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Hay un chico en el baño de las chicas

Hay un chico en el baño de las chicas

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Hay un chico en el baño de las chicas

valoraciones:
4/5 (22 valoraciones)
Longitud:
209 páginas
2 horas
Publicado:
30 sept 2010
ISBN:
9788467544497
Formato:
Libro

Descripción

En clase, a nadie le gusta sentarse al lado de Bradley porque siempre se porta mal. Hasta que la llegada de Jeff, un chico nuevo, le abre las puertas a un posible cambio y se ve inmerso en un mar de dudas. ¿Qué divertidas situaciones esperan a los dos amigos? Una novela para reír y reflexionar sobre nosotros mismos.
Publicado:
30 sept 2010
ISBN:
9788467544497
Formato:
Libro

Sobre el autor

Louis Sachar lives in Austin, Texas, where he writes his novels and plays quite a lot of bridge. His novel Holes has sold over 1.5 million copies in the Bloomsbury edition alone and Louis is the recipient of many of the world's most well-regarded book prizes, including the National Book Award and the Newbery Award.


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Hay un chico en el baño de las chicas - Louis Sachar

Carla

1

B

RADLEY CHALKERS se sentaba al fondo de la clase, en el último pupitre de la última fila. En el pupitre de al lado no se sentaba nadie; en el de delante tampoco. Era una isla.

Lo que de verdad le hubiera gustado a Bradley era meterse en el armario. Allí podría cerrar las puertas y no oír a la señorita Ebbel. Bradley pensaba que a ella no le importaría mucho; es más, quizá lo preferiría. Y el resto de la clase también. En resumidas cuentas, todos estarían mucho más contentos si metiera su pupitre en el armario; lo malo es que no cabía. 

—Chicos –dijo la señorita Ebbel–, quiero presentaros a Jeff Fishkin. Jeff se ha trasladado recientemente a nuestra ciudad. Antes vivía en Washington D.C. que, como sabéis, es la capital de nuestra nación. 

Bradley levantó la vista para observar al nuevo, de pie junto a la señorita Ebbel. 

—Jeff, ¿por qué no les cuentas algo de tu vida a tus compañeros? –le sugirió la señorita Ebbel. 

El nuevo se encogió de hombros. 

—Vamos –le animó la señorita Ebbel–, no seas tímido. 

El chico nuevo farfulló algo, pero Bradley no logró descifrar qué había dicho. 

—¿Has estado alguna vez en la Casa Blanca, Jeff? –le preguntó la señorita Ebbel–. Estoy segura de que a tus compañeros les interesaría mucho esa experiencia. 

—No. No he estado nunca –respondió el nuevo hablando atropelladamente mientras negaba con la cabeza. 

—Bueno –le sonrió la señorita Ebbel–, creo que lo mejor es que te busquemos un sitio –añadió mientras miraba por toda la clase–. Vaya, no veo ningún pupitre libre salvo el del fondo. Te puedes sentar allí, en la última fila. 

—¡No! ¡Al lado de Bradley, no! –chilló una niña de la primera fila. 

—Mejor al lado que delante –puntualizó el niño que se sentaba a su lado. 

La señorita Ebbel frunció el ceño. 

—Lo siento, Jeff –se excusó–. No hay más mesas libres. 

—No me importa –farfulló Jeff. 

—Bueno, es que a nadie le gusta sentarse... allí –explicó la señorita Ebbel. 

—¿Te has enterado? A nadie le gusta sentarse a mi lado –intervino Bradley poniendo una sonrisa extraña. Tenía los labios tan tensos que era difícil saber si realmente sonreía o era una mueca de disgusto. 

Bradley miró fijamente a Jeff con ojos que parecían querer salirse de sus órbitas mientras este tomaba asiento a su lado sintiéndose visiblemente incómodo. Cuando Jeff le sonrió, Bradley apartó la vista.

En cuanto la señorita Ebbel empezó la clase, Bradley sacó un lápiz y una hoja de papel y comenzó a emborronarla. Así se pasaba la mayor parte de las mañanas, garabateando a ratos sobre hojas de papel y a ratos sobre su pupitre. A veces hacía tanta fuerza con el lápiz que rompía la punta. Y cada vez que rompía la punta, soltaba una carcajada. Luego cogía la punta rota, la unía con cinta adhesiva a uno de los montoncillos de basura que guardaba en su pupitre, sacaba punta al lápiz y volvía a la carga. 

Su pupitre estaba repleto de montoncitos de papeles rotos, trozos de mina de lápiz, gomas de borrar mordidas y otros objetos no identificados unidos con cinta adhesiva. 

La señorita Ebbel repartió entre sus alumnos el control de lengua que había corregido. 

—La mayoría lo ha hecho bastante bien –afirmó–. Estoy satisfecha de vuestros resultados: catorce sobresalientes y todos los demás, notables. Bueno, menos un insuficiente, claro... –añadió encogiéndose de hombros. 

Bradley agitó en alto su hoja para que todo el mundo viera que se refería al suyo y puso de nuevo la misma sonrisa extraña. 

Mientras la señorita Ebbel comentaba las respuestas, Bradley cogió unas tijeras y se dedicó a cortar su hoja en cuadraditos muy pequeños. 

Cuando sonó la campana del recreo, Bradley se puso su anorak rojo y salió de clase solo. 

—¡Eh! ¡Bradley, espera! –oyó que decía una voz. 

Bradley se detuvo asombrado. 

—Hola –le saludó el nuevo, tras alcanzarle. 

Bradley le contempló perplejo. 

—Oye, no me importa nada sentarme a tu lado –le dijo Jeff–. De verdad. 

Bradley no supo qué contestar. 

—Sí que he estado en la Casa Blanca –siguió Jeff–. Si quieres te lo cuento. 

Bradley se quedó pensativo unos segundos. Luego respondió: 

—Dame un dólar o te escupo en la cara.

2

A

LGUNOS chicos –se los reconoce a simple vista–son buenos escupidores. Quizá sea esa la mejor manera de describir a Bradley Chalkers. Tenía aspecto de ser un buen escupidor.

Era el chico de más edad y el más fortachón de clase de la señorita Ebbel. Tenía un año más que sus compañeros. Había repetido cuarto. Estaba cursando quinto por primera, pero posiblemente no por última vez. 

Jeff le miró fijamente, le dio un dólar y se marchó corriendo. 

Bradley se rió solo; luego se quedó mirando a los demás niños, que estaban divirtiéndose juntos. 

Cuando entró en clase después del recreo, le asombró que la señorita Ebbel no le dijera nada. Se imaginaba que tarde o temprano Jeff se chivaría y tendría que devolver el dólar. 

Se sentó al fondo de la clase, en el último pupitre de la última fila. 

«No se atreve a chivarse», pensó. «Sabe que si se chiva le daré un puñetazo en la cara.» 

Bradley se rió solo. 

También comió solo. 

Cuando entró en clase después de comer, la señorita Ebbel le indicó que se acercara a su mesa. 

—¿Me llamas a mí? –preguntó, lanzando una mirada penetrante a Jeff, que ya se había sentado en su mesa–. No he hecho nada. 

—¿Entregaste mi nota a tu madre? –preguntó la señorita Ebbel. 

—¿Qué? ¿Una nota? Si no me has dado ninguna nota –respondió Bradley. 

—Sí que te di una. Incluso te di dos porque me dijiste que la primera te la habían robado –suspiró la señorita Ebbel. 

—¡Ah, es verdad! –exclamó Bradley–. Se la di hace un montón de tiempo. 

La señorita Ebbel le miró con desconfianza. 

—Bradley, creo que es muy importante que tu madre venga mañana –dijo. 

Al día siguiente había reunión de padres. 

—No puede venir –contestó Bradley–. Está enferma. 

—No le entregaste la nota, ¿verdad? –preguntó la señorita Ebbel. 

—Llama al médico si no me crees. 

—El colegio acaba de contratar a una psicóloga, y me parece que es importante que tu madre la conozca. 

—Ya se conocen –contestó Bradley–. Juegan a los bolos juntas. 

—Bradley, estoy intentando ayudarte. 

—¡Llama a la bolera si no me crees! 

—De acuerdo, Bradley –repuso la señorita Ebbel para zanjar el tema. 

Bradley se dirigió hacia su pupitre, aliviado de haber terminado la discusión. Miró a Jeff con asombro: le chocaba que no lo hubiera delatado. Después, mientras garabateaba, se puso a darle vueltas a lo que Jeff le había dicho: «¡Eh! ¡Bradley, espera! Hola. Oye, no me importa nada sentarme a tu lado. De verdad. Sí que he estado en la Casa Blanca. Si quieres te lo cuento». 

Se sentía confuso. 

Entendía cuando los demás chicos se portaban mal con él. No le importaba. Los odiaba. Y mientras los odiase, no le importaba lo que pensasen de él. 

Por eso había amenazado a Jeff con escupirle. Tenía que odiar a Jeff antes de que Jeff le odiase a él. 

Pero ahora se sentía confuso. «¡Eh! ¡Bradley, espera! Hola. Oye, no me importa nada sentarme a tu lado. De verdad.» Las palabras de Jeff resonaban en su cabeza y le martilleaban en el cerebro. 

Al acabarse las clases, salió corriendo tras Jeff. 

—¡Eh, Jeff, espérame! –le llamó. 

Jeff miró hacia atrás... y se puso a correr. Pero Bradley corría mucho más rápido que él. Alcanzó a Jeff en la esquina del edificio del colegio. 

—No tengo dinero –dijo Jeff, nervioso. 

—Te daré un dólar si eres mi amigo –dijo Bradley, ofreciéndole la moneda que Jeff le había dado antes. 

Jeff alargó primero tímidamente la mano y luego asió el dólar con rapidez. 

Bradley sonrió con su extraña sonrisa y luego le preguntó a Jeff: 

—¿Has estado alguna vez en la Casa Blanca? 

—Eh... Sí –respondió Jeff. 

—¡Yo también! –contestó Bradley. Luego se dio media vuelta y echó a correr hacia su casa.

3

B

RADLEY abrió la puerta de su casa y puso una mueca de disgusto. Olía a pescado.

—¡Qué pronto has llegado! –oyó la voz de su madre desde la cocina. Era una mujer grande con brazos gruesos. Llevaba puesto un vestido verde sin mangas, y en la mano tenía un cuchillo de carnicero. 

—Es que he venido echando carreras con mis amigos –contestó Bradley. 

En una tabla de madera, sobre la encimera de la cocina, había un pescado del tamaño de un brazo de la señora Chalkers. Bradley vio cómo levantaba el cuchillo y, con un movimiento rápido, cortaba la cabeza al pescado. 

El chico atravesó el pasillo, llegó hasta su cuarto y cerró la puerta. 

—¡Eh, amigos, Bradley ya está en casa! –anunció con otro tono de voz–. Hola, Bradley. Hola, Bradley –saludó. 

—¡Hola a todos! –respondió, esta vez hablando con su propio tono de voz. 

Estaba hablando con su colección de animales. Tenía unos veinte. Uno era un león de latón que había encontrado en un cubo de basura un día al volver del colegio. Otro, un burro de marfil que sus padres le habían traído de un viaje a México. También había dos buhos que antes se habían usado como salero y pimentero, un unicornio de cristal con el cuerno roto, una familia de perros cocker unidos a un cenicero, un mapache, un zorro, un elefante, un canguro y otros animales que estaban tan rotos que no se sabía qué eran. Pero todos eran sus amigos. Y todos pensaban que Bradley era un tipo genial. 

—¿Dónde está Roni? –preguntó Bradley–. ¿Y Bartolo? 

—Ni idea –respondió el zorro. 

—Se escapan juntos a todas horas –comentó el canguro. 

Bradley alargó el brazo y metió la mano debajo de la almohada. Sacó a Roni, la coneja, y a Bartolo, el oso. Sabía que estaban allí porque él mismo los había metido en ese sitio antes de irse al colegio. 

—¿Qué estabais haciendo allí? –les preguntó. 

Roni se rió. Era una conejita roja con diminutos ojos azules pegados en la cara. Tenía una oreja rota. 

—Nada, Bradley –se rió–. Solo había salido a dar una vuelta. 

—Pues yo... tenía que ir al cuarto de baño –se excusó Bartolo. Bartolo era un oso de porcelana pardo y blanco, erguido sobre las patas traseras. Tenía la boca abierta, dejando ver sus preciosos dientes y su lengua roja. 

—Se han hecho novios –anunció el burro mexicano–. Los he visto besándose. 

Roni se rió. 

—¡Vaya, Roni! –la regañó Bradley–. ¡Qué voy a hacer contigo! 

Roni se rió de nuevo. 

Bradley metió la mano en el bolsillo y sacó un puñado de trocitos de papel. Era su control de lengua. 

—¡Mirad! ¡Os he traído comida! –les dijo. 

Dejó caer los trocitos de papel sobre la cama y luego puso sobre ella todos sus animales. 

—Más despacio –les dijo–. Hay comida para todos. 

—Gracias, Bradley –contestó Roni–. Está deliciosa. 

—Sí, está de rechupete –corroboró Bartolo. 

—No juguéis con la comida –regañó la madre cocker a sus tres cachorros. 

—Pasa la sal –pidió el buho pimentero. 

—Pasa la pimienta –pidió el buho salero. 

—¿Qué se le dice a Bradley? –dijo el león. 

—¡Viva Bradley! –exclamaron a coro. 

Roni acabó de comer y luego se alejó sola dando brincos mientras cantaba «du, di du, di du». Después dijo: 

—Me parece que me voy a dar un chapuzón en el estanque. 

El estanque era una mancha de color morado en la colcha, causada por un zumo de uva que se le había caído a Bradley. 

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Reseñas

Lo que piensa la gente sobre Hay un chico en el baño de las chicas

3.9
22 valoraciones / 21 Reseñas
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Reseñas de lectores

  • (3/5)
    After reading that terrible book Suck, i mean Sock (Penn Jillette), i needed to clean my brain out for another book. Jenn had bought me a copy of Louis Sachar’s There’s a boy in the girls bathroom so i decided i should revert to a prior age and give a good once over. thank you goodwill for having it lying around :)I have not read this book in so many years, it really came to me as if i had never read it at all.Louis Sachar is the guy who wrote Holes (made into a movie a few years back) and Sideways stories from Wayside School. He is a Lawyer who decided children’s fiction was a nice fit for him as an occupation, and i fully agree. i have always been a fan of his books, especially the Wayside School series.Girls Bathroom is a story of a boy with the lowest self esteem ever who fights against everything, has imaginary friends and lies like no other.he is forced to go to a school counselor and over the course of the book grows up a little and finds out how to interact in society. man. this is a damn good book. t is funny, even for an adult, and i was surprised by how well the “moral of the story” was incorporated into a kid friendly story.Over the years i have been slowly building up my collection of good children’s books, books i enjoyed as a kid and would love others to read. the goal is that someone comes over to my place and has no need to turn on the TV because regardless of their gender or age, there are tons of incredible books to read. the words “i’m bored” would be met with “have you read this? it is really really good”recently i last year i read Judy Blume’s Superfudge and it is really what started the idea. i laughed and really had a good time reading it, even though i read it rather quickly and it was far below my reading level. next in the list will likely be some William Sleator books like House of Stairs, Singularity, the Green Futures of Tycho, and Interstellar Pig (which recently had a sequel written for it). I absorbed this write almost through osmosis when i was a kid. special thanks to my dad for handing me Interstellar Pig in the library as a kids and telling me it looked good. Much appreciation for you and mom putting up with us kids, our voracious appetite for books, and the common place trips to the Springville library where we had a 10 book limit on ourcheck outs (parent imposed limit)mmm.. Suck has been washed from my tastebuds and replaced with non-suck happiness.excellent.
  • (4/5)
    This would've received 4 stars if the ending hadn't been quite so neatly tied up, and a key event involving parents quite so cartoonish. I was big fan of Holes (book and movie, which he scripted). This is for a younger audience. I think the title falsely suggests something silly along the lines of Rockwells How to Eat Fried Worms. A better title IMO would be Bradley Chalkers is a Monster. The author though considers it one of his better titles.Title and ending aside, this is a well-told story about a kid who has isolated himself from his peers through repeated acts of buffoonery and nastiness. Even he doesn't know why he does it. Into his life comes a new kid to the school, also at loose ends, several girls in his class with very mixed messages, and Clara, the new school counselor, who is one really wise person. This is a young reader book that manages to be very funny and very sad in adjacent paragraphs. I don't know how kids receive it, but highly recommended for adults.
  • (2/5)
    My daughter, who is one month from being 8 years old, really liked this book! I, however, did not. (I'm 46) I didn't like the main character, Bradley, at all. He is basically a jerk. His parents were incredibly neglectful and his teacher is lazy and pretty bad at her job. I did like the message that getting counseling could be beneficial, and that people can change - that is true and a big positive of this story. But up until that revelation, I was very disappointed in the whole thing. I would file it, much like Bradley himself, in the bookshelf - last shelf, bottom row.
  • (3/5)
    Great juvenile fiction. Only disappointment for me was the ending.
  • (5/5)
    One of my favorite books from my childhood. I remember my 6th grade teacher reading it and every year, I read it to my students. There's something about the way Louis Sachar writes that makes stories easy to read aloud and are well-loved by all children.
  • (5/5)
    If you are into hilarious and embarrassing books this is the book for you. There’s a Boy in the Girls’ is a book where a middle school boy runs into the girls’ bathroom and is humiliated for life. He has to take his label off of him by making jokes and miraculously it works. =]
  • (3/5)
    There's a Boy in the Girl's Bathroom was the funniest book I have ever read. It is about a kid that has a slow beginning, and ends it with a boom. This book reminds me of a boy that was in my fifth grade class. Still, even if it was funny, I think it could use some more work.
  • (5/5)
    I was given this to read by my daughter, a school teacher of course. I loved it, as I've loved all of Louis Sachar's books.
  • (5/5)
    This is the quintessential book for anyone who grows up feeling like they don't fit in. Children feeling that way I think really connect to this book in a way that they can with few other books.
  • (3/5)
    A good read. SPOILER: Slightly marred by an unconvincing transition from target to pal. As a kid I would have interpreted that to mean even the writer didn't believe it was possible to make the shift. (But I was a very skeptical child.) In most ways an encouraging and wise and enjoyable book.
  • (5/5)
    There's a Boy in The Girls' Bathroom is an excellent book conveying the feelings of kids trying to find their place among one another. Louis Sachar does a wonderful job explaining the emotions involved in being an outcast and the complicated reasons for odd behavior. While easily speaking to children about the passive aggressive nature of friendships, adults also are able to gain insight into one another. There's a stern scolding to parents who get so caught up in grades and preparing for their child's future that they forget about their present day feelings and needs. Sachar blends a nice amount of humor into the book, keeping the book from getting too heavy with emotional tugging. It's a touching book but joyful as well. It reminds the young and old alike to appreciate one another and approach each other with tolerance as well.
  • (4/5)
    A very well written book-- funny but much more serious than i had anticipated. Bradley Chalkers is the oldest kid in the 5th grade- a well known and always avoided "serious behavior problem" that no one (not even the teachers) likes. Every one is afraid of him and they avoid him at all costs. Enter Jeff, the new kid who has to sit next to him in class, who has no friends yet, does not know Bradley is a social pariah and befriends him. But this is realistic fiction, and Bradley does not know how to be a friend, Jeff makes friends quickly and doesn't want to become a social outcast and a new young school psychologist shakes things up in more ways than one. Winner of 19 children's choice awards, There's a Boy in the Girl's Bathroom is funny and moving and with the notable exception of the the corny ---basketball -let's all be friends now --scene--very realistic portrayal of upper elementary and early middle school social horror show that most kids will relate too. Not fluffy at all-- a good solid read. Highly recommended.
  • (4/5)
    Great book! Funny and very interesting.
  • (4/5)
    Winner of multiple awards (including but not limited to: Milner Award, Iowa Children's Choice Award, Pacific Northwest Young Reader's Choice Award, Nevada Young Readers' Award, and Nene Award) Louis Sachar's There's a Boy in the Girl's Bathroom follows Bradley Cooper as he goes through 5th grade again.There's a Boy in the Girl's Bathroom is a humorous take on bullying, being bullied and growing up. Louis Sachar's characters are likable, funny and honest. This book will resonate with anybody who has had issues growing up. Funny, sweet and straight from the heart this book is a enjoyable read.
  • (4/5)
    I didn't think I would enjoy this, but I did. A good choice for middle school reluctant readers.
  • (4/5)
    I always saw this book at the school library and rolled my eyes. Sounded pretty ridiculous. But as it turns out - this was an amazing book! It's amazingly compassionate and sweet and just a joy to read. I couldn't recommend this enough for kids starting around age eight or so. It's funny, 'cause I should have known I liked Sachar from the Wayside books. Oh well. Maybe I got more out of it now anyway.
  • (1/5)
    dont like this book
  • (3/5)
    After reading that terrible book Suck, i mean Sock (Penn Jillette), i needed to clean my brain out for another book. Jenn had bought me a copy of Louis Sachar’s There’s a boy in the girls bathroom so i decided i should revert to a prior age and give a good once over. thank you goodwill for having it lying around :)I have not read this book in so many years, it really came to me as if i had never read it at all.Louis Sachar is the guy who wrote Holes (made into a movie a few years back) and Sideways stories from Wayside School. He is a Lawyer who decided children’s fiction was a nice fit for him as an occupation, and i fully agree. i have always been a fan of his books, especially the Wayside School series.Girls Bathroom is a story of a boy with the lowest self esteem ever who fights against everything, has imaginary friends and lies like no other.he is forced to go to a school counselor and over the course of the book grows up a little and finds out how to interact in society. man. this is a damn good book. t is funny, even for an adult, and i was surprised by how well the “moral of the story” was incorporated into a kid friendly story.Over the years i have been slowly building up my collection of good children’s books, books i enjoyed as a kid and would love others to read. the goal is that someone comes over to my place and has no need to turn on the TV because regardless of their gender or age, there are tons of incredible books to read. the words “i’m bored” would be met with “have you read this? it is really really good”recently i last year i read Judy Blume’s Superfudge and it is really what started the idea. i laughed and really had a good time reading it, even though i read it rather quickly and it was far below my reading level. next in the list will likely be some William Sleator books like House of Stairs, Singularity, the Green Futures of Tycho, and Interstellar Pig (which recently had a sequel written for it). I absorbed this write almost through osmosis when i was a kid. special thanks to my dad for handing me Interstellar Pig in the library as a kids and telling me it looked good. Much appreciation for you and mom putting up with us kids, our voracious appetite for books, and the common place trips to the Springville library where we had a 10 book limit on ourcheck outs (parent imposed limit)mmm.. Suck has been washed from my tastebuds and replaced with non-suck happiness.excellent.
  • (5/5)
    This is probably my all-time favorite book for students. The emotions so quickly move from sadness to elation, with big laughs in between.
  • (4/5)
    There’s a Boy in the Girl’s Bathroom by Lois Sachar- Bradley seems to be a bad kid. He finally made it to fifth grade after failing fourth. He is pretty sure that if things stay the same he will also fail fifth grade. In reality Bradley has low self esteem and takes out his frustrations on others. The new guidance counselor at school is unlike anyone Bradley has encountered. She encourages him to try harder and eventually we see the real Bradley emerge.This book really showed how sometimes it is hard to change because people have a certain opinion of you already. Eventually Bradley does change though, which shows students that it can be done.I would have the students write about a time when someone thought they were different from how they actually are, or a time when they judged someone only to find out they are different.
  • (5/5)
    A great book for children, and one that has a message for adults that read it as well.The main character starts out as a wholly unlikeable little boy, but as the story progresses (and dips into his head), we find ourselves first empathizing with him, and then rooting for him. We see him make bad decisions but instead of damning him for them, we understand where they came from and how we might have done the same thing in the same circumstance.More than anything else, this book brings home how difficult it can be when everyone expects you to be the bad guy, at a time when all you want to do is to fit in and live up to the expectations that are put on you.Recommendation: For any kids who don't quite feel included... and for the ones who do, who may be treating their own classmates this way.