Encuentra tu próximo/a libro favorito/a

Conviértase en miembro hoy y lea gratis durante 30 días
Derecho y desarrollo: Guía fundamental para entender por qué el desarrollo social y económico depende de instituciones de calidad

Derecho y desarrollo: Guía fundamental para entender por qué el desarrollo social y económico depende de instituciones de calidad

Leer la vista previa

Derecho y desarrollo: Guía fundamental para entender por qué el desarrollo social y económico depende de instituciones de calidad

valoraciones:
5/5 (1 clasificación)
Longitud:
425 página
4 horas
Publicado:
Nov 20, 2019
ISBN:
9789876297677
Formato:
Libro

Descripción

¿Por qué algunas sociedades logran mayor desarrollo que otras? ¿Hasta qué punto ayuda a promoverlo, en ciertos países, el correcto funcionamiento de la justicia y las instituciones? E incluso, ¿a qué llamamos desarrollo? ¿Es lo mismo que el crecimiento, o involucra también la discusión acerca de qué constituye una buena vida?
En esta obra, verdadero manual del campo de estudios sobre "derecho y desarrollo", Michael J. Trebilcock y Mariana Mota Prado ofrecen una visión panorámica de las propuestas y la agenda de un enfoque novedoso y en constante expansión.

En ese sentido, revisan concepciones que han sido objeto de acalorados debates políticos y académicos. Por ejemplo, las nociones de desarrollo vinculadas con el crecimiento económico, medible en términos del producto bruto per cápita, las que persiguen la reducción de la pobreza y la mejora en la calidad de vida, hasta llegar a las que buscan la promoción de capacidades para la libertad. Distinguen también las visiones institucionalistas –que defienden la centralidad de las normas, el derecho y las instituciones políticas– de aquellas que priorizan factores económicos, culturales y geográficos para explicar las diversas experiencias de desarrollo. Porque para los autores no todo depende de las instituciones consagradas en normas jurídicas formales, sino que además son decisivos los modos en que cada sociedad tramita sus conflictos y tensiones, ya sea entre Estado y mercado, entre ámbito público y privado, o bien cuestiones étnicas y de género. Así, analizando numerosos ejemplos de la región, nos guían por las más avanzadas propuestas de este campo.

La colección Derecho y Política inaugura con esta obra un eje de reflexión acerca de la conexión entre el derecho, el desarrollo y la justicia, que sin duda contribuirá a instalar en el debate público y académico la necesidad de pensar el desarrollo en términos más densos y ricos, en relación con políticas de largo plazo y el respeto por los derechos humanos.
Publicado:
Nov 20, 2019
ISBN:
9789876297677
Formato:
Libro

Sobre el autor


Relacionado con Derecho y desarrollo

Libros relacionados
Artículos relacionados

Vista previa del libro

Derecho y desarrollo - Michael J. Trebilcock

Índice

Cubierta

Índice

Portada

Copyright

Presentación (Roberto Gargarella y Paola Bergallo)

Introducción

Parte I. Bases conceptuales

1. Definición del concepto de desarrollo

Desarrollo como crecimiento económico: PIB (o INB) per cápita

Desarrollo como ausencia de pobreza: el índice de pobreza multidimensional (IPM)

Desarrollo como libertad: índice de desarrollo humano

Desarrollo sostenible

Desarrollo como calidad de vida: el índice de felicidad bruta

Relativismo cultural: el cuestionamiento de la noción de desarrollo

Conclusión

2. Determinantes del desarrollo

Teorías económicas del desarrollo

Teorías culturales del desarrollo

Teorías geográficas del desarrollo

Dimensiones institucionales de las teorías del desarrollo

Conclusión

3. Teorías institucionales del desarrollo

Introducción

¿Qué es una institución?

¿Son importantes las instituciones?

¿Qué instituciones son importantes?

¿Por qué algunos países padecen persistentemente de instituciones de mala calidad?

¿Qué pueden hacer los países con mala calidad institucional para conseguir mejores instituciones?

Conclusión

Parte II. El estado de derecho y el desarrollo

4. El estado de derecho y el desarrollo. Una perspectiva jurídica

Introducción

La relación entre derecho y desarrollo

Optimistas versus escépticos

Definición de estado de derecho

Una breve reseña de la experiencia reciente en el terreno de las reformas relativas al estado de derecho en países en desarrollo

Explicación de los resultados mixtos o pobres obtenidos

Conclusión

5. El estado de derecho. Una perspectiva económica

Derechos de propiedad

Derechos contractuales

Más allá de los derechos contractuales y de propiedad (i): los requisitos de un sector privado floreciente

Más allá de los derechos contractuales y de propiedad (ii): protección medioambiental

Parte III. Política, identidad y desarrollo

6. Regímenes políticos y desarrollo

Definición de democracia

La argumentación en favor de la democracia

La argumentación en contra de la democracia

Los datos empíricos

Desafíos que enfrenta la reforma de las instituciones políticas

Conclusión

7. Conflicto étnico y desarrollo

¿Por qué las personas se organizan en torno a líneas étnicas?

¿Por qué los grupos étnicos se convierten en rivales?

¿Qué factores pueden encender y sostener el conflicto étnico?

Soluciones institucionales para prevenir el conflicto étnico

Soluciones no institucionales para prevenir el conflicto étnico

Conclusión

8. Género y desarrollo

¿Por qué promover la igualdad de género?

Avances recientes

Principales desafíos pendientes

Principales impedimentos a la igualdad de género

Estrategias de reforma

Conclusión

Parte IV. El Estado, el mercado y el desarrollo

9. Administración pública y desarrollo

Introducción

Medición del desempeño burocrático

La experiencia de la reforma

Conclusión

10. Corrupción y desarrollo

Definición de corrupción

Medición de la corrupción

Consecuencias de la corrupción

Causas de la corrupción

Posibles soluciones

Conclusión

11. Empresas estatales, privatización y asociaciones público-privadas

Introducción

Empresas estatales

Privatización

Asociaciones público-privadas (APP)

Conclusión

Parte V. Relaciones económicas internacionales, derecho y desarrollo

12. Comercio internacional

Comercio y desarrollo

Políticas de sustitución de importaciones

Variante del trato especial y diferencial en materia de exportaciones

Consecuencias institucionales de las políticas comerciales

13. Inversiones extranjeras directas

Preocupaciones relativas a políticas

Regulación multilateral de la inversión extranjera directa

Tratados bilaterales de inversiones

Conclusión

14. Ayuda extranjera

Introducción

Discusiones sobre la eficacia de la ayuda extranjera

Qué países deberían recibir ayuda

Coordinación de la ayuda extranjera

Condicionamientos de la ayuda

Ayuda extranjera y reforma institucional

Conclusión

15. Conclusión

Bibliografía

Michael J. Trebilcock

Mariana Mota Prado

DERECHO Y DESARROLLO

Cómo las instituciones pueden contribuir al desarrollo social y económico

Traducción de

Elena L. Odriozola

Trebilcock, Michael J.

Derecho y desarrollo: Cómo las instituciones pueden contribuir al desarrollo social y económico / Michael J. Trebilcock ; Mariana Mota Prado.- 1ª ed.- Buenos Aires: Siglo Veintiuno Editores, 2017.

Libro digital, EPUB.- (Derecho y política / dirigida por Roberto Gargarella y Paola Bergallo)

Traducción de: Elena L. Odriozola

Archivo Digital: descarga

ISBN 978-987-629-767-7

1. Desarrollo Económico y Social. I. Mota Prado, Mariana II. Odriozola, Elena L., trad. III. Título.

CDD 340.1

Esta colección comparte con IGUALITARIA el objetivo de difundir y promover estudios críticos sobre las relaciones entre la política, el derecho y los tribunales.

Título original: Advanced Introduction to Law and Development

© 2014, Edward Elgar Publishing Ltd.

© 2017, Siglo Veintiuno Editores Argentina S.A.

Diseño de portada: Eugenia Lardiés

Digitalización: Departamento de Producción Editorial de Siglo XXI Editores Argentina

Primera edición en formato digital: agosto de 2017

Hecho el depósito que marca la ley 11.723

ISBN edición digital (ePub): 978-987-629-767-7

Presentación

La preocupación por la relación entre el derecho y el desarrollo no es una novedad. A lo largo de la historia, ha estado presente en las épocas de expansión del Imperio Romano, las revoluciones liberales o el surgimiento de los estados burocráticos modernos. La cuestión también se ha tratado en las obras de pensadores clásicos como Montesquieu, Maine o Weber. Desde mediados del siglo XX, sin embargo, la intersección entre el derecho y el desarrollo se ha convertido en el objeto de estudio de un nuevo movimiento enfocado en discutir los objetivos y métodos de la cooperación internacional, redefinida a partir del surgimiento de Naciones Unidas en la posguerra, más la creación de nuevas agencias y bancos de fomento. La obra de Michael J. Trebilcock y Mariana Mota Prado es un destacado exponente de esta tradición de estudios, que en sus versiones más recientes reivindica a las instituciones como clave para alcanzar un desarrollo con justicia. Con este texto la colección Derecho y Política inaugura otro eje de reflexión, que ofrece una visión panorámica de las propuestas teóricas y la agenda de los estudios de derecho y desarrollo, necesaria para enmarcar el diálogo sobre las grandes reformas jurídicas que enfrentan los países de nuestra región.

La obra se inicia con un mapa de las distintas concepciones del desarrollo: examina aquellas asociadas al crecimiento económico medible en términos del producto bruto per cápita; pasa por las que persiguen la reducción de la pobreza definida como fenómeno multidimensional, el desarrollo sostenible o la mejora de la calidad de vida; hasta llegar a las visiones más ambiciosas, que buscan la promoción de capacidades para la libertad siguiendo propuestas como las de Amartya Sen y Martha Nussbaum.

Los autores distinguen también las visiones institucionalistas y no institucionalistas que explican diversas experiencias de desarrollo. Estas últimas abarcan las concepciones que priorizan los factores económicos, culturales y geográficos y contrastan con las propuestas del nuevo institucionalismo, que a través de diversas disciplinas ha defendido la centralidad de las normas, el derecho y las instituciones políticas en la promoción del desarrollo. Sin embargo, las instituciones relevantes para Trebilcock y Mota Prado no son sólo las consagradas en normas jurídicas formales, sino que incluyen las normas informales –basadas en experiencias comunes– que generan expectativas de conducta apropiada en terceros. Con este punto de partida, este libro, versión abreviada de un texto académico previo más extenso, nos guía en un recorrido por teorías del desarrollo vinculadas con el estado de derecho y las agendas enfocadas en la reforma jurídica de instituciones públicas, los conflictos étnicos, el género, el mercado y la cooperación económica internacional.

La obra completa este recorrido con numerosos ejemplos de las intervenciones llevadas adelante en la primera y la segunda oleada del movimiento de derecho y desarrollo, e incluye también las propuestas más recientes formuladas por actores de los países receptores de la cooperación, lo que otros autores proponen identificar como el nuevo derecho y desarrollo. Al revisar la evidencia empírica sobre los impactos de las distintas generaciones de iniciativas, Trebilcock y Mota Prado reconocen que son las sociedades más inclusivas así como las que tienen más órdenes de acceso abierto las que mejores índices de desarrollo han logrado. Esto también los lleva a aceptar los límites del conocimiento sobre la relación entre instituciones y desarrollo.

Trebilcock y Mota Prado escriben desde la Universidad de Toronto y, aunque no hacen foco exclusivamente en nuestra región, la abundancia de ejemplos sobre América Latina revela en qué medida nuestras comunidades han sido territorio de recepción de intervenciones y experimentos típicos de las sucesivas generaciones del movimiento de derecho y desarrollo. Este libro muestra también cómo más recientemente nuestras instituciones se están convirtiendo en espacios de experimentación local que es necesario observar para revisar éxitos o fracasos.

Derecho y desarrollo se suma a un conjunto reducido de escritos en habla inglesa que en los últimos años se han replanteado preguntas clásicas sobre la relación entre derecho y desarrollo en nuestro continente. Entre ellos se encuentran los trabajos de Helena Alviar García, Diego Coutinho, César Rodríguez Garavito, Álvaro Santos y David Trubek, por citar algunos. No sorprende encontrar en este campo el liderazgo de autores mexicanos, brasileños, colombianos: sus comunidades de origen han sido terreno fértil de intervenciones orientadas al desarrollo, pero también espacios de reflexión intelectual crítica sobre impactos y limitaciones.

En la Argentina, en cambio, hemos pensado menos el vínculo entre el derecho y el desarrollo. Quizás en una época esta ausencia se haya debido al peso de las teorías de la dependencia y, más específicamente, a la marginalidad que estas, como fieles tributarias de la tradición marxista, otorgaban al fenómeno jurídico. Tal vez, más tarde, la ausencia de un diálogo más explícito al respecto se explique en el fracaso acarreado por la importación de recetas precarias con las que buscamos detener la reversión violenta de nuestro desarrollo a comienzos de los años noventa. En nuestro contexto, entonces, al incorporar esta nueva línea de estudios a la colección Derecho y Política hacemos una invitación adicional: considerar que esta obra abre un cauce para pensar más seriamente y mejor la conexión entre el derecho, el desarrollo y la justicia en el debate público y, en particular, en las facultades de Derecho. Esperamos que este texto contribuya a inspirar nuevos diálogos que reconozcan la importancia de promover el estado de derecho pensándolo también en relación con las definiciones más densas del desarrollo, las que exigen el respeto de los derechos humanos y requieren una comprensión multidimensional y sostenible.

Roberto Gargarella

Paola Bergallo

Igualitaria (Centro de Estudios sobre Democracia y Constitucionalismo)

Introducción

Derecho y desarrollo es una expresión utilizada para referirse a diversos intentos orientados a dilucidar la relación existente entre sistemas e instituciones jurídicas, por un lado, y una amplia variedad de resultados de desarrollo, por otro. Por consiguiente, este libro se centrará, de manera especial, en la pregunta respecto de qué clase de disposiciones legislativas y jurídicas se perciben (correcta o incorrectamente) como promotoras del desarrollo. Pero antes, sin embargo, es necesario comprender a qué nos referimos cuando hablamos de desarrollo, un tema que ha generado acalorados debates académicos y políticos. En el primer capítulo, se analizan diferentes concepciones del desarrollo. En los capítulos siguientes, se exploran las conexiones causales entre variables jurídicas y no jurídicas y resultados del desarrollo. En el primer capítulo, se establece el contexto para el análisis detallado del diseño de instituciones jurídicas privadas e internacionales, burocráticas y políticas, y se indaga en el momento y el modo en que pueden resultar relevantes al desarrollo.

El presente volumen se inspira en un trabajo anterior, del cual también somos coautores, What Makes Poor Countries Poor? (Trebilcock y Mota Prado, 2011). De hecho, la estructura de este libro sigue mayormente la de nuestra publicación previa. No obstante, existen diferencias importantes y sustantivas entre ambos.

En primer lugar, en este libro no se desarrolla una argumentación ni se adoptan posiciones en relación con ciertos debates académicos. En cambio, se ofrece un mapa del campo para un lector que cuenta con poco o ningún conocimiento sobre el tema y está en busca de una introducción accesible. Esta característica debería volverlo de gran utilidad como libro de texto para cursos y seminarios, en especial, si se lo complementa con la cobertura más detallada de la bibliografía académica y los debates sobre políticas que brinda nuestro trabajo anterior.

En segundo lugar, nuestro análisis es notablemente más conciso en este volumen, lo cual permite una lectura más rápida. El costo de tal concisión es, por supuesto, las inevitables y necesarias simplificaciones y omisiones. Por lo tanto, recomendamos nuestro otro libro como un complemento útil para este breve volumen.

En tercer lugar, en el presente trabajo incluimos mucho más material sobre género y desarrollo que en el anterior. Este no es sólo un tema importante en el campo, sino que es, quizá, el tema que plantea algunos de los desafíos más considerables a las concepciones institucionales del desarrollo. Por ese motivo, decidimos reparar la omisión de nuestro primer libro incorporando un capítulo sobre ese tema.

Agradecemos la asistencia que nos brindaron Lindsey Carson, Susannah Leslie, Joanna Noronha y Kristen Pue en la investigación llevada a cabo para la escritura de este libro, así como el apoyo logístico que nos proporcionó Nadia Gulezko.

Parte I

Bases conceptuales

1. Definición del concepto de desarrollo

¿Qué es el desarrollo? En algunos aspectos, esta pregunta se relaciona con debates filosóficos acerca de qué constituye la buena vida y se remonta, al menos, a la antigua Grecia. No es el objetivo del presente capítulo proporcionar una historia intelectual de la filosofía política y moral desde la Antigüedad hasta nuestros días, ni tampoco adoptar una concepción acabada de la buena vida y argumentar a favor de ella. Antes bien, el propósito del capítulo es identificar algunas líneas destacadas en los debates de posguerra acerca de los fines que persigue el desarrollo (Arndt, 1989; Meier, 2004).

Desarrollo como crecimiento económico: PIB (o INB) per cápita

Históricamente se asoció el desarrollo con la riqueza; en otras palabras, los países más ricos se consideraron más desarrollados que los pobres. En esa concepción, la riqueza se mide según el producto interno bruto (PIB) o el ingreso nacional bruto (INB) de un país. Tales medidas indican la cantidad total de recursos con que cuenta un país y nos permiten comparar el tamaño de las economías de los países. Por ejemplo, las economías de los Estados Unidos y China son las más grandes del mundo, si la medida considerada es su PIB.[1]

Sin embargo, el PIB no basta para clasificar los países como desarrollados o en desarrollo. El nivel agregado de riqueza en un país puede o no ser una suma significativa de dinero, según cuál sea el tamaño de su población. Por ejemplo, China es la segunda economía del mundo, después de los Estados Unidos. Los pronósticos actuales indican que es probable que China supere a los Estados Unidos en los próximos años, con lo cual se convertiría en la economía más grande del mundo. No obstante, si dividimos el PIB de cada uno de los dos países por su población, encontramos que los Estados Unidos son significativamente más ricos que China con un PIB per cápita de 49.965 dólares, comparado con 6168 dólares, en el caso de China.[2] Es por este motivo que la riqueza de un país suele medirse por el PIB per cápita.

El PIB per cápita ha ocupado un lugar destacado en buena parte de la reflexión llevada a cabo en el campo de la economía del desarrollo en el período de posguerra, tal como lo refleja la clasificación que efectúa el Banco Mundial de los países en cuatro franjas de ingresos: alto, mediano a alto, mediano a bajo, bajo. Los países de ingreso bajo son aquellos cuyo INB per cápita en 2012 era de 1035 dólares o menos; los países de ingreso mediano a bajo, los que contaban con un INB per cápita de entre 1036 y 4085 dólares; los países de ingreso mediano a alto, aquellos cuyo ingreso se situaba entre 4086 y 12.616 dólares; y los países de ingreso alto, los que tienen un INB per cápita de 12.616 dólares o más.[3]

Esta medición refleja un concepto particular del desarrollo, centrado en la riqueza económica y asociado, además, con políticas cuyo objetivo consiste en promover el crecimiento económico. Tal concepción del desarrollo ha sido objeto de marcadas resistencias, así como lo fueron también las políticas orientadas al crecimiento, como se analiza en el siguiente apartado. No obstante, incluso si se acuerda con esas críticas, el crecimiento económico debe considerarse relevante en el contexto del desarrollo, cuando los datos de los que se dispone son rigurosos (Jerven, 2013).[4] Para ilustrar esta cuestión, resulta de utilidad diferenciar crecimiento económico de dos conceptos relacionados: pobreza y desigualdad.

El caso de la República Democrática del Congo, con un PIB per cápita de 272 dólares en 2012, puede ayudar a entender la relación entre crecimiento económico y pobreza.[5] Se trata de uno de los países más pobres del mundo, a pesar de su inmensa riqueza mineral. De manera similar a lo que ocurre en otros países, como los Estados Unidos y el Brasil, en la República Democrática del Congo la distribución del ingreso es desigual: algunas personas son extremadamente ricas (por ejemplo, el ya fallecido Mobutu, que gobernó la nación durante un extenso período) mientras que el 46,5% de la población vive en la pobreza.[6] Sin embargo, aun en el caso de que el ingreso interno se distribuyera de alguna manera equitativa, el ingreso promedio per cápita se mantendría en 272 dólares. Esto significa que cada ciudadano debería vivir con menos de 1 dólar por día, a pesar de que en el país ya no existiera el problema de la desigualdad. Este ejemplo extremo muestra que incrementar el PIB per cápita mediante la promoción del crecimiento económico puede ser un instrumento importante cuando se trata de eliminar la pobreza y, por lo tanto, de alcanzar el desarrollo económico. Los países asiáticos, en especial China, ofrecen ejemplos que muestran que el crecimiento económico puede ayudar a reducir la pobreza. Se estima que, en China, más de 500 millones de personas salieron de la pobreza durante los últimos treinta años debido a las elevadas tasas de crecimiento económico.[7]

Surge de lo anterior una pregunta fundamental en materia de políticas: ¿sería posible eliminar la pobreza con sólo entregar a las personas pobres dinero proveniente de otros países? Muchos creen que este tipo de programa redistributivo externo (conocido como Asistencia Oficial para el Desarrollo o Ayuda Exterior) puede ayudar a resolver el problema de la pobreza en los países en desarrollo. Sin embargo, como analizaremos en mayor detalle en el capítulo 14, existen razones para ser escépticos. Una de ellas es que el monto de la ayuda asignada hoy a los países en desarrollo no es ni remotamente suficiente para eliminar la pobreza. Por ejemplo, el monto total de la ayuda enviada a países en desarrollo en el transcurso de un año suele situarse apenas por encima de los 100.000 millones de dólares.[8] Este es el presupuesto anual para el gasto de una sola provincia canadiense, Ontario. En la actualidad, cerca de 1000 millones de personas viven en la pobreza absoluta en el mundo, mientras que unos 13 millones es el total de las personas que viven en Ontario. Por lo tanto, es difícil creer que la ayuda será la solución para el problema, a menos que el monto de tales transferencias se incremente de manera drástica.

El concepto de pobreza no debe confundirse con el de desigualdad. Un país puede tener índices elevados de desigualdad con niveles bajos de pobreza extrema. Un ejemplo que ilustra con claridad esa posibilidad es el de los Estados Unidos. Hay casos, sin embargo, en los que la desigualdad existe a la par de la pobreza extrema, de la que puede ser una de las causas. Por ejemplo, el Brasil tiene un índice elevado de desigualdad:[9] el 20% más rico de la población acumula alrededor del 60% del ingreso nacional frente al 3% que percibe el 20% más pobre.[10] Esto significa que el PIB per cápita indicado antes dista mucho de representar el modo en que el ingreso se distribuye entre la población. Es más, el 6,1% de la población del Brasil vive en la pobreza extrema.[11]

Si bien el crecimiento económico puede ayudar a incrementar el PIB per cápita, tal como lo muestra el ejemplo de la República Popular del Congo, puede no ayudar a reducir la pobreza, como lo ejemplifica históricamente el caso del Brasil. Ese país registró tasas espectaculares de crecimiento económico en las décadas de 1960 y 1970, con un promedio del 7,33% (Adrogué, Cerisola y Gelos, 2006: 3), y sin embargo ese crecimiento económico no se distribuyó hacia los estratos más bajos de la población, sino que se concentró, en gran medida, en las clases altas. De este modo, el PIB per cápita creció durante ese período, pero también crecieron la desigualdad y la pobreza absoluta. Por lo tanto, es posible afirmar que hubo crecimiento sin desarrollo. En el último tiempo, se ha empezado a registrar en China un aumento de la desigualdad económica, lo cual puede suscitar problemas similares.

Debido a estas limitaciones (y a otras críticas que no analizamos aquí), en las últimas décadas empezó a manifestarse en diversos ámbitos una marcada insatisfacción con esta concepción tan limitada del desarrollo. En el nivel conceptual, Amartya Sen, premio Nobel de Economía, ha cuestionado la primacía del ingreso per cápita como indicador del estado de desarrollo de un país y la maximización de las tasas de crecimiento económico (y, por ende, el ingreso per cápita) como la meta fundamental del desarrollo, tal como se analiza en el apartado Desarrollo como libertad.

Desarrollo como ausencia de pobreza: el índice de pobreza multidimensional (IPM)

En los últimos tiempos, se ha prestado mayor atención a la pobreza. Este nuevo enfoque tiene sus méritos, pero también ciertas deficiencias. Una de ellas radica en el hecho de que la pobreza se definió, básicamente, en términos económicos. El Banco Mundial, por ejemplo, define la pobreza absoluta como la situación de un individuo que vive con menos de 1,25 dólares diarios (Ravallion, Chen y Sangraula, 2008). Esta definición estrecha suscita el mismo tipo de preocupación que las medidas agregadas de la riqueza de un país, como el PIB per cápita. Así, una persona cuyo ingreso es inferior a 1 dólar diario puede vivir en un país que cuente con un sistema de asistencia social con una red amplia de servicios de apoyo, situación muy diferente de la de otro individuo con ingreso similar privado de cualquier tipo de asistencia estatal.

En un intento por captar esas otras dimensiones de la pobreza que no logran capturar las mediciones del ingreso individual, la Iniciativa para la Pobreza y el Desarrollo Humano (OPHI, por sus siglas en inglés) de la Universidad de Óxford trabajó junto con la Oficina del Informe sobre Desarrollo Humano del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) para crear un nuevo índice que indique la índole y cuantifique la dimensión de la pobreza: se trata del IPM o Índice de Pobreza Multidimensional.[12] El IPM examina una variedad de carencias empleando diez indicadores en el nivel del hogar (como mortalidad infantil, años de escolarización, acceso a agua potable, saneamiento y electricidad). Este enfoque multidimensional de la pobreza revela no sólo la cantidad de personas que son pobres, sino también la índole y la intensidad de su pobreza, datos que son pertinentes para el diseño de políticas (Alkire y Santos, 2010a: 7).

El porcentaje de personas que viven en la pobreza según el IPM es mayor que el de las que viven con menos de 2 dólares diarios en 43 países, e inferior al de quienes viven con menos de 1,25 dólares diarios en 25 países. Por ejemplo, en Etiopía, el 90% de la población es pobre según el IPM, frente al 39% que vive en condiciones de pobreza extrema, según esa medida; por otro lado, en Tanzania, el 89% de la población vive en la pobreza extrema, medida en función del ingreso, pero sólo el 65% es pobre según el IPM. Este índice pondera el acceso a servicios clave tales como saneamiento y agua potable de manera más directa, de modo que la imagen de la carencia parece ser más precisa: en algunos países, esos servicios son gratuitos, mientras que en otros se encuentran incluso fuera del alcance de personas empleadas que perciben ingresos (Alkire y Santos, 2010b: 4).

Desarrollo como libertad: índice de desarrollo humano

En su muy celebrado Desarrollo y libertad, Amartya Sen (1999) admite que las políticas y las instituciones que incrementan los ingresos per cápita aumentando el crecimiento económico son fundamentales en la promoción del desarrollo. Sin embargo, sostiene que el crecimiento económico no constituye el fin último del desarrollo. En su visión, los objetivos del desarrollo deben centrarse en promover la libertad individual, en el sentido de incrementar la capacidad de los individuos para poder elegir llevar vidas que ellos consideran valiosas (Nussbaum, 2011).

Para Sen, la libertad en sus diversas dimensiones (libertades políticas, servicios económicos, oportunidades sociales, garantías de transparencia y seguridad protectora) constituye tanto el medio como el fin del desarrollo. Esas libertades son complementarias, se refuerzan mutuamente y promueven formas más fuertes de agencia individual, a la vez que expanden las capacidades, las oportunidades y el funcionamiento humanos. En ese contexto, el crecimiento económico adquiere relevancia en función de lo que les permite lograr a los individuos, las comunidades y las sociedades de las que forman parte. No obstante, el crecimiento económico no es el único medio de promoción del desarrollo.

Sen muestra que las opciones y posibilidades de cada individuo no sólo se ven limitadas o reducidas por la falta de dinero, sino que también pueden resultar restringidas, por ejemplo, por un período de vida más corto. La comparación entre la expectativa de vida de los afroestadounidenses en los Estados Unidos y los ciudadanos del estado de Kerala (India) y China constituye un caso esclarecedor. Los afroestadounidenses cuentan con un PIB per cápita más elevado pero una expectativa de vida más baja que sus pares en esos otros países. El ejemplo ilustra que no es del todo evidente que ser más rico pero tener una vida más corta sea la mejor opción para todos los individuos. Todo el mundo preferiría ser más rico si el resto de las variables permaneciera constante. Inversamente, todos preferiríamos vivir más tiempo, si los demás factores se mantuvieran sin variación. Sin embargo, la elección se torna mucho más complicada si el costo de la mayor riqueza es una vida más corta, o bien si vivir más tiempo implica una vida de pobreza y sufrimiento crónicos.

Reflejando en parte el concepto de desarrollo de Amartya Sen, el PNUD elaboró, en una serie anual de Informes sobre Desarrollo Humano que se remonta a 1990,[13] un Índice de Desarrollo Humano (IDH), que toma como base tres fines del desarrollo: longevidad, medida según la esperanza de vida al nacer; conocimiento, medido según el promedio ponderado de alfabetización adulta y la media de años de escolarización; y estándar de vida, medido según ingreso per cápita.[14] Si bien existe una fuerte correlación positiva entre ingreso per cápita, salud y educación, tal correlación no es perfecta ni estricta. El ranking de países en vías de desarrollo suele experimentar cambios significativos, en una u otra dirección, cuando se incorporan las variables de la salud y la educación junto con la variable del ingreso per cápita en este índice.

A pesar de que el IDH toma distancia de un concepto de desarrollo limitado al aspecto económico, está basado mayormente en variables cuantificables, que pueden medirse en forma periódica y permiten realizar comparaciones frecuentes

Has llegado al final de esta vista previa. ¡Regístrate para leer más!
Página 1 de 1

Reseñas

Lo que piensa la gente sobre Derecho y desarrollo

5.0
1 valoraciones / 1 Reseñas
¿Qué te pareció?
Calificación: 0 de 5 estrellas

Reseñas de lectores

  • (5/5)
    muy bueno el libro. actual y muy inteligente contemporáneo para los tiempos de ahora