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Immanuel Wallerstein: Crítica del sistema-mundo capitalista

Immanuel Wallerstein: Crítica del sistema-mundo capitalista

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Immanuel Wallerstein: Crítica del sistema-mundo capitalista

Longitud:
553 páginas
10 horas
Editorial:
Publicado:
20 jun 2020
ISBN:
9786074452617
Formato:
Libro

Descripción

Singular libro-entrevista, compuesto de dos partes, persigue un doble objetivo: el de servir como introducción a las principales tesis y contribuciones esenciales desarrolladas, en el último cuarto de siglo, por la creativa perspectiva teórica y analítica del “análisis de los sistemas-mundo”, y el de permitir un acercamiento directo a las ideas y a
Editorial:
Publicado:
20 jun 2020
ISBN:
9786074452617
Formato:
Libro

Sobre el autor

El doctor Carlos Antonio Aguirre Rojas es un distinguido investigador, comprometido con las ciencias sociales, y dotado de un pensamiento crítico y sensible; es reconocido por sus investigaciones sobre Teoría de la historia, Historia de la historiografía, Teoría de los movimientos sociales contemporáneos, así como acerca de los Estudios latinoamericanos. Con una labor reflexiva de más de 36 años sobre las corrientes históricas principales en “el largo siglo XX historiográfico”, y sobre los movimientos antisistémicos en México, América Latina y el mundo, su trabajo crítico lo ha llevado a ser un referente de las ciencias sociales a nivel mundial en el estudio de la teoría y la metodología de la historia y del pensamiento antisistémico.


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Immanuel Wallerstein - Carlos Antonio Aguirre Rojas

CARLOS ANTONIO AGUIRRE ROJAS

Estudio y Entrevista


Immanuel Wallerstein:

Crítica del sistema-mundo capitalista

Primera edición: 2003

ISBN: 978-968-411-559-0

Edición digital: 2013

eISBN: 978-607-445-261-7

DR © 2013, Ediciones Era, S. A. de C. V.

Calle del Trabajo 31, 14269 México, D. F.

Ninguna parte de esta publicación incluido el diseño de portada, puede ser reproducido, almacenado o transmitido en manera alguna ni por ningún medio, sin el previo permiso por escrito del editor. Todos los derechos reservados.

This book may not be reproduced, in whole or in part, in any form, without written permission from the publishers

www.edicionesera.com.mx

Índice

Sobre el origen de este libro

Primera sección

Una perspectiva global del análisis de los sistemas-mundo, Carlos Antonio Aguirre Rojas

Orígenes de un itinerario intelectual

Los efectos de la revolución cultural de 1968

Las influencias de Marx y Braudel

La construcción del análisis de los sistemas-mundo

El capitalismo como siste ma-mundo capitalista

El esquema de centro, semiperiferia, periferia y arenas exteriores

Tendencias, dinámicas y ciclos del sistema-mundo capitalista

Explicar y periodizar los fenómenos del largo si glo XX

La caracterización de la Revolución rusa y de la URSS

1945/1968-1973: el periodo de la hegemonía fuerte de Estados Unidos

Nuevas izquierdas y nuevos movimientos sociales anticapitalistas posteriores a las revoluciones de 1968

El diagnóstico sobre el mundo contemporáneo (1968-2002) y la crítica de los conceptos de globalización y de mundialización

La decadencia hegemónica de los Estados Unidos

Las periferias frente a la crisis terminal del capitalismo

La crisis final de la ideología liberal

La crisis final del capitalismo desde la larga duración

La crisis del Estado como entidad de larga duración

La crisis de la política y de lo político modernos

Impensar las estructuras del conocimiento de la modernidad

Los orígenes de la ciencia moderna

El modelo newtoniano-baconiano de la ciencia moderna y su crítica actual

La construcción liberal de las modernas ciencias sociales

Periodizar la historia de las ciencias sociales

Segunda sección

La perspectiva del análisis sistemas-mundo, entrevista con Immanuel Wallerstein

I. Esbozo biográfico-intelectual

II. Discutir la historia del sistema-mundo capitalista

III. La historia del siglo XX, la historia inmediata y el futuro del sistema-mundo capitalista

IV. Hacia la reorganización total de las ciencias sociales actuales

Apéndice 1. Tres comentarios de Immanuel Wallerstein sobre la historia reciente de México

La bomba de tiempo mexicana

Las elecciones mexicanas: ¿una victoria para qué?

Marcos, Mandela y Gandhi

Apéndice 2. Para seguir leyendo a Immanuel Wallerstein en español

Bibliografía de los trabajos de Immanuel Wallerstein publicados en español (hasta mayo de 2002)

Sobre el origen de este libro

La larga entrevista que el lector tiene en sus manos, y que fue realizada al profesor Immanuel Wallerstein en noviembre y diciembre de 1999, constituyó una parte importante de las actividades que, como investigador asociado invitado en el Centro Fernand Braudel de la Universidad Estatal de Nueva York en Binghamton, desarrollé durante esas mismas fechas de finales de 1999. Dicha entrevista había sido planeada y proyectada originalmente durante una agradable cena que, en abril de 1998, tuvimos en París Wallerstein, su esposa Beatriz y yo. En aquel entonces, le propuse la idea a Immanuel Wallerstein, quien de inmediato la acogió muy favorablemente. Acordamos que yo elaboraría un cuestionario inicial que le enviaría con antelación, y que más adelante sería la base para la realización de la entrevista.

Algunos meses más adelante le envié dicho cuestionario, acordando que la entrevista se llevaría a cabo durante mi estancia de trabajo en el Centro Fernand Braudel, la que entonces estaba ya proyectada para realizarse en el año de 1999. Acordamos que esa estancia se haría en el segundo semestre de 1999, en virtud de que, desde hace más de quince años, el profesor Wallerstein tiene un sistema de doble residencia, trabajando el primer semestre del año en Europa, casi siempre en París, y el segundo en Estados Unidos, en la Universidad Estatal de Nueva York en Binghamton. El Centro Fernand Braudel, que desde 1976 es dirigido por Immanuel Wallerstein, constituye un lugar excepcional de encuentros académicos, de debate teórico y epistemológico de cuestiones de actualidad, y de trabajo intelectual serio y comprometido en general. Ya que durante todo el año llegan a él investigadores, profesores y estudiantes de prácticamente todo el mundo, interesados tanto en la profundización y mayor conocimiento de la perspectiva del world-systems analysis, como también en los temas centrales que constituyen los ejes del trabajo cotidiano del Centro.

Durante ese segundo semestre de 1999 Immanuel Wallerstein estaba impartiendo su último curso en la Universidad de Binghamton, en virtud de que había aceptado integrarse como profesor invitado en la prestigiosa Universidad de Yale, en donde trabaja desde el año 2000 y hasta la fecha. Sin embargo, no ha abandonado la dirección del Centro Fernand Braudel, aunque ahora es apoyado en esta tarea por un director asociado que es el profesor William G. Martin. Durante el tiempo de mi estancia y de esta entrevista, he podido asistir a algunas de esas clases finales de Wallerstein en Binghamton, volviendo a descubrir ese mecanismo pedagógico que utilizaba con sus estudiantes, al lanzarles varias agudas preguntas, totalmente intencionadas, sobre el texto de apoyo que debía ser discutido en cada sesión. Entonces, y tratando de contrastar como punto de partida de su argumentación las diferencias de las respuestas dadas por los estudiantes, el profesor Wallerstein se adentraba de lleno en los problemas centrales del texto en debate, reconstruyendo frente a su auditorio su propia interpretación de dichos temas, y tratando como colofón de rescatar la parte de verdad o legítima que tenía cada uno de esos diferentes puntos de vista expresados por sus estudiantes, de los que había partido.

El tema de este último seminario de Wallerstein impartido en Binghamton ha sido el del análisis de las estructuras del conocimiento. Recuerdo que en una de las sesiones el libro que debía discutirse era El fin de las certidumbres de Ilya Prigogine, un libro fundamental en los debates sobre la situación actual y las perspectivas futuras de estas mismas estructuras del conocimiento hoy todavía vigentes, aunque totalmente en crisis. Además, vale la pena subrayar el hecho de que la clara mayoría de los estudiantes que asistían a este seminario eran extranjeros, estudiantes no estadounidenses que cursaban sus estudios de doctorado en sociología en Suny Binghamton. Y no es difícil imaginar el estimulante e interesante resultado intelectual que ha podido producirse al combinar este texto fundamental del debate sobre el estatuto de las ciencias contemporáneas, con los horizontes intelectuales tan diversos del grupo de alrededor de quince estudiantes de doctorado que asistían a ese seminario, y con la experiencia pedagógica y el punto de vista del profesor Immanuel Wallerstein.

Al mismo tiempo, Wallerstein participaba en todas las reuniones, y a veces coordinaba los trabajos, de tres nuevos seminarios de investigación que entonces estaba comenzando a organizar el Centro Fernand Braudel, seminarios de también entre diez y quince miembros, abocados al estudio de varias de las líneas de pesquisa que, desde hace varios lustros, impulsa este mismo Centro Fernand Braudel. En ellos, sólo por mencionar un ejemplo entre otros posibles, podía uno verse de pronto involucrado en una interesante discusión en la que un etíope, una belga, un habitante de Costa de Marfil y dos estadounidenses discutían acerca de los ciclos y las tendencias de los movimientos antisistémicos de los últimos dos siglos con un hindú, una italiana, un estadounidense y un paquistaní, además de un mexicano y un alemán que, sin pertenecer al grupo regular de trabajo, estaban allí invitados por un breve tiempo.

Así, en medio de todas estas actividades de docencia, de investigación y debate académico fue realizada la entrevista que ahora presentamos en este libro. La misma se desarrolló durante varias sesiones de trabajo que se organizaron tanto en las instalaciones del Centro Fernand Braudel de la Universidad Estatal de Nueva York en Binghamton, como en la propia casa de Wallerstein en la misma ciudad. En esta última, y durante un fin de semana, pudimos concluir la grabación de las preguntas y respuestas finales del cuestionario, junto a las que iban surgiendo en el curso mismo de nuestro intercambio, en medio de conversaciones que versaban lo mismo sobre el árbol que Fernand Braudel plantó en el jardín delantero de la casa, durante su visita de mayo de 1977 en ocasión del Coloquio Inaugural del Centro Fernand Braudel, que de comentarios expectantes de Beatriz, Immanuel y míos respecto de las consecuencias generales de las recientes protestas y manifestaciones populares realizadas en Seattle durante esas mismas fechas.

A pesar del incesante trabajo que habitualmente despliega el profesor Wallerstein, la entrevista se desarrolló siempre en un ambiente relajado, y dentro de una atmósfera particularmente cordial. Aún recuerdo cómo Wallerstein se entusiasmaba con varias de las cuestiones que le iba planteando, concentrándose de manera particular cuando llegábamos a un tema en especial difícil o controvertido. Entonces, era obvio que para tratar de ser lo más claro posible movilizaba todos sus argumentos vinculados a cada uno de esos puntos, tratando de ejemplificar al respecto e insistiendo sobre las diversas conexiones de ese problema con las líneas generales de su perspectiva. Y lo mismo recuerdo las bromas que hacíamos cuando, en torno de alguna caracterización de la situación de México o de América Latina, era obvia mi posición mucho más escéptica que la suya respecto de tal o cual evaluación singular.

El resultado de esta entrevista, que para nosotros ha sido un agradable ejercicio de intercambio académico de puntos de vista, con la clara intención de profundizar y de hacer más explícitas las perspectivas del análisis de los sistemas-mundo descubiertas y promovidas por Immanuel Wallerstein, será juzgado por los propios lectores. Pero vale la pena subrayar que, de una manera muy consciente, el sentido de este libro, incluida tanto su larga introducción como el conjunto de la entrevista y de los anexos que lo conforman, es también el de continuar animando el debate más contemporáneo en torno de los temas centrales que aquí se abordan, y que comprenden lo mismo la historia que la situación más actual de la moderna civilización capitalista hoy en crisis, junto a los esfuerzos por entender y caracterizar el siglo XX histórico que hemos vivido y que tal vez aún estamos viviendo, o por diagnosticar de manera crítica la situación actual de las ciencias sociales más contemporáneas.

Por un acuerdo mutuo, la entrevista fue originalmente realizada en francés, idioma que Immanuel Wallerstein domina por completo y que utiliza con mucha frecuencia, por ejemplo durante los seis meses del año que reside en Europa. Así, aunque Wallerstein habla también el español sin dificultad, lo usa con menos frecuencia que el francés. En cambio, para mí resultaba mucho más sencillo acometer la ulterior traducción de la entrevista al español desde el francés que desde el inglés, una lengua que también yo utilizo mucho menos que la lengua de Molière. De este modo, si alguien pudiera tener interés en conocer la versión original de esta entrevista debe saber que los cassettes originales de la misma, en francés, pueden eventualmente ser consultados en los archivos del mismo Centro Fernand Braudel, con el permiso correspondiente.

Al mismo tiempo, vale la pena señalar que durante esta estancia académica tuve acceso tanto a los diversos archivos del Centro Fernand Braudel, que incluyen lo mismo los documentos de su fundación y de su historia que los principales trabajos que allí se han elaborado, como también a los archivos académicos personales del propio Wallerstein, quien me permitió generosamente su consulta en plena libertad. Lo que entonces me hizo posible contar con un enorme material que no sólo me proporcionaba una parte importante del contexto de la producción y del trabajo intelectual en general del profesor Immanuel Wallerstein, sino que también me permitía reconstruir con más elementos cada una de las etapas y de las vicisitudes de su entero periplo intelectual. Algo que no sólo ha permitido enriquecer el diálogo que se despliega en la propia entrevista, sino que me ha aportado elementos importantes para elaborar la larga introducción que la precede.

Es pertinente subrayar el hecho de que a lo largo de todo este trabajo en los archivos referidos conté siempre con la amabilidad y con la gran eficiencia de Donna de Voist, administradora y ejecutiva excepcional del Centro Fernand Braudel. De manera incansable e inteligente, ella me orientó dentro del laberinto de los acervos que contienen estos archivos, auxiliándome para encontrar los documentos, artículos, reseñas o materiales buscados, y sugiriéndome nuevas pistas o elementos complementarios siempre útiles y atingentes. Y todo ello, dentro de un ambiente académico de gran camaradería y de frecuentes y enriquecedores intercambios intelectuales con todos los investigadores, estudiantes y colegas que, de muy distintas maneras, se encontraban entonces asociados al trabajo cotidiano de este importante y avanzado Centro.

Cabe notar que después de realizar personalmente la traducción de toda la entrevista al español, he enviado dicha versión castellana al profesor Immanuel Wallerstein, quien la revisó y la aprobó sugiriendo sólo algunas pequeñas correcciones de detalle relativas a imprecisiones menores sobre alguna fecha, un nombre de algún partido o el modo de transcribir al español alguna lengua africana.

Por último, es oportuno señalar al lector que la entrevista a Immanuel Wallerstein va precedida de una larga introducción, cuyo objetivo es proporcionar un marco general que permita ubicar mejor, y con más elementos, las respuestas del profesor Wallerstein. Se trata de un esfuerzo de construcción de una verdadera síntesis panorámica del conjunto de su obra y de sus aportes intelectuales principales. Es decir, de una suerte de presentación general de las tesis centrales y de los modelos fundamentales desarrollados por la perspectiva del análisis de los sistemas-mundo, perspectiva que tiene en Immanuel Wallerstein, sin duda alguna, a su más importante representante y promotor. Síntesis panorámica o presentación general que, como es evidente, constituye ya mi propia interpretación y recuperación personales de dicha obra y sus aportaciones.

Agradeciendo entonces muy especialmente todo el apoyo y el trabajo del doctor Immanuel Wallerstein, que ha hecho posible la existencia de esta entrevista, lo mismo que la amable e importante colaboración de Donna de Voist, asumo, naturalmente, la responsabilidad tanto por el largo ensayo introductorio, como por el trabajo de traducción al español y por la forma final de este libro en su conjunto.

Carlos Antonio Aguirre Rojas

Primera sección

Una perspectiva global del análisis de los sistemas-mundo

Carlos Antonio Aguirre Rojas

Orígenes de un itinerario intelectual

Immanuel Wallerstein, el más importante constructor y promotor de la perspectiva teórica del análisis de los sistemas-mundo, nació el 28 de septiembre de 1930 en la ciudad de Nueva York, en Estados Unidos.¹ Es decir, inmediatamente después del enorme colapso mundial de la célebre crisis económica de 1929, que tuvo justamente su epicentro en esa misma ciudad, y pocos años antes de la decisiva segunda guerra mundial, cuyo resultado global más significativo será el de otorgar a Estados Unidos de Norteamérica el rol de potencia hegemónica dentro de la economía mundial, durante las tres décadas sucesivas que abarca el periodo de la segunda posguerra.

Y es precisamente dentro de esta nación estadounidense, que va a vencer a Alemania en la disputa por la hegemonía económica mundial, y que va a dominar en términos geopolíticos a prácticamente dos tercios del planeta entre los años 1945 y 1972-1973, que va a comenzar a educarse y a formarse Immanuel Wallerstein. Un emplazamiento entonces singular, dentro de las entrañas y en los propios vértices de esos Estados Unidos hegemónicos de la segunda posguerra, que va a permitirle a nuestro autor la observación de los fenómenos sociales que en lo sucesivo irá analizando, al mismo tiempo en una dimensión planetaria y de vastos alcances geográficos, que desde una posición que registra de inmediato los efectos múltiples que dichos fenómenos tienen respecto de la dominación, la geopolítica y la economía mundiales. Una visión claramente global de los hechos y de los procesos que más adelante irá investigando, que se hace posible, justamente, desde ese observatorio privilegiado que son los Estados Unidos del siglo XX cronológico, constituidos en estos tiempos como centro y corazón del entero sistema del mundo occidental.

Así, acompasando su propia biografía personal con el proceso de afirmación, auge y declinación de dicha hegemonía estadounidense, Wallerstein va a vivir y a conocer de cerca lo mismo la construcción del vasto consenso ideológico de la visión del sueño americano y de la glorificación planetaria del american way of life, o el feroz proceso de persecución política del macartismo, que la prepotencia militar de los Estados Unidos en todo el mundo, junto a la gestación y auge de los grandes movimientos sociales internos contra la guerra de Vietnam, contra el racismo o contra la propia política exterior imperialista estadounidense. Pero también, y después del doble quiebre cultural y económico de las crisis de 1968 y de 1972-1973 en adelante, nuestro autor va a presenciar igualmente el repliegue progresivo de Estados Unidos en el mundo, simbolizado inicialmente por su derrota histórica en la guerra de Vietnam, y reforzado más adelante por el desafío creciente del poderío económico de Europa occidental y de Japón, junto a la supervivencia soberana de Cuba, la organización de la OPEP o las pírricas victorias estadounidenses en la guerra del Golfo Pérsico o en la guerra en contra de Afganistán, entre tantas y tantas otras señales de la clara decadencia de Estados Unidos como potencia hegemónica mundial.

Fenómenos y procesos que constituirán el entorno inmediato del itinerario intelectual de Immanuel Wallerstein, y frente a los cuales él irá tomando posición sucesivamente, en un doble trabajo que a la vez que elabora y sistematiza las preguntas y las explicaciones de estos mismos fenómenos, va a ir también definiendo los perfiles de su singular cosmovisión teórica y personal.

Al mismo tiempo, y para ambientar un poco más este cuadro de las premisas de la obra general del autor de El moderno sistema-mundo y de la perspectiva del world-systems analysis, está también su origen judío, que además de dotarlo del acendrado cosmopolitismo y de la especial atención a la cultura característicos de las tradiciones intelectuales judías,² va a formarlo dentro de una familia que, habiendo emigrado desde Austria hasta los Estados Unidos, pasando por Alemania, va a cultivar una clara cultura de posiciones políticas de izquierda, común entre ciertos medios de este tipo de inmigrantes europeos de la época.

Hijo de un padre médico y de una madre artista, no es difícil imaginarse los orígenes intelectuales de la personalidad de Immanuel Wallerstein, como un estudiante que al mismo tiempo que aprende idiomas y que comienza a militar en los grupos estudiantiles de izquierda de su universidad, va a participar a la vez de modo incipiente en obras de teatro, acercándose también a los profesores liberales y de izquierda de su entorno inmediato, para formarse y dialogar intelectualmente con ellos. Y vale la pena subrayar que la universidad en la que va a estudiar Immanuel Wallerstein será precisamente la de Columbia, una universidad neoyorquina que no sólo forma parte del restringido grupo de universidades de alto nivel académico de los Estados Unidos, sino que también en ella domina, durante los años de la formación académica de nuestro autor y de su trabajo inicial como profesor en la misma, un claro ambiente de izquierda, antimacartista y ligado al pensamiento social radical estadounidense, con profesores como C. Wright Mills, Daniel Bell o Richard Hofstadter, entre otros.³

Educado entonces en sus orígenes dentro de un ambiente cultural en que el fuerte consenso ideológico dominante en Estados Unidos acerca enormemente a los pensadores liberales progresistas con los pensadores marxistas y de la izquierda en general,⁴ Wallerstein va a comenzar su itinerario intelectual dentro de esta atmósfera un poco ambigua, a la vez liberal y de izquierda, aunque ubicándose dentro de ella más hacia la franja de los pensadores socialistas.

Así, al mismo tiempo que lee a Marx y a Lenin, y toma cursos con algunos de los miembros de la Escuela de Frankfurt refugiada en Nueva York, el constructor de la perspectiva del world-systems analysis va también a leer y a admirar a Gandhi, o a cursar seminarios con Paul Tillich, a la vez que comienza a interesarse en el estudio de la situación política estadounidense en la que ha vivido, lo que lo llevará por ejemplo a definir como tema de su tesis de maestría el estudio de la cuestión de El macartismo y los conservadores, en una línea de argumentación que intenta prolongar y aplicar las lecciones de su profesor C. Wright Mills.

Ubicado de esta manera, y desde fechas tempranas, en las posiciones de izquierda de esa ambigua franja estadounidense liberal-socialista, Immanuel Wallerstein participa inicialmente en un grupo estudiantil que lucha por la instauración de un gobierno federalista mundial como salida a la polarización creada por la guerra fría, a la vez que comienza a preocuparse acerca de la conexión que podría establecerse entre ese proyecto de un gobierno mundial con las múltiples revoluciones sociales que existen entonces en Asia y en África.

Al abrir entonces, desde 1951, una clara zona de preocupaciones respecto de los problemas del llamado tercer mundo, nuestro autor va a revelarse de inmediato como un intelectual directa y conscientemente comprometido con las cuestiones más candentes y acuciantes de su tiempo. Por eso, en la tesis de maestría antes mencionada, Wallerstein no sólo va a defender la legitimidad y la necesidad de estudiar las cuestiones más actuales, las situaciones contemporáneas dentro de una perspectiva histórica, para contribuir a la solución de los problemas humanos aquí y ahora, sino que va a calificar su propio análisis del fenómeno del macartismo como un explícito ensayo de sociología histórica contemporánea.

Al tomar como objeto de estudio este tema candente de la historia inmediata recién vivida por él mismo y su generación, nuestro autor va a establecer como eje de su explicación la diferencia entre una derecha práctica y otra derecha sofisticada, diferencia que en su opinión permea y explica muchas de las actividades y de las tomas de posición del senador McCarthy, quien representando a la derecha práctica, va a oponerse y a combatir tenazmente a la derecha sofisticada, mucho más educada, intelectual y abierta a la negociación y al respeto de las libertades públicas.

Así, al mostrar la oposición de estas dos fracciones de los conservadores estadounidenses en cuanto a los asuntos de política externa, de alianzas internacionales, de política interna y de proyectos nacionales para los Estados Unidos, el autor de la perspectiva del análisis de los sistemas-mundo va a proponer toda una clave general para interpretar la historia política de los Estados Unidos de Norteamérica en los tiempos de la inmediata posguerra, caracterizando a esta época como un periodo de crisis externa, determinada por el clima imperante de la guerra fría. Y entonces, y entre los varios puntos concretos abordados desde esta clave general, Immanuel Wallerstein va también a plantearse, por ejemplo, la pregunta de por qué McCarthy no incluyó entre los grupos y objetivos de sus ataques al sector de los judíos estadounidenses, mientras que en cambio sí criticaba frontalmente a los comunistas, a la derecha sofisticada, a la Unión Soviética, a China o hasta a la propia Gran Bretaña. O también, la pregunta opuesta de cuáles son los grupos sociales y en qué proporción, que van a oponerse y a descalificar las políticas diversas de ese macartismo de los conservadores prácticos. Y en ambos casos, para responder a estas cuestiones desde ese eje articulador de dicha división de intereses y de posiciones generales entre los dos sectores de los conservadores estadounidenses.

Finalmente, en la conclusión de su estudio, nuestro autor va a preguntarse sobre el rol que juegan los Estados Unidos en el mundo de ese momento, afirmando que, puesto que es el líder del mundo occidental, juega el rol de protagonista principal de las tradiciones conservadoras también a nivel mundial, lo que explicaría entonces tanto el dominio de los conservadores dentro de los Estados Unidos, como también la importancia crucial de la división de los dos sectores del conservadurismo antes referida. Y resulta interesante releer este trabajo inicial de Immanuel Wallerstein a la luz de los sucesos recientes posteriores al 11 de septiembre de 2001, ahora que el presidente George Bush Jr. trata de instrumentar una suerte de macartismo en escala planetaria, dando de nueva cuenta expresión a esa derecha práctica más atrasada y beligerante estadounidense, y tratando de impulsar a nivel mundial un nuevo conservadurismo encabezado una vez más por la declinante potencia de los Estados Unidos de Norteamérica.

De igual modo, y para concluir su ensayo de maestría referido, nuestro autor va a señalar que dado el nivel de vida más alto de la población estadounidense, se ha desarrollado también a nivel interno un proceso paralelo de integración de la oposición dentro de los valores dominantes de la sociedad, lo que difumina y borra en extremo las diferencias entre el programa de los conservadores sofisticados y el de los propios liberales.

Al implicar además la virtual eliminación de la izquierda sofisticada y la integración de la izquierda tradicional dentro de la estructura de poder de la sociedad estadounidense, esa situación de predominio consensual del conservadurismo lo confrontó a dichos conservadores estadounidenses con el dilema de tomar posición frente a las nuevas fuerzas internacionales, así como frente a la revolución mundial de nuestra época. Y al mismo tiempo, situó a los estadounidenses frente a la elección de cuál de los dos sectores conservadores debería de ser el que, en el futuro inmediato, dominara y definiera la política estadounidense contemporánea.

Tesis de maestría que a la vez que nos muestra ya la clara preocupación de Immanuel Wallerstein por el estudio de los temas del presente, aunque desde una perspectiva siempre histórica –preocupación que se mantendrá a lo largo de todo su periplo intelectual–, nos esclarece también algunas de las claves sobre el mundo en que comienza su actividad intelectual, en una atmósfera donde el papel de la izquierda es totalmente marginal y poco definido, y en donde las fronteras ideológicas de las divisiones de la izquierda con los liberales, y de los liberales con los conservadores, se difuminan y deforman por el aplastante predominio de un consenso ideológico apoyado en la hegemonía planetaria de Estados Unidos, y en la exageración de los fantasmas de los riesgos que implicaba la llamada guerra fría de aquellos años.

Por eso, y para salir un poco de los límites de esta atmósfera, Wallerstein acudirá a la experiencia de su especialización dentro de los estudios africanos, experiencia que a la vez que le abre un puente de salida y de contacto permanente con el tercer mundo en general, y con África en particular, va a darle también las enseñanzas del extrañamiento y del descentramiento intelectuales de sus puntos de vista, a partir de la práctica constante de la comparación histórica y actual, y de la clara apertura de otras miradas y otros horizontes de análisis para los mismos problemas.

Pues es el mismo Wallerstein el que, en la introducción al tomo I de El moderno sistema-mundo, va a explicarnos que llegó al estudio de África buscando nuevas soluciones o elementos para las mismas preguntas que le había generado su análisis de la sociedad estadounidense: ¿cómo explicar el conflicto social en Estados Unidos, donde la lucha de clases está sesgada y cruzada por las luchas raciales y deformada por los relativamente más altos niveles de vida de las clases trabajadoras?, ¿y cómo explicar la construcción y reproducción de ese fuerte consenso ideológico que parece cohesionar al mundo estadounidense por encima y más allá de ese conflicto social y de clases mencionado?

Pero, del mismo modo que le ha sucedido a Marx al ir a París, o a Fernand Braudel en Argelia y luego en Brasil, también a Wallerstein va a acontecerle que esa experiencia africana va a darle mucho más que la sola respuesta a las interrogantes arriba enunciadas. Porque lentamente, pero de modo claro y persistente, esa especialización en los temas del África contemporánea, junto con las varias estancias de trabajo dentro del propio continente africano, lo van a llevar a problematizar cada vez más la relación general que existe entre los países colonizadores y los países colonizados, introduciéndolo, de manera más global, en el estudio de la esencial dialéctica de escala planetaria entre los países centrales y las zonas semiperiféricas y periféricas del globo, a la vez que en el registro y en el intento de explicación de las causas y de la mecánica específica de esas diferencias de desarrollo entre las diversas zonas del mundo. Es decir, en dos de las líneas centrales de lo que, más adelante, serán sus tesis acerca de la dinámica global del sistema-mundo capitalista y en torno de su organización tripartita en centro, semiperiferia y periferia. Lo que entonces no sólo da un fundamento teórico más sólido a sus tempranas preocupaciones respecto de los países y las zonas del llamado tercer mundo, sino que también lo encamina hacia las futuras perspectivas del análisis de los sistemas-mundo.

Pero se trata de un proceso lento y en gran medida subterráneo, que explica que durante un periodo de casi dos décadas Wallerstein sea considerado sólo como un buen especialista de los temas africanos, con tesis originales sobre la explicación de la situación general del África en los años cincuenta y sesenta, y con sólidos estudios sobre Ghana y Costa de Marfil, pero sin ningún alcance o repercusión más allá de este campo bien delimitado de especialización sociológica.¹⁰

Un lento proceso de maduración intelectual en el que Immanuel Wallerstein irá pasando desde su preocupación sobre los temas del presente africano explicados con densidad histórica, hasta su problematización general de la historia y de la situación actual y prospectiva del moderno sistema-mundo capitalista, proceso que será influido de manera determinante por los efectos colectivos, pero también individuales, de la enorme revolución cultural mundial de 1968.

Los efectos de la revolución cultural de 1968

Si ya en 1966, la lectura de la segunda edición recién publicada de El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II, de Fernand Braudel, coadyuvó en el proceso de ensanchamiento y enriquecimiento de los horizontes históricos y metodológicos de Immanuel Wallerstein, la experiencia directa y los efectos inmediatos de los movimientos de 1968 serán sin duda la palanca principal que va a permitir el tránsito definitivo de nuestro personaje, de su condición de especialista en temas africanos, a la de constructor y promotor de la novedosa perspectiva teórica del análisis de los sistemas-mundo. Y ello por múltiples vías, que vale la pena reconstruir con más detalle.

En primer lugar, y en el plano más general, en el sentido de que esa revolución mundial de 1968 ha transformado de raíz todas las estructuras generales de la reproducción cultural del conjunto de las sociedades modernas,¹¹ abriendo con ello el espacio para el florecimiento de nuevas perspectivas y de nuevas interpretaciones de la realidad social y de la realidad en general, lo que explica el desarrollo y el auge que, en los últimos treinta años, han tenido desde la moderna teoría del caos y los estudios de la complejidad, hasta los debates impulsados por los nuevos equipos de las áreas de los llamados estudios culturales, pasando también por la profunda renovación de los modelos y paradigmas hasta entonces vigentes en la sociología, la economía, la antropología, la historia, la geografía y la psicología, entre otras. Y también, obviamente, de la perspectiva del world-systems analysis de Immanuel Wallerstein y de sus colegas y seguidores.

Apertura de un espacio de renovación cultural profunda, fruto de esta ruptura esencial de 1968, que no sólo le ha dado a esta perspectiva del análisis de los sistemas-mundo la posibilidad de crecer y afirmarse prácticamente en escala planetaria,¹² sino que también explica el muy diverso y rico diálogo que el propio Immanuel Wallerstein ha establecido con muchas de esas otras nuevas perspectivas mencionadas, recuperando lo mismo los aportes de, por ejemplo, Ilya Prigogine que los de Fernand Braudel, a la vez que critica las falsas y estériles posiciones posmodernas, interviene activamente en los principales debates de las ciencias sociales de estas tres últimas décadas.

En segundo lugar, 1968 ha sido también la crisis definitiva de la vieja izquierda tradicional, institucionalizada en todos los partidos comunistas del mundo entero, y fiel representante de las posiciones del marxismo vulgar y simplificado. Crisis que es a la vez el punto de arranque de las múltiples nuevas izquierdas que van a florecer en todo el planeta, también durante los últimos siete lustros vividos. Y con ellas, de la renovación también importante del marxismo más reciente, que a la vez que reconstruye su conexión con las mejores tradiciones del marxismo crítico anterior –siempre minoritario y marginal antes de 1968–, retorna simultáneamente a Marx para problematizar todo un conjunto de nuevos temas, actualizados después de 1968 por los también nuevos movimientos sociales, ecologistas, feministas, urbanos, estudiantiles, étnicos, populares, indígenas, antirracistas, o pacifistas, entre otros.

Renovación de la izquierda y del marxismo acartonado pre68 que también explica el surgimiento del enfoque del análisis de los sistemas-mundo, el que no casualmente ha sido calificado de ser un enfoque neomarxista, que aborda justo los problemas y dimensiones totalmente impensables dentro de los parámetros clásicos del marxismo tradicional anterior a 1968.

En tercer lugar, es claro también el impacto directo de la experiencia de 1968 sobre la personalidad y la cosmovisión del mismo Wallerstein, quien en su calidad de protagonista importante de ese movimiento en la Universidad de Columbia en Nueva York, ha visto modificarse profundamente su propia posición política individual junto a sus expectativas intelectuales en general.¹³ Ya que es claro que este movimiento –que obligará a Wallerstein a abandonar la Universidad de Columbia en 1971, para irse a McGill University en Montreal–, no sólo va a radicalizar hacia la izquierda las posturas políticas de nuestro autor, sino que también va a introducirlo centralmente en la reflexión de las causas y posibilidades del cambio social dentro de la historia, acelerando de manera importante la maduración intelectual antes mencionada, y permitiéndole cristalizar de modo claro y específico la nueva problemática en torno a la historia y la actualidad del sistema-mundo capitalista moderno.

Por eso, cuando nos acercamos con más detalle al análisis de los textos que Immanuel Wallerstein ha redactado como balance inmediato de su experiencia dentro del movimiento de 1968, no nos sorprende encontrar en ellos algunos elementos que apuntan precisamente en la línea de este doble tránsito intelectual, desde la especialización en los temas africanos hacia la preocupación por el sistema mundial como un todo, y desde una posición socialista más moderada hacia otra más radicalmente ubicada a la izquierda.

Porque en su libro publicado en 1969 y titulado University in Turmoil. The Politics of Change,¹⁴ Wallerstein no sólo va a discutir, a la luz de las transformaciones suscitadas por el movimiento de 1968, el vínculo de la universidad con el gobierno y las formas de autogobierno de la propia universidad, sino también la manera en que ésta debe conectarse con su entorno social inmediato y con las demandas y necesidades de los grupos oprimidos de la sociedad, para concluir reflexionando acerca de cuáles son los medios apropiados para buscar el cambio social y político dentro de una sociedad altamente industrializada y que se autoproclama como democrática, a la vez que insiste en que ese cambio social en Estados Unidos no depende sólo de factores puramente estadounidenses, sino de elementos que remiten al equilibrio general de poder en todo el sistema mundial. Ya que, según nuestro autor, es justo la posición dominante de Estados Unidos en el mundo en su conjunto la que ha permitido a los conservadores gobernar internamente a ese país, anestesiando a su población mayoritaria con más altos niveles de vida relativos, y haciendo de esta misma Norteamérica el bastión de las tradiciones conservadoras en escala mundial.

Doble preocupación sobre el tema del cambio social y político, y sobre la necesaria asunción de un horizonte planetario para la adecuada comprensión del rol y el destino futuro de Estados Unidos en la historia por venir,¹⁵ que como habrá de recordarlo el mismo Wallerstein, están en el origen del proyecto de lo que será su importante obra, aún inconclusa y publicada en varios volúmenes, sobre El moderno sistema-mundo.¹⁶ Porque si esa preocupación por el tema del cambio social en la historia y en el mundo presente data de 1965 más o menos, es claro que han sido los acontecimientos y los impactos de 1968 los que le han permitido cristalizar y configurarse finalmente en lo que será la perspectiva del análisis de los sistemas-mundo.

Porque 1968 ha sido una clara revolución cultural mundial, y por lo tanto un proceso que, rebasando las fronteras nacionales y hasta civilizatorias de aquel entonces, ha llevado a los científicos sociales a preguntarse por la existencia o no de una real dinámica mundial específica en el funcionamiento del capitalismo contemporáneo en particular, y de todo el capitalismo en general. Y también, son los efectos políticos de 1968 los que, al volver a actualizar el problema del papel del movimiento socialista en Estados Unidos, han hecho evidente la inextricable conexión de esa Norteamérica con la economía y la sociedad igualmente mundiales.

Pregunta y constatación que Immanuel Wallerstein asumirá y responderá positivamente en el momento de redactar, en 1970 y 1971, en Palo Alto, California, la primera versión del tomo I de El moderno sistema-mundo. Y aunque la edición inicial de este primer tomo, ahora traducido a catorce diferentes lenguas, incluido el lenguaje Braile, no ha sido nada fácil para su autor, viendo la luz sólo hasta 1974, su proceso de redacción y elaboración definitiva le ha servido, sin embargo, para establecer un contacto directo y un diálogo intelectual muy importante con el propio Fernand Braudel. Ya que a partir del envío sucesivo de los capítulos de The Modern World-System, volumen I, al autor de El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II, desde 1970 en adelante, es que se ha construido una fructífera y rica relación de intercambio cultural entre Immanuel Wallerstein y Fernand Braudel, relación que durará hasta 1985, año de la desaparición de este último, y marcada lo mismo por profundos acuerdos y convergencias intelectuales, que por claros desacuerdos e intensas y amistosas discusiones, que en su conjunto constituye uno de los capítulos más interesantes de la más reciente historia intelectual.¹⁷

Las influencias de Marx y de Braudel

No cabe duda alguna de que este vínculo directo con Fernand Braudel ha sido decisivo para todo el itinerario de Immanuel Wallerstein posterior a 1968, hasta el punto de poder considerar la obra del gran historiador francés como una de las dos matrices intelectuales fundamentales que han determinado los perfiles específicos del legado del principal promotor del enfoque del world-systems analysis. Y esto por múltiples vías.

Porque no es posible entender los trabajos de Wallerstein sin esa múltiple herencia braudeliana que, en primer lugar, implica la visión de todos los fenómenos abordados del presente o del pasado desde una óptica densamente histórica, que los resitúa de modo permanente dentro de los varios registros temporales de los acontecimientos, de las coyunturas y de las estructuras de la larga duración histórica, para delimitar su verdadera profundidad y sentido, y así otorgarles su real significación histórica específica. Como por ejemplo en la interpretación que Wallerstein va a realizar del significado histórico de los sucesos de 1989, y que desde esta triple óptica temporal revela dimensiones y significados totalmente inéditos y originales.

En segundo lugar, es fácil reconocer la presencia de Braudel, y también de los primeros Annales en general, en el esfuerzo wallersteiniano permanente de resituar, una y otra vez, los problemas investigados dentro de una perspectiva globalizante o totalizante, que en su caso específico ha derivado en la reubicación de dichos temas dentro del horizonte de la ya aludida dinámica global planetaria del sistema-mundo capitalista en su conjunto. Lo que, por ejemplo, le permite explicar de modo nuevo las Independencias de América Latina en el siglo XIX, independencias casi obligadas y hasta propiciadas por los reacomodos diversos de los equilibrios geopolíticos del papel de España en Europa y en el mundo, y por el rol diferente de las restantes potencias europeas en ese nuevo equilibrio.

En tercer lugar, y en una línea que en este caso remonta a los trabajos de Marc Bloch junto a los del propio Fernand Braudel, Immanuel Wallerstein va a aplicar sistemáticamente el método comparativo, jugando todo el tiempo con las similitudes y diferencias de los fenómenos investigados, para establecer su naturaleza más esencial. Por ejemplo, cuando para definir los posibles destinos futuros de los Estados Unidos, Wallerstein recurre a la comparación del ciclo hegemónico estadounidense con los anteriores ciclos hegemónicos de Holanda y de Inglaterra, extrayendo de ellos el claro diagnóstico de que Estados Unidos ha entrado, de manera irreversible y luego de la crisis económica mundial de 1972-1973, en un claro proceso de decadencia como potencia hegemónica del sistema-mundo actual.

Una cuarta arista, que a través de Braudel se conecta con toda una larga tradición que arranca de la propia obra de Marx, es la visión también permanentemente crítica del autor de los ensayos titulados Después del liberalismo, visión que lo lleva a desconfiar sistemáticamente de los lugares comunes aceptados y a cambiar siempre el emplazamiento intelectual para el análisis de los distintos problemas examinados, haciendo evidentes para criticarlas, las premisas asumidas pero no explicitadas de nuestros diversos conceptos, teoremas y puntos de vista. Lo que, por ejemplo, es muy claro en su desconstrucción sistemática del entero sistema de los saberes sobre lo social, hoy todavía vigente, aunque por completo rebasado y en crisis.

Por último, un quinto perfil que Braudel hereda a Wallerstein es el de un vasto universo de hipótesis problemáticas, conceptos y lecciones intelectuales, que serán recuperados de manera abundante por nuestro autor, y que abarcan lo mismo la atención privilegiada al rol de los ciclos Kondratiev, o a las tendencias seculares de la economía, o muchas de las hipótesis braudelianas sobre el capitalismo como estrato no especializado, o las relaciones entre el capitalismo y el Estado, o entre los monopolios y la competencia, que la explicación de 1968 como verdadera revolución cultural, o el célebre esquema de la economía-mundo, dividido en centro, semiperiferia y periferia, entre muchos otros.¹⁸

Múltiple presencia del legado braudeliano, y complementariamente de los aportes de los primeros Annales, que nos permite afirmar que dicho legado es uno de los dos pilares centrales en que se apoya la original elaboración del edificio teórico construido por Immanuel Wallerstein. Primer pilar que se complementa con el segundo, que es el de la herencia de la obra de Marx, y de modo derivado, de ciertas tradiciones importantes del marxismo crítico ulterior. Doble matriz intelectual que explica el hecho de que en su proyecto global de impensar las ciencias sociales, Wallerstein mencione justamente a Marx y a Braudel, dedicándoles a cada uno secciones especiales de su libro, titulado en inglés Unthinking Social Sciences.¹⁹

Porque de la misma manera que con Braudel, la deuda con Marx es más que evidente a lo largo de los escritos salidos de la pluma del que fue presidente de la Comisión Gulbenkian, escritos en donde no sólo se habla de un sistema-mundo capitalista, sino que se recuperan constantemente como herramientas de análisis pertinentes la dinámica de la acumulación de capital, la centralidad de la lucha de clases y del conflicto social, la predominancia de los factores económicos dentro de lo social, o la condición enajenada de los hombres dentro de este sistema-mundo capitalista.

De modo que al hablar de procesos de proletarización, de burguesía, de trabajo asalariado o de explotación económica, entre tantas otras categorías del aparato marxista, nuestro autor incursiona también abundantemente en los debates y en los trabajos de historia económica marxista de los años cincuenta y sesenta, en el momento de construir el argumento de su primer volumen de The Modern World-System. Con lo cual no sólo se inscribe de manera consciente y explícita dentro de los debates del marxismo anterior a 1968 y del neomarxismo pos68, sino que reproduce, en la arquitectura general misma del conjunto de su obra, dicha impronta del marxismo original y de algunos de los marxismos ulteriores.

Así, no es difícil rastrear la idea agudamente crítica y hasta negativa de la transición del feudalismo al capitalismo como una suerte de tragedia histórica, que sostiene Wallerstein, en los trabajos de la Escuela de Frankfurt y su crítica radical de la idea lineal del progreso. O también, reconocer en sus esquemas sobre la configuración interna del sistema-mundo, dividida en centro, semiperiferia y periferia, a

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