Comenzar a leer

Misericordia

Calificaciones
325 página5 horas

Resumen

Las dotes de gran observador de Galdós se conjugan en esta novela con su vigorosa capacidad para crear una ficción donde todo lo planteado va creciendo a partir de los personajes y de las acciones mismas. Misericordia nos traslada a la vida y los escenarios de los estratos más bajos del Madrid de entonces, en contraste con esa clase social acomodada pero venida a menos tan característica de la época.

Benina, vieja criada de doña Paca, mantiene a su arruinada señora gracias a lo que le ha ido sisando durante los años, pero también pidiendo limosna por las calles, haciendo creer a su señora que el dinero es fruto de su trabajo como cocinera en casa de un inventado sacerdote, don Romualdo. Asimismo, Benina sustenta a Obdulia, la neurótica hija de doña Paca, también empobrecida y con un marido alcohólico, y a un ex burgués y elegante pariente de ella que se ha arruinado totalmente, don Frasquito.

La mendicidad de Benina ha hecho que un ciego marroquí que vive de la caridad, llamado Almudena, se enamore de ella, llegando a sentir celos de don Frasquito. Almudena verá rechazado su amor por Benina. Más adelante, ambos serán detenidos por la policía por mendigar en las calles. Entonces, doña Paca y don Frasquito reciben una inesperada herencia de un arzobispo (curiosamente, llamado Romualdo, pero éste de verdad). Ante la ausencia de Benina y guiada por, Juliana, su rígida nuera, doña Paca, ignorante de todo, contrata a otra criada. Pero, tras salir Benina y Almudena de su reclusión, y al enterarse de lo ocurrido, Juliana influirá para que ni doña Paca ni nadie quiera saber nada de la vieja criada, a la que tratan como a una leprosa. Resignada, Benina se va a vivir con Almudena.

Don Frasquito, que había ayudado a recobrar la libertad a Benina y Almudena (que sí se había contagiado de la peste durante el encierro), defiende la bondad de Benina, pero horrorizado ante la ingratitud cometida le da un ataque y muere. Después, el clima de la casa, ahora rica, es de creciente tristeza y desasosiego. Juliana cree histéricamente que hasta sus hijos van a enfermar y a morir, hasta que recuerda las palabras de don Franquisto y va a visitar a Benina para pedirle, como santa que era, que salvaguarde la salud de sus hijos y, de paso, a confesar su culpa. Benina, tras prometérselo, le dice: "Vete a tu casa y no vuelvas a pecar".

Leer en la aplicación Scribd móvil

Descargar la aplicación móvil Scribd gratis para leer en cualquier momento y lugar.