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Carta astral simple y fácil

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Carta astral simple y fácil

valoraciones:
5/5 (2 valoraciones)
Longitud:
308 página
4 horas
Publicado:
May 13, 2019
ISBN:
9781644616413
Formato:
Libro

Descripción

La astrología da respuesta a la necesidad que tenemos casi todos nosotros de conocernos mejor y de dar sentido a las experiencias de nuestra existencia. Este es un campo apasionante, pero a la vez complejo y difícil de comprender.
Si quiere explorar este mundo y conocerse mejor, esta obra le proporcionará todos los instrumentos básicos para lograrlo. Aprenderá las posiciones planetarias y podrá elaborar su carta astral. A lo largo de toda la vida, la astrología iluminará la construcción de su destino y le descubrirá curiosos detalles sobre su carácter. De este modo, le resultará más fácil elegir y tomar decisiones.
Este es un libro completo, accesible e innovador, dirigido a todos aquellos que están interesados en la astrología.
Publicado:
May 13, 2019
ISBN:
9781644616413
Formato:
Libro

Sobre el autor


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Carta astral simple y fácil - Laurent James Samson

Notas

Advertencia

El jueves 24 de agosto de 2006, Plutón perdió el estatus de planeta y pasó a tener la consideración de planeta enano.

La Unión Astronómica Internacional (UAI) decidió que a partir de aquella fecha habría ocho planetas: Mercurio, Venus, Tierra, Marte, Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno.

Sin embargo, este cambio de rango astronómico no le quita el derecho de mantener su lugar en la carta astral. La pérdida de esta categoría no se debe a un acontecimiento astronómico que tenga que ver directamente con el planeta, a un cambio de órbita, de naturaleza o de estado, sino simplemente a una redefinición de los criterios de la UAI que indican si un cuerpo celeste pertenece o no a la categoría de los planetas. En esta obra, no obstante, Plutón aparece mencionado con su antiguo estatus. Desde hace muchos años, tenía un lugar en la carta astral y merece el mismo interés que los otros elementos que intervienen en ella.

Los astrólogos estudian otros cuerpos celestes para ver qué lugares y qué interpretaciones se les deben otorgar. La astrología también evoluciona, pero, de momento, invito al lector a viajar hacia sus raíces, sus fundamentos, lo que es esencial en ella…

Introducción

Cuando elaboramos una carta astral, somos como el pintor ante un lienzo vacío o el escritor frente a la hoja en blanco. Y entonces surgen las siguientes preguntas: ¿por dónde empezar?, ¿cómo hacerlo?, ¿cuáles son los primeros elementos en los que debemos basarnos?

Esta primera fase de la interpretación de una carta astral consiste en separar lo esencial de lo accesorio.

La mayor parte de los elementos de los que dispone la astrología tienen un lugar en la interpretación de la carta astral, pero se trata de utilizarlos en el momento oportuno. Como el escultor, el astrólogo empieza tallando el bloque, antes de pasar a los acabados, los detalles y la precisión.

A lo largo de esta obra, el lector verá que se le plantean una serie de preguntas. Con el tiempo, me he dado cuenta de que todo lo que veía y a lo que me acercaba, el conjunto de aquello que utilizaba y experimentaba en mi vida servía para alimentar la interpretación en el campo astrológico. Un signo o un planeta deben tener sus raíces en la materia misma de nuestra existencia. Nuestra vida cotidiana es la vivencia de la interpretación en astrología por analogías, similitudes y ciclos.

Si se practica de este modo pasa a ser bilateral: estudiando la astrología, entendemos mejor la vida, y al alcanzar una mayor comprensión de esta, mejoramos nuestro conocimiento de la astrología. Poco a poco podremos traducir cada una de sus partes en elementos vitales.

En primer lugar, es necesario separar de la astrología las ideas de determinismo y de predicción. Tenemos que acabar con la creencia de que una casa astrológica produce un efecto en el ser vivo, en nuestras existencias. Hay una relación entre los ciclos astrológicos y algunos acontecimientos de nuestra vida, pero la naturaleza de este vínculo debe separarse de la idea de influencia astral sobre el individuo.

Si observamos la relación existente entre un reloj y aquellas actividades que realizamos a diario, ¿qué es lo que constataríamos?

Sabemos que el ser humano tiene la costumbre de alimentarse tres veces al día.

A partir de esta constatación, podemos afirmar que, cuando las agujas de un reloj marcan entre las dos y las tres de la tarde, hay muchas probabilidades de que la mitad de la población del país esté comiendo.

Entonces, ¿sería lícito decir que las agujas del reloj son las que crean la sensación de hambre?

La causa real no está ahí, sino que debemos buscarla en nuestro metabolismo y en nuestros hábitos alimentarios.

Este fenómeno puede observarse porque los relojes marcan la organización social de las horas de las comidas. Pero todo el mundo sabe que, en caso de encontrarse en una situación de mucha actividad, una persona puede dejar pasar la hora preestablecida y comer mucho más tarde, o incluso saltarse la comida.

La astrología es una referencia exterior, que es simultáneamente temporal (los ciclos planetarios) y estructural (relación angular de los elementos de una carta).

Si imagináramos que, en cierta manera, el reloj también está dentro de nosotros, podríamos decir que la carta astral también está en nuestro interior.

La astrología está en relación con el universo en su conjunto, así como este se expresa a través de esta disciplina. Esta correspondencia ancestral entre el hombre y el universo aparece en muchas creencias y religiones. Tal como está anotado en la tabla de esmeralda, atribuida al legendario Hermes Trismegisto: «Lo que está arriba es como lo que está abajo para cumplir los milagros de una sola cosa».

Observando, día a día, los pequeños acontecimientos de la vida de las personas cercanas a nosotros, amigos y familiares, y de la nuestra propia, y poniéndolos en relación con los ciclos de la naturaleza, del cielo y del tiempo, llegaremos a una verdadera comprensión de la astrología, ya no exclusivamente teórica, sino sentida en todo nuestro cuerpo y ser.

Al leer una carta astral, «dialogaremos», podremos decir: «Entiendo exactamente lo que quieres decirme, porque yo mismo he pasado por ahí, lo he vivido».

Esta vivencia no es obligatoriamente extraordinaria, y su consciencia se encuentra en el acto, la emoción y el pensamiento de situaciones casi siempre banales.

Pongamos por ejemplo un ciclo simple: un día de nuestras vidas, la jornada más cotidiana posible, y observemos por qué fases pasa:

1. Nos despertamos (Aries).

2. Desayunamos (Tauro).

3. Escuchamos las noticias, leemos el periódico y nos ponemos en movimiento (Géminis).

4. Después de una relajante ducha, estamos despiertos, plenamente conscientes (Cáncer).

5. Hay que acompañar a los niños al colegio (Leo).

6. Luego vamos a trabajar (Virgo).

7. Damos los buenos días a los compañeros de trabajo y miramos la agenda del día (Libra).

8. A continuación empieza el trabajo en equipo (Escorpio).

9. El día es duro, pero se tiene que conseguir algo más que el día anterior (Sagitario).

10. Al final del día, el trabajo ha terminado, ya no se puede hacer más; se tiene que organizar el día siguiente (Capricornio).

11. Después de trabajar, quizá tenemos un poco de tiempo para nuestras actividades: deporte, pintura… (Acuario).

12. Ya vencidos por la fatiga, sólo pensamos en una cosa: olvidarnos de los problemas del día y acostarnos para empezar al día siguiente (Piscis).

Para practicar, observemos cualquiera de los ciclos de nuestra vida e identifiquemos las doce fases siguientes:

1. Impulso inicial.

2. Mantenimiento.

3. Actividad alrededor del impulso.

4. Consciencia de lo que aporta.

5. Uso personal de este impulso.

6. Puesta en práctica.

7. Relación con los demás y manera en que estos están implicados en nuestro impulso.

8. Producción común ligada a nuestro impulso.

9. Ideas y sugestiones alrededor de este.

10. Instauración de un método que permitirá regular los próximos impulsos.

11. Renovación de lo que ha aportado el impulso para planearse uno nuevo.

12. Desconexión, porque nuestro impulso ha finalizado y el próximo todavía no ha llegado: nos encontramos en una fase transitoria.

Otro ejemplo puede ser el marcharse de vacaciones:

1. Son las seis de la tarde, es la hora de ponerse de camino (impulso).

2. Acabo de cargar el coche (mantenimiento del impulso).

3. Salgo a la carretera (actividad alrededor del impulso).

4. Llego al lugar de las vacaciones (consciencia de lo que aporta).

5. Me doy un baño en la piscina y organizo un tentempié para la noche (uso personal de este impulso).

6. Pero como no he elegido pensión completa, todavía me quedan por realizar unas compras, hacer las camas, organizar la cocina, limpiar la vivienda (puesta en práctica).

7. Me relaciono con otros veraneantes (relación con los demás).

8. Tomamos el tentempié con más gente (producción común).

9. Mi vecino conoce unas ruinas arqueológicas que pueden visitarse; la idea es interesante (ideas).

10. Entonces hay que organizarse para encontrar un ajuste en la relación para que el vecino no esté siempre en nuestro apartamento o no decida sistemáticamente los destinos de nuestras salidas (instauración de un método).

11. Las vacaciones llegan a su fin, ¿dónde iremos el año próximo? (renovación del impulso).

12. De vuelta a casa, al trabajo, me olvido de las vacaciones y todavía no me planteo la próxima destinación estival. Ya pensaré en ello más adelante (desconexión).

Un último ejemplo, el desarrollo personal:

1. He nacido, ahora toca vivir (impulso).

2. Tomo consciencia de mi cuerpo, de la Tierra que trae mi vida y la alimenta, de esta llama interna y frágil (mantenimiento del impulso).

3. Intento entender sus mecanismos, su origen, su esencia y su naturaleza (actividad alrededor del impulso).

4. Me reconozco en lo que soy fundamentalmente, con una visión clarividente de mi espíritu (consciencia de uno mismo).

5. Me convierto en dueño de mi vida y tengo la libertad de utilizar lo que la Tierra me da para llegar a ser yo también creador del mundo. El mundo me ha creado y yo se lo agradezco creando el mundo (uso personal de este impulso).

6. Pero, por desgracia, las cosas no son fáciles, el mundo quiere una creación personal y no una copia. Tengo que producir algo que lleve mi firma en agradecimiento al mundo por haberme concedido esta posibilidad y ofreciéndole un reconocimiento infinito porque sin él no puedo llegar a crear (puesta en práctica).

7. Voy a relacionarme con los demás para intercambiar conocimientos (relación con los demás).

8. Una vez encontrado al otro, decidimos unir nuestras capacidades (producción común).

9. Del encuentro surge un enriquecimiento mutuo de nuestras competencias, una transmisión del saber (ideas).

10. La actividad adquiere envergadura y conviene definirse claramente en el marco de ella, ya que existe el peligro de que nuestra competencia se desnaturalice. Debo tener una visión perfectamente clara y serena de mi papel en esta comunidad. Para ello, despierta en mí la consciencia de un conjunto más amplio que me permite ver los vínculos y la posición que tengo con respecto a los demás (instauración de un método).

11. Una vez alcanzado un estatus colectivo en una organización que funciona bien y una relación con el mundo de la que puedo disponer en cuanto sea necesario —ya que está instaurada para un tiempo largo—, puedo buscar otro camino. Aquí todo está realizado, ya no puedo aportar nada; si me quedo, mi propia esencia se muere; ahora bien, tengo que conservarla viva para un próximo ciclo (abandono del impulso, pero no de la esencia).

12. No sé dónde voy. Tengo que ponerme en manos de la vida, que me lleva desde el nacimiento y que confía en mí, y yo a su vez lo hago en ella. Cierro los ojos, le doy la mano y me dejo guiar hacia una nueva puerta de la que sale un poco de luz, pero está tan lejos y es tan confusa que se me nubla la vista. Tengo que prepararme para franquearla (desconexión).

Podríamos poner otros muchos ejemplos. Estoy convencido de que estas líneas habrán sugerido al lector experiencias vividas, viajes, encuentros y, desgraciadamente, también pérdidas, alegrías y pesares.

No perdamos nuestra experiencia, lo que nos viene a la memoria, ya que, para que esta obra tenga un sentido para nosotros, hemos de unir nuestra vida y el sentido de nuestras experiencias a las definiciones, las observaciones y las explicaciones de este libro, las cuales requieren una reflexión por nuestra parte.

Consejo: al final del libro, en forma de anexo, el lector encontrará unas cartas astrales de San Pío (el padre Pío) para recortar (la carta tomada como ejemplo), una de ellas lleva el nombre de los signos, de los planetas y de los aspectos de la carta astral (véase *). Recórtelas y le servirán de ayuda para encontrar los diferentes objetos y tomar notas.

Antes de empezar la interpretación

Es importante precisar la naturaleza y la función de los elementos que nos disponemos a utilizar. Merece la pena tomarse el tiempo de responder a las siguientes preguntas:

— ¿Para qué sirve un signo?

— ¿Para qué se emplea un planeta?

— ¿Para qué se usa una casa?

— ¿Para qué se utiliza un aspecto?

La carta astral es la alquimia de lo viviente, el crisol que conserva la traza de una firma, en un instante preciso, del estado del universo. En el momento de nuestro primer grito, es como si todo el universo se hubiese fijado de pronto y algo más tarde se hubiese calcado en nosotros, de la misma manera que un panorama en un film argéntico.

Somos un fotograma único de este universo en el lugar, el día y la hora en que nacimos. El árbol de la vida se ha sellado en nuestros átomos y células. La eternidad existe ya en cada uno de nosotros porque partimos del «polvo de estrellas» (utilizando el título de una obra del astrofísico Hubert Reeves) para convertirnos nuevamente en él y volver a ser partículas infinitesimales. Nuestra concepción y nuestro nacimiento son el resultado de una reunión de materia cósmica que existe desde el origen de los tiempos.

«Nada se crea, ni se destruye, todo se transforma», afirmaba Lavoisier. Quizá hemos sido estrella, cometa, planta, animal u océano; cualquier posibilidad es acertada. Mis células están compuestas de un ensamblaje molecular temporal, que perderá la cohesión con el tiempo después de mi muerte.

La vida es un crisol en el que una de las representaciones es el cuerpo, mientras la otra es el alma y el espíritu. El cuerpo es en sí mismo una red de energía, pero ha hecho falta tiempo para concebirlo. Quizá un día se acepte que mi espíritu es energía y que todas las formas de existencia lo son, en uno u otro nivel.

¿Para qué sirve un signo?

Un signo representa una de las cuatro energías fundamentales (fuego, tierra, aire y agua) en una de las fases de su expresión: inicio, mital o final, que corresponden, a su vez, a los cruces: cardinal, fijo, mutable. Representa esta materia prima que el individuo va a utilizar y transformar.

Responde a la pregunta: «¿Qué?».

¿Para qué sirve un planeta?

Un planeta corresponde a la utilización de esta energía, es una función.

Responde a la pregunta: «¿Cómo?».

¿Para qué sirve una casa?

Hay doce casas que representan una división del espacio en doce partes a partir de nuestro lugar de nacimiento. Así, por ejemplo, si decimos que el ascendente está en Acuario, equivale a decir que el signo de Acuario se encuentra al este de nuestro lugar de nacimiento.

Es un campo de experimentación, el lugar de aplicación de la energía.

La casa responde a la pregunta: «¿Dónde?».

¿Para qué sirve un aspecto?

Situados en la rueda zodiacal, todos los planetas forman entre sí unos ángulos (que van de 0 a 180o) que en astrología reciben el nombre de aspectos (véase el capítulo «Aspectos»).

El aspecto indica una relación de dependencia entre dos planetas, la cual se inscribe en una fase de un ciclo. La conjunción es su inicio, la oposición, el medio, y las cuadraturas, crecientes y decrecientes, las fases de reorientación.

De este modo, dos instrumentos (los planetas) se unen para llevar a cabo un trabajo. Este encuentro interviene en una fase precisa de un ciclo que quizá será el principio, el cambio o el fin del trabajo.

La asociación de planetas por los aspectos responde a las siguientes preguntas: «¿Cuál es la naturaleza del trabajo?» y «¿cuál es esta fase del trabajo?».

El aspecto es un vínculo indispensable para la idea de cambio y mutación. A través de la relación planetaria, el ser humano es portador de novedad, originalidad y creatividad, gracias a la capacidad que tiene de aunar elementos antinómicos, contradictorios o anodinos en unas creaciones que pueden ser monstruosas o maravillosas. Este poder de creación o de destrucción que se nos da queda a nuestro libre arbitrio, a nuestra elección personal. En el caso hipotético de que nuestra vida tenga un destino y este sea inevitable, tenemos la posibilidad de sembrar en ella las semillas del amor o del odio, de cubrirla de rosas o de ortigas. Lo que creamos no es tan siquiera para nosotros, sino para nuestros hijos, para que ellos puedan andar por senderos perfumados o por caminos fangosos y pútridos. No creamos nada para nosotros, sino para quienes nos sobreviven.

Recorriendo este camino que parece inevitable, podemos transformar el plomo en oro, las piedras en diamantes.

No me parece que la inmortalidad que cada uno de nosotros buscamos de diferentes maneras esté en la forma (cuerpo, empresa, gloria, pirámide, momia, éxito, recuerdo, victoria), sino en el fondo: la semilla, un grano que debe ser de provecho para los demás.

Nuestra utilidad está en la capacidad de transformarnos en tierra fértil. Los aspectos nos indican lo que debe transformarse aliando elementos muy contradictorios, incluso opuestos (la asociación de la Luna y del Sol, la oposición más clara de función, ¿acaso no representa lo que es la vida?).

La representación gráfica de la carta a través de la asociación entre signo, planeta, casa y aspecto puede esquematizarse de esta forma:

Carta astral de ejemplo

A lo largo de este libro, se presentarán como ejemplo las configuraciones astrológicas de la carta astral de un sacerdote que llevó una vida extraordinaria y difícil: San Pío de Pietrelcina. A pesar de que no sea una práctica muy habitual, el lector encontrará al final del libro, en forma de anexo, una serie de cartas de San Pío que puede recortar para tener a la vista mientras lea esta obra. De este modo podrá tomar notas con más facilidad, comparar elementos y seguir las configuraciones.

Carta astral de ejemplo: San Pío, nacido el 25 de mayo de 1887 a las 17 horas, en Pietrelcina (41o 12’ Norte/14o 51’ Este), en Italia. La hora oficial es 17 horas, pero en 1887 era la hora de Roma.[1]

Desde 1880 hasta el 1 de noviembre de 1896, el régimen horario era el siguiente:

GMT[2] + 0 horas 50 minutos (Italia peninsular).

GMT + 0 horas 36 minutos 32 segundos Este (Cerdeña).

GMT + 0 horas 53 minutos 32 segundos Este (Sicilia).

En el caso de San Pío, para calcular el tiempo universal se debe tomar la hora legal y restar 50 minutos, es decir, 17 horas –50 minutos = 16 horas 10 minutos. La historia de San Pío (su nombre de nacimiento era Francesco Forgione) es la de un santo que entregó su vida a la Iglesia, a los hombres y sobre todo a Dios.

Nació en Pietrelcina, que en la época era una ciudad de 5000 habitantes del sur de Italia, en el seno de una familia modesta. Fue el cuarto de cinco hermanos: dos niños murieron antes de nacer Pío y otro después de él. Su madre, una mujer muy piadosa, era ama de casa, mientras que su padre tuvo varios oficios y emigró durante muchos años porque no ganaba suficiente con la tierra. La infancia del que sería San Pío fue bastante discreta, ya que

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