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El Pan Nuestro Para 365 Días

El Pan Nuestro Para 365 Días


El Pan Nuestro Para 365 Días

valoraciones:
5/5 (4 valoraciones)
Longitud:
665 páginas
9 horas
Editorial:
Publicado:
18 mar 2018
ISBN:
9788571408593
Formato:
Libro

Descripción

¿Se siente frecuentemente perdido, cansado, sobrecargado, ansioso o desanimado? ¿Necesita fuerzas para continuar la caminata y dirección para proseguir? ¿Le gustaría encontrar una fuente que le diese ánimo o que le hiciese alcanzar la estabilidad emocional que usted jamás tuvo? En este libro usted encuentra los mensajes que han cambiado la vida de millones de personas alrededor del planeta. Alimento completo para su espíritu. Cuando usted compra un nuevo electrodoméstico, sabe sobre la importancia de familiarizarse con el manual del fabricante. Sin embargo, en su vida diaria, ¿ha seguido usted las orientaciones del Manual de su Fabricante? La meditación diaria en la Palabra de Dios permite que usted conozca la mente de su Creador, que entienda y practique las orientaciones que Él dio para proporcionarle una vida de calidad. "El Pan Nuestro para 365 días" trae un mensaje corto para cada día del año, con un trecho bíblico explicado, para ayudarlo en las necesidades diarias de su espíritu, dando las respuestas que usted necesita para tener un año diferente a todos los demás. Practique las enseñanzas de este libro y su vida nunca será la misma.
Editorial:
Publicado:
18 mar 2018
ISBN:
9788571408593
Formato:
Libro

Sobre el autor


Vista previa del libro

El Pan Nuestro Para 365 Días - Edir Macedo

Macedo

Porque has puesto al SEÑOR, que es mi esperanza, al Altísimo por tu habitación, no te sobrevendrá mal, ni plaga tocará tu morada.

(Salmos 91:9-10)

No sirve que le diga que deseo que usted tenga un año nuevo maravilloso. Puedo incluso deseárselo, pero sabemos que este mundo se está encaminando hacia el fin y se acerca el regreso de Jesús. Cada año será, inevitablemente, peor que el anterior.

Para garantizar que será guardado del mal que este mundo está sufriendo, es necesario tener un pacto con Dios. Está escrito que ningún mal le sobrevendrá a aquel que habita al abrigo del Altísimo. Haga de Él su refugio. Haga de Él su protección, su santuario. Refúgiese en Su presencia y crea en la promesa hecha por el Dios que no puede mentir: No te sobrevendrá mal, ni plaga tocará tu morada.

Comience este año en la presencia de Dios. Todo lo que comienza bien, termina bien. Aunque el mundo se esté cayendo a su alrededor, usted tendrá paz por dentro. Aunque este año, para el mundo, sea peor que el anterior, habrá bendiciones abundantes en la vida de los que Le han sido fieles a Dios y han hecho de Él su morada. Esa certeza de que usted está seguro es la fe consciente. La fe que hace pasar por tempestades, por vendavales. Esa fe sustenta en los momentos más crueles, es consistente y hace mantener la confianza de que, suceda lo que suceda, usted estará seguro.

Elija habitar al abrigo del Altísimo y garantice un nuevo año de victorias.

Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad.

(Filipenses 4:8)

Analice sus pensamientos. ¿Todo lo que ocupa su mente se encaja en estos criterios? Mantenga en su mente solo lo que sea verdadero, justo, puro, bueno, etc. La Salvación no es fácil. Para conservarla es necesario estar conscientes de que fuimos salvos, estamos salvos y seremos salvos - si permanecemos fieles hasta el fin. No hay cómo permanecer fiel hasta el fin sin vencer los malos pensamientos.

Cuando el Señor Jesús habla de la puerta estrecha y del camino angosto (en Mateo 7:14), muestra cuán difícil es la Salvación. Pero solamente frente a las tentaciones, a los desiertos y a los desafíos podemos entender el peso de Sus palabras.

Uno de los secretos para mantener la Salvación es la oración en espíritu. Eso debe ser hecho inmediatamente después de que surjan los malos pensamientos. Instantáneamente, sin palabras, en la mente, y con toda la fuerza, tienen que ser expulsados, usando el nombre de Jesús.

Si no los resistimos de inmediato, ganan fuerza, amenazan la buena conciencia y, consecuentemente, la Salvación. Por eso, la reacción, por medio de una breve oración mental, tiene que ser inmediata. Los pensamientos son inevitables. Los positivos deben ser recibidos y alimentados. Los malos deben ser desterrados, aunque tengan la apariencia de buenos y parezcan tener sentido. No podemos impedirles venir, pero tenemos el poder y la autoridad para reprenderlos.

A partir de hoy, vigile sus pensamientos. Y mantenga en su mente solo lo que es bueno, puro, respetable y verdadero.

Pacientemente esperé al SEÑOR, y Se inclinó a mí, y oyó mi clamor.

(Salmos 40:1)

La confianza es la seguridad íntima con la que se hace algo. La seguridad que trae tranquilidad en relación a la respuesta. Es la firmeza de ánimo que debemos poseer cuando vivimos por la fe. No importa la dificultad que usted pase este día, ni lo que pueda suceder desde aquí en adelante. Usted tiene la promesa de que será oído cuando clame y confíe. Con Dios no existe confiar desconfiando. O confiamos con todas nuestras fuerzas, o no confiamos. Es todo o nada. A partir de hoy, haga de esa práctica una constante en su vida.

Oh SEÑOR, de mañana oirás mi voz; de mañana me presentaré delante de Ti, y esperaré (Salmos 5:3). David oraba y esperaba. Cuando usted llama por teléfono a alguien y le pide que le traiga algo, ¿cómo se comporta? Probablemente, se prepara y espera la encomienda. Esa misma confianza en la respuesta es la que David tenía en relación a Dios.

¿Por qué es más fácil confiar en los hombres, que son imperfectos, que en Dios, que jamás fallará? Para agradar a Dios, haga como David, que esperó confiadamente, incluso antes de saber que había sido oído. Esa es la confianza que no se quebranta con lo que ve u oye. Esa es la confianza que no tiene que ver con el sentimiento. Esa firmeza de ánimo nos sustenta hasta la victoria.

Dios es el Único digno de su confianza.

Crea que Él ya oyó su clamor.

El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca.

(Lucas 6:45)

Quien habla lo que es bueno siembra lo que es bueno y cosecha lo que es bueno. Quien habla lo que es malo siembra lo que es malo y cosecha lo que es malo. Satanás es espíritu. Trabaja con la palabra en la boca de sus hijos; palabras de duda, de miedo, de preocupación, de estímulos hacia el mal, de terror, para derribar.

Dios es Espíritu. Y dice que todo cuidado en la pronunciación de las palabras es poco, porque estas cargan bendiciones o maldiciones. Dios trabaja con la Palabra en la boca de Sus hijos; Palabras de fe, de edificación, de exhortación, de consuelo, de estímulo para el bien, para levantar del polvo al desamparado.

Hoy - y para siempre - cuide sus palabras. Antes de hablar, cuente hasta diez. Su palabra producirá vida o muerte. Cuando le dice una palabra de vida a alguien, esa palabra es para usted también; cuando le dice una palabra de muerte a alguien, esa palabra es para usted también.

¿Sus labios honran más a las tinieblas que a la Luz? ¿Confiesan más las acciones del mal que las del bien? Su vida es el reflejo de la palabra que usted ha confesado. Aprenda a sembrar palabras que van al encuentro de su necesidad: yo creo, lo voy a conseguir, no tengo miedo, voy a continuar hasta lograrlo. Esa es la fe que hace levantar a los caídos, que da vista a los ciegos. En la boca de los hijos de Dios, las palabras son espíritu y vida. (Juan 6:63)

Su vida es el reflejo de la palabra que usted ha confesado.

Yo iré delante de ti, y enderezaré los lugares torcidos; quebrantaré puertas de bronce, y cerrojos de hierro haré pedazos; y te daré los tesoros escondidos, y los secretos muy guardados, para que sepas que Yo soy el SEÑOR, el Dios de Israel, que te pongo nombre.

(Isaías 45:2-3)

Esta Promesa pasa más que esperanza.

Transmite fuerza, ánimo, coraje, fe.

Sobre todo, VIDA.

Sí, el Propio Espíritu de la Vida.

Para quien cree.

Prescinde de interpretación.

Pero depende de convicción.

Beba y disfrute el Espíritu de Su Autor.

Dios promete ir delante de usted, enderezar lo que estuviera torcido, liberar su camino y prosperarlo. Delante de eso, ¿a qué temer?

Hijitos Míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, Abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el Justo.

(1 Juan 2:1)

Caer en tentación no significa necesariamente perder el Espíritu Santo. Mantenerse en el pecado resistiendo a Su Voz, eso sí puede ser fatal. ¿Quién, aun siendo bautizado con el Espíritu Santo, nunca tuvo deslices en la vida? Nadie, salvo el Señor Jesús.

Si cae en tentación, confiese el pecado y abandónelo inmediatamente. Todos somos pasibles de cometer errores, incluso estando sellados con el Espíritu Santo. A fin de cuentas, somos casas de barro. Sin embargo, todos los sellados tienen la dirección del Espíritu alertando en cuanto a la permanencia en el pecado. En el caso de que no haya arrepentimiento inmediato, eso significa seguir apagando el Espíritu.

Los no bautizados con el Espíritu Santo no tienen el discernimiento espiritual. Debido a eso, son más vulnerables a los ataques del mal. Esa es la razón de invertir fuerte en el recibimiento del Espíritu Santo para mantenerse sano y salvo.

No se mantenga en la práctica de lo incorrecto. Usted tiene un Abogado, que defenderá su causa si abandona el pecado.

Estas cosas os he hablado para que en Mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, Yo he vencido al mundo.

(Juan16:33)

El Señor Jesús nos garantiza paz, pero esta paz es interior; viene de la confianza en Él. Nunca nos prometió la ausencia de problemas. Usted vence un problema, y enseguida otra dificultad aparece, lista para ser vencida. Dios nunca permitirá que usted sea perfectamente feliz, pues si no tiene ningún problema, se relajará en la fe. Mientras esté en este mundo, usted va a tener problemas. Lo que el Señor Jesús nos deja en claro es que nuestra alegría debe estar en saber que Él venció al mundo.

Si estamos con Él, obviamente también venceremos al mundo. Sin embargo, no hay cómo vencer si no hay guerra. La guerra existe para posibilitar la victoria. Solo vence quien lucha, no quien se entrega a los problemas y al conformismo.

Quien es de Dios y vive en esta lucha constante contra los problemas, no es espiritualmente sedentario. Así como los competidores deportivos están siempre ejercitando sus músculos para mantener el título, el combatiente de la fe jamás es sedentario. Lucha, sacrifica, y mantiene su Salvación.

Tenga buen ánimo, vea los problemas como una oportunidad de ejercitar su fe y vencer.

El SEÑOR de los Ejércitos está con nosotros; nuestro refugio es el Dios de Jacob.

(Salmos 46:11)

Si Dios es su refugio, si Él es su fortaleza, no necesita temerles a los problemas, por mayores y peores que sean. Si su vida está totalmente en el Altar, si Él es su refugio, su abrigo, usted está protegido.

"Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida, y se traspasen los montes al corazón del mar; aunque bramen y se turben sus aguas, y tiemblen los montes a causa de su braveza. Del río sus corrientes alegran la ciudad de Dios, el santuario de las moradas del Altísimo. Dios está en medio de ella; no será conmovida. (…)Estad quietos, y conoced que Yo soy Dios." (Salmos 46:1-5; 10)

Aunque la tierra sea removida y los montes se traspasen al corazón del mar, aunque las aguas bramen y se turben, el río del Espíritu Santo corre tranquilo en el santuario y Dios promete estar con nosotros. Le corresponde a quien cree obedecer la orden del Señor: Estad quietos, y conoced que Yo soy Dios.

Aquiete su corazón hoy y crea que Dios está con usted, confíe en lo que Él prometió: aquel que Lo tiene como refugio, tiene en Él socorro y protección.

Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor. El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos.

(Santiago 1:6-8)

Las preocupaciones, las ansiedades, los miedos, son sentimientos generados por las dudas. Cualquiera de estos es capaz de trabar o atrasar un proyecto personal. El Espíritu Santo ha estado conmigo, sin embargo, en mis cincuenta años de convertido, nunca conseguí Su ayuda mientras que manifesté preocupación, ansiedad o miedo. Esas son señales claras de dudas. Y el que duda es como las ondas del mar, jamás se afirma. La Palabra de Dios es bien clara: si usted quiere alcanzar algo de Dios, manténgase firme, no dudando nada. Es necesario mantener la firmeza de fe, pues la respuesta depende de su seguridad y confianza en Él.

La reacción de Dios depende de la acción de la fe. Es decir, depende de la seguridad de que Él hará lo que prometió que haría, según Su voluntad. No sirve ser religioso, caritativo, fiel y fervoroso en algunas cosas, si no se despoja de las preocupaciones, de las ansiedades o del miedo de no lograr otras. Pero, ¿cómo despojarse de esos sentimientos? ¿Cómo alcanzar esa firmeza de fe? Es simple: con actitud. Cuando haga su oración hoy, luche contra sus dudas y elija creer. Sí, creer es una decisión.

Decida creer y mantenerse firme en su fe.

Camine, a partir de hoy, por la fe y vea los resultados.

¿No has sabido, no has oído que el Dios eterno es el SEÑOR, el Cual creó los confines de la tierra? No desfallece, ni Se fatiga con cansancio, y Su entendimiento no hay quien lo alcance. Él da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas. Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen; pero los que esperan al SEÑOR tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.

(Isaías 40:28-31)

Es natural cansarse. No solo por los esfuerzos de alguna actividad, sino también por los problemas y luchas del día a día. Pero Dios no Se cansa, no Se fatiga. Él no Se cansará de luchar por Su pueblo.

Llenos del Espíritu de Dios, los que esperan en Él serán como Él: no se cansarán, ni se fatigarán, no importando cuánto corran, no importando cuántos años tengan o cuán alto vuelen. Para ellos, está la promesa de la multiplicación de las fuerzas. Sin Dios, hasta los jóvenes caen exhaustos. Con Dios, las fuerzas se renuevan, independientemente de la edad.

Si usted está cansado, recuerde esta Palabra. La fuerza no proviene de sus músculos, de su juventud o incluso de su salud. La fuerza viene del Espíritu y es eso lo que usted puede recibir hoy, pues ya le fue prometido. Él es el secreto de la eterna juventud.

Sus fuerzas son renovadas y multiplicadas ahora.

Mas buscad primeramente el Reino de Dios y Su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.

(Mateo 6:33)

A cada nuevo día, nuevos problemas. Como si no bastaran los del día anterior, aún no resueltos, otros desafíos aparecen. Estos deben ser enfrentados y vencidos, sin duda. Existe el deseo de resolver los problemas circunstanciales, pues gritan alto. Gritan, pues no quieren que usted oiga la verdad que los hará perder las fuerzas. Sin embargo, el Señor Jesús nos reveló el secreto que lo hará alcanzar lo que necesita. El consejo es claro y dirigido a los ansiosos por resolver las necesidades de este mundo: busque, primero el Reino de Dios y Su justicia.

Buscar el Reino de Dios y Su justicia es buscar al propio Espíritu de Dios. No importan los problemas que usted ha enfrentado, use su mente y priorice su vida espiritual. Al alcanzar este Tesoro, todas las demás conquistas sucederán naturalmente, a su tiempo.

Aunque esté en medio de las tribulaciones, fije su atención en este consejo, olvídese del grito de los problemas a su alrededor. En vez de pensar en todas las dificultades e imposibilidades de la vida, mantenga sus pensamientos conectados a Dios, enfocados en la Palabra que trae Vida. Todas las cosas serán añadidas. Todas. Sin excepción.

Busque primero las conquistas espirituales y las respuestas serán añadidas a su vida.

… el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del Evangelio de la Gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios.

(2 Corintios 4:4)

Pablo dijo que el dios de este mundo ha cegado la mente de los incrédulos para que no comprendan el Evangelio. Yo voy más allá de eso: los espíritus inmundos les han impedido a los pueblos ejercitar el razonamiento en los pensamientos de Dios. Normalmente, las personas tienen pereza de pensar. Quieren todo masticado. Esto ha dificultado mucho su liberación.

¡Es necesario resistir en el pensamiento! Debemos dudar de los pensamientos de duda; dudar del miedo y dudar de la preocupación, fundamentados en lo que Dios habló y está escrito. La mente, el intelecto, la razón o el entendimiento son los lugares de la decisión. La decisión entre elegir y obedecer al Bien o al mal.

Cuando se decide obedecer a la Palabra del Bien, el mal es neutralizado. A causa de eso, el mal ha invertido fuerte para intentar impedir que los pensamientos de Dios lleguen al intelecto humano. Sabe que si eso sucede, la persona será libre de su prisión, depresión, o de lo que fuere. Jesús dijo: Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres (Juan 8:32). El conocer se da en la mente. Si hubiera querido Su verdad en el corazón, hubiera dicho: sentiréis la verdad

Cuestione los pensamientos de duda, elija creer.

Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí. No me eches de delante de Ti, y no quites de mí Tu Santo Espíritu. Vuélveme el gozo de Tu salvación, y espíritu noble me sustente. Entonces enseñaré a los transgresores Tus caminos, y los pecadores se convertirán a Ti.

(Salmos 51:10-13)

David fue perdonado después de esta oración, pues Dios vio en él un sincero arrepentimiento. Al recibir el perdón y tener restituida la alegría de la salvación, pide: espíritu noble me sustente. Lo que sustenta y evita la reincidencia en el error es aprender a dar. Para mantenerse firme, hay que desarrollar un espíritu generoso, que no piensa en sí mismo, que se alegra en enseñar, en ayudar, en dar.

Quien no mira su propio ombligo, sus propias voluntades, quien no mira sus propios intereses y placeres, no tropieza, pues mantiene los ojos fijos en el camino, en el objetivo. El espíritu noble es un espíritu inquebrantable. El corazón generoso es un corazón puro.

La suerte de Job fue cambiada cuando él oró por sus amigos (Job 42:10). Cuando dejó de preocuparse por sí mismo y obedeció a Dios, volviendo sus ojos a quien necesitaba, Job pasó a pensar como Dios. Dios no piensa en Sí mismo. Si pensara, nadie más existiría. Si Él pusiese sobre el hombre su corazón, y recogiese así Su espíritu y Su aliento, toda carne perecería juntamente, y el hombre volvería al polvo (Job 34:14-15). Busque desarrollar ese espíritu noble. Haga de esta oración de David su propia oración hoy. Y Dios lo sustentará.

Busque tener un corazón puro y un espíritu inquebrantable.

Por nada andéis ansiosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias.

(Filipenses 4:6)

1 - No esté ansioso por nada, ¡ni siquiera por recibir el Espíritu Santo!

2 - Preséntele su petición a Dios, sea a través de la oración o a través de la súplica.

3 - Aguarde, espere y crea sin reclamar de sí mismo y de Dios la respuesta.

4 - Dados estos tres pasos, manifieste su fe. Imagínese respondido. Dele gracias a Dios, alabe Su Nombre, en fin, manténgase en un estado alegre como quien ya recibió el pedido.

Si usted hace su parte, el Señor Jesús hará la de Él.

Si no lo hace ahora, lo hará dentro de poco.

Si no lo hace dentro de poco; lo hará más tarde…

Si no lo hace más tarde u hoy, lo hará mañana…

Si no lo hace mañana, lo hará pasado mañana…

Manténgase en este ritmo de espera confiado.

Mientras tanto, las ansiedades, las preocupaciones y los miedos desaparecerán.

¡Usted no tiene idea de lo rápido que se realizará su sueño!

Siga estos pasos y tenga la vida realizada, ¡en el Nombre del Señor Jesucristo!

Vosotros sois Mis amigos, si hacéis lo que Yo os mando.

(Juan 15:14)

El secreto para conquistar la amistad de Dios: obediencia. La obediencia mide su fe; nadie obedece a alguien en quien no cree. Dios Se refirió a Abraham como Mi amigo (Isaías 41:8) por haber visto en él esa obediencia. Desde que se había casado, tenía el sueño de tener un hijo. La pareja ya era de edad avanzada cuando consiguió lo que tanto quería.

Pocos años después, sin ninguna explicación, Dios le dice que agarre a su hijo, que camine tres días hasta el monte Moriah y que sacrifique al niño para Él. Así suceden las pruebas; surgen sin explicación y exigen la respuesta de nuestra fe. La Biblia no dice que Abraham se quejó. Por supuesto que dentro de él había un dolor casi insoportable. Tuvo que caminar tres días hasta el Monte Moriah; tuvo tres días para desistir. Cada paso era un parto. Cortaría en pedazos el sueño que había tardado más de medio siglo en alcanzar. Pero obedeció.

Abraham fue probado en sus límites y fue aprobado por Dios al sacrificar su sueño. Una fe sin límites también trae milagros sin límites. En el momento decisivo, Dios le impidió matar al niño, pues vio en su determinación una fe mayor que el sentimiento. Ni siquiera el dolor le impidió creer. Esa es la fe que le trajo a Abraham más de lo que jamás soñó.

Él solo quería un hijo, pero su nuevo Amigo le juró: "De cierto multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo (…); y tu descendencia poseerá las puertas de sus enemigos. En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra, por cuanto obedeciste a Mi voz." (Génesis 22:17-18)

Nadie nunca perdió por obedecer a Dios.

Mas al SEÑOR vuestro Dios serviréis, y Él bendecirá tu pan y tus aguas; y Yo quitaré toda enfermedad de en medio de ti.

(Éxodo 23:25)

Moisés recibió esta orientación de Dios y se la repitió a los hijos de Israel. Sin embargo, había una condición: la promesa sería válida solo para quienes sirvieran al Señor. Es decir, quien sirviera al Señor no solo tendría sus necesidades suplidas, sino que también sería curado de sus enfermedades. Si usted sirve a Dios, debe saber que ya tiene esas bendiciones garantizadas. Son suyas por derecho. Esa es la voluntad de Dios, que Él dejó registrada desde el principio.

Es muy importante que sigamos estas instrucciones y que tengamos una fe simple, la fe de un niño. Ese tipo de fe tiene pureza y esa pureza trae beneficios indecibles, hace milagros imposibles. Una fe sincera es una conciencia pura. Algo sublime delante del Altísimo. Como Él mismo dijo: De la boca de los niños y de los que maman perfeccionaste la alabanza (Mateo 21:16).

A Dios Le agrada de esa alabanza; la alabanza de los pequeñitos. Cuando presentamos la fe de un niño, esa fe de los pequeñitos, sincera, inocente, pura, somos bendecidos. Esa fe es pura porque no le da espacio a la duda. Esa fe pura oye, acepta y cree, porque sabe que la palabra que está oyendo es la Palabra de Dios.

Siga las instrucciones de la Palabra, aceptándola con la pureza de un niño.

La lámpara del cuerpo es el ojo; cuando tu ojo es bueno, también todo tu cuerpo está lleno de luz; pero cuando tu ojo es maligno, también tu cuerpo está en tinieblas.

(Lucas 11:34)

La malicia es el tipo de pecado que mata poco a poco. Mientras que la persona se nutra de mala intención, jamás tendrá la atención Divina. ¿Sirve tener fidelidad en los diezmos y malicia en el corazón? ¿No es eso un intento de agradar a Dios y al diablo? ¿Es posible que el malintencionado sea visitado por Dios?

Esta ha sido una de las mayores TRABAS en la vida de mucha gente religiosa; ven todo con malos ojos… Ven al pastor con malicia, ven las ofrendas con malicia, ven a las demás personas con malicia…

El consejo de Jesús es claro: mantenga sus buenos ojos, para que usted ande siempre en la luz. Quien anda en tinieblas, no ve nada, nunca llega a ningún lugar. Mira pues, no suceda que la luz que en ti hay, sea tinieblas. (Lucas 11:35) Nada más incorrecto que una luz que es oscuridad.

Sus ojos son la luz de su cuerpo.

Elimine de sus ojos toda malicia, para andar en la luz.

Deléitate asimismo en el SEÑOR, y Él te concederá las peticiones de tu corazón.

(Salmos 37:4)

Este consejo fue revelado proféticamente por el salmista y rey David. ¿Qué más puede agradar al Señor sino una relación diaria, íntima y profunda con Él? Fue justamente con este objetivo, el de tener este tipo de relación, que Dios creó al ser humano.

Cuando desarrollamos esta relación con Él, nuestros deseos se acercan a Sus deseos. Andamos de acuerdo a Su voluntad y, por eso, tenemos la garantía de que nuestros deseos serán satisfechos. No los deseos del corazón perverso y carnal, sino los deseos de un corazón según el corazón de Dios. Los deseos del nuevo corazón.

Por eso, su prioridad debe ser buscar el Espíritu de Dios. Solo quien nace del Espíritu recibe un nuevo corazón; un corazón según el corazón de Dios; un corazón que siente los sentimientos de Dios; un corazón sediento por los perdidos…

Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. (Ezequiel 36:26)

Para agradar a Dios, desarrolle una relación con Él a través del Espíritu Santo. Esta debe ser su prioridad.

No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos.

(Gálatas 6:9)

Las necesidades diarias desvían nuestros ojos hacia nuestro propio ombligo. Lo que le interesa hoy al hombre son sus cuentas, sus problemas, su vida, su familia, su futuro, sus sueños, su dolor, su interés, lo suyo, lo suyo, lo suyo…

En navidad, las propagandas lo llevaron a querer dar regalos, a querer decir Feliz navidad, a querer dar tarjetas de felicitación… ¿por qué decidió, después de enero, que no era más momento de dar? La generosidad con una fecha de vencimiento no es generosidad. No nos cansemos de hacer el bien. No importa si somos correspondidos o no, si somos comprendidos o no. La Palabra de Dios dice que segaremos. Si no desistimos, cosecharemos lo que hemos sembrado.

En otra ocasión, dice: El alma generosa será prosperada; y el que saciare, él también será saciado. (Proverbios 11:25) Es decir, quien da, recibe. Si usted quiere prosperar, debe ser generoso. Si quiere matar su sed, debe darle de beber a alguien. Si quiere amor, debe amar. Si quiere atención, debe dar atención. Usted no recibirá lo que no dé. Es una ley fija de Dios. La naturaleza funciona así. Quien siembra, cosecha. Y usted solo cosecha lo que siembra.

Siembre lo que quiera cosechar.

… nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios. Y no solo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza.

(Romanos 5:2-4)

O sea, de la misma forma como debemos alegrarnos en la esperanza de la gloria de Dios, también debemos alegrarnos en los problemas cotidianos. Son estos los que nos enseñan, en la práctica, la paciencia, las pruebas de la fe y a conservar nuestra esperanza. Esto significa la materialización de la fe sobrenatural.

Son los desiertos los que maduran y preparan a los siervos de Dios. Si Jesús tuvo que ser llevado al desierto por el Espíritu Santo para ser preparado, ¿cómo habremos de evitarlo nosotros? La fe no es una herramienta solo de conquistas gloriosas, sino también de defensa en las dificultades.

Cuando esté en el desierto, aproveche para ejercitar su fe.

Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.

(Mateo 6:21)

El valor del hombre es definido por el tipo de objeto que ama y a lo que se consagra. Donde esté su tesoro, allí también estará su vida. Si su tesoro es Jesús, entonces su vida estará toda dedicada a Él, nada ni nadie podrá afectar su corazón. Pues si su tesoro es Jesús, su corazón está en Jesús. ¿Quién podrá tocarlo?

Pero si su tesoro está en las cosas que perecen, o en el marido, en la esposa, en el hijo o en su propia reputación, entonces su corazón estará en esas cosas. Cuando eso sea atacado, su corazón será afectado. Por esa razón, nos fue dicho: Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida. (Proverbios 4:23)

La verdad es que cuando colocamos nuestra vida en Dios, con sinceridad, haciendo de Él nuestro tesoro, recibimos la respuesta: Mas buscad primeramente el Reino de Dios y Su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. (Mateo 6:33)

Sea sabio y haga del Señor Jesús su tesoro, para que su vida y su corazón estén guardados.

Pelea la buena batalla de la fe, echa mano de la vida eterna, a la cual asimismo fuiste llamado…

(1 Timoteo 6:12)

La buena batalla de la fe es resistir a las dudas; resistir a las palabras negativas; resistir a las palabras que nos hacen decaer. Si usted le presta atención a una palabra mal usada, disminuye adentro de usted la certeza de Dios. Si deja que esa semilla maligna permanezca en su corazón, crecerá y se multiplicará. Rechace la palabra negativa, pues su vida depende de su fe. La fe es lo que nos hace tomar posesión de la vida eterna. Por eso, tenemos que protegerla, blindarla. Esto es muy serio.

La fe es como la batería de un celular, si no está conectada al cargador, se va terminando. No es necesario estar adentro de la iglesia para cargarla, basta con mantener los pensamientos conectados a Dios, a Sus promesas. Así, estará automáticamente protegiendo, blindando su fe - y la batería no se agotará. Pero si le presta atención a las conversaciones sin sentido, su batería se gastará y tendrá que hacer un esfuerzo mayor para que sea cargada nuevamente.

Proteja su fe, más que a su familia, más que a sus hijos, más que a todo. Su vida depende de su fe; esta fe tiene que ser pura, sin ninguna mala conciencia, para traer frutos, no solo para los beneficios aquí en la Tierra, sino también - y principalmente - para la eternidad.

Proteja su fe, por encima de cualquier otra cosa.

Pero si vas así, si lo haces, y te esfuerzas para pelear, Dios te hará caer delante de los enemigos; porque en Dios está el poder, o para ayudar, o para derribar.

(2 Crónicas 25:8)

Usted no depende de las oraciones del pastor, no depende de un guía espiritual, no depende de nadie más que de Dios, para lograr vencer sus luchas. No espere por nadie. Vaya solo, actúe y sea fuerte. El coraje es el pre requisito para tener a Dios a nuestro lado en las batallas. Dios no es Dios de cobardes, sino de valientes; de valientes porque saben en Quién han creído.

Gracias a Dios por las guerras, porque estas revelan a los cobardes y a los valientes. Es la guerra la que muestra de qué lado está usted; la guerra muestra cuál es el lado que usted escogió. Quien es de Dios no teme a nada, no teme a la guerra, no huye de la batalla. Sabe que para ganar la guerra debe actuar y depender solamente de Dios. Actuar, ir solo y ser fuerte. Esta es la receta para recibir la ayuda de Dios, mantenerse de pie delante del enemigo y conquistar la victoria.

No dependa de nadie más que de Dios y de su actitud para conquistar la victoria.

… no os afanéis por vuestra vida, qué comeréis; ni por el cuerpo, qué vestiréis.

(Lucas 12:22)

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