Disfruta de millones de libros electrónicos, audiolibros, revistas y más

A solo $11.99/mes después de la prueba. Puedes cancelar cuando quieras.

Un pueblo sin estado: Mapuche gente de la tierra

Un pueblo sin estado: Mapuche gente de la tierra

Leer la vista previa

Un pueblo sin estado: Mapuche gente de la tierra

valoraciones:
1/5 (1 clasificación)
Longitud:
329 páginas
10 horas
Publicado:
11 dic 2017
ISBN:
9789563240511
Formato:
Libro

Descripción

“Chile empobreció al país mapuche. ¿Por qué nosotros tendríamos que aportarle al Estado de Chile? ¿Qué es ser chileno? Un pasaporte, tener un número. ¿Bailar cueca el Dieciocho? Chile es una idea de pueblo que aún no cuaja. Se está hablando del Bicentenario ¡doscientos años! ¡Qué son doscientos años! En un contexto incluso de pueblos mínimos, se requiere una formación de al menos mil años para que empiece a construir su propia lengua. Chile no existe, es una idea ficticia, existe como Estado, pero no como pueblo. Estado que se impone a través de un proceso de negación de lo otro. El Estado necesita negar lo preexistente para justificarse. Un pueblo no intenta construir Estados porque es un pueblo en sí mismo. Lo que sí necesita es un territorio y ahí está la diferencia de lectura. Cuando se habla de autonomía mapuche, cuando se habla de un país mapuche se está hablando en términos de pueblo. Por eso es tan importante la palabra pueblo porque el pueblo no obedece a la dinámica del Estado, sino a la tradición cultural.”

Leonel Lienlaf

“Mapuche, gente de la Tierra” es lejos, pero lejos, lo mejor que se ha dicho y publicado sobre los mapuche. Es verdadero, está demasiado bien escrito, no mistifica en vano, es real, divertido, trágico; horrible en cuanto a lo que nos concierne a los no mapuche…”.

Raúl Zurita

SOBRE LA AUTORA:

Malú Sierra es periodista. Participó en la fundación de las revistas Paula, Hoy, Cosas y Caras, del diario La Época.

Durante diez años se dedicó a hacer entrevistas políticas. A partir de 1985 empieza a publicar sus libros-reportajes. Elqui, el cielo está más cerca y luego De los Cárpatos a los Andes, sobre el Papa Juan Pablo II; Sueños, un camino al despertar con la doctora Lola Hoffmann; Taller de sueños. Su obra gruesa es la trilogía Donde todo es Altar, que investiga las culturas y las visiones de mundo de tres etnias que habitan el territorio chileno: Aymara, los hijos del Sol; Mapuche, gente de la tierra; Rapanui, náufragos del planeta, con prólogo de Isabel Allende; Michelle, la exitosa biografía de la primera presidenta de Chile, que escribió en coautoría con Elizabeth Subercaseaux.
Publicado:
11 dic 2017
ISBN:
9789563240511
Formato:
Libro

Sobre el autor


Relacionado con Un pueblo sin estado

Libros relacionados

Vista previa del libro

Un pueblo sin estado - Malú Sierra

Tierra

SIERRA, MALÚ

Un pueblo sin Estado / Malú Sierra

Santiago, Chile: Catalonia, 2010.

ISBN: 978-956-324-051-1

ISBN Digital: 978-956-324-559-2

Periodismo de investigación

070.40.72

Diseño y diagramación: Sebastián Valdebenito M.

Diseño de portada: Guarulo & Aloms

Fotografía de tapa: archivo personal de la autora

Edición de textos: Jorgelina Martín

Dirección editorial: Arturo Infante Reñasco

Todos los derechos reservados.

Esta publicación no puede ser reproducida,

en todo o en parte, ni registrada o transmitida

por sistema alguno de recuperación de información,

en ninguna forma o medio, sea mecánico,

fotoquímico, electrónico, magnético,

electroóptico, por fotocopia o cualquier otro,

sin permiso previo, por escrito,

de la editorial.

Primera edición: enero, 2010

ISBN: 978-956-324-051-1

ISBN Digital: 978-956-324-559-2

Registro de Propiedad Intelectual Nº 187.925

© Malú Sierra

© Catalonia Ltda., 2017

Santa Isabel 1235, Providencia

Santiago de Chile

www.catalonia.cl – @catalonialibros

Índice de contenido

Portada

Créditos

Índice

PARTE I UN PUEBLO QUE SOBREVIVE

Preludio

Capítulo 1 El conflicto mapuche

Capítulo 2 La gente de la tierra

Capítulo 3 El Nguillatún de Maiquillahue: El privilegio de participar en el rito de reciprocidad con lo divino

Capítulo 4 Se ha despertado el ave de mi corazón

Capítulo 5 Lo que tenemos que rescatar es una filosofía

Capítulo 6 Cosmovisión mapuche: una interpretación del universo

PARTE II PEHUENCHE GENTE DEL BOSQUE

Capítulo 7 ¡Que no sigan cortando la araucaria, que esa es la madre de nosotros!

Capítulo 8 El clan de los Meliñir, guardianes de la montaña virgen

Capítulo 9 ¡Ladrones de tierra nosotros, que salimos de aquí!

Capítulo 10 La epopeya de Quinquén

Capítulo 11 El río me contó lo que los muertos dicen/ hablando desde las raíces...

Capítulo 12 Los montañeses de Trapa Trapa son los dueños del silencio

Capítulo 13 La ancianidad respetada

PARTE III MARICHIWEU DIEZ VECES TRIUNFAREMOS

Capítulo 14 Por la conocida y la desconocida historia del pueblo mapuche

Capítulo 15 La Pacificación de la Araucanía: un capítulo negro de la historia nacional

Capítulo 16 Del genocidio al otrocidio: la chilenización de los mapuches y la resistencia cultural

Capítulo 17 Kai Kai, la serpiente de las aguas, agita el inconsciente indígena.

Capítulo 18 La Guerra de Arauco no ha terminado

Notas

PARTE I

UN PUEBLO QUE SOBREVIVE

Preludio

Testimonio de la tortura inflingida a Felipe Huenchullán por parte de la Policía de Investigaciones y las fuerzas especiales de Carabineros en 2009.

Todo comenzó alrededor de las cinco de la tarde del día miércoles 14 de octubre del 2009, momento cuando nos encontrábamos en la avenida principal de la ciudad de Ercilla a un costado del furgón rojo que estaba estacionado en dicha avenida de propiedad de don José Millanao, listos para dirigirnos a la comunidad junto a los demás peñi, con quienes habíamos estado participando durante la mañana de una audiencia en el tribunal de la ciudad de Collipulli.

Repentinamente, fuimos rodeados por un gigantesco grupo de policías civiles, PDI y del GOPE de Carabineros, quienes salieron de los negocios y casas del lugar, fuertemente armados, y de manera muy violenta nos obligaron a tirarnos al suelo. En todo momento nos apuntaban con sus armas, bajo amenaza de matarnos; fuimos subidos amarrados a los carros policiales y a la parte trasera de las camionetas. Todo este procedimiento lo realizaron enfrente de todas las personas que a esa hora pasaban por el lugar.

Posteriormente fuimos llevados, bajo fuertes medidas de seguridad, hasta la comisaría de la ciudad de Collipulli, donde nos interrogaron bajos golpes de patadas y puños por policías de civil. Después nos llevaron al hospital de la ciudad, supuestamente para la constatación de lesiones, pero en este lugar el médico solamente nos miró y le entregó un documento a uno de los civiles que nos custodiaba. Luego fui devuelto al calabozo de la comisaría. Mientras tanto seguían sacando a los demás peñi de a uno; los otros que iban quedando escuchaban cómo continuaban los golpes. A estas alturas los carabineros y los detectives estaban totalmente descontrolados, nos golpeaban sin justificación y se burlaban de nosotros, dentro de las amenazas que nos decían ahora vamos a ir a sus casas y los vamos a cargar a todos y van a cagar, indio de mierda.

A eso de las ocho de la mañana del día siguiente fuimos sacados por otro grupo de civiles y fuerzas especiales de Carabineros de la comisaría de Collipulli, sin saber hacia dónde éramos llevados; luego de unos treinta minutos llegamos a otro lugar; a un policía se le escuchó decir que estábamos en Victoria. De la misma manera entre golpes y amenazas nos ingresaron amarrados a diferentes calabozos.

Después de unas dos horas aproximadamente en el calabozo amarrado, fui llamado por el Fiscal Miguel Ángel Velásquez a una oficina donde se encontraba él y unos quince policías de civil, quienes me rodearon y comenzaron a grabarme. El Fiscal me obligó a declarar amenazándome que si no lo hacía la pasaría aún más mal; de la misma forma los policías me obligaban a declarar, apagaban la luz y alguno de ellos me golpeaba en la oscuridad, después se sentía que se cambiaban de lugar y prendían la luz nuevamente, así estuve unos quince minutos, luego me llevaron al calabozo, pasaron otros diez minutos, llegó otro grupo de policías, a dos de ellos los identifiqué porque en una oportunidad estuvieron en Ercilla entrevistando a unos peñi de la comunidad.

Este grupo de policías, cuando me fue a buscar al calabozo, me dijo que era para que conversáramos un poco; me sacaron de la comisaría de Victoria, me subieron a una camioneta roja, me sentaron al medio de dos policías en los asientos traseros y aquí uno de ellos me dijo que agachara la cabeza y comenzara a decirle lo que yo había hecho el día sábado, dónde estuve y cómo había quemado el camión; se pusieron muy violentos, el policía de adelante sacó su arma y me pegó en la cabeza, me dejó un momento inconsciente, llegamos a un camino de ripio, me sacaron las zapatillas y me pusieron un cordel en el cuello y me hicieron correr descalzo por las piedras mientras me sacaban fotos y uno grababa con su cámara; los otros corrían apuntándome con sus armas al lado mío, así estuvimos unos veinte minutos. Luego me llevaron a otro lugar, que no pude identificar, un policía me agarró de la cabeza, me llevaba rápido y les decía: háganle un cerebrito, esto consistía en caminar rápido entre los brazos del policía cabeza abajo semi ahorcado y parar repentinamente, sentía que me arrancaban la cabeza y perdía de a poco la conciencia. Me decían que contara todo, porque tú no la vai a sacar barata como tus cagás de hermanos, (se referían a Jorge, Jaime y Rodrigo Huenchullán, quienes han sido absueltos en varias oportunidades), te vamos a matar, te tiraremos a un río donde nadie te encontrará, pero si tú reconoces, esto no pasara, pero si no, también podrás pasar el resto de tu vida preso, indio de mierda, a tu cagá de familia la vamos a cagar a todos, y si alguien nos hace algo a nosotros, nosotros vamos y los hacemos polvo, porque somos muchos y ustedes un par de pelagatos, sólo esperamos matarlos a todos".

Uno de estos policía decía: estamos a cargo de hacer una investigación por las amenazas que les hicieron a ustedes nuestros amigos de la Hernán Trizanos",¹ pero esto no lo haremos porque lo único que queremos es que los maten a todos, indio flojo, cobarde y muerto de hambre, ustedes no deberían existir."

A estas alturas ya no podía sostenerme solo de pie por lo que dos policías me seguían interrogando y golpeando, me sentaban y aplastaban, hacían una y otra vez el cerebrito, hasta que uno de ellos recibió un llamado y ordenó que me devolvieran rápido al cuartel. En la camioneta de vuelta, uno me decía: mira indio de mierda, mañana nosotros estaremos en la audiencia y si te atreves a denunciarlo, te volveremos a sacar y te torturaremos mucho más, estái en nuestras manos conchetumadre.

Capítulo 1

El conflicto mapuche

Lo que está ocurriendo ahora no es nuevo, dice Leonel Lienlaf, protagonista de Mapuche Gente de la Tierra. Han pasado veinte años y el joven poeta que me guió por los senderos de la Araucanía hoy accede a iluminar la experiencia del pueblo mapuche frente al Estado de Chile. El llamado conflicto mapuche no es para él sino una guerra sucia, no de ahora sino de siempre.

—Hay un proceso de aniquilación sistemática y policial del pueblo mapuche. Es una realidad. Esto que sucede ahora no es la primera vez, lo mismo pasó en los años treinta. Viene ya desde hace mucho rato. Cuando Manquilef empezó a plantear el tema del nacionalismo surge la necesidad de criminalizar, de transformar al pueblo mapuche en terroristas, delincuentes. El mismo tema de la Pacificación de la Araucanía: hay que exterminarlos. Es una guerra sucia casi racial del Estado chileno contra el mundo mapuche.

Antes de que se cumplieran los quinientos años del arribo de Colón, voces indígenas se escucharon en toda América reivindicando su cultura, su territorio, su derecho a la autonomía. Un levantamiento, dijeron los Estados nacionales. Una reafirmación, dijeron ellos. En Bolivia condujeron a Evo Morales a la misma Presidencia de la República. En Chile, los mapuche aparecieron, como si hubieran estado ocultos en los pliegues de la tierra, de repente se hicieron visibles, se escucharon de nuevo los nombres de sus autoridades y el reclamo de sus tierras, lo que ha originado numerosos episodios de violencia. Las imágenes en la televisión chilena muestran a diario los enfrentamientos con la policía en que, sin duda, los mapuche son los malos. Mientras tanto los medios extranjeros acusan a la policía chilena de ser excesivamente brutal. Their response has rarely been proportionate to the violence of which de Mapuche are accused, escribe en inglés Kaitlin Porter y se publica urbi et orbi. En la Internet, desde luego. En castellano lo que dice es que la respuesta de la policía raramente ha sido proporcional a la violencia de que se acusa a los mapuche. Y continúa: después de años de intervenciones no violentas, cuando nunca fueron escuchados y, en cambio, fueron reprimidos, no es sorprendente que la población local recurra a medidas violentas para hacerse oír.

En este nuevo capítulo doy la voz una vez más a Leonel Lienlaf, ahora un hombre maduro, padre de tres niños hombres a los que educa a la vez amorosa y rudamente. Un mapuche capaz de contar con autoridad este proceso que él llama una Nueva Pacificación.

—Hemos tenido asesinados siempre. Torturados. Y desaparecidos. Los chilenos reclaman porque tienen torturados y desaparecidos después del 73. Para nosotros eso siempre ha estado ocurriendo. En 2010 y en 1881.

Y sin dar respiro continúa,

—Chile empobreció al país mapuche. ¿Por qué nosotros tendríamos que aportarle al Estado de Chile? ¿Qué es ser chileno? Un pasaporte, tener un número. ¿Bailar cueca el dieciocho? Chile es una idea de pueblo que aún no cuaja. Se está hablando del bicentenario ¡doscientos años! ¡Qué son doscientos años! En un contexto incluso de pueblos mínimos, se requiere una formación de al menos mil años para que empiece a construir su propia lengua. Chile no existe, es una idea ficticia, existe como Estado, pero no como pueblo. Estado que se impone a través de un proceso de negación de lo otro. El Estado necesita negar lo preexistente para justificarse.

—Un pueblo no intenta construir Estados porque es un pueblo en sí mismo. Lo que sí necesita es un territorio y ahí está la diferencia de lectura. Cuando se habla de autonomía mapuche, cuando se habla de un país mapuche o de la nación mapuche se está hablando en términos de pueblo. Por eso es tan importante la palabra pueblo porque el pueblo no obedece a la dinámica del Estado, sino a la tradición cultural. Ahora, lo que se entiende por tradición desde el punto de vista antropológico, arqueológico y político es algo que molesta al mundo mapuche. La idea teórica es que la tradición para los pueblos indígenas debería permanecer lo mismo de antes, o sea no se les permitiría evolucionar. El pueblo mapuche tiene una tradicionalidad y se manifiesta en ciertas relaciones culturales y en términos culturales, pero, obviamente, todo pueblo evoluciona incorporando otras cosas. No está en la negación de los pueblos el incorporar o no. Pero no por decreto sino por costumbre. Por vivir. Por formas de vivir. El pueblo mapuche ha estado en constante evolución, en contacto con otras culturas, incorporando y, además, entregando. Sobre todo en tecnologías que se adaptan a la forma de vivir mapuche. Eso también es tradición: cómo uno adapta los cambios a su forma de ser pueblo. Es una manera de relacionarse. Y está la relación con el territorio. El mundo de los Estados no habla de territorios sino más bien de terrenos medidos, se cuantifica en términos económicos, principalmente. En cambio, el territorio para el mapuche es una significación cultural. Una racionalidad distinta. Tiene que ver con un arraigo mucho más antiguo, una forma de vivir. De ser.

A una pregunta responde rápido.

—¿Qué es lo que busca el pueblo mapuche? Primero sacar a esos señores con esmog mental sentados entre cuatro paredes que no sacan nada con tener Internet porque no están conectados con el mundo. Es una elite dominante seguida por todo un país que tiene poca conciencia de sí mismo. Eso demuestra que no es un pueblo todavía, es un Estado.

Pero la historia es larga y hay que contarla una y otra vez.

—El proceso de Pacificación o Eliminación empezó en 1860 y culminó en 1883. Trajeron colonos para que sirvieran al Estado chileno, cosa que el pueblo mapuche no hacía porque era un territorio independiente. Un pueblo que tenía sus propias leyes, sus propias reglas, el comercio. Y era muy rico. Las riquezas mapuche fueron confiscadas por el Estado chileno. Con eso se subsidia la Guerra del Pacífico y toda la colonización alemana. Nos robaron. Nos expropiaron, literalmente. Hasta ahora. Lo que está quedando de riqueza está en territorio mapuche, por eso viene este proceso de nueva pacificación, nueva aniquilación. La idea es destruir el movimiento mapuche, hostigarlo, tiranizarlo, hacer una campaña de desprestigio, porque eso es lo que hacen. Lo que está haciendo el Ministerio del Interior, lo que están haciendo los fiscales es guerra sucia contra el pueblo mapuche. El mismo calificativo de terrorista a la Coordinadora Arauco Malleco… La pregunta es la siguiente ¿ha matado a alguien la Coordinadora? Sin embargo, los mapuche tenemos tres muertos, gente asesinada por la espalda, torturada, allanamientos todos los días, niños maltratados.

—La violencia viene del Estado. No hay una resolución judicial que diga que los mapuche que están encarcelados son culpables de quemar casas y camiones. La mayoría son montajes que nunca han llegado a nada. Todos los presos están acusados por asociación ilícita y por pertenecer a un movimiento mapuche. Por eso son presos políticos. Juicios con testigos falsos, pero no hay pruebas. Los jueces locales, que están un poco más insertos en la realidad, nunca han fallado en contra de los mapuche. Todo termina en la Corte Suprema, que al final se ha transformado en una corte política, entonces los mapuche han pasado diez, quince años encarcelados sin haber sido efectivamente condenados.

—Cuando se habla de la Coordinadora y la violencia, judicialmente no se ha probado. Lo que sí se ha hecho es un juicio político. No hay pena de muerte, pero se aplica igual. El asesinato ha sido, en todos los casos, con alevosía. Después de muerto, a Mendoza Collío lo patearon y eso quedó demostrado en el Instituto Médico Legal. Los hematomas que presenta ocurrieron después de muerto.

—La violencia está instalada en el Estado chileno. Y frente a este exterminio se trata de autodefensa absolutamente necesaria. Lo que pasó con la dictadura: la movilización social fue lo que llevó a la democracia, no los grandes señorones que hoy día se arrogan el triunfo; fue la movilización social de la cual después se olvidaron. Lagos levantó el dedo porque tenía toda la protección. La violencia ha sido tan extrema con el mundo mapuche que este se ha mostrado demasiado pacífico en relación a la que han ejercido sobre él. Y no estoy hablando de los últimos tiempos, estoy hablando desde 1900, de la finalización de la guerra. Igual en el lado chileno que en el argentino. Hay una coordinación entre los Estados. La operación Cóndor durante la dictadura no es nada más que la réplica de lo que ya habían hecho con el pueblo mapuche y de lo que se sigue haciendo hoy día. Están deslegitimando los movimientos a través de sus ideólogos, a través de la prensa. Eso es un hecho concreto.

—Pero la supervivencia del pueblo mapuche no depende del Estado chileno ni del argentino. Ni su aniquilamiento. Puede ser… pero le va a costar demasiado caro. Y ya le está costando. Porque el mundo mapuche también ha evolucionado y de eso no se han dado cuenta. Se dice que la gente que ha salido de las comunidades no es mapuche porque está en Santiago. Es como decirle a una jirafa que no es jirafa porque es de África y está en un zoológico. Ser mapuche no es cuestión de dónde se viva ni de apellidos sino de una concepción del mundo como un ser. En Santiago hay machis, se hace Nguillatún.

—Pasó en 1930. Los mapuche siempre han usado el tema territorial, se jugaba palín en la Quinta Normal hasta los años cuarenta. Lo que ha hecho el Estado es ir arrinconándolos. Allí había una ruca y esa ruca la sacaron y está destruida en el museo de Historia Natural. Los mapuche siempre han ido construyendo territorio. Después de la persecución trataron de borrar todo vestigio de donde se hacían ritos, pero la gente mapuche urbana continuaba juntándose y los hacía igual. Muchas comunidades están subsidiadas por gente que trabaja afuera, por el mismo mundo mapuche que vive en las ciudades. En verano se produce el regreso masivo cuando la gente vuelve a su comunidad a reencontrarse con los suyos, participar en las ceremonias y colaborar en la cosecha.

¿Y cuál podría ser la solución?

—La solución pasa por un Parlamento. Un Parlamento significa reunir a todos los dirigentes de todos los lugares y no con el Gobierno sino con todos los poderes del Estado y conversar. Desde los generales a los jueces de la Corte Suprema, a todos los que se autodenominan el Estado. Y nosotros partir de los últimos tratados, que no se han respetado. Por ejemplo, en el ejército tendría que haber ahora por lo menos dos o tres generales mapuche. La gente mapuche que se rindió en ese Parlamento llegó a un acuerdo con el Estado, que les entregaba un rango dentro del ejército.

—Un Parlamento es lo único que puede resolver el conflicto. Eso va a depender, en primer lugar, del Estado de Chile que tiene que ser un interlocutor válido que hoy día no lo es. Los chilenos no pueden seguir con una Constitución dictatorial. Por último vuelvan a la de 1925, que era mucho mejor. No estoy hablando para los mapuche, que nunca han contado, sino para los chilenos porque esa era una Constitución más democrática. Si los chilenos no son democráticos ¿qué nos vienen a pedir a nosotros? Por ejemplo, después del asesinato de Lemún, que fue el primero, el ministro de Interior debería haber renunciado, por mínima decencia. Ya suman tres con Matías Catrileo y Jaime Mendoza Collío. Por último, que renuncie el intendente como muestra de decencia política. ¿Con qué moral critican a Pinochet y a los otros asesinos? ¿Porque fueron tres mil?, solamente. Como dice la derecha, los nazis mataron a seis millones.

—Es hora de que el pueblo chileno empiece a tomar conciencia porque es importante a quién tenemos como interlocutor, que ya no es solamente el Estado. Restablecer lazos de civilidad entre ellos porque el que dialoga por ahora es el Estado, con un tipo de legislación y una Constitución que, según él mismo, es antidemocrática. Tiene que haber un consenso democrático, partiendo por generar una Constitución representativa como pueblo.

—Los mapuche, es cierto, todos tenemos distintos puntos de vista, pero hay una capacidad de ponerse de acuerdo. Un pueblo no es una secta, por lo que están representados todas las ideas y todos los movimientos. Los objetivos son comunes: el establecimiento y la autonomía como pueblo, y territorialidad.

—El autogobierno es poder decidir sobre sí mismo y sobre su territorio. No puede ser que lleguen tres tipos de afuera, se junten con un poder del Estado y sin pedir ni siquiera autorización entren a las comunidades. Hay un ejemplo reciente de lo que pasa con el doble discurso o el discurso vacío hacia el mundo mapuche. Del gobierno, particularmente. Un hecho bastante ridículo: mientras la Presidenta hablaba sobre el Convenio 169 y el respeto a los pueblos indígenas, paralelamente se hacía una licitación internacional, sin consultarle a las comunidades, en que el Estado estaba vendiendo el subsuelo o el territorio de todas las comunidades de la cordillera de Melipeuco, con una licitación que afecta a dieciséis comunidades y a una de Curarrehue. Si la gente no se hubiera dado cuenta nadie se habría enterado porque todo se hizo entre gallos y medianoche y el día de mañana veremos gente entrando a nuestros lugares, como ha pasado en Panguipulli donde llegan los de la empresa eléctrica en helicóptero hasta dentro de las comunidades. Eso es ultraviolento y da poca credibilidad a la real voluntad política. Lo otro es discurso bonito. Para la foto. El Convenio 169 no tiene validez con la Constitución de Pinochet. La palabra pueblo no existe en la Constitución. Ganó un juicio una machi porque los jueces le dieron la razón, pero no por pertenecer a un pueblo sino por lo cultural. Puede servir en otros casos, pero no se puede invocar la palabra pueblo.

—En cuanto al territorio hay un espacio que tiene que ver con lo sagrado, y lo sagrado no entendido desde una visión teológica. Esa es otra confusión. Lo sagrado está visto desde una perspectiva de mirar el mundo, de relacionar al otro como ser viviente que también tiene su propia racionalidad. Un árbol tiene su propio espíritu, su forma de ser, es planta. Eso tiene que ver con los remedios. Cuando la machi dice que necesita sus remedios viene el ingeniero agrónomo y le propone que por qué no los planta en su huerta. Pero el poder de la planta no está en el cultivo del huerto sino dónde se ubica en un determinado lugar. El llantén no es el mismo llantén alrededor de una cascada con ciertos poderes que un llantén cultivado en el jardín. Pueden tener las mismas propiedades físicas o químicas, pero hay otros espacios que no están presentes. Y ahí entramos a otro punto: la necesidad de la propiedad colectiva, a lo mejor no de toda la tierra, pero de ciertos espacios, sobre todo de las montañas. O el agua. Es una aberración que en Chile haya gente que sea dueña de montañas. ¡Qué decir del agua! Las montañas deberían ser colectivas, salvo el espacio de tierra donde uno vive. El mundo mapuche tiene una relación colectiva que implica también cuidar esos lugares, lo que no ocurre en el mundo chileno, eso se ve en los espacios públicos. Tienen que aprender a cuidar colectivamente.

—¿Que estamos subdivididos? Ese es un asunto que habrá que resolver de alguna manera. La población aumenta. A lo mejor el proceso está en cómo hacer eficiente ese tipo de tierra. La pregunta es si la gente necesariamente tendrá que vivir de la tierra o vivir en la tierra en términos concretos. Cómo incorporamos nuevas tecnologías para hacer más eficiente el vivir en la tierra. Una porque estamos reducidos en el territorio, y cada vez está más reducido. De todos modos la población mapuche no ha crecido exponencialmente, lo que sí ha variado es la propiedad y la tenencia de la tierra aunque por lógica debería haber aumentado. Hoy día hay otras cosas con las cuales se puede vivir, y eso hay que incorporarlo.

—Una y otra vez la prensa amarillista nos critica porque la tierra que entrega el Estado queda botada. Que no la trabajamos. Y ponen el ejemplo del fundo Alaska. El fundo Alaska tiene su historia. Fue destruido por Mininco. Eran grandes bosques, los cortaron, no los aprovecharon, los quemaron. Luego la forestal de los Matte plantó pinos con el 70 por ciento de subsidio del Estado, destruyó las tierras, las cabeceras de agua, los lugares sagrados y después se lo vendió a un precio carísimo al Estado, que se lo entregó a las comunidades pelado. Debieron haberle cobrado a la empresa —que son verdaderas mafias, carteles legales— para que recuperara las tierras. Se necesita mucha inversión y mucho tiempo. Cincuenta a cien años. ¡Todo el daño y el desastre y el empobrecimiento que dejaron! Eran bosques preciosos y los quemaron en la década de los setenta para aprovechar el DL 701. Originalmente pertenecía a las comunidades, pero por la ley 2568 de Pinochet no se respetaron los títulos de merced. Obligó a la división.

Las plantaciones empobrecieron al pueblo mapuche. La octava y la novena región, que es donde más producen las forestales, son las más pobres. ¿Cuál es el real aporte que ha hecho la industria forestal?

Le planteo el tema de los colonos, que viven allí hace cien años. ¿Qué culpa tienen ellos? La respuesta suena como un disparo.

—Sobre los pobres colonos a quienes nosotros estamos expulsando de nuestro territorio,

Has llegado al final de esta vista previa. ¡ para leer más!
Página 1 de 1

Reseñas

Lo que piensa la gente sobre Un pueblo sin estado

1.0
1 valoraciones / 0 Reseñas
¿Qué te pareció?
Calificación: 0 de 5 estrellas

Reseñas de lectores