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Esstrato

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Esstrato

valoraciones:
5/5 (4 valoraciones)
Longitud:
134 páginas
2 horas
Publicado:
Mar 26, 2020
Formato:
Libro

Descripción

Señor Vance 

Mis ojos la observaron con detenimiento. La bartender temporal del bar fue traída a mi oficina porque vio lo que no debía: la habitación de subasta de vírgenes. Me deleité en sus deliciosas curvas y supe que tenía que tenerla. La mala noticia era que no la volvería a ver después de esa noche. Pero yo siempre obtenía lo que deseaba, siendo el dueño del Club V, y la haría colapsar en formas que nunca había experimentado. No podía esperar para tocar y lamer cada curva de su cuerpo virginal. 


Samara 

Yo asumía que la habitación de subasta de vírgenes era solo un rumor, hasta que entré en la habitación equivocada. Temía que me despidieran, pero cuando el guardia me llevó con el señor Vance, quedé impactada. Él era hermoso, arrogante, incluso engreído, y no pude quitar mis ojos de la mujer desnuda a su lado, quien llevaba un collar de diamantes y tenía una mirada sexual y de lujuria en su cara. Él jugaba con ella mientras me miraba, tentándome. Pero yo no tendría que verlo nunca más después de esa noche. Fue así hasta que el destino lo cambiaría todo…

Si las historias con hombres engreídos, vírgenes y mucha ansiedad te atrapan, entonces sigue leyendo… 

Publicado:
Mar 26, 2020
Formato:
Libro

Sobre el autor


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Esstrato - Jessa James

Autor

1

La música del club vibraba y se hacía camino hasta la calle donde me encontraba. Yo estaba recuperando el aliento antes de regresar a trabajar. El callejón apestaba a cigarrillos y a otras cosas peores, pues habría algo terrible en uno de los basureros cercanos. Casi vomito, pero logré aguantarlo mientras me dirigía a la puerta, aunque no estaba lista para terminar mi descanso todavía. No lograba descifrar por qué me estaba sintiendo así, pero había estado ansiosa durante el día por ir a trabajar esa noche, y una molestia en mi estómago parecía decirme que algo andaba un poco… mal.

Tú nunca tienes que hacer nada que no desees hacer, me dije a mí misma. Seguramente, parecía una lunática mientras estaba parada fuera del club e intentaba pensar en una razón para no entrar.

Tenía muchas razones para estar ahí. Si alguna vez quería terminar la universidad, entonces tendría que mantener mi trabajo. No era del tipo que había soñado hacer, pero estaba pagando las deudas, me permitía tener comida en la mesa, y cuando mis estudios terminaran, yo sería una de las pocas personas que conocía que no estaría enterrada bajo una pila de préstamos estudiantiles. El club me pagaba bien por mi tarea, que no era tan difícil, y era mucho mejor que la docena de puestos de mesera que tomé al salir de la secundaria y comenzar la universidad. Y siendo totalmente honesta conmigo misma, sabía que era una necesidad.

Mis padres no podían pagarme la educación superior, y si yo quería continuar con ella y tener una carrera, entonces tenía que financiármela yo misma. Si ellos hubieran podido hacerlo, sabía que mis padres habrían pagado la universidad, mi hospedaje y todo lo que necesitaba en un santiamén, pero nosotros no teníamos ese estilo de vida.

Mi madre había estado trabajando de secretaria en el mismo bufete de abogados desde que mi hermano menor nació. Él ya tenía diecisiete años, pero ella no había trabajado lo suficiente como para ahorrar dinero para su retiro y bromeaba que estaría detrás del mismo escritorio en Keller, Lawson, Waterman and Keller cuando tuviera setenta y cinco, y en el fondo, yo rezaba para que no sucediera. El dinero alcanzaba para lo justo; y yo sabía que mamá y papá hacían todo lo que podían, y no quería ver a mi madre trabajar en su vejez.

Mi papá había estado trabajando desde que era muy joven. Él era mecánico y comenzó en uno de los garajes locales antes de ahorrar y comprar su propio garaje para trabajar por su cuenta. Era un negocio exitoso; él era un gran mecánico y hacía el tipo de trabajo para que las personas siempre regresaran. Él debía ser uno de los únicos mecánicos honestos restantes en un área llena de pobreza, y sus bajos precios y su buen servicio lo convertían en una persona confiable tanto que los clientes siempre querían regresar por su atención.

Sin embargo, incluso con todo el trabajo duro, nunca el dinero era suficiente. Yo no quería ser parte del problema y añadirle otra carga a mi familia, así que decidí costear mis estudios y mi hospedaje yo sola. Si pudiera ahorrarles una preocupación adicional y asegurarme de que pudieran ayudar a mi hermano, si lo necesitara cuando comenzara la universidad, entonces interpretaría mi papel. Siempre había sido así: trabajar juntos por el bienestar de nuestra familia, ya que los valoraba mucho y amaba la relación que compartíamos.

Miré mi teléfono. Suzy ya había llegado para su turno durante mi descanso y sabía que ella estaría preguntándose dónde estaba si seguía parada afuera contemplando mi destino. Dios mío, ¿qué me sucedía esta noche? Nada había cambiado en el trabajo y no había motivo para dudar. No había ninguna razón. Había algo en el aire, y sentía que todo era posible esa noche, pero no estaba segura de si eso sería algo bueno.

Empujé la puerta del callejón y entré al área cerca de la parte trasera del bar. Algunos de los meseros estaban pasando rápido, vestidos con el uniforme completamente negro del club. Los chicos tenían corbatas de un color escarlata profundo que combinaba con la decoración del piso del club y las chicas que eran meseras siempre tenían que mantener el mismo estilo de maquillaje. Yo me alegraba de tener un tono de piel que iba bien con el labial rojo que tenía que utilizar cada noche, pero si lo pensaba mejor, creo que todas fuimos contratadas según lo bien que combinaríamos con los colores de la zona del club donde trabajaríamos.

Ya había una multitud alrededor del bar, a pesar de que no era muy tarde y todavía no era la hora más ocupada, pero yo sonreí pensando que, quizás, esta noche me llevaría una que otra propina extra.

—Hola, Tommy —dije lanzándole un guiño y un apretón rápido en el hombro a uno de nuestros clientes regulares de los viernes por la noche.

—Samara, bebé… —Sonrió e intentó empujarme hacia él, ignorando que yo estaba queriendo pasar para llegar al vestuario de empleados—. Cariño, no me dejes. Sabes que eres mi favorita.

Sentí sus ojos recorriendo mi cuerpo mientras su mano me agarró por la cintura y me jaló hacia él. Pude sentir el comienzo de una erección en su pantalón, y mientras una parte de mí se preguntaba cómo sería que Tommy Rollins, banquero de inversiones de alto nivel en la sociedad de Nueva Jersey, fuera mi primera vez, sonreí y puse una mano en su pecho.

—Y tú eres uno de los míos. No lo olvides. —Le dediqué una pequeña sonrisa antes de voltearme y dirigirme en dirección al vestuario. Solté un gemido inaudible bajo el gran sonido del club. Sería genial tener mi primera vez con alguien como Tommy. Sabía que él era bueno en la cama y que las mujeres siempre estaban luchando para llegar al frente y estar con él en el club. Pero también tenía que tener en mente que era una bartender, era bartender junto con mi mejor amiga y compañera de habitación, Suzy, y yo no permitiría que la atracción animal que sentía por uno de los tipos más calientes y ricos del club pusiera en peligro mi trabajo.

Pero, Dios, yo estaba ansiosa. Diecinueve años y seguía siendo virgen. Estaba dentro de la minoría de mis amigas; la mayoría había perdido la virginidad en la secundaria con uno de esos chicos estúpidos que nos rodeaban. Nada me atraía sobre perder mi virginidad con uno de esos chicos pueblerinos y sin futuro. Aunque había comenzado como un tipo de decisión sobre mi estándar, ahora solo era frustrante. Tenía diecinueve y podría tener sexo con quien quisiera, con cualquiera que escogiera y había tenido muchas oportunidades. ¿Por qué no había escogido ninguna?

¿Sabes por qué?, me dije a mí misma mientras avanzaba por el pasillo del club, buscando a Suzy que se estaba preparando para su turno. Yo no había aprovechado ninguna de las ofertas para perder mi virginidad porque ninguna parecía que fuera a ser una buena primera vez. Había tenido muchas citas casuales, y no era de extrañar que ninguna hubiera durado mucho. Descubrí rápidamente que un porcentaje de la población masculina dejaría a una chica de inmediato si no tenían sexo para la tercera cita. Extrañamente, había algunos que huían cuando descubrían que era virgen. Yo había asumido, aparentemente estando equivocada, que la virginidad era valorada entre los hombres como un tipo de trofeo que ganar. Nunca se me ocurrió que algunos hombres podrían ser intimidados por ella. Había tenido una lista larga de chicos, la mayoría imbéciles, que me habían dicho adiós después de que les dijera que estaba esperando el momento y a la persona perfecta.

Cerré la cortina de terciopelo que cubría la vista de la entrada del vestuario de empleados. Estaba en una esquina pasando un pequeño pasillo, ahí estaban los casilleros de todas las meseras femeninas, las bailarinas y otros empleados.

—Hola —Suzy me dijo desde donde estaba sentada en frente de uno de los espejos de vanidad. Ella estaba sobre un cojín de terciopelo que hacía juego con el mismo rojo que cubría casi todas las superficies del club.

—Hola, ¿lista para una larga noche? Parece que el lugar está atestado. —Me senté en uno de los cojines frente a mi compañera y la miré mientras continuaba preparándose para la noche.

—Sí, creo que Stew dijo que había un anuncio en una de esas revistas de vuelo que abastecen a… ya sabes, a nuestra multitud. Probablemente, haya muchos nuevos esta noche. Es mejor que entremos en la actitud del juego.

Asentí. Sabía a lo que se refería Suzy. Había algunas reglas importantes en nuestro trabajo, la más importante era que nosotras éramos bartenders, nada más. Siempre había oportunidad de obtener un ascenso, pero eso significaría una negociación de otro tipo de contrato con nuestro administrador y, probablemente, con los jefes del club. Con nuevas personas en el club esta noche, había una gran posibilidad de que no supieran de que nosotras, las bartender, no estábamos en el menú. Era una situación que podía ser confusa para las personas nuevas en este lugar, pero era algo que teníamos que recordarles de vez en cuando. Incluso mis coqueteos con Tommy eran legales y se esperaba que, en mi rol, siempre mantuviera felices a los clientes, pero siempre había un límite.

Todos en el bar y el personal de servicio teníamos que lidiar con estas cuestiones de vez en cuando. Un hombre

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