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Diseño urbano: Teoría y Método. Tercera edición actualizada

Diseño urbano: Teoría y Método. Tercera edición actualizada


Diseño urbano: Teoría y Método. Tercera edición actualizada

Longitud:
625 páginas
7 horas
Editorial:
Publicado:
1 ene 2014
ISBN:
9789561414051
Formato:
Libro

Descripción

Esta obra, un clásico en la disciplina del diseño urbano y completamente actualizada en esta edición, presenta una investigación profunda y documentada del desarrollo del urbanismo, desde fines del siglo XIX hasta el surgimiento del diseño urbano en 1960, incluyendo por lo tanto, una amplia perspectiva epistemológica e histórica sobre la ciudad moderna. El contenido está orientado a programas de docencia universitaria y, sobre todo, a presentar por disciplinas y por temas, las principales cuestiones que se refieren a la ciudad contemporánea. Se incluye en anexo una cronología para consulta de 120 años de hitos del urbanismo en el mundo y una cronología especializada sobre Chile, que comprende estrategias de desarrollo, organización de instituciones de planificación, programas de investigación y congresos asociados a esta disciplina. Sin duda esta es una obra de incalculable valor para comprender y aplicar de mejor manera las herramientas del buen diseño urbano, tan necesario en las ciudades de hoy.

La presente edición no sólo cobra vigencia para la comprensión del diseño y fuerzas que dan formar a nuestras ciudades, sino que se presenta como una fuente de alto valor para introducir a los nuevos diseñadores urbanos, arquitectos, estudiantes de arquitectura y otras disciplinas, a la historia, pensamiento y métodos asociados al urbanismo.
Editorial:
Publicado:
1 ene 2014
ISBN:
9789561414051
Formato:
Libro

Sobre el autor


Vista previa del libro

Diseño urbano - Gustavo Munizaga

1968.

Capítulo 1

DEMARCACIÓN DEL URBANISMO Y DEL DISEÑO URBANO

En la demarcación del campo del diseño urbano y el urbanismo, han surgido diferentes tendencias después de la Revolución Industrial, las que están asociadas al desarrollo histórico de la arquitectura como ciencia o como «arte mayor» en su sentido clásico, desde los enunciados de Vitruvio y Palladio, hasta las ideas contemporáneas de Le Corbusier, Kahn, Alexander o Maki o Rowe. En esta visión general se revisarán las cuestiones principales que, desde la teoría de la ciudad, del desarrollo práctico del método y de la construcción de las ciudades, permiten ver los cambios sustantivos que se producen en 150 años.

Al estudiar el desarrollo de la arquitectura de ciudades y del urbanismo a partir de este siglo especialmente, la ciudad alcanzará características absolutamente diferentes. Aparecerán otros términos y disciplinas especialmente relacionadas: la planificación urbana y regional, el paisajismo y el medio ambiente.

Estas disciplinas no han surgido ni se han consolidado en forma paralela en el tiempo. A pesar de que han abordado problemas con aspectos similares, las diferencias de enfoque explican, por lo menos, el relativismo con que se han formulado estas disciplinas entre las ciencias y las profesiones contemporáneas. Las diferencias se refieren a concepciones distintas sobre el marco teórico y metodológico que ha sido utilizado, el tipo de problemas a los cuales se orientan y los elementos con que trabajan. Método, teoría y sujeto temático han variado en la historia de la arquitectura de ciudades, e hicieron surgir además del urbanismo, el diseño urbano, la urbanología y la urbanística.

Esta diferenciación de métodos se precisará en este capítulo en tres temas que constituyen un marco de este trabajo:

•   Aspectos referidos al «contexto» determinante de estas disciplinas y los aspectos que incorporan.

•   Aspectos referidos a los «procesos» con que estas disciplinas organizan y operan y

•   Aspectos referidos a los diferentes elementos o componentes con los cuales trabajan estas disciplinas y su materia específica como resultado.

Contexto, Proceso y Producto como elementos sustantivos

Al hacerse una presentació abreviada y sistemática de las teorías y modelos urbanos, y al referirse a diferentes metodologías, se requiere una organización previa de las cuestiones incluidas. Los aspectos de metodología, que son estrictamente «procesos» analíticos u operacionales, son determinados por el «contexto» que estas teorías y metodología incorporan: a mayor abundancia de materias y aspectos sociales, políticos, geográficos o físicos, a mayor perspectiva histórica e interdependencia entre ellos, a mayor extensión de la escala del fenómeno observado, el método y teoría como proceso deberán ser más sofisticados y complejos. Tenderán a una mayor abstracción, simplificación y generalidad para poder ser operacionales. Aparecerán por ello, grandes diferencias de método urbanístico, sobre todo como consecuencia de los diferentes campos de teoría urbana.

Por otra parte, los procesos metodológicos determinan los elementos que analizan, producen y controlan, tal como el efecto sigue a la causa. Un proceso de mayor amplitud, exactitud, o de mayor abstracción, conducirá a resultados consecuentes de amplitud, exactitud o abstracción. De aquí que, las diferentes teorías y modelos, interesan por el contexto, proceso y producto que los caracteriza.

En diseño urbano, Contexto y Producto se relacionan por los objetivos analíticos y operacionales. Es decir, en qué categoría de conocimiento básico o hacia qué objetivos operacionales se orienta. De qué manera uno u otro proceso incorpora efectivamente los antecedentes del problema (contexto) y a su vez condiciona los resultados como modelo, plan o construcción (producto).

Como Reissman¹ describe en su tipología, el «tipo de problema» abordado y el «tipo de información» utilizada, condicionan los grados analíticos y de operacionalidad de las diversas escuelas urbanísticas desde fines del siglo pasado.

Al estudiarse los enfoques sobre teoría, método y sujeto temático, se perfilan líneas diversas:

a.   Una línea reúne a la vez un «proceso» urbano y el «producto» resultante como un hecho natural. El proceso es empírico y la ciudad es orgánica.

Los modos de construir, ocupar y asentar un territorio que dan origen a una ciudad, eran condicionados por una cultura y sus particulares procesos de organización social. La sociedad, su cultura y su paisaje artificial se daban como una integración. En este modelo, la arquitectura es vernácula o popular y se hizo en base a un proceso largo de experiencias acumuladas. La ciudad que resultó de este modo, es característica de la arquitectura urbana nórdica y mediterránea de Europa de la época paleotécnica, especialmente desde la Edad Media. El quiebre de los factores señalados se produjo con la Revolución Industrial.

Este modelo orgánico o espontáneo está implícito en las ideas de J. Ruskin, de Camilo Sitie (figura 1.1) y en los postulados de Patrick Geddes a finales del siglo pasado². Y se sigue aplicando en la factura de ciudades en sociedades que guardan aún tradiciones culturales integradas, como la arquitectura urbana colonial en América Latina, o que buscan formas mediante procesos organicistas como Paolo Soleri³ (figura 1.2). Esta tesis ha sido desarrollada especialmente por Lewis Munford, y Team 10.

b.   Una segunda corriente recalca especialmente el sujeto temático: la ciudad «objeto». El método formal es explícitamente arquitectónico y composicional; la ciudad es hecha un artefacto. La racionalidad e ingenio profesional se han acumulado, se depura y se trasmite. La ciudad ya no es obra espontánea y colectiva, sino obra de especialistas.

Figura 1.1

Sitte: Proposición para Eilemriede en Hannover, Alemania. El diseño es interesante en cuanto que Sitte respeta las líneas de propiedad antiguas.

Figura 1.2

Paolo Soleri: Planta de una ciudad ideal de fuente económica agraria.

Los problemas de método y teoría se originan en una ciudad como «cosa», y se refieren al ingenio aplicado a la construcción, a la estética, a la geometría y a la correcta ubicación. Son el tipo de ciudad que construyen Hipódamos de Mileto, Vitruvio, Leonardo, Alberti, Palladio, Jones, Fontana, Ledoux o Burnham⁴. La ciudad que entra en crisis con la Revolución Industrial (figura 1.3).

Este modelo se mantendrá hasta comienzos del siglo XX como alternativa propia de los arquitectos y generará al urbanismo y a la arquitectura moderna del CIAM, representada sobre todo con Le Corbusier. Ha vuelto a surgir como alternativa con los neo-racionalistas y neo-formalistas, en especial en las investigaciones de Rossi y de Robert Krier⁵.

Figura 1.3

Vitruvio: población con sectorización de una ciudad idea.

c. La tercera corriente se concentra especialmente en los temas del «contexto» y del «proceso» urbano. Incluir el contexto implica un modo integral de abordar y solucionar los complejos problemas de los asentamientos humanos. Por lo tanto, interesa el marco teórico y metodológico adecuado, dentro del cual se organiza el proceso de desarrollo urbano. Se orienta más a la planificación, como disciplina integral de análisis y gestión de alternativas, que a la mera construcción de la ciudad. La idea y forma convencional de ciudad es cuestionada y se resalta su «estructura». La racionalidad es aplicada a más y diferentes factores e intenta explicitar el proceso. Este modelo es fundamentalmente analítico y se refleja en las ideas de urbanólogos como Geddes, Hoyt y Burgess, en el método ekístico de Doxiadis y especialmente en las ideas de Lefebvre, Rowe o Christoper Alexander⁶, que se verán en el capítulo 3 (figuras 1.4 y 1.5).

Figura 1.4

Doxiadis: Planta esquemática de Khartoum. Muestra la zonificación y el vector de crecimiento según la teoría de Dynapolis del autor.

Figura 1.5

C. Rowe: Esquema publicado en su libro «Collage City», que muestra el crecimiento por agregación de la ciudad de Wiesbasden, Alemania. Se aprecian claramente la separación entre sector histórico y sector renovado.

Las raíces de las Escuelas que siguen una orientación más analítica y que se orientan más bien al conocimiento de los diferentes «procesos urbanos»—a su comprensión y descripción sistemáticas—, se definen como de «planificación urbana» y están orientadas también a incorporar el contexto total social, económico y geográfico del proceso urbano. No se interesan por las proposiciones concretas o abstractas para «hacer ciudades», sino por una naciente «ciencia urbana»: saber qué es una ciudad, qué fenómenos la originan y en qué contexto y procesos está basada su estructura. Cuál es la vida misma del proceso de los asentamientos urbanos. Estas escuelas o ciencias urbanas se orientan a la observación sistemática, a la formulación teórica y a la definición de factores, variables e interdependencias causales del proceso urbano; a la selección de medios para la acción en función de su operacionalidad, que constituye la «planificación urbana y regional».

Al desarrollarse específicamente como «geografía urbana», «ecología», «planificación» o «economía espacial», obligaron necesariamente a una revisión sustancial del marco teórico a que se había llegado hasta la generación del CIAM. De su acción conceptual y del más ajustado y rico campo teórico y metodológico que permitieron, surgió la necesidad de evolución del urbanismo funcionalista para llegar al «diseño urbano», en lo más específico, y al método transdisciplinario, en el marco general de la planificación urbana y regional a partir de la década de 1960.

Leonard Reissman y Thomas Reiner hacen interesantes estudios de las diferentes escuelas que surgen entre los urbanólogos y que servirían para esta revisión de las teorías y modelos principales⁷. Francoise Choay —escritora y periodista— ha abordado con amplitud y rigor este tema. Para esto, inicia su exposición de los antecedentes del «urbanismo» con la utopía social de fines del siglo XIX y no en la arquitectura ecléctica de la época.

Para Choay, el urbanismo es «una utopía y una realidad»⁸. Es a través del análisis de los textos y proyectos donde intenta encontrar las raíces conceptuales y metodológicas del urbanismo. Este doble sentido de utopismo y realidad que conlleva, implica la existencia efectiva de una disciplina, internacionalmente reconocida e históricamente evolucionada, con casi 100 años de desarrollo. Sin embargo, como «utopía», o pensamiento utopista, aún carece de un método universal y sistemático que la enmarque, porque también son diferentes los procesos y temas que se incluyen bajo esta especialidad. Aparecen dos vertientes, una «profesionalista» y la otra de «críticos sociales» y escritores, ambas caracterizadas sin embargo, por una notoria despreocupación por el fenómeno urbano en sus características reales y orientadas principalmente a la formulación de «utopías sociales» y proyectos de «ciudades ideales»⁹.

Choay critica a esta supuesta ciencia urbana, que más que ciencia, bordea los parámetros de la «ideología». ¿Es posible y necesario ordenar los puntos de vista subyacentes en el desarrollo de estos distintos urbanismos? Para Choay es una investigación que le extraña que no haya sido abordada más.

Los Pre-Urbanistas: Howard, Sitte, Geddes, Garnier

Choay describe el surgimiento en el siglo XIX de un grupo de «visionarios» a quienes agrupa en tres grandes corrientes, según su posición con respecto al «progreso», a la «técnica», a la «naturaleza», y a la historia y cultura.

Aparecen un «urbanismo progresista», un «urbanismo naturalista» y un «urbanismo culturalista». El «progresista» con una clara orientación hacia el progreso, la modernidad y la tecnología; con una racionalidad evidente, y que desde las ideas iniciales de los pre-urbanistas como Owen, Fourier o Cabet incluyen a urbanistas y arquitectos que siguen como Perret, Garnier, Gropius y Le Corbusier. El urbanismo «naturalista» agrupa a pre-urbanistas como Patrick Geddes y está representado especialmente por el F. L. Wright (y Alvar Alto no mencionado). De estos tres modelos tiene especial interés el modelo «culturalista». Implica un rechazo a la sociedad mecanizada y un refuerzo de la cultura y comunidades naturales de menor tamaño. Es expresado inicialmente en el siglo XIX por las ideas de estetas y escritores como Ruskin, Morris y Foustel de Coulanges y continúa con las ideas de Camilo Sitte, Ebenezer Howard, Marcel Poëte y Raymond Unwin, configurando un modelo en la teoría de la Ciudad Jardín de Howard y que se concretizó en Letchworth, la 1a ciudad jardín de R. Unwin (figura 1.6).

La obra de Howard, «Ciudades Jardines del Futuro; una Senda Pacífica para la Reforma Social»¹⁰, escrita en 1893, se constituyó en una proposición fundamental de acción sobre un modelo nuevo de ciudad para la sociedad industrial que se consolidaba, Howard es el primero que define la necesidad de teoría y metodologías nuevas para abordar a una ciudad nueva que surgía en el contexto de la sociedad industrial. Junto al austríaco Camilo Sitte, autor de «La Construcción de las Ciudades», a Otto Wagner, autor del «Plan de Viena», al francés Toni Garnier, autor del Proyecto de la «Ciudad Industrial» (figura 1.7), y a Ildefonso Cerda, arquitecto del «ensanche» de Barcelona, y Antonio Soria y Mata, autor de la ciudad lineal para Madrid, diseñaron las proposiciones más específicas del pre-urbanismo. Recalcaron su acción sobre una ciudad ideal, como el resultado de ciertos principios más que del análisis, método y/o redefinición de procesos nuevos de planificación, y sus ideas fueron llevadas a cabo.

Figura 1.6

E. Howard: Gráficos de los libros «tomorrow» y «Garden city», publicados en 1898. Se muestra la ciudad jardín y un sector en plano esquemático

Figura 1.7

T. Garnier: Ciudad Industrial en que se han confirmado elementos lineales y concéntricos, del año 1977. A: Centro cívico, B: Distrito residencial, C: Distrito industrial, D: Puerto, E: Vía ferroviaria.

Otro precursor que investigó en esta dirección culturalista fue Patrick Geddes, biólogo inglés y autor en 1915 de «Ciudades en Evolución»¹¹. Patrick Geddes considera el asentamiento humano como un elemento espacio-temporal que debe ser reestudiado por una nueva ciencia. Su pensamiento está enmarcado por las ideas darwinianas de la evolución y dada su especialidad como biólogo, por la imagen de la ciudad como un «organismo viviente». De allí propuso un urbanismo de la continuidad histórica, psicológica y geográfica. Propuso el método de «muestreo» (survey) el acopio de información en la cual deben cooperar el geógrafo, el sociólogo, el técnico y el higienista. Geddes planteó también por primera vez la interdependencia de las ciudades y regiones, la necesidad de la integración de la naturaleza al medio urbano y, sobre todo, intentó la formulación de una teoría comprehensiva. Su influencia se extendió especialmente en la constitución del marco de la planificación urbana regional en los países anglosajones.

De sus ideas, quizá ninguna es tan sencilla y global como su utilización de las teorías del físico francés Le Play, para formular «su trilogía» de la planificación. Esta trilogía determinaría el contexto adecuado y multidisciplinario para el desarrollo de un método global, que será el «town planning»: proceso científico de análisis del fenómeno de urbanización. La trilogía incluye tres campos, disciplinas o elementos, según como se les observe: Trabajo (work), Lugar (place) y Grupo o Comunidad (folk) (figura 1.8).

Figura 1.8

La Trilogía de Le Play.

Estos tres elementos organizan los complejos componentes y las variadas disciplinas del urbanismo: Trabajo, las ciencias económicas; Lugar, la geografía y los procesos de asentamientos humanos y; Comunidad, que representa los componentes y disciplinas propios de la sociología.

La planificación sería una ciencia analítica y un método de acción que organiza Economía, Economía Espacial, Teoría de Localización, Geografía Económica, Geografía Física, Geografía Humana, Ecología, Antropología, Sociología y Ciencia Política como sectores de ciencia.

En la evolución del urbanismo, Geddes y Howard son los verdaderos precursores de la planificación, tanto como C. Sitte, Burnham, Garnier, Wagner, Soria y Matta y Cerdá, desde la otra perspectiva, lo fueron del diseño urbano. El otro autor y teórico fundamental que debe ser citado, es el sociólogo alemán Max Weber¹², especialmente por su impacto en las vertientes de la sociología y economía urbana.

Los especialistas urbanos: Planificación y Diseño Urbano. Urbanismo y Urbanística

En la planificación está implícito un contexto más amplio y por ello, una serie de procesos concatenados. En la medida que se recalcan sólo algunos, se puede observar lo que Leonard Reissman llama la «tipología de especialistas urbanos»¹³. Esta tipología la elabora en función al «tipo de información» que utilizan y al «tipo de problema» que abordan. Según esto, existirían cuatro grupos de especialistas que resaltan de modo diferente contexto, proceso o sus productos.

El «Profesional práctico». Está inmerso en problemas profesionales de corto alcance. Aborda problemas concretos aplicados o prácticos y usa información cuantitativa; en la mayoría de los casos es un constructor, ingeniero o un arquitecto. Se verá confrontado, en la mayoría de las veces, con las consecuencias de acciones previas no planificadas. Su acción será limitada y sistemática, será una eficiente ingeniería o un diseño específico. El contexto es limitado y su método es empírico (Hausmann, Cerdá, Wagner, Burnham).

El «Empírico». También utiliza información cuantitativa y método empírico, pero el tipo de problemas que aborda es teórico. Utiliza datos como índices de ocupación, estructura económica, etc. y generalmente con un contexto más amplio. Con este enfoque aparecen especialistas como sociólogos, geógrafos y economistas urbanos (von Thunnen, Adna Weber, Jane Jacobs, Bill Hillier, Jan Gehl).

El «Teorizador». Utiliza información cualitativa y aborda problemas teóricos. Trabaja con sistemas de categorías abstractas, los temas tienden a ser definidos en detalle y es comente este tipo de especialista en ecología urbana (o filosofía en otras ciencias). (Patrick Geddes, Ebenezer, Howard y Max Weber son ejemplos de este grupo. Fourier, Cabet y otros utopistas sociales de fines del siglo XIX son destacables).

El «Visionario». Trabaja con información cualitativa y con problemas aplicados o prácticos. El visionario aborda similares problemas al profesional (congestión, hacinamiento, saturación de redes, higiene ambiental), pero propone soluciones generalmente radicales y globales. Se concentra en problemas específicos, pero hace consideraciones cualitativas a largo plazo y los enfoca a través del «plan», con una ideología social y una filosofía estética. Es el enfoque típico en precursores como Howard y los arquitectos del constructivismo y CIAM, que aparecen en este siglo. Estos aspectos se verán en detalle en los capítulos 2 y 3.

Según Reissman, para los visionarios, el planeamiento (planificación) resalta el nuevo contexto urbano y expresa una ideología de reforma social. Según Reissman, algunos visionarios (Howard, Wright, Le Corbusier, Gropius, Munford y Gallion), han conseguido a veces indicar mejor que los dentistas sociales la complejidad de los factores de la ciudad y han mostrado una clara comprensión de las raíces de la crisis de la ciudad en la Revolución Industrial (figura 1.9).

Figura 1.9

Le Corbusier: Detalle del Plan Voisin, 1922. Los Visionarios.

Si bien sus planteamientos fueron a veces ingenuos, y como arquitectos, en su mayoría, han fracasado al aplicarlos o no los han podido aplicar —por lo menos la generación del CIAM—, hicieron aparecer la necesidad de un enfoque total:... «Si bien los visionarios se han dejado llevar muchas veces más por la emoción que por la racionalidad, que han establecido como verdaderos hechos que no han probado —y que, en general, su análisis de la realidad no ha seguido un método estrictamente científico— han logrado en algunos casos, acercarse a una comprensión más totalista de la sociedad urbana que los sociólogos empíricos. Estos, usando un método científico y depurados instrumentos para medir parcialidades, se han quedado en ellas, dejando de lado problemas fundamentales y la intención de reconstruir la complejidad del conjunto»¹⁴.

Otra referencia de interés es el texto de Reiner «The Place of the Ideal Community in Urban Planning». El autor hace un análisis de los precursores y visionarios, estudiando sus «comunidades ideales» y clasificándolas en relación a su mayor o menor adecuación a la sociedad actual y a los deseos y aspiraciones de sus habitantes.

Los ejemplos de comunidad ideal analizados, van desde la «Ciudad Jardín» de Howard, hasta el Plan MARS de Londres, de Arthur Korn en 1937. Los agrupa en seis categorías que consideran el uso del suelo, la relación a problemas específicos inmediatos y criterios de planeamiento físico en general¹⁵. También es un texto útil para precisar las teorías, métodos y propuestas concretas que cubren desde la planificación urbana al diseño urbano; desde un enfoque del urbanismo inicial, o en la interpretación de Rossi, la diferenciación entre un «urbanismo analítico» y una «urbanística operacional»¹⁶, formulada en 1960.

A partir de estos debates, en los últimos veinte años, la disciplina del diseño urbano ha evolucionado hacia concepciones más abierta y centradas primordialmente, en los procesos de reproducción y reconfiguración de espacio urbano, superando los enfoque que se limitaban solo en la preocupación por el producto edificado. Desde esta perspectiva, algunos autores han redefinido al diseño urbano como el conjunto de acciones que nos permiten conscientemente diseñar y gestionar nuestro medio construido (Madanipour,1996)¹⁷ , con una preocupación tanto en el diseño de los procesos que generan la forma urbana como en el diseño de los productos construidos que dan forma a la ciudad. Con un enfoque similar, otros autores han definido al diseño urbano como diseñar ciudades sin diseñar las edificaciones ya que su objetivo es establecer las condiciones del medio construido, pero sin tener que diseñar sus componentes individuales (Vakkri George,1997)¹⁸ .

Estos enfoques han llevado recientemente a retomar la necesidad de integrar los campos de acción urbana, buscando resolver la creciente especialización y separación de las disciplinas asociadas al diseño del medio construido, que por años se tradujó en la desintegración entre el diseño del espacio abierto, las edificaciones y las infraestructuras urbanas. Ello ha impulsado el surgimiento de nuevas aproximaciones operativas y conceptuales del diseño urbano. Algunos autores han planteado que esta nuevas corrientes se pueden agrupar en dos líneas de pensamiento: la primera centrada en restaurar la continuidad y coherencia del tejido urbano y social crecientemente privatizado y fragmentario, mediante un diseño urbano que conecte e integre (producto); y la segunda corriente orientada a coordinar e integrar en forma holística (proceso) el conjunto fragmentado de problemas, acciones y profesiones que tratan con el medio construido (Carmona, 2010)¹⁹ , de forma tal, que el diseño urbano se aleje de la tendencia a pensar solo la Imagen Objetivo, concentrándose en la integración de problemas y en la capacidad de construir espacios de diálogo, interconexión y cooperación entre las profesiones asociadas a la configuración del medio construido.

1   Reissman. Leonard. El Proceso Urbano. Barcelona. 1970.

2   Ruskin. John. Las Siete Lámparas de la Arquitectura; Sitte, Camilo. El Arte de la Construcción de Ciudades. Viena. 1889; Geddes, Patrick. Ciudades en Evolución, Londres. 1915.

3   Soleri, Paolo. Obras del Taller Arco-Santi, California.

4   Vitruvio. Los Diez Libros de Arquitectura, Compendio, Madrid, 1761; Palladio. Los Cuatro Libros de Arquitectura. Venecia, 1570, N. York 1965.

5   Rossi, Aldo. La Arquitectura de la Ciudad. Barcelona, 1971; Krier, Robert Elements of Architecture, 1983.

6   Hoyt, Homer; Burguess, Ernest. 1920; Doxiadis, Constantinos. Ekistics, 1960; Alexander Christopher. Notas sobre la Síntesis de la Forma, 1965.

7   Reissman, Leonard. Op. Cit.; Reiner. Thomas. El lugar de la Comunidad Ideal en la Planificación urbana. 1971.

8   Choay, Francoise. Urbanismo: Utopías y Realidades. Barcelona. 1973.

9   Choay, Francoise. Op. Cit.; Rowe. Colin. Collage City. 1978. Rowe sostiene que las cuestiones teóricas sobre la ciudad implican una determinada teoría de la arquitectura junto a una teoría de la sociedad.

10   Howard, Ebenezer. Garden Cities for Tomorrow; A Peaceful Path for Social Reform. Londres, 1893.

11   Geddes, Patrick. Op. Cit.

12   Weber, Max. La Ciudad. (1921). Collier Books Edition, 1962.

13   Reissman, Leonard, Op. Cit.

14   Reissman, Leonard, Op. Cit. p. 58.

15   Reiner, Thomas. Op. Cit.

16   Rossi, Aldo. Op. Cit.

17   Madanipour, A. Ambiguities of Urban Design en en Tiesdell S. y Carmona, M. Urban Design Reader, Routledge, 2007do. Op. Cit.

18   Vakkri George, R. A procedural explanation for contemporary urban design en Tiesdell S. y Carmona, M. Urban Design Reader, Routledge, 2007.

19   Carmona, M, Heath, T., Oc, T. y Tiesdell S. Public Places Urban Spaces Routledge, 2° edición, 2010

Capítulo 2

ARTE, TÉCNICA Y SOCIEDAD: TRES COMPUESTOS DIALÉCTICOS

En los capítulos siguientes se describirá el desarrollo del diseño urbano como modo de pensar y de hacer ciudades, caracterizado por objetivos fundamentalmente concretos y operacionales hacia el proyecto urbano.

Hasta la Revolución Industrial, la problemática giraba en torno al diseño formal o a la «arquitectura de ciudades», y ésta tendía a la gran construcción. Entrado el siglo XIX, sin embargo, los procesos analíticos propios de la Revolución Industrial y de las ciencias biológicas, físicas y sociales, cuestionaron la necesidad de «un punto de vista verdadero», en las palabras de Le Corbusier. Al escribir Joseph Hudnut su introducción al texto publicado por CIAM en 1942, se refiere a la arquitectura como una «especial cualidad de orden», con «bases más firmes que una lógica de la forma, una recompensa más profunda que una experiencia estética» y de una arquitectura que «asume el verdadero carácter y dirección de nuestra cultura cívica en evolución».

Considerar a la ciudad como un objeto formal era un enfoque clásico. En el comienzo de su «Discurso del Método», Descartes describía a la ciudad perfecta: «.... tan geométrica y regular como un plano de arquitecto...» Desde este enunciado cartesiano se prefiguró la concepción racionalista y abstracta de la ciudad del Barroco y la transición ecléctica que la continuó hasta su agotamiento como modelo al aparecer la Revolución Industrial. Las bases del cuestionamiento que se inicia en nuestro siglo con el CIAM sobre la ciudad «formal» de los siglos anteriores, se presentan elocuentemente en el texto introductorio de J. Hudnut¹.

«...Trazada como el jardín de Versalles en una trama rígida y geométrica, esta ciudad capturaría en una red fija de líneas paralelas y radiales, todos estos confusos y contrarios organismos que la extraña evolución de la sociedad cívica había traído a la existencia».

«En torno a la cruz mágica de las coordenadas, los monumentos públicos y las viviendas privadas de esta ciudad, las tiendas, teatros e industrias, las escuelas, las prisiones y las iglesias, danzarían eternas cuadrillas con la precisa elegancia de líneas y puntos de un teorema de Euclides. Una realidad irracional, un fenómeno biológico en su origen y en su desarrollo, iba entonces de ese modo, a hacerse conformable a una creación pura de la mente» (figura 2.1).

Figura 2.1

Sector del plano de la ciudad de Washington, D.C., Publicado en «La práctica del urbanismo». Reproducción de la City Parks Association, Filadelfa.

«Aquí entonces encontramos una sanción filosófica para el origen de la ciudad clásica, ‘clara et distincta perceptio’, que los arquitectos habían conjurado de la turbulenta cultura de Grecia y Roma. El orden y la serenidad que habían descubierto en el Partenón y en las columnatas de los foros de Augusto y Trajano, expandidos en la más vasta trama de las ciudades, deberían dar forma plástica a esta lógica cartesiana que se había expandido por Europa con la fuerza lenta e irresistible de un glaciar. La estructura de las ciudades podría ser analizada tan fríamente como las abstracciones de la geometría y resuelta tan exactamente en sus partes componentes. Estas, habiendo sido purificadas en todo lo que podría ser iluminado por la razón, podrían ser rearmadas en los cielos matemáticos, tan claras como un cristal. Después de esto, la vida del hombre, habiendo sido sometida a una purificación conmensurable —habiendo sido liberada del error llamado pasión y de ese accidente llamado crecimiento— podría ser invitada por los arquitectos a asumir en sus frescos teatros, el medido, bien proporcionado y grácil compás que es lógicamente su destino».

«No fue a menudo, ni siquiera en el siglo XVIII, que la idea pudiera escapar de la tinta y papel, a la piedra y espacio. Sin duda alguna, modeló un fragmento de París, y ayudada por accidente, soldó el pabellonado Louvre a la Plaza de la Concordia y a la Plaza de L’Etoile —y sabemos cómo en Nancy le dio unidad espacial a las gráciles plazas de Hervé de Cerny. Pero la calidad del orden aquí establecido no penetró las vastas zonas sin orden que envolvían a estos oasis de paz geométrica...»

«Olvidadas de la arquitectura, las ciudades abrían sus anchos brazos hacia afuera en una expansiva penumbra de desorden. El plan de Washington, que trasladó a la escultura La Constitución Americana, aprisionó en un molde férreo las nacientes energías del gobierno, y sin embargo, su poderosa geometría hace mucho más evidente ese caos circundante, que amenaza en cada crisis de perforar los no demasiado perfilados límites que separan el plan calculado de la ciudad impredecible» (figura 2.2).

« ¿Cómo puede suceder que este ideal de forma cívica tan persistente a través del siglo XIX, esta perfecta ciudad planificada y dibujada en innumerables documentos, haya dejado una huella tan débil y tan equívoca en el mundo actual? Las demandas que hizo sobre nuestra imaginación son suficientemente evidentes; las satisfacciones estéticas que permitió, no pueden haber sido totalmente ilusorias; y la lógica de la cual provenía, era por lo menos hasta el momento, sin fallas».

«Nunca llegará el día en el cual los hombres no deseen sobrepasar su mundo desordenado y fragmentario con un esquema coherente y finito de las cosas, o edifiquen su Versalles privado, protegido contra el tumulto y la incertidumbre. Tampoco podemos descubrir el origen de nuestra falla en la idea y principio de la arquitectura, cuyas antiguas promesas permanecen, incluso en este torturado momento, tan válidas como siempre. Para persuadirnos de esto, tenemos sólo que entrar a los portales de la Catedral de Chartres».

Figura 2.2

Roma: Sección del plano G.B. Nolli de 1548. Diseño urbano de la Escuela Barroca encargado por Sixto V.

«El problema está, creo, no en la arquitectura sino en una arquitectura que no tiene una base más firme que una lógica de la forma, y una recompensa no más profunda que una experiencia estética. El problema no está en el orden, sino en una especial cualidad del orden».

«Lo infructuoso del ideal que se cristalizó en París, en el Plan de Washington, en toda la suntuosa tradición del Renacimiento, no surge de una falla de expresar lo que se intentaba expresar, sino más bien de lo que se ha excluido de la expresión. Estaba embarricado por su propio principio de las más profundas fuentes de la vitalidad en las artes. Su autoridad y su estilo, su invención y color, su ocasional fantasía, no se construyeron desde la experiencia sino desde el pensamiento, y aparecen planas y escasas al ser comparadas con las demandas que el alma hace a la arquitectura.»

«Puede parecer extraño que encuentre en un programa de mejoramiento cívico las bases de una nueva arquitectura; de esta nueva arquitectura que no es meramente un principio de lógica o de estética, pero sí el verdadero carácter y dirección de nuestra cultura cívica en evolución».

2.1 LA CRISIS DEL FORMALISMO

Arte, Técnica y Sociedad hasta la Revolución Industrial se habían dado como vertientes unidas del proceso cultural. A partir de esta época, aparecen en conflicto, sujetas a las ideologías y los contenidos estéticos y científicos que caracterizarán la historia moderna. La arquitectura en este contexto, entra al centro de una batalla ideológica —que dura hasta ahora— sobre su propio sentido e identidad.

Hacia 1900, la idea tradicional de Arte ya aparecía cuestionada. Ruskin, en sus «Siete Lámparas de la Arquitectura», formula la última síntesis de una filosofía del arte, que se inicia con la Escolástica en Occidente, y que será puesta en duda radicalmente². Morris y su grupo del «Arts and Crafts» (Artes y Oficios), intentan separar el arte de la producción industrial y encontrar la base de la belleza en el producto artesanal y singular. Los pre-rafaelistas ingleses: Wilde, Beardsley o Rosetti, los poetas «malditos» franceses: Rimbaud y Baudelaire, cuestionan el arte de su época y también reformulan nuevos principios estéticos contestatarios pero elitistas, en que el arte se refugia en un mundo de gran refinamiento y para iniciados, al que Proust resume genialmente en su obra «En búsqueda del tiempo perdido». Sin embargo, la nueva realidad social y económica de Europa —y similarmente de los Estados Unidos— en rápida urbanización y desarrollo industrial, irrumpe en el hecho como el fundamento de nuevos conceptos y perspectivas sociales y estéticas. La historia

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