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Escapate de las deudas

Escapate de las deudas

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Escapate de las deudas

Longitud:
275 páginas
3 horas
Editorial:
Publicado:
Jan 29, 2019
Formato:
Libro

Descripción

¿Sientes que te estas ahogando con tu cargo financiera?
¿Te hablan todo el tiempo para cobrarte algo?
¿Estas harto de sentir que solo trabajas para pagar?
Si eres de los que por más que paguen, siguen debiendo y pareciera que las deudas antes que disminuir, solo aumentan.
Aquí encontraras la manera de salir de tu crisis financiera.
Si no tienes deudas tan graves, pero no sabes cómo evitar caer en problemas serios; o si todavía eres joven, inocente y sin deudas, y quieres planear un futuro de libertad financiera, también podrás encontrar las soluciones y respuestas que buscas.
Este libro está escrito para tres tipos de personas:
- Los ENORMEMENTE endeudados.
- Los un poco endeudados
- Los no endeudados. Estas personas, tan raras como afortunados, si al día de hoy no tienen deudas lo más probable es que si no se previenen dentro de poco las tengan.
Todos aquellos que quieran organizar de manera óptima sus finanzas.
El objetivo del libro es compartir contigo estrategias claras, sencillas y comprobadas, para ayudarte a sanar tus finanzas, manejar tu dinero personal de forma inteligente y darte las herramientas para que puedas crear la base de la riqueza en tu vida.

Editorial:
Publicado:
Jan 29, 2019
Formato:
Libro

Sobre el autor


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Escapate de las deudas - Cecy Rendon

Cecy Rendon © 2019.

Todos los derechos reservados.

AGRADECIMIENTOS

Gracias infinitas a mis padres María Antonia y Luis, por apoyarme siempre aún en mis momentos más oscuros, más difíciles y más frustrantes. Gracias por todo su amor, confianza y cariño en todos mis proyectos.

Joaquín, gracias mi amor por ser mi compañero de vida, mi cómplice en las locuras, por compartir cada día y cada noche conmigo, para hacer cada momento de nuestras vidas algo mágico y extraordinario. Gracias por abrirme las puertas de tu vida y de tu corazón, por robarme y, sobre todo, por enseñarme que el verdadero amor no sólamente existe, sino que es lo mejor que le ha pasado a mi vida.

Quiero agradecer a todas las personas que me ayudaron a salir adelante, que de alguna manera me dieron su luz y su confianza en medio de la tormenta. Han sido verdaderos ángeles guardianes para mí, de todo corazón mil gracias, sin su ayuda jamás lo hubiera logrado. Gracias por su amor, su amistad, su compañía y su cariño a lo largo de mi vida.

Gracias a toda mi familia, por su apoyo incondicional, por tantas risas, reuniones y consejos. Sin ustedes, mi sueño de ser escritora jamás se hubiera hecho realidad.

Gracias a mis amigos, me considero de verdad afortunada de tenerlos en mi vida, de ser socios de negocios o socios de diversión, compañeros de lágrimas, y sobre todo, de disfrutar los éxitos y las alegrías que la vida nos ha regalado.

Gracias al equipo de Medio Limón y Markethink, por su amistad y por su enorme compromiso por ayudar a las personas a mejorar su vida y sus finanzas personales. Gracias por hacer de este proyecto una enorme realidad.

ÍNDICE

INTRODUCCIÓN

UNA HISTORIA, UNA ENORME DEUDA

¿EN QUÉ MOMENTO PASO ESTO?

EL SISTEMA DE CRÉDITOS

EL MIEDO Y EL CONSUMO

LA ESCLAVITUD DE HOY

DEUDA BUENA VS DEUDA MALA

CERTEZA

TRABAJAR EN TU SER

¿QUÉ HACER PARA SALIR DE DEUDAS?

MANEJO SANO DE LAS FINANZAS

INVERTIR

LIBERTAD=LIBERTAD FINANCIERA

CONTRIBUIR

UNA HISTORIA, UNA PERSONA LIBRE

Mi intención al escribir este libro es compartir contigo los consejos y las acciones que seguí para yo salir de deudas, sanar mis propias finanzas y construir una vida de libertad financiera.

Consejos que me encantaría decirte que fueron ideas mías, pero no… son ideas de personas exitosas y millonarias, ideas que tomé de libros, documentales, cursos, entrevistas a empresarios y entrevistas a personas que tienen libertad financiera y un sano manejo de sus fianzas.

Mi recomendación es que leas todos los libros mencionados a lo largo de éste libro, así como que también veas las películas y documentales, no me hagas caso solo a mí, entre más información tengas, más preparados estarás para manejar tus finanzas correctamente. Busca un cuaderno o abre una hoja de Excel desde hoy, no te esperes a terminar el libro para tomar acción. Conforme vayas leyendo, aplica lo que aprendes a tu vida y a tus finanzas… Empieza desde HOY.

En este libro voy a contarte mi historia, y como llegué a endeudarme tanto, al grado de caer extremadamente enferma del estrés que tenía por los problemas financieros que no me sentía capaz de resolver. Pero más allá del drama, voy contarte cómo fue que, en un año y medio, logré salir de deudas, y solucionar por completo las finanzas en mi vida. Y créeme, si yo pude salir adelante, tú también lo puedes hacer, si yo pude poner orden en medio del caos financiero, tú también puedes.

Encontrarás una serie de pasos a seguir y de herramientas que te ayudarán a salir de problemas financieros, o a evitar caer en ellos. Lo único que hice fue organizar la información que he recopilado a lo largo del camino, poner orden a los consejos que me dieron y transformarlo todo en una receta sencilla para que cualquiera pueda seguirla.

Antes de comenzar, quiero decirte que no importa la situación en la que te encuentres, siempre hay una manera de construir el futuro que tu verdaderamente sueñas. No importa lo difícil que se vean las cosas, si tienes miedo o si no ves la salida; no importa lo que estés pasando en tu vida y en tus finanzas, sigue adelante, no te rindas y de verdad encontrarás absolutamente todo lo que buscas.

Yo tengo la firme creencia de que que, uno a uno, podemos transformar la economía de nuestro país y la economía del mundo. Pero la primera responsabilidad que tenemos es sanar y transformar nuestra economía personal, y después ayudar a otros a hacer lo mismo... así, poco a poco, uno a uno, lograremos crear abundancia y libertad financiera para todos.

El verdadero cambio empieza contigo.

Aún recuerdo la primera vez que me llamaron de un banco para cobrarme. Una señorita, nada amable, recordándome que debía cubrir el mínimo de mi tarjeta. Yo no había pagado porque no tenía dinero, tan sencillo como eso, no tenía ni diez pesos en mi cuenta. Al día siguiente volvió a sonar mi celular a las 7:00 a.m., la misma llamada de cobranza. El proceso se repitió casi una semana, hasta que pude conseguir el dinero. No lo sabía, pero era la primera de muchas llamadas diseñadas para hacerme caer en estrés y perder el control de mi dinero.

Tengo la enorme fortuna de haber nacido en una familia en donde jamás ha habido problemas financieros graves. Mis padres, sin ser millonarios, siempre nos han dado todo, a mí y a mis hermanos, y siempre han tenido una muy buena organización de sus finanzas. Lo que yo consideraba normal con el tiempo me di cuenta de que es extremadamente raro: un historial crediticio impecable y cero deudas. Al pasar los años mis padres compartieron conmigo sus estrategias financieras, estrategias que, en aquel momento, yo consideré demasiado conservadoras, estrategias que en ese momento no tomé en cuenta…

Cuando terminé mi carrera profesional, fui empleada por año y medio. Estaba yo entrando a ser un engrane más del sistema financiero y sin darme cuenta un engrane más de la esclavitud financiera. Abrí una cuenta de nómina en un banco, mientras firmaba el contrato de apertura, de manera inmediata la ejecutiva de cuenta me dio una tarjeta de crédito. Un beneficio más de ser cliente con cuenta de nómina, te damos una tarjeta con el equivalente a un mes de sueldo en crédito, pero justo este mes estás de suerte y como hay una promoción especial, se te otorgarán dos meses de sueldo como límite de crédito. Yo estaba muy contenta, era mi primera tarjeta de crédito. Al mes siguiente me hablaron del banco para ofrecerme nuevamente una ampliación de línea de crédito al doble, ahora tenía cuatro meses de sueldo en mi línea de crédito, acepté la ampliación del crédito. Yo mantuve un buen uso de la tarjeta, pagaba o el monto total o bastante más del mínimo mensual requerido. Tres meses después volvieron a llamarme para que yo autorizara una nueva ampliación de mi línea de crédito. Esta vez la rechacé, no porque tuviera yo gran inteligencia financiera, sino porque pensé que no necesitaría tanto crédito.

Un año después quise comprarme un coche. Mis padres me recomendaron esperar al final del año, vender mi coche actual, utilizar el fondo de ahorro y el aguinaldo, comprarme un coche sencillo y pagarlo de contado. Su consejo: no pedir un crédito automotriz. Consejo que en ese momento me pareció buena idea y tomé. Esa Navidad me regalé un coche nuevo, cómodo, pero nada lujoso. Solo hasta años después entendería el profundo impacto que esa simple decisión tendría en mi vida.

Al poco tiempo empecé a estar harta, frustrada y deprimida en mi trabajo. No entendía el por qué, pero la rutina me estaba matando, vivía en un mundo horrible, lleno de horarios, presiones, jefes, problemas y un sueldo que cada vez me alcanzaba para menos. Como lo platico con más detalle en mi libro Emprende Sin Miedo, decidí renunciar y emprender.

Mi primer negocio fue un éxito, empecé a ganar muy buen dinero muy pronto y así como empecé a ganarlo, lo gasté. Viajes, ropa, zapatos, bolsas de diseñador, sí, el típico gastas mucho, pero no me importaba. Tenía esta maravillosa ilusión de que el dinero seguiría llegando constantemente. Mi primer problema se presentó cuando un cliente mío cometió un fraude enorme, robó dinero y dejó de pagarle a los proveedores, entre ellos yo. De repente tenía una deuda enorme que solventar con mis propios proveedores, así que recurrí a un crédito personal a tres años, en ese momento tenía un impecable historial crediticio y me lo autorizaron fácilmente. Salí del problema y seguí con mi negocio.

Después comencé otro negocio, me convertí en distribuidora de mercadeo en red, me fue muy bien, el dinero comenzó a llegar y yo, por supuesto, empecé a darme la gran vida. Renté un departamento para mi sola en una de las mejores zonas de la Ciudad de México, compré todos los muebles y lo necesario para decorarlo muy cómodamente, compré un coche con un crédito a cinco años, me autorizaron una segunda tarjeta de crédito, después una tercera. Yo seguía viajando, gastando y sin ahorrar nada. Al poco tiempo mi primer negocio comenzó a ir mal, hasta que quebró. Me quedé con varias cuentas pendientes con mis proveedores y me ofrecieron un segundo crédito personal en el banco, el cual tomé para poder liquidar las cuentas de ese negocio.

Y a partir de ahí comenzó la caída hacia el desastre. Recibí una multa de Hacienda enorme, por malas prácticas de mi contadora, multa que un amigo abogado fiscalista (un verdadero ángel que me rescató de un problema enorme) me ayudó a negociar a doce meses. Choqué y tuve que pagar el deducible, con la tarjeta de crédito. Abrí otro negocio y aunque conseguí contratos, los clientes se tardaron muchos meses en pagar y yo tuve que solventar la operación con mi tarjeta de crédito. Para hacer crecer un nuevo negocio y mis proyectos, pedí otro crédito personal, ahora a una financiera que me pidió en garantía la factura de la camioneta de mis papás. Todo esto con el afán de recuperar mis ingresos y mi estilo de vida. En ese punto, estaba yo trabajando doce o catorce horas diarias, casi no dormía pensando en cómo hacerle para recuperar mis ingresos. Todo el plan hubiera funcionado bastante bien, pero mis clientes siguieron retrasándose en pagar y, mes con mes, mis deudas seguían creciendo. Yo seguía viviendo de créditos y préstamos. Para cuando el dinero comenzó a llegar, los intereses de mis créditos se comieron por completo las utilidades.

Así que entré en pánico, esperé otro pago, lo usé para apenas pagar los mínimos y tratar de seguir a flote. No era suficiente, yo seguía buscando la manera de pagar, ya llevaba dos meses de atrasos, por primera vez en mi vida no tenía dinero para nada, para pagar absolutamente nada, no tenía dinero para comer, para transportarme, PARA NADA. Conseguí más dinero prestado para terminar el mes. Pero, yo sabía que el día primero del siguiente mes comenzarían los problemas grandes.

De repente todo se puso negro, llegó el día primero del mes y todos los pagos vencieron, los pagos de mis tres tarjetas de crédito, un crédito personal, un crédito automotriz, un crédito al consumo, los intereses del segundo crédito personal, la renta, los costos fijos del negocio y las mensualidades de mi multa con Hacienda… Todo, de nuevo, era el tercer mes que no tenía para pagar. Ahora si las llamadas eran cada media hora, de un banco, de otro banco, de otro banco. No sabía qué hacer, desconecté el teléfono fijo de mi casa, comencé a bloquear los números de cobranza en mi celular, pero nada parecía ser suficiente, me llegaban correos amenazadores, mensajes al buzón de voz, mensajes de texto, llamadas, llamadas y más llamadas. Llamadas cada diez minutos desde las 6:00 a.m. todos los días. Parecía que no había manera alguna de escapar de la cobranza, no importa para donde volteara, siempre había alguien cobrándome algo.

Yo solamente quería buscar la manera de ganar tiempo, mis clientes tendrían que pagarme pronto y con eso comenzaría yo a pagar. Esa esperanza tenía, hasta que uno de mis clientes me dijo que el trato se realizaría hasta dentro de seis meses. ¡¿Seis meses?! Yo ya no podía ni un día mas, cada día que amanecía con llamadas y amenazas era una tortura ¡Seis meses! ¿Cómo iba yo a lograr aguantar otros seis meses? Corrí fuera de la casa, me recargué en un árbol, ¿Qué iba a suceder ahora? ¿Qué iba a hacer para empezar a solucionar ese problema? ¿Cómo aguantar otros seis meses de lo mismo? La respuesta fue rápida.

Un hormiguero entero que subía por el árbol decidió subirse a mí, miles de hormigas comenzaron a picarme, siendo yo alérgica, en pocos minutos caí en cama con una fiebre terrible, se me cerró la garganta, apenas podía respirar. Situación que a los pocos días se convirtió en una infección, que acabó en tos, luego gripa, más fiebre, y yo en cama por más de una semana, en estado zombie. Es lo único que se me ocurre para describir esos días: era yo un zombie. Después de días de no dormir, no comer y apenas tomar agua, de verdad sentía que me moría. Me prometí a mí misma que si lograba salir de esta crisis de salud, pondría mi vida y mis finanzas en orden. Al día siguiente, como si fuera magia comencé a mejorar.

Seguía recibiendo llamadas, mensajes, cartas y correos de cobranza. Las llamadas se transformaron en amenazas. Amenazas de embargos, amenazas jurídicas, cosas bastante preocupantes. Si no liquidaba una deuda de tarjeta de crédito en veinticuatro horas,

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