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Los cuerpos que importan en Judith Butler

Los cuerpos que importan en Judith Butler

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Los cuerpos que importan en Judith Butler

valoraciones:
5/5 (4 valoraciones)
Longitud:
140 página
2 horas
Editorial:
Publicado:
Apr 15, 2019
ISBN:
9788412028300
Formato:
Libro

Descripción

Este libro, primer volumen de la colección LAS Imprescindibles, explora una preocupación esencial que recorre la obra de JudithButler: cómo la permanencia de ciertas normas, prácticas y estructuras da lugar a que determinados cuerpos sufran y cómo ese sufrimiento puede impedir llevar una vida que merezca tal nombre.
Los cuerpos que importan en Judith Butler te acompañará a través del análisis del cuerpo en la obra de la autora, repasando nociones centrales en su producción, como vulnerabilidad, desposesión, interdependencia, alianza o cohabitación encarnada. Y te animará a compartir las preguntas y reflexiones que nazcan de la lectura de este trabajo. Un cuerpo junto a otro buscando respuestas y compartiendo preguntas crea un espacio para el cambio personal y colectivo. De ello trata también este libro.
Sobre la colección LAS Imprescindibles
 Esta colección pretende ser un instrumento para el pensamiento y la conversacióncolectiva acerca de los conceptos, preguntas y paradojas que articulan la obra de autorasesenciales del pensamientofeministacontemporáneo. Los volúmenes que conforman LAS Imprescindibles abordan la manera en que nuestras Imprescindibles analizan situaciones como las violenciasdegénero, la distribución de los cuidados, el sujeto político del feminismo, el trabajoreproductivo o la interseccionalidad.
La colección anima a promover la circulación de conocimiento sin jerarquías sobre temas que atraviesan nuestra vivenciacotidiana, nuestro cuerpo, nuestra identidad y nuestro deseo de persistir. Como nos enseña la feminista estadounidense bell hooks, compartir conocimiento en espacios formales e informales es una estrategia de emancipación. Como nos recuerda Judith Butler, el pensamiento es parte de la urgencia política de nuestro tiempo. Por eso es importante conformar espacios seguros para que el saber, las lecturas y la experiencia se compartan, y la escucha mutua se fortalezca.
Los libros de la colección LAS Imprescindibles reúnen voces diversas del feminismo de los siglos XX y XXI, como Judith Butler, Angela Davis, Kate Millett, Silvia Federici, Nawal el Saadawi, Simone de Beauvoir… cuya obra reflexiona sobre temas candentes en la agenda política actual de los feminismos. Y más importante, el pensamiento y activismo de estas autoras nos ayudan a resignificar nuestra experiencia, a ponerle nombre y a crear estrategias para el cambio personal y colectivo. Compartir nuestras preguntas y elaborar juntas las respuestas es también parte de la revolución. Pensamiento y activismo que se nutren y se dan sentido mutuamente.
Editorial:
Publicado:
Apr 15, 2019
ISBN:
9788412028300
Formato:
Libro

Sobre el autor


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Los cuerpos que importan en Judith Butler - Silvia López

Agradecimientos

Prólogo

Cuando me preguntan aquello de «¿un libro que te haya marcado en la vida?» yo nunca digo la verdad. Voy, eso sí, a la época de mi adolescencia donde sé que está la respuesta que me piden, pero doy títulos que no requieran explicación. Porque ser del todo sincera y decir Los conceptos elementales del materialismo histórico, de Marta Harnecker, requeriría tanta exégesis que me da pereza. Pero lo cierto es que ese libro fue, leído en los años de la formación de criterios (o más bien en los años en que, con los criterios ya formados a partir de la observación de la propia realidad y del propio deseo de cambiarla, lo que empezamos a necesitar con urgencia son armas teóricas con las que defendernos del adoctrinamiento masivo a que nos someten la escuela, la familia, la religión y la moral social dominante), el más importante para mí de aquel entonces. Porque es un libro de texto (de libre acceso hoy en PDF, por cierto) en el que una maestra sabia nos explica lo fundamental del pensamiento marxista. Gracias a ella entendí sin apenas esfuerzo las bases históricas y económicas que sustentan la explotación de la inmensa mayoría de los seres humanos a manos de unos pocos; vi de dónde habían salido las ideas que llevaron a la aparición de los movimientos revolucionarios a los que yo quería unirme.

Siempre ha habido a lo largo de los siglos, o no estaríamos aquí, gente buena y lúcida que ha asumido, como Marta, que la mejor manera de honrar lo que nos ha sido dado gracias a ciertos privilegios es «divulgar», compartir, explicar lo que hemos aprendido sobre los sistemas de opresión de modo que se vuelvan entendibles para quienes han tenido menos oportunidades de estudiar que nosotras (o menos posibilidades para acceder a la educación o simplemente menos tiempo libre para leer y formarse); y ello con el fin de facilitar, porque es el objetivo, que cualquiera, sea cual sea su situación, pueda contribuir en igualdad de condiciones, sin estrados ni tarimas, al fluir del debate de las ideas que nos permitirán liberarnos. Cuando las células de los partidos de izquierda eran auténticas escuelas de formación para la clase obrera, ese era un libro de cabecera.

Pero, a pesar de lo importante que fue para mí, en ese texto (que es de 1969, aunque a mí me llegó más tarde) no se habla de las mujeres; es más, se habla todo el rato de «el hombre» como el universal genérico. Mucho ha llovido en mi cabeza teórica desde entonces, como podréis imaginar: muchos libros y, sobre todo, muchos debates con las mujeres de los partidos de la izquierda radical de los 80 que vieron muy pronto que el único modo de que «lo nuestro» no quedara siempre relegado a una lucha secundaria era poder debatir juntas y solas, fuera de los partidos mixtos, en un movimiento feminista autónomo.

Bastantes años después de leer aquel libro, cuando oí decir a las libreras que cada día les llegan más mujeres de todas las edades pidiéndoles, no ya libros de mujeres escritoras (porque están hartas de haber leído toda su vida prácticamente solo a los hombres), sino directamente libros de teoría feminista, pensé en lo útil que sería tener a una Marta Harnecker que nos explicase los conceptos elementales de la obra de… Judith Butler, Angela Davis, Kate Millet, Simone de Beauvoir… Una buena maestra que nos acercase con sencillez y con rigor a la obra de las teóricas imprescindibles del pensamiento feminista.

Porque necesitamos la teoría feminista

No tanto para generar la conciencia, porque puede que la mayoría hayamos sido feministas por indignación antes de leer nada sobre feminismo (nos bastamos solas para saber lo que nos pasa), como para desarrollarla y convertirla en arma de cambio personal y política.

Y sí, sabemos lo que nos pasa porque lo padecemos, pero no siempre hemos sabido colocar «lo que» en la lista correcta. Hay males que hemos estado poniendo en la lista de los problemas propios, individuales, y padeciendo en soledad porque parecían no tener nada que ver con los provocados por el patriarcado (nada que ver con aquel no tener derecho a votar, a ir a la universidad, al aborto, a cobrar lo mismo que los hombres, a la promoción laboral…).

Le debemos a las pensadoras feministas que nos advirtieran que creernos las únicas padecedoras de esos otros «males que no tienen nombre» (Betty Friedan) nos había estado impidiendo diagnosticar que procedían de la misma enfermedad, el patriarcado capitalista. Y no saber que la inmensa mayoría de las mujeres que nos rodeaban estaban padeciendo lo mismo que nosotras nos impedía tener conciencia de grupo, apoyarnos unas en otras, formar redes de solidaridad y enfrentarnos al enemigo con armas eficaces.

La teoría feminista nos ayuda incluso a saber que «lo que» padece como opresión específica una mujer racializada en América del Norte o del Sur, en África o en la India nos afecta a las mujeres blancas de los países ricos porque somos cuerpos dependientes y conectados. Y nos afecta también ese padecimiento, que parece tan personal, de los cuerpos cuya identidad sexual es un conflicto más, pero reactivo, para el sistema. Y nos afecta el padecimiento del planeta que nos sostiene.

Necesitamos la teoría para entender que la interseccionalidad (Kimberlé Crenshaw) del feminismo y su implicación en la lucha contra todas esas opresiones que estamos aprendiendo a identificar y a analizar (sin jerarquizarlas) lo convierten en un verdadero peligro para este sistema capitalista y patriarcal y heterosexista y racial y especista y aniquilador del planeta… Porque la del feminismo no es una implicación meramente solidaria o coyuntural, sino fruto de la experiencia, la reflexión y el análisis. El feminismo se ha hecho interseccional a fuerza de haber ido descubriendo que el conjunto de situaciones que nos oprimen de manera distinta a las mujeres de todo el mundo (por ser mujeres de otra raza, mujeres de otra religión, mujeres no heterosexuales, de cuerpos no normalizados, de distintas capacidades…) no son en ninguna parte naturales, ni fruto de condiciones ambientales, sino que responden a mecanismos impuestos que no operan aisladamente, sino en dependencia unos de los otros. Todas las formas de opresión nos atañen porque no se dan aisladamente, unas implican otras (implicare, en latín, significa entrelazar, enredar, embrollar) y todas (y del modo más retorcido y enmarañado) se interrelacionan para perpetuarse y mantenernos sometidas, aisladas y apaciguadas. El feminismo es revolucionario porque incorpora a su debate interno, quizá por primera vez en la historia sin priorizarlas, todas las formas conocidas de la dominación de los unos seres sobre otros.

Necesitamos la teoría feminista para defendernos del fascismo. Hoy y con urgencia. Porque no es casual que la llegada del fascismo al poder en media Europa venga en nuestro siglo de la mano de una profunda ola reaccionaria contra el feminismo. La importancia revolucionaria de un movimiento puede medirse también por el nivel de inquina que provoca en sus enemigos. Vemos en las redes sociales la rabia tan específica que nos tienen los apóstoles de la extrema derecha. Se les encienden las venas del teclado de puro odio. Y es que no hay peor pecado para ellos que el que cometemos nosotras en público y en privado: no tenerlos por superiores. Ya no somos el espejo que los agranda cuando se miran.

«Los espejos —dice Virginia Woolf en traducción de Laura Pujol— son imprescindibles para toda acción violenta o heroica. Por eso, tanto Napoleón como Mussolini insisten tan marcadamente en la inferioridad de las mujeres, ya que si ellas no fueran inferiores, ellos cesarían de agrandarse (…). Así se entiende mejor por qué a los hombres les intranquilizan tanto las críticas de las mujeres; por qué las mujeres no les pueden decir este libro es malo, este cuadro es flojo o lo que sea [tu discurso de supremacista macho es ridículo, por poner yo un ejemplo] sin causar mucho más dolor y provocar mucha más cólera de los que causaría y provocaría un hombre que hiciera la misma crítica» (Una habitación propia).

Virginia ve claramente, y sin haber pasado por tuíter, que les provocamos cólera cuando los criticamos.

Necesitamos la teoría feminista para cuestionar la imagen que tenemos hoy de nosotras mismas porque no es fácil ser consciente de que esta procede del pasado y es herencia del modo en que hemos sido contadas. Teóricas feministas son también tantas historiadoras, antropólogas y escritoras que nos han enseñado a desconfiar de la imagen que de nosotras dan la historia o la literatura porque han sido redactadas en solitario por los hombres, al antojo de sus necesidades y al interés de sus privilegios.

Así lo dijo en El segundo sexo Simone de Beauvoir (traducción de Alicia Martorell):

«Toda la historia de las mujeres ha sido elaborada por los hombres, crearon los valores, las costumbres, las religiones; las mujeres nunca les disputaron ese control, ellos tuvieron siempre entre sus manos la suerte de las mujeres».

A lo cual añade a renglón seguido Amelia Valcárcel:

«La definieron como alteridad y la sojuzgaron. Después la fabularon y la soñaron sin ningún recato».

Y el resultado de habernos inventado a su capricho y, sobre todo, a su conveniencia ha sido:

O bien aparecer tergiversadas:

«Lo primero que comprendí es la gran diferencia que hay entre la joven idealizada por el novelista y el poeta y cómo es en realidad esa joven» (Charlotte Brontë).

O bien no aparecer siquiera porque somos irrelevantes:

«Este libro es importante, da por sentado el crítico, porque aborda el tema de la guerra. Este libro es insignificante porque trata sobre los sentimientos de unas

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Lo que piensa la gente sobre Los cuerpos que importan en Judith Butler

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