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Longitud: 241 página6 horas

Descripción

Dogma socialista es uno de los primeros manifiestos del socialismo en América. Se trata de un socialismo peculiar, que marca distancia con las fuerzas políticas tradicionales de la Argentina del siglo XIX y que tiene un talante literario. Para Esteban Echeverría la literatura daría un nuevo perfil a un continente en ascenso, aunque parecía tratarse de una pretensión futura.


Fragmento de la obra

A fines de mayo del año de 1837 se propuso el que subscribe promover el establecimiento de una Asociación de jóvenes, que quisieran consagrarse a trabajar por la patria.
La sociedad argentina entonces estaba dividida en dos facciones irreconciliables por sus odios como por sus tendencias, que se habían largo tiempo despedazado en los campos de batalla: la facción federal vencedora, que se apoyaba en las masas populares y era la expresión genuina de sus instintos semibárbaros y la facción unitaria, minoría vencida, con buenas tendencias, pero sin bases locales de criterio socialista, y algo antipática por sus arranques soberbios de exclusivismo y supremacía.
Había, entretanto, crecido, sin mezclarse en esas guerras fratricidas, ni participar de esos odios, en el seno de esa sociedad una generación nueva, que por su edad, su educación, su posición debía aspirar y aspiraba a ocuparse de la cosa pública.
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Dogma socialista

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Dogma socialista

Longitud: 241 página6 horas

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Dogma socialista es uno de los primeros manifiestos del socialismo en América. Se trata de un socialismo peculiar, que marca distancia con las fuerzas políticas tradicionales de la Argentina del siglo XIX y que tiene un talante literario. Para Esteban Echeverría la literatura daría un nuevo perfil a un continente en ascenso, aunque parecía tratarse de una pretensión futura.


Fragmento de la obra

A fines de mayo del año de 1837 se propuso el que subscribe promover el establecimiento de una Asociación de jóvenes, que quisieran consagrarse a trabajar por la patria.
La sociedad argentina entonces estaba dividida en dos facciones irreconciliables por sus odios como por sus tendencias, que se habían largo tiempo despedazado en los campos de batalla: la facción federal vencedora, que se apoyaba en las masas populares y era la expresión genuina de sus instintos semibárbaros y la facción unitaria, minoría vencida, con buenas tendencias, pero sin bases locales de criterio socialista, y algo antipática por sus arranques soberbios de exclusivismo y supremacía.
Había, entretanto, crecido, sin mezclarse en esas guerras fratricidas, ni participar de esos odios, en el seno de esa sociedad una generación nueva, que por su edad, su educación, su posición debía aspirar y aspiraba a ocuparse de la cosa pública.
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