléfono, hablando con una mujer que había llamado para pedir oración. Antes de colgar, ella me dijo: Su voz me suena familiar. Así que empecé a contarle exactamente quién era yo. Oh, tal vez me reconoce por las cruzadas, le dije. Yo soy un evangelista asociado aquí en el ministerio y solía viajar y predicar en las cruzadas.

    El salón parecía extrañamente quieto cuando colgué el teléfono. Mi buen amigo, Terry, se volteó hacia mí y noté que había descolgado su teléfono.

    ¿Te puedo hablar un minuto?, preguntó.

    Robert dijo, amablemente. Estoy muy contento por lo que haces ahora. Me doy cuenta que mucha gente no estaría dispuesta a hacer lo que tú haces, y estoy muy feliz de ver que estás dejando que Dios obre en esta área de tu vida. Sin embargo, quiero preguntarte algo. ¿Por qué le dijiste a esa señora que eras un evangelista asociado? Tú ya no lo eres, y lo sabes. Tú sabes qué eres, eres un encargado de oración.

    Poniéndome a la defensiva, dije: "Bueno, yo solía ser un evangelista asociado y, simplemente, pensé que ella podía ser bendecida al saberlo". ¡Bendecirla! Mis palabras parecían huecas y forzadas, incluso para mí.

    Realmente no estaba muy seguro de por qué le había dicho eso a ella, así que le pregunté a Terry. "Cuando estás con alguien en el teléfono, ¿alguna vez les dices que tú eres el yerno de James Robison?

    No.

    ¿No crees que sería de bendición para alguien que llame saber que tuvieron la oportunidad de orar con el yerno de James Robison?.

    Terry soltó un profundo suspiro. Bueno, respondió, "si ellos fueran bendecidos por eso, entonces estarían siendo bendecidos por la razón incorrecta".

    Nunca olvidaré las palabras que dijo después.

    Robert, yo te aprecio, pero vas a tener que llegar al punto donde tengas tu identidad en Cristo y no en lo que haces o en quien eres.

    Las palabras que Terry pronunció ese día traspasaron mi corazón. Aun así, Dios tomó esas palabras y empezó a usarlas en mi vida. De hecho, Él continúa usándolas hasta el día de hoy.

    Mire, aunque no lo sabía en ese momento, yo estaba en las primeras etapas de la jornada hacia mi destino en Dios. Dios me había dado un vistazo de cómo quería usarme y del destino que Él tenía en mente para mí. Pero, ahora, yo estaba en medio de una prueba importante, y tenía que pasar esa prueba antes de poder avanzar a la siguiente fase en el camino a mi destino.

    Me da tanto gusto que Dios no nos reprueba en ninguna de nuestras pruebas. Si lo hiciera, con seguridad me hubiera dado la calificación de cero en las páginas de mi vida ¡muchas veces! No, cada vez que fallamos, Él dulcemente escribe rehacer, y nos permite seguir tomando la prueba hasta que la pasamos. ¿Por qué? Porque es solamente cuando pasamos la prueba que podemos entrar al destino que Él tiene planeado para nosotros.

    En ese punto, todavía no había aprendido que un gran destino conlleva grandes responsabilidades; responsabilidades que requieren un carácter fuerte. Es fácil emocionarse acerca de los planes de Dios, sin tener idea alguna acerca de la fortaleza que necesitaremos para llevarlos a cabo. Pero Él sabe. Él sabe todo acerca de nosotros. Él conoce los sueños que tiene para nosotros y lo que será necesario para hacer la obra. Y Él quiere que estemos completamente equipados.

    Épocas de prueba

    Puede ser que amemos a Dios, y hasta puede ser que tengamos grandes sueños en nuestros corazones que Él mismo haya colocado allí. Todo eso es maravilloso. Pero sin el carácter de Dios en nosotros, no llegaríamos muy lejos. Primera Corintios 10:13 dice que Dios nunca nos permitirá que seamos tentados más allá de lo que [nosotros podamos] soportar; (en otras palabras, ¡Él no permitirá que nos metamos en una situación que no tengamos la fuerza para manejarla!). Por eso Él nos permite atravesar pruebas en el camino del sueño al destino, pruebas que nos preparan para tener éxito cuando lleguemos allí.

    Yo no era el primer joven que se encontraba aparentemente desviado de un sueño dado por Dios. Hace miles de años, un joven llamado José también recibió un sueño de parte de Dios. Y no pasó mucho tiempo antes de que él también se encontrara en medio de una prueba inesperada, una prueba que probablemente no parecía alinearse del todo con el sueño que Dios le había dado.

    Esa prueba era solamente el inicio de una larga temporada de pruebas para José. De hecho, él experimentó diez pruebas distintas camino a su destino. Pero después de haber pasado esas pruebas, él entró en el glorioso cumplimiento del sueño de Dios. Andar en la plenitud de ese sueño no solamente fue una gran bendición para José, sino también para cientos de miles de personas que vinieron después de él.

    Yo creo que cada uno de nosotros encontrará esas mismas diez pruebas en el camino a nuestro sueño, a nuestro destino. Y, al igual que José, tendremos que pasar estas pruebas para ver el sueño cumplido.

    La prueba del orgullo: revelar el orgullo interior

    De manera muy interesante, la primera prueba de José fue la misma que yo estaba enfrentando, cuando era joven, aquel día en el centro de oración. Es la que llamo la prueba del orgullo, y es una muy importante. José la experimentó. Yo la experimenté. Y estoy convencido que cada uno de nosotros tendrá que pasar esta prueba antes de que podamos avanzar de nuestro sueño a nuestro destino.

    Génesis 37 describe cómo José recibió primero el sueño de Dios y cómo lo manejó cuando el sueño llegó.

    José, cuando tenía diecisiete años, apacentaba el rebaño con sus hermanos; el joven estaba con los hijos de Bilha y con los hijos de Zilpa, mujeres de su padre. Y José trajo a su padre malos informes sobre ellos. Y amaba Israel a José más que a todos sus hijos, porque era para él el hijo de su vejez; y le hizo una túnica de muchos colores. Y vieron sus hermanos que su padre lo amaba más que a todos sus hermanos; por eso lo odiaban y no podían hablarle amistosamente.

    Y José tuvo un sueño y cuando lo contó a sus hermanos, ellos lo odiaron aún más. Y él les dijo: Os ruego que escuchéis este sueño que he tenido. He aquí, estábamos atando gavillas en medio del campo, y he aquí que mi gavilla se levantó y se puso derecha, y entonces vuestras gavillas se ponían alrededor y se inclinaban hacia mi gavilla. Y sus hermanos le dijeron: ¿Acaso reinarás sobre nosotros? ¿O acaso te enseñorearás sobre nosotros? Y lo odiaron aún más por causa de sus sueños y de sus palabras. Tuvo aún otro sueño, y lo contó a sus hermanos, diciendo: He aquí, he tenido aún otro sueño; y he aquí, el sol, la luna y once estrellas se inclinaban ante mí. Y él lo contó a su padre y a sus hermanos; y su padre lo reprendió, y le dijo: ¿Qué es este sueño que has tenido? ¿Acaso yo, tu madre y tus hermanos vendremos a inclinarnos hasta el suelo ante ti? Y sus hermanos le tenían envidia, pero su padre reflexionaba sobre lo dicho (Génesis 37:2–11).

    Antes que nada, tenemos que maravillarnos ante el hecho de que José haya compartido su sueño tan entusiasmadamente con sus hermanos mayores, especialmente cuando la Biblia nos dice que sus hermanos ya lo odiaban y no podían hablarle amistosamente, (Génesis 37:4). Creo que no es de sorprendernos que su respuesta haya sido menos que entusiasta. Aun así, José estaba muy emocionado acerca del sueño que Dios le había dado. Independientemente de las consecuencias, ¡él, sencillamente, tenía que informarles a todos acerca de ello!

    Poco sabía de lo que le aguardaba entre él y su sueño: A pesar de que José tenía 17 años cuando recibió su sueño de parte de Dios, no fue sino hasta que tuvo 30 años que él empezó a cumplirlo (vea Génesis 41:46). Así que podemos ver que pasaron 13 largos años antes de que José empezara a dar los primeros pasos en su destino. ¿Qué podría explicar la brecha de tan largo tiempo entre el sueño y su cumplimiento?

    Después de todo, parecía obvio por el sueño, que José estaba destinado a tener mucho poder e influencia. Sin duda sus hermanos sentían envidia después de escuchar el sueño, aunque se hayan burlado del sueño en su cara. El padre de José tampoco descartó el sueño por completo. La Biblia dice que su padre lo reprendió acerca de ello, pero luego él reflexionaba sobre lo dicho (Génesis 37:11).

    Sin embargo, había una prueba en el horizonte para José. Algo estaba obstaculizando el avance de José hacia el destino que Dios le había mostrado. Y José estaba a punto de tener una oportunidad para enfrentar ese obstáculo y tratar con él. La razón para esa prueba era, en realidad, muy simple: José tenía orgullo en su corazón.

    Es importante notar que José tenía orgullo en su corazón antes de que él hubiera recibido el sueño de parte de Dios. La Biblia dice que José apacentaba el rebaño con sus hermanos, y que él trajo a su padre un mal reporte de ellos (Génesis 37:2). No importa de qué se trataba el mal reporte. Tal vez los hermanos de José no eran exactamente perfectos, y sin duda ellos podrían haber merecido alguna corrección. Pero este versículo revela que José pensó de sí mismo como alguien calificado para hacer ese tipo de juicio acerca de ellos. Él hasta se hizo cargo de ver que ellos fueran corregidos, aunque ellos eran mayores y más experimentados. Cada vez que hacemos un juicio en el comportamiento de los demás, eso revela una actitud orgullosa de nuestra parte. Y parece que José tenía una actitud orgullosa.

    Dios sabía que José era orgulloso; aun así, Él le dio un sueño. Sin duda, el destino de José es evidencia del principio bíblico que nos asegura que: Los dones y el llamado de Dios son irrevocables. Dios tenía en mente un gran destino para José, y Él sabía que la actitud orgullosa tenía que irse si José iba a tener éxito.

    Usted se preguntará por qué Dios le daría un sueño tan grande a un hombre tan joven, especialmente cuando Él sabía que José ya tenía orgullo en su corazón. ¿Por qué no esperar hasta que él fuera un poco mayor, un poco más sabio, un poco más humilde quizás? La respuesta es verdaderamente muy sencilla. Dios había planeado que José entrara en el sueño a la edad de 30 años, y Él sabía que eso nunca sucedería hasta que José tratara con ese orgullo. Así que Dios permitió que José viera el gran sueño a los 17 años de edad, de manera que el orgullo en su corazón fuera expuesto y resuelto.

    José falló la primera prueba; sí, pero Dios sabía que él fallaría. Recuerde, aunque fallemos, en realidad nunca reprobaremos la prueba con Dios, sencillamente continuamos tomándola, una y otra vez, hasta que la superamos. Al darle el sueño a José, Dios estaba ayudándolo a tomar los primeros pasos necesarios hacia su destino. ¿Cómo? Revelando el orgullo en su corazón y permitiendo que José empezara a trabajar en pasar la prueba.

    Dios tiene grandes sueños para todos nosotros, y Él va a perseverar en Su búsqueda de deshacerse de cualquier cosa que se interponga en el camino.

    Cada uno de nosotros trata con el orgullo, y cada uno de nosotros tiene que pasar la prueba del orgullo algún día. Tal vez tengamos que disminuir más y más antes de que finalmente la pasemos; pero Dios se hará cargo de que pasemos esa prueba de alguna manera. Nunca olvide la verdad de la promesa que se encuentra en Filipenses 1:6: . . . estando convencido precisamente de esto: que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús.

    Dios tiene grandes sueños para todos nosotros, así como los tuvo para José, y Él va a perseverar en Su búsqueda de deshacerse de cualquier cosa que se interponga en el camino.

    Es probable que Dios le haya dado a usted un gran sueño y le haya revelado un destino grande que Él ha planeado para usted. Pero si se vuelve orgulloso acerca de eso, no podrá entrar a ese destino. Recuerde, si no puede manejar el sueño, jamás será capaz de manejar el destino. Y Dios no permitirá que usted sea tentado más allá de sus fuerzas.

    Así que, si parece que usted está atorado entre su sueño y su destino, permita que Dios trabaje en su corazón. Él puede haberle dado un gran sueño ahora con el propósito de revelar un asunto que ya estaba allí, de manera que usted pueda tratar con eso y seguir adelante. Él quiere llevarle al lugar donde Él pueda guiarle a su destino.

    Luchar con el orgullo

    No debería sorprendernos que el orgullo sea, a menudo, la primera y más frecuente prueba que enfrentamos. Después de todo, el orgullo es el pecado original principal. Es el pecado que hizo que Lucifer cayera (Isaías 14:12–13). Y fue una atracción al pecado lo que Satanás usó para tentar a Adán y a Eva para que cayeran también (vea Génesis 3:5). Obviamente, el orgullo y la caída están ligados estrechamente, (vea Proverbios 16:18).

    Si somos honestos, admitiremos haber tenido que tratar con el orgullo en una u otra ocasión. Aun cuando ya hayamos pasado la prueba del orgullo varias veces, probablemente continuaremos tomando esta prueba mientras vivamos, solo que en niveles diferentes. Es un poco parecido a un tema fundamental en la escuela, como las matemáticas. Posiblemente la hayamos pasado en el tercer grado, pero necesitamos pasarla nuevamente en el cuarto grado. Una vez la hayamos pasado en el cuarto grado, necesitamos pasarla en el quinto grado, y así sucesivamente.

    La buena noticia es que cada vez que pasemos una prueba con Dios, recibiremos un nuevo nivel de responsabilidad en Su reino. Pero con cada nuevo nivel de responsabilidad, enfrentaremos un nuevo nivel de prueba en el área del orgullo.

    El problema está en su lengua

    La siguiente es una guía sencilla para todo el que quiera pasar la prueba del orgullo: Cuando usted reciba el sueño, ¡no presuma acerca de ello! José cometió ese error cuando les contó a sus hermanos sus sueños. Las Escrituras dicen que sus hermanos lo odiaban "por causa de sus sueños y de sus palabras" (Génesis 37:8, énfasis añadido). No eran solamente los sueños de José lo que ofendía a sus hermanos, era la manera en que él hablaba de ellos, la forma en que él hablaba de sí mismo. En otras palabras, José estaba presumiendo.

    Ahora, presumir es una señal de inmadurez, pero debemos tener un poquito de paciencia con él en esto. Después de todo, él tenía solamente 17 años. Pero los que tienen 17 años no son los únicos que presumen. Desafortunadamente, muchos de los que tienen 35, 50 y 60, también presumen. Parece que toda persona es susceptible de alardear y autopromoverse, al igual que toda persona es susceptible de tener orgullo e inseguridad.

    Si queremos avanzar hacia nuestro destino, tenemos que aprender a controlar nuestra lengua. ¿Por qué? Porque en la Biblia, Santiago nos dice que quien puede controlar su lengua es una persona perfecta (vea Santiago 3:2), capaz de controlar el resto de su cuerpo también. Así que si usted quiere tratar con el orgullo en su vida, va a tener que controlar su lengua. Si usted no puede controlar sus palabras, nunca va a alcanzar el destino que Dios tiene para usted.

    Esto no se aplica solamente a las palabras vanidosas. También se aplica a las palabras de ira, crítica o cualquier otra palabra que sea contraria a las palabras y la voluntad de Dios. ¡Pero el área de la presunción es ciertamente un buen lugar donde empezar! Así que no presuma acerca del llamado de Dios en su vida. No presuma acerca de los dones que tiene. No presuma acerca de las cosas que ha hecho para Dios o las cosas que va a hacer para Él.

    He notado que tan pronto como empezamos a hablar acerca de lo que Dios ha hecho por medio

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