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Definidos: La identidad que Dios te dio
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Definidos: La identidad que Dios te dio
Libro electrónico332 páginas5 horas

Definidos: La identidad que Dios te dio

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Información de este libro electrónico

Basado en el tema central de Vencedor, este libro de los autores de éxito de ventas Stephen y Alex Kendrick, ayudan a adultos a comprender la importancia de encontrar su verdadera identidad en Cristo.

Based on the main theme of OVERCOMER, this book from bestselling authors Stephen and Alex Kendrick helps adults understand the importance of finding their true identity in Christ. 
IdiomaEspañol
Fecha de lanzamiento15 sept 2019
ISBN9781535966849
Definidos: La identidad que Dios te dio
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Autor

Stephen Kendrick

Stephen Kendrick is a speaker, screenwriter, and producer whose film credits include Flywheel, Facing the Giants, Fireproof, and Courageous.  Stephen co-authored the New York Times bestsellers The Love Dare and The Resolution for Men. He is an associate pastor of preaching and prayer at Sherwood Church and serves on the board of the Fatherhood CoMission. Stephen and his wife, Jill, have six children.

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    Definidos - Stephen Kendrick

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    Capítulo 1

    La identidad es importante

    Clamo al Dios Altísimo, al Dios que me brinda su apoyo. (Sal. 57:2)

    Jesucristo habitó el tiempo y el espacio en el primer siglo y es reconocido en todo el mundo como la persona más amorosa, poderosa e influyente que haya caminado sobre la tierra. Pero también Su vida entera es una vívida ilustración de la importancia de la identidad.

    A los 30 años de edad, Jesús llegó a Judea para ser bautizado por el profeta Juan, quien fue asignado para preparar el camino para el Mesías venidero. Los Evangelios de Mateo, Marcos y Lucas relatan que en Su bautismo, Jesús salió del río Jordán, y testigos presenciales escucharon una voz que provenía de los cielos, diciendo:

    «Este es mi Hijo amado; estoy muy complacido con él» (Mat. 3:17).

    Ahora, considera el significado de esta afirmación en el inicio del ministerio público de Cristo. Dios podría haber dicho: «Ve a evangelizar el mundo», o «Haz lo correcto», o «Cumple mi ley», o «Cuando mueras, no temas; te resucitaré». Pero en lugar de otras infinitas posibilidades, el Padre celestial fue directo al corazón y habló específicamente sobre la identidad de Su Hijo. Esta era la prioridad del cielo.

    La identidad tenía prioridad sobre la instrucción.

    De forma interesante, Dios pronunció esta bendición de amor y aceptación antes de que Jesús predicara un sermón, llamara a un solo discípulo, realizara Su primer milagro o completara la voluntad de Su Padre. Dios quería que todos los presentes, incluido Su Hijo, escucharan exactamente quién era Jesús y cuán profundamente lo amaba Su Padre celestial.

    Inmediatamente, el Espíritu Santo llevó a Jesús al desierto para ser probado por Satanás durante 40 días. Tanto Mateo 4 como Lucas 4 afirman que dos de las tres tentaciones registradas que Cristo enfrentó fueron ataques dirigidos especialmente a Su identidad. El tentador repitió: «Si eres el Hijo de Dios…» (Mat. 4:3); «Si eres el Hijo de Dios…» (v. 6). De esta forma intentó que Jesús cayera en la tentación, incitándolo a probar quién era.

    Satanás sabía que la integridad de Jesús y el deseo de vivir Su identidad eran un poderoso motivador que influiría fuertemente en Sus decisiones. Pero Jesús respondió consistentemente con la verdad de las Escrituras en lugar de con Sus propios sentimientos. A pesar de la intensa presión, confió en lo que Su Padre celestial ya había afirmado con amor.

    Después de esta experiencia, Jesús viajó de regreso a Su ciudad natal en Nazaret, entró a la sinagoga y leyó públicamente lo que el libro de Isaías había profetizado como la descripción de la función del Mesías. Jesús declaró públicamente quién era Él, reconociendo Su llamado a «anunciar buenas nuevas a los pobres» y a «proclamar liberación a los cautivos y dar vista a los ciegos, a poner el libertad a los oprimidos» (Luc. 4:18-19).

    Los ciudadanos locales no se percataron de que Él era su Mesías, por lo que inmediatamente lo cuestionaron. «¿No es este el hijo de José?» (Luc. 4:22). En lugar de abrazar a su tan esperado Salvador, se llenaron de rabia y trataron de matarlo. El primer día de ministerio de Jesús terminó con un intento de asesinato. Pero Él sabía que esto era solo el comienzo, así que caminó a través de la multitud enojada, salió de Nazaret y fue a cumplir Su misión.

    Durante los siguientes tres años, Jesús fundó todo Su ministerio, no en Su educación ni en las personas que conocía, ni en los milagros que podía hacer, sino solo en quién era y es. Todo lo que dijo e hizo salió de Su identidad. Su enseñanza no solo fue brillante, sino que fue modelada por Su vida.

    De manera regular, Él personificaba Sus mensajes para satisfacer la necesidad de Su audiencia. Deseaba especificar qué significaban algunos de los diversos elementos de Su identidad. Por ejemplo:

    Su identidad guiaba Sus acciones. «Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas» (Juan 10:11).

    Su identidad explicaba Su alcance. «Yo soy el camino, la verdad y la vida […]. Nadie llega al Padre sino por mí» (Juan 14:6).

    Su identidad aclaró Su autoridad. «Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí vivirá, aunque muera; y todo el que vive y cree en mí no morirá jamás» (Juan 11:25-26).

    Jesús no se limitó a declarar cosas audaces, sino que las respaldó con acciones y poder. Después de proclamar: «Yo soy la resurrección y la vida», por ejemplo, lo confirmó de inmediato levantando a un hombre muerto (Lázaro) de la tumba.

    Su vida y ministerio demostraron que (1) conocer nuestra identidad dada por Dios es una prioridad para cada uno de nosotros, y (2) permitir que Dios sea el que nos ayude a descubrirla y vivirla es fundamental para cumplir nuestro propósito en la vida.

    ¿Qué es una identidad?

    La palabra identidad describe quién eres por completo. Es la verdad real sobre tu verdadero yo. Como no eres una nube abstracta de nada, sino un ser humano definitivo y vivo, ya tienes una identidad específica dada por Dios, ya sea que la conozcas, la desees o la comprendas. Es un concepto fundamental en la comprensión y la funcionalidad de la existencia humana.

    En el lenguaje, usamos la palabra cuándo en relación al tiempo, dónde para referirnos al espacio y quién para referirnos a la identidad de una persona. La palabra identidad no se utiliza en la Biblia, pero la palabra quien es usada miles de veces para indicar identidad.

    En las relaciones, es la interacción de nuestras identidades lo que nos permite conocernos y entendernos. Desde darse la mano e intercambiar información personal básica hasta compartir y conocer los pensamientos, los sentimientos y el corazón de una persona, la salud y la profundidad de las relaciones son mejores cuando quién eres y quién es la otra persona pueden abrirse, entenderse y decirse la verdad libremente en amor.

    En las Escrituras, cada vez que Dios creaba algo, le daba su identidad al nombrarlo. Lo primero que Adán hizo en el jardín fue identificar y nombrar a los animales bajo su cuidado (Gén. 2:19). Y a lo largo de las generaciones de la historia, las personas de todo el mundo todavía le asignan un nombre a alguien cuando nace, estableciendo su identidad.

    En la Palabra de Dios, el nombre de una persona no solo está conectado a su existencia física, sino que se extiende para abarcar su carácter y atributos distintivos, su significado y valor individual, sus roles y responsabilidades relacionales, y también puede incluir su autoridad, acciones, logros, reputación y su influencia. Todas estas cosas que están vinculadas a un nombre también pueden ser parte de su identidad como persona.

    Bienvenido al complicado misterio de lo que eres. Espero que quede claro, aunque apenas tocamos la superficie, que tu existencia, identidad, valor e influencia son de monumental importancia y pueden tener un alcance épico. Con suerte, en este libro descubrirás que lo que realmente eres le importa a Dios, y descubrir lo que Él sabe sobre quién eres debe ser importante para ti.

    Cada uno de nosotros está en un viaje de identidad. Nacemos sin saber nada de nosotros mismos antes de lanzarnos a la academia de la vida real, donde se aprenden nuevas lecciones en cada etapa. El espectro completo de lo que escuchas, sientes y supones a lo largo de la vida puede incluir tanto buenos como malos maestros, tanto lecciones extrañas como maravillosas, y te brindará una amplia variedad de fuentes, algunas confiables y otras poco fiables.

    Algunas de tus lecciones de identidad son simples y superficiales: «Tengo una peca en el codo derecho». Otras son importantes y monumentales: «Nunca me sentí amado ni entendido por mi padre biológico». Con el tiempo, descubres fortalezas que nunca sabías que tenías, así como debilidades que anhelas superar, éxitos que te gustaría revivir y penas de las que te gustaría esconderte y enterrar en el pasado. Aceptas y te adaptas a algunos de estos cambios; niegas y dudas de los demás. Experimentas relaciones profundas y superficiales, y aprendes lecciones épicas de alegría y tristeza en medio de ellas.

    A través de todo esto, las conclusiones que sacas se convierten en una lente a través de la cual te ves a ti mismo, tu vida, tus circunstancias y tus relaciones.

    Entonces, ¿qué te ha enseñado la vida real sobre ti mismo? ¿Hasta qué punto has contemplado el tema de tu identidad? ¿Realmente sabes quién eres? Tal vez supongas que sí, por lo que quizás ya no piensas mucho en esto. Pero la verdad es que tu identidad es en realidad una parte profunda y subyacente de lo que piensas todos los días.

    Detrás de tus palabras y ambiciones diarias, detrás de tus pensamientos y emociones habituales, existe un conjunto de creencias ocultas sobre tu propia identidad y tu valor que aclara o confunde las elecciones que haces en la vida. Afecta a casi todas las áreas, incluida la forma en que piensas y sientes en un momento dado, la forma en que abordas las oportunidades diarias y reaccionas ante los problemas, y cómo tiendes a ver a Dios y tus circunstancias.

    Considera las siguientes ilustraciones inspiradas en historias reales:

    Esteban es un empleado inteligente, excelente para resolver problemas. Le encanta compartir su fe y mantiene una gran actitud, a menos que falle o que alguien lo critique. Si esto sucede, entra en pánico, explota en ira, ataca a los demás y se retrae en autocompasión durante días.

    Lina es una madre increíble para sus tres hijos. Pero cuando su hijo menor se fue a la universidad, repentinamente sintió que su vida como madre había terminado, y rápidamente se hundió en una inesperada depresión que incluía pensamientos suicidas.

    Marcos creció en la iglesia y decidió seguir a Dios a una edad temprana. Pero en su adolescencia, desarrolló una oscura adicción a la pornografía que lo ha esclavizado durante más de una década. Desea desesperadamente ser usado por Dios, pero se siente acosado por la vergüenza y lucha con las dudas sobre su propia salvación.

    Carina era una hermosa chica cristiana con un brillante futuro, pero después de haber sido agredida sexualmente en una cita en la universidad, se encuentra emocionalmente destruida y siente que su vida no tiene valor. Debido a la vergüenza que la embarga, Carina comenzó a beber para aliviar su dolor y ha luchado contra el alcoholismo durante años.

    Jerónimo se retiró después de 25 años como pastor en su comunidad y con mucho gusto pasó la batuta a un joven recién llegado del seminario. Sin embargo, menos de un año después, se siente frustrado con tanto tiempo libre y le cuesta mucho no estar enojado por lo bien que la congregación ha progresado sin él. Lo consumen los celos debido al éxito del nuevo pastor y guarda amargura contra Dios por haberle arrebatado su iglesia.

    Si tuvieras que sentarte a comer con cada una de estas personas y escuchar sus historias, podrías suponer que Esteban solo tiene problemas de ira, que el problema de Lina es su nido vacío, que Marcos necesita un filtro de internet, que Carina tiene que controlarse con el alcohol y que Jerónimo no es más que un jubilado gruñón.

    Pero la verdad es que, en cada caso, el comportamiento externo en realidad fluye de problemas internos profundamente arraigados en el corazón. Las circunstancias difíciles no crearon la identidad de estas personas, pero sí la probaron profundamente, torcieron su comprensión de la misma y revelaron que su identidad no estaba anclada donde debía. Si buscas debajo de la superficie, es posible que descubras que…

    Esteban no entiende cómo separar las opiniones de otros de su valor como hombre.

    A Lina le cuesta creer que su valor y propósito son mucho más grandes que su importante papel como madre.

    Marcos no entiende quién es en Cristo o cómo descubrir su identidad podría ayudarlo a caminar en libertad.

    Carina no sabe cómo aceptarse y caminar en el amor y la aceptación de su Padre celestial.

    Jerónimo no se da cuenta, incluso como líder espiritual, de que tiene problemas de identidad.

    Sin duda, cada uno de ellos necesita amor. Cada uno de ellos merece un oído atento, comprensión, relaciones responsables y apoyo en oración. Pero también necesitan descubrir algunas verdades clave sobre su identidad y valor que podrían liberarlos.

    «La verdad», dijo Jesús, «los hará libres» (Juan 8:32).

    Estas historias representan solo algunas de las innumerables batallas que las personas enfrentan a diario. La vida es extremadamente complicada, y las personas luchan con varios problemas por una amplia variedad de razones. Sería demasiado simplista decir que un ajuste de identidad es lo único que alguien necesita para resolver sus problemas. No estamos diciendo esto. No creemos esto. Pero sí sabemos que la identidad es un problema fundamental que afecta en gran medida casi todos los aspectos de nuestras vidas. Este problema a menudo se pasa por alto. Y Dios tiene mucho para decir al respecto, que necesitamos conocer y entender.

    ¿Sabes quién eres?

    ¿Qué hay de ti? Si alguien colocara un espejo gigante frente a ti hoy y te ofreciera un millón de dólares para definir, aclarar y compartir con precisión y honestidad todo lo que puedas sobre la persona que te mira, ¿qué dirías?

    Después de sentirte incómodo un minuto, tal vez indiques con facilidad tu nombre y tus datos de raza, género, altura y la dirección de tu casa. Antes de compartir tu peso, información financiera o cualquier dato personal confidencial, quizás preguntes si esta conversación se está grabando. Entonces es probable que hables sobre tu familia y tus relaciones. Dirías cosas sobre tus padres y hermanos, tal vez incluso de algunos de tu familia extendida. Tal vez indiques cualquier título de trabajo o posición que ocupes, así como algunas de tus responsabilidades diarias.

    Quizás hables sobre tu nacionalidad, tus afiliaciones políticas y religiosas, y tu formación académica. Podrías sonreír con modestia al hablar sobre tus habilidades y talentos, destacando algunas de ellas y de tus logros. Es probable que menciones lo que amas y odias en la vida: preferencias de comida y música, equipos deportivos, películas favoritas y manías personales.

    En algún momento, si te sientes seguro emocionalmente, es probable que respires con profundidad y comiences a compartir historias personales sobre tus mejores recuerdos o incluso las experiencias más difíciles de tu vida, incluidas las pruebas más dolorosas que anhelas borrar de tu pasado. Es posible que te sientas un poco sofocado al hablar de las personas que te han amado con profundidad a lo largo de los años, así como las que te han causado el mayor dolor.

    Aun así, puede haber algunas áreas que dudarías en compartir. Preguntas con las que luchas o miedos que enfrentas; las capas más profundas de tus pensamientos y tus secretos más íntimos. Algunas de tus creencias fundamentales y cosas sobre las que aún tienes dudas. Y luego, si te lo piden, tal vez incluso compartas tus mejores conjeturas sobre el PORQUÉ detrás de todo, cuál crees que podría ser el verdadero propósito y significado de tu vida.

    Pero a fin de cuentas, ya sea que tardaras horas o días en derramar tu corazón de una manera tan abierta, imagina que te piden que mires de nuevo al espejo, fijes los ojos en tus propios ojos y respondas de la manera más sincera posible las siguientes preguntas difíciles:

    ¿De verdad te gusta la persona que ves, la respetas y te preocupas por ella?

    ¿Qué piensas realmente de esta persona?

    ¿Estás agradecido de ser tú o desearías ser otra persona?

    ¿Estás enojado o agradecido con lo que Dios ha hecho en tu vida?

    ¿Quién crees que influye más en tu visión de tu propia identidad?

    ¿Qué tan amado y seguro te hicieron sentir tus padres en tu infancia?

    ¿Te hicieron sentir valorado y comprendido?

    ¿Qué tan amado te sientes hoy, especialmente en tus relaciones actuales?

    ¿Qué crees que Dios piensa de ti?

    ¿Crees que Él realmente te ve, se preocupa y te conoce íntimamente?

    ¿Sientes que te acepta, que apenas te tolera o te rechaza?

    ¿Crees realmente que te ama?

    ¿Qué tan profundamente te han lastimado los demás?

    ¿Todavía estás sensible y herido, o te has curado por completo?

    ¿Cuándo fue la última vez que estuviste realmente feliz y en paz?

    ¿Cuál crees que es el propósito de tu vida? ¿Tienes alguna idea?

    ¿Te sientes vacío y sin esperanza, o tienes un futuro esperanzador?

    ¿Crees que irás al cielo cuando mueras?

    ¿Estás seguro? Si no, ¿te gustaría estarlo?

    ¿Qué esperas aprender sobre tu identidad?

    El propósito de este libro no es volverte egocéntrico. Nuestra genuina esperanza es que descubras mucho más sobre el corazón de Dios a medida que abres tu propio corazón al misterio de lo que Él ha hecho y quiere hacer en y a través de ti.

    Conocer y ser conocido es algo poderoso.

    Amar y ser amado es hermoso.

    Conocer tu propósito y cumplirlo no tiene precio.

    Pero conocer a Dios y ser conocido y amado por Él es mejor que la vida misma.

    Es la vida: «vida eterna» (Juan 17:3).

    Padre celestial, al comenzar este viaje de descubrimiento, te pido que abras los ojos de mi corazón para descubrir y saber la verdad sobre quién eres, sobre quién soy realmente y sobre quién me creaste para ser. Dame la gracia y la fuerza para confiar en ti en medio de todo lo que enfrente. Ayúdame a conocer tu amor y a encontrar y cumplir tu gran propósito para mi vida. En el nombre de Jesús, Amén.

    profundiza al estudiar

    Mateo 16:13-17; Marcos 9:7-8; Juan 5:31-32

    Examíname, oh Dios, y sondea mi corazón; ponme a prueba y sondea mis pensamientos. Fíjate si voy por mal camino, y guíame por el camino eterno. (Sal. 139:23-24)

    Capítulo 2

    La confusión de tu identidad

    No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente. Así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta. (Rom. 12:2)

    La confusión de la identidad está en todas partes. Vivimos en una generación digital que es constantemente bombardeada con mensajes aleatorios y opuestos sobre quiénes somos y qué somos. Una nube de debates en curso gira en torno a la identidad racial y nacional, la identidad sexual y de género, la identidad política en el gobierno e incluso la identidad denominacional en la Iglesia. Algunos de estos conceptos son innatos y dados por Dios, mientras que otros son asuntos de creencia, valores y elección.

    De cualquier manera, personas que amamos y por las cuales nos preocupamos en nuestras familias, círculos de amistad y entornos laborales, caen en ambos lados de casi todos estos problemas. Y no estamos hablando aquí de pequeños desacuerdos marginales. Vemos vidas devastadas y familias destrozadas, y a nivel nacional observamos cómo aumentan las tasas de abuso de sustancias y los suicidios.

    La identidad es un tema central. Lo que tú y yo creemos sobre Dios y sobre nosotros mismos son dos de las creencias más importantes y fundamentales de nuestros corazones. Y cuanto más lejos se desvíen estas creencias de la verdad, más estragos harán nuestras interpretaciones distorsionadas de la identidad en nuestro comportamiento.

    Para usar una analogía deportiva, una persona que no entiende su verdadera identidad es como un jugador de fútbol que no conoce su posición o en qué equipo está. Puede correr por el campo persiguiendo el balón y enfrentando a las personas al azar, pero frustrará a todos los demás con su comportamiento. Él podría quejarse: «¡Deja de juzgarme! Estoy haciendo mi mejor esfuerzo. Esto es lo que quiero hacer y lo que tengo ganas de hacer». Pero su comportamiento no es el problema principal. Realmente no entiende quién es.

    O para usar una ilustración de la agricultura, si una vaca comienza a pensar que es un pollo, vivirá innecesariamente una vida de frustración, depresión y desilusión, especialmente cuando trate de poner un huevo o saltar sobre un poste y graznar.

    Las personas que comienzan a aceptar una mentira sobre su identidad lucharán constantemente con la confusión y las inconsistencias entre sus pensamientos y emociones, por un lado, y con la realidad de la Palabra de Dios y la vida cotidiana, por el otro. Jesús advirtió a Sus oyentes que podían estructurar fácilmente sus vidas alrededor de falsas suposiciones y autoengaños (Mat. 7:21-23), y que debían tener cuidado de los falsos maestros (vv. 15-20).

    El apóstol Pablo advirtió:

    Así ya no seremos niños, zarandeados por las olas y llevados de aquí para allá por todo viento de enseñanza y por la astucia y los artificios de quienes emplean artimañas engañosas. Más bien, al vivir la verdad con amor, creceremos hasta ser en todo como aquel que es la cabeza, es decir, Cristo. (Ef. 4:14-15)

    Sin importar de dónde venimos y con qué tipo de problemas de identidad estamos tratando, debemos considerar estas palabras. No seamos como niños crédulos, fácilmente engañados por quien haga el ruido más fuerte y apasionado en un momento dado. Y no separemos artificialmente caminar en amor de caminar en verdad. Ambos son valiosos y necesarios, o de lo contrario, nosotros y las personas que amamos nos encontraremos construyendo nuestras vidas en arenas movedizas de sentimientos, deseos y opiniones de otros, con resultados trágicos (Mat. 7: 24-27).

    Los sentimientos son imperfectos

    Los sentimientos son comunicadores poderosos pero no son fuentes confiables de la verdad. Tus sentimientos son una de las partes más superficiales e inestables de tu vida. Las emociones pueden oscilar de un lado a otro, evitando la lógica, ignorando la realidad y reaccionando a la especulación. Solo porque algo se siente verdadero no quiere decir que sea en absoluto verdadero. Los sentimientos son básicamente seguidores volubles, no líderes confiables. Deberíamos verlos como el furgón de cola que sigue al tren, no la locomotora que lo jala. El día que dejemos de permitir que nuestros sentimientos conduzcan nuestras vidas y comencemos a caminar en la verdad, será un gran día de liberación. Si bien los sentimientos pueden ayudarnos a descubrir lo que ya creemos en nuestros corazones, no suelen ser un buen indicador de lo que es verdad… de lo que deberíamos creer.

    Entonces, ¿de dónde provienen nuestros sentimientos? De diferentes fuentes. Pero la Biblia nos da una pista sobre cómo podemos analizar nuestros sentimientos y rastrearlos hasta su punto de origen. Cada uno de nosotros está compuesto por un cuerpo, un alma y un espíritu, interconectados entre sí (1 Tes. 5:23), y los tres pueden afectar e influir en nuestros sentimientos de distintas maneras.

    1. La Biblia señala que tu cuerpo es un templo (1 Cor. 6:19), un tabernáculo móvil, que necesita estar bien alimentado y sincronizado. Porque si no se mantiene bajo control, te llevará a un precipicio. Todos somos conscientes de que la falta de sueño, un problema estomacal o la medicación incorrecta pueden tener un efecto negativo sobre cómo nos sentimos físicamente. Algunos días tu cuerpo puede sentirse bien; casi sientes que puedes volar o atravesar una pared. Sin embargo, en otras ocasiones, puede sentirse abatido o exhausto y hacerte pensar que debes comer en exceso o dormir de más.

    Por lo tanto, aunque debes cuidarlo, no debes confiar en él ni seguirlo como una guía moral. A tu cuerpo no le importa lo que está bien o mal, y te traicionará y esclavizará rápidamente si dejas que tome el control y se salga con la suya. Por eso, el apóstol Pablo escribió: «Más bien, golpeo mi cuerpo y lo domino, no sea que, después de haber predicado a otros, yo mismo quede descalificado» (1 Cor. 9:27).

    2. Se cree que tu alma está compuesta por tu mente, tu voluntad y tus emociones, y también puede afectar tus sentimientos. La noche antes de Su crucifixión, Jesús declaró: «Mi alma está muy afligida, hasta el punto de la muerte» (Mat. 26:38, LBLA). Sus sentimientos estaban recibiendo la información de lo que vendría. Los pensamientos en tu cabeza y las creencias fundamentales en tu corazón afectarán directamente tus sentimientos y emociones. Puedes estar física y espiritualmente sano, pero si mentalmente permites que tus pensamientos se detengan en lo malo o crean una mentira, sentirás la oscuridad y la esclavitud que traen estas cosas. A Lot, en el Antiguo Testamento, «se le despedazaba el alma» por todo el pecado que observaba en Sodoma (2 Ped. 2:8).

    3. Tu espíritu también afecta tus sentimientos. El amor, la alegría y la paz son frutos espirituales y se

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