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Miniguías Parramón: El secreto de los colores

Miniguías Parramón: El secreto de los colores

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Miniguías Parramón: El secreto de los colores

valoraciones:
5/5 (5 valoraciones)
Longitud:
219 páginas
56 minutos
Publicado:
5 jun 2019
ISBN:
9788434242050
Formato:
Libro

Descripción

Los colores son un código, un lenguaje que el artista debe conocer, controlar y dominar. Este manual explica cuanto debe saberse sobre la práctica y las aplicaciones del color, resolviendo las confusiones o dudas que puedan surgir. Todo con un objetivo, progresar en la creatividad del color, conocer los trucos e interacciones cromáticas básicas, los secretos de los artistas profesionales para potenciar el colorismo y dominar la expresividad por medio del color. Una novedosa obra de referencia para los amantes del colorismo en la pintura.
Publicado:
5 jun 2019
ISBN:
9788434242050
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Nociones básicas sobre los colores

Hay que entender el color como una abstracción, como un principio básico que al unirse o combinarse con otros colores es capaz de crear un universo de sensaciones. Para hacerse realidad, el color se descompone en todas las gamas de su espectro mediante el desarrollo, siempre interesante, de la mezcla de los tres colores primarios (magenta, azul cyan y amarillo), de la que surgen los secundarios (naranja, verde y violeta). Si se pretende dominar y manipular los colores, primero hay que entender las nociones básicas; ello se consigue estudiando su origen, el orden habitual en que se presentan y las mezclas y combinaciones más efectivas.

Breve teoría de los colores

El conocimiento que se adquiere sobre los colores en la escuela parte de los colores básicos o primarios. Proviene de las enseñanzas de la antigua Academia Francesa de Pintura, que consideraba que con la mezcla de los tres colores primarios era posible producir todos los demás. Es esencial, pues, conocer las posibilidades de los colores primarios y secundarios, así como prever los diferentes resultados que pueden obtenerse con pigmentos de tono diverso.

Para realizar una rueda cromática se divide un círculo en 12 partes iguales y en él se ordena un espectro cromático de colores primarios, secundarios y terciarios.

Los colores terciarios se logran mezclando uno primario y otro secundario. Así, a partir de la mezcla de azul cyan y magenta con violeta, se consiguen multitud de tonos que forman una gama más amplia y rica.

En teoría, de la mezcla de los tres colores básicos se obtiene el negro; en la práctica, el resultado es un marrón intenso.

El círculo cromático

Una de las formas más sencillas y efectivas de organizar los colores en el plano es por medio del círculo cromático. Este círculo se construye a partir de los tres colores básicos: el magenta, el amarillo, y el azul cyan. Estos colores se consideran absolutos, o primarios, porque no pueden conseguirse con mezcla alguna. Cuando se mezclan entre sí en partes iguales, se obtienen los colores secundarios (naranja, verde y violeta). Del mismo modo, la mezcla de un primario con un secundario origina un color terciario. Si se aplica esta teoría a los seis colores obtenidos, el resultado es una rueda cromática de 12 colores.

La mezcla de todos los colores

Según apunta la teoría, la mezcla de los tres colores primarios debería dar el negro, pero en la práctica esto no es así, más bien se obtiene un marrón oscuro sucio, poco definido. Esto no es negativo, pues para sombrear rara vez se utiliza el negro.

Las sombras más armónicas

Para sombrear un color se utiliza su complementario, es decir, el opuesto en la rueda cromática. Así, para pintar la sombra de un objeto anaranjado, debe mezclarse naranja con un poco de azul (su color opuesto), de este modo se logra el tono que mejor armoniza con el color del objeto.

Para conseguir el tono de sombra más apropiado de un objeto naranja, se mezcla este color con su complementario; en este caso, el azul.

El tono de sombra de dos frutas anaranjadas se halla mezclando naranja con azul; el resultado es un marrón en los tonos medios y algo más de azul cuando la sombra es más intensa.

El color es forma

La forma se distingue gracias al color, cualquier elemento que se vea como forma no puede separarse del color. ¿Pero por qué distinguimos los colores? En nuestra retina existen grupos de conos especializados en detectar y procesar los colores, son células que trabajan con las longitudes de onda de cada color. Luego, el proceso de identificación de colores depende del cerebro, que mide la longitud de onda de cada color y así lo traduce en la imagen visual, la cual se forma en el cerebro y no en el globo ocular.

Los colores con los que se ha realizado esta ilustración presentan igual textura y tono; sin embargo, las diferentes longitudes de onda del verde y del rojo son las que permiten identificar la forma del objeto.

Estos dos círculos azules son exactamente iguales; sin embargo, el de la izquierda parece de menor tamaño al estar rodeado de otros círculos más grandes. Ésta es una prueba de que la forma no depende de sí misma sino de los colores y las formas que la rodean.

Objetos grandes y pequeños

En una escena es normal ver elementos grandes y simples con fondo de otros más pequeños y detallados. Estos últimos captan nuestra atención primero y parecen más cercanos. El color contribuye a realzar las formas y los motivos principales del cuadro. Pero cuidado, lo que rodea a

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