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Cartas de amor a los muertos
Cartas de amor a los muertos
Cartas de amor a los muertos
Libro electrónico389 páginas5 horas

Cartas de amor a los muertos

Calificación: 3.5 de 5 estrellas

3.5/5

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Información de este libro electrónico

Todo comienza con un trabajo para la clase de Literatura: escribir una carta a una persona muerta. Laurel decide escribirle a Kurt Cobain, quien murió joven como May, su hermana. Luego de la primera carta, ya no puede detenerse, y escribirá otras a  Janis Joplin, Amy Winehouse,  Jim Morrison y Heath Ledger, entre otros personajes famosos. Sin embargo, no le entrega ninguna a su profesora.La tarea permanece oculta… como tantas cosas de su vida.

Laurel escribe sobre lo que le pasa: cómo se siente empezar en otra escuela, lo difícil que es forjar nuevas amistades, cómo es el primer amor o vivir con padres separados y, lo más importante, escribe sobre la muerte de May. De esta manera, comienza a relacionar las cosas que compartió con su hermana y sus experiencias personales, con las vidas y muertes de estos íconos. Cuando escriba la verdad sobre lo que le ocurrió, podrá aceptar la muerte de May y solo así logrará verla y recordarla como la persona que siempre fue: adorable, asombrosa e… imperfecta.

Crecer es doloroso. Muchas veces hay un mundo secreto que tarde o temprano hay que enfrentar. Y se enfrenta mejor con la verdad y con ayuda. Un libro para leer con el alma, para compartir con quienes de verdad amamos y queremos cuidar.
IdiomaEspañol
EditorialVRYA
Fecha de lanzamiento14 dic 2015
ISBN9789876128568
Cartas de amor a los muertos
Autor

Ava Dellaira

Ava Dellaira is a graduate of the Iowa Writers’ Workshop, where she was a Truman Capote Fellow. She grew up in Albuquerque, New Mexico, and received her undergraduate degree from the University of Chicago. Love Letters to the Dead is her debut novel. She currently lives in Santa Monica

Comentarios para Cartas de amor a los muertos

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    5/5
    me gusto por los temas,los personajes y las cartas q lei en este libro
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    4/5
    I finally picked up the book that everyone is raving about. And yes, it is good.Plot: This story is told through letters written to dead people. I love the way these letters reveal a small part Laurel life’s. She writes to each person differently, capturing the reader with great imagination. The way she wrote her feelings, the way she questions actions, helps the reader become more in-tune with Laurel.Friendship/Loss: Laurel goes through a lot. With each letter Laurel becomes better and learns to deal. Each letter is significant to the person she is writing to. For me, it felt like Laurel’s connection to each dead person makes it real. Towards the end, I adored Laurel and the way she dealt with grief.Ending: I think this story deals with grief that any teen can connect to. It has music and it has soul. It touches the reader right in the heart.Love Letters To The Dead is an effective tale of grief and lost. The elegant use of letters, steals the reader away. Love Letters To The Dead is awesome.
  • Calificación: 4 de 5 estrellas
    4/5
    High school freshman Laurel is given an English assignment in which she is to write a letter to a famous deceased person. She chooses Nirvana frontman Kurt Cobain because he was her sister May's favorite singer. Laurel does not turn in that assignment but rather continues writing not only to Kurt but to other famous people who died tragically, such as River Phoenix, Janis Joplin, Jim Morrison, and Amy Winehouse. Laurel writes to them about the struggles of starting high school in the wake of May's tragic death six months before. While this book can be difficult to read through due to its depressing nature, Laurel, who has difficulty opening up to people (which affects the relationships around her), does find writing the letters a catharsis as she sorts through the events leading up to her sister's death.
  • Calificación: 3 de 5 estrellas
    3/5
    Love Letters to the Dead for me was okay. I didn’t love it, or hate it. It was just middle of the road for me.

    Laurel is a girl having to deal with death. After she’s given the assignment to write a letter to a dead person she feels comfortable sharing her thoughts. I was glad that she was able to deal with her feelings that way. I didn’t care for all the information they gave about the recipient’s life. Those should have been written in a way that made the reader want to learn more about them.

    I think the thing that got me was that the relationships felt forced, and awkward. I’m glad she found the friends she did, but I didn’t care for her doing things she wasn’t comfortable with to impress them. I also liked the side characters much more. They had more depth, and faced their problems as best they could.

    While I didn’t love this book, I think others would enjoy it. I liked the influential people that Laurel wrote to, and how they made her feel safe.
  • Calificación: 5 de 5 estrellas
    5/5
    It started off a little soon, but I pushed on and then boy, was I hooked. Laurel receives a writing assignment on her first day of high school to write a letter to a dead person so she writes to Kurt Cobain. She enjoys it so much that it turns into a journal of sorts and she keeps writing to other dead people (River Pheonix, Janis Joplin, Heath Ledger, Elizabeth Browning, etc.), never turning in her initial assignment. She pours out her fears, frustrations, loneliness, and developing friendships. It's heartbreaking as she laments for her sister (who died tragically young), the divorce of her parents and the fear of being too broken. It is very reminiscent of Stephen Chbosky's "The Perks of Being a Wallflower" in that it is a coming of age story that will stick with you long after you finish it. Wonderful, achingly sad, and beautiful. I may have shed a tear or two at the end, a wonderful debut!
  • Calificación: 3 de 5 estrellas
    3/5
    I couldn't relate to any of the characters.

Vista previa del libro

Cartas de amor a los muertos - Ava Dellaira

Querido Kurt Cobain:

Hoy la profesora Buster nos encargó el primer trabajo de Literatura: escribir una carta a una persona que ha muerto. Un poco extraño, ya que no creo que pueda enviarse al cielo ni que exista un correo para fantasmas. Probablemente quería que eligiéramos a una figura importante, como un antiguo presidente o algo parecido, pero yo necesito hablar con alguien más accesible. Por eso te escribo a ti.

Me gustaría saber dónde estás ahora y por qué te fuiste. Eras el cantante favorito de mi hermana May. Desde que ella nos abandonó, me resulta muy difícil ser yo misma, ya que no recuerdo exactamente quién soy. Pero ahora que he comenzado la escuela secundaria, debo descifrarlo cuanto antes porque, de lo contrario, podría hundirme en un abismo.

Todo lo que conozco sobre el secundario lo sé gracias a May. En mi primer día, revisé su armario y encontré las prendas que ella usó la primera vez que fue a la escuela: una falda plisada con un suéter rosa de cachemir al que le cortó el cuello y le añadió el parche de Nirvana de la cara sonriente y los ojos en forma de X.

Mi hermana tenía una belleza fuera de lo común: su cabello era perfectamente suave y su andar no parecía de este mundo, sino de uno superior. Su actitud combinaba por completo con su atuendo. En cambio, cuando yo me probé su ropa, no me sentí para nada identificada; en mí parecía un disfraz. Por eso decidí usar mi vestimenta preferida de la escuela primaria: un mono de jean, una camiseta de manga larga y unos aretes. Ni bien entré en el corredor del West Mesa High supe que mi elección no había sido la indicada.

También advertí que no tendría que haber llevado el almuerzo desde mi casa. O se compran pizza y galletas Nutter Butters en la cafetería o no se come en absoluto, no parece haber otra opción. Mi tía Amy, con la que vivo semana de por medio, me preparó unos bocados de lechuga y mayonesa, porque son los que nos gustaban a May y mí cuando éramos pequeñas. Tiempo atrás, solía tener una familia normal. No éramos perfectos, pero mamá, papá, mi hermana y yo vivíamos bajo el mismo techo. Hoy en día esos recuerdos parecen muy lejanos... Mi tía se esfuerza tanto por crear un ambiente familiar que sería injusto rechazar su almuerzo. Por eso, opto por ir al baño a comer rápidamente para evitar las miradas de reproche. Al finalizar, arrojo el envoltorio en el cesto destinado a los tampones.

Hace una semana que comenzó la escuela y todavía no he hablado con nadie. Mis antiguos compañeros concurren a Sandia High, que es donde fue May. Como no quería dar lástima ni que me preguntaran cosas imposibles de responder, decidí asistir a West Mesa, que se encuentra en el mismo distrito que la casa de mi tía Amy. Creo que es la única forma de dejar atrás el pasado y empezar de nuevo. Espero no equivocarme.

Al mediodía, para no pasar los cuarenta y tres minutos del recreo en el baño, una vez que termino mis bocados, salgo al patio y me siento en la cerca. Me encanta ese lugar porque desde allí puedo observar sin ser vista. Las hojas han comenzado a caer de los árboles, pero el aire cálido aún domina el ambiente. Disfruto de la naturaleza mientras miro a un chico cuyo nombre es Sky. Siempre lleva una chaqueta de cuero. Aunque se encuentre lejos de mí, alcanzo a sentir su respiración. Me hace pensar en el aire que inspiramos a cada instante, el aire que nos mantiene vivos. No sé por qué, pero en este sitio repleto de desconocidos advierto que ambos respiramos el mismo aire; idéntico al que inhalaban tú y May.

Por momentos percibo que tu música encierra demasiado de tu ser interior, como si no hubieras podido expresar todo lo que deseabas. Quizás esa fue la causa de tu muerte: una explosión interna. Me parece que no estoy cumpliendo correctamente con mi tarea. Lo intentaré más tarde.

Sinceramente tuya,

Laurel

Querido Kurt Cobain:

Cuando la profesora Buster pidió que al final de la clase le entregáramos nuestras cartas, tomé mi cuaderno donde estaba escrita la mía y lo abracé muy fuerte. Ni bien tocó el timbre, salí apresuradamente del aula. Hay algunas cosas que no puedo contarle a nadie, excepto a personas que ya no están aquí.

La primera vez que May me hizo oír tu música, yo estaba en octavo curso y ella en décimo. Desde que había comenzado el secundario, un abismo se había interpuesto entre las dos. Yo la extrañaba mucho y, sobre todo, echaba de menos las palabras que solíamos inventar juntas. Pero esa noche, en el auto, estábamos solo las dos una vez más. Ella puso Heart-Shaped Box y para mí fue una revelación: nunca había escuchado algo así.

Recuerdo que May me miró a los ojos y me preguntó si me gustaba la canción. Con sus palabras me invitó a formar parte de su mundo. Entusiasmada, acepté.

Últimamente he vuelto a acercarme a tu música. Pongo In Utero, mi álbum preferido, cierro la puerta de mi habitación, luego mis ojos, y lo escucho una y otra vez. Cuando oigo tu voz siento que todo comienza a cobrar sentido. Me resulta difícil explicar esta sensación tan fuerte.

Después de la muerte de May, el pasado mes de abril, mi cerebro se había apagado. Mis padres me bombardeaban con preguntas que no podía responder, razón por la cual dejé de hablar por un tiempo. Todos se contagiaron de mi silencio y nadie volvió a mencionar ese tema. Es un mito la frase que afirma que el dolor une a las familias, porque a nosotros nos ha separado. Cada uno creó su propia isla: mi padre, en nuestra casa, mi madre, en el apartamento al que se había mudado algunos años antes y yo, en mi mundo hermético lejos de todo contacto con los seres humanos.

Finalmente, papá se dedicó a ver partidos de béisbol y regresó a su trabajo en Rhodes Construction, mientras que mamá, dos meses después, partió a un rancho en California. Tal vez estaba enfadada conmigo porque no le relaté lo que había ocurrido. Pero el problema es que no puedo hablar con nadie sobre lo que sucedió.

Durante el verano, me consagré a la exhaustiva búsqueda de artículos e imágenes on-line que pudieran reemplazar la historia que tanto me atormentaba. El obituario presentaba a May como a una hermosa joven y excelente estudiante que, lamentablemente, había fallecido. Por otro lado, un pequeño artículo del periódico se titulaba Muerte trágica de una adolescente y estaba acompañado de una fotografía de flores y recuerdos que sus compañeros habían depositado cerca del puente, junto a su imagen.

Quizá tú logres ayudarme a encontrar las puertas a un mundo nuevo. Todavía no he hecho amigos aquí. De hecho, no he pronunciado palabra alguna, con excepción de presente al inicio de cada asignatura. En mi clase de Literatura hay una chica llamada Natalie que me llamó mucho la atención porque se dibuja en los brazos prados con criaturas, mujeres y árboles muy reales. Tiene piel morena y usa dos largas trenzas que le llegan hasta la cintura. Sus ojos son de diferentes colores: uno casi negro y el otro, verdoso. Ayer me pasó una nota con una carita sonriente. Quiero encontrar la manera de sentarme junto a ella en el almuerzo.

Percibo un fuerte vínculo de fraternidad entre los estudiantes que forman fila para comprar comida. Alguna vez, me encantaría estar entre ellos. Sin embargo, no quiero molestar a mi padre pidiéndole dinero porque se estresa cada vez que lo hago, y tampoco puedo recurrir a mi tía Amy, ya que cree que estoy muy satisfecha con sus bocados. Por eso junto monedas que encuentro perdidas en los rincones. Ayer tomé cincuenta centavos del vestidor de mi tía. Me sentí mal, pero gracias a eso compré una bolsa de Nutter Butters.

Disfruté cada instante de mi nueva experiencia: la prolongada espera en la fila, observar a la joven de rizos que estaba delante de mí e, incluso, el crujido del envase al abrirlo.

Minutos más tarde ocurrió algo inesperado: estaba mordisqueando una Nutter Butter y observando a Sky cuando de pronto nuestros ojos se cruzaron. Sentí mariposas en mi interior, pero esquivé rápidamente su mirada. Luego volví a echarle un vistazo y noté que continuaba mirándome. Sus ojos, al igual que tu voz, provocaron un gran impacto en mí. Tal vez sean la llave que necesito para poder expresarme.

Sinceramente tuya,

Laurel

Querida Judy Garland:

Elegí escribirte porque El mago de Oz continúa siendo mi película favorita. La veíamos con mi madre cada vez que me enfermaba y no podía asistir a la escuela. Nos gustaba beber ginger ale con cubos de hielo de plástico color rosa y acompañarlo con panecillos de canela, mientras disfrutábamos de Somewhere Over the Rainbow.

Estoy segura de que todo el mundo conoce tu rostro o, por lo menos, tu voz. Sin embargo, creo que muy poca gente sabe acerca de tu vida real, más allá de la ficción.

Te imagino de pequeña, en el pueblo cercano al desierto de Mojave, donde creciste bailando tap y cantando villancicos en el cine de tu padre. Desde niña aprendiste que los aplausos reflejaban amor.

También te imagino a lo largo de las calurosas noches de verano, en las que la gente solía acudir para disfrutar del aire acondicionado. Tu fuerte presencia sobre el escenario entretenía a la audiencia, de tal manera que olvidaban sus miedos y preocupaciones. Tu inigualable voz era una fuente de alegría, sobre todo, para tus padres.

Luego, se proyectaba una película en blanco y negro, durante la cual te dormías. Cuando finalizaba, tu padre te cargaba en sus brazos hasta su enorme coche. El viaje de regreso a casa era comparable al de un bote navegando en alta mar, pero en este caso sobre la superficie negra del pavimento.

No soportabas la tristeza ajena; por eso, nunca dejabas de cantar. Lo hacías cuando tus padres discutían y, a su vez, cuando necesitaban sonreír. Utilizabas tu voz como un pegamento capaz de mantener a tu familia unida. Pero también cantabas para ti, para evitar perder el control.

Mi madre solía cantarnos, sobre todo canciones de cuna. Su voz suave entonaba All bound for morning town..., mientras me acariciaba el cabello hasta que me dormía. Los días en que me desvelaba, ella me invitaba a cerrar los ojos e imaginarme dentro de una burbuja que flotaba sobre el mar, a la deriva. Cuando la pompa de jabón se pinchaba, las palabras pronunciadas por mi madre venían en mi rescate formando una nueva.

Ahora todo ha cambiado. Al verme navegando en el mar, las burbujas se deshacen rápidamente. Para no hundirme, debo abrir los ojos de inmediato. Mamá no puede salvarme, está demasiado triste. Ella y papá se separaron justo antes de que May comenzara la secundaria y, dos años más tarde, luego de la muerte de mi hermana, ella decidió mudarse a California.

Desde entonces, la casa se llenó de ecos. Solamente vivimos mi padre y yo. A menudo recuerdo las épocas en las que estábamos todos juntos. Todavía puedo sentir el aroma característico de las comidas de mamá; también puedo vernos a través de la ventana a mi hermana y a mí recolectando ingredientes para nuestros hechizos de magia.

Actualmente vivo algunas semanas en la casa de mi tía Amy en lugar de quedarme en lo de mi madre, como solíamos hacer May y yo luego del divorcio. Es un hogar tranquilo y excesivamente ordenado, libre de fantasmas pero carente de calidez; solo muebles y muñecas de origen chino dominan el espacio. A su vez, los jabones de rosas abundan por toda la casa. Supongo que mi tía los reserva para ocasiones especiales, ya que en el baño usamos jabón de marca Ivory.

En este preciso instante estoy aquí, sentada junto a la ventana a la espera de la primera estrella de la noche.

Desearía saber dónde te encuentras. Sé que has muerto, pero creo firmemente que los seres humanos no pueden desaparecer por completo. Afuera está muy oscuro y estoy convencida de que estás por allí... En algún lugar, en algún lugar. Me gustaría dejarte entrar.

Sinceramente tuya,

Laurel

Querida Elizabeth Bishop:

Quiero compartir contigo dos cosas que ocurrieron hoy en la clase de Literatura. Leímos un poema tuyo y hablé frente a mis compañeros por primera vez. Hace dos semanas que comencé la secundaria y, durante las lecciones, me he dedicado a observar las aves que vuelan entre los cables telefónicos y los álamos del jardín. Estaba pensando en un joven llamado Sky y en cuáles serían sus sueños más anhelados cuando, de pronto, escuché mi nombre. De inmediato, alcé la vista y noté que la profesora Buster me miraba fijamente.

–Laurel, ¿podrías leer?

Los latidos de mi corazón se aceleraron. Ni siquiera sabía por qué página íbamos y, por un instante, sentí mi mente en blanco. Pero Natalie se acercó y ubicó el poema correcto en mi Xerox. Comenzaba de esta manera:

El arte de perder no es difícil de dominar;

tantas cosas parecen decididas a extraviarse

que, cuando ocurre la pérdida, no es tan terrible.

Al principio me puse muy nerviosa. Pero a medida que avanzaba en la lectura, me identificaba cada vez más con tus palabras, porque comprendía perfectamente a qué te referías.

Pierde algo cada día. Acepta la frustración

de las llaves perdidas, de las horas malgastadas.

El arte de perder no es difícil de dominar.

Practica, entonces, perder más cosas en menos tiempo:

lugares, nombres y destinos a los que deseabas viajar.

Nada de esto será tan terrible.

Perdí el reloj de mi madre. Y, más aún, la última

o anteúltima de las tres casas que amaba.

El arte de perder no es difícil de dominar.

Perdí dos hermosas ciudades, algunos reinos

que poseía, dos ríos, un continente.

Los extraño, sí, pero no fue tan terrible.

Incluso al perderte a ti (esa voz risueña, ese gesto que

amaba) no estaré mintiendo. Es evidente

que el arte de perder no es difícil de dominar,

aunque por momentos parezca (¡escríbelo!) desastroso.

Mi voz tembló demasiado, como si el poema hubiera generado un terremoto en mi interior y, cuando terminé de leer, un silencio sepulcral inundó la sala.

Como siempre, la profesora Buster abrió sus grandes ojos de insecto y nos preguntó:

–¿Qué opinan sobre el poema?

Inmediatamente Natalie giró en dirección hacia donde yo estaba. No le debe haber gustado que todos los estudiantes estuvieran mirándome, razón por la cual levantó su mano y dijo:

–Es evidente que Elizabeth miente. No es nada fácil perder cosas.

En ese momento, mis compañeros se olvidaron de mí y fijaron sus miradas en Natalie.

–¿Por qué creen que es más difícil renunciar a algunas cosas que a otras? –continuó la profesora Buster.

–Porque el amor está presente en ellas, por supuesto. A medida que aumenta el amor que tenemos por una cosa, más arduo se tornará perderla –respondió Natalie con seguridad.

Minutos después alcé mi mano casi sin darme cuenta.

–Yo creo que perder algo muy cercano equivale a perder una gran parte de uno mismo. Es por eso que, al final del poema, siente dificultad a la hora de escribir, ya que no recuerda cómo debe hacerlo. Ha olvidado incluso quién es ella misma.

Los ojos de mis compañeros volvieron a centrarse en mí pero, gracias a Dios, sonó el timbre. Ordené mis pertenencias lo más rápido posible y advertí que Natalie me observaba como lo hacen los amigos cuando se esperan para retirarse juntos. Tal vez había llegado el momento en que dejaría de almorzar sola junto a la cerca.

Sin embargo, la profesora Buster desmoronó mi ilusión cuando dijo:

–Laurel, ¿puedo hablar un momento contigo?

En ese preciso instante, la odié muchísimo porque Natalie salió del aula. Me acerqué a su escritorio y ella continuó:

–¿Cómo estás?

–Mm... bien –respondí con las manos aún sudorosas por haber hablado en clase.

–Noté que no has entregado el primer trabajo que les asigné. La escritura de la carta, ¿recuerdas?

Bajé la mirada hacia el suelo, en el que se reflejaba una luz intensa y murmuré:

–Ah, sí, ¡lo siento! Todavía no la he terminado.

–Está bien. Esta vez te daré más tiempo. Pero me gustaría que la entregaras la semana próxima.

Asentí.

–Laurel, si en algún momento necesitas hablar con alguien...

Desconcertada, alcé la vista.

–Antiguamente enseñaba en Sandia –comentó con cautela–. May estaba en mi clase de Literatura.

Me quedé sin aliento y comencé a sentir un terrible mareo. Confiaba en que en esta escuela nadie sabría acerca de lo ocurrido o, por lo menos, nadie hablaría del tema. Sin embargo, ahora, la profesora Buster me observaba fijamente, esperando a que le develara el misterio. Pero para mí era imposible hacerlo.

–May era una joven muy especial –comentó finalmente.

–Así es –respondí nerviosa y, de inmediato, salí de la clase.

El ruido de los corredores se tornó más ensordecedor que de costumbre. Sentí la necesidad de cerrar los ojos y que las voces me empujaran fuera de la escuela.

Sinceramente tuya,

Laurel

Querido River Phoenix:

En la casa de mi padre, el dormitorio de May está como siempre. Exactamente igual, pero ahora la puerta permanece cerrada y ningún ruido sale de su interior. A veces me despierto repentinamente y creo escuchar sus pasos furtivos, como cuando volvía de las escapadas nocturnas. Mi corazón comienza a latir con velocidad y entusiasmo, hasta que recuerdo la triste realidad.

Si no logro volver a dormirme, me levanto y camino a hurtadillas hacia su habitación. Al llegar, abro sigilosamente la puerta y entro. Todo está en su lugar, como aquella noche en la que fuimos al cine. May continúa presente en cada uno de sus objetos. Tomo dos de sus broches y los acomodo en mi cabello. Luego los devuelvo a la posición exacta en la que estaban, sobre la cómoda formando una cruz. Descubro un perfume Sunflowers casi vacío junto al lápiz labial que siempre llevaba puesto cuando regresaba a casa de sus salidas. La parte superior de la biblioteca se encuentra cubierta de gafas en forma de corazones, velas consumidas, caracolas y geodas que exhiben sus cristales internos. Me acuesto en la cama para observar todas sus pertenencias y trato de imaginarla allí, conmigo. Miro con detenimiento la pizarra colmada de flores disecadas, fragmentos de horóscopos y fotografías. Una de ellas es de un verano de nuestra niñez en la que estamos con mamá junto a una camioneta. En otra aparece May antes de su baile de graduación con un vestido largo que había conseguido en Thrift Town y una rosa en su cabello, que ahora se encuentra disecada, prendida a la pizarra.

Abro su armario y veo camisetas vistosas, faldas cortas, suéteres con cuellos arrancados y pantalones rotos en los muslos. Atuendos osados y valientes, al igual que su personalidad.

Encima de la cama, sobre la pared, hay un poster de Nirvana y, junto a él, una imagen tuya de Cuenta conmigo. Tienes un cigarrillo en la boca y tus rasgos característicos: pómulos perfectos y cabello rubio. Mi hermana te amaba. Recuerdo la primera vez que miramos esa película. Fue justo antes de que nuestros padres se divorciaran y de que ella comenzara el secundario. Era muy tarde; estábamos las dos solas envueltas en mantas, comiendo palomitas de maíz y mirando televisión. Apareciste en la pantalla y ambas quedamos asombradas por tu belleza. Sentimos que eras alguien cercano a nosotras. En la película, protegías a Gordon, que había perdido a su hermano mayor. Pero también tenías una herida propia: los profesores y los padres de tus amigos te juzgaban a causa de la mala reputación de tu familia. Por eso solías exclamar: Desearía vivir en un lugar en el que nadie me conociera. Al escuchar por primera vez aquellas palabras, May exclamó: Yo desearía sacarlo de la televisión y traerlo a nuestra casa. ¿No crees que encajaría perfectamente aquí?. Asentí con convicción.

Una vez finalizada la película, mi hermana confesó que estaba enamorada de ti. Buscó información en la computadora de papá; quería averiguar todo sobre tu vida. Encontramos muchas fotografías de Cuenta conmigo y de cuando eras mayor. Expresabas vulnerabilidad y firmeza al mismo tiempo. De pronto, hallamos un artículo en el que decía que habías muerto a causa de una sobredosis de drogas. Tenías tan solo veintitrés años. Minutos antes habías estado con nosotras, muy cerca. Sin embargo, ya no formabas parte de este mundo.

Aquella noche marcó el comienzo de una nueva era en nuestras vidas. Aunque no lo hayamos advertido en el momento, ahora puedo comprenderlo con claridad. La noticia de tu muerte simbolizó, para nosotras, la pérdida de la inocencia. May apagó rápidamente la computadora y derramó algunas lágrimas mientras afirmaba que, para ella, siempre estarías vivo.

De ahí en más, cada vez que mirábamos Cuenta conmigo (compramos el DVD y la vimos muy seguido a lo largo de aquel verano), silenciábamos la escena final en la que Gordon decía que habían matado a Chris, tu personaje. No podíamos escucharlo. Queríamos guardar para siempre en nuestra memoria al niño inmortal y perfecto.

Yo sé que May ha muerto. Lo comprendo racionalmente, pero me parece irreal. Todavía siento que se encuentra aquí, conmigo. Imagino que entra por la ventana, luego de una escapada nocturna, y me relata sus aventuras. Creo que si lograra aprender a ser como ella, podría encontrar la manera de sobrevivir a su ausencia.

Sinceramente tuya,

Laurel

Querida Amelia Earhart:

La primera vez que escuché tu historia en la clase de Estudios Sociales sentí muchos celos. Sé que tuviste una muerte trágica, pero envidié desde un principio tu valentía y audacia. Te animaste a volar para observar el mundo desde otra perspectiva y no sentiste miedo frente a los posibles peligros.

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