Disfruta de millones de libros electrónicos, audiolibros, revistas y más con una prueba gratuita

A solo $11.99/mes después de la prueba. Puedes cancelar cuando quieras.

Sumergibles alemanes en Argentina y Sudamérica
Sumergibles alemanes en Argentina y Sudamérica
Sumergibles alemanes en Argentina y Sudamérica
Libro electrónico376 páginas5 horas

Sumergibles alemanes en Argentina y Sudamérica

Calificación: 0 de 5 estrellas

()

Leer la vista previa

Información de este libro electrónico

Luego de abordar los mitos que circundan la muerte de Adolf Hitler, Julio B. Mutti presenta una nueva investigación destinada a desentrañar la supuesta llegada de sumergibles alemanes a la Argentina en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial.
Durante décadas se ha escrito sobre la presencia furtiva de submarinos alemanes en las costas argentinas. Una y otra vez, los relatos de desembarcos de jerarcas nazis y riquezas robadas han inundado página tras página los libros de la literatura mundial, pero como escaso aporte del debido respaldo documental.
¿Qué hay de cierto sobre las actividades encubiertas de naves alemanas durante los confusos días de 1945 e incluso en años anteriores?
Para responder la incógnita el autor se ha basado fundamentalmente en la traducción de innumerables documentos de la Kriegsmarine capturados en el final de la contienda, los cuales, nunca utilizados en investigaciones anteriores, arrojan datos certeros sobre operaciones secretas llevadas a cabo en el Atlántico Sur durante la guerra.
Por vez primera se identifican los sumergibles y los comandantes alemanes que llevaron a cabo misiones, algunas veces encubiertas, en las costas sudamericanas. Incluso en las cercanías del Río de la Plata.
Finalmente, mediante la declaración de un descendiente directo de un marino germano, el autor alcanza la conclusión de que además de los famosos U-977 y U-530, existe otro sumergible llegado de manera clandestina a la Argentina; y que puede ser identificado.

IdiomaEspañol
Fecha de lanzamiento21 ago 2019
ISBN9780463115152
Sumergibles alemanes en Argentina y Sudamérica
Leer la vista previa
Autor

Julio B. Mutti

Julio B. Mutti nació en Buenos Aires en 1978. Desde hace años se dedica a la investigación del nazismo y sus vinculaciones con la Argentina. Ha escrito la saga "Los verdaderos últimos días de la segunda guerra mundial": "Mito y realidad sobre la muerte de Adolf Hitler" y "Sumergibles alemanes en Argentina y Sudamérica", 2013. En 2015 publicó su tercer libro "Nazis en las sombras; la historia inédita de los espías del Tercer Reich en Argentina", editado en España y Argentina. Su blog u-boatargentina.blogspot.com es uno de los más visitados del país. Colabora activamente con revistas relacionadas a la Segunda Guerra Mundial y documentales televisivos. Email: julio.b.mutti@gmail.com

Lee más de Julio B. Mutti

Relacionado con Sumergibles alemanes en Argentina y Sudamérica

Libros electrónicos relacionados

Artículos relacionados

Comentarios para Sumergibles alemanes en Argentina y Sudamérica

Calificación: 0 de 5 estrellas
0 calificaciones

0 clasificaciones0 comentarios

¿Qué te pareció?

Toca para calificar

Los comentarios deben tener al menos 10 palabras

    Vista previa del libro

    Sumergibles alemanes en Argentina y Sudamérica - Julio B. Mutti

    En primer lugar a mi familia, siempre. También a todos los que han colaborado con esta larga investigación.

    Especialmente quiero mencionar algunos autores de diversa índole y opiniones, quienes han colaborado desinteresadamente con este humilde aporte. Carlos De Nápoli, una persona excelente y siempre presta a brindar ayuda e información sin pedir nada a cambio. Agradezco también a otros autores e investigadores por haber respondido siempre amablemente a mis correos. A pesar de que en algunas teorías no he logrado alcanzar sus conclusiones, puedo afirmar que respeto profundamente sus investigaciones y aportes.

    Gracias a Analía y Carlos Aníbal por incentivarme a escribir mis reflexiones sobre un tema que desde niño me ha apasionado.

    El conocimiento es mejor que la ignorancia; la historia es mejor que el mito.

    Ian Kershaw

    Introducción

    Los Verdaderos Últimos Días de la Segunda Guerra Mundial; Parte I y II.

    En abril de 1945, el incontenible Ejército Rojo de Stalin cerró sus fauces, ávidas de venganza, sobre la capital del Tercer Reich. El nazismo, agonizante víctima de su propia maquinaria de odio y destrucción, se enfrentaba a su hora más crítica y a la extinción total de su sistema, el cual había llevado a la nación germana a su cúspide durante los primeros años de guerra para luego caer en la desintegración y el desastre.

    Existieron y existen una gran cantidad de versiones, leyendas, historias y mitos sobre los últimos días del nazismo. Aquellos vividos durante la agonía del Tercer Reich, mientras las llamas, el caos y la destrucción se cernían sobre Berlín. Sin embargo, también existen una gran cantidad de testimonios veraces, investigaciones y archivos oficiales, de diversas naciones involucradas, que echan bastante luz sobre lo que en los últimos años se ha ido oscureciendo poco a poco.

    Especialmente, en algunas versiones e interpretaciones sobre lo ocurrido en el final de la Segunda Guerra Mundial - de autores de las más diversas nacionalidades - podemos encontrar todo tipo de teorías y especulaciones sobre la suerte corrida, en aquellos días, por Hitler y su séquito. Algunas de estas teorías incluso llegan a elaborar complejas tramas que desembocan en la fuga del dictador y algunos de sus colaboradores en las mismas narices de los rusos en las últimas semanas del mes de abril de 1945.

    Hugh Trevor Roper, comenzó a escribir la historia oficial de los occidentales casi sobre el mismo final de la guerra. Sin embargo, este oficial de inteligencia británico, al cual se le encargó la investigación de los hechos acaecidos en la Cancillería del Reich en aquellos históricos días, casi no contó con acceso al lugar de los hechos. Tampoco logró visitar el bunker hasta varios meses después de que los agentes especiales soviéticos completaran sus propias investigaciones.

    Como resultado de la pesquisa de Trevor Roper, basada casi completamente en los testimonios de los alemanes capturados por los occidentales, surgió el libro Los Últimos Días de Hitler. Libro que pronto se transformó en la versión oficial de los hechos, por los menos hasta que luego de la muerte de Stalin, la Unión Soviética comenzó a cambiar su versión y a reconocer que se sabía mucho más sobre el paradero de Hitler de lo que se había informado hasta ese momento.

    Una serie de hechos, encadenados entre sí, han creado el terreno perfecto para el desarrollo de todas las versiones encontradas, que desde el mismo día del final de la guerra hasta los nuestros, se han ido desarrollando en torno a la muerte de Adolf Hitler.

    En primer lugar, la decisión del líder nazi de evitar a toda costa caer en manos del enemigo bolchevique y de incinerar su cuerpo y el de su esposa hasta el punto de tornarlos irreconocibles.

    En segundo lugar, el hecho de que hayan sido los soviéticos y no los Aliados Occidentales los que tomaran Berlín, cubrió con un oscuro velo de desinformación la escena. En forma de una operación de inteligencia secreta dirigida por Stalin y unos pocos con el objetivo de engañar a propios y extraños. Se trataba de relacionar a los Aliados Occidentales con el nazismo y hacer ver a la opinión pública mundial que americanos e ingleses habían ocultado o colaborado de alguna manera con la huida de Hitler.

    El mismo mariscal Zhukov, comandante en jefe de las tropas soviéticas, estuvo veinte años en las sombras. Ajeno a toda realidad sobre lo que realmente habían encontrado los oficiales del SMERSH cuando llegaron al Führerbunker, negándosele además, al mariscal, todo acceso al refugio.

    Zhukov, quien además era el principal referente militar soviético para los corresponsales internacionales en Berlín, era consultado una y otra vez sobre el paradero del Führer, sin poder dar una respuesta certera sobre tal asunto.

    El hecho de que muchos de los testigos clave hayan caído en mano de los soviéticos hizo que varios testimonios no se conocieran en occidente hasta diez años después de terminada la guerra. Sin embargo, y con algunas contradicciones que serán evaluadas, su relato de los hechos no varió demasiado contrastado con el de los testigos que fueron capturados por los occidentales y entrevistados por Trevor Roper.

    La desaparición del Reichsleiter Martin Bormann, uno de los personajes más siniestros y controvertidos del entorno de Hitler, pero a su vez uno de los más cercanos al dictador, generó también un enorme número de suspicacias y especulaciones. Si pudo Martin Bormann evadirse del centro de Berlín seguramente lo había hecho con Hitler. La aparición de su esqueleto en las cercanías de la estación central de Berlín en los años setenta, en lugar de acallar ciertas voces dio lugar a nuevas y remozadas versiones de los hechos.

    Se ha tildado a todas las personas que vieron con vida a Hitler a finales de abril de 1945 como nazis fanáticos. Algo que pretende hacer creer que la historia del suicidio fue un montaje y una lección bien aprendida. Un estudio exhaustivo del perfil y el rol de cada personaje dentro del séquito íntimo de Hitler, especialmente de aquellos que lo rodeaban en 1945, pone de manifiesto que no en todos los casos puede utilizarse ese argumento. Hubo muchos personajes que, sin dudas, tornaron imposible la participación de un doble del dictador.

    Al margen de ocultamientos estalinistas, cuerpos hallados, actas de autopsias mal interpretadas y otras cuestiones, una pregunta ha retumbado una y otra vez en mi cabeza durante los últimos años. Si Hitler logró evadirse de la capital del Tercer Reich en el último momento, tal cual se ha afirmado, ¿cómo pudo escapar de Berlín, que medios utilizó, como se desarrolló ese plan y quienes facilitaron su huida en las mismas narices de los Aliados?

    Creo que esta última interrogante es una cuestión que los investigadores que adhieren a la teoría de la supervivencia de Hitler, aunque lo han intentado una y otra vez, jamás han podido resolver satisfactoriamente.

    El espíritu de esta obra es la de ser respetuosa sobre todas las opiniones. Si bien algunos investigadores han intentado abordar el tema seriamente, exponiendo teorías relacionados con dobles o escapes espectaculares por vía aérea, veremos en el transcurso de este trabajo que esas interpretaciones presentan problemas insalvables. Que no surgen precisamente de seguir en forma incondicional la historia oficial de Trevor Roper, sino del análisis de los hechos militares, políticos, psicológicos e históricos disponibles para tal fin.

    Como resultado de más de diez años de investigación, este trabajo narra los pasos de Hitler y su séquito durante su estadía final en la Cancillería del Reich. A medida que avancen los acontecimientos, éstos se analizarán desde la perspectiva de la historia oficial – muchas veces discutible – pero también desde la perspectiva de los autores revisionistas, presentando al lector los hechos de la manera en que realmente sucedieron y fundamentando el relato en datos siempre veraces y comprobados.

    Luego de presentar los hechos históricos, el lector tendrá libertad para reflexionar y desarrollar su propia opinión y puntos de vista.

    La segunda parte de la obra se dedica a la investigación realizada sobre otro tema controversial, que como no podía ser de otra manera, está íntimamente ligado a la supuesta fuga de Adolf Hitler hacia la República Argentina. Se trata de la llegada, desembarco clandestino y hundimiento de sumergibles alemanes en las costas de ese país sudamericano.

    En esta segunda etapa de la investigación, a diferencia de lo que sucede con la muerte de Hitler, las evidencias pueden llevarnos por un camino completamente diferente a lo que narra, hasta hoy en día, la historia oficial mundialmente aceptada.

    Casi desde el comienzo, y muchas veces respaldado por archivos de origen oficial, surge firme y cada vez con mayor claridad una historia que aún permanece a medio descubrir.

    Las investigaciones previas han aportado cada una su parte del rompecabezas. El presente trabajo ha recopilado nueva información, así como también nuevos testimonios de primera mano que llevan a la ineludible conclusión de que a las costas argentinas no sólo llegaron el U-977 y el U-530.

    Lamentablemente también existen y han existido otras historias, algunas de ellas de cierta popularidad entre quienes se sienten interesados en el asunto de los submarinos alemanes en Argentina. Historias fantásticas que lejos de haber sido confirmadas durante el transcurso de esta investigación se han confirmado irreales.

    Ha resultado por demás interesante repasar, desde el comienzo mismo de las Segunda Guerra Mundial, las actividades llevadas a cabo por la Kriegsmarine en las aguas del Atlántico Sur. Estableciendo, de esa manera, que las operaciones especiales de los lobos grises y otras unidades de la Armada de Guerra Alemana no fueron algo que exclusivamente se desarrolló en 1945, sino que hay una serie de hechos y registros, algunos de ellos oficiales, que nos indican lo contrario.

    Julio B. Mutti

    Buenos Aires, Octubre de 2012

    Capítulo I

    Partida de Bergen

    La tarde del 5 de abril de 1945 comenzaba a oscurecer. La llovizna dominaba la bahía y se extendía sobre el valle circundante, creando una neblina borrosa sobre los cerros cercanos. Las frías aguas del Mar del Norte estaban calmas y podía distinguirse con facilidad, desde el interior del muelle, como las pequeñas gotas de lluvia rompían su superficie y formaban diminutas ondas casi imperceptibles.

    Había llovido por una semana en forma ininterrumpida. Los dos jóvenes oficiales, parados frente a la barandilla de abordaje, se consolaban pensando que al tomar rumbo hacia el oeste el tiempo por fin mejoraría; finalmente, después de varios días grises, podrían ver el sol.

    Ya estaba oscuro cuando el último torpedo G7e/ T3 fue acomodado en los depósitos exteriores de almacenamiento. Era necesario terminar con las tareas de reaprovisionamiento antes de que la noche envolviera todo el valle con su penumbra.

    El bunker Bruno, el cual servía de protección a los sumergibles, aún estaba intacto y su sistema de iluminación en perfecto funcionamiento. Sin embargo, el comandante de la flotilla no deseaba dar ninguna pista a los bombarderos nocturnos, había dado órdenes de mantener en las sombras a todo el complejo. Aun con tiempo lluvioso y bajo una estructura que se había demostrado impenetrable, el legendario Fregattenkapitän Heinrich Lehmann-Willenbrock, el as del U-96, prefería que los bombarderos británicos pasaran de largo sin arrojar sus bombas.

    Mientras las ochenta toneladas métricas de diesel terminaban de rellenar los tanques del lobo gris, su joven comandante, el Oberleutnant zur See Rudolf Meyer, reflexionaba profundamente sobre las recientes noticias que habían llegado, en relación al Frente Oriental. La escases de combustible, que sufrían las tropas que intentaban defender la capital del Reich, era desesperante; algunas unidades blindadas estaban virtualmente detenidas.

    Meyer no podía más que preguntarse: ¿Es realmente necesario que estos miles de litros de combustible sean quemados por mi nave? ¿No podrían ser mejor utilizados para la defensa del corazón de la patria?...

    Mientras estaba sumido en sus profundas cavilaciones, acerca de las privaciones que sufrían sus hermanos de armas, el joven comandante llegó a la triste conclusión de que todo terminaría pronto...

    Era un oficial muy joven, pero no un ingenuo. Había navegado durante dos años y medio a bordo de acorazado Tirpitz y, al igual que algunos de sus ex camaradas de aquella formidable embarcación, había pasado al arma submarina. No era casualidad que con apenas veinticuatro años hubiera llegado a comandar su propia nave... Casi de repente, recordó a uno de sus camaradas oficiales que sirviera a su lado en el acorazado. Hermann Kottman era algo mayor que él y solía contar al joven Rudolf cuan amables y calurosos eran los argentinos…

    El Leutenant zur See Kottman había servido en el Admiral Graf Spee, hallándose entre sus oficiales al comienzo de la contienda. En diciembre de 1939 había sido internado en el lejano país sudamericano, luego de que su buque fuera hundido por su propio capitán frente al puerto de Montevideo, con el objetivo de evitar la amenaza de una escuadra británica. En julio de 1940, Kottmann había escapado de su cautiverio en Argentina, al igual que lo harían otros oficiales del acorazado. De regreso en su patria, había sido asignado al Tirpitz, donde coincidió por largos meses con el joven Rudolf Meyer. Más tarde sería enviado al arma submarina y comandaría el U-203, al mando del cual sería tomado prisionero durante 1943, luego de ser hundido su U-boote en el Atlántico Norte.

    El Reich milenario se había transformado en una quimera y Meyer no podía dejar de pensar en lo que le depararía el futuro…

    - El capitán de la flotilla, quien era mucho más realista que el gran almirante Dönitz, había sido claro con nosotros al decirnos: No puede tomarse como algo serio la inquebrantable fe del gran almirante en la victoria final.

    Si los rusos habían llegado ya a Seelow, y lo que es peor a las periferias de Berlín, entonces ¿Cuánto podría resistir la capital?...

    Meyer introdujo su mano en el bolsillo derecho de su abrigo y palpó el frío metal de su Cruz Alemana en oro. No era permitido a los comandantes utilizar dicha condecoración durante el servicio, pero esta vez era diferente. Así, decidió prenderla con orgullo a su pecho. Si aquella era su última patrulla como comandante del U-1055, como las circunstancias parecían indicar, entonces llevaría su preciada condecoración ganada con bravura y valentía.

    Casi sin darse cuenta, pronto volvió sobre sus preocupantes pensamientos ¿Qué haría si la guerra terminaba? O mejor dicho ¿Qué debía hacer si la guerra terminaba cuando su nave estuviera internada en el Mar del Norte? Era algo que no había imaginado antes, pero lo que si había decidido mucho tiempo atrás, al igual que la mayoría de sus camaradas, era que no caería en manos de los rusos. Oh no eso jamás, no lo permitiría…

    - Ah pobre mi querida Liepzig, ahora en manos de esas hordas inhumanas, seguro ya lo han destruido todo, reducido las fábricas a escombros, convertido todo en una llanura agrícola…

    Ya lo había anunciado el Dr. Goebbels hace tiempo, tal vez hasta nos esterilicen a todos los hombres jóvenes…

    - Tal vez podríamos dirigirnos a España o Portugal, o a algún país amistoso que nos trate decentemente… Tenemos los tanques llenos, incluso podríamos ir mucho más lejos si así lo quisiéramos…Ya lo había dicho el viejo camarada Kottmann, los argentinos y sus gobernantes eran muy favorables a la causa alemana y nuestras redes de apoyo estaban bien establecidas…

    Llegó la hora de partir. Ya tendría tiempo para pensar qué hacer. Por supuesto aún debía consultarlo con Berger, Muth, Osenbrügge y Pohle, sus oficiales a bordo. Tal vez hasta lo pondría a consideración de sus cuarenta y nueve hombres. Casi ninguno de ellos estaba casado, aun a Meyer, que tenía veinticinco años, aquellos marineros le parecían unos niños…

    El sumergible comenzó a moverse lentamente en la oscuridad. El ruido sordo de los motores diesel a bajas revoluciones llegaba a los oídos del comandante y a los de su amigo y primer oficial, Erich-Karl Berger, mientras ambos conversaban de pie en la torreta del submarino.

    La popa del U-1055 comenzó a asomar lentamente fuera del Dock C. Giró dócilmente y enfiló con su proa apuntando hacia el oeste para salir de la pequeña bahía.

    Poco a poco la blanca gorra del comandante comenzó a humedecerse por el efecto de la tenue llovizna… Las precipitaciones no cesaban.

    Meyer miró hacia las siete colinas que dominan las espaldas de Bergen; parecía como si hubieran protegido a la hermosa ciudad noruega de los enormes desastres de la guerra, esos que tantos estragos hacían en su patria.

    - ¡Qué calmo está todo aquí!

    De pronto sintió nostalgia… tal vez sería la última vez que contemplaba esas hermosas edificaciones de estilo art nouveau y posiblemente ya no podría apreciar aquellos viejos edificios del siglo XIX, de la zona de Nygårdshøyden.

    - ¡Media fuerza adelante! - dijo el comandante, como si de repente decidiera sólo mirar al futuro… Aunque aquél se presentara incierto y borroso, tanto como la llovizna y la oscuridad habían tornado su visibilidad…

    Habían llegado al canal de acceso al puerto; ahora, debían navegar los canales que formaban los fiordos noruegos. Luego, el mar abierto… La oscuridad no era un problema, lo habían hecho en innumerables ocasiones…

    Luego de algunas horas de penumbra llegaron finalmente al Mar del Norte… De repente, la antena del FuMB-26 Tunis comenzó a detectar una señal de radar, el peligro se acercaba a gran velocidad.

    - ¡Inmersión de emergencia! –

    La larga travesía del U-1055 recién había comenzado…

    Capítulo II

    El Atlántico Sur como teatro de operaciones

    Luego de haber estudiado profundamente los acontecimientos sucedidos en Berlín, en el final de la Segunda Guerra Mundial, es imposible no referirse a un hecho muchas veces cuestionado: Las actividades de sumergibles y otras unidades de la Kriegsmarine en el Atlántico Sur antes, durante y después de finalizada la Segunda Guerra Mundial.

    Como desarrollaremos en el lapso de los próximos capítulos, durante el transcurso de la presente investigación ha quedado en evidencia, en más de una oportunidad, que muy posiblemente fueron más de dos los sumergibles arribados a las costas argentinas una vez concluida la conflagración.

    Como todos sabemos en forma oficial, el U-530 y el U-977 se entregaron en la Base Naval de Mar del Plata en julio y agosto de 1945, dos y tres meses después, respectivamente, de que terminara la contienda. Se ha narrado en innumerables ocasiones, desde 1945 hasta nuestros días, sobre gran cantidad de leyendas e historias en torno a los sumergibles rendidos en Argentina. Sin embargo, gran parte de ellas han resultado apenas un extracto de una novela de ciencia ficción. Pero, como veremos más adelante, al menos una minoría presenta serios rasgos de veracidad que deben ser profundamente analizados.

    El período de estudio no sólo debe abarcar el año 1945. Al analizar hechos y archivos sobre períodos anteriores surgen también datos e historias tan interesantes como verídicas.

    Es común que los historiadores europeos, y algunos americanos, consideren que el Atlántico Sur tuvo una importancia nula para la Kriegsmarine durante la Segunda Guerra Mundial. Ya sea como teatro de operaciones o como sector estratégico para los intereses alemanes. Por ejemplo, Ronald Newton, quien fuera contratado por el Gobierno Argentino en 1998, con el objeto de realizar un estudio sobre las actividades de la Kriegsmarine en el Atlántico Sur en el marco del proyecto CEANA (1), opinó, en su informe preliminar del mismo año, que era evidente la poca importancia que daban las autoridades de la Marina Alemana a los asuntos sudamericanos.(2) Lo que resulta evidente, luego de estudiar profundamente las actividades y los intereses alemanes en el Atlántico Sur y en Sudamérica desde finales del siglo XIX, es que esta afirmación se torna algo arriesgada.

    Resulta claro e innegable que otros teatros de operaciones, como el Atlántico Norte, eran de una importancia inmensamente superior para la guerra de tonelajes llevada a cabo por la Kriegsmarine, comparado con otros mucho más alejados y de menor protagonismo bélico, como el que nos ocupa. No es el objetivo de este trabajo ahondar en este aspecto, pero basta citar algunos ejemplos de hechos puntuales y muy conocidos para demostrar que los alemanes, mucho antes de la llegada al poder de los nazis, consideraban al Atlántico Sur un lugar estratégico y de real importancia para sus asuntos.

    Los intereses alemanes en la Patagonia eran ya muy importantes desde comienzos de siglo. Las estancias de origen germano dominaban el sur de la Argentina, y sólo en la Provincia de Chubut los alemanes poseían una extensión territorial superior a la Provincia de Tucumán. Para el comienzo de la Segunda Guerra Mundial poseían el 20% de las estancias patagónicas. (3) En 1915, la petrolera alemana Astra se radicó y prosperó a escasos quilómetros de Comodoro Rivadavia, donde en 1907 se habían descubierto yacimientos petrolíferos de gran importancia.

    Los intereses de la Marina de Guerra también fueron importantes en la región desde los comienzos de la Primera Guerra Mundial. La Flota Imperial del Pacífico se encontraba amarrada en China cuando estallaron las hostilidades en 1914. De inmediato se hicieron a la mar, y al mando del almirante Graf von Spee se dirigieron al Atlántico Sur. Sus intenciones no estaban del todo claras, pero se ha llegado a afirmar, tal vez en una declaración un tanto incierta, que su misión era la toma de las Islas Malvinas y el control del tráfico marítimo en toda la región. En el mes de octubre se produjo el encuentro con las escuadras inglesas, episodio que hoy es conocido como la Batalla de las Falklands. Los ingleses se alzaron con la victoria. Hoy en día, los restos del almirante von Spee y su escuadra yacen en las frías aguas del Atlántico Sur.

    Los reabastecimientos o supuestos reabastecimientos de unidades de la Marina de Guerra alemana en aguas australes no son un tema que se circunscriba exclusivamente a la Segunda Guerra Mundial. Cuando el crucero Dresde se encontraba escaso de provisiones, en agosto de 1914, fue reabastecido en una estancia de origen germano en las proximidades de Bahía Cayetano; un puerto de aguas naturales, unos 200 km. al norte de Comodoro Rivadavia. El Agregado Naval alemán en Buenos Aires, de apellido Möller, estuvo estrechamente implicado en aquel asunto. Es conocido y aceptado por algunos historiadores especializados que los alemanes contaban, ya para el período del comienzo de la Segunda Guerra, con un conocimiento cartográfico de las costas patagónicas muy superior al de otras potencias.

    Ante el creciente poderío alemán, en el año 1911 fue creado el Etappendienst, servicio de inteligencia dependiente de la Marina de Guerra Alemana. Sus principales funciones eran las de recolectar información y proveer reaprovisionamiento en puertos neutrales para los buques mercantes, cruceros auxiliares y submarinos. Al haber perdido Alemania casi todas sus colonias para el comienzo de la Primera Guerra Mundial, la importancia del Etappendienst se volvió superlativa. Para 1915, durante la Gran Guerra, la influencia y éxito del arma submarina germana se tornaron mayores de lo esperado. Así, una de las principales funciones de aquella red pasó a ser la de brindar soporte a los sumergibles alemanes.

    Luego de terminada la conflagración, en 1918, Alemania fue penada con duras restricciones impuestas por el tratado de Versalles. Entre ellas, se limitaba a la Marina de Guerra a tener un número muy reducido de efectivos y unidades; de esa manera, la mencionada organización dejó de existir.

    En el año 1927, Wilhelm Canaris, viejo tripulante del Crucero Dresde reabastecido en la Patagonia en 1914, reflotó la organización. Hacia 1931, retomando la hipótesis de conflicto con Francia e Inglaterra, la E-Dienst fue ampliada, poniendo especial énfasis en países que serían hipotéticamente aliados o neutrales en una conflagración futura.

    Es curioso que el mismo Ronald Newton, quien cree que los marinos alemanes no daban importancia a los mares del sur, mencione los siguiente en el informe preliminar de la CEANA: Buenos Aires fue uno de los ocho centros neurálgicos en los que comenzaría la organización de la E-Dienst, y ya en 1930, el personal naval alemán había identificado a su hombre en aquella ciudad. Era el capitán de fragata (retirado) Dietrich Niebuhr. (4) Sobre este personaje, quien nombró a Thilo Martens como jefe local de la organización, y siguió trabajando para el Abwehr, el servicio de inteligencia militar germano, podríamos hablar hasta completar varios capítulos; sin embargo, por el momento, no es el tema que nos ocupa.

    Newton no sólo reconoce a la capital argentina como uno de los ocho puntos más importantes para la E-Dienst, a principios de los años treinta. También dice, que ya a finales de esa década, en el año 1939, cuando la guerra parecía inminente, la organización local de la Argentina tuvo el segundo presupuesto más elevado en todo el mundo, detrás de México y por delante de Tenerife. Esta última, una zona de vital importancia para los teatros de operaciones centrales. Parte de esas grandes sumas de dinero habrían sido dirigidas al acopio de petróleo para futuros reabastecimientos:

    …Habían recibido $809.925,85 y habían gastado $1.509.623,20 principalmente (parece) en acopio de petróleo. Los fondos se transferían a la E-Dienst desde sucursales locales de firmas alemanas y luego se compensaba a sus casas matrices alemanas. México, donde los alemanes estaban comprando grandes cantidades de petróleo mexicano, ocupaba el primer lugar; Tenerife, que se convertiría en una base fundamental para el reabastecimiento de combustible para los submarinos alemanes clase U, ocupaba el tercer lugar. (5)

    Newton continúa narrando que, a partir del estallido de la guerra, las actividades de la E-Dienst y el Abwehr se limitaron al espionaje y recolección de datos. Entonces, de acuerdo a su teoría, nos restaría saber el motivo por el cual gran parte del presupuesto era destinado a combustibles.

    Una de las primeras acciones de guerra de la Alemania nazi fue el envío de una de sus mejores unidades de superficie al Atlántico Sur. Un hecho que denota la importancia que daban los alemanes a la intercepción del tráfico mercante enemigo en dicha región. Se trataba de acorazado de bolsillo Admiral Graf Spee, al mando del Kapitän zur See Hans Wilhelm Langsdorff. Su misión consistía en actuar como corsario más allá del Ecuador, apoyado por su buque de abastecimiento, el petrolero Altmark. Sus órdenes eran las de hundir buques mercantes británicos sin entrar en combate con fuerzas enemigas considerables. Amenazaba, de esta forma, vitales líneas de suministro aliadas y distraía unidades de combate británicas, alejándolas de sus bases en otras partes del mundo.

    La historia posterior es muy conocida. En diciembre de 1939, y luego de varios éxitos, el acorazado se trabó en combate con los cruceros británicos Ajax, Exceter y Achilles, en las cercanías de Punta del Este, Uruguay. A pesar de la desventaja numérica, el mayor poder de fuego del Spee causó mayores daños a los británicos que los sufridos por los alemanes. Sin embargo, Langsdorff decidió lanzar una cortina de humo y desviar su nave hasta Montevideo.

    Aquella maniobra del comandante germano no ha quedado del todo clara. Algunos historiadores alegan que se debió a problemas de abastecimiento de combustible. Otros prefieren mencionar que se trató de un claro caso de falta de información sobre el estado de sus adversarios y la fortaleza real de la escuadra atacante.

    Luego de permanecer unos días en Montevideo, ante la presión diplomática y las mejores relaciones británicos con la neutral Uruguay, Langsdorff hundió su nave frente al puerto de la capital sudamericana. La tripulación fue transbordada hacia navíos argentinos, en una operación organizada por la E-Dienst y el Abwehr local. Así, los marinos fueron internados en Argentina y su comandante, el valiente Langsdorff, se disparó en la cabeza a los pocos días, siguiendo el destino de su legendaria nave.

    Durante aquel período inicial de la guerra, la fuerza de sumergibles alemana, al mando del almirante Dönitz, era aún incipiente. Al comenzar la contienda, el 1 de septiembre de 1939, Alemania contaba con apenas cincuenta y siete sumergibles. De ellos, sólo cuarenta y seis estaban en condiciones de operar en el frente, y solamente veintidós eran aptos para el combate en el Atlántico; el resto sólo podía ser empleado en tareas costeras (6).

    De esa manera, el Befehlshaber der U-Boote, - en adelante BdU - que era el comando supremo de la Kriegsmarine para los sumergibles, no podía siquiera soñar con enviar una unidad al Atlántico Sur. Pero aquella realidad cambiaría con el correr de los meses, a medida que la industria alemana entregaba más unidades de las que se perdían en combate.

    A pesar de la falta de sumergibles y de su escaso rango de acción para los inicios de la guerra, se tornaba imprescindible para los alemanes mantener alguna presencia en el Atlántico Sur. Así, el mando Supremo de la Kriegsmarine – OKM - envió en 1940 a otro tipo de unidades de superficie hacia dichos lejanos mares, con el objetivo de interceptar el tráfico mercante enemigo.

    El Admiral Scheer, crucero pesado o acorazado de bolsillo de la clase Deutschland, gemelo del Graf Spee, fue enviado con esa misión en octubre de aquel año. El buque, al mando de Theodor Krancke, pasó la navidad en las cercanías del archipiélago Tristán da Cunha, un lugar tan austral como los 37º 06’

    ¿Disfrutas la vista previa?
    Página 1 de 1