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Aprender música: ¿Qué nos enseñan las neurociencias del aprendizaje musical?

Aprender música: ¿Qué nos enseñan las neurociencias del aprendizaje musical?

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Aprender música: ¿Qué nos enseñan las neurociencias del aprendizaje musical?

valoraciones:
5/5 (3 valoraciones)
Longitud:
127 páginas
1 hora
Editorial:
Publicado:
30 may 2019
ISBN:
9788499175669
Formato:
Libro

Descripción

¿Qué ventajas nos puede reportar el aprendizaje de la música? ¿Es preciso que el niño que quiere aprender a tocar un instrumento tenga oído musical? ¿Y si desafina? ¿Y qué hay del adulto que decide lanzarse a dicho aprendizaje, aunque sea tarde, cuando se jubila? ¿Podrá aprender a componer música? Según las últimas investigaciones, el alumno que dedica un tiempo a una actividad musical destaca en el ámbito escolar y es más altruista.

Este libro, escrito por una reconocida especialista, describe con suma amenidad y de forma muy inteligible, la manera cómo la música y el cerebro
humano se hallan estrechamente vinculados.

• ¿Es importante que el aprendizaje de la música sea obligatorio en la escuela?
• ¿Es cierto que la música nos hace más inteligentes?
• ¿Qué relación tienen el aprendizaje musical y las matemáticas?
• ¿Existe un periodo crítico para el aprendizaje musical?
• ¿Cualquiera puede ser músico?

"Llama la atención en este libro de Peretz cómo destaca los últimos avances
en neurociencia en el ámbito de la música." France Culture

"Se encuentra usted ante un libro apasionante. Lleno de conocimiento.
Lleno de música." Del prefacio de Diego Calderón Garrido
Editorial:
Publicado:
30 may 2019
ISBN:
9788499175669
Formato:
Libro

Sobre el autor


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Aprender música - Isabelle Peretz

1

EL PLACER MUSICAL

J

De entrada nos planteamos una serie de preguntas. ¿A qué obedece la práctica de la música durante horas? ¿Por qué hay que pasar el tiempo escuchando música, e incluso comprando música? La respuesta es muy simple: la música proporciona un placer inigualable. La música reporta un beneficio de lo más accesible e inofensivo.

No es una idea nueva. Sin embargo, hasta hace muy poco la investigación ha sido incapaz de demostrar el vínculo existente entre la euforia que suscita la música y la secreción de dopamina en los circuitos cerebrales de la recompensa. La dopamina es un neurotransmisor liberado básicamente por el núcleo accumbens, una estructura del cerebro conocida desde hace mucho tiempo como el punto del placer.

Debemos este importante avance a Robert Zatorre de la Universidad McGill y a su equipo. Ellos demuestran que el estremecimiento que suscita la música está vinculado a la secreción de dopamina en el núcleo accumbens [1]. Dicho fenómeno no se limita a nuestra música favorita, sino a músicas nuevas que nos atrajeron la primera vez que las escuchamos. Un excelente estudio nos lo muestra [2]. La experiencia se lleva a cabo en una prueba de resonancia magnética en la que cada participante aporta entre cero y dos euros (de su bolsillo) para la adquisición de melodías recomendadas por un programa informático, que corresponden a las preferencias musicales de cada uno de ellos. Las imágenes del cerebro muestran un vínculo claro entre la apuesta y la actividad observada en el circuito de la recompensa. Cuanto mayor es la apuesta, más interés tiene el comprador por conseguir la melodía concreta y mayor es la actividad de la red de placer.

Dicha red, denominada también de la recompensa, comprende, evidentemente, el núcleo accumbens, situado en el sistema límbico, la parte emocional del cerebro, pero también el córtex auditivo, situado en la parte superior del lóbulo temporal, así como el córtex órbitofrontal. Las dos zonas citadas (córtex auditivo y órbitofrontal) están más desarrolladas en el cerebro humano que en el animal y son esenciales para la cognición musical.

Con ello comprendemos mejor a través de qué mecanismos la música puede suscitar incrementos de placer (highs), que se describen como más intensos y alucinantes que los que provocan las drogas, de ahí la expresión «sexo, drogas y rock and roll». En efecto, si preguntamos a unos estudiantes qué es lo que les proporciona más placer en la vida nos responderán que para ellos la música se sitúa después del sexo y del sol, y mucho antes que la comida y el sueño [3].

La música podría actuar sobre el cerebro al igual que la estimulación eléctrica directa del núcleo accumbens en la rata [4]. Cuando la rata estimula por medio de la electricidad su núcleo accumbens con la acción de una palanca conectada a esta estructura profunda del cerebro, pierde todo deseo de alimentarse y se autoestimula hasta perder la razón. Un descubrimiento que se llevó a cabo en Montreal y se ha convertido en un clásico de la neurociencia. El ser humano, en cambio, parece capaz de dosificar el placer. ¡No tenemos noticia de ningún caso de abuso en el campo del consumo musical!

La búsqueda del placer vinculada a la música podría ser una de las bases del aprendizaje de esta materia. Al hacer agradable el aprendizaje, la memorización y la motivación por repetir la experiencia se inscriben en las redes cerebrales, sobre todo gracias a la acción de la dopamina.

Referencias citadas

[1] Salimpoor, V. N., Benovoy, M., Larcher, K., Dagher, A. y Zatorre, R. J. (2011), «Anatomically distinct dopamine release during anticipation and experience of peak emotion to music», Nature Neuroscience, 14, pp. 257-262.

[2] Salimpoor, V. N., Van den Bosch, I., Kovacevic, N., McIntosh, A. R., Dagher, A. y Zatorre, R. J. (2013 «Interactions between the nucleus accumbens and auditory cortices predict music reward value», Science, 340 (6129), pp. 216-219.

[3] Dubé, L. y Le Bel, J. (2003), «The content and structure of laypeople’s concept of pleasure», Cognition and Emotion, 17, pp. 263-295.

[4] Olds, J. y Milner, P. (1954), «Positive reinforcement produced by electrical stimulation of septal area and other regions of rat brain», Journal of Comparative and Physiological Psychology, 47, pp. 419-427.

G

2

SOMOS MUSICALES DE NACIMIENTO

CCC

Sabemos que el cerebro del bebé responde con discernimiento a la música desde el primer momento. Nacemos con las principales redes de conexión cerebrales ya en su lugar, y en plena actividad determinadas redes especializadas en la organización jerárquica del tono musical (armonía) y la duración (periodo métrico) de los sonidos.

Las investigaciones llevadas a cabo en Milán por el equipo de Daniela Perani sobre el cerebro de los recién nacidos de entre uno y tres días ponen de relieve una importante complejidad del córtex auditivo del hemisferio cerebral derecho como respuesta a la música [1]. En estas pruebas, aíslan a los recién nacidos, les colocan unos cascos y los dejan en una cuna en la que se someten a una resonancia magnética. La mayoría de bebés duermen mientras en sus cascos suenan extractos de música clásica (Bach, Mozart, Schubert) en su forma original o bajo una forma modificada. La modificación es algo sutil y consiste en un cambio brusco de tono (que desestabiliza la organización del tono musical, la armonía), es decir mediante un desplazamiento de la línea melódica de un tono (y la creación subsiguiente de la disonancia). Se observa que las transgresiones bruscas de las reglas de la armonía y la incorporación incongruente de la disonancia activan más el córtex auditivo derecho del recién nacido que el

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