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Las vírgenes suicidas

Las vírgenes suicidas

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Las vírgenes suicidas

valoraciones:
4/5 (119 valoraciones)
Longitud:
279 páginas
6 horas
Publicado:
Apr 18, 2006
ISBN:
9788433940490
Formato:
Libro

Descripción

En menos de un año y medio, cinco hermanas adolescentes hijas de una católica ferviente que no las dejaba salir con chicos, se suicidaron. Veinte años después, varios hombres que fueron sus vecinos intentan desentrañar el enigma de esas muertes relacionadas con los misterios de la feminidad y el deseo. Una espléndida primera novela que ha sido llevada al cine con gran éxito por Sophia Coppola.

Publicado:
Apr 18, 2006
ISBN:
9788433940490
Formato:
Libro

Sobre el autor

Jeffrey Eugenides was born in Detroit and attended Brown and Stanford Universities. His first novel, The Virgin Suicides, was published by FSG to great acclaim in 1993, and he has received numerous awards for his work. In 2003, he received the Pulitzer Prize for his novel Middlesex (FSG, 2002), which was also a finalist for the National Book Critics Circle Award, the International IMPAC Dublin Literary Award, and France’s Prix Médicis. The Marriage Plot (FSG, 2011) was a finalist for the National Book Critics Circle Award, and won both the Prix Fitzgerald and the Madame Figaro Literary Prize. His collection of short stories, Fresh Complaint, is from FSG (2017). Eugenides is a professor of creative writing in the Lewis Center for the Arts at Princeton.


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Las vírgenes suicidas - Jeffrey Eugenides

Índice

Portada

1

2

3

4

5

Créditos

Notas

Para Gus y Wanda

1

La mañana en que a la última hija de los Lisbon le tocó el turno de suicidarse –esta vez fue Mary y con somníferos, como Therese–, los dos sanitarios llegaron a su casa sabiendo exactamente dónde estaba el cajón de los cuchillos y el horno de gas y dónde la viga del sótano en la que podía atarse una cuerda. A nosotros nos pareció que, como siempre, salían demasiado lentamente de la ambulancia, mientras el gordo decía en voz baja:

–Que no es la tele, tíos, aquí no hay que correr.

Cargado con el pesado respirador y la unidad cardiaca, pasó entre los arbustos, que habían crecido monstruosamente, y cruzó el descuidado césped que trece meses atrás, cuando empezó todo, estaba pulcro e inmaculado.

Cecilia, la pequeña –no tenía más que trece años–, fue la primera en hacer el viaje: se cortó las venas, como los estoicos, mientras tomaba un baño, y cuando la encontraron flotando en el agua teñida de color de rosa, con los ojos amarillos de los posesos y aquel cuerpecito que exhalaba olor a mujer madura, los sanitarios se llevaron un susto tan grande al verla en aquel estado de sosiego, que se quedaron clavados en el sitio, como mesmerizados. Pero de pronto irrumpió la señora Lisbon dando gritos y la realidad de la habitación se hizo patente: sangre en la estera del baño, la navaja de afeitar del señor Lisbon en el lavabo, jaspeando el agua. Los sanitarios sacaron el cuerpo de Cecilia del agua caliente, que acelera la hemorragia, y le aplicaron un torniquete en los brazos. El cabello mojado le colgaba por la espalda y ya tenía las extremidades azules. No dijo ni una palabra pero, cuando le separaron las manos, encontraron una estampa plastificada de la Virgen María apretada contra los pimpollos de sus pechos.

Esto ocurría en junio, en la época de la mosca del pescado, cuando, como todos los años, la ciudad se cubre de tan efímeros insectos. Se levantan entonces nubes de moscas de las algas que cubren el lago contaminado, y oscurecen las ventanas, cubren los coches y las farolas, cubren las dársenas municipales y cuelgan como guirnaldas de las jarcias de los veleros, siempre con la misma parda ubicuidad de la escoria voladora. La señora Scheer, que vive calle abajo, nos dijo que había visto a Cecilia el día anterior al intento de suicidio. Estaba junto al bordillo, con el antiguo traje de novia del que había cortado el dobladillo y que nunca se quitaba de encima, observando un Thunderbird envuelto en moscas del pescado.

–Sería mejor que cogieras la escoba, cariño –le aconsejó la señora Scheer.

Pero Cecilia le dirigió una mirada mística y dijo:

–Están muertas, solo viven veinticuatro horas. Salen del huevo, se reproducen y la palman. Ni siquiera comen. –Y tras estas palabras metió la mano en la espumosa capa de bichos y trazó sus iniciales: C. L.

Queríamos disponer las fotos cronológicamente, pero habían pasado tantos años que resultaba difícil. Algunas están borrosas, y aun así son reveladoras. El documento número uno muestra la casa de los Lisbon poco antes del intento de suicidio de Cecilia. La hizo una agente inmobiliaria, Carmina D’Angelo, a la que el señor Lisbon había acudido para que se encargara de vender aquella casa que se había quedado pequeña para su numerosa familia. Tal como dejaba ver la instantánea, el tejado de pizarra todavía no había empezado a dejar la ripia al descubierto, el porche era aún visible por encima de los arbustos y las ventanas todavía no estaban sujetas con tiras de cinta adhesiva. Era una confortable casa suburbana. En la ventana superior derecha del segundo piso se ve un contorno borroso que la señora Lisbon identificó como Mary Lisbon.

–Solía cepillarse mucho el pelo porque creía que lo tenía débil –diría años más tarde, recordando cómo había sido su hija durante su breve estancia en la tierra.

En la fotografía Mary aparece sorprendida en el momento de secarse el cabello con el secador y parece que le salgan llamas de la cabeza, aunque se trata solamente de un efecto de luz. Era el 13 de junio, veintiocho grados en la calle y sol en el cielo.

Cuando los sanitarios tuvieron la satisfacción de conseguir que la hemorragia se redujese a un goteo, pusieron a Cecilia en una camilla y la sacaron de la casa para meterla en la ambulancia que esperaba en la carretera. Parecía una Cleopatra pequeñita en una litera imperial. El primero en salir fue el sanitario delgaducho que lucía un bigote a lo Wyatt Earp –a quien llamamos el sheriff cuando ya lo conocimos mejor después de tantas tragedias domésticas–, y luego apareció el gordo, que sostenía la camilla por detrás y caminaba melindrosamente por el césped, mirándose los zapatos reglamentarios de policía como si tratara de no pisar mierda de perro, aunque con el tiempo, cuando estuvimos más familiarizados con los aparatos, supimos que vigilaba la presión sanguínea. Sudorosos y moviéndose torpemente, los hombres se dirigieron a la ambulancia, que continuaba estremeciéndose y emitiendo destellos de luz. El gordo tropezó con un aro de croquet y, como venganza, le pegó un puntapié. El aro se desprendió, levantó una nube de polvo y cayó con un sonido metálico sobre el sendero de entrada. Mientras tanto la señora Lisbon irrumpió en el porche llevando a rastras la bata de franela de Cecilia, y profirió un largo gemido con el que detuvo el tiempo. Bajo los árboles ondulantes y sobre la hierba restallante y agostada las cuatro figuras posaron como en un cuadro: dos esclavos ofrecían la víctima al altar (levantaban la camilla para meterla en la ambulancia), la sacerdotisa blandía la antorcha (agitaba la bata de franela) y la virgen, narcotizada, se incorporaba apoyándose en los codos con una sonrisa ultraterrena en los descoloridos labios.

La señora Lisbon viajó en la ambulancia, pero el señor Lisbon la siguió con la furgoneta, aunque respetando el límite de velocidad. Dos de las hermanas Lisbon no estaban en casa: Therese se encontraba en Pittsburgh, asistiendo a un congreso científico, y Bonnie en un campamento musical, intentando aprender a tocar la flauta después de haber abandonado el piano (tenía las manos demasiado pequeñas), el violín (le dolía la barbilla), la guitarra (le sangraban los dedos) y la trompeta (se le deformaba el labio inferior). Al oír la sirena, Mary y Lux habían salido corriendo de la clase de canto, que tomaban en casa del señor Jessup, al otro lado de la calle. Al entrar en el cuarto de baño atestado de gente y ver a Cecilia, con los antebrazos ensangrentados y aquella pagana desnudez, se llevaron un susto tan grande como el de sus padres. Ya fuera, se detuvieron sobre una pequeña extensión de césped que Butch, el chico musculoso que venía a cortarlo todos los sábados, se había olvidado de segar y se abrazaron muy fuerte. Al otro lado de la calle había un camión del Departamento de Parques con unos hombres que atendían algunos de nuestros olmos moribundos. La sirena lanzó un alarido y tanto el botánico como su equipo pararon las bombas de insecticida para observar la ambulancia, que se ponía en marcha. Perdida ya de vista, volvieron a su labor. Hace mucho tiempo que el majestuoso olmo que aparece en primer plano en el documento número uno sucumbió al hongo del escarabajo holandés y hubo que cortarlo.

Los sanitarios llevaron a Cecilia al hospital del Bon Secours, en Kercheval y Maumee. En la sala de urgencias Cecilia contemplaba, con un distanciamiento no exento de pavor, los intentos que hacían por salvarle la vida. Sus ojos amarillos no parpadearon ni tampoco se arredró cuando le clavaron la aguja en el brazo. El doctor Armonson le cosió los cortes de las muñecas y a los cinco minutos de la transfusión la declaró fuera de peligro. Tras acariciarle la barbilla, le dijo:

–¿Qué haces aquí, guapa? Si todavía no tienes edad para saber lo mala que es la vida...

Fue entonces cuando Cecilia dijo en voz alta lo que habría podido considerarse su nota póstuma, aunque en este caso totalmente inútil puesto que seguía con vida.

–Está muy claro, doctor, que usted nunca ha sido una niña de trece años –dijo.

Las hermanas Lisbon tenían trece años (Cecilia), catorce (Lux), quince (Bonnie), dieciséis (Mary) y diecisiete (Therese). Eran bajas, de nalgas rotundas bajo el tejido de algodón y con unas mejillas redondas que recordaban la morbidez dorsal anteriormente citada. A primera vista, sus rostros parecían impúdicos, como si quien las contemplaba tuviese la costumbre de ver mujeres cubiertas con velo. Nadie entendía que el señor y la señora Lisbon hubiesen engendrado unas hijas tan guapas. El señor Lisbon, que enseñaba matemáticas en el instituto, era delgado, de aspecto juvenil, y parecía sorprendido por su propio cabello gris. Su voz era atiplada, y cuando Joe Larson nos explicó que el señor Lisbon había llorado cuando trasladaron a Lux al hospital tras su intento de suicidio, no nos resultó difícil imaginar el tono de su llanto afeminado.

Cuando uno observaba a la señora Lisbon, en vano buscaba en ella algún signo de la belleza que pudo constituir uno de sus atributos. Sus brazos regordetes, su cabello semejante a alambre de acero mal cortado y sus gafas de bibliotecaria frustraban el menor intento. La veíamos raras veces, por las mañanas, vestida elegantemente antes de que saliera el sol, asomándose a la puerta para recoger los cartones de leche cubiertos de rocío, o los domingos, cuando toda la familia salía en la furgoneta camino de la iglesia católica de San Pablo, a orillas del lago. En esas ocasiones la señora Lisbon adoptaba una frialdad regia. Con el bolso fuertemente agarrado en la mano, comprobaba que ninguna de sus hijas llevara ni sombra de pintura en la cara antes de dejarlas subir al coche, y no era raro que ordenara a Lux que volviera a meterse dentro y se pusiera otra blusa menos llamativa. Como nosotros no íbamos a la iglesia, teníamos tiempo de sobra para observarlos: los padres lixiviados, como negativos fotográficos, y las cinco despampanantes hijas luciendo sus esplendorosas carnes, con aquellos vestidos de confección casera, cargados de puntillas y volantes.

Solo un chico había entrado en la casa: Peter Sissen, que había ayudado al señor Lisbon a instalar la maqueta del sistema solar en la clase, a cambio de lo cual una noche fue invitado a cenar. Peter contó que las muchachas le habían estado pegando continuamente puntapiés por debajo de la mesa y que, como estos le llegaban de todas direcciones, le habría sido imposible decir quién se los propinaba. Lo escrutaban con sus ojos azules y enfebrecidos y le sonreían con aquellos dientes suyos tan juntos, que constituían el único rasgo de las niñas Lisbon que no alcanzaba la perfección total. Bonnie fue la única que no dedicó a Peter Sissen miradas furtivas ni puntapiés. Se limitó a bendecir la mesa y a comer en silencio, sumida en el religioso fervor de los quince años. Al levantarse de la mesa, Peter Sissen pidió permiso para ir al cuarto de baño y como Therese y Mary estaban en el de la planta baja y de él salían risitas y comentarios en voz baja, tuvo que ir al de la planta superior. Después nos contaría que los dormitorios estaban llenos de bragas arrugadas, de animales de peluche apañuscados por los apasionados abrazos de las chicas; nos dijo también que había visto un crucifijo del que colgaba un sostén, habitaciones brumosas y camas con dosel, y que había percibido los efluvios de tantas chicas juntas en trance de convertirse en mujeres confinadas en un espacio exiguo. Ya en el cuarto de baño, mientras dejaba correr el agua del grifo para enmascarar los ruidos de su registro, Peter Sissen dio con el secreto escondrijo en el que Mary Lisbon guardaba sus cosméticos, metidos en un calcetín atado debajo del lavabo: barras de carmín y aquella segunda piel que constituían el colorete y los polvos, aparte de la cera para depilar, que sirvió para informarnos de que la chica tenía bozo aunque nunca se lo hubiéramos visto. En realidad, ignoramos a quién pertenecían los cosméticos que vio Peter Sissen hasta que dos semanas más tarde encontramos a Mary Lisbon en el malecón con los labios con una tonalidad carmesí que encajaba exactamente con la que nos había descrito Peter.

El muchacho hizo un inventario de desodorantes, perfumes y esponjas ásperas para eliminar pieles muertas, pero lo que más nos sorprendió fue que no descubriera ninguna ducha en toda la casa, porque nos figurábamos que las chicas se duchaban todas las noches, con la misma regularidad con que alguien se lava los dientes. Con todo, nos recuperamos enseguida de nuestra decepción cuando Sissen nos habló de un descubrimiento que había hecho y que superaba con creces nuestras más locas fantasías. En la papelera había encontrado un Tampax manchado con los jugos interiores todavía frescos de alguna de las hermanas Lisbon. Sissen añadió que casi había estado tentado de traérnoslo, que no era una cosa asquerosa sino bella, que había que verlo porque parecía una pintura moderna o algo así, e incluso dijo que había contado doce cajas de Tampax en el armario. Pero en aquel momento Lux llamó a la puerta y preguntó que si se había muerto o qué y entonces él había tenido que ir corriendo a abrirle. Los cabellos de Lux, que durante la cena llevaba recogidos con un pasador, le caían ahora sueltos sobre los hombros. Pero la chica no entró enseguida en el cuarto de baño, sino que miró a Peter a los ojos, después se echó a reír con su risa de hiena y pasó junto a él diciendo:

–¿Tienes acaparado el baño o qué? Necesito una cosa. –Fue directamente al armario, pero se paró enseguida y enlazó las manos a la espalda–. En privado, si no te importa –le dijo, mientras Peter Sissen bajaba a toda prisa los escalones, rojo como un pimiento y, después de dar las gracias al señor y a la señora Lisbon, se lanzaba corriendo a la calle para poder contarnos enseguida que a Lux Lisbon le estaba saliendo sangre de entre las piernas en aquel mismísimo momento. Era cuando las moscas del pescado cubrían el cielo y ya se estaban encendiendo las farolas.

Cuando Paul Baldino oyó lo que contó Peter Sissen, juró que se metería en casa de los Lisbon y vería cosas aún más impensables que las que había visto Sissen.

–Veré a las chicas duchándose –aseguró.

A los catorce años, Paul Baldino ya tenía las agallas de un gángster y la pinta de matón de su padre, Sammy el Tiburón Baldino, y de todos los que entraban y salían de la enorme casa de Baldino, con sus dos leones esculpidos en piedra a ambos lados de la escalera de entrada. Se movía con el contoneo indolente de los depredadores urbanos que huelen a colonia y se hacen la manicura. Le teníamos miedo, a él y a sus ricos e imponentes primos, Rico Manollo y Vince Fusilli, no solo porque su casa aparecía a menudo en los periódicos, o por las limusinas negras blindadas que se deslizaban por el camino circular de entrada bordeado de laureles importados de Italia, sino también por aquellos círculos oscuros que tenía debajo de los ojos, por sus flancos de mamut y por aquellos relucientes zapatos negros que no se quitaba ni siquiera para jugar a béisbol. Ya había metido la nariz en sitios prohibidos y, aunque no siempre era fiable lo que contaba después, no por ello dejaba de impresionarnos la osadía de sus exploraciones. En sexto, el día que llevaron a todas las niñas al auditorio para que vieran una película solo para chicas, Paul Baldino se coló en la sala y se escondió en la antigua cabina de las votaciones para poder contarnos de qué iba la cosa. Lo esperamos en el patio, jugando a pegar puntapiés a la grava para matar el tiempo hasta que apareció mascando un palillo y jugando con el anillo de oro que llevaba en el dedo. Estábamos sobre ascuas.

–He visto la peli –dijo– y sé de qué va la cosa. Escuchad, a eso de los doce años o así, a las chicas... –Se inclinó hacia nosotrosles sale sangre de las tetas.

Pese a que ya estábamos mejor informados, Paul Baldino seguía inspirándonos miedo y respeto. Se le habían puesto flancos de rinoceronte y aquellos círculos que tenía debajo de los ojos ahora tenían un color ceniciento que hacía pensar en la muerte. Fue en esa época cuando comenzaron a correr los rumores acerca del túnel. Una mañana, hacía ya algunos años, había aparecido un grupo de trabajadores en el jardín de su casa, detrás de la valla coronada de púas y guardada por dos perros pastores alemanes blancos idénticos. Para ocultar lo que se llevaban entre manos colgaron unas telas de hule de unas escaleras de mano y, tres días después, cuando las quitaron, en medio del césped había aparecido un tronco de árbol artificial. Era de cemento, con la corteza y los nudos del tronco pintados e incluso con dos ramas podadas que apuntaban al cielo con el fervor de muñones amputados. En medio del tronco una cuña abierta con una sierra de cadena contenía una parrilla metálica.

Paul Baldino dijo que era una barbacoa y nos lo creímos. Pero iba pasando el tiempo y vimos que no la utilizaba nadie. Según los periódicos, la barbacoa había costado cincuenta mil dólares, si bien en ella jamás se asó una hamburguesa, ni siquiera un perrito caliente. No tardó en circular el rumor de que el tronco era la entrada de un túnel para poder escapar y que conducía a un escondrijo junto al río donde Sammy el Tiburón tenía una lancha rápida, y que los trabajadores habían colgado hules para que nadie viese que estaban excavando. Pocos meses después de que empezaran a circular los rumores, Paul Baldino comenzó a aparecer en los sótanos de diferentes casas, a los que llegaba a través de las cloacas. Apareció un día en casa de Chase Buell, cubierto de un polvillo grisáceo que olía claramente a mierda; se metió como con calzador en la bodega de Danny Zinn, y esta vez se presentó con una linterna, un bate de béisbol y una bolsa con dos ratas muertas; finalmente asomó al otro lado de la caldera de Tom Faheem, a la que pegó tres golpes.

Siempre daba la misma explicación: que estaba explorando las cloacas debajo de su casa y que se había perdido. Pero empezamos a sospechar que lo que estaba explorando en realidad era el túnel que su padre había mandado construir. Cuando había fanfarroneado diciendo que vería a las chicas Lisbon mientras se duchaban todos creímos que iba a entrar en la casa de los Lisbon igual que había entrado en las otras. Nunca llegamos a saber exactamente qué había ocurrido, pero la policía lo estuvo interrogando más de una hora. Él les dijo que se había metido a gatas en el conducto de la cloaca de su casa y que después había seguido avanzando poco a poco; les describió las enormes dimensiones de los conductos, les dijo que había encontrado tazas de café y colillas dejadas por los trabajadores y dibujos al carbón de mujeres desnudas en las paredes, similares a pinturas rupestres. Dijo que se había metido en las cloacas al azar y que al pasar por debajo de las casas olía incluso lo que estaban cocinando en aquel momento. Por fin se había metido en el sótano de los Lisbon pasando a través de la reja de la cloaca. Después de sacudirse bien la ropa, había subido a la planta baja para ver si había alguien, pero la casa estaba vacía. Había dado voces y recorrido las habitaciones. Después había subido a la planta superior. En el rellano había oído correr agua y se había acercado a la puerta del cuarto de baño. Paul Baldino insistió en que había llamado con los nudillos a la puerta y que, al entrar, había encontrado a Cecilia desnuda, con las muñecas rezumando sangre y que lo primero que hizo tan pronto como se hubo recuperado del susto fue llamar a la policía, porque su padre le había enseñado que eso es lo que hay que hacer siempre.

Por supuesto, quienes primero vieron la estampa plastificada fueron los sanitarios, y el gordo, agobiado con las prisas, se la guardó en el bolsillo. Ya en el hospital se acordó de la estampa y de que quería dársela al señor y a la señora Lisbon. Cecilia ya estaba fuera de peligro y sus padres aguardaban sentados en la sala de espera, aliviados pero confusos. El señor Lisbon dio las gracias al sanitario por haber salvado la vida de su hija. Después dio vuelta a la estampa y leyó las palabras impresas en el dorso:

La Virgen María se ha aparecido en nuestra ciudad y ha traído su mensaje de paz a un mundo que se está desmoronando. Como en Lourdes y Fátima. Nuestra Señora ha premiado con su presencia a personas como tú. Para más información llamar al 555-MARY.

El señor Lisbon lo leyó tres veces y después, con voz de desaliento, dijo:

–La bautizamos, la confirmamos y ahora cree en esta mierda.

Fue su única blasfemia durante aquella dura prueba. La señora Lisbon reaccionó arrugando la estampa en el puño (pero sobrevivió, tenemos una fotocopia).

El periódico local no se dignó publicar ningún artículo sobre el intento de suicidio porque el editor, el señor Baubee, estimaba que una noticia tan deprimente como aquella no encajaría muy bien entre el artículo sobre la Exposición Floral de la Asociación Juvenil y las fotografías de novias sonrientes publicadas en la última página. El único artículo interesante de aquel día hacía referencia a la huelga de los empleados del cementerio (se acumulaban los cadáveres, no había acuerdo a la vista), pero estaba en la página cuatro, debajo de los resultados de las ligas menores de béisbol.

Al volver a casa, el señor y la señora Lisbon se encerraron con las niñas y no hablaron ni una sola palabra sobre lo ocurrido. Solo cuando la señora Scheer la presionó lo suficiente, la señora Lisbon hizo referencia al «accidente de Cecilia», y habló del asunto como si la niña se hubiera cortado al caer. Sin embargo, Paul Baldino, perturbado por la visión de la sangre, nos describió con precisión y objetividad lo que había visto y no dejó lugar a dudas sobre que Cecilia había perpetrado un acto de violencia contra sí misma.

La señora Buck encontraba extraño que la navaja hubiera ido a parar al lavabo.

–Si uno se corta las muñecas en la bañera, ¿no dejará la navaja junto a ella? –decía.

Esto llevó a preguntarse si Cecilia se habría hecho los cortes en la muñeca mientras estaba metida en la bañera o cuando estaba de pie en la alfombrilla, ya que en esta había manchas de sangre. Para Paul Baldino no

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Reseñas

Lo que piensa la gente sobre Las vírgenes suicidas

3.8
119 valoraciones / 117 Reseñas
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Reseñas de lectores

  • (5/5)
    A weird but terribly compelling tale, set in a middle class town in 1970s Michigan. Narrated not by any one character but by a 'Greek chorus' of the local boys; every event told from the 'we' perspective. They recall the Lisbon family - schoolteacher father, overprotective Catholic mother and their five lovely daughters. After the youngest - and strangest - commits suicide, the family begins to crack up. We never really know what propels the other daughters to eventually follow suit: the loss of their sister? their abnormal home life? something genetic? The whole narrative is kind of Gothic, dreamy, other-worldly; just as we never get a real handle on the several narrators, so too the girls are seen only through their eyes and their recollections and opinions- like watching them in a mirror rather than really knowing them.I've never read anything like this, an incredible feat of writing.
  • (1/5)
    The plot was compelling, but I found the writing style deeply unpleasant. Not for me.
  • (4/5)
    If GG Marquez had written Arcade Fire's debut album. At times a bit try-hard, as if the readers would be bored if everyone didn't have an over-engineered cartoon quirk, but once you settle into the style it works. Possibly more effective if the ending hadn't been telegraphed from the start.
  • (5/5)
    A story of a family of mysterious girls seen from an outsiders perspective. The book focuses on the history of the family told by a narrator who lived down the street. It works well as it slowly reveals more and more about the girls and the family. It is written very well. Can be dry, but the tone usually fits the aspect of the story. The story is very sad and the author does a good job of creating empathy for the characters. I really enjoyed the book and felt I got a lot out of it.
  • (5/5)
    I recall the critical notices this book received when it first appeared in 1993. I was intrigued by the topic, but never read the book. After recently reading Eugenides' The Marriage Plot, however, I decided it was time to read The Virgin Suicides.I'm glad I did.The story is told from the perspective of an unidentified adolescent who lives in the same neighborhood as the Lisbon family - Mr. & Mrs. Lisbon and their five daughters: Lux, Mary, Bonnie, Therese and Cecilia. The narrator leads us through the year during which all five girls commit suicide, examining the culture, family, and ideas that permeate the environment in which the girls lived.What is interesting is that the suicides are not treated sensationalistically (how's that for a word?), which would have been very easy to have done. Rather, Eugenides treats them almost matter-of-factly, which - in itself - gives us an idea of what Eugenides is all about here. The narrator and his friends (all schoolmates of the five girls) effectively portray the sense of uncertainty and depth of grief they feel as the people around them seem more concerned with the general phenomenon of teen suicide rather than having any explicit feelings about the girls who are committing it. Draw your own conclusions. Suffice to say that, without specifically identifying and condemning the community's attitude, Eugenides makes it perfectly clear that there is something wrong here.This is an exceptional book, all the more so because it was the debut novel of an exceptional author. I recommend it highly.
  • (3/5)
    This book can be slow paced at times. When it is not slow, the plot is very intresting and the people in the story are very likeable and easy to relate too. Overall this is a good book, easy to read, intresting story.
  • (4/5)
    This book was eloquent and powerful. Though somewhat saddening, it felt so real and raw. I loved that the point of view was of a group of guys who lived across the street from the Lisbon sisters, around whom this story revolves. The last two pages were incredible.
  • (5/5)
    A beautifully written book. The cadence of the story has a matter of fact quality to it, as did the suicides, which lightened the subject matter. Eugenides wrote a really inspiring portrayal of dysfunctional family life and that touching adolescent empathy (of many boys) to want to save the beautiful girls. The ones who seem so sad and you want to rescue them so that they'd brighten your life. Those stories always end in tragedy, and Eugenides preps us for that early on, but it was still compelling to relive it, to see what resolution the boys in the neighborhood got (often times, no resolution at all). It reminds the young men in the world about their own lost Lusts, the sadness of seeing an oncoming train, and derailed tracks.

    I think Eugenides is a master or writing female characters, and it was surprisingly sparse on dialogue yet (I think it added to the somber mood, chattiness would have detracted from the 1st person perspective), but the pace of the story was fantastic as usual. Franzen and Eugenides are the titans of American Suburbia.
  • (5/5)
    This was my first book by Eugenides and one of the best books I've read all year. It was haunting and heartbreaking. Normally I get annoyed when I read a book that "tells" rather than "shows", but for once it was actually crucial to the story. The first person plural narration was brilliant. I felt like I was right there with the boys, peering out windows and watching the Lisbon girls, feeling at once captivated and mystified by them. There's one scene in particular (at a Homecoming dance) that made my chest ache, made me wish so badly that things would turn out differently than the inevitable outcome I had been told to expect from the very first page. No such luck. This book is a new favorite, and one that stays with you long after you finish reading it. I look forward to reading his other two.
  • (3/5)
    It's been years since I've read a Jeffrey Eugenides book and thought I may have come around to his writing style. Turns out I haven't and I'm still not a fan! Can't win them all...
  • (4/5)
    Eine interessante Erzählweise. Während es eigentlich um die Lisbons und vor allem deren Mädchen geht, kennen die Erzähler sie eigentlich gar nicht. Das Buch besteht nicht aus Dialogen, sondern aus Erzählungen über die Mädchen oder Nachbarn von einem Haufen Schwarmdenkern, die nur von wir oder uns reden, wie in einem Chorus, nur, dass sie teilweise an der Geschichte teilnehmen und nicht nur Beobachter sind. Da sie, selbst wenn sie seltenerweise etwas mit den Mädchen unternehmen niemals wirklich mit ihnen interagieren und bald wieder in die Zuschauerposition verfallen wird man selber in diese Voyeristenposition geschoben die von den Jungs eingenommen wurde, mit all den unbefriedigenden Nebeneffekten, die dadurch entstehen, da die Schwestern nie von Nahem gesehen werden können.

    Eugenides hat eine schöne Art, komplexe Dinge wie Gefühle in wenigen Worten beschreiben zu können wodurch das ganze Buch ein einfacheres Leseerlebnis scheint als die Thematik an sich ist. Dennoch musste ich mich etwa die letzten 100 Seiten beinahe durchquälen, da es einfach langsam zu viel des Erzählens wurde und ich doch mal in der Handlung weiter kommen wollte. Nichts gegen Bücher, die sich Zeit nehmen, aber das wurde mir dann doch etwas zu viel.

    Dennoch war es ein schönes Buch, von dem ich froh bin, es gelesen zu haben.

    An dem Morgen, an dem die letzte Lisbon-Tochter Selbstmord beging – Mary diesmal, mit Schlaftabletten wie Therese -, wussten die Sanitäter schon genau, wo die Schublade mit den Messern war, wo der Gasherd und wo im Keller der Balken, an dem man das Seil festbinden konnte.
  • (5/5)
    Ein kleiner amerikanischer Vorort. Die fünf Lisbon-Schwestern leben mit ihren religiösen Eltern ziemlich abgeschirmt von dem Rest der Nachbarschaft. Denn ihre Mutter möchte ihre Töchter vor den Gefahren der Welt und der Jugend beschützen.Umso interessanter sind sie für die Jungs in ihrer Nachbarschaft. Sie bleiben unerreichbar und mysteriös. Alles was die Jungs von den Mädchen erhaschen können, wird gesammelt und bestaunt.Alles geht seinen gewohnten Gang, bis die jüngste – Cecilia – sich die Pulsadern aufschneidet.Nach dem Tod der Schwestern verändert sich für die Mädchen alles. Die Mutter isoliert sie nach einiger Zeit vollständig und die Mädchen versuchen verzweifelt mit der Außenwelt Kontakt aufzunehmen, jede auf ihre ganz eigene Art und Weise.Das Buch von Jeffrey Eugenides ist aus der Sicht der Jungen geschrieben. So bleiben die Mädchen auch für den Leser undurchschaubar und geheimnisvoll. In einer gewissen Naivität berichten die Jungen von dem Leben der Mädchen und den Zipfeln dessen, was sie von ihnen erhaschen können…sei es ein Lächeln, ein Foto, ein Tagebuch oder das Make-up. Die Jungen versuchen die Mädchen zu verstehen. Alles wird durch Dritte berichtet.Die Frage der Motivation für die Selbstmorde tritt immer wieder in den Vordergrund.Ein absolut packender Roman, auch wenn von Anfang an das Ende klar ist, schafft es der Autor doch, bis hin zur letzten Seite den Leser auf seine Seite zu ziehen und man genau wie die Jungs noch mehr über die Mädchen erfahren möchte und voller Ungeduld darauf wartet, einen Blick auf sie werfen zu können.Mich konnte das Buch zu einhundert Prozent überzeugen.
  • (4/5)
    Ik heb lang geaarzeld voor ik aan dit boek begon: de titel, de Virgin Suicides, leek me zo opzichtig gericht op goedkoop commercieel succes, want een spannende cocktail van erotiek en dramatiek belovend, dat het boek onmogelijk goed kon zijn. Maar de vele lovende recensies deden me toch overstag gaan. En gelukkig maar, want dit is één van de betere boeken die ik de laatste jaren gelezen heb, en dan vooral omdat het een meesterwerk van misleiding is. Dit boek – in tegenstelling tot wat veel recensies doen geloven – gaat helemaal niet over hoe 5 meisjes van eenzelfde gezin (niet eens allemaal maagden, al zou je maagdelijkheid natuurlijk ook kunnen opvatten als onschuld) ertoe kwamen zelfmoord te plegen. Neen, al na enkele pagina’s weet je dat ze alle vijf zelfmoord zullen plegen, en krijg je ook te horen dat we nooit zullen weten waarom ze het deden. Dat is dus niet de insteek van Eugenides, al weet hij natuurlijk maar al te goed dat we zullen blijven doorlezen in de hoop aanwijzingen te vinden en toch tot een sluitende verklaring te komen. En de auteur is pervers genoeg om die aanwijzingen rijkelijk rond te strooien, of op zijn minst onze verbeelding in die richting te prikkelen. Waar het dan wel om gaat? Wel, naar mijn mening, biedt het vertelstandpunt, het achterhalen van wie eigenlijk de auteur is achter wie Eugenides zich verschuilt, de sleutel tot dit werk. En hier speelt Eugenides pas echt een pervers spel met de lezer. Van in het begin is een onbepaalde “we” aan het woord, van wie je de indruk hebt dat het om één of meerdere buurtjongens van de meisjes gaat. Het is ook eerst niet duidelijk hoe ver in de toekomst die verteller(s) zich bevindt (bevinden). Maar mondjesmaat krijg je informatie, en dan nog alleen als je er heel goed op let, en pas op het einde valt alles op zijn plaats. Het lijkt een retorisch spelletje, en ik kan me inbeelden dat niet veel mensen dit soort spelletjes kunnen appreciëren, maar het werkt wel. En vooral omdat het even duurt voor je doorhebt dat dit vertellersstandpunt de eigenlijke originaliteit van het werk uitmaakt.En zo kom je uit bij de echte scope van het verhaal: een inventaris en analyse van de sociale fenomenen die zich voordoen in de directe omgeving van iemand die zelfmoord pleegt: de geruchten, roddels, de overbezorgdheid, de zorg ook om bezoedeling en besmetting, de nieuwsgierigheid. Eugenides brengt het prachtig in beeld, en ontluisterend natuurlijk ook.En dan is er natuurlijk de weergaloze stijl. Erg filmisch-expressief, regelmatig met treffende beeldspraak, en af en toe ook huiveringwekkend in de klinische beschrijving van de dramatische gebeurtenissen. En nu we toch bezig zijn: een prijs voor de knapste openingszin in jaren. Eugenides is in dit debuut al meteen een meester. Ik kijk nu al uit naar de volgende werken van deze auteur!
  • (4/5)
    excellent!
  • (3/5)
    This was a pretty decent book, thought not as spectacular as I thought it was going to be. I'm not sure how I felt about not really knowing a whole lot about the narrator- it annoyed me a bit but it did give the book a unique feel. All the characters were pretty interesting and the story itself was different. The writing is beautiful, though I felt it dragged on far too much at parts. Overall it was a good book, but I can't say I loved it.
  • (4/5)
    There are places where one wonders about the conceit of this story, but all is well wrapped up in the end. Black humor and vicious satire abound but with an air of sentimentality. Sadness and mockery converge in this book.There is sure to be a final guttural sound like "hm," "huh," "hrmm," etc. after reading the last page, closing the book and staring at its cover.
  • (3/5)
    It's very hard to figure out how I felt about this book. I read it practically all in one go (curled up in bed with it angled to the light, getting a headache from tiny text, with a hot water bottle under my feet!) and it's still sort of sinking in. It felt like I was meant to read it all in one go, since it had no chapter breaks.

    It felt rather... numb. Suicide normally touches me somewhere raw, but the suicides themselves seemed somehow ritualistic and the narrators, by not being startled, speaking from years later, added to that effect. It also feels inevitable: I wasn't reading in some kind of breathless anticipation, but rather with that sense of fate, inevitability, no surprises.

    The narration itself is an interesting choice. Lots of people are describing it as a 'Greek chorus'; I don't know if that was the author's intent. That comparison sort of works, anyway. It felt natural for the story, and appropriate for the collective connection they felt to the girls. It felt least natural when separate boys were differentiated, and I was oddly less interested in them and more interested in the collective.

    Interesting to read, anyway: the star rating may fluctuate as I absorb what I've been reading and figure out more thoughts on it!
  • (4/5)
    I wanted to like this more.It was very well written - insert various burblings about the male gaze - however, I feel it suffered from a lack of grounding context. The story is recounted from this non-specific point in the future by this/these narrator/s, but there wasn't, for me, the reason for it. You've got this male gaze but I didn't feel it had the level of self-awareness there; it doesn't feel quite as deliberate as it could in either direction (ignorance is a great trick to pull).As a result, I felt the ending sputtered and fizzled out rather than drawing to a close. Lacking, but the rest of it was excellent.
  • (4/5)
    A very well written book, you know from the onset what is going to happen, well you think you know. The basic fact is that you only know parts of the story, which is enthralling and makes it such an interesting read. The omnipresent narrative style is refreshing, you get to see a group of sisters and their lives exactly as their peers would see them. In G.H.Mead's words you see their ME's, and although you feel like you should know them inside out, by the end of the book you realize that you haven't seen their I's at all. Truly great writing.
  • (5/5)
    This book was wonderful in so many ways. I love how the plot is set up. As the reader, you know from the first sentence (well, actually from the title) that all of the Lisbon sisters will be dead by the end of the novel. How could a book be interesting when you already know the ending? Well, that was not the case with this book. The reader is pretty much kept in the dark as to why the Lisbon sisters do what they do. You have no idea what they are thinking or what is going on in their household. The only glimpse you get is through the group of boys who "study" them both before and after their deaths. I think that this is what makes the book work so well. If it was told from a sister's point of view, there would be no story and no mystery. All of your questions would be answered. Thankfully, this is not the case. This is sort of a spoiler so be warned: I was suprised that the sisters, except for Cecelia, all killed themselves on the same night. For some reason I thought they were going to do it one by one. The fact that they all did it at once makes it more of a mystery as to why they did it, and also more shocking. I love that the book really has no answer to this question. As the reader, your guess is just as good as the boys who witness/went through it. I love how this book is sort of surreal and dreamlike but still feels like it is something that could happen in your neighborhood. I completely loved this book and is now one of my all-time favorites!
  • (5/5)
    The narrators' collective voice remind me of a Wes Anderson film where the texture of the story is authenticated through recording of the small details. Where Anderson introduces complex melancholic human situations, he allows them to dissapate into the absurd. I like Anderson. The difference here is the ripening of youth is looked at through a melancholic lens, the absurdities of that time remembered, but those sentiments are not side stepped. I found the focus to be somewhat morbid but I would not describe as dark. Although there are certainly more refined interpretations, for me the "virgins" represent youth itself -- where things, particularly with the opposite sex, take on mythic perfect proportions that we never fully know or understand and which must die in order to preserve them in that state. Full recommendation.
  • (3/5)
    Do you remember that old TV show, The Wonder Years, about a man reflecting on his childhood growing up in a suburban town during the late 60s? The show discusses some of the social issues and events of that era, and revolves around the narrator's crush on Winnie Cooper, the 'girl next door'. The Virgin Suicides is similar in that it is a retrospective of high school boys growing up during that time, only much MUCH darker. A group of boys live across the street from the Lisbon household, a family with 5 teenage daughters. The neighborhood boys, already infatuated with these girls, become obsessed with their lives as all 5 girls commit suicide. The book is well-written and has a strong narration, but it is a hard one to recommend. Although having the story told from the perspective of adolescent bystanders is creative and gives a horrible story an element of innocence, at the end of this book, I just wanted to understand why these girls all took their lives - maybe so I could convince myself that it could never really happen.
  • (4/5)
    This was a good book. I read it shortly after watching the movie and was surprised to find that the story was told from the boys' point of view rather than the girls'. After getting into the novel though, I liked that it was written from a point of view not so close to the main story. This book can be depressing at times, but I did not have a hard time finishing it at all. It gets a little darker toward the end, but not dark/depressing enough to stop me from finishing it.
  • (3/5)
    Like many, I purchased this novel after having read the author's magnificent book, Middlesex. I had also seen the movie, starring Kirsten Dunst, which I recall enjoying quite a bit. Whether in comparison with Middlesex, or the film version, I found the novel lacking. Perhaps being familiar with the story resulted in a lack of suspense, though there can't really be much suspense when the author reveals the ultimate end game early in the novel. The writing was quite good, though I felt that the story dragged significantly for a good majority of the book. Bottom line, there's really not much story there. The flowery and descriptive prose can only cover for a slow moving plot for only so long before it quite simply becomes boring. I reached that point at about page 100.
  • (4/5)
    Mixed feelings about this one. I loved the beginning of the book -- the first sentence completely draws the reader in. From there, you basically know how the novel ends, and spend the rest of the reading following the timeline of the Lisbon girls & trace the path that brought them to the end. However, if you are a reader wanting answers & waiting for some closure, you'll likely be disappointed. I found myself falling into this category. While the prose of the book is very compelling, I was waiting for a climax that ultimately fell short. And while I believe Eugenides meant for this to be more of a pondering, thought-provoking novel which truly does reflect all of the unanswered questions in a suicide, I was still left wanting more.
  • (5/5)
    The Virgin Suicides is an anti-coming of age story of five teenaged sisters who all die by suicide. Their story is told by an unnamed, or collective, boy who lived in their neighborhood, who now presents it as a court case and a mystery of what exactly drove all of these girls to kill themselves.The girls never really get to speak for themselves. Their parents' conservatism keeps them held within the confinement of a stringent household and away from much of society. The neighborhood boys worship the Lisbon girls as a collective; some of them can't even keep their names straight, just know that to have any one of the girls has to be wonderful. The Lisbon girls are held up as an example of tragic teen suicide, or the cause of the demise of the neighborhood, but never just girls.Jeffrey Eugenides writes a compelling story brimming with the awkwardness and uncertainty of adolescence that rings very true. At times, therefore, this can be a challenging book, but it's a good one
  • (2/5)
    I really didn't enjoy this book at all. Having absolutely loved Middlesex, I found this book to be dull, boring and flat. I felt like I was just going through the motions reading it, and I felt nothing for the girls, or their family. I just didn't get to grips with the narration of the boys telling the story.
  • (3/5)
    I really wanted to like this book, well, I wanted to love it but I just ended up barely liking it. Something that always makes it difficult for me to review books is a discrepancy between quality of writing and my own enjoyment. If both are high, great, but what if they vary? How do you judge a book fairly?

    Spoilers:

    This one started out really beautifully and I was enjoying myself a lot. But the longer it went on, the longer nothing much happened the less I was. Now, I am not someone to bash slow books, or books ostensibly without much plot - but they need something, character development or deep insights. And I felt all I was getting was a bunch of really creepy middle-aged guys reminiscing about their deep and mysterious time when they were teenagers, stalking these deep and fascinating creatures easily grouped and objectified as "the Lisbon girls". Of course they did more than reminisce, they also stole their underwear, their diaries, medical pictures of their cervixes and then waxed poetically how no lover had ever managed to make them forget the image of Lux Lisbon doing it on the roof of her house with random strangers although just a page later they described how the accounts of these encounters all said, she didn't get a bit of enjoyment of out it. And still they rubbed one out over that all the way into adulthood.
    And yes, I get that this is the point of the book and I also get that by their final act of inclusion, the girls opened themselves up to being so minutely dissected, but that doesn't stop the book from being a really really creepy and kinda boring read. Yes, I used the B-word, sorry. I usually try not to do that with books.

    And through-out we kept hearing about how MYSTERIOUS it was, and how everybody wanted to know why they did it and nobody understood. And it didn't seem mysterious at all, really, just the same old trope of mysterious women, so difficult and impossible to understand, so different from us. In the last page the boys even sounded like somehow the girls were selfish because they had owed it to the boys to let them help because the boys loved them so much.
    There were moments in the book where they suddenly seemed to understand that they were being creepy, that the girls were individuals (even if any understanding of individuality meant they described them as uglier as they were in their minds - Lux' "honest" smile, for example, is described as unpretty) and yet, they either keep forgetting this again or it doesn't have any lasting impact.

    And even if I am very generous and believe that the author knows all the problematic aspects of how sexist this book is and how it was a testiment to how self-obsessed and creepy teenage boys are... then it still wasn't enjoyable, and the girls weren't really characters, just wank-fodder for the boys, either literally or to feel deep and different. Because, of course, the Lisbon girls were so different from all the other ones in school...

    I could go on. This is the issue, it was beautifully written, the symmetry and the images and allusions, all beautiful - it also depicted teenage boys well (even though the fact that they had zero character development even though the book was told by them as adults was really boring and kinda problematic) but a book that is great for me personally either makes me sit here in utter despair that I can never pen something this beautiful or it fuels me and sends me to my own stories to write on. This did neither, it just left me with a certain sense of apathy.
  • (5/5)
    This book is enjoyable for the same reasons that people slow down to look at a car crash. Even though on the first page the narrator tells you that all the girls commit suicide (unquestionably the highest impact plot point), you keep reading because you want to know WHY and HOW.
    The style of the narration mirrors the reader's drive for the why and how perfectly, by speaking through anonymous members of the town observing the five sisters. I loved that.
    A friend of mine argued that she didn't like the book because it had no obvious moral, but that is one of the reasons why I DID like it. Suicide is not something that can ever be fully justified or explained, and this book gives you the experience of being a part of that grief-stricken town. Even if I didn't learn something, I was definitely moved.
  • (5/5)
    One, two, punch. This book was hypnotising for a variety of reasons. First of all, I have to acknowledge the fact that Eugenides is a very brave man. Writing a debut novel isn't an easy thing to do, let alone a debut novel that talks about the suicides of five underage girls.

    This is also the first book I've read that uses a 'we' perspective. A very simple idea, but it works wonders for the book, as it points all the focus towards the Lisbon girls. The mysterious, infatuating Lisbon girls. It's a very fine line, really. I'm glad Eugenides hasn't made the girls mythical beings. Suicide should never be a statement; this would be a form of supreme decadence, and I'm glad he has ended on a critical note in this book. This isn't really a book that is to be understood. Giving the Lisbon girls an ulterior motive for their suicide would have been a dangerous thing. Give them a too convincing reason to die, and you risk inspiring people.

    But what a great debut. The Lisbon girls really come to life, father Lisbon seems powerless, mother Lisbon willing but failing to make a difference. It's very peculiar how these characters, who are hardly ever allowed to speak in the book, are more alive than most characters I've encountered in other books. The few times they show their personality gives you very mixed feelings since Eugenides doesn't let your forget that in the end they must all die.

    That's really all I can say; just read it.

    PS; I haven't seen the movie adaptation, and frankly, I don't really plan to. I'm not here to compare, but seriously, I'm quite sure the book is better.