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Marcada por el alfa

Marcada por el alfa

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Marcada por el alfa

valoraciones:
3.5/5 (15 valoraciones)
Longitud:
69 páginas
45 minutos
Publicado:
2 jun 2020
ISBN:
9781071540954
Formato:
Libro

Descripción

Gavin es un alfa del Clan de la Montaña Desnuda y aunque está satisfecho, le falta algo en su vida.

Su compañera.

Y cuando una tormenta de nieve golpea su área, lo último que se imagina es encontrarla.

Sola, desamparada y abandonada a su suerte, Liza fue desechada por su manada en un territorio extraño. Siempre había sido una loba solitaria, con unos ojos desiguales e incapaz de cambiar de forma, lo que la marcó como una marginada desde su nacimiento.

Pero esta inesperada aventura nunca la preparó para lo que encontraría.

A su compañero.

Porque lo que descubrirá es que cuando un miembro del Clan de la Montaña Desnuda se aparea... es de por vida.

Advertencia: Bienvenido a la Montaña Desnuda. Ponte unos calcetines cómodos y enciende el fuego, ¡nos vamos a las montañas con un oso alfa gruñón y su única compañera!

Publicado:
2 jun 2020
ISBN:
9781071540954
Formato:
Libro

Sobre el autor


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Marcada por el alfa - Aria Cole

Marcada por el alfa

Aria Cole

Mila Crawford

Traducido por Kristina Ilciukaite 

Marcada por el alfa

––––––––

Escrito por Aria Cole

––––––––

Copyright © 2020 Aria Cole, Mila Crawford

––––––––

Todos los derechos reservados

––––––––

Distribuido por Babelcube, Inc.

––––––––

www.babelcube.com

––––––––

Traducido por Kristina Ilciukaite

––––––––

Babelcube Books y Babelcube son marcas registradas de Babelcube Inc.

PRÓLOGO

––––––––

Gavin

—Gavin, cálmate. Cambiar de forma no va a servir de nada —dijo mi segundo, Tom, en voz baja.

Estaba teniendo cuidado de no hacer ningún movimiento brusco, lo cual era inteligente, porque en el estado en que estaba, podría haberle arrancado la maldita cabeza a mordiscos.

—Puedo olerla. Está aquí sola.

El olor de su miedo estaba impregnando mis fosas nasales y haciendo que mi oso se enfureciera, desesperado por ser liberado. Me acerqué a Tom, intimidándole con mi altura. Instintivamente, bajó los ojos y miró hacia otro lado, pero aún escuché la vacilación en su gruñido. Tom era un alfa, así que inclinarse ante cualquiera era duro para él, pero no podía negar que yo era su superior. Tal vez Tom no lo aprobaba, pero toda mi racionalidad había desaparecido; el hombre que había en mí había sido extirpado hacía mucho tiempo y el animal se arrastraba para salir. Destruiría a cualquiera en mi camino para llegar a ella. Quince años. Había esperado quince malditos años por ella e iba a hacer todo lo que estuviera en mi poder para encontrarla.

—¡Gavin! —Mercy me llamó desde el bosque.

Su llamada era desesperada y urgente; y el oso que había en mí corrió. Cuando llegué al descampado, vi a Mercy de pie, con un aspecto impotente, intentando convencer a una joven para que se acercara a ella. Salté hacia ellas y, por primera vez en mucho tiempo, finalmente escuché el verdadero centro del latido de mi corazón. Su olor no era extraño, pero tampoco era el de una osa; se trataba de una loba.

Nunca olvidaré su aspecto... Estaba acurrucada en el frío suelo, temblando incontrolablemente, arrimada a un árbol y cubierta por la nieve fresca. Sabía, sin duda, que la había encontrado. Mi compañera. Parecía frágil e indefensa y no parecía tener más de 18 años. La rabia hervía dentro de mí. ¿Qué clase de manada deja a una de los suyos sola e indefensa? Me acerqué a ella, con cuidado de no asustarla. Tuve que convencerla; el olor de su miedo podía bloquear sus otros instintos. Puede que no reconozca mi olor y salga corriendo. Si corría, sabía que la perseguiría. No podía dejarla sola, sin importar el precio. El oso que hay en mí no me permitiría dejarla, y tampoco lo haría el hombre.

—Hola, cariño —susurré en voz baja.

Estaba conteniendo el gruñido, pero me exigía salir. Intentaba desesperadamente mantener al animal apartado. Sabía que ella sólo necesitaba ver al hombre. Me miró lentamente y sus ojos me hicieron frenar en seco. Uno era azul y el otro verde y eran preciosos.

De la nada, saltó directamente a mis brazos. Sus frágiles brazos se agarraron con fuerza a mi cuello. La acuné contra

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