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Manuelita Sáenz. Mujer de América

Manuelita Sáenz. Mujer de América

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Manuelita Sáenz. Mujer de América

valoraciones:
5/5 (1 clasificación)
Longitud:
323 páginas
6 horas
Publicado:
1 ago 2019
ISBN:
9780463206577
Formato:
Libro

Descripción

Pocas mujeres en la historia de América han tenido una vida tan intensa y tan activa como la de Manuelita Sáenz y Aizpuru. Su presencia en el acontecer americano está signada por el amor, la pasión, el carácter, el desprecio al qué dirán, el valor y la resignación. Para ella los prejuicios no existieron. Por eso se emancipó cuando vio a Simón Bolívar, y lo amó y lo adoró hasta cuando entregó su vida al Creador.
La época, la sociedad y el ambiente en el cual actuó lo formaba una burguesía que vivía de apariencias. Por eso transgredió cánones religiosos y sociales y su temple y su carácter no le permitieron ninguna rectificación. Dominó y esclavizó a quienes la rodeaban valiéndose de su belleza y de su femenil coquetería. "Odió a sus enemigos y quiso a sus amigos". En Manuelita resplandecieron mil virtudes que la coronaron con títulos inmarcesibles: "La amada in mortal". "La Libertadora del Libertador".
Manuelita siempre respetuosa y digna no vivió en la misma casa con el Libertador en ninguno de los países donde estuvieron, ni tampoco en las marchas de campaña. Sólo compartió la vivienda en la Quinta de Bogotá después del atentado septembrino, a petición expresa del Libertador, para cuidarlo y reanimarlo.
Para Simón Bolívar, Manuelita fue al mismo tiempo amiga, amante, mujer, secretaria, escribiente, húsar, espía, enfermera, consejera, compañera, oficial de confianza, archivera, depositaría de documentos íntimos, defensora, inspiradora, promotora y confidente. O como bellamente lo escribiera la académica y poetisa Dora Castellanos, en su hermoso libro "Un hombre diáfano, Simón Bolívar".
Sugestiva y cautivante la vida de Manuelita Sáenz, "la primera feminista de América". Las repúblicas bolivarianas están en deuda con esta mujer, la pionera en participar en la vida pública de estos países hispanoamericanos cuando no existían los derechos femeninos.

"Ella fue, en materia de amor - pasión, la mujer más importante y significativa de su vida. Es a la única a quien llama, evoca e invoca no sólo siempre, sino cuando comienza a declinar su sol vital. Es a ella a quien clama con desesperación: "Ven, ven pronto" y ella es la que acude una y mil veces: aconseja, archiva, guarda y aguarda, espera y desespera, acompaña, entibia, cura, pone y dispone, lo exalta, lo encoleriza, lo apacigua y finalmente lo salva de ser asesinado".

Publicado:
1 ago 2019
ISBN:
9780463206577
Formato:
Libro

Sobre el autor

Antonio Cacua Prada nació en la ciudad de San Andrés, provincia de García Rovira, Departamento de Santander, República de Colombia, el 11 de febrero de 1932.Sus padres, educadores, periodistas y músicos, lo formaron en estas disciplinas.En la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá se doctoró en Ciencias Económicas y Jurídicas en 1958. También se graduó en periodismo y radiodifusión, 1953. Se licenció en Ciencias de la Comunicación, 1965 y se especializó en Cooperativismo, 1952, y Laboral, 1955.En la actividad pública desempeñó varios cargos en los Ministerios de Trabajo y de Gobierno, y en la Presidencia de la República de Colombia, de 1956 a 1960.Ocupó la Secretaría de Gobierno y la Gobernación del Departamento de Santander, como encargado, en 1959.Fue elegido miembro de la Cámara de Representantes, en cuatro períodos, por la circunscripción electoral del Departamento de Santander y senador de la República de 1960 a 1974.Se desempeñó como Embajador Extraordinario y Plenipotenciario en los gobiernos de los presidentes Misael Pastrana Borrero, Alfonso López Michelsen y Julio César Turbay Ayala, en la República Dominicana, Costa Rica, El Salvador y Guatemala, en 1971, de 1973 a 1979, y en 1982.Se ha destacado como profesor, catedrático, decano y rector universitario. Ha estado vinculado a las universidades: Javeriana, Santo Tomás, América, Industrial de Santander, Los Libertadores, Colegio Odontológico Colombiano, Escuela Superior de Guerra, La Gran Colombia, Universidad Tecnológica de Colombia y al Instituto Colombiano para el Fomento de la Educación Superior, Icfes. Es autor de varios textos universitarios.En el periodismo ha sobresalido como directivo del gremio. Es miembro del Círculo de Periodistas de Bogotá, fundador del Colegio Nacional de Periodistas; redactor, colaborador, corresponsal y director de diarios, semanarios y revistas colombianas impresas, radiales y de televisión y de publicaciones extranjeras. En la actualidad es columnista de Colprensa.Es miembro de número y directivo de la Academia Colombiana de Historia, de la Academia Colombiana de la Lengua, de numerosas academias nacionales y del exterior, de organizaciones culturales, centros cívicos y patrióticos de Colombia y del extranjero.Ostenta la Gran Cruz de la Orden del Quetzal de Guatemala, la Orden Bolivariana de Guatemala, la Orden Sanmartiniana, la Orden Simón Bolívar de Colombia y otras distinciones.Ha ganado varios concursos históricos y literarios realizados en Colombia. Conoce la mayor parte de los países del mundo.Escritor e investigador incansable, ha publicado más de cuarenta libros y centenares de ensayos, discursos y artículos.Casado. Padre de tres hijos varones, profesionales.Desde 1981 ocupa la rectoría del Instituto Universitario de Historia de Colombia, Universidad de la Academia Colombiana de Historia. Dirige el "Boletín de Historia y Antigüedades", órgano oficial de la Academia, que aparece en forma trimestral, desde octubre de 1980 y las publicaciones de esta prestigiosa entidad.En la actualidad es: presidente mundial de la Federación Iberoamericana de Asociaciones de Periodistas, FIAP. Asesor Jurídico de la Federación Iberoamericana de Periodismo Científico. Presidente del capítulo colombiano de la FIAP. Presidente de la Asociación Colombiana de Periodismo Científico y Presidente del Instituto Sanmartiniano de Colombia.Hace parte de las mesas directivas de la Academia Colombiana de Historia; de la Sociedad Bolivariana de Colombia; de la Sociedad Santanderista de Colombia; del Instituto Bernardo O'Higgins de Colombia; del Instituto Cultural Colombo-lsraelí; de la Asociación de Amigos de Corea; y de la Asociación de Amigos de China-Taiwan.Es miembro correspondiente de la Real Academia Española de Historia y de las Academias de Historia de numerosos países.


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Manuelita Sáenz. Mujer de América - Antonio Cacua Prada

Al lector

La vida apasionante y apasionada del Libertador Simón Bolívar motivó, desde, mi lejana juventud, una permanente curiosidad por conocer en detalle todos los aspectos humanos de su itinerario vital. Mi admiración, siempre creciente por la persona que describió Jorge Enrique Rodó como "grande en el pensamiento, grande en la gloria, grande en el infortunio; grande para magnificar la parte impura que cabe en el alma de los grandes y grande para sobrellevar en el abandono y en la muerte, la trágica expiación de la grandeza", me llevó a dedicarle con amorosa devoción, todos los momentos al diario vivir, para seguir paso a paso los movimientos de su terrenal existencia.

Fruto de esas investigaciones se han publicado: "Perfiles Bolivarianos", El Periodismo en la Vida Pública del Libertador, Los Hijos Secretos de Bolívar, varias ediciones, Bolívar Maestro de Periodistas y los ensayos: Bolívar y las santandereanas. Las Ibáñez, la dos preciosas coquetas. María Nicolasa Ibáñez, amante y abogada de Santander, y algunos otros libros y estudios colaterales. Desde hace cuatro décadas estamos elaborando un ensayo sobre Amores y Romances del Libertador, de donde ahora se desprende este libro sobre "Manuelita Sáenz, Mujer de América".

Al leer el volumen: Manuela Sáenz. Epistolario. Estudio y Selección del Dr. Jorge Villalba F., S. J., publicado por el Banco Central del Ecuador en 1986, y ante la aparición de publicaciones que enlodan la honra, la fama y el buen nombre de La Libertadora del Libertador", o tergiversan circunstancias de su vida, resolvimos pergeñar estos apuntes.

El renombrado jesuita ecuatoriano Director del Archivo Juan José Flores en su escrito "Las Cartas de Manuela Sáenz", como proemio al concienzudo estudio de las mismas, sentenció:

"Los personajes excepcionales son conocidos por la historia y por la leyenda.

La leyenda es una especie de biografía poética y fantástica: un eco de los hechos reales que repiten y repiten las generaciones, sublimándolas con el poder de su imaginación. Manuela Sáenz tiene su leyenda; más, junto a la leyenda, hay que escribir también la historia.

Y es tiempo ya de escribir la auténtica historia de esta mujer quiteña, pues se ha dado demasiado pábulo a la fábula y a la imaginación, hasta trocarla en una personalidad muy distinta de lo que ella fue.

A la vez que se ha distorsionado la fisonomía de otras personas que le trataron, sus parientes, su esposo Jaime Thorne, sus amigos y adversarios; y con esta se ha falsificado

también no poco de la vida de su patria".

Como un homenaje a esta extraordinaria mujer que libró a Colombia de un baldón eterno publicamos este ensayo, fruto de largos años de lecturas y de investigaciones. Así las nuevas generaciones conocerán la luz de la verdad histórica sobre la admirada y admirable Manuelita Sáenz

Origen de todas las calumnias

El origen de todas las calumnias contra Manuelita se encuentra en las "Memorias" de Juan Bautista José Diosdadó Boussingault, quien vino a Bogotá mediante convenio celebrado en París con el Ministro Plenipotenciario de la República de Colombia, Francisco Antonio Zea. El Presidente Simón Bolívar instruyó al diplomático Zea para que contratara un grupo de profesores con el fin de continuar la obra iniciada por el sabio José Celestino Mutis. Entre los agraciados se contó el químico francés Juan Bautista Boussingault.

Otros dos extranjeros, el alsaciano Henry L.V. Ducoudray Holstein y el inglés Gustavo Hippisley, junto con Boussingault, integraron la trilogía de autores de "Memorias" que pretendieron escribir la "Historia Secreta" de la época de nuestra independencia con no poco de fantasía y de virulencia, usando en medio de zalemas un lenguaje ponzoñoso y mordaz. Para el caso, sólo vamos a referirnos a Boussingault.

Las "Memorias", sobre los 12 años que Juan Bautista Diosdadó pasó en Venezuela, Colombia y Ecuador, fueron publicadas por primera vez en edición de 300 ejemplares numerados, por la Typographie Chamerot et Renouard, 19, rué des Saints - Pérez. París, 1892. Luego las reeditaron en 1896, 1900 y1903.

Boussingault nació en París el 2 de febrero de 1802 y murió en la misma ciudad el 11 de marzo de 1887. Tenia 20 años cuando desembarcó en América. Las Memorias las redactó ya en su senectud, a los ochenta años.

Los apartes dedicados al Libertador y a Manuelita los manejaban casi en secreto y algunos los copiaban y recopiaban dándoles plena fe, como si fueran una verdad indiscutible. En 1949 el ministro de educación de Venezuela, el Dr. Augusto Mijares, dispuso la incineración de las páginas dónde Boussingault se refería a Bolívar y a la quiteña, con lo cual prendió más la perversa curiosidad de las gentes sobre los relatos del francés.

Con motivo de la conmemoración del V Centenario del Descubrimiento del Nuevo Mundo, la Biblioteca Nacional de Colombia, el Instituto Colombiano de Cultura, Colcultura, y el Banco de la República, lanzaron la colección "Viajeros por Colombia" y en ella publicaron en tres tomos, las Memorias de Jean Baptista Boussingault, traducidas por don Alexander Koppel de León.

El prólogo lo escribió el entonces embajador Extraordinario y Plenipotenciario de Venezuela en Colombia, el historiador Dr. Germán Carrera Damas, quien con el título: Las Memorias de un naturalista y científico que cedió a la tentación de ser observador y crítico social, fechado en la capital colombiana en octubre de 1993, se publicó en Bogotá en 1995.

Del meticuloso y concienzudo estudio elaborado por el escritor e investigador Dr. Carrera Damas, copiamos los siguientes apartes: Todo el esfuerzo que hace Boussingault por acreditarse como observador y crítico veraz se ve contrariado por su gusto por el chisme y su demostrada malicia.

La Manuelita de Boussingault fue el gran y probablemente auténtico amor de Bolívar, que influyó fuertemente en él, licenciosa, celosa agresiva, de rara hermosura, excéntrica pero fiel amiga, alegre, irreverente, de méritos sobresalientes, en ocasiones una ñapanga, inculta como todas las mujeres de la América Hispana, desenfadada hasta la impudicia, de quien se sospechaba era lesbiana, valiente y serena ante el peligro, capaz de sacrificio personal por su amor, amiga consecuente y, en suma, de personalidad fascinante y ¿amor imposible de un joven francés despechado que andaba en los veinte y se creía irresistiblemente atractivo?

Hasta aquí el diplomático venezolano Carrera Damas.

La verdadera historia

La esencia y razón de la historia es la verdad. "Veritas ante omnia". La verdad por sobre todas las cosas. Las investigaciones adelantadas por ilustres profesionales de la historiografía sobre Manuelita, entre quienes se encuentran los doctores Alfonso Rumazo González, Víctor W. Von Hagen, Cornelio Hispano, Alberto Miramón, R.P. Jorge Villalba Freire S.J., Fernando Jurado Noboa, Jorge Núñez Sánchez, Bernardo J. Caycedo, Eduardo Posada, Gilette Saurat, Fabio Lozano y Lozano, Indalecio Liévano Aguirre, Carlos René Pérez, Luis Zúñiga, Manuel Espinosa Apolo, Alicia Giraldo Gómez, Camilo Orbes Moreno, Eugenia Viteri, Carlos Alvarez Saa, María Mogollón y Ximena Narváez para solo citar algunos de los mas señalados, han dado sus frutos al encontrar documentos fehacientes que cambian mucho de lo dicho y escrito sobre Manuelita Sáenz por Boussingault y la sitúan dentro de una vida normal sin fabulaciones, donde declinan las injurias y las calumnias.

Vamos a transitar por caminos reales y con la verdad histórica para cumplir el propósito de describir la vida de Manuelita Sáenz, Mujer de América.

Antonio Cacua Prada

Prólogo

"Siempre habrá cosas nuevas qué decir de las mujeres, mientras quede una en la tierra", escribió el académico español Severo Catalina en sus Apuntes para un libro. En el anotó: El amor es la vida de la mujer. Un libro acerca de la mujer, es lo mismo que un libro acerca del amor.

Esta verdad está de nuevo impresa en estas páginas sobre "La Libertadora del Libertador, sencilla y hermosamente escritas por el académico Dr. Antonio Cacua Prada quien se ha dedicado, con paciencia benedictina, desde hace varias décadas, a estudiar e investigar los aspectos humanos del Genio de América. Estas indagaciones están condensadas en varios volúmenes: Los hijos secretos de Bolívar, Bolívar, maestro de periodistas, Bolívar el don Juan de la gloria, Bolívar y las Santandereanas, Perfiles Bolivarianos, y Amores y Romances del Libertador", obra en proceso.

Con gran delicadeza, como debe tratarse el tema femenino, el historiador Dr. Antonio Cacua Prada, atendiendo la invitación hecha por el destacado historiógrafo ecuatoriano Dr. Jorge Villalba Freire, S.J., autor de Las Cartas de Manuela Sáenz, de escribir "la auténtica historia de esta mujer quiteña", asumió ese empeño.

Al tratar sobre las hazañas del Libertador la persona más adherida a su vida es Manuelita Sáenz. Mucha tinta de imprenta se ha gastado sobre ella, pero hasta el momento cuanto se ha escrito ha sido poesía, novela, fantasía y leyenda. Hacía falta una auténtica biografía que contara la verdadera historia deesa extraordinaria quiteña.

Cuando nuestro apreciado amigo el Dr. Antonio Cacua Prada nos contó que proyectaba dar a la publicidad un estudio biográfico sobre La amante inmortal, con ocasión del Centenario de la Academia Colombiana de Historia", creada el 9 de mayo de 1902, le ofrecí, como fundador de la Corporación Universitaria del Meta, de la ciudad de Villavicencio y rector de la Universidad del Meta, nuestra entusiasta colaboración para la edición, y en esta forma asociarnos a los cien años de la institución que orienta los estudios históricos en Colombia, de la cual el autor es su actual vicepresidente.

Aceptada nuestra contribución, recibimos los originales del trabajo iniciado hace más de tres décadas y organizado hace doce años, con la solicitud de elaborar el prólogo.

Muchos días dudé sobre el encargo. Prologarle un libro al catedrático Antonio Cacua Prada, uno de los más brillantes académicos y el más prolífico historiador colombiano, se me hizo un compromiso mayúsculo.

Traté de sacarle el cuerpo, pero no hubo disculpa válida. Me las desmoronó una a una. Asumida la obligación tomamos las cuartillas y empezamos. Con verdadera deleitación, dada nuestra devoción bolivariana, leímos la presentación y los quince capítulos que integran la obra. A medida que avanzábamos la figura extraordinaria de la "amable loca", nos proyectaba una mayor admiración, limpia de cuentos y mentiras, tal como ella vivió y actuó.

Es fascinante el entorno de su desempeño en las distintas y difíciles etapas de su acción, la conducta observada, su fidelidad y su valor.

Manuelita fue una mujer normal, culta, amorosa, leal. Se anticipó más de un siglo a la liberación femenina, superando las costumbres mojigatas de la primera mitad del siglo XIX. La señalaban por montar a caballo a horcajadas, vestir uniforme militar, portar armas de fuego, hacer parte de la oficialidad patriota, estar en los cuarteles. No le perdonaban su malicia indígena, su inteligencia, su carácter, su animosidad y sus presentimientos. Fue una rebelde contra lo instituido.

Después de leer este libro sentimos que topamos con la verdadera dama que salvó a los colombianos del ignominioso oprobio de ser los asesinos del Padre de la Patria. Razón tuvo Víctor Hugo, cuando al referirse a la mujer, dijo: La hizo Dios para mostrarse sabio; la hizo sí, con intención sagrada y la puso al hacerla, lo más bello de cuanto altiva la natura guarda; son dos rosas extrañas sus mejillas; una lluvia de notas las palabras que salen de su boca cuando se abre cual piano encantador de teclas blancas; lleva rayos de sol en los cabellos, lleva hilos de lucero en las pestañas; una tarde de luz en las pupilas; aurora de amor en las miradas; un perfume triunfal en la sonrisa y una fuente de paz dentro del alma.

No me refiero, como es usual, a la personalidad del destacado historiador y académico Dr. Cacua Prada, autor de esta investigación histórica porque sus más de setenta obras publicadas, entre ellas varias biografías de ilustres prohombres de Colombia y de América, le han dado un nombre y un prestigio reconocido por las Reales Academias de España y de numerosos países del mundo.

Manuelita Sáenz, mujer de América, es un libro hermoso, bello, apasionante, digno de esta figura estelar. Es todo un homenaje en el altar de la vida a una mujer excepcional. Bien lo afirmó Cicerón: Nada más dulce que la verdad.

Esta obra es el sitial que Manuelita Sáenz merecía, como digna compañera y colaboradora de nuestro Libertador, y con el título universal bien ganado, de "Mujer de América".

Ella es la misma que iluminó a Pablo Neruda en "La insepulta de Paita", cuyos versos están gravados en el salón Manuelita Sáenz en la casa de Simón Bolívar, en la Habana, Cuba, de donde los tomé:

"Libertadora

tú no tienes tumba

recibe una corona desangrada

en tus huesos

recibe un nuevo beso

de amor sobre el olvido.

Adiós, adiós, adiós

Julieta huracanada

Rafael Mojica García

Villavicencio 1° de julio de 2002

Capítulo I

San Francisco de Quito

La luz del sol de Quito es la más blanca, la más verde, la más azul. Se ve en cientos de casitas encaladas que sobre las faldas de los cerros parecen rebaños de azur cándida. En el manto vegetal de los montes. En el cielo sin mácula. Algo de estas claridades se ve siempre en las alturas... La cordillera de lomo de armiño forma un embudo lleno de frescura, y en el centro está la ciudad. Tiene Quito en el espaldar de su silla la vertiente del Pichincha.

Así describió Germán Arciniegas el escenario donde en un diciembre alegre y bullanguero nació la heroína del amor.

Y agregó: La Iglesia de la Compañía en Quito, es uno de esos alardes del barroco dorado que sólo América ha podido producir. En la Compañía de Quito todo es oro desde las bases hasta las bóvedas... Lo que por fuera tiene la dura frialdad de la roca, adentro es llamarada de oro....

Se refería al templo de San Ignacio de Loyola, de los Padres Jesuitas, en la ciudad fundada por el capitán don Sebastián de Belalcázar en 1534.

Para 1795 Quito estaba colmado de iglesias y de conventos, entre los cuales sobresalían el de la Inmaculada Concepción, el principal monasterio de la localidad, perteneciente a la orden franciscana, creado el 13 de enero de 1577. El de Santa Catalina de Siena, fundado en 1594 por doña María de Silíceo. El de Santa Clara, organizado por Francisca de la Cueva. El Carmen de San José de Quito o Carmen Alto, iniciado el 4 de febrero de 1653 y el Carmen Bajo o de la Santísima Trinidad de Latacunga, dirigidos por la austera orden de las Carmelitas Descalzas, bajo el cuidado de los padres jesuitas y de sus capellanes.

Preservación de la honra femenina

Cuenta la doctora Jenny Londoño López que en la Real Audiencia quiteña se establecieron formas de tutelaje o protección de las féminas, como parte compensatoria a la rígida sociedad patriarcal trasplantada desde España. En esta Sociedad tan vertical no se concebía la vida de una mujer sola, pues la respetabilidad del sexo femenino dependía de la protección de los miembros masculinos de su familia; y, al mismo tiempo, de la moralidad y pudor de ellas, supuestos fundamentos de la honra femenina, dependía el honor de sus familiares varones, padres, esposos, hermanos e hijos.

Fue así como surgió la idea de establecer los primeros conventos, más como respuesta a la necesidad de construir espacios para las mujeres solas, solteras y viudas, que como fenómeno religioso. En su mayor parte, fundados por el aporte económico y la gestión de mujeres de familias distinguidas. Luego, los conventos masculinos impartían una instrucción religiosa a estas mujeres y les daban una regla que regiría los destinos de convento, el cual quedaba supeditado a su control y dirección. De este modo, los conventos se convirtieron en los espacios más importantes de protección e instrucción de las mujeres.

En una sociedad tan cerrada como la quiteña colonial, la vida monástica se constituyó en una alternativa de vida para las mujeres, una profesión respetable, una garantía de pureza y respetabilidad y una solución a la soledad. Pero, una de las razones que incrementó la presencia de las mujeres en los conventos fue el sistema matrimonial imperante, por el cual toda hija de buena familia debía llegar al matrimonio adecuadamente, dotada de bienes y recursos que asegurasen un buen enlace; de ahí que, ante la imposibilidad de que todas sus hijas accediesen a un buen matrimonio -a causa de la erosión económica que significaba para el patrimonio familiar el pago de una dote- algunas familias optaron por la reclusión Conventual de una o más de sus hijas.

El sistema de aporte dotal de las monjas se convirtió en un mecanismo de mantenimiento y aún de enriquecimiento de los conventos y órdenes religiosas, pues la Iglesia decidió cobrar una dote a las mujeres que profesaran de monjas, aunque menor a la dote matrimonial, bajo el especioso argumento de que las profesas contraían nupcias con Jesucristo y se convertían en esposas del Señor.

Don Simón Sáenz de Vergara y Yedra

En 1780 llegó a Quito proveniente de España el señor Simón Sáenz de Vergara y Yedra, nacido el 21 de octubre de 1755 en la Villa de Villasur de Herreros, en busca de fortuna. A su paso por la ciudad de Popayán, en el Nuevo Reino de Granada, conoció a la señorita Juana María del Campo Larraondo y Urrutia y Valencia Fernández del Castillo, hija del alcalde de la ciudad el vizcaíno don Francisco del Campo Larraondo y Urrutia y de Doña María Ignacia Valencia Fernández del Castillo, hermana del fundador de la Casa de Moneda de Popayán, en 1748, don Pedro Agustín Valencia.

Después de breve permanencia en el valle de Pubén el señor Sáenz continuó hasta Quito, donde se residenció.

Sin embargo el 30 de abril de 1781, don Simón Sáenz natural de los reinos de España se casó por poder con doña Juana María quien para entonces contaba con 21 años, pues había nacido el 27 de junio de 1760. Actuó como apoderado el mismo padre de la novia, don Francisco Larraondo, regidor ordinario.

El señor Sáenz de Vergara y Yedra, legítimamente casado, continuó viviendo en Quito, pero venía a ver a su esposa y pasaba algunas semanas en Popayán cada año. En ese valle feliz de la gobernación de Popayán nacieron sus seis primeros hijos: Juan Antonio Sáenz del Campo, en 1785; José Camilo Sáenz del Campo, en 1786; María Josefa Sáenz del Campo en 1788; Martina Sáenz del Campo, 1790; Juana Sáenz del Campo, 1792 y Clemencia Sáenz del Campo en 1794.

Familia Aizpuru-sierra

En Quito también vivía el panameño y abogado de la Audiencia el Dr. Mateo José de Aizpuru Montero de Espinosa, casado con doña Gregoria Sierra Pambley Mora, padres de Tadeo Ramón, Manuel Mariano José, Pedro José, abogado y sacerdote, María Javiera Atanasia, Ignacia, Domingo Ventura Mariano, clérigo, Antonia, Joaquín Próspero Mariano, Joaquina y Ana María Josefa.

La señorita Joaquina Aizpuru Sierra nació en 1766. En 1792, a los 26 años, Joaquina se enredó en amores con don Simón Sáenz de Vergara y Yedra, íntimo amigo de su cuñado Carlos Antonio del Mazo y Gómez de Villasufre, regidor, fiel ejecutor del Cabildo de Quito, casado con doña Ignacia Aizpuru y Sierra, hermana mayor de Joaquina.

Aires de soltero

El destacado historiador ecuatoriano Jorge Núñez Sánchez, en su ameno y sugestivo libro Historia del país de Quito, refiere que Quito era una ciudad alegre, libertina, donde se había creado una suerte de cultura del amor libre. Por eso el pobre sabio payanés Francisco José de Caldas cuando llegó a Quito, horrorizado escribió a su familia: "El aire de Quito está viciado. Aquí no se respiran sino placeres. Los escollos de la virtud se multiplican y parece que el templo de Venus se hubiera trasladado de Chipre a esta parte".

Anota el investigador Núñez Sánchez que preocupadas por esa libertad de costumbres, las autoridades españolas se empeñaron en refrenarla mediante la promulgación de múltiples cédulas, leyes y reglamentos. Especial interés pusieron en evitar que los hombres casados, al pasar de España a Indias o cambiarse de domicilio en América, abandonasen a sus esposas e hijos, para lo cual dictaron varias reglamentaciones tendientes a mantener la unidad de domicilio de los esposos, vista como una garantía de responsabilidad paterna y un mecanismo de protección para la esposa y los hijos.

Precisamente estas normas se las aplicaron a don Simón Sáenz de Vergara, mediante Real Orden del 19 de mayo de 1794 dirigida al presidente de la Audiencia de Quito, Luis Muñoz de Guzmán. Al respecto escribe el profesor Jorge Núñez: El inquieto chapetón vivía en Quito, dedicado a los negocios y a la política, bajo protección de las autoridades y dándoselas de soltero, libre y disponible", mientras tenía abandonados en Popayán a su mujer legítima y a sus hijos desde hacía algunos años.

Por otra parte, conocemos que en su ambición de obtener dinero y poder se había cruzado con los intereses del poderoso bando de los Montúfares, a causa de haberse hecho asignar el transporte del "situado en 1784 y en haberse hecho nombrar, por influjo del presidente Muñoz, alcalde ordinario y regidor perpetuo de la ciudad, sucesivamente. Como resultado de todo ello, sus enemigos lo enjuiciaron, azuzaron en su contra una protesta popular y finalmente lo denunciaron ante el rey por vivir amancebado en Quito, teniendo mujer en Popayán.

"El caso era que don Simón se había engolosinado con una joven aristócrata criolla y no quería regresar a Popayán por más que su esposa -una mujer rica, con la que Sáenz se había casado por interés- le enviaba continuos mensajes de súplica.

Y todo habría quedado reducido a continuos ruegos de su mujer y frecuentes evasivas suyas, quien sabe por cuánto tiempo más, si no hubiera ocurrido que sus enemigos lo denunciaran y también avisaran a su esposa de los amores de don Simón con la guapa Joaquina Aizpuru, lo que motivó a aquella a denunciar el caso al Virrey de Nueva Granada, pidiendo se obligara a su marido a reintegrarse al seno del hogar. Entonces, tanto el rey como el virrey emitieron tajantes órdenes en tal sentido para el presidente de quito".

"Este, que era protector y amigo del acusado, trató de defenderlo una vez más. En carta al ministro don Eugenio Llaguno, anunció:

Tengo ya dadas las providencias correspondientes en virtud de las Superiores Ordenes del Señor Virrey de este Reino acerca de la materia, y continuaré practicando las más eficaces y oportunas por medios prudentes y reservados, en consecuencia de lo que últimamente se me manda en la citada Real Orden: No pudiendo desentenderme de manifestar a V.E., que a mi noticia no han llegado las distracciones que por parte de Bergara pueden impedir la reunión de este matrimonio y si el origen de la denuncia hecha a Su Majestad, dimanada de ciertos resentimientos de algunos sujetos de esta dicha capital con el enunciado Bergara...

Con todo, ante las tajantes órdenes recibidas, ni siquiera Muñoz pudo seguir protegiendo al concubinario, quien no tuvo más remedio que emprender viaje a Popayán a reunirse con su mujer legítima.

Entre dos amores

Con el corazón roto pero esperanzado don Simón Sáenz cumplió la conminación de la Orden Real y se trasladó a la ciudad de la Asunción de Popayán, fundada el 15 de agosto de 1537 por don Sebastián de Belalcázar.

En su escrito Cada oveja con su pareja, agrega el historiador Jorge Núñez: Las urgencias del amor lejano no dejaban vivir en paz a don Simón, quien movió cielo y tierra para volver a Quito, cosa que logró luego de haber convencido a su mujer de que Quito era el mejor escenario para sus negocios y de que los tales amores con doña Joaquina no eran sino calumnias de sus enemigos. Ella, a su vez, lo convenció de llevarla a Quito junto con sus hijos comunes, a lo que don Simón accedió sin más, simplemente porque no le quedaba otra salida para volver cuanto antes a la tierra de sus amores.

"Una vez de regreso en Quito, don Simón reanudó sus andanzas amorosas con su amada Joaquina, no sin escándalo de la sociedad. Sus rivales de comercio -con el Marqués de Selva Alegre a la cabeza- buscaron entonces que fuera expulsado de la ciudad, pero exigieron que previamente rindiese una fianza para garantizar el pago de sus deudas. Sáenz se defendió bravamente y sostuvo que querían echarlo para luego despojarlo de sus bienes, por lo que buscó amparo en el fuero militar, invocando su condición de oficial de milicias. Ello impidió su expulsión, pero metió la Audiencia en un berenjenal jurídico, pues mientras unos oidores -encabezados por su cuñado, Francisco Xavier Manzanos-

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